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sábado, 30 de enero de 2021

Larga vida a la Alianza

Larga vida a la Alianza

Michael Stern

 

Para: Arhul Hextrophon

De: Voren Na’al

Asunto: Conclusión del informe Yavin

 

Un rayo de luz ha penetrado por el denso follaje vespertino sobre mi cabeza mientras estoy sentado aquí en el suelo del bosque, entre los cimbreantes árboles de Endor. Ilumina las sombras de la arboleda, y me permite ver el bosque por lo que es en realidad, un lugar de asombrosa belleza. En cierto modo, me recuerda a los héroes de Yavin. Han iluminado la oscuridad y las sombras de la galaxia, exponiendo brillantemente lo bueno que hay en ella.

Me estremezco al pensar lo que podría haber sido de la Alianza sin ellos. Me estremezco al pensar lo que podría haber sido de mí, de mi familia, mis amigos y de todas las personas que conozco.

Todo esto puede parecer una tremenda exageración viniendo de un hombre que ha pasado un largo periodo de tiempo siguiendo los pasos de esos grandes héroes, y puede que sea justo eso. Pero te aseguro que si hubieras pasado tanto tiempo haciéndolo como yo, te sentirías exactamente igual.

Les debemos mucho a estos extraños héroes. Han demostrado a la gente de la galaxia la clase de valor que es posible cuando te enfrentas al impresionante poder del Imperio. Y que hay una alternativa a limitarse a quedarse quieto mientras el mal comete atrocidad tras atrocidad. Han mostrado a la gente que es posible combatir al mal, pero aún más que eso, les han demostrado que es posible ganar.

La destrucción de la primera Estrella de la Muerte fue tapada con relativa facilidad por los propagandistas imperiales. Lo llamaron sabotaje, un violento ataque terrorista. Y la gente de la galaxia, en gran medida, los creyó. ¿Pero qué dirán ahora? Ahora que la principal flota imperial ha sido derrotada. Ahora que la nueva y mejorada Estrella de la Muerte, supuestamente “sin defectos”, ha sido destruida por esos mismos “terroristas”. Ahora que Darth Vader, el Señor Oscuro de los Sith, ha sido eliminado para siempre de la galaxia. Ahora que el mismísimo emperador, el ser vivo más poderoso de la galaxia, está muerto.

No hay nada que puedan decir. El Imperio ha perdido su guerra civil. Aunque mucho de su poder siga existiendo por toda la galaxia, y puede que tarde mucho tiempo en morir, su espíritu ha sido quebrado, y su arquitecto principal ya no está. Qué no daría por ver las reacciones de la gente a las noticias conforme se extiendan de sistema en sistema. Habrá algunos que lloren la defunción del emperador, y otros que teman la destrucción definitiva del Imperio. Pero sobre todo, creo que habrá júbilo. Una celebración a escala galáctica... un nuevo despertar, en el velatorio del frío y húmedo cadáver del Nuevo Orden.

Al alzar la vista ahora, un escuadrón de alas-X deja al pasar un deslumbrante espectáculo de fuegos artificiales, con estallidos y serpentinas de luz crepitante descendiendo sobre el bosque soñoliento. Los tambores ewok marcan atronadores el ritmo de la victoria, y por todas partes se oyen los sonidos de la celebración.

El Imperio ha muerto. Larga vida a la Nueva República.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Está oscuro

Está oscuro
Michael Stern

La criatura está sentada en silencio, escuchando los sonidos de la jungla que entran por la ventana abierta.
-Pronto –la jungla parece susurrar-. Pronto llegará, y entonces podrás descansar.
Viejo, es. Demasiado viejo para calcularlo. Como un poderoso río, los años han fluido, apartándolo de su planeta, su gente, su familia –sonríe ante un recuerdo repentino-, para finalmente depositarlo como un pedazo de naufragio en ese planeta.
Grandes y terribles cosas ha visto. El ascenso y la caída de imperios. El nacimiento y la destrucción de civilizaciones. La vida y la muerte de cientos –no, de miles- de seres. Ha amado. Ha odiado (aunque eso fue hace mucho tiempo). Ha matado. Ha sanado. Ha reído y ha llorado. Es suficiente –más que suficiente- para una vida. Su mente sigue siendo fuerte, pero su cuerpo falla. Está cansado más allá de lo imaginable.
Sólo queda una cosa más antes de que pueda dormir. El último y mejor de sus hijos regresa a él. Mantiene su promesa; eso es bueno. Un fuerte Jedi él será. Si tiene el valor.
Pero ve gran peligro para el muchacho; incluso su fuerza juvenil puede no ser suficiente contra el poder corrupto que se enfrentará a él.
La criatura suspira y menea la cabeza. Viejo y estúpido eres por preocuparte. Ya has acabado con esas cosas. Ahora es su historia.
Inclina la cabeza y mira al cielo. Un rayo de luz destella en la noche.
-Él viene –susurra la jungla-. Pronto podrás descansar.
La criatura sonríe.

La captura de Luke Skywalker


La captura de Luke Skywalker
Michael Stern

Esta es una historia que Luke Skywalker contó a Voren Na’al después de la Batalla de Endor. Na’al escuchó historias similares de las tropas imperiales capturadas, y aquí combina los diversos relatos en su diario de datos.

En las profundidades de los bosques de Endor, Luke abandonó el poblado ewok sin mirar atrás. Sabía que Leia, su recién descubierta hermana, encontraría algún modo de continuar con la lucha si él no regresaba. Sin embargo, sus pensamientos eran tan oscuros como el bosque que le envolvía. Los aullidos y los gritos de los depredadores de la jungla, a los que podía oír pero no ver, le recordaban lo que estaba a punto de afrontar. Iba a confrontar a Lord Darth Vader, su padre.
Luke había asegurado a su hermana que el espíritu de su padre, consumido desde hace tanto tiempo por el mal, podía ser alcanzado y traído de vuelta a la luz. Pero acechando en el fondo de su mente estaba el conocimiento de que incluso el gran Obi-Wan Kenobi había fracasado en la misma tarea.
Y Luke sabía que no habría segundas oportunidades. Redimiría a su padre, o moriría.
La tarea que le ocupaba en ese momento tampoco era muy agradable. Luke tenía que encontrar alguna fuerza imperial para rendirse a ellos; ellos le llevarían ante Vader.
¡Rendirse! La mera palabra le resultaba extraña. Durante seis años, como miembro de la Alianza Rebelde, había evitado morir o ser capturado a manos del Imperio. Ahora estaba planeando caminar directamente a su campamento con las manos en alto. Parecía una locura. Pero Luke sabía que era el único camino hasta su padre... si algún soldado de asalto excesivamente ansioso no le disparaba antes.
Caminando por el bosque, Luke vio que se aproximaba a un gran claro. Podían verse luces, y escuchó voces que procedían de allí. Desde el borde del claro, vio un enorme Transporte Acorazado Todo-Terreno; un caminante AT-AT.
Luke esbozó una sonrisa forzada. Los vehículos con aspecto de grandes animales parecían duros, pero conocía sus debilidades. Una granada de plasma en el lugar adecuado... meneó la cabeza, furioso consigo mismo.
-Tranquilidad –se dijo a sí mismo-. Este no es momento de luchar.
Cerró los ojos un instante y aclaró la mente. Respirando profundamente, caminó hacia el claro.
Un reflector de búsqueda en la torreta del caminante escaneaba lentamente el perímetro del claro. Cinco soldados de asalto estaban agrupados junto a su base, hablando. Se suponía que estaban de guardia, pero obviamente no estaban tomando demasiado en serio su trabajo. Después de todo, ¿qué había que temer?
-Esperad a mañana, chicos –pensó Luke-. Vais a llevaros una gran sorpresa.
Luke esperó a que la luz del reflector se acercara a él, y entonces avanzó con las manos en alto.
-Estoy desarmado –dijo con claridad-. Me rindo. Me llevaréis ante vuestro oficial al mando.
Por un instante, los soldados le miraron en aturdido silencio.
-Está desarmado –dijo el primero.
-Se rinde –añadió el segundo.
-Llevémosle ante nuestro oficial al mando –sugirió el tercer soldado de asalto.
Luke se relajó ligeramente. Como Ben Kenobi le había dicho una vez, “la Fuerza influye notablemente sobre las mentes débiles”. Y en toda la galaxia no había mentes más débiles que los soldados de asalto. Era fácil darse cuenta de cómo alguien dominado por el lado oscuro, alguien como Palpatine o... su padre, podría abusar de esa habilidad.
Todos los demás soldados asintieron mientras Luke se acercaba a ellos. Luke dejó que tomaran su sable de luz y le esposaran las manos.
-¿Qué es esta cosa? –preguntó el soldado que sostenía el arma Jedi de Luke.
-Es alguna clase de granada –respondió otro.
-Es un sable de luz –replicó un soldado con voz aburrida-. ¿Es que no sabéis nada de historia? Solían llevarla los guerreros místicos de la secta de fanáticos Jedi... hasta que Lord Vader acabó con ellos.
El primer soldado se detuvo y miró a sus camaradas.
-¿Eso significa que este tipo es uno de ellos? No parece lo bastante mayor.
El soldado aburrido comenzó a interesarse en el tema.
-Sí, ¿cómo conseguiste esta cosa, rebelde? ¿Y qué has venido a hacer aquí?
En ese momento llegaron junto al oficial al mando, en la sección de transporte del caminante. Los soldados se cuadraron y presentaron a Luke. Dijeron a su comandante que apareció deambulando por el bosque y se rindió. Le mostraron el sable de luz de Luke. El comandante Lesim miró intensamente a Luke durante unos instantes sin decir nada.
-¿Sabéis quién es? –dijo finalmente-. Es Luke Skywalker. He visto su cara en los archivos de inteligencia. Soldados, han realizado una captura realmente afortunada. Me nombrarán general por esto.
-¿Luke Skywalker? –dijo uno de los soldados-. ¿No es ese el tipo que...?
Luke sintió que los soldados de asalto se amilanaban ante él. Incluso con sus blásters apuntándole, seguían teniendo miedo en presencia del rebelde que había destruido la Estrella de la Muerte y había cruzado sus sables con Darth Vader. El Imperio había tratado de reprimir las historias acerca de cualquier rebelde particularmente famoso, pero los logros de Luke eran bastante difíciles de ocultar.
-Arno –dijo Lesim-, ve a buscar mi tomavistas. Quiero sacarme un holo con el prisionero.
-Deberíais llevarme ante Lord Vader de inmediato –dijo Luke, utilizando la Fuerza una vez más.
-Lo llevaremos ante Lord Vader de inmediato –ordenó Lesim-. Preparadle para el transporte. ¡Pero no os olvidéis de traer mi tomavistas!
Luke suspiró. Iba a ser una noche muy larga.

martes, 9 de septiembre de 2014

Patrulla de exploración imperial

Patrulla de exploración imperial
Michael Stern

El siguiente texto fue narrado por el Tte. Kiviett, segundo al mando del Equipo de Evaluación Imperial IX3244-B, durante el interrogatorio posterior a su captura después de la Batalla de Endor. Voren Na’al grabó sus declaraciones y las registró en el diario de datos oficial.

Me pase lo que me pase, no pueden decir que no les avisé. Todo este asunto de los ewoks... lo vi llegar desde el principio. No es culpa mía.
Cuando el Emperador decretó que habría una nueva Estrella de la Muerte, se enviaron miles de equipos de evaluación por toda la galaxia para encontrar una ubicación donde construirla. Mi equipo, bajo el mando del capitán Toss, visitó otros mundos antes de que nuestra fragata de valuación llegara a la luna de Endor, en los límites externos. Endor había sido seleccionado por estar extremadamente alejado, no sólo de los sistemas del núcleo, sino de cualquier puesto avanzado imperial. Lord Vader sentía que la rebelión no esperaría que escondiéramos una nueva base tan lejos del trono del poder. Además, el propio planeta contenía todos los materiales necesarios para construir semejante máquina.
Una vez establecida la órbita, comenzamos el Procedimiento Estándar del Equipo de Evaluación Imperial. Primero, se grabó visualmente toda la superficie, mientras nuestros escáneres tomaban lecturas en busca de formas de vida y datos geológicos. Todos los datos indicaban una geosfera diversa, aunque dominada por bosques y entornos arbóreos, que podría sostener la vida humana de forma bastante confortable. Eso era precisamente lo que estaba buscando Lord Vader.
Personalmente, yo pensaba que sería más prudente construir el generador de escudo en alguna roca muerta con baja gravedad y atmósfera venenosa. Nada de vida indígena que interfiera en el trabajo, y un entorno peligroso y sin cobertura para una operación de comandos rebeldes. En cualquier caso, Vader era de la opinión de que consumiría mucho tiempo y energías construir sistemas de soporte de vida y cúpulas para un simple puesto de generador de escudo. Estaba seguro de que ninguna forma de vida indígena supondría una amenaza para las inmensamente superiores fuerzas imperiales. Mi oficial al mando, el capitán Toss, estaba de acuerdo.
Ninguno de ellos consultó mi opinión.
Bueno, en cualquier caso, nuestros escáneres detectaron miles de formas de vida. La vida parecía ser principalmente de orden inferior sin que se detectara inteligencia, civilización o herramientas. Con una excepción. Había una especie que parecía tener algún tipo de civilización primitiva. Eran poco más que salvajes. Lo más avanzado que mostraron los escáneres fue algunos pueblos de casas en los árboles, en lo profundo del bosque, habitados por una especie que apenas medía, como media, un metro de altura.
Ciñéndonos a los procedimientos estándar, eso requería más investigación. Como el capitán Toss estaba ocupado con deberes más importantes en la nave, ordenó que mi equipo descendiera en lanzadera a la superficie de la luna. Antes de salir, escuché el holoinforme del capitán.
-IX3244-B informando. Misión exitosa. Descubierto sistema adecuado previamente inexplorado. Esta luna boscosa cumple perfectamente los requerimientos de Lord Vader. La única amenaza concebible consiste en bípedos enanos y peludos. Su tecnología es risiblemente primitiva. Las lanzas, arcos y tirachinas de esos patéticos salvajes no suponen ninguna amenaza a las disciplinadas tropas de asalto imperiales. Podemos ignorar sin riesgo a esas despreciables pequeñas bolas de pelo...
Si el informe continuaba, no pude escucharlo.
Aterrizamos en un pequeño claro que más tarde fue el emplazamiento de la “puerta trasera” del complejo del generador de escudo. Desembarcando, comenzamos a recorrer las tres millas que nos separaban del pueblo ewok.
Pensándolo en retrospectiva, encuentro gracioso que avanzáramos en silencio por el bosque para evitar alertar a los nativos. No se nos ocurrió que probablemente el aterrizaje de nuestra lanzadera fuera el sonido más fuerte que se hubiera escuchado en Endor desde su periodo volcánico prehistórico. Estaba claro que sabían dónde estábamos.
Así que ahí estábamos, tres hombres con armadura ligera y dos soldados de asalto, todos armados con blásters, caminando hacia el campamento de unas criaturas que apenas dominaban el fuego. No llegamos a acercarnos ni a un kilómetro de la ciudad de casas en árboles.
De algún modo, los mejores exploradores que existían perdían el rumbo una y otra vez. Fuimos por un sendero, sólo para tener que detenernos en un callejón sin salida. Retrocedimos sobre nuestros pasos, pero nos encontramos en un claro en el que no habíamos entrado antes. Tomamos lecturas y hacíamos ajustes en el mapa, y entonces tomamos otro sendero. Nos hizo dar la vuelta completa y acabamos de nuevo junto a la lanzadera.
Era como si el mismo bosque estuviera conspirando contra nosotros. Éramos intrusos allí, alienígenas, y el bosque nos estaba dejando saber que ese no era nuestro lugar. No sé cómo lo hicieron, pero los ewoks siguieron haciéndonos mover en círculos durante más de dos horas.
Cuando comenzaron los sonidos en la oscura espesura que nos rodeaba, mi equipo se asustó. Comenzamos a disparar nuestros blásters aleatoriamente, en todas direcciones, con la esperanza de hacer que se detuvieran los golpes de tambor.
En mi defensa, me gustaría que constase que puede que sea un oficial imperial, pero también soy un científico. Mi bláster estaba configurado para aturdir. Ordené a los soldados que hicieran lo mismo. No había objetivos visibles, sólo la densa jungla y los rítmicos tambores. Podían percibirse tenuemente formas moviéndose, pero eran malos objetivos. Disparé ráfagas aturdidoras en un círculo irregular alrededor de mi grupo asediado.
Tan súbitamente como empezó, el ruido se detuvo. De algún modo, de alguna forma, volvíamos a estar en el claro. Ahí estaba nuestra lanzadera, a salvo y esperándonos. Echándonos rápidas miradas unos a otros, decidimos cuál sería nuestra siguiente acción.
Nos retiramos rápidamente a la lanzadera y volvimos a la seguridad de nuestra nave en órbita.
Una vez de vuelta a bordo, presenté mi informe al capitán Toss. Su risa sólo acrecentó mi propia vergüenza.
El estúpido ciego estaba complacido. La luna de Endor sería perfecta. ¿O es que iba a asustarme de un puñado de nativos con tambores? Si se convertían en un problema, me aseguró que podría organizarse un rápido genocidio. Mi informe indicaba que las criaturas del bosque de Endor eran un potencial problema, merecedoras de mayor estudio. Él estaba tan presuroso por obtener el crédito de haber descubierto la ubicación de la nueva Estrella de la Muerte, que lo ignoró. Incluso mi sugerencia de que se aplicase camuflaje para bosque en todos los vehículos y armaduras fue rechazada sin más.
Ahora, por supuesto, los hechos han demostrado que yo tenía razón. Ustedes han vencido, y creo que el Imperio está condenado. Aunque probablemente sea para bien. Estaba comenzando a hartarme de examinar planetas para que el Imperio pudiera explotarlos, me ponía enfermo.
Sin embargo, el Imperio es grande y sigue siendo poderoso. Supongo que les queda mucho trabajo que hacer antes de que su victoria sea completa. Si me aceptan, ofrezco a la Alianza mis humildes servicios como planetólogo.
Tan sólo manténgame alejado de esos ewoks, ¿de acuerdo? Me ponen muy nervioso.

Ataque nocturno

Ataque nocturno
Michael Stern

La siguiente historia fue relatada a Voren Na’al por el comandante Derlin.

-Sigue con la patrulla. Quedamos en el generador a las cero tres cien.
Eran órdenes simples. Dado que fueron dadas por el general Solo, tenía confianza en que al menos él sería capaz de llevar a cabo su parte. La mía era otro asunto.
Entre nuestra posición actual y el generador de escudo probablemente habría una serie de puestos de perímetro imperiales, por no hablar de exploradores patrullando con motojets y quién sabe qué más. Pero mi trabajo era tratar de llegar allí vivos. Intactos y sin alertar a los imperiales. No era un trabajo fácil, pero sabía que mis hombres podían lograrlo.
La primera tarde pasó sin incidentes. Nos tropezamos con varios exploradores imperiales, pero fuimos capaces de ocultarnos de su vista sin comprometer nuestra posición. Delevar, el único novato de la escuadra, casi lo arruina disparando desde su escondite a una moto deslizadora, pero conseguí detenerle a tiempo. Y le eché una buena bronca. Tendría que hacer algo más tarde para estimular su confianza.
Acampamos en un barranco poco profundo, que estaba bien cubierto de maleza y dificultaría que se nos pudiera descubrir desde una moto deslizadora. Coloqué dos centinelas, uno a cada lado del barranco, y establecí una red de barrido usando nuestro equipamiento de escaneo. Y menos mal que lo hice.
Apenas íbamos a comenzar nuestro primer turno de sueño, cuando los escáneres detectaron algo. Estaba a unos tres clicks al sudoeste de nuestra posición, y avanzaba en un ángulo que podría dejarnos al alcance de sus sensores, dependiendo de qué fuera. Por lo que podíamos ver en las lecturas, podría haber sido algún tipo de animal grande, pero me temía que fuera otra cosa: algo que ya había visto en Hoth.
Mis sospechas eran correctas. Era un AT-ST. Tan pronto como vimos los reflectores de búsqueda en la distancia, estuve seguro de ello. Aunque no parecía tener mucho sentido. ¿Qué clase de operación era esa? La luna estaba protegida por el bloqueo de la flota imperial. El conjunto de todas las criaturas arbóreas indígenas de ese mundo boscoso no supondría una amenaza a una única escuadra de motoristas. ¿Qué era lo que temían? Sabía que nosotros no habíamos revelado nuestra posición, y había muy pocas probabilidades de que el general Solo y el personal de mando hubieran sido capturados. Así que, ¿qué estaba haciendo un AT-ST patrullando de noche, tan lejos de su base?
Las respuestas tendrían que esperar. Había un problema más acuciante del que ocuparse, y estaba avanzando rápidamente en nuestra dirección. Sin romper el campamento, ordené que la escuadra se dispersara y buscara cobertura, con la esperanza de que la máquina gigante pasara justo a nuestro lado sin advertir nada. No hubo tal suerte.
El AT-ST avanzó directamente hacia el barranco, entrando desde el extremo sur. Era sólo cuestión de instantes que arrasara nuestro campamento, así que decidí que había llegado el momento de actuar. Lo primero que hice fue ordenar a Beezer que interfiriera sus transmisiones, para que no pudiera solicitar ayuda. Pensé en usar una de las piezas de artillería, pero no había suficiente tiempo para montarlas. También tenía miedo de que la pirotecnia resultante echara más imperiales sobre nosotros.
Con dos rápidos disparos de bláster, Greeve, el francotirador de la escuadra, acabó con los reflectores de búsqueda del caminante. Al perder la referencia visual, el piloto del caminante comenzó a girar la cabina, tratando de usar sus sensores para encontrar la fuente del ataque. Para contrarrestar eso, hice que siguiéramos en movimiento, rodeando al caminante como bichos zumbadores. Lo que yo temía era que decidiera abrir fuego tanto si veía algo como si no.
Mis temores se hicieron realidad cuando los cañones bláster del caminante comenzaron a disparar aleatoriamente. Si no le deteníamos pronto, alguien escucharía este escándalo. Había que hacer algo, y rápido.
Mientras pensaba en la solución, vi fugazmente una figura avanzando a la trinchera, justo por delante del AT-ST. Era Delevar, el novato, y estaba apuntando el lanzaproyectiles. El corazón me dio un vuelco, y grité al muchacho que se detuviera, pero no pareció importarle. ¿Es que no se daba cuenta del espectáculo de luces que iba a montar eso?
Antes de poder detenerle, Delevar disparó el Caspel directamente a la cara del caminante. Fue un disparo asombroso que entró directamente por una de las ventanillas del caminante. Me preparé para la explosión, pero no se produjo ninguna. En cambio, de las ventanillas del caminante comenzaron a salir nubes de humo gris. Pude escuchar el sonido de los dos pilotos imperiales tosiendo y jadeando. Lo siguiente que supe es que estaban saliendo por la escotilla superior, con las manos en alto y los ojos cubiertos de lágrimas.
Había usado una granada de gas para hacerlos salir. Era un plan brillante, y ejecutado sin temor. El novato lo había logrado. Cuando se despejó el humo, y el piloto del caminante realizó una llamada de control a punta de pistola, me acerqué a Delevar. Sonrió al verme caminar hacia él. Yo lucí la mejor de mis furiosas expresiones de sargento superior, mirando al joven directamente a los ojos. Su sonrisa se desvaneció.
-Si se te ocurre volver a hacer algo así... –ladré, mientras él tragaba saliva-, asegúrate de decírmelo antes. -Le guiñé un ojo y le di un golpecito en el hombro-. Bien hecho, chico.
Obligando al piloto del caminante a realizar algunas llamadas de control más, pudimos explicar su ausencia a los imperiales de su base. Los movimientos de la mañana siguiente transcurrieron sin incidentes, y nos reunimos con el general Solo en el generador del escudo como estaba planeado. El resto, como suele decirse, es historia.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Las defensas ewok

Las defensas ewok
Michael Stern

Voren Na’al entrevistó a Wicket después de la Batalla de Endor. Este informe fue compilado a partir de esas historias, tal como fueron traducidas por Ce-Trespeó. Al ser el lenguaje ewok bastante diferente del básico, Na’al trató de permanecer fiel a la historia original sin someter a los lectores a la ligeramente extraña gramática de la traducción improvisada de Trespeó.

Cuando llegaron los imperiales por primera vez, la tribu escuchó el rugido de su nave. Queriendo ver qué estaba haciendo ese ruido terrible, enviaron guerreros, incluido el joven Wicket, a investigar. De la lanzadera emanaba un olor increíble, como nada que ningún ewok hubiera olido antes. El jefe Chirpa dijo que olía como el fuego, sólo que peor. Los guerreros no tuvieron problema para decidir en qué dirección ir. Simplemente siguieron el olor.
Antes de que estuvieran a mitad de camino de la nave, olieron otra cosa. Algo animal, mezclado con algo no-animal. Algo que atravesaba ruidosamente el bosque como una bestia kurn borracha de bayas matt.
Los ewoks tenían miedo. Sólo un loco o algo herido harían tanto ruido, luchando contra la jungla en lugar de pasar a través de ella. Sus temores quedaron confirmados en cuanto vieron las criaturas vestidas con duros caparazones blancos.
Además de sus temores, esos ewoks en particular jamás habían visto maquinaria antes, y cualquier cosa tan brutalmente inorgánica como la armadura de las tropas de asalto o una lanzadera imperial despertaba en ellos las mayores desconfianzas y hostilidades.
Por ese motivo reaccionaron inicialmente con hostilidad ante el equipo del general Solo.

Nota del Historiador: En cuanto a su adoración por Ce-Trespeó, aún estamos investigando ese fenómeno. Parece haber una antigua leyenda sobre un dios dorado que les dirige en una guerra santa. En cualquier caso, es difícil saber si esto es cierto, o si están añadiendo eventos actuales a mitología antigua. Los ewoks tienen dificultades para separar los hechos de los mitos. Esa puede ser la gran fortaleza de su sociedad.

Los ewoks observaron en silencio cómo pasaba el equipo de exploración imperial. Había algo muy inquietante en su forma de caminar por el bosque: sin miedo de ser escuchados, sin miedo de ser seguidos. Su obvio desdén por su entorno hablaba de su poder y su temeridad.
Tal temeridad asustaba a los ewoks. Decidieron que debía impedirse que los imperiales alcanzaran la ciudad ewok.
Después de haber desviado con éxito al grupo de exploración, los ewoks creían que jamás volverían a ver de nuevo a las extrañas criaturas; así que quedaron sorprendidos y abrumados cuando, algunas semanas más tarde, llegaron cientos de esas criaturas, acompañadas por gigantescas bestias apestosas. Asolaron bosques, calcinaron la tierra, y gigantescas criaturas no-animales llenaron los cielos.
La llegada de los monstruos dio mucho de que hablar alrededor de las hogueras del consejo. Hasta ese momento, los imperiales no habían prestado atención a los ewoks. Algunos pensaban que era mejor que siguiera siendo así. Tal vez si dejaban tranquilas a las nuevas criaturas, seguían dejando en paz a los ewoks. Tal vez en realidad las criaturas no pretendían hacer daño.
Han declarado la guerra al mismo bosque, clamaron otros. ¡Sin duda son criaturas del mal que luchan contra los mismos árboles que nos dan vida y cobijo! ¿Cómo podemos confiar en que semejantes criaturas nos dejen tranquilos?
Siempre que surgía esta discusión, el jefe Chirpa recordaba a la tribu el poder de los invasores.
-Surcan los aires, queman el bosque con sus bastones, construyen fortalezas que ninguna lanza puede atravesar. No haremos la guerra con ellos.
Y entonces el silencio caía alrededor de las hogueras y la conversación pasaba a otros asuntos.
Una noche, Wicket llevó a la tribu noticias importantes.
-El otro día en el bosque vi algo que puede interesar a los Ancianos –dijo. Tenía miedo, ya que nunca antes se había dirigido a los Ancianos, y, para su vergüenza, le tembló la voz.
-Continúa, joven Wicket –dijo el jefe Chirpa.
Wicket tomó saliva y comenzó a hablar.
-Era uno de los grandes caminantes no-animales de los invasores. Estaba andando cerca de la base de los acantilados Yawari. Había muchas rocas y creía recordar que ahí había habido una pendiente. La cosa no-animal pisó descuidadamente una de las rocas más grandes. Por un momento pareció que había perdido el juicio, o que estaba borracha. Dio tumbos, casi como si bailara, y golpeó su cabeza contra la cara del acantilado.
”Entonces cayó de lado y su dura piel se quebró y salieron llamas de debajo de su vientre y del interior de su cabeza. Pude ver el fuego a través de sus ojos abiertos. Y entonces gritó, y su voz era un eco, como dos voces gritando.
El jefe Chirpa se inclinó hacia delante.
-¿Qué te dice a ti esa historia, joven Wicket?
-Se les puede herir. Incluso los grandes no-animales mueren y sienten dolor. Creo que podemos construir trampas para ellos, como cualquier otra cosa que cazamos. No digo que podamos atacar su fortaleza, pero podríamos construir defensas para nuestro pueblo. Podríamos construir muchas trampas, trampas que les hagan caer y romperse. Podríamos practicar en su construcción para prepararnos para el día en que debamos luchar. Y así ya no tendríamos que temerlos.
El jefe Chirpa sonrió.
-Lo has hecho muy bien, Wicket. Así será. Debemos olvidar la vergüenza del miedo. Ahora dinos, joven valiente, cuál de nuestras trampas usaremos.

La reunión operativa del Grupo Rojo


La reunión operativa del Grupo Rojo
Michael Stern

El siguiente texto es un relato de primera mano de la reunión de datos de misión previa al ataque sobre la segunda Estrella de la Muerte. Fue narrado a Voren Na’al por el comandante Antilles.

La sala era una extraña mezcla de susurros de excitación y conversaciones calmadas, como solía ser el caso cuando la inusual combinación de pilotos novatos y veteranos del Grupo Rojo iba a recibir datos de misión. El sonido rápidamente se apagó cuando entré yo, con un holodisco y un puntero electroiluminado.
Introduje el disco en el proyector, y una brillante imagen holográfica roja de la nueva Estrella de la Muerte apareció en el centro de la sala. Obviamente, seguía en construcción, rodeada de vigas y puntales estructurales y con muchos grandes huecos en su superestructura. Pero eso no hizo nada para reducir su asombroso tamaño ante los ojos de esos jóvenes pilotos.
En todo caso, el hecho de que un veterano superviviente del ataque a la primera Estrella de la Muerte estuviera dirigiendo su escuadrón parecía suavizar mucho de su miedo y aprensión. Sabedor de lo poco que tuve que ver con el milagroso disparo de Luke, yo mismo no estaba tan confiado en mis propias capacidades como parecían estarlo ellos.
Sin embargo, hablé con la seguridad en mí mismo que sabía que necesitaban.
-Muchos de vosotros habéis estudiado la Batalla de Yavin en vuestros programas de entrenamiento. Olvidaos de ella.
Me volví para mirar la holoimagen.
-Esta es una historia completamente distinta.
Usando el puntero, señalé la trinchera central que recorría el ecuador de la estación de combate incompleta, que contenía el fatídico puerto de ventilación, y continué hablando.
-En esa batalla, recorrimos esta trinchera ecuatorial para llegar a este pequeño puerto de ventilación. –Hice parpadear el puntero en un punto resaltado apenas perceptible-. Pero el Imperio ha solucionado ese pequeño fallo de diseño.
”Esta vez, no vamos a entrar en la trinchera, sino en la propia superestructura.
Un cuchicheo nervioso comenzó entre los pilotos.
-Entraremos aquí –continué, señalando una apertura circular en la estructura de la superficie de la estación-, y continuaremos por este camino hasta que lleguemos al núcleo del reactor.
Hobbie, el habitual escéptico del grupo, tomó la palabra.
-Me parece bastante estrecho, jefe.
Alcé una ceja con gesto inquisitivo. Hobbie siempre odia cuando hago eso.
-Te he visto pilotar un deslizador de nieve entre las patas de un caminante AT-AT en marcha, ¿y me dices que esto es demasiado estrecho?
El resto del grupo estalló en risitas.
Janson se volvió hacia Hobbie.
-Limítate a quedarte cerca de mí y yo te haré de niñera por el camino, figura.
Más risas. Continué con la exposición.
-En la parte de los pros, esperamos que sus baterías turboláser no estén activas, y no estamos seguros de qué complementos de cazas podrán desplegar si les tomamos por sorpresa.
Pulsé unos cuantos interruptores en el transmisor y la imagen de la Estrella de la Muerte encogió a un tercio de su tamaño previo, mientras la holoimagen de un gran mundo verde aparecía a su lado.
-En la parte negativa, toda la estación de batalla está protegida con un escudo de energía proyectado desde la luna boscosa de Endor.
Una brillante holoimagen amarilla del escudo de energía surgió de la luna para rodear la Estrella de la Muerte.
-Un equipo de asalto dirigido por el general Solo y el comandante Skywalker se encargará de desactivar el generador de escudo.
Entonces habló Randi, el piloto más joven y novato del grupo.
-¿Y si llegamos ahí y el escudo aún está activo? Nos quedaremos colgados para que nos frían.
Me limité a sonreír mientras apagaba el holotransmisor.
-No conoces demasiado a Han y Luke, ¿verdad?