Mostrando entradas con la etiqueta Contención. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Contención. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de septiembre de 2012

Darth Maul: Contención (y XV)


Maul se reclinó en el compacto espacio de la cabina de la nave de desembarco que le estaba devolviendo a Orsis, el mundo azul, blanco y marrón que llenaba la ventana junto a su asiento, pensando en la tarea que le esperaba.
Decidió que iba a echar de menos a Daleen y a Kilindi, y especialmente a Trezza. Sin embargo, aceptó que sus muertes eran esenciales para el plan de Darth Sidious... un Gran Plan, en el cual Maul era ya un cómplice. Como media, podría haber un máximo de quinientos seres en la academia, y se esforzó en encontrar ideas para asegurarse de que todos ellos murieran.
Sidious le había prohibido el uso de un sable de luz, pero no había dicho nada sobre ejercer contención. Maul esperaba con ansias enfrentarse a Meltch, y ser finalmente capaz de demostrar al mandaloriano la amplitud de todas sus capacidades.

Darth Maul: Contención (XIV)


En un cuarto de servicio por debajo de la bahía en la que los soldados de Kirske estaban desplegados, Maul y las hermanas de la noche estaban sobre un andamio de mantenimiento varios metros sobre la cubierta inundada de la sala. La inundación era debida a brechas en las gruesas tuberías que corrían por el techo, abiertas por tajos de la hoja dathomiri de Maul. Tan rápido como el agua brotaba de las tuberías, Talzin –gesticulando ampliamente con los brazos- la convertía en su mayor parte en vapor, y las nubes comenzaban a subir a través de las rejillas de la cubierta del hangar que se encontraba sobre ellos.
-No va a ser tan potente como la tormenta que conjuré en Orsis -dijo Talzin- pero deberá bastar.
Al igual que Maul y las dos Hermanas de la Noche, llevaba una de las máscaras respiratorias de emergencia que Maul había tomado de una esclusa de aire cercana después de que tanto él como Talzin sintieran la emboscada que les esperaba al final del conector. Se habían abierto camino hacia abajo en los pasillos de mantenimiento que corrían por debajo de nivel de la explanada del centro de pasajero. Donde antes Talzin había sido incapaz de llevar a cabo sus magias, sus poderes para alterar el agua aparentemente no estaban afectados por la tecno-esterilidad del resto de la estación.
Talzin continuó haciendo pases mágicos con una mano, mientras que con la otra buscó en las profundidades del un bolsillo de su túnica. Murmurando en dathomiri, sacó una ampolla cristalina y comenzó a arrojar su contenido ámbar en las nubes de vapor sobrecalentado. Gesticulando con ambas manos, hizo que las nubes se arremolinaran, dirigiéndolas más rápidamente hacia arriba, como si potentes ventiladores soplasen desde abajo.
Los cuatro esperaron hasta que desde arriba se oyeron toses y arcadas, y luego se dirigieron hacia el extremo del andamio y subieron una escalera que accedía al hangar superior.
Víctimas de la niebla soporífera y casi impenetrable de Talzin, los soldados del señor de la guerra andaban tropezándose como si estuvieran ebrios o se doblaban sobre sí mismos y vomitaban en cubierta. Las dos Hermanas de la Noche se metieron en medio de ellos con sus espadas parpadeando. Los pocos weequay y siniteens que no habían sucumbido totalmente a la extraña mezcla de Talzin abrieron fuego con sus blásters, pero fueron rápidamente abatidos por las espadas. Dejando la esgrima a las dathomiri enmascaradas, Maul irrumpió en la retaguardia de los hombres del vollick con puños y pies, golpeando cuerpos y rompiendo huesos mientras se abría paso hasta el propio señor de la guerra. Desde fuera de la niebla llegó una lluvia de fuego de los defensores más cercanos al vollick, lo que obligó a Maul a arrojarse a la cubierta, sangrando por un disparo que había rozado su brazo derecho. Poniéndose de nuevo en pie, volvió a la carga, pero para entonces el señor de la guerra y sus principales lugartenientes se habían batido en retirada a través de una de las salidas. Sólo la voz de Talzin impidió a Maul salir en su persecución.
-¡Nuestra nave! -gritó.
Ondas de sus manos causaron que la niebla extendida se fundiera en una esfera líquida, que luego estalló con una sola pasada mágica, duchando la cubierta con agua. Retirándose el respirador del rostro y tirándolo a un lado, señaló en la dirección donde estaba estacionada la nave.
-¡Rápido!
Talzin no esperaba que Maul hiciera caso a sus órdenes, y se preguntó mientras corría por qué estaba corriendo con ellas. ¿Realmente pretendía acompañarlas a Dathomir? Había empezado a dudar de que tuviera el poder para dominarle una segunda vez, o para convencerle para que fuera con ellas. Entonces, ¿qué había cambiado? ¿Acaso el combate había forjado algún tipo de conexión primaria? ¿O estaba dispuesto a aceptar su destino, a pesar de lo que había dicho acerca de haber percibido la presencia de su Maestro?
Corriendo por el hangar, vieron que la cubierta estaba llena de weequays caídos. Ninguno de los cuerpos descoloridos mostraba evidencia de heridas evidentes, pero para un soldado estaba claro que estaban muertos. Era evidente que el vollick los había desplegado para evitar que Talzin y el resto llegasen a la nave espacial. ¿Podrían haberse vuelto unos contra otros? Apenas tuvo tiempo de pensar en ello cuando vio que Maul se detenía bruscamente y cayó de rodillas, con la cabeza gacha.
-Maestro –le oyó decir Talzin.
Un humano apareció a la vista. De estatura media, vestía una túnica oscura cuya capucha cubría su cabeza, ocultando su rostro. Talzin podía sentir su poder, no sólo en la Fuerza, sino en el lado oscuro, como lo conocían algunos. Incluso las Hermanas de la Noche podían sentir el poder del hombre, y dieron un paso atrás con incertidumbre, apuntando a la cubierta con sus arcos de energía. Durante un largo momento, él y Talzin se miraron en solemne silencio. Entonces el hombre de la túnica señaló a Maul.
-Su lugar no está en Dathomir -dijo en básico, haciendo pesar el significado de sus palabras-. Él es mío.
Talzin recordó lo que había dicho la Hermana de la Noche Kycina acerca de haber entregado al pequeño Maul a un humano distinguido y poderoso.
-Entonces no lo abandonaste sin más en manos del falleen.
-Al contrario -dijo.
Talzin echó un vistazo a Maul.
-Le has entrenado bien.
En las sombras que producía la capucha levantada de la túnica, el afeitado labio superior del hombre se curvó.
-No necesito que verifiques lo que sé que es cierto, mujer.
-Por supuesto -dijo, aunque sin una pizca de disculpa.
El hombre señaló la nave de Talzin.
-Encontrarás el cuerpo de tu Hermana de la Noche caída a bordo.
Talzin inclinó la cabeza en señal de gratitud.
El hombre introdujo las manos dentro de las mangas opuestas de su túnica.
-Ahora, marchad de aquí antes de que cambie de opinión.
No acostumbrada a recibir órdenes, Talzin vaciló, pero no por mucho tiempo, y al final hizo un gesto a las Hermanas de la Noche para que subieran a bordo de la nave. Junto a ella, Maul seguía de rodillas, con la cabeza baja. Con aire casual, ella permitió que su mano izquierda pasase rozando la herida sangrienta que Maul tenía había abierta en el brazo. Luego se dirigió, cojeando ligeramente, a la rampa de embarque. Allí se llevó la mano izquierda a uno de los talismanes que colgaban de su cuello, e impresionó la sangre de Maul sobre él.
Con esto, siempre sabré dónde encontrarte.
Dedicando una última mirada al Maestro de Maul, subió la rampa de embarque y desapareció en la nave.
Cuando la nave se hubo marchado, Sidious se dirigió a una ventana de observación que dominaba la multicolor silueta de Orsis. Maul le siguió, dejándose caer en una postura de rodillas y esperando a que hablara su Maestro.
-Lo hiciste bien, Maul -dijo Sidious al fin-. Me agrada que mostrases contención y no traicionases nada de tu profunda formación en el lado oscuro de la Fuerza.
-Lo hice con la esperanza de convertirme algún día en su aprendiz -dijo Maul.
Sidious apartó ligeramente la mirada de las vistas y miró hacia abajo, a Maul.
-Entonces considérate un paso más cerca.
Mutilar dejó escapar el aliento, aliviado.
-Gracias, Maestro.
Sidious se alejó de la ventana.
-Ha llegado el momento de que aprendas algunas cosas acerca de la naturaleza de nuestra empresa. Como te dije, llevo más años de los que tú has vivido poniendo en marcha las etapas de un Gran Plan... un plan en el que podrás desempeñar un papel si sigues demostrando tu valía y tu permanente lealtad. Debes saber, sin embargo, que este plan no fue concebido completamente por mí, y de hecho ha estado fabricándose durante un milenio. Surge de la mente de muchos seres, todos los cuales sirven a una gran tradición. -Hizo una pausa para mirar a Maul-. Una tradición de mucha mayor importancia que la hermandad dathomiri de la que Talzin seguramente te habrá hablado. Es la tradición de la antigua orden conocida como los Sith.
Maul entrecerró los ojos, pensando.
-Me habló de los Sith cuando yo era joven, Maestro.
-Lo que te he ocultado desde entonces es que yo soy el Señor Sith, Darth Sidious. Mi Maestro me confirió tanto el nombre como el título, y, cuando lo estime oportuno, es posible que algún día yo te conceda el mismo honor.
Maul tragó saliva.
-Me esforzaré por demostrarle mi valía, Maestro.
-Sí, lo harás -dijo Sidious, y luego añadió-: A partir de ahora voy a empezar a guiarte en los caminos de los Sith, y poco a poco te permitiré aprender algunas cosas sobre mi alter-ego, y sobre nuestro propósito final. Por ahora, bastará que sepas que somos adversarios de la República, y enemigos jurados de la Orden Jedi. Será nuestra tarea para ver derribada a la primera y a estos últimos borrados de la galaxia. Aunque yo seguiré siendo la mano que lo guíe todo, te corresponderá a ti ejecutar misiones que podrían representar un riesgo para mi posición si se descubriera el verdadero propósito de nuestras acciones.
El corazón de Maul latía con fuerza.
-Nada menos que la perfección será suficiente, Maul -dijo Sidious-. ¿Comprendes?
-Comprendo, Maestro.
-Entonces pongamos eso a prueba, ¿de acuerdo?
Maul levantó la vista.
-¿Otra prueba?
Sidious frunció el ceño.
-¿Otra?
-¿Como la que planeaste con Madre Talzin?
Sidious le sonrió débilmente.
-Lo que pasó en Orsis y a bordo de esta estación no se puso en marcha por mi mano, Maul. De hecho, fuiste traicionado por alguien que le dijo a Talzin dónde encontrarte, y luego la apoyó y colaboró en su plan para capturarte.
Maul abrió sus ojos como platos.
-¿Se puede saber la identidad de quien me traicionó, Maestro?
Sidious lo pensó. Finalmente dijo:
-Meltch Krakko.
Maul quedó boquiabierto por la sorpresa.
-¿Lo sabía Trezza, Maestro?
Sidious negó con la cabeza.
-Trezza no sabía nada. Sin embargo, me temo que no seamos capaces de contener el daño que se ha causado. El mandaloriano sabe demasiado, y aunque siempre he confiado en Trezza, no podemos arriesgarnos a que se extiendan rumores sobre tu desaparición y todo lo que pasó a continuación. -Se quedó en silencio, tocándose la barbilla-. Yo me encargaré del señor de la guerra vollick. Pero será tarea tuya ocuparte de Trezza y los demás en la escuela.
Maul le miró confundido.
-Tienen que morir, Maul. Instructores y aprendices por igual, hasta el último de ellos.
El corazón de Maul quedó convertido en piedra.
-Vivo para hacer tu voluntad, Maestro.
Sidious asintió.
-Y mientras lo hagas, seguirás viviendo.

Darth Maul: Contención (XIII)


Por todo el módulo de pasajeros sonaban sirenas, y las luces de emergencia proporcionaban un brillo escarlata a algunas de las explanadas y hangares.
Sudando profusamente bajo su armadura corporal, el Señor de la Guerra Kirske caminaba detrás de los soldados que había desplegado en una bahía al otro extremo del conector por el que, según le habían dicho, habían entrado sus cuatro presas. Otros soldados habían recibido la orden de enfrentarse a la seguridad de la estación, y un contingente de mercenarios weequay había sido enviado a asegurar la nave de las Hermanas de la Noche, por si acaso Talzin y el resto llegaban tan lejos. Eso dejaba una simple tripulación mínima a bordo de la nave del propio Kirske.
Teniendo en cuenta la ruina que el zabrak dathomiri había causado en una de las bahías de carga, Kirske había empezado a preguntarse si era a él a quien habían tendido una trampa. Meltch había hablado casi con desdén del llamado Hermano de la Noche, y sin embargo el aprendiz dathomiri de Trezza estaba demostrando ser más peligroso que la misma Madre Talzin. ¿Podría el mandaloriano haber llegado a un acuerdo por separado con algún otro señor de la guerra rattataki para atraerlo a una trampa? Ciertamente Kirske no carecía de enemigos en ese disputado mundo.
Kirske miró en dirección a la salida del conector y se volvió hacia uno de sus lugartenientes siniteen.
-¿Por qué están tardando tanto? ¿Por qué no han salido? ¿Y por qué hace tanto maldito calor aquí?
Con cuidado, se introdujo uno de sus dedos de afiladas garras en el cuello de su túnica y tiró hacia fuera, con la esperanza de liberar una parte del calor que se acumulaba debajo de su coraza. Los curtidos cueros cabelludos de los weequay cercanos estaban perlados de sudor.
-Mi señor, nuestros exploradores de avanzada no reportan ningún rastro de ellos -dijo el siniteen por fin.
Kirske intentó agudizar su visión de la salida del conector, pero encontró su visión a distancia ligeramente borrosa. Ante sus ojos, el otro lado de la bahía parecía como si estuviera oscurecido por la niebla. La ilusión óptica podía ser el resultado del sudor en los ojos. O tal vez no. Por si acaso, tomó nota de la ubicación de la salida más cercana del hangar.

Darth Maul: Contención (XII)


Espada corta en mano, y esquivando los disparos bláster de los weequay y siniteen, Maul corrió hacia el mamparo de la sala de control. Por un momento parecía que tenía la intención de subir corriendo por la pared, pero en lugar de eso se lanzó directamente hacia arriba saltando desde la cubierta cuando se encontraba a escasos metros del mamparo. Al mismo tiempo, levantó la espada por encima de su cabeza sujetándola con las dos manos, y la hundió en la gruesa ventana de transpariacero de la sala de control. Una hoja normal, simplemente habría rebotado en la superficie pero, energizada por el lado oscuro de la Fuerza, la espada de la Hermana de la Noche no sólo penetró en el panel del modo en que lo haría un sable de luz, sino que abrió un desgarro vertical en la ventana conforme la gravedad luchaba para devolver a Maul a la cubierta. Colgando de la empuñadura del arma, descendió con ella durante una corta distancia, luego giró su cuerpo hacia arriba y alrededor de la espada, colocando sus pies delante de él y golpeando con ellos contra el cristal. Que la táctica funcionase, sin embargo, tuvo menos que ver con la cantidad de impulso que Maul fue capaz de proporcionar, y más al fuego de bláster concentrado de los guerreros del vollick.
Con los pies por delante, Maul atravesó volando la ventana rota al interior de la sala de control, con decenas de disparos láser siguiéndole y rebotando salvajemente. Varios dispositivos de la sala fueron golpeados, y, al freírse sus circuitos, el pequeño espacio se llenó de humo acre. Arrastrándose por debajo de la abertura en ruinas, Maul llegó al panel de control principal de la computadora y comenzó a introducir datos en una pantalla táctil. Él no era en absoluto un experto pirata informático, pero Trezza daba tanta importancia a los conocimientos de informática como a la producción de veneno y a las técnicas de asesinato. Y aún más importante, piratear los programas que supervisaban el sistema automatizado de transferencia de mercancía de Orsis no requería los conocimientos de un experto.
Con tornillos aún golpeando la sala, Maul se abrió camino en el programa que controlaba la matriz de rayos tractores y lo reprogramó. El sistema le preguntó varias veces si estaba completamente seguro de que quería que se aplicasen los cambios, pero una vez que lo convenció, las consecuencias fueron casi inmediatas.
Donde momentos antes los contenedores de carga habían estado flotando suavemente en el hangar, ahora de pronto volaban a toda velocidad. La gran nave estacionada fuera de la estación no se vio afectada por la atracción incrementada del rayo tractor, pero los propios contenedores estaban llegando demasiado rápido para que los elevadores de carga dieran abasto. En lugar de eso, se estaban amontonando en la cubierta, lo que equivalía a levantar un alto muro entre los mercenarios y las Hermanas de la Noche, aunque sin impedir que estas fueran capaces de alcanzar el conector que llevaba al módulo de la instalación de pasajeros.
Comprendiendo cuál iba a ser el resultado final, varios de los soldados salieron de su posición a cubierto en un intento de llegar al otro lado de la bahía de carga, sólo para terminar aplastados por los contenedores que llegaban. Un par de elevadores de carga también terminaron acorralados, pasando a formar parte de un tabique improvisado que estaba a punto de derramarse fuera de la bahía presurizada.
Con la atención del enemigo desviada al muro, Maul fue capaz de saltar de forma segura desde la sala de control a la cubierta y volver al lado de Talzin.
-Magia tecnológica -dijo, aunque no sin una pizca de agradecimiento.
Maul le ayudó a ponerse en pie y rodeó su cintura con su brazo izquierdo.
Con las Hermanas de la Noche en la retaguardia, los dos se apresuraron a entrar en el pasillo a través de la primera de varias escotillas: Maul usó la Fuerza para abrirla conforme se acercaron, Talzin usó la Fuerza para cerrarla, y las dos Hermanas de la Noche usaron sus proyectiles de energía para destruir el panel de control. Durante todo el camino a través del conector, su trabajo en equipo se repitió. Maul no estaba seguro de si sus acciones serían vistas en última instancia como inspiradas o mal concebidas. Pero su creencia de que estaba siendo probado adquirió credibilidad cuando él y Talzin pasaron a través de la escotilla final y llegaron al módulo de pasajeros de la Estación Orbital de Orsis, y la revelación fue tan poderosa que se detuvo en seco.
-¿Por qué te detienes? -dijo Talzin-. Nuestra nave no está lejos.
-Puedes dejar de fingir -le dijo.
Ella agitó la cabeza con aire confuso.
-¿Sobre qué?
-Sobre Dathomir, los Hermanos de la Noche, y el resto. Sé que fuisteis enviadas por mi Maestro. -Ella lo miró con perplejidad-. Lo sé, porque le percibo. Mi maestro está aquí.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Darth Maul: Contención (XI)


Trezza y Sidious estaban en la alta hierba de la sabana donde Maul había sido visto por última vez. El deslizador que los había llevado al Gora estaba estacionado cerca. Un fuerte viento tiraba de sus ropas, y tenían que hablar en voz alta para evitar que el viento se llevara sus palabras.
-Estábamos siguiéndole hasta que la tormenta estalló y destruyó la mayoría de las cámaras remotas –estaba diciendo el falleen-. Para entonces, ya estaba cerca de la base, y esperábamos que se comunicase pidiendo la evacuación antes de la noche. -Hizo una pausa, y luego añadió-: Nadie que yo haya entrenado había tenido un resultado tan bueno en su prueba en solitario.
-Y aún así Maul ha desaparecido -dijo Sidious.
-El equipo de búsqueda que envié fue capaz de seguirle la pista hasta este punto -dijo Trezza-, pero no hay evidencia de su rastro de aquí en adelante.
Sidious examinó la sabana y la lejana línea de árboles.
-Maul no estaba solo.
Trezza siguió la mirada de Sidious hacia las zonas donde la hierba había sido perturbada y aplastada. Asintió con la cabeza.
-Esto lo han hecho llans. Los rastreadores fueron capaces de identificar las huellas de cuatro animales distintos.
Sidious se volvió ligeramente hacia él.
-Aquí... ¿al mismo tiempo?
-Eso parece.
-¿Sospechas que los llans tengan algo que ver con la desaparición de Maul?
-No hay evidencia para confirmarlo. Pero no hay duda de que Maul y los llans estuvieron aquí al mismo tiempo.
La relación entre el falleen y lo humano venía desde ocho años antes, cuando Sidious ejecutó la orden de Darth Plagueis de trasladar a Maul desde Mustafar a la academia de combate de Orsis. En esa primera visita, Sidious había llegado disfrazado. Ahora simplemente escondía su rostro en las profundidades de la capucha de su túnica. Sidious confiaba implícitamente en el Falleen, y no veía ninguna razón para dudar de él ahora. Sin embargo, la idea de que un cuarteto de bestias llan podría superar a Maul era absurda.
-¿Cuándo has conocido llans que actuasen coordinadas entre sí?
-Nunca -dijo Trezza.
Una vez más, Sidious miró a su alrededor, girando en un círculo completo.
-Esa tormenta...
-También es algo que se sale de lo normal. Surgió de la nada.
Sidious se quedó en silencio durante un largo rato.
-¿Ha llegado o se ha ido alguna nave?
-No en el cráter. El puerto espacial de academia ha visto el tráfico habitual.
-Naves de desembarco de suministros -dijo Sidious.
-Precisamente.
-¿Hay otros alumnos o profesores ausentes?
Trezza pensó en ello.
-Meltch ha estado en un viaje de negocios durante una semana estándar, pero se espera que regrese a lo largo del día de hoy.
Sidious se acarició el mentón.
-El mandaloriano.
-¿Podría Maul haber huido? -preguntó cuidadosamente Trezza.
Sidious se giró para enfrentarse a él, mirando desde la oscuridad de su capucha.
-¿Qué quieres decir?
-¿Podría haber llegado a su límite con... el entrenamiento?
-¿Y decidió cubrir sus huellas después de completar el ejercicio en solitario más brillante que jamás hayas visto?
Trezza desvió la mirada.
-Sólo estoy sugiriendo una posibilidad. Maul no sería el primero en hacerlo.
-Es poco probable que Maul abandonase el único hogar verdadero que ha conocido en su vida. -Sidious levantó la cara hacia el cielo-. Di a tus rastreadores que pongan fin a la búsqueda. Voy a encargarme de este asunto personalmente.

Darth Maul: Contención (X)


La entrada a uno de los conectores cilíndricos de la estación estaba a apenas 50 metros de distancia, pero Maul y las tres dathomiri estaban inmovilizados detrás de un contenedor de carga por los disparos de los refuerzos del señor de la guerra vollick.
-Nuestra magia no funciona en este lugar estéril -dijo Talzin con aborrecimiento-. Por eso no pude sostener la ilusión.
Disparos láser rebotaron en el contenedor. Las dos Hermanas de la Noche devolvieron el fuego.
-Una ilusión que casi nos mata a todos -dijo Maul.
Talzin apartó su mano del profundo corte con bordes negros en la parte externa de su muslo y se estremeció. Maul observó la herida en un silencio sepulcral. Negro sobre rojo, como las marcas en zigzag en su rostro y cabeza.
-En Dathomir sería capaz de curarme a mí misma.
-Nadie os pidió que vinierais aquí -dijo, a pesar de que podría no haber sido el caso.
-Hemos venido por tu bien.
Eso era una mentira, y así lo dijo.
Los ojos plateados de Talzin se dilataron.
-No alcanzas a comprender que perteneces a un gran linaje, Maul. Que hayas sido criado lejos de Dathomir no altera el hecho de que eres un Hermano de la Noche, y que tu destino está ligado al nuestro.
Él soltó un bufido.
Todo el mundo tiene un plan para mí.
Talzin buscó en el temible rostro de Maul pistas sobre el significado de sus palabras.
-No lo entiendo -dijo al fin.
Pero Maul había vuelto a caer en el silencio.
En el espacio vacío entre el contenedor de carga y los soldados, una docena de robots elevadores de carga automatizados estaban transportando contenedores similares a diferentes zonas de la brillante cubierta, imperturbables por el tiroteo que estaba teniendo lugar a su alrededor. Los contenedores estaban siendo descargados en el hangar mediante poderosos rayos tractores desde un carguero demasiado grande para atracar en el interior de la estación. Todo el proceso estaba bajo la dirección de un ordenador ubicado en la sala de control del nivel superior del hangar.
Maul estuvo un buen rato observando.
-Tenemos una oportunidad de conseguir pasar al módulo de pasajeros por el pasillo de conexión –dijo luego. Fijó su mirada penetrante en Talzin-. Voy a necesitar una de sus espadas de energía.
Talzin devolvió la mirada.
-No tienes ningún entrenamiento en el uso de esa arma.
Maul se encogió de hombros sin darle importancia.
-Entonces tendré que improvisar.

Darth Maul: Contención (IX)


-Está muerta -informó uno de los weequay de rostro curtido cuando el Señor de la Guerra Osika Kirske se acercó a la Hermana de la Noche caída.
La enorme bota derecha del vollick impactó al delgado humanoide bajo la barbilla y lanzó al weequay volando a un metro de altura del suelo.
-Había demasiadas -intentó explicar otro weequay, sólo para recibir directamente en su rostro el impacto de un puño enguantado.
Kirsch se volvió luego a los pocos soldados que quedaban en pie.
-La Bruja ha logrado lo imposible: ¡os ha vuelto aún más idiotas de lo que creía posible! -Sus ojos se dirigieron a la escotilla por donde Talzin y los demás habían huido-. Van a tratar de llegar a su nave. ¡Interceptadles! Y tratad de dejarme al menos con una bruja en funcionamiento. Nos reuniremos en el centro de pasajeros.
Cerca de allí, Meltch vio a los mercenarios de Kirsch desaparecer a toda prisa.
-Traté de advertirle –dijo-. Ahora tiene una buena pelea entre manos.
El vollick emitió un sonido gutural.
-Nosotros los rattataki vivimos para luchar.
Meltch asintió.
-Un último consejo, entonces: envíe refuerzos.
-¿Te vas? -dijo Kirsch a la espalda del mandaloriano.
-He hecho mi parte, Señor de la Guerra -dijo Meltch por encima del hombro-. Este es su desastre: arréglelo usted.

Darth Maul: Contención (VIII)


Sintiendo como si hubiera sido arrebatado de la Fuerza -no muy diferente a la forma en que se sentía de vez en cuando durante sus sesiones de entrenamiento con Sidious- Maul emergió aturdido del trance en el que la bruja le había sumido. Incluso antes de que abriera los ojos, sus sentidos le dijeron que estaba a bordo de una pequeña nave.
De hecho, estaba reclinado en una silla aceleradora. La vaina de su vibrocuchilla estaba vacía, pero tal era la confianza de la bruja en sus mujeres soldados y en sus propias fuerzas, que Maul no estaba esposado ni encadenado.
-Tienes aptitudes, Maul -dijo ella cuando Maul la miró con sus ojos amarillos-, pero tal vez no tantas aptitudes como me habían hecho creer.
Maul sonrió burlonamente.
-Esa parece ser últimamente una opinión bastante común.
Ella le miró apreciativamente.
-Muy revelador. Hace unos momentos estaba pensando que me equivoqué al venir hasta tan lejos y al arriesgar tanto para que devolverte con tus hermanos de clan. Y, sin embargo, tengo la sensación de que eres fuerte en la Fuerza.
-No tengo hermanos -dijo Maul, casi escupiendo la palabra.
-Ah, pero sí que los tienes. Y una vez entre ellos tu vida va a ser muy diferente. En Dathomir serás alimentado y entrenado como la Diosa Alada y el Dios Colmilludo desean que seas entrenado. Cuando llegue el momento, te enfrentarás al equivalente de los Hermanos de la Noche de las Pruebas de la Furia, la Noche y la Elevación. Y si pasas esas pruebas, tal vez tengas la fortuna de ser transformado en un guerrero extraordinario. Tu fuerza se incrementará diez veces, y esos insignificantes cuernos que puntean ahora mismo tu cabeza se convertirán en largos y letales.
Maul había dejado de escuchar casi de inmediato. La bruja estaba representando su papel en un plan que Sidious había diseñado. Él le había dicho que los seres tratarían de usarle y engañarle, y ahora esa bruja estaba haciendo precisamente eso.
-No voy a ir a Dathomir.
La bruja arqueó una ceja.
-¿No tienes ningún interés en ver tu mundo natal o conocer a los miembros de tu clan de Hermanos de la Noche?
-No.
Ella parecía decepcionada.
-Estás destinado a servirnos, Maul, de una forma u otra. Siempre ha sido así.
-Sólo sirvo a un Maestro -dijo Maul.
La bruja sonrió sin alegría.
-El falleen a quien respondes tendrá que encontrar otro.
Maul pensó que había dado la respuesta correcta, pero claramente no lo había hecho, o bien a Talzin se le había escapado completamente la referencia. Consideró mencionar a Sidious por su nombre, pero se lo pensó mejor.
Una de las cómplices de la Bruja entró en la cabina.
-Madre Talzin, nos acercamos a la estación.
Talzin asintió con la cabeza y estudió a Maul.
-¿Puedo confiar en que te comportarás mientras nos trasladamos a nuestra nave, o deseas simplemente despertarte a bordo?
Maul miró la espada corta y el arco de energía de la mujer joven.
-Por el momento, tiene la mano ganadora. No causaré problemas.
-Por supuesto que no.
Maul se tranquilizó al descubrir que la estación no era otra que la Orbital de Orsis. Mientras un rayo tractor conducía la nave de la desembarco a la bodega de carga, decidió que mostraría a su Maestro que, hasta que Sidious dijera otra cosa, Orsis seguiría siendo el hogar de Maul. Pero un repentino sentimiento de aprensión eclipsó de repente su plan. Talzin también debió haber sentido algo, porque se volvió a mirarle mientras la acompañaba a ella y a las Hermanas de la Noche descendiendo por la rampa de la nave de desembarco, tal vez pensando que él era la causa de su preocupación.
-Problemas -dijo Maul.
Sin siquiera una palabra de Talzin, las tres Hermanas de la Noche desenvainaron las espadas y activaron los arcos de energía. La bahía de atraque tenuemente iluminada parecía estar abandonada, pero Maul pudo percibir la presencia de seres armados al acecho en la oscura periferia. De todos modos, Talzin continuó caminando al descubierto, como si nada la preocupase.
-Quedaos donde estáis y bajad las armas –gritó en básico una voz ronca a través de los altavoces de la bahía de carga.
Los seres que Maul había sentido comenzaron a surgir de las sombras, grupos de weequays con moños y siniteens de grandes cráneos armados con rifles bláster. En el centro del grupo había un imponente vollick vestido de pies a cabeza con una armadura de batalla de colores chillones.
-No regresarán a Dathomir, Madre Talzin -dijo el vollick-. Ustedes cinco van a ser mis invitados en Rattatak, donde eventualmente se convertirán en miembros de mi ejército de élite. –Desenfundó un descomunal bláster y disparó contra el alto techo del hangar-. Nuestras armas están ajustadas en aturdir, pero dispararemos a matar si deciden rechazar mi invitación.
Talzin no se molestó en responder. Con un movimiento de sus manos, la bahía de atraque se llenó de decenas de guerreras de las Hermanas de la Noche, aunque lucían ropas y armas que a Maul le parecieron de diseño antiguo. Comprendió que estaba contemplando una deslumbrante ilusión de la Fuerza, pero los soldados del vollick se la creyeron por completo. Tal como el señor de la guerra había advertido, los interruptores de selección de una docena de blásters pasaron de aturdir a potencia total, y una densa tormenta de disparos cruzó el hangar, poniendo a todos en peligro.
Las auténticas Hermanas de la Noche fueron tan rápidas en desenfundar como sus oponentes, y lograron derribar varios soldados con saetas de energía antes de que la ilusión de las antiguas guerreras conjurada por Talzin comenzara a evaporarse en el mismo aire reciclado del cual habían surgido. Envalentonados entonces -y haciendo caso omiso de las órdenes de alto el fuego del vollick- los weequay y los siniteens atacaron, derribando a una Hermana de la Noche e hiriendo a Talzin en el muslo.
Maul pensó en correr de nuevo a la nave de desembarco, pero dudaba de que tuviera el poder suficiente para superar la matriz de rayos tractores del hangar. En lugar de eso, corrió frenéticamente hasta la Hermana de la Noche caída, saltando, girando y rodando por la cubierta hasta que sus manos se apoderaron de su arco de energía.
Retirándose a la nave, se puso a cubierto detrás de uno de los puntales de aterrizaje y comenzó a devolver el fuego.
Si esto era una prueba, pensó, iba en serio.
A varios metros de distancia, Talzin yacía en la cubierta cuan larga era, con las dos Hermanas de la Noche restantes desatando una andanada de flechas del lado oscuro, muchas de las cuales encontraban su objetivo.
Maul examinó la bodega de carga. Después de haber pasado por esta estación en varias ocasiones -por lo general, de camino a competiciones fuera del sistema organizadas por Trezza-, sabía que sus módulos de carga y de pasajeros estaban vinculados en varios puntos por pasillos-esclusa. Si pudiera llegar al módulo de pasajeros, podría tomar el control de una nave de desembarco y estar de vuelta en Orsis antes de que nadie descubriera que faltaba. Pero sería más fácil decirlo que hacerlo si tenía que seguir las reglas del juego que su maestro había trazado.
Se estaba preparando para salir corriendo hacia la escotilla más próxima, cuando la Madre Talzin le llamó.
-¡No nos dejes, Maul!
Se dio la vuelta para ver que ella estaba de pie, apoyada en una Hermana de la Noche, mientras que la otra les estaba cubriendo.
-Maul -repitió Talzin.
El conflicto le paralizó. ¿Esperaría su Maestro que mostrase simpatía? Incluso si la prueba había salido mal, Talzin todavía podría ser una de los agentes de Sidious, y por lo tanto merecedora de su ayuda. ¿Acaso el lado oscuro de la Fuerza permitía el auto-sacrificio?
Maldiciendo entre sus dientes apretados, pasó el brazo derecho por el arco y lo encajó por encima de su hombro, y luego corrió a través de una lluvia de disparos láser para alcanzar a Talzin. Echándosela por encima de su hombro, corrió hacia la seguridad del hangar adyacente, con las dos Hermanas de la Noche unos pasos por detrás.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Darth Maul: Contención (VII)


La Estación Orbital de Orsis consistía en dos módulos alargados unidos por varios vestíbulos de forma cilíndrica. En la torre de control del módulo dedicado a la llegada y salida de las naves de carga, el controlador de tráfico se volvió hacia un grupo de seres reunidos en la bahía de observación.
-La nave de desembarco está regresando. La forma azul con tres aletas comienza ya a verse.
Meltch echó un vistazo a la nave.
-Dirígela a la bahía de carga cinco, y envía un mensaje de que todo el personal no esencial debe salir del área. -Esperó a que el controlador llevara a cabo la orden y luego se volvió hacia el señor de la guerra-. ¿Sus tropas están en posición?
La enorme cabeza de Osika Kirske se balanceó. Un vollick del lejano Rattatak -donde la guerra era una forma de vida-, Kirske comandaba un gran ejército, pero había llegado a Orsis con apenas tres veintenas de mercenarios weequay y siniteen.
-¿Está seguro de que esa legión es adecuada? -se preguntó Meltch.
-Está compuesta por algunos de mis mejores guerreros.
-Más vale que lo sean.
Kirske encogió sus enormes hombros con indiferencia.
-¿Cómo fuiste capaz, Meltch, de atraer a las Hermanas de la Noche de Dathomir? Tengo entendido que es raro encontrarlas nunca fuera de su tierra natal. Hal'Sted sólo pudo tomar posesión de la pequeña Ventress porque Talzin temía que fueran expuestas.
-Se dice que Ventress se ha convertido en toda una guerrera -dijo Meltch, haciendo caso omiso de la pregunta.
Los afilados planos y ángulos de la cara gris de Kirske se retorcieron.
-Pronto veremos cómo la joven Ventress se desenvuelve contra las de su propia especie.
Meltch pensó en ello.
-Buena suerte cuando se enfrente a ellas. Ahora que he conocido a las Hermanas de la Noche, planeo mantenerme alejado de Dathomir. Pero, claro, usted no me paga por asesorarle.
Kirske gruñó.
-Los consejos de un mandaloriano siempre son bienvenidos.
Meltch tomó el cumplido con calma.
-Unos cuantos años combatiendo en la arena del Caldero y las Hermanas de la Noche estarán suplicando servir en mi ejército -agregó Kirske-. Pero la pregunta sigue en pie: ¿cómo las atrajiste aquí?
-Vinieron a recoger a uno de los suyos -dijo finalmente Meltch.
Los ojos oblicuos de Kirske se abrieron tanto como podía permitir su frente huesuda.
-¿Trezza ha estado entrenando a una Hermana de la Noche?
Meltch negó con la cabeza.
-Un zabrak dathomiri de un clan de Hermanos de la Noche. Las mujeres utilizan los machos para reproducirse y como soldados.
La mirada de Kirske se desvió hacia la nave que se acercaba.
-¿Qué quieres que hagamos con el Zabrak?
-Es suyo. Se lo ofrezco gratis.
Kirske parecía confundido.
-Al menos podríamos añadir algo a lo que te he pagado.
Meltch sonrió.
-Eso no es necesario. Usted me está haciendo un favor sólo con llevárselo de Orsis.

Darth Maul: Contención (VI)


Maul estaba terminando de dar muerte a su séptima presa importante en otros tantos días locales cuando estalló la extraña tormenta.
Dejándose caer desde la copa de un árbol centenario al jorobado lomo del bípedo, había hundido una y otra vez la vibrocuchilla mejorada entre las placas de armadura que protegían su largo cuello, hasta que la criatura había caído de costado al suelo. Para entonces, la bestia había perdido la mayor parte de sus fuerzas para luchar, y sin embargo había logrado chasquear sus poderosas mandíbulas intentando atrapar a Maul cuando este se alejó rodando. Saltando hacia adelante, asestó el golpe mortal, y el grito lastimero que surgió de la boca de la criatura reverberó en las empalizadas e hizo que las aves posadas en los árboles cercanos se dispersaran.
Gritos lejanos de los compañeros de especie de la bestia respondieron a la muerte de la criatura, y luego un rayo abrió el cielo y comenzó a caer una fuerte lluvia con granizo. El hecho de que el tránsito de Maul por el Gora, durante una semana casi sin dormir, casi hubiera terminado, hacía que la tormenta pareciera aún más un castigo personal.
El cráter Gora era la consecuencia de una explosión volcánica que había desviado a Orsis de su eje original y causó que el hemisferio norte del planeta fuera habitable. Una inmensa cuenca de densos bosques y vastos pantanos -e incluso una pequeña montaña central, que era el propio volcán renaciendo-, el Gora era el hogar de innumerables especies de animales que se habían abierto camino hasta él miles de años atrás. La circunferencia casi vertical y las traicioneras corrientes de aire habían impedido que cualquier cosa, salvo las aves más fuertes, escapara. El resto había sido dejado allí para evolucionar a su manera en un ambiente que no era tanto un paisaje como una arena de gladiadores, un caldero purulento en el que la lucha por la supervivencia nunca cesaba.
De las muchas presas que Maul había matado allí, sólo una había sido para su sustento: las demás habían sido por supervivencia o por deporte. No importa lo que Trezza o Sidious dijeran acerca de la importancia de ser capaz de triunfar en el mundo profano, el lado oscuro no podía simplemente atenuarse como una barra de brillo equipada con un regulador. Ninguna de las criaturas con las que se enfrentó Maul había mostrado contención; habían atacado y se habían defendido sin reservas. Simplemente era su naturaleza. Eso hizo que Maul se preguntara: ¿Se esperaba de él que estuviera por encima de su naturaleza? ¿Era el ejercicio de la contención una manera para que entendiera mejor su verdadera naturaleza? ¿El lado oscuro sólo quería seres que fueran capaces de elevarse por encima de sí mismos?
Esa había sido su tormenta interior. Ahora estaba en medio de una tormenta real, y era como si hubiera sido diseñada para plantear un desafío final antes de llegar al tosco puesto avanzado desde donde podía llamar un aerodeslizador para su evacuación. No era raro que hubiera fuertes chubascos en el Gora, alimentando las cascadas, ríos y pantanos, pero éste iba en serio. Un instante el cielo oriental estaba despejado: al instante siguiente siguiente, era un frenesí de ominosas nubes. Pensó en refugiarse, pero el viento y la lluvia implacable le obligaban a seguir penosamente la marcha. Detrás de él, los árboles caían, y, por delante, nubes de insectos huían en enjambres.
Finalmente, la tormenta comenzó a amainar, pasando a ser sólo gruesas gotas de lluvia cuando salía, empapado hasta los huesos, de un bosque de espinos a una extensa sabana. El viento también se calmó, pero en su lugar un sonido de fuertes pisadas llenó el aire rico en ozono. Bestias llan, determinó Maul después de un momento. Tal vez las mismas que habían respondido a la llamada de muerte de su presa más reciente. Tomando la vibrocuchilla de la vaina atada a su muslo, examinó las praderas que lo rodeaban, en busca de madera con la que pudiera tallar una lanza. Al no encontrar nada útil, echó a correr hacia la línea de árboles distantes. Tal vez sintiendo su olor en el viento que amainaba, los animales aún invisibles cambiaron de dirección con él, y sus movimientos le dejaron perplejo, ya que la mayoría de las criaturas más grandes de Gora -incluso las que eran semi-conscientes- tendían a ser solitarios en vez de animales que vivieran en manada.
Así que fue notable cuando, a mitad de camino en el bosque, un cuarteto de llans saltó al claro... dos por delante de él y uno desde cada lado. ¡Lo que era aún más notable era el hecho de que cada llan estaba siendo montado! Los jinetes eran figuras esbeltas vestidas con prendas de color rojo con capucha, y armadas con arcos y lanzas de energía. ¿Era esto lo que Kilindi había querido advertirle antes de salir a su prueba en solitario? Maul lo dudaba. Podía sentir que los jinetes no eran alumnos de la academia, sino seres mucho más peligrosos.
El lado oscuro comenzó a brotar en su interior, ansiando febrilmente poder expresarse. No importaba toda la sangre que había derramado, el ansia por la violencia del lado oscuro aún no se había saciado. Pero, estando a punto de dar rienda suelta a sus poderes, se contuvo. En lugar de ser parte de la prueba habitual, los jinetes de bestias podrían haber sido enviados por su Maestro para poner a prueba su determinación.
Proyectiles radiantes volaron hacia él desde arcos energizados, aunque no pretendían tanto alcanzarle como forzarle a que se dirigiera hacia un llan que se había separado del resto: un gran macho manchado cuya cola espinosa oscilaba de un lado a otro esperándole. Si la captura era el objetivo una vez más, entonces seguramente Sidious estaba detrás de eso. Invirtiendo su curso, Maul estaba esquivando flechas cuando fue golpeado bruscamente, cayendo hacia atrás. Era como si hubiera corrido directamente contra una pared, pero en lugar de golpear el suelo con su espalda, se encontró suspendido e inmovilizado a un metro por encima del suelo. Sus ojos le proporcionaron la imagen invertida de una figura alta, que descendió del llan resoplante y se acercó a él. Una hembra humana cuyo pálido rostro estaba tan marcado como el suyo estaba cubierto de tatuajes, y de cuyo fino cuello colgaba gran cantidad de amuletos y talismanes.
-No te resistas, Hermano de la Noche Maul -entonó en básico con un fuerte acento. Sus manos se movían de una manera ritual.
Un agente de Sidious, decidió, porque podía percibir la fuerza en ella. Aliada con su Maestro, o tal vez un aprendiz.
Trató de decirlo en voz alta, pero entonces ella le tocó la frente y él se sumió en la inconsciencia.

Darth Maul: Contención (V)


En otro extremo de un mar de estrellas, la alta y pálida bruja había escuchado con atención el relato del viajero de otro mundo, limitándose a atender a las imágenes producidas por la tecnología que había traído, y ahora ordenó a dos miembros de su aquelarre que trajeran a la Hermana de la Noche llamada Kycina ante su presencia.
El planeta era conocido como Dathomir, y el clan de la Madre Talzin dominaba esa parte remota del mismo, realizando rituales en honor a la Diosa Alada y al Dios Colmilludo, aprendiendo el lenguaje de los grandes animales, como el rancor, y conjurando icor de espíritu como un modo de mantener en equilibrio las fuerzas de la naturaleza. Pocos extranjeros habían visto manifestaciones de la magia del aquelarre, y la mayoría de los que lo habían hecho estaban muertos.
Descendientes deshonradas de un Jedi condenado al ostracismo, las Hermanas de la Noche eran humanas ágiles, aunque el uso de los poderes del lado oscuro las había alterado tanto física como emocionalmente. Los ojos plateados de Talzin estaban ribeteados con marcas permanentes que se extendían hacia arriba desde sus esquinas exteriores hacia una frente amplia, sin pelo, enmarcando un medallón con forma de escudo que colgaba de una capucha roja marcadamente puntiaguda. Su boca también estaba enmarcada por decoloraciones, así como por profundas grietas que iban desde la nariz hasta la cuadrada barbilla. Los adornos rectos y arremolinados que se proyectaban desde su túnica le daban el aspecto de un insecto alado, una estrella roja, o una flor letal.
Coronando una plataforma apoyada sobre los brazos en alto de estilizadas figuras humanas, su guarida de piedra mostraba una fachada con forma de rostro alargado, cuya boca aullante era la entrada principal del edificio.
Fue de ese profundo agujero de donde Talzin surgió con el extranjero y dos Hermanas de la Noche vestidas de rojo, estas últimas armadas con espadas cortas. La aparición de los cuatro tuvo lugar al enterarse de que Kycina había sido localizada y llevada a la Fuente: una pileta rectangular poco profunda que servía a un tiempo de altar y de depósito para el icor conjurado, y en torno al cual las integrantes del aquelarre se reunían para llevar a cabo sus rituales. El aire húmedo estaba impregnado con el olor de los frutos maduros que colgaban oscilando de las ramas arqueadas y sin hojas de las plantas cercanas.
Situada entre dos Hermanas de la Noche en el lado opuesto de la Fuente, Kycina vio acercarse a Talzin y los demás. Pequeña y con aspecto joven a pesar de su edad, no estaba armada y tenía la capucha de su vestimenta bajada, revelando un cabello muy corto de color claro.
-Se ha descubierto que un zabrak dathomiri reside en un mundo distante conocido como Orsis -dijo Talzin sin preámbulos.
Para comodidad del extranjero, habló en básico, pero su fuerte acento echó por tierra su intención. Le pidió que mostrara a Kycina las imágenes holográficas que le había mostrado antes, dejando notar su obvio desdén por el dispositivo del extranjero.
-Es este -dijo Talzin, señalando a la pantalla del dispositivo-. Sus marcas indican que fue consagrado como Hermano de la Noche antes de dejar nuestro mundo. -Subordinados a las Hermanas de la Noche, y mantenidos para la reproducción y la guerra, los Hermanos de la Noche eran zabrak dathomiri que vivían confinados en los pueblos de los alrededores del dominio de Talzin.
-Eso está claro, Madre -dijo Kycina, apartando la mirada de la pantalla-. Pero, ¿por qué traes esto a mi atención?
-Sus marcas indican que es del mismo clan que Savage Opress y Feral. –Talzin entrecerró los ojos de manera perceptible-. Tú le diste a luz, Hermana, y de alguna manera permitiste que nos fuera arrebatado.
Kycina cuadró sus estrechos hombros, pero su rostro perdió el poco color que ya tenía de forma natural.
-¿Por qué haría algo así?
Las palabras apenas habían salido de su boca cuando un gesto de Talzin hizo levitar a Kycina a un metro de altura sobre el suelo y la inclinó hacia atrás, arqueándola como una de las plantas de los alrededores, por lo que su rostro pálido quedó orientado hacia el cielo rojo.
-En efecto, ¿por qué harías algo así? -dijo Talzin, caminando a su alrededor.
Kycina luchaba contra el conjuro que Talzin le había echado, esforzándose por hablar.
-¿Acaso no permitiste, Madre, que Asajj Ventress nos fuera arrebatada?
Las centinelas de Talzin blandieron sus armas blancas de energía.
-Blasfemia -dijo una de ellas.
Pero Talzin le ordenó que retrocediera, y continuó dando vueltas alrededor de la Hermana de la Noche suspendida.
-Cuando entregué a la pequeña Ventress, lo hice para proteger la santidad de nuestro aquelarre. Si no hubiera hecho, los esclavistas siniteen de Hal'Sted nos habrían declarado la guerra, y Dathomir habría sufrido.
-Aceptaste un pago –logró decir Kycina con esfuerzo-. Al menos yo no recibí nada a cambio.
-Así que lo admites. -Talzin se detuvo.
Los ojos Kycina encontraron a los de Talzin.
-Quería salvarlo de ti. Salvarlo de una vida de esclavitud y guerra; salvarlo de ser carne de cañón para tus oscuras maquinaciones. Ya me arrebataste a Savage y a Feral. Yo quería una vida diferente para Maul.
-Entonces has fracasado, Hermana, porque esa es precisamente la vida a la que Maul ha sido entregado. ¿A quién se lo diste?
Kycina cerró los ojos.
-No conocí su nombre. Un hombre elegantemente vestido que encontré en la Ciudad Desierto Azul. Influyente... y poderoso por derecho propio.
Talzin quedó pensativa.
-Evidentemente, esa persona no apreció tu regalo. Tu descendencia fue entregada a un falleen que entrena espías, mercenarios, y gladiadores.
Kycina dejó escapar el aliento.
-No importa. Siempre que él esté fuera de tu alcance.
-No estés tan segura. –Su penetrante mirada se posó sobre las Hermanas de la Noche que habían encontrado a Kycina-. Encerradla bajo llave hasta que piense un castigo adecuado.
Otro pase de Talzin y Kycina cayó como una piedra en el suelo. Cuando las Hermanas de la Noche se la llevaron a rastras, Talzin se volvió hacia el extranjero.
-Normalmente, podrían convencerme para excusar semejante transgresión, pero no con un Hermano de la Noche con semejantes habilidades marciales.
-Lógico -dijo el extranjero.
Talzin le miró con aire evaluador.
-Aprecio que trajeras esta información a nuestra atención, pero tu razón para hacerlo es cualquier cosa menos transparente.
-Maul no es sólo otro aprendiz adolescente -dijo el hombre-. Creo que podría ser un agente, introducido en la escuela de Trezza por alguna facción de la República o por la Orden Jedi. Periódicamente sale de la escuela, probablemente para encontrarse con su superior.
Los ojos de Talzin se posaron sobre los tatuajes que blasonaban los brazos gruesos del extranjero.
-Luces el halcón aullador... la marca de los guerreros mandalorianos.
Meltch inclinó la cabeza en respuesta.
-¿Por qué, entonces, no has eliminado a Maul por tu cuenta?
Maul es la mascota de Trezza.
-Y tú no deseas poner en peligro tu relación comercial con el falleen.
-Correcto.
Talzin lo pensó un instante.
-De nuestras acciones se derivarán beneficios comunes.
-¿Va a enviar sus Hermanas de la Noche a Orsis para reclamarlo?
-No confiaría esto a nadie salvo a mí misma.
Meltch parpadeó con genuina sorpresa.
-Entonces déjeme jugar un papel. Usted tendrá que transitar por la Estación Orbital de Orsis, y necesitará los códigos de acceso para continuar descendiendo hasta la academia. Puedo proporcionarle todo lo que necesite, y sé exactamente dónde puede capturarle, sin que se le eche siquiera de menos.