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lunes, 1 de septiembre de 2014

Ojalá estuvieras aquí

Ojalá estuvieras aquí
Grant Boucher

Las siguientes transmisiones de datos de Biggs Darklighter a Luke Skywalker (fechadas pocas semanas antes de la muerte de los tutores de Luke y el subsiguiente abandono de Tatooine por el joven Skywalker), llegaron después de que Luke se encontrara con el joven en Anchorhead, pero obviamente fueron escritas antes de que Biggs regresara a casa por última vez. Fueron gentilmente donadas a Voren Na’al por el propio Luke. Siente que es un adecuado tributo a su difunto amigo, quien perdió heroicamente su vida durante la batalla de Yavin.

Querido Luke:
¿Cómo van las cosas en el viejo Tatooine? Apuesto a que hace tanto calor como siempre. Las cosas también se están calentando para mí últimamente. Estoy seguro de que sigues haciendo cosas aburridas en la granja de tu tío, así que en lugar de eso te contaré las cosas emocionantes que hago yo.
Desde que me gradué en la Academia, he sido asignado a una nave mercante como primer oficial. Aún no me dan muchas responsabilidades, porque por algún motivo aún no confían tanto en mí. No creo que estemos haciendo nada ilegal, pero de todas formas están muy nerviosos. ¿Recuerdas cómo se ponía tu tío cada vez que le preguntábamos por tu padre? Están más o menos así. De hecho, están casi exactamente así.
¡Eh! ¿Cómo va el Viejo Tío Quejica? ¿Cuándo va a dejarte venir a la Academia? Eras el mejor piloto de todos nosotros y vas a ser el último en pasar por aquí. Por cierto, esta cosa de la rebelión se está poniendo peliaguda. El Imperio te prometerá una luna llena de créditos por que te alistes en el ejército, pero haz lo que yo hice: que te destinen a un puesto no combatiente. Es más seguro y no tienes que preocuparte por su basura política.
En serio, si no consigues salir pronto de esa bola de polvo, estarás manteniendo evaporadores durante el resto de tu vida. Acuérdate de lo que te digo, chico.
A veces echo de menos apuntar a las ratas womp en el Cañón del Mendigo. Tú disparabas mejor, pero yo era el mejor piloto. Bueno, al menos tan bueno como tú. Si crees que eres mejor, tendrás que venir aquí fuera y demostrarlo.
Buena suerte con una estación más de polvo y droides.
Tu mejor amigo,
Biggs.

P.S. No muestres esta transmisión de datos a nadie y no dejes que nadie sepa que has tenido noticias mías. No puedo decirte ahora por qué, pero lo haré la próxima vez que esté cerca de Tatooine. Si no tienes noticias mías durante un tiempo, no te preocupes. Por una vez en mi vida, me han dado algunas responsabilidades reales, y es una sensación genial.

Carta a casa


Carta a casa
Grant Boucher

Esta carta fue escrita a su madre por un piloto de ala-X rebelde la mañana antes de la batalla de Yavin. Como la mayor parte de cartas a casa de los reclutas rebeldes, permaneció sin transmitir durante varios años por motivos de seguridad. Se ha omitido el nombre del piloto ya que murió durante el asalto.

Querida mamá:
Sé que no te gusta mucho lo que estoy haciendo, pero es algo que siento que debo hacer. Sé que papá lo habría entendido, pero, después de todo, tampoco estabas de acuerdo con él en ese asunto.
Sólo quiero que sepas que estoy a punto de acercarme mucho al combate real, contra probabilidades que tenemos pocas esperanzas de superar. Sé que puede sonar a locura, pero para cuando recibas esta carta sabrás si hemos tenido éxito o no, y si he logrado sobrevivir o no. Nos enfrentaremos a la mayor máquina bélica jamás construida, algo que define la política actual del Imperio: una máquina construida para la dominación, la subyugación, y la conquista.
Sé que en casa oyes pocas cosas sobre lo que hacemos, y veis aún menos en las holoredes imperiales. Lo que llegáis a saber es sólo lo que el Imperio difunde, y la mayor parte del tiempo mienten lisa y llanamente. Desde luego, podemos discutir sobre eso hasta el día del juicio final, pero no te estoy escribiendo por eso.
Quería que supieras que siento que estoy haciendo algo importante. No puedo salvar la galaxia yo solo, no creo que nadie pueda hacerlo por sí solo. Pero estoy ayudando, y las pocas vidas que he salvado de la tiranía del Imperio han hecho que todo mereciera la pena desde mi punto de vista.
Es imposible saber ahora cuánto tiempo seguirán así las cosas y cuánta libertad tendremos. Mañana, puede que no tengamos una respuesta definitiva, pero las señales serán inconfundibles.
Deja que la familia sepa lo que estoy haciendo. No tienes que glorificarlo, pero tampoco despreciarlo. Espero que un día lo entiendas, y espero que ese día todo esto parezca un mal sueño que tuvo lugar hace mucho tiempo.
Te quiero, y que la Fuerza te acompañe. Y a nosotros.
Con amor,
tu hijo.

La historia de Dodonna


La historia de Dodonna
Grant Boucher

El siguiente texto es un extracto (usado con permiso) de las memorias personales del general Dodonna. Probablemente el lector quedará asombrado por golpe de pura buena suerte que parece haber conducido al plan de la destrucción de la Estrella de la Muerte, pero Luke Skywalker protestaría diciendo que la Fuerza guio los sueños de Dodonna tal y como dice que guio su propio disparo de uno entre mil millones. El autor permanece objetivo. Que el lector tome su propia decisión.

Aguardábamos la recuperación de los planos con algo más que un ligero nerviosismo. Como antiguo oficial de la Armada Imperial, ya sabía que había hombres mucho más astutos que yo a cargo de las defensas de la gran estación de combate. Tal vez estaba pecando de modesto... o eso me gustaría creer. Después de todo, ahora la mayor parte de los oficiales de la Antigua República estaban ya muertos o con la Alianza. La Armada Imperial era dirigida ahora por oficiales jóvenes, tal vez con exceso de confianza y ambición, y deseaba con todo mi ser que en su apresuramiento por diseñar, construir y desplegar su “poder definitivo del universo” hubieran cometido un error en alguna parte... en cualquier parte.
Me equivocaba. Las lecturas de R2-D2 eran funestas en extremo. La estación tenía armas y artilleros en un número mayor que nuestros cazas, haciendo que, para empezar, las probabilidades fueran terribles, casi en un factor de quinientos contra uno. También había esperado encontrar un impresionante conjunto de escudos, similar a las parrillas de defensa planetaria empleadas en la mayoría de bases imperiales, pero esta estación era mucho más que eso, sobepasaba mis mayores temores. Cada pulgada de la fortaleza estaba fuertemente blindada, con escudos impenetrables, y esos escudos estaban todos conectados a un ordenador y podían subirse y bajarse de forma independiente unos de otros. Sabía de primera mano que los rayos tractores eran lo bastante fuertes como para detener un Destructor Estelar, por no hablar del Halcón Milenario o de algo tan pequeño como un ala-X. La estación era, a todos los efectos y propósitos, invulnerable.
Me fui a dormir esa noche sabiendo que la única forma en la que podíamos esperar penetrar la armadura de la estación del tamaño de una luna era lanzar oleada tras oleada de nuestras naves más pesadas para que chocasen contra la Estrella de la Muerte, con la minúscula posibilidad de que en algún lugar causáramos el daño suficiente para dejar la estación impotente. Por supuesto, esto habría supuesto esencialmente el fin de la Alianza tal y como la conocíamos, pero si teníamos éxito en dañar o destruir la estación, podríamos ganar el tiempo suficiente para permitir que una nueva fuerza de rebeldes se alzara en nuestro lugar. Y esta vez sin la sombra de una Estrella de la Muerte acechando sobre sus cabezas. Un plan suicida es el más arriesgado de todos, pero, si íbamos a morir de todos modos, estaba determinado a que los imperiales cayeran con nosotros.
Preparé mis notas para las reuniones del día siguiente y me dirigí a la cama. Sin embargo, y de forma extraña, ya que la decisión estaba tomada, continué pensando en ello conforme el sueño me reclamaba. Salí de mi cuarto y vagabundeé por los pasillos, con la esperanza de que un poco de aire fresco y de ejercicio me relajara, como siempre lo había hecho en los viejos tiempos antes de una gran batalla.
Conforme ponía en orden mis pensamientos y sentía que las piernas me fallaban, escuché llorar a una niña en uno de los pasillos de los refugiados. Fui a calmar las lágrimas de la niña, pero había algo extraño en ese momento, una presencia por así decirlo, que me llamaba. La niña gimoteaba por una pesadilla; algo acerca de un dragón y cómo iba a venir a convertir su pueblo en cenizas. Supuse que la niña era de Tatooine, donde los dragones krayt vagan libres por el desierto, pero la pequeña decía que el pueblo estaba junto a un lago, y yo sabía que Tatooine no tiene tales extensiones de agua en ninguna parte de su desolada superficie.
Entonces recordé un cuento, uno antiguo que se había transmitido con el tiempo. Un cuento de hadas acerca de un dragón y el valiente Caballero Jedi que lo mató para salvar su pueblo.
-No tienes nada que temer –dije a la niña-, porque había un hueco en la armadura de escamas del dragón, y el sable de luz del Caballero era certero y atravesó el mismísimo corazón de la bestia, matándola al instante. El pueblo quedó a salvo y todos vivieron felices para siempre.
La niña quedó confortada y se volvió a dormir. Sentí como si volviera a ser joven. Regresé a mis aposentos y me dejé caer en la silla. Encendiendo una brillolámpara, mis músculos y huesos doloridos me recordaron mi edad y mis ojos miraron con esfuerzo la holopantalla. Tomé mis gafas y comencé la dolorosa búsqueda de un hueco en la armadura del dragón. Quería algo que nadie pensara en tener que proteger, ya que tal vez creyeran que nadie en su sano juicio lo atacaría.
Las bahías de aterrizaje estaban protegidas, al igual que los vertederos de desperdicios. Las torres de comunicaciones tenían escudos dobles e incluso generadores de respaldo y dispositivos de protección contra sobrecargas para impedir que cayera todo el sistema. Entonces seguí esa idea a través del suministro de energía de toda la estación, desde los generadores hasta los puertos de ventilación... ¡y ahí estaba! Los puertos de ventilación están hechos para expulsar flujo de partículas y deshechos de los generadores, pero están diseñados para funcionar sólo en un sentido... hacia fuera.
-¿Qué ocurriría si se enviara energía hacia abajo por ese camino? –me pregunté a mí mismo. Consulté al ordenador y todas las respuestas condujeron a nada, a más sistemas de respaldo, o a que pasaría mucho tiempo antes de que pudiera lograrse un daño significativo.
Entonces me aparté de la imagen y me froté los ojos. Ya iba acercándose la primera hora de la mañana, y según todos los informes la Estrella de la Muerte no estaba muy lejos. Eché una última mirada de reojo a los mapas y me incliné aún más hacia atrás cuando mi silla cedió. Cayendo al suelo, evité por poco romperme el cuello, y decidí que cuatro horas de sueño eran mejor que ninguna en absoluto. Dije al holoproyector que se apagara y la imagen comenzó a desvanecerse. Me resigné a que, si iba a morir ese día, al menos lo haría sin los ojos inyectados en sangre por falta de sueño.
Y entonces lo vi. Una larga y estrecha línea que iba desde el puerto de ventilación justo hasta el núcleo del reactor. Ya había visto eso antes, pero no desde lejos. La línea era perfectamente recta, como un punto de mira, o como la hoja de un sable de luz dirigiéndose al corazón de la estación, el núcleo del reactor. Me di cuenta de que si algo atravesaba ese tubo y golpeaba el sensible e inestable núcleo del reactor, la estación entera estallaría.
Con esperanzas momentáneamente renovadas, pregunté al ordenador qué tamaño tenía el tubo.
-Dos metros de diámetro –fue la respuesta.
Eso frustró en un instante mis esperanzas. Dos metros era demasiado poco para que entrase un ala-X, y ninguna persona ni droide que tuviéramos podría sobrevivir al flujo constante de materia ultracaliente y energía que los puertos de ventilación estaban diseñados para sacar al frío y oscuro vacío del espacio. Para el caso, lo mismo daría que fueran dos milímetros. Hasta los ordenadores de objetivos lo tendrían complicado para lograr un impacto en el puerto de ventilación.
-Cualquier cosa serviría –murmuré para mí mismo-. Tan sólo un disparo...
Sonreí. Un disparo directo, de los de uno entre mil millones de un piloto habilidoso, viajaría limpiamente hasta las tripas del reactor. Después de todo, la superficie del puerto de ventilación tenía que estar blindada contra rayos, para evitar que los deshechos volvieran a entrar en la nave. La ironía era exquisita; si el disparo daba en el blanco, sus propias protecciones garantizarían su destrucción.
El subidón de adrenalina me mantuvo despierto durante el resto de la noche mientras cambiaba los planes de “suicidio y plegaria” a “señuelo y plegaria”. Muchos hombres tendrían que morir para que uno de ellos tuviera éxito. Una persona sólo mide dos metros de alto, y conseguir un impacto directo en alguien mientras se sobrevolaba a velocidades subluz era algo casi inaudito. Ciertamente, una ráfaga de disparos incrementaría las probabilidades de un impacto, bien directamente o por el calor o la metralla que saliera despedida, pero el puerto de ventilación tenía escudos por todos lados y disparar ráfagas sólo causaría confusión e impediría una visión clara del objetivo. El atacante debía ser capaz de ver si su disparo había dado o no en el objetivo. Debíamos saberlo de inmediato para poder retirar de la zona las pocas fuerzas restantes que nos quedaran, antes de la explosión subsiguiente.
Entonces me di cuenta de lo importante que era la esperanza. Aquel Caballero Jedi sólo pudo matar al dragón porque lo intentó. La Alianza sólo podría derrotar a la Estrella de la Muerte si lo intentaba. La Alianza tenía una oportunidad.
Como he dicho antes, el disparo fue de los de uno entre mil millones, y sólo hubo una persona que resultó adecuada para ser la cabeza de lanza del ataque. Luke Skywalker. Después de todo, ¿quién se parece más a un caballero de otros tiempos que el aspirante a Jedi con un sable de luz? ¿Y quién mejor para matar a un dragón invulnerable que un caballero de otros tiempos?

Enojar al Señor Oscuro


Enojar al Señor Oscuro
Grant Boucher

El siguiente relato es de común conocimiento entre los oficiales imperiales. Se cuenta casi como una historia de fantasmas para advertir a los jóvenes oficiales de los riesgos de enojar al Imperio, y del alto precio de la ambición inapropiada. Si los hechos que se describen son ciertos o no, sigue siendo objeto de debate. Voren Na’al habló con varios oficiales imperiales que se han unido a la Alianza desde entonces, y todos sus relatos resultaron coincidir bastante. Esto en realidad no prueba nada, ya que todos escucharon la historia de la misma fuente. Pero por lo poco que sabemos de Darth Vader, no resulta difícil creer cualquier cosa sobre él, y es enteramente posible que la historia esté basada en la verdad, sin importar lo descabellada que pueda parecer.

Un alto y negro caballero de oscuridad permanecía de pie en la cubierta de mando de un gigantesco Destructor Estelar. Había dado órdenes de que se atenuaran las luces y de que todo el personal de mando abandonara el lugar durante las próximas horas. Lord Darth Vader a veces sentía la necesidad de estar solo, de “tocar el universo sin distracciones mortales”.
Pero el capitán de la nave decidió observar desde lejos, usando las cámaras de seguridad del propio Destructor Estelar para contemplar a su superior de facto. Estaba nervioso, pero estaba seguro de estar a salvo en el otro extremo de la gigantesca nave.
Ahora el visor principal estaba activo y la nave cruzaba lentamente las estrellas, esperando que los múltiples espías y esbirros de Vader trajeran noticias de la presa rebelde. No importaba de dónde procediera la llamada. El Señor Oscuro podría ordenar en cualquier momento que el destructor saltara al hiperespacio, si había la menor oportunidad de encontrar a los rebeldes que destruyeron la Estrella de la Muerte.
Una ligera corriente de aire agitó la capa que le llegaba hasta el suelo, y el Señor Oscuro de los Sith extendió los brazos hacia fuera, como si esperara alzarse en vuelo con los vientos. Poco le importaba que los “vientos” realmente emanaran de las unidades ambientales del suelo, a sus pies.
Vader alzó su brazo derecho y apretó el puño metálico.
-¡Encontraré a los compañeros de Obi-Wan, porque esa es la voluntad del Emperador y el Lado Oscuro!
Pasaron algunos instantes más y el estremecimiento que se había sentido antes por la nave se desvaneció. El Señor Oscuro enderezó los hombros y su respiración se volvió lenta y deliberada.
-Sí, pronto la brillante llama de la rebelión se verá extinguida. Nadie debe subestimar los poderes de la Fuerza.
El capitán se recostó en su asiento y comenzó a reírse.
-¡Estúpido idealista! Una máscara aterradora y las maneras de un hechicero no son forma de conseguir hacer el trabajo.
Vader se estremeció, escuchando algún sonido inaudible. Alzó la mano derecha en el aire, abierta como una garra que esperase a su presa.
El comandante observó ansiosamente.
-¿Qué está haciendo ahora el Señor de la Muerte y las Sombras? –se preguntó.
-Capitán –dijo la profundamente omnisciente voz desde el interior del casco negro-. Estoy a punto de otorgarle un privilegio excepcional.
El capitán saltó de su asiento, dándose cuenta de pronto de que, de algún modo, de alguna forma, Vader había escuchado sus comentarios.
-Está a punto de experimentar los poderes de la Fuerza –anunció con confianza el caballero negro. La mano abierta, enfundada en un guante negro, comenzó a cerrarse, y el capitán sintió cómo se colapsaban los músculos de su cuello.
Mientras su víctima caía al suelo, el brazo del Señor Oscuro caía con él. Continuó observando la negrura del espacio, sin ser molestado esta vez por ninguna compañía mortal.