martes, 17 de septiembre de 2013

Emanaciones de oscuridad (y II)


La lluvia y las lágrimas habían dejado de caer. Fable sintió el aire fresco soplando suavemente sobre sus mejillas, aire fresco reciclado. Abrió los ojos y respiró profundamente. Le dolía el pecho y los pulmones oprimidos, pero encontró ninguna otra dificultad. Entonces, recordando su caída desde el acantilado rocoso, su pierna destrozada y la pérdida de sensibilidad por debajo de sus caderas, ella se incorporó de golpe, pasando sus manos por la parte inferior del cuerpo. Aparte de unos pocos rasguños y una extraña sensación de hormigueo en los dedos del pie, estaba completa. Echando un vistazo a su alrededor, no vio más que sombras.
-¿Dónde...? ¿Jaalib?
Una sombra se movió desde la esquina opuesta de la habitación, emergiendo de la oscuridad. Se arrodilló a su lado y le tomó la mano, sosteniéndola contra su fría mejilla. Al observar que él tenía esposas sujetando sus muñecas, Fable dejó caer las piernas fuera de la cama y lo miró fijamente.
-¿Dónde estamos?
-Solsticio V, en el sistema Al-ghenis, creo.
-Esa es mi base. -Miró las cadenas que ataban sus muñecas-. ¿Dejaste que ellos... dejaste que la Alianza te capturase?
-Y sólo a mí. -Se echó a reír, mirándola-. Vaya premio para ellos: capturar un Jedi oscuro. Casi se diría que habían capturado al mismísimo Emperador. -Su sonrisa se desvaneció al mirar los grilletes de crudo metal-. Esto es sólo por apariencia, una pieza de atrezo para que tus compañeros se sientan cómodos. Quitármelos sería una demostración de fuerza demasiado grande y podría causar tensión indebida... para tus amigos... y me imagino que también para mí. -Se echó a reír como si hubiera contado la frase final de un chiste.
-¿Demostración de fuerza? -se burló, tomándolo con firmeza por la barbilla y mirándole fijamente a los ojos-. Creo que la verdadera demostración de fuerza ya llegó y pasó, allí en la base de esos acantilados en Redcap. -Fable hizo una pausa, reviviendo esos momentos justo después de su caída-. Ahora mismo yo debería estar muerta, pasto de los dianogas. Pero, ¿cómo...?
Aún de rodillas a su lado, Jaalib apoyó la barbilla en su muslo y le acarició la pierna cariñosamente.
-Mis mentores imperiales murmuraban acerca de poderes legendarios que la Fuerza podría generar. El Emperador autorizó numerosos experimentos para resucitar a los muertos o casi muertos, todos con resultados desastrosos. A menudo despreciaba esa capacidad como si sólo fuera un mito, hasta entonces... cuando te vi... muriéndote.
-¿Es un talento lado oscuro?
Jaalib rió.
-El auténtico talento, Fable, es la capacidad de aprovechar la Fuerza, de controlar los vibrantes canales de energía a tu alrededor. ¿Bien y mal? ¿Luz y oscuridad? Eso no son más que formas de cuantificar en qué medida se utiliza ese poder. –Ella enfocó los ojos intensamente en él, penetrándole-. Tu curiosidad es refrescante, pero también podría ser algo peligroso, Fable.
-Entonces satisface esa curiosidad, Jaalib. Dime, ¿cómo es... el lado oscuro?
Él inclinó la cabeza, con una tristeza tangible apoderándose de él, cayendo pesadamente sobre sus hombros.
-Es un vacío... un vasto e infinito vacío de silencio. Un terrible silencio absoluto en cuya inmensidad son devorados incluso los sonidos más habituales y los ecos. Y una vez allí... estás tan solo. -Temblaba visiblemente-. Una vez odié a los Jedi oscuros, igual que tú. Pero desde que me he convertido en uno de ellos, he aprendido a tenerles lástima... a tener lástima de mí mismo.
-¿Lástima? ¿Lástima por asesinos, carniceros, animales...?
-Animales dirigidos, Fable: animales impulsados y arrastrados a la locura y el caos para escapar El lado oscuro es la esencia de la desesperación, un lugar para ir más allá de este mundo de sufrimiento y vileza. Una vez allí, es tan fácil pensar, estar libre de emociones, apegos. Pero pronto –suspiró-, pronto aprendemos que eso es una terrible ilusión significado que pretende atraernos a la misma locura de la que intentábamos escapar en el primer lugar.
Jaalib le tomó la mano, masajeando sus dedos y acariciándole la palma.
-Justo cuando sentía que iba a entregarme totalmente a su poder... alguna visión o sonido familiar me traía de vuelta... la voz de mi madre, su tacto suave... un corazón latiendo débilmente, distante en la memoria. -Él la miró, con los ojos de nuevo vidriosos por la tristeza-. El latido de tu corazón, Fable. Aunque hemos estado separados estos largos años, nunca he podido separarme del todo de ti. Tú eras la única cosa que Tremayne no podía arrancar fuera de mi alma.
-¿Lord Tremayne, fue él tu mentor?
Jaalib asintió.
-El mayor y más odiado rival de mi padre. -Sonrió tristemente, apartándose un pelo de su frente lisa-. Y tú creías que mi padre podía ser cruel y despiadado. Cada onza del odio que Tremayne sentía por mi padre fue dirigida contra mí, física, emocional y mentalmente. Tuve que depender de esos recuerdos tuyos que aún conservaba para mantener mi cordura. Cuando caíste de ese precipicio -su voz se quebró en la garganta- y te vi allí tirada... rota y sangrando. Yo te conduje a eso. ¡Yo fui! Y el silencio estaba allí para ser testigo. Pensé que te había perdido. No podía soportarlo. Y ahora el círculo se ha completado.
Fable le miró a los ojos, pasándole las manos por la cara febril.
-¿Qué estás diciendo, Jaalib? No más adivinanzas, no más citas teatrales.
Se echó a reír, su cuerpo temblando junto al de ella.
-Soy un muerto que camina, amor mío; mi alma está condenada para siempre... pero era un precio pequeño que pagar. -La miró a los ojos-. En pocas palabras lo que estoy diciendo es que... mi pacto con el lado oscuro está completo. Tu vida me guardó de caer completamente bajo su poder. Y fue la pérdida de esa vida lo que me ha enviado en su abrazo. -Jaalib se apartó de ella, dando vueltas por la habitación-. Oh, Fable, ojalá nunca hubiera venido aquí; esto nunca habría pasado.
Aturdida por el sacrificio que había hecho por ella, por segunda vez, Fable susurró:
-¿Por qué viniste?
-Porque sabía que estarías aquí, defendiendo a los rehenes. Esperaba contra toda esperanza que podría verte. Quizás convencerte para unirte a mí. El Imperio está en ruinas ahora que el Emperador está muerto. Desde Garos IV hasta Socorro, los cimientos del régimen de Palpatine se desmorona n convirtiéndose en polvo, mientras los caudillos y piratas codiciosos se alimentan del esqueleto moribundo. Mi padre y yo también nos alimentaremos, forjando nuestro propio Imperio.
-¿Por el poder? –dijo desafiante.
-Por la paz... nuestra propia paz, Fable. Trulalis, nuestro planeta natal, lo haremos vivir de nuevo. Reviviremos su antigua gloria y la convertiremos de nuevo en la capital de las artes y el teatro, a salvo de las manos indiscretas de los belicistas y los políticos. Artistas y actores tendrán la libertad para interpretar cualquier obra que deseen, cantar cualquier canción, sin temor a represalias de un gobierno tiránico.
-Entonces iré contigo, y compartiré el precio que pagas.
Jaalib se quedó inmóvil en su sitio, mirándola.
-¿Es que no has oído nada? El lado oscuro es un amo exigente. La Fuerza deriva su poder de la vida, de la esencia de todos los seres vivos. El lado oscuro es todo lo contrario, Fable. No hay vida, no hay aliento... sólo emanaciones de oscuridad, ficciones y sombras de lo que la vida debería ser; una burla. Ves caras familiares, amigos, experimentas sensaciones, pero no son reales.
-Pero yo soy real, Jaalib. Conozco los caminos del lado oscuro mejor que la mayoría. No tan bien como tú... pero los conozco. ¡Y yo soy real! -Ella tomó su mano y la puso sobre su corazón, comprendiendo sólo en ese momento lo que su madre le había dicho-. La pertenencia y la aceptación residen dónde esté tu corazón; y es en tu corazón donde debes estar. No soy ninguna emanación de oscuridad, ni ninguna sombra, Jaalib.
-¿Qué dirá la Alianza?
-Nada. Me intercambiaré a mí misma por los rehenes garosianos. De todos modos, estoy segura de que ese moff imperial que mencionaste preferirá tener a la capitana de un equipo de operaciones especiales de la Alianza en lugar de un grupo de civiles.
-Los rehenes ya están con los dirigentes de la Alianza.
-¿Tú los entregaste? ¿Sabiendo que la Alianza podría retenerte, sin negociación?
-Nada podría haberme impedido estar contigo -sonrió tímidamente.
Fable saltó de la camilla médica, rozando a Jaalib en su camino hacia el ordenador del laboratorio médico. En cuestión de segundos, abrió la consola, con los cables y las líneas de comunicación organizados entre los dedos. Trabajó con presteza y deliberación.
-¿Qué estás haciendo? -preguntó Jaalib, vigilando con ansiedad la puerta.
-Llamar a un viejo amigo. Voy a sacarte de esta base.
-¿Es eso prudente?
-Yo soy la líder del equipo de infiltración Harrier; todo es posible, especialmente en las narices de nuestra propia gente.
Jaalib frunció el ceño.
-No he dicho que no pudieras hacerlo. He visto de sobra los resultados de tu tenacidad; he preguntado si era prudente. ¿En serio traicionarías a esta gente por mí?
-¿No traicionaste tú a tu padre por mí? -respondió ella, sin levantar la vista de su tarea-. Te costó tu libertad, y algo más. Te lo debo.
-Si sólo lo haces por saldar la deuda, yo preferiría...
-Mira -dijo Fable, gruñendo cuando una chispa saltó desde el cable y le quemó los dedos-. Me salvaste la vida, Jaalib. –Le miró por encima del hombro, y añadió-: Me has salvado por segunda vez. Te lo debo. Además, cuando me salvaste la vida esta vez, compraste el paquete completo. Voy contigo.
-Fable...
Ella le hizo un simple gesto con la mano para hacerle callar mientras seguía trabajando sobre la red de cables improvisada.
-Deke, responde, Deke.
-Capitana -exclamó una voz excitada por el comunicador cargado de estática-. Por fin estás despierta. Bajaré ahora mismo.
-No, Deke, necesito que te quedes ahí y me esperes. Enciende los motores principales del Pródigo. Nos vamos.
-¿Estás segura? Te llevaste un duro golpe esta vez, capitana. No hay necesidad de precipitarse a otra misión, sobre todo porque tu amigo Jedi está en la base. Esperemos hasta que el almirante Pardis disponga de Brandl, y entonces podemos despegar a nuestra próxima aventura.
Fable inclinó la cabeza, ahogando una risa cuando Jaalib rió en voz baja ante el comentario.
-No puedo dejar que eso suceda, Deke. Yo... –balbuceó-, se lo debo.
-Oh -fue la sorprendida respuesta-. ¿Él está ahí, no es así? -Una serie de maldiciones socorranas siguió a continuación, traduciéndose sobre las frecuencias cuando el socorrano se dio cuenta de su error. Después de farfullar un momento, su voz ronca se suavizó-. ¿Qué necesitas que haga?
-Prepara la nave...
De repente, sonó una alarma dentro de la guarnición rebelde, ahogando temporalmente la voz de Fable.
-¿Deke?
-Un momento... -Juró otra maldición vehemente-. He estado leyendo códigos cifrados imperiales tanto tiempo que es difícil volver a leer los códigos rebeldes. No sabría decir qué es lo que tiene inquietos a los nativos, capitana. Algo está pasando. Sea lo que sea... puede ser un buen momento para una distracción. Tendré la nave preparada y lista para cuando lleguéis aquí.
-Estamos en camino, Deke.
-Capitana, han colocado guardias. Ten cuidado. Si tienes que ocuparte de ellos, ten cuidado. Deke, fuera.
-Guardias. -Se volvió hacia Jaalib, con el corazón acelerado al ritmo de la sirena de alarma-. No quiero que nadie muera.
-Como desees. –Señaló con la cabeza a la entrada cuando la puerta blindada se abrió y dos guardias rebeldes de apariencia juvenil entraron en la habitación. Armas en mano, los centinelas alzaron sus rifles, y luego hicieron una pausa al ver a Jaalib. Brandl simplemente apretó los dedos, con su mano temblando ligeramente, y los dos guardias cayeron inmóviles al suelo.
-¿Dormidos? -preguntó Fable, comprobando en primer lugar el pulso de los dos hombres.
-Si quieres llamarlo así. -Jaalib pasó por encima de ellos, viendo sus posesiones personales en una taquilla en la pared al otro lado del pasillo-. Se despertarán con tan sólo un dolor de cabeza. -Miró cuidadosamente fuera en el pasillo.
-¿Qué pasa con eso? -preguntó Fable, mientras tomaba el bláster y la funda de uno de los guardias. Estaba mirando a los grilletes.
-Déjalos para guardar las apariencias -sugirió Jaalib-. Si nos pillan, habrá menos explicaciones que dar.
Ambos entraron en el pasillo poco iluminado, repleto de rojas pantallas de alarma.
Esquivando patrullas de seguridad a intervalos regulares, Fable condujo a Jaalib a través de los entresijos de la base rebelde. La mayoría del personal estaba dentro o se dirigía hacia las bahías de aterrizaje para ayudar con la salida de pilotos y naves. Haciendo una pausa detrás de un camión repulsoelevador de alimentos y suministros, escuchó cómo el conductor mencionaba la llegada de cuatro destructores imperiales dentro de la órbita del planeta. Al volverse hacia Jaalib, se encontró al Jedi perdido en un profundo estado de trance, con el rostro en paz. Abrió los ojos ante su toque, y su aspecto de grave preocupación confirmó todas sus sospechas.
-¿Tu padre?
-Él siente que estoy aquí. Ofrecerá condiciones para mi liberación, pero sólo una vez. Luego...
Inclinó la cabeza con un suspiro, y luego miró a su alrededor.
-He visto las fuerzas que tenéis aquí, Fable. Esta base y sus recursos no eran rival suficiente sólo contra mi destructor de mando y su nave hermana. Ahora habrá cuatro. Mi padre no será tan complaciente. Será una masacre... y nosotros estaremos en medio.
Fable sintió que su corazón latía con fuerza en el interior de su garganta, y se apretó el pecho en un intento de contenerlo. Un chasquido extraño resonó a través de la bahía de atraque, un sonido familiar de motores quemando escombros. Era el sonido distintivo de la arena, específicamente arena socorrana, alimentándose en unos motores repulsoelevadores. Las propiedades químicas únicas de la arena causaban un extraño chasqueo resonante que era muy popular entre los pilotos de aerodeslizadores y corredores de motos barredoras en Socorro, así como para un determinado miembro del equipo de infiltración Acosador, que guardaba un puñado de arena para casos de emergencia.
Activando el comunicador que había tomado de uno de los guardias, Fable cambió la frecuencia y abrió el canal.
-¿Deke?
-La cosa pinta mal, capitana -susurró Deke en el micrófono-. Los técnicos médicos han descubierto esos guardias inconscientes en tu habitación, así como que tú y tu compañero habéis desaparecido. Piensan que Brandl te tiene presa en alguna parte de la base. Todo el personal no asignado está recorriendo la base en vuestra búsqueda y tienen órdenes de disparar primero e interrogar al cadáver después.
-Se acabó el infiltrarse en tu propia base -dijo Jaalib con una chispa de humor. Se encogió de hombros y las cadenas cayeron de sus muñecas emitiendo un indiferente tintineo al caer al suelo.
-Bienvenido a mi mundo: Equipo de Infiltración Acosador... si la misión puede ir mal, irá mal. Así suele ser siempre. -Puso los ojos en blanco, exasperada-. Sólo hay una cosa que se pueda hacer.
Jaalib sonrió.
-Ahora empiezo a preocuparme.
Fable examinó la bahía de atraque, buscando entre las numerosas caras hasta que lo vio: el almirante Pardis. Vestido con un traje de vuelo y hablando desde la cabina de su caza ala-A, se dirigía a los pilotos rebeldes dispuestos a su alrededor. Cuando Fable caminó hacia él, su presencia trajo un silencio instantáneo a través de la bahía de atraque. Sólo el sonido de los cazas que despegaban resonaba en los confines cercanos.
-¡Alto el fuego! -gritó cuando cada bláster del hangar apuntó a Jaalib, que permanecía donde lo había dejado, junto a una abarrotada bahía de reparaciones.
-Almirante Pardis, no estoy presa, nunca lo he estado. -Fable se enfrentó a la mirada de Pardis con frialdad, casi desafiante. Piloto de combate legendario, Pardis era conocido por sus opiniones bruscas y sus comentarios excesivos. Como leyenda, imponía respeto, pero sus propios juicios eran reservados y distantes, a excepción de los soldados con más talento bajo su jerarquía de mando.
-Explícate, capitana Astin. Dos de mis hombres han sido encontrados inconscientes en tu habitación médica. ¿Eres tú la responsable?
-En parte, almirante. Lo estaba llevando de vuelta con su gente. Esos cuatro destructores que llegan son naves del Protectorado lideradas por el padre de Brandl, Lord Adalric Brandl. Sólo quieren una cosa: a él. Un hombre no vale la masacre que seguirá si tratamos de mantenerlo como nuestro prisionero.
-Almirante -dijo un técnico-, tenemos una transmisión entrante.
Haciendo caso omiso del técnico, Pardis dijo:
-Lo atrapamos. Nos lo quedamos. Además, las naves de refuerzo de Ackbar llegarán en menos de una hora para apoyarnos.
-En menos de una hora, el almirante Ackbar no tendrá que preocuparse por naves de apoyo. Lo único que tendrá que enviar es un equipo de recuperación... para recuperar los cadáveres.
-Capitana Astin...
-Almirante, la transmisión -dijo el técnico con urgencia.
Fable se mantuvo firme.
-Déjelo marchar, Almirante, salimos ganando mucho más...
-Ganando... ¿Ganando qué? ¡Otro Emperador! -Saltó del morro del caza, avanzando furiosamente hacia ella con fuego en sus ojos gris pizarra.
-Almirante, señor, con el debido respeto -susurró el técnico-, el Protectorado está tratando de iniciar contacto. Señor... –Quedó inmediatamente en silencio ante los gestos furiosos del almirante.
-Aunque la lucha todavía continúa por todos los rincones de la galaxia, almirante Pardis, la guerra ha terminado -dijo Fable-. El imperio ha caído y el Emperador está muerto. Se están alzando grupos militantes como el Protectorado, y podemos bien unirnos a ellos para traer la paz a la galaxia, o bien pasar la próxima década luchando contra ellos, destruyéndolos uno tras otro, mientras que dos más se alzan en su lugar. -Suspiró, apartando la mirada de él-. Igual que el Imperio nos perseguía a nosotros. Y como el Imperio, podemos seguir persiguiendo a estos grupos de renegados hasta que uno de ellos tome el impulso suficiente para acabar con nosotros. -Fable suspiró de nuevo y respiró hondo-. Sé cómo suena todo esto, señor, pero debe confiar en mi juicio. Lord Brandl y su padre rompieron los lazos con el Imperio, hace mucho tiempo, y han trabajado en contra del Imperio en cada momento. Ha leído mis informes. Nuestros equipos de inteligencia lo han confirmado.
-Pero el Protectorado también ha atacado a la Alianza, debilitando nuestras fuerzas.
-No más que esos piratas que nos encontramos en el sector Yavin semana pasada. Esta es nuestra oportunidad de dar el primer paso en lo que promete ser una poderosa alianza.
-¿Almirante Pardis? -La voz del técnico vaciló con varios niveles de terror-. Están cargando sus sistemas de armas...
-¿Y quién va a asegurarse de que siguen siendo aliados, capitana Astin? –preguntó Pardis-. ¿Se puede confiar en ellos? ¡Esas abominaciones! Son ke'dem, Fable, hombres condenados. Abominaciones de todo lo que los Jedi una vez consideraron sagrado. Debería poder reconocer...
-Señor, sus baterías de armas estarán en alcance medio dentro de...
-Yo me aseguraré de que su lealtad se mantenga firme -dijo Fable, con un suspiro tembloroso-. Me voy con él. Yo... -se armó de valor- lo amo.
La reacción a su declaración fue instantánea y se extendió a través del hangar. El rostro de Pardis palideció mientras daba un paso atrás. Esperando a que se acallasen los murmullos, se volvió hacia Jaalib.
-¿Y tú? –gruñó-. ¿Qué tienes que decir?
Jaalib mantuvo los ojos bajos, una leve sonrisa asomando en sus labios. Caminó hacia el almirante Pardis, tomando la mano de Fable en la suya.
-La voz de la conciencia del Protectorado ha hablado. Y ya que yo soy la conciencia del Protectorado, me aseguraré de que, de hoy en adelante, las naves del Protectorado ya no actúen contra las operaciones de la Alianza, y con el tiempo se unirán a las fuerzas de la Alianza para barrer lo que queda del Imperio, siempre que se obtenga provecho de ello. -Levantó la cabeza y sonrió para reprimir una protesta de Fable-. Hay un precio para la lealtad, querida Fable, y la mayoría de mis tropas son mercenarios. Ha sido mi ambición animarles con recompensas en lugar de con miedo. Siempre y cuando estén bien alimentados y felices, siguen siendo una fuerza formidable que hasta el Imperio tiene dificultades para eludir.
Una explosión hizo temblar el hangar subterráneo cuando una descarga laser estalló en el perímetro de la base. Jaalib sonrió, sacudiendo la cabeza.
-En todos los años, con toda su sabiduría, a mi padre todavía le falta una cosa que cualquier padre necesita: paciencia.
Irguiéndose, el almirante Pardis miró a Fable con sus intensos ojos grises.
-¿Estás segura de que estás haciendo lo correcto, capitana Astin?
Fable se alejó de él, acomodándose en la sombra de Jaalib, y asintió. Con confianza, sonrió a Jaalib y luego a Pardis.
-Lo estoy.
Pardis suspiró profundamente y le hizo señas al técnico de comunicaciones.
-Abra un canal. -El oficial técnico, con el sudor manando de sus sienes, abrió rápidamente el canal de la frecuencia principal de la guarnición.
-...guarnición, este es la nave Protectorado Uno del Protectorado, acompañada por destructores de apoyo. Tienen a uno de nuestros agentes de mando...
-Bane -susurró Jaalib, con voz grave en una frecuencia que ninguna máquina podía imitar.
Hubo una pausa en la transmisión.
-Jaalib... Lord Brandl, ¿está usted bien?
-Lo estoy. Regresaré en breve. Dile a mi padre que ya no es necesario el uso de la fuerza aquí, estas personas son ahora nuestros aliados.
-Entendido. ¿Debo enviar una nave?
-No es necesario, usaré la nave de la capitana Astin, el Pródigo.
-Informaré inmediatamente de su llegada a su padre. Werth fuera.
Jaalib se volvió hacia Pardis, con una sonrisa tímida asomando a sus labios.
-Ha hecho usted una buena elección, almirante, y un poderoso aliado en el Protectorado. Le tendió la mano en señal de amistad.
-Eso está por verse -respondió Pardis. Vacilante, tomó la mano de Jaalib y la sacudió con firmeza-. ¿Dónde y cuándo podremos enviar nuestros equipos de negociaciones?
-La capitana Astin se pondrá en contacto con los detalles. Mientras tanto, usted y los suyos nos encontrarán en el sistema Issor, en el planeta Trulalis, donde las fuerzas de la Alianza son bienvenidas. Venga a visitarnos, y mientras esté allí, tal vez pueda usted darse el placer de una buena obra de teatro y una cena.
-Tal vez. -Pardis miró a Fable, como implorándole que reconsiderase su decisión-. Salimos del estado de alerta. Jefe de cubierta, prepare la pista de tráfico más rápida para la partida del Pródigo. Tengo fe en ti, chica –le susurró a Fable al oído-. Siempre la tuve. Si alguien puede hacer este trabajo, eres tú. Cielos despejados.
Jaalib enderezó los hombros, caminando junto a Fable mientras se dirigían hacia el YT-1300 estacionado.
-Qué lentamente llega su confianza.
-Habéis hecho mucho daño, Jaalib. Daño que tardará un largo tiempo en repararse durante nuestras relaciones. -Hizo una pausa, mirando a su nave y al piloto que la esperaba en la rampa-. Por todas las lunas de Nar Shadaa.
-¿Qué pasa?
-Deke. Yo ni siquiera había pensado en Deke. –Con el corazón de nuevo golpeando en su garganta, Fable tragó saliva, pensativa-. El Pródigo, el equipo... es su vida. Esto va a ser más difícil de lo que imaginaba. -Se puso rígida cuando Jaalib le tomó la mano. Apretando sus confortantes dedos, se acercó a la rampa de la nave-. ¿Deke?
El socorrano frunció sus labios gruesos con aprensión, mirando sus botas.
-Lo escuché todo, capitana. No hay necesidad de explicar nada.
-Con respecto al Pródigo –dijo ella inclinando la cabeza-, siempre has sido...
-Yo fui un mercenario una vez -dijo Deke, mirando más allá de ella, a Jaalib-. Un miembro de los Bha'lir Negros. Soy bastante bueno olfateando emboscadas imperiales. Puedo burlar a algunos de sus pilotos... incluso a los especiales. Soy capaz de leer el código imperial como si fuera básico. A primera vista no parezco gran cosa, pero...
Jaalib le tendió la mano al socorrano, quien la aceptó sin dudarlo.
-Siempre hay un lugar para ti. Ahora démonos prisa, tenemos que reunirnos con un señor de la guerra. Y que iniciar un nuevo plan de acción.
Deke se cuadró.
-Suena como en los viejos tiempos. Bienvenida a bordo, capitana... y comandante. -Deke activó el cierre de la rampa del YT-1300 mientras Jaalib invitaba a Fable a subir primera al carguero.

***

A bordo del Protectorado I, el saludo fue diferente, pero no menos intimidante. Al detenerse en la parte superior de la rampa del Pródigo para echar un vistazo a la gran bahía de atraque, más de un millar de soldados acorazados blancos se pusieron en posición de firmes, con las armas preparadas a modo de saludo formal. No está mal para un grupo de mercenarios, pensó, mientras Jaalib la tomaba suavemente del brazo y la conducía, tan majestuosamente como a una reina, hasta en las filas de sus hombres. Los oficiales que se alineaban en el pasillo principal entre las tropas de asalto hicieron bruscas reverencias al acercarse, lo que obligó a Fable a enviar una perpleja mirada por encima del hombro hacia Deke, que caminaba detrás de ellos en un lugar de sumisión voluntaria.
A medio camino del desfile de uniformes, Bane les esperaba, arrodillado sobre una rodilla.
-Bienvenido a bordo, mi Señor. -Miró brevemente a Fable, con una expresión impasible en su rostro-. Bienvenida, mi Señora.
-Bienvenida a bordo, en efecto -dijo una voz familiar.
Fable luchó por reprimir el escalofrío que recorrió toda su columna vertebral cuando Adalric Brandl se acercó a ellos, vestido con su túnica negra sin pretensiones. Una menuda mujer joven, casi una niña, vestida con una lujosa túnica negra, le acompañaba permaneciendo a su lado, con su pelo negro azabache recogido en una sobria trenza que colgaba de sus hombros pálidos.
-Jaalib. -Adalric sonrió, y sus ojos se volvieron de su hijo a Fable. El lado izquierdo de su cara todavía estaba lleno de cicatrices, como Fable recordaba. Un recordatorio inquietante de un encuentro cercano con un detonador térmico, un encuentro que sólo un Jedi podría haber sobrevivido. Dañado por la explosión, el ojo izquierdo estaba amarillento y extraño, parecía tener una percepción extraña propia.
-Fable –saludó cálidamente Adalric con los brazos abiertos, invitándola a un abrazo-. Bienvenida a casa, hija.
Fable dio un paso adelante, y aunque rechazó inicialmente el frío abrazo, tomó la mano que Adalric le ofrecía y aceptó el beso que le dio en la mejilla. Mirando por encima del hombro a Jaalib, sintió los pulmones apretados como si les faltara aire. Sentía dolor en el pecho, igual que lo sentía después de su caída desde el acantilado en Redcap. Al notar la presión de la mano de Adalric en la suya, se preguntó qué tácita promesa había aceptado, un pacto que le dejaba asustada y casi incapaz de respirar.

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