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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Comando de la República: Probabilidades (y VI)


Punto de encuentro, espacio Drall, 462 días después de Geonosis

-Está bien, ¿cuál es su evaluación? -Skirata estaba preparando el enlace seguro con el General Zey, en el cuartel general-. ¿Qué vamos a decir?
Ordo se encogió de hombros.
-Nada sobre la holograbación... todavía.
-Sin embargo, estaríamos faltando a nuestro deber si no le aconsejamos que cambie de táctica -dijo Mereel-. Una vez más.
-Sabes que no es decisión suya.
-Pero aún así es nuestro deber.
Skirata frunció el ceño y abrió el enlace seguro. El general Jedi parecía haber sido pillado por sorpresa: la holoimagen le mostraba en camiseta interior, con el pelo despeinado.
-Otra confirmación de las cifras de producción de droides, General -dijo Skirata-. Como hasta ahora. Peor escenario, tal vez unos cientos de millones en estos momentos.
-Mucho mejor de lo que pensábamos. Necesitaba alguna buena noticia. ¿Neutralizados con éxito?
-Mis muchachos son totalmente fiables.
-Lo sé.
-Creemos que... mire, está bastante claro por lo que estamos viendo que nos estamos enfrentando a pequeños conflictos en oleadas. Si concentrásemos todas nuestras fuerzas en dominar por completo un sector cada vez, en lugar de dispersar nuestras tropas a través de miles de frentes, podríamos vencer a los sepas mucho más rápido.
Zey se mordió el labio.
-Le escucho.
-Una gran ofensiva. Consolidar nuestras fuerzas y atacarles duro, luego movernos cuando estén aplastados y atacar el siguiente sector. Este enfoque poco sistemático es sólo extinguir los incendios temporalmente.
Mereel esperó la reacción de Zey. El Jedi parecía cansado. Era difícil encontrar a alguien en el Gran Ejército que no pareciera necesitar dormir durante una semana.
Zey bajó la voz hasta casi un susurro.
-Estoy de acuerdo, militarmente. El General Windu recuerda al Canciller esta propuesta siempre que puede. La respuesta es siempre la misma. Palpatine cree que eso sería visto como un uso de fuerza excesiva y podría molestar a los mundos neutrales.
Mereel no tenía paciencia con la política.
-Dígale que en este momento nosotros también nos sentimos bastante molestos.
-Entiendo su frustración, Teniente.
-¿Qué es lo que dice acerca del número de droides, entonces?
Zey se encogió de hombros.
-Él cree que restar importancia a la amenaza podría ser temerario.
-Siempre es más fácil hacer que los votantes paguen la factura de una guerra si piensan que el enemigo está a punto de invadir, ¿eh? ¿Es por eso que Intel de la República se inventó la cifra de los miles de billones?
-Es usted un cínico, sargento.
-Si. He sido un merc durante demasiado tiempo.
-Tampoco he dicho que no tenga razón.
-Está bien, general -dijo Skirata. Se las arregló para sonar irritado. Zey ya conocía el juego; los dos llevaban a cabo una conversación codificada, y ambos sabían lo que el otro realmente sentía. Mereel admiraba su pragmatismo-. No hemos encontrado el núcleo central de la producción de droides sepa. Supongo que quiere que sigamos buscando.
Zey sonaba cada día más viejo.
-El Canciller es de lo más insistente.
-Entendido, General.
Skirata cerró el enlace y miró a través de Mereel por un momento. Luego volvió a enfocar su mirada en él.
-Palpatine no quiere hablar de los números reales. Parece que la producción de clones en Kamino podría detenerse en seco en un par de años. Yo diría que el objetivo de esta guerra no es el que se nos ha dicho que es.
-Suena como si esperases que los políticos dijeran la verdad, Kal'buir.
-No, no estoy tan senil todavía. -Skirata hizo un gesto a Ordo para que le pasase la tableta de datos, haciendo señas con los dedos-. Vamos a adelantar un poco el plan, muchachos. Voy a marcar una fecha en mi calendario aproximadamente dos años a partir de ahora, y vamos a asegurarnos de que estaremos preparados para cuidar de nosotros mismos para entonces. ¿Entendido?
-Entendido -dijo Mereel. Skirata tenía lo que él llamaba una estrategia de salida: su plan para el fin de la guerra, no sólo para él, sino para los Nulls... y tal vez para cualquier clon que se encontrase sin trabajo-. Está bien, todo el mundo busca ahora a Ko Sai.
-¿Qué pasa con Grievous?
Ordo entregó el cuaderno de datos a Skirata.
-La última vez que Kom'rk le localizó fue información filtrada. Alguien quiere que lo encontremos. Hasta que averigüemos quién y por qué, mantendremos cierta distancia.
-Me parece bien -dijo Mereel.
Las guerras a menudo no tenían sentido. Había leído mucha historia, y había absorbido las lecciones de Kal'buir; a menudo los políticos tomaban decisiones que desafiaban el asesoramiento militar profesional. Fuera lo que fuese lo que la República estaba haciendo, una larga guerra de escaramuzas se adecuaba al propósito de Palpatine.
Pero no se adecuaba a Mereel. Y tampoco hacía que el creciente número de bajas clon fuera más llevadero. No sentía culpa alguna al usar los créditos de los contribuyentes para obtener el mejor resultado para él y sus hermanos, tanto en el campo de batalla actual como en los venideros.
Tres millones contra... ¿cuántos? Cientos de millones. Eran malas probabilidades, pero no eran imposibles, no con los Nulls y unos cuantos miles de comandos por ahí. Pero la elaboración de probabilidades significaba tener claro quién era el enemigo, y cuanto más aprendía Mereel, más inseguro estaba.
-Anímate -dijo Prudii-. Las tasas promedio de mortalidad están subiendo todo el tiempo. Creo que podemos apuntar a un mínimo de doscientos a uno. -Tomó de su mochila un trozo de metal del tamaño de una mano y lo sostuvo en alto con una sonrisa. Luego lo golpeó con fuerza en el borde de la consola. Se fracturó, rompiéndose en pedazos-. Estos hojalatas simplemente no pueden soportar el esfuerzo como nosotros.
No, no eran probabilidades imposibles. Malas, tal vez, pero no imposibles. Mereel se sentó en el asiento del copiloto, sacó su cuaderno de datos, y comenzó a navegar a través de los datos ocultos de la maestra clonadora de Kamino. Ko Sai tenía toda una galaxia en la que esconderse, pero se escondía de unos hombres a los que ella había diseñados personalmente para que fueran los mejores.
Las probabilidades no la favorecían.

Comando de la República: Probabilidades (V)


Punto de encuentro, espacio Drall, sector corelliano, 462 días después de Geonosis

Prudii obviamente no había visto a Skirata en mucho tiempo. Atin observaba, fascinado, mientras se convertía en un instante de cínico simplista a hijo adorador, abrazando a Skirata con un choque de placas de armadura. Dio un paso atrás, y Skirata le acarició la mejilla, con una sonrisa indulgente extendiéndose por su rostro.
-Tengo algunos datos interesantes para ti, Kal'buir. -Las dos naves colgaban unidas entre sí por un tubo de acoplamiento, lejos del escrutinio tanto de la República como de los Separatistas. Se reunieron en la bahía de tripulación de la más pequeña NIT. Cabían muy apretados-. Todavía seguimos sin encontrar la cantidad de droides que afirma Intel. Tenemos que reevaluar la naturaleza de la amenaza sepa.
Atin pensó que Prudii se refería sólo a los números. Ahora era obvio que el número de droides era equivocado como mínimo. Atin habría sido feliz de atribuirlo simplemente a que la Inteligencia de la República estaba siendo di'kute -nadie con dos dedos de frente esperaba que intel fuera exacta, de todos modos- pero eso parecía molestar en gran medida a los tres Nulls. Ordo y Mereel, con los cascos apilados uno junto al otro en la cubierta como dos cabezas decapitadas, llevaban el mismo ceño fruncido de preocupación.
-Vamos, se supone que esto es una buena noticia -dijo Atin.
Ordo se encogió de hombros.
-Depende de donde haya salido la estimación original.
-Pero, ¿y si resulta ser cierto?
Mereel parecía ligeramente exasperado.
-Si tuvieran siquiera mil billones de droides, o una décima parte de eso, todos lo sabríamos... ya que los habrían usado, y habrían invadido Coruscant. -Echó un vistazo a Skirata, como esperando permiso para seguir adelante. Skirata hizo un gesto con la cabeza-. En cualquier caso, una fábrica que procesase más droides que eso necesitaría un montón de duracero y piezas, y habríamos detectado el tráfico. No estamos viendo envíos de miles de billones de toneladas de mineral, metal o componentes.
-Entonces es sólo propaganda sepa. Todo el mundo exagera la fortaleza de sus tropas.
Atin simplemente no entendía por qué eso importaba. Ahora tenían un mejor conocimiento del número de droides sepas, y una buena estrategia, por el momento, para asegurarse de que esos millones equivalieran a un número mucho menor en el campo de batalla. Se acomodó en un hueco en el mamparo de babor e insertó sus sondas de prueba en los terminales de la tarjeta. Sólo quería ver los datos por él mismo, o al menos tratar de entenderlos.
-Estamos apagando pequeños fuegos cada vez, en todas partes -dijo Skirata-. Zey podría pensar que estas cifras son una buena noticia, pero es como decir que nos estamos ahogando en tres metros de agua en vez de en cien.
Atin no había sido criado por Skirata al igual que el resto del Escuadrón Omega, pero ahora conocía al hombre lo suficiente para leer sus reacciones. Era completamente transparente con los clones; no parecía ser capaz de engañarles, o incluso de desear hacerlo.
-Hay algo que no me está diciendo, Sarge.
Skirata puso su comunicador en espera.
-Si, hijo, hay algo.
-¿Se trata de Grievous, entonces? Porque si es así...
-Es una complicada cuestión de política. -Skirata (asesino a sueldo, ladrón consumado, un hombre que desviaba recursos de la República cuando le daba la gana) nunca les mentiría a sus muchachos. Se lo había prometido-. Si supieras algo al respecto, podría causarte peligrosos problemas.
Atin se preguntó qué podría ser más peligroso que ser un comando de la República. No era exactamente un trabajo de escritorio estable. Pero confiaba completamente en Skirata, aunque su curiosidad lo estuviera devorando.
-Está bien, sargento. ¿Cuáles son sus órdenes?
-Vuelve al cuartel general con el piloto de la NIT y haz un poco de transferencia de competencias. Enseñar al resto de los muchachos cómo hacer buenos droides desmenuzables.
Ordo le interrumpió.
-Y dale las gracias a Besany Wennen de mi parte, ¿quieres?
Atin se dio cuenta de que Prudii no iba a volver con él.
-Me estáis diciendo que me pierda, ¿no es así?
-Por tu propio bien -dijo Skirata.
Tenía que ser Grievous. Por un momento Atin se preguntó si no creían que fuera lo suficientemente bueno para ir tras el general separatista con ellos, y luego empezó a preocuparse por Skirata. Incluso con un montón de Nulls, el viejo di'kut estaría loco si trataba de encargarse de él. Y Atin no tenía ninguna intención de alejarse si eso estaba en el orden del día.
-Permiso para hacer una pregunta directa, Sarge.
-No me pongas en un aprieto, At'ika.
-¿Vais a ir tras Grievous? Por que si es así, no voy a irme.
-No, no vamos tras Grievous.
Atin estudió su rostro.
-Está bien, Sarge. Tenga cuidado, de todos modos. Sea lo que sea.
Cruzo de nuevo la escotilla para reunirse con el piloto de la NIT. La mayoría de las veces, en realidad no necesitaba, ni siquiera quería, saber qué pretendían los Nulls. Ni Skirata, para el caso. Simplemente no quería perder ningún hermano más.
E incluso si supiera lo que estaba pasando, eso no cambiaría su trabajo en lo más mínimo.

Comando de la República: Probabilidades (IV)


Lanzadera de operaciones especiales de la República, sin codificar, en ruta desde Kamino hacia el punto de encuentro de Drall, espacio corelliano, 461 días después de  Geonosis

Mereel cruzó de un salto la escotilla hacia la cubierta de la tripulación, y Skirata le dio un golpecito juguetón en la oreja con la palma de la mano.
-No vuelvas a hacer eso -dijo Skirata-. Si esos monstruos grises te hubieran atrapado, te habrían reacondicionado.
-Puede que lo hubieran intentado. -Mereel vio como Ordo entrecerraba los ojos en señal de desaprobación: Kal'buir no debía ser angustiado, nunca-. De todas formas, esto bien podría valer la pena.
A salvo de ser detectados incluso por la República, estaban sentados en la cabina de tripulación de la lanzadera carente de marcas y estudiaban minuciosamente los datos que había recuperado Mereel mientras esperaban que Atin y Prudii acudieran a la cita. Vieron los archivos reproduciéndose en la tableta de datos de Ordo como si fueran los últimos holovídeos, mientras que el software del Tesoro de la tan servicial Agente Wennen marcaba los archivos más fuertemente cifrados y los que habían sido objeto de eliminación segura.
Mereel casi estaba bromeando cuando tecleó el parámetro de búsqueda "Palpatine". Siempre valía la pena ver si había datos sobre políticos clave en todos los archivos que pirateaba, por si acaso, pero no esperaba encontrar nada.
Pero lo consiguió.
-Osik -maldijo.
-¿Algún problema? -Ordo le dio un codazo.
-Tal vez. -Mereel se quedó mirando un archivo con triple encriptación que había sido revelado por el software del Tesoro. Pero no era un mensaje o un archivo de datos, sino que era una copia de una holotransmisión.
Golpeó la tecla. Era un holo congelado de Lama Su. Fierfek, era el primer ministro kaminoano, y parecía estar hablando con el Canciller Palpatine.
Skirata tragó saliva audiblemente.
-Ahora es cuando la vida se vuelve un poco peligrosa.
Pero miraba, paralizado, cuando la brillante imagen azul de Lama Su saltó a la vida desde el emisor de la tableta de datos.
-Si necesita más clones más allá de la orden actual, entonces debe autorizarnos inmediatamente a comenzar una producción mayor. Un pago inicial de mil millones de créditos...
Hubo una pausa crepitante: la respuesta de Palpatine no estaba grabada, pero estaba claro que le había interrumpido. Lama Su meneó la cabeza mostrando molestia.
-Hay que dejar claro que los actuales contratos de Kamino terminan en dos años. Aparte de las instalaciones especiales que nos pide que establezcamos en Coruscant, Canciller, no tendrá más producción de clones aparte de los actuales tres millones a menos que contrate más ahora...
No había nada más. Parecía ser todo lo que Lama Su había archivado, probablemente como una especie de seguro personal. Si la fecha era correcta, la conversación había tenido lugar unos meses antes.
-Shab -siseó Skirata-. ¿A qué están jugando?
Ordo se llevó lentamente la mano a la boca. Mereel, que pensaba que lo había visto todo, revisó completamente su comprensión acerca de los subterfugios políticos.
-¿De modo que la República está a punto de la quiebra y no paga sus facturas? -preguntó Ordo-. ¿O estamos viendo algo más?
-¿Instalaciones de clonación en Coruscant? El General Zey nunca mencionó eso.
-Tal vez él no lo sepa. Hay mucho que Zey no sabe, después de todo... mucho sobre nosotros, para empezar.
-¿Cómo va a lograr eso el Canciller?
Skirata les interrumpió.
-Mira a ver qué más puedes encontrar. -Había comenzado a mascar raíz ruik de nuevo y Mereel calibraba su ansiedad por la velocidad de su mandíbula. Ahora iba como una máquina-. No me gusta esto en absoluto.
-Si este es todo el ejército que tenemos para el futuro previsible -dijo Ordo-, entonces seremos superados en dos años.
-A menos que el eliminador de droides patentado de Prudii salve el día -dijo Mereel, con el estómago revuelto.
¿Por qué no descubrí esto antes?
Todos los Nulls eran expertos espías, acostumbrados a saber más que el propio Senado acerca del funcionamiento interno de la República. Mereel podía averiguar incluso los detalles más pequeños y más privados si lo necesitaba, tal vez incluso cuántas veces Palpatine usaba las unidades sanitarias cada día. Pensaba que ninguna información se le escapaba. De modo que verse sorprendido por una información totalmente inesperada le dejó inquieto y avergonzado.
-¿Cómo he podido pasar esto por alto, Kal'buir? -dijo, sintiendo que lo había defraudado.
-No lo has hecho, hijo -dijo Skirata-. Lo has encontrado.

Comando de la República: Probabilidades (III)


Carguero de operaciones especiales de la República NIT Z766/2, portal Cato Neimoidia, Ruta Hydiana, 461 días después de Geonosis

-Esto no estaba en las órdenes de operaciones -dijo Atin-. Se suponía que íbamos a sabotear la fábrica y volver a la base.
Prudii había ordenado que la nave de interceptación de tráfico se dirigiera al espacio neimoidiano. El piloto no parecía preocupado. Los pilotos de NIT nunca lo parecían.
-Lo sé -dijo Prudii-. Pero esto tiene que ver con la presentación.
-Ni siquiera esta NIT puede detener un transporte blindado.
-Pareces asustado, ner vod. Mírame. Si casco. ¿Acaso me arriesgaría sin mi traje sellado?
Atin consideró la posibilidad de mostrarle a Prudii por las malas dónde podía meterse su evaluación de personalidad.
-Sin embargo, me parece razonable preguntar por qué está presentando un blanco fácil para los Sepas, sólo para acabar con unos pocos miles de droides que de todos modos probablemente sean de un lote saboteado. -Hizo una pausa para respirar-. Teniente.
-No hay necesidad de andar con ceremonias conmigo, vod'ika. -Prudii se encogió de hombros-. Todos somos hermanos. Incluso esos tarugos sin imaginación de los Alpha, que la Fuerza los bendiga. ¿Por qué estoy haciendo esto? Énfasis, ner vod. Énfasis.
Un punto pequeño y brillante se hizo más grande en el visor y se convirtió en un transporte amarillo y gris con barras horizontales de color escarlata. Prudii dejó que se mantuviera a un millar de metros detrás de la NIT.
-Preparad torpedos -dijo.
El piloto tecleó en la consola.
-Torpedos listos.
-Preparado...
El transporte estaba acelerando lentamente hacia el punto de salto.
-Listo...
Estaba calculando el radio de explosión. Atin podía verlo.
-Fuego, fuego, fuego.
-Torpedos fuera.
Un ramillete de seis torpedos de protones surgió de los tubos ocultos bajo el motor de la nave. La NIT se estremeció. Atin se recordó a sí mismo que su armadura Katarn y su traje corporal podían mantenerle durante 20 minutos en el espacio, y luego se dio cuenta de que la ayuda estaría a mucho más de 20 minutos de distancia si algo salía mal. Siempre lo estaba... ¿por qué molestarse? Pero Prudii no tenía su casco. O estaba muy seguro o estaba loco, y siendo un Null probablemente se cumplían ambas cosas.
El primer y segundo proyectil golpearon en secuencia en el costado de estribor del transporte con un resplandor de luz dorada. Atin no vio cómo golpeó el resto porque la NIT aceleró de inmóvil a demasiado rápido en cuestión de segundos, en dirección al punto de salto. Definitivamente fue enfático.
Las estrellas se alargaron y convirtieron en rayas que se extendían ante ellos cuando la NIT saltó al hiperespacio y dejó atrás el transporte atacado. Prudii ni siquiera esperaba confirmar su destrucción. Sonreía mientras la aceleración se estabilizaba y la NIT quedaba estable de nuevo. El piloto bostezó. Atin no dijo nada.
-Vas a decirme lo or'dinii que soy al intentar ese truco, ¿verdad, ner vod? -preguntó Prudii.
-Una bravuconada sin sentido. -Si se ofendía, Atin estaba dispuesto a pegarse con él-. Imprudente, incluso.
-Pero eso es lo que el GER haría si se encontrase con un transporte de droides y no supiera que muchos de los hojalatas eran prácticamente inútiles, ¿no es así? –Parecía como si Prudii considerase al Gran Ejército como algo separado y externo-. No me he jugado los shebs por media galaxia el año pasado para que los sepas puedan averiguar que sus hojalatas ya han sido saboteados. Así que vale la pena el riesgo de hacer que todo parezca real. Si no los volamos por los aires siempre que tengamos la oportunidad, se preguntarán por qué.
Atin trataba con las cosas medibles y sólidas, cosas que podía desmontar para averiguar cómo funcionaban, y cosas que podía construir. Estaba entrenado en camuflaje y fintas de ataque. Pero el mundo en el que se movían los Nulls, el ámbito de las operaciones encubiertas, era una bruma nebulosa de engaño y contra-engaño. Justo cuando pensaba que le había pillado el tranquillo, harían algo que era obvio en retrospectiva, pero que no se le había ocurrido en ese momento.
-¿Cree que son tan inteligentes?
-Nunca subestimo al enemigo -dijo Prudii-. Sobre todo cuando no estoy seguro de quién es el enemigo. –Dio unos golpecitos al piloto en el hombro-. Punto de reunión de Drall, buen hombre, y que sea rápido.
-Ustedes los Nulls son mis chicos favoritos -dijo el piloto, y volvió a bostezar-. Nunca hay un momento aburrido.

martes, 18 de septiembre de 2012

Comando de la República: Probabilidades (II)


Ciudad Tipoca, Kamino, 461 días después de Geonosis

Ko Sai era un hueso duro de roer, retorcida y calculadora.
Mereel –el soldado CAR N-7- siempre había pensado que los kaminoanos eran fríos, arrogantes, xenófobos, e incluso adecuados para hacer barbacoas con ellos, pero nunca los había visto como seres intrigantes... no hasta que comenzó la caza de su científico jefe desaparecida, al menos. Ella no había muerto en la Batalla de Kamino, como todo el mundo pensaba. Ella había desertado.
¿Por qué? ¿Qué le motiva? ¿La riqueza? La política no, eso está claro.
Él sabía que ella todavía estaba viva, porque ahora estaba huyendo de sus pagadores separatistas. En las cantinas de Tatooine, había oído rumores de una recompensa. Y cuando sólo podías comerciar con tu excepcional habilidad en la clonación, en una galaxia donde la clonación no militar estaba ahora prohibida, tus intentos de conseguir créditos eran difíciles de ocultar a los que sabían dónde buscar.
Los mundos de Khomm y Arkania habían sufrido realmente por esa prohibición. Mereel sabía exactamente dónde buscar.
Se puso de pie en posición de firmes entre las filas de soldados en las instalaciones de entrenamiento de Tipoca, un clon bueno y obediente en cuanto a los kaminoanos se refería. Un producto perfecto. Pero sus sistemas de identificación no eran tan infalible como le habían dicho a la República. Desde luego, no habían detectado su código transpondedor de identificación falso. El pequeño chip pasaba cíclicamente a través de identificadores generados aleatoriamente y, sin su kama distintivo ni su armadura adornada de azul, podría desaparecer justo en frente de los kaminiise. Ni siquiera los pilotos de los KE-8 que patrullaban en busca de clones defectuosos podrían detectarle.
Creéis que sois infalibles, ¿verdad, cebo de aiwha?
Uno de los técnicos kaminoanos caminó a lo largo de la fila de soldados y se detuvo frente a él, parpadeando, con su piel gris, y su frágil y largo cuello tentador para un hombre entrenado para matar. Mereel, congelado en posición de firmes, fantaseaba: ¿bláster, vibrocuchilla o garrote? Estas odiosas cosas habían querido exterminarle cuando era un niño, y nunca lo olvidaría. Él y sus cinco hermanos habían sido un experimento de clonación que los kaminoanos habían considerado un fracaso: pero Kal Skirata les había salvado.
Habría tiempo para la venganza más tarde. Kal'buir le había enseñado a tener paciencia.
La paciencia es un lujo. Estoy envejeciendo el doble de rápido que un hombre común.
Tenía que pasar por Ciudad Tipoca y tomar algunos datos sin que le detectasen. El kaminoano siguió adelante. Mereel saboreó el conocimiento de que él sabía más que los kaminoanos sobre el paradero de la científico jefe Ko Sai, y ellos se habían esforzado mucho, mucho, en su búsqueda.
Vais a devolvernos nuestras vidas, gihaal, a mí y a todos mis hermanos. Mereel incluía a los Comandos de la República, a las pobres latas de carne usadas como carne de cañón que le rodeaban, e incluso a los CARs Alpha, que habían estado dispuestos a matar a niños clon para impedir que los Sepas los utilizaran. An vode. Todos ellos son mis hermanos. Incluso los Alphas.
A medida que los soldados iban saliendo, se deslizó a la parte posterior de una fila de hombres para cubrir su avance hacia el núcleo de administración del edificio. Uno le miró, con un levísimo movimiento de cabeza que traicionaba lo que estaba ocurriendo bajo el casco. El hombre era probablemente muy consciente de que Mereel era un extraño, por las pequeñas diferencias reveladoras en la marcha o el rumbo, pero no dijo nada. Ningún clon podría ser un riesgo de seguridad.
Sólo voy a tomar prestada un poco de información, ner vod. Ni siquiera voy a sabotear esta cloaca de ciudad. No me prestes atención.
Cuando la formación pasó por un pasillo que se desviaba 90 grados, Mereel giró a la izquierda y caminó tranquilamente hasta el final del pasaje. El monitor del visor de su casco mostró los planos de la planta y otros datos ante sus ojos. Les echó un vistazo y luego miró a través de ellos para centrarse en la terminal de sistemas que había en la pared. Desde el ataque separatista en Tipoca hacía poco más de un año estándar, la seguridad se ha reforzado, pero eso era sólo para sepas y sus droides. Aficionados y hojalatas. Nadie podía contener a un CAR Null motivado.
-Mer'ika -dijo la voz en su casco. Sonaba suave y preocupada: Skirata rara vez les levantaba la voz-. No tientes a la suerte. Te quiero de regreso de una sola pieza.
-Te escucho, Kal'buir. -Mereel deslizó el cabezal de acoplamiento de la placa de su antebrazo en uno de los puertos de la terminal. Un par de soldados miraron en su dirección desde el final del pasillo, pero no se apresuró. Sólo estoy calibrando mi traje-. Puede que no tenga otra oportunidad de volver aquí. Estoy tomando todo lo que puedo.
Junto con el código de salida legítimo que solicitaba datos de la computadora central de Tipoca, una segunda capa oculta se abrió camino para acceder a la raíz de todo el sistema sin ser detectado. Mereel tenía ahora claves de encriptación y de recuperación del departamento del Tesoro de la República, cortesía de una atenta agente del Tesoro llamada Besany Wennen, y eran los más avanzados disponible. Ahora podía leer no sólo los datos del Tesoro, sino también encontrar archivos cifrados entre Tipoca y la República que hubieran estado ocultos a sus sondeos anteriores. También podría ser capaz de recuperar los datos que Ko Sai había robado y eliminado.
Quería sus cruciales investigaciones sobre el control del proceso de envejecimiento en los seres humanos. Puede que funcione en ambos sentidos, decían. Eso significaba que valía una fortuna. Trataría de venderlo.
El árbol de archivos apareció en su visor, un campo de símbolos parpadeantes de color ámbar y azul formando un tejido llamativo. En Kamino, lo que a los humanos les parecía una pared de color blanco puro, era en realidad un derroche de color más allá de su alcance visual. Sólo en los sistemas digitales de los kaminoanos Mereel podía vislumbrar a veces el modo en que su visión heptacromática veía el mundo.
Un montón de azul y naranja y morado. Hortera. Sin gusto.
Si copiaba sólo los archivos que sabía que necesitaba, apenas tardaría unos segundos.
Puede que nunca tengas la oportunidad de volver.
El marco principal contenía 10 petabytes de datos. Tardaría minutos.
Sonido de botas pasaba ruidosamente junto a él. Mereel se concentró en parecer un soldado normal haciendo el mantenimiento de sistemas de su armadura, pero era difícil de estirar un procedimiento de 30 segundos. Podía oír su respiración áspera en su casco. Al igual que Skirata y su hermano Ordo, esperando en órbita para recogerle.
-¿Estás bien, hijo?
-Bien, Kal'buir.
-Nada de heroicidades -dijo la voz de Ordo-. Sal ahora mismo.
Mereel miró el icono de su visor: aún de color ámbar, aún descargando. Estaba forzando el asunto, es verdad. Pero había forzado su suerte mucho más por la República, y un montón de extraños y jetiise no significaban para él ni la mitad que el bienestar de sus hermanos. El icono de color ámbar parpadeó. Más botas resonaron más allá del final del pasaje.
Vamos... Vamos...
Estaba tardando demasiado.
Su visión periférica, aumentada por los sistemas de su casco, vio al kaminoano que se detenía y se giraba acercándose a él. Fierfek. Justo lo que necesitábamos.
Era un macho con cresta. Se paró frente a él, fingiendo preocupación. Sabía que sólo lo veía como una mercancía.
-Ha estado descargando más tiempo que la media, soldado.
-Sólo quería asegurarme, señor. -Mereel oyó un leve chasquido en su canal de audio: Skirata estaba nervioso-. Los tiempos de respuesta de datos van lentos en mi visor.
-Entonces, diríjase por favor a Adquisiciones y que le ejecuten un diagnóstico.
-¡Sí, señor! -No cuentes con ello, cebo de aiwha. El icono en su visor cambió a verde-. ¡Ahora mismo, señor!
Mereel retiró el cabezal de acoplamiento y regresó por el pasillo en la dirección general de Adquisiciones. En el momento en que el kaminoano se perdió de vista, se dejó caer de nuevo en el océano de cuerpos con armaduras blancas y se abrió camino por los amplios corredores y pasillos hasta el laberinto de pasadizos de servicio que llevaba a las plataformas de aterrizaje menos conocidas.
Mereel conocía cada metro del complejo. Skirata había alentado a los Nulls para que corrieran libremente cuando eran niños, para gran disgusto de los kaminoanos. Miró hacia el cielo cubierto de nubes y la lluvia golpeó su visor como si fuera metralla.
-Listo, Kal'buir –dijo-. Sacadme de este dar'yaim.

Comando de la República: Probabilidades (I)

Comando de la República: Probabilidades
Karen Traviss

Todo el mundo sabe que intel es casi tan fiable como una bola quay weequay. Pero eso no quiere decir que no tenga sus usos. A veces las mentiras y los mitos son los que te indican todo lo que necesitas saber.
-Sargento Kal Skirata, instructor de comandos, Brigada de Operaciones Especiales, Gran Ejército de la República


Fábrica de droides separatista, Olanet, sistema Siskeen, 460 días después de la Batalla de Geonosis
(De 65 a 67 días después de los acontecimientos de la novela Star Wars Comando de la República: Triple Cero)

A Atin le gustaba una gran y satisfactoria explosión como al que más. Pero había mejores formas de poner droides fuera de combate que convertirlos en metralla. Sólo que esta vez no estaba de acuerdo con los detalles técnicos.
-Ordo me dijo que te gustaba discutir -dijo Prudii.
Atin se encrespó. Pero viniendo de Ordo, eso bien podría haber sido un cumplido.
-Yo sólo quiero hacer las cosas bien.
Atin recorrió la pasarela sobre el suelo de la fundición, tanteando la barandilla de metal cubierta de moho en busca de una sección sólida que aguantase el peso de una cuerda de rappel con un Comando de la República totalmente equipado en el extremo. La única iluminación era el resplandor de las láminas de duracero al rojo vivo que alimentaban los rodillos; los droides no necesitaban luz para ver. El filtro de visión nocturna de su visor se había activado en el momento en que él y Prudii entraron en la fábrica.
Era un objetivo de alto valor. Se decía que la fábrica era una de las más grandes fuera de Geonosis. Una vez más, Intel parecía haber perdido algo en la traducción.
Atin encontró lo que parecía una sección sólida de barandilla y comprobó la integridad del metal con el sensor de su guante. Copos de metal corroído cayeron al suelo de la pasarela, y él los apartó con cuidado a un hueco para ocultar cualquier señal de su entrada.
-Un cinco por ciento adicional de carvanio servirá. -Prudii, el soldado CAR Null N-5, sacó su caja de herramientas de la correa-. Confía en mí. He hecho esto muchas veces.
-Lo sé.
-¿Y? ¿Funcionó? Funcionó.
-Bueno, yo no soy un metalúrgico.
Prudii miró por encima de la barandilla mientras revisaba su línea de rappel.
-Ni yo, pero conocí a un tipo que lo era.
Atin no le preguntó acerca de su uso del tiempo pasado. Él era un asesino y un saboteador, y de los mejores en ambos campos. Hasta que Atin llegase a conocerlo tan bien como conocía a sus hermanos Null, Ordo y Mereel, pecaría de prudente. Los Nulls estaban tan locos como una caja de chags hapanos. Había sólo seis de ellos en el ejército, pero parecía como si fueran muchos más.
El Escuadrón Omega estaba de nuevo de vuelta en el cuartel por unos días. Atin echaba de menos al resto de su equipo, pero se había ofrecido voluntario para esta misión para aprender una técnica. Y aprender es lo que haría.
Yo puedo hacer esto. ¿Me gusta discutir? Me gustan las cosas bien hechas.
Prudii se dejó caer por la cuerda, con su kama agitándose en el aire mientras descendía en completo silencio... lo que no era poca cosa para un hombre de 85 kilos con su armadura completa. Atin tomó aire e hizo una pausa antes de descender tras él. Si un droide les detectase, la misión habría terminado. Tendrían que volar la fábrica... de nuevo. Y entonces los Sepas trasladarían la producción a otros lugares... de nuevo. Si podían conseguir que se fabricasen millones de hojalatas deficientes, mutilados a nivel molecular mediante un pequeño arreglo en la automatización, se ahorrarían muchas cacerías.
-No es nada personal -murmuró Atin, preguntándose qué pasaría en sus cabezas de metal con consciencia de sí mismos-. Sois vosotros o yo, vode.
-¿Qué? –la voz de Prudii llenó el casco de Atin.
-Sólo trato de no ser... organicista.
-No me vengas con ese rollo de osik de que los-droides-tienen-derechos.
-Ni se me ocurriría -dijo Atin.
Aterrizó junto al teniente Null, y bordearon la línea de montaje. En el suelo de la fábrica, a 20 metros bajo el nivel de la superficie, el ritmo de la producción totalmente automatizada continuaba sin interrupción. Sólo los droides trabajadores estaban presentes durante el turno de noche. Las hojas de duracero retumbaban entre los rodillos, eran capturadas por garras gigantes, y trasladadas a la siguiente línea de montaje para su corte. Al final de la cinta transportadora, una prensa con forma de concha daba forma al torso de los droides de combate con un molde antes de hacerlas pasar a través de cubas de refrigeración con silbidos de vapor. Todo el lugar olía a hollín y metal ardiendo.
Un droide de mantenimiento -sólo una caja sobre ruedas con una docena de brazos multifuncionales- pasó rodando junto a Atin y Prudii, tan ciego al perfil electromagnético de su armadura como lo eran todos los de su clase. De todas formas, Atin contuvo el aliento mientras pasaba. Pero ningún sonido escapaba de su casco sellado. Podría gritar hasta que a Prudii le estallase la cabeza, y nadie más oiría nada. El ruido ensordecedor de la línea de montaje habría ahogado cualquier sonido de todos modos.
-Ahí está. -Prudii señaló lo que parecía una hilera de armarios de gran tamaño en una pared del fondo. Sus bisagras estaban tan oxidadas como la pasarela-. Odio el óxido. ¿Es que nadie limpia la casa por aquí?
Atin abrió la tapa con cuidado. No, los Sepas no inspeccionaban los ajustes automatizados muy a menudo, siempre que el panel de estado informase de que todo estaba funcionando bien. En el interior, un conjunto de tarjetas de datos proporcionaba información de plantilla a las diferentes líneas de producción, dictando calibres de alambre, proporciones de aleación, calificaciones de componentes, y miles de parámetros más que eran necesarios para construir un droide de batalla. Atin y Prudii acababan de abrir el cerebro de toda la fábrica. Era hora de practicar un poco de cirugía.
-¿Cuántas veces ha hecho esto? -le preguntó Atin.
Prudii se lamió los dientes audiblemente e inclinó la cabeza, contando.
-Muchas -dijo al fin.
-¿Y no se han dado cuenta todavía?
-No, yo diría que no. -Prudii enganchó cables de derivación a los terminales por encima y por debajo de la ranura para aislarla-. Al menos nunca he activado el diferencial de seguridad. -Inspeccionó una tableta de datos de sustitución, aparentemente idéntica en todos los sentidos a las separatistas, y la insertó en la ranura-. Esto se asegurará de que la fundición añada demasiado carvanio al duracero, y que la toma de muestras del control de calidad lo lea como niveles normales. ¿Ves? -Señaló la lectura en el panel. Un grupo de cifras decía 0003-. Las máquinas creen lo que les dices. Igual que la gente.
-¿Está seguro de que es suficiente?
-Más cantidad y sería demasiado frágil para pasar por los rodillos. Entonces detectarían el problema antes de tiempo.
-Está bien...
Prudii tomó aliento. Era muy paciente para ser un Null.
-Mira, cuando estos chakaare lleguen al campo de batalla, la sobrepresión de una granada de iones básica agrietará sus carcasas como si fuera cristal de Naboo. –Retiró las pinzas de derivación y las enganchó a los terminales que flanqueaban una ranura vertical más arriba en el panel. Más tarjetas con pinchos sustituyeron a los chips originales-. Y en caso de que tengan suerte y detecten ese pequeño problema de control de calidad, éste reducirá el calibre del cable lo suficiente para que, cuando reciba una fuerte corriente, se parta. Me gusta introducir un conjunto diferente de problemas en cada fábrica, para que no puedan detectar un patrón. ¿Cuánto más de esto tengo que discutir contigo?
-Sólo quería asegurarme, señor.
-Olvida lo de señor. Lo odio.
Era un cálculo preciso: sólo lo suficiente para hacer que toda la producción de droides fuese tan vulnerable en el campo de batalla que casi fueran inútiles, pero no lo suficiente como para detectar el problema cuando las unidades eran revisadas antes de salir de la fábrica... revisadas por droides de servicio usando los mismos datos falsificados.
Prudii tenía que estar haciendo algo bien. La tasa de muertes había ascendido de 20-a-uno hasta 50-a-uno en cuestión de unos pocos meses. Los hojalatas todavía no habían vencido a la República, a pesar de las afirmaciones de que podían hacerlo. Mientras Prudii trabajaba, los droides de la fábrica le pasaban casi rozando, ajenos a todo. Se apartó de su camino y les dejó pasar.
-¿Es verdad que ha rastreado al General Grievous? -le preguntó Atin-. Porque sé que dos de ustedes se encargaron de darle caza...
-Yo no. Pregunta a Jaing. O a Kom'rk. Fue trabajo suyo, no mío.
Atin no les había conocido todavía.
-Si lo han encontrado, la guerra puede darse por terminada.
-¿Tú crees? Pues no parece haber terminado todavía.
Atin captó la indirecta y no preguntó por Grievous de nuevo. Se mantenía alerta, con el rifle DC-17 listo, deseoso de no usarlo, para variar. Era extraño ser invisible. Se preguntó por qué el Gran Ejército no usaba revestimiento de sigilo en todas las armaduras de los soldados, ya que la mayor parte de sus enfrentamientos en tierra eran contra droides.
Había muchas cosas que no cuadraban en esta guerra.
-Ya está -dijo Prudii, cerrando el panel suavemente. Dio un paso atrás para inspeccionarlo-. Nunca estuvimos aquí.
Treparon de nuevo a la pasarela usando sus cuerdas y salieron por donde habían venido. El exterior estaba oscuro como un agujero negro. Tenían una hora para llegar al punto de extracción y transmitir sus coordenadas al carguero totalmente modificado que les estaba esperando. En Olanet, eso significaba cruzar kilómetros de zonas de carga y descarga al servicio de la industria de la carne de nerf. Atin podía oír a los animales mugiendo, pero aún no había visto un nerf vivo.
-Este lugar apesta. -Prudii se instaló detrás de un camión repulsor en un patio lleno de centenares de camiones más y se puso en cuclillas a su sombra. El inofensivo pero nauseabundo hedor de estiércol y animales penetraba los filtros de su casco-. Cinco-siete, ¿me recibes?
-Con usted en diez, señor. Espere.
Prudii no hizo ningún comentario sobre el señor. Tomó las tarjetas de datos de su cinturón y les conectó una sonda, uno cada vez. A Atin le pareció una especie de alma gemela, un hombre que no dejaba que los objetos inanimados sacaran lo mejor de él, pero seguía siendo duro de roer.
-Shab, -murmuró Prudii. Sostuvo una de las tarjetas-. ¿Qué piensas de esto?
Atin la introdujo dentro de su propio lector de tarjetas y transmitió los datos extraídos a su HUD. La lectura era sólo cadenas de números, el tipo de datos que había que analizar con cuidado.
-¿Qué estoy mirando? Yo normalmente hago volar estas cosas por los aires. Nunca me he detenido a leerlas.
-Busca el código que empieza por cero-cero-cinco-alfa, el décimo desde la fila superior.
-Lo tengo.
-Ese es el total acumulado de unidades salidas de la línea de producción desde que la tarjeta se introdujo para iniciar el proceso de fabricación. Y la fecha.
Atin escaneó de izquierda a derecha, contando la línea de números e insertando puntos y comas imaginarios.
-Novecientos noventa y seis mil ciento veinticinco. En un año.
-Correcto.
-Tampoco es demasiado. -Atin comprobó que no se hubiera saltado ninguna fila de números-. No, sólo seis cifras.
-Cada fábrica que atacamos está produciendo números como esos. A juzgar por las cargas de materia prima que controlamos, hay todavía muchas más fábricas por ahí, pero creo que estamos hablando de unos cientos de millones de droides.
-Eso es tranquilizador. Gracias. Voy a dormir bien esta noche.
-Y deberías hacerlo, ner vod. -Prudii soltó el sello de su cuello, se retiró el casco y se pasó la palma del guante por la frente; a la débil luz del HUD, apareció brillante por el sudor. De alguna manera parecía más viejo que Mereel y Ordo-. Ellos dicen que están haciendo miles de billones de droides. -Hizo una pausa-. Eso son 15 ceros. Mil millones de millones, no unos pocos cientos. ¿Nos estamos perdiendo algo aquí?
Atin no se ofendió ante la explicación. Cualquier cantidad mayor de tres millones eran malas noticias para él: ese era el número de tropas clon desplegadas o criadas en Kamino.
-¿Ellos dicen? ¿Quién son ellos?
-Esa es una buena pregunta.
-De todos modos, sólo hace falta uno para matarte.
-Pero, ¿dónde están todos? He visitado alrededor de 47 planetas este último año. -Prudii lo hizo sonar como si fuera turismo. Atin tuvo una repentina visión de él admirando las atracciones para visitantes de los planetas sepas y luego volándolas en pedazos. El mango del rifle verpine que colgaba de su espalda estaba bastante gastado. Atin no tenía ni idea de a quién estaba cazando Prudii, y él era más feliz de esa manera-. He visto un montón, he contado muchos. Pero no miles de billones. Simplemente no parecen ser capaces de producir una cantidad cercana a esa.
-Pero por eso estamos luchando, ¿no es así? -Atin trató de no preocuparse por las noticias de la HoloRed y tomó el debate político como algo que no tenía importancia, porque con un androide o con un cuatrillón, serían él y sus hermanos quienes seguirían en la línea del frente-. Porque los sepas nos van a superar con sus ejércitos de droides si no los detenemos. ¿Entonces por qué no se tranquiliza a la población diciendo que la amenaza no es tan grande?
Prudii lo miró por un momento. Atin tuvo la sensación de que, de alguna manera, sentía lástima por él, y no estaba seguro de por qué.
-Porque sólo somos la gente como nosotros los que descubrimos esto cada vez que irrumpimos en una instalación sepa.
-¿Informa de ello?
-Por supuesto que lo informo. Siempre. Al general Zey. Mace Windu lo sabe. Todos lo saben.
-Entonces, ¿por qué las noticias del holodiario dicen miles de millones? ¿De dónde sale esa cifra?
-La escuché por primera vez de Inteligencia de la República.
-Bueno, entonces... -Intel era notoriamente variable en su calidad-. Se lo inventan sobre la marcha.
-Ni siquiera ellos son tan estúpidos.
Prudii se volvió a poner el casco y le tendió la mano a Atin para que le devolviera la tarjeta. No dijo mucho después de eso.
Millones o miles de billones. ¿Y qué? Atin, un hombre que gozaba con los números, miró a los 1,2 millones de soldados clon desplegados en ese momento, añadió los dos millones de hombres que seguían siendo criados y entrenados, y ni siquiera necesitó colocar una coma decimal para saber que no le gustaban las probabilidades.
Pero nunca le habían gustado. Y eso nunca le había impedido desafiarlas.
-¿Quiere que transmita estos datos al cuartel general? -preguntó.
-No -dijo Prudii-. No hasta que Kal'buir lo vea. Nunca hasta que lo vea.
Un buen hijo mandaloriano siempre obedecía a su padre. Los CARs Null no eran diferentes: obedecían órdenes del sargento Kal Skirata -Kal'buir, Papa Kal-, no de la República. Después de todo, un padre Mando ponía a sus hijos en primer lugar, y ellos confiaban en él.
Skirata siempre superaba en rango a todos... a capitanes, a generales... e incluso al Canciller Supremo.