Mostrando entradas con la etiqueta Para luchar otro día. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Para luchar otro día. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de marzo de 2013

Para luchar otro día (y V)


Daye había tratado de relajarse cuando el médico humano de Estación Plata le introdujo en el tanque y lo llenó de líquido claro. Trató de respirar normalmente a través de la máscara. El fluido sintético no le picó en los ojos.
A continuación, el médico liberó un torrente de brillante bacta rojo en el tanque. Miles de millones de diminutas criaturas parecían arrastrarse sobre él. Un olor extraño se deslizó en su máscara de respiración. Su piel se retorció en los lugares donde había sido herido y comenzó a sanar, ya fuese naturalmente o revestida de sintocarne. El médico le había advertido de que su cuerpo podía resistirse al tratamiento. Tenía que relajarse y tratar de dejar que el bacta actuase. Él buscaría la carne herida. El tejido sano no se veía afectado a su paso.
Para no luchar contra ello, se puso a pensar. Había tirado todo por la borda cuando hizo volar Armamento I’att. ¿En qué se estaba convirtiendo? ¿En un idealista sin esperanza, en un luchador por la libertad?
Ahora podría sobrevivir. El bacta podía curarlo.
(Criaturas microscópicas picoteaban su carne, mordisqueando sus cicatrices...)
Si el bacta lo sanaba, correría hacia Tinian...
No. Seguiría apartando a Tinian de él, tanto por su bien como para poder servir a la Alianza libremente. Además, pensar en Tinian abría heridas frescas en otra parte de él que estaba tratando de sanar.
Se preguntó si el bacta bailaba en sus tímpanos o era que estaba escuchando una alarma. El médico se había marchado varias vidas atrás, en realidad sólo minutos, pero... A través del líquido rojo y el cristal divisó una enorme forma oscura seguida por otra con cuernos de gotal. ¿Woyiq y Toalar? Las formas llegaron con rapidez. La grande se redujo de nuevo, alejándose.
Luego regresó, levantando algo encima de su cabeza. Algo con un montón de ángulos rectos. ¿Una silla?
El tanque de Daye se abrió de par en par. Los fluidos salpicaron el suelo de la clínica.
Toalar agarró a Daye y empezó a desenganchar su mascarilla y su arnés. Hablaba rápidamente mientras trabajaba, poniendo una cantidad asombrosa de expresión en su voz monótona.
-Estación Plata está bajo ataque. No sé si los ranats nos han delatado o si han seguido nuestra nave, pero el Imperio está aquí. Hay pulsos de escaneo rebotando por todas partes. Una Poot no tiene ninguna fuerza de defensa. La estación se está cayendo a pedazos.
Toalar siempre había dicho que sus receptores en forma de cono recogían las emisiones de energía.
-Toma, Daye. -Woyiq le arrojó un manojo de tela marrón-. Es todo lo que pude encontrar. Lo siento. Espero que sea suficiente...
Antes de que Woyiq se disculpase por segunda vez, Toalar había deslizado a Daye dentro del manto givin usado. Sus mangas colgaban sobre sus manos y el dobladillo inferior se arrastraba bajo sus pies, pero al menos cubría su desnudez.
-¿Puedes levantarte? -preguntó Toalar-. ¿Ha funcionado el bacta?
-Lo intentaré. -Daye apretó los dientes y trató de mover sus piernas. Una le siguió. La otra no-. Será mejor que me llevéis.
-De acuerdo -dijo Woyiq-. Sube.
Se dio la vuelta.
Daye rodeó con sus brazos el cuello del hombre grande. Woyiq se enderezó. Daye intentó agarrar la cintura de Woyiq con las piernas, pero sólo funcionaba su pierna derecha. Al menos el hombro no le dolía tanto como antes.
-Adelante -gruñó.
Se agarró hasta que ambos brazos y hombros le dolieron, y luego siguió agarrándose. Toalar corría por delante de Woyiq. Blandiendo una pistola, miró al otro lado de una esquina e hizo una señal de todo despejado.
Tan pronto como Woyiq dobló esa esquina, el pasillo estalló en fuego de bláster. Disparos de láser salpicaron las paredes. Woyiq giró, y Daye salió volando. Golpeó un muro con los pies. Los nervios recién regenerados gritaban con ansias homicidas.
Armaduras blancas aparecieron en el otro extremo del pasaje.
-¡Marchaos! –exclamó Daye-. ¡Yo sólo os retrasaré!
-Buen intento -murmuró Woyiq mientras se inclinaba sobre Daye-. Casi te perdimos una vez.
Cogió Daye por ambos brazos y se lo echó por encima del hombro.
Daye levantó la cabeza para mirar hacia atrás. Un soldado de asalto se agachó a posición de disparo. El hombro de Woyiq se clavó en el estómago de Daye. Se enroscó alrededor de ese hombro, tratando de amortiguar los golpes en su estómago... y de presentar un blanco más pequeño.
-¡Alto! –gritó Toalar. Daye levantó la cabeza de nuevo, trató de orientarse, y se sintió caer. Se agarró a algo. Espuma amarilla roció sus manos.
-¡Ahí vienen! –gritó Toalar de nuevo.
Woyiq bajó su hombro y corrió hacia una escotilla bien cerrada.
Daye entrecerró los ojos para ver lo que había activado. Parecía un extintor de incendios, enganchado por un clip al tabique. Se abalanzó sobre el clip y lo soltó, y luego se deslizó hacia atrás para apoyarse contra el tabique. Apuntó con el espeso espray  amarillo hacia el pasaje, más allá de Woyiq y Toalar.
Una forma blanca se abalanzó en su línea de fuego. Llegó en posición vertical, se puso diagonal, y se deslizó fuera de la vista en posición horizontal. Woyiq presentó su otro hombro y embistió de nuevo la escotilla. Sonó como una enorme campana. Apareció luz a lo largo de un borde.
-¡Lo has conseguido! –gritó Daye, manteniendo constante el espray. Otro soldado de asalto se deslizó en la sustancia resbaladiza, a través de ella, y pasó de largo... pero ahora tenían soldados a ambos lados.
Woyiq recogió a Daye y lo empujó por la estrecha abertura. Daye la atravesó, golpeando la pared por arriba y por abajo. Algo cedió. La escotilla se abrió. Daye cayó a través de un cambio de gravedad de 90 grados y golpeó la cubierta de nuevo. Esta vez rodó, absorbiendo el impacto. Le dolía por todas partes.
Woyiq lo levantó como un muñeco y lo llevó en ambos brazos. Toalar cubrió su retirada, disparando detrás de ellos.
Woyiq giró a la derecha.
-¡No! –gritó Toalar-. ¡Recto! ¡Ya casi estamos en el muelle principal!
Woyiq aceleró por un último pasaje, giró una esquina más, y subió una rampa de acceso. Se detuvo de golpe al ver el cañón de un rifle bláster.
-¡Somos amistosos! -exclamó Toalar-. ¡Una, déjenos pasar!

***

¡Gracias a la Fuerza!
-¡Date prisa! -gritó Una-. ¿Lo habéis traído?
La nave cisterna se estremeció. Woyiq corrió al interior del pasillo principal.
-Han dispararon los cierres explosivos -exclamó Toalar-. Estamos en marcha.
-¿Ese es Daye? -Una odiaba repetir las preguntas. Especialmente las urgentes-. Necesitamos a ese muchacho.
Woyiq se dio la vuelta para que Daye y Una Poot pudieran verse el uno al otro. Manchas rosadas en el rostro de Daye evidenciaban un tratamiento de bacta incompleto.
-Bien –dijo ella-. Llévalo al puente.
Daye preguntó:
-¿Están las piezas de armadura a bordo?
-Sí, aunque no sé por qué. -Una Poot agarró el brazo de Woyiq y tiró del enorme humano conforme avanzaban. Se sentía como una chadra-fan acarreando a un whiphid-. Nuestra gente no puede permitirse el lujo de armadura personal-. Sin embargo, conocía a gente que podría ser capaz de desarrollarla. Le vino a la mente la Alianza uniformada. Esta vez, no descartó la idea. Con Estación Plata a punto de estallar, tendría pasar desapercibida por un tiempo... tan pronto como su nave cisterna entregase un envío al sistema Monor-. ¿Por qué tardasteis tanto? -resopló.
-Lo siento -dijo Woyiq-. Realmente, lo siento...
-Nos detuvimos para jugar al tú la llevas con tropas de asalto. -Toalar enfundó su bláster y se frotó los cuernos sensoriales-. Ha sido un día muy largo.
-Subid aquí -ordenó Una-. Poned a Daye donde pueda ver la pantalla principal. -Este ataque le costaría muy caro. Ahora nunca conseguirían meterle en bacta a tiempo para una regeneración completa. Necesitaría prótesis, y por la contracción nerviosa en su cara, parecía saberlo. Ella debía darle esperanzas. Estos sensitivos solían ser delicados.
La nave cisterna se estremeció.
-¡Nos han dado! -gritó uno de los tripulantes.
-No os preocupéis -gruñó Una-. Estos escudos soportarán cuatro o cinco impactos directos. El Pato de Feria era una buena nave incluso con dos docenas de tanques de gas culslon a remolque. Lo lograremos. Ahí, hijo. Mira. -Señaló un vector.
Estación Plata se contrajo en la distancia. Más lejos, una pequeña nave con forma de platillo se abalanzaba hacia un caza TIE, disparando ráfagas de energía. El imperial explotó. El platillo salió disparado fuera de la nebulosa y desapareció.
Aún mecido por Woyiq, Daye tiró de la túnica givin para cerrarla sobre su pecho.
-En cualquier caso, alguien les ha devuelto el golpe -dijo.
-Esa ha sido tu dama -alardeó Una-. Ella también escapó a salvo.
Tinian también había utilizado un valioso tiempo de comunicaciones rogando a Una que rescatara a Cheeve, Redd y Yccakic. Una había transmitido su respuesta: estaban tan a salvo como ella.
-Gracias -exclamó Daye-. Pero, ¿cómo sabe que es Tinian?
-Se alió con un amigo mío, un wookiee grande y fuerte. Chenlambec necesitaba un socio con su clase de habilidades.
Asociar a esa pareja había sido un golpe de suerte poco común. Otra larga mecha chisporroteaba ahora bajo el trono del Emperador.
-Los activistas wookiees no son conocidos por llevar una vida tranquila -objetó Daye suavemente.
Drogue también había sido sobreprotector. Él sentía dolor cuando Una lo sentía.
-¿Quieres luchar contra el Imperio? Ella también. Pero ella necesita a alguien que le enseñe. ¿Vas a negárselo?
Antes de que pudiera contestar, Toalar señaló a la pantalla de popa.
-¡Mirad!
Dos escuadrones de cazas TIE perseguían a la nave cisterna a toda velocidad. Estaba claro que no alcanzarían distancia de disparo antes de que el Pato saltase al hiperespacio.
-Esta es una buena nave. -Daye tiró de la túnica Givin para cerrarla de nuevo.
Una sonrió.
-Por eso la reservamos para la evacuación final. Es mía, y he mantenido al equipo preparado.
-Pero Estación Plata está en manos imperiales. -Daye agitó la cabeza-. Estamos derrotados, ¿no, Una Poot?
Una pensó en la chusma rebelde que la esperaba en Monor y en la carga escondida en sus bodegas. Plantó ambas manos en sus caderas.
-Nunca. El Imperio no puede ganarnos, mientras uno de nosotros siga con vida. Cada vez que escapamos, vivimos para luchar otro día. Si se alzan suficientes mundos, expulsaremos al imperio de la galaxia.
Los ojos oscuros de Daye brillaron.
-Espero que podamos sobrevivir a ver eso.
Misión cumplida: su tristeza se había disipado. Ella le palmeó el hombro lesionado.
-Tan pronto como saltemos a la velocidad de la luz y mi médico te mire, ¿qué tal un poco de música para ayudarte a descansar? Disfrutará de la banda de mi sobrino Cheeve...
-¿Cheeve? –Las extrañas cejas de Daye se alzaron-. ¿Sprig Cheever, de Druckenwell?

miércoles, 13 de marzo de 2013

Para luchar otro dia (IV)


Para sorpresa de Tinian, Una Poot los convocó a ella y a sus compañeros para que volvieran al comedor esa noche. Detrás de la anciana se encontraba un enorme wookiee de un color que Tinian nunca había visto. Su pelaje era de color marrón oscuro, pero cada pelo tenía un brillo plateado en la punta. El efecto le hacía brillar.
-Este es Chenlambec -dijo Una Poot-. Puede que él sea capaz de ayudarte a pasar ese mensaje.
Tinian ladró un breve saludo. Chenlambec ladró de nuevo. Una Poot levantó sus dos escasamente pobladas cejas.
-¿Dónde aprendiste a hablar wookiee?
-Wrrl me enseñó -explicó Tinian-. ¿Chenlambec trabaja para usted?
El wookiee se inclinó hacia delante, riendo.
-No por el momento. -Una Poot sonrió con ambos lados de su boca esta vez-. Él es un cazador de recompensas.
Tinian le miró fijamente. Había oído hablar de seres que cazaban a otros por dinero... que mataban por lucro, no por patriotismo. Despreciaba la idea. Nunca había soñado que pudiera encontrarse frente a un cazador.
-Los dos podéis hablar en mi alcoba privada, si lo deseáis. -Sonriendo, Una Poot señaló una escotilla a un lado del comedor.
Tinian entrecerró los ojos, asqueada por el sentido del humor de la mujer.
Chenlambec soltó una rápida frase en shyriiwook, preguntando cómo había conocido a Wrrlevgebev.
No creía que el cazador de recompensas apreciase saber públicamente que Wrrl había sido esclavo de su familia. Era evidente que tendría que dirigirse a él en privado, si es que decidía hablarle.
Y eso habría significado mucho para Wrrl. Podía hacerlo por Wrrl. Condujo al gran wookiee hacia la alcoba privada de Una Poot.
Era pequeño y desnudo con una sola luma antigua colgando del techo.
-Yo tenía 12 años cuando conocí a Wrrl.
Tinian cerró la escotilla y apoyó la espalda en ella. Colocó la mano cerca del control que la abriría de nuevo.
Chenlambec se inclinó para ponerse en pie bajo el techo bajo de la alcoba. Se quedó en una esquina frente a ella.
-Había esclavistas en Il Avali, la ciudad donde crecí. Uno de ellos estaba golpeándole... parecía como si quisiera matarle con un látigo choque. Más tarde, descubrí que había tratado de evitar que vendieran a una joven kitonak apartándola de su hijo. En cualquier caso, me solté de mi abuela y salté en medio. -Nunca había sido consciente del peligro-. Me tiré sobre la pobre criatura ensangrentada y le grité a los esclavistas que yo lo compraría. Mi abuela discutió conmigo, pero yo gané. Así fue como conocí a Wrrl. -Wrrl había sido absolutamente ético, totalmente leal. ¿Cómo podía ningún wookiee rebajarse a la caza de recompensas?
Chenlambec cruzó sus brazos plateados. Una ancha bandolera negra le cruzaba el pecho desde el hombro derecho a la cadera izquierda, tachonada con extraños cubos plateados. Ladró una pregunta.
-Yo entonces no sabía nada sobre tu pueblo y la deuda de vida -respondió ella-. Pero lo descubrí tan pronto como aprendí a hablar shyriiwook. Por favor, dile a su clan que cumplió su deuda por completo, Chenlambec. Murió ayudándome a escapar de los soldados de asalto imperiales que mataron a mis abuelos.
Él inclinó la cabeza y ladró suavemente.
-De nada -dijo ella, confusa pero impresionado por su educadas maneras.
Luego él levantó la cabeza y contó una extraña historia. Evidentemente, varias de las recompensas que el Imperio le había pagado fueron en vano. En realidad, había ayudado a que varias "adquisiciones" escapasen a la Alianza Rebelde, y luego había donado la mayor parte de los fondos que el Imperio le había pagado... a Una Poot para la compra de armas, esta vez; la vez anterior, a un grupo de refugiados. Agregó que Una Poot era una de las tres personas -cuatro, ahora- que sabían su secreto. Le pidió que lo honrase.
Tinian, boquiabierta, cerró la mandíbula y deseó que Daye estuviera allí... no sólo porque lo echaba de menos tan desesperadamente, sino porque él habría sabido si el enorme extraño estaba mintiendo. Dependiendo de sí misma, tenía que confiar en su intuición de que Chenlambec era lo que decía -alguien cuya misión realmente la emocionaba- y que quería a cambio su respeto. Cheeve y Yccakic habían tratado de consolarla cuidando de ella, pero ella necesitaba cuidar de alguien más.
Extendió una mano.
Él la estrechó con un agarre tan suave y fuerte como lo había sido el de Wrrl. Seriamente, le dio las gracias de nuevo. Luego hizo un gesto invitándola a salir por la escotilla.
-Espera –exclamó ella.
Chenlambec retrocedió una larga zancada.
Se preguntó de dónde -en todos los miles y miles de mundos- había sacado esa loca idea. Pero ella no era música. Y sabía de explosivos. Y Chenlambec le daba ganas de vivir
-¿Me dejarías ser tu aprendiz?
Chenlambec soltó un ladrido de sorpresa.
-Lo digo en serio –dijo-. Crecí en una fábrica de armamento. Mis conocimientos sobre explosivos podrían ser útiles en tu negocio.
Los ojos azules del wookiee brillaron mientras se disculpaba y se negaba: era demasiado pequeña y delicada para la caza de recompensas. Él había sobrevivido a la muerte de dos socios, uno muy recientemente. A partir de ahora, él cazaría solo.
-No tengo miedo de morir -insistió Tinian-. En tu profesión, si muriera, sería de forma limpia y rápida.
No necesariamente. Él se cruzó de brazos y miró a media distancia, una pose que Wrrl había utilizado sólo cuando se negaba rotundamente.
-Ya veo -dijo ella con tristeza-. Bueno. Gracias por llevar esa noticia por mí.
Salió de la alcoba preguntándose qué iba a hacer con el resto de su vida. Había descubierto de nuevo cómo preocuparse, y que quería preocuparse, y había sido un alivio... aunque temporal. Tal vez Una Poot tuviera un lugar para ella.
La anciana no estaba esperando con Cheever y Yccakic.
-¿Está todo bien? -preguntó Yccakic.
Tinian se encogió de hombros.
-Sí. Adiós, Chenlambec.
El wookiee alzó una mano en señal de despedida y luego la dejó sola con sus compañeros de viaje. Desanimada, siguió a Cheeve y Yccakic de vuelta a la habitación de literas. Mientras ella estaba hablando con el cazador de recompensas, ellos habían accedido a tocar un concierto de crucero especial para Una Poot y su círculo íntimo, mañana por la tarde a bordo de su nave cisterna personal... a cambio del alquiler de su camarote.
-¿Alquiler? –exclamó Tinian-. ¿En este agujero?
Cheeve se encogió de hombros.
-Es una oportunidad para actuar. ¿Ganas de cantar?
Tinian se aclaró la garganta. La esposa de Cheeve, Twilit Hearth, podría derretir un blindaje de energía con su voz.
-Yo no os haría justicia. ¿Sabéis suficientes temas instrumentales?
-Podemos llevar el espectáculo si contribuyes en una o dos canciones...
-¿Alguien está cansado? -preguntó Yccakic-. Será mejor que apaguemos las luces y descansemos un poco, si vamos a actuar mañana.
Tinian se acostó, pero no podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía a Daye... o a Wrrl, atacando a los soldados de asalto que finalmente lo mataron... o saboteadores, amenazando con hacer agujeros en Estación Plata... De pronto se incorporó de golpe. ¡Se había dormido en los laureles! Debería estar husmeando por los pasillos en busca de explosivos.
El bláster de mano de Cheeve colgaba de un bolsillo de su pantalón, que había colgado descuidadamente sobre un extremo de su litera. Ella lo guardó en el bolsillo de su chaleco y salió furtivamente al pasillo.
Dos horas más tarde, captó un débil efluvio de algo que hizo que se le pusieran de punta los pelos de la nuca: JL-12-F, un producto de uno de los competidores de Armamento I'att. Fabricado para demoliciones controladas en superficies planetarias, explotaba en un patrón simétrico, casi lineal. No debía estar a bordo de una estación espacial.
Sabotaje. Siguiendo el rastro del olor, siguió un corredor que conducía a la zona de aterrizaje.
Eso no podía estar bien. Se dio la vuelta y corrió en la dirección opuesta. El olor se hizo más fuerte. Ella lo siguió bajando por una escalera de acceso.
En el cuarto nivel, lo perdió. Retrocedió de nuevo y se bajó de la escalera en un área que estaba ligeramente más ordenada que otras, que quizá albergase la clase alta de Estación Plata... o algo parecido. Ahí abajo, el olor se hizo tan fuerte que se preguntó por qué nadie más lo había notado. Sujetó con fuerza el pequeño bláster en una mano y siguió avanzando hacia adelante.
Dos formas oscuras y peludas estaban agachadas junto al mamparo plano exterior de la construcción original de Estación Plata.
-¡Hey! –gritó Tinian. Apuntó con el bláster.
Los alienígenas se volvieron hacia ella. Cada uno tenía un hocico largo y puntiagudo y orejas pequeñas y redondas.
-¡Hey! –repitieron ambos a coro.
Luego atacaron.
Tinian disparó. Un ranat calló hecho un ovillo, chillando. El otro siguió avanzando. Dientes largos y afilados se cerraron sobre su pierna izquierda. Tinian gritó y luchó por obtener un tiro limpio sobre la odiosa criatura sin dispararse a sí misma en el pie. El ranat sacudía su pierna tan fuerte que las estrellas danzaban delante de ella. Se inclinó buscando mantener el equilibrio.
¡Un tiro limpio! Tinian lo aprovechó. Las poderosas mandíbulas soltaron su pantorrilla, y la criatura le gritó. Ella retrocedió y volvió a disparar.
El ranat atacó contra su otra pierna.
Ella disparó otra ráfaga. El ranat se derrumbó a sus pies.
Lo pateó lejos, salpicándolo con la sangre de su pierna.
El otro ranat no se había movido. Pero, ¿qué pasaba con ese explosivo? Avanzó cojeando. Su pierna lesionada tembló cuando intentó agacharse.
Mantén la calma, se aconsejó. Se agachó, aunque le doliera. El JL-12-F estaba empaquetado en un cilindro estándar, soldado al mamparo exterior. Soldados en su otro extremo había un cebador y un circuito integrado. De alguna manera, los ranats habían obtenido un detonador de estado sólido, casi a prueba de fallos.
Sin embargo, el circuito integrado tenía dos puntos vulnerables, donde el circuito principal entraba y salía del mecanismo temporizador. Tinian volvió de nuevo junto al primer ranat y lo registró. Encontró un cuchillo en su cinturón, volvió cojeando junto a la bomba y delicadamente cortó las conexiones. Eso desactivó el detonador.
Exhaló. Luego frunció el ceño. Puede que el circuito electrónico estuviera muerto, pero no podía dejar un bote explosivo tan cerca de un mamparo exterior. Si se encendiera una chispa allí, todo el mundo a bordo estaría en peligro, desde Cheeve hasta Chenlambec. Trató de hacer palanca con el cuchillo en una grieta entre el cilindro explosivo y el detonador. Su hoja no se doble, lo que la preocupó. El acero debía ser frágil; Se quebró sin previo aviso. Lo dejó caer a tiempo para salvarse de otro corte profundo y desagradable.
Eso no era algo que pudiera desarmar sin las herramientas adecuadas... pero el JL-12-F requería una chispa, no un impacto, para detonar. Retrocedió junto al cilindro, se apoyó sobre su pierna herida, y golpeó fuertemente con su talón. Fuertes oleadas de dolor atravesaron su pierna. El cilindro se desprendió de la mampara y cayó sobre la cubierta.
Con cautelosa, lo recogió y lo llevó hacia el interior la estación. Miró hacia atrás para ver si algún ranat la seguía. Un rastro de salpicaduras rojas marcaba su camino. Cuando empezó a caminar de nuevo, casi se resbaló en un charco rojo. ¡Se había formado rápidamente!
Dejó el bote explosivo en mitad de pasillo y aporreó la puerta más cercana.
-¿Hola? –gritó-. ¡Esto es una emergencia!

***

El trabajador de la estación la llevó a un médico en el Nivel Tres y llamó a Cheeve. Cuando Tinian surgió una hora más tarde, apoyada en Cheeve, un wookiee enorme y brillante la esperaba en el pasillo exterior. Le habló aullando sombríamente.
-Estoy bien –aseguró Tinian a Chenlambec (¡Tengo un amigo más en el universo!)-. No tienen un droide médico, pero tienen un humano competente. Fusionó la arteria. Se supone que simplemente debo permanecer en calma durante unos días.
Él ladeó la cabeza y ladró una peculiar pregunta: ¿se había dado cuenta de que él y docenas de otros tenían una deuda de vida con ella?
Tinian rió.
-No, no. Salvé mi propia vida, también. Así que no cuenta.
Él ladró una oferta. Tinian le miró fijamente.
-¿Qué ha dicho? -preguntó Cheeve.
Tinian se sentía un poco extraña por los analgésicos químicos.
-Yo, hum, ayer me ofrecí a asociarme con Chenlambec en su negocio. Acaba de invitarme a bordo de su nave para ver qué sé de su oficio.
-¿Pero no es un...?
Chenlambec unió sus manos cubiertas de pelaje, con aspecto calmado.
-Es tu vida –dijo Cheeve poniéndole una mano sobre el hombro-. Pero me gustaría que te quedaras con nosotros. ¿Quién va a cantar en el bolo de esta noche?
-Habéis sido muy amables, Cheeve. Mucho más amables de lo necesario, y os agradezco todo lo que habéis hecho. Pero no soy cantante. Tengo que encontrar mi propio lugar. Es lo que queréis, ¿no?
-Por supuesto.
Yccakic se volvió para que Chenlambec no pudiera ver su rostro.
-Tinian, ten cuidado. Él podría...
-Estaré bien.
Si Tinian entendía algo sobre los wookiees, era sin duda la deuda de vida. Con razón o sin ella, Chenlambec se consideraba ligado a ella.
Cojeando con su pierna entumecida, lo siguió de vuelta a la zona de atraque, y luego a través de un pasillo de conexión hasta una pequeña nave en forma de platillo con tres gigantescos motores. Al igual que Estación Plata, había visto días mejores. Décadas mejores, decidió mientras frotaba una mancha de óxido.
Sin embargo, esta parecía ser su oportunidad de herir al Imperio.
Chenlambec le indicó que se sentara frente a su ordenador de a bordo. Hizo aparecer una sucesión de imágenes de armamento. Tinian recitó sus características durante una hora. Entonces él le pasó un rifle bláster. Ella lo desmontó y volvió a montar en cuatro minutos.
Luego bostezó. Al instante, Chenlambec se disculpó. Ella no tenía por qué hacer todo el camino de regreso a su habitación de literas, insistió. Podía echar una siesta a bordo de su pequeña nave Wroshyr, llamada así por los árboles originarios de Kashyyyk. Por la tarde, después de que hubiera echado una larga y reparadora siesta, podrían discutir los términos... si ella todavía quería ser su aprendiz.
Se dejó caer en un banco que parecía más suave que las nubes y se quedó dormida antes de que pudiera darle las gracias.

***

Daye Azur-Jamin cerró los ojos y dejó que sus compañeros lo llevaran a través de la esclusa de aire del pequeño burlador de bloqueos. Retrasado en el Puerto Espacial de Doldur, habían agotado su último medipac hace dos días, y el dolor había vuelto con toda su fuerza. No podía sentir en absoluto una pierna, pero eso era una bendición. La otra pierna lo compensaba. Una de sus manos también estaba aplastada, y sus compañeros le habían vendado el hombro y la cabeza con sintocarne, pero debajo de esa capa curada superficialmente, todo le palpitaba.
Woyiq, un humano fornido y grande, llevaba el extremo de la camilla de Daye más cercano a sus pies. Soltó una mano e hizo un gesto a un droide de la estación.
-¡Eh, tú! ¿Podrías... podrías traernos una cama flotante? ¡Aquí tenemos un humano herido!
Era indicativo de la fuerza Woyiq que la plataforma no se tambalease cuando soltó un lado.´
El androide se apresuró a acercarse. Era una vieja unidad de protocolo, probablemente a cargo de los aterrizajes.
-Soy Toalar Yalom Yalom -dijo el gotal que llevaba el extremo de cabeza de la camilla. Dos cuernos sensoriales en forma de cono sobresalían de la parte superior de su cabeza-. Una Poot me conoce. Querrá este hombre sea llevado a un médico de inmediato.
-Aquí en Estación Plata aún es primera hora de la mañana -dijo el droide-, y acabamos de salir de una alerta de sabotaje. Todavía estará durmiendo.
-Este hombre todavía podría recuperarse si se le mete en bacta hoy mismo. –Las nudosas cejas de color marrón grisáceo de Toalar bajaron sobre sus ojos rojos-. Llévanos a vuestra estación médica.
-Lo siento. Todas las llegadas deben ser revisadas antes...
-Está bien. Llévanos a que nos revisen ahora. –Los gotals hablaban con voz monótona, pero Toalar tenía un aspecto feroz. Los cuernos ayudaban.
Evidentemente, el droide también estaba programado para reconocer la ferocidad. O eso, o daba permiso automáticamente en caso de emergencia. Los condujo a las profundidades de la estación de paredes grises.
-¿Alerta de sabotaje? -murmuró Daye mientras lo llevaban.
-Fuera lo que fuese, ya pasó -respondió Toalar.
En un comedor lleno de mesas, Woyiq y Toalar posaron la camilla de Daye. Toalar se acercó a una anciana que tenía unos ojos increíblemente fríos. Toalar había dicho a Daye que la actuación de Una Poot como una vieja incompetente era su versión de una buena tapadera, aunque estaba un poco loca. Toalar afirmaba que tenía contactos y recursos que le sorprenderían. Evidentemente, la célula de resistencia de Toalar allá en Druckenwell dependía del apoyo táctico de Una Poot.
-Toalar -graznó ella-. Benditos sean tus cuernos. No habías informado desde hace mucho tiempo. ¿La resistencia murió en Druckenwell?
El rostro de Toalar se crispó. Era plano donde un ser humano hubiera tenido una nariz.
-Nada más lejos. Druckenwell se encuentra completamente revuelto en este momento. Necesito...
Ella se acercó a la camilla de Daye.
-¿Quién es este?
Daye trató de incorporarse, pero su mano y el hombro no soportarían el peso.
-Ayuda, Woyiq -pidió. El gran humano se colocó en posición detrás de la cabeza Daye y deslizó sus manos bajo los hombros de Daye para ponerlo en posición vertical-. Mi nombre es Daye Azur-Jamin. Soy especialista en armamento. Quiero unirme a la rebelión.
-Bien. Pero, ¿por qué deberíamos aceptarte?
-Trabajé directamente con Strephan I'att, de...
-¿Armamento I’att en Druckenwell? -cacareó la vieja-. Entonces serviste al Imperio.
-Sí -admitió Daye. Percibió la sinceridad de la mujer, a pesar de sus modales desagradables. Ella confiaría en él sólo si era absolutamente honesto-. Strephan I'att y yo desarrollamos un campo de armadura que habría hecho invulnerables a los soldados de asalto.
Al instante, sintió que la noticia sorprendía a la mujer. ¿Le conocía? ¿Debería él conocerla? Ella le dio la espalda y caminó varios pasos para hurgar en una caja en una mesa. Sacó un pequeño objeto cuadrado. Cuando lo llevó para mostrárselo a Daye, había recuperado su expresión de vieja escéptica.
-¿Reconoces esto?
Daye entrecerró el ojo bueno. Era un circuito electrónico, y... ¡por la Fuerza, que lo reconocía!
-Esa es una unidad de procesamiento preliminar –dijo-. La función de deflexión térmica de la armadura disipa momentáneamente la energía, hasta que el campo anti-energía...
-Bien -dijo Una Poot-. Eres sincero.
-Tinian –suspiró él-. ¿Ha estado aquí? ¿Quién la trajo? ¿Está todavía aquí?
La risa de Una Poot sonó como un gruñido.
-Ella no está a bordo, ya que eso es lo que realmente quieres saber.
El sentido interno de Daye le dijo que esa declaración era literalmente cierta... pero engañosa.
-¿Dónde está?
Una Poot enganchó un pie en un banco del comedor.
-Escucha, hijo. He enterrado a tres maridos en el espacio. El amor de juventud no dura. Mientras el Imperio siga extendiéndose, hay trabajo más importante que hacer que sentarse a mirarse mutuamente los ojos. ¿Puedes vivir con esa ética? Porque si no puedes, no te quiero.
-Puedo -dijo Daye-. Dejé que Tinian pensara que yo había muerto cuando la fábrica fue destruida. Cuando yo la hice estallar... desde el interior.
Las arrugas de expresión de la anciana se suavizaron.
-Oh -dijo en voz baja.
-Estoy decidido a dedicar lo que me queda de vida para derrocar al Imperio.
Ella sonrió.
-Buena respuesta, chico. En ese caso, bienvenido a la Alianza Rebelde. Llamaré al médico y le diré que vas de camino. Pero tan pronto como estés fuera de la sopa, tendré trabajo para ti.
-Por supuesto. Para eso vine aquí. No tenía ni idea de que tendría piezas con las que trabajar. Esto lo simplificará todo.
Sintió la débil sorpresa de la mujer; no tenía intención de asignarle trabajos de I+D. Pero ella respondió a sus palabras como si ese hubiera sido su plan.
-No podemos darnos el lujo de construirlo aquí. Ese es el único problema. ¿Toalar? -Una Poot se volvió a compañero gotal de Daye-. ¿Te acuerdas de dónde está el centro médico? ¿Cubierta Tres?
-Creo que sí.
-Entonces lleva a Daye Azur-Jamin allí abajo de inmediato.

***

Tinian despertó con una sirena de alarma sonando en sus oídos. La pierna le palpitaba al mismo ritmo.
-¿Qué pasa? -exclamó. Entonces recordó que estaba acostada en la nave de un extraño. ¿Había sido traicionada?
No por un wookiee. Si él pensaba que ella le había salvado la vida, lo último que haría sería traicionarla.
Avanzó cojeando en la única dirección posible y encontró a Chenlambec sentado frente a la consola de mandos del Wroshyr.
-¿Qué pasa? -preguntó de nuevo.
Él enseñó los dientes y señaló la pantalla de visión.
Una enorme nave en forma de cuña había aparecido cerca de Estación Plata.
-Un Destructor Estelar -susurró. La adrenalina la atravesó. Un enjambre de pequeñas naves, cazas TIE y demás, se abalanzaron a través de la estrecha distancia entre el Destructor Estelar y la desamparada estación. Algunas ya la habían alcanzado.
Una luz parpadeó en la consola de Chenlambec. Pulsó un control. Una voz quebrada surgió de un altavoz de la cabina.
-...atracadas actualmente, al habla Una Poot. Estamos bajo ataque y en inferioridad numérica. Evacuen si pueden. A todas las naves atracadas...
Chenlambec rugió un desafío. Luego señaló a la otra pantalla visora. Un escuadrón de cazas imperiales corría junto a Estación Plata, derramando rayos de energía en la articulación donde se unían dos de sus pasillos externos. Un largo cilindro se separó de su vecino. Surgieron gases por el extremo cortado haciendo que el cilindro describiese un ángulo aún más desesperado.
Tinian tragó saliva.
-¡Mis compañeros están ahí en alguna parte! ¡Tenemos que ayudarles!
Chenlambec rugió una negativa: él no podía permitirse retrasos, y ella no podía ayudar a sus compañeros muriendo con ellos. Golpeó un control con su puño peludo, y a continuación activó una fila de conmutadores enlazados.
-¿Estás arrancando la nave? -Tinian se agarró a un conducto del techo-. ¿Vamos a pelear o a escapar?
Él no respondió. En el momento en que las luces brillaron indicando que todo estaba listo, aceleró un momento... y a continuación, pulsó la fila de conmutadores enlazados, apagándolos. El Wroshyr dio una sacudida. Tinian supuso que acababan de desengancharse de la estación. Los imperiales, explicó él, dispararían contra cualquier cosa que tratase de escapar con sus sistemas activados, y sus escudos no eran lo suficientemente fuertes para absorber la energía a esa corta distancia.
-¿Por qué no? -exclamó ella-. ¡Tienes que tener escudos!
Él ladró: un blindaje completo costaría más que la propia nave. Más de lo que podría ganar con una buena recompensa.
Tinian se quedó boquiabierta. ¿La gente moría porque no podía pagar la protección? Siempre había dado el blindaje por sentado. Ahora se daba cuenta de que la pobreza y el peligro a veces viajaban juntos.
Poco a poco, Estación Plata parecía alejarse a la deriva del Wroshyr. Tinian se sorprendió conteniendo el aliento. Esto igual que antes, a la espera de ser descubierta y fusilada. Cheeve, Redd y Yccakic... Espera. Había dormido toda la tarde. A estas alturas, deberían estar a bordo de la nave cisterna privada de Una Poot. ¡Qué suerte! Cheeve tenía un don para salir de la ciudad antes de que llegaran los problemas.
Chenlambec sugirió que si ella no quería mirar, se apresurase a ir a popa y se abrochase los arneses de seguridad.
Tinian se hundió en su silla de copiloto.
-Prefiero ayudar, si puedo.
Chenlambec pasó una mano a través de la fila de los controles del motor: principales, laterales, retros. Él manejaría el cañón laser de la nave si ella estaba dispuesta a encender todos los motores al mismo tiempo. Él programaría una ignición en el ordenador de navegación.
Tinian siempre había aprendido mejor bajo presión.
-Haré lo que pueda -prometió.

martes, 12 de marzo de 2013

Para luchar otro día (III)


Cuando la escotilla se abrió, Tinian reconoció al droide de protocolo que los había recibido en los muelles. El mismo goterón asimétrico de grasa goteaba de su perno de restricción en mitad del pecho.
-Una Poot ha accedido a reunirse con ustedes. Síganme.
Cheeve había extraído las piezas de la armadura de soldado de asalto modificada de Tinian, ocultas en el interior de su TecladoBase, de Redd Copo de Metal y de la viola de fondo de Yccakic. Portando su cargamento, siguieron al droide a las profundidades de Estación Plata.
La "sala de recepción" de Una Poot parecía un comedor; había mesas frente a frente, de pared a pared. La vieja arpía estaba sentada a la cabecera de una mesa. Madejas de pelo gris colgaban sobre sus hombros. Llevaba una túnica verde y un viejo par de pantalones negros arremangados en su parte superior. Tal vez hubieran formado parte de las pertenencias de alguna persona más grande.
-Cheeve -exclamó ella con voz ronca-. Me gustaría tener tiempo para charlar, pero no lo tengo. ¿Qué es lo que crees que me puede resultar útil?
-Esta es Tinian I'att -dijo Cheeve con tranquilidad-. Ella tiene... díselo tú, Tinian.
Tinian relató su historia. En el momento apropiado, Yccakic mostró la vital pareja de circuitos electrónicos de contrabando.
-Yo sólo espero que alguien pueda usarlos contra el Imperio -finalizó Tinian.
-Una armadura personalizada no es barata -espetó Una Poot-. La mayoría de las tropas de la resistencia no puede permitirse ninguna armadura. ¿Cuál es tu precio?
-Usted no lo entiende. Se lo estoy dando. Tendrá que analizarlas, y...
-Todo el mundo tiene su precio. Si no te pago, vendrás a por mí más tarde.
Tinian lo pensó.
-Bueno, hay un favor que podría hacerme.
-Ja. Siempre hay un precio. Te lo dije. ¿Cuál es ese favor?
-Cuando era una niña...
-Todavía eres una niña.
Tinian se sonrojó. El dolor y la pérdida la habían hecho madurar. ¿Acaso no se notaba?
-Yo tenía un guardaespaldas wookiee que murió ayudándome a escapar de los imperiales. Me gustaría encontrar a algún pariente suyo, para asegurarme de que la memoria de Wrrl sea honrada. Eso significaría mucho para él.
Una Poot mostró una media sonrisa.
-Ese es un favor inusual, señorita. Pensaré en ello, si tengo tiempo. Debe de ser agradable ser lo suficientemente rico como para tener guardaespaldas.
-Lo era -admitió con humildad Tinian-. Sólo he empezado a darme cuenta de lo agradable que era.
-Bien -cacareó Una Poot-. Cuanto más te haya arrebatado el Imperio, más fuerte lucharás.
Tinian miró a la anciana.
-En ese caso, están en problemas. Mataron a mi familia ante mi vista.
Los ojos de Una Poot se oscurecieron.
-Hay mucho más detrás de ese dolor en tus ojos que tu familia o un guardaespaldas, muchacha. ¿Cómo era él?
¿Él? ¿Cómo lo había adivinado la anciana? Tinian se imaginó a Daye en su mente: pelo oscuro, un gentil rostro alargado, y ese extraño trazo gris en el centro de una ceja.
-Era brillante -recordó Tinian-. Muy trabajador. Y... Nunca le dije a nadie sobre esto en Druckenwell, pero ahora está muerto, así que no puede hacerle daño, ¿verdad?
-¿Qué no puede hacerle daño? Vamos, chica. No tengo tiempo para jugar a las adivinanzas.
-Era sensible a la Fuerza. Leía perfectamente a las personas. Yo incluida. Tenía un espíritu generoso. Siempre trataba de complacer.
Una Poot frunció el ceño.
-Parece que el Imperio te ha convertido en su enemiga, señorita. Avisaré a los barcos atracados aquí y veré si alguien sabe quién podría ser pariente de ese guardaespaldas tuyo. ¿Cuál era su nombre? ¿Wrr?
-Wrrl. Abreviatura de Wrrlevgebev.
-Wrrlevgebev -repitió Una Poot-. Pero no trates de contactarme. Yo contactaré contigo. Ah, y gracias por los circuitos electrónicos. Es una posibilidad remota, pero...
-Lo entiendo -dijo Tinian.

***

Una Poot se quedó mirando a Cheeve y a la niña rica refugiada que había adoptado. ¿La tecnología que habían traído? Equipamiento estrambótico para unidades uniformadas adineradas. Ahora bien, si hubieran podido resucitar al amorcito sensible a la Fuerza de Tinian, eso podría haberle resuelto una crisis. Una necesitaba encontrar a alguien sensible, como lo había sido su primer hombre, Drogue. Sus carabinas bláster debían llegar a las personas adecuadas en Monor. Era un sistema difícil para negociar.
Pero Drogue llevaba 30 años muerto, y evidentemente éste se había ido, también.
Y ella nunca había rechazado una ganancia inesperada. Arrojó las contribuciones de Cheeve en una caja, y luego tomó su comunicador. Un wookiee estacionado en Plata conocía a todos los clanes. Podía pagar esas piezas con sólo hacer una llamada.
Pulsó el comunicador.

lunes, 11 de marzo de 2013

Para luchar otro día (II)


Un chirriante droide de protocolo antiguo escoltó a Tinian, Cheeve, Redd y Yccakic por un pasaje cilíndrico, doblando una anomalía de gravedad de 90 grados, luego a la izquierda y derecha, arriba y abajo a través de tres reorientaciones más hasta que Tinian se sintió irremediablemente perdida. Estación Plata parecía ser un verdadero laberinto con paredes deslucidas. Nunca había visto tantas especies exóticas. Las criaturas miraban boquiabiertas cómo Tinian, Cheever y Yccakic cargaban dos enormes cajas de instrumentos, seguidos de un droide cuadrado rojo. Redd Copo de Metal se impulsaba sin problema en los giros a izquierda y derecha, pero cada vez que la gravedad cambiaba, sus orugas no funcionaban bien. Cheeve tenía que levantarlo, girarlo, y ponerlo sobre el nuevo camino.
Tinian se ofreció a ayudar.
-Lo siento -gruñó Cheeve-. Sólo tiene una agarradera. Tú tienes que permanecer alerta, y Yccakic tiene que equilibrar los instrumentos.
Tinian metió la mano en el bolsillo. Twilit, la esposa de Cheeve, le había prestado la mayor parte de su guardarropa, incluyendo ese largo chaleco gris sin forma. Tinian estaba tratando de no llamar la atención.
Por fin, el droide de protocolo los llevó a una escotilla. Mientras extendía un brazo manipulador, sus servomotores protestaron con un largo chirrido.
-Esperen aquí –entonó-. Pueden considerarlo su habitación.
Tinian entró al cubículo pasando junto al droide. Sus mamparos no se curvaban, por lo que supuso que finalmente habían alcanzado la construcción original de Estación Plata. Olía a viejo. Debido a sus años en Armamento I'att, Tinian podía identificar 31 explosivos por el olor. Allí, por suerte, no olía ninguno de ellos... sólo un olor rancio que provenía de una esquina, como si alguna criatura hubiera anidado allí.
Sin embargo, la habitación de literas de la estación era mucho más grande que su cubículo a bordo, y tenía un baño y un dispensador de alimentos. Yccakic ordenó un concentrado líquido. Algunos biths tenían problemas haciendo pasar el alimento sólido más allá de todos los pliegues bucales.
-¿Es bueno? –preguntó Tinian.
-No especialmente -admitió el bith-. Pero es barato.
Tinian suspiró. Costó mucho tiempo acostumbrarse a racionar los créditos. Había aprendido a comer masas nutritivas. Echaba de menos un jugoso filete de gorss, o media olla de sabroso estofado de likryt.
Varias horas más tarde, se levantó y empezó a caminar.
-Relájate -sugirió Cheeve. Se encontraba encorvado sobre la estrecha mesa de la habitación de literas, tecleando en un cuaderno de datos y tirándose de la perilla. Tinian supuso que estaba escribiendo una canción-. Esto podría tardar un tiempo.
-Me gustaría salir y explorar.
-No creo que sea prudente -dijo Cheeve.
-¿Por qué no? ¿Somos prisioneros?
-No exactamente. Pero tus credenciales, y las de Yccakic, están siendo revisadas.
Tinian frunció el ceño.
-Mis abuelos trabajaban para el Imperio. Igual que yo. ¿Eso contará en mi contra?
-Depende. Aquí todos somos desertores.
-No te pongas púrpura con nosotros, Tinian -dijo Yccakic tumbado en una litera. No se había movido desde que sorbió su comida-. A ver si puedes conectar a Redd en ese puerto de información. También podríamos comprobar el canal de rumores rebeldes.
Redd se encontraba en la esquina más alejada de ese olor a rancio.
-No soy muy bueno en ese tipo de cosas -advirtió mientras Tinian se acercaba a él-. Yo...
-Ven aquí -le ordenó, tratando de parecer seria, pero tendía a reírse al tratar con Redd. No se parecía en nada a los brillantes droides de protocolo y de línea con los que había trabajado en otro tiempo. Después de que ella lo condujera cerca del puerto de la pared, él extendió su vínculo de datos-. Primero averigua algo sobre esa amenaza de bomba -dijo.
Él descargó los datos en silencio. Después de casi un minuto, dijo:
-Suena serio, Tinian.
Ella no entró en pánico. Redd siempre era pesimista.
-Cheeve no está preocupado. ¿Qué pasa?
-No soy muy bueno en...
-¡Redd! –dijo Cheeve arrastrando las palabras-. Simplemente cuéntanoslo.
-Estación Plata tiene ranats -dijo Redd.
Tinian miró a Cheeve y parpadeó.
-¿Qué son?
Cheeve pulsó una tecla de su cuaderno de datos.
-Se llaman a sí mismos Con Queecon. Son grandes roedores nativos del sistema Aralia. Repugnantes... lo bastante inteligentes como para luchar, pero demasiado estúpidos para comprender la rendición Es ilegal dar armas a un ranat. ¿Qué están haciendo aquí, Redd?
-Es evidente que esa matriarca rebelde que estáis buscando...
-Una Poot -dijo Cheeve-. Vamos, suéltalo. Editar función: Menos comentarios, más datos.
-Una Poot encontró una colonia de Ranats robando grandes cantidades de alimentos de la estación. Ordenó su erradicación. Los supervivientes están buscando venganza.
-Pero si hacen volar la estación, ellos morirán también -exclamó Tinian.
-Ya dije que eran estúpidos. -Cheeve se encogió de hombros y cerró su cuaderno de datos-. El Imperio clasifica a los Ranats como semi-inteligentes. Es legal matarlos en defensa propia.
-Qué bonito. -Tinian se apartó el pelo de la cara-. Lo recordaré por si me ataca alguno.
-Supuestamente, el ejército imperial ha estado tratando de entrenar mercenarios ranat para enviarlos contra la Alianza Rebelde -interrumpió Yccakic.
-Oh, oh -dijo Tinian-. ¿Es posible que estos sean mercenarios?
-Alimañas, lo más probablemente. -Cheeve arqueó una ceja-. Redd, cuéntanos los chismes del día. ¿Cuál es la gran noticia hoy?
Redd hizo una pausa y luego dijo:
-El Imperio construyó una enorme estación espacial capaz de destruir un planeta entero. La llamaron Estrella de la Muerte. La probaron en Alderaan...
-¿Alderaan? –dijeron a coro Tinian, Cheeve y Yccakic-. Pero eso es un núcleo de población enorme -continuó Yccakic.
-El Imperio lo hizo volar en pedazos -dijo Redd con tristeza. Tinian se quedó sin aliento-. -Pero –continuó Redd-, la Alianza destruyó la Estrella de la Muerte.
-Eso está mejor -exclamó Tinian. Quería oír que alguien estaba golpeando al Imperio-. ¿Qué tipo de explosivos usaron?
-Uno pilotos de caza estelar tuvo un disparo afortunado.
-¿Uno? -Tinian jadeó. Eso no había sido un golpe de suerte. Eso era casi sobrenatural. Daye habría estado interesado...
Sorprendida, parpadeó al mirar a Redd Copo de Metal. Por un momento, se había sentido emocionada.

***

Si Una Poot perdía Estación Plata a manos de unos pocos apestosos ranats, nunca se lo perdonaría. Se lo tendría merecido por tratar de vivir y dejarles vivir.
Se sentó en una mesa a esperar noticias. La puerta de la sala de su cuartel general -un comedor modificado capaz de albergar grandes grupos- se cerró detrás de sus harapientos agentes de seguridad que se dispersaron en la Estación. Desde que había llegado como joven comerciante, había despreciado las fuerzas de seguridad uniformadas y a cualquier otra persona que pareciera oficial. Incluso las pocas tropas uniformadas que la Alianza Rebelde había conseguido reunir le daban repelús.
Una y su primer marido, Drogue, habían llevado una nave cisterna cargada de gas culslon al puerto espacial de Ord Segra. No sabían que las aduanas de Ord Segra exigían el siete por ciento del valor de la carga a modo de soborno. Se negaron a pagar. Los funcionarios de aduanas dispararon contra los tanques de los Poots, llenándolos de agujeros, y les dieron caza. Ella y Drogue saltaron al hiperespacio a ciegas y surgieron aquí. Drogue había muerto poco después, tratando de extraer otros gases valiosos de la Nebulosa Flor de Dragón. Había corrido demasiados riesgos...
Una estudió sus manos nudosas y manchadas. Había tenido otros dos maridos desde entonces, y ninguno había sobrevivido. Ahora ella estaba envejeciendo junto con Estación Plata. Antes de hacer el Salto Final, quería encender unas cuantas mechas que ardieran despacio, lentamente, y que algún día explotasen en el rostro del Emperador.
Miró a la puerta de la cocina. Si esos malditos ranats destruían Plata, el sistema Monor perdería un cargamento vital de carabinas bláster. Debería estar allí, cazando ranats ella misma, pero ya no podía moverse lo suficientemente rápido como para dispararles.
Su comunicador sonó.
-¿Qué? –ladró-. ¿Los encontrasteis?
-No. Un tal Sprig Cheever quiere hablar con usted, con visto bueno previo. Tiene dos compañeros. Sus credenciales se han comprobado.
Apretó un puño y golpeó la mesa. En otra ocasión, habría dado la bienvenida al joven Cheeve. Su música caliente y su actitud fresca hacían que su calendario rejuveneciera varios años.
-¿Qué es lo que quiere?
-Dice que tiene algo que puede resultarle útil.
Tal vez debería haber formado una fuerza de defensa regular, en lugar de confiar en el secreto para proteger Estación Plata. Pero nada duraba eternamente.
-Está bien -gruñó-. Hazlos subir.