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domingo, 8 de febrero de 2009

Caza Tie: Las crónicas de Stele (y XII)

Epílogo
Maarek vio al almirante descender de su lanzadera personal y avanzar hacia la salida del hangar. Avanzaba lentamente, aparentemente sumido en una honda reflexión. Al cabo de un instante, se detuvo y miró a su alrededor. Sus ojos recorrieron la sala y se detuvieron sobre Maarek. Durante un instante, no le reconoció, pero la memoria le volvió rápidamente.
-¡Stele! -gritó.
-¿Almirante? -respondió el joven piloto mientras avanzaba hacia el almirante Mordon, y saludándole al modo oficial: la mano derecha posada sobre el pecho.
El almirante le hizo un gesto para que dejara de saludar, y le sonrió.
-Entonces, ahora que has probado las alegrías de la vida de piloto, ¿te gusta?
-¡Sí, señor! ¡Ya lo creo que sí!
Mordon rompió a reír.
-Te has convertido en un buen piloto, Stele, pero, ¿aún eres capaz de reflexionar? Voy a decirte una cosa: esta galaxia no hace ningún regalo a los que pierden su fuerza de voluntad. Y creo que las cosas van a cambiar muy pronto.
-¿Qué quiere decir? -preguntó.
-Ah, joven Stele. Siento la traición y la mentira. He sobrevivido mucho tiempo en este trabajo porque siento ese tipo de cosas. Así como también siento la lealtad, la devoción y la esperanza. Puedes creerme. No hay que fiarse de las apariencias -el almirante parecía tener ganas de hablar, aunque Maarek tuvo la impresión de que hablaba mientras pensaba en otra cosa. Pero aún no había terminado-. Hazte valer en las misiones y quizá tú también puedas adivinar los acontecimientos. Presta mucha atención a lo que te rodea, y puede que... puede que tú también llegues a comandar una nave almirante algún día.
-Sí, señor -respondió Maarek-. ¿Pero qué debo hacer hasta entonces?
-Es una buena pregunta, piloto. Sobrevivir. Destruir al enemigo. Obedecer las órdenes. Cumplir con tu misión, ganar tus citaciones, abrir los ojos y cerrar la boca. Pero, sobre todo, seguir vivo. Es lo esencial -el almirante encontraba sus palabras muy divertidas, y estalló en una enorme carcajada-. Stele, me diviertes. Ven a verme uno de estos días. Mi puerta siempre está abierta. Utiliza esta contraseña con el centinela. Dile que hay niebla sobre Ciudad Celadon, y te dejará entrar. Hasta pronto, Stele.
El almirante dio media vuelta. Maarek le oyó reír solapadamente al alejarse. Volvió a sus tareas intentando no pensar en Mordon.

martes, 23 de diciembre de 2008

Caza Tie: Las crónicas de Stele (XI)

Misión de vigilancia


La primera misión de Maarek como piloto oficial fue una misión de rutina en un punto de encuentro. Tenía su base temporalmente en una pequeña corbeta. Nada que ver con el inmenso destructor estelar.
Entraba en la sala de preparación de pilotos por primera vez. En realidad no era más que un largo pasillo flanqueado por trajes de vuelo de pilotos de TIE, coronados por filas de cascos casi hasta el infinito. Se diría que era una vitrina de trofeos orbital, y una visión pasó por la mente de Maarek: la de una criatura gigante que coleccionaba pilotos de TIE por placer. Expulsó esa visión de su mente y se puso a buscar su traje de vuelo.
Únicamente había otro piloto en la sala. Estaba enfundándose con facilidad su traje de vuelo, y Maarek se detuvo un momento para observarle. El piloto se puso su casco, lo selló con precaución al traje de vuelo, y finalmente se enfundó sus guantes. Se giró, como si se percatase por primera vez de la presencia de Maarek.
-Es una misión fácil -dijo, con la voz deformada por el sonido agudo y nasal del altavoz-. Me llamo Cadrath. ¿Tú eres el nuevo recluta? ¿Stele?
Maarek asintió.
Cadrath le tendió su mano enguantada, y Maarek le tendió la suya.
-Será mejor que te prepares. Despegamos en unos minutos. Mira, ese es el tuyo -dijo Cadrath, mostrándole un traje de vuelo idéntico a todos los demás.
Maarek alzó de nuevo la cabeza.
-Gracias -dijo, enfundándose en primer lugar el traje de vuelo, luego las botas, el casco y los guantes. Cadrath le explicó el proceso de verificación, especialmente de los tubos de respiración.
-Sin sistema de soporte de vida en los cazas TIE, estamos obligados a fiarnos de nuestro traje de vuelo para protegernos del vacío del espacio -dijo a Maarek-. Verifica siempre bien todo -añadió.
Maarek siguió a Cadrath hacia la bahía de carga. El muelle de cazas TIE de la corbeta era muy pequeño, y rápidamente encontró la nave que le había sido asignada. Era un antiguo modelo de caza TIE, que llevaba las marcas de numerosos combates, y Maarek se dijo para sí que más valiera que los talleres de reparación de la corbeta estuviesen bien equipados.
No tuvo tiempo de inspeccionar la nave. Maarek respiró profundamente y subió a bordo de la nave, se abrochó los arneses y verificó su quipo. A continuación encendió los motores y los brazos robotizados alzaron la nave para colocarla en posición hacia la compuerta. Unos instantes más tarde, estaba en el espacio, y sintió el hilarante efecto del vuelo en ingravidez. Luego, la voz de Cadrath resonó en su comunicador.
-Sígueme en formación, Stele. Estamos en misión de vigilancia.
Se trataba de una misión de rutina sin importancia. Bastaba con volar cerca de varios cargueros y transportes que habían salido del hiperespacio en el sector y escanearlos. Luego llegó un grupo de seis transportes, y Maarek empleo a fondo sus motores, virando para alcanzarlos. Activó su detector de objetivos para bloquearlo sobre el primer transporte y se dirigió recto hacia ellos. Cuando estuvo lo bastante cerca del transporte, sus sensores indicaron que transportaba un cargamento legal, alimentos.
Comida en camino hacia un planeta lejano..., pensó Maarek. Activó de nuevo el detector de objetivo para bloquearlo sobre el segundo transporte.
Realmente era una misión de rutina. Hasta que se aproximó al quinto transporte.
-¡Armas! -dijo por el comunicador-. Aquí tengo un cargamento de armas.
La respuesta fue inmediata:
-Buen trabajo, Stele, enviamos ayuda.
En el mismo instante, el ordenador de a bordo le indicó que varias lanzaderas acababan de emerger del hiperespacio. No se habían identificado, lo que probaba claramente sus intenciones hostiles. Maarek localizó la más próxima con el detector de objetivo y maniobró su TIE en un viraje cerrado.
Se aproximó rápidamente a la lanzadera, y vio el horrible emblema de la Alianza Rebelde sobre su alerón dorsal. La lanzadera rebelde era relativamente lenta, Y Maarek estuvo obligado a reducir la potencia del motor a dos tercios, incluso después de haber aumentado la potencia de carga de los lásers al máximo. Abrió fuego inmediatamente, alineado sobre la popa de la lanzadera. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de ella, su identificación fue confirmada en el ordenador de a bordo. Vigilaba el indicador entre cada dos disparos para ver cómo resistía la lanzadera.
Mientras seguía ocupado disparando sobre la lanzadera, otros cazas TIE irrumpieron, y vio lásers enemigos llover en todos los sentidos.
-¡Vamos! -dijo impaciente. Les hablaba a sus lásers, que se tomaban un tiempo considerable para destruir la lanzadera. Tenía prisa para ir a ayudar a los otros pilotos. Pero los escudos de la lanzadera resistían bien, e incluso con los lásers a plena potencia, aguantaban mucho tiempo.
La lanzadera viró bruscamente a la derecha. Otra lanzadera apareció justo tras ella. Se dirigía directamente hacia el TIE sin escudos de Maarek. Su indicador de amenaza se encendió y giró en el último momento para evitar el disparo enemigo. Pero no había contado con los disparos de los otros cazas TIE, y estuvo a punto de cruzar el láser de un piloto que acababa de unirse al combate. Se salvó en el último segundo por sus reflejos.
Localizó rápidamente la lanzadera que se le había escapado, y maniobró para encontrarse de nuevo tras ella. Pero sus manos temblaban y podía sentir el sudor resbalar sobre su rostro, bajo el casco asfixiante. Su respiración era entrecortada. Realmente era fácil morir en uno de esos aparatos. Pargo tenía razón.


Al final, Maarek sobrevivió a esa misión. Abatió a tres de las lanzaderas rebeldes, que llegaban por oleadas. Sólo se perdieron en la batalla dos cazas TIE, y los rebeldes fueron puestos en fuga. El comandante del escuadrón felicitó a los supervivientes y tuvo lugar una breve ceremonia en honor de aquellos que murieron en combate.
Maarek se retiró a su alojamiento temporal tras la ceremonia, y permaneció durante una hora sentado, con la cabeza entre las manos. Había visto morir a un piloto del Imperio. Su caza TIE chocó contra una nave rebelde y se desintegró. Los escudos de la nave rebelde recibieron un buen golpe, pero la lanzadera no fue destruida. Fue un momento dramático. Maarek se daba cuenta de que el único modo de sobrevivir de un piloto imperial era volar con la mejor nave. No había más que una forma de tener esa oportunidad. Debía ser el mejor piloto de su escuadrón. Debía ganarse el derecho de figurar entre los pilotos de élite. Porque solamente esos pilotos podían esperar sobrevivir suficiente tiempo.
De repente, una visión apareció ante los ojos de Maarek. Veía como una especie de túnel que estiraba hacia el futuro. En el extremo del túnel, una brillante luz le atraía. ¿Era una muerte brutal y prematura, o se convertiría en uno de los héroes de la élite imperial? Se hizo esa pregunta hasta que se durmió. En su sueño, escuchó la voz del Emperador.
“Maarek. Has sido elegido para unirte a nosotros, para unirte a nosotros por el bien de todos...”
“Tú me perteneces.”

martes, 16 de diciembre de 2008

Caza Tie: Las crónicas de Stele (X)

Entrenamiento como piloto

La primera jornada de entrenamiento estuvo enteramente consagrada una sesión de familiarización holográfica. Se presentó en la cubierta de registro de los nuevos pilotos a bordo del destructor estelar y dio su nombre. Los guardias que vigilaban la puerta le dejaron entonces franquear la puerta de la galería de operaciones.
Uno de los otros pilotos, un joven al que todo el mundo llamaba Brick, re recibió en la galería. Caminaron a lo largo de una estrecha pasarela que desembocaba en una gran habitación cavernosa. Una gran columna central subía hasta el techo, albergando un ascensor. Otras pasarelas enlazaban varias puertas en varios niveles. Maarek estaba boquiabierto ante la inmensidad de esa sala. Aún tenía problemas para apreciar las auténticas dimensiones del destructor estelar, y este lugar le recordaba una vez más la inmensidad colosal de la nave.
Brick le mostró las puertas, conducían todas ellas a un lugar preciso.
-En primer lugar, está el simulador de vuelo -dijo-. Cuando hayas sido instruido, aquí será donde demuestres tus cualidades como piloto de caza.
“A continuación, está la Cámara de Combate. Ahí efectuarás misiones históricas simuladas. Aquí, los instructores tienen muy en cuenta las misiones históricas. De hecho, es bastante divertido. Es exactamente como la realidad, pero si uno se muere no pasa nada. Pero no está hecho para acostumbrarse a morir...
“En el segundo nivel, puedes visionar los holovídeos de tus combates en la Sala de Proyección. A la izquierda, encontrarás la Sala Técnica, donde lo puedes saber todo acerca de las distintas naves. Los instructores, al igual que deberías hacer tú, pasan bastante tiempo en esta sala. Piensan que eso puede salvarte la vida en ciertas ocasiones.
“Por último, esta puerta conduce a la sala de preparación y a las auténticas misiones. Cuando tu entrenamiento haya terminado, allí será donde vayas. Bueno, ya es hora de que comiences tu primera sesión de simulador, cadete Stele. Buena suerte.
Maarek entró en la Cámara de Combate. Una enorme máquina se abrió, y penetró en su interior. Una vez se hubo ceñido los arneses de su asiento, el simulador volvió a cerrarse sobre él, semejante a un monstruo gigante que le estuviera devorando. Al principio, la oscuridad le rodeaba. Luego, tras un ligero esfuerzo mental, se dio cuenta de que volaba en el oscuro vacío espacial. Sus manos se posaron en los mandos, y notó una clara sensación de movimiento e ingravidez. Esa simulación era tan próxima a la realidad como se esperaba, y rápidamente se dejó arrastrar por esa nueva experiencia.
Durante esa primera sesión, Maarek aprendió a conocer el papel de un piloto, al igual que los controles e instrumentos instalados a bordo de un caza imperial. La mayor parte de esos controles le eran familiares: a menudo había reparado o reemplazado esos sistemas en los cazas dañados. Pero algunas cosas eran nuevas para él, y estaba ansioso por conocerlas. ¡Cuánto antes terminase con esa formación preliminar, antes pilotaría un caza de verdad!

***

Transcurrió casi una semana hasta que Maarek tuvo la primera oportunidad de entrenar dentro de un bombardero TIE de pruebas. El instructor, el Capitán Trox, se sentó en un asiento adicional en la nave especialmente modificada y ayudó a Maarek a familiarizarse con los instrumentos y sus funciones. Por supuesto, Maarek ya había aprendido la mayor parte de eso por sí mismo durante su estancia en Reparaciones, pero mantuvo la boca cerrada la mayor parte del tiempo.
-Lo primero que debes hacer, cadete Stele, es asegurarte en el asiento y ajustarte los arneses y el casco. La mayoría de nuestros cazas carecen de soporte vital, y este casco y la máscara son lo que te mantendrán respirando, muchacho. Así que no te olvides de comprobarlos antes de salir al espacio.
Maarek se ajustó el casco y probó el sabor ligeramente rancio del aire que llegaba por el aparato respirador. El Capitán Trox se puso su propio casco y habló a través del comunicador. A través del altavoz, su voz era aguda, pero clara. Guió a Maarek a través de los apropiados procedimientos previos al despegue, y pronto unos brazos robóticos alzaron el bombardero TIE de pruebas y lo transportaron a lo largo del sistema de raíles del hangar hasta la plataforma de lanzamiento. Encendieron los motores iónicos gemelos y despegaron. Trox pilotó inicialmente la nave con los controles auxiliares y pronto estuvieron en espacio abierto, con el Venganza alejándose en la distancia.
-Hoy vas a aprender los controles estándar de una cabina. En esta nave de entrenamiento todas las partes de la cabina están claramente etiquetadas, y me referiré a las etiquetas cuando te las señale. Escucha cuidadosamente. No querría tener que repetirme. Y tú no querrías estar conmigo en una pequeña cabina cuando estoy de mal humor.
El capitán Trox comenzó a darle una detallada explicación de todos y cada uno de los controles e indicadores de la cabina. Maarek escuchó en silencio durante un buen rato, pero ya no pudo aguantar más.
-Y con este botón podemos establecer las tasas de recarga de los láseres, ¿verdad? -exclamó sin poder controlarse.
-Sí -gruñó Trox-. Veo que prestas atención. Conseguirás puntos por eso. Ahora calla y escucha.
-Sí, señor -respondió Maarek. Para ser sincero, ya sabía todo eso y se estaba aburriendo un poco. ¿Es que este tipo no tiene nada que yo no sepa ya?, pensó.
Más tarde, Maarek se fijó en una placa sobre el indicador del motor de la derecha.
-Esto parece otro indicador -sugirió, señalando la placa.
Trox reprimió un suspiro.
-Los reclutas curiosos que interrumpen mis lecciones no suelen sobrevivir a su primer enfrentamiento en combate. Te diré lo que necesites saber cuando necesites saberlo. ¿De acuerdo, cadete?
-Sí, señor -respondió Maarek, temeroso de meterse en problemas diciendo algo más.
-Durante las situaciones de combate -continuó el Capitán Trox-, no tendrás mucho tiempo para pensar en qué hacer a continuación. Tienes que entrenarte hasta tener un control absoluto de tu nave desde el primer momento en que salgas al espacio. Ahora aprenderás la secuencia apropiada de operaciones previas al combate, y la practicarás hasta que la efectúes automáticamente.
Maarek repitió los procedimientos pre-combate varias veces, cometiendo pocos errores. Pero Trox no estaba satisfecho, incluso cuando completaba todo el procedimiento perfectamente.
-Más rápido -ordenaba Trox-. Eres tan lento como una babosa espacial. ¿Dónde te crees que estás, cenando con tu abuelita? Comerás fuego láser si no te mueves más rápido que eso.
Maarek siguió practicando hasta que el capitán Trox lo creyó oportuno.
-Ya vale por hoy, Stele -dijo-. ¿Quieres llevarnos a casa?
-Sí, señor -respondió Maarek, que ya estaba empezando a dirigir el TIE en un giro cerrado de vuelta al destructor estelar.
Maarek pensaba mantener la boca cerrada, aunque quería hacer algunas preguntas, pero Trox, al parecer, tenía ánimo hablador.
-La verdadera clave de un buen control de tu nave es administrar la energía -dijo de repente-. ¿Recuerdas lo que te dije de los indicadores de disparo, motores y escudos?
-Lo recuerdo, señor -respondió rápidamente Maarek.
-Muy bien. Quiero que hagas aminorar esta nave de la forma más eficiente que sepas.
La mano de Maarek agarró rápidamente el control de impulso y estuvo a punto de tirar de la palanca para aminorar. Se detuvo y rápidamente reflexionó sobre la orden de Trox. El modo “más eficiente”... Maarek pulsó dos veces el botón de control de las tasas de recarga, dejándolas al máximo.
-Bien... -escuchó la aguda voz de Trox por el altavoz-. Puedes apuntarte una, chico. No todos los novatos hacen bien esto. De acuerdo. Aquí va un avance de tu segunda lección.
“Si controlas la salida de energía, controlas tu nave. Esto es especialmente cierto en el caso de naves con escudos. Hay varias configuraciones básicas de energía que podrás usar en una nave con escudos. En cazas sin escudos, tus opciones son más limitadas.
“Si eres, listo, muchacho, te aprenderás estas configuraciones de memoria. Hazlas tan automáticamente como el chequeo pre-combate, y tendrás una oportunidad en la lucha.
Se estaban acercando al destructor estelar, y Trox y Maarek realizaron las comunicaciones pertinentes con el control de aterrizaje. Enseguida fueron conducidos al hangar por un rayo tractor y los brazos robóticos les llevaron de vuelta a su punto de origen. El primer vuelo de instrucción de Maarek había acabado. ¡Y, al final, realmente había aprendido algo!

jueves, 11 de diciembre de 2008

Caza Tie: Las crónicas de Stele (IX)

Entrenamiento básico

El primer día fue una maravillosa mezcla de actividad, caos y algo de orden. Fueron registrados, examinados, puestos a caminar, alimentados (no demasiado), examinados de nuevo, divididos en grupos, y finalmente asignados a sus alojamientos. Varios de los reclutas que viajaban con Maarek ya no estaban allí. Probablemente habían sido enviados de nuevo a sus casas.
Maarek no tenía ni idea de la hora relativa del sistema, pero era muy tarde cuando por fin pudo desplomarse sobre su pequeño e incómodo catre, en los barracones primarios. Cada recluta había recibido un pequeño holo.
-Tragaos esto esta noche, y preparaos para digerirlo mañana -les habían dicho.
Se sentó, tomo el holo en sus manos y lo activó.


Regreso a bordo del Venganza


Durante las semanas que siguieron, Maarek fue examinado, entrenado intensivamente en procedimientos militares, siguió un entrenamiento físico básico y vuelto a examinar una y otra vez. No tenía ni idea de en qué lugar se encontraba. Nadie se lo había dicho. Y había aprendido rápidamente a no hacer preguntas. Pero también aprendió muchas otras cosas, y aparentemente se convirtió en un perfecto soldado bien adoctrinado del Imperio. Sin embargo, mantenía su propia opinión, y soportaba la situación hasta que las pruebas hubieran terminado.
Cuando su entrenamiento básico terminó, fue embarcado de nuevo, pero esta vez a bordo de una lanzadera militar, y transferido a un puesto avanzado, sobre un asteroide aparentemente abandonado. Permaneció algunas horas en un almacén perdido, mordisqueando sus raciones y discutiendo de naderías con el único agente de guardia en el lugar. Era el único recluta que había descendido en ese puesto avanzado. Más tarde fue transferido de nuevo, con otras personas a las que no conocía, a bordo de otra lanzadera que iba a reunirse con el Venganza. Reconoció a uno de los otros pasajeros: la mujer bordali de la lanzadera. Si ella también le había reconocido, no dio muestras de ello.
En total, había abandonado el Venganza hacía poco más de dos meses. La nave no había cambiado mucho.
Salvo que ya no vivía en los alojamientos civiles.
-Vuestras órdenes están anunciadas en la holopantalla, en esa pared -anunció el comunicador cuando desembarcó de la nave.
Maarek leyó la sección que le incumbía. Estaba asignado a la cubierta 3. Sobre el mapa, vio que ese punto estaba situado cerca del hangar de los cazas TIE. Pensó que se trataba sin duda de los alojamientos de los pilotos, y sintió que le invadía cierto nerviosismo.
Durante su entrenamiento básico, aprendió a no hacer preguntas. Eso no le había sido fácil de asimilar, y numerosas veces tuvo que ser castigado a trabajos pesados por haber abierto la boca. No es fácil perder una costumbre tan antigua en unas semanas, pero Maarek había aprendido a aguantar, a esperar el momento adecuado, y a elegir cuidadosamente sus amigos y confidentes.
Sin embargo, estas nuevas restricciones tenían un gran inconveniente: se perdió intentando buscar sus alojamientos, cuando una simple pregunta habría bastado para ponerle más rápidamente en la dirección correcta. Pero finalmente consiguió encontrar su camino, no sin antes haber atravesado zonas donde se veía que no era bienvenido, y donde los oficiales y los hombres de servicio se detenían bruscamente para Mirarle enfurecidos. No obstante, nadie le preguntó qué buscaba, nadie le ofreció su ayuda. Maarek generalmente huía del lugar lo más rápido posible.
Su nueva habitación era un verdadero remanso de paz y de intimidad tras semanas en los barracones del campo de entrenamiento y su periplo por las entrañas del destructor estelar. Había una única litera en la cabina, y se tumbó en ella inmediatamente.
Unos instantes más tarde, alguien se presentó a su puerta y llamó.
-Entre -dijo Maarek con voz dubitativa.
Era Pargo. Permaneció plantado ahí, mirándole con aire estúpido, y Maarek rompió a reír. Su amigo llevaba un uniforme de la armada flamantemente nuevo. Le saludó marcialmente.
Maarek se devolvió el saludo con el corazón encogido, ya incómodo por esas formalidades de la vida militar.
-¿A qué viene esa gran sonrisa? -le preguntó.
Pargo entró en la habitación y se apoyó en el escritorio integrado en la pared.
-Me alegro de volver a verte, tan... -respondió de forma descarada. Aparentemente, se moría de ganas de decirle algo a Maarek. Parecía un monstruo de las nieves a punto de devorar un taun-taun.
-Venga, dime lo que sea -a Maarek no le gustaba que le hicieran esperar para decirle las cosas importantes. Y a juzgar por el gesto de Pargo, debía tratarse de algo muy importante-. ¿Te vas a quedar ahí plantado todo el día, o qué?
-De acuerdo, no te me subas a la parra. Estoy contento por dos razones. La primera, que has vuelto de tu entrenamiento y que ya eres por fin uno de los nuestros. Pasan muchas cosas a bordo de un destructor estelar, cosas de las que los civiles no tienen ni idea...
-Seguro -respondió Maarek prudentemente-. ¿Y la otra razón?
-Voy a convertirme en soldado de asalto. Me han pedido que comience el entrenamiento en tres días.
Maarek no estaba muy seguro de comprender por qué Pargo estaba tan contento. Por supuesto, las tropas de asalto eran la división militar más temida y respetada de las fuerzas del Imperio, pero todo ese aparejo, esa armadura, el hecho de no tener ni nombre, ni cara, lo le agradaban mucho a Maarek. Pero, por otro lado...
-Es genial, Pargo. Creo que la armadura te sentará muy bien. Por mi parte, yo voy a seguir un entrenamiento de piloto.
La sonrisa de Pargo desapareció.
-¿Quieres decir que vas a pilotar uno de esos desvencijados cazas TIE? Esas naves son auténticos ataúdes volantes. ¿Estás loco o qué?
-Eso creo -respondió Maarek-. ¿Has oído hablar de mi pequeña aventura?
-Sí -respondió Pargo-. He escuchado hablar de ella. Ya te vale de presumir de esa manera. ¿Nunca estás satisfecho, eh?
Maarek estalló en carcajadas.
-Hay quien nace con estrella, y otros...
Pero Pargo se había puesto muy serio.
-Ten cuidado. Esto no es una carrera de barredoras. Acabarás en pedacitos dentro de una nube de humo si no eres prudente.
-Harás mejor en preocuparte de ti, Pargo. Una armadura de soldado de asalto nunca ha detenido un disparo de bláster. Y como te conozco, serías el primero en ponerte delante de un bláster para saber si es verdad.
-Creo que ambos tendremos una vida corta y llena de acontecimientos -respondió Pargo con una media sonrisa-. Bueno, debo irme. Entro en servicio en unos minutos.
Poco después de la partida de Pargo, un mensaje apareció en la pequeña consola de comunicaciones de la habitación de Maarek. Le pedían que se presentase en el entrenamiento de pilotos a las siete horas de la mañana siguiente.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Caza Tie: Las crónicas de Stele (VIII)

La armada imperial

Maarek fue “invitado” a unirse a la Armada Imperial y supo que iba a ser entrenado para convertirse en piloto de caza. Tuvo que esperar algunos días. Luego, tras un salto al hiperespacio, fue transferido a bordo de un viejo carguero de transporte. Tras un incómodo viaje de un día a bordo del transporte, desembarcó en una base imperial orbital. Nadie le dirigió la palabra en todo el viaje. Cuando llegó a la base, recibió un paquete de raciones y tuvo que esperar de nuevo. Al cabo de un momento, llegó un pequeño destacamento de tropas de asalto, seguido de un grupo de hombres y mujeres bastante jóvenes. A continuación, los soldados los condujeron hacia otro transporte. O puede que fuera el mismo. Maarek no podía ver ninguna diferencia. Cuando todo el mundo hubo subido a bordo, el jefe tomó la palabra.
-Estáis de camino a una base de entrenamiento imperial. A partir de ahora, sois soldados del Imperio, aunque ahora mismo parezcáis más bien un hatajo de dinkos asustados y os sintáis mal. Permaneced sentados, permaneced callados, y no hagáis nada hasta nueva orden.
El viaje fue largo, tranquilo y glaciar, bajo la mirada impasible de las tropas de asalto. Parecían prisioneros, más que soldados de élite del Imperio. Maarek intentaba olvidar sus inquietudes. Pensaba que todo eso formaba parte del juego. Poco importaba el valor de cada recluta, primero iban a hacerles desmoronarse para reconstruirles mejor después. Eso formaba parte del proceso de selección. Si un recluta se quebraba demasiado fácilmente, no podría soportar mucho tiempo las presiones de los combates, y se convertiría en un peligro para aquellos a quienes debía proteger. Si no se quebraba en absoluto, era demasiado fiero e independiente, y no se podía confiar enteramente en él. Todos los nuevos reclutas iban a caminar por esa cuerda floja durante los siguientes seis meses.
La nave dio un brusco bandazo al salir del hiperespacio, y los pasajeros resbalaron ligeramente sobre la cubierta cuando el piloto engranó el freno dinámico. Los impasibles soldados de asalto se animaron de repente, saltando hacia los cadetes, golpeando a los que no eran bastante rápidos, y gritándoles órdenes a la cara.
-En pie, panda de gusanos podridos, o no viviréis lo suficiente para llegar a vuestro primer entrenamiento.
La rapidez de Maarek le permitió evitar la bota que se precipitaba hacia él. Saltó, sintiendo la adrenalina correr por sus venas, y recorrió la sala con la mirada para saber lo que le esperaba. No esperó mucho tiempo. Mientras las tropas de asalto trataban mal que bien de ponerles en fila, la compuerta delantera del transporte se abrió con un silbido amenazante. Entonces le vio. Todas las miradas giraron hacia él. ¡Una forma humana, sombría, a contra luz, más grande que la vida misma!
Vestía una armadura de soldado de asalto, pero el resplandor rojo proyectaba sobre él un aura irreal. El emblema imperial que llevaba en la parte derecha del pecho atestiguaba la importancia de este hombre. Cuando las tropas de asalto se reagruparon a su alrededor, Maarek observó con disgusto que sacaba a todos los demás al menos una cabeza. Sus dos inmensas manos se alzaron para abrir con precaución el cierre del casco, unas manos lo suficientemente poderosas como para destrozar el cuello de una persona. Se retiró el casco y lo colocó bao su imponente brazo. Tras Maarek, un imprudente balbuceó algo, pero fue recompensado con golpe de culata en las rodillas. Cayó al suelo, retorciéndose de dolor. Se aguantaba para no gritar.
Todos los demás seguramente debieron aguantarse para no manifestar su asombro al descubrir el rostro marcado que les observaba fijamente con su único ojo, mientras el otro permanecía cerrado por gruesos puntos de sutura. Maarek quiso mirar a otra parte, pero no pudo. En cualquier caso, eso no habría sido muy prudente.
-Soy el Sargento Instructor Senior Jona T. Stark -dijo-, pero vosotros me llamaréis Sargento, o Señor. Vosotros os llamaréis como yo quiera llamaros. Vuestro derecho a vivir será a partir de ahora el que yo decida. Vuestra única elección es obedecer. El Emperador es vuestra vida. Encontraré a los guerreros que se encuentran entre vosotros y los guiaré hacia la gloria del Imperio. Pero también encontraré a los incapaces, tomaré sus corazones en mis manos, y los aplastaré.
Así fue como todo comenzó...

lunes, 24 de noviembre de 2008

Caza Tie: Las crónicas de Stele (VII)

La lanzadera

La navegación y la adquisición de objetivos en el espacio no son tarea fácil, pero la estrella local de un sistema estelar ayuda a veces en la localización reflejándose en las superficies metálicas. Fue de este modo que Maarek localizó la lanzadera y sus atacantes, maniobrando en la oscuridad del espacio sobre el planeta. Podía ver el resplandor azul característico de los cañones iónicos golpear los escudos de la lanzadera. Jamás en su vida había visto disparar un cañón iónico, pero sabía que eran visibles desde muy lejos.
-Los veo -anunció por el comunicador. No obtuvo ninguna respuesta.
Mientras se aproximaba rápidamente, pudo reparar en dos Ala-Y que disparaban contra la lanzadera, claramente identificada con insignias imperiales. Alrededor de la lanzadera flotaban numerosos escombros, en los que reconoció los pedazos de varios cazas TIE.
Maarek no reconoció las insignias de los Ala-Y que atacaban, pero eso no tenía ninguna importancia. Eran enemigos. Sin pensar, maniobró para alcanzar un ángulo de ataque que le permitiera poder disparar sobre los dos Ala-Y de una sola pasada. El interceptor TIE respondía suavemente, mucho mejor que cualquier barredora, y se aproximaba a la zona de combate. Las manos de Maarek estaban aferradas a los mandos, su dedo firmemente apoyado sobre el gatillo, dispuesto a disparar.
En ese preciso instante, el Ala-Y más cercano se separó y comenzó un viraje. ¡Había sido detectado! Maarek apretó el botón de disparo y vio los rayos láser, pero sólo dos. No había activado sus cuatro lásers, y realmente no sabía cómo hacerlo. Los mecánicos generalmente no tenían derecho a probar las armas. Pero, incluso con dos lásers, los rayos fueron directos al objetivo, y la trasera del Ala-Y se incendió durante una fracción de segundo. ¡Una buena diana!
Pero la nave enemiga no aminoró. No parecía haber sido tocada de gravedad. Maarek estuvo tentado de perseguir al Ala-Y: parecía más lento que su interceptor. Pero el segundo Ala-Y seguía atacando a la lanzadera, y Maarek modificó su trayectoria para dirigirse justo sobre él. Abrió fuego ajustando su ángulo de ataque, y sus primeros disparos erraron su objetivo. Se aproximaba rápidamente, y finalmente vio un resplandor revelador sobre el casco del Ala-Y. ¡Había dañado sus escudos! El Ala-Y cesó súbitamente de disparar contra la lanzadera y se alejó, pero se desplazaba muy lentamente.
Maarek estaba tan fascinado con la visión del enemigo en su visor, que olvidó modificar su velocidad y estuvo a punto de colisionar con su objetivo. Giró en el último momento. Entonces su ordenador de a bordo le indicó que disparaban sobre él. Mientras maniobraba su interceptor TIE en un cerrado lazo diagonal, percibió que el otro Ala-Y se aproximaba.
Tenía la ventaja de la velocidad, pero también se daba cuenta de que no podía abandonar a la lanzadera, que aún seguía en peligro. Por suerte, su experiencia como piloto de barredora le daba la ventaja de un sentido instintivo del combate. Pudo librarse sin problemas del Ala-Y que le perseguía, y vio cómo este sobrepasaba la lanzadera. Se precipitó de nuevo en la persecución de los dos Ala-Y. Entonces fue cuando reparó en los primeros cazas Ala-X. Parecían salir de ninguna parte, y aparecieron a algunos kilómetros de distancia de la proa de la lanzadera.
-Creo que voy a tener serios problemas -dijo para sí mismo.
Maarek aún siguió disparando sobre los Ala-Y, y luego se afianzó sobre los mandos para efectuar un viraje muy cerrado. No sabía si los Ala-X iban tras la lanzadera o tras él. Sabía que no tendría ninguna oportunidad contra la potencia de fuego combinada de los dos Ala-Y y los dos Ala-X.
Si quería golpear con eficacia, debía elegir el momento adecuado, y por tanto necesitaba tomar cierta distancia.
Se alejó a toda velocidad de la lanzadera dañada. Los dos Ala-X fueron tras él. Eran muy rápidos y le seguían a la misma velocidad. Disparaban constantemente sobre él, pero estaban muy lejos para que sus disparos fueran suficientemente precisos. Viró para volver hacia la lanzadera y vio que los dos Ala-Y reiniciaban su ataque. De repente, el destructor estelar reapareció, muy cerca del planeta. Si conseguía aguantar algunos minutos más, sabía que llegarían los refuerzos.
Supo que tenía razón cuando la radio crepitó en su casco.
-Aquí Rayos X V2. Llamo a TIE/In 4OV9. ¿Me recibe?
Maarek no estaba acostumbrado a las identificaciones militares de combate.
-Si es a mí a quien busca, estoy aquí -respondió por el micro-. Envíenme a alguien... ¡y rápido!
-Los refuerzos están en camino, TIE/In 4OV9. Aguante.
El interceptor no podía ir más deprisa, y los Ala-X se aproximaban a él. Sería una auténtica pena dejarse atrapar ahora, justo cuando los refuerzos estaban tan cerca. Comenzó una barrena en espiral para escapar de sus disparos, una maniobra que los pilotos usaban en los holovídeos que había podido ver. Era una buena idea, pero su práctica de pilotaje dejaba mucho que desear. Perdió momentáneamente el control del TIE y comenzó a girar en todos los sentidos, desorientado. Intentando desesperadamente retomar el control, compensó demasiado y se encontró orientado directamente hacia el planeta. Sus sensores seguían anunciando a los Ala-X, que ahora estaban mucho más cerca.
Algo golpeó al interceptor. Sintió una sacudida, como un gran puñetazo en la espalda, y los sensores de su panel de mandos se apagaron. No tenía tiempo de intentar otra maniobra. Decidió precipitarse hacia el planeta. Había escuchado que el vuelo atmosférico era difícil y que a ningún piloto de caza estelar le agradaba, pero el ya estaba acostumbrado al vuelo atmosférico, y esperaba que los pilotos de los Ala-X no tuvieran tanta práctica.
El interceptor TIE comenzó a vibrar y a descender en picado cuando penetró en la envoltura gaseosa, y una espesa bruma inmediatamente oscureció su visión. Luchaba contra los mandos, Enderezando para no caer directamente en el pozo de gravedad del planeta. Su plan consistía en zambullirse en la capa superior de la atmósfera y seguir un ligero vector parabólico para volver a salir después al vacío. Esperaba de ese modo librarse de los Ala-X.
Tenía la impresión de luchar contra un bantha furioso, y realmente no sabía si estaba a punto de salir de la atmósfera o si iba a convertirse de repente en una bola de fuego en la superficie del planeta. Intentaba mantener su trayectoria, pero sin sensores sin ninguna referencia visual, no podía fiarse más que de la suerte... y de la fe.
En el fondo de su ser, permanecía tranquilo a pesar de lo alarmante de la situación, dándose cuenta de que ya había sobrepasado sus límites. Sin ningún entrenamiento, acababa de enfrentarse a cuatro cazas enemigos, ¡y aún seguía vivo! ¿Se le había acabado la suerte?
La respuesta era no. La bruma que rodeaba al interceptor desapareció de repente, y la nave emergió de la atmósfera con una nueva sacudida capaz de quebrar los huesos. Los Ala-X habían desaparecido. ¡Y, de hecho, el destructor estelar también!
Estupendo..., pensó. ¿Y ahora qué?
-Vuelva, Stele -dijo una voz desconocida por el comunicador-. Se acabó la fiesta. Siga el vector 1-2-8-Alfa.
-Lo siento, señor. Los sensores están muertos y no sé navegar -respondió Maarek. Escuchó risas en su casco.
-Entonces, gire a la derecha y rodee el planeta. Nos encontrará. O le encontraremos.

***

En las horas siguientes, no tuvo un instante de respiro. Cuando estuvo al alcance del destructor estelar, fue conducido a bordo por un rayo tractor. ¡Un final vergonzoso para la mayor aventura de su vida! Le dirigieron hacia un hangar que no conocía. Un destacamento de tropas de asalto le esperaba. Cuando salió de la cabina de la nave, un oficial le pidió que le siguiera y le condujo a una pequeña sala, junto al hangar. Luego los oficiales y las tropas de asalto desaparecieron, dejándole solo.
Se sentó ante una pequeña mesa. Había dos sillas en la sala, y eligió la que miraba hacia la puerta. Esperó. Mucho tiempo.
Voy a tener problemas, pensó. ¿Pero qué es lo que he hecho mal?
Permaneció sentado durante mucho tiempo, quizá horas, antes de ver entrar dos soldados de asalto con armadura negra y blanca. Habían desenfundado sus blásters, pero los ojos de Maarek estaban fijos en el hombre que les seguía. Le reconoció inmediatamente ¡Era el almirante Mordon! Parecía cansado.
El almirante se sentó en la silla enfrente de Maarek, recto y erguido, silencioso, con sus ojos azules fijos en los de Maarek. Eran del color de los proyectiles de iones. Maarek bajó la mirada y observó sus manos posadas sobre la mesa. Sus falanges estaban blancas.
-Has tenido suerte -dijo Mordon. Su voz era tranquila, como esperaba Maarek, y las medallas que colgaban de su pecho seguían el movimiento regular de su respiración.
Maarek alzó lentamente los ojos, pero tuvo problemas para mantener la mirada de Mordon.
-Lo sé, señor. Esperaba...
Mordon le interrumpió.
-También has probado tener un gran valor.
El corazón de Maarek saltó en su pecho. Esto no era una reprimenda. Era una felicitación.
-Hemos retomado el control de la zona -continuó Mordon-. Iba a inspeccionar el planeta con una escolta mínima cuando los Rebeldes atacaron. Si no te hubieras separado de la nave...
Maarek no dijo nada. Estaba en estado de shock. He salvado la vida del almirante.
-¿Dónde has aprendido a pilotar un interceptor de ese modo, hijo mío?
Maarek salió de su ensimismamiento justo a tiempo para escuchar la pregunta de Mordon.
-En el Servicio de Reparaciones, señor -dijo, atragantándose. Se preguntó su esa respuesta iba a causarle problemas.
El almirante alzó una ceja.
-Reparaciones... -dijo. Pareció rumiar la palabra durante un instante, como si hubiera olvidado su significado- ¿Te gusta estar ahí, en Reparaciones? -preguntó a Maarek.
-Sí, bueno -respondió Maarek prudentemente-. Nos dedicamos a cuidar de los chiquillos.
-¿Los chiquillos?
-Sí, señor, ya sabe, los pilotos. Sólo tienen que trepar a su cabina y volar por el espacio mientras que nosotros nos hacemos polvo las manos enderezando la chapa y nos quemamos con los sopletes láser...
Maarek se interrumpió, pensando que quizá había ido demasiado lejos, pero Mordon estalló en carcajadas.
-¿Realmente crees que la vida de un piloto es así, hijo mío?
Maarek no respondió.
Mordon se incorporó bruscamente.
-Apuesto a que te encantaría formar parte de esos chiquillos, ¿verdad, señor Stele?
Al hacer esta pregunta, se había inclinado sobre la mesa y miraba fijamente a los ojos de Maarek. Este volvió rápidamente la mirada y se puso a mirar algo en una de sus uñas.
-Vuelve a verme dentro de seis meses -dijo Mordon dirigiéndose hacia la puerta-. Ven a decirme cómo te va.
Luego desapareció, y Maarek se encontró solo nuevamente. Pero no por mucho tiempo.

Ala-X: La documentación Farlander (y VII)

Epílogo

Tras la ceremonia, Mon Mothma pidió a Keyan que la siguiera, conduciéndole al despacho donde se encontraron la primera vez.
-He dicho que tienes suerte, Teniente, y puede que tenga razón. Pero debes saber que la Fuerza está en ti.
-¿La Fuerza? -preguntó Keyan.
Mon Mothma hablaba con gran intensidad, pudo darse cuenta de ello. Pero cuando pronunció estas palabras, su voz era vibrante como un láser, llena de poder.
-La Fuerza es un campo de energía creado por todas las cosas vivientes, que mantiene unida la galaxia. Es el mayor poder que conocemos, y creo que es la Fuerza lo que vive en tu interior. Es un raro don ser fuerte en la Fuerza. Una vez hubo muchos que podrían enseñarte sobre la Fuerza. Ahora, desgraciadamente, quedan pocos. Busca a alguien que pueda enseñarte. Es tu destino.

***

Más tarde, esa noche, Keyan permanecía despierto. Había sido un día afortunado. Justo hasta que Mon Mothma mencionó la fuerza. Ahora, Keyan no podía evitar tener visiones de un futuro incierto y del papel que debería llevar a cabo. El Destino. Una palabra que no presagiaba nada bueno. Prefería la suerte. Finalmente, cayó en un profundo sueño y, en su sueño, escuchó una voz. Una voz al mismo tiempo extraña y familiar...

La vida la crea, y la hace crecer. Su energía nos rodea y nos une.
Nosotros seres luminosos somos, no esta materia bruta.
Debes sentir la Fuerza a tu alrededor. Pero cuidado con el Lado Oscuro.
Si alguna vez caes en el Lado Oscuro, dominará para siempre tu destino. Te consumirá.
Un Jedi utiliza la Fuerza como ciencia y para defensa, nunca para atacar. No hay un por qué.
El intentar no existe. Existe el hacer. O el no hacer.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Caza Tie: Las crónicas de Stele (VI)

Los orígenes del Imperio

-¿Saben por qué su sistema permanece en guerra desde hace veinte años? -preguntó Mordon- ¿Saben por qué han sufrido durante tanto tiempo, sin un verdadero gobierno, con una economía arruinada, y realmente lejos de una posición envidiable en la galaxia? Sus problemas comenzaron hace mucho tiempo, con la República. En ésa época, tras las Guerras Clon, la galaxia estaba dividida entre criaturas que se hacían llamar “senadores”. Estos senadores formaron un gobierno destinado a enriquecerles y hacerles más poderosos. Representaban la élite, y todas las demás criaturas fueron, sin saberlo, sus cómplices. Saquearon sistemáticamente miles de planetas.
“Desde luego, los senadores habían hecho creer a todo el mundo que gobernaban con sabiduría, representando los intereses de sus sistemas, y restableciendo la paz y la armonía por toda la galaxia. Como han podido ver ustedes mismos, no han hecho nada de todo eso. ¿Desde cuándo Taroon no ha recibido, digamos, una oferta comercial, o directivas por parte de la República?
El hombre se detuvo un instante, y un murmullo recorrió la concurrencia. Sus palabras habían producido el efecto esperado. Los prisioneros gruñían y hablaban de la república, la cual, que ellos recordaran, jamás había prestado la mínima atención al sistema Taroon.
-La corrupción de los senadores se descubrió poco a poco, en gran parte gracias a los esfuerzos de uno de sus miembros, un senador honesto y voluntarioso llamado Palpatine. El senador Palpatine trabajaba sin descanso para denunciar la corrupción y la podredumbre, el feroz oportunismo que chupaba la sangre de toda la galaxia. Formaba parte de los escasos idealistas que creían en la retórica de la República, y que había conseguido labrarse una posición entre sus semejantes tras largos años de servicio.
“No tardó en comprender que la corrupción era peligrosa e inútil al mismo tiempo. Sus enemigos estaban bien protegidos, así que cambió de táctica.
“Socavó el sistema desde el interior, haciendo rápidamente amigos entre los miembros de las más altas jerarquías del Senado, de la Guardia Republicana, e incluso entre aquellos Caballeros Jedi que no toleraban ninguna corrupción.
“Su gran idea era restablecer la unidad y la igualdad en todos los mundos, pero bien pronto se dio cuenta de las debilidades del sistema republicano. Excelente historiador, sabía que el mayor poder se obtiene con un gobierno central e individual, sostenido por una gran fuerza militar. Así que siguió esa vía. Sus esfuerzos y su perseverancia fueron tales que consiguió formar una poderosa coalición de dirigentes que le nombraron enseguida Emperador. Acababa de comenzar una era de paz y prosperidad.
“Pero, en los mundos del Borde, puede que eventos de una tal importancia no hayan causado provecho a los planetas exteriores, debido al largo olvido por parte de la República. Nuestra misión consiste en reunificar el Imperio. Tenemos la fuerza necesaria para hacerlo, pero nuestra misión es ante todo diplomática. Instalaremos nuestros gobiernos de sector y autoridades locales, llevaremos el orden a sus planetas, y sus habitantes se convertirán en miembros productivos del Imperio.
“Hoy, los mundos del Núcleo son prósperos, seguros y su desarrollo es extraordinario. Con un gobierno central muy potente, cada planeta, cada sistema y cada sector contribuyen a nuestra causa. Los curtidos colonos del sistema Cardua son los mejores extrayendo el mineral de los ricos yacimientos de sus cinturones de asteroides. Sus vecinos, en el planeta Xorth, disfrutan de una tierra rica y prosperan en el comercio de productos agrícolas. Producen igualmente las mejores farrbuesas de la galaxia, famosas por su aroma exquisito y su efecto tónico. Cada uno se aprovecha de los esfuerzos de los demás. Taroon también tiene un papel que jugar, y hemos venido para darles la oportunidad de unirse al mayor imperio de todos los tiempos.
“Los peligros son numerosos, incluso para un Imperio tan poderoso... para ustedes, y para cada uno de nosotros. El Emperador quiere que conozcan a nuestros enemigos comunes. En primer lugar, está el problema de las razas de piratas alienígenas, que no pueden o no quieren vivir en paz y comerciar con los humanos, o que aún mantienen ansias de conquista, como los calamari o los wookies. Ustedes pueden ayudarnos a poner fin a sus acciones destructoras.
“Algunos individuos también desean recuperar la antigua corrupción. Dirigidos por antiguos senadores que desean volver a sus dudosos métodos, estos rebeldes han osado intervenir para entorpecer nuestros esfuerzos de devolver la paz a la galaxia. No se equivoquen. Están dirigidos por criminales desesperados persuasivos, y han sellado sospechosas alianzas con ciertas razas alienígenas que quieren destruirnos. Acogeremos encantados a aquellos voluntarios capacitados que quieran unirse a nuestra lucha contra estas criaturas infames y sus mentiras.
El almirante dejó de hablar y recorrió con su mirada la concurrencia. Maarek sintió sus ojos resbalar sobre él, y que su mirada se fijó en él muy brevemente. Al menos, eso creyó. Eso apenas duró un instante, pero Maarek de repente se sintió observado, y muy incómodo. Entonces el hombre continuó su discurso. Les hablaba como si les acogiera en un hotel, o en un centro de vacaciones. Como si hablara a cliente o invitados. Maarek supuso que una parte de aquellos que se encontraban allí habrían sido invitados realmente, pero la mayor parte de ellos llevaban, como él, ropas de prisioneros.
-Se encuentran a bordo de una de las numerosas naves de la gran Flota Imperial -dijo Mordon-. Este es el destructor estelas imperial Venganza. Muchos otros destructores estelares atraviesan el sector, escoltados por fragatas. Estamos aquí para asegurar su paz y la de sus vecinos, para hacer reinar el orden, y restablecer un comercio próspero.
“Pocos de ustedes habrán visto ya un destructor estelar. Ahora voy a presentarles este maravilloso instrumento de paz y orden.
La intensidad de la iluminación bajó súbitamente y una proyección holográfica apareció al lado del hombre. Mostraba una inmensa nave en forma de punta de flecha, rematada por una alta torre coronada con dos proyecciones cilíndricas. Si bien la nave parecía bastante compleja, no había ninguna escala que permitiera estimar su tamaño, y Maarek observaba la imagen sin prestarle mucho interés.
-Aquí ven un destructor estelar de clase Imperial -anunció el hombre con una voz llena de orgullo-. Es una maravilla tecnológica. Como referencia, les voy a mostrar el tamaño de una lanzadera interplanetaria en comparación a un destructor estelar.
Una pequeña lanzadera apareció. Se parecía a la que los bordali habían usado para llevarles a él y a su madre. Apenas era más gruesa que un pequeño punto. Maarek sintió como su corazón latía más fuerte. Esperaba que se tratase de un engaño, pero el hombre continuó su exposición, como si hubiera podido adivinar sus pensamientos.
-No exagero, criaturas de Taroon. Esta representación es tremendamente exacta. Creo que nadie de ustedes, o quizá sólo una minoría, habrá visto antes este tipo de naves. Actualmente se encuentran en la cubierta 50, en el centro de la nave.
“Un destructor estelar transporta varios miles de soldados y tripulantes. Es esencialmente una ciudad en el espacio, o más bien una fortaleza. Cada destructor estelar está equipado con decenas de turbolásers pesados y cañones iónicos, además de gran variedad de armas ofensivas y defensivas. También albergan varios escuadrones de cazas y bombarderos TIE, grupos de caminantes AT-AT y AT-ST para mantener el orden, y muchos más vehículos de superficie.
Maarek sintió una súbita sacudida interna, como su acabara de soportar una aceleración de 10 G. No se trataba de un discurso de reclutamiento, como había creído. Era más bien una amenaza apenas disimulada. Ese destructor disponía de la bastante potencia destructora como para destruir un planeta lo suficientemente pequeño, del tamaño de Kuan. Si el Imperio disponía realmente de varios de esos mastodontes, no era extraño que pudieran declararse tan fácilmente dueños de un sistema estelar entero. Y era por ese motivo que numerosas personalidades de Kuan y Bordal estaban allí. Esa “invitación” a los planetas de Taroon había sido enviada a golpes de bláster. Estaban obligados a cooperar. Si no...
¿Pero qué hacía él allí? ¿Qué querían de él?
El almirante hizo un gesto para iniciar la presentación holográfica. Se trataba de una especie de visita guiada al destructor estelar, que de hecho quedaba representado como una especie de cuartel militar muy bien armado. Una música acompañaba la presentación, y armonizaba perfectamente con las imágenes que desfilaban.
-Un destructor estelar de clase Imperial alberga decenas de miles de soldados tripulantes. Aquí, en la zona civil, se encontrarán con numerosos seres que se dedican a sus ocupaciones. Hay tiendas, servicios, establecimientos de hostelería y centros de ocio.
Mientras la voz del narrador llenaba la habitación, la proyección holográfica mostraba lo que podría haber sido una calle en una ciudad próspera, pero a menor escala. Los ángulos de cámara habían sido cuidadosamente escogidos y mostraban impresión de espacio, pero Maarek puedo ver que la escena mostraba una zona muy pequeña, al menos en una escala planetaria. Luego la imagen desapareció.
Varias imágenes se sucedieron rápidamente a continuación. Primero había un pequeño apartamento flamantemente nuevo. Luego una habitación, una sala de estar con un terminal de comunicaciones y un pequeño cuarto de aseo. No había cocina, ni lugar para comer. La narración que acompañaba a las imágenes indicaba que se trataba de las dependencias típicas de la tripulación. El lugar tenía un aspecto acogedor, casi confortable.
La música tomó un tono mucho más heroico, y el holograma pasó a una zona llena de instrumental y hombres trabajando. El narrador la presentó como una sala de control, “una de las numerosas salas del destructor estelar”. Centenas de criaturas, humanos la mayor parte, corrían en todas direcciones de una consola a otra, con aire de estar muy ocupados y dando impresión de eficacia.
-El destructor estelar es controlado por un equipo de técnicos cualificados y competentes. Controlan las numerosas funciones de la nave, lo que incluye la introducción de parámetros de propulsión y navegación, la vigilancia del sistema de soporte vital, la gestión de los escudos y la carga de las armas. Por ejemplo, cada banco de turbolásers dispone de una zona de control separada, y hay terminales de asignación en cada hangar para dirigir y organizar todas las naves que entran y salen.
La imagen hizo un fundido a una gran sala dominada por una plataforma elevada. Un gran holomapa ocupaba el centro de la sala. También allí, soldados y tripulantes trabajaban en unas misteriosas máquinas.
-Las operaciones tácticas se dirigen en el puente de planificación central. Es allí desde donde el comandante de a bordo y su tripulación supervisan permanentemente todas las operaciones en curso.
La presentación holográfica continuó, mostrando otros aspectos del destructor estelar, como por ejemplo una rápida exposición de los enormes turbolásers. La imagen desapareció por fin, la música cesó, y el anfiteatro se sumió en un silencio total. Luego, lentamente, la imagen de un hombre apareció en el centro de la holosfera. Llevaba una gran túnica rematada con una capucha, y Maarek sintió una fuerza emanar de su persona. Ese hombre debía seguir valores ascéticos y ser un gran pensador. El rostro del hombre estaba envuelto en la inmensa capucha, y Maarek sólo pudo ver una parte de sus rasgos.
Tenía algo especial que llamaba inmediatamente la atención. El hombre comenzó a hablar. Su voz era suave, pero helaba la sangre.
-Soy... el Emperador -dijo.
Pronunció estas palabras de forma muy sencilla, sin ninguna pretensión, con una ligera vacilación para apoyar mejor sus palabras. ¡Realmente se trataba del Emperador!
-Maarek... -¡le llamó por su nombre, Maarek, podría jurarlo!- ...has sido llamado para unirte a nosotros, para unirte a nosotros por el bien de todos los seres vivos.
Maarek estaba aterrorizado. ¿Cómo podía llamarle por su propio nombre delante de toda esa gente? ¿O era un engaño de su mente? Maarek ya no sabía si realmente había escuchado su nombre. Pero el hombre seguía hablando bajo su capucha, y alzó ligeramente el tono.
-Aquellos que se oponen a nosotros deben ser destruidos. Aquellos que corrompen a los demás, los esclavizan y roban lo que les pertenece, deben ser eliminados. Es el momento de eliminar los últimos obstáculos que nos separan de la paz, de la prosperidad y del verdadero poder, un poder sin igual en la galaxia desde épocas legendarias.
Maarek escuchaba cada palabra como si se tratasen de seres vivos. El Emperador habló durante bastante rato, denunciando a sus enemigos y jurando destruirles. Y cuando terminó, Maarek estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, a ir a cualquier sitio para servirle. El Emperador era la última esperanza para la unidad y la fuerza. La unidad y la fuerza. Esas palabras iban a convertirse en el lema de Maarek.

***

Eso ocurrió hacía ya tres meses. Maarek trabajaba ahora como mecánico en uno de los hangares principales del destructor estelar, rodeado por hileras de los vehículos más diversos, desde cazas TIE hasta caminantes imperiales. Estaba usando su soldador láser para ensamblar un nuevo panel térmico en el ala de un interceptor TIE que había vuelto al hangar para ser reparado.
Habían dejado Taroon muy atrás, y ahora se encontraban a miles de años luz de su planeta. Marina permaneció en Kuan para asegurar la transición del poder y para esperar a su marido. Maarek y Pargo se habían enrolado ambos, atraídos por la acción y el poder del Imperio. Pero, aunque no tenía claro el por qué, Maarek estaba seguro de que su padre ya no estaba en Taroon, y tenía esperanzas de poder encontrarle de nuevo en la inmensidad de la galaxia.
Ese hangar era un centro de reparaciones y construcción, y todos los vehículos que se encontraban allí estaban en proceso de construcción o de reparación. Las marcas de fuego en los cascos, las muescas, el metal torcido probaban que no todos los sistemas estelares aceptaban la tutela del Imperio tan fácilmente como Taroon. El Venganza se desplazaba constantemente yendo por el hiperespacio de un punto caliente a otro.
Si bien Maarek no tenía ninguna razón para estar al corriente de las misiones militares del destructor estelar, los rumores y las historias llegaban siempre hasta él, y sabía que el Venganza estaba involucrado en varias operaciones simultáneas. Llegaba a una zona en conflicto, enviaba algunos cazas o naves de desembarco, y luego marchaba a otra zona para enviar naves suplementarias y supervisar las operaciones en curso. Por cada salto en el hiperespacio, podía sentir un ligero mareo acompañado de problemas de visión, pero esa sensación sólo duraba unos segundos.
En las últimas horas, el Venganza había efectuado varios saltos. Luego, hacía tal vez una hora, varios cazas dañados fueron remolcados al hangar. Maarek y los demás mecánicos trabajaron sin descanso para repararlos. Un poco antes, había escuchado unos ruidos apagados, y alguien le dijo que quizá se tratase de torpedos pesados explotando contra los escudos del destructor estelar.
Volvió la calma, y el interceptor TIE estuvo reparado. Maarek pidió permiso al jefe de taller para probar el interceptor. Una de las reglas no escritas decía que el Servicio de Reparaciones efectuase directamente las pruebas de las naves reparadas antes de enviarlas a Operaciones. Así pues, numerosos mecánicos habían aprendido las bases del pilotaje, y la experiencia como piloto de barredora de Maarek le favorecía claramente.
-Estamos en órbita planetaria sobre Farboon -le dijo el jefe de taller-. Aquí no ocurre nada. Ve, pero date prisa. Nuestro próximo salto está previsto dentro de tres horas.
Maarek saltó a bordo del TIE/In y ajustó el asiento y los arneses de seguridad. No llevaba el casco estándar ni el traje de vuelo con apoyo vital de los pilotos de TIE, sino una versión modificada que los miembros de la tripulación habían confeccionado. En cualquier caso, llevar un equipo de aficionado no le molestaba. Esperaba ese momento desde siempre. Aunque el vuelo no durase más que unos minutos, el tiempo justo de probar los sistemas de la nave, se sentía como un pájaro fuera de su jaula.
Indicó por el comunicador que ya estaba listo, y conectó los motores iónicos. La cabina retumbaba con un gruñido sordo, y la nave vibraba un poco. Se dio cuenta de que tendría que acordarse de enviar la nave a un especialista en motores cuando terminase. Luego dirigió a la pequeña nave sobre la plataforma repulsora, hacia la compuerta.
Cuando fue expelido al exterior, vio un inmenso planeta que rompía la oscuridad. Era verde, azul y blanco, y se recortaba sobre el fondo sombrío del espacio justo enfrente de él. Maarek nunca había volado cerca de un planeta, y se tomó su tiempo para admirar las vistas. Examinó su escáner para detectar la presencia de otras naves, pero no había nada. Dio media vuelta para admirar el destructor estelar. No dejaba de admirarlo, aún no se había repuesto de su grandeza e inmensidad. Luego comenzó sus pruebas sobre el TIE/In, atento al menor signo de mal funcionamiento.
En principio, el Servicio de Reparaciones usaba su propia frecuencia de comunicador, pero Maarek había descubierto cómo enlazarse en una doble frecuencia que le permitía recibir uno de los canales militares no reservados. Le encantaba escucharles durantes sus operaciones, aunque no escuchase nada importante.
Ese día, fue diferente. Cuando estaba volviendo de mala gana hacia el hangar, escuchó un ruido en su casco y una voz enloquecida gritó:
-¡A todas las unidades! ¿Hay alguien operacional? SOS. Respondan...
Maarek no respondió. Después de todo, se suponía que no debía estar en ese canal. Pero la voz seguía llamando y, aparentemente, no recibía respuesta alguna. Finalmente, Maarek decidió preguntar qué pasaba.
-Aquí Stele -dijo por su micro-. ¿Cuál es el problema?
-¿Quién es usted, Stele? -preguntó la voz- ¿Y dónde está?
-Soy del Servicio de Reparaciones, estoy probando un interceptor TIE para su vuelta al servicio, señor.
-Una de nuestras lanzaderas está en apuros... -dijo rápidamente la voz. Parecía escuchar a alguien más mientras hablaba, pues su transmisión no fue más que una serie de breves frases y pausas entrecortadas- No hay tiempo para discutir. Escolta destruida... Demasiado cerca del planeta... Vaya por el otro lado... Encuentre la lanzadera... -indicó a continuación coordenadas y vectores de los que Maarek apenas comprendió la mitad. Pero dio la máxima potencia a los motores y comenzó a dar la vuelta al planeta- Volveremos... -fueron las últimas palabras que pudo escuchar. Luego se encontró solo.
Observando sus sensores, vio que el destructor estelar había partido.

Ala-X: La documentación Farlander (VI)

El informe de Alto Secreto
A bordo del buque insignia de la Alianza, en ruta hacia la base de Yavin

—Mon Mothma, le presento al Oficial de Vuelo Keyan. Él fue quien encontró los holodiscos. Me han dicho, además, que se ha distinguido en el combate.
El Almirante Ackbar le animó a acercarse con un gesto. Mon Mothma examinó el rostro de Keyan, como si buscase sondear su personalidad.
—¿Nos hemos visto antes? —le preguntó.
-Yo estaba en Agamar -respondió Keyan
—¿Agamar? Estuve allí hace dos semanas... ¡No has perdido el tiempo, por lo que veo!
—¡Sí, Señora! Digo... No, señora. Quiero decir...
Mon Mothma le sonrió amigablemente.
—Déjame mostrarte lo que tu heroísmo nos ha traído. Es un informe de especificaciones militares imperiales. De muy alto secreto. Faltan muchos datos, pero la información que hemos recuperado es inestimable. El informe detalla con precisión el armamento y las características de las naves del Imperio, y contiene igualmente los datos que el Imperio posee sobre nuestras propias naves. Y también hay indicios de otras cosas. Oscuros planes secretos. No puedes hacerte una idea que la importancia de estas informaciones. Voy a darte una copia impresa para que las estudies. Te lo has ganado.
—Perdóneme, señora —se aventuró Keyan-, pero... ¿esta era la información que estábamos buscando?
Mon Mothma y el almirante Ackbar intercambiaron una extraña mirada. Era algún tipo de mensaje, tenía algún significado, de eso Keyan estaba seguro, pero no tenía la menor idea de qué podría ser. El almirante le miró con sus gigantescos ojos, que parecían, al mismo tiempo, llenos de compasión, confusos, comprensivos, inocentes y penetrantes. Keyan los encontró desconcertantes.
—Vuestra misión era muy importante, Oficial de Vuelo dijo el calamariano con una voz sorprendentemente grave y sibilante. Pero nuestro objetivo principal probablemente estaba muy lejos, en otro sector. No sabemos si nuestras demás misiones han tenido el mismo éxito. No aún, al menos. Pero mantenemos la esperanza.
»Vuestra misión ha complicado un plan muy elaborado del Imperio, concebido para hacernos perder el tiempo e inducirnos a error. El Imperio ha enviado numerosos transportes al espacio, con el único objetivo de confundirnos. Algunas de estas naves transportan informaciones muy importantes. Otras no son más que señuelos sin interés. No tenemos forma de saber con seguridad qué transportes debemos atacar, aunque concretamente vuestra misión estaba basada en informes bastante precisos. Nuestro objetivo principal es encontrar la nave que transporta a Darth Vader. Creemos que actualmente está en una misión secreta. Debemos intentar capturarle. O matarle. Aún no sabemos si hemos tenido éxito.
»Pero las informaciones que has recuperado son una victoria añadida para la Alianza. Puedes estar orgulloso de cómo has llevado a cabo la misión, al igual que el resto de tus compañeros.
Keyan se había quedado de piedra, sin palabras. Había muerto tanta gente... ¡en una misión que podría haber sido inútil! Era inconcebible. Finalmente consiguió articular unas palabras.
-Entonces, todas esas muertes... ¿No es un riesgo demasiado grande?
—¡No! —exclamó la Jefe de Estado—. Cada batalla es importante. Vuestra misión, es cierto, comportaba riesgos. Pero esta vez hemos tenido suerte, y la información conseguida nos ayudará a salvar millones de vidas. La guerra exige numerosos sacrificios. Ninguno de estos sacrificios es inferior, o menos importante que los demás. Incluso ahora, mientras esperamos noticias de las otras misiones, no minusvaloramos lo que usted y sus compañeros han conseguido. Y tú tampoco deberías hacerlo. Toma, lee el informe y observa lo que nos has traído. Vuelve aquí cuando hayas acabado.

***

Más tarde, cuando Keyan estaba solo, estudió los papeles de Mon Mothma le había ofrecido. Estaban etiquetados como Alto Secreto. Los leyó todos, lentamente. Luego volvió a leerlos.
Cuando Keyan terminó la lectura de los documentos que había encontrado a bordo de la nave antibloqueo, volvió al despacho de Mon Mothma, como ella le había pedido. Un ayudante le dijo que la Comandante en Jefe no estaba allí, pero que podía encontrarla en la sala de conferencias C, en la cubierta 5.
Aún no conocía muy bien el trazado de la nave, pues apenas llevaba allí dos semanas, y Keyan se perdió varias veces tratando de encontrar la sala de conferencias C. De modo que quizá esa fuera la razón por la que no prestó demasiada atención cuando la puerta se abrió y entró en la sala de conferencias. No encontró ningún significado especial al hecho de que la sala estuviera llena de pilotos y tripulantes del Mando de Cazas, y que Mon Mothma, el General Dodonna e incluso el Almirante Ackbar permanecían de pie en una plataforma elevada al fondo de la sala.
Keyan ya había recorrido la mitad del pasillo cuando se dio cuenta de que todo el mundo le estaba mirando. Avergonzado, redujo la marcha y continuó con pasos dubitativos, pero el General Dodonna le llamó con una voz grave que resonó de forma natural por toda la sala.
—No se detenga, Teniente Farlander. Esta es su fiesta.
Pero Keyan se detuvo. ¿Había dicho Teniente? De repente, se dio cuenta de que acababa de entrar en una especie de ceremonia o similar. Su gesto de sorpresa debió resultar gracioso; en cualquier caso, todo el mudo en la sala comenzó a reír. Keyan sintió el calor de sus mejillas al ruborizarse. Pero Mon Mothma le estaba invitando a subir al estrado, y de repente se encontró riendo él también. Teniente Farlander. Sonaba bien.
—Hay muchos héroes entre nosotros. Queremos dar la bienvenida a uno nuevo dijo Mon Mothma, mientras Keyan avanzaba hacia el pequeño estrado. Keyan Farlander vino a nosotros, como muchos otros antes que él, con la convicción de que el Imperio debía ser destruido. Pero como muchos de vosotros antes de que os unierais a la Alianza, aún no había visto la forma de luchar contra una fuerza tan grande y malvada. Ahora es uno de nosotros. Todos sabéis sus logros en el reciente ataque en Hadar. Se ha distinguido por su habilidad y valor... —hizo una pausa, examinando a Keyan—... y también, creo yo, por su suerte.
Keyan respondió a su sonrisa.
-Y suerte es algo que nos hará mucha falta, pero también voluntad y sacrificios. El Imperio es inmenso, y necesitaremos toda la ayuda que podamos encontrar. Por lo tanto, recibimos a Keyan “Afortunado” Farlander en la Alianza Rebelde, y lo ascendemos al grado de Teniente.
Entonces, el General Dodonna se acercó a Keyan y prendió una nueva insignia de rango en su uniforme. Cuando los asistentes comenzaron a aplaudir, escucho que el general le hablaba.
-Que no se te suba a la cabeza. Aún tienes mucho que aprender. A partir de mañana, volverás a los simuladores.
Pero Keyan sólo saludaba y saboreaba la ovación de sus nuevos amigos. Ya tendía tiempo para entrenar. Ya tendría tiempo para enfrentarse al Imperio. Sabía que seguía ahí fuera, en alguna parte del espacio. Pero en ese momento, ese día... Ese día fue su día de suerte.

martes, 11 de noviembre de 2008

Caza Tie: Las crónicas de Stele (V)

El Venganza

Las largas hileras se extendían hasta perderse de vista, como inmensos insectos metálicos desfilando. Tras tres meses a bordo, Maarek aún no se había acostumbrado a la inmensidad del destructor estelar, y la vista de todos los cazas, bombarderos e interceptores TIE en el enorme hangar seguía impresionándole como el primer día, y le inspiraba. Y además estaban los caminantes...
A menudo pensaba en la ironía de su situación. ¿Qué había ocurrido con sus enemigos mortales? Ahora todo era historia. En un instante, su destino había quedado reducido a la nada, como todas las demás causas por las que había luchado.
Tenía miedo. Había escuchado hablar del Imperio, claro, todo el mundo había oído hablar de él, pero sobre todo por su reputación y los rumores, no por contacto o experiencia personal. Los ruidos que habían precedido la llegada del Imperio hablaban de una brutalidad muy eficaz. Sabía que no había prácticamente ni una posibilidad de escapar, y pensaba que seguramente su vida sería muy corta. Pero se equivocaba.
Cuando la lanzadera de asalto los condujo a bordo del destructor estelar, no pudo verlo. No había ninguna ventanilla en la pequeña cabina donde estaban prisioneros. Las tropas de asalto les vigilaban de cerca, y los antiguos adversarios no podían hacer otra cosa que mirarse, abatidos e impotentes. Supieron que acababan de llegar a su destino cuando la lanzadera se posó lentamente.
Fueron conducidos a punta de bláster a lo largo de un inmenso pasillo. No veían gran cosa y no sabían dónde se encontraban, en un lejano planeta o en una nave espacial, o bien en un puesto avanzado cualquiera. Fueron separados, y Maarek fue encerrado solo en una celda. Pasado un momento, le llevaron algo de comida. La mayor parte del tiempo, no pudo hacer más que esperar.
El tiempo pasaba lentamente, y Maarek seguía preguntándose qué les habría pasado a su madre y a Pargo. Entonces un oficial entró en su celda y le habló. Explicó a Maarek que el Imperio había instaurado la ley marcial en su sistema estelar, y que todos los planetas se encontraban desde ese instante al servicio del Emperador.
-Ahora reina la paz en vuestros planetas. Ya no habrá más muertes inútiles, más destrucción -añadió-. ¿Qué opinas de eso?
Maarek no sabía qué pensar. Nunca había conocido otra cosa más que la guerra, y sin embargo la odiaba profundamente. Había destruido su planeta, se había llevado a su padre, no hacía bien a nadie. Sabía que su padre y su madre estaban contra esa guerra, y él había sido educado en esa convicción.
-Creo que es una buena idea -respondió.
Viendo el lugar donde se encontraba, era una respuesta sensata y prudente.
El oficial meneó la cabeza. Anotó algo en una tableta de datos y luego volvió a preguntar.
-¿Tienes alguna habilidad particular que nos pueda ser útil?
-Puede ser. Pero en primer lugar quiero saber qué le ha pasado a mi madre antes de contestar a sus preguntas.
El oficial tomó más notas. Luego esperó. Maarek esperó también. Finalmente, el oficial se encogió de hombros.
-Tu madre está bien. La verás pronto. Ahora, ¿puedes responder a mi pregunta?
Maarek se dio cuenta de que acababa de obtener una victoria ínfima, quizá inútil.
-Soy un piloto de barredora bastante bueno, y me manejo bien con la mecánica. También tengo buenos conocimientos de ciencia en general, y particularmente de astrofísica -respondió con franqueza-. Y soy un jugador de aerobol condenadamente bueno -añadió, aunque pensaba que esa información era inútil.
El hombre aún tomó algunas notas, luego se levantó, le agradeció su atención, y salió de la celda.
Al día siguiente, un oficial le visitó, acompañado de una escolta de soldados imperiales. Se presentó con el nombre de Teniente P’arghat, y pidió a Maarek que le siguiera. Feliz de abandonar por fin el reducido espacio de su celda, y esperando que no le llevaran a ser fusilado o maltratado, le siguió.
El hombre le condujo a un pequeño anfiteatro que podría tener unos 150 asientos, dispuestos en círculo bajo una plataforma. Algunos civiles estaban sentados, y había guardias apostados a intervalos regulares a lo largo de los muros.
Los civiles llevaban la misma indumentaria que Maarek: un pantalón blanco similar a un pijama, y una camisa con el emblema del Imperio estampado en numerosas partes del tejido, y con una enorme cifra marcada en la espalda. El uniforme de los prisioneros.
Señalaron a Maarek un asiento, y recibió la orden de sentarse. Vio llegar a otros prisioneros y reconoció a algunos. Pargo entró, seguido de su madre, la mujer bordali de la lanzadera, y uno de los otros soldados bordali que iban a bordo. No vio a Gwadj, pero reconoció a personajes importantes de Kuan y de Bordal. Evidentemente, la mayoría no se conocían entre ellos, pero todos tenían aspecto de soldados curtidos por la vida. Su madre y Pargo sonrieron al verle, pero su rostro estaba tenso, como probablemente lo estuviera también el de Maarek. No era el momento ni el lugar de festejar nada. ¿Quién sabía lo que estos conquistadores imperiales tenían en mente?
En pocos instantes, el anfiteatro estuvo lleno. Un hombre con un austero uniforme del Imperio se aproximó entonces a la plataforma elevada y tomó la palabra. Su voz estaba amplificada, pero Maarek adivinó que su verdadera voz era muy calmada.
-Criaturas de Taroon, soy el Almirante Mordon, su anfitrión a bordo de esta nave. Les he invitado aquí para presentarles el Imperio, y ayudarles a comprender mejor cuales son nuestros objetivos, y el papel que tal vez puedan tomar en ellos. Han sido elegidos por varios motivos. Algunos de ustedes volverán a su planeta natal para servir al Emperador. Otros podrán, si tienen las cualidades necesarias, unirse a la Flota Imperial y ayudarnos a salvaguardar la paz en la galaxia. De momento, escúchenme y aprendan. Más tarde, podrán plantearme preguntas.

Ala-X: La documentación Farlander (V)

La misión

Habían pasado trece días, y Keyan estaba confuso. Había sido entrenado muy rápidamente, casi demasiado. El infernal ritmo y las largas horas de teoría y práctica impuestas le habían asombrado. Apenas había tenido tiempo de respirar entre dos sesiones del “Laberinto” o del simulador histórico. Había superado las pruebas con sorprendente facilidad. Pero su entrenamiento aún no había terminado.
Sus superiores comentaban que había nacido para pilotar, que era capaz de manejar un caza estelar instintivamente, como los wookies con sus ballestas láser. Keyan, por su parte, sólo sabía una cosa: por primera vez en su vida se sentía en casa. Hamo era su líder de vuelo, y continuaban con la instrucción incluso en sus ratos libres. Keyan había aprendido a seguir cada movimiento de Hamo, con o sin comunicación oral. Aprendía rápido, pero aún estaba lejos de estar listo para su primera misión. Por eso estaba tan confuso. Porque acababan de pedirle que se presentara voluntario para una importante y peligrosa misión.
—La fragata aparecerá aquí.
El Almirante Ackbar en persona daba las instrucciones a los pilotos. Mostraba una proyección holográfica del sector Hadar. Una corbeta coreliana ocupaba la parte baja de la proyección. Un pequeño planeta era visible en segundo plano. Mientras el almirante hablaba, una fragata Nebulon B apareció en la parte superior de la imagen. Un instante después, varios grupos de cazas TIE aparecieron, dirigiéndose hacia la fragata. Luego apareció un escuadrón de Ala-X, atacando a los cazas TIE por la retaguardia, atrapándolos entre dos fuegos. Mientras tanto, el segundo escuadrón de Ala-X y los Ala-Y se dirigieron hacia la corbeta.
—El Grupo Azul rodeará a los cazas enemigos, atrapándolos en un fuego cruzado con el crucero ligero calamariano. El Grupo Rojo protegerá a la Unidad de Asalto mientras dure el abordaje de la corbeta. Los Ala-Y del Grupo Oro usarán sus cañones iónicos para desactivar los sistemas de defensa y de alimentación de la corbeta. Si el Grupo Azul tiene éxito en su misión, encontraréis poca resistencia, pero el Grupo Rojo debe permanecer protegiendo a los Ala-Y y la Unidad de Asalto.
»Si la Unidad de Asalto consigue abordar la corbeta, los comandos se abrirán camino hasta la cabina del capitán y el puente. Confiscarán todos los holodiscos que encuentren y capturarán a los oficiales superiores. Además, las unidades R2 escanearán el ordenador de la nave y recuperarán cualquier dato importante. ¿Alguna pregunta?
El Capitán Charger se levantó.
—¿Qué haremos con el transporte? ¿Lo traeremos de vuelta, o será necesario destruirlo o abandonarlo?
—Cumplid los objetivos de la misión y regresad inmediatamente. Queremos que haya el menor número posible de pérdidas humanas. Y no queremos complicaciones. ¡Golpead fuerte, golpead rápido, y escapad!
Keyan formaba parte del Grupo Rojo. Aún se preguntaba qué estaba haciendo allí. Cada vez estaba más pálido.

***

El Ala-X salió rugiendo del hangar y rápidamente ocupó su posición en el Grupo Rojo.
—¿Todo bien, Rojo Dos?
Keyan reconoció la voz de Hamo.
-Todo bien, Jefe Rojo -respondió—. Estoy bien.
En realidad, tenía un nudo en el estómago y estaba a punto de desmayarse en su cabina. Sólo el potente rugido del Ala-X consiguió tranquilizarle. No era comparable con ninguno de los deslizadores terrestres que había pilotado hasta ahora. ¡De hecho, era incomparable! Era la máquina definitiva para un piloto espacial. Obligó a su estómago a calmarse.
—Estoy listo -murmuró.
—¿Cómo dices, Rojo Dos?
—Estoy listo, Jefe Rojo -respondió, con sólo un poco más de convicción.
—Permanece cerca de mí. Hiperespacio en T menos 15.
Todo fue mucho más rápido cuando entraron en el hiperespacio. El salto fue muy corto, y se volvieron al espacio real una fracción de segundo más tarde. El Grupo Azul ya atacaba a los cazas TIE. Keyan tuvo una extraña sensación al ver esta batalla tan cerca, casi al alcance de su mano, pero en el mayor de los silencios. Láseres verdes y naranjas atravesaban el espacio, las naves se desintegraban en una explosión de escombros, pero él no captaba ningún sonido. La situación le parecía totalmente irreal.
Mientras hacía girar su Ala-X para alcanzar su posición final de aproximación, guiado casi automáticamente por su instinto y la unidad R2, la corbeta apareció en su campo visual. Siguió a su líder de vuelo, pero tuvo un pequeño error en el cálculo de su trayectoria. ¡Un pequeño instante de descuido, que le hizo salir de la formación! Un error de principiante, un fallo estúpido...
Maniobró furiosamente su caza para volver a la posición, pero fue en vano. Mientras giraba, vislumbró dos formas que abandonaban rápidamente la zona de combate del Grupo Azul. ¡Rápidamente comprendió que dos cazas TIE se lanzaban contra el Líder Rojo! Instintivamente, Keyan trazó una trayectoria de intercepción, apareciendo tras el caza TIE más próximo, que se acercaba cada vez más a su objetivo. El Ala-X de Hamo estaba directamente en la línea de fuego del piloto enemigo. Ya no había tiempo para pensar.
—¡Cuidado, Jefe Rojo! —gritó, mientras pulsaba el gatillo del cañón láser. Justo a tiempo. El disparo no hizo más que rozar al caza enemigo. No había sido un tiro demasiado bueno, pero sí lo suficiente para desviar el caza TIE justo en el momento en que este disparaba contra Hamo. En lugar de reducir el Ala-X en cenizas, el disparo del piloto imperial fue, por poco, demasiado alto. El láser impactó en el Ala-X, pero no causó más que daños menores.
Keyan aún perseguía instintivamente al caza TIE, que ahora trataba de escapar de él. Su primer tiro debió dañar el sistema de dirección del caza enemigo, puesto que veía cómo este únicamente podía girar a estribor. Gracias a eso, pudo anticipar la maniobra del enemigo y, realizando una trayectoria perfecta, situarse en el centro de su giro. Disparó una ráfaga con su cañón láser que golpeó de lleno al caza TIE y le lanzó dando vueltas hacia el espacio. La había dado al motor. Chispas y humo verde y amarillo salían de él.
—¡Buen tiro, Rojo Dos! Y gracias. Pero la próxima vez vigila a su compañero de ala. ¡Apenas fui capaz de quitártelo de la cola!
Keyan estaba demasiado impresionado para responder. Dio media vuelta hacia el transporte.
-Rojo Dos, ¿me recibes?
—Estoy aquí, Jefe Rojo.
—Eh, chico. Ha sido un buen disparo. Todo irá bien, pero escucha: Me temo que he sido dañado. No es muy grave, pero mi unidad R2 ya no funciona. Ya sabes eso me deja sin hiperespacio, y no podré volver a la base a menos que atraque en la nave calamariana para repararlo. Te dejo al mando, Rojo Dos. Me reuniré con el Grupo Azul. Ahora es cosa tuya. ¿Recibido?
—¿No... no podría permanecer con usted, Jefe Rojo?
-Negativo. Completa la misión. Apresúrate, o te perderás la diversión. Buena suerte, Keyan.
—Gracias, señor. Igualmente.
Keyan observó como Hamo se alejaba y entablaba combate con los escasos cazas TIE que quedaban. Los escombros de dos cazas espaciales flotaban en el espacio, el caza del hombre de ala no muy lejos del de su líder. No fue hasta ese momento cuando Keyan se dio cuenta de lo cerca que había estado de lo que los pilotos llaman el “hiperespacio final”. Dio potencia a sus motores y se dirigió hacia la corbeta. Los demás Ala-X del Grupo Rojo y los Ala-Y estaban atacando ya al transporte. Los turboláseres dobles del transporte mantenían a algunos a distancia. Los pilotos más expertos buscaban y golpeaban sistemáticamente los puntos débiles de los escudos de la corbeta, mientras que los Ala-Y descargaban sus cañones iónicos contra esos puntos débiles. Keyan estaba apuntado a uno de los cañones aún activos de la corbeta, cuando otro mensaje crepitó sobre la estática causada por la intensidad de la batalla.
—Líder de Asalto a todas las unidades. ¿Alguno de vuestros Ala-X tiene un R2 de sobra, en buen estado? Necesitamos ayuda en la esclusa principal. Respondan...
-Jefe Rojo a Rojo Dos. ¿Has oído? ¡Adelante, chico! Échales una mano a los comandos.
Hamo seguía velando por él. Keyan confirmó la recepción mientras destruía el cañón de la corbeta. Luego maniobró sobre el transporte dirigiéndose hacia la bahía de carga, donde se encontraba la esclusa principal. Volaba en zigzag para evitar los últimos cañones enemigos. Ya casi había olvidado su experiencia anterior.
El casco de la nave abordada tenía un buen boquete, por el que se escapaba el humo, pero la esclusa estaba abierta y aparentemente no había resistencia. Keyan penetró en la apertura con su Ala-X. Un comando le indicó una zona libre en la que poder aterrizar, pero mientras aterrizaba pudo ver esparcidos sobre el suelo cuerpos de Soldados de Asalto y comandos Rebeldes. Por todas partes había marcas de disparos.
Keyan tomó su bláster y salió de la cabina. Dos comandos corrieron hacia él y desengancharon la unidad R2.
—Hemos conseguido asegurar esta sección y estamos intentando desactivar sus ordenadores de armamento. Otros han salido ya para intentar encontrar el puente.
—¿Qué debo hacer? —preguntó Keyan. Nunca había planeado subir a bordo del transporte. Sus órdenes no le decían qué hacer allí.
—Llévate tu unidad R2 y mira a ver si puedes ayudarnos a intervenir el armamento de la nave. Esta sección está aislada de los ordenadores de defensa principales. Mientas tanto, recoge todo lo que parezca de importancia, y luego vuelve aquí. Tienes 15 minutos.

***

Keyan avanzaba por un pasillo desierto, seguido de cerca por la unidad R2. El suelo estaba plagado de cadáveres de soldados imperiales, caídos en posturas extrañas, con marcas de disparos de bláster en sus blancas armaduras cerámicas. Notó un extraño olor. ¿Las quemaduras de los blásters? Muchos cuerpos de comandos de la Alianza yacían igualmente entre los muertos. Keyan avanzó rápidamente por el laberinto de pasillos, pero se paró en seco al girar una esquina: un bláster imperial le apuntaba directamente a la cara.
El soldado debía estar tan sorprendido como Keyan, porque dudó por un breve instante. Keyan alzó el brazo en un gesto instintivo de defensa antes de que su cerebro se hiciera cargo de la situación. Keyan retorció la muñeca al soldado, haciéndole soltar el bláster, mientras su propia arma caía estrepitosamente también al suelo. ¡Maldita sea, esta armadura es increíblemente dura! Entonces el soldado le agarró de la garganta, obligándole a tumbarse en el suelo. No había nada que golpear salvo armadura, y no podía hacer nada contra ella. Su bláster estaba atrapado justo bajo él y se le clavaba en la espalda a través de su uniforme. Lentamente, iba perdiendo la consciencia.
De repente, el soldado se agitó violentamente, se quedó rígido, y cayó pesadamente sobre Keyan. Las manos que le aferraban la garganta se abrieron y cayeron, y Keyan pudo respirar por fin con libertad. Se recuperó justo a tiempo de ver una sonda eléctrica de medio metro de largo replegarse en el interior del cuerpo del R2.
Era difícil de precisar, pero el guardia parecía seguir vivo, aunque inconsciente. Keyan recuperó su bláster.
—¡Salgamos de aquí! ¾murmuró.
El R2 emitió una serie de silbidos y pitidos mostrando su acuerdo. Se supone que los droides no deben dañar a los seres vivos, pensó Keyan. Puede que la descarga eléctrica no esté considerada técnicamente como una herida. O puede que este R2 sea especial. Poco importa, en realidad...
—Gracias, R2 —exclamó sobre su hombro mientras corría hacia el puente. El pequeño droide lanzó un pitido de satisfacción.
El puente estaba destrozado. La lucha debió haber sido de una intensidad inusitada. Keyan contó al menos diez cuerpos de soldados de asalto, y la mitad de comandos. Según el alto mando, este transporte no debía estar tan bien defendido, con tantas tropas. Les habían dicho que la resistencia sería mínima...
Rápidamente, Keyan miró a su alrededor buscando cualquier cosa que pareciera importante, pero no encontró nada. Durante ese tiempo, el R2 había conectado una de sus sondas a los bancos de datos del ordenador, desactivando los puestos de armamento y grabando todos los datos técnicos.
Keyan estaba a punto de rendirse y volver a la esclusa, cuando escuchó el sonido de un bláster viniendo de detrás de lo que parecía una pared normal y corriente. Una inspección más minuciosa descubrió que se trataba de una puerta corredera construida para asemejarse a una pared.
—¿R2?
—Beep... ¿pop?
—¿Puedes abrir esta puerta?
El R2 respondió con otra serie de agudos silbidos y pitidos. La puerta se deslizó silenciosamente. Keyan vio a un hombre bastante mayor vestido con el uniforme militar Imperial. Aparentemente, se trataba del comandante de a bordo. La sala estaba llena de holodiscos que estaban siendo quemados. El comandante vio a Keyan, sorprendido, y alzó su bláster. Keyan disparó inmediatamente, pero el hombre no le apuntaba a él. Había disparado en dirección a una pila de holodiscos. Su primer disparo destrozó los discos, lanzando fragmentos en todas direcciones. No tuvo ocasión de hacer un segundo disparo: Keyan le alcanzó en el pecho. El hombre se desplomó sobre el suelo.
Keyan se precipitó sobre el oficial imperial y vio que estaba muerto, su rostro congelado con una expresión de sorpresa. Keyan sintió como sus rodillas temblaban y un sudor frío le recorría el cuerpo. Se apoyó en la pared más cercana. Acababa de matar a ese hombre, cara a cara. ¡Y el comandante ni siquiera le apuntaba a él! ¿Qué había de tal importancia en esos holodiscos que le impulsaban a sacrificar su vida de ese modo? Keyan inspiró profundamente y volvió a sentir que las piernas le respondían.
Observó rápidamente los holodiscos. La mayor parte de ellos estaban dañados, pero los tomó todos y los colocó en los bolsillos con cremallera de su traje de vuelo. En el último momento, recuperó con precaución la placa identificativa del oficial. Puede que fuera de utilidad a sus superiores. Permaneció de rodillas algunos segundos, con sus ojos fijos en los del primer hombre que había matado en su vida. De todas las imágenes que le quedasen de esta misión, la que permanecería con él por más tiempo sería, sin duda, los ojos de ese hombre.
Hizo un esfuerzo por levantarse.
—Vamos, R2. Creo que hemos encontrado lo que buscábamos. Salgamos de aquí.
El R2 le siguió mientras salían del puente, emitiendo pos su altavoz una larga serie de silbidos, pitidos y ruidos diversos.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Caza Tie: Las crónicas de Stele (IV)

Los bordali

Jirones de nieblas se aferraban a las esquinas de las calles húmedas, y la única luz era la de la segunda luna de Kuan. Escucharon un momento los gritos que brotaban del interior del edificio. La calle estaba tranquila, y sin decir una palabra, Marina salió corriendo hacia la izquierda, arrastrando a Maarek tras ella.
Sus pies desnudos apenas sonaban en la acera, pero las botas de Maarek eran mucho más ruidosas, y las secas pisadas sobre el suelo asemejaban la explosión de pequeños misiles de conmoción.
Marina giró en la esquina de la manzana. Maarek se retrasó un poco, pero la alcanzó enseguida. Él realmente no sabía a dónde iba, y la seguía sin pensar, todos sus sentidos orientados hacia atrás, por temor a ser perseguidos. Por eso estuvo a punto de estrellarse cuando, a su vez, giró la esquina del edificio. Ella apenas se había movido un palmo, y él tuvo el tiempo justo de frenarse antes de hacerla caer. Frenó en seco, él también. Eran seis, con blásters, todos vestidos de negro...
Las siluetas negras se agruparon enseguida a su alrededor. Marina tiró su pequeño bláster al suelo y alzó las manos. Maarek se situó delante de su madre, dispuesto a enfrentarse a todo el grupo.
-Abandona, hijo mío -murmuró Marina-. Si luchas contra ellos, te matarán y se me llevarán. Si nos rendimos, no nos matarán. Nos quieren vivos.
-Haz caso a tu madre, chico -dijo uno de los asaltantes.
Luego hizo a los otros un gesto con el bláster, y cuatro de ellos se aproximaron. Colocaron unas esposas en las muñecas de Maarek, y le pusieron una capucha de aislamiento en la cabeza. Ya no podía ver ni oír nada. La última imagen que guardaba en su mente era la de su madre sonriendo, pero con una sonrisa llena de tristeza, mientras que dos formas negras le esposaban las manos.
Los hombres le agarraron sin contemplaciones y le empujaron hacia delante. Tropezó, pero no tardó en habituarse al ritmo de los secuestradores que se habían colocado uno a cada lado. Tras unos minutos, el grupo aminoró, y finalmente se detuvo. Esperaron unos diez minutos, tal vez, pero fue una espera que pareció durar horas. Les guiaron hacia una rampa. Seguía sin poder ver ni oír, pero podía sentir la pasarela bajo sus pies, y su intuición le decía que subían a bordo de una nave.
Le ataron en un asiento. Cuando la nave despegó del suelo y aceleró, sintió el familiar efecto de la fuerza de la gravedad. Maarek usaba ávidamente los sentidos que le quedaban para intentar adivinar hacia qué dirección partía la nave, pero lo único que podía sentir era esa sensación de despegue.
Tras unos instantes, la fuerza de gravedad planetaria y la aceleración fueron reemplazadas por una atracción más extraña... un campo gravitacional artificial, sin duda. Eso sólo podía significar una cosa: habían abandonado Kuan y volaban por el espacio. Podía sentir la ligera vibración de los motores de la nave... funcionando siempre a máxima potencia.
Entonces le quitaron la capucha, pero no los grilletes. Parpadeó, deslumbrado por la repentina luz, frotándose los párpados con sus manos encadenadas. Cuando su visión se aclaró, examinó lo que pasaba a su alrededor. Se encontraba en una pequeña cabina sin ventanillas. Podía ver una compuerta estándar ante él. No podía ver nada a su espalda. La cabina era lo suficientemente grande como para albergar diez pasajeros, pero no había más que seis asientos. Pensó que debía encontrarse en una especie de lanzadera.
Su madre estaba atada a otro asiento, al otro lado de la cabina, con el rostro estático en una expresión llena de orgullo. Dos guardias armados con blásters permanecían de pie ante la compuerta. Llevaban el uniforme verde del ejército bordali. Otro hombre, vestido de negro, se encontraba a su lado. Comenzó a hablar.
-Me llamo Gwadj. Soy un agente del Pueblo de Bordal. Sólo quiero que sepan que ninguno de ustedes dos nos es especialmente útil, salvo para obtener la colaboración de su marido... -giró la cabeza mirando a Marina- ...y de su padre -miró fijamente a los ojos de Maarek-. Se lo ruego, traten de comprender. Con uno sólo de ustedes nos bastaría para lo que queremos hacer. Si nos causan el más mínimo problema, mataremos a uno y nos guardaremos al otro.
Nadie respondió, y el hombre continuó. Parecía tener necesidad de saborear su triunfo. Maarek tenía ganas de destriparlo y hacerle tragarse la lengua.
-Puede que se pregunten cómo les hemos localizado -dijo-. Por supuesto, muchacho, todo comenzó con su estúpida, pero muy entretenida, acrobacia. Una vez que le vimos con su banda de moteros, nuestros agentes comenzaron a hacer preguntas.
El hombre se detuvo un instante e hizo un gesto brusco a uno de los guardias, que salió inmediatamente por la compuerta.
-No es muy prudente que los individuos en su situación tengan amigos -continuó-. En tiempos de guerra, no hay amigos.
Gwadj se volvió hacia la compuerta. Casi instantáneamente, como si le hubiera llamado, el guardia volvió a la cabina, arrastrando un cuerpo tras él. Maarek se atragantó. ¡Era Pargo! Tenía un aspecto horrible y parecía estar semiinconsciente. El guardia le arrojó sin ningún cuidado al suelo, donde permaneció encogido gimiendo en voz baja. Su rostro y sus brazos estaban cubiertos de pequeñas marcas rojas.
-Su amigo era muy testarudo. Nos ha costado mucho capturarle, pero conocemos numerosos métodos... La fuerza bruta está tan sobreestimada. Le provocamos, y él nos condujo directamente a usted -su expresión de satisfacción desapareció casi instantáneamente-. Usted no debió matar a uno de nuestros oficiales -dijo a Marina-. Tenemos un largo viaje por delante, y tendré tiempo de encontrar un justo castigo por ese acto. No dejamos que asesinen a nuestros semejantes sin tomar represalias. Sin embargo, puede que no le mate, Señora Stele -en ese momento, se giró hacia Maarek y le miró fijamente-. Pero quizá lamente que no lo haga.
Maarek escuchó ruido tras él, el ruido de voces que discutían. Quería girarse para ver qué pasaba, pero se enfrentaba a la mirada de Gwadj, y ninguno de ellos quería apartar los ojos. Finalmente, la impaciencia de Gwadj pudo más.
-¡Por todas las galaxias! ¿Qué ocurre? -gritó.
Maarek volvió la cabeza todo lo que pudo y alcanzó a ver a una mujer. Llevaba un uniforme igual al de Gwadj. Hablaba en voz baja, y Maarek no podía oír lo que decía. Reparó igualmente en que era una mujer bastante atractiva. Para ser bordali, claro.
Gwadj y la mujer salieron de la cabina. No quedaba más que un guardia. Maarek escuchó la compuerta cerrarse con un ruido apagado. El guardia permanecía de pie, con gesto airado, mirando a Pargo tendido medio inconsciente en el suelo.
-Voy a sujetarte a algo -murmuró el guardia, arrastrando a Pargo hacia un asiento.
Maarek podía ver perfectamente los ojos del hombre desde su sitio. Estaba atento a lo que hiciera, aparentemente bastante inquieto por quedarse solo con los prisioneros. Sujetaba su bláster con una mano, y arrastraba a Pargo con la otra por el suelo metálico. Un instante después, vaciló, como si de repente se hubiera acordado de algo, o al menos eso es lo que pensó Maarek. Pero se estremeció, con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa, y gritó. Pero ya era demasiado tarde. Una gran mano se había cerrado alrededor de la suya, de la que sujetaba el bláster, y la había hecho apuntar a su propio pecho. ¡Pargo estaba consciente!
La lucha fue silenciosa y rápida. Pargo era muy fuerte, mucho más fuerte que el guardia, y pronto pudo alzarse sobre sus rodillas. El bláster seguía apuntado al pecho del guardia. Maarek vio como este perdía de golpe toda su fogosidad, sabedor de que una resistencia prolongada le conduciría a una muerte segura.
Así que fue el guardia bordali quien acabó atado al asiento en lugar de Pargo.
-No hagas ningún ruido -murmuró Pargo, mientras cerraba los grilletes alrededor de las muñecas del guardia, que asintió.
-Hay una capucha tras esos asientos -propuso Maarek-. Con eso, permanecerá callado.
Pargo se giró hacia las capuchas y luego miró al guardia. Parecía aterrorizado.
-Creo que no será necesario. No nos causará problemas.
-Entonces desátame de este asiento -dijo Maarek-. Debemos encontrar un medio de escapar de esta prisión volante.
-No confíes demasiado en ello -dijo Marina-. Nos llevan mucha ventaja.
-Sí, ¡pero tenemos esto! -dijo Pargo, mostrando el bláster.
-Un solo bláster, y ellos son numerosos -respondió Marina mientras Pargo les liberaba.
A pesar de las apariencias, Maarek vio perfectamente que su amigo tenía problemas para mantenerse en equilibrio. Cualesquiera que fueran las vilezas a las que los bordali le hubieran sometido, Pargo aún no se había recuperado del todo.
Algunos minutos más tarde, estaban de pie frente a la compuerta delantera, preguntándose qué hacer a continuación, cuando la nave dio un bandazo, como si se hubiera golpeado con algo.
Casi en el mismo instante, Gwadj se precipitó en la cabina, seguido de la mujer de negro y de otro guardia. Todos llevaban un arma en la mano.
¡Si Gwadj tenía una cualidad, desde luego era la rapidez! Comprendió inmediatamente lo que había ocurrido al ver al guardia atado al asiento y el bláster en manos de Pargo. Pero también sabía que seguía teniendo ventaja.
-No disparen. La situación está a punto de cambiar muy rápidamente -dijo-. Un destructor estelar nos viene pisando los talones y hemos sido atrapados en un rayo tractor. Creo que ya no seremos dueños de nuestros destinos por mucho tiempo -hablaba lentamente, con una voz impregnada de resignación.
-Y entonces, ¿qué piensa hacer? -preguntó Marina. Su voz también se mostraba totalmente resignada.
Gwadj estalló a reír. Una risita de conejo.
-¿Que qué voy a hacer? Tenía ganas de matarles a todos por despecho, pero ahora... Esta guerra ya ha durado demasiado.
-Sí, es cierto -respondió Marina.
Entonces, a una señal de Gwadj, los tres guardias bajaron sus blásters. Marina hizo un gesto con la cabeza a Pargo, que obedeció a regañadientes. Luego, esperaron...

***

Cuando los soldados del Imperio llegaron, anónimos en sus armaduras blancas, fueron rápidos y eficaces. Entraron rápidamente por la compuerta, y tomaron posiciones en la cabina, con los blásters dispuestos para disparar. Uno de ellos tomó la palabra. Su voz sonaba lejana y metálica.
-Por aquí -fueron sus únicas palabras.
Las tropas de asalto se acercaron a los antiguos enemigos. De alguna manera, Maarek sabía que la guerra entre los bordali y los kuan, o al menos su propia guerra personal, estaba a punto de acabar. Siguió a los soldados hasta una lanzadera de asalto que esperaba, e inmediatamente partieron en dirección al destructor estelar Venganza. Allí comenzaría su nueva vida...