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domingo, 31 de enero de 2021

¿A alguien le apetece una partida de sabacc?

¿A alguien le apetece una partida de sabacc?

Bill Slavicsek y Eric S. Trautmann

 


El juego del sabacc se ha jugado desde hace miles de años, remontándose a los remotos días de la Antigua República. Pueden encontrarse mesas de sabacc en los casinos más lujosos, o en peligrosos establecimientos de mala muerte, y en cualquier otro lugar.

El sabacc se juega con una baraja de 76 cartas-chip. Mediante el uso de microcircuitos en las cartas-chip, los valores de las cartas cambian aleatoriamente, activados por impulsos electromagnéticos enviados por el crupier.

Hay cuatro palos en la baraja: Espadas, Báculos, Frascos, y Monedas. Cada palo consiste en once cartas numeradas (marcadas del uno al  once) y cuatro cartas de rango: el Comandante, la Dama, el Maestro y el As (numeradas del 12 al 15).

También hay dieciséis cartas de figura (dos de cada una de las ocho diferentes cartas), con nombres, símbolos y valores especiales. Son el Idiota (0), la Reina del Aire y la Oscuridad (-2), la Resistencia (-8), el Equilibrio (-11), la Muerte (-13), la Moderación (-14), el Maligno (-15) y la Estrella (-17).

Cuando se reparte una mano, el crupier pulsa un botón en la mesa que envía una serie de pulsos electrónicos aleatorios, que varían los valores de las cartas. Los valores de las cartas pueden cambiar en cualquier momento, y se dice que esta aleatoriedad salvaje es lo que hace que el sabacc sea tan popular.

Durante varias rondas de apuestas y faroles, los jugadores observan y aguardan a que sus cartas cambien. Pueden bloquear cualquiera de sus cartas-chip, o incluso todas, colocándolas en el campo de interferencia de la mesa (ubicado en el centro de la superficie de juego); la carta se queda “congelada” en ese valor.

El sabacc se juega en manos y partidas (una partida puede tener muchas manos). El objeto del sabacc es tener la mayor suma del valor de las cartas que sea menor o igual a veintitrés. Si un jugador tiene un total que sea mayor que veintitrés, menor que veintitrés negativo, o igual a cero, se dice que se ha bombardeado. A cada jugador se le reparten dos cartas-chip para empezar, y siempre debe tener al menos dos cartas-chip en su mano.

El sabacc tiene dos botes distintos. El primer bote, llamado el bote de la mano, se lo lleva aquel que gane una mano en concreto. El segundo es el bote de sabacc, que sólo puede ganarse de una de dos formas.

En las manos de sabacc, un jugador gana si todos los demás se plantan o si bloquea la mayor suma de cartas que sea menor a veintitrés. Si dos o más jugadores empatan, participan en una muerte súbita: a cada jugador se le reparte de la baraja una carta-chip que debe sumarse a su mano bloqueada. La mejor mano después de este reparto gana el bote de la mano. Si sigue habiendo un empate, el bote se reparte.

Hay dos modos de ganar el bote de sabacc. El primero, cuando un jugador tiene un total de exactamente 23, se le llama sabacc puro. El segundo es el arreglo de idiota, que consiste en que el jugador tiene una carta de figura del Idiota (0), una carta por valor de dos y una carta por valor de tres... ¡un veintitrés literal! En la mayoría de mesas, un arreglo de idiota supera a un sabacc puro. La partida termina cuando se ha ganado el bote de sabacc.

Algunos jugadores han encontrado un modo de hacer trampa en el sabacc usando una carta-chip trucada llamada skifter. Un skifter permite al jugador cambiar su valor golpeando la esquina de la carta. El jugador aguarda hasta que consigue el valor exacto que desea. Por supuesto, dejarse atrapar usando un skifter es un buen modo de acabar en el lado equivocado de un bláster...

viernes, 29 de enero de 2016

Relatos del Suplemento Técnico de la Estrella de la Muerte


Relatos del Suplemento Técnico de la Estrella de la Muerte
Bill Slavicsek

Han Solo, al timón del Halcón Milenario, cubrió la distancia entre su nave y el caza TIE que huía.
-Le alcanzaré en uno o dos minutos –informó Solo a sus pasajeros.
-Se dirige hacia aquel pequeño satélite –dijo Luke Skywalker.
Al acercarse, en la luna comenzaron a verse cráteres y montañas. Pero había algo extraño en ellos. Los cráteres tenían un trazado demasiado regular, las montañas eran demasiado verticales. Había cañones y valles que parecían imposiblemente rectos. La superficie era demasiado regular para que pudiera atribuírsele una formación natural.
-Eso no es un satélite –dijo Ben Kenobi en un suave susurro-. Es una estación espacial.
-No puede ser una estación espacial –protestó Solo-. Es demasiado grande. No puede ser artificial...
-No me gusta nada lo que está pasando –dijo Luke.

***

Con todos esos TIEs, ¿por qué vencimos en Yavin?

Un joven piloto alzó la mano cuando Wedge Antilles hizo una pausa en su charla sobre las tácticas de los cazas estelares imperiales en la batalla de Yavin.
-Señor –comenzó a decir el joven piloto-, si la Estrella de la Muerte transportaba tantos cazas TIE, ¿cómo es que nuestro bando consiguió ganar la batalla?
Wedge sonrió, pasándose de forma inconsciente la mano por su cabello oscuro.
-Esa es una buena pregunta. Si he de decir la verdad, ganamos porque la Estrella de la Muerte nunca lanzó más de un escuadrón contra nosotros.
Los pilotos que abarrotaban la sala soltaron una exclamación de sorpresa e inmediatamente comenzaron a hablar entre ellos. Wedge les dejó que lo hicieran durante unos minutos, y luego volvió a reclamar orden en la clase.
-Según nuestras investigaciones, parece que el gran moff Tarkin nunca dictó una orden para lanzar sus cazas TIE. Se conformaba con usar las torres turboláser de la estación contra los cazas estelares de la Alianza. Eso nos lleva de vuelta a nuestra conversación anterior acerca del exceso de confianza imperial.
El joven piloto volvió a levantar la mano.
-Si Tarkin no ordenó que los TIEs despegaran, ¿quién lo hizo?
Wedge paseó la mirada nerviosamente por la sala antes de fijarla en el joven piloto.
-El escuadrón que se enfrentó a nosotros aquel día era nada menos que el escuadrón personal de Lord Darth Vader. Se enfrentó con nosotros en la trinchera, siguiendo a nuestras naves principales y tratando de eliminarlas antes de que pudieran disparar al puerto de escape. Puede que aún pudiéramos haber ganado la batalla aunque todos los TIEs hubieran despegado, pero desde luego la superficie de la Estrella de la Muerte habría estado más concurrida.

lunes, 23 de febrero de 2015

La construcción del caza estelar ala-B

La construcción del caza estelar ala-B
Bill Slavicsek

Tal y como le fue contado a Voren Na’al por el almirante Ackbar mientras este se encontraba en arresto domiciliario en Coruscant...

¿El caza estelar ala-B? ¿Quieres que te hable de eso? Esto es historia antigua, jovencito. Parece que todo ese asunto ocurrió hace toda una vida. Oh, muy bien. No tengo nada más que hacer ahora mismo... Si mi droide guardián no protesta. ¿No? Bien, ¿por dónde empiezo entonces?
Después de la Batalla de Yavin, el Imperio estaba usando fragatas de escolta con alarmante regularidad. Mientras la flota iba cazando implacablemente las bases ocultas de la Alianza, el Imperio introdujo una nueva fragata para guardar sus convoyes de suministros... la Nebulon B. Por supuesto, como sabes, el Imperio era uno de nuestros principales suministradores; sin la posibilidad de secuestrar convoyes imperiales, la Alianza se habría visto paralizada por falta de material. Esta nueva fragata Nebulon B resultaba una dura rival para nuestros cazas, y amenazaba con eliminarnos la capacidad de capturar naves imperiales. No podríamos conseguir los convoyes imperiales sin sufrir daños excesivos.
Sabía que nuestro único camino era atacarla con naves capitales, de las que teníamos muy pocas en ese momento, o sacarnos de la manga un caza estelar especialmente equipado para usarlo contra ella. Mi plan consistía en la construcción de un nuevo caza estelar, pero para ello era crucial que consiguiera reclutar la ayuda de los verpine, los renombrados constructores de naves del sector Roche.
Aunque no pude convencer a los insectoides de que se unieran a la Alianza, sí que fui capaz de lograr que se comprometieran a realizar el proyecto. Describí la clase de nave que necesitaba, y ellos usaron sus capacidades de diseño únicas para hacerlo realidad. Construyeron dos prototipos para nosotros, y mostraron a mi equipo de ingenieros cómo construir más. Aplicaron el sistema de estabilización de sus naves al ala-B, creando una plataforma de armas segura que contenía la cabina y sobre la que giraba el resto de la nave. Es capaz de una amplia variedad de maniobras, al tiempo que albergaba suficiente potencia de fuego para ocuparse de una Nebulon B.
Por supuesto, el Imperio supo de la operación cuando uno de mis propios hombres resultó ser un traidor. De no ser por los esfuerzos de un intrépido equipo de ataque rebelde, puede que no hubiéramos sido capaces de escapar del sistema Roche con los cazas, por no hablar de nuestras vidas y las de los verpine.

viernes, 20 de febrero de 2015

Sirviendo desde el pozo de tripulación del puente

Sirviendo desde el pozo de tripulación del puente
Bill Slavicsek

El teniente Dezon observó detenidamente sus monitores en el pozo de tripulación del puente. Había calculado el vector de entrada exacto más de una docena de veces, pero quería asegurarse de estar en lo cierto. No, tenía que estar en lo cierto. Ahora era un oficial imperial, y los errores eran algo que no podía permitirse cometer. El capitán de la nave no se caracterizaba por su indulgencia, y había visto a más de un tripulante sufrir por el más mínimo error. No tenía ninguna intención de unirse a sus filas.
Dezon había sido reclutado por la Armada Imperial desde su planeta natal. Habría preferido no tener que servir al Imperio, pero no tuvo elección. Su mundo era uno de los que aún eran dominados por el Imperio, y si quería que su familia permaneciera a salvo, tenía que cumplir su periodo de servicio obedientemente y lo mejor que pudiera. Era uno de los muchos jóvenes que servían en naves capitales imperiales. Su entrenamiento había sido breve pero intenso, y aún continuaba. Pero había demostrado suficientes méritos para ganar un rango de oficial y un puesto en el pozo de tripulación del puente del Crucero Interceptor Constrictor.
La nave había recibido la llamada del Destructor Estelar Halcón de la Tormenta, solicitando ayuda para atrapar a una nave contrabandista que había saltado al hiperespacio a tres sectores de distancia. El Halcón de la Tormenta proporcionó su vector de salto, y el Constrictor se desplazó a una probable posición de interceptación. Como oficial al mando de la estación de proyección del pozo de gravedad, le correspondía a Dezon calcular la ubicación adecuada de las sombras de masa para interrumpir el viaje hiperespacial de la nave contrabandista. Eso era lo que había hecho, y también había calculado el tiempo aproximado de llegada basándose en el vector de la nave y en su tipo de motor. Todo lo que tenía que hacer era ordenar a los artilleros de proyección que iniciaran la secuencia de sombra de masa en el momento adecuado.
La teoría era sencilla. Las masas de gravedad en el espacio real se reflejaban en el hiperespacio, permitiendo la navegación y el viaje codimensional. También hacían peligroso el hiperespacio. Una masa de gravedad no cartografiada en el camino de una nave viajando a la velocidad de la luz podía ser desastrosa... como pilotar una nave a toda velocidad contra un muro macizo. Por suerte, los motores hiperespaciales están equipados con interruptores de emergencia que apagan los motores y hacen que las naves regresen al espacio real antes de chocarse contra lo que estuviera provocando la sombra de masa.
Con grandes generadores de pozos gravitatorios, los Cruceros Interceptores podían producir sombras de masa artificiales donde las necesitaran. Dezon estaba a punto de hacer eso mismo, sacando a la nave contrabandista al espacio real y reteniéndola allí hasta que llegara el Halcón de la Tormenta. Comprobó sus cálculos, y entonces echó un vistazo al crono de la nave. Casi era la hora, pensó, y sintió que la boca se le secaba. Estaba a punto de poner a prueba su entrenamiento... y esta vez en serio.
-Ahora –dijo Dezon con voz firme, hablando directamente a su unidad de comunicaciones. Los artilleros estacionados en los cuatro proyectores de pozos de gravedad confirmaron la orden. Dezon observó los cuatro conos de ondas gravitatorias extendiéndose por su pantalla-. Vamos, ¿dónde estás? –susurró para sí mismo, comprobando sus cálculos una vez más.
-Ahí está –anunció uno de sus tripulantes del pozo. Dezon exhaló un suspiro de alivio cuando el carguero modificado saltó fuera del hiperespacio. Sabía que sólo estaría desorientado por un instante. Luego trataría de escapar. No podía permitirlo.
-Golpeadle con dos conos de ondas, a babor y a popa –ordenó Dezon-, y mantened los otros dos preparados por si trata de escapar.
Mientras mantuvieran el carguero dentro de las sombras de masa, no sería capaz de saltar a la velocidad de la luz. Incluso entonces, el astrogador necesitaría varios minutos para calcular una nueva ruta hiperespacial. Para entonces, todo habría acabado.
Un instante después, el Halcón de la Tormenta apareció sin advertencia previa ni  mayor ostentación. Inmediatamente golpeó al carguero con un muro de rayos tractores y comenzó a remolcarlo hacia las fauces abiertas de su hangar inferior.
-Lo tenemos, Constrictor –comunicó el Halcón de la Tormenta-. Gracias por la ayuda.
Dezon confirmó la recepción del mensaje mientras escuchaba pesados pasos aproximándose por la cubierta de mando. Se giró sobre sí mismo y se colocó en posición de firmes, reprimiendo el impulso de levantar la mirada hacia el capitán. Permaneció así durante varios largos segundos, con la cabeza firme y los ojos fijos en las pulidas botas negras del comandante del Constrictor. Finalmente, el capitán habló.
-Buen trabajo, teniente –dijo secamente-. Aún podremos convertirle en un buen imperial.
-Sí, señor, gracias, señor –respondió Dezon mientras el capitán daba la vuelta y se marchaba. Había actuado bien y había evitado despertar la ira del capitán... esta vez. Sólo esperaba que la siguiente vez las cosas fueran igual de bien.

Informe Especial del Servicio de Noticias de Hipermedia Galáctica

Informe Especial del Servicio de Noticias de Hipermedia Galáctica
Bill Slavicsek

Les informa Dref Voltin. Hoy, el Imperio ha realizado un ataque sorpresa en los Astilleros Sluis Van del sistema estelar Sluis Van, en el Sector Sluis. Ha sido un ataque osado, aparentemente destinado a secuestrar una flota de naves de la República que se encontraban presentes en los astilleros. Los imperiales casi lo logran.
Después de los ataques de acoso imperial, denominados por los analistas militares como “ataques relámpago”, en otros tres sistemas del Sector Sluis, este ataque parece ser una continuación de una nueva campaña contra la República. Las naves que estaban en Sluis Van se dirigían a Bpfassh y otros sistemas cercanos para proporcionar apoyo y asistencia técnica a esas zonas asediadas. Debido a la fuerte necesidad de naves de carga, la Nueva República ha reconvertido muchas de sus antiguas naves de guerra para el servicio de transporte de mercancías. Se supone que las fuerzas imperiales etiquetaron dichas naves como objetivos fáciles.
Aunque los informes aún son exiguos, los imperiales insertaron de algún modo cazas TIE y alguna clase de nave de abordaje personal en el corazón de los astilleros antes de ser vistos o detectados. Esas naves, apoyadas por un pelotón de tropas de asalto de gravedad cero, o “soldados espaciales”, se engancharon a las naves de la República y tomaron el control de las mismas, que se encontraban mal defendidas y escasas de personal. Mientras tanto, las escoltas de la Nueva República y las estaciones de batalla del perímetro del sistema se mantenían ocupadas con nada menos que cinco Destructores Estelares y una flota de naves menores. El ataque se estaba convirtiendo rápidamente en una victoria imperial cuando la República recurrió a otra más de sus maniobras milagrosas.
Informes sin confirmar sugieren que el Caballero Jedi Luke Skywalker y el héroe de la República Han Solo llegaron al sistema abriendo fuego a bordo del famoso Halcón Milenario. En lo que se ha convertido en costumbre para ellos, el dúo inhabilitó las naves robadas antes de que pudieran saltar a la velocidad de la luz. Otros informes indican que la pareja tuvo la ayuda del Escuadrón Pícaro, el principal escuadrón de alas-X de la República. Los rumores de que la Princesa Leia Organa Solo también estaba presente aún están por confirmar.
En otras noticias, el Almirante Ackbar del Consejo Provisional ha sido acusado hoy de traición...

El dilema de los piratas

El dilema de los piratas
Bill Slavicsek

-¡Todo a estribor! –ordenó el capitán Obigon, sujetándose para aguantar el impacto-. ¡Ábrenos camino entre los asteroides y encuentra un vector para realizar el salto!
-A la orden, capitán –respondió H’Krav, haciendo bailar sus dedos alienígenas sobre los controles de la nave con velocidad y eficiencia.
-El Destructor Estelar parece estar quedándose atrás, pero la lanzadera sigue justo en nuestra estela –exclamó Meekeef desde su estación-. No creo que podamos dejarlos atrás a través de este campo de asteroides.
-Mejor la lanzadera que el Destructor Estelar –murmuró H’Krav.
-Tal vez –replicó Obigon-, o tal vez no.
Obigon era el capitán de la Espacio Nulo, una cañonera corelliana que actualmente volaba bajo bandera pirata. Habían esperado durante horas en las sombras de esos asteroides, y la nave que estaban esperando finalmente apareció. Era un carguero gordo y mal defendido a la espera de arrojar su carga para que Obigon y sus piratas la recogieran. Por desgracia, antes de que pudieran siquiera comenzar a recoger su botín, un Destructor Estelar salió de pronto del hiperespacio.
Desde el alzamiento de la Nueva República, el Imperio generalmente había dejado tranquilos a los operadores como Obigon. El Imperio tenía las manos ocupadas y raramente malgastaba sus valiosas naves en acciones policiales. Pero las cosas se habían estado caldeando desde que en los garitos de pilotos espaciales habían comenzado a extenderse los rumores de un nuevo líder imperial. Así que ahí estaba la Espacio Nulo, esquivando chatarra espacial para distanciarse de un Destructor Estelar Imperial con exceso de celo. Justo cuando parecía que iban a poder lograrlo, despegó esa lanzadera.
No era una nave elegante. Era, pensó, poco más que un autobús espacial acorazado y armado. En los viejos tiempos, esa clase de lanzadera significaba la llegada de tropas de asalto de gravedad cero. Hoy en día, con todos los cambios, podía significar cualquier cosa. Observó como la lanzadera se abría camino a disparos entre los asteroides. Estaba decidida a alcanzarles, y eso asustaba a Obigon más de lo que se permitiría admitir.
-¡Mueve esta nave, H’Krav! –ordenó Obigon-. ¿O quieres recibir a esas tropas espaciales a bordo para invitarlas a una taza de néctar corelliano?
-No creo haber escuchado nunca que los soldados de asalto se pongan a beber con la gente común –intervino Meekeef-. Ahora que lo pienso, nunca he visto ninguno sin su armadura...
-¡Ya basta! –gritó Obigon-. ¿Puedes hacer que esta nave vaya más rápido?
-No si queremos atravesar el campo de una pieza –replicó H’Krav con voz calmada-. Ya la estoy forzando por encima de la velocidad segura estimada.
-Bueno, pues fuérzala un poco más o averiguaremos si en esa lanzadera vienen ge-ceros o no.
-Nos han enganchado –exclamó Meekeef, dejando entrever el miedo en su, por lo demás, profesional actitud-. Nos han dado con un arpón de energía.
-Por las estrellas, son tropas espaciales. –Obigon maldijo-. Ordena a los hombres que se preparen para ser abordados. Diles que se preparen para luchar por sus vidas.
-¿Por qué no nos han disparado? –preguntó H’Krav-. ¿Por qué no han destruido nuestros motores?
-El Imperio necesita naves –respondió el capitán Obigon-. Los agentes imperiales llevan meses dejando eso claro. Si pueden capturarnos sin causar demasiado daño, es mejor para ellos.
La lanzadera, anclada firmemente en la cañonera, se abrió mientras Obigon observaba por las pantallas traseras. Enormes figuras acorazadas salieron de la lanzadera, saliendo disparadas hacia la Espacio Nulo en sus gigantescas conchas blancas. ¡Soldados de gravedad cero! En su carrera como pirata, Obigon se había enfrentado a ellos en dos ocasiones anteriormente. En ambas ocasiones había logrado escapar con vida por los pelos. No creía que la tercera vez tendría tanta suerte.
-¿Cuánto falta para la velocidad luz? –preguntó Obigon.
-Otros dos coma seis segundos –respondió H’Krav.
El capitán escuchó el inconfundible golpe de metal contra metal resonando en el casco exterior. Los soldados habían llegado a su nave. Estarían dentro en cuestión de segundos. Su tripulación lucharía, desde luego, y morirían. ¿Pero serviría eso de algo? Probablemente no. Los ge-ceros eran demasiado poderosos, demasiado implacables. Sólo había un curso de acción.
-Apaga los motores –ordenó Obigon, escuchando el distante sonido de una escotilla exterior al estallar-. Contacta con el Destructor Estelar. Diles que tenemos un presente para el Imperio.
-Obigon, no –rogó Meekeef-. Podemos enfrentarnos a ellos...
-¡Podemos morir! –gritó Obigon. Luego añadió, en voz más calmada-: O podemos vivir. Hazlo, H’Krav. Diles que la nave es suya. Nos rendimos.
Obigon deseó haber tomado la decisión correcta.