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viernes, 14 de septiembre de 2012

Darth Maul: Fin del Juego (y XIV)


Poco tiempo después, en las profundidades del generador de energía, Maul había saboreado la dolorosa sorpresa en los ojos azul grisáceo de Qui-Gon cuando la hoja carmesí le atravesó. Ahora él se paseaba por el borde del abismo del núcleo, arrastrando por el inmutable metal la hoja de su sable de luz partido por la mitad. Como si fueran una unción del lado oscuro, derramaba chispas sobre Obi-Wan Kenobi, que colgaba dos metros más abajo, con las manos apretadas en torno a una boquilla que sobresalía de la pared interior del núcleo.
El sudor goteaba del temible rostro de Maul y el odio irradiaba de sus ojos amarillos. Hizo una mueca burlona al joven Jedi con la larga trenza de Padawan, pero Obi-Wan no le daría la satisfacción mirarle, o de reconocer su muerte a manos de un rival superior.
En la fracción de segundo que le costó a Maul a darse cuenta de que Obi-Wan estaba mirando realmente al sable de luz de Qui-Gon -que había caído, deteniéndose sobre la plataforma de inspección-, y darse cuenta también de que el propio Maul se había perjudicado a sí mismo al alargar su momento de victoria, Obi- Wan saltó al exterior del núcleo y dio un salto mortal en el aire, de modo que se quedo mirando a Maul cuando aterrizó detrás de él, con el arma de Qui-Gon, convocada mediante la Fuerza, en la mano.
Mientras la hoja verde le atravesaba, partiéndolo en dos a la altura de las caderas, Maul tuvo un recuerdo fugaz de su vida en Orsis, y de haber realizado la misma hazaña que Obi-Wan acaba de efectuar, la primera vez que usó la Fuerza entre otros seres que no fueran su Maestro.
El poder del lado oscuro le había gastado una broma cruel. Y con eso, ya estaba todo dicho.
Sidious se ha librado de otro problema, porque aún no soy un verdadero Sith.
Partido en dos y cayendo, Maul pensó: Si tuviera que hacerlo de nuevo, debería mantener en mente este hecho ante todo.
Pero estaba decidido a ser más indulgente consigo mismo de lo que sería Darth Sidious. Sobreviviría a su derrota, y se otorgaría una nueva oportunidad.

Darth Maul: Fin del Juego (XIII)


Maul decidió que si nunca volvía a ver las praderas de Naboo, aún sería demasiado pronto. Pero el largo viaje de vuelta a Theed -aún más tortuoso debido a los gungans encaramados en las copas de los árboles con macrobinoculares- le dio tiempo para formular un plan propio.
Llevó la moto deslizadora directamente al hangar, donde cerca de cuatrocientos droides B1 estaban patrullando la zona. Era un número demasiado elevado como para ser fácilmente derrotados por Amidala y su puñado de agentes de seguridad y pilotos. Con la ayuda de los Jedi era posible que los naboo pudieran llegar a superar los droides de batalla, pero Maul quería asegurarse de que la pequeña fuerza de Amidala sería capaz de avanzar hacia el Palacio sin encontrar demasiada resistencia. Más importante aún, no quería que Qui-Gon y Obi-Wan se preocupasen demasiado por su seguridad.
En la pequeña plaza que daba al hangar buscó al droide a cargo de la seguridad.
-¿Cuáles son sus órdenes, Comandante? -dijo el droide.
-Vuelve a desplegar tus tropas –le dijo Maul-. Deja sesenta droides para defender el hangar y envía el resto a reforzar los pelotones que vigilan el Palacio.
El droide se tomó un momento para procesar el cambio en las órdenes, aunque fue el ordenador de la nave de control quien preguntó:
-¿Eso no dejará el hangar de la fuerza espacial vulnerable a un ataque, comandante?
-Yo personalmente compensaré la reducción de efectivos.
Eso pareció satisfacer al comandante, y levantó su brazo en señal de saludo.
-Roger, roger.
Al instante, y sin decir una palabra, los droides comenzaron a reunirse en la plaza, donde se alinearon en formación y se alejaron en dirección al Palacio. Maul los vio partir, y luego corrió hacia el edificio cavernoso. Allí pasó un corto tiempo imaginando la llegada de Amidala, el tiroteo subsiguiente, los pilotos de cazas estelares corriendo a sus naves equipadas con astromecánicos y despegando sobre el acantilado, la Reina y Panaka marchando hacia el Palacio...
La mirada de Maul barrió la amplia entrada del hangar. Un túnel unía el hangar con el Palacio, pero Amidala ciertamente asumiría que había sido plagado de trampas, y probablemente conduciría a los Jedi y su equipo de infiltración a través de la rama este del río Solleu y por los estrechos caminos y a través de los puentes del distrito Vis. Sin embargo, un duelo de sables de luz a lo largo de esa ruta o en los bosques que rodeaban el palacio sería difícil de controlar. De alguna manera tenía que alejar a los Jedi antes de que salieran del edificio. Otra vez escaneó el oscuro interior, y su mirada se posó en las altas puertas blindadas que separaban el hangar del edificio contiguo del generador de energía. En su anterior visita al hangar había hecho poco más que echar una mirada a la central de energía de plasma, pero ahora, ansioso por saber qué había más allá de las puertas blindadas, corrió a través de ellas.
Un corto paseo le llevó al borde de una plataforma de inspección curva flanqueado por consolas de ingeniería circulares. Una pasarela se extendía desde la plataforma a través de un profundo y ancho pozo de extracción circular dotado de imponentes columnas de aceleración, en el que la energía del plasma se intensificaba antes de ser refinada y almacenada. Las columnas parpadeantes estaban unidas a distintos niveles por pasarelas de servicio no más anchas que la pasarela central, que terminaba en una puerta estrecha al otro lado del pozo. Maul caminó medio camino hacia la puerta, y luego regresó a la plataforma de inspección y se paseó por ella por segunda vez, midiendo su tamaño y calculando las distancias entre ella y las pasarelas por encima y por debajo. Varias veces saltó a las pasarelas superiores o inferiores. Una vez que hubo memorizado el conjunto tanto en su mente como en sus músculos, caminó hasta llegar a la puerta del fondo y la cruzó.
La puerta daba a un alto pasillo de seguridad, interrumpido a intervalos regulares por puertas láser que se sellaban en respuesta a las salidas de potencia del proceso de activación de plasma. Inicialmente, las activaciones parecían ocurrir aleatoriamente, pero después de pasar por las puertas varias veces en ambas direcciones -con cautela al principio, luego lo más rápido que pudo- Maul empezó a discernir un sutil patrón. El patrón no era infalible, y dos veces estuvo a punto quedar frito por la activación del láser, pero al final había aprendido lo suficiente sobre el temporizado de las puertas como para proveerse de una ligera ventaja.
Más allá de la puerta final, el pasillo se ensanchaba para rodear una estrecha boca que daba al abismo del núcleo de plasma, de profundidad indeterminable. En una estación de mantenimiento del nivel superior encontró una hidrollave y la dejó caer en el núcleo.
Si la pesada herramienta llegó realmente a golpear el fondo, nunca escuchó el ruido.
Maul se paseó por el borde circular del núcleo, mirando hacia la oscuridad; luego apartó la mirada para imaginar y dirigir cómo se desarrollaría el duelo de sables de luz. Usaría las puertas láser para separar a los Jedi. Miró a su alrededor. Sí: mataría a uno de ellos justo allí. En cuanto al otro...
Bueno, se permitiría una sorpresa o dos.
Confiando en que sus acciones agradarían a su maestro, corrió al Palacio a la espera de que llegase la noticia de que la Reina Amidala y los Jedi habían entrado en la ciudad.

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Darth Maul: Fin del Juego (XII)


Nunca, desde que cualquiera que fuese la antigua raza que en tiempos construyó y ocupó el Lugar Sagrado, este había albergado a la vez a tantos seres racionales y droides. No sólo los gungans de Otoh Gunga y otras ciudades-burbuja, y Amidala, su séquito, y los Jedi, sino también los escuadrones de PAMs de OOM-9, buscando en los lugares equivocados, y los pelotones de reconocimiento del comandante droide, compuestos por droides de batalla , muchos de los cuales se hundieron en el suelo blando. Para variar, Maul encontró algo que apreciar en la incompetencia del ejército de los neimoidianos, ya que servía a su propósito.
Se sentó en cuclillas un canal poco profundo a un par de kilómetros al sur de donde los gungans y el resto se habían reunido, su presencia en la Fuerza deliberadamente disminuida y su enlace muñeca apretado contra su oído, sintonizado a la frecuencia utilizada por los droides sonda que había enviado delante de él como dispositivos de escucha. Filtrada por el frondoso dosel del bosque, la luz ambiental era casi acuática. A su alrededor en todas direcciones se alzaban las ruinas de grandes edificios de piedra presididos por escalinatas con jeroglíficos, campos agrícolas elevados, templos con columnas, y estatuas talladas... todo ello lentamente derribado por las raíces de grandes árboles cuyas semillas habían germinado en los surcos entre bloques de construcción y en las grietas de las piedras planas que pavimentaban las plazas.
Desde que comenzase su espionaje, Amidala y el Jefe Nass habían consolidado su alianza. En respuesta a una señal secreta, varias docenas de miembros de la resistencia se habían dispersado por las ruinas, y el oficial jefe de seguridad de la Reina, Panaka, había regresado de una misión de exploración en Theed. Maul no se sorprendió de que Panaka hubiera sido capaz de infiltrarse en la ciudad a pesar del aumento en la seguridad... cualquiera instruido en tácticas militares podría haberlo hecho simplemente dedicando unos momentos de observación a las rutinas de los droides de batalla, y luego esquivándolos.
Maul no se había molestado en señalar las debilidades a Gunray, porque ahora quería que los neimoidianos fracasasen, a pesar del plan de su Maestro.
Pero la fuerza gungan no estaba exenta de debilidades.
El plan de Amidala requería el uso del Gran Ejército como una distracción para que los droides de batalla abandonaran Theed y se enfrentasen a los gungans en las llanuras cubiertas de hierba. Al mismo tiempo, ella y su equipo de elite penetrarían en el Palacio de Theed y capturaría a Gunray. La reina tenía razón al suponer que el ejército droide se vendría abajo sin el liderazgo de un ser racional, pero se equivocaba en su creencia de que Gunray tendría que movilizar los droides de batalla de Theed. Era evidente que ella no tenía conocimiento real del tamaño del ejército neimoidiano. La única oportunidad de victoria de Amidala correspondía a los pilotos del Cuerpo Espacial de Cazas de Naboo, que tendría que llevar la lucha a la Nave de Control de Droides en órbita estacionaria sobre el planeta.
Pero Maul seguía preguntándose cómo encajaban Qui-Gon Jinn y Obi-Wan en el plan de Amidala, ya que se suponía que no podían intervenir en la batalla. Ciertamente acompañarían a Amidala en Theed, ¿pero se mantendrían a su lado mientras ella intentaba colarse en el palacio?
Maul se preguntó también en qué medida quería su Maestro que intercediera. ¿Estaba obligado a notificar a Gunray de los planes de Amidala? ¿Debería tratar de atraer a los gungans a una masacre en Theed? Todavía había tiempo para sabotear los cazas N-1 estacionados que había encontrado en el hangar principal de Theed...
Esto funciona a nuestro favor, había dicho Darth Sidious al descubrir la maniobra de la Reina de aliarse con los gungans.
¿A favor de quién se refería Sidious? ¿A favor de él y de Maul, o a favor de Sidious y Hego Damask? Si Sidious y el muun tenían planes para Naboo, entonces cuanto mayor fuera la carnicería mayor sería la simpatía por el senador Palpatine en las próximas elecciones. Cualesquiera que fueran las razones, la tarea de Maul permanecía como antes: matar a dos Jedi. El resto -el bloqueo, la invasión, la contraofensiva- no era más que teatro. ¿Y qué si la Federación de Comercio perdía su ejército y diez mil gungans morían? ¿A quién le importaba, después de todo, Naboo o su joven reina?
La verdadera guerra era, como siempre, entre los Sith y los Jedi.
La muerte de Qui-Gon y Obi-Wan enviaría un mensaje al Consejo Jedi: que los Sith habían vuelto y los días de la Orden estaban contados.

Darth Maul: Fin del Juego (XI)


En el hangar donde estaba atracado el Infiltrador Sith, Maul usó su enlace de muñeca para asignar una nueva tarea a los droides sonda. Había pasado menos de un día desde que había estado en Theed, pero en ese corto tiempo la situación se había puesto patas arriba.
Darth Sidious había sido informado de que la nave de la Reina se había encontrado abandonada en el enorme Pantano Lianorm. Gunray había tratado de asegurar a Sidious que Amidala y los Jedi pronto serían encontrados, pero Sidious no se dejó convencer. El hecho de que Amidala hubiera aterrizado con su nave inesperadamente en los pantanos, había proporcionado a Sidious una pista en cuanto a sus motivos. El Lord Sith instruyó a Maul para que tuviera cuidado, y para que dejase que los Jedi dieran el primer paso.
Poco después, OOM-9 confirmó las sospechas de Sidious de que Amidala y los gungans estaban reuniendo un ejército.
En una holotransmisión posterior, Sidious había dejado claro a Maul que los Jedi, obligados por su juramento a la Orden, no podían tomar partido. Lo más que podían hacer era proteger a la Reina.
Con los neimoidianos presentes durante la siguiente comunicación, Maul tuvo que leer entre líneas lo que su Maestro estaba diciendo. Cuando Sidious dijo que las acciones insensatas de la Reina le habían sorprendido, Maul comprendió que estaba exagerando. Su maestro no habría persuadido a Amidala para que regresase a Naboo, ni se lo habría permitido, a menos que hubiera sabido de antemano que ella trataría de enrolar a los gungans en su lucha por recuperar el planeta. Obviamente, Darth Sidious estaba a favor de la idea de una gran batalla. La rebelión abierta justificaría las acciones de la Federación de Comercio al devolver el ataque. Más importante aún, Sidious había concedido permiso a Gunray para matar a la reina y tantos gungans como considerase necesario para asegurar la victoria. La pretensión de un tratado de paz ya no era necesaria.
Sidious había rechazado la preocupación de Maul de que los Jedi pudieran estar utilizando la reina para sus propios fines, pero Maul todavía no estaba convencido de que ese no fuera el caso. Si a los Jedi no se les permitía luchar junto a Amidala, ¿por qué habían regresado? Si su propósito era sacar a Maul a la luz, entonces alguien tenía que haberles informado de que Maul estaba en Naboo, y el único ser que podría haberlo hecho era Darth Sidious.
Sidious estaba tan deseoso de alentar una batalla entre la Federación de Comercio y los gungans como lo estaba de propiciar el duelo final entre Maul y los Jedi. Quería estar seguro de que su aprendiz tenía lo necesario para ser un verdadero Sith.
Mutilar programó una serie de coordenadas en los droides sonda y los dejó salir volando. Luego subió a bordo de la moto deslizadora para seguirlos.
Sólo había un sitio donde Amidala, los Jedi y los gungans pudieran estar preparando su contraofensiva.
El llamado Lugar Sagrado en el extremo norte del Estrecho de Paonga, en las cuencas pantanosas de las Montañas de Gallo.

Darth Maul: Fin del Juego (X)


Maul se apresuró a regresar a Theed, volando a baja altura y trazando una lívida franja en las praderas. Gunray y Haako se habían encerrado en la seguridad de la sala del trono de Palacio, pero los droides de seguridad se cuadraron al ver a Maul y le permitieron entrar. En vez de estar agradecidos a Darth Sidious por haber persuadido a la Reina Amidala para que regresase a Naboo, los neimoidianos estaban atribulados... lamentando más que nunca haberse visto involucrados en una conspiración con un Señor Sith. Maul sabía que cambiarían de cantinela una vez la Reina de Naboo cediera el control a la Federación de Comercio, pero carecían de visión. Maul tuvo que echarlos de la sala del trono y salió con ellos a la desierta plaza central de Theed, donde empezó a aconsejarles sobre cómo prepararse para el regreso de Amidala.
-Podéis comenzar estacionando más droides alrededor del palacio –dijo-, y ordenando a las patrullas que peinen la zona cada cinco minutos en vez de cada quince.
Haako trató de argumentar que Theed estaría mejor protegido si las patrullas estaban más dispersas, pero Maul se negó a permitirlo.
-Puedes pensar que tienes a todo el mundo detenido en los campamentos, pero te equivocas. Algunas de las fuerzas de seguridad de Amidala se rindieron sin resistencia, pero el resto sigue libre –Maul hizo un amplio gesto, abarcando todo lo que les rodeaba-, escondidos en el campo, a la espera de una señal que les ordene regresar a Theed.
-¿Una señal? -dijo Gunray-. Eso no es posible.
Maul suprimió el impulso de retorcerle el cuello al virrey.
-Lo que es imposible es vuestra suerte en la ocupación de este planeta a pesar de vuestra torpeza. ¿Esperáis que Amidala se siente sin más con vosotros dos y elabore los términos de su rendición?
-¿No es por eso por lo que está regresando? -dijo Gunray.
Maul apretó sus manos en puños de rabia.
-¡Está volviendo para expulsaros fuera del Palacio y enviar vuestras naves huyendo hacia Neimoidia!
Gunray se puso rígido de pánico.
-¡Peinad la plaza cada cinco minutos! -indicó a uno de los droides oficiales.
-Mantened vigilancia constante -dijo Maul-, utilizando todos los espectros. Y aumentad la seguridad en todos los campos de detención.
Gunray acababa de repetir esas órdenes cuando su comunicador sonó.
Maul asintió con la cabeza para que aceptara la transmisión.
La monótona voz metálica de OOM-9 surgió del pequeño altavoz del comunicador.
-Virrey, la Nave de Control de Droides ha seguido el curso de la nave de la Reina Amidala. Hace sólo momentos una de nuestras patrullas la ha encontrado en los pantanos.
Los ojos de Gunray brillaron de deleite.
-¿La habéis arrestado?
-Negativo, Virrey. Al igual que la ciudad gungan de Otoh Gunga, la nave estaba abandonada.
Gunray dejó escapar un débil grito.
Maul lo miró con desprecio.
-La Reina y los Jedi han regresado. Y sospecho que, en algún lugar de los pantanos, los gungans están reuniendo su Gran Ejército. -Sonrió con malicia-. Todavía podéis tener una guerra real en vuestras manos, virrey. Es mejor que estéis preparados para luchar con la misma intensidad con que lo harán los nativos.
-¡Encontrad a la Reina! –ladró Gunray en el comunicador-. ¡Que arrestarla sea vuestra máxima prioridad!
Harto, Maul arrebató el comunicador de las temblorosas manos de Gunray y lo desactivó.
-Basta ya de cháchara. Tengo que informar a Lord Sidious de nuestra situación.

Darth Maul: Fin del Juego (IX)


La información proporcionada por el obediente pero confuso Jefe Gungan permitió al S-DST de la Federación de Comercio maniobrar con seguridad a través del traicionero Estrecho de Rellias y por el mucho más grande lago Paonga. Tan pronto como llegó, grupos de guerreros Gungan comenzaron a aparecer en las orillas para bombardear el aerodeslizador con tronadores de plasma. Maul puso un rápido fin a los ataques atando al Jefe Ganne en la proa curva de la nave. La visión de Ganne usado como mascarón de proa hizo que los guerreros se detuvieran, y durante el resto del viaje hasta Otoh Gunga, los gungans no hicieron más que blandir sus electropicas y proferir gritos de guerra.
Con las PAMs aniquiladas, OOM-9 ordenó a los droides de batalla que sembraran el lago con cargas de profundidad, algunas de los cuales causaron explosiones submarinas que transformaron el anteriormente plácido lago en una extensión de agitada espuma. Pero no se observaba ningún cadáver gungan entre los objetos que las explosiones trajeron a la superficie. Incluso antes de que los drones sumergibles de OOM-9 regresaran de sus misiones de exploración, Maul se dio cuenta de que la noticia de la invasión y caída de Rellias se había extendido rápidamente a Otoh Gunga, y que la ciudad había sido evacuada. Mirando hacia el norte sobre las caóticas aguas, se preguntó dónde podría estar escondido el Jefe Rugor Nass. Luego saltó a la proa del aerodeslizador para subir a un Jefe Ganne empapado a la cubierta de proa.
Haciendo señas de nuevo con una mano, Maul lo interrogó. Esta vez, sin embargo, la consternación deformó los rasgos de la cara ancha del gungan. Incluso aunque Ganne quisiera revelar las respuestas, algo dentro de él estaba luchando contra el impulso de traicionar el secreto mejor guardado de los gungans.
Maul resopló. Tal vez no tan primitivo, después de todo.
Y de su faja sacó la espada de luz y la encendió con el pulgar.
Las revelaciones de Ganne se produjeron lenta y dolorosamente, pero no sin honor.
OOM-9 esperó hasta que Maul arrojó rodando al agua el cuerpo cubierto de ampollas del para decir:
-Comandante, el virrey Gunray desea que se le informe de que se ha recibido una holotransmisión desde Coruscant. La Reina Amidala y los Jedi están de camino a Naboo.

Darth Maul: Fin del Juego (VIII)


Para cuando Maul regresó a la base de observación avanzada de OOM-9, las oscuras aguas del pantano estaban cubiertas de pezmanís envenenado, y un hedor flotaba en el aire húmedo. El nivel del agua era bajo, pero no tan bajo como Maul había esperado.
-Conforme lo drenamos, el pantano se va renovando, comandante –le dijo el droide-. El pantano y los lagos más allá parecen estar vinculados a vastas reservas de agua subterránea.
Maul entregó el cristal de datos a OOM-9.
-Desde el menú se puede acceder a las coordenadas de localización para Rellias. Transmite los datos a tus patrullas PAM y ordénales que saturen el lugar con cargas de profundidad. A continuación, prepara el S-DST para embarque inmediato y reúnete conmigo a bordo.
El droide aceptó el cristal y salió corriendo.
Transportando media compañía de soldados droide y el contingente completo de droidekas, el destructor acuático flotaba a través de un laberinto de canales a la sombra de la exuberante jungla. A media tarde había recorrido un retorcido paso que comunicaba la marisma con un enorme lago de aguas claras. Lejos, hacia el oeste, dos dedos de tierra se adentraban en el lago, formando un estrecho. De pie en la proa curvada del destructor, Maul pudo ver las PAMs zumbando de un lado al otro de los estrechos, regando el agua de explosivos. Conforme el apagado sonido de las cargas de profundidad le alcanzaba, trató de componerse para la batalla, pero un cúmulo de pensamientos le impidió despejar su mente por completo.
Años antes, el mismo día en que Maul había recibido la orden de ejecutar a todo el mundo en el centro de entrenamiento de combate de Trezza en Orsis, Darth Sidious había revelado que era un Lord Sith. Antes de eso, Maul no había tenido ni idea de por qué ni para qué estaba siendo entrenado en los caminos de la Fuerza y en el lado oscuro. Después de la masacre, Darth Sidious le reveló más información acerca de los Sith, incluyendo el hecho de que, durante un milenio, nunca hubo más de dos verdaderos Sith en ningún momento, un Maestro y un aprendiz. Supuestamente. Ahora, a raíz de las revelaciones sobre la posible alianza de su Maestro con Hego Damask, Maul se preguntó: ¿Alguna vez Sidious se había descrito a sí mismo como el único Maestro Sith superviviente? ¿Era posible que ese muun misterioso, Hego Damask, también fuera un Señor Sith, y que Maul –a pesar de haber recibido el título de lord de manos de Sidious- fuera de hecho algo menos que un verdadero Sith? ¿Era por eso que, a diferencia de Sidious, nunca se le había concedido una identidad secreta comparable al disfraz de su Maestro como Palpatine? ¿Era Maul, pues, en última instancia, prescindible para el Gran Plan Sith... un mero agente encubierto y asesino?
¡Basta de pensar!, se dijo.
Esa era simplemente una razón más para demostrar su valía a su Maestro... o Maestros, posiblemente. Para demostrar su valía de modo que pudiera ser visto como un verdadero Sith.
Con el S-DST acercándose a los estrechos, Maul vio que se habían erigido fortificaciones de piedra en los dos dedos de tierra, y que, de detrás de esos baluartes, salían volando esferas de energía azul pálido, diezmando las patrullas PAM. A medida que el destructor se acercaba a la orilla arenosa, cientos gungans otolla de piel naranja y morada aparecieron en lo alto de los muros, armados con lanzas de energía y los llamados tronadores plásmicos que podían ser lanzados desde canastas de mano. Emergiendo de las aguas repentinamente turbulentas llegó una flota de sumergibles de crecimiento orgánico, cuyas armas comenzaron a atacar al destructor con orbes de poder destructivo.
El S-DST se detuvo en la playa para que los soldados droide y los droidekas pudieran desembarcar. Corriendo para enfrentarse al aerodeslizador llegó una fuerza de caballería compuesta de gungans montados sobre reptiaves de dos patas y sin alas adornados con plumas de guerra. Liderando la carga estaban dos ankuras de piel verde que Maul supuso que eran el Jefe Ganne y su general. Desde la retaguardia volaron orbes de energía lanzados desde catapultas atados a las espaldas de animales cuyas sonoras llamadas reverberaron a través del lago. Los droides de batalla salieron a enfrentarse a ellos, disparando sus E-5 de forma continua, y reforzados por los droidekas que rodaron hacia los aullantes jinetes, deteniéndose sólo para disparar protegidos por sus escudos deflectores individuales.
Maul saltó a tierra. La lluvia horizontal de fuego de los droides de batalla y los droidekas calentó el aire y creó una brisa. PAMs cayeron del cielo como piedras, y las esferas de energía levantaron polvo y agua que quedó flotando en el aire.
Al planear su ataque contra el campamento de entrenamiento de Orsis, había decidido inicialmente que su primer asesinato debía ser Trezza. Maul tenía que enfrentarse al falleen mientras estuviera en la cima de su fuerza. A continuación, podría ocuparse del resto de los profesores y alumnos. Pero Maul no había mantenido su decisión, minado por la renuencia a matar al ser que en muchos aspectos había sido su único cuidador de carne y hueso. Como consecuencia de ello, había estado a punto de perder contra Trezza cuando finalmente se enzarzaron en combate cuerpo a cuerpo. Maul se había prometido a sí mismo que no iba a cometer el mismo error dos veces. Los errores eran parte del pasado -meras lecciones como la que había aprendido en Tatooine-, y sabía lo que había que hacer ahora.
Maul miró hacia el cielo, donde sólo quedaban unas pocas PAMs. Las plataformas aéreas respondían únicamente a los droides que las pilotaban, pero se le ocurrió una manera de sacarles partido. Convocando a uno, Maul se lanzó al aire con un salto de Fuerza cuando la PAM pasaba sobre él. Colgando del estribo de estribor con una mano, llamó a su sable de luz con la otra, y encendió sus hojas.
Algunos de los jinetes gungan lo vieron venir y apuntaron. Maul retorció su cuerpo, ya fuera para esquivar las lanzas y esferas de energía que volaban hacia él o para rechazarlas con la espada de luz. Soltándose de la PAM cuando todavía estaba a veinte metros de Ganne y el general, invocó a la Fuerza para lanzarse a través de una veintena de gungans montados. Era evidente que nunca había visto nada como él. Pero, en cualquier caso, ¿quién lo había hecho? ¿A qué Sith en los últimos mil años se le había permitido manejar un sable de luz en una batalla abierta? ¿Acaso eso en sí mismo no era suficiente para calificarlo como un verdadero Sith?
Los gomosos gungans casi se desintegraban al contacto de las hojas gemelas que Maul hubiera deseado reservar para los Jedi. Sus cabezas provistas de pico volaron en todas direcciones. Sus tajos los partían por la mitad, por la cintura o longitudinalmente, y chillaban al morir. Sus fosas nasales se dilataban y sus ojos se le salían de las órbitas, y la playa de arena blanca se encharcó con su sangre. Maul se acercó más a Ganne, cortando las piernas por debajo de las monturas de los gungans o empalándolos con su sable de luz.
Se lanzó en el aire cuando todavía estaba a cinco metros del Jefe y el general. Este último fue decapitado por una de las hojas, y Ganne fue derribado de su montura por la mano izquierda extendida de Maul. Ágil a pesar de su gordura, el Jefe gungan se puso en pie de un salto y corrió a agarrar su electropica, pero Maul estuvo sobre él antes de que pudiera usar el arma, lo desarmó y lo arrastró por sus largas orejas a través del caos de la lucha, hasta la línea de árboles que definía el borde del campo de batalla.
Los ojos hundidos del gungan giraban sin control, y de sus labios gruesos caía un hilo de saliva. Maul acercó su sable de luz a la cara de Ganne, pero luego lo desactivó. No hacía falta amenazar a este ser primitivo de voluntad débil, se dijo. Simplemente basta con manipularle para que revele la verdad.
-La ruta a Otoh Gunga -dijo Maul, haciendo un gesto significativo con la mano enguantada.
En respuesta a la sugerencia de la Fuerza, los ojos de Ganne casi se pusieron en blanco.
-Tusa necesita saber lo camino a Otoh Gunga -dijo en el rudimentario dialecto de los gungan.
-Dímelo -dijo Maul.
-Misa dice tusa. Tusa lleva tusas mackinaks a través de lo Estrecho de Rellias.
Maul tiró de las orejas Ganne detrás de su cabeza.
-Abrirás las puertas cuando lleguemos.
-Misa abrirá losa puertas cuando nosa lleguem.
La satisfacción y el odio se mezclaron en la sonrisa maliciosa de Maul. Poniendo a Ganne sobre sus pies de tres dedos, comenzó a empujarlo hacia las líneas de la Federación de Comercio.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Darth Maul: Fin del Juego (VII)


Los droides de combate estacionados en el perímetro del Campo de Detención Seis, a las afueras de Moenia, blandieron sus rifles desintegradores cuando Maul pasó por medio de ellos en la moto deslizadora. Estaba a una fracción de segundo de cortarlos en pedazos cuando sus programas de reconocimiento se activaron y asumieron posturas de saludo.
-Bienvenido, comandante Maul -entonó su oficial-. ¿Cuáles son sus órdenes?
Pasando a toda velocidad por delante de ellos, Maul cruzó una pasarela tendida sobre una zanja maloliente y entró a un complejo de dormitorios erigidos apresuradamente y de comedores de techo plano. El área había sido deforestada recientemente, y el sol de Naboo caía a plomo sobre el suelo fangoso. La población trasladada desde la cercana Moenia estaba compuesta en gran parte por artistas, comerciantes y simpatizantes de los gungan. Maul supuso que estaban más acostumbrados a una vida sencilla que sus compatriotas de la cosmopolita Theed, que nunca habían conocido privaciones, pero mostraban la misma infelicidad que ellos. Un droide administrador encontró el nombre Leika en la lista de los detenidos, y un droide de seguridad escoltó a Maul hasta un dormitorio que el supervisor bothan compartía con veinte actores de Naboo, un guía de la naturaleza rodiano, y dos músicos bith.
Un ser de hocico ancho y barbudo, de mediana estatura, Leika se puso rígido de espanto al ver a Maul entrar en la sala y dirigirse directamente a la cama que compartía con uno de los naboo.
Maul se puso en jarras a los pies del camastro.
-Recoge tus pertenencias y sígueme afuera.
-Yo...
-¡Ahora!
El bothan colgó dos pequeñas mochilas sobre sus hombros hirsutos y siguió apresuradamente a Maul, quien le introdujo en un edificio de almacenamiento desocupado y cerró la puerta tras ellos.
-No quiero ser una molestia para el virrey -dijo Leika a modo de disculpa-. Yo simplemente estaba pidiendo permiso para salir de Naboo...
-Eso no me concierne.
El bothan frunció el ceño, confuso.
-Usted es el verdugo de los neimoidianos, ¿no?
-Eso depende de la cantidad de información que me puedas brindar en cuanto a la ubicación de las ciudades gungan -dijo Maul.
Los ojos de Leika se abrieron como platos por la sorpresa, y luego los entrecerró con un propósito claro.
-Si puede sacarme de Naboo, le proporcionaré toda la información que necesite.
Maul echó un vistazo a las mochilas.
-Primero muéstrame lo que tienes, y luego reflexionaré sobre tu situación.
El bothan buscó en la más pequeña de las mochilas y sacó un cristal de proyección, que insertó en un lector y colocó encima de un recipiente de almacenamiento. Al activarlo, el lector proyectó un mapa en 3-D de los pantanos y lagos de Naboo.
"Me tomó más de un año reunir estos datos -dijo Leika-. Debería haber abandonado el proyecto cuando el rey Veruna murió, pero estaba tan obsesionado con descubrir el misterio de las ciudades gungan, que ya no pude detenerme. Estaba empezando a hacer progresos reales cuando la Federación de Comercio anunció el bloqueo, y la mayoría de mis informantes se ocultaron.
-Rellias -dijo Maul-. Empieza con eso.
Leika hizo ajustes en el lector del cristal, y un nuevo mapa en 3-D se hizo visible. Señaló una entrada de datos que acompañaba unas imágenes cambiantes de un denso grupo de burbujas hidrostáticas que formaban la ciudad submarina de Rellias.
-Aquí están las coordenadas de ubicación. -Su mano peluda se movió-. Las burbujas son permeables en ciertos puntos, y emiten un brillo natural que se deriva de la interacción entre el plasma y la energía generada electromagnéticamente.
-El nombre del gobernador de Rellias -dijo Maul.
-Jefe -corrigió Leika-. Jefe Ganne. Un gungan ankurano... los que tienen la piel verde y los ojos hundidos.
Maul archivó el nombre en su memoria.
-¿A qué distancia se encuentra la ciudad burbuja más cercana a Rellias?
Leika sacudió la cabeza hacia atrás y hacia adelante.
-Es difícil de decir. Varias de mis fuentes confirmaron que existe un canal de plasma enriquecido bajo el agua, en algún lugar de esta zona -su dedo índice dibujó un círculo en el aire-, que a la larga conduce a Otoh Gunga, Langua, Jahai, y el resto, que creo que se encuentran en el Lago Paonga, cerca de su confluencia con el Pantano Lianorm. Otoh Gunga es la capital, por llamarla de algún modo, y sede del Consejo de Representantes y del máximo gobernante, el Jefe Rugor Nass. Se dice que hay un segundo camino a Otoh Gunga desde el norte, desde un sitio llamado el Lugar Sagrado.
Maul se apartó de la imagen proyectada para mirar a Leika.
-¿El lugar sagrado?
El bothan se encogió de hombros.
-Nadie con quien haya hablado sabía por qué se llama así, o dónde está exactamente. -Hizo una pausa momentánea-. ¿Está... planeando atacar las ciudades? Sólo lo pregunto porque me siento obligado a advertirle que los gungans están bien armados. Su ejército permanente es lo que evitó que el rey Veruna les atacara, y en parte el impulso para que crease el Real Cuerpo Espacial de Cazas de Naboo. Por eso, y para contrarrestar la fuerza de la Federación de Comercio.
-Y para contrarrestar el poder del muun, Hego Damask -dijo Maul, dejando caer el nombre.
Si Leika estaba sorprendido, se lo guardó para sí mismo.
-Bueno, el Magistrado Damask, por supuesto. Él lo controla todo. Incluso las próximas elecciones en Coruscant.
-¿Damask pondrá al Senador Palpatine en el poder? -preguntó Maul cautelosamente.
-¿Al hijo predilecto de Naboo? -Leika soltó una breve risa-. ¿Acaso Damask no lo ha hecho ya?
Maul no quería saber nada más de ello. Agarrando el cristal de datos y el lector, abrió la puerta y salió a la luz. Echando un vistazo a Leika, dijo:
-Los términos de acuerdo serán respetados.
Al salir del campo de detención pensó en Darth Sidious, y se le ocurrió preguntarse si los términos de su acuerdo serían respetados.

Darth Maul: Fin del Juego (VI)


Maul salió de las tierras bajas con su moto deslizadora, siguiendo un retorcido camino que volvía a subir por las exuberantes colinas de la sierra Gallo. Comenzaron a aparecer granjas, con majestuosas casas antiguas situadas lejos del camino. Con el razonamiento de que cualquier tipo de revuelta comenzaría en una de las ciudades, los neimoidianos no habían enviado sus droides a la zona. Pero era evidente que los agricultores de Naboo eran conscientes de lo que había sucedido en otros lugares, ya que muchas de las casas estaban abandonadas y las máquinas agrícolas permanecían en silencio en medio de los campos arados.
Finalmente Maul localizó el lugar que Sidious le había dicho que buscara. Colocado donde la calzada se cruzaba con el camino que accedía a la casa, había un cartel escrito en básico y futhork donde podía leerse: DESTILERÍA DE VINO DE FLORES “GRANJA DE LA CUMBRE”. Maul esperó junto a la señal. Al este y el oeste del camino, hasta donde alcanzaba su vista, se extendían campos y campos de plantas cultivadas, con flores vibrantes que variaban en color, tamaño y forma. El aire cálido estaba impregnado con sus fragancias embriagadoras. Maul giró la moto deslizadora entrando en el camino y se dirigió lentamente hacia la casa. En algunos campos, los hombres de Naboo que trabajaban junto a droides de trabajo dejaron lo que estaban haciendo para verlo pasar. Un hombre salió corriendo hacia la casa, sin duda para anunciar la llegada de Maul.
La casa era un edificio de madera y piedra muy bien cuidado, con un pintoresco tejado a dos aguas. A cierta distancia de la casa, dos antiguos molinos de viento daban vueltas. En un edificio anexo mayor que la casa, Maul pudo ver prensas de extracción y barriles de almacenamiento de madera. Justo acababa de detener el deslizador cuando una mujer Naboo de escasa estatura salió por la puerta delantera de la casa, secándose las manos en un delantal de trabajo y examinando abiertamente a su visitante. Tan robusta como su casa, la mujer tenía rasgos afilados, penetrantes ojos azules y cabello plateado muy corto. El musculoso trabajador que le había avisado permaneció detrás, y su postura indicaba que tenía un bláster metido en la cintura de su pantalón, en la parte baja de su espalda. Maul pasó su pierna izquierda por encima del asiento en forma de U del deslizador y se quedó inmóvil un instante, permitiendo que la mujer le examinase mientras se quitaba sus largos guantes negros largos y los colocaba sobre el manillar.
-Ha realizado un largo viaje –dijo ella-. Debe de tener sed. Entre.
Se dio la vuelta y volvió a entrar en la casa. Su protector se apartó, permitiendo pasar a Maul antes de seguirlo al interior. El interior era fresco y oscuro y decorado con muebles de madera y otras cosas antiguas. La mujer regresó de una zona de preparación de alimentos y entregó a Maul una bebida clara enfriada con hielo picado. Dio un pequeño sorbo, probándolo en busca veneno, y luego bebió el dulce líquido de un largo trago mientras la mujer intercambiaba miradas furtivas con su guardaespaldas. Con un gesto de su barbilla puntiaguda, hizo una señal para que el hombre saliera de la habitación, pero no se fue muy lejos.
Cuando Maul le entregó el vaso vacío, señaló un sofá.
-¿Le apetece sentarse? Y dígame qué puedo hacer por usted.
Maul no se movió.
-Necesito las coordenadas de ubicación de las ciudades gungan más importantes.
Ella parpadeó sorprendida.
-¿Quién le dijo que tengo ese tipo de información?
-¿La tiene o no?
Ella entrecerró los ojos, comprendiendo, y le mostró una fugaz sonrisa con sus labios apretados.
-Ya sabía que los neimoidianos no podrían haber llevado a cabo algo como esto por su cuenta. ¿Desde cuándo lleva trabajando con la Federación de Comercio?
Maul la fulminó con la mirada.
-Las ciudades gungan.
-Me temo que ha venido hasta aquí para nada. -Al ver el fuego en los ojos amarillos de Maul, rápidamente añadió-: Pero espere un momento. El hecho de que yo no sepa las coordenadas, no quiere decir que no conozca a alguien que sí las sepa.
-¿Quién? -espetó Maul.
Ella se sentó en el sofá.
-Lo primero es lo primero. ¿Cuánto sabe usted, o cree saber, acerca de mí?
Maul se irguió ante ella.
-Su nombre es Magneta. Usted fue jefa de seguridad del anterior rey.
Ella forzó una breve exhalación.
-Me gustaría preguntarle su nombre, pero estoy segura de que no significaría nada para mí.
Maul continuó.
-Antes de la elección de la Reina Amidala, el rey tenía la intención de aprovechar depósitos de plasma adicionales en las áreas gungan. Firmó un contrato con una empresa minera de fuera del planeta para hacer las inspecciones, y estaba dispuesto a ir a la guerra con los gungans si se resistían. Abdicó del trono antes de poner el plan en acción.
-Abdicó -dijo Magneta, alargando la palabra-. Una forma curiosa de decirlo. ¿Sabe cómo murió el rey Veruna?
Maul luchó por controlar su impaciencia.
-Ni lo sé ni me importa.
Ella estudió su rostro.
-Extraño. Cuando se acercaba en su moto, inmediatamente me imaginé que usted era el asesino que nunca pudimos localizar.
Maul resopló.
-Imaginó mal. ¿Quién conoce la ubicación de las ciudades subacuáticas?
Magneta suspiró.
-Está bien, como usted quiera. Le interesará hablar con un bothan llamado Leika. Es el supervisor jefe de la compañía que contrató el rey Veruna. Pero no estoy segura de dónde se le puede encontrar. He tratado de mantener los oídos abiertos, pero desde aquí no puedo enterarme de todo. Leika se disponía a salir de Naboo cuando los neimoidianos desplegaron el bloqueo sorpresa. Trató de razonar con ellos, pero, como a muchos otros forasteros, no se le permitió salir. No entran ni salen naves, sin excepciones. Estaba en Moenia cuando se produjo la invasión, y sin duda se vio envuelto en ella. Así que el primer lugar donde yo miraría sería en los campos de detención más cercanos.
Mutilar se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta. Estaba a punto de cruzarla cuando Magneta dijo:
-Asegúrese de saludar al muun de mi parte.
Maul se detuvo y se volvió lentamente.
-¿Qué muun?
-Hego Damask.
Él negó con la cabeza.
-No conozco ese nombre.
Magneta inclinó la cabeza hacia un lado, suspicaz.
-Me parece muy poco probable, ya que estoy segura de que Hego Damask y su marioneta, el ilustre senador de Naboo Palpatine, tienen sus brazos metidos hasta los codos en la invasión y la ocupación.
Maul no demostró ninguna sorpresa, incluso ante la mención del alias de su Maestro.
-¿Quién es Hego Damask?
-¿Quién es...? -Magneta recorrió el rostro inmutable de Maul con la mirada-. ¿De verdad no lo sabe? Damask es un mafioso disfrazado de banquero. Fue Damask quien negoció el trato original para que el plasma de Naboo fuera extraído y transportado por la Federación de Comercio. Sospecho que también es quien está detrás de la campaña de Palpatine para el puesto de Canciller. Han estado confabulados desde hace veinte años.
Maul estaba secretamente aturdido. Conocía los nombres de algunos de los secuaces de Palpatine –Sate Pestage, Kinman Doriana, entre otros-, pero el nombre de Hego Damask era nuevo para él, al igual que la afirmación de Magneta de que el muun estaba controlando de algún modo a Palpatine. ¿Era posible que el propio Darth Sidious tuviera un Maestro clandestino? La idea era demasiado descabellada para tenerla en cuenta, y mucho menos aceptarla.
-Ah, de modo que he dado con algo –dijo Magneta, observándolo con atención-. Entonces puede saber también el resto. Hay una buena razón para creer que Damask y Palpatine son los responsables de la muerte del rey Veruna. Necesitaban instalar a la pequeña y hermosa reina Amidala en el trono para poder tomar el control total del planeta, mientras hacían que pareciera que la Federación de Comercio era la responsable.
Hizo una pausa, y luego añadió:
-Palpatine me traicionó, después de que permití a su agente, Pestage, que saliera impune del asesinato de más de una docena de ciudadanos de Naboo afines a los gungan. –Hizo un amplio gesto, abarcando lo que le rodeaba-. En lugar de encerrarme en un calabozo, terminé aquí, en un humillante auto-exilio por no poder salvar la vida de Veruna.
Maul sabía bastante sobre la humillación. Pero Magneta había ido demasiado lejos al airear sus temores, por justificados que fueran. No podía sospecharse que Palpatine estuviera ligado a los neimoidianos o a la invasión de Naboo.
Maul escuchó que el guardaespaldas de Magneta se movía, y también Magneta... buscando un bláster de mano oculto bajo su delantal. Maul también era consciente de que varios trabajadores del campo se habían reunido justo en el exterior de la puerta, esperando para lanzar una emboscada.
Con una sonrisa burlona, se lanzó en un torbellino, moviéndose más rápido de lo que el ojo humano podía captar, rompiendo el cuello de Magneta con el canto de la mano y luego girando de nuevo para lanzar una patada con su pierna derecha estirada al pecho del guardaespaldas cuando este entró apresuradamente en la sala. Una andanada de disparos de bláster llegó a través de la puerta delantera.
Esquivándolos, Maul corrió cruzando la habitación y se lanzó de cabeza por una ventana, dando una voltereta en el aire para caer al suelo de pie, justo en medio de sus asombrados oponentes.
Gruñendo, apretó sus manos desnudas y se lanzó sobre ellos, matándolos uno tras otro.

Darth Maul: Fin del Juego (V)


Maul exigió lo máximo de la moto deslizadora mientras dejaba las llanuras y las Montañas Gallo tras él y descendió a toda velocidad a través del bosque denso hacia los pantanos del sur. Antes de salir de Theed se había comunicado con Darth Sidious; tenía razones para creer que los errores que había cometido en Tatooine habían sido perdonados, y que su misión estaba de nuevo encaminada. Con el Senado de la República en estado de agitación, Sidious estaba seguro de que sería capaz de persuadir a la Reina Amidala para que regresara a Naboo, y sospechaba que Qui-Gon Jinn y Obi-Wan la acompañarían. Pero la emoción de Maul ante la perspectiva de tener un segundo intento con ellos estaba atenuada por tener que lidiar con los gungans... una tarea que había sido confiada a los neimoidianos. Seguramente Sidious sabía que Gunray era incapaz de hacer lo que se le había pedido, y sin embargo Sidious había ocultado al virrey información vital que le habría permitido localizar las ciudades bajo el agua de los indígenas. ¿Por qué, entonces, había proporcionado Sidious ahora la información a Maul? ¿Era esta una más en la serie de pruebas que su maestro le había hecho pasar en los últimos cinco años para confirmar su lealtad y su habilidad?
La pregunta le acompañó hasta la base de observación avanzada que OOM-9 había establecido en la orilla de un pantano plagado de insectos. El bosque era alto allí, y los esbeltos árboles parecían crecer de la propia agua fétida. En un claro, una compañía entera de droides de batalla esperaba en filas precisas, reforzada por una docena de droidekas. Otros droides estaban explorando el pantano en Plataformas Aéreas Monoplaza. Cerca de la costa flotaban un destructor acuático con forma de concha equipado con grupos de láseres de corto alcance y varias máquinas de asedio con aspecto de tanques.
Maul estaba impresionado. La escena por lo menos tenía la apariencia de un auténtico ejercicio militar.
OOM-9 se acercó mientras descendía de la moto deslizadora.
-Bienvenido, comandante -dijo sin rodeos.
Con la placa pectoral adornada con marcas amarillas, OOM-9 poseía varias antenas y una mochila que aumentaba su radio de acción. Maul sabía que el droide había recibido el encargo de liderar la ocupación y se le atribuía el haber arrasado los centros de comunicaciones de Naboo en Nuevo Centrif y Vis, así como haber asegurado las ciudades de Harte Secur, Spinnaker, y Theed. De un marinero capturado en Harte Secur, OOM-9 había sabido de una ciudad burbuja gungan llamada Rellias, pero hasta el momento sus fuerzas habían sido incapaces de localizar la ciudad.
-El virrey Gunray dijo que ya habéis capturado muchos gungans -dijo Maul-. ¿Cuántos exactamente?
El procesador del droide zumbó débilmente mientras se comunicaba con las computadoras a bordo de la nave de control en órbita.
-¿Cuántos dijo el virrey que capturamos? -preguntó con un tono monótono.
-Cuarenta y siete –dijo Maul.
-Sí, comandante. Capturamos cuarenta y siete.
Maul frunció el ceño con exasperación, pero perdonó la mentira de OOM-9.
-Muéstramelos.
El droide giró trazando medio círculo y volvió su delgada cabeza hacia Maul, detrás de él.
-Por aquí, comandante.
Un corto camino sinuoso a través de los árboles les condujo a un lugar donde cuatro gungans estaban tendidos en el suelo, con sus cartilaginosos cuerpos agujereados por disparos de bláster. Con sus rostros con pico, sus orejas caídas, sus ojos saltones y sus lenguas colgando, ciertamente parecían capaces de hacer la guerra, pero Sidious había advertido a Maul que no subestimara la especie.
-Estos gungans fueron aprehendidos mientras intercambiaban bienes con comerciantes de Naboo en las afueras de la ciudad de Moenia -explicó OOM-9.
-¿Dónde están los comerciantes de Naboo?
-Confinados en el Campo de Detención Seis, comandante.
Maul se tomó un momento para observar una patrulla PAM zumbando sobre ellos.
-¿No habéis encontrado ningún rastro de Rellias?
-Ninguno, comandante. Es posible que los gungans tengan dispositivos capaces de burlar nuestros escáneres penetrantes.
Maul pensó en ello. Aunque remota, existía la posibilidad de que los gungans fueran capaces de hacer algo que pudiera poner en peligro su tarea de matar a los Jedi y capturar a la reina, y no podía permitirlo.
-Este no es momento para sutilezas -dijo a OOM-9-. Envenenad las aguas. Si eso no saca a los gungans a la superficie, entonces vaciad el pantano.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Darth Maul: Fin del Juego (IV)


Maul caminaba por el suelo de piedra pulida del salón del trono del Palacio de Theed meditando en silencio, con la espada de luz colocada en la faja de cuero negro que ceñía sus ropas. Envueltos en brilloseda, Nute Gunray y agregado diplomático de piel verde, Rune Haako, estaban de pie uno junto a otro ante de una ventana alta y rematada con un arco, retorciéndose sus manos de dedos gruesos. Un droide de protocolo plateado les asistía, y una mecano-silla esperaba a que el virrey se sentase.
-Varios miembros de las Fuerzas de Seguridad de la reina lograron eludir a los droides de batalla –estaba diciendo Gunray en un engolado básico-. Rescataron a un grupo de cautivos de Naboo, y nos causaron ciertos problemas en una estación orbital y en uno de nuestros emplazamientos de trasbordo de plasma en la superficie. Afortunadamente para nosotros, y por desgracia para ellos, los Naboo se encontraron con un visitante Hutt que resultó estar a nuestro servicio. Él delató sus planes y su ubicación.
-¿Están muertos o encarcelados? –preguntó Maul, deteniéndose.
-El capitán está muerto. Algunos de los otros siguen en libertad.
Maul retomó su ritmo furioso. Estaba familiarizado con ambos neimoidianos por las holotransmisiones llevadas a cabo entre ellos y Darth Sidious durante el último año. Habían tratado con Sidious a través del frío del espacio, pero ahora, enfrentados con un Señor Sith de carne y hueso, todo lo que podían hacer era tratar de no temblar con temor. A olor almizclado a marea baja emanaba de Haako, que vestía una túnica púrpura y un sombrero con cuernos.
-¿Y los gungans? -dijo Maul.
La pareja intercambió miradas desconcertadas.
-¿Qué pasa con ellos, Lord Maul? -preguntó Haako.
-¿Han localizado sus ciudades subacuáticas y tomado las medidas necesarias?
-Estamos... en proceso -dijo Gunray. Una tiara de tres puntas coronaba su moteado rostro azul.
-¿A cuántos habéis capturado?
La membrana nictitante de los ojos rojos de Gunray tembló con un espasmo.
-¿Cuántos?
-¿Cientos? ¿Miles?
El virrey improvisó.
-Del orden de cientos, diría yo.
Maul estaba asqueado por el hecho de que él era en cierta medida responsable de la elevada posición de Gunray, después de haber ejecutado las misiones que habían elevado Gunray de ser un simple funcionario a un ser de importancia galáctica. Pero Darth Sidious sostenía que los neimoidianos eran necesarios para el Gran Plan de los Sith, y parte de ese plan requería que Naboo fuera asegurado, en preparación de que el planeta fuera anexionado por el cártel de transportes. Con la reina Amidala en Coruscant, la rendición de Naboo aún no era oficial, pero Maul estaba seguro de que su Maestro encontraría la manera de llevarla a cabo.
-¿Dónde están los cautivos gungan? -dijo Maul.
Una vez más los neimoidianos se miraron. Sabían que Maul ya había matado a su cómplice traidor, Hath Monchar, y comprendieron que volvería a matar si se le provocaba.
Gunray habló primero.
-Los cadáveres fueron arrojados al mar...
-...atomizados -dijo Haako al mismo tiempo.
Maul dirigió a cada uno de ellos una mirada fulminante.
-¿En qué quedamos? ¿Arrojados o atomizados?
-Atomizados, y luego arrojados al mar -dijo Gunray, orgulloso de sí mismo.
Mutilar continuó mirándole con ira.
-Os desprendisteis de cadáveres atomizados.
Gunray se quedó sin aire por un momento, luego dijo:
-No es necesario que nos preocupemos por los gungans.
Maul cruzó los brazos sobre el pecho y mostró sus dientes limados.
-¿Por qué, virrey?
-Los anfibios no se arriesgarían a enfrentarse a nuestra fuerza abrumadora.
Maul resopló.
-Los gungans tienen un ejército permanente con millares de efectivos y armas estratégicas de plasma.
Gunray miró a Haako, quien dijo:
-No lo sabíamos...
-Ahora lo sabéis.
Maul observó al baboso dúo temblar en sus vestimentas. ¿Estos eran invasores? ¿Estos eran los líderes de un ejército? Tan fácilmente intimidados, tan fácilmente engañados, y codiciosos hasta el punto de que se habían dejado manipular para instigar una guerra a cambio de una oportunidad de mayores beneficios. Para ellos, la riqueza era un fin en sí mismo. No tenían ninguna comprensión del poder real, y al parecer ningún contacto con la Fuerza. Tenían más en común con los droides de batalla que les servían, que con los seres racionales. Cómo se habría reído Trezza. A veces Maul lamentaba haber tenido que matar al falleen. Pero Trezza había descubierto demasiado acerca de los poderes de Maul...
-¿Quién está supervisando la búsqueda de las ciudades gungan? -dijo al fin.
-El comandante OOM-Nueve -dijo Gunray.
-Un droide -dijo Maul-. El predecesor de sus ineptos B-Uno.
-Un droide superior, Lord Maul -se apresuró a señalar Haako-. La guardia personal del virrey Gunray.
Maul no le hizo caso y se dirigió a Gunray.
-Informa a OOM-Nueve de que asumo el mando de la búsqueda.