domingo, 29 de mayo de 2011

El honor de los Jedi (97)

97
-Lo dejé en casa de Ire Eleazari -dice Luke.
-¿Eleazari? ¿Conoces...? No, debes de haber estado viendo a mi familia.
Luke duda, tratando de encontrar el mejor modo de hablarle a Erling acerca de la incursión imperial. Finalmente, decide que ninguna forma es buena para dar esta clase de noticias.
-Llevé a tu hermana Dena con Eleazari. Los imperiales mataron a todos los demás.
Erling jadea, luego queda en silencio durante casi un minuto.
-¿Parnell? -pregunta finalmente, con la voz agitada por la pena... ¿o la rabia?-. No hace falta que respondas -añade rápidamente.
El comunicador de Luke pita de nuevo.
-¿Vas a venir?
-Sí -responde Erling. Dos pies se arrastran en la oscuridad-. ¡Esto no quedará sin respuesta!
Luke activa su comunicador.
-Erredós, apaga todas las luces del bloque de celdas... y desactiva las lámparas de emergencia.
Ni un segundo después, el bloque de celdas queda totalmente a oscuras.
-Agárrate a mi cinturón -susurra Luke, tomando la mano de Erling y guiándola a su cintura-. No te sueltes.
Fuera de la celda, las voces enojadas de dos oficiales flotan en la oscuridad como mynocks en un asteroide perdido. Luke dirige la marcha por la balconada, temiendo que el sonido de sus pasos comience a atraer disparos de bláster en cualquier momento. Por fortuna, los soldados de asalto se encuentran discutiendo en las negras profundidades sobre ellos, y no podrían escuchar a un dewback que les pasara por debajo. Luke y Erling alcanzan el ascensor y descienden sin incidentes.
Alcanzan la puerta al centro de procesado justo cuando la energía regresa al bloque de celdas. Veinte lámparas inundan el bloque con más luz de la que había recibido nunca desde su construcción, pero la balaustrada del segundo nivel impide que Luke y Erling sean detectados. Luke dirige la marcha a la oficina de procesado.
Dentro, Sidney y Gideon se ocultan bajo una mesa, sosteniendo cada uno un rifle bláster. A través del transparimuro que se abre sobre el acceso principal, Luke ve al General Parnell y dos ayudantes detenidos ante las compuertas de seguridad abiertas. Parnell conversa con el oficial al cargo del puesto. Diez soldados de asalto le siguen en otros dos carros.
-¿Cómo salimos de aquí? -pregunta Luke a Erredós.
El droide trina lastimosamente y luego muestra un diagrama en la videopantalla. Un centenar de metros más allá de las compuertas, un túnel de servicio cruza por debajo del pasillo.
-¿Eso es? -pregunta Luke-. ¿Esa es nuestra ruta de escape?
Erredós silba un tono de respuesta que en un ser vivo indicaría rabia.
-Lo siento, Erredós. Debería haber sabido que entrar en el Bloque de la Muerte sería mucho más fácil que salir.
-Estamos aquí atrapados como un puñado de ladrones de grano rivorianos. Ha sido un placer conoceros. -La voz de Gideon no muestra ningún miedo.
-Aún no se ha acabado -dice Luke-. Todo el mundo al carro. Pasaremos conduciendo como si no pasara nada.
Cuando las probabilidades son tan malas, es el momento de echarse un farol. Su amigo Han Solo le había enseñado eso.
-Aseguraos de que Erling esté de espaldas a Parnell.
Con algo más que una ligera duda, los compañeros de Luke suben al carro repulsor. Dejan los rifles bláster que habían tomado de los soldados de asalto muertos en el suelo. Luke carga a Erredós en el asiento del pasajero y luego comienza a avanzar por el pasillo. Puede pensar en un millón de razones por las que este plan debería fallar, pero no tienen otra opción.
Conforme avanzan por el pasillo, las cámaras de seguridad giran para seguir su avance. A pesar de sus ansias de dar gas a fondo a los motores y salir huyendo, Luke se obliga a sí mismo a moverse con paciencia. Hasta ahora, su farol parece funcionar.
Cuando se encuentran a menos de diez metros, los ayudantes de Parnell examinan el sobrecargado carro de Luke con ojos fríos y escrutadores. Luke desengancha su sable de luz. Siente como si su estómago estuviese tratando de aspirar sus pulmones e intestinos. Parnell les ignora y continua hablando con el oficial. Con un poco de suerte, el oficial no interrumpiría la conversación para enfrentarse a Luke.
Pasan las puertas blindadas. Los ayudantes continúan mirando, pero no dicen nada. El oficial aparta brevemente la mirada de Parnell y hace un gesto hacia Luke, y luego devuelve su atención al general. ¡Van a lograrlo!
Luego, cuando pasan junto al segundo grupo de tropas de asalto, su carro se agita y se oye un ruido metálico en la parte posterior.
-¡Asesino! -grita Erling. Medio metro por detrás de Luke, alguien dispara un rifle bláster. Se gira y puede ver al oficial de la puerta derrumbarse con un agujero humeante en el pecho. Erling está de pie en la parte trasera del carro, sujetando un rifle bláster en sus brazos.
-¡Estúpido...!
Disparos y explosiones ahogan el resto de la maldición de Gideon. Los cañones de iones disparan bolas de energía blanca y los guardaespaldas de Parnell disparan sus rifles bláster con rápidos destellos rojos. El pasillo estalla con astillas volando por el aire y metal vaporizado. Los disparos iónicos abren dos grandes agujeros en las paredes.
Luke acelera el carro repulsor y devuelve su atención al pasillo ante ellos, aún incapaz de creer lo que había visto con sus propios ojos. ¡Casi estaban a salvo! No podía siquiera alcanzar a comprender qué demonio había poseído a Erling.
-¡Agáchate! -grita Gideon a Erling.
Los imperiales disparan de nuevo. Rayos de energía multicolor pasan rozando el carro. Los cañones iónicos golpean el suelo treinta metros más adelante, abriendo un agujero de cinco metros de diámetro. Alguien grita.
-¡El Gideon ha caído! -exclama Sidney.
Luke pisa a fondo el decelerador y mira hacia atrás. Gideon yace en el suelo, aún sujetando su rifle bláster. Mientras Luke está mirando, varios disparos de bláster golpean el cuerpo inerte.
Luke siente que su corazón se hunde. El minero era un amigo de verdad y un hombre valiente. Más disparos imperiales recuerdan a Luke que no le conviene detenerse ahora a lamentarse. Los soldados de asalto han comenzado a perseguirles por el pasillo. Luke mira hacia delante de nuevo y acelera. El agujero en el suelo parece un pozo de gravedad en el espacio profundo. El abismo los succionaría a su interior como si fuera un agujero negro.
Entonces Luke recuerda el túnel de servicio. Si puede dejar caer el carro limpiamente por el agujero, deberían caer de pie... y espera que los motores repulsores sean lo bastante potentes para sostenerlos antes de chocar. El suelo de esas instalaciones no es ni de lejos tan permisivo como la arena de Tatooine.
-¡Agarraos! -grita, soltando el acelerador. El carro decelera justo al superar el borde del agujero. Los ocupantes sienten cómo sus estómagos saltan cuando el suelo desaparece bajo ellos y los motores no tienen nada contra lo que empujar, pero se encuentran cayendo de forma más o menos nivelada. Un instante después, una brusca sacudida indica la presencia de una superficie bajo ellos. Luke casi grita de alegría -¡ha funcionado! ¡Los motores repulsores han aguantado! Mira a Sidney con una sonrisa de alivio, y activa las linternas de sus cabezas.
Un anodino muro gris lleno de tuberías amarillas se encuentra justo ante ellos. El túnel se desvanece en la oscuridad a izquierda y derecha. Desde la izquierda se oye retumbar un sonido de golpes rítmicos. A la derecha, todo está silencioso.

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