Mostrando entradas con la etiqueta Las aventuras de Dannen Lifehold. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Las aventuras de Dannen Lifehold. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Las aventuras de Dannen Lifehold: Cambiando las probabilidades (y II)


Y ahora habían llegado. Rafft era un planeta muy boscoso, con varios asentamientos que salpicaban la faz del planeta. Comprobando las coordenadas proporcionadas por Krell, Dannen dirigió la nave hacia uno de los núcleos de población más pequeños. Aterrizó en el insignificante puerto, en un foso de aterrizaje excavado en la tierra. Una pequeña torre se alzaba sobre las otras depresiones del terreno, como si montara guardia.
Con un silbido, la rampa descendió y Dannen salió.
-Quédate con la nave, Purr -gritó hacia la nave-. Estaré de vuelta en un ratito.
No, yo quiero ir contigo -dijo Purr.
Dannen la miró a los ojos azules, y luego cedió.
-De acuerdo, puedes venir. No te separes de mí.
Ella le envolvió con sus brazos alrededor, y le besó en la mejilla.
-¡No me separaré, lo prometo!
Avergonzado, Dannen se soltó del abrazo, y luego la condujo a la rampa de salida del foso de aterrizaje.
Entraron en la ciudad, mirando los pequeños comercios y casas al pasar. Dannen se detuvo, mirando por la ventana de un hangar de reparaciones de vehículos, y luego entró, haciendo un gesto a Purr para que le siguiera.
El mecánico alzó la vista, y luego salió de debajo del deslizador terrestre en el que estaba trabajando. Era de estatura algo menor que Dannen, pero tendría unos 20 años más. Metiendo un trapo sucio en su mono, se acercó a la pareja.
-¿Puedo ayudarles? -se preguntó.
-Sí, sí que puede. Me dijeron que buscara un mecánico llamado Ashe... se supone que es el mejor que hay en Rafft.
El hombre sonrió.
-Yo soy Ashe, joven señor –respondió-. ¿Qué puedo hacer por usted?
Dannen le devolvió la sonrisa.
-Me dijeron que usted puede arreglar un medidor quark helado con una hidrollave grande y una mano atada a la espalda.
Purr miró al hombre y luego a Dannen.
-¿En serio? -dijo mirando a Ashe, con el respeto brillando en sus ojos.
Ashe la miró por un momento y luego su sonrisa desapareció.
-¿Quién eres?
-Me llamo Dannen Lifehold. -Dannen se acercó más-. Me envió Krell.
-¿Entonces tienes los suministros?
-Sí, así es. ¿Dónde los quiere?
Ashe metió la mano bajo el mostrador y sacó una tableta de datos. Tecleó durante un minuto, luego retiró la pequeña tarjeta de memoria.
-Esto contiene las coordenadas planetarias de la base -dijo, extendiéndola a Dannen-. Lleva allí los suministros... te pagarán a la entrega.
Dannen advirtió el tono agrio que llevaban las últimas palabras mientras tomaba la tarjeta de memoria. El hombre claramente pensaba que era un contrabandista mercenario, sólo interesado en el dinero.
Dannen se preguntó si Ashe podría tener razón.
Purr captó el tono en la voz de Ashe, y la mirada que le había echado a Dannen, pero no hizo ninguna mención a ello mientras caminaban de regreso al Salvavidas. Sin embargo, el silencio de Dannen hablaba a gritos para ella; desde su nacimiento le habían enseñado a observar el lenguaje corporal de los demás seres, y a determinar lo que podrían hacer. Dannen estaba molesto, lo sabía, pero si ella hablaba, él se enojaría. Y eso era lo último que quería. No, mejor dejar que lo resolviese por sí mismo, decidió.
En su interior, sin embargo, sonrió. Por supuesto, si necesita mi ayuda, estaré aquí.
La tarjeta de memoria que le habían dado le dirigió a un claro a unos 200 kilómetros de distancia de la población. El claro era lo suficientemente grande para que aterrizase el Salvavidas, y todavía tener espacio suficiente para los suministros. Pidiéndole a Purr que se quedase, Dannen desembarcó, descendiendo poco a poco al suelo. Llevaba su bláster en la mano mientras miraba hacia los árboles y arbustos que rodeaban el claro.
De repente, sintió a alguien detrás de él. Se dio la vuelta rápidamente, justo a tiempo para encontrar el cañón de un bláster apuntándole a la cara. El otro llevaba un uniforme de camuflaje para el bosque, completo con máscara de respiración, y sus ojos brillaban con suspicacia.
-¿Quién eres? -preguntó el desconocido con una voz distorsionada por la máscara.
Dannen levantó lentamente las manos.
-Mi nombre es Dannen Lifehold –respondió-. Me envía Ashe.
-¿Tienes la tarjeta de memoria?
Dannen llevó lentamente la mano al bolsillo de su camisa y la sacó. El desconocido tomó la tarjeta, la examinó, y luego enfundó el bláster.
-¿Quién más está a bordo?
-Sólo mi mecánico.
-¿Tenéis los suministros?
-Están en la bodega -dijo Dannen, bajando sus manos.
El desconocido extrajo un comunicador de un bolsillo.
-Hoja Uno a Base: despejado, traed los porteadores.
-Recibido, Hoja Uno -respondió una voz.
Hoja Uno se llevó las manos al rostro y se quitó la mascarilla respiratoria, liberando una mata de pelo castaño y unos sonrientes ojos azules. Ella ofreció una mano a Dannen.
-Soy Tawn Porew –dijo-. Lamento lo de la emboscada, pero no eres nuestro proveedor habitual.
Dannen le estrechó la mano mientras la conducía a la nave.
-Bueno, me dieron el trabajo en el último minuto. Espera un segundo. -Alzó la voz-. ¡Purr, abre la escotilla de carga!
El anillo de acoplamiento se extendió rápidamente desde la parte superior de la nave.
Dannen suspiró.
-¡No, Purr, el botón de al lado!
Con el silbido habitual de los sistemas hidráulicos, la escotilla de carga comenzó a bajar.
Tawn rió entre dientes.
-Tu mecánico no conoce tu nave demasiado bien, ¿no?
-No lleva mucho tiempo conmigo. Es algo un poco largo de contar. -Miró de nuevo al bosque-. Espero que hayas traído suficientes elevadores de carga... hay bastante material.
-No te preocupes, estarán aquí. –Trató de evaluarlo con la mirada-. Tendrás tu dinero cuando hayamos verificado el inventario. Tendrás que quedarte hasta que lo hagamos.
-No hay problema -dijo Dannen-. En realidad, me gustaría quedarme. -Miró hacia el bosque de nuevo-. Cuando has vivido en el espacio tanto tiempo como yo, aprecias pisar un planeta...

***

Después de que los rebeldes descargaran el Salvavidas, Tawn y su comandante los condujeron a la base mientra los demás trasladaban las cajas. Era bastante pequeña, pero astutamente escondida en un complejo de cuevas. Sólo había espacio suficiente para una pequeña instalación médica, literas para 12, y un depósito de municiones.
-¿No tenéis naves?
Tawn miró a Purr, luego negó con la cabeza.
-Simplemente molestamos a los Imperiales en el planeta al que estamos asignados, y tratamos de crear células rebeldes.
Dannen parpadeó.
-¿Qué quieren aquí los imperiales? Por lo que he visto, esto no es exactamente el súmmum tecnológico de la galaxia.
-El imperio está despejando tierra y construyendo una base de guarnición -dijo Tawn-. La mayor parte del tiempo, hemos estado saboteando equipo, y tratando de averiguar por qué el Imperio quiere una base en Rafft.
-Espera un minuto. Sin naves, ¿qué pasa si tenéis que evacuar?
-No podemos -le dijo el comandante de la base Peck-. La Rebelión no tiene suficientes naves para equipar cada puesto de avanzada, por lo que nos vemos obligados a prescindir de ellas.
-Eso es un poco despiadado, ¿no?
-Esa es la forma en que operamos. Sabíamos que iba a ser peligroso, pero creemos en lo que estamos luchando. -Miró a Dannen con desdén-. No lo hacemos por dinero.
-Eh, espera un momento... –dijo Dannen, resentido.
Peck se apartó de él.
-Sargento Porew, desempaqueten los suministros, verifíquenlos, y luego pague a esta... persona... y que se vaya de aquí.
-Nos gustaría echar un vistazo por ahí, señor -dijo Dannen.
El comandante le miró con frialdad.
-Si no hay ningún problema -agregó Dannen apresuradamente.
-Muy bien. Sargento, enséñeles todo esto, pero no les quite los ojos de encima.
Dicho eso, se marchó.
-Sí, señor -respondió Tawn. Se volvió para mirar a Dannen-. No le gustan los mercenarios -dijo.
-¿Por qué no? -preguntó Purr.
-Unos mercenarios mataron a la mujer que amaba.
Los ojos de Purr se llenaron de lágrimas.
-Oh, no.
Tawn puso una mano sobre el hombro de Purr.
-Fue hace bastante tiempo. Vamos, os mostraré donde podéis conseguir algo de comer.
Dannen negó con la cabeza.
-Voy a ayudar con el desembalaje, si puedo.
-Yo también -intervino Purr.
Tawn sonrió. Era un espectáculo encantador.
-Nos vendrá bien la ayuda. Por aquí.
Los condujo a una pequeña área donde habían sido depositadas las cajas. Tres rebeldes ya estaban desempaquetando los suministros. Alzaron la mirada cuando Tawn hizo entrar a Dannen.
-Este es el hombre que trajo los suministros –dijo-. Y esta es su socia. Quieren ayudar a desembalar.
El más alto del trío sonrió.
-Bien, se agradece la ayuda. Ayudadme a desembalar este tanque bacta.
Dannen le respondió con una sonrisa.
-Desde luego -dijo, acercándose a la caja. El hombre, que dijo llamarse Colin, dio a Purr un cortador láser, y le enseñó cómo cortar el material de embalaje y no la preciosa carga que protegía. Una vez que la caja estuvo abierta, Dannen, Tawn, y Colin sacaron fuera el contenido a fuerza de músculos. Al cabo de media hora, el tanque estaba correctamente montado en su nueva ubicación.
Mientras trabajaban, Purr se volvió hacia Tawn.
-¿Puedo hacerte una pregunta?
-¿Qué?
-¿Por qué te uniste a la Rebelión? ¿Por qué luchas contra ese Emperador?
Tawn dejó de trabajar para responder a Purr.
-Mis padres fueron asesinados por el Imperio -dijo. Sus ojos se nublaron por un momento-. Se negaron a abandonar sus tierras. Así que fueron asesinados.
Purr se quedó boquiabierta.
-¿Y el Emperador dijo que los matasen?
-No. El emperador es el jefe del gobierno. Está hambriento de poder. Quiere controlar toda la galaxia. Utiliza el miedo y el terror para mantener a raya algunos planetas. A otros, simplemente envía tropas de asalto y los destruye.
-¿Pero por qué?
-Bueno, algunos planetas tienen recursos que el Imperio necesita, otros tienen valor estratégico, y a otros los controla sólo para mantener a raya otros planetas. -Tawn hizo una mueca-. Un planeta, mantenido bajo control, evitará que otros planetas, incluso a veces sistemas enteros, contraataquen. Y, dado que los Jedi ya no están, la rebelión es la mejor baza que tiene la galaxia.
Purr frunció el ceño.
-¿Los Jedi?
Colin habló, con voz llena de reverencia.
-Los Caballeros Jedi fueron los guardianes de la llama de la Antigua República. Sabían cómo usar la Fuerza para luchar por la justicia y la verdad.
-Sí, pero la Fuerza no los mantuvo a salvo de Vader -dijo Dannen.
-Él les traicionó -contestó Colin-. Abusó de su confianza y los aplastó.
-Eso es historia antigua, Colin. Créeme, me gustaría que los Jedi siguieran por aquí, con Fuerza o sin ella. Plantarían cara al Imperio. -Dannen entregó a Colin la hidrollave que estaba usando, luego suspiró-. Sin embargo, tal como están las cosas, creo que estáis luchando una batalla perdida. La rebelión no tiene demasiadas probabilidades de éxito.
-¿Es eso lo que piensas? -preguntó Tawn.
-Oye, no me malinterpretéis. Yo creo en la causa por que estáis luchando. Sólo quiero permanecer con vida.
-¿Siendo contrabandista? Tienes unas ideas bastante extrañas acerca de cómo mantenerte con vida, amigo mío -dijo Colin.
Colin ayudó a Dannen a mover los contenedores de bacta hasta el tanque. El rebelde conectó una ancha manguera desde el contenedor hasta la válvula de entrada del tanque, y apretó el botón blanco de “rellenar” en el tanque. Se oyó un fuerte silbido cuando la válvula de la manguera perforaba su camino a través de los sellos, y luego el fluido gelificado comenzó a filtrarse en el tanque de retención.
Dannen se volvió hacia Tawn.
-Por cierto, ¿sois realmente prescindibles? Creía que la Rebelión necesitaba a toda la gente que pudiera conseguir.
-El comandante Peck siente que lo somos. Cree en la Rebelión, como todos nosotros, pero él es de la vieja escuela.
Dannen sonrió.
-¿Quieres decir de los de “Vamos, ¿quieres vivir para siempre?”?
-Es un buen hombre -dijo Colin detrás del tanque-. Y dirige bien a su gente. Hemos sobrevivido a algunas situaciones difíciles sin apoyo ni planes de evacuación, principalmente debido a su liderazgo.
-No pongo tu palabra en duda, Colin. Pero comprenderás que no me guste demasiado.
Colin rodeó el tanque para llegar junto a Dannen.
-Eso es absolutamente natural... a veces a mí tampoco me gusta mucho. -Se volvió a mirar al tanque-. No tienes idea de lo mucho que necesitábamos este bacta.
-Puedo suponerlo. Habéis visto mucha acción, ¿eh?
Tawn respondió.
-Sí. Desactivamos una pequeña lanzadera imperial el mes pasado. -Una sonrisa iluminó su rostro al recordarlo-. Retrasamos su despegue el tiempo suficiente para poder colocar una trampa en sus células de energía. Estallaron en el hiperespacio.
-Pero dos hombres que estaban preparando las trampas en las células murieron cuando explotaron antes de tiempo -dijo una nueva voz. Todos se volvieron para mirar al comandante Peck, que acababa de llegar-. Si hubiéramos tenido esto -golpeó el costado del tanque- habrían sobrevivido.
Los ojos de Purr se abrieron como platos.
-Lo siento.
-¿Por qué deberías sentirlo? No sois más que un servicio de entrega... ¿qué más os da a vosotros dos?
-Mire, a pesar de lo que pueda pensar, sí que nos importa -gruñó Dannen-. Es sólo que...
Purr, que había estado observando cómo el bacta fluía en el tanque, tocó de pronto el hombro de Dannen.
-¿Qué es eso? -preguntó Purr, señalando hacia el bacta.
Colin entrecerró los ojos.
-Parece una pieza de equipo.
Rápidamente, apagó la alimentación y luego se metió en el tanque. Metió la mano en la gelatina y sacó un cubo de metal del tamaño de un puño. Salió fuera, limpiando el gel del cubo.
-¿Qué es eso? -preguntó Dannen.
-No lo sé. Se lo preguntaremos a nuestro experto en tecnología. -Colin pulsó su intercomunicador. Panadero a Pensador, ¿me recibes?
-Aquí Pensador, adelante.
-Hemos encontrado algo en el envío de bacta... ¿quieres echarle un vistazo?
-Voy hacia allá -fue la respuesta.
Un minuto más tarde, un hombre de baja estatura, con cabello castaño y una expresión agria, entró y miró por un momento a Dannen y Purr.
-¿Sois los contrabandistas?
Dannen suspiró, poniendo los ojos en blanco.
-Sí.
El hombre de baja estatura sonrió.
-Gracias por los suministros. Os debemos un favor mucho mayor de lo que os podemos pagar.
Dannen, sorprendido por esta inesperada amabilidad, simplemente inclinó la cabeza.
El hombre bajo se volvió hacia Colin.
-¿Es eso? -preguntó, señalando el cubo.
Colin lo entregó a su camarada.
Pensador sostuvo el objeto en sus manos por unos instantes, y luego miró a su oficial al mando.
-Es una señal de rastreo, señor.
-¿Qué? -dijo Dannen, incrédulo.
Los ojos de Peck se abrieron como platos mientras miraba a Pensador.
-¿Quieres decir que este... hombre... no sólo ha traído suministros médicos, sino también una maldita señal de rastreo?
Colin miró aturdido.
-¿Una señal de rastreo?
Peck sacó su bláster y se volvió para enfrentarse a Dannen.
-Pedazo de escoria. Y yo que pensaba que nos estabais ayudando. Pensaba que tal vez me había equivocado, y que teníais honor después de todo. ¿Cuánto te pagan, cazarrecompensas?
Dannen palideció.
-¿Cree que lo he hecho yo?
Peck miró a Dannen.
-Sabíais que no podíamos evacuar. Nos has tendido una trampa, ¿no? ¡Gracias a vosotros, el Imperio pronto estará aquí!
-¡No, yo no lo hice! ¡Juro que no lo sabía!
Colin habló.
-No lo sabía, señor. No podía saberlo.
Peck se giró para enfrentarse a Colin.
-¿Por qué no?
-Porque las cajas de bacta todavía tenían los sellos triples de fábrica originales. Él no podría haber insertado la señal de rastreo y mantener los sellos intactos. Él es tan víctima como nosotros.
Peck pensó en ello, bajó el bláster y se volvió hacia Pensador.
-¿Cuál es el alcance de esta baliza?
-Corto alcance, probablemente dentro del sistema -respondió Pensador-. Tenemos una hora, tal vez dos.
Krell debía de saberlo, pensó Dannen para sí mismo. Pero, ¿por qué? ¿Por qué me tendería una trampa?
Otro rebelde llegó corriendo.
-Señor -dijo, saludando militarmente a Peck-. Informe desde el asentamiento: los imperiales están aquí en Rafft Ashe informa de un pequeño escuadrón de soldados exploradores en el asentamiento. Las comunicaciones ya han sido cortadas...
-¡Nunca podremos dispersarnos a tiempo! -dijo Tawn.
-Bueno, podemos destruir la base, pero somos prescindibles, sargento.
Purr tocó el hombro de Dannen. Él encontró su mirada, leyendo la pregunta en sus ojos. Asintió con la cabeza, y luego volvió a mirar a Peck.
-No, no lo sois -dijo.
El rostro de Peck enrojeció.
-Oye, escúchame, contrabandista...
-No, escuche usted, comandante -explotó Dannen-. Puede pensar que son prescindibles, pero siempre hay una oportunidad de escapar. Creo que tengo una manera de sacarlos a todos ustedes de aquí... siempre y cuando, claro está, que...
-...Que se te pague, por supuesto -le interrumpió Peck.
-No -respondió Dannen-. Siempre y cuando tengan en mente algún lugar para ir. ¿Hay algún sitio?
-Pero no tenemos una nave -dijo Colin.
-No, pero yo sí -respondió Dannen-. Tendremos que apretarnos, y habrá que tomar sólo los suministros necesarios, pero puedo hacerlo si todos se mueven rápido, tomando sólo lo que necesiten. Dentro de una hora todos podemos estar fuera. -Se volvió hacia Peck-. ¿Qué dice usted, comandante?
Peck examinó a Dannen por un momento.
-Pongámonos en marcha -ordenó.
Dannen se volvió hacia su socia.
-Purr, prepara las cosas; nos vamos en una hora.
Peck le tomó del brazo.
-¿Por qué estás haciendo esto? No se te paga por arriesgar tu vida por nosotros.
-Eso es verdad, comandante, no se me paga por esto.
-Entonces, ¿por qué lo haces? -preguntó Pensador.
Dannen se volvió hacia el hombre pequeño.
-Porque no tienen otra opción -dijo en voz baja-. Y porque es lo correcto.

***

Dannen había tenido razón. Tuvieron que apretarse, tratando de encajar a 12 personas y su equipo en el Salvavidas. La bodega de carga estaba llena al máximo de su capacidad, y tanto Dannen como Purr tuvieron que compartir sus alojamientos con otras dos personas cada uno. Pero estuvieron listos para despegar en una hora, tal y como Dannen había prometido.
Sin embargo, Tawn estaba preocupada.
-¿Puedes despegar con todas estas personas a bordo?
-Claro que sí -la tranquilizó Dannen-. Este es un YT-1300. La capacidad de carga es de alrededor de un centenar de toneladas métricas. Si puede manejar eso, puede manejar esto.
Peck se acercó a ellos.
-Estamos todos listos. Las coordenadas de nuestra nueva ubicación están en esta tarjeta de memoria -dijo, entregándosela a Dannen.
-Aún no confía en mí, ¿verdad, comandante?
-Esto no tiene nada que ver con eso -dijo Peck-. Simplemente no quiero ningún error.
-No se preocupe, comandante, les llevaré allí. Le doy mi palabra.
Peck resopló.
-Ya veremos -fue todo lo que dijo.
Dannen se sentó en la silla del piloto y miró a Purr.
-Está bien, allá vamos -dijo, encendiendo la nave. Poco a poco, el Salvavidas despegó y se dirigió hacia el cielo abierto.
Poco después de que dejasen atrás la atmósfera, Dannen deslizó la tarjeta de memoria en el ordenador de navegación. Se volvió hacia Peck, que estaba sentado justo detrás de él.
-Está bien, el ordenador está leyendo sus coordenadas, Comandante. Tan pronto como esté alineado en el vector correcto, nos pondremos en camino.
De repente, disparos de cañón sacudieron la nave. El Salvavidas se inclinó peligrosamente hacia la izquierda, tirando a Purr de su asiento.
Dannen golpeó el activador del escudo y comprobó los sensores.
-Tenemos compañía -dijo.
-Eso parece -dijo Peck-. Nos la has jugado, ¿no?
-No, no lo he hecho -replicó Dannen-, y si quiere una prueba, se dará cuenta de que están tan dispuestos a matarme a mí como a ustedes.
Otra explosión sacudió la nave, pero esta vez los escudos la soportaron.
Dannen miró a Peck.
-¿Ve lo que quiero decir?
Comprobó la lectura del ordenador, y entonces agarró las palancas activadoras del hiperimpulsor.
-¡Allá vamos! -gritó, tirando de las palancas bruscamente. La nave se sacudió... y luego quedó inmóvil.
-Maldita sea -dijo Dannen.
-¿Qué ocurre? -preguntó Tawn.
Dannen pulsó interruptores, luego miró la pantalla.
-La explosión debe haber dañado el hiperimpulsor.
-Voy a arreglarlo -dijo Purr, corriendo por la puerta hacia la escotilla de ingeniería.
Tawn puso su mano sobre el hombro de Darren.
-¿Puede arreglarlo?
Dannen hizo una pausa, luego asintió.
-Si ella no puede, nadie puede –agregó-. Mientras tanto, hagamos que esos chicos no lo tengan tan fácil.
Diciendo eso, realizó un barril hacia la derecha, mientras comprobaba los sensores.
De repente, una gran sombra pasó por encima del parabrisas. Tawn miró para ver cuál era la causa y se quedó sin aliento.
-Un Destructor Estelar Imperial -susurró.
-Sí -confirmó Dannen-. Parece que realmente tienen muchas ganas de atraparos.
Tawn se volvió a Peck.
-Es el Comprometedor, comandante. –Soltó una risita-. Creo que Dalton todavía sigue descontento por su cara.
-¿Qué pasa con su cara? -preguntó Dannen.
-El capitán Dalton fue atrapado en una de nuestras trampas hace algún tiempo -contestó Peck-. Se hizo unos cortes bastante feos en la cara.
Dannen hizo una mueca.
-Ouch. No es de extrañar que esté molesto.
-Se rumorea que no va a curarse la cicatriz hasta que seamos capturados y ejecutados. Usa su desfiguración para inspirar a quienes están bajo su mando.
-En realidad, señor, creo que es una mejora -sonrió Tawn.
-Tal vez, sargento. ¿Puede huir de ellos, Lifehold?
-Tal vez sí, tal vez no, Comandante. Pero hay una cosa que esta nave puede hacer y la suya no, y eso es maniobrar. Que todo el mundo se agarre bien fuerte -dijo él, lanzando la nave en un rizo cerrado-. Ya ve usted, comandante -continuó Dannen mientras el comandante se levantaba del suelo-, no es cuestión de si puedo correr más, sino de si puedo evadir sus rayos tractores. Para hacer eso, tengo que seguir volando el tiempo suficiente para que Purr arregle el hiperimpulsor.
“Lo que me recuerda... -Se inclinó y accionó un interruptor-. "Purr, ¿los daños son muy graves?
-No demasiado -fue la respuesta-. Puedo arreglarlo, pero necesito piezas.
-Haz lo que tengas que hacer, Purr, ¡pero hazlo rápido!
-No te preocupes, Dannen, lo haré rápido.
Dannen apagó el comunicador.
-Ahora, a esperar -dijo.
Una explosión turboláser explotó justo delante de él, e hizo ascender rápidamente la nave.
-Y a seguir volando -agregó.
-Espero que esa mecánica tuya sea lo bastante buena, Lifehold -gruñó Peck.
-Tranquilícese, comandante, ella sabe lo que... -En ese momento, las luces de la cabina principal se apagaron. Una fracción de segundo más tarde se encendieron las luces de emergencia, bañando la habitación con un resplandor rojo-... está haciendo -concluyó.
-¿Estás seguro? -dijo Peck con sarcasmo.
Dannen pulsó el comunicador.
-¡Purr, las luces de la nave acaban de apagarse!
-Lo sé, necesitaba piezas.
-¿Del sistema de iluminación? -preguntó incrédula Tawn.
-Estamos muertos -comentó Peck.
-Con todo el debido respeto, Comandante -gruñó Dannen, haciendo girar la nave mientras hablaba-, cállese.
Durante los siguientes minutos, Dannen intentó todos los trucos que conocía y algunos nuevos para mantener el Salvavidas lejos del Destructor Estelar. Él tenía razón en una cosa: el pequeño transporte era mucho más ágil que el crucero pesado. Pero todavía necesitó de toda su pericia para mantener su distancia.
Tawn comprobó los sensores y se dio cuenta con horror de que el Destructor Estelar había acercado.
-¡Dannen, se nos acaba el tiempo!
-Sí, me he dado cuenta -gruñó. Presionó el botón del intercomunicador-. Purr, ¿cuánto falta?
-Ya está casi hecho, Dannen... casi hecho... ¡hecho!
Antes de que ella terminase de hablar, Dannen tiró hacia atrás de las palancas de control, y el Salvavidas saltó al hiperespacio.
Dannen se dejó caer en su silla con un suspiro.
-¿Veis? Os dije que podía arreglarlo. -Echó un vistazo a la cabina a su alrededor-. Tan sólo tendremos que ir sin luces por un tiempo.
-Pero, ¿cómo lo ha hecho tan rápido? -preguntó Tawn.
-No sé... he renunciado a tratar de averiguar cómo lo hace. -Se volvió y sonrió mirando al exterior-. Simplemente me alegro de que lo haga.

***

El Salvavidas llegó al sistema Vondarc cuatro días más tarde. El grupo se reunió con una fragata de carga rebelde que hacía su parada habitual para recoger suministros de simpatizantes de la Alianza de la zona.
Los rebeldes de Rafft transfirieron rápidamente su equipo y efectos a la fragata, que regresaba a la base de mando rebelde del sector.
A bordo de la fragata, Tawn y el comandante Peck escoltaron a Dannen y Purr a sus camarotes. El comandante, en agradecimiento, había ordenado que se reparase el hiperimpulsor del Salvavidas, y Dannen no dudó en aceptar.
Sin embargo, las reparaciones tardarían todo el día, y en vez de quedarse en su nave, Dannen y Purr se unieron a los rebeldes para comer y les ayudaron a trasladar su equipo a la fragata de carga.
A mitad del día, Purr observó a Dannen pasear de un lado a otro de la sala de descanso.
-¡Todavía no puedo creer que Krell hiciera esto!
-¿Tenderte una trampa?
-¡Sí, tendernos una trampa! Era mi mejor amigo. Habíamos pasado por muchas cosas juntos. No puedo creer que lo hiciera.
-Tal vez no lo hizo.
Dannen se detuvo.
-¿Quieres decir, que otra persona puso la señal de rastreo ahí dentro?
Purr hizo una mueca.
-He visto tales maldades con los señores del crimen. Lo llamaban... umm... ¿traición?
-Así que piensas que los dos fuimos engañados... ¿Krell y yo?
-Tal vez. Krell parecía que estaba contento de verte.
-Sí, lo parecía, ¿verdad? -murmuró Dannen-. Pero aún así...
Sus reflexiones fueron interrumpidas por la llegada de Tawn y Peck. Peck, por una vez, estaba sonriendo.
-Te gustará saber, capitán, que las reparaciones de tu nave se han completado, y que puedes partir en cualquier momento.
-Gracias, comandante. Una vez más, me gustaría agradecerle que hiciera que se arreglase.
Tawn sonrió.
-Es lo menos que podíamos hacer. Arriesgaste tu vida por nosotros, después de todo. -Se acercó y se puso a su lado-. ¿Estás seguro de que no puedes venir con nosotros? Purr y tú seríais excelentes fichajes para la Rebelión.
Dannen negó con la cabeza.
-Te lo dije, no estoy dispuesto a comprometerme aún. Además, tengo que volver a Alderaan y hablar con Krell. -Miró por la ventana hacia el Salvavidas-. Tenemos que irnos.
-Bueno, lamentaremos que te vayas...
El comandante se vio interrumpido por Colin, que se acercó y se cuadró a toda prisa.
Peck le devolvió el saludo.
-¿Qué pasa, soldado?
-Señor, acabamos de recibir un informe del sector 246.
-¿Y? -preguntó Peck al ver que Colin vacilaba.
-Señor, informan que... bueno... Alderaan ha sido destruido, señor.
-¿Qué? –estalló Dannen.
Purr puso su brazo alrededor del hombro de Dannen, y él la tomó en un profundo abrazo.
-Toda esa gente... todas esas vidas... -murmuró ella.
La mandíbula de Peck casi tocaba el suelo.
-¿Destruido? ¿Todo el planeta?
-Sí, señor, todo el planeta. Alderaan ya no existe, Comandante.
-Krell dijo que había oído algo acerca de un proyecto secreto en el que el Imperio estaba trabajando –dijo Dannen con el corazón en un puño.
-El alto mando rebelde tenía uno o dos agentes importantes en Alderaan -señaló Peck-. Es posible que Krell fuera uno de ellos.
-Apostaría a que el Imperio tiene algo que ver con Alderaan -dijo Dannen.
Peck asintió con seriedad.
-Siento lo de tu amigo, Lifehold.
-Gracias, comandante -dijo Dannen. Bajó la mirada hacia Purr, quien le asintió con la cabeza, y luego volvió a mirar a Peck-. El imperio ha cambiado las reglas sobre ustedes. Me gustaría ayudar a igualar las probabilidades, si puedo.
Colin se quedó boquiabierto.
-Pero creía...
Dannen le interrumpió.
-Creías mal, Colin. Así que, ¿qué dice usted, comandante?
Peck le miró.
-No podemos permitirnos pagarte lo acostumbrado.
Dannen se acercó a Peck hasta que sus narices casi se tocaron.
-¿Sigue pensando que solamente se trata de eso? -preguntó, con un brillo peligroso en los ojos-. ¿En serio?
Tawn trató de tomar su brazo, pero Dannen se liberó bruscamente. Peck se sentía claramente incómodo.
-Quiero decir que...
Dannen no le dejó terminar.
-¿De verdad cree que sólo hago las cosas por el dinero? ¿Que sólo soy un mercenario... un hombre sin principios, que sólo cree en la omnipotencia de los créditos?
Peck le sostuvo la mirada.
-Para ser honesto, sí, eso es lo que pienso.
-Está bien, entonces voy a demostrar que se equivoca. Aquí y ahora. -Dannen se irguió en toda su estatura-. Quiero unirme a la Rebelión como piloto de transporte.
Tawn se quedó ligeramente boquiabierta.
-No lo dices en serio.
-Sí, lo hago, Tawn. Purr y yo hemos hablado de esto antes. Ambos estamos seguros.
Peck miró al joven.
-¿Puedo preguntar por qué? ¿Por a tu amigo?
-No -respondió Dannen-. Por Alderaan. Por los inocentes. Porque si el Imperio ha podido hacerle esto a un planeta, lo hará con otros. -Sonrió ligeramente-. Pero sobre todo porque es lo correcto.
Peck asintió con la cabeza y sonrió también.
-Muy bien. Bienvenido a la Alianza Rebelde, capitán Lifehold.

martes, 13 de noviembre de 2012

Las aventuras de Dannen Lifehold: Cambiando las probabilidades (I)


Las aventuras de Dannen Lifehold: Cambiando las probabilidades
Dave Marron

-¿Hemos llegado ya?
Dannen miró a Purr. Era la cuadragésima vez que se lo había preguntado durante ese viaje de dos semanas a través del hiperespacio, y le había estado volviendo loco. Esta vez, sin embargo, tenía una respuesta para ella.
-Pronto deberíamos salir en Rafft -dijo.
-¿Entonces nos encontraremos con esta... Rebelión?
-Más o menos. Vamos a conocer a un grupo de rebeldes que trabajan fuera de este sistema.
Purr miró las líneas estelares.
-¿Qué dijiste que hacían?
Dannen puso los ojos en blanco.
-Dije que eran guerrillas Se especializan en tácticas de ataque y huida: llegan, hacen explotar algo, y se van.
Los ojos de Purr se abrieron como platos.
-¿Estamos llevando bombas?
-No, estamos llevando suministros médicos. Parece que su tanque bacta falló y explotó, por lo que tenemos uno nuevo con un poco de bacta fresco.
-¿La gelatina curativa?
-Si. Eso y otras cosas. Son sólo suministros médicos, Purr. No vamos a salir volando. -Por lo menos, espero que no, pensó.
En ese momento, el hiperimpulsor se desactivó. Las estrellas recuperaron su apariencia normal fuera de la carlinga, con aspecto de diamantes alrededor de la esfera verde que flotaba en medio de ellos.
Dannen comprobó sus lecturas, y luego señaló con la cabeza hacia el planeta.
-Ya está, Purr. Eso es Rafft.
A medida que el Salvavidas se acercaba al planeta, Purr miró a Dannen con curiosidad.
-¿Qué es la Rebelión?
Dannen hizo una mueca.
-No es algo que se pueda describir en pocas palabras. ¿Sabes qué son los soldados de asalto imperiales?
-¿Los hombres de armadura blanca?
-Sí. Bueno, ellos son el brazo de la ley del gobierno galáctico, que está controlado por un hombre llamado Emperador. Pues bien, hay algunos que creen que el Emperador es malvado, y están tratando de destruirlo.
Purr pensó en eso.
-¿Lo es?
Dannen la miró.
-¿Es qué?
-Malvado.
Dannen pensó en mentir, pero después eligió decir la verdad.
-Sí, lo es. Quiere controlarlo todo y a todos.
-¿Por qué no quieres trabajar para ellos?
-¿Qué, para la Rebelión? Bueno, es una batalla perdida. El Imperio es demasiado poderoso para ellos. Y, por supuesto, si se enteran de que trabajas para los rebeldes, te matan. -Dannen sonrió con tristeza-. Linkaas es un ser que me quiere muerto. No necesito todo un gobierno detrás de mí... eh, de nosotros.
Purr sonrió al ser incluida.
-¿Entonces Krell arregló esto para nosotros? Tiene que ser un muy buen amigo.
-Sí. El mejor. -Dannen contempló en el planeta, perdido en sus pensamientos...

***

-Y esa es la historia, Krell.
Krell se había quedado mirando boquiabierto a Dannen, luego a Purr, y luego a Dannen otra vez.
-No puedo creerlo. Linkaas nunca fue muy dado a la sutileza. Entonces, ¿qué estáis haciendo vosotros dos aquí en Alderaan?
-Lo que siempre he estado haciendo. Buscar cargas para transportar. Transportar cargas y permanecer fuera de su camino.
-¿Qué hay de la Rebelión?
-¿La Rebelión? -dijo Purr.
-Es una larga historia... Te la explicaré más tarde -dijo Dannen-. No me interesa la política, Krell.
Krell se levantó para sacar una botella fresca de la unidad de refrigeración en la sala de estar de su casa.
-¿No os habéis enterado? He oído rumores de que el Imperio está desarrollando un proyecto especial -dijo, inclinándose hacia adelante, convirtiendo sus palabras en susurros-. Y cualquier proyecto especial que desarrolle el Imperio ciertamente pone en peligro la libertad de los mundos amantes de la paz.
Dannen sonrió.
-¿Has estado tomando la especia de Linkaas? ¿Cómo sabes lo que está haciendo el Imperio?
-Tengo algunos amigos de confianza que tendrían acceso a esa información...
-Mira, Krell -dijo Dannen-, sólo necesito un consejo sobre dónde puedo ir para conseguir algunos créditos. Te conozco desde hace mucho tiempo... Tú lo sabes todo. Dame una idea.
Krell pensó, y miró a su compañero de toda la vida.
-¿Estás dispuesto a trabajar para la Rebelión?
-¿Cómo, a tiempo completo? Nones. Sabes lo que siento por ellos, pero por lo general no me involucro en política. –Lo pensó durante un momento-. Te diré lo que haré: Transportaré algún cargamento para ellos, pero no voy a implicarme.
-Está bien, prepararé una reunión. Cuando tenga algo para ti, te dejaré un mensaje. ¿Estás en el espaciopuerto?
-Sí, no podemos permitirnos una suite de lujo, precisamente -sonrió Dannen.
-Por supuesto, por supuesto. Dadme un par de días; dejaré un mensaje con la palabra clave en el puerto cuando tenga algo.
Dannen se levanto.
-Bien. Alderaan es un lugar agradable para visitar, pero está demasiado cerca del límite para mí, ¿sabes?
Krell sonrió mientras les mostraba la puerta.
-Sí, lo sé.


jueves, 18 de octubre de 2012

Las aventuras de Dannen Lifehold: Liberación

Las aventuras de Dannen Lifehold: Liberación
Dave Marron

-¿Señor?
Linkaas se volvió, mirando a su subordinado con ojos pensativos. El sol de Evas VI había aparecido por fin después de tres días de lluvia, y quería disfrutar de su calor calmante. Las lámparas solares eran un burdo sucedáneo.
-Sí, ¿qué pasa? -preguntó, inclinándose hacia delante-. Y más vale que sea algo importante.
El subordinado pareció encogerse dentro de su ropa.
-Señor, usted quería saber cuándo Lifehold completaba su encargo.
-¿Y lo ha hecho?
-Sí, señor, hace sólo unos minutos.
Linkaas se volvió hacia la ventana.
-Excelente. Primero tendrá que parar en Darkon III antes de ir a Dohu. Envía a Chokk y Bakk a Dohu inmediatamente. Los quiero allí para cuando llegue Lifehold.
El subordinado parecía aliviado.
-Ya han partido, señor. Chokk dice que llegará a Dohu por lo menos un día antes que Lifehold.
-Bien -dijo Linkaas, disfrutando del calor. La lluvia había sido buena para sus frondas, pero sin la luz del sol se congelaría-. Eso debería darles suficiente tiempo para estar preparados para matar a Lifehold. -Se dio la vuelta de repente, sobresaltando al subordinado-. ¿Hay algo más?
-N-no, señor -murmuró el subordinado.
-Muy bien, entonces. Creo que tomaré mi baño de sol en la terraza. Llévame fuera, Qwot.
-Sí, señor.

***

Los pitidos de la alarma de proximidad despertaron a Dannen de un sueño razonablemente profundo. Con un bostezo y un estiramiento, saltó de su litera y se dirigió hacia el puente del Salvavidas. Por costumbre, inclinó la cabeza, tratando de escuchar cualquier cambio de tono que pudiera indicar problemas con el motor. Satisfecho de que su nave conseguiría llevarle de vuelta a Evas, se detuvo en una cabina vacía. Casi llamó a la puerta antes de contenerse. Feq había muerto hacía ya un par de meses, pero Dannen todavía se encontraba esperando escuchar la voz jovial de Feq, su risa amable, y sus maldiciones cuando trataba de mantener los motores en marcha.
Acéptalo, Lifehold, se dijo Dannen, se ha ido. Por lo menos no tendrás que escuchar sus ronquidos.
Dando la vuelta, Dannen caminó hacia el puente y se sentó justo cuando el hiperimpulsor se apagó y se encendió el motor principal. Comprobando sus lecturas, confirmó que efectivamente se encontraba justo fuera del sistema Dohu, a unos 20.000 kilómetros de la órbita del planeta más exterior. Odiaba salir tan lejos del sistema, pero sin un piloto de reserva, no había muchas más opciones. Después de todo, tenía que dormir alguna vez. Pero, con ocho planetas en el sistema y siendo su destino el séptimo, sólo tenía que realizar un corto vuelo.
Echó una mirada a la silla vacía del copiloto. Bueno, al menos ese era el último trabajo al que estaba obligado por su deuda. Una recogida y entrega más, un pago más a Linkaas y el Salvavidas sería suyo al fin... enterito, desde el tren de aterrizaje hasta el plato sensor. Entonces podría darse el lujo de contratar a un primer oficial, e ir a por las ganancias.
Dos horas más tarde, mientras dirigía su nave hacia la mayor masa de tierra de Dohu VII, el comunicador de su nave comenzó a sonar insistentemente.
-Nave no identificada, aquí Control Espacial de Dohu, responda de inmediato. Nave no identificada, aquí Control Espacial de...
Dannen pulsó el botón de respuesta, cortando la voz en mitad de la frase.
-Control Espacial de Dohu, adelante.
-Nave no identificada, por favor transmita su baliza de identidad, e indique su propósito.
-Transmitiendo código ahora, Control Espacial -dijo Dannen, accionando un interruptor.
Un momento después, el comunicador cobró vida de nuevo.
-Control Espacial a nave estelar Caballero Negro, indique su propósito.
-Entrega de equipamiento al almacén de la Corporación Linkaas en la ciudad de Skagras -respondió. Una pequeña mentira; en realidad, era una recogida.
-Nave estelar Caballero Negro, tiene permiso para aterrizar en la bahía de atraque 71 de la ciudad de Skagras. Se están transmitiendo las instrucciones a su ordenador de orientación.
-Control Espacial, aquí el Caballero Negro, confirmo recepción: Bahía de atraque 71 -dijo Dannen-. Instrucciones recibidas. Gracias por la ayuda. Caballero Negro fuera.

***

Skagras era una ciudad bastante grande, pero la bahía de atraque 71 era poco más que un hoyo en el suelo con unos pocos edificios de apoyo cerca. Cuando Dannen planeó sobre el hoyo, la nave se sacudió hacia estribor y una luz roja empezó a parpadear. Con una maldición, Dannen luchó por mantener la nave nivelada mientras bajaba el tren de aterrizaje. Oyó un golpe seco cuando los engranajes quedaron encajados en su sitio.
Allá vamos, todo o nada, pensó. Sólo espero que no sea demasiado grave
Poco a poco hizo descender la nave a la tierra, luchando todo el rato contra la pérdida de potencia. El tren de aterrizaje de estribor chocó con el suelo, y Dannen redujo la potencia del elevador de repulsión del lado de babor. El tren de aterrizaje de babor tomó tierra con un ruido sordo, y todas las patas crujieron al soportar todo el peso de la nave. Con un suspiro de alivio, Dannen apagó los motores y se dirigió a la sala de máquinas.
La comprobación sólo le dijo lo que ya suponía: el elevador de repulsión de estribor se había fundido. Todavía funcionaba, a duras penas, pero eso significaba que tenía dos opciones: arreglarlo en ese momento con dinero que todavía no tenía o despegar con un 40 por ciento menos de potencia. Parecía que la segunda opción era todo lo que tenía.
-Genial –se dijo Dannen a sí mismo-. Justo lo que necesitaba hoy.
Al salir de la nave, se detuvo el tiempo suficiente para tomar un cuaderno de datos con sus instrucciones para llegar al almacén. Al consultarlo, vio que estaba a unos cuatro kilómetros de distancia, en el corazón de la ciudad. Tomando la primera calle que encontró, vio una cantina en la esquina.
Una sonrisa cruzó su rostro. Tenía tiempo suficiente para un pequeño refrigerio.
Dannen arrugó la nariz cuando entró en la cantina. Un aroma de humo, sudor, e incienso quemado asaltó sus fosas nasales. Caminando hacia la barra, advirtió que unos cuantos parroquianos en una de las cabinas le estaban mirando. Le examinaron con atención mientras pedía su consumición al camarero. Después de una breve conversación, uno de ellos se le acercó.
Era un silika, cuyo rostro marcado tenía un aspecto curtido y gastado por el tiempo. Como todos los de su raza, tenía una hendidura a modo de boca a través de su rostro; pero éste también tenía una mirada curiosa en sus ojos.
Dio unos golpecitos en el hombro de Dannen con el brazo situado más a la izquierda de los tres que tenía.
-¿Eres Dannen Lifehold?
Dannen miró al interrogador.
-¿Quién quiere saberlo?
El alienígena parecía confundido.
-Yo. ¿Acaso hay alguien más conmigo?
Dannen suspiró.
-No importa. ¿Qué es lo que quieres?
-Quiero conocer el ser que venció a Kemmel Attapi en su propio juego. Se rumoreaba que su color de pelo era como el tuyo.
Dannen se pasó una mano por su espesa cabellera de color azul. Entonces recordó.
-Oh, sí, ahora lo recuerdo. El silika con un cuerpo hueco.
-Sí -confirmó el alienígena-. Me llamo Kenta Anwa. Hasta que tú lo venciste, yo fui quien duró más tiempo contra él. -Sus ojos brillaron... Ahora, yo te reto al Concurso.
-Mira, realmente no quiero hacer esto, amigo. He tenido un mal día y promete ser peor. Y realmente no creo que quieras que me quede con tu dinero.
-El honor exige que yo te rete, Lifehold-señor. Y has oído hablar de nuestro honor, ¿no?
Dannen lo conocía. El Concurso exigía que el perdedor aceptase la derrota y no se vengase del ganador. Por lo general, se intercambiaban créditos entre los testigos, pero las apuestas entre los contendientes no eran desconocidas. Suspiró para sus adentros.
-Está bien, está bien, tu reto es aceptado.
El silika sonrió con un sonido chirriante.
-Ven y únete a nosotros, y traeré nuestros fluidos. -Hizo una seña al camarero-. Agua Silika, por favor. -Mientras el camarero obedecía, Dannen se unió a los demás silika en la mesa. Los otros le miraron y realizaron una intrincada serie de gestos con las tres manos mientras se sentaba. Dannen repitió los gestos de la mejor manera que pudo.
-Saludos, Lifehold-señor, vencedor de Kemmel Attapi -dijeron a coro-. Te damos la bienvenida, y te deseamos fuerza.
Dannen suspiró. Odiaba tener que soportar la ceremonia, pero tenía que hacerse. El desafío había sido ofrecido y aceptado correctamente, por lo que tenía que pasar por ello. Además, si se echaba atrás ahora, le pegarían un tiro.
-Os doy las gracias por vuestros saludos, y los devuelvo en su totalidad -respondió.
Ante esa respuesta, los tres se relajaron visiblemente y extendieron sus manos centrales para que él pudiera estrechárselas. Dannen las estrechó una tras otra, y luego se limpió disimuladamente la grava y el polvo de las manos. Cuando su rival regresó con varios vasos escarchados, Dannen repitió los gestos y las palabras.
El retador lanzó un chip de mil créditos a la mesa: su apuesta. Dannen parpadeó ante el chip; si lo hubiera sabido, habría sido un poco más firme. Realmente no quería hacerlo, pero ya era demasiado tarde.
Bueno, al menos conseguiría arreglar su nave.
-¿Estás listo, Lifehold-señor?
-Sí -respondió Dannen, deseoso de acabar de una vez.
-Entonces comienza, y yo te seguiré.
Dannen tomó un sorbo experimental y lo saboreó a fondo. Ningún regusto extraño, ningún rastro de nada inusual, ningún olor antinatural... probablemente seguro. Haciendo trabajar la garganta, vació el vaso de un largo trago y lo dejó sobre la mesa. El rival se quedó boquiabierto, luego miró a su vaso. Poco a poco, lo levantó, y, como indicaban las reglas del concurso, bebió de la misma manera.
Cinco tazas más tarde, el retador se tambaleó por un momento, murmuró algo, y luego cayó al suelo con gran estrépito. Los tres silika restantes miraron con asombro a Dannen mientras este recogía el chip.
-Eres un verdadero campeón, Lifehold-señor -dijo el del centro-. No me extraña que vencieras a Attapi.
Dannen hizo una ligera reverencia.
-Mis felicitaciones a su amigo. Es un ser valiente, aunque un poco temerario.
Con un pequeño saludo, llevándose unos dedos a la cabeza, se volvió y se fue.
Al salir al aire fresco, de camino hacia el almacén, Dannen pensó en esa reputación que estaba adquiriendo. Si no se hubiera entrado al concurso con Attapi, alguien más lo habría hecho, por supuesto. Casi cualquier otro ser le habría vencido... él simplemente había sido el elegido. No es que hubiera demasiadas criaturas a las que les afectase el agua mineral, y con su base fisiológica de silicio, los silika se veían influenciados por ella mucho más rápido. Que tuvieran que desafiar a un ser humano en primer lugar no tenía sentido, pero quizás fue simplemente mala suerte. Era como retar a un wookie a un concurso de trepar árboles.
Un par de kilómetros más adelante, Dannen llegó al almacén. Se había acostumbrado a la manera extraña que tenía Linkaas de manejar las cosas; los almacenes sin trabajadores eran la norma. Dohu era sólo un lugar de paso de la carga, y Dannen era simplemente el siguiente que debía transportarla.
-Chico, me alegro de que este sea el último -murmuró para sí mismo-. No me gusta la forma en que esa planta hace negocios.
Tecleando su código de entrada en la cerradura, entró dentro, abriéndose camino hasta el área de almacenamiento. Al doblar una esquina, se encontró con la carga: 12 cajas, cada una de unos seis metros cúbicos. Una hilera de elevadores de carga se encontraba contra la pared. Conociendo a Linkaas, estarían cargados y listos para usar.
Dannen se dirigió hacia los elevadores. Al doblar la esquina, sintió un cosquilleo en la nuca. Instintivamente rodó hacia delante, justo a tiempo para evitar el disparo bláster que quemó el suelo justo donde había estado de pie. Dannen se agachó detrás de las cajas y sacó su propio bláster de la pistolera. Rápidamente disparó dos tiros, luego se agachó detrás de la cobertura.
Genial, justo lo que necesitaba.
De repente, algo le atacó por detrás y rodeó con fuerza su cuerpo, sujetando sus brazos. Segundos más tarde, sintió un pequeño pinchazo en el cuello, y fue levantado del suelo y amordazado con una cuerda de tacto similar. Se encontró mirando a dos seres de piel roja y cuerpos musculosos. Había algo familiar en ellos...
Todavía estaba pensando en ello cuando la oscuridad se lo llevó.

***

Cuando volvió en sí, estaba suspendido en el aire. Al girar su cuerpo un poco, descubrió que estaba colgado de una viga en el techo. Más cordones mantenían atadas sus muñecas, y la cuerda alrededor de su cuerpo estaba atada a la viga sobre él. Le habían vendado los ojos, pero podía oír a los ladrones bajo él mientras sacaban las cajas del almacén y las metían en algún tipo de vehículo. Poco a poco, para no despertar la atención, giró las muñecas para tratar de aflojar sus ataduras. No sirvió de nada... era casi como sus manos estuvieran sumergidas en plastiacero.
La sensación de déjà vu volvió, más fuerte esta vez. Plastiacero... algo sobre ataduras que parecían plastiacero...
Sus reflexiones fueron interrumpidas cuando oyó una voz por debajo de él.
-¿Qué hacemos con él?
-Recuerda lo que dijo el jefe –respondió una segunda voz-. Lo matamos, y lo dejamos aquí.
He escuchado esas voces antes, pero ¿dónde? pensó.
-¿Qué hay de su nave? –dijo Primera Voz.
-La dejamos por ahora, y la recogemos más tarde.
-Está bien -dijo Primera Voz.
Dannen oyó el crujido de un bláster al desenfundarse, y se preparó. Estoy de camino, Feq. Más pronto de lo que pensaba, pero allá voy.
Cuando sonó el disparo, se oyó un grito desde abajo, y varios gritos de guerra en la dirección de la puerta. Luego se oyó una gran cantidad de disparos, y un montón de gritos.
-¡Salgamos de aquí! –dijo Segunda Voz-. ¡Son demasiados!
Dannen oyó el sonido del transporte de carga alejándose. A continuación, unos momentos después, sintió unas manos que lo bajaban suavemente hasta el suelo. Un vibro-cuchillo cortó sus ataduras, y retiraron la venda de sus ojos. Parpadeando ante la luz brillante, Dannen contempló a...
-¿Kenta Anwa?
El silika negó con la cabeza.
No, Lifehold-señor, soy Klin, hermano y compañero de Kenta. ¿Estás herido?
Dannen se puso de pie, haciendo una mueca por el dolor de sus músculos.
-Dolorido, pero sobreviviré. –Pasó la mirada de silika a otro-. ¿Cómo me habéis encontrado?
-El ego de mi hermano se llevó lo mejor de él -dijo Klin-. Quería demostrar que se había reunido contigo y que había competido contra ti, pero se olvidó de llevar su holo-cámara. Cuando se despertó, él exigió que tomara su cámara y te encontrase. Seguimos tu olor hasta aquí, y nos encontramos con los bandidos. -Su rostro rocoso parecía triste-. No pudimos evitar que escapasen.
-Pero sí evitasteis que me matasen -dijo Dannen mientras se estiraba-. Gracias. Os debo una.
Klin negó con la cabeza.
-No nos debes nada, Lifehold-señor. Estamos contentos de ayudar. Pero, nos gustaría pedirte un favor.
-Lo que sea.
Klin metió la mano en su mochila y sacó una holo-cámara.

***

Dannen se dirigió hacia la bahía de atraque. Había estado caminando y pensando durante la última hora, tratando de decidir qué hacer. Su carga había sido robada, no iba a ser capaz de hacer el último pago de su nave, y su elevador de repulsión de estribor estaba casi inutilizado. Y, para colmo, los bandidos habían tomado incluso sus ganancias del Concurso.
Al entrar en su bahía, su desesperación creció. Entonces, ¿qué hacer?
¿Ir a decirle a Linkaas la verdad? Claro, como si se la fuera a creer. Y Linkaas no tendría en cuenta el testimonio de los silika.
¿Huir? Sí, pero ¿a dónde? Y él pasaría el resto de su vida con los secuaces de Linkaas tras él. Definitivamente no era el camino para una larga vida.
Dannen se detuvo en seco en medio de la bahía. Secuaces... Espera un momento...
-¡Eso es! –gritó-. Ese horrible y podrido hijo de...
Su grito asustó a algo debajo de su nave. En un instante, tenía su bláster en la mano y apuntando al intruso.
-¡Sal de ahí! –exclamó-. ¡No estoy de humor para juegos!
La intrusa salió lentamente de debajo de la nave. Medía cerca de metro y medio de altura, con pelo castaño claro y ojos azules. Su rostro y su cuerpo eran de naturaleza muy felina, bigotes incluidos. Llevaba una camisa raída y unos pantalones rotos. Un cinturón de herramientas colgaba de su cintura. Descalza y con la cola encogida, aunque Dannen no podía decir si era de miedo, ira o temor.
Dannen se acercó a ella lentamente.
-¿Qué estabas haciendo ahí abajo?
Ella lo miró con los ojos muy abiertos.
-Nave rota. Yo mejoro.
-¿Eres un mecánico?
-¿Mecánico? -preguntó ella, tropezando con la lengua en lo que obviamente era una palabra desconocida.
Dannen lo intentó de nuevo.
-¿Arreglas cosas?
Sus ojos se iluminaron.
-¡Sí! ¡Yo arreglo tu nave!
Dannen bajó la pistola.
-¿Quién te dijo que mi nave necesita reparaciones?
-Vi nave aterrizar. Sabía que estaba rota. Vine a arreglar.
-Espera un minuto, ¿entraste aquí sin más y empezaste a trabajar?
-No, salté muro -dijo, señalando al muro-. ¿Nave es tuya?
-Sí, lo es.
Ella sonrió, mostrando unos incisivos como agujas.
-Muy bonita.
¿El Salvavidas? ¿Una nave bonita? Eso es nuevo. Dannen le devolvió la sonrisa.
-¿Cómo te llamas?
Ella dijo algo demasiado rápido y demasiado complicado para poder entenderlo.
-Persona con quien viajé una vez me llamaba Purr. Me gustaba eso.
-Está bien, Purr entonces. ¿Me podrías mostrar lo que has arreglado?
Ella lo condujo por debajo de la nave hasta el elevador de repulsión de estribor. Retirando un panel, se hizo a un lado para que él pudiera mirar. Dannen miró, y se quedó sin aliento: piezas y cables que nunca había visto antes estaban conectados juntos en una maraña que parecían fideos Dacho poco hechos.
-¡Oh, no! ¿Qué has hecho? -gimió con desesperación.
-Arreglarlo -dijo Purr.
-Tienes que estar bromeando. ¡Nunca funcionará de esta manera!
-Sí, funciona ahora. ¡Pruébalo!
Su confianza era real, pero el aspecto que tenía...
-¿Estás segura?
-Funciona ahora. ¡Prometo!
Dannen echó otro vistazo, y luego suspiró.
-Está bien, pero si la nave se estrella y me mato, no volveré a hablar contigo nunca más.
-¡No! –gritó Purr, rodeándolo con sus brazos. ¡No! ¡No estrellar! ¡No estrellar!
-Tranquila, Purr -dijo Dannen, sorprendido-. Era sólo una broma.
Purr hundió la cara en el pecho de Dannen.
-Nunca bromees sobre muerte. ¡Nunca!
-Está bien, está bien, lo siento. Nunca volveré a hacerlo, lo prometo.
Ella levantó la mirada hacia él.
-¿Prometes?
-Lo prometo. Ahora, suéltame, y probaré tu reparación.
Levantó la vista hacia su rostro.
-¿Reparación?
-No importa.
Purr lo soltó, y juntos se dirigieron al puente. Dannen se sentó y Purr se deslizó en la silla del copiloto. Después de recibir la autorización para despegar, Dannen alimentó lentamente potencia a los elevadores de repulsión, comprobando la luz de advertencia cada pocos segundos.
El Salvavidas se levantó lentamente del suelo. El elevador de repulsión de estribor soportaba su parte de la carga sin indicios de pérdida de potencia. Dannen puso la nave a plena potencia, y el Salvavidas se elevó majestuosamente hacia el cielo.
-No puedo creerlo -dijo con admiración.
-Te dije estaba arreglado -dijo Purr con una sonrisa.
-Desde luego que sí. Que me aspen, funciona. -Entonces lo recordó-. Purr, no puedo pagarte. Me robaron, ¿sabes?, y...
Purr levantó una pata y le hizo callar.
-No quiero dinero. Pero... ¿algo para comer? ¿Y un lugar caliente para dormir?
Dannen sonrió, y la llevó a la cocina. Se dio cuenta de que ella manejaba el AutoChef con la facilidad que da la práctica. Después la condujo a una habitación libre, llevó la nave al hiperespacio, y luego se fue a su propia habitación.
Tenía mucho en qué pensar.

***

A unos tres diámetros planetarios de distancia de Evas, Dannen hizo una llamada a Linkaas por el comunicador subespacial. Linkaas respondió de inmediato.
-Dannen, hijo mío, me alegro de tener noticias tuyas -dijo, con evidente sorpresa en su voz.
-Ahórrate eso, Linkaas -interrumpió Dannen-. No planeabas volver a verme nunca más, y lo sabes.
-¿Qué quieres decir, hijo mío?
-Tenías a tus chicos Chokk y Bakk esperándome en Skagras, Linkaas. Me tendieron una emboscada y casi me matan. Les vi.
Linkaas hizo todo lo posible por sonar ofendido. No lo logró.
-Incluso aunque ellos estuvieran allí, ¿cómo puedes decir que los envié para matarte? Eres uno de mis mejores mensajeros.
Dannen sonrió con tristeza al receptor de vídeo.
-Porque fueron lo bastante estúpidos como para usar pistolas de cuerda, por eso. Todavía están en desarrollo. Las probé yo mismo, y sé el tacto que tiene el cordón. Por eso lo sé, maleza pliith con sangre de savia. Intentaste hacer que me matasen, y que pareciera un robo.
Por un momento, las frondas de Linkaas se pusieron moradas de rabia.
-Esos torpes incompetentes... vaya, Dannen, no sé de qué me estás hablando. Esas pistolas de cuerda deben de haber sido robadas.
-No cuela, Linkaas. Lo he descubierto todo, ya ves. Creo que querías robar el Salvavidas. Ya casi lo había terminado de pagar, por lo que ya no tendría que trabajar más para ti. Así que haces que me maten, y luego se lo vendes a algún otro pobre tonto. -Dannen sonrió-. Además, tendrías el cargamento para vender, sin tener que pagar por su transporte. Bonito plan. Te doy un sobresaliente por el esfuerzo. Pero no era lo bastante bueno.
Linkaas respondió a la sonrisa de Dannen con la suya propia.
-No puedes probar nada de eso, y lo sabes. Simplemente sería la palabra de un contrabandista contra la palabra de un presidente de corporación. No tendrías ninguna oportunidad.
La sonrisa de Dannen se tensó.
-Ponme a prueba.
-Podría hacerlo. De todos modos, todavía me debes tu último pago, además del coste del cargamento que has perdido...
-¡Tú lo robaste! –tronó Dannen.
-Demuéstralo. A lo que iba, ahora me debes 25.334 créditos, pagaderos cuando lo demande. Y lo demando ahora.
Dannen se echó hacia atrás, aturdido.
-Espero que alguien envenene tu abono.
Justo en ese momento, Purr se asomó a la pantalla de comunicaciones.
-¡Es una planta! -exclamó con asombro.
-¡Purr, fuera! –dijo Dannen, apartándola de un empujón.
-Vaya, Dannen, ¿quién es tu amiga? –preguntó Linkaas, olvidando momentáneamente su ira.
-Ah, nadie -dijo Dannen.
-Tonterías, muchacho; déjame verla.
Purr se apoyó en el receptor de nuevo. Linkaas examinó atentamente su imagen, y luego se echó a reír.
-¿Sabes lo que tienes ahí, hijo mío? Es una tinnell.
Dannen frunció el ceño.
-¿Una qué?
-Una tinnell Son terriblemente estúpidos para todo salvo para la tecnología; los mejores mecánicos de la galaxia. Los tinnell parecen tener una habilidad innata para arreglar las cosas. También son extremadamente escasos. ¿Donde la encontraste?
-No es asunto tuyo.
Linkaas miró pensativo a la pareja.
-¿Sabes, Dannen? Esto pone una nueva luz sobre las cosas. Te diré lo que voy a hacer; nos traes esa tinnell para que la estudiemos, y te perdonaré tu deuda. Será el dueño de la nave, libre de polvo y paja, y no tendrás que pagar por el cargamento.
-Olvídalo, Linkaas -gruñó Dannen-. Sé lo que quieres decir con “estudiar”. ¡Quieres diseccionarla!
-Por supuesto que no. Tengo que averiguar si su genio técnico puede ser duplicado. Ella trabajará para mí durante el día, y yo la... estudiaré por la noche.
-Nada de eso. No voy a dejar esclavices a un ser vivo. Y no voy a pagar por ese cargamento, ni por el último pago de la nave.
-Lamento que te sientas así, hijo mío -dijo Linkaas-. Pero no tienes otra elección. Tendré mi dinero, o la tinnell. Y me entregaras lo que sea ahora mismo.
-¿Dannen? –dijo Purr, dándole golpecitos en el hombro.
Dannen no le hizo caso.
-Sigue soñando, Linkaas. Ha estado tomando tus propias especias.
-¿Dannen? –dijo Purr de nuevo.
-¿Qué? -espetó, irritado.
-¿Qué es eso? -dijo, señalando por la ventana. Él siguió su pata, y vio cuatro pequeños cazas que se acercaban hacia ellos desde el planeta.
-Oh, no -se quejó Dannen-. Debí de haberlo sabido. Salgamos de aquí, Purr. ¡Agárrate!
-¿Sabido qué?
-Me ha estado manteniendo ocupado en la línea de comunicación el tiempo suficiente para enviar a algunos amigos.
Purr miró a las naves.
-¿Quieres decir esos son amigos tuyos? Tal vez ellos nos ayuden.
-No amigos nuestros, Purr, amigos suyos. Él esperaba que no me diera cuenta. -Con un movimiento practicado, pulsó un interruptor, subiendo los escudos, y encendiendo los motores a plena potencia. El Salvavidas salió disparado hacia adelante como un gato escaldado, esquivando el fuego bláster de los cazas, y desviándose lejos del planeta.
Dannen sonrió por la ventana, a los cazas que se acercaban disparados.
-Está bien, capullos, bailemos.
-¿Bailar?
-No importa. -Alzó la mano y activó el ordenador de navegación, y realizó un giro cerrado que le quitó por un momento el primer caza de la cola. Ahora, ¿dónde podemos ir por un tiempo?
Purr pensó.
-No sé.
-No pasa nada, yo tampoco lo sé.
Comenzó a hacer zigzaguear la nave para suponer un blanco más difícil, agitándola en direcciones aleatorias. Luego, con una sonrisa, pulsó algunos botones e introdujo información en el ordenador de navegación.
-¿Dónde vamos? –preguntó Purr.
-A Alderaan –contestó-. ¿Has estado alguna vez allí?
Purr pensó. Era todo un esfuerzo.
-No lo creo.
-Conozco a algunas personas allí. Son gente muy amable, muy pacíficos. -En ese momento, un disparo perdido golpeó los escudos, haciendo que Dannen hiciera una mueca-. Y un poco de paz es algo que nos vendría bien. No te preocupes, te gustará.
-¿Prometes?
Dannen sonrió.
-Lo prometo.
Una luz verde empezó a parpadear en el panel. Purr se inclinó sobre el panel y señaló a la luz.
-¿Qué es eso que parpadea?
-Significa que nos vamos -respondió él, tirando de las palancas.
El Salvavidas saltó al hiperespacio, justo cuando los cazas activaban sus blásters. El piloto del caza de cabeza activó el interruptor de su comunicador.
-CL-1 a base -dijo.
-Adelante, CL-1.
-Han escapado, señor.
-Sí, lo sé -la voz de Linkaas retumbó a través del altavoz-. No habéis sido lo bastante rápidos. Pero no importa, muy pronto tendré a Lifehold, su tinnell y su nave. -Linkaas hizo una pausa-. Oh, y, ¿capitán? Estáis todos despedidos.
Hubo cuatro breves llamaradas cuando las naves se autodestruyeron. Pronto no quedaron pruebas de que jamás hubieran existido.

***

Cuando las estrellas se convirtieron en líneas alargadas y el hiperimpulsor de la nave se hizo cargo, Dannen se relajó.
-Está bien, ahora estamos a salvo.
Purr le miró.
-¿Por qué me quería esa planta?
Dannen consideró la respuesta. Si le decía la verdad, probablemente quedaría confusa. Era mejor hacerlo sencillo.
-Él te quiere matar.
Sus ojos se abrieron de terror.
-¿Por qué?
-Porque eres especial. Y porque sabe que eso me haría daño.
Purr le miró.
-No dejes que me atrape, ¿vale?
Dannen sonrió y la tomó en sus brazos.
-No, Purr, no dejaré que te atrape. Te lo prometo. -Le rascó la cabeza; durante el viaje desde Dohu, había descubierto que eso le gustaba-. Venga, vamos a descansar un poco. Tenemos un largo viaje por delante.