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viernes, 3 de enero de 2014

Un bláster caliente llamado Amor (y V)


Amor forzó la puerta lateral y entró al interior, bláster en mano. Los dos mercenarios rodianos estaban desplomados en la cabina, cada uno con un impacto de bláster a bocajarro en la nuca.
Continuó con cautela hacia la parte trasera del camión, y la encontró tumbada en el suelo. Amor se arrodilló junto al cuerpo de Induki. La chica era muy hermosa, y más joven de lo que le había parecido en un primer momento.
Amor pasó su dedo índice por la empuñadura dorada de la vibrohoja clavada en su pecho. Se inclinó sobre ella, cerrando los ojos un instante mientras aspiraba una bocanada del perfume de la chica muerta...
Y entonces lo supo.
Amor escuchó un jadeo ahogado y alzó la mirada cuando Daniera entró finalmente.
-¿Dolor ya ha estado aquí? –dijo ella, después de tomarse un instante para recobrar la compostura.
-Probablemente haya estado dentro todo el tiempo. Arreglando su desorden. –Amor se puso en pie-. Fue descuidado por su parte dejar testigos, para empezar.
-¿Qué quieres decir?
Amor le pasó una ficha de crédito. Daniera abrió los ojos como platos al leer la cantidad.
-Esto estaba en su bolsillo. Probablemente Dolor le pagó por llevar a Odaay al Reina de Kaerlia, aunque obviamente el senador no obtuvo aquello por lo que había pagado...
-¿Pero por qué Dolor alteraría de pronto sus costumbres? Las marcas de disparo que tienen estos rodianos no parecen haber sido causadas por la misma arma. –Señaló el cuerpo de Induki-. Y la chica fue asesinada realmente con la vibrohoja.
Amor pasó a su lado mientras salía del camión.
-Bueno, tienes razón a medias.
-¿Qué?
Amor salió al exterior, al fétido callejón, sacudiéndose las gotas de lluvia que se acumulaban con rapidez sobre su abrigo.
-Definitivamente eran heridas de bláster estándar. Muy estándar. De reglamento. –Se sentó a horcajadas sobre su moto deslizadora-. Y la chica no ha sido asesinada por ningún arma afilada, al menos no por la más evidente.
-Me he perdido por completo.
Amor se encogió de hombros mientras la moto comenzaba a ganar potencia.
-Es difícil seguir los pasos de un genio.
Daniera montó su propia moto, apartándose el cabello húmedo de los ojos.
-Entonces, ¿a dónde nos conduce ahora?
-Tengo que confirmar una sospecha que tengo.
-En marcha, entonces.
Amor negó con la cabeza.
-Necesito que regreses a la oficina de Cracken. Revisa los informes de la INR sobre todas las víctimas.
-Nuestros mejores especialistas de análisis han estado volcados en esos archivos desde que comenzó todo este jaleo. ¿Qué te hace pensar...?
-Concéntrate en los exámenes toximórficos –le interrumpió Amor-. No le digas a nadie lo que estás haciendo, ¿entendido? Y luego reúnete conmigo en el Bláster de Bolsillo dentro de 45 minutos.
Con esas palabras, se perdió en las sombras con el rugido de su moto.
La mirada de Daniera permaneció fija en la silueta de Amor mientras se alejaba, y luego regresó lentamente al camión deslizador.
-Eso no es lo único que voy a comprobar.

***

Daniera se deslizó en la silla del general Cracken. Técnicamente sólo el general tenía permitido usar el ordenador; sin embargo, una de las normas no escritas de Cracken decía que si en algún momento uno de sus agentes de la INR favoritos lo necesitaba, podía usar la potente máquina.
El veloz ordenador sólo necesitó unos pocos minutos para encontrar los datos que necesitaba. Estudió los resultados de las pruebas toximórficas de todas las víctimas de Dolor, pero no encontró nada fuera de lo común. Encogiendo los hombros, copió la información en su propia tableta de datos.
Daniera se preparó para marcharse, pero se detuvo y luego volvió a sentarse. Comenzó una búsqueda de información sobre M’Kyas Amor. Tal y como esperaba, los archivos estaban encriptados con contraseña. Después de todo, el negocio de la INR era mantener secretos. Puede que fuera una grave violación de protocolo, posiblemente tan grave como para sentenciarla a muerte, pero necesitaba saber. Descifrar los archivos allí mismo y en ese momento le tomaría demasiado tiempo, así que... usando el enlace de su tableta de datos, Daniera transfirió también a su tableta de datos los archivos personales de Amor, y puso su unidad de desencriptado integrada a trabajar en ellos.
Volvió a guardar la pequeña tableta de datos en su chaqueta y apagó el ordenador de Cracken, sumiendo la sala en la oscuridad.

***

Amor se abrió paso a través de los muchos parroquianos reunidos en la hora feliz y se inclinó sobre la barra. Tras unos cuantos codazos prudenciales, consiguió despejar un poco de espacio para respirar. Aunque teniendo en cuenta los diversos olores que emanaban de los clientes del Bláster de Bolsillo (así llamado por la principal causa de muerte en el local), eso no era necesariamente algo bueno.
EL camarero estaba ocupado frotando un vaso como si su vida dependiera de ello, y aún no había mirado siquiera en dirección a Amor.
Amor se aclaró la garganta con la intensidad de un hutt, pero sólo consiguió atraer algunas miradas de fastidio por parte de los borrachos sentados a su alrededor. Parecía que si no eras un cliente habitual, recibías la misma consideración que unas boñigas de rata womp frescas sobre el casco recién pulido de una nave.
La cabeza del camarero permaneció baja, y el vaso rápidamente se fue convirtiendo en el objeto más limpio de toda la cantina.
Había muchas, muchas cosas en la galaxia que a Amor no le gustaban. Definitivamente, que le ignorasen era una de ellas.
Amor deslizó una mano bajo su abrigo, mostrando con aire casual el gigantesco bláster enfundado en su sobaquera de replicuero.
-¿A quién hay que matar para que le sirvan a uno una copa aquí?
Silencio.
Entonces alguien (claramente poco preocupado por su seguridad personal) dio a Amor unos bruscos golpecitos en el hombro.
Amor giró su cabeza lentamente.
-No me gustas –siseó un devaroniano con un solo cuerno y un aliento que podría tumbar a un bantha a diez metros.
-Sí, sí... –Amor devolvió su atención al camarero-. Ahórratelo para el siguiente granjero, amigo. Ahora mismo estoy realmente sediento.
-Estoy condenado a muerte en...
-¿Cuatro sistemas? ¿Cinco? Genial. Felicidades. Tu unidad maternal debe estar muy orgullosa. Ahora haznos un favor a ambos y apártate de mi espacio personal. –Amor agitó la cabeza con desagrado-. ¿Alguna vez te has duchado desde la Antigua República?
Amor echó un vistazo a la entrada y comprobó su cronómetro. Un microsegundo más tarde apareció Daniera, justo a tiempo, pero no parecía contenta.
Su boca se abrió, y Amor tuvo la súbita imagen de unas baterías turboláser cargándose para disparar. Se estaba preparando para lo peor cuando la boca de Daniera se cerró de pronto e introdujo una mano de manicura perfecta en su chaqueta.
La fiable intuición de Amor le dijo que estaba a punto de recibir un disparo.
-Dani...
Idea correcta. Dirección equivocada.
Un bláster de bolsillo se clavó de forma molesta en la nuca de Amor. El fétido aliento del devaroniano lo envolvió por completo.
Amor sonrió a Daniera como si todo fuera bien.
-Ya era hora de que llegaras. Estaba empezando a pensar que no ibas a aparecer.
Daniera abrió los ojos como platos, sorprendida. Continuó avanzando hacia él, pero no sacó su arma.
-No me lo habría perdido por nada en el mundo.
Amor sonrió mientras su mano izquierda se deslizaba sigilosa en dirección a su potente bláster.
-Lo sabía... tarde o temprano sucumbirías ante mi encanto.
El devaroniano mostró fastidio, clavando con más fuerza el bláster en la nuca de Amor para llamar su atención.
-¡Idiota! ¿Es que no te has dado cuenta que estoy a punto de matarte?
-En realidad –dijo Amor mientras apretaba el gatillo de su pistola, todavía enfundada-, no.
El pulsante proyectil bláster surgió del cañón, abrió un agujero desgarrado en la espalda del abrigo de Amor, e impactó directamente en el pecho del devaroniano.
La fuerza del impacto lanzó al alienígena al otro lado de la habitación. La multitud se apartó del camino hasta que el devaroniano acabó cayendo bajo dos mesas. El impacto destrozó sillas, envió comida volando por todas partes, y lanzó una cara botella de choholl cassandrano hacia la barra.
Amor siguió la trayectoria de la botella, agarrándola limpiamente en pleno vuelo.
Alzó el choholl en un brindis, y luego se llevó la botella a los labios con gesto triunfal. Hubo una breve pausa. La agitó una vez, dos veces. No quedaba ni una gota.
Amor suspiró, lanzando el recipiente vacío por encima de su hombro.
Hubo un extraño sonido tintineante, seguido de un escalofriante golpe seco y el ligero chasquido del cristal al romperse.
Amor se dio la vuelta lentamente.
No por coincidencia, el camarero había desaparecido de la vista.
Amor se inclinó por encima de la barra para echar un vistazo, e hizo una mueca.
Ahora, todo el mundo de la cantina le estaba mirando.
-Bueno –preguntó Amor-, ¿a quién más hay que matar para conseguir un trago en este sitio?
Como si esa fuera su señal, una mesa entera de rodianos con capas escarlatas se puso en pie y apuntó con carabinas bláster de aspecto desagradable.
Amor hizo una pausa, ligeramente desconcertado.
-Vaya, era más bien una pregunta retórica.
Daniera se puso a su lado.
-¡Parecen más de los matones de alquiler de Mah-Luu!
-Ah, sí... ¿Se me olvidó mencionarte que también es el dueño de este sitio?
El resto de los parroquianos se había hecho a un lado, dejando expuestos a Amor y Dani. Incluso los borrachos reconocían los problemas cuando los veían.
-¡En nombre de Byss! ¿Por qué querías reunirte conmigo aquí, entonces?
-Acabo de decírtelo.
Como un borrón, la mano de Amor lanzó rápidamente por el aire una pequeña ampolla. Un líquido de color azul se agitó en su interior mientras giraba grácilmente por el aire y aterrizaba entre los rodianos. La ampolla se hizo añicos, salpicando a los mercenarios. Un instante estaban de pie, preparados para disparar... y al siguiente instante, los seis habían caído al suelo, aparentemente muertos.
Daniera no pudo hacer otra cosa que mirarle fijamente.
-Amor, eres una manifestación viviente del lado oscuro.
-Gracias.
Daniera caminó con cuidado sobre los cuerpos.
-No te preocupes. Esa cosa se evapora en un segundo o dos después de quedar expuesta a un medio no líquido. Como el aire. Por supuesto, hace su trabajo en un cuarto de ese tiempo.
Ella tanteó la ampolla rota con la punta de su bota.
-¿Qué es?
-Un derivado altamente concentrado de la neurotoxina Fex-M3. Le llaman Azul-8118 por el color de su agente líquido. Una vez llega al torrente sanguíneo, causa la muerte en microsegundos.
Daniera se volvió para mirarle.
-Pero los rodianos no se lo han inyectado.
-Exacto. Pero el Azul-8118 es tan potente, que el mero contacto con la piel es suficiente para causar un fallo sistémico masivo que colapsa el cuerpo. –Amor sonrió-. Estarán en pie y en marcha en unos diez minutos, pero no le desearía a nadie el dolor que tendrán al despertar.
-¿Dónde lo has conseguido?
Amor señaló con la cabeza hacia la barra.
-Acabo de recoger mi pedido en la sala de atrás. Y no soy el único que ha hecho una compra recientemente.
-Dolor. –Daniera se le quedó mirando-. ¿Pero cómo lo supiste?
-No lo sabía. Lo sospechaba. –Amor se unió a Daniera, tomando un fragmento de la ampolla-. Olí algo exótico en el cuerpo de Odaay. Muy dulce y floral. Al principio supuse que era el perfume de una chica, probablemente Induki; pero cuando la encontramos no era el mismo. Pero también detecté en ella ese mismo olor enfermizamente dulce.
Amor olfateó la ampolla y luego se la tendió a Daniera. Ella lo olisqueó con cuidado, y abrió los ojos como platos.
-El Azul-8118...
-Te garantizo que si examinas los cuerpos en busca de esa muestra genética específica, habrá rastros del veneno en la sangre de cada una de las víctimas.
-¿Pero cómo lo introduce? ¿Con las vibrohojas?
-No. Esta cosa es demasiado delicada. Incluso con una generosa capa de Azul-8118, el aire se lo habría comido. Tenía que ser un sistema de entrega más preciso. –Amor mostró un pequeño dardo, casi transparente-. Le encontré esto a Induki. Aparentemente su asesino no tuvo tiempo de cubrir sus huellas esta vez, con nosotros siguiéndole.
-Eso explica los grandes agujeros de bláster en las demás víctimas. Dolor trataba de deshacerse de las pruebas. –Daniera meneó la cabeza-. Todo encaja, pero no tiene ningún sentido. ¿Por qué Dolor cambiaría de pronto sus métodos?
-No lo haría. –Amor comenzó a avanzar hacia la puerta, mirando por encima del hombro-. ¿Sabes? Al principio, cuando entraste, pensé que ibas a dispararme.
-¿Por qué?
Amor cruzó la puerta.
-Oh, por nada.
-Todo esto es un excelente trabajo de detective, Amor, pero aún no estamos más cerca de nuestro asesino.
-Equivocada de nuevo. –Echó una mirada a su cronómetro-. Será mejor que me vaya yendo.
-¿A dónde?
-Hay un intento de asesinato disfrazado de baile benéfico al que tengo que asistir.
-Querrás decir tenemos, ¿no?
Amor le tocó el brazo y sonrió.
-No.
Daniera sintió de pronto que se le iba la cabeza. Miró su brazo, y el líquido azul que el dedo enguantado de Amor había impregnado ahí.
-Amor, eres un...
El resto de sus palabras se desvanecieron junto con su consciencia y su último recuerdo antes de que la negrura le envolviera fue el sonido de la voz de Amor...
-Gracias.

***

Daniera se despertó finalmente con el pitido penetrante que emitía su chaqueta. Aún aturdida y con todo el cuerpo dolorido, examinó su tableta de datos. La pantalla decía: “desencriptado finalizado”.
Tocó la tableta y esperó a que aparecieran los resultados.
Momentos más tarde, la tableta de datos resbaló de sus dedos temblorosos. Daniera ya estaba corriendo a su moto deslizadora incluso antes de que la tableta golpease el suelo.

***

El Gran Salón de Baile del Palacio Imperial estaba lleno en todo su aforo. Moverse entre la densa multitud requería paciencia, buena sincronización, y un uso prudente de los codos. Por lo que parecía, el Baile de Máscaras Benéfico Maltesara iba a ser un rotundo éxito. Toda la élite de Coruscant había acudido: políticos, hombres de negocios, damas de la alta sociedad, incluso miembros de casas reales alienígenas. Disfraces de colores vivos y extravagantes máscaras otorgaban un aire de colorida elegancia al acto.
El personal de la Fuerza de Defensa de la Nueva República estacionado alrededor del salón de baile permanecía discreto pero totalmente vigilantes, al igual que los agentes de la INR disfrazados dispersos entre la multitud.
Los atronadores ecos de las conversaciones y las risas se apagaron de pronto ante el potente sonido de las sinto-trompas reales. Todos los ojos se centraron en las inmensas puertas dobles de la entrada principal del salón de baile cuando estas comenzaron a abrirse.
La jefe de estado hizo finalmente su aparición, atendida por una falange de guardias de la Fuerza de Defensa ataviados con voluminosas armaduras ceremoniales. Leia Organa Solo parecía brillar con una simple túnica color marfil, un medallón de rubí con forma de estrella, y una intrincada máscara de carnaval alderaaniana. Comenzó el largo camino hacia el estrado, avanzando por la larga fila de importantes invitados que querían saludarla.

***

Cerca del final de la fila de los que esperaban a saludar, el general Cracken permanecía en posición de firmes, aguardando pacientemente a la jefe de estado. Junto a él, Cabe se ajustó su máscara.
-Me pregunto dónde estarán –dijo Cracken.
-Será mejor que Daniera se encuentre bien –dijo Cabe-. Ese Amor me inspira tanta confianza como un wampa en un establo de tauntauns.
-Confío plenamente en él. –Cracken miró nerviosamente su cronómetro-. Bueno... solía confiar.

***

Oculto en las sombras de una gran columna a 20 metros de la fila de recepción, Amor observaba en silencio los actos. Conforme la jefe de estado se fue acercando, sacó el bláster pesado de su funda. Observó con satisfacción que el arma estaba completamente cargada.
Bien.
Porque probablemente sólo dispondría de un disparo, y tenía que asegurarse de que fuera bueno.

***

Daniera ignoró el dolor que oprimía su cuerpo y esprintó por el vestíbulo del palacio hacia el Gran Salón de Baile. Los guardias de la Fuerza de Defensa estacionados en la entrada echaron mano a sus rifles bláster al ver su alocada llegada.
Ella aminoró ligeramente cuando llegó a los escáneres biológicos y de armas. Daniera mostró apresuradamente su identificación con una mano y se levantó la chaqueta para mostrarles el bláster de bolsillo enfundado.
-Esto es una emergencia. ¡La vida de la jefe de estado corre grave peligro!
Los guardias intercambiaron miradas...

***

Leia Organa Solo casi había llegado al final de la fila. Por suerte, su máscara ocultaba el alivio de su rostro. Soportó los cumplidos excesivamente entusiastas del prex de Empresas Taldan, recordándose a sí misma, como ya había hecho un millar de veces esa noche, que todo era por una buena causa.
Conforme el hombre de negocios proseguía su cháchara, toquiteó con aire ausente el rubí estrellado engastado en el medallón de oro. Había sido un regalo de última hora de un admirador secreto, lo que como poco era inusual. Pero era tan hermoso, que difícilmente podía resistirse. Además, no era buena idea ofender a un donante el día de un baile benéfico.
Se volvió y ofreció una sonrisa genuina a su siguiente admirador... el general Cracken.

***

Amor salió de las sombras y avanzó entre la multitud, sosteniendo el bláster pesado a la altura de sus muslos mientras se acercaba a la fila de bienvenida desde el lado opuesto.
Ahí estaba. Amor quedó sorprendido de lo hermosa que era Leia de cerca. Ciertamente no había perdido la presencia real de sus días como princesa.
Le estaba dando parcialmente la espalda, pero Amor podía ver que Leia acababa de extender una bien cuidada mano al general Cracken, que hizo una reverencia al estilo de los caballeros.
Amor apoyó su hombro contra un obeso senador vestido con una estilizada túnica de incursor tusken y alzó la pesada pistola bláster...

***

Daniera se abrió camino al interior del salón de baile, pasando junto al estrado mientras se dirigía a la fila de recepción. Ya tenía el bláster de bolsillo en las manos mientras examinaba apresuradamente la multitud. Entonces lo vio...
La jefe de estado estaba saludando a Cracken, pero ni el general ni Cabe, que permanecía rígido junto a él, podían ver a Amor salir de entre la gente al otro lado. Organa Solo les bloqueaba la visión de Amor mientras este apuntaba con su bláster.
-¡Seguridad de la Nueva República! –gritó Daniera con toda la fuerza de sus pulmones-. ¡Todo el mundo al suelo!

***

El dedo de Amor comenzó a apretar el gatillo. Sólo unos segundos más...
Cuando escuchó el alarido de Daniera, no pudo creer lo que estaba oyendo. Entonces su visión fue el siguiente sentido que tuvo que cuestionar cuando la vio salir de entre la multitud, ¡con su bláster apuntándole directamente a él!
-¿Dani?
El disparo del bláster le dio en el hombro derecho, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo. Su bláster pesado salió deslizándose por el suelo.
La muchedumbre aturdida había quedado en un silencio sepulcral salvo por algunos gritos dispersos.
Los guardias pronto formaron una barrera protectora alrededor de la jefe de estado. Cracken desenfundó su propio bláster, avanzando para tener una mejor visión de lo que ocurría a su alrededor. Cabe permaneció donde estaba, flanqueando a los guardias detrás de Organa Solo.
-¿Qué estás haciendo? –exclamó Cracken dirigiéndose a Daniera, que se encontraba de pie sobre Amor, apuntándole directamente a la cabeza con su bláster.
Ella dirigió una rápida mirada al general que se acercaba a ella.
-¡Arrestar a Grandyl Dolor por el intento de asesinato de la jefe de estado!
Amor alzó la mirada completamente atónito.
-¿Qué? Yo no soy... –Señaló con un dedo acusador-. ¡Es él!
Todos los ojos se volvieron hacia el lugar que Amor estaba señalando.
Allí se encontraba Cabe sonriendo, con una pequeña pistola de dardos en la palma de su mano y apuntando directamente a Leia Organa Solo.
-Demasiado tarde, me temo –dijo, y apretó el gatillo.
-¡Cabe! -gritó Daniera-. ¡No!
Tanto Cracken como Daniera abrieron fuego, derribando a Cabe al suelo, pero era demasiado tarde. El dardo salió disparado sin que nada se lo impidiera hacia la jefe de estado.
La sala quedó de nuevo sumida en un silencio sepulcral, excepto Amor, que dijo una única palabra.
-Escudo.
El rubí estrellado del medallón de Leia parpadeó una vez.
Uno de los guardias trató valientemente de ponerse delante de ella, pero el pequeño dardo era mucho más rápido.
El dardo golpeó su objetivo.
O para ser más exactos, golpeó algo, pero no era la jefe de estado; el proyectil rebotó en una barrera invisible a escasos centímetros de distancia de la piel de Organa Solo. Perdiendo irreversiblemente su impulso, el dardo cayó inofensivamente al suelo.
Desde su posición en el suelo, Cabe, herido, rugió presa de la rabia. Dirigió la pistola de dardos hacia Daniera y el general Cracken.
-¡Alguien tiene que morir!
La atronadora explosión golpeó a Cabe en el pecho, haciendo que saliera deslizándose por el suelo contra una columna de piedra. El aspirante a asesino se derrumbó, con un gigantesco agujero humeante en el pecho.
-Siempre hay alguien que muere. –Amor bajó la pesada pistola bláster y se tambaleó para ponerse en pie con la ayuda de Cracken-. Gracias, general.
Daniera sólo pudo mirarles fijamente.
-Pero él es Grandyl Dolor. ¡Vi sus registros!
Cracken sonrió.
-Tienes razón. Pero se ha redimido más veces de las que me he molestado en contar. Ya lleva años trabajando para nosotros.
-¿De Dolor a Amor?
Amor sonrió.
-Idea del general. Disfruta de sus giros irónicos.
-Sospechaba que teníamos un topo en la INR haciéndose pasar por Dolor –dijo Cracken-, ¿y quién mejor que el verdadero Dolor para hacer salir al falso?
-¿Lo ves?
-No puedo creerlo –dijo Daniera.
-¿ no puedes creerlo? –Amor se llevó la mano a la pequeña herida de su hombro-. ¡Me has disparado!
-Bueno... –Lo pensó por un instante-. Te dije que no me llamases Dani.
Cracken miró a Amor.
-¿Cuál fue la pista definitiva?
Amor señaló el cadáver de Cabe con la cabeza.
-Compró una pistola de mano Sigilo 2VX de Armas Prax en mi tienda unos minutos antes de que Daniera llegara para reclutarme en esta misión.
-Y ciertamente estoy agradecida de que le reclutase –dijo Leia.
El trio levantó la mirada mientras la jefe de estado se aproximaba. Recorrió el medallón con la mano.
-Este es, de lejos, uno de los mejores regalos que he recibido nunca.
-Una de mis pequeñas creaciones personalizadas –dijo Amor con orgullo. Un generador de escudo de partículas en miniatura. Sólo funciona por unos pocos segundos o así, pero en este caso era todo cuanto era necesario.
-Gracias –dijo Organa Solo, mirándoles a todos por turno-. A todos. –Leia efectuó una ligera reverencia-. Especialmente por darle algo de vida a este evento –dijo guiñando un ojo antes de añadir, en voz más alta-: Ahora, si me disculpan...
Mientras la jefe de estado se marchaba, Daniera se la quedó mirando.
-Amor, eres un...
Amor se preparó a recibir la reprimenda.
-En realidad, no estoy segura de qué eres –terminó.
-Oh, eso puedo decírtelo yo –sonrió, acercándose tiernamente a la mejilla su pistola humeante-. Un bláster caliente, eso es Amor.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Un bláster caliente llamado Amor (IV)


Daniera debería sentirse muy cómoda. Estaba sentada en una confortable silla de replicuero, los controles del filtro de aire estaban en la configuración perfecta, y estaba bebiendo de un tibio tazón de zumo. Bueno, más bien sosteniéndolo en el platillo sobre su regazo, porque la última vez que intentó tomar un sorbo, la mano le temblaba demasiado para poder llevarse la taza a los labios con éxito.
Miró de soslayo a Amor, que estaba sentado a su lado, pero su atención estaba centrada en el obeso ubés sentado tras el extraño escritorio. Aparentemente estaba construido exclusivamente de materia ósea fundida. Daniera pudo contar más de dos docenas de especies representadas. Y por si eso no fuera lo suficientemente perturbador, ahora sabía cómo se había ganado Mah-Luu su apodo.
El hombre de negocios ubés sostenía en sus manos una esfera plateada, reconocible universalmente como un detonador termal. Mah-Luu jugueteaba con él, como un ser con un hábito nervioso. Solo que quien se ponía nervioso con este hábito era Daniera.
Mah-Luu deslizaba el disparador, activando el retardo de seis segundos integrado en el dispositivo. Luego, unos segundos más tarde, volvía a pulsar el disparador dejándolo en su posición original, desactivando el dispositivo. Por desgracia, a veces, Mah-Luu se perdía en sus pensamientos o se concentraba en la conversación, y su dedo permanecía fijo en la posición de activado.
La cuenta atrás avanzaba rápidamente y Daniera contenía el aliento y se preparaba a reunirse con sus ancestros muertos mucho tiempo atrás, pero luego llegaba la desactivación en lo que estaba segura que era la última fracción de microsegundo.
Por si eso no fuera lo bastante malo, Mah-Luu tenía tendencia a reírse entre dientes en momentos inoportunos, como por ejemplo cuando nadie había hecho una broma. Daniera esperaba que el vocalizador del ubés tuviera un fallo de funcionamiento que fuese el causante de esas risas. En cualquier caso, por lo que había podido ver hasta el momento, “Termal” Mah-Luu ciertamente no era la clase de ser al que quisieras ver nunca sosteniendo un detonador termal bajo ninguna circunstancia, salvo posiblemente si te encontrabas muy, muy lejos... en otra galaxia, por ejemplo.
En realidad, Daniera no estaba segura de qué le ponía más nerviosa; el detonador termal, o el hecho de que Amor no pareciera estar preocupado en absoluto por su presencia.
-No tengo ni idea de qué me estáis hablando.
Amor mostró la figurita de Darth Vader.
Mah-Luu se limitó a encogerse de hombros.
-Muchos clientes se guardan recuerdos. No podéis esperar que me acuerde de cada ser que cruce el umbral de mi selecto establecimiento.
-¿Por qué no? –quiso saber Amor-. Probablemente tengas videocámaras grabando las 36 horas del día con el propósito de futuros chantajes.
-Me ofendes –dijo Mah-Luu, activando el detonador-. Vamos, sabes que no puedo revelar los nombres de los miembros de mi club bajo ninguna circunstancia. Eso es malo para el negocio. Y lo que es malo en mi negocio sólo es bueno para conseguir acabar muerto. –Comenzó a reír, y luego apagó el dispositivo. Igual de abruptamente, volvió a activar el temporizador-. Por no mencionar que tengo ciertas responsabilidades éticas como propietario de este establecimiento. Un vínculo con mis clientes. Una mutua confianza en que lo que ocurre dentro de estos muros nunca ve los duros juicios de la luz del día.
Cuando hubo terminado su soliloquio, volvió a poner el detonador en modo de espera.
-Ya sé que el ser en cuestión era miembro. Incluso sé por qué. Pude oler el perfume barato de una de tus chicas por todo su cuerpo.
Daniera abrió los ojos como platos, pero permaneció en silencio.
Mah-Luu inclinó su corpulento cuerpo hacia delante. El detonador se activó...
-¿Entonces, me pregunto, por qué estás aquí, Amor?
-Quiero ver a la chica.
-Te costará lo mismo que a cualquier otro.
-Bien. –Amor se echó una mano al bolsillo.
El dedo del ubés flotó ansiosamente sobre el detonador, todavía activo.
Amor extrajo una ficha de crédito.
El detonador se apagó. Mah-Luu tendió una corpulenta mano para tomar la ficha y examinó cuidadosamente el valor de la misma. Su risita rompió el silencio.
El detonador se activó. El aliento de Daniera se detuvo.
Amor clavó sus ojos en lo de Mah-Luu y por unos segundos pareció tener lugar un silencioso duelo de voluntades.
Se desactivó el detonador.
-¿Quién?
-El senador Luralon Odaay.
-Ah, sí. El turiano. –Mah-Luu pulsó un botón oculto bajo su escritorio y la puerta se abrió. “Termal” soltó una aguda risita-. Le encantaba Induki.
-Apuesto a que sí.
La ficha de crédito desapareció de la vista, pero el ubés siguió jugueteando con el detonador.
Amor entró por la puerta, seguido como una sombra por Daniera.
-Se acabó esa molesta ética.
-Tengo que concedértelo, Amor. Aún eres bastante bueno en lo que haces... para la edad que tienes, claro.
Amor le miró fijamente.
-¿Ahora es cuando me das el discurso de reclutamiento?
Mah-Luu se rio con ese comentario.
-¿A ti? ¡Ja! Antes contrataría a un quijada-fija luudriano. Al menos cuando los ojos se le pusieran rojos, sabría que iba a traicionarme. Dudo que tú vengas con medidas de seguridad semejantes. –El ubés enfocó su mirada en Daniera-. Tu compañera no habla mucho... Me gusta eso en una mujer. –El ubés le miró lascivamente-. ¿Qué dices, cachito de carne? ¿Buscas trabajo?
Bastante molesta ya por tener que representar el papel de la subordinada muda, Daniera volvió al escritorio de una zancada y apuntó su bláster de bolsillo a la cabeza de Mah-Luu.
-¿Buscas un tercer ojo?
El ubés se limitó a reír con más fuerza.
-Oooh. ¡Es feroz, además! Tengo que tenerla. Vamos, Amor... ¿cuánto?
-No está a la venta, “Termal”. Y aunque lo estuviera...
Daniera le miró por encima de su hombro.
-...No podrías pagarla ni en un millón de años –se apresuró a terminar Amor.
Mah-Luu pareció molesto mientras devolvía la ficha de crédito a Amor.
-Trato justo. Ella por Induki.
Amor negó con la cabeza.
-Eso no es una oferta.
-Tienes razón –dijo Mah-Luu, activando el detonador-. No lo es.
Dos fornidos guardaespaldas rodianos aparecieron en la puerta, vestidos con capas color escarlata y blandiendo carabinas bláster.
Amor miró fijamente a Mah-Luu.
-¡Teníamos un trato!
-Se acabó esa molesta ética –dijo Mah-Luu con una risita, desactivando el detonador.
Daniera no había movido su arma.
-En caso de que lo hayas olvidado, hay un bláster apuntándote a la cabeza.
Mah-Luu rio entre dientes, señalando a sus guardias con la cabeza.
-Y otros apuntando a cada una de las vuestras. Con refuerzos en camino. No son las mejores probabilidades.
La mano derecha de Amor estaba deslizándose bajo su abrigo mientras hablaba.
-Siempre prefiero jugar con las cartas que me han tocado.
-Lástima que yo no opine lo mismo. –“Termal” estalló en una salvaje carcajada-. Normas de la casa, ya sabes. -Pulsó otro botón bajo su escritorio con un dedo hinchado, abriendo un canal de comunicaciones-. Vab, dale unas vacaciones a Induki. Ya.
Daniera cruzó su mirada con la de Amor. Él le guiñó rápidamente un ojo y luego se echó de pronto al suelo como un bantha herido, aterrizando sobre su espalda. El bláster pesado ya se encontraba en sus manos y antes de que el primer guardia pudiera bajar su propia arma para apuntar a su enemigo, ahora en el suelo, Amor apretó el gatillo.
Un rugido ensordecedor resonó por la sala cuando un vibrante disparo bláster golpeó de lleno al mercenario rodiano, levantándole del suelo y haciéndole volar más de un metro hacia atrás. El guardia chocó contra la pared y se derrumbó en el suelo, con el pecho ennegrecido y humeante.
Sin retirar la mirada de Mah-Luu, Daniera hizo girar el brazo que sostenía el arma y lanzó tres rápidos disparos al mercenario restante.
Mah-Luu trató de ponerse en pie, pero Daniera ya tenía de nuevo el cañón del arma apuntándole.
-¿Oo-ta goo-ta, Tubbo?
Amos sonrió, colocándose junto a Daniera.
-Anula esa última orden –ordenó ella-. Dile a Vab que traiga aquí a Induki.
El mercader ubés la miró con desdén.
-Dudo que seas capaz de disparar a un hombre desarmado...
-Ella tal vez no –respondió Amor por Daniera-, pero yo sí.
Y sin más ceremonia disparó a Mah-Luu a quemarropa en el pecho.
Daniera gritó conmocionada, y se dio la vuelta para mirar a Amor.
-¡Amor, estás loco!
-Gracias.
-¿Cómo has podido...?
-Relájate, cielo –dijo Amor mientras giraba una rueda de su bláster de vuelta a su posición original-. Esta cosa puede ajustarse para aturdir, ¿sabes?
Ella volvió a mirar a “Termal”, que había caído doblado sobre su silla, transportado por el deslizador estelar de la inconsciencia.
-Genial, ¿pero qué pasa con Induki?
Amor inclinó de pronto la cabeza a un lado. Se escuchaba el inconfundible sonido de vehículos repulsoelevadores acercándose.
Antes de que Daniera pudiera abrir siquiera la boca, Amor salió corriendo hacia la puerta. Se detuvo en el pasillo una fracción de segundo, y luego volvió a entrar corriendo en la sala y propinó al inconsciente Mah-Luu un puñetazo en el estómago. El detonador termal en la mano del ubés saltó por los aires, y Amor atrapó con facilidad el dispositivo en su ascenso. Luego giró sobre sus talones y salió corriendo al pasillo.
Daniera estaba justo tras él.
-¡Amor, estás loco de remate!
-Gracias.
Ella gesticulaba frenéticamente.
-Por ahí es un callejón sin salida. Tenemos que volver por el otro...
Las palabras murieron en sus labios cuando escuchó el sonido de las pisadas de muchas botas acercándose desde esa precisa dirección.
-¡Amor! Estamos a punto de tener compañía.
Amor seguía corriendo hacia la pared a toda velocidad mientras pulsaba con el pulgar el interruptor para activar el detonador termal. Lanzó el dispositivo rodando delante de él y comenzó a contar en voz alta el temporizador de seis segundos.
Acercándose desde atrás, Daniera se dio cuenta de lo que estaba haciendo.
-¡Sal del radio de explosión, pedazo de lunático!
Amor le hizo un gesto de fastidio con la mano. Había estado todo el rato midiendo las zancadas al correr, y ahora ella le estaba haciendo perder la cuenta.
-Dos. ¡Uno! –exclamó Amor justo cuando la esfera plateada golpeaba la pared ante él con un sonido metálico. Hubo un pequeño destello, y luego el campo de partículas del detonador se expandió hacia fuera con velocidad cegadora, y el radio de explosión vaporizó el muro, la mayor parte del techo, y parte del suelo.
Con la plataforma de observación recién creada, Amor y Daniera tenían una vista despejada de los acontecimientos que tenían lugar en el callejón inferior.
Una joven forcejeaba mientras dos de los matones rodianos de capa escarlata de Mah-Luu la introducían a la fuerza en un camión deslizador que aguardaba. Tres motos deslizadoras de aspecto desvencijado, cada una portando a un piloto rodiano, calentaban motores junto al camión deslizador.
Por supuesto, todos se encontraban ahora mirando hacia arriba, a Amor y Daniera, completamente estupefactos. La sorpresa fue temporal. Los dos mercenarios lanzaron a Induki al interior y el camión deslizador arrancó abruptamente y se adentró en el inframundo, seguido por una de las motos. Los rodianos de las dos motos restantes apuntaron con sus carabinas bláster.
Amor ya estaba sacando su artillería bláster portátil. Apuntó rápidamente y disparó dos veces. Los rugientes disparos fallaron su objetivo, pero Amor estaba seguro de que los mercenarios se lo pensarían dos veces antes de enfrascarse en un tiroteo prolongado.
El bláster pesado gimió fuertemente mientras se recargaba, y el primero de los rodianos aprovechó la oportunidad para comenzar una apresurada huida mientras su colega se demoraba para proporcionar algo de fuego de cobertura.
Daniera efectuó media docena de disparos a la moto que iba en cabeza, pero el alcance de su bláster de bolsillo era, en el mejor de los casos, limitado. La mayor parte de los disparos no llegaron a su objetivo, así que pasó su atención al rodiano restante.
Amor apuntó con cuidado y lanzó otro disparo atronador hacia el mercenario que huía. El disparo golpeó la parte trasera de la moto deslizadora, y la fuerza del impacto hizo que el vehículo diera una vuelta de 180 grados y chocase contra el costado de un edificio en ruinas cercano. La colorida explosión hizo que llovieran escombros ardientes por toda la zona.
El segundo piloto no tenía intenciones de quedarse ahí quieto para otra demostración, pero justo cuando comenzaba a moverse, tres de los disparos carmesí de Daniera le golpearon en la espalda. Al quedar sin jinete, la moto se detuvo en seco con una sacudida al activarse el interruptor de seguridad, y se quedó flotando inmóvil sobre el suelo.
Inmediatamente, Amor tomó carrerilla y saltó de la irregular cornisa. Dirigió su caída hacia la moto y aterrizó con sorprendente agilidad sobre el asiento vacío. Después de tomarse un instante para sentir asombro de sí mismo, se volvió para gritarle a Daniera:
-¡Volveré a por ti!
Sin embargo, Amor quedó sorprendido al ver que ella ya no estaba en lo alto de la cornisa. Y luego Daniera le empujó hacia delante al aterrizar en el asiento trasero.
Se volvió para mirarla en total asombro.
Daniera se limitó a darle una palmada en el hombro y ladró:
-Cállate y pilota esta cosa.
-¡Sí, señora! –dijo él entre risas y aceleró el potente motor de la moto.
-¿Sabes una cosa, Amor? ¡Estás más loco que un bantha desquiciado!
-Gracias.

***

-Ahí están –exclamó Daniera.
-Ya les veo. –Amor aceleró rápidamente, inclinando al mismo tiempo el morro de la moto hacia abajo para esquivar una gran pasarela elevada que les bloqueaba el paso.
El camión deslizador había perdido la mayor parte de su ventaja en el retorcido laberinto de decadencia que era el inframundo de Coruscant. El tamaño y la masa del vehículo eran estorbos en las arcaicas autopistas y los retorcidos pasillos. Ahí las motos tenían una clara ventaja.
Amor maniobraba diestramente la moto deslizadora a través de la caótica maraña de vigas caídas, muros derrumbados y setas venenosas sobredimensionadas. Daniera continuó lanzando disparos al rodiano restante, que no podía sacudirse de su estela a la tenaz pareja.
El mercenario se giró para efectuar un disparo con su carabina, pero el disparo salió muy desviado. Sin embargo, lo que sí logró fue ralentizarlo lo suficiente para que Amor se pusiera a la par con él.
Amor sujetó el manillar de la moto con una mano y trató de alcanzar su pistola, pero antes de que pudiera sacarla siquiera de su funda, Daniera dejó escapar un grito ahogado.
Amor giró la cabeza para ver si había sido alcanzada, justo a tiempo para ver cómo saltaba de su moto a la parte trasera de la del mercenario. Habría sido difícil determinar quién estaba más sorprendido, si Amor o el rodiano...
-Sin piloto –gruñó Daniera mientras golpeaba la nuca del mercenario con la culata de su bláster de bolsillo. Antes de que el rodiano aturdido pudiera reaccionar, lo lanzó fuera de la moto... a una pila de abono en descomposición que había debajo.
Amor intercambió una mirada con Daniera, que puso su moto de nuevo junto a la de él.
-Recuérdame que no te haga enfadar.
-Demasiado tarde –dijo Daniera con una sonrisa mientras aceleraba la moto y salía a toda velocidad tras el camión deslizador.

***

Encontraron el camión deslizador en un callejón débilmente iluminado a unos cientos de metros de distancia. Completamente apagado, el vehículo estaba mortalmente silencioso.
Tanto Amor como Daniera desmontaron y se acercaron con cautela.
El único ruido provenía de la torrencial llovizna que estalló de repente sobre ellos... los microclimas de aire ascendiente y humedad condensada del inframundo creaban pequeñas tormentas donde uno menos se las esperaba.
Amor arrugó la nariz. El aire era denso, con el olor de la basura podrida, el metal corroído y el agua estancada. Pero había otro olor que Amor reconoció al instante...
-Quédate aquí un instante –ordenó.
Daniera estuvo a punto de protestar, pero vio la mirada que Amor tenía en los ojos. Asintió en silencio. Y la lluvia se deslizó en silencio a su alrededor.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Un bláster caliente llamado Amor (III)



El general Cracken hacía girar una y otra vez en sus manos a la pequeña figurita de Darth Vader.

-No resulta tan intimidante a escala 1/1000, ¿verdad?

Cabe daba vueltas por la oficina, irritado.

-No necesitamos a Amor, general.

El fantasma de una sonrisa asomó en los labios de Cracken.

-Venga. Todos necesitamos amor –dijo en voz baja el general.

Cabe estaba demasiado ocupado quejándose para captar el chiste.

-Esto es una pérdida de tiempo y efectivos en el momento menos oportuno.

Cracken levantó una ceja, examinando al comandante.

-¿De modo que crees que me estoy equivocando, Cabe?

El agente de la INR se detuvo por un instante.

-Con el debido respeto, general...

Cracken levantó una mano y sonrió.

-Puedes terminar ahí. Ninguna buena noticia comenzó nunca con esa frase. –Echó una mirada a Daniera, que estaba pacíficamente sentada y, hasta el momento, en silencio-. ¿Tú qué piensas?

-Amor es fastidioso, egoísta y completamente desprovisto de honor. –Cabe sonrió con suficiencia al ver confirmada su opinión, pero luego Daniera se quedó pensando un instante-. Pero también es inteligente, perceptivo, y tiene mucha experiencia.

Eso borró la sonrisa de Cabe y trajo otra a los labios de Cracken.

-Nos vendría bien su ayuda –continuó ella-, aunque no podemos contar con ella. Puede que esto recaiga enteramente sobre nuestros hombros.

Cracken asimiló sus palabras, reclinándose en su asiento mientras sus ojos regresaban a Cabe.

-¿Cómo van los preparativos para el Baile de Máscaras?

-Todo el equipamiento de seguridad interno está colocado. Los equipos de técnicos están colocando escáneres biológicos y de armamento en cada entrada. Aparte de la seguridad de uniforme, tendremos agentes de la INR camuflados. –Cabe meneó la cabeza con disgusto-. Sin embargo, sigo pensando que deberíamos cancelar completamente el evento. Es un riesgo demasiado elevado. Especialmente para la vida de la Jefe de Estado.

-La Nueva República tiene una firme política de no ceder a las amenazas. No nos humillaremos ante el terrorismo. –La voz de Cracken se suavizó un poco-. Además, Leia jamás accedería a cancelar el evento. La recaudación del Baile de Máscaras Maltesara proporciona fondos para cientos de obras de caridad. Es el evento social de Coruscant.

-Y el lugar perfecto para un asesinato –replicó Cabe.

-Nuestro trabajo consiste en asegurarnos de que eso no ocurra. –El general tendió la figurita de vuelta a Daniera-. Mira a ver qué puedes descubrir en el Vórtice... pero ten mucho cuidado.

-Siempre –sonrió Daniera.

-Quisiera ir con ella –dijo Cabe.

-Negativo, comandante. Tú y yo vamos a supervisar personalmente los últimos preparativos de seguridad en el Gran Salón de Baile del Palacio. –Cracken se puso en pie y condujo a la puerta a sus agentes de la INR subordinados-. Cada uno de nosotros tiene una misión que realizar.



***



Daniera se envolvió en la capa mientras caminaba por el pasillo sombrío. Las lumas que asomaban desordenadamente por el pasillo ofrecían cierta iluminación, al menos las pocas que aún funcionaban. Al principio le costó creer que un establecimiento tan exclusivo pudiera encontrarse en semejante lugar, pero por lo que había descubierto recientemente sobre la clientela del Vórtice Oscuro, puede que no fuera tan extraño después de todo.

No muy alejado, ni por ubicación ni por espíritu, del legendario Inframundo de Coruscant, el Vórtice atendía a los peces gordos del elemento criminal del planeta. Se rumoreaba que en club podía comprarse o venderse cualquier cosa, incluyendo seres y personas. Por supuesto, no todos los parroquianos podían ser relacionados directamente con el crimen organizado; muchos de ellos eran simplemente el típico rico y poderoso que pensaba que era emocionante mezclarse codo con codo con el peligro.

Daniera miró con el ceño fruncido el gastado pasillo, lleno de hidrotuberías con fugas, muros cubiertos de hongos, y los desconchados paneles del suelo cubiertos por una especie de fango marrón que sólo el Creador podía saber qué era. Ella estaba segura de que no tenía la menor intención de mezclar sus codos con nada del entorno inmediato.

Su avance fue detenido por una gran puerta blindada de ónice en buen estado. Puntos blancos cubrían el exterior de ébano, dando la impresión general de un cielo estrellado.

La puerta lisa no tenía ningún panel de apertura a la puerta, ni siquiera un pomo o nada similar, ya puestos. Daniera recorrió la superficie con una mano enguantada, pero no pudo detectar ninguna agarradera, palanca o cualquier otro tipo de mecanismo oculto.

De pronto se le ocurrió una idea y se llevó la mano a un bolsillo. Después de unos instantes de rebuscar en el interior, se dio cuenta de que lo que estaba buscando había desaparecido.

Daniera maldijo para sí y pegó un bote, sobresaltada, cuando una suave voz surgió de las sombras.

-¿Buscas esto? –preguntó la voz.

El cañón del bláster de bolsillo de Daniera estuvo en menos de un segundo presionando bajo la mandíbula del hombre.

-Sal a la luz –ordenó-. Ya.

Sonriendo, Amor hizo lo que se le ordenaba.

-Oooh. No hay nada como una mujer con dotes de mando.

Daniera guardó su arma, con los ojos brillando con una feroz mezcla de rabia y alivio.

-¿Qué haces aquí?

-Evaluar el talento –dijo Amor-. Has aprobado. –Le tendió la estatuilla de Darth Vader.

-Así que el gran M’Kyas Amor también es un carterista consumado.

-Hay muchos, muchos talentos en los que destaco.

-¿Cómo merodear en las sombras?

Amor mostró la mejor de sus sonrisas.

-Me gradué en acecho el primero de mi promoción.

Ella casi sonrió, pero simplemente se volvió hacia la puerta. Con un rápido giro activó el sable de luz en miniatura. La diminuta hoja carmesí iluminó la puerta con su brillo fantasmal y... no ocurrió nada.

Con un gruñido de disgusto, Daniera se preparó para lanzar al hiperespacio el mini-Vader, pero Amor la detuvo poniéndole la mano en el brazo.

-Espera –susurró-. Mira.

Daniera se volvió a mirar la puerta y observó con asombro cómo una de las estrellas más grandes del campo estelar comenzaba de pronto a brillar en un color rojo a juego.

Cautelosa, levantó un dedo y pulsó el panel iluminado. La puerta retumbó y luego comenzó a ascender lentamente hacia el techo.

-Ya podemos entrar –dijo Daniera. Un pasillo tenuemente iluminado se extendía ante ellos perdiéndose en la oscuridad.

-Ten cuidado –advirtió Amor-. Y sé que es duro, pero deja que sea yo quien hable. Las mujeres sólo están un par de escalones por encima de los esclavos en este antro y las cosas pueden ponerse un poco feas.

Daniera hizo una pausa, entrecerrando los ojos hasta que se convirtieron en simples ranuras.

-Así que ya has estado aquí antes, ¿eh?

-Sí, pero no por placer. Uno de mis conocidos es el dueño del lugar.

-¿Entonces sabías desde el principio cómo entrar?

Amor simplemente le sonrió y luego entraron al Vórtice.



***



Daniera aún estaba refunfuñando cuando entraron en una sala de recepción circular. Un gran atril negro era el único mueble de la sombría habitación, aunque una docena de cortinas aterciopeladas conducían a lugares desconocidos.

Un twi’lek de aspecto grasiento vestido con una cara capa negra permanecía tras el atril, examinando a Daniera con una mirada voraz.

Daniera se inclinó para susurrar.

-¿Es cosa mía, o parece que abundan los sirvientes babosos de esta especie?

Amor sonrió y añadió en voz alta.

-Cada pequeño twi’lek sueña en crecer y convertirse en el mayordomo de algún sórdido mercader galáctico. ¿No es cierto, Vab?

-Amor, no tengo palabras para expresar lo mucho que me alegro de verte –gruñó Vab D’Buula-. Porque no me alegro en absoluto. –El twi’lek volvió su hambrienta mirada a Daniera, dejando que asomasen sus incisivos amarillentos y su lengua pustulosa-. Aunque ha sido extremadamente amable por tu parte traerme el postre.

Daniera se encogió apartándose del espantoso encargado, pero Amor avanzó hasta apoyar los codos en el atril.

-Lo único que vas a saborear son tus propias colas craneales a menos que me digas detrás de qué cortina se está escondiendo esa babosa espacial de Mah-Luu.

Sin dejarse impresionar, Vab se irguió en toda su estatura.

-¿Tienes una cita para ver al amo?

-Claro –dijo Amor echando mano al interior de su abrigo-. Aquí está.

Vab se encontró mirando al muy grande cañón de la muy, muy pesada pistola bláster de Amor. Amor presionó ligeramente el gatillo, causando que el arma sobredimensionada emitiera un intimidante zumbido mientras se cargaba para disparar.

Vab sólo tuvo que considerar la oferta por un microsegundo.

-Cortina número tres. Tercera puerta a tu derecha.

Amor sonrió, y mientras pasaba a su lado dio al twi’lek una amistosa palmada en el hombro, haciendo que el encargado se estremeciera visiblemente.

Daniera se unió a Amor mientras este apartaba a un lado la tercera cortina.

-Eso ha estado bastante bien. Recuérdame que no juegue contigo al sabacc, nunca sabría cuándo te estás echando un farol.

-No era un farol. -Señaló a Vab con la cabeza-. La última vez se pasó tres semanas en un tanque de bacta.

-No puedo creerte.

-Tienes que hacer lo que sea necesario para terminar tu trabajo -dijo, poniéndole una mano en el hombro, que ella inmediatamente se quitó de encima-. Escucha, chica. Las cosas van a ponerse intensas ahí dentro –dijo, señalando con la cabeza la puerta en el pasillo delante de ellos-. A Luu-Mah “Termal” Mah-Luu le gusta mantener a sus invitados en tensión.

Después de comprobar el paquete bláster, Amor finalmente volvió a deslizar el arma en su funda.

-Aunque no quisiera parecer maleducado...

Mientras avanzaban por el pasillo, Daniera preguntó:

-En el nombre de Byss, ¿qué es ese cañón que llevas?

-Bueno, además de tener capacidades olfativas y auditivas asombrosas, nosotros los latarzianos también somos unos maestros armeros tremendamente hábiles. Nuestras armas preferidas son más que simples pistolas, son declaraciones de quiénes somos. –Volvió la mirada hacia ella, un poco avergonzado-. Pero no te aburriré con nuestras pequeñas y tontas costumbres. –Hizo una gran pausa, y luego le tendió el arma como un cadete ofreciendo su arma para la inspección-. La base es una pistola bláster pesada Calban Modelo X, con un visor bláster lateral añadido, un patrón galven mejorado, ajuste de la válvula del conversor de energía, y media docena de pequeñas modificaciones más que poca gente conoce.

Daniera dio vueltas a la pesada arma en sus manos, asintiendo con apreciación.

-Es asombrosa.

Amor estaba radiante como un padre orgulloso.

-Estoy pensando en añadirle un cerebro droide y un vocabulador.

Ella se la devolvió.

-¿Una pistola parlante?

-Sí –dijo mientras enfundaba el bláster-. Chula, ¿eh?

Daniera sólo pudo menear la cabeza.

-Bueno. Ya sabes lo que dicen... Una gran arma trata de compensar...

-...Los problemas para acabar con tu objetivo –completó Amor justo cuando llegaban a la puerta correcta. Acercó la mano al panel de control, pero ella le detuvo súbitamente.

-Espera un momento. –Daniera entrecerró sus ojos hasta que sólo fueron rendijas-. ¿Por qué le llaman “Termal”?

-Oh. Ya lo verás.