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miércoles, 28 de septiembre de 2011

El honor de los Jedi (150)

150
-¡Espero que tengas razón! -dice Luke, acelerando directamente hacia los cazas TIE.
Erredós silba una estridente protesta.
-Limítate a dejar atrás esos bichos -dice Erling, introduciendo instrucciones en el ordenador de navegación.
La maniobra de Luke toma por sorpresa a los pilotos imperiales. Ni siquiera disparan hasta que la lanzadera está casi sobre ellos. Cuando finalmente reaccionan, el efecto es devastador. Diez disparos de energía explotan en el escudo delantero, y 20 más destellan alrededor. La tormenta zarandea la lanzadera en seis direcciones distintas al mismo tiempo... algo que Luke consideraba imposible antes de experimentarlo.
Advertencias de control de daños destellan como chispas saliendo de un volcán. Erling lee con aire casual un informe de daños:
-Escudos sobrecargados, soporte vital reducido al 20%, antenas sensoras destruidas, cañones turbo-láser inhabilitados...
-¿Tenemos turbos? -exclama Luke.
-Ya no... ¿Continúo?
-¿De qué va a servir? -pregunta Luke-. En cuanto se pongan a nuestra cola, estamos acabados.
-Entonces será mejor que pases al hiperespacio.
-¡Si es que estamos listos! -Luke no espera a la respuesta de Erling. Un instante después, las estrellas ante ellos se vuelven rojas, y luego se difuminan formando rayos distorsionados por el efecto Doppler. De momento, están a salvo.
-Ahora, antes de que choquemos contra un quasar o seamos absorbidos por un agujero negro, dime por qué no hemos tenido que calcular una ruta.
-En seguida -dice Erling-. Pero antes, debo decir algo importante.
-¿Qué puede ser más importante que esto? Podemos convertirnos en diez toneladas de polvo cósmico antes de darnos cuenta de que estamos muertos.
-Confía en mí... sobreviviremos. Pero al ver lo que hiciste con la Fuerza antes...
-¿Qué? ¿Casi hacer que nos maten al intentar presumir?
Erling suelta una risita.
-No, sentir a Darth Vader. En ese momento, comprendí muchas cosas que me han tenido confundido toda mi vida.
-No eres el único que ha aprendido una lección ahí abajo -dice Luke, pensando en su celda solitaria en el Bloque de la Muerte.
-La Fuerza realmente existe, ¿verdad?
Luke asiente.
-Está ahí. No puedes convocarla cuando tú quieres, pero está ahí cuando la necesitas.
-Comprendo -dice Erling-. Finalmente, lo comprendo.
-¿Qué?
-Mi padre. Luchó junto al tuyo en las Guerras Clon. Yo era lo bastante joven como para pensar que todo era un juego glorioso. Pero cuando regresó, toda la alegría le había abandonado. Era un hombre triste... no acabado, pero el peso de la galaxia recaía sobre sus hombros. Nosotros no comprendimos... al menos Madre y yo no lo hicimos. Pensábamos que la paz le aburría.
”De modo que cuando la guerra llegó hasta nosotros, le culpamos a él. El Imperio comenzó a perseguir a los Jedi... estoy seguro de que ya conoces esa parte. Abandonó su asteroide ancestral, pero eso no impidió que los imperiales siguieran molestándonos. Llegaban cada cierto tiempo, registrando la casa y amenazándonos con llevarnos a prisión. Madre suplicaba que nos dejasen tranquilos, pero ellos le decían que regresarían hasta que lo atraparan. Fue entonces cuando Dena y yo aprendimos a odiar a los imperiales. Pero yo también aprendí a odiar a alguien más: a mi padre. Le culpaba a él de nuestros problemas; era demasiado joven para entender contra qué luchaba, y por qué su “magia” Jedi no podía hacer que los imperiales desaparecieran.
”En cualquier caso, una vez regresó para visitarnos, y le dije lo que pensaba. No se marchó. Cuando los imperiales regresaron, luchó contra ellos... y ganó. Días después, llegó Darth Vader.
-Eso explica muchas cosas -dice Luke.
-Sí... pero no sirve de excusa. No puedo hacer desaparecer el dolor que le causé a mi padre, ni devolver la vida a tus amigos.
Luke comienza a contarle a Erling acerca del chip de mensaje que encontró, pero decide morderse la lengua. Todavía no sabe por qué Mon Mothma considera que Erling es tan importante. Hasta que lo sepa, sería temerario revelarle lo poco que sabe.
-Creo que acabas de reconciliarte con tu padre -dice.
Erling se limpia una lágrima de la mejilla.
-Gracias. Pero a ti también te debo una disculpa. Cuando te hablé acerca de tu padre, pretendía herirte. Mi padre respetaba a Anakin Skywalker por encima de los demás Jedi, ¿sabes? Cuando las cosas se pusieron feas, yo esperaba que tu padre apareciera e hiciera que todo volviera a estar bien. Por supuesto, no lo hizo... de modo que traté de igualar el marcador hiriéndote.
-Probablemente ya estuviera muerto -dice Luke.
-Estoy seguro de que ya lo estaba... o de lo contrario habría venido, lo sé. ¿Puedes perdonarme por profanar la memoria de tu padre?
-Ya lo he hecho -dice Luke-. Ahora, me debes una explicación... -Antes de poder terminar su frase, la lanzadera aminora y sale del hiperespacio. Un pequeño asteroide oblongo flota ante el ventanal delantero-. ¿El asteroide de Ire Eleazari? ¿Cómo?
Erling asiente.
-Te lo explicaré. Pero, por favor, démonos prisa, me gustaría ver a mi hermana.
Luke conduce la lanzadera hacia el túnel que protege el hogar de Ire. Rápidamente se introducen en un par de trajes de vacío y se dirigen a la esclusa. Cuando la puerta interior se abre, se encuentran mirando a los cañones de dos rifles bláster. Ire Eleazari sostiene uno, y Dena Tredway, ya vestida y sostenida por sus propias piernas, sostiene el otro. Los ojos verdes de Dena aparecen gélidos, amenazantes, y aprieta su elegante mandíbula con determinación.
-Quitaos esos cascos -ordena-. ¡Y será mejor que reconozca a alguno de vosotros!
Luke y Erling abren obedientemente sus trajes. Tan pronto como Dena ve el rostro de Erling, deja su rifle a un lado y lo rodea con sus brazos.
-¡Estás a salvo!
Ire Eleazari también baja su arma.
-Me alegro de volver a verte -susurra a Luke-. Has hecho una buena obra.
Erling devuelve calurosamente el abrazo de Dena.
-Permíteme que te presente al hijo de Anakin Skywalker -dice, señalando a Luke.
Dena se vuelve hacia a Luke, con ojos cálidos de afecto.
-Ya nos conocemos -dice-. Y me alegra decir que incluso cuando no estoy conmocionada, creo que eres más guapo que tu padre. Espero que puedas pensar algún modo de que pueda mostrarte mi aprecio por todo lo que has hecho.
Ire pone los ojos en blanco y Luke se ruboriza.
-Hay una cosilla -dice.
-Dime -dice ella con un ronroneo.
-¿Puedes decirme cómo Erling seleccionó nuestras coordenadas de salto? Teníamos 30 cazas TIE en la cola y estábamos a escasos instantes de morir. Entonces saca de la nada un juego de coordenadas, ¡y aquí estamos! ¡Y ahora, no me quiere decir cómo lo hizo!
Dena se ríe y posa una cálida manos sobre el brazo de Luke.
-Eso es porque no lo sabe -dice-. Mi familia siempre ha tenido un don para saber coordenadas, cualquier coordenada, y él es el mejor de todos nosotros.
-Tan sólo visualizo a dónde quiero ir -aclara Erling-, y entonces sé cómo llegar allí. No me pidas que lo explique; no puedo.
-La Fuerza no puede explicarse -responde Luke.
-¿La Fuerza? ¿Realmente lo crees?
Su hermana asiente.
-Yo solía llamarlo “astrogación instintiva”, pero debe tratarse de la Fuerza.
Luke se encoge de hombros.
-Es la única explicación que conozco. Supongo que no podrías utilizar tu talento para ayudarme a encontrar un nuevo mundo para la base rebelde.
-De hecho -dice Dena, mirando a Luke con interés renovado-, sí que puede. Hemos estado trabajando en un pequeño proyecto...
-¡Con Mon Mothma! -deduce Luke.
-¿En serio? -pregunta Erling. Dena se queda boquiabierta por la sorpresa.
-Yo encontré el chip de mensaje -explica Luke.
-Entonces sabes por qué Erling es tan valioso. Puede encontrar cada planeta, luna y roca suelta en más de un millar de sistemas, cartografiados o no, ¡incluyendo instalaciones imperiales!
-¡Pero yo pensaba que estábamos expandiendo nuestras operaciones! -protesta Erling, con su rostro cambiando lentamente conforme va comprendiendo-. ¿Hemos estado trabajando para la rebelión todo este tiempo?
Casi parece furioso.
-Lo siento -dice Dena-. Usar un droide era demasiado arriesgado, pero ¿quién podría imaginarse una base de datos humana?
-Ella no podía decírtelo -dice Ire con su voz estereofónica-. Había una gran probabilidad...
-¡De que hiciera una estupidez! -completa Erling. Dena baja la mirada, temerosa de haber enfurecido a su hermano. En lugar de comenzar a gritar, éste suelta una risita-. Estaba animando a la resistencia pasiva porque la rebelión no me reclutaba -dice-. ¡Por el sol oscuro, qué torpe he sido! No me extraña que lo mantuvieras en secreto, Dena. ¿Y quién puede culpar a Mon Mothma por no quererme?
-Habrá un lugar tanto para ti como para tu hermana en el Mando de Inteligencia -dice Luke-. Seguramente podré testificar a vuestro favor. -En ese momento, se le ocurre otra idea, y se vuelve hacia Ire Eleazari-. Y estoy seguro de que podremos encontrar un lugar para un buen doctor -dice.
-Gracias -dice Ire-. Pero mi penitencia aún no está completa.
-¿Penitencia? -repite Luke, dejando que su curiosidad supere a sus buenos modales.
-Ire fue desterrado de su rebaño por 30 estaciones, pero fue Oosea... -comienza a explicar Dena,y luego se encuentra con la mirada del ithoriano.
Ire continúa la historia.
-Oosea traiciona al rebaño y trafica con los imperiales. Debe ser detenido; descubierto como lo que realmente es. Todo el rebaño sufre.
Silencioso de pronto, parece como si Ire no estuviera acostumbrado a discutir temas tan personales. Luke está impresionado de que el doctor confíe en él tanto como para explicarle.
-Algún día, verás al traidor Oosea abandonar Tol Ado -dice Dena-. Hasta entonces, que la Fuerza te acompañe.
-Y a todos vosotros -responde Ire.
Dena toma a Luke del brazo.
-Te veré en la base principal, ¿verdad? -pregunta.

Fin

sábado, 17 de septiembre de 2011

El honor de los Jedi (145)

145
-Parémonos a pensar un momento -dice Luke, dirigiendo la lanzadera de vuelta hacia la atmósfera de Tol Ado. Se hunde en las nubes negras. Las corrientes de aire superiores los agarran inmediatamente y vuelven a sacarlos fuera. Una docena de nubes de energía bláster estallan en los escudos de la lanzadera. Esta vez, las luces de control de daños brillan como una lluvia de meteoritos en una noche sin nubes. Luke obliga a la lanzadera a volver a las nubes, esta vez en un ángulo más pronunciado.
-¡Han sobrecargado los escudos! -informa Erling.
-Entonces tendremos que ser más listos que ellos -dice Luke. Hace girar a la lanzadera.
Dos disparos de energía estallan delante de la cabina. La lanzadera se agita, y luego apunta hacia abajo. ¡Los TIEs les siguen hacia la atmósfera! Ignorando los puntos ante sus ojos, Luke tira de los controles hacia arriba. La lanzadera sólo responde débilmente.
-Controles de estabilidad dos a seis fundidos -advierte Erling.
-¡Entonces vamos a volver a la cárcel!
Sólo les funciona un estabilizador. Con suerte, Luke puede frenar su caída y guiar a la maltrecha lanzadera hacia una bahía de atraque. Ni siquiera un piloto de su calibre puede hacer mucho más con lo que se ha convertido en una roca a motor.

Luke tiene un consuelo: gracias a Darth Vader, el general Parnell no estará allí para recibirles. Por desgracia, para cuando Luke pueda escapar de Tol Ado, el general Parnell casi parecerá su tío favorito. Vuelve a la sección uno y prueba de nuevo.

El honor de los Jedi (151)

151
-¡Será mejor que salgamos del planeta, rápido!
Erling dobla la esquina hacia el pasillo y se dirige a la estación de lanzamiento. Los soldados de asalto parecen claramente incómodos al indicarle que se detenga.
-¿Código de autorización?
Erling apunta a quien ha hablado con su índice enfundado en su guante negro.
-Ya tienes todas las autorizaciones que necesitas.
El guardia lanza una mirada a su compañero.
-No le vimos entrar, Lord Vader.
-Preparen una lanzadera para su despegue. No tengo mucho tiempo.
Luke se siente físicamente enfermo; sea cual sea el peligro, se acerca.
Los soldados de asalto dudan.
-¡Háganlo ya! -ordena Erling.
-Sí, Señor. -Se hacen a un lado y abren las puertas.
¡El gobernador general Sebastian Parnell se encuentra de pie ante ellos!
-Qué extraño, Lord Vader, verle aquí... ¡cuando acabo de dejarle en mi oficina!
Incluso mientras Luke salta del carro, colocando su sable de luz en posición defensiva, se da cuenta de que no hay esperanzas de escapar. Hay demasiados guardias, y no hay posibilidad de retirada, no esta vez.
Las palabras de Erling resuenan:
-Desenmascaren a ese impostor... Los quiero vivos.
Y Erling Tredway es golpeado por los anillos concéntricos de un bláster configurado para aturdir.
Luke bloquea los primeros disparos dirigidos hacia él, con sus sentidos trabajando de forma refleja, pero no puede protegerse de todos los lados al mismo tiempo; de pronto, se siente caer al negro vacío de la inconsciencia, con su agotado cuerpo paralizado, y su mente protestando congelada en un grito silencioso.

Cuando despierte, Luke tendrá tiempo de sobra como prisionero estrella de Tol Ado para pensar en su fallido intento de rescate... y en el probable paradero de Erling Tredway. Vuelve a la sección uno y prueba de nuevo.

El honor de los Jedi (147)

147
-Da la vuelta -ordena Luke-. ¡Vader está aquí!
-¿Cómo lo sabes?
-La Fuerza -explica Luke-. Puedo sentirlo.
-Yo no siento nada.
-¡Entonces confía en mí!
Erling regresa obedientemente una vez más al almacén donde descansaron tras escapar de la sub-instalación. Veinte minutos después, el cosquilleo en la mente de Luke comienza a remitir. Se asoman a la intersección para echar un vistazo al pasillo principal. Cincuenta metros más allá, un único carro repulsor avanza hacia el complejo administrativo. En el asiento del pasajero se encuentra una gran figura provista de una capa. La armadura no sólo es negra: es la personificación de la falta de luz. Incluso desde esa distancia, la figura irradia una tangible nube de maldad.
-¡Darth Vader! -susurra Erling.
El carro se detiene de pronto y la cabeza cubierta con el casco mira lentamente a un lado y a otro. Luke da un paso atrás, apartando también a Erling.
-¡Siente mi presencia!
Esta vez, Erling no protesta.
Al no ver aparecer a Vader doblando la esquina, Luke se atreve a echar otro vistazo al pasillo. El carro ya no es más que un pequeño punto. Vuelven a subir a su propio carro, y luego regresan a la estación de lanzamiento. Al acercarse a las puertas, Erling mira directamente al frente, ignorando a los guardias. Los guardias se echan ligeras miradas entre sí, y luego el de la izquierda salta como con un resorte para pulsar el activador. Las puertas se deslizan abriéndose justo cuando el capó del carro alcanza el umbral.
La estación de lanzamiento del personal de mando es una pequeña bahía de atraque, con espacio para contener una docena de lanzaderas. En este momento, seis lanzaderas se alinean una junto a otra en la primera hilera. Un pequeño centro de control se encuentra elevado en el muro de la izquierda. A la derecha, un campo de fuerza selectivo protege la bahía contra las tormentas cáusticas de la oscura atmósfera de Tol Ado. Aunque la atmósfera es negra como el espacio profundo, parece estar viva, girando y arremolinándose... del mismo modo que una araña inmóvil parece estar viva.
-¡Lord Vader! -Sebastian Parnell se acerca por la izquierda, con tres soldados de asalto tras él-. Me dijeron que me había perdido su llegada.
Erling mira lentamente al general.
-Y así ha sido. Ya me iba.
Parnell parece percatarse por primera vez de la presencia de Luke.
-¡Pero acaba de llegar sólo hace unos minutos! ¿Cómo...?
-Su intelecto no puede comprender el poder de la Fuerza, general.
Parnell baja la mirada y se mueve nerviosamente.
-¿Nos honrará con su compañía por unas horas? -pregunta, sin alzar la mirada.
-Ya tengo lo que venía a buscar -dice impaciente Erling.
Parnell alza su mirada y encuentra los oscuros vacíos de las placas oculares del casco de Erling.
-Por supuesto. ¿Le preparo su lanzadera?
-De inmediato.
Parnell se dirige a un soldado de asalto.
-Haz que preparen la número seis. -El soldado se apresura hacia la lanzadera más lejana-. Sólo tardará un instante. Dígame, ¿se encuentra bien el Emperador?
-¿Se atreve a ponerme a prueba? -pregunta Erling.
-Por supuesto que no -dice Parnell sin cambiar de tono-. Veo que su lanzadera está lista, Lord Vader. -Sin responder, Erling mueve el carro repulsor hacia la lanzadera. Apenas han avanzado poco más de dos metros cuando Parnell vuelve a hablar-. Lord Vader, va a la lanzadera equivocada. -Señala a una lanzadera más cercana-. Ésta es la suya, ¿no es así?
-¡Acelera! -ordena Luke, agarrando el sable de luz del cinturón de Erling. ¡La prueba de Parnell era más sutil de lo que habían pensado!
Erling pisa a fondo el acelerador. El carro salta hacia la lanzadera que Parnell había ordenado preparar para el despegue. Los guardias del general disparan. Los disparos pasan rozando el carro y se estrellan contra el costado de la lanzadera número dos. Erling los esquiva colocándose tras la lanzadera número uno. Continúa hacia la número seis, al otro extremo de la fila, protegido del fuego de los soldados.
En la número seis, el único soldado que Parnell había enviado para prepararla se encuentra entre ellos y la rampa de acceso bajada. No se ve a la tripulación por ninguna parte. Erling dirige el carro directamente hacia él y acelera. El soldado mantiene la posición por unos instantes, disparando un par ce veces al carro. Erling no aminora, y el carro golpea al soldado enviándolo diez metros volando por el aire. Rebota sobre la lanzadera y cae ruidosamente al suelo.
Desmontan a Erredós del carro y corren a la rampa de entrada. Para cuando los soldados de asalto de Parnell alcanzan la lanzadera, Luke ya ha cerrado todas las escotillas y está sentado en la cabina. Activa los escudos de energía y sus disparos rebotan inocuamente en el hangar. Luke activa el motor subluz y saluda a Parnell mientras se calienta. El general ignora a Luke y grita a sus guardaespaldas. Sus amenazas no sirven de nada; los disparos de bláster no pueden penetrar los escudos pesados de una nave espacial.
Luke retira el tren de aterrizaje. Cuando se gira para despedirse de Parnell una última vez, el general cae de rodillas. Se sujeta la garganta y se tambalea inestable, como si se estuviera ahogando. Casi parece como si una figura invisible le estuviera aplastando la tráquea.
Una inmensa figura vestida de negro se encuentra de pie en la puerta del hangar, con la mano derecha extendida como si sostuviera un gigantesco cetro. Incluso a través de los escudos y el casco de la nave, Luke siente el calor de la ira de Vader. Gira la lanzadera hacia el escudo atmosférico y acelera hacia las nubes negras de Tol Ado.
Diez turbulentos minutos después, dejan atrás las nubes. Treinta bolas con dobles alas les rodean por delante, y Luke ve los puntos de fuego de más motores TIE acercándose desde todas partes.
-¡Estamos rodeados! -exclama Luke-. Tendremos que volver a entrar en las nubes.
Lo que no dice es que los Luke probablemente puedan localizarlos electrónicamente, y luego saltar sobre ellos cuando traten de escapar de nuevo. A menos que pueda pensar en un plan mientras estén en la atmósfera, podrían igualmente tratar de luchar ahora.
-¿No podemos atravesarlos? -pregunta Erling.
Los TIEs que se encuentran sobre ellos descienden. Sesenta cañones láser destellan y una docena de disparos dan en el blanco. Las luces de la cabina pierden intensidad conforme los escudos disipan los daños hacia el espacio.
-Claro -responde Luke-. Nuestros escudos aguantarán unos diez segundos.
-Eso es todo lo que necesitamos -dice Erling.
-¿Estás loco? Nos costará cuatro o cinco minutos completar los cálculos de hiperespacio. Hasta entonces, somos como patos de feria.
-Puedo conseguir coordenadas en dos segundos, si puedes sacarnos de este pozo de gravedad.
-¡Ni hablar! -exclama Luke-. Un salto a ciegas es una muerte más segura que esta.
-No será a ciegas.
-¿Cómo puedes hacer eso? -pregunta Luke.
-Simplemente, puedo. Debes confiar en mí.
Otra andanada de disparos de TIEs sacude la lanzadera. Esta vez, las luces de la cabina permanecen apagadas todo un segundo.

viernes, 16 de septiembre de 2011

El honor de los Jedi (92)

92
La estación de lanzaderas del personal de mando es probablemente el hangar de lanzamiento más pequeño de Tol Ado. Un pequeño centro de control domina 12 estaciones de lanzamiento. Lanzaderas negras y fuertemente armadas ocupan la mitad de las estaciones de lanzamiento. Sólo una lanzadera parece estar preparada para despegar.
Al otro lado del hangar, un campo atmosférico selectivo mantiene la atmósfera de Tol Ado en el interior. Al observar el gas negro girar y arremolinarse, Luke siente como si estuviera enterrado en el núcleo del planeta en lugar de encontrarse en su superficie.
Oosea sube a bordo de la lanzadera que se está preparando para el despegue. Luke se toma unos minutos, y luego él también le sigue. En el interior, la lanzadera consiste en una docena de filas de asientos. Un único soldado de asalto monta guardia en la entrada.
-¿Código de autorización? -Luke recita el código que le han dado, esperando que el soldado de asalto no pueda oír el latido de su corazón tan claramente como él. Para su alivio, el soldado se hace a un lado-. Elija su asiento.
Toma un asiento cerca del ithoriano, quien le observa durante un largo instante con mirada gélida. Luke palpa su sable de luz; su elección de asiento no es un accidente. Tiene un mal presentimiento sobre Oosea. Si el ithoriano le causa cualquier problema, quiere estar lo bastante cerca para vengarse antes de caer. Tal vez el significado del asiento de Luke no pasa inadvertido para Oosea, porque simplemente aparta la mirada y finge no haber reparado en la presencia de Luke.
Diez minutos después, la lanzadera despega.

¡Luke está libre! La lanzadera vuela al ajetreado depósito imperial en Poe. Desde allí, Luke no tiene problemas para regresar a la base rebelde, donde encuentra a un aliviado -¿y tal vez un tanto engreído?- Erredós esperándole. Por desgracia, no puede considerar que su misión haya sido un éxito... y no sólo porque haya fracasado en encontrar una nueva ubicación para la base rebelde. Vuelve a la sección uno y prueba de nuevo.

jueves, 15 de septiembre de 2011

El honor de los Jedi (134)

134
La luz hace que a Luke le duelan los ojos. En realidad, le duele todo. Su cabeza se siente como una cáscara de huevo agrietada. Luke se pregunta si corre el riesgo de que su cerebro se escape por la grieta. A juzgar por el velo que nubla sus pensamientos, parece que parte de él ya ha escapado.
El cuerpo también le duele. Alguien debe de haberlo sujetado a un mecanismo de condicionamiento. No sólo siente que sus músculos están magullados, también los siente exhaustos y doloridos... como si acabara de aterrizar en un planeta de alta gravedad tras dos años en ausencia de peso. ¿Qué le ha pasado?
La luz oscila. Un droide médico Emedé-cinco flota sobre él. Tras el droide, sólo ve una extensión negra. Trata de incorporarse y se encuentra amarrado a una mesa de reconocimiento. Los pasos de un hombre suenan en un suelo de duracero, y luego su eco resuena en muros metálicos.
-Mi amigo electrónico dice que vivirás. -¡Sebastian Parnell! Luke trata de girar la cabeza, pero una gruesa correa la mantiene firmemente en su lugar-. Eres muy afortunado. Recogimos al soldado de asalto en una bolsa. ¿Tus talentos especiales te salvaron?
Luke siente un nudo en el estómago por el miedo. Sus dedos tiemblan sin control. La oscuridad parece más siniestra, y el droide médico parece menos un instrumento de piedad que una herramienta para prolongar la tortura. Y, por supuesto, están los horrores mecánicos acechando en los oscuros rincones de la sala. Si Luke pudiera verlos, no parecerían tan inquietantes. Pero Sebastian Parnell ha tenido eso en cuenta.
-¿Qué talentos? -pregunta Luke.
Un zumbido oscilante suena a la izquierda. Incluso sin girar la cabeza, Luke ve la hoja fluorescente de su sable de luz. Esta se mueve hacia su mejilla, haciendo con su brillo que la oscuridad sea aún más negra.
-Vamos... Cuando encontré esto, me di cuenta de que no eras un prisionero ordinario.
-Entonces sabes que tu abyecta cámara no me afectará.
Parnell suelta una risita, sosteniendo el sable apenas a un par de centímetros de la nariz de Luke. Tal vez espera que la proximidad de la hoja queme a Luke; en cualquier caso, el sable de luz es tan eficiente energéticamente que no emite calor.
-Disfrutaría haciendo la prueba -dice-. Por desgracia, ese placer será de Lord Vader.
-¡Vader! -jade Luke. La última vez que vio a Darth Vader fue en la Batalla de Yavin, cuando el caza estelar dañado del Señor Oscuro salió girando sin control hacia el espacio. Aparentemente, había sobrevivido.
-De modo que hay algo que temes -dice Parnell, desactivando el sable de luz-. Disfrutaré de nuestro encuentro. Tal vez aprenda algo de él.
-¡Si es que vives hasta entonces! -amenaza Luke.
Parnell ríe de nuevo.
-A mi entender, creo que una larga vida debería ser tu preocupación. A menos, claro está, que esperes que sean Erling Tredway o tu droide quienes acorten mis días.
-¡Entonces están libres! -deduce Luke.
-Yo no he dicho eso -replica Parnell con suficiencia. Se dirige a alguien en la oscuridad-. Devolvedlo a su celda, y poned cuatro guardias en la puerta. Aseguraos de que siga aquí cuando Lord Vader llegue.
Parnell arroja el sable de luz de Luke a una mesa y luego sale de la sala. Cuatro soldados de asalto desatan a Luke y lo escoltan a una celda del tercer nivel del Bloque de la Muerte. Cuando la puerta de la celda se cierra con un golpe metálico, Luke finalmente permite que la desesperación le recorra.
Aunque quiere culpar a Erling de su captura, el piloto rebelde sabe que no es así. Su propio orgullo le ha llevado allí. Si no hubiera permitido que los comentarios de Erling nublasen su juicio, se habría dado cuenta de que no podía usar la Fuerza estando tan enfadado. Y si no hubiera permitido que el orgullo dictase sus acciones, no habría intentado usar la Fuerza para un truco que sólo había visto realizarse una vez.
En lugar de salvar a Erling, como pretendía hacer, Luke lo había puesto en peligro. Incluso si Erling y Erredós siguen libres, sólo es cuestión de tiempo que Parnell los atrape. Luke quiere castigarse a sí mismo, pero nada que pueda hacer cambiaría la situación. Había permitido que sus emociones pusieran a otros en peligro, al igual que Erling había hecho con Sidney y Gideon. Eso es lo más lejos de ser un Jedi que podía llegar a estar.
Dándose cuenta de que su fuga dependerá más de unos nervios templados que del auto-reproche, Luke se tumba y cierra los ojos. Un poco de sueño debería refrescarle y reponer la energía que necesitará cuando vea la oportunidad de escapar.
Más tarde -cuánto más, Luke no sabría decirlo-, se despierta ante el ruido de su celda abriéndose. Inmediatamente se pone en pie de un salto, alerta y preparado para cualquier oportunidad. Una figura acorazada negra se encuentra de pie en el umbral, silueteada contra la débil luz que se filtra en el bloque de celdas. Lleva un casco estilizado en la cabeza y una capa negra cae de sus hombros.
Pero la figura no es Darth Vader, y su disfraz no puede engañar a nadie que haya pasado algún tiempo en compañía del auténtico Señor Oscuro. Vader mide más de veinticinco centímetros más que ese hombre, y tiene los hombros mucho más anchos. Y, aunque esta figura podría aterrorizar a alguien que sólo conociera a Vader por su reputación, carece de la amenaza tangible que acompaña a Vader como un aura. Y aún más importante, Luke sólo siente en este individuo un pequeño atisbo de la Fuerza; ciertamente no el poder del Lado Oscuro asociado al Señor Oscuro.
-Me llevaré al prisionero conmigo -dice la figura con voz áspera. A pesar del filtro electrónico, Luke reconoce la voz de Erling Tredway.
-Necesitamos un código de autorización, Lord Vader -dice un guardia.
Erling se vuelve rígidamente hacia quien ha hablado.
-¿Realmente quiere mi autorización?
El guardia calla por un instante.
-No -dice finalmente.
Para variar, Luke debe admirar la iniciativa de Erling. Aunque Erling nunca podría llegar a igualar la auténtica malicia de Vader, su presencia lleva consigo cierto aire de mando. Si se añade el temor al mero nombre del Señor Oscuro, sólo el imperial más insensato se atrevería a importunarle con los procedimientos.
-¡Tú, afuera! -gruñe el guardia, quizá más ansioso de librarse de Vader que de Luke. Luke obedece, deteniéndose en la puerta para mirar con desdén a su nuevo captor.
-Volvemos a encontrarnos, Señor del Mal -dice. Para que funcione la mascarada, debe interpretar su papel.
El guardia sostiene un par de grilletes.
-Eso no será necesario -dice Erling-. Esos grilletes no le retendrían.
El soldado de asalto estudia a Luke con renovado respeto y luego da un paso atrás.
Erling empuja a Luke hacia el ascensor.
-Pagarás cara tu insolencia.
A mitad de camino del ascensor, Luke se detiene, obligando a Erling a chocar contra él.
-No te olvides de mi sable de luz -susurra.
Erling le empuja.
-Intenta eso de nuevo, y acabaré contigo aquí mismo.
En la planta baja, Erling solicita los efectos personales de Luke. Sujeta el sable de luz a su cinturón. Luego salen del Bloque de la Muerte en el mismo carro repulsor que Luke había utilizado tras su llegada.
Cuando finalmente están a salvo, Luke comienza a hablar.
-¡Debes estar loco! ¿Cómo sabías que Vader iba a venir?
Erling se explica. Cuando Luke puso el carro repulsor marcha atrás y atacó al soldado de asalto, todo lo que Erling podía hacer era retomar el control del vehículo. Para cuando lo hizo, la lucha había terminado y estaban llegando refuerzos. Se ocultó en la sala de almacenamiento que habían encontrado tras escapar de la sub-ciudad. Erredós se conectó al ordenador para comprobar qué ocurría, e informó que Darth Vader estaba llegando. Cuando escuchó eso, el plan surgió sin más en la mente de Erling.
-Buen trabajo -dice Luke-. Esta vez no tendremos ningún problema para entrar en la estación de lanzamiento.
Razonando que la presencia de Darth Vader parecería de lo más natural en la estación de lanzaderas del personal de mando, regresan allá. Al girar hacia la estación de lanzamiento, algo cosquillea en la base del cerebro de Luke. Una oleada de nausea le invade, dejándolo casi sin aliento.
-¿Pasa algo malo? -pregunta Erling.
-Una distorsión... -jadea Luke-. ¡Estamos en peligro!

martes, 13 de septiembre de 2011

El honor de los Jedi (83)

83
Luke ignora al oficial y continúa su camino.
-¡Teniente, deténgase inmediatamente! Necesito su ayuda. Un prisionero ha escapado del Bloque de la Muerte...
El oficial se detiene a mitad de la frase.
Maldiciendo su suerte, Luke desengancha el sable de luz de su cinturón. Sin embargo, antes de poder activarlo, el oficial ya está escapando por el pasillo a gran velocidad. Luke da media vuelta y huye hacia el centro de eliminación. Al abandonar el pasillo transversal, se topa de bruces con una escuadra de soldados de asalto y un oficial imperial.
-¡Deténgase para inspección! -ordena el oficial.
Los soldados de asalto alzan sus rifles y Luke escapa de nuevo hacia el pasillo transversal. Esta vez, se encuentra con dos carros llenos de soldados. Se agacha hacia la derecha, esperando pasar por su lado deslizándose.
No hay suerte. El conductor del primer carro altera su rumbo y golpea a Luke contra el muro. Él activa su sable de luz, pero cuando trata de ponerse en pie, sus rodillas se doblan.
Seis soldados de asalto saltan de los carros y le apuntan con sus blásters.
-Puedes morir aquí o en tu celda -dice uno.
Luke desactiva su sable. La celda puede ser lúgubre, pero al menos puede tratar de escapar de ella.

Luke regresa a su celda en el Bloque de la Muerte. Tendrá que pensar en otro truco para su próximo intento de fuga. Ahora los imperiales disparan a los prisioneros que parecen estar muertos. Vuelve a la sección uno y prueba de nuevo.

El honor de los Jedi (89)

89
-¡Sí, señor! -responde Luke.
-Ha escapado un prisionero del Bloque de la Muerte, y se cree que puede estar por esta zona. Debo quedarme aquí para organizar la búsqueda. ¿Puede llevar a este visitante al la estación de lanzaderas del personal de mando?
-Desde luego, señor -dice Luke. Es claramente consciente de la lamentable condición de su uniforme, que además no es de su talla, pero no hay nada que pueda hacer al respecto.
-No estoy acostumbrado a que me escolten oficiales de menor rango, coronel -dice el ithoriano, con las bocas a ambos lados de su cuello hablando al unísono.
-Le pido su perdón, Oosea -dice el coronel, pronunciando con dificultad el nombre del ithoriano mientras desciende del carro-. Debo capturar al fugitivo antes de que desaparezca en la sub-instalación. El Bloque de la Muerte jamás ha perdido un prisionero.
Luke sube al asiento del conductor.
-¿Dónde está la estación de lanzaderas del personal de mando? -pregunta Luke.
El coronel frunce el ceño, y luego saca un diminuto datavídeo de su bolsillo. Busca un mapa y se lo pasa a Luke.
-Su código de autorización es 100858. Devuelva el datavídeo al Bloque de la Muerte. -Se dirige al ithoriano-. Por favor, acepte mi palabra de que el general Parnell está haciendo todo el esfuerzo posible para localizar a Ire Eleazari.
-Eso espero -responde Oosea-. Si el Imperio desea una base en Ithor, mi rebaño nunca debe descubrir la verdad acerca del escándalo de Ire.
-Pronto será silenciado para siempre -dice el coronel-. La lanzadera le llevará a nuestro depósito de suministros en Poe. Desde allí, puede conseguir un transporte a su hogar sin levantar sospechas. Que tenga un agradable viaje. -Hace un gesto de cabeza hacia Luke.
Oosea no dirige la palabra a Luke durante las dos horas que les cuesta llegar a la estación de lanzaderas del personal de mando. Luke se alegra de permanecer en silencio: nunca le han gustado los traidores. Al menos tendrá algo de valor de lo que informar cuando vuelva a la base. Y, si Inteligencia de la Alianza tiene algún contacto en Ithor, Oosea pronto pagará por su traición.
Cuando llegan a la estación de lanzaderas del personal de mando, Luke hace descender a Oosea sin ceremonia. Aparca el carro cerca de la entrada.

El honor de los Jedi (148)

148
Luke se dirige hacia la estación de lanzamiento de mando.
-¿Estás loco? -sisea Erling.
-Confía en mí -responde Luke. Erling pronto tendrá que tragarse sus irrespetuosas palabras contra el camino de los Jedi. Aunque no cierra los ojos, Luke se concentra en su interior. No ocurre nada. Respira profundamente tres veces y se relaja, buscando la calma interior que sirve como conducto para la Fuerza. Siente un cosquilleo en la base del encéfalo. Bien... ahí viene.
-Esto no va a funcionar -dice Erling.
-¡Cállate y lo hará! -Luke maldice a Erling en silencio por interrumpir su meditación. Una oleada de fastidio recorre su cuerpo, llevándose consigo su tranquilidad. El cosquilleo en su mente se desvanece tan rápido como había llegado-. ¡Ben... ayúdame! -susurra.
-¿Código de autorización?
Han llegado a las puertas.
-No necesitamos un código de autorización -dice Luke, tratando de mantener la desesperación fuera de su tono de voz. Acerca su mano hacia el sable de luz, por si acaso.
-Todo el mundo necesita código de autorización.
-Este parece un prisionero -dice el segundo guardia.
Luke pone el carro repulsor marcha atrás. Salta del asiento del conductor, activando simultáneamente su sable de luz.
-¡Sal de aquí, Erling!
El guardia, sorprendido, levanta su bláster para bloquear el ataque de Luke. La hoja de energía lo atraviesa como un cuchillo caliente a través de grasa animal hidrogenada. Un destello blanco ciega a Luke, y luego una explosión lo arroja contra el muro de enfrente. Se desploma en el suelo, con su visión desvaneciéndose.

El honor de los Jedi (116)

116
-Ah, sí, el código de autorización -dice Luke-. Espera un momento.
Aunque no cierra los ojos, Luke se concentra en su interior. Erling pronto tendrá que tragarse sus irrespetuosas palabras contra el camino de los Jedi.
Al no ocurrir nada, respira profundamente tres veces y se relaja, tratando de encontrar esa calma interior que sirve como conducto para la Fuerza. Siente un cosquilleo en la base del encéfalo. Bien... está funcionando.
-¿Qué estás haciendo? -susurra Erling.
-¡Cállate! -exclama Luke. Luke maldice a Erling en silencio por interrumpir su meditación. Una tormenta de fastidio recorre su cuerpo, llevándose consigo su tranquilidad. El cosquilleo se desvanece tan rápido como había llegado-. ¡Ben... ayúdame! -murmura.
-¿Cual es su código de autorización? -pregunta el guardia.
Luke agarra su sable de luz. Pone el carro repulsor marcha atrás y salta hacia el guardia.
-¡Sal de aquí! -grita.
El guardia, sorprendido, reacciona lentamente. Luke activa su sable de luz y da un tajo en el hombro del soldado. Incluso antes de que el soldado herido caiga al suelo, Luke se gira para enfrentarse al segundo guardia.
Se encuentra mirando de frente a un rifle bláster. Se arroja al suelo. Un destello de energía brilla, y Luke da una voltereta hacia los pies del soldado. Se pone en pie haciendo girar su arma. La hoja de energía corta limpiamente por la mitad el arma del asombrado guardia.
Un destello blanco ciega a Luke. Una onda de choque le arroja cuan largo es contra el suelo y un golpe hueco resuena en su cráneo. Todo se funde en la oscuridad.

jueves, 4 de agosto de 2011

El honor de los Jedi (139)

139
Luke alza su sable de luz, activando la hoja en cuanto pasa junto a Erredós. El guardia reacciona demasiado lento, y Luke hunde la hoja en su cuello. Un disparo de bláster del otro guardia pasa zumbando sobre su cabeza.
Algo golpea el hombro izquierdo de Luke, derribándolo del carro repulsor. Aterriza sobre el soldado de asalto. Cuando intenta levantarse, el dolor recorre todo su tronco. Se derrumba en el suelo, dándose cuenta finalmente de que tiene un agujero de bláster en el hombro.
El soldado de asalto restante empuja a Luke con su bota. Oleadas de agonía recorren su cuerpo. Trata de blandir su sable de luz, pero encuentra que tiene las manos vacías.
-Nadie escapa de Tol Ado -dice el soldado-. ¿Por qué los prisioneros seguís intentándolo?

Luke escapará... después de que se cure su hombro. Por desgracia, nunca descubrirá qué ocurrió con Erling Tredway, o por qué Erling es tan importante para Sebastian Parnell y Mon Mothma. Vuelve a la sección uno y prueba de nuevo.

El honor de los Jedi (103)

103
Justo antes de llegar al foco de luz, otro disparo de bláster destella desde el techo. El oficial retrocede ante el disparo y deja caer sus pantalones al suelo.
-Detened esta tortura -ordena Luke-. ¡En nombre de la Alianza! -Espera que el tono de su voz haga que se detengan y que mencionando la rebelión deje claras sus simpatías. Por desgracia, es imposible descifrar el súbito silencio que sigue.
La reacción del imperial es una mezcla de vergüenza, rabia, y extrañeza. Su mirada se enfoca lentamente en el joven piloto que ve ante él, con su sable de luz zumbando suavemente.
-¡La Alianza! ¿Cómo...?
Sin advertencia previa, dos de las criaturas de ojos rojos descienden a la altura de sus hombros, agarran al oficial imperial por los sobacos y lo alzan a la oscuridad que se cierne sobre ellos. El hombre ni siquiera tiene tiempo para gritar.
Luke reacciona una fracción de segundo después, saltando al lugar en el que antes estaba el imperial. Pero su sable de luz no encuentra otra cosa que una red estructural; una lluvia de chispas y un chirriante gemido metálico son testigos de ello. Entonces vuelve el silencio. El rebelde no puede ver nada más allá de las cuatro lámparas ancladas en las negras alturas sobre él. Se detiene, pero parece que se han ido, llevándose al oficial con ellos.
Cierra los ojos brevemente lamentando haber fracasado en liberar al imperial, pero Luke sabe que tiene poco tiempo que perder en lamentaciones. Él mismo es un fugitivo. Abandonar ese lugar debe ser su prioridad máxima.
El uniforme del hombre está en el suelo, arrugado en un montón. Luke lo toma y retrocede al pasillo, donde se lo prueba rápidamente. Es una talla más grande en todas las medidas, pero debería pasar una inspección casual. Luke sujeta su sable de luz al cinturón y luego avanza rápidamente por el pasillo.
Se detiene en el tercer panel de acceso que encuentra. Debería estar lo bastante lejos del lugar de su fuga para evitar ser detectado. ¡Y desde luego no quiere que encuentren ahí abajo vestido con un uniforme imperial!
Tras abrir cuidadosamente el panel para asegurarse de que su salida quedaría inadvertida, Luke sale de la sub-instalación. Vuelve a colocar el panel en su sitio y luego gira por un pasillo transversal. El pasillo transversal comunica con un pasaje más grande y transitado. Es entonces cuando Luke nota una humedad pegajosa en la parte izquierda del cuello de su uniforme.
Frota la zona, ¡y el dedo regresa cubierto de sangre! Luke se arriesga a bajar la mirada hacia el cuello. Por suerte, la naturaleza de la mancha no está clara; simplemente parece ser una zona más oscura y brillante en el uniforme negro. Luke gira pro el pasillo, tratando de mantener su lado izquierdo pegado a la pared.
-¡Teniente!
Un oficial imperial detiene su carro repulsor a tres metros frente a Luke. Un ithoriano está sentado en el asiento del copiloto. Mantiene su largo cuello plano orgullosamente alejado del oficial. Los dos ojos en su cabeza con forma de martillo miran a Luke con desdén.

El honor de los Jedi (62)

62
Justo antes de llegar al foco de luz, otro disparo de bláster destella desde el techo. Luke salta y blande su sable de luz.
Algo grita, y luego una pistola bláster y una garra curtida caen al suelo.
-¡Deteneos! -grita Luke. Mira hacia arriba, hacia cuatro lámparas brillantes; no puede ver en absoluto a las criaturas.
-¡Mátalo! -susurra una voz enfadada. El imperial agarra el bláster y dispara a la oscuridad.
Luke escucha el sonido de las criaturas al escapar, pero no puede verlas. Deja de mirar y se relaja. Tiene otros sentidos aparte de la vista. Algo chasquea sobre su cabeza y Luke mueve su sable de luz sin pensar... deteniéndose sin más donde era necesario. Una criatura sisea y se aleja.
Luke da media vuelta y luego se lanza a la oscuridad. Un disparo de bláster resuena en e pasillo y una de las criaturas oscuras grita. Otra forma oscura cae al suelo, con un líquido verde azulado manando de la herida de sable. Sobre su cabeza se oyen susurros y siseos.
Luke se acerca al cuerpo sin vida.
-Alejaos antes de que mueran más de vosotros.
Un disparo de bláster explota a su izquierda, pero el instinto de Luke le dice que permanezca inmóvil. Se oye un sonido de algo moviéndose. Luke salta hacia arriba y agita su hoja. Otro grito resuena en la oscuridad y un cuerpo sin vida cae pesadamente al suelo.
No necesita volver a advertir a los supervivientes. Se alejan apresuradamente, llevándose sus luces con ellos.
-No entiendo por qué me has ayudado, fugitivo, pero tienes mi gratitud -dice el imperial.
-Yo tampoco estoy muy seguro de por qué lo he hecho -dice Luke, manteniendo su sable de luz activado-. Pero que no se te ocurra pensar en entregarme.
El imperial le mira detenidamente.
-Te debo mi vida, y no voy a pagar mi deuda con una traición. -Muestra a Luke su índice dislocado. En la segunda articulación, está torcido noventa grados hacia el pulgar-. ¿Te importaría guardar eso?
Luke desactiva su sable de luz y lo sujeta en su cinturón.
-¿Me ayudarás a salir de Tol Ado?
Luke agarra el índice del oficial entre sus dedos.
El oficial lo piensa un instante.
-Sí -dice finalmente. Aleja su mano de Luke en un movimiento firme y constante. El dedo se endereza lentamente y vuelve a su posición con un chasquido. Suelta un gemido-. Esto servirá de momento. Ahora busquémoste un disfraz.
El oficial dirige la marcha a través de un laberinto de pasillos. Durante el camino, explica que los prisioneros ocasionalmente escapan a la instalación subterránea. Nadie sabe cuántos hay, pero la cifra debe pasar del millar. Muchos oficiales no se atreverían a entrar solos en la sub-instalación. Se negaba a creer que la situación fuera tan peligrosa, de modo que cuando le pidieron que comprobase unos daños en unos conductos de ventilación, bajó solo. No volvería a cometer ese error.
Al rato, el oficial abre un panel de acceso en el techo. Tras asegurarse de que el camino está despejado, hace gestos a Luke para que le siga. Rápidamente se acercan a una de las 100 puertas que se alinean en un largo pasillo.
-Mi cubículo -explica, presionando la palma de su mano contra el sensor de la cerradura. La puerta se abre deslizándose, revelando una pequeña habitación que contiene un escritorio, una cama y un armario. Saca del armario un uniforme y se lo da a Luke.
-Ponte esto. Puede que no te quede perfecto, pero tendrá que servir. Volveré; no abras esta puerta hasta que regrese.
Luke se pone el uniforme y espera. Le está un poco grande por todas partes, pero en general tampoco le queda tan mal. A pesar del hecho de haber salvado la vida de ese hombre, Luke no está seguro de que deba confiar en el Imperial. El hombre parece bastante sincero, pero el engaño imperial es legendario. Por otra parte, el oficial fácilmente podía haberle conducido sin más a un calabozo. Finalmente, Luke se da cuenta de que su mejor oportunidad de escapar consiste en confiar.
Una hora más tarde, el oficial regresa. Le da a Luke un datavídeo con un mapa, y luego le dirige a un pequeño carro repulsor.
-Dirígete a la estación de lanzaderas del personal de mando. Tu número de autorización es 061960; eso te llevará al depósito de suministros imperial en Poe. ¿Entendido?
Luke asiente.
-Gracias... Ni siquiera sé tu nombre.
-Dejémoslo así -dice el oficial-. Por si acaso.
Luke sonríe.
-Comprendo. -Se siente mucho mejor por haber confiado en el hombre.
Dos horas más tarde, alcanza las puertas de la estación de mando. Dos soldados de asalto montan guardia. Un oficial que escolta a un ithoriano está detenido ante las puertas. Conforme Luke se acerca tras ellos, el ithoriano se vuelve y le mira fijamente. Por un instante, teme que el ithoriano se de cuenta de que es un prisionero.
El alienígena se vuelve al conductor.
-¿Has tomado la ruta turística? Casi hemos llegado tarde a mi lanzadera.
Luke respira con signos de alivio. La actitud del ithoriano es simple arrogancia.
-Tenemos tiempo de sobra, Oosea, señor -responde el oficial, avanzando hacia la estación. Oosea no responde.
Luke avanza. Con su corazón latiendo salvajemente de aprensión y miedo, recita a los soldados de asalto su código de autorización. Para gran alivio suyo, le indican que pase a la estación. Luke aparca su carro cerca de la entrada.

martes, 2 de agosto de 2011

El honor de los Jedi (146)

146
Luke gira a la izquierda hacia el muelle de suministros. Pasar esos guardias sin crear un disturbio es demasiado complicado. Al acercarse, la pesada puerta se abre con una ráfaga de aire.
Un pasillo corto se extiende unos 20 metros y luego se abre en un inmenso hangar. Justo al otro lado del pasillo, un campo de fuerza selectivo mantiene a raya al tornado negro de la atmósfera de Tol Ado. Una barcaza de carga está pasando por el campo de fuerza cuando ellos entran.
Las puertas dobles se cierran con un golpe seco tras ellos. Luke avanza al final del pasillo.
-¿Código de autorización? -pregunta una voz a su izquierda. Ahí se encuentra un único soldado de asalto, apuntando con su bláster a Luke. Luke deja caer la mano a su sable de luz.
-Este parece un prisionero -dice otro soldado, esta vez a la derecha.
-¡A ver cómo nos saca la Fuerza de ésta! -susurra Erling.
Las palabras de Erling hacen que un escalofrío de rabia recorra el cuerpo de Luke. Tal vez ya es la hora de enseñarle una lección acerca del poder de la Fuerza.

El honor de los Jedi (56)

56
Luke aterriza en el lado izquierdo de la camilla y se escabulle por el pasillo. Activa la apertura de la primera puerta que alcanza, y luego entra en una pequeña habitación llena de armarios. Un uniforme negro se encuentra pulcramente doblado en un banco en el centro de la sala. Trajes anti-contaminación cuelgan de unos percheros al fondo de la sala. Una videoseñal sobre los trajes indica: “Selle su traje antes de entrar en la zona de eliminación”.
Tal como esperaba, la bolsa de la camilla de Luke contenía sus efectos personales... incluyendo su sable de luz. Luke se prueba el uniforme; le cuelga un poco de los hombros y le sobra en la cintura, pero debería pasar una inspección casual. Sujeta el sable de luz en el cinturón y sale de la sala.
Sigue el pasillo alejándose del centro de eliminación, y luego continúa por un pasillo transversal hacia un pasaje más transitado. Con cierta regularidad pasan carros repulsores que transportan oficiales y soldados de asalto. Luke gira a la izquierda.
-¡Teniente!
Un oficial imperial detiene su carro a tres metros frente a Luke. Un ithoriano está sentado en el asiento del copiloto. Mantiene su largo cuello plano orgullosamente alejado del oficial. Los dos ojos en su cabeza con forma de martillo miran a Luke con desdén.

El honor de los Jedi (94)

94
Luke se deja caer por el lado derecho de la camilla y se arrastra hacia el panel de acceso. Lo levanta y, sin detenerse, se deja caer en la oscuridad.
Aterriza en un pasillo tenuemente iluminado. Tuberías, conductos, cables y equipamiento de todo tipo se alinean en el pasaje a ambos lados. La maraña es tan gruesa que a Luke le recuerda la jungla de la luna de Yavin.
Un disparo de bláster resuena más adelante. Luke abre la bolsa que recogió de su camilla. Como esperaba, contiene sus efectos personales... incluyendo su sable de luz. Saca el cable de la bolsa, cierra el panel de acceso sobre su cabeza, y luego comienza a caminar por el pasillo hacia el sonido de los disparos de bláster.
Un centenar de metros más adelante, un único oficial imperial vestido sólo parcialmente está de pie en una columna de luz. Está desarmado, y tiene varios cortes dentados en la cara. Seis criaturas, negras como el propio Tol Ado, cuelgan del techo mediante largos y delgados rabos. Tienen orejas como aletas cuadradas y, haciendo las veces de ojos, finas ranuras rojas ubicadas bajo un peludo ceño fruncido. Cada uno de ellos sostiene un bláster en sus manos con garras.
-¡Desnúdate, imperial! -dice uno. Le dispara al pie con el bláster-. Desnúdate y muere de humillación.
Al activar su sable de luz, el joven rebelde estudia la situación. Las criaturas están claramente torturando hasta la muerte al oficial. Luke no puede permitirlo. Cuando piensa en los desgarradores gritos que soportó mientras estaba sentado en su celda, el piloto se reafirma en su odio hacia semejante crueldad... sea cual sea el bando al que juren lealtad los torturadores. Puede tratar de convencer a las criaturas negras para que cesen en sus actividades, o puede simplemente atacar.

lunes, 1 de agosto de 2011

El honor de los Jedi (138)

138
Luke hace girar el carro. Una hora más tarde, rodean una suave curva y el zumbido incrementa súbitamente su volumen.
-Espero que este camino no haga que nos maten -dice Luke.
-No sé qué es lo que está causando ese ruido -dice Erling-, pero sí que sé que por aquí se va a las estaciones de lanzamiento.
El zumbido continúa, haciéndose más fuerte conforme avanzan. Una gran tubería amarilla de un metro de diámetro aparece sobre ellos. Luke y Erling deben agacharse para evitar golpearse las cabezas. Cinco kilómetros más adelante, el pasaje se ensancha y la tubería entra en una gran caja. Tan pronto pasan de largo la caja, el zumbido desaparece.
Dos horas más tarde, alcanzan una intersección. Erling indica a Luke que giren a la derecha. El pasillo pronto comienza a ascender y termina en unas puertas activadas por sensores. Luke avanza hacia los sensores, nervioso ante lo que puedan encontrarse al otro lado. Las puertas se abren con un siseo.
Un breve pasillo se extiende unos 20 metros ante ellos, antes de formar un cruce con forma de T con otro pasillo. Hay una puerta cerrada a cada lado del breve pasillo. Al contrario de los túneles de la instalación subterránea, estos pasillos están tan bien iluminados que le hacen daño a Luke en los ojos. Las puertas se cierran con un golpe tras ellos. Luke aparca el carro junto a la puerta de la derecha.
-No podemos seguir viajando así -dice Luke-. Si nos topamos con alguien antes de que nuestros ojos se acostumbren, estaremos en serios apuros.
Descarga a Erredós y lo coloca frente a la puerta.
-Ábrela.
El droide extiende obedientemente un apéndice y desactiva el cerrojo. Luke entra dentro tan pronto como la puerta se hace a un lado con un siseo.
La luz es menos brillante en el interior. La sala está repleta de equipo confiscado; blásteres de todas las formas y tamaños, un par de cañones láser y de iones, vibro-hachas, picas de fuerza, y armaduras personales. Una armadura en concreto atrae la atención de Luke. Es negro como el polvo de nebulosa, con una capa y un casco acampanado. Aunque no es una réplica exacta del traje de Darth Vader, es lo bastante parecido como para engañar a alguien que sólo conociera de oídas al Señor Oscuro. Luke no tiene la menor duda de que el propietario de esa armadura fue arrestado por hacerse pasar por Vader. De todos los crímenes que un ser pudiera cometer, Luke no puede pensar en nada más estúpido.
Erling se acerca a Luke.
-Me gustaría que aceptases mi agradecimiento -dice. Incluso cuando intenta ser humilde, Erling construye sus frases en función de sus propios deseos y voluntades.
-¿Por qué?
-Por salvarme la vida, a pesar de los problemas que pueda haber causado.
-Que causaste -corrige Luke. Aún no está dispuesto a perdonar a Erling-. Buenas personas murieron.
-Entonces acepta también mis disculpas. Lo compensaré.
-¿Cómo? -salta Luke-. ¡Han muerto! No puedes devolverles la vida. -Erling baja la mirada y lucha por no dar una respuesta airada-. Olvídalo -dice Luke un instante después. Los resentimientos no servirían de nada-. Gideon vino porque quería hacerlo. Acepto tu agradecimiento, pero no merezco ninguna disculpa.
El rostro de Erling se suaviza. Toma el casco negro en sus manos.
-Terrorífico, ¿verdad?
-No es tan malo comparado con el de verdad. ¿Alguna vez has visto a Darth Vader?
-¡Vader! -Erling jadea, dejando caer el casco-. ¡Él mató a mi padre!
-Al mío también -dice Luke. Devuelve el casco a su lugar adecuado.
-¿En serio? ¿Tu padre era un Jedi?
Luke asiente. Aunque no se siente cómodo revelando su identidad, continúa teniendo la esperanza de encontrar otro arma que haya sufrido dolores similares.
-Anakin Skywalker. ¿Lo conociste?
Erling asiente.
-Sí. Era un hombre alto, fuerte como un bantha y rápido como un dewback. Mi padre le admiraba mucho.
-Cuéntame más.
-No recuerdo mucho. Era pequeño cuando nos visitaba. Era orgulloso en exceso, tremendamente inteligente e inusualmente reservado. Recuerdo a mi padre comparándolo con una central geotérmica; templado en el exterior, pero hirviendo en su interior con energía apenas controlable. Era tan devoto como mi padre hacia esa equivocada mitología Jedi.
-¿Equivocada mitología? -repite Luke de forma cortante.
-Creía en muchas filosofías fantasiosas.
-¿Quieres decir “filosofías fantasiosas” como la Fuerza?
-Exactamente. Por favor, no pienses que dejo que sus pintorescas creencias empañen su memoria...
Luke le corta.
-Mis ojos ya se han adaptado. -Luchando por mantener la calma, abre la marcha fuera de la sala.
No mucho más tarde, llegan a otra intersección en forma de T. A la izquierda, el pasillo termina en una gigantesca puerta doble sin vigilancia. A la derecha, el pasillo termina en una puerta más pequeña vigilada por dos soldados de asalto.
-El camino a la derecha conduce a la estación de lanzaderas del personal de mando -le informa Erling-, y el de la izquierda a un muelle de suministros.
-¿Cómo sabes todo esto? -pregunta Luke.
-Simplemente confía en lo que te digo -replica Erling.
Luke considera sus opciones. Probablemente sea más fácil entrar en el muelle de suministros... pero esa misma facilidad le preocupa. La falta de guardias indica lo seguros que se sienten ante las posibilidades de un prisionero de colarse de polizón en una barcaza de suministros.
Las puertas que conducen a la estación de lanzaderas de mando parecen más accesibles. Si pueden pasar los guardias sin levantar la alarma, probablemente puedan marcharse sin incidentes. Pero pasar junto a los guardias será un problema... a menos que pueda usar la Fuerza para persuadir a los soldados de asalto de que los dejen pasar. Es un truco que una vez vio usar a Ben Kenobi. Con un poco de suerte, puede imitarlo ahora... y probar a Erling que la Fuerza es más que sólo una “filosofía fantasiosa”.

El honor de los Jedi (73)

73
-¡Aaaaahhhhhh!
Todo está oscuro. Más que oscuro; negro.
-¿Dónde está Ire Eleazari?
Luke yace sobre metal frío. Sus sienes laten con dolor insoportable, y todo su cuerpo está dolorido como si un droide le hubiera dado una paliza sónica.
-¡Aaaaaaahhhhhh! -Otro grito de agonía.
-¿Crees que estoy disfrutando con esto? Habla... o el dolor será peor aún. -La voz del interrogador parece razonable y empática; sólo está haciendo su trabajo.
Luke balbucea.
-No conozco a ningún Ire...
Otro grito le interrumpe; la voz pertenece a otra persona. El piloto rebelde vuelve lentamente en sí. Está tumbado en un sencillo camastro de metal en una celda oscura. La voz del interrogador -y los gritos de la víctima- provienen de una gran cámara en algún lugar fuera de su habitación.
Con el corazón en un puño, Luke se da cuenta de que los imperiales le han capturado. Se pone en pie y explora su celda con las manos. Tiene dos metros de ancho y tres de largo. Hay un cubículo sanitario cerca de la cabecera del camastro. A los pies del camastro hay una puerta con dos ranuras.
El interrogatorio continúa durante horas. Luke no puede hacer otra cosa salvo escucharlo. Los imperiales deben haber diseñado este bloque de celdas para que todos los interrogatorios se escuchasen desde cada una de las celdas. Para Luke, los peores momentos son cuando una máquina zumba o sisea y la víctima no grita. Hace que se pregunte si el ser ha muerto, o si el dolor es tan intenso que le impide gritar. El mero hecho de estar en una celda es una tortura.
Nadie molesta a Luke durante lo que lo que podrían haber sido días, aunque no tiene ningún modo de medir el paso del tiempo. Incluso sus comidas -que consisten en una insípida pasta de proteínas- llegan a intervalos irregulares. En los escasos momentos en los que una tortura no le impide pensar racionalmente, Luke piensa en su situación. Aunque no tiene forma de saber qué ha pasado con Erredós-Dedós, está seguro de que el pequeño droide ya está de vuelta en la base rebelde. Erredós tiene un don para la autoconservación. Casi parece que fuera invisible para los seres vivos, porque raramente se les cruza por la mente que un droide pueda ser algo de lo que deban preocuparse. En cuanto a los demás... no sabe nada, y aunque lo supiera no podría hacer nada.
En cuanto a sí mismo, por otra parte, Luke tiene mucho de lo que preocuparse. Por lo que sabe, los imperiales pretenden dejarle en esa celda oscura para que se pudra. Si quiere escapar, debe ponerse manos a la obra. Pero está atrapado en una oscura celda de metal sin ningún equipo. Su único contacto con el mundo exterior llega cuando algún droide desliza un plato de comida en su celda. ¿Qué puede hacer?
Se le ocurre un plan; debe usar el único recurso que tiene para aprovecharse de su único contacto con el mundo interior. Se tumba en el camastro y se concentra en su interior, tratando de encontrar la tranquilidad que sirve como conductor para la Fuerza. Una extraña ligereza invade su cerebro; se agarra a esa sensación y enfoca toda su concentración en ella. Su meditación dura horas, se extiende durante días, tal vez incluso semanas. Luke sólo advierte borrosamente los platos de comida que caen en si celda; él extra su sustento de una fuente distinta.
Finalmente, la puerta se abre. Un oficial imperial pasa sobre la pila de comida en descomposición que se acumula en la entrada y entra en la celda.
-Nunca me acostumbraré al olor de la podredumbre -dice, sofocando una arcada. Luke enfoca su voluntad en permanecer perfectamente inmóvil, en ralentizar su respiración y sus latidos hasta frecuencias imperceptibles, y en bajar su temperatura corporal. Se concentra en parecer muerto.
El oficial le alumbra la cara y luego coloca dos dedos en su garganta. Luke sigue inmóvil.
-Me pregunto cómo ha podido pasar esto. Ni siquiera estaba previsto todavía su interrogatorio.
El oficial se retira rápidamente.
Dos soldados de asalto entran en la celda y llevan a Luke a una camilla repulsora que espera en el exterior de la celda. La camilla está en una balconada metálica que recorre toda la longitud de ese nivel. Al otro lado de la balconada, un pozo abierto desciende hacia el fondo del escasamente iluminado bloque.
-Me reuniré con vosotros fuera del centro de procesado.
Los dos soldados se llevan a Luke a través de una serie de oficinas brillantemente iluminadas. Finalmente, enganchan su camilla al final de un largo tren de “vagones” similares. El oficial deposita una bolsa sobre la camilla.
-¡Llévatelos, Stan!
La camilla avanza sacudiéndose por un largo pasillo y pasa unas pesadas compuertas blindadas. Treinta minutos más tarde, el fantasmal tren se detiene mientras unas pesadas puertas dobles se abren. Las puertas conducen a una sala donde varios droides descargan cuerpos desde trenes similares a una cinta transportadora. A la derecha del tren, un panel de acceso en el suelo se encuentra ligeramente entreabierto. A la izquierda, un breve pasillo conduce a una serie de puertas. Luke agarra la bolsa de su camilla y baja rodando al suelo.

sábado, 2 de julio de 2011

El honor de los Jedi (144)

144
-Por otra parte, no podemos ver lo que hay bajo la plataforma -dice Luke, recordando que había decidido pensar, y no sólo reaccionar ante la arrogancia de su compañero.- Probemos por tu camino, Erling.
Lentamente retrocede lejos del alcance de la vista de los trabajadores de la prisión.

El honor de los Jedi (124)

124
Luke activa los faros del carro y avanza con ritmo despreocupado. Al acercarse, el técnico dejan de trabajar y se gira a mirar. Su mirada va del carro que se aproxima a la oscuridad bajo él, y de vuelta al carro. Luke baja su mirada, pero sus faros aún no iluminan lo que el técnico está mirando.
Cuatro disparos de bláster brillan en la oscuridad. Dos de los rayos golpean en el capó del carro, cegando temporalmente a Luke. El carro tiembla, y luego se detiene con una sacudida.
-¡Creen que somo fugitivos! -grita Erling.
-¡Lo somos! -exclama Luke en respuesta. Otra andanada golpea el carro. Esta vez, el carro explota, lanzando a Luke con fuerza contra un muro. Un golpe seco retumba en su cráneo. Siente como si el pasillo fuera un tonel gigante que estuviera dando vueltas con él en su interior. Para cuando golpea el suelo, ya está inconsciente.