Mostrando entradas con la etiqueta Emanaciones de oscuridad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Emanaciones de oscuridad. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de septiembre de 2013

Emanaciones de oscuridad (y II)


La lluvia y las lágrimas habían dejado de caer. Fable sintió el aire fresco soplando suavemente sobre sus mejillas, aire fresco reciclado. Abrió los ojos y respiró profundamente. Le dolía el pecho y los pulmones oprimidos, pero encontró ninguna otra dificultad. Entonces, recordando su caída desde el acantilado rocoso, su pierna destrozada y la pérdida de sensibilidad por debajo de sus caderas, ella se incorporó de golpe, pasando sus manos por la parte inferior del cuerpo. Aparte de unos pocos rasguños y una extraña sensación de hormigueo en los dedos del pie, estaba completa. Echando un vistazo a su alrededor, no vio más que sombras.
-¿Dónde...? ¿Jaalib?
Una sombra se movió desde la esquina opuesta de la habitación, emergiendo de la oscuridad. Se arrodilló a su lado y le tomó la mano, sosteniéndola contra su fría mejilla. Al observar que él tenía esposas sujetando sus muñecas, Fable dejó caer las piernas fuera de la cama y lo miró fijamente.
-¿Dónde estamos?
-Solsticio V, en el sistema Al-ghenis, creo.
-Esa es mi base. -Miró las cadenas que ataban sus muñecas-. ¿Dejaste que ellos... dejaste que la Alianza te capturase?
-Y sólo a mí. -Se echó a reír, mirándola-. Vaya premio para ellos: capturar un Jedi oscuro. Casi se diría que habían capturado al mismísimo Emperador. -Su sonrisa se desvaneció al mirar los grilletes de crudo metal-. Esto es sólo por apariencia, una pieza de atrezo para que tus compañeros se sientan cómodos. Quitármelos sería una demostración de fuerza demasiado grande y podría causar tensión indebida... para tus amigos... y me imagino que también para mí. -Se echó a reír como si hubiera contado la frase final de un chiste.
-¿Demostración de fuerza? -se burló, tomándolo con firmeza por la barbilla y mirándole fijamente a los ojos-. Creo que la verdadera demostración de fuerza ya llegó y pasó, allí en la base de esos acantilados en Redcap. -Fable hizo una pausa, reviviendo esos momentos justo después de su caída-. Ahora mismo yo debería estar muerta, pasto de los dianogas. Pero, ¿cómo...?
Aún de rodillas a su lado, Jaalib apoyó la barbilla en su muslo y le acarició la pierna cariñosamente.
-Mis mentores imperiales murmuraban acerca de poderes legendarios que la Fuerza podría generar. El Emperador autorizó numerosos experimentos para resucitar a los muertos o casi muertos, todos con resultados desastrosos. A menudo despreciaba esa capacidad como si sólo fuera un mito, hasta entonces... cuando te vi... muriéndote.
-¿Es un talento lado oscuro?
Jaalib rió.
-El auténtico talento, Fable, es la capacidad de aprovechar la Fuerza, de controlar los vibrantes canales de energía a tu alrededor. ¿Bien y mal? ¿Luz y oscuridad? Eso no son más que formas de cuantificar en qué medida se utiliza ese poder. –Ella enfocó los ojos intensamente en él, penetrándole-. Tu curiosidad es refrescante, pero también podría ser algo peligroso, Fable.
-Entonces satisface esa curiosidad, Jaalib. Dime, ¿cómo es... el lado oscuro?
Él inclinó la cabeza, con una tristeza tangible apoderándose de él, cayendo pesadamente sobre sus hombros.
-Es un vacío... un vasto e infinito vacío de silencio. Un terrible silencio absoluto en cuya inmensidad son devorados incluso los sonidos más habituales y los ecos. Y una vez allí... estás tan solo. -Temblaba visiblemente-. Una vez odié a los Jedi oscuros, igual que tú. Pero desde que me he convertido en uno de ellos, he aprendido a tenerles lástima... a tener lástima de mí mismo.
-¿Lástima? ¿Lástima por asesinos, carniceros, animales...?
-Animales dirigidos, Fable: animales impulsados y arrastrados a la locura y el caos para escapar El lado oscuro es la esencia de la desesperación, un lugar para ir más allá de este mundo de sufrimiento y vileza. Una vez allí, es tan fácil pensar, estar libre de emociones, apegos. Pero pronto –suspiró-, pronto aprendemos que eso es una terrible ilusión significado que pretende atraernos a la misma locura de la que intentábamos escapar en el primer lugar.
Jaalib le tomó la mano, masajeando sus dedos y acariciándole la palma.
-Justo cuando sentía que iba a entregarme totalmente a su poder... alguna visión o sonido familiar me traía de vuelta... la voz de mi madre, su tacto suave... un corazón latiendo débilmente, distante en la memoria. -Él la miró, con los ojos de nuevo vidriosos por la tristeza-. El latido de tu corazón, Fable. Aunque hemos estado separados estos largos años, nunca he podido separarme del todo de ti. Tú eras la única cosa que Tremayne no podía arrancar fuera de mi alma.
-¿Lord Tremayne, fue él tu mentor?
Jaalib asintió.
-El mayor y más odiado rival de mi padre. -Sonrió tristemente, apartándose un pelo de su frente lisa-. Y tú creías que mi padre podía ser cruel y despiadado. Cada onza del odio que Tremayne sentía por mi padre fue dirigida contra mí, física, emocional y mentalmente. Tuve que depender de esos recuerdos tuyos que aún conservaba para mantener mi cordura. Cuando caíste de ese precipicio -su voz se quebró en la garganta- y te vi allí tirada... rota y sangrando. Yo te conduje a eso. ¡Yo fui! Y el silencio estaba allí para ser testigo. Pensé que te había perdido. No podía soportarlo. Y ahora el círculo se ha completado.
Fable le miró a los ojos, pasándole las manos por la cara febril.
-¿Qué estás diciendo, Jaalib? No más adivinanzas, no más citas teatrales.
Se echó a reír, su cuerpo temblando junto al de ella.
-Soy un muerto que camina, amor mío; mi alma está condenada para siempre... pero era un precio pequeño que pagar. -La miró a los ojos-. En pocas palabras lo que estoy diciendo es que... mi pacto con el lado oscuro está completo. Tu vida me guardó de caer completamente bajo su poder. Y fue la pérdida de esa vida lo que me ha enviado en su abrazo. -Jaalib se apartó de ella, dando vueltas por la habitación-. Oh, Fable, ojalá nunca hubiera venido aquí; esto nunca habría pasado.
Aturdida por el sacrificio que había hecho por ella, por segunda vez, Fable susurró:
-¿Por qué viniste?
-Porque sabía que estarías aquí, defendiendo a los rehenes. Esperaba contra toda esperanza que podría verte. Quizás convencerte para unirte a mí. El Imperio está en ruinas ahora que el Emperador está muerto. Desde Garos IV hasta Socorro, los cimientos del régimen de Palpatine se desmorona n convirtiéndose en polvo, mientras los caudillos y piratas codiciosos se alimentan del esqueleto moribundo. Mi padre y yo también nos alimentaremos, forjando nuestro propio Imperio.
-¿Por el poder? –dijo desafiante.
-Por la paz... nuestra propia paz, Fable. Trulalis, nuestro planeta natal, lo haremos vivir de nuevo. Reviviremos su antigua gloria y la convertiremos de nuevo en la capital de las artes y el teatro, a salvo de las manos indiscretas de los belicistas y los políticos. Artistas y actores tendrán la libertad para interpretar cualquier obra que deseen, cantar cualquier canción, sin temor a represalias de un gobierno tiránico.
-Entonces iré contigo, y compartiré el precio que pagas.
Jaalib se quedó inmóvil en su sitio, mirándola.
-¿Es que no has oído nada? El lado oscuro es un amo exigente. La Fuerza deriva su poder de la vida, de la esencia de todos los seres vivos. El lado oscuro es todo lo contrario, Fable. No hay vida, no hay aliento... sólo emanaciones de oscuridad, ficciones y sombras de lo que la vida debería ser; una burla. Ves caras familiares, amigos, experimentas sensaciones, pero no son reales.
-Pero yo soy real, Jaalib. Conozco los caminos del lado oscuro mejor que la mayoría. No tan bien como tú... pero los conozco. ¡Y yo soy real! -Ella tomó su mano y la puso sobre su corazón, comprendiendo sólo en ese momento lo que su madre le había dicho-. La pertenencia y la aceptación residen dónde esté tu corazón; y es en tu corazón donde debes estar. No soy ninguna emanación de oscuridad, ni ninguna sombra, Jaalib.
-¿Qué dirá la Alianza?
-Nada. Me intercambiaré a mí misma por los rehenes garosianos. De todos modos, estoy segura de que ese moff imperial que mencionaste preferirá tener a la capitana de un equipo de operaciones especiales de la Alianza en lugar de un grupo de civiles.
-Los rehenes ya están con los dirigentes de la Alianza.
-¿Tú los entregaste? ¿Sabiendo que la Alianza podría retenerte, sin negociación?
-Nada podría haberme impedido estar contigo -sonrió tímidamente.
Fable saltó de la camilla médica, rozando a Jaalib en su camino hacia el ordenador del laboratorio médico. En cuestión de segundos, abrió la consola, con los cables y las líneas de comunicación organizados entre los dedos. Trabajó con presteza y deliberación.
-¿Qué estás haciendo? -preguntó Jaalib, vigilando con ansiedad la puerta.
-Llamar a un viejo amigo. Voy a sacarte de esta base.
-¿Es eso prudente?
-Yo soy la líder del equipo de infiltración Harrier; todo es posible, especialmente en las narices de nuestra propia gente.
Jaalib frunció el ceño.
-No he dicho que no pudieras hacerlo. He visto de sobra los resultados de tu tenacidad; he preguntado si era prudente. ¿En serio traicionarías a esta gente por mí?
-¿No traicionaste tú a tu padre por mí? -respondió ella, sin levantar la vista de su tarea-. Te costó tu libertad, y algo más. Te lo debo.
-Si sólo lo haces por saldar la deuda, yo preferiría...
-Mira -dijo Fable, gruñendo cuando una chispa saltó desde el cable y le quemó los dedos-. Me salvaste la vida, Jaalib. –Le miró por encima del hombro, y añadió-: Me has salvado por segunda vez. Te lo debo. Además, cuando me salvaste la vida esta vez, compraste el paquete completo. Voy contigo.
-Fable...
Ella le hizo un simple gesto con la mano para hacerle callar mientras seguía trabajando sobre la red de cables improvisada.
-Deke, responde, Deke.
-Capitana -exclamó una voz excitada por el comunicador cargado de estática-. Por fin estás despierta. Bajaré ahora mismo.
-No, Deke, necesito que te quedes ahí y me esperes. Enciende los motores principales del Pródigo. Nos vamos.
-¿Estás segura? Te llevaste un duro golpe esta vez, capitana. No hay necesidad de precipitarse a otra misión, sobre todo porque tu amigo Jedi está en la base. Esperemos hasta que el almirante Pardis disponga de Brandl, y entonces podemos despegar a nuestra próxima aventura.
Fable inclinó la cabeza, ahogando una risa cuando Jaalib rió en voz baja ante el comentario.
-No puedo dejar que eso suceda, Deke. Yo... –balbuceó-, se lo debo.
-Oh -fue la sorprendida respuesta-. ¿Él está ahí, no es así? -Una serie de maldiciones socorranas siguió a continuación, traduciéndose sobre las frecuencias cuando el socorrano se dio cuenta de su error. Después de farfullar un momento, su voz ronca se suavizó-. ¿Qué necesitas que haga?
-Prepara la nave...
De repente, sonó una alarma dentro de la guarnición rebelde, ahogando temporalmente la voz de Fable.
-¿Deke?
-Un momento... -Juró otra maldición vehemente-. He estado leyendo códigos cifrados imperiales tanto tiempo que es difícil volver a leer los códigos rebeldes. No sabría decir qué es lo que tiene inquietos a los nativos, capitana. Algo está pasando. Sea lo que sea... puede ser un buen momento para una distracción. Tendré la nave preparada y lista para cuando lleguéis aquí.
-Estamos en camino, Deke.
-Capitana, han colocado guardias. Ten cuidado. Si tienes que ocuparte de ellos, ten cuidado. Deke, fuera.
-Guardias. -Se volvió hacia Jaalib, con el corazón acelerado al ritmo de la sirena de alarma-. No quiero que nadie muera.
-Como desees. –Señaló con la cabeza a la entrada cuando la puerta blindada se abrió y dos guardias rebeldes de apariencia juvenil entraron en la habitación. Armas en mano, los centinelas alzaron sus rifles, y luego hicieron una pausa al ver a Jaalib. Brandl simplemente apretó los dedos, con su mano temblando ligeramente, y los dos guardias cayeron inmóviles al suelo.
-¿Dormidos? -preguntó Fable, comprobando en primer lugar el pulso de los dos hombres.
-Si quieres llamarlo así. -Jaalib pasó por encima de ellos, viendo sus posesiones personales en una taquilla en la pared al otro lado del pasillo-. Se despertarán con tan sólo un dolor de cabeza. -Miró cuidadosamente fuera en el pasillo.
-¿Qué pasa con eso? -preguntó Fable, mientras tomaba el bláster y la funda de uno de los guardias. Estaba mirando a los grilletes.
-Déjalos para guardar las apariencias -sugirió Jaalib-. Si nos pillan, habrá menos explicaciones que dar.
Ambos entraron en el pasillo poco iluminado, repleto de rojas pantallas de alarma.
Esquivando patrullas de seguridad a intervalos regulares, Fable condujo a Jaalib a través de los entresijos de la base rebelde. La mayoría del personal estaba dentro o se dirigía hacia las bahías de aterrizaje para ayudar con la salida de pilotos y naves. Haciendo una pausa detrás de un camión repulsoelevador de alimentos y suministros, escuchó cómo el conductor mencionaba la llegada de cuatro destructores imperiales dentro de la órbita del planeta. Al volverse hacia Jaalib, se encontró al Jedi perdido en un profundo estado de trance, con el rostro en paz. Abrió los ojos ante su toque, y su aspecto de grave preocupación confirmó todas sus sospechas.
-¿Tu padre?
-Él siente que estoy aquí. Ofrecerá condiciones para mi liberación, pero sólo una vez. Luego...
Inclinó la cabeza con un suspiro, y luego miró a su alrededor.
-He visto las fuerzas que tenéis aquí, Fable. Esta base y sus recursos no eran rival suficiente sólo contra mi destructor de mando y su nave hermana. Ahora habrá cuatro. Mi padre no será tan complaciente. Será una masacre... y nosotros estaremos en medio.
Fable sintió que su corazón latía con fuerza en el interior de su garganta, y se apretó el pecho en un intento de contenerlo. Un chasquido extraño resonó a través de la bahía de atraque, un sonido familiar de motores quemando escombros. Era el sonido distintivo de la arena, específicamente arena socorrana, alimentándose en unos motores repulsoelevadores. Las propiedades químicas únicas de la arena causaban un extraño chasqueo resonante que era muy popular entre los pilotos de aerodeslizadores y corredores de motos barredoras en Socorro, así como para un determinado miembro del equipo de infiltración Acosador, que guardaba un puñado de arena para casos de emergencia.
Activando el comunicador que había tomado de uno de los guardias, Fable cambió la frecuencia y abrió el canal.
-¿Deke?
-La cosa pinta mal, capitana -susurró Deke en el micrófono-. Los técnicos médicos han descubierto esos guardias inconscientes en tu habitación, así como que tú y tu compañero habéis desaparecido. Piensan que Brandl te tiene presa en alguna parte de la base. Todo el personal no asignado está recorriendo la base en vuestra búsqueda y tienen órdenes de disparar primero e interrogar al cadáver después.
-Se acabó el infiltrarse en tu propia base -dijo Jaalib con una chispa de humor. Se encogió de hombros y las cadenas cayeron de sus muñecas emitiendo un indiferente tintineo al caer al suelo.
-Bienvenido a mi mundo: Equipo de Infiltración Acosador... si la misión puede ir mal, irá mal. Así suele ser siempre. -Puso los ojos en blanco, exasperada-. Sólo hay una cosa que se pueda hacer.
Jaalib sonrió.
-Ahora empiezo a preocuparme.
Fable examinó la bahía de atraque, buscando entre las numerosas caras hasta que lo vio: el almirante Pardis. Vestido con un traje de vuelo y hablando desde la cabina de su caza ala-A, se dirigía a los pilotos rebeldes dispuestos a su alrededor. Cuando Fable caminó hacia él, su presencia trajo un silencio instantáneo a través de la bahía de atraque. Sólo el sonido de los cazas que despegaban resonaba en los confines cercanos.
-¡Alto el fuego! -gritó cuando cada bláster del hangar apuntó a Jaalib, que permanecía donde lo había dejado, junto a una abarrotada bahía de reparaciones.
-Almirante Pardis, no estoy presa, nunca lo he estado. -Fable se enfrentó a la mirada de Pardis con frialdad, casi desafiante. Piloto de combate legendario, Pardis era conocido por sus opiniones bruscas y sus comentarios excesivos. Como leyenda, imponía respeto, pero sus propios juicios eran reservados y distantes, a excepción de los soldados con más talento bajo su jerarquía de mando.
-Explícate, capitana Astin. Dos de mis hombres han sido encontrados inconscientes en tu habitación médica. ¿Eres tú la responsable?
-En parte, almirante. Lo estaba llevando de vuelta con su gente. Esos cuatro destructores que llegan son naves del Protectorado lideradas por el padre de Brandl, Lord Adalric Brandl. Sólo quieren una cosa: a él. Un hombre no vale la masacre que seguirá si tratamos de mantenerlo como nuestro prisionero.
-Almirante -dijo un técnico-, tenemos una transmisión entrante.
Haciendo caso omiso del técnico, Pardis dijo:
-Lo atrapamos. Nos lo quedamos. Además, las naves de refuerzo de Ackbar llegarán en menos de una hora para apoyarnos.
-En menos de una hora, el almirante Ackbar no tendrá que preocuparse por naves de apoyo. Lo único que tendrá que enviar es un equipo de recuperación... para recuperar los cadáveres.
-Capitana Astin...
-Almirante, la transmisión -dijo el técnico con urgencia.
Fable se mantuvo firme.
-Déjelo marchar, Almirante, salimos ganando mucho más...
-Ganando... ¿Ganando qué? ¡Otro Emperador! -Saltó del morro del caza, avanzando furiosamente hacia ella con fuego en sus ojos gris pizarra.
-Almirante, señor, con el debido respeto -susurró el técnico-, el Protectorado está tratando de iniciar contacto. Señor... –Quedó inmediatamente en silencio ante los gestos furiosos del almirante.
-Aunque la lucha todavía continúa por todos los rincones de la galaxia, almirante Pardis, la guerra ha terminado -dijo Fable-. El imperio ha caído y el Emperador está muerto. Se están alzando grupos militantes como el Protectorado, y podemos bien unirnos a ellos para traer la paz a la galaxia, o bien pasar la próxima década luchando contra ellos, destruyéndolos uno tras otro, mientras que dos más se alzan en su lugar. -Suspiró, apartando la mirada de él-. Igual que el Imperio nos perseguía a nosotros. Y como el Imperio, podemos seguir persiguiendo a estos grupos de renegados hasta que uno de ellos tome el impulso suficiente para acabar con nosotros. -Fable suspiró de nuevo y respiró hondo-. Sé cómo suena todo esto, señor, pero debe confiar en mi juicio. Lord Brandl y su padre rompieron los lazos con el Imperio, hace mucho tiempo, y han trabajado en contra del Imperio en cada momento. Ha leído mis informes. Nuestros equipos de inteligencia lo han confirmado.
-Pero el Protectorado también ha atacado a la Alianza, debilitando nuestras fuerzas.
-No más que esos piratas que nos encontramos en el sector Yavin semana pasada. Esta es nuestra oportunidad de dar el primer paso en lo que promete ser una poderosa alianza.
-¿Almirante Pardis? -La voz del técnico vaciló con varios niveles de terror-. Están cargando sus sistemas de armas...
-¿Y quién va a asegurarse de que siguen siendo aliados, capitana Astin? –preguntó Pardis-. ¿Se puede confiar en ellos? ¡Esas abominaciones! Son ke'dem, Fable, hombres condenados. Abominaciones de todo lo que los Jedi una vez consideraron sagrado. Debería poder reconocer...
-Señor, sus baterías de armas estarán en alcance medio dentro de...
-Yo me aseguraré de que su lealtad se mantenga firme -dijo Fable, con un suspiro tembloroso-. Me voy con él. Yo... -se armó de valor- lo amo.
La reacción a su declaración fue instantánea y se extendió a través del hangar. El rostro de Pardis palideció mientras daba un paso atrás. Esperando a que se acallasen los murmullos, se volvió hacia Jaalib.
-¿Y tú? –gruñó-. ¿Qué tienes que decir?
Jaalib mantuvo los ojos bajos, una leve sonrisa asomando en sus labios. Caminó hacia el almirante Pardis, tomando la mano de Fable en la suya.
-La voz de la conciencia del Protectorado ha hablado. Y ya que yo soy la conciencia del Protectorado, me aseguraré de que, de hoy en adelante, las naves del Protectorado ya no actúen contra las operaciones de la Alianza, y con el tiempo se unirán a las fuerzas de la Alianza para barrer lo que queda del Imperio, siempre que se obtenga provecho de ello. -Levantó la cabeza y sonrió para reprimir una protesta de Fable-. Hay un precio para la lealtad, querida Fable, y la mayoría de mis tropas son mercenarios. Ha sido mi ambición animarles con recompensas en lugar de con miedo. Siempre y cuando estén bien alimentados y felices, siguen siendo una fuerza formidable que hasta el Imperio tiene dificultades para eludir.
Una explosión hizo temblar el hangar subterráneo cuando una descarga laser estalló en el perímetro de la base. Jaalib sonrió, sacudiendo la cabeza.
-En todos los años, con toda su sabiduría, a mi padre todavía le falta una cosa que cualquier padre necesita: paciencia.
Irguiéndose, el almirante Pardis miró a Fable con sus intensos ojos grises.
-¿Estás segura de que estás haciendo lo correcto, capitana Astin?
Fable se alejó de él, acomodándose en la sombra de Jaalib, y asintió. Con confianza, sonrió a Jaalib y luego a Pardis.
-Lo estoy.
Pardis suspiró profundamente y le hizo señas al técnico de comunicaciones.
-Abra un canal. -El oficial técnico, con el sudor manando de sus sienes, abrió rápidamente el canal de la frecuencia principal de la guarnición.
-...guarnición, este es la nave Protectorado Uno del Protectorado, acompañada por destructores de apoyo. Tienen a uno de nuestros agentes de mando...
-Bane -susurró Jaalib, con voz grave en una frecuencia que ninguna máquina podía imitar.
Hubo una pausa en la transmisión.
-Jaalib... Lord Brandl, ¿está usted bien?
-Lo estoy. Regresaré en breve. Dile a mi padre que ya no es necesario el uso de la fuerza aquí, estas personas son ahora nuestros aliados.
-Entendido. ¿Debo enviar una nave?
-No es necesario, usaré la nave de la capitana Astin, el Pródigo.
-Informaré inmediatamente de su llegada a su padre. Werth fuera.
Jaalib se volvió hacia Pardis, con una sonrisa tímida asomando a sus labios.
-Ha hecho usted una buena elección, almirante, y un poderoso aliado en el Protectorado. Le tendió la mano en señal de amistad.
-Eso está por verse -respondió Pardis. Vacilante, tomó la mano de Jaalib y la sacudió con firmeza-. ¿Dónde y cuándo podremos enviar nuestros equipos de negociaciones?
-La capitana Astin se pondrá en contacto con los detalles. Mientras tanto, usted y los suyos nos encontrarán en el sistema Issor, en el planeta Trulalis, donde las fuerzas de la Alianza son bienvenidas. Venga a visitarnos, y mientras esté allí, tal vez pueda usted darse el placer de una buena obra de teatro y una cena.
-Tal vez. -Pardis miró a Fable, como implorándole que reconsiderase su decisión-. Salimos del estado de alerta. Jefe de cubierta, prepare la pista de tráfico más rápida para la partida del Pródigo. Tengo fe en ti, chica –le susurró a Fable al oído-. Siempre la tuve. Si alguien puede hacer este trabajo, eres tú. Cielos despejados.
Jaalib enderezó los hombros, caminando junto a Fable mientras se dirigían hacia el YT-1300 estacionado.
-Qué lentamente llega su confianza.
-Habéis hecho mucho daño, Jaalib. Daño que tardará un largo tiempo en repararse durante nuestras relaciones. -Hizo una pausa, mirando a su nave y al piloto que la esperaba en la rampa-. Por todas las lunas de Nar Shadaa.
-¿Qué pasa?
-Deke. Yo ni siquiera había pensado en Deke. –Con el corazón de nuevo golpeando en su garganta, Fable tragó saliva, pensativa-. El Pródigo, el equipo... es su vida. Esto va a ser más difícil de lo que imaginaba. -Se puso rígida cuando Jaalib le tomó la mano. Apretando sus confortantes dedos, se acercó a la rampa de la nave-. ¿Deke?
El socorrano frunció sus labios gruesos con aprensión, mirando sus botas.
-Lo escuché todo, capitana. No hay necesidad de explicar nada.
-Con respecto al Pródigo –dijo ella inclinando la cabeza-, siempre has sido...
-Yo fui un mercenario una vez -dijo Deke, mirando más allá de ella, a Jaalib-. Un miembro de los Bha'lir Negros. Soy bastante bueno olfateando emboscadas imperiales. Puedo burlar a algunos de sus pilotos... incluso a los especiales. Soy capaz de leer el código imperial como si fuera básico. A primera vista no parezco gran cosa, pero...
Jaalib le tendió la mano al socorrano, quien la aceptó sin dudarlo.
-Siempre hay un lugar para ti. Ahora démonos prisa, tenemos que reunirnos con un señor de la guerra. Y que iniciar un nuevo plan de acción.
Deke se cuadró.
-Suena como en los viejos tiempos. Bienvenida a bordo, capitana... y comandante. -Deke activó el cierre de la rampa del YT-1300 mientras Jaalib invitaba a Fable a subir primera al carguero.

***

A bordo del Protectorado I, el saludo fue diferente, pero no menos intimidante. Al detenerse en la parte superior de la rampa del Pródigo para echar un vistazo a la gran bahía de atraque, más de un millar de soldados acorazados blancos se pusieron en posición de firmes, con las armas preparadas a modo de saludo formal. No está mal para un grupo de mercenarios, pensó, mientras Jaalib la tomaba suavemente del brazo y la conducía, tan majestuosamente como a una reina, hasta en las filas de sus hombres. Los oficiales que se alineaban en el pasillo principal entre las tropas de asalto hicieron bruscas reverencias al acercarse, lo que obligó a Fable a enviar una perpleja mirada por encima del hombro hacia Deke, que caminaba detrás de ellos en un lugar de sumisión voluntaria.
A medio camino del desfile de uniformes, Bane les esperaba, arrodillado sobre una rodilla.
-Bienvenido a bordo, mi Señor. -Miró brevemente a Fable, con una expresión impasible en su rostro-. Bienvenida, mi Señora.
-Bienvenida a bordo, en efecto -dijo una voz familiar.
Fable luchó por reprimir el escalofrío que recorrió toda su columna vertebral cuando Adalric Brandl se acercó a ellos, vestido con su túnica negra sin pretensiones. Una menuda mujer joven, casi una niña, vestida con una lujosa túnica negra, le acompañaba permaneciendo a su lado, con su pelo negro azabache recogido en una sobria trenza que colgaba de sus hombros pálidos.
-Jaalib. -Adalric sonrió, y sus ojos se volvieron de su hijo a Fable. El lado izquierdo de su cara todavía estaba lleno de cicatrices, como Fable recordaba. Un recordatorio inquietante de un encuentro cercano con un detonador térmico, un encuentro que sólo un Jedi podría haber sobrevivido. Dañado por la explosión, el ojo izquierdo estaba amarillento y extraño, parecía tener una percepción extraña propia.
-Fable –saludó cálidamente Adalric con los brazos abiertos, invitándola a un abrazo-. Bienvenida a casa, hija.
Fable dio un paso adelante, y aunque rechazó inicialmente el frío abrazo, tomó la mano que Adalric le ofrecía y aceptó el beso que le dio en la mejilla. Mirando por encima del hombro a Jaalib, sintió los pulmones apretados como si les faltara aire. Sentía dolor en el pecho, igual que lo sentía después de su caída desde el acantilado en Redcap. Al notar la presión de la mano de Adalric en la suya, se preguntó qué tácita promesa había aceptado, un pacto que le dejaba asustada y casi incapaz de respirar.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Emanaciones de oscuridad (I)

Emanaciones de oscuridad
Patricia A. Jackson

Un chirrido agravado acompañó al silbido de un sello de despresurización conforme la rampa del Pródigo se separaba del casco del carguero. Una semana de arena y microdesechos contaminaba los servomotores externos, haciendo que la rampa de acceso principal se detuviera y reiniciase su marcha en buscos empujones. El desagradable chirrido creció en un crescendo de ruidos de raspado, no muy diferentes al de las virutas de metales afilados rozando contra metal. Deke Holman apretó los dientes, imaginando el daño que se estaba causando al funcionamiento interno del sistema de elevación de la rampa. Marcas de quemaduras del torpedo que había causado los daños al YT-1300 podían verse a lo largo de los paneles interiores y a lo largo de los bordes de la propia rampa. El socorrano sacudió la cabeza con tristeza, examinando los daños.
A su lado, la capitana Fable Astin quiso tranquilizar su acelerado corazón, purgando el acceso de miedo e ira que amenazaba con abrumar sus sentidos. Una espesa melena de pelo castaño rojizo como el fuego caía sobre los estrechos hombros de su chaqueta de vuelo, enmarcando su rostro pálido y preocupado. Ojos verdes miraban torturados bajo las sombras del flequillo castaño, mirando hacia la luz cegadora de la extensa bahía de atraque que se abría ante ellos. Alta y fuerte, comenzó a bajar por la rampa, incluso antes de que se hubiera desplegado completamente, y saltó a la cubierta. Los tacones de sus botas resonaron contra las planchas del suelo del hangar con autoridad poco común. Apenas conteniendo su furia, hizo un rápido examen de la bahía de atraque. A pesar de varios años como oficial de Inteligencia Rebelde, nunca había estado en el interior del hangar de un Destructor Estelar Imperial en funcionamiento.
-Tranquila, capitana -susurró Deke en socorrano-. Esta es una visita de cortesía, ¿recuerdas? Si nos ponemos desagradables con la gente de aquí, puede que nunca podamos recuperar a los rehenes. -Descendió a la cubierta a su lado, levantando las manos para demostrar su buena voluntad. Alrededor de ellos, armados con rifles bláster, no menos de un centenar de soldados de asalto apuntaban sus armas contra ellos, los dedos posados en los gatillos. Nervioso, Deke observó las manos de Fable. No era el bláster pesado que colgaba bajo en su muslo lo que le preocupaba, sino el objeto cilíndrico que colgaba de su cinturón pistolera. La líder de su equipo tenía un temperamento tan fogoso como sus cabellos rojos. Y en el calor del momento, era conocida por encender la palpitante vara blanca de la espada de luz, y dejar que la arcaica arma hablase en su lugar.
-¿Puedes creerlo? -susurró Fable, con respiración forzada-. El Imperio se está convirtiendo en polvo por todos los rincones de la galaxia, y nunca lo sabrías al mirar esto. -Miró la hilera de naves en buen estado de conservación: cazas, interceptores y vengadores TIE, incluso lanzaderas de asalto dispuestas en el hangar por encima de ellos.
Deke se rió de su desdén.
-Puede que parezcan imperiales, capitana, pero no lo son.
Su astuto piloto estaba en lo cierto. Fable sintió que un poco de su ira desaparecía, distraída como estaba por el peculiar tinte azul de las armaduras de los soldados de asalto. A pesar de que parecían ser los mismos relucientes trajes blancos sobre negro, había pequeñas imperfecciones... imperfecciones que sólo un comando entrenado como su equipo de infiltración Acosador podría distinguir. Incluso las armas estaban ligeramente modificadas, con las miras limadas o personalizadas.
-Mercenarios.
-Mercenarios bien entrenados -respondió Deke-. Y sin duda uno o dos contrabandistas entre ellos, corellianos, tal vez incluso algunos socorranos. En cualquier caso, definitivamente no son imperiales y... -se detuvo a media frase cuando un rifle bláster se elevó hasta su cara- definitivamente no son amistosos.
Una comitiva de soldados de asalto salió de la bahía interior, flanqueando a un hombre vestido con un uniforme negro que no tenía ninguna marca o insignia. Muy corto por encima de las orejas, su cabello era de un cetrino blanco platino. Sus ojos eran tan azules y tan pálidos que parecían translúcidos, ensombrecidos bajo la visera de su gorra de oficial. Una túnica pesada y oscura ondeaba sobre sus hombros mientras caminaba, otorgándole un aire de autoridad incuestionable, que incluso Fable se vio obligada a respetar.
-Déjenlos -dijo con una voz que era poco más que un susurro audible. A su silenciosa orden, el mar de cuerpos blindados se abrió ante él sin vacilación, dejando un círculo de espacio libre alrededor de Fable y su piloto-. ¿Es usted la capitana Fable Astin?
Fable dudó en responder, sintiendo el innegable poder de la Fuerza de él. Su rabia chocó momentánea contra un muro impenetrable de tinieblas y de sombras que envió temblores a lo largo de su columna vertebral y sus hombros, causando una sensación helada de dolor que rebotó a través de todos sus huesos.
-Soy yo -acertó a decir, recuperándose de la experiencia. Intercambiando con Deke una mirada de preocupación, vio al socorrano indicando con la cabeza que él también sentía el peligro inminente.
-Usted vendrá conmigo. -Sorprendentemente, la frase era una petición, y sin embargo Fable sintió una fuerza en sus palabras que la dejó preguntándose por su identidad-. Soy el teniente Bane Werth –respondió a su pregunta no formulada. Volviéndole la espalda con frialdad, miró a sus soldados al otro lado de la bahía-. Soy el segundo al mando de Lord Jaalib Brandl, el comandante de esta nave, el Protectorado I, y de los cazas que actualmente están borrando del espacio a sus amigos rebeldes. Si desea evitar más derramamiento de sangre, le sugiero que venga conmigo.
Con las fosas nasales dilatadas y las manos apretadas en puños, Fable dio un paso hacia él.
-Vamos, Deke, terminemos con esto.
Una fila de soldados de asalto se interpuso entre ella y el piloto socorrano, con las armas apuntando a la cara y la garganta de Deke.
-El Maestro pidió que viniera usted sola -le susurró Bane con una voz tranquila-. Su compañero no sufrirá ningún daño. –Se volvió para mirar a Fable con una sonrisa encantadora-. Siempre y cuando se porte bien. Por aquí. -Bane extendió su brazo, como en señal de bienvenida, indicando un camino flanqueado por un pasillo de mercenarios armados.
-Adelante, capitana -susurró Deke-. No es momento de tomarse las cosas a título personal. Recupera esos rehenes. -Le guiñó un ojo y sonrió-. No te preocupes. Estaré aquí cuando regreses. -El socorrano vio como su capitana y amiga seguía al oficial mercenario, y agregó-: Espero.
Werth permaneció en silencio durante su breve paseo hacia el área de la bahía interior. Ya estaban muy adentrados en la zona de operaciones del Destructor Imperial antes de que Fable se diera cuenta de que la escolta de soldados de asalto no los había seguido fuera del hangar.
-¿Es usted un Jedi? –preguntó Fable, aunque ya sabía la respuesta.
Werth se detuvo y se volvió hacia ella, con una especie de sonrisa tímida separando sus labios.
-¿Por qué lo pregunta?
Fable sintió la oportunidad para lanzar un insulto y la aprovechó.
-Porque Jaalib no sería tan estúpido como para dejarme a solas con un subordinado ordinario cualquiera.
-Bien dicho -se rió Werth, inclinando la cabeza hacia ella-. Jaalib mencionó que usted tenía una lengua afilada y un ingenio aún más agudo. Sé mucho sobre usted, capitana Astin. Mucho. Suficiente para respetarla completamente por sus talentos como soldado... y como Jedi. Pero no se deje engañar por las apariencias. Su seguridad aquí es a petición del Maestro, y nadie... nadie cuestiona las órdenes o los motivos de Lord Brandl. -Tecleó un código en un panel de acceso cercano y la puerta blindada se abrió haciéndose a un lado-. Por favor, él la espera en el interior. -Bane inclinó la cabeza, bajando sólo temporalmente la mirada en homenaje, mientras ella pasaba junto a él entrando en la habitación.
El área más allá del pasillo era una cámara decididamente fría y ambigua, llena de oscuridad y sombras que se movían con la lentitud y la gracia tangible de la niebla del crepúsculo. La única fuente de luz de la habitación provenía de una ventana, un portal de transpariacero que corría a lo largo de los veinte metros de la sala. Le proporcionaba una vista sin obstáculos de la cara fea y rubicunda del planeta Redcap, así como de la batalla que se libraba por encima de la lúgubre y gris atmósfera. Mientras miraba, con el corazón en la garganta, un vengador TIE de elite se enfrentaba a un caza ala-X. La nave imperial, más ágil y rápida, se ocupó rápidamente con el caza rebelde, haciendo que los motores del ala-X sufrieran una sobrecarga, y se apagasen. Conforme el fuselaje del caza se oscurecía y la nave comenzó a vagar a la deriva sin poder hacer nada, el vengador giró sobre su eje y se perdió de vista de pronto, regresando a la refriega.
-Les he ordenado inhabilitar, no matar -dijo una voz familiar desde la oscuridad-. Tengo algunos de los mejores pilotos de combate que el Imperio podía ofrecerme. Siempre y cuando no se sientan amenazados, las bajas en tus fuerzas rebeldes deberían ser mínimas, exceptuando naves y equipamiento, por supuesto.
Fable giró sobre sus talones para enfrentarse a la oscuridad, sin poder ver que se moviera nada o nadie. Cerró los ojos y se concentró, estirándose con sus sentidos amplificados por la Fuerza. Sus pensamientos inmediatos encontraron resistencia, una poderosa resistencia que repelió su sondeo con una facilidad desconcertante. Mientras trataba de fortalecer su sondeo mental, fue repelida físicamente, alzada casi a un metro de altura, y golpeada contra el ventanal. Jadeando, sacudió la nube de aturdimiento de su cabeza y se puso de pie, apoyándose contra el frío cristal del portal.
-¿Por qué haces esto, Jaalib?
-Porque parece que tu gente está siempre interponiéndose ante algo que quiero. Al igual que se interpuso él.
Desde la oscuridad, emergió una forma de tamaño humano, caminando con pasos vacilantes, inestables. Cuando la luz de la ventana proyectó un débil resplandor en el rostro angustiado, Fable reconoció a Rhob Hardnt, un miembro twi'lek de su equipo de infiltración. La sangre y la saliva se mezclaban en su barbilla, goteando de sus labios mientras se convulsionaba y caía al suelo a sus pies-. Tus espías son excelentes, Fable, bien entrenados y experimentados. Pero claro, yo no esperaría menos de ti. Me hizo falta casi una hora. Imagínatelo: una hora con tu compañero para descubrir cómo los rebeldes lograron conocer mis planes. Nunca imaginé que un twi'lek pudiera ser tan resistente.
Fable se mordió el labio y se contuvo, arrodillándose junto al twi'lek. Sintió un dolor en el pecho cuando sus temblorosos dedos no pudieron detectar señales de vida en el cuerpo inmóvil. Tocó la cara del twi'lek. Su piel estaba mortalmente fría bajo sus dedos. Sólo a través de su conexión con la Fuerza moviéndose a través de ella pudo sentir los restos de vida dentro de él.
-Está vivo -dijo Jaalib-, pero a duras penas. Una semana más o menos en un tanque bacta curarán los males que le aquejan... al menos físicamente. –Una risa suave resonó desde las sombras, y luego fue aparentemente absorbida por la oscuridad-. Le habría matado de no haber mencionado tu nombre y luego la pequeña emboscada que estabas planeando para mí. Dejé un par de alientos en él... por ti.
-¡Por mí! –siseó Fable-. ¡Jaalib, esto es una locura! No tienes derecho a hacer esto. Estos rehenes garosianos rehenes fueron rescatados del Imperio y pagados con fondos de la Alianza. ¡No tienes derecho a interferir en la transferencia!
-La Alianza Rebelde no tiene nada que temer. No tengo ninguna intención de dañar a tus rehenes, ni quiero apropiarme de los fondos de la Alianza. -Su tono era burlón y cruel-. Sólo quiero tomarlos prestados por un breve tiempo. Y cuando haya terminado con ellos, puedes tenerlos de vuelta, indemnes y con buen aspecto.
-¡Deja de jugar! -exigió Fable-. No estoy de humor para teatros. ¡Muéstrate!
-¿Teatros?
-¡Basta! -gritó Fable-. ¡Estás actuando como tu padre! ¿Qué ha sido de ti, Jaalib? Nunca me imaginé que tú, más que nadie, pudieras rebajarte nunca a este tipo de crueldad.
Hubo un silencio inquietante, una quietud tan tangible como el hombre oculto entre las sombras.
-Hablas de crueldad. ¿Acaso no soy el hijo de mi padre? -Poco a poco, como un depredador acechando en la noche, Jaalib Brandl emergió de la oscuridad. A su orden, sin pronunciar palabra, las sombras se disiparon ante él como un pesado manto. La amarga frialdad del lado oscuro impregnaba el propio aire alrededor de su persona, un halo oscuro que arrojaba velos de sombra sobre su rostro. Fable reconoció las líneas juveniles de la boca y los hermosos ojos azules enmarcados en una melena de pelo negro que le llegaba hasta los hombros. Atrás quedó la inocencia que ella recordaba. En la frente, las arrugas de determinación eran más y más pronunciadas, grabando una historia no contada dentro de su rostro, por otra parte impecable-. Tus sentimientos te traicionan -susurró, con una pizca de remordimiento en su voz-. ¿Tanto he cambiado?
Fable se mordió el labio, luchando contra el doloroso nudo que subía por su garganta. Ahí, delante de ella, estaba el hombre que siete años atrás entregó su alma para salvarla, evitándole el frío y amargo toque de la mano del Emperador.
-¿Qué ha hecho tu padre contigo?
Jaalib sonrió, con sus labios de un rojo brillante en la oscuridad.
-Lo que hizo mi padre no fue un pecado tan terrible como los perpetrados contra mí por sus maestros oscuros y sus rivales.
-¿Trabajas para el Imperio?
-No. -Lo dijo con un tono áspero en la voz.
Confortada por ese tono, Fable sabía que estaba diciendo la verdad.
-¿Entonces por qué estás tratando de secuestrar a estas personas? Han sido prisioneros imperiales durante más de seis meses. No hay necesidad de traumatizarlos aún más.
-Seis meses. Yo fui prisionero del Imperio durante seis años... seis años largos y memorables. No sufrirán sino un retraso de algunos días en su libertad. Se volvió hacia ella, arqueando una ceja. La luz que emanaba del ventanal proyectaba un pálido y lánguido reflejo de sombra azul sobre su rostro, acentuando sus ojos-. Los necesito... como señuelo.
-¿Señuelo? -Fable sintió presión en el pecho.
-¿Te acuerdas de mi planeta natal, Trulalis? Bueno, parece que Lord Darius Onneir, un moff imperial que una vez fue leal al Emperador, está tratando de afirmar su reclamación de esta zona del espacio. Lamentablemente, aquellos oficiales que permanecen leales al Imperio le han encontrado y ahora amenazan su débil existencia. Él no es lo suficientemente fuerte como para oponerse a ellos, pero con un poco de influencia podría hacerlo.
-Los rehenes... ¡vas a ofrecérselos a ese moff!
Él sonrió, con una extraña juventud emergiendo en su rostro.
-Sólo temporalmente. Onneir conoce mi motín contra el Imperio, y piensa que le ofrezco estos rehenes como una ofrenda de lealtad hacia él. Planea reunirse conmigo para intercambiar los rehenes por su aceptación. Los rehenes son sólo están allí como un señuelo para asegurar su perdición. Cuando las tropas y buques de Onneir lleguen, nuestras fuerzas del Protectorado le destruirán, haciendo que no sea una amenaza para el sistema Trulalis -hizo una pausa, mirando por encima del hombro-, ni para nadie más. Incluso tus superiores de la Alianza lo aprobarían.
-¿Nuestras fuerzas del Protectorado? -Fable sintió que un escalofrío le recorría la espalda-. ¿Quién más está involucrado?
-Mi padre estará esperando al otro lado de Trulalis con la mitad de las fuerzas del Protectorado. Yo controlo la otra mitad. Cuando converjamos sobre Onneir, será con no menos de cuatro Destructores Estelares Imperiales, en comparación a los dos del Gran Moff Onneir. Le aplastaremos y recuperaremos nuestro hogar.
Fable apoyó la espalda contra la ventana de transpariacero. Sus intenciones eran nobles, o eso le decía su confusa conciencia. Y si esas intenciones significaban la destrucción de un moff renegado, ¿quién era ella para objetar?
-La Alianza os apoyaría en esto, Jaalib. Yo me aseguraría de ello. Sólo dame tiempo para hablar...
-No hay tiempo para hablar con tus superiores -intervino Jaalib-. El plan está trazado. Es el momento de activar la trampa antes de que todo esté perdido. Además -se rió en voz baja-, la Alianza podría considerarlo como un gesto de sumisión a su forma de pensar. El Protectorado no siente amor al Imperio, todo lo contrario, de hecho, pero tampoco deseamos mostrar ninguna lealtad hacia la Alianza Rebelde. -Cerró los ojos, y un rostro sereno de paz sustituyó a sus torturadas facciones-. Ah, y nuestros invitados han llegado.
Fable giró sobre sus talones, mirando por la ventana cuando el lejano destello de un portal de entrada del hiperespacio brilló contra el telón de fondo negro del espacio. Maltratada y con marcas de disparos en su casco, la lanzadera de escolta volvió a surgir al espacio normal, justo en el medio del combate aéreo. Alarmado por la repentina demostración de fuerza, el piloto de la lanzadera calculó mal un giro en barril y chocó contra un caza ala-Y, que en ese momento trataba desesperadamente de evitar a un interceptor. El TIE lo esquivó hábilmente poniéndose fuera de peligro, mientras que el ala-Y giraba impotente, fuera de control. Dañada como resultado de la colisión, la lanzadera tembló y se tambaleó, activando sus motores en series esporádicas mientras caía a la deriva en el abrazo gravitatorio del planeta Redcap.
Jaalib frunció el ceño, y un profundo suspiro reflexivo resonó en el silencio.
-Sigues siendo la Fable que recuerdo de hace mucho tiempo: con los problemas siempre pisándote los talones. ¡Bane!
-Aquí estoy, Jaalib -respondió el teniente desde la oscuridad, junto a la puerta blindada.
-Parece que nuestra misión de recuperación se ha convertido en una misión de rescate. -Aún mirando por la ventana, Jaalib se colocó guantes negros sobre sus largos dedos y se arregló la túnica en los hombros-. Que mi caza esté preparado. Supervisaré esto yo mismo para asegurarme de que no haya más variables inciertas. -Echó un vistazo a Fable, despidiéndola con la mirada sin más comentarios-. Y ordena a los cazas activos en la zona que hagan lo que sea necesario para mantener despejado nuestro camino.
-¿Eso ha sido una amenaza? -espetó Fable.
Jaalib se detuvo en la puerta, mirando por encima del hombro.
-Era mi padre quien amaba los acertijos y los gestos enigmáticos, Fable. Yo no tengo tiempo para ellos. Mis palabras eran una advertencia. Si me sigues, un gran daño te sobrevendrá. Eso te lo prometo. Y -sonrió siniestramente- esta vez no habrá ningún héroe que salga al escenario y te rescate.
-¿Ella seguirá con vida? -le susurró Bane al Jedi oscuro, incrédulo-. ¿Está autorizada a abandonar la nave? -Miró a Fable y de nuevo a Jaalib, donde su dura expresión se suavizó en obediencia y respeto.
-Ella no tiene ninguna consecuencia para nosotros, ni sus amigos rebeldes -dijo Jaalib severamente.
-Larga vida al rey -siseó Fable, aplaudiendo con desprecio-. Larga vida al rey. Te has convertido en tu padre.
-Al contrario –replicó-. Me he convertido en lo que siempre he estado destinado a ser. Adiós, Fable.
En medio de una furia de actividad, hombres, y equipo, Fable se apresuró a regresar a la zona de la bahía de atraque en el vientre del Destructor Estelar. Medio arrastrando, medio cargando sobre sus hombros el cuerpo semi-consciente de su compañero de tripulación, luchó para regresar al Pródigo. Su comunicador estaba interferido, como resultado de la batalla que se estaba librando en ese momento fuera de la nave de guerra; y sin manera de contactar con Deke, estaba sola con su carga. Nadie se ofreció a ayudarla. Y nada impidió su camino mientras corría atravesando el frenesí de los mercenarios, que se preparaban para lo que parecía una masiva ofensiva final. Los bastidores eyectores de TIE resonaban con el ruido de los ansiosos cazas saliendo disparados de los muelles para formar escuadrones más allá del ajetreado hangar. Las escasas fuerzas de la Alianza no habían estado preparadas para este tipo de ataque y estaban superadas en número en proporción de cinco a uno.
Una masacre inútil e innecesaria, pensó Fable. Y los rehenes estaban en igual peligro. Ella era la única que podía ocuparse de esto, ahora que estaba segura de que Jaalib Brandl estaba involucrado.
-¡Deke! -gritó, tirando del cuerpo del twi'lek por la rampa del Pródigo. Pulsó el mecanismo de cierre de la puerta principal del carguero. Las juntas exteriores estaban presurizándose cuando una gran sombra se acercó hacia ella desde el puente.
-Capitana -exclamó el socorrano-. ¡Por las heladas llanuras de Neftal! Rhobbie. –Sujetando al twi'lek por debajo de los hombros, Deke ayudó a Fable a llevar al espía rebelde inconsciente a los camarotes de la tripulación-. Era él, ¿no? -susurró Deke, reconociendo el aspecto desolado en su rostro-. ¿Hablar con él no ha funcionado?
-No. -Fable sacudió la cabeza con tristeza, aturdida por el reencuentro-. No es mejor que su padre.
-Entonces es cierto. Su padre le ofreció al Emperador, en tu lugar. Él es ahora un Jedi oscuro.
-Y tan poderoso como su padre, si no más.
-¿Cómo conseguiste escapar? Pensé que esta vez nos había llegado el fin.
-Él me dejó ir -explicó Fable. Ayudó a Deke a asegurar firmemente al twi'lek en una litera hasta que pudieran llegar a unas instalaciones médicas apropiadas en la base-. ¿Estás solo? -Examinó brevemente los oscuros pasillos que llevaban a la cabina.
-Se fueron hace unos minutos.
-Contacto con el mando rebelde. No te preocupes por cifrar el mensaje; no tenemos tiempo. Diles que la lanzadera de escolta ha sido alcanzada y está cayendo a la atmósfera. -Corrió hacia el puente de proa y se dejó caer en la silla del piloto principal-. ¿Cuál es el nombre de esta roca?
-Redcap.
-Diles que ordenen a los cazas que regresen. Estamos irremediablemente superados en número aquí.
-Y que lo digas. -Deke se sentó ante la consola de comunicaciones, obedeciendo sus órdenes iniciales-. ¿Algo más?
Fable encendió los motores principales del YT-1300, sintiendo el poder del carguero bajo sus manos mientras pulsaba las palancas de control de vuelo manual.
-Di a todos los pilotos de caza restantes que se reúnan con nosotros en Redcap en estas coordenadas. Cualquiera que todavía pueda mantenerse pie, caminar, o sostener una pistola debe estar allí.
-¿Capitana? -Deke vaciló-. Sin duda seguiremos en inferioridad numérica.
-Sin duda -respondió Fable, guiando al Pródigo al espacio abierto a través del ancho tubo de lanzamiento-. Sin duda, pero esta vez estaré allí... para ayudar a igualar las probabilidades.

***

Por debajo de los tristes cielos grises de la atmósfera inundada de gorro rojo, gruesos remolinos de humo se elevaban de los restos de la sección de cola de una lanzadera de escolta incapacitada. El rastro de humo que se iba desvaneciendo proporcionaba una  baliza clara para llegar a la nave derribada, que cayó rápidamente, con el morro por delante, en la superficie de arcilla porosa. La lluvia helada caía en láminas implacable, empapando el paisaje bermellón del planeta y cubriendo la lanzadera con una capa de baño ácido de color rosa pálido que caía desde el contaminado firmamento. El exceso de agua se reunía en riachuelos, creando un diminuto río, que se acumulaba en charcos de color rojo sangre en las superficies más bajas, como en la que había aterrizado la lanzadera. Sólo una hora después de haber caído, la nave inhabilitada ya estaba parcialmente sumergida en esa agua turbia y brumosa.
La zona donde se había estrellado la lanzadera era un laberinto de estrechos cañones entrecruzados. No había ninguna zona segura donde una nave, ni siquiera un pequeño caza, pudiera tomar tierra con seguridad. Escarpadas paredes rocosas, algunas de cientos de metros de altura, descendían a la escabrosa cuenca. Una engañosa niebla blanca se arremolinaba sobre el suelo a baja altitud, dificultando la visión y el avance a pie. Un paso en falso podría significar un doloroso impacto contra el suelo rocoso o, en el peor de los casos, una caída hacia los acantilados más bajos y las crestas de abajo que quebraría todos los huesos. El sonido de disparos bláster resonaba en el abismo inferior, acompañado por el zumbido persistente de un sable de luz.
-¡Date prisa, Deke! -instó Fable, corriendo hacia los restos a lo largo de la parte superior de una colina fangosa.
-Estoy justo detrás tuya, capitana -dijo el socorrano, sin aliento tras una carrera de medio kilómetro.
Por debajo de ellos, los trajes de vuelo de color naranja y negro de los soldados estaban dispersos entre los promontorios de rocas y cantos rodados, algunos luchando con rifles, otros con sus puños.
Salpicando en el barro, mercenarios del Protectorado y soldados rebeldes luchaban por el control, cada uno buscando el mismo premio. Mientras luchaban, la lanzadera de escolta se hundía más profundamente en las aguas sangrientas de la superficie del planeta. Los aterrorizados pasajeros salieron rápidamente por la escotilla de escape superior de la sección de popa de la nave para permanecer por encima del agua en rápido ascenso y la succión de la arcilla. Conforme aumentaba el peligro para la nave que se hundía, ninguno de los dos bandos ganaba terreno hasta que el fuego bláster rebelde fue desviado hacia un equipo secundario de mercenarios que avanzaba liderado por Jaalib Brandl.
El Jedi oscuro se movía con pasos elegantes sobre la arcilla resbaladiza y el barro, con ritmo urgente, pero sin prisas. La vara blanca de su sable de luz rompía la misteriosa penumbra, dispersando la niebla a su alrededor. Pero la oscuridad que se aferraba al Jedi y a sus túnicas negras, como un guardián de sombras tangible, se mantuvo. A medida que avanzaba con su equipo en la cuenca, los rebeldes les apuntaron y dispararon contra ellos, pero en vano. Con un suave giro de muñeca o una finta que provocaba que el Jedi cuadrase los hombros, los disparos bláster eran desviados inocuamente por sable de luz. Algunos de esos disparos desviados eran enviados hacia el tirador, abatiendo el arma o al hombre que lo disparó inicialmente. A la derecha de Jaalib, Bane Werth, pistola en mano, estaba dando órdenes a sus hombres para avanzar y flanquear la debilitada línea de pilotos rebeldes.
Jadeando en la parte superior del risco, Deke meneó la cabeza.
-No tienen ninguna oportunidad, no con Jaalib allí. Y ese teniente, si lo que dices es cierto... seguro que él también tiene un sable de luz. ¿Qué vamos a...?
Antes de que pudiera expresar su pregunta, Fable ya se estaba moviendo fuera del paso del risco, saltando de la repisa de roca y hundiéndose hasta los tobillos en la masa de arcilla. Se deslizó por la pendiente, con una rodilla doblada bajo ella como la cuchilla de un trineo, y una mano actuando como timón para controlar su descenso. Mientras se acercaba a la base del cerro, sus ojos estaban fijos en la forma oscura de Jaalib. Permitiendo que su cuerpo cayera hacia adelante sobre sus manos, Fable saltó, dando volteretas por el aire y aterrizó sobre sus pies entre el Jedi oscuro y la lanzadera. Como Deke sospechaba, Bane Werth llevaba un sable de luz, y al verla llegar, cogió el arma encendiendo su hoja de color amarillo pálido.
Jaalib sonrió, extendiendo su brazo para mantener al teniente detrás de él.
-Déjamela a mí. Consigue esos rehenes. Y regresa a la nave. -Sin preocuparse más por el aluvión de disparos bláster a su alrededor, Brandl avanzó hacia Fable y se detuvo en el centro de la cuenca, mirándola.
Cubierta de gruesas capas de barro y arcilla bermellones, Fable se enfrentó a él. El frenesí de la actividad que la rodeaba se desvaneció hasta que no existió nada más, ni el fuego bláster, ni los soldados, amigos o enemigos, ni los rehenes.
-Bueno -susurró Fable-, ¿es esta la escena en la que te pido que lo reconsideres y vuelvas al lado de la luz? ¿O es el acto en el que tratas de seducirme?
-Persistente como siempre.
-Como si me estuvieras dando otra opción.
-Regresa a tu nave, Fable -dijo Jaalib, como si estuviera hablando con un niño-. Te doy mi palabra; vuestros rehenes no sufrirán daños. Serán bien atendidos y defendidos. Tienes mi palabra. En pocos días, te los devolveré yo personalmente Tal vez entonces, podamos sentarnos a cenar y hablar de los viejos tiempos.
-¿Y yo tendría que escuchar tus ensayados soliloquios, al igual que tuve que escuchar los de tu padre? No, gracias, prefiero que no.
-Oh, me hieres -se burló-. Pensé que te gustaban esos pequeños interludios dramáticos conmigo susurrándote palabras dulces al oído. ¿Recuerdas aquella tarde durante la tormenta? Tú y yo, en el oscuro teatro, la lluvia, tus labios. Podría ser así para nosotros de nuevo, Fable.
Fable frunció el ceño ante la insinuación.
-Ya no soy la misma niña llorosa que tu padre podía asustar y controlar con sus métodos.
-Eso es obvio -respondió con una mirada lasciva en sus ojos-. Y admiro a la mujer en la que te has convertido, pero sólo dispones de mi respeto, no de mi obediencia. Conseguiré esos rehenes.
Fable tragó saliva, tratando de alcanzar el sable de luz de su cinturón. Extrañamente, parecía frío y desconocido en su mano. Con esfuerzo, contuvo la oleada de miedo que le subía por la garganta, enterrándola en lo más profundo antes de que pudiera convencerla de abandonar tal como había pedido el Jedi. Y con ella, enterró un sentimiento de deuda y gratitud. Este era el hombre que le había salvado la vida, que la había salvado del lado oscuro y de la sombra del Emperador. Y como recompensa, él ocupó su lugar. ¿Tan ansiosa estaba por matarlo?
-El heroísmo es una virtud del corazón atribulado, ¿no es así? -preguntó Jaalib-. Y el tuyo es un corazón atribulado, Fable. La culpa que sientes por lo que me ha sucedido... es tu culpa. Tú la has creado; e incluso ahora, la nutres con tu miedo. Vamos, Fable... deja que se convierta en el centro de tu fortaleza... si es que quieres ganar este duelo de voluntades, claro está.
Fable se abalanzó sobre él, alzando salvajemente el sable de luz por encima de su cabeza y bajándolo de nuevo mientras encendía la hoja. Dejando caer su hombro, hizo una finta a la izquierda y luego giró a la derecha, trazando arcos amplios y agresivos con el sable de luz. Cualquier otro rival habría dado algunos pasos atrás para recuperarse y contrarrestar su carga hostil, pero Jaalib Brandl no era un oponente ordinario. Sin desanimarse, entró directamente en el arco de su asalto, esquivando sus golpes más ingeniosos con la precisión de un verdadero maestro. Su técnica era impecable, como Fable sabía que sería. Tendría que ser igual de magistral si esperaba derrotarlo.
La niebla baja que se aferraba al suelo se arremolinaba sobre sus pies, evaporándose donde los sables de luz atravesaban la densa niebla. Fable luchaba por enfocar sus energías, sintiéndose caer en los tentadores patrones de la agresión y la ira imprudente. Era una lucha. Sintió que Jaalib simplemente jugaba con ella, bailando a través de sus defensas con excepcional facilidad, como si pudiera terminar la pelea en cualquier momento de su elección. En un momento, se abrió camino a través de sus defensas, manteniendo protegido el brazo del arma mientras tiraba de ella con fuerza hacia él, y la besó apasionadamente en la boca. Después, al escuchar un coro de risas, el Jedi se soltó y se apartó de ella, dándole cruelmente la espalda. Se inclinó ante el grupo de mercenarios del Protectorado que observaba la pelea. Aplaudieron a su comandante y silbaron, animando maliciosamente a los prisioneros rebeldes a que hicieran lo mismo.
Desconcertada, Fable se dio cuenta de que los pilotos rebeldes habían sido derrotados y capturados, incluso Deke. Habían sido obligados a ponerse de rodillas a punta de bláster y obligados a ver a su humillación. Un aspecto de Fable que le era familiar, y sin embargo, abandonado durante algunos años, resurgió. Era el lado impetuoso e imprudente de la juventud que nunca se había sacudido por completo. Con ansia de venganza, se abalanzó sobre Jaalib y le golpeó en la cintura cargando con el hombro. A pesar de que su ligero peso podría haber hecho poco para derribarlo, el impulso de su ataque empujó al Jedi hasta la superficie fangosa, donde saltó a horcajadas sobre él y comenzó a golpearle en la cara con la empuñadura de su espada de luz apagada. La risa se detuvo abruptamente.
Con sangre manando de su nariz, Jaalib agarró los brazos de Fable y la empujó hacia atrás, lanzándole una patada en el torso que envió a Fable volando por el aire. Alzándose de las nieblas, el Jedi oscuro se despojó de su manto negro, que se había vuelto muy pesado, empapado de barro bermellón y lluvia. Sacudiendo el suelo semi-sólido de las manos, la miró, limpiándose otro hilo de sangre de la comisura de la boca. Sus oscuros ojos estaban oscuros de rabia mientras extendía su mano hacia el suelo, llamando al sable de luz para que acudiese a sus dedos.
-Vaya, qué genio tenemos. Pero eso era de esperar. Qué estúpido he sido al olvidar ese espíritu ardiente. Es la única de tus cualidades que atrajo a mi padre... y también a mí. -Se limpió la barbilla ensangrentada una última vez-. Se acabó la hora de jugar, Fable. Márchate ahora, con tus hombres, y mantendré la promesa que te he hecho. Si no te marchas... me temo que sucederá algo desagradable.
-¡Que así sea! -gritó Fable. Volviendo a encender el sable de luz, llevó el arma a la altura de sus hombros y le atacó con tal ferocidad que el Jedi oscuro se vio obligado a retroceder.
Tambaleándose bajo sus golpes, Jaalib dio un paso en falso y casi cayó en el barro, permitiéndole atravesar sus defensas. Fable aprovechó, golpeándole con el sable de luz en el hombro. Jaalib retrocedió rápidamente, con el olor a carne chamuscada fresco en su nariz. Agachándose, devolvió el insulto haciendo descender su espada de luz contra el brazo con el que Fable sostenía el arma. Ella gritó cuando la espada de luz cortó limpiamente a través de su chaqueta de vuelo y llegó hasta la piel vulnerable. Maldiciéndole, respondió. Golpe tras golpe, algunos llegando a su destino, otros fallando, los Jedi combatieron, saliéndose del círculo en el que las dos fuerzas opuestas habían luchado. Los soldados del Protectorado siguieron la refriega con interés, ya que ninguno de los Jedi daba cuartel.
-¡Fable! -gritó Jaalib, mientras esquivaba un golpe en el pecho. Se dejó caer de rodillas mientras subían por la ladera de una colina rocosa-. ¡Fable, es suficiente!
-¡No voy a escucharte! -gritó ella. Hizo descender su espada de luz para bloquear la espada de Jaalib. Las armas silbaban y crepitaban una contra otra, provocando un eco siniestro que reverberaban a través de la cuenca vacía-. No eres mejor que él, que tu padre. ¡Y él no es mejor que Vialco! ¡O Tremayne! ¡O Vader! ¡Todos consumidos por el lado oscuro, criminales, asesinos! ¡Carniceros! -Se lanzó al ataque, haciendo caso omiso de la expresión de miedo que se apoderó del rostro de su rival. Sus ojos, normalmente tan azules, eran casi negros, las pupilas abiertas casi por completo, exudando un miedo tan tangible que podía sentirlo. Es un truco, se dijo. Tenía que matarlo, y matarlo ahora antes de que su corazón le traicionase.
Fable condujo al Jedi ante ella, dejándolo sin posibilidad o espacio para hablar, mientras hacía caer sobre él su sable de luz desde arriba y desde los lados, rozándole en varias ocasiones. Él estaba a la defensiva por alguna razón, respondiendo sólo para defenderse, y aun así, parecía nervioso e inquieto. ¡Ella estaba ganando!
-Fable –suplicó.
-¡Ahórratelo! No voy a escuchar...
La razón de su angustia estaba clara ahora. A medida que sus movimientos apartaban la niebla baja a sus pies, Fable pudo ver que habían luchado desplazándose hasta la cima de un estrecho promontorio rocoso que se proyectaba desde la base de la cuenca del cañón. Bajo ella no había más que niebla insustancial, que difícilmente iba a poder soportar su peso al dar un paso final en el abismo. El sable de luz cayó de sus manos mientras trataba de girar y volver a tierra firme, pero ese fue el instante en que empezó a caer.
-¡Fable! -gritó Jaalib, lanzándose al borde del acantilado. Tenía las manos y los brazos completamente extendidos, tratando de alcanzarla. Sus dedos la tocaron brevemente, pero luego se soltó y cayó, cayó a través de la niebla hacia el suelo que se escondía debajo. Lo último que vio antes de que la niebla se alzase para tragársela fueron sus ojos, tan abiertos y asustados como un niño asustado en la oscuridad, y luego tinieblas.

***

La lluvia que caía en su cara despertó a Fable. Cada punzante gota se sentía como roca fundida, causando gran dolor en todo su cuerpo. Jadeando en busca de aire, Fable trató de recuperar el aliento, causando tal agonía que estaba casi se ve arrastrada de nuevo al olvido de la inconsciencia. Estaba tumbada boca arriba en un lecho de rocas. Su pierna derecha estaba retorcida y deforme, atrapada entre la orilla del acantilado y una capa de arcilla recién caída. A pesar de ángulo grotesco de la pierna, no podía sentir ningún dolor en ella. No había ningún dolor en absoluto por debajo de su cintura. Trató de ver el aspecto de la otra pierna e intentó incorporarse, pero descubrió que su cuerpo no respondía. Lo intentó de nuevo, con todas sus fuerzas, y descubrió que todo intento de moverse era recompensado al instante con una oleada de dolor renovado. Conformes las ondas de dolor y angustia se extendieron por ella, Fable se derrumbó, mareada, con náuseas.
Ahora bajo la niebla, podía mirar hacia arriba, hasta el saliente del acantilado desde donde había caído. Eran casi veinte metros de altura. Tenía suerte de seguir viva... siempre y cuando siguiera vida. El sabor cobrizo de la sangre en la garganta le aseguraba que le quedaba pocos instantes, tal vez minutos para disfrutar de lo que quedaba de esa vida. Ninguna cantidad de bacta iba a ayudarla, no aquí, y sintió que las lágrimas de rabia y dolor caían lentamente por sus mejillas, quemándole la piel a su paso.
-Fable.
La voz era distante y sin embargo cercana... familiar y sin embargo extraña. Fable siguió el sonido, y sus ojos llegaron a una sombra situada contra la pared del acantilado. Envuelta en la niebla, la sombra permanecía oculta e inmóvil, gris y desprovista de color a excepción de la vibrante melena roja que le caía hasta los hombros. Era tan roja que hacía que el lodo bermellón palideciera en comparación.
-¿Madre? –Fable apretó los dientes llena de vergüenza-. ¡Madre!
-Escucha, Fable. Has luchado toda tu vida por ser diferente, por ser única. Y en eso, no eres diferente de cualquier otro. Deja de luchar contigo misma. La pertenencia y la aceptación residen donde está tu corazón... y es en tu corazón donde debes estar.
-¡Fable! -A medida que la imagen comenzaba a desvanecerse, fue sustituida por una figura más animada. Jaalib corrió por el resbaladizo suelo, cayendo y volviéndose a levantar en su prisa por llegar junto a ella-. ¡Fable, no! -exclamó, con el rostro inundado por la lluvia y la emoción-. Fable, no te muevas. -Sacó un comunicador del cinturón-. ¡Bane!
-¿Está viva? -se escuchó crepitando por el transceptor.
Jaalib se puso de pie y se volvió de espaldas a ella, como si ella no debiera oírle.
-Tiene rota la espalda, posiblemente el cuello.
-¿Debo llamar una lanzadera médica?
-No hay tiempo, va a... a... Debo... -su voz se apagó durante un largo rato.
-¿Jaalib? -preguntó Bane.
-Vuelve a la nave -dijo Jaalib, con la cabeza gacha-. Indica que finalicen todos los enfrentamientos. Ordena a los cazas y al resto de personal que regrese a la nave.
-¿Jaalib?
- Ya me has oído. ¡Ahora obedece!
-Como quieras, Jaalib.
El comunicador hizo clic, resonando con el siseo de silencio mientras Jaalib regresaba junto a Fable, arrodillándose a su lado, protegiéndole la cara de la lluvia. Meneó la cabeza, desazonado.
-Fable, he sido un tonto.
-N-n-no más que yo -susurró ella. A pesar de que se estaba acostumbrando al dolor en sus extremidades superiores, era difícil respirar, y cada vez más. Había un silbido aterrador que acompañaba a su respiración, un temblor inquietante que anunciaba su futuro, o cualquier esperanza de su futuro. Cerró los ojos, sucumbiendo a la oscuridad en el borde de su consciencia.
-Fable, no -dijo Jaalib en serio, tomándola de la mano-. ¡Aguanta! ¡Aguanta!
La lluvia se había vuelto notablemente más cálida. Fable abrió los ojos y vio a Jaalib sentado a su lado, con los ojos vidriosos por una peculiar tristeza.
-¿Jaalib? -Su voz era un susurro silencioso-. ¿Por qué lloras...?