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martes, 14 de julio de 2009

Viaje incidental (III)


Parte Tres
Michael A. Stackpole

Impulsado por un golpe en los riñones con una carabina bláster, Corran Horn entró a trompicones en la celda improvisada. Recuperó el control de sí mismo lo bastante rápido para evitar chocar contra su padre y se giró rápidamente, pero Jodo Kast cerró la puerta de hierro forjado. Eso dejó eficazmente sellados a los dos Horn en una caverna pequeña y polvorienta que antiguamente había sido el hogar de una estupenda colección de vinos de todas partes de la galaxia. Al menos esa es la impresión que me causan todos los fragmentos de botellas rotas por el suelo.
Corran atravesó a Kast con la mirada más fiera que podía componer.
-Esto no ha acabado entre nosotros, Kast.
El cazarrecompensas miró plácidamente a Corran, pero el trío de matones de Zekka Thyne que estaban obligando al otro hombre y al tunroth a entrar en una segunda caverna al otro lado de la bodega rieron a pleno pulmón. Su líder, el hombre pelirrojo de complexión bovina que había dado el empujón a Corran, miró con desdén al agente de incógnito de la Fuerza de Seguridad Corelliana.
-Te queda muy poco tiempo, colega. El jefe no te va a dejar intentar nada contra este tipo. Yo seré quien se encargue de ti.
-¿Ah, sí? –Corran lanzó al hombre una mirada letal-. No sabía que Thyne se dedicaba a hacer favores a los ayudantes contratados. Cuando quieras puedes intentarlo.
-No tendrá la oportunidad –dijo la voz de Kast en tono frío y distante-. Estoy harto de tus chácharas, bravuconerías y amenazas, Corran, y no estoy dispuesto a permitir que otra persona elimine las molestias de mi vida. –El mercenario acorazado apuntó con el índice al hombre pelirrojo-. Tócale, y consideraré como un asunto de honor el encargarme de ti.
El pelirrojo palideció.
-Sí, señor.
Uno de los otros subordinados de Sol Negro de Thyne cerró la otra puerta y la aseguró.
-Están dentro. ¿Quieres que amenace a alguno de ellos, Nidder?
El pelirrojo frunció el ceño.
-Vete a chupar el vacío, Somms. Ya que te crees tan divertido, puedes quedarte a inventarte chistes mientras montas guardia ante estos payasos.
Las cejas rubias de Somms se inclinaron hacia su nariz.
-Ahí dentro están seguros, no necesitan que les vigilen.
Kast negó con la cabeza.
-No, ahí dentro no, por supuesto que no, sino fuera de la sala, en el primer descansillo de las escaleras. Allí puedes escuchar ruidos de aquí dentro o de la planta principal y ser capaz de responder.
Nidder colocó su carabina bláster en las manos de Somms.
-Ya le has oído.
Corran sonrió.
-Tal y como me figuraba, Kast. Quieres a alguien estacionado entre tú y yo.
Kast agarró los barrotes de hierro de la reja y los agitó una sola vez, con fuerza. El metal resonó fuertemente y, sorprendido, Corran retrocedió un paso involuntariamente.
Nidder, Somms y el tercer hombre de Sol Negro comenzaron a reír, pero su jolgorio no impidió que Corran escuchara la respuesta de Kast a su comentario.
-No te tengo miedo, Corran. Espero ansioso que logres salir de ahí, porque con Thyne enviando a sus pistoleros a tender una emboscada a Maranne y Riij, estoy bastante seguro de que yo soy todo lo que hay entre tú y tu libertad. Puede que seas bueno, puede que seas incluso mejor de lo que pienso que eres, pero yo sigo siendo mejor.
La sien izquierda de Corran latió con fuerza en el lugar contra el que Kast había presionado su pistola bláster.
-Sigue pensando eso, Kast, y no te sorprendas cuando demuestre que te equivocas.
-Ven a verme, Corran, cuando tus alardeos no sean en vano.
Kast se giró y condujo al resto de los hombres al exterior de la pequeña sala.
Una vieja puerta de madera se cerró tras él con un chasquido.
Corran se quedó mirando hacia allí por un instante y luego se dio la vuelta y lanzó un juramento.
-¡Engendro Sith! Ese hijo de rancor me ha tomado por idiota. –Alzó la mirada hacia su padre-. Lo siento, papá. La verdad es que he causado un buen lío.
El padre entrecerró sus ojos color avellana.
-¿Por qué pretendes que nuestra situación sea culpa tuya?
-Debería haber sabido que algo no iba bien. –Corran se cubrió el rostro con las manos-. Su nave, el Hopskip, es una pieza de chatarra que Crisk no usaría ni para transportar cadáveres, no digamos mercancía valiosa. Los demás no tenían ni idea de qué había en su bodega de carga, y resultó estar llena de cajas trucadas.
Hal frunció el ceño.
-Las cajas trucadas no son tecnología demasiado puntera para los contrabandistas hoy en día. Es casi como si quisieran que les atraparan.
-Eso es, justamente. –Corran se apoyó contra una estantería de plastifibra para botellas construída sobre la pared de la caverna-. Kast le dijo a Thyne que las cajas estaban vacías, pero encontré algunas con los holosellos rotos y las abrí. Una caja tenía especia; en realidad, sólo polvo para uso recreativo, pero especia al fin y al cabo. La otra contenía una fortuna en gemas de fuego de Durin sin cortar. Incluso si suponemos que sólo hay una caja de gemas y las otras 199 son especia, Cris podría usar las gemas para comprar un ejército y usar la especia para inundar el mercado y echar por tierra los beneficios de Sol Negro.
Hal Horn le dio la vuelta a una caja de vino de madera y se sentó.
-De modo que me estás diciendo que tenemos a unos no-contrabandistas llevando doscientas cajas trucadas y no tienen ni idea de qué hay dentro. Encuentras gemas y especia en dos de ellas y el cargamento va dirigido a Crisk. El propio Crisk no puede organizar semejante envío, de modo que debe tener un apoyo. ¿Quién?
Corran frunció el ceño.
-Las gemas provienen de Tatooine. ¿Allí no hay un hutt controlando el tráfico de especia?
-Jappa o Jadda o algo así, sí. Es poderoso allí, pero, ¿expandirse hacia Corellia? Es un paso muy osado. -Hal abrió la boca, y luego negó con la cabeza. Hizo un gesto a su hijo para que se apartase y miró más allá de Corran hacia la otra celda.
-Haber Trell, ¿Desde cuando conoces a Jodo Kast?
El piloto del Hopskip se puso en pie y agarró los barrotes de su prisión.
-No le conozco. Sólo viene conmigo en este viaje.
-Sí. -Hal se apoyó de nuevo contra el muro y rió en voz baja-. Eso es.
Corran negó con la cabeza.
-¿Estás diciendo que Kast está detrás del cargamento dirigido a Crisk? Pero eso no tiene sentido, porque ha sido él quien le ha dicho a Thyne dónde encontrar las cajas con la especia y las gemas.
-No, Corran, Kast no es quien lo ha planeado, él es lo que ha entrado de contrabando en Corellia.
Corran se quedó boquiabierto.
-Eso no tiene ningún sentido.
-¿No? -Hal lanzó a Corran una mirada escrutadora; la misma que en pasado advertía a Corran que su padre pensaba que no se estaba esforzando demasiado en pensar-. ¿Qué opinas del último comentario de Kast?
Corran reflexionó.
-Me estaba tentando.
-De acuerdo, pero, ¿qué nos ha dicho al tratar de tentarte?
El suspiro surgió desde la punta de los dedos de los pies de Corran.
-Nos ha dicho que él era todo lo que que queda entre nosotros y la libertad; que todos los tipos de Thyne se han ido. Me ha dicho que vaya a encontrarle cuando nos liberemos. -Corran se golpeó la frente con la palma de la mano-. Debería haberlo visto.
-Lo has hecho.
-Sí, pero he necesitado que tú me lo indicases. -Corran meneó la cabeza y dio un puntapié al cuello de una botella rota-. A veces mi cerebro no da para más.
-No, Corran, tu cerebro trabaja perfectamente. -Hal mantuvo un tono de voz constante, pero señaló con el índice a su hijo-. Sólo necesitas enfocar tu pensamiento. Estás furioso por el modo en el que Kast te ha engañado, y creo que tenías un poco de miedo por lo que me pudiera estar pasando.
-Correcto en ambos casos.
-Es comprensible, hijo, y lo aprecio en el caso de tu preocupación hacia mí, pero no puedes dejar que tus emociones y los incidentes te controlen.
-Lo sé, papá. De verdad. -Sonrió a su padre-. Trato de seguir tu ejemplo, pero tú eres mejor en esto que yo.
-Te llevo unos cuantos años de ventaja, Corran.
-Es más que sólo los años, papá -dijo Corran con un gesto de disgusto-. Nunca habría leído el mensaje de Kast como tú lo has hecho.
Los ojos del mayor de los Horn brillaron.
-Tengo que admitir, Corran, que te he hecho trampa esta vez.
-¿Qué?
Hal señaló tras él.
-Ahí arriba, en los barrotes que Kast agitó, mira qué es esa cosa pequeña, ¿quieres?
Corran se giró y miró de cerca los barrotes. Donde Kast había agarrado uno con su mano derecha, Corran vio un pequeño cilindro negro de cerca del ancho de una mano de largo y del diámetro aproximado de un disparo bláster. Lo liberó del la barra con un tirón, dejando un residuo de adhesivo en el hierro forjado, y notó un pequeño botón bajo su pulgar, cerca del borde del cilindro.
-Ten cuidado con eso, Corran.
El hombre joven asintió y pulsó el botón. Casi invisible en la penumbra, una delicada hoja monomolecular se deslizó al exterior del cilindro.
-Sé lo que es, y recuerdo lo que le ocurrió a Dindo el Zurdo.
Corran cortó cuidadosamente el cerrojo con la hoja. Luego, retrajo la frágil hoja del estilete y abrió la puerta.
-Liberarnos de esta celda es un poco más sencillo que tratar de liberarse de unos grilletes usando uno de estos, como el Zurdo.
Hal Horn se detuvo en el umbral de la puerta de la celda.
-Tal vez podrías cortarnos un par de barrotes para usarlos como armas. Puede que Somms no sea el matón de Sol Negro con más luces, pero creo que hará falta convencerle un poco para que nos deje salir de aquí.
-De acuerdo
Extendiendo la hoja de nuevo, Corran cortó un par de barras de unos cincuenta centímetros de largo de la parte inferior de la reja, y le tendió una a su padre.
Hal golpeó la porra contra su mano izquierda con un sonido de carne golpeada.
-Esto servirá. Ahora, ¿dónde tendemos una emboscada a Somms?
Corran echó un vistazo a la puerta cerrada de la sala.
-¿Piensas que Somms es alguien que dará la alarma de inmediato, o que esperará a informar del éxito?
-¿Después de que Nidder le diera la orden? Actuará, y luego informará.
-Eso es lo que yo pienso, también. El descansillo estaba diez escalones más arriba, y estamos o bastante lejos de la oficina para que si hacemos algo de ruido nadie lo note, creo -dijo Corran con una sonrisa-. Yo haré el trabajo duro si tu quieres encargarte de los gritos.
-Los gritos me parecen bien -dijo Hal Horn, sonriendo a su vez-. Ten cuidado.
-Vale.
Corran caminó hacia la puerta de madera y dejó la longitud de la hoja a medio centímetro menos del grosor de la puerta. Luego cortó con mucho cuidado. Dibujó un círculo en el centro de ella. Una vez que hubo terminado el círculo, trazó líneas saliendo de él como si fuera un niño dibujando un sol. Finalmente talló pequeños semicírculos alrededor de las bisagras y la cerradura.
Cerró la hoja y se la entregó a su padre a cambio de uno de los garrotes.
-Bien, allá vamos.
-¡Espera!
Corran miró a Haber Trell.
-¿Qué quieres?
-No nos dejéis aquí dentro. Si vais a escaparos, nosotros también queremos ir.
-No lo creo, Trell. -La piel se tensó alrededor de los ojos de Corran-. Aunque fueras dos veces mejor luchador que contrabandista, aún no sería suficiente.
Hal asintió mostrando su acuerdo, pero le lanzó el punzón molecular de todas formas.
-Corran está en lo cierto, no querréis venir con nosotros. Nosotros saldremos y nos encargaremos de Thyne. Dadnos un par de minutos, y luego actuad rápido. Robad uno de los deslizadores aéreos de Thyne y escapad. Volved a vuestra nave y salid del sistema.
Trell asintió.
-Gracias.
Corran miró a su padre con el ceño fruncido, y luego señaló a Trell.
-Y escucha, no volváis a meter esa carga en vuestra nave. No os interesa andar transportando especia. -Trell se estremeció y Corran lo interpretó como una respuesta elocuente a u aviso-. ¿Listo, papá?
-Preparado.
Corran sonrió y corrió de vuelta hacia la puerta. Se abalanzó contra ella y la golpeó en el centro con la espalda. La puerta estalló en fragmentos a su alrededor, esparciendo grandes trozos de madera en el estrecho pasillo del exterior de la prisión improvisada. Corran cayó al suelo entre todo ello, gimiendo involuntariamente en lugar de soltar un gran y fingido uf tal como había planeado. No hay bordes dentados, pero desde luego los escombros son pesados.
La voz de Hal fluyó a través de los últimos ecos del crujido de la puerta.
-¡Sacadme a ese tunroth de encima!
Con los ojos casi cerrados, Corran vio a Somms bajar casi volando las escaleras hasta el rellano. El hombre mantenía la espalda contra el muro de piedra mientras avanzaba sigilosamente hacia la celda, y luego blandió la carabina bláster y se preparó para entrar de golpe en la celda. Para hacer eso se preparó para girar sobre su pie derecho, cruzar el umbral y luego entrar.
Cuando el pie izquierdo de Somms se desplazó en el movimiento giratorio, Corran lo agarró con su mano izquierda. Dejando que el propio impulso de Somms le hiciera caer sentado al suelo, Corran golpeó con su cachiporra metálica en la parte superior de la pelvis del hombre. Somms comenzó a chillar, en apariencia más de sorpresa que de dolor, cuando Hal apareció en el umbral y lo hizo callar de un puñetazo en la cara.
Somms cayó al suelo y no se movió.
Corran miró a su padre frunciendo el ceño.
-¿Para qué el garrote, si no lo vas a usar?
-No lo necesitaba. -Hal agarró la carabina bláster del costado de Somms, ajustó la palanca de selección a aturdir, y le disparó una descarga azul. El matón de Sol Negro se estremeció una vez, y luego quedó tranquilamente inmóvil-. Espero que siga sintiendo el golpe que le has dado cuando se despierte.
-Esperemos que así sea. -Corran rodó hacia él y le desabrochó el cinturón del bláster. Colocándoselo él mismo, Corran extrajo el bláster de él y comprobó el paquete de energía. Alzó la vista hacia su padre-. ¿Vas a dejar ese ajuste en aturdir?
-Que yo sepa, los dirparos mortales no llegan más lejos que las ráfagas aturdidoras.
-Cierto, pero hay mucho más papeleo que rellenar cuando los llevamos con vida.
-Ni siquiera bromees con eso, Corran. -Su padre le lanzó una mirada de reprobación que le hizo a Corran sentirse del tamaño de una figura de holojuego-. Ajústalo en aturdir y no lamentarás haberle dado por accidente a un amigo.
-Sí, señor. -Corran hizo pasar la palanca selectora de la pistola a la posición de aturdir y se puso en pie. Con un gesto, invitó a su padre a que avanzasa hacia la puerta-. Hora de ir a por Thyne. La edad antes que la belleza.
-El cerebro antes que la insolencia. -Hal lanzó un rápido saludo a Haber Trell y Rathe-. Suerte para vosotros, pero mantened las cabezas agachadas y salid de aquí rápido. Si Thyne no reacciona bien ante nuestro rechazo a su hospitalidad, no querréis estar en el radio de acción.

***

Arl Nidder seguía el ritmo de las largas zancadas de Jodo Kast lo mejor que podía. El cazarrecompensas le impresionaba, pero la armadura le impresionaba más. Si tan sólo tuviera esa armadura mandaloriana sería un tipo duro. Podría poner un montón de años luz entre yo y el resto de los chicos de Bromstaad. Quizá algún moff me contratase para hacer algún trabajo delicado, o quizá incluso el principe Xizor.
Sus pensamientos terminaron abruptamente cuando entraron en la oficina de Thyne. A Nidder le gustaba la oficina porque le parecía un museo. Nunca había estado en un museo de verdad, pero sabía que eran lugares donde se recopilaban cosas antiguas y valiosas. Se sentía orgulloso de que Thyne le mantuviera lo bastante cerca para proteger las preciadas posesiones del señor del crimen.
A pesar de estar rodeado de belleza, Thyne no parecía estar contento. La placa de holoproyector montada sobre su escritorio mostraba una vista translúcida de la fortaleza de Thyne y el valle circundante con gran detalle. Moviéndose por la zona había pequeños iconos naranjas que Nidder había visto en simulaciones de seguridad, pero sólo cuando estaban repasando las peores situaciones posibles para asustar a los nuevos reclutas.
Nidder se quedó boquiabierto.
-¿Eso son realmente soldados de asalto?
Thyne asintió y luego activó un comunicador.
-Todo el personal a sus estaciones de combate. Esto no es un simulacro. Fuerzas hostiles desplegándose al norte y al este. Muévanse, quiero todas las defensas operativas en treinta segundos.
Nidder y Deif comenzaron a avanzar hacia las puertas entreabiertas, pero Thyne les detuvo con un bramido.
-Vosotros dos no. No es que no confíe en usted, Kast.
Kast alzó las manos.
-Pero es que no confía en mí. Se lo recordaré la próxima vez que negociemos un precio por mis servicios.
El tremendamente alto cazarrecompensas se sentó en una silla, girándola de modo que podía observar a Thyne a la derecha y las puertas a la izquierda, pero lo hizo de forma tan casual que a Nidder le costó uno o dos instantes darse cuenta de qué estaba haciendo exactamente.
Kast miró directamente a Nidder, y luego cruzó tranquilamente su pierna derecha sobre la izquierda.
Nidder tembló, incómodo, y tuvo la clara impresión de que la única forma en la conseguiría esa armadura sería ser lo suficientemente afortunado para estar cerca cuando algún otro matase a Kast y se la quitase. Por supuesto, el pensamiento no se formó exactamente de esa forma en la mente de Nidder. Simplemente supo que no quería esa armadura, tan sólo una como esa.
Su momentáneo sentimiento de inferioridad se desvaneció cuando se dio cuenta de que Kast no era tan listo como creía ser. Si el mercenario hubiera dado la vuelta a su silla aún podría seguir viendo el escritorio y las puertas, pero además podría ver los cuadros de retozantes desnudos de la pared. Desde donde estaba, Nidder podía apreciarlos completamente -aunque era incapaz de explicar por qué el artista había incluido accesorios de jardín en el cuadro- y sonrió para hacer saber a Kast lo que se estaba perdiendo.
El holograma se convirtió en un esquema de la casa, con los pasillos al otro lado de la puerta representados con una luz amarilla que parpadeaba.
Thyne resopló furioso.
-Hay alguien en el vestíbulo. Los impes ya se han infiltrado en el edificio.
Indicó a Nidder y Deif que fueran hacia la puerta. Kast comenzó a hablar en voz alta.
-Por supuesto, manejar las cosas de forma diplomática funciona mejor. -El cazarrecompensas señaló a dos puntos junto al muro donde los mercenarios Bromstaad podían cubrir la entrada con un letal fuego cruzado-. Pero, una vez más, hay veces en las que uno tiene que dejar de lado la diplomacia.
Nidder se maravilló por como la voz de Kast cubrió el sonido que hizo al acercarse a la puerta. Se detuvo exactamente donde Kast quiso y sacó la pistola bláster. La ajustó a matar y esperó, pero lanzó a Kast un guiño y un gesto de cabeza. Cuando le devolvió el gesto, Nidder incluso comenzó a imaginarse que Kast podría tomarle como aprendiz, o incluso como socio. Ha visto lo bueno que soy. Sabe lo que conseguirá cuando trabajemos juntos.
La explosión de la mitad inferior de la puerta interrumpió la fantasía de Nidder. A través del humo y de la lluvia de escombros ardientes apareció el más pequeño de los prisioneros que habían dejado atrás. Poniéndose en cuclillas para terminar la voltereta con la que había atravesado el agujero, el hombre de pelo castaño alzó su pistola bláster y disparó dos veces. La primera andanada azul falló, pero la segunda alcanzó a Deif en el estómago, rodeándole con energía azul.
Nidder apuntó con su pistola al hombre pequeño. No me ha visto. No sabe que estoy aquí. Terrible error por su parte. Nidder comenzó a apretar el gatillo con su dedo cuando notó que se estaba moviendo hacia atrás.
Sintió que sus hombros chocaban contra el muro, y su cabeza rebotaba contra él.
A través de las estrellas que explotaban vio un segundo disparo salir con un destello de un bláster integrado en la muñeca de la armadura mandaloriana.
En el nanosegundo que le costó al disparo escarlata estrellarse contra su pecho, Nidder se dio cuenta de que Kast se había colocado con tanto cuidado y precisión porque el cazarrecompensas quería matarle. Nidder no se sintió ultrajado por haber sido traicionado y asesinado tan fácilmente, ni tampoco, en el momento de su muerte, concedió a Kast una pizca de respeto por haber actuado con tanta frialdad para matarle. No; para Arl Nidder, muriendo al caer al suelo, sólo hubo un último pensamiento. Si ahora tuviera esa armadura...

***

Corran vio los destellos rojos a su izquierda y se giró en esa dirección mientras su objetivo caía al suelo. Al fondo de la sala, Corran vio a Thyne correr a un lugar donde un panel del muro se retrajo para revelar una salida trasera. Comenzó a apuntar al señor del crimen fugitivo, pero retiró su pistola cuando la cabeza y los hombros de Kast taparon a Thyne. Se está escapando.
Corran lanzó una mirada hacia la puerta.
-Todo despejado.
Hal cruzó la puerta, miró al cadáver de Nidder, y luego a Kast.
-Tómate otra ronda a mi cuenta como agradecimiento.
El cazarrecompensas descruzó las piernas y se puso en pie.
-Control de plagas.
Corran señaló a la oscura apertura de la pared.
-Thyne ha escapado por ahí.
Hal se aproximó con cautela.
-Parece despejado.
Corran se apropió de la carabina bláster que llevaba el hombre al que había disparado y la ajustó en aturdir.
-Vayamos a buscarlo. -Se volvió hacia Kast-. Ven con nosotros. Nos vendría bien tu ayuda. Hay una recompensa por Thyne. Nosotros vamos a atraparlo, pero la recompensa puede ser tuya. -Corran miró la estridente decoración y las horrorosas obras de arte de la habitación a su alrededor-. Podría incluso ser suficiente para comprar arte de verdad y borrar los recuerdos de este lugar.
-Me tienta mucho. -Kast se encogió de hombros-. En cualquier caso, alguien con un gusto artístico tan inferior no debería ser difícil de atrapar. Me uniría a vosotros, pero soy un simple cazarrecompensas y aún tengo un trabajo que hacer.
A pesar de no poder leer el rostro de Kast, Corran sabía que estaba mintiendo. Alzó una ceja.
-No creo que seas un simple cazarrecompensas.
-Ni yo creo que tú y tu padre seáis simples matones buscando trabajo en los bajos fondos. -Kast cruzó la sala hacia el escritorio y apretó un botón en el panel de control de la unidad de pantalla holográfica. Apareció una vista de los alrededores y Corran vio pequeños iconos naranjas moviéndose en enjambres por el terreno-. Eso son tropas de asalto imperiales. Parece que van a hacer las cosas incómodas si no seguís con lo vuestro. No querréis que os atrapen aquí.
-Tú tampoco.
-No me atraparán.
Corran asintió.
-Quizá en otra ocasión.
-Quizá.
La firmeza en la voz de Kast indicó a Corran que nunca habría una próxima vez, y de algún modo esa perspectiva tan sólo le hacía sentir alivio.

***

Corran se unió a su padre justo en la entrada del pasadizo de escape de Thyne. El estrecho pasillo había sido tallado a través de la roca original con una sutil pendiente descendiente.
Cada cincuenta metros, más o menos, giraba sobre sí mismo, obligando a los Horn a avanzar con cuidado. La brevedad de los pasajes significaba que cualquier tiroteo sería a poca distancia y extremadamente letal.
Corran agarró su carabina bláster con ambas manos y la presionó contra su flanco derecho. Había sido modificada desde su salida de fábrica con la inclusión de un punto de mira luminoso al lado izquierdo del cañón, y se le habían hecho más modificaciones para convertirlo en lo que la jerga de la calle se conocía como un disparo fácil. Habían cortado la guarda del gatillo, dejando el gatillo libre y el arma propensa a dispararse cuando el gatillo se enganchaba con la ropa o era pulsado de cualquier otro modo. Se suponía que usar un disparo fácil indicaba lo dura que era una persona, pero sólo hacía falta echar un vistazo a los resultados de una pistola de disparo fácil metida en la cintura para convencer a la mayoría de la gente de que era una modificación imprudente.
Por supuesto, nadie iba a meterse una carabina en los pantalones. Corran sonrió ligeramente, luego asintió cuando su padre le dijo que avanzase. Quedándose agachado, Corran dobló la esquina del pasillo, y luego se echó a tierra mientras un disparo bláster rojo cruzaba silbando el aire sobre él.
Respondió al disparo un par de veces, pero ninguna de las dos andanadas azules golpeó nada excepto piedra.
-Los pasillos se ensanchan hacia una cueva natural- Probablemente estemos en la parte trasera de la propiedad.
-Bien, vayamos despacio. Apaga la luz.
Corran desactivó el punto de mira luminoso y cerró los ojos. Contó hasta diez para que sus ojos se ajustasen a la oscuridad, y luego los abrió. Formas de vida bioluminiscentes –líquenes y las cosas que se alimentaban de él- proporcionaban un brillo púrpura que permitió a Corran discernir formas sombrías. Algunas eran regulares y aparentaban ser cajas de duraplástico de varios tamaños, mientras que las más grandes y amenazantes eran formaciones rocosas curiosamente hinchadas y retorcidas. Parecía haber pocas modificaciones físicas en la cueva; el suelo seguía siendo desigual y las cajas estaban calzadas con cuñas en varios puntos donde el espacio lo permitía. Corran supuso que el anterior propietario había mantenido la cueva en su estado natural y que Thyne había almacenado en ella sus cargamentos más preciados o vitales que no confiaba en dejar en ningún otro sitio.
Corran se arrastró hacia delante, siguiendo agachado. Alcanzó la primera caja y el la débil luz distinguió una leyenda imperial estarcida que indicaba que estaba llena de carabinas bláster.
La habría abierto, pero el aroma de la especia perduraba tan fuerte en los alrededores que inmediatamente supo lo que en realidad contenía. O bien Thyne estaba simplemente almacenando especia allí, o bien Sol Negro tenía algún contacto imperial que le estaba permitiendo pasar esa mercancía por las aduanas. Tendré que preguntarle a Loor acerca de esto.
Corran lanzó un breve y agudo silbido, y luego escuchó que su padre cubría el espacio que les separaba. Para ser un hombre mayor, y tan grande como era, Hal se movía bastante silenciosamente. Sentí su presencia antes de percibir ese ligero roce de su suela contra la piedra. Oh, Thyne, no sabes con quién te estás metiendo.
Un silbido de respuesta hizo que Corran avanzase. Se movía despacio y cuidadoso, abriéndose camino de una roca oscura a otra. Se esforzaba por evitar aquellas que brillaban porque no quería que su silueta se recortase contra una de ellas.
Tuvo el mayor cuidado en hacer el menor ruido posible, y sonrió al dejarse caer apoyándose tras una gran roca negra.
Corran echó la vista atrás hacia su padre, y estaba preparado para silbar cuando escuchó el chirrido del metal contra la roca. Alzó la vista y efectuó un disparo con su carabina bláster.
El destello azul pasó de lado a Thyne cuando este saltó al suelo desde un gran dolmen, y entonces el talón derecho de Thyne golpeó a Corran en el hombro y le hizo caer rodando al suelo. Su carabina bláster cayó rebotando lejos de él, disparando dos veces al azar. Sintió que el brazo izquierdo de Thyne se tensaba alrededor de su cuello y entonces el alienígena se enderezó, alzándolo casi en vilo; Thyne estaba usando su cuerpo como escudo ante los disparos.
El cañón de una pistola bláster se encajó bajo el lado derecho de la mandíbula de Corran. Se encendió una barra luminosa, bañando de luz el lado derecho del rostro de Corran. Los músculos del brazo alrededor de su cuello se contrajeron, ahogando su respiración y acabando con cualquier esperanza de soltarse.
Thyne rugió con potencia, lanzando ecos furiosos de su voz a través de la caverna.
-Tu socio es hombre muerto si no te muestras en cinco segundos.
Para Corran, esos cinco segundos duraron toda una eternidad, y la llenó con una interminable serie de si-tan-sólos. Si tan sólo me hubiera metido la pistola bláster en la cintura cuando cogí la carabina. Si tan sólo tuviera el punzón. Si tan sólo hubiera avanzado más silenciosamente... Las auto-recriminaciones coparon su mente y alimentaron lentamente la desesperación que estaba creciendo lentamente en su cabeza.
Entonces su padre se puso en pie y el el punto de mira luminoso de su carabina cobró vida. Iluminado por la luz trasera, Hal Horn se alzaba a veinte metros de distancia, con la carabina sujeta firmemente en su mano derecha. Se presentó a Thyne de perfil, ofreciéndole un objetivo distinto de Corran. La expresión en el rostro de su padre llevaba una gravedad que Corran no había visto desde el funeral de su madre. Los ojos de Hal parecían vacíos de odio y miedo, pero llenos de resolución.
-Es mi deber informarle, Zekka Thyne, que soy el inspector Hal Horn de la Fuerza de Seguridad Corelliana y que está bajo arresto. Tengo una orden válida para detenerle por violar las leyes de contrabando. Suelte a su rehén y deje de complicarse las cosas.
Thyne soltó una risita en voz baja, llena de desdén.
-No, así no es como van a ocurrir las cosas. Vas a retirar el dedo del gatillo y bajar tu arma.
-No puedo hacer eso.
-Lo harás. –Thyne estrechó su presa sobre el cuello de Corran-. Mi visión es lo bastante buena incluso en una oscuridad completa como para distinguir la menor presión de tu dedo sobre el gatillo. Y mis reflejos son lo bastante buenos como para atravesar la cabeza de tu socio con tres disparos antes de que completes ese movimiento. Puede que me detengas, pero tu socio estará muerto. Hazlo, ¡ahora!
Hal frunció el ceño.
-De acuerdo, no te precipites.
-¡No, Hal! Dispárale...
Thyne presionó el arma con más fuerza contra la mandíbula de Corran.
-Has sido lo bastante estúpido como para unirte a SegCor, no seas tan estúpido como para morir por ello.
Hal levantó la mano izquierda.
-De acuerdo, voy a hacer lo que has dicho. Estoy retirando mi dedo del gatillo.
Corran trató de agitar la cabeza para decirle a su padre que no acatase la orden de Thyne. Tiene que saber que en el instante en el que quede desarmado, Thyne me disparará y luego le disparará a él. Puede que yo ya esté muerto, pero no hay motivos para que él también muera.
El índice derecho de Hal Horn se apartó lentamente del gatillo de la carabina bláster. Y al mismo tiempo, todos los dígitos se borraron de la luz trasera del punto de mira luminoso. El dedo se enderezó y Corran vio huesos apuntándole. Se acabó. Ambos nos quedaremos aquí para que nuestros esqueletos se pudran eternamente.
Entonces el disparo azul surgió del cañón de la carabina. El aire crepitó y el pelo de Corran se puso de punta cuando el disparo pasó rozándole y golpeó a Thyne. Las nubes azules resultantes del disparo hicieron que un escalofrío recorriera el cuerpo de Corran y lo debilitaron lo suficiente como para caer sobre manos y rodillas. Tras él, el cuerpo de Thyne golpeó el suelo con un ruido sordo acompañado por el ligero sonido metálico de la pistola bláster bailando en la oscuridad.
Hal se agachó rodilla en tierra junto a su hijo, y luego disparó una nueva carga aturdidora contra Thyne.
-¿Estás bien, hijo?
Corran se sentó sobre sus talones.
-Lo estaré. –Se frotó un lado del cuello con su mano derecha-. Me ha hecho un hematoma para compensar el que me hizo Kast. Tener marcas de bláster en la cabeza y el cuello es una experiencia sin la que podría haber vivido.
-Mejor eso que dejar que los disparos alcancen su objetivo, como aquí nuestro amigo ha descubierto.
Corran observó a Thyne a la luz de la carabina de Hal.
El área alrededor del ojo derecho de Thyne había comenzado a hincharse, indicando dónde el disparo le había golpeado.
-¿Cómo lo has...?
Hal sonrió.
-El pequeño diamante dorado de su ojo me ofrecía un buen objetivo. Tan sólo me centré en él, dejando a un lado mi preocupación por ti tanto como pude, y disparé.
Hal miró a su padre frunciendo el ceño.
-No, eso no. Tenías el dedo fuera del gatillo y el arma se disparó de todos modos. ¿Cómo has hecho eso? ¿Es que el vapor de especia de ahí atrás te ha dado alguna especie de poder telequinético o algo?
-¿Yo, mover algo con el poder de la mente? –Hal negó con la cabeza y blandió la carabina-. Esto es un arma de disparo fácil. Al mismo tiempo que retiraba mi índice del gatillo, fui capaz de levantar el dedo corazón y golpear el gatillo con él. Nada especial ni extraño, sólo sigiloso.
A pesar de la sonrisa en el rostro de su padre y la fría lógica de su respuesta, Corran no podía desprenderse de la sensación de que su padre no le estaba diciendo toda la verdad. Probablemente no quiere que sepa la suerte que ha tenido al hacer ese movimiento, pero al menos ha tenido las agallas de hacerlo. No habría querido estar en su pellejo ni por toda la especia de la galaxia.
Hal ofreció a Corran la pistola bláster de Thyne, y luego puso a Thyne en pie y se lo echó encima del hombro.
-Puedo sentir una brisa ahí adelante. Ya casi hemos salido.
Corran recuperó su propia carabina bláster y la llevó sujetándola por la empuñadura en su mano derecha mientras llevaba la pistola bláster con la derecha, usando su linterna para iluminar su camino.
-Veo algo ahí adelante. Las estrellas y Selonia en el exterior.
Los dos agentes de SegCor salieron de la caverna con bastante facilidad. La entrada había sido bloqueada con un entramado de barrotes de hierro, formando una puerta similar a la de la prisión de la que acababan de escapar. Corran abrió la cerradura de un disparo y salió el primero a un pequeño claro con césped.
Hal dejó caer a Thyne al suelo y se llevó la carabina bláster de nuevo a las manos.
-Registrémosle a ver si lleva un comunicador. Podríamos llamar a un transporte para que nos recoja.
Corran se arrodilló sobre el cuerpo y comenzó a registrarlo cuando una voz que sonaba vagamente mecánica le espetó una orden.
-Dejad las armas, las manos arriba –dijo el primero de los ocho soldados de asalto que aparecieron como fantasmas de los árboles que rodeaban el claro. Sus armaduras blancas como esqueletos reflejando la luz de la luna hacían de ellos blancos muy fáciles. El hecho de que cada uno de ellos blandiese una carabina bláster convenció a Corran para alzar las manos. No puedo imaginarme a ninguno de ellos con el arma preparada para aturdir.
Hal dejó su carabina en tierra con cuidado.
-Soy el inspector Hal Horn y este es mi compañero, Corran Horn. Somos de SegCor. Acabamos de arrestar a Zekka Thyne.
El líder de los soldados de asalto se aproximó a Hal.
-Parece como si estuvierais tratando de ayudar a Thyne a escapar y me estuvierais mintiendo.
Corran frunció el ceño.
-Vaya conclusión más estúpida. No sé por qué llevas ese casco tan grande para protegerte la cabeza, porque está claro que lo que hay dentro no lo usas demasiado bien.
El soldado de asalto giró su arma para apuntar a Corran.
-En pie, escoria de Sol Negro.
Corran lanzó una mirada a su padre mientras se levantaba.
-Supongo que somos sus prisioneros.
El soldado de asalto negó con la cabeza.
-¿Quién ha hablado de tomar prisioneros?
Hal habló en voz baja y calmada, pero llena de intensidad y fuerza.
-Creo que preferiría una orden específica de su superior acerca de dispararnos. Creo que actuar de otro modo podría poner en serio peligro su carrera, y posiblemente su vida.
El soldado de asalto se giró hacia Hal y Corran pensó por un momento que tendría que saltar contra el hombre para evitar que disparase a Hal.
Corran también podría haberle atacado, porque había visto incontables cuerpos que habían acabado muertos por hacer comentarios que ni siquiera eran polémicos. Lo que le retuvo fue el modo en que los movimientos el hombre se ralentizaron mientras observaba a Hal.
El soldado de asalto no estaba reaccionando al tono o al desafío de las palabras, sino que estaba considerando todo su significado.
¿Nunca se acabarán las sorpresas?
Un comunicador sonó en el interior del casco del hombre y los murmullos de la conversación zumbaron en la noche. Corran sonrió y miró a su padre encogiéndose de hombros. Hal le devolvió la mirada guiñando un ojo y se permitió mostrar un inicio de sonrisa burlona.
El soldado de asalto alzó la cabeza.
-Será una espera de uno o dos minutos.
Hal asintió, y luego señaló con el pulgar hacia la boca de la caverna.
-Puede que quiera que su escuadra asegure esa caverna. Conduce a la oficina de Thyne. Su gente puede entrar por ahí y atacar las torres desde abajo, porque si comienzan los disparos, su gente morirá intentando tomar el lugar.
El soldado de asalto lo pensó durante un instante, y luego envió a la mitad de su escuadra. El trío restante se colocó vigilando el perímetro mientras su líder mantenía su bláster apuntando a Corran y a su padre.
El aire de la noche era ligeramente helado, y Corran pronto notó el hecho de que antes habían estado sudando.
-¿Le importa si bajo los brazos? Tengo algo de frío.
El soldado de asalto negó con la cabeza.
-Aún puedes tener más frío.
-Bonita noche, ¿verdad? –Corran mostró al hombre una sonrisa llena de dientes y alzó los brazos aún más.
Un soldado con el uniforme verde oliva del Ejército Imperial apareció de entre los arbustos, flanqueado por dos soldados de asalto más. El conjunto de ocho barras con cilindros de rango a cada lado que llevaba en el pecho indicaba que era un coronel.
Su mirada de ojos oscuros pasó del padre al hijo, y luego se detuvo en el cuerpo de Thyne.
-Zekka Thyne. Pueden bajar sus manos. Supongo que ustedes son los agentes de SegCor.
Hal asintió.
-Hal Horn. Este es mi hijo, Corran. Tengo un disco que me identifica en el zapato. También contiene una orden de SegCor que nos autoriza a registrar este lugar y arrestar a Thyne. Puedo sacarlo para usted, si lo desea, para demostrar quiénes somos.
-Soy el coronel Veers, y creo que ustedes son quienes dicen ser. Mi fuente indicaba que aparecerían por los alrededores, e incluso sugerían que quizá quisiéramos apoyarles. -Miró al soldado de asalto que había amenazado con matarlos-. Aparentemente, mis razones para enviar aquí a esta escuadra no se entendieron del todo.
Hal se encogió de hombros.
-Nadie ha abierto fuego, de modo que no pasa nada.
Corran señaló a Thyne.
-Nos hemos encargado de los peores. No quedan muchos más ahí dentro y, en este momento, todos deberían ser hombres de Thyne.
Hal asintió.
-Pueden usar sin problemas la zona para prácticas de tiro.
-Lo recordaré si nos dan una razón para entrar. -Veers sonrió-. ¿Por casualidad no habrán notado ningún indicio de agentes rebeldes o suministros de la rebelión ahí dentro?
-No, pero como inspector de SegCor, creo que estoy autorizado en pedir asistencia para llevar a cabo una orden de captura de sospechosos. -Hal miró a las colinas a ambos lados del valle-. Podría comprobarlo con mi oficial de enlace, pero llamar a Ciudad Crescent desde aquí podría ser imposible, de modo que supongo que tendré que apañármelas solo.
Veers agitó la cabeza.
-Lástima.
-Y que lo diga. -Hal señaló con una mano hacia la caverna-. Coronel, si usted y su escuadra quisieran ayudarme, estaría de lo más agradecido.
-Siempre estamos dispuestos a trabajar junto a los oficiales locales. -Veers asintió a Hal con la cabeza y señaló a sus soldados de asalto la oscura apertura-. Ya le habéis escuchado. No esperéis a que disparen primero, tenemos vía libre.
Los soldados de asalto avanzaron con un sonido de entrechocar armaduras.
Veers tendió a Hal un comunicador.
-Su contraseña de paso es “obra maestra”. Vaya a nuestro perímetro y tome uno de nuestros deslizadores terrestres para sacar a su prisionero de aquí.
-Gracias. -Hal, volviendo la mirada a la cueva, señaló un torrente de disparos láser verdes provenientes de una de las torres de la mansión hacia el suelo-. Parece que su guerra ha comenzado.
-Entonces vayamos rápido y acabemos con ella.
Veers se cuadró rápidamente ante ellos y salió corriendo tras sus hombres.
Corran se quedó mirando al oficial imperial.
-Pensaba que los imperiales creían en el liderazgo desde la retaguardia.
-No todos, por lo que parece. -Han agarró las manos de Thyne y se echó al hombre sobre su espalda-. Cógele de los tobillos, ¿quieres?
-Claro. -Corran agarró los tobillos de Thyne y avanzó siguiendo a su padre-. Entonces, ¿este es el fin del Sol Negro en Corellia?
-Lo dudo. No creo que dos agentes de SegCor, un puñado de contrabandistas y un cazarrecompensas que no es un cazarrecompensas sean suficientes para acabar con Sol Negro. Incluso aunque el coronel y su gente derruyan este lugar, el príncipe Xizor sigue teniendo suficiente poder y recursos para restaurarlo a su estado anterior, y tienes que saber que hay infinidad de individuos deseando ocupar el lugar de Thyne.
Corran se estremeció.
-Sí, me temo que tienes razón. Qué deprimente.
-¿Deprimente? -Hal se giró para mirar a su hijo-. No es deprimente. Mientras siga habiendo Horns para atrapar a los criminales, el príncipe Xizor puede enviar todo lo que quiera hacia nosotros.
-¿Y no encuentras deprimente esa perspectiva? -Corran le miró frunciendo el ceño-. Si no es deprimente, ¿entonces qué es?
-Creo que es obvio, hijo. -La sincera carcajada de Hal ensordeció los gemidos de los blásteres que se disparaban acá y allá-. Es el trabajo de las fuerzas de seguridad. Puede que no sea un trabajo fácil, y es peligroso gran parte del tiempo, pero es un trabajo que mantiene el mal a raya y no hay nada mejor a lo que poder dedicar tu vida.
Corran asintió y recordó un fragmento de la conversación que había tenido con Riij Winward.
-¿Y qué haremos cuando el único mal que quede en la galaxia sea el Imperio?
-Esa es una buena pregunta, Corran, una muy buena pregunta. -El cansancio pareció asomar en la voz de su padre-. Es una que cada persona debe responder por sí mismo. Sólo espero que, cuando me llegue el turno de responderla, tenga la sabiduría de elegir la respuesta correcta y la fortaleza de actuar en consecuencia.
-Yo también.
-Las tendrás, Corran, no lo dudes. -Hal asintió, guiñándole un ojo-. Cuando llegue el momento, verás la luz y aquellos que se muevan desde las sombras para enfrentarse a ti lamentarán su decisión durante lo poco que les quede de vida.

sábado, 13 de junio de 2009

Viaje incidental (II)



Parte Dos
Michael A. Stackpole

El presentimiento de Corran Horn de que algo iba mal recibió un importante impulso cuando vio por primera vez el Hopskip. El aspecto del carguero hacía pensar en que alguien hubiera tomado un YT-1300 corelliano de serie, hubiera partido el disco en línea recta de proa a popa, hubiera doblado las dos mitades sobre sí mismas y luego lo hubiese unido parcheándolo con cualquier metal de chatarra que tuviera convenientemente a mano. Corran había visto naves con peor aspecto, pero ninguna que se supusiera que funcionase.
Esperó a que Riij cerrase el portón de la bahía del hangar antes de hacer un comentario.
–Supongo que el contrabando ya no es tan lucrativo como solía ser.
Los ojos de Maranne destellaron enojados.
–Somos comerciantes, no contrabandistas.
Corran alzó las manos.
–Llámalo como quieras. Con las reglas y leyes imperiales ahí fuera, lo que empieza como un viaje comercial, puede terminar como un envío de contrabando.
Los ojos azul oscuro de Maranne mostraron sorpresa, luego se volvió y se rascó la nuca.
–Yo tomaré el deslizador terrestre.
Su sorpresa ante el comentario de Corran hizo que su frase surgiera un poco demasiado rápida, y Corran pensó que quizá había notado un rastro de miedo en las palabras de Maranne.
Definitivamente ahí había más de lo que se veía a simple vista. En cuanto vio la nave, Corran abandonó cualquier sospecha de que esa gente fueran curtidos contrabandistas que llegasen para entregar suministros a Borbor Crisk. Las cosas que Crisk necesitaba para llevar a cabo su pequeña guerra con Seca Thyne y el Sol Negro por la supremacía de los bajos fondos de Corellia no eran la clase de cosas que se confiarían a la tripulación del Hopskip. En realidad, para que Crisk venciera a Thyne haría falta un destructor estelar, cosa que esa nave no era, y una legión de tropas de asalto, que no estaba oculta en ella.
Corran vio desaparecer a Maranne por una escotilla del carguero, de modo que desvió su atención a Riij.
–Viajar con ella no puede ser demasiado duro. Tiene unos ojos bastante tranquilos. ¿Hace mucho que la conoces?
El hombre delgado negó con la cabeza, y luego pasó su mano por su pelo blanco, corto y puntiagudo.
–Sólo viajamos con ellos. Si hago algún trabajo, me gano algún dinero para cuando lleguemos a nuestro destino. –Riij sonrió cauteloso–. ¿Llevas mucho tiempo trabajando con tu socio?
–Más o menos. –Corran se encogió de hombros. La rápida pregunta de Riij a Corran acerca de su pasado chocaba con la tendencia de la mayoría de la gente a hablar acerca de sí mismos. Es una técnica que aprendes a explotar cuando intentas pescar información de los sospechosos. O bien Riij había sido entrenado, o era muy reservado, o ambas cosas–. Lo conozco desde hace mucho, pero comenzamos a trabajar juntos recientemente. Unidos en los momentos difíciles, ya sabe. Como usted y el tunroth.
–¿Sabías que era un tunroth?
–Hal y yo podemos ser lugareños, pero eso no significa que no nos hayamos movido de aquí. –Corran retrocedió un paso cuando Maranne bajó la rampa de carga trasera del Hopskip–. ¿Tiene una deuda de vida contigo o algo así?
–La deuda de vida es cosa de los wookiees –dijo Riij frunciendo el ceño, y luego comenzó a subir la rampa hacia la bodega del carguero–. Rathe y yo sólo estamos viajando en la misma nave. No hay ninguna conexión más allá de eso.
–De acuerdo. –Corran mantuvo una tranquilizadora sonrisa en su rostro mientras ordenaba la información que Riij acababa de ofrecerle.
Corran sabía que las deudas de vida eran un aspecto del honor de los wookiees, pero sólo lo sabía por las órdenes de arresto y avisos imperiales acerca de Han Solo y el wookiee que trabajaba con él. La mayor parte de la gente de a pie ni siquiera sabía que existían los wookiees o, en el mejor de los casos, sabía que los impes los usaban como esclavos. Los tipos que sabían más acerca de los wookiees usualmente eran simpatizantes rebeldes.
Subió la rampa tras Riij y comenzó a buscar a su alrededor pistas acerca de qué estaba haciendo la tripulación del Hopskip en Ciudad Coronet. Como miembro de la Fuerza de Seguridad Corelliana, Corran tenía acceso a la mayor parte de la información acerca de la rebelión y sus conexiones con Corellia. Al menos lo tengo cuando ese inútil del oficial de enlace de Inteligencia Imperial no está de por medio. Aunque era cierto que dos de los héroes de la Alianza eran de Corellia, el Emperador había endurecido su presa sobre Corellia, y la ubicación de fuerzas en el planeta había mantenido baja la presencia rebelde. Corran sabía que había células rebeldes residentes, y gustosamente habría arrestado a cualquiera de ellas, pero no las veía tan osadas o tan desesperadas como para tratar de unirse con Crisk.
Corran se deslizó al otro lado del abollado morro del Viejo deslizador terrestre; como la nave, parecía como si hubiera sido montado con diferentes piezas. Sólo tenía dos asientos, como un deslizador de placer, pero tenía una plataforma plana insertada en la parte posterior. Excepto cuando los golpes dejaban ver el metal plateado tras ella, una capa uniforme de pintura de imprimación de color marrón sucio cubría el vehículo. No es rápido, ni fuerte, pero es mejor que cargarme estas cosas a la espalda. 
La pila de cajas que Maranne y Riij estaban liberando de los lazos de las redes de carga atrajo inmediatamente su atención.
Eran uniformes en tamaño y sin ninguna descripción, pero eso le pareció extraño a Corran. El exterior de todas ellas estaba formado por duraplástico verde que era un par de tonos más oscuro que sus ojos, pero ninguna de las cajas rectangulares tenía las grietas y arañazos comunes en las cajas de duraplástico.
Ninguna tenía etiquetas holográficas, marcas de raspazos ni otros signos de uso, aunque todas habían sido atadas con cables de duraplástico y unidas con un sello holográfico.
Al levantar la primera de la parte superior de la pila sintió que nada se movía dentro de las cajas, ni tampoco le fue necesario buscar el punto de equilibrio de la caja. Agitó la cabeza.
–¿Dónde habéis conseguido cajas trucadas, muchachos?
Tanto Maranne como Riij se detuvieron mientras Corran dejaba su caja en la plataforma del deslizador terrestre. La mujer frunció el ceño.
–¿Qué es una caja trucada?
–Si no sabes lo que es una caja trucada, quizá no seáis contrabandistas.
Corran dio unos golpecitos con el dedo en la parte superior de su caja.
–Parece normal, pero tiene incluida en su interior una matriz de bobina repulsoelevadora de baja potencia y una fuente de energía. Neutraliza el peso de lo que haya dentro. Estas cajas podrían estar llenas de detonadores termales o de aire, y nunca lo sabríamos. Los contrabandistas las inventaron para engañar a los oficiales de aduanas, pero hoy en día la mayoría de los droides de aduanas sabe qué debe buscar en los escaneos.
Maranne dejó su caja junto a la de él.
–Interesante historia. Parece que has hecho más contrabando que nosotros.
–Tal vez, o tal vez simplemente sepa más sobre contrabando que vosotros. –Corran le ofreció una sonrisa maliciosa–. Por ejemplo, sé que ningún contrabandista llevaría un cargamento compuesto de objetos desconocidos. ¿Qué hay en esas cosas?
La mujer agitó la cabeza, y su coleta rubia oscura pasó de un hombro al otro.
–No lo sé. No quiero saberlo.
–Encuentro eso difícil de creer –le dijo Corran frunciendo el ceño–. No sé a qué estáis jugando aquí, pero esas cajas trucadas no engañarán a los droides de SegCor. Si este material que transportáis es para los rebeldes, lo encontrarán y estaréis en serios problemas.
Riij deslizó su caja en la plataforma plana.
-Si fuéramos rebeldes y supiéramos el contenido de estas cajas, y su importancia para los rebeldes, estaríamos bastante más preocupados por el Imperio que por sus marionetas aquí en Corellia.
-¿Crees que la gente de SegCor son marionetas imperiales? –Corran rechazó esa sugerencia con un gesto de la mano-. SegCor se preocupa por la integridad del sistema corelliano, nada más. Si toleran aquí a los rebeldes, la presencia imperial aumenta. ¿Quién quiere eso?
Los ojos marrones de Riij brillaron peligrosamente.
-Lo que me estás diciendo es que la gente de SegCor está dispuesta a reprimir a los enemigos de un malvado régimen para no tener la bota de Vader sobre sus propios cuellos. Si yo fuera un rebelde, encontraría muy difícil encontrar la diferencia entre los agentes de SegCor y los impes.
Corran se obligó a alejarse y recoger otra caja para no replicar inmediatamente a Riij. Los razonamientos del contrabandista se habían escuchado a menudo –y en voz alta- en Corellia. Corran, cuyo padre y abuelo le habían precedido en SegCor, había creído durante mucho tiempo que lo mejor que podía hacer SegCor era mantener a los impes fuera de los problemas de seguridad de su sistema solar. Si Corellia cuidaba de sí misma y se mantenía como una parte neutral en esa guerra civil, los ciudadanos de Corellia saldrían beneficiados.
Pero aunque esa posición tenía mucho sentido, y era defendible, también era una posición colocada en lo alto de una pendiente muy resbaladiza. Los directores de SegCor ya habían obligado a las divisiones locales a aceptar agentes de enlace de inteligencia imperial para monitorizar y coordinar acciones con las guarniciones imperiales.
Kirtan Loor, el agente de enlace al que había sido asignada su división, había demostrado ser completamente arrogante y apenas competente. Él y Corran no se llevaban nada bien.
Corran cargó con otra caja.
-Creo, desde el punto de vista de SegCor, que tienen dificultades para distinguir a los rebeldes de los criminales honrados como yo. Yo no tengo esa dificultad, pero es porque tengo una mejor perspectiva. Los Rebes no son criminales honrados en absoluto.
Maranne sonrió.
-¿Criminales “honrados”?
-Sí, honrados. Yo sé que lo que hago viola la ley, pero lo hago porque es lo hago. Me arriesgo, gano algún dinero, o me mandan a Kessel. Todo está muy claro. –Corran dejó su caja sobre la primera que había colocado-. Los rebeldes hacen todo lo que yo haría, pero dicen que están justificados para hacerlo porque la ley se equivoca y el Imperio se equivoca. En realidad sólo se inventan excusas para sus acciones para poder sentirse nobles cuando en realidad no son mejores que yo.
-Qué perspectiva tan interesante.
Corran se giro al escuchar el ligero eco en el sonido de esa voz.
Jodo Kast se encontraba en la entrada de la compuerta de carga, bloqueando la mayor parte de la vista de la bahía de atraque. Corran se agachó e inclinó la cabeza para tratar de ver al otro lado del cazarrecompensas, pero sin éxito.
-¿Dónde está Hal?
-Yo diría que, ahora mismo, está muy cerca de la fortaleza de Zekka Thyne.
-¡Qué! –El grito de sorpresa de Riij llenó la bodega de carga-. Estaba allí para protegerles. ¿Qué ha ocurrido?
Kast avanzó al interior de la bodega de carga, luego se apoyó con aire casual contra el mamparo interno de la bodega.
-Los hombres de Thyne estaban esperando a Trell y los otros dos. Había siete de ellos... incluyendo los Mercenarios Brommstaad. Esperé hasta que se alejaron hacia el este, luego volví aquí.
Corran dio un puñetazo sobre la parte superior de una caja trucada.
-Al este es donde Thyne tiene su pequeño palacio.
Kast asintió.
-De ahí mi suposición acerca de su destino.
-¿Y no hizo nada para detenerlos? –Corran apuntó con el índice en dirección a Kast-. En esa armadura mandaloriana hay un bravo cazarrecompensas que puede arrebatar de un disparo el bláster de la mano de un hombre, ¿y no los detuvo?
-Ellos eran siete y yo sólo uno. Ya hice los cálculos de ese enfrentamiento por ti; podría haberlos detenido, pero habrían matado a vuestros hombres.
Riij negó con la cabeza.
-Rathe se habría encargado de una parte de ellos.
Maranne asintió.
-Trell también habría sido capaz de acabar al menos con uno.
-Y Hal podría haber abatido a un par...
-Un par de ellos no sobrevivirían.
-...O más, si se le daba la oportunidad. –Corran pasó la mirada de Riij y Maranne al cazarrecompensas.
-¿Acaso los tres sois tan ingenuos que no sabéis lo que va a pasar con vuestra gente. Thyne les va a interrogar acerca de su conexión con Crisk y, si saben tan poco como vosotros, va a tener que trabajar realmente duro para obtener respuestas en las que pueda creer. No tengo demasiadas esperanzas de que vaya a dejar partir a Hal así como así. –Kast se encogió de hombros-. Siempre puedes buscarte otro socio.
-Si piensa que voy a abandonar a Hal, voy a tener que quitarle esa armadura y darle algo de sentido común a puñetazos.
La cabeza de Kast se alzó cuando este se apartó del muro, enfatizando en silencio el hecho de que realmente era mucho más grande que Corran.
-Esta no es la reacción que me esperaba en dos criminales asociados. Realmente desproporcionada. Actúas como si hubiera un vínculo más cercano entre vosotros.
Corran le lanzó a Kast la Mirada más helada que pudo. Se parecía un poco a su padre, alrededor de los ojos y en otras partes del rostro, pero por lo demás era una mezcla entre su padre y su madre. Ella era pequeña y tenía los ojos más azules que Corran podía recordar haber visto. Sus ojos verdes eran un punto medio entre los ojos de ella y los ojos color avellana de su padre, y su cabello castaño era la mezcla del cabello rubio de ella y el antiguamente moreno de su padre. Incluso su estatura resultaba un puente entre la de su madre y su padre.
-No tendría importancia aunque Hal fuera mi clon; es mi socio, lo que significa que soy responsable de él. -Corran apoyó el pulgar sobre su esternón-. Realmente comprendo lo que esa clase de responsabilidad significa, Kast, y lo que significa es que no voy a dejar a Hal bajo los poco delicados cuidados de Thyne.
Kast cruzó los brazos ante su pecho acorazado.
-¿Te atreverías a enfrentarte a un señor del crimen de Sol Negro?
Maranne palideció.
-¿Thyne es de Sol Negro?
-Elegido personalmente por las garras del príncipe Xizor, si los rumores son ciertos.
Corran se apoyó sobre una de las cajas verdes.
-Está loco, es cruel y absolutamente despreciable, pero trabaja con el objetivo del beneficio en mente. Puede que este cargamento fuera para Crisk, pero podríamos ofrecérselo a Thyne como rescate por los nuestros.
-No lo creo. –Kast hizo aparecer una tarjeta de datos de una bolsa que colgaba de su cinturón y se la ofreció a Maranne-. Esta tarjeta tiene el lugar y la hora para un nuevo encuentro con Crisk. Entregad la carga allí, luego volved aquí y preparaos para despegar.
Maranne tomó la tarjeta.
-No iremos a ninguna parte si Haber no está aquí.
-Lo sé –dijo Kast asintiendo ligeramente con al cabeza-. Mi intención es dirigirme a la fortaleza de Thyne y asegurarme de la liberación de vuestros amigos.
Corran estalló en una fuerte risotada.
-¿Tiene reparos para enfrentarse a siete matones de mala muerte, pero liberará a nuestros amigos de la fortaleza de Thyne usted solo? Será mejor que repase esos cálculos, Kast.
-Las probabilidades de fracaso son considerables, pero he anticipado el éxito.
-Sí, bueno, ¡esto es Corellia! Y los corellianos no hacen caso de las probabilidades. Creo que confiaría en su éxito si estuviera con usted para ayudar.
-Yo trabajo solo.
-¡Ja! –Corran señaló con la cabeza hacia Riij y Maranne-. Si trabaja con ellos, también puede trabajar conmigo. –Corran agitó sus puños-. Ahórrenos problemas a ambos y diga que sí ahora.
Kast dudó y el silencio reinó en la bahía de carga. El mercenario estudió a Corran, y aunque este no podía ver los ojos de Kast, pudo sentir la dura mirada del hombre recorriéndole de arriba abajo. Corran se obligó a mirar a la ranura negra del casco, invitando al desafío y listo para reaccionar ante el siguiente movimiento de Kast.
El cazarrecompensas descruzó lentamente sus brazos.
-Iré a buscarnos un deslizador.
-Bien. –Corran se dio cuenta, al responder, que había estado manteniendo el aliento. Hal va a ponerse como loco cuando sepa lo que he hecho. Enfrentarme a un cazarrecompensas como Kast. Tenía que hacerse, pero podía haberse hecho mejor. Nunca huiría de una pelea con un tipo como él, pero tampoco hay ningún mérito en provocarla.
La oscuridad se tragó la silueta de Kast, y Corran se volvió para mirar a los otros dos.
-Teméis por vuestras cabezas, ¿no es cierto?
Riij se encogió de hombros.
-No estoy seguro de qué está pasando, pero no me gusta que un señor del crimen de Sol Negro haya capturado a Rathe.
-Bueno, Borbor Crisk no es mucho mejor. Estamos atrapados en el ring entre dos perros de pelea cyborreanos. Ninguno de estos tipos juega bien con otros, como habéis visto.
Maranne blandió la tarjeta de datos.
-¿Qué vamos a hacer? Se supone que debemos reunirnos con Crisk y entregarle todo esto.
-Lo primero que debemos hacer es averiguar qué es todo eso. –Corran miró los sellos de las cajas que ya estaban cargadas en la plataforma del deslizador-. Bien, aquí hay una que está estropeada. Mira a ver si puedes encontrar otra. -Riij comenzó a mirar el resto de las cajas mientras Corran metió la mano en su bolsillo para sacar una hidrollave-. Esto debería servir.
Maranne se puso a su lado, frunciendo el ceño.
-¿Qué quieres decir con que la caja está estropeada?
-No la caja, sino el sello-etiqueta usado para unir las tiras de duraplástico. – Corran señaló la etiqueta redonda que conectaba las tiras que se cruzaban-. Mira cómo el holograma grabado no está completamente alineado. Míralo desde este ángulo. La corona y los soles de aquí no encajan.
-He encontrado otra -anunció Riij.
-Bien, tráela aquí. -Corran encajó la punta de la hidrollave bajo el borde del sello-. Cuando no los colocan bien, puedes hacerlos saltar con una ligera presión, girando un poco.
Hizo palanca, girando la muñeca.
El sello saltó, liberando las cintas que aseguraban la caja.
-Recoged los dos trozos y podremos volverlo a sellar después de haber mirado qué hay dentro.
Maranne se agachó para recoger ambas mitades del sello mientras Corran atacaba la otra caja. Se desprecintó fácilmente, y luego dio la vuelta a la hidrollave y usó un extremo con forma de hoja plana para hacer palanca y abrir la caja.
-¡Por el corazón negro del Emperador!
Incluso antes de que la tapa se abriera del todo, Corran captó el fuerte aroma amargo de la especia. La caja contenía siete paquetes de a kilo que habían sido envueltos en fuerte papel de celofán.
Habían sido sumergidos en un baño de cera para sellarlos, pero el trabajo se había hecho de forma descuidada. Uno de los paquetes se había desparramado, vertiendo en el interior de la caja es compuesto de especia de baja calidad.
-¿Qué es eso?
Corran miró a Maranne.
-Estás de broma, ¿verdad?
-Como dije, soy comerciante, no contrabandista.
-Esto es especia. En realidad es brillestim de bastante baja calidad; el auténtico es cristalino, largas y finas fibras, no polvo como esto. Una dosis de esto y te sientes realmente feliz, al menos realmente feliz hasta que necesitas más y el ansia corre por tus venas como el plasma. No es algo bonito.
Riij torció el labio con disgusto.
-¿Lo sabes por experiencia?
-Sólo de oídas, y una vez vi a un tipo tratar de vender un pulmón para conseguir más bril.
-¿Vender un pulmón? -se estremeció Maranne.
Corran se encogió de hombros.
-No era suyo. Pertenecía a alguien que pasaba por ahí. Como he dicho, no es nada bueno.
Riij forzó la tapa de la segunda caja trucada.
-¡Basura Sith!
Introdujo la mano y extrajo una espina de cristal del grosor de su pulgar y de un palmo largo de longitud. El corazón de la piedra era púrpura, pasando de un color brillante en ambos extremos a oscuro en el centro. Mientras Riij la mantenía en alto, la luz que atrapaba la llenaba de relámpagos naranjas, amarillos y rojos. Los tres quedaron en silencio como respuesta al brillante espectáculo.
Corran miró fijamente la piedra, y luego agitó la cabeza.
-¿Eso es una gema de fuego Durin?
-Eso creo -dijo Riij con la voz temblando mientras tragaba saliva-. Mi padre le compró a mi madre un anillo con una piedra de fuego Durin en su vigésimo quinto aniversario de bodas. No fue hasta el trigésimo hasta que finalmente terminó de pagar la deuda, y sólo era una pequeña piedra.
-No demasiadas de estas piedras logran salir de Tatooine, y muy raramente en bruto, como esta de aquí.
Maranne se la arrebató a Riij y la sopesó en sus manos.
-Esto sería suficiente para comprarnos una nave nueva.
Riij se giró.
-Averigüemos qué más hay en esas otras cajas.
-No, quieto. -Corran alzó las manos para detenerle-. No tenemos tiempo suficiente para registrarlas. Vuelve a dejar la piedra, sellemos de nuevo esas dos cajas, y pongámoslas en el asiento delantero del deslizador.
Maranne devolvió a regañadientes la piedra a su caja.
-¿Qué tienes en mente?
-Mira, vamos a necesitar algún seguro si queremos escapar de Corellia de una pieza. Podemos volver a sellar esas cajas y nade sabrá nunca que las han forzado. Puedes llevarle esas dos cajas a Crisk y hacerle saber que tienes, digamos, otras 198 más para él. No hará un solo movimiento hasta que no las tenga.
Riij frunció el ceño.
-Podría venir aquí y arrebatárnoslas directamente.
-Sí, pero no estarán aquí. Cargamos el resto al deslizador y las llevamos a una instalación de almacenaje. -Corran frunció el ceño como si estuviera esforzando para pensar-. Vale, lo tengo. Hay un Depósito de Almacenes Dewback en la carretera principal que va al centro de Ciudad Coronet. Podéis alquilar allí un cobertizo de almacenaje y dejar el resto de cajas. Vais a vuestro encuentro y hacéis saber a Crisk que le daréis la ubicación de las demás cajas cuando estéis seguros de que vuestros amigos están a salvo. Kast y yo iremos a ver a Thyne y si no hemos vuelto a su debido tiempo, usáis a Crisk para intentar de efectuar un rescate.
Maranne negó lentamente con la cabeza.
-No me gusta como suena esto.
-Mira, tenemos una auténtica fortuna en estas cajas. Si Crisk no quiere ayudaros, concertar una cita con Thyne y pagar nuestro rescate.
-¿Cómo nos ponemos en contacto con Thyne?
Corran sonrió.
-Ya hicisteis eso en vuestra primera parada en la Calle de la Nave del Tesoro, ¿recordáis?
-Cierto.
-Vale, vayamos cargando. -Corran selló de nuevo la primera caja y luego la segunda. -Sé que no te gusta como está ocurriendo todo esto, Maranne, pero tú eres la que dices que eres una comerciante. Si las cosas van mal, tendrás que comerciar por nuestra libertad y, en lo que a mí respecta, espero que consigas una auténtica ganga al hacerlo.

***

El coronel Maximillian Veers bajó la mirada a la silla que le ofrecían, pero se obligó a no sentarse.
-Gracias por su amabilidad, agente Loor, pero no espero quedarme mucho tiempo. Ya ha visto el mensaje que le envié.
El hombre alto y delgado se inclinó hacia adelante desde su silla, un movimiento que casi le hace caer sobre su mesa. Loor se apoyó en las manos, y luego colocó el mechón de cabello oscuro que había caído sobre su rostro de nuevo en su lugar. Veers estaba seguro de que el hombre llevaba el pelo peinado de ese modo para acentuar su parecido con el difunto gran moff Tarkin. Yo serví a las órdenes de Tarkin. Cualquiera que pudiera creer que este Loor es similar a Tarkin en absoluto, debería darse cuenta de que la similitud no va más allá de la piel.
-¿Pasa algo con los muelles de su silla, agente Loor?
El oficial de enlace gruñó.
-Tengo saboteadores que se deleitan buscando formas de molestarme, y ajustar la silla es su modo de expresión más reciente. -Se inclinó hacia delante y pulsó un botón en la tableta de datos de su escritorio-. Y sí, coronel Veers, he estudiado el mensaje que me envió, tal como solicitó. No puedo hacer ningún comentario acerca de su fiabilidad aparte de decir que es cierto que Zekka Thyne mantiene una pequeña fortaleza al este de Ciudad Coronet.
-Eso ya lo sé, Loor.
Loor alzó la cabeza.
-¿Lo sabe? No sabía que el cuartel general de Thyne pudiera ser algo que usted hubiera estudiado, Coronel Veers. No estaba enterado de que las Fuerzas Armadas imperiales tuvieran ningún motivo para considerar las instalaciones de Sol Negro como objetivos potenciales.
Veers resopló por la nariz. Lo único que odiaba más que tener que tratar con agentes de inteligencia arrogantes era hacer la vista gorda con las actividades de Sol Negro. Asumía que la tolerancia del Emperador hacia el cártel criminal estaba basado en alguna razón, pero Veers pensaba que la tolerancia era realmente un perjuicio para el Imperio. Permitir la existencia de cualquier forajido minaba el gobierno de la autoridad. Si la gente veía a Sol Negro como algo aún más malévolo que la rebelión, entonces podrían justificar más fácilmente el unirse a la rebelión.
-Es de mi incumbencia, agente Loor, considerar cualquier fortaleza que esté llena de individuos armados como un objetivo potencial. En este caso, me han dicho que Thyne se va a reunir con elementos de los bajos fondos rebeldes.
-Sí, pero no me siento cómodo con su fuente. ¿Quién es?
-Ya ha visto el código de verificación. Es válido. -Veers frunció el ceño con gesto severo-. No hay razón para desconfiar de la información. Es precisa y planeo actuar al respecto.
-¿Quiere decir que no sabe quién es su fuente?
-No necesito saberlo.
Con una sonrisa de superioridad asomando en su rostro, Loor se acomodó de nuevo en su silla. Veers deseó que perdiera el equilibrio y acabara cayendo al suelo.
-Si cree en esa fuente de inteligencia, ¿por qué acudir a mí?
Veers reprimió el impulso de ir hasta Loor y abofetearle.
-He acudido a usted, agente Loor, porque es el Oficial de Enlace Imperial y está aliado con la Fuerza de Seguridad Corelliana en este sector administrativo. Quiero saber si tienen alguna operativa trabajando dentro o alrededor de la organización de Thyne.
-¿Está pensando en usar su extracción como pretexto para su ataque, o está preocupado por que puedan presentar una propuesta por daños colaterales?
Veers entrecerró los ojos.
-No hay motivo para que buena gente muera.
Loor se encogió perezosamente de hombros.
-Si mueren, morirán como héroes. Si me consigue a Zekka Thyne, usted también puede ser un héroe.
-Creo, agente Loor, que puedo encontrar mi propio modo de ser un héroe.
Veers giró sobre sus talones y salió de la oficina. Con imperiales como usted, Loor, a menudo me pregunto por qué la rebelión aún no ha conseguido vencer al Imperio. Si las cosas se dejan en manos de gente como usted, ¿tiene el Imperio alguna esperanza de sobrevivir?

***

Corran echó una mirada al deslizador de superficie SoroSuub X-34 que Kast estaba pilotando y lanzó un suspiro.
-¿Comprado o prestado?
El cazarrecompensas le miró desde detrás del volante.
-¿Acaso importa?
-Si me van a arrestar por viajar en un deslizador robado, me habría gustado que fuera algo más nuevo y deportivo, como un XP-38.
-Siempre puedes ir andando, Corran.
-Eso es cierto. -Con la mano izquierda sobre el parabrisas, Corran saltó al asiento del pasajero-. Dele gas.
Kast giró el volante del deslizador, alimentó los motores repulsoelevadores y apretó el acelerador.
-¿Cómo ha ido la carga?
-¿La carga? Ha ido bien. -Corran trató de buscar postura en el estrecho asiento-. Deberían estar preparados para su cita.
-Bien.
Corran escuchó la palabra, pronunciada con énfasis e inflexión correctos, pero de algún modo sintió que Kast no estaba siendo del todo sincero en su respuesta. Corran trató de averiguar qué era lo que le extrañaba, pero no pudo, y eso le fastidiaba. En el pasado había tenido casi un sexto sentido para tipos duros como Kast, pero parecía no ser capaz de leer al mercenario acorazado. El hecho de que mi padre haya sido capturado por un hombre que lo va a cortar en rodajas está destruyendo mi concentración.
Kast pilotó el deslizador hacia el centro de la ciudad. Las luces brillantes y los sonidos estridentes de Ciudad Corona y la Calle de la Nave del Tesoro comenzaron a agobiar a Corran.
Como miembro de SegCor veía el Muelle Sucio -la Calle de la Nave del Tesoro en la jerga de SegCor- como un sitio peligroso.
Aunque los lugares marginales podían no ser tan malos -y muchos ciudadanos respetables incurrían en transgresiones menores en algunos de los lugares más luminosos-, había lugares a los que incluso Darth Vader temería acercarse. La mayor parte de esos establecimientos estaban controlados por el Sol Negro.
El abuelo de Corran se lamentaba de los cambios que había habido en la clase criminal desde la ascensión del Imperio. Rostek Horn había estado en SegCor en la época del moff Fliry Vorru, cuando quebrantar la ley resultaba un arte. En aquellos días, según le habían contado a Corran, los criminales sólo hacían la guerra a otros criminales.
El secuestro de Hal y Trell nunca se habría tolerado entonces; los civiles habrían tenido que involucrarse mucho más profundamente en actividades criminales antes de que pudiera considerarse juego limpio.
Entonces el príncipe Xizor y su organización Sol Negro entró en escena.
Xizor traicionó a Vorru al Emperador, consiguiendo de un sólo golpe eliminar a Vorru y ganar el favor del Emperador. Xizor había usado Corellia como campo de entrenamiento para algunos de sus lugartenientes. Le más reciente y más brutal de ellos era Zekka Thyne.
Corran echó una mirada al exterior del deslizador cuando dejaron a un lado el almacén Dewback. Cuando volvió a girar la mirada en la dirección en la que estaba viajando, se encontró a Kast observándole.
-¿Pasa algo?
-Parecías haber encontrado algo interesante ahí fuera.
-Sí, así es. –Piensa, Corran, piensa algo bueno-. Era el arte callejero de los muros.
-¿Arte? ¿Crees que la alteración de edificios es arte?
Corran se encogió de hombros.
-No es la obra de Venthan Chassu, pero es mejor que el blanco desnudo de los destructores estelares para atraer mi interés.
Kast estudió a Corran por un instante o dos.
-¿Cómo es que alguien como tú conoce la obra de Venthan Chassu?
-Podría mentirle y decirle que mi madre solía llevarme a los museos, pero habría visto a través de ello. –Corran se obligó a mirar fijamente al frente y comenzó a tejer una mentira a partir de un cuento salvaje que un ladrón que atrapó una vez había comenzado a inventarse para él-. Conocí a un tipo que decía que tenía un cliente que compraría cualquier obra de arte de Corellia. Decía que ya había robado y vendido un puñado de pinturas, algunas esculturas y un par de dioramas holográficos. El cliente parecía impresionado, pero quería más. Gastaba créditos como si estuvieran hechos de átomos de hidrógeno libres, de modo que este tipo dijo que quería planear un golpe al Museo de Bellas Artes de Ciudad Coronet. Me quería en su equipo, de modo que estudié el lugar.
Kast asintió lentamente.
-¿Quién era el cliente?
-No lo sé. Mi hombre hablaba con un broker, y entonces fue rastreado por SegCor y tomó una lanzadera a Akrit’tar. Murió allí.
-Entonces, ¿qué opines de la obra de Chassu?
Corran frunció el ceño. ¿Por qué a un cazarrecompensas le importaría el arte, y le importaría lo que yo opinase sobre arte?
-Era interesante. Los estudios de desnudos selonianos fueron lo que más me gustó; pero no porque fueran desnudos. Los selonianos tienen pelaje, de modo que, ¿pueden estar realmente desnudos? Y si quisiera selonianos desnudos -Corran alzó las manos sobre el parabrisas-, puedo encontrar cantidad de ellos aquí en la Calle de la Nave del Tesoro.
-¿Por qué te gustaban?
-Chassu atrapó los dos elementos esenciales de los selonianos: sus formas sensuales y sinuosas y, debido a que sus rostros siempre estaban oscurecidos, su deseo de intimidad. –Corran se encogió de hombros-. Algunas de sus otras obras estaban bien.
-¿Qué opinas de Palpatine Triunfante?
-El trono construido con huesos me provocó pesadillas. –Corran se estremeció, sabiendo que las pesadillas no habían procedido de las calaveras y huesos destrozados, sino de la alegre expresión de gozo homicida en el rostro del Emperador-. Como obra maestra póstuma cumple su función, pero me gustaría haberle visto volver a los estudios selonianos.
-Su pérdida fue una lástima. -El casco de Kast se giró hacia él-. Parece escondes más cosas que lo que se ve a simple...
-¿Oh?
-En serio. La última vez que los desnudos selonianos de Chassu se expusieron en el museo de Bellas Artes fue hace diez años.
Corran ocultó su sorpresa con una sonrisa.
-No exactamente. Hace dos años, el día de año nuevo, se mostraron en una recepción privada para benefactores del museo. Cuatro horas, diez mil créditos por cabeza. -Corran dio unos golpecitos en el hombro de la armadura de Kast-. Le habría encantado, pero hubiera tenido que darle antes una nueva mano de pintura a la armadura.
-Y tú estuviste allí.
-Estuve. -Y Hal también. Mi madre había sido voluntaria en el museo durante tanto tiempo, que cuando necesitaron contratar seguridad adicional para la recepción, la administración nos llamó a nosotros-. Le haré saber cuando preparen otro de esos encuentros, si lo desea.
-Por favor. Tendré que buscar el modo de obtener una invitación.
Corran rió.
-Si puede hacer eso, quizá pueda conseguirnos una invitación para visitar a Zekka Thyne. ¿Cómo ha planeado que entremos?
La voz de Kast resonó desde el interior de su casco.
-He pensado que podría apelar al sentido de la justicia de Thyne.
-Le resultaría más fácil encontrar la flota Katana. -Corran negó con la cabeza-. Zekka Thyne es un alienígena humanoide mongrel con grandes manchas azules por toda su piel blanca rosácea. Sus ojos son rojo sangre excepto por las brillantes pupilas negras con ribetes dorados. Tiene orejas afiladas, dientes más afilados, y un sentido del castigo aún más afilado que un wookiee manteniendo una rencilla. He escuchado que disparó a una vendedora de especia porque la vendedora le dijo a Thyne que había tomado prestado parte de los créditos de un pago, pero que ya había devuelto en préstamo momentáneo, con intereses.
-¿Qué habría hecho Thyne si la mujer no se lo hubiera dicho?
-Matarla más lentamente. Es un auténtico artista con una vibrohoja. -Corran frunció el ceño pensativo-. Lo que a Parches le falta de cerebro, lo compensa con maldad feroz. ¿Cuánto cobraría por matarlo?
La cabeza de Kast se detuvo a sólo uno o dos centímetros.
-¿Me estás pidiendo que lo mate?
Corran dudó por un instante.
-No, supongo que no. Sólo me lo preguntaba. Pensé que quizá si lo hacía podía considerar la suma que tuviera que pagar como una especie de acto de caridad deducible de impuestos. Si es que los pagase, claro.
-No le haría ascos a ver a Thyne eliminado, pero eso está fuera del ámbito de mi tarea inmediata. -Kast le miró por encima-. En cualquier caso, creo que puedo conseguir que entremos a verle. Pienso que el enfoque diplomático sería lo mejor.
-Estoy de acuerdo, prefiero la diplomacia. -Corran dio unas palmaditas al bláster que estaba enfundado bajo su sobaco izquierdo-. También estoy preparado por si tenemos que ser poco diplomáticos.
-Lo que significa...
-Lo que significa que yo voy por debajo, y usted por arriba.
Kast asintió solemnemente.
-Que ese sea nuestro plan de repuesto, entonces.
El cazarrecompensas pilotó el deslizador de superficie con facilidad a través de las oscuras colinas de las afueras de Ciudad Coronet. La finca de Thyne había pertenecido anteriormente a un magnate de los transportes que fue arrestado y enviado a Kessel por contrabando de especia. Thyne había conseguido las escrituras en una subasta, después de la cual comenzaron a correr por los bajos fondos de Corellia rumores que sugerían que Thyne había proporcionado las pruebas que sirvieron para encarcelar al magnate. Corran siempre había sospechado que semejante subterfugio había sido planeado en realidad por el príncipe Xizor, ya que Thyne nunca había demostrado ser tan astuto.
Cuando alcanzaron la cima de la última colina y descendieron al ancho valle en el que se encontraba la finca, Corran señaló al edificio principal.
-No parece gran cosa, pero esas colinas ondulantes sirven muy bien de revestimiento y canalizan las fuerzas de asalto por zonas donde hay minas colocadas. En lo alto de las torres se supone que debe haber E-webs capaces de barrer cualquier fuerza de infantería. Incluso se supone que Thyne tiene un reducto preparado para permitirle escapar si comienzan los problemas, lo que no es probable. Muros de doble grosor, ventanas de transpariacero de doble capa, completos sistemas de sensores electrónicos y de cuarenta a cincuenta tipos con blásteres hacen de esto una nuez bastante difícil de cascar. He escuchado que SegCor tiene abierta una orden de registro para este lugar, pero sin la guarnición imperial para apoyarles, nadie es lo bastante estúpido para tratar de cumplirla.
-No bromeabas acerca de los sensores. -Kast dirigió el deslizador de superficie hacia dos hombres que salieron por una puerta lateral, iluminándolos con el resplandor de los faros, y luego giró el deslizador a la izquierda y dejó que se detuviera en la tierra-. Iré a hablar con ellos. Estate preparado por si las cosas comienzan a ir mal.
-¿Me hará una señal? -Corran observó cómo el cazarrecompensas se apeaba del asiento del conductor y catalogó mentalmente las armas que podía ver-. Pregunta tonta. Si caen iré corriendo.
Observó a Kast acercarse a los dos hombres. El cazarrecompensas mantuvo las manos abiertas y a los lados, pero sin hacer ningún gesto que pudiera interpretarse como una rendición. Quiere hacerles saber que no pretendía matarles, pero que era capaz de hacerlo en cuanto le dieran motivos suficientes. El trío se reunió y Corran pudo escuchar el murmullo de las voces, pero no entendía ninguna palabra. Uno de los hombres de Thyne habló en un comunicador, y luego Kast alzó su mano izquierda e indicó a Corran que se acercase con un tranquilo movimiento de los dedos.
Corran abandonó el deslizador terrestre y se acercó a los tres hombres, imitando la postura de manos abiertas de Kast al hacerlo.
Uno de los hombres de Thyne se acercó a él, con la clara intención de tomar su bláster, pero Corran le miró frunciendo el ceño. ¿Qué, piensas que soy tan estúpido como para tratar de entrar y salir de aquí a disparos?
El hombre del bláster dudó, y luego hundió sus manos en sus bolsillos.
El otro esbirro de Sol Negro apuntó a Corran.
-Adelante, quítale el bláster.
-¿Piensas que es tan estúpido como para tratar de entrar y salir de aquí a disparos? -El primer pistolero negó con la cabeza-. Llevémosles ante el jefe. No queremos que espere.
-Cierto. Seguidnos.
Sus guías les condujeron hacia la entrada principal y a un vestíbulo que Corran pensó que en otra época podía haber rivalizado en esplendor con el del Museo de Bellas Artes de Ciudad Coronet. Granito rosa y mármol negro se habían usado en el suelo creando un patrón complejo y caótico. Una escalinata de piedra subía en espiral hasta la segunda y tercera planta, y hacía subir la mirada hasta la representación holográfica del cielo nocturno sobre ellos. Pequeños nichos en los muros albergaban estatuas y grandes paneles de marcos dorados ofrecían un amplio espacio para mostrar una vasta muestra de pinturas y originales obras de arte holográficas.
Es asombroso como algo que podía haber sido tan hermoso podía transformarse fácilmente en algo tan... vulgar. Parecía como si la definición de arte de Thyne estuviera íntimamente ligada a los conceptos de desnudez, excesos, y un esquema de color que se basaba predominantemente en rosas, púrpuras y una tonalidad irritantemente vibrante de verde. Algunas de las estatuas -pocas de las cuales realmente podrían haber encontrado su sitio en el Museo de Bellas Artes- habían sido toscamente corregidas mediante la aplicación de este esquema de color, y la pintura sobrante había salpicado los muros.
Las pinturas mostraban a Corran una serie de modelos que pensó que serían más apropiados para libros de texto de xenobiología, y las holografías parecían el equivalente visual de un grito extremadamente agudo.
-¿Cuánto ibas a ofrecerme por matarle? -susurró Kast.
-No lo suficiente.
Siguieron a sus guías atravesando el vestíbulo y entraron por una gigantesca puerta doble a la oficina de Thyne. Allí se añadía un elemento a la disparidad de obras de arte: una guerra entre estilos de mobiliario. El escritorio de Thyne estaba tallado en madera marrón oscura de árbol vweliu, y era en sí mismo una obra de arte. Rodeándolo se encontraban otras sillas y mesas de duraplástico y fibraplástico prensados; la clase de cosas que podrían dejarse en un jardín porque el clima no las dañaría. Unas cuantas mesas de acero inoxidable rematadas con láminas de transpariacero completaban la decoración, y un derroche de lámparas –no había dos iguales- proporcionaban iluminación a todo el conjunto.
Corran dirigió la mirada a Hal y éste le saludó valientemente con la cabeza a pesar de los surcos gemelos de sangre que caían de su nariz. Haber Trell parecía en peor estado, con un ojo que se le hinchaba rápidamente y una vibrohoja inerte clavada en el asiento entre sus muslos. La piel amarilla del tunroth se había vuelto ligeramente gris, y un goteo de sangre azulada manaba de una de sus fosas nasales, pero por lo demás Rathe parecía alerta.
Zekka Thyne sonrió a Kast, y Corran encontró la expresión casi obscena.
-Ah, Jodo Kast, por fin nos conocemos. Normalmente, no contrato a nadie a quien no conozca, pero su reputación le precede. He decidido que los créditos están bien gastados. -Thyne afiló su mirada escarlata-. No me defraude.
-No tengo intenciones de hacerlo. -Con un movimiento rápido y suave, Kast extrajo un bláster con su mano derecha y lo presionó contra la sien izquierda de Corran-. Haber Trell y el tunroth son asesinos contratados por Borbor Crisk para eliminarle. Sus socios están ahora mismo negociando con Crisk la entrega de un par de centenares de cajas trucadas con el precio por su cabeza.
-¡Eso no es cierto! -rugió furioso Haber Trell-. Está mintiendo.
Thyne le hizo callar golpeándole con el dorso de la mano.
-¿Y quiénes son los otros dos?
Kast lanzó un gruñido que casi parecía una carcajada.
-Contrataron a estos dos lugareños para ayudarles a moverse por los alrededores, y como camuflaje. Con esos dos a remolque, ¿quién pensaría que son asesinos renombrados en la galaxia?
Corran comenzó a alzar una mano para masajearse la cabeza, pero Kast mantuvo el arma presionada fuertemente contra su cráneo. Corran no estaba seguro de qué le dolía más: su cabeza o su orgullo por haber sido engañado por Kast. Ha jugado muy bien conmigo, igual que ha jugado con el resto de nosotros. Habría sido mejor estar en el lugar de mi padre, porque Kast nunca le habría engañado a él.
Corran lanzó una mirada de soslayo a Kast, y luego inclinó la cabeza hacia Thyne.
-Ya sabes que en realidad no se puede confiar en la palabra de un cazarrecompensas.
-Cierto, pero estoy más dispuesto a confiar en él que en los mozos de cuerda locales de unos asesinos.
Kast se acercó a él y le quitó a Corran su bláster, bajando luego su propia arma.
-Mi historia es bastante fácil de comprobar. Debería enviar a alguno de sus hombres al Refugio del Mynock. Es la cantina donde los socios de Trell van a reunirse dentro de una hora con Crisk para ultimar los detalles del pago. Encontrará las cajas trucadas en los almacenes Dewback, cerca del espaciopuerto. Puede enviar a otro de sus hombres allí y esperar a que Crisk y sus hombres vayan a recoger las cajas.
Corran se frotó la sien.
-¿Dedujo eso de mi mirada al lugar? Es usted bueno.
-Por eso la gente me contrata. -Kast miró a Thyne-. ¿Supongo que tendrá celdas de retención aquí?
-La bodega de vino está vacía. Puede dejarlos en las alcobas de allí abajo.
-Bien. Debería hacerlo mientras usted prepara la emboscada a Crisk. -Kast hizo una seña con su bláster para que Corran avanzase hacia la puerta-. Una vez que su gente haya vuelto para informar, sabrá en quién puede confiar.
-Sí -siseó Thyne-. Y aquellos que estén mintiendo pagarán el precio definitivo por tratar de engañarme.