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viernes, 21 de junio de 2013

No harás daño (y II)


Pasar más allá de la bahía de atraque fue mucho más fácil de lo que esperaba. Haslam, haciendo una imitación perfecta de un oficial imperial -discurso seco y la postura formal incluidos-, se identificó como un tal teniente Grallant, número de operación 13398247, y a nosotros como contrabandistas y posibles simpatizantes rebeldes. El comandante de la base, que parecía haber oído todo eso demasiadas veces en el pasado, nos hizo un gesto cansado con la mano indicando el pasillo que supuse que nos llevaría a la zona de espera.
Desfilamos por el pasillo gris, terminando en una gran bahía con pasillos llenos de celdas que se abrían a intervalos regulares. El banco central informático estaba habitado por cuatro soldados de asalto que sostenían rifles bláster por lo menos tan grandes como los que sujetaban Enkhet y Gowan, y un oficial de uniforme cuidadosamente planchado, que llevaba la insignia de capitán y que parecía estar mucho más alerta que su comandante. El oficial levantó la vista cuando entramos, y todos los soldados se movieron ligeramente para apuntar sus rifles no precisamente a nosotros, pero sin duda en nuestra dirección. De repente encontré más difícil respirar. Parte de mi cerebro estaba considerando seriamente decir "No cuenten conmigo, gracias, no quiero jugar más", dar la vuelta y caminar de regreso a la nave. Dado que eso habría arruinado el precioso guión de Haslam, y yo estaba demasiado congelada para moverme de todos modos, me quedé quieta y en silencio.
Haslam repitió el asunto del nombre, rango y número de operación para el oficial, que (gracias a los cielos) no parecía estar inclinado a presentar problemas. En cambio, amablemente encendió el ordenador y nos asignó a cada uno de los tres un número de celda. El procesamiento de los prisioneros aparentemente se llevaba a cabo dentro de las celdas, en lugar de en el área abierta; para reducir el riesgo de fugas, supuse. Dado que una fuga era precisamente lo que teníamos planeado, no encontré alentadora esa información.
Enkhet presionó el cañón de su bláster en mi espalda, empujándome hacia adelante. El capitán Quiensea dio un paso adelante para ayudar a conducirnos a nosotros, rudos criminales, a las celdas para ser procesados. Haslam lo detuvo con una mano levantada.
-Voy a tener que pedirle a usted y a sus hombres que salgan por unos minutos.
-¿Qué? -preguntó el capitán sin comprender.
-Necesito que usted y sus hombres salgan del área temporalmente. -Haslam habló en voz aún más baja, con un aire de complicidad-. Pertenezco a Inteligencia. Sospechamos que estos presos han tenido acceso a información de alto secreto sobre los movimientos de varias células rebeldes. No es que no confiemos en un leal oficial imperial, pero la presencia de estos prisioneros aquí tiene que mantenerse en el más absoluto secreto hasta que se haya completado el interrogatorio. Estoy seguro de que lo entiende.
-¿Sabe el comandante Caton algo de esto?
-No, y es importante para el esfuerzo de guerra que en este momento no lo sepa nadie. No puedo decirle más. Ni siquiera debería haberle dicho esto. La razón por la que los he traído aquí es porque conozco la reputación de los oficiales y soldados de esta base. No hay lugar más seguro en toda la galaxia.
-Entiendo -dijo el capitán con gravedad, e indicó a los soldados que lo siguieran por la puerta. Evidentemente, la adulación servía de mucho.
-También tengo que desactivar temporalmente las cámaras de seguridad. Sólo hasta que sean procesados, ya entiende. Nadie debe saber de su presencia.
-Entendido. -Y fue tan fácil como eso. Los impes simplemente salieron y cerraron las puertas detrás de ellos. Gowan, con el casco fuera, ya estaba pirateando el equipo; después de un momento, las cámaras montadas en torno al techo quedaron a oscuras.
Haslam recorrió rápidamente la sala para comprobar no-sé-qué, mientras Enkhet nos quitaba las esposas. Melenna estiró los brazos y las manos hacia adelante para eliminar la rigidez.
-No tenías por qué apretarlas tanto -se quejó suavemente-. Tengo las manos dormidas.
-Eras tú la que quería ser convincente.
Liak gruñó una amonestación y la disputa -probablemente el capítulo más reciente de una larga saga- cesó. Mientras tanto, yo estaba escarbando de nuevo en mi botiquín, asegurándome una vez más de que ninguno de los preciosos equipos o viales de medicamentos estuviera dañado. El ligero cosquilleo de mis músculos en tensión, el preludio habitual a una reanimación total, empezaba a asomar a través de mi miedo.
-¿Dónde está? -pregunté.
-Estoy buscando -respondió distraídamente Gowan, con su atención totalmente ocupada por las imágenes parpadeantes de la pantalla-. Bueno, aquí está. Celda 2826.
-¡Bueno, venga, vayamos!
-Aurin -dijo Haslam en voz baja-. Yo estoy al mando de esta misión. Vamos cuando yo lo diga.
-Haslam -dije en el mismo tono-, ha logrado que pasásemos a través de los impes. Ahora se trata de una misión médica. Ese es mi departamento, ¿recuerda? Hay un hombre muriendo en una de estas celdas. Tengo trabajo que hacer. Déjeme hacerlo. -Las palabras "o de lo contrario... " quedaron flotando en el aire. No sabía muy bien qué implicaría "o de lo contrario", pero Haslam se dio cuenta de que yo hablaba en serio de todos modos. Él medio rió, medio suspiró, y dio la señal de avanzar.
La celda estaba al final del pasillo central. Mientras Enkhet montaba guardia cerca de la entrada -Gowan se había quedado atrás para buscar algo más de información en los ordenadores-, Haslam introdujo un complejo código en el teclado junto a la puerta. Se abrió deslizándose para revelar un humano delgado de pelo gris tumbado en la plataforma en el extremo más alejado de la pequeña habitación. Se incorporó a medias sobre un codo, con los ojos muy abiertos al vernos. Absorbí detalles mientras me acercaba rápidamente a su lado, soltándome el botiquín de alrededor de la cintura: estaba muy pálido, con los ojos hundidos y los labios secos, lo que indicaba deshidratación, pero estaba despierto, alerta y consciente. Me había estado preparando para un paciente en las puertas de la muerte, y estaba sorprendida del relativamente buen aspecto que tenía.
-¿Es este el equipo de rescate? -Su voz era suave y ronca, pero mantenía un toque de humor irónico.
-Nosotros somos. -Melenna me había seguido de cerca, y le ofreció una deslumbrante sonrisa que sospeché que podría levantar a cualquier hombre de su lecho de muerte en poco tiempo. Probablemente esa fuera su intención. "Cualquier cosa para que la misión sea un éxito", había comentado brevemente durante el viaje. Si coquetear con el rescatado ayudaba en algo, lo haría.
-No os... esperaba. -Tuvo que respirar en medio de la corta frase: sí, necesitaba algo de ayuda. Durante la conversación había estado abriendo rápidamente mi equipo; en ese momento coloqué la UAI –unidad de acceso intravenoso- en la parte superior de su pecho y presioné el interruptor de activación. Mientras que el catéter se enterraba a través de su piel en busca de la vena subclavia que conducía directamente a su corazón, abrí dos ampollas de Clondex, una de esteroides endógenos, un parche de cordina, y un litro de solución de suero de reemplazo, y los coloqué todos al alcance de mi mano. Liak se agachó a mi lado, listo para ayudar si fuera necesario; Haslam se mantuvo alerta en la puerta.
-Hey -comentó Melenna-, nunca subestimes el poder de una mujer.
-Estás en mejor forma de lo que pensaba que estarías -le comenté mientras trabajaba.
-Yo tenía tres viales de... Clondex cuando llegué aquí... He estado reduciéndome la dosis. No se me acabó... hasta hace dos días.
-¿Cómo conseguiste pasarlos por el cacheo corporal? -preguntó Melenna.
-Me los tragué. -Débil como estaba, Vibrion le guiñó un ojo. Melenna siguió esa declaración a su conclusión lógica e hizo una mueca; curioso, yo no habría pensado que fuera de tipo aprensiva. Pasé el escáner sobre su cuerpo, advirtiendo el corazón pequeño (otro signo de deshidratación) y la reducción de los riñones y las glándulas suprarrenales, que eran síntomas del Zithrom. La presión arterial era un poco baja, el ritmo cardiaco un poco rápido, pero por lo demás todo parecía bastante normal. Dejé escapar un suspiro de alivio. Esto no va a ser tan malo como yo pensaba, gracias a los cielos. Y recuerda, la próxima vez que Briessen quiera enviarte a una de estas cosas, di que no.
La UAI hizo clic, y un reflujo de la oscura sangre venosa apareció en la cámara de acceso, lo que indicaba que el catéter estaba en la vena. Inyecté la primera unidad de Clondex y el esteroide rápidamente, luego comencé a alimentar la solución de suero lo más rápido que pude. Tuve que tener cuidado aquí; proporcionar un gran volumen de líquido demasiado rápido podría resultarle perjudicial y causarle insuficiencia pulmonar y renal.
-¿Cómo vamos? -preguntó Haslam-. Tenemos que salir pronto.
-Necesito unos minutos más. ¿Nos han descubierto?
-No hay señales aún –dijo-, pero no tentemos a la suerte. Liak, ve a abrir la entrada del túnel de acceso y espera allí.
Liak se apartó de mi lado y salió por la puerta, agitándome el pelo con su gran pata al pasar.
La bolsa de fluido estaba casi vacía; la apreté para conseguir que las últimas gotas entraran en mi paciente, y luego la desconecté. Vibrion ya tenía mejor aspecto, con los ojos menos hundidos y el color regresando a su cara. Le di la segunda dosis de Clondex, y a continuación planté el parche de cordina sobre su cuello. Se puso rojo, levantando una mano temblorosa hacia su frente mientras el estimulante hacía efecto.
-El dolor de cabeza pasará en un minuto -le dije-. Esto te ayudará a mantenerte en pie. Tenemos que salir de aquí. ¿Puedes sentarte?
Vibrion asintió, haciendo una mueca mientras le ayudaba a sentarse y volvía a comprobar su presión arterial; aguantaba constante. Hasta ahora, todo bien.
-Liak tiene el túnel abierto -dijo Haslam, con calma pero con una nota de urgencia subyacente en su voz. Alcé a Vibrion a una posición de pie, Melenna dio un paso para que él pudiera apoyar el brazo sobre su hombro, y volví a revisar las lecturas del escáner; su pulso había aumentado 10 latidos por minuto para compensar el cambio en la postura corporal, pero la presión arterial se mantenía estable.
-¿Estás bien? -le pregunté.
-Estoy bien. -Él sonrió débilmente-. Vamos.

***

El túnel de acceso corría paralelo a lo largo del pasillo, un pasaje polvoriento, brillantemente iluminado, con la altura justa como para estar de pie (Liak y Enkhet tenían que agacharse un poco) y la anchura justa para avanzar en fila de a uno. Melenna, Vibrion y yo, unidos en la retaguardia, nos deslizábamos de costado. Liak iba en cabeza, seguido de Enkhet y Gowan; Haslam estaba en el centro, donde podía supervisar a todos a la vez. Era un proceso lento, y al principio nos vimos obligados a retroceder y volver a comenzar un par de veces. Yo no tenía la menor idea de a dónde íbamos, y no estaba segura de si me importaba. Había hecho lo que había venido a hacer, y el reflujo del exceso de adrenalina sin usar después de la acción me había dejado agotada, cansada y hambrienta. Melenna, por otra parte, parecía alterada y nerviosa.
-Esto nos está costando demasiado tiempo -dijo entre dientes a Haslam, justo por delante de ella-. ¿Cuánto tiempo crees que pasará antes de que los impes se den cuenta de que pasa algo? No son todos idiotas, ¿sabes?
-Soy consciente de eso, Melenna -dijo Haslam con medida calma-. Sólo han pasado once minutos. Tenemos tiempo.
¿Once minutos? ¿Cómo podían haber pasado sólo once minutos? Parecían haber pasado horas desde que había entrado en esa celda.
Liak gruñó algo desde la cabeza de la fila, y seguimos avanzando. Eché un vistazo a Vibrion en varias ocasiones, reevaluando su estado; después de unos minutos estaba goteando sudor - hacía calor en el túnel- y perceptiblemente más pálido cuando se pasó el efecto de la cordina, pero se agarraba suavemente mis hombros y seguía moviéndose. Se me ocurrió que, tan frágil como parecía ese anciano, cualquiera que -a su edad, y agobiado por la enfermedad crónica- pudiera fundar y dirigir toda una célula de la Rebelión tenía que ser más duro que el titanio templado. Sin duda lo estaba demostrando ahora.
Después de unos largos minutos más de esa empresa, todos nos detuvimos a una señal de Liak: nos acercábamos a la bahía de atraque. El plan consistía en lanzar una granada de concusión en la bahía mientras permanecíamos a cubierto en el túnel; con los guardias incapacitados y el haz tractor presumiblemente desactivado, nos deslizaríamos en nuestra lanzadera robada, despegaríamos, y evadiríamos la persecución el tiempo suficiente para completar los preparativos para saltar al hiperespacio.
Al menos, esa era la teoría.
Todos nos agachamos en el suelo polvoriento del túnel, excepto Vibrion, que se sentó bastante repentinamente, como si sus piernas ya no pudieran sostenerlo. Melenna lo apoyó en la pared mientras yo rebuscaba en el medipac para sacar otro parche de cordina. No estaba segura de que fuese demasiado acertado darle otra dosis -le podría causar un fallo cardíaco-, pero quería tenerlo a mano por si lo necesitaba. Un destello de color blanco me llamó la atención por el rabillo del ojo en la esquina más lejana del pasillo, y alcé la mirada.
Un soldado de asalto, aplastado contra la pared curva, estaba dando la vuelta a la esquina, con el bláster alzado y apuntándome directamente a mí.
Emboscada, pensé, muy fría y claramente, mientras el tiempo parecía detenerse a mi alrededor. Me daba la impresión de no poder respirar; las náuseas y el vacío aturdido eran casi exactamente lo que había sentido a los seis años, al caer desde un balcón de plancha sobre el estómago. Pero mi mente, entrenada para funcionar lógicamente en una crisis, siguió trabajando todo el rato: No hay tiempo para advertir a Haslam. Estás bloqueando a los otros; no pueden rodearte para disparar. Si caes, Vibrion es el próximo de la fila.
Tienes un bláster.
Mi mano derecha sacó el pequeño bláster de apoyo de la funda bajo mi manga izquierda, apuntó al soldado, y disparó. El disparo salió hacia arriba en un ángulo suficiente para pasar entre el peto y la parte inferior del casco; le dio de lleno en la garganta, y el soldado dejó escapar un murmullo ahogado y cayó de rodillas. Su casco quedó suelto al caer, permitiéndome una breve visión de un hombre muy joven, de cabello castaño claro húmedo por el sudor y pegado a su cráneo, ojos grises claros abiertos de asombro, antes de que cayera de plano sobre su cara.
Apenas tuve tiempo de asombrarme por haberle disparado de verdad, cuando ya estaba rodeada de disparos bláster: Haslam y los demás se habían dado cuenta de que algo estaba pasando detrás de nosotros, y disparaban por encima de mi cabeza en un patrón de disparar y agacharse perfectamente coreografiado que decía que ya habían estado en situaciones como esta antes. Los demás soldados, rota su cobertura, habían salido de la esquina y nos estaban disparando. Yo comencé a dar marcha atrás, con una idea confusa de proteger a Vibrion con mi cuerpo, pero Melenna me susurró:
-¡Abajo!
Su frase fue acentuada por una explosión atenuada, pero muy fuerte, procedente de la dirección de la bahía de atraque, que sacudió las paredes que nos rodeaban. Tragué saliva para igualar la presión en mis oídos e hice un par de disparos al azar hacia los soldados, al tiempo que tanteaba detrás de mí con mi mano izquierda buscando la muñeca de Vibrion. Su pulso era rápido y un poco irregular, pero fuerte; me apretó la mano en señal de débil consuelo.
Durante todo esto, me había olvidado de tratar de volver a respirar. Jadeé, y el aire entró corriendo en mis pulmones, haciendo que me sintiera repentinamente mareada. Dejé caer la frente sobre mi muñeca; doblada torpemente en una posición semi-fetal en el suelo, no había mucho más que fuera capaz de hacer. Me quedé allí, agarrando la mano de Vibrion, hasta que alguien me agarró fuertemente del hombro.
-¡Venga! -gritó bruscamente una voz-. ¡Nos vamos!
Miré hacia arriba para ver a Gowan inclinado sobre mí, sin el casco y con un pliegue carbonizado de quemadura de bláster cruzando su frente, donde un disparo le había rozado. Me agarró de la muñeca, me puso en pie, y me empujó hacia delante, hacia la bahía de atraque. Detrás de nosotros sólo quedaba un montón de armaduras blancas, el chico de ojos grises oculto bajo sus compañeros. El suelo de la bahía estaba cubierto de manera similar con los cuerpos flácidos de soldados y oficiales, todos inconscientes al mismo tiempo por la explosión de la granada de concusión de Liak. Haslam, esperándonos en la entrada, me agarró del brazo y me hizo subir la rampa de la lanzadera justo detrás de Melenna y Vibrion; él estaba apoyándose en su hombro, con las rodillas dobladas y claramente al borde del colapso. Gowan nos siguió al interior, golpeó el cierre de la puerta y se dirigió a la cabina a la carrera; los motores ya estaban rugiendo en la secuencia de arranque. Haslam nos dejó a Vibrion y a mí en los asientos de pasajeros, nos abrochó rápidamente los arneses, y luego se volvió para seguir a Melenna a popa.
-¿A dónde vais? -jadeé.
-A manejar las armas -dijo por encima del hombro, sin perder el paso.
-¿Armas? ¡Pensaba que las lanzaderas no tenían armas!
No hubo respuesta, salvo las sacudidas de la nave al alzarse; luego fuimos arrojados hacia atrás por la fuerte inercia de la aceleración cuando la lanzadera salió disparada hacia adelante. Los minutos siguientes fueron una burda aproximación de una atracción repulsoelevadora de feria en la que había montado una vez durante una Semana Festiva de Coruscant: moviéndose hacia arriba, hacia abajo, hacia los lados, como un sacacorchos, y varias direcciones menos imaginables, todo ello a una velocidad vertiginosa, en total oscuridad (las luces de la cabina se habían apagado durante la segunda maniobra a alta velocidad), y esta vez con la emoción añadida de gente disparándonos. Pude escuchar vagamente la charla casual de Haslam y Melenna mientras respondían a los disparos; evidentemente esta lanzadera tenía armas. Vibrion estaba demasiado lejos para que yo llegase hasta él, pero estaba sentado acurrucado en sus arneses, con los ojos hundidos de nuevo en su rostro, pero chispeantes. La gente dice que los médicos de emergencia son adictos a la emoción, pero esto se estaba volviendo ridículo. Sin embargo, Haslam tenía razón sobre el pilotaje de Enkhet; incluso yo me daba cuenta de que estaba haciendo un trabajo excelente para mantenernos de una pieza. Finalmente el viaje se convirtió en un bocadillo de Aurin en alta gravedad, extrayendo el aire de mis pulmones cuando la lanzadera daba el salto al hiperespacio con las estrellas estirándose.
Los minutos siguientes fueron un borrón, mientras acomodaba mejor a Vibrion y le daba un poco más de fluido y media dosis más de Clondex. Haslam había recibido un disparo de bláster en el hombro izquierdo, y había tenido la suerte de que no le afectase a ninguno de los grandes vasos y plexos nerviosos; lo limpié y vendé su herida y la de Gowan. Melenna, que había estado a plena vista de los soldados y sin armadura ni ninguna otra forma de protección, no tenía ni un rasguño.
-Por eso la llevamos siempre con nosotros –bromeó alegremente Enkhet, caminando a la sala común desde la cabina-. Es nuestro amuleto.
Melenna le golpeó suavemente en la coronilla con una sonrisa burlona, y Enkhet tiró juguetonamente de uno de sus dorados rizos sueltos.
Terminé el vendaje de Haslam y estaba a medio camino de volver guardar todo en el medipac, pensando que parecía buena idea tomar una bebida caliente, cuando me atacaron los temblores. Siempre me pongo un poco temblorosa después de una emergencia; por lo general se pasa después de unos pocos segundos, pero esta vez se puso cada vez peor. Me arrodillé en las placas de la cubierta en el rincón de la sala común, con la cara vuelta hacia la pared, mientras los horribles pensamientos burlones se arrastraban por mi cerebro.
Disparaste al soldado. Lo mataste. Creía que se suponía que eras médico, ¿recuerdas?
¡Tuve que hacerlo! Era él o nosotros.
Sí, claro. Toda esa moralina piadosa sobre tu juramento, y no hacer daño, y la santidad de la vida inteligente... y nada de eso significa realmente nada, ¿verdad?
No era sólo yo, no sólo mi propia vida. Tenía que proteger a un paciente. Tenía que proteger a todo el grupo.
¡Oh, venga ya! ¿Tú tenías que protegerlos? ¿Quién te ha nombrado Héroe del Universo? Reconócelo: puedes hablar todo lo que quieras sobre moralidad, pero a fin de cuentas has quitado una vida. No eres una sanadora, eres una asesina.
-¿Aurin?
Una mano me tocó el hombro y me volví. Gowan se arrodilló a mi lado, con aspecto cansado y maltrecho y absurdamente joven, con franca preocupación en sus ojos oscuros. Le miré, incapaz de hacer pasar ninguna palabra por la pelota de hessa que se había alojado repentinamente en mi garganta.
-Sabes -dijo lentamente-, hiciste un buen trabajo ahí fuera.
-Yo lo maté. -Una respiración profunda me permitió hablar, pero no pudo evitar el temblor de mi voz.
-Lo sé. Y siento que tuvieras que hacerlo... pero no puedo decir que siento que lo hicieras. -Su voz era firme, tranquila-. Escúchame, Aurin... esto es una guerra. El objetivo de la guerra es que si puedes matar a bastante gente del otro lado, se rendirán. Eso es algo duro con lo que vivir. Y lo que es aún más duro es que, a veces, en la matanza quedan atrapadas personas que en realidad no deberían estar allí. Y creo que eres una de esas personas.
-Puedes decir eso otra vez. –Se me escapó un débil gemido, mitad risa, mitad sollozo-. Se supone que tengo que mantener a la gente viva, no... esto.
-Exactamente. Y eso es lo que hace que lo que hiciste hoy sea tan valioso. La Rebelión no tiene ni de lejos tantas tropas como el Imperio. Si no podemos seguir con vida el tiempo suficiente para ganar esta guerra, habremos malgastado nuestras vidas. Míralo de esta manera: has ayudado a mantenernos a todos con vida un poco más de tiempo para librar esta batalla. Y mantuviste a Vibrion con vida, y eso es aún más importante, por ser él quien es. Porque él puede atraer a otros que creen que lo que estamos haciendo es lo correcto.
No me esperaba tanta dulzura, tanta elocuencia de este hombre oscuro que apenas había hablado durante toda la misión. El nudo en mi garganta se disolvió rápidamente en lágrimas. Gowan puso torpemente un brazo alrededor de mis hombros mientras lloraba, lágrimas calientes de vergüenza, de auto-recriminación, de dolor y de pura reacción a los acontecimientos del día.
Las tensiones y el dolor fueron saliendo gradualmente fuera de mi cuerpo, junto con las lágrimas. Después de unos minutos, simplemente dejé de llorar y me dejé caer agotada en la pared, me pasé la manga por los ojos y sonreí temblorosamente hacia Gowan.
-Ya estoy bien. De verdad -añadí ante su mirada incrédula-. Siento haberte llenado de lágrimas. Yo sólo... quisiera estar a solas un momento.
Él asintió con la cabeza y se levantó.
-¿Quieres algo? ¿Una bebida?
-Ahora no, gracias.
Él asintió con la cabeza y avanzó hacia la cabina.
-¿Gowan?
Se dio la vuelta.
-Gracias.
Él volvió a asentir y se alejó. Me quedé allí sentada por un tiempo, con los ojos cerrados y la mente a la deriva. En su mayor parte, había hecho lo que vine a hacer. Había conseguido que Vibrion saliera con vida de la prisión; yo misma había logrado escapar, al igual que el resto del equipo. Y si todo eso se debía en parte a que hubiera violado mi juramento de no hacer daño... bueno, tal vez se podrían hacer excepciones por haber hecho algo malo por una buena razón. Tal vez las bonitas reglas de la medicina no se mantenían demasiado bien en la guerra. De cualquier manera, no había nada que pudiera hacer al respecto ahora... excepto desear que ese chico de ojos grises se hiciera uno con la Fuerza que nos une a todos, y seguir adelante con mi vida y mi trabajo lo mejor que pudiera. Suspiré, me levanté -dolorida como por las secuelas de un disparo aturdidor- y fui en busca de esa bebida caliente.

***

Me dieron una medalla cuando regresamos: el Premio al Logro de Campo, la que dan a todos los operativos de campo que regresan de su primera misión. Todavía la tengo. La tiré en un cajón y no la he mirado desde entonces. Pero al igual que una herida a medio curar, siempre sé que está ahí.

jueves, 20 de junio de 2013

No harás daño (I)

No harás daño
Erin Endom

Todo parecía bastante sencillo el día que me llamaron a la oficina del comandante Briessen. “Servicio destacado temporal”, lo llamó. Naturalmente, me pregunté qué tipo de servicio destacado necesitaba a una médico de una nave-hospital, pero no tuve que preguntármelo por mucho tiempo; sólo hasta que apareció el teniente Haslam: Tengo que decir que no tenía el aspecto de un comando de élite.
Un par de centímetros más alto que yo, pelo castaño claro que empezaba a clarear en la parte superior, ojos azules, cara pálida y redonda, complexión delgada; parecía un contable. Pero para entonces todo el mundo en la Rebelión conocía su reputación. ¿Qué podía querer él de mí?
Me enteré poco después. Gebnerret Vibrion, el jefe político de otra célula rebelde, había sido capturado por los impes y estaba siendo interrogado en Selnesh, un importante planeta prisión en el Sector Irishi. Sabía demasiado como para ser dejado en custodia; si no conseguían hacerle hablar pronto, le matarían. Bueno, podía entender eso. Yo no llevaba mucho tiempo con la Rebelión, pero hasta yo sabía que, dado el tiempo suficiente, cualquier persona podía venirse abajo, y acabaría haciéndolo, ante la presión de un interrogatorio: tortura física, drogas, amenazas a los seres queridos, todo el mundo tiene un punto de ruptura. De modo que, ¿dónde entraba un médico en la foto? Resultaba que Vibrion era un varón humano de bastante edad con el síndrome de Zithrom, un problema renal que le obligaba a tomar dosis continuas de Clondex con el fin de seguir con vida. Era casi seguro que los impes no se preocuparían de atender a sus problemas médicos. Aún peor, antes de morir, comenzaría a delirar. ¿Y quién sabe qué secretos podría compartir entonces?
Así que me presenté en la reunión previa a la misión, con no poca aprensión. No me había unido a la Rebelión para una vida de aventuras; me había alistado para salvar vidas. (Cielos, eso suena pomposo. Es más exacto decir que me había alistado para tener un trabajo estable haciendo lo que se me da bien, en beneficio de Los Buenos.) Me sentí aún más fuera de lugar cuando conocí a los otros miembros del equipo, todos ellos comandos: Melenna, una mujer pequeña, alegre y exquisitamente hermosa, con una melena suelta de rizos dorados y los ojos azules más fríos que había visto en mi vida; Gowan, un hombre grande de tez oscura, sin duda el tipo de persona fuerte y silenciosa; Enkhet, un chico alto, flaco y pálido cuyo aspecto gritaba a voces "pirata informático"; Liak, un wookie (relativamente) pequeño con largo pelo castaño dorado y un aura casi palpable de calma a su alrededor; y Haslam, que nos miraba a todos nosotros con su fría mirada analítica.
-El plan -dijo después de un largo rato- es entrar, ir a por Vibrion y salir lo más silenciosamente posible. No vamos a desmantelar el centro de interrogatorios; no vamos a hacer una matanza de Impes; no vamos a por la gloria. Vamos a por Vibrion. Punto.
Su tono de voz se me hacía incómodo.
-¿A por él en qué sentido? -pregunté.
-En el sentido que debamos hacerlo -respondió Haslam con calma-. Si podemos evacuarle, bien. Si no podemos hacerlo, podemos proporcionarle una muerte más rápida y sencilla que la que le darán los Impes, y podemos impedir que hable. ¿Algún problema con eso, doctora Leith? -Hizo un ligero hincapié en el título.
En realidad, sí. Podía entender su razonamiento: cargado con el rescate de una persona que no podía andar por sus propios medios, casi no había posibilidad de que el equipo saliera intacto. Por otro lado, yo era una doctora, y mi trabajo era hacer todo lo posible para salvar a mi paciente. Mantuve la boca cerrada por el momento, pero la sensación de opresión en la boca de mi estómago estaba aumentando considerablemente.
-Muy bien -se dirigió a los demás-. Operación básica de recogida de huérfano tonto y fuga... la hemos realizado cientos de veces. Nos infiltramos en el centro de incógnito: Melenna, Liak, vosotros sois los presos; escenario estándar de contrabandistas sospechosos de ser simpatizantes rebeldes. Gowan y Enkhet son soldados de asalto, yo el oficial al mando. Aurin -se volvió hacia mí-, tendrás que ser otra prisionera. Ibas a tomar un pasaje con Melenna y Liak a Sestooine, has sido capturada por error, y no sabes nada de nada. Sólo mantén la boca cerrada y lo harás bien. ¿Cuánto material necesitas llevar?
Por suerte, había tenido la precaución de pensar en eso con antelación.
-Puedo arreglármelas con un solo medipac -contesté un poco precipitadamente-. Necesitaré que llenarlo con Clondex adicional y algo de equipo especial.
-Bien. Llegaremos al sector prisión, averiguamos dónde está, luego nos deshacemos de los guardias y entramos en su celda. Una vez que entremos, tu trabajo es conseguir ponerle alerta y en movimiento rápidamente, si es posible. Si no puedes, tendremos que... salir sin él. -Los demás asintieron casualmente; tuve la sensación de que su vacilación había sido totalmente dedicada a mí-. Una vez que esté en pie, volvemos a la lanzadera. Para esta parte, tomaremos los túneles de acceso de mantenimiento.
Tocó un botón en la consola de sobremesa, y un esquema holográfico de una instalación de estilo Imperial surgió del centro de la mesa; otro ajuste, y una serie de pasajes se destacaron en rojo. La ruta desde las celdas de la prisión a los muelles de atraque era larga, tortuosa y confusa.
Melenna rió.
-Aquí es donde entra en juego Liak. Su pueblo es arborícola; puede encontrar su camino a través de cualquier extraño laberinto de ramas sin dar nunca un giro equivocado. Por alguna razón, funciona también en estaciones espaciales. No terminamos de entenderlo, pero no lo discutimos.
-El rayo tractor es sólo una única unidad -continuó Haslam-. Diseño débil; dice que no creen que nadie pueda escapar. Gowan, entrarás en el ordenador principal y lo desactivarás mientras el nuestro médico aquí presente esté tratando a Vibrion. A plena potencia y con unas cuantas de las fantásticas modificaciones de naves de Enkhet, deberíamos ser capaces de alejarnos lo suficiente para poder saltar al hiperespacio. ¿Preguntas?
Si alguien tenía alguna, no iban a admitirlo; la única respuesta fue una serie de ligeros gestos del resto de miembros del equipo. Yo tenía una, y me estaba molestando tanto que ni siquiera reaccioné ante el interesante hecho de que era Gowan, y no Enkhet, el experto en ordenadores. Haslam me miró bruscamente, pero se limitó a decir:
-Está bien, podéis iros. Nos encontraremos fuera de la lanzadera mañana a las 6:00, hangar 36. Dormid todos un poco. Aurin, quédate un momento, por favor...
Una vez que estuvimos solos, dije:
-Dejó una cosa fuera de la sesión informativa. ¿Qué pasa si no puedo conseguir que se mueva? No creo que se refiera a que simplemente nos vayamos y lo dejemos con vida. ¿Quién se encargará del trabajo sucio?
-Francamente, preferiría llevar conmigo un droide médico -dijo Haslam con frialdad-. Mete un fallo en su programación, y hará exactamente lo que la misión exija y no desarrollará ningún escrúpulo moral en el último minuto. Desafortunadamente, los Emedés son caros. Los médicos humanos son mucho más baratos y más fáciles de reemplazar.
-Es bueno saber que soy prescindible -murmuré en voz baja. Haslam ignoró el comentario, pero después de un momento algo de la frialdad desapareció de su rostro, dejando un aspecto de casi impotencia.
-Aurin, no obtengo ninguna satisfacción al matar. Tengo un trabajo que hacer aquí, al igual que tú. El hecho es que no podemos dejar que muera a manos de los imperiales, o de su enfermedad. Y no es sólo por la información que pueda desvelar. El interrogatorio es... bueno, no es una forma agradable de morir. Quiero sacarlo con vida tanto como tú, pero puede que no sea posible. La pregunta es, si llega el momento... ¿puedes darle algo para que sea rápido y sencillo para él?
-Me está pidiendo que lo mate. No puedo hacer eso. -Si de algo yo estaba segura en medio de esa confusión, era de eso. Aparte de cualquier otra consideración, había hecho un juramento antes de que me dejaran salir de la Academia de Medicina de Byblos: en pocas palabras, consistía en "Ante todo, no harás daño".
Haslam no se sorprendió.
-Está bien –suspiró-, es mi responsabilidad. Yo me ocuparé de ella. -Luego, en un susurro, añadió-: Maldita sea, me gustaría que no obligaran a esto.
Dudé. No me gustó el curso de los pensamientos que se desarrollaban en mi mente: Mira, si ese tipo va a morir de todos modos, ¿no es tu trabajo como médico asegurarte de que sea tan sencillo como sea posible? Si no podemos sacarlo, Haslam va a pegarle un tiro. Si no puedes aplacar tu conciencia lo suficiente para proporcionarle una sobredosis de potasio y que sea rápido y sin dolor, ¿no puedes al menos sedarlo lo suficiente como para se quede dormido?
Pero eso significa que estaría ayudando a Haslam a matarlo. Me están arrastrando a esta misión para salvar su vida, si es que es posible, no para ayudar a acabar con ella.
Estás en la misión para servir a tu paciente lo mejor que puedas, tanto si eso significa salvar su vida como ayudarle a morir tan tranquilamente como sea posible.
¡Cielos, odio esto!
-Puedo darle algo de conergin -me oí decir abruptamente. Estaba vagamente sorprendida de escuchar que mi voz sonaba firme y estable; mis entrañas ciertamente no lo estaban-. No le matará, pero le dejará en un sueño lo suficientemente profundo para que usted pueda hacer lo que tenga que hacer.
Haslam se levantó bruscamente.
-¿Me ayudarás?
-Le ayudaré. Pero sólo después de haber intentado todo lo posible para conseguir que se mueva y pueda salir de allí. Y este es un problema médico, no militar. Tiene que ser mi decisión. No la suya. -Sostuve su mirada con la mía, sintiéndome enferma-. Si eso no es aceptable, usted y la Rebelión pueden encontrar otro médico. O un androide.
-Hecho -respondió Haslam, tomando mi muñeca como si estuviéramos cerrando un trato de negocios. Que era, por supuesto, lo que estábamos haciendo.

***

El vuelo a Selnesh fue relativamente corto, sólo cuatro días en el hiperespacio. Por supuesto, cuatro días con el dilema que colgaba sobre mi cabeza son una eternidad o incluso más. Me los pasé haciendo y rehaciendo mi medpac para una mayor eficiencia, revisando mentalmente el plan de reanimación, y acostumbrándome al peso del bláster de apoyo en mi manga izquierda. Melenna me lo había entregado justo después de abordar como su fuera una cuestión de rutina.
-¡Espera! –exclamé-. No quiero esto. Ni siquiera sé cómo usarlo.
-Realmente simple. -Melenna se encogió de hombros-. Apuntar y disparar.
-¡Pero yo no quiero! ¡Soy médico! ¡Yo no disparo a la gente!
-Este viaje, es posible que tengas que hacerlo. -Asqueada, Melenna levantó la manga de mi túnica, sujetó la pequeña pistolera alrededor de mi antebrazo y la enganchó con un último sonido de clic-. Si no puedes, no lo hagas. Solo trata de no dispararnos a ninguno de nosotros, ¿de acuerdo?
Saltamos de nuevo al espacio normal sobre Selnesh hacia la media tarde del cuarto día. Si yo decidiera construir un planeta prisión desde el núcleo hacia el exterior, habría sido así: una bola de roca gris en medio de la nada, su sol solamente una brillante estrella azulada. "Desolado" ni siquiera servía para empezar a describirlo. La superficie estaba totalmente desprovista de color o vegetación. El estéril cúpula blanca de plastiacero de la prisión se alzaba como un hongo directamente debajo de nosotros a medida que descendíamos. No había en ese mundo literalmente ningún otro sitio al que ir que pudiera albergar vida durante más de unas pocas horas. Pude ver por qué nadie escapaba de aquí.
Mientras Enkhet, ya en su armadura de soldado de asalto, intercambiaba cadenas de código y palabras de cortesía con la estación de acoplamiento, el resto de nosotros se alineaba para preparar el engaño. Melenna llevaba equipo de comerciante independiente, Liak sólo su pelaje, y yo una túnica y un pantalón normales de civil; el precioso medipac estaba sujeto alrededor de mi cintura bajo la larga túnica holgada. Los tres llevábamos esposas en las muñecas. Gowan, también con armadura, sostenía un rifle bláster con el que apuntaba cuidadosamente al suelo. Haslam vestía un uniforme gris de oficial y parecía, al menos para mí, totalmente oficial e intimidante.
Las sacudidas del aterrizaje en la bahía fueron leves; evidentemente Enkhet era tan buen piloto como todo el mundo decía que era. Apreté los puños con fuerza, y el roce de las esposas en mis muñecas anunciaba: No me gusta esto. Quiero irme a casa. Ahora mismo. No estoy hecha para una vida de aventuras. Sintiendo mi nerviosismo de alguna manera, Liak se dio la vuelta y gruñó algo incomprensible, pero que sonaba tranquilizador.
-Piensa que estás en un holovídeo -sugirió Melenna alegremente-. Interpretando el papel de un preso. Eso es lo que yo hago. Simplemente, no digas nada. Deja que el teniente sea quien hable: para eso está aquí.
-Gracias -murmuré. Los nervios siempre me atacan al estómago, y el mío estaba dando saltos mortales en ese momento. Mejor el estómago que las manos, de todos modos; más vale que una doctora tenga la mano firme, tanto si está nerviosa como si no.
Enkhet se unió a nosotros desde la cabina.
-Todo despejado -anunció con tono informal-. No ha habido problemas. Parece que están aburridos.
-Pinta bien -observó Haslam-. En marcha.

viernes, 24 de mayo de 2013

Matar dragones (y II)


-¡Por fin! ¡Pensé que no iba a terminar nunca! -dijo Boo mientras recibían la señal de que la última de las abrazaderas de enlace había asegurado el contenedor de carga en el transporte de la barcaza-. Kuat, al habla el transporte DeDé -dijo, silenciando el último tema prohibido por el Imperio de Billi B y la Banda del Paraíso y llamando a la estación-. Estoy enlazado a la barcaza, y me gustaría comprobar la carga antes de irme.
-Adelante, DeDé.
-Está bien, Deen -dijo Boo mientras cortaba la comunicación-. Es toda nuestra. Echemos un vistazo rápido y desaparezcamos antes de que aparezca la verdadera barcaza de transporte DeDé.
Deen entró en la esclusa de aire que conectaba la compuerta de acceso al contenedor de carga.
-¿El generador está bien? -preguntó Boo mientras Deen entraba en la bodega.
-El generador es enorme; realmente no querrás que me pase dos días inspeccionando... Espera un...
-¿Qué?
-He visto moverse algo...
-¡Hola, Deen! -dijo Shannon, apareciendo a la vista-. ¿Es este el generador que querías?
-¡Shannon!
-¿Quién es esta niña? -preguntó Boo.
-Mi prima... Shannon, ¿sabe tu madre que estás aquí?
-Por supuesto que no. Será mejor que nos pongamos en marcha.
-¿Nos pongamos? -dijo Deen-. ¿Qué quieres decir con “nos pongamos”?
-Me uno a la rebelión -respondió ella, arrastrando su ordenador portátil-. Ahora vamos, tenemos que irnos.
-Absolutamente no -dijo Deen-. Tú te vuelves directamente a tu casa.
-¿Cómo? -dijo Boo-. El muelle ha sido despresurizado, y no me emociona demasiado la idea de volver a llamar a los técnicos, hacer que nos desenlacen y vuelvan a presurizar el muelle, explicar el asunto de la niña a los de Seguridad y, a continuación, esperar a que nos enlacen de nuevo. No me gusta nada tener que arrastrar a una pobre niña al peligro, pero no tenemos otra opción. Tendrá que venir con nosotros.
-Tiene razón -dijo Shannon, subiendo a la cabina del transporte-. ¡Cerrad las escotillas y en marcha!
-Pero... -comenzó a decir Deen.
-El transporte imperial estará aquí en... menos de 30 minutos -dijo Shannon, comprobando su crono-. Establece nuestras coordenadas de hiperespacio, camarada -dijo a Boo.
-Me llamo Boo. Ahora guarda silencio, niña, tengo que hablar con la gente de tu madre.
Shannon asintió. Deen estaba en shock.
-Kuat, aquí la barcaza de transporte DeDé. Mi carga está asegurada y estoy listo para partir.
-Afirmativo, transporte DeDé -dijo el controlador-. Puede salir del puerto en cuanto esté listo, gracias por elegir Ingeniería Kuat y tenga cuidado con los drones de reparación al salir.
-No hay problema, Kuat -dijo Boo-, y gracias por todo. -Comenzó a pilotar la barcaza alejándose del muelle-. Esto es casi demasiado fácil –dijo-. Deen, tu tía es la mejor...
-¿Qué ha tenido que ver ella con esto? -preguntó Shannon-. ¡Yo lo organicé todo!
-¿Qué quieres decir con que tú lo organizaste? -preguntó Deen.
-Mamá estaba demasiado asustada para ayudaros; ya lo sabías, Deen -dijo Shannon-. Así que cambié la hora de recogida.
-Y la tía Nell...
-No sabe nada.
Boo estaba asombrado.
-¿La niña organizó esto? Estoy impresionado. Tienes una gran prima, Deen. Aunque habría estado bien si hubiera conseguido que los técnicos llegasen aquí antes.
-Lo siento, Boo, yo, uh, como que me olvidé de cambiar sus órdenes -dijo Shannon-. ¿Cuánto tiempo falta para que podamos saltar?
-Acabamos de superar el alcance del rayo tractor... Déjame que pase más allá de esa nave de transporte... ¡Ah, no, no puedo creerlo!
-¿Qué? -preguntó Shannon.
-¿Ver ahí delante? Esa es la verdadera barcaza de transporte 36DD, que viene a recoger el generador.
-¿Estás seguro? -preguntó Deen.
La luz del comunicador brilló.
-Transporte desconocido -dijo el controlador-, vuelva de inmediato al muelle.
Los tres rebeldes se miraron.
-Sigue adelante -dijo Deen.
-Repito -dijo el controlador-, transporte desconocido, regrese con su barcaza al muelle y no saldrá perjudicado.
-Sí, claro -murmuró Boo.
La nave de transporte imperial se posicionó entre los rebeldes y la salida al espacio.
-¡Rodéala! -dijo Shannon.
-¿Cómo? -dijo Boo-. El Largo Viaje no es ningún caza de combate: enlazado a una barcaza cargada, se mueve como un hutt borracho...
-¿Cuál es su tolerancia de escudos? -preguntó Deen, señalando por la ventanilla al exterior, donde al menos una docena de cazas TIE convergían sobre ellos.
-Oh, qué bonito -dijo Boo-. Ya sabía yo que esto era demasiado fácil.
La luz del comunicador parpadeó de nuevo.
-Transporte no identificado -dijo una voz femenina familiar-, al habla la Controladora Jefe Voorson con su última advertencia. Invierta su rumbo y regrese al muelle 42, o nuestras fuerzas de seguridad abrirán fuego.
-Genial -murmuró Boo-. Deen, ponte a manejar los cañones. Apunta a cualquier cosa que se interponga entre nosotros y la libertad.
-Espera -dijo Deen-, tengo una idea... Shannon, sígueme la corriente -dijo, activando el panel de comunicaciones-. Controladora Voorson –dijo-, suspendan el ataque. Tenemos a su hija. -Le dio un codazo a Shannon.
-¡Mamá, mamá, soy yo! ¡No disparéis! -dijo ella.
El panel de comunicaciones quedó en silencio.
-¿Crees que eso les detendrá? -preguntó Shannon.
Disparos láser rebotaron en los escudos del transporte.
-Ahí tienes tu respuesta -dijo Boo-. ¡Toma los cañones, Deen!
Deen pulsó los botones de disparo. Los pequeños turboláseres lograron golpear a dos TIEs que se acercaban, y tres más quedaron inutilizados por los escombros. Deen siguió disparando.
-Transporte rebelde -dijo Nell Voorson, con la voz afectada por el pánico-, dé media vuelta ahora. Seguridad no le permitirá escapar.
-¡No estamos pidiendo permiso! -gritó Boo, sin dejar de abrirse camino hacia adelante. El panel solar de in TIE rozó sus escudos; el TIE salió volando sin control, chocando con uno de sus compañeros.
-Boo, vamos a quedarnos sin escudos en cualquier momento -dijo Deen, todavía disparando a sus atacantes.
-Barcaza de transporte rebelde -dijo Nell Voorson-, esto no tiene sentido. Deténgase ahora o serán destruidos...
-¡Lo siento, tía, no hay vuelta atrás! -dijo Boo.
-Transporte... ¡Deen! –suplicó Nell-. Deen, piensa en lo que estás haciendo... piensa en Shannon... ¡Seguridad no va a escucharme! –gritó-. ¡No van a dejar que os vayáis!
-Lo siento, tía Nell -comenzó a decir Deen.
-¡Cuidado con los TIEs! -advirtió Boo; el flujo de diminutos cazas continuaba vertiéndose sobre ellos.
-¡Vamos a chocar contra ese transporte! –exclamó Shannon mientras la barcaza imperial 36DD se alzaba ante ellos.
-No si ellos son más inteligentes que nosotros -dijo Boo.
Deen se mordió el labio y Shannon se cubrió los ojos mientras los transportes se acercaban.
La voz de Nell Voorson continuaba pidiendo cordura por el panel de comunicaciones.
Una gota de sudor recorrió el rostro de Boo.
-No creo que ellos vayan a...
En el último momento, el transporte imperial se deslizo por debajo del Largo Viaje. Sus escudos se rozaron, temblaron y se derrumbaron mientras pasaban a toda velocidad junto a la otra nave, hacia el espacio despejado. Cuatro rayos láser de cuatro TIEs diferentes pasaron de largo junto al Largo Viaje mientras Boo tiraba de las palancas de salto; los tres rebeldes contuvieron la respiración cuando las líneas estelares se fusionaron en el borrón del hiperespacio.
-¿Estamos a salvo, Boo? ¿Estamos a salvo? -preguntó Shannon.
-Depende de dos cosas -dijo Boo-. En primer lugar, de si tu madre llamó a Venir o Renegg pidiendo Interdictores...
-Y de si no chocamos con nadie -finalizó Deen.
Shannon se deslizó en el regazo de su primo y apoyó la cabeza en su hombro. Los tres rebeldes permanecieron tensos, en silencio, esperando bien una colisión letal o ser sacados del hiperespacio para caer bajo custodia imperial.
Pasaron unos minutos eternos. Shannon se dio cuenta de que, tanto si vivía como si moría, ya no volvería a ver de nuevo a sus padres; se puso a llorar. Deen la abrazó, secándole las lágrimas y meciéndola.
-Hey -dijo Boo en voz baja-, ya han pasado 30 minutos. Estamos a salvo.
-¿Hemos escapado? -dijo Shannon.
Boo asintió.
-Libres y a salvo, niña. Bienvenida a la Alianza.
-Cosita -dijo Deen-, siento haberte metido en esto...
-Yo no -dijo Shannon, con una gran sonrisa-. Venga, vamos, Deen... Vayamos a matar algunos dragones...

jueves, 23 de mayo de 2013

Matar dragones (I)

Matar dragones
Angela Phillips

Código de acceso incorrecto - Acceso denegado...
Código de acceso incorrecto - Acceso denegado...
Código de acceso incorrecto - Acceso denegado...
Una columna de humo al otro extremo del cañón anunciaba la cercanía del dragón. Veni se acercó a su hermana mayor mientras Vici activaba su sable de luz.
Código de acceso incorrecto - Acceso denegado...
Código de acceso incorrecto - Acceso denegado...

Veni se estremeció ante el sonido de 20 poderosas patas de reptil golpeando el suelo para acercarse a él en mortal sincronización. Pero Vici no tenía miedo. Aunque sólo tenía 16 años de edad, poseía el gran poder de la Fuerza en sus manos firmes. El dragón se acercó más.
¡Bip! Acceso concedido...

Shannon Voorson dejó a un lado la plataforma de historias y se volvió hacia el monitor.
-Por fin -murmuró. Este código había tardado en descifrarse más tiempo de lo habitual. Sin embargo, reflexionó, cualquier código que un ordenador pueda generar, otro puede imitarlo. Primera Ley del Pirateo Informático. Ahora, se dijo, veamos si hemos encontrado algo interesante...
-Oh, qué asco -suspiró al ver el contenido del archivo en el que había entrado: un registro de seis nuevos Destructores Estelares a punto de finalizar su construcción en los cercanos Astilleros de Propulsores Kuat. Qué nombres tan estúpidos tienen, pensó: el Impenetrable, el Penetrador, el Inflexible, el Indomable, el Inexorable, y el Exterminador. Si yo tuviera que bautizar Destructores Estelares, pensó, les daría nombres como el Mano de Hierro, el Raptor, o el Titania. Sin embargo, ¿qué se puede esperar de personas con tan poca imaginación que dejan que los ordenadores generen sus códigos de acceso?
Shannon oyó voces a través de las delgadas paredes prefabricadas de su habitación; alguien había entrado en el apartamento, y sus padres estaban saludando al visitante. Decidiendo investigar, guardó los archivos de los Destructores Estelares con la contraseña "nombrestontos" y cerró el programa de códigos de su ordenador.
Los miembros de la familia Voorson habían sido técnicos en el Puerto de Carga de Kuat durante generaciones. La mayoría de ellos habían pasado toda su vida en la estación; nacieron en el Centro de Salud de la compañía, fueron educados en la escuela de la compañía, fueron aprendices y luego contratados en los Servicios de Apoyo del Puerto de Kuat. Se casaron con compañeros de trabajo, formaron sus familias en viviendas de la compañía, y rara vez salieron de la estación, aunque sólo fuera para ir al propio planeta Kuat.
No había ninguna razón para salir; las tiendas de la compañía en la estación proporcionaban todo lo que necesitaban, los salarios y beneficios para los trabajadores del PCK estaban entre los mejores del sistema, y tenían el orgullo y la satisfacción de saber que, como miembros del conglomerado Ingeniería Kuat, estaban ayudando a construir las mejores naves de la galaxia. Aún así, de vez en cuando un Voorson miraba más allá de las cómodas paredes de un apartamento de la estación para ver lo que el resto de los miles de millares de mundos tenían que ofrecer. El primo de Shannon, Deen, era uno de estos Voorsons errantes.
-¡Deen! -chilló emocionada al ver al joven abrazando a su padre-. ¡Oh, Deen, eres tú! ¡Por fin estás aquí! ¿Dónde has estado? ¿Qué has estado haciendo? -Shannon saltó sobre el invitado.
Su primo se volvió a atraparla.
-¡Hey, Cosita, te he echado de menos! ¡Uf! -gruñó, mientras trataba de levantarla del suelo-. Has crecido, Cosita. ¡Deja que te mire! Estás ya tan alta, y tu cabello está tan largo... ¡Cuando me fui eras un bebé, con trenzas que sólo te llegaban a las orejas, y la tía Nell te hacía dormir con un pañuelo puesto para evitar que por la mañana aparecieran de punta!
Nell Voorson asintió y sonrió con ironía.
-Ahora tengo que evitar que se muerda los extremos.
-Oh, Deen -dijo Shannon- te he echado tanto de menos... ¡Ven a ver mi habitación! ¡Todo es diferente ahora, y tengo mi propio ordenador y todo! -Tiró de su mano.
Deen sonrió con indulgencia a la niña.
-Yo también te he echado de menos, Cosita, pero ¿no crees que tus padres también quieren hablar conmigo?
-Oh, ve con ella, Deen -dijo Nell-. Podéis hablar mientras Johan y yo preparamos la cena.

***

-No puedo creer que estés aquí -dijo Shannon, saltando arriba y abajo en el centro de la habitación-. ¡Ya han pasado cuatro años enteros! ¿Qué has estado haciendo?
-Matar dragones.
Shannon se echó a reír.
-¡No, Deen, en serio!
-¡En serio! Bueno, más o menos. Ayudando a matar dragones artificiales... He estado trabajando como técnico. -Se sentó al lado del ordenador de Shannon.
-¿Dónde?
-Oh, en diferentes lugares -dijo. Sus ojos oscuros vagaron por la habitación-. ¿Sigues leyendo esas viejas historias que te dio la abuela? -preguntó cuando vio la plataforma de historias sobre su ordenador.
-Sí -dijo Shannon-, aunque Madre dice que debería dejarlas pasar, como las muñecas.
-No veo muchas muñecas por aquí -dijo Deen.
-Si. Ahora me gustan los ordenadores. Soy una hacker. Puedo hackear cualquier cosa.
-¿Cualquier cosa? -preguntó Deen, riendo.
-Cualquier cosa. Entonces, ¿para quién trabajas? ¿Qué tipo de trabajo haces? ¿Te pagan mucho? ¿Arreglas droides, o naves, o qué?
-¡Hey -dijo Deen-, una pregunta cada vez! Trabajo para unos amigos que hice, después de irme de aquí. Son buenos amigos. Yo no me pagan mucho, pero me gusta lo que estoy haciendo. Sobre todo trabajo en naves...
-¿De qué tipo?
-Pequeñas naves estelares, en su mayoría, pero algunas más grandes, y cualquier otra cosa que mis amigos necesiten arreglar. Tengo que ser flexible.
-¿Cuál es la cosa más difícil que has tenido que arreglar?
Deen hizo una pausa.
-Bueno -dijo, mirando a la puerta cerrada del dormitorio-, hace unos meses, tuve que adaptar algunos aerodeslizadores para que funcionasen a 20 grados bajo cero...
-¿Y funcionaron?
-Bastante bien... Eso es Vici de Alderaan, ¿verdad? -preguntó, señalando la plataforma de historias sobre el ordenador.
-Sí, sigue siendo mi favorita. Vici es tan valiente.
-Alguien que posee la Fuerza no debe temer -murmuró Deen.
-Eso es lo que el abuelo de Vici le decía. Dime -preguntó Shannon-, ¿tuviste la oportunidad de visitar Alderaan? Antes de...
Deen negó con la cabeza.
-No, nunca lo hice. Me gustaría haber podido. Pero nunca tuve la oportunidad.
-No es justo -dijo Shannon, sentándose en el suelo.
-¿Que nunca pudiera ir a Alderaan? -le preguntó su primo.
-Que lo hicieran estallar. Estúpido Imperio. ¿Por qué lo hicieron? La abuela siempre decía que Alderaan era un planeta de paz y belleza. No había armas allí. ¿Por qué lo hicieron?
-Por eso -dijo Deen, señalando.
-¿Por mi plataforma de historias?
-Por esa historia -dijo Deen-. Esa historia, y otras similares. Las historias de Alderaan eran más peligrosas para el Emperador que cualquier arma.
-¿Cómo puede una historia ser más peligrosa que un arma? -preguntó Shannon.
-Por las ideas que contienen. En Alderaan, la gente todavía creía en la Fuerza. En Alderaan, la gente recordaba a los Caballeros Jedi y a la Antigua República. Los habitantes de Alderaan recordaban cómo eran las cosas en la galaxia antes de la llegada del Imperio, antes de los días de odio y miedo. Y sus historias, bibliotecas y universidades contenían todas las ideas que pueden destruir al Emperador: que el amor es más fuerte que el odio, que la gente es más fuerte que las armas, que combinadas entre sí las personas de esta galaxia poseen una fuerza contra la que el Emperador nunca podría oponerse.
Los ojos de Deen brillaban.
-¿Así que el Emperador -dijo Shannon- destruyó Alderaan para destruir todas esas ideas?
-Lo intentó -dijo Deen-, pero no tuvo éxito. Nunca podrá tener éxito. El único modo del que podría controlar todas las ideas de la galaxia sería matar o esclavizar a todos los seres de la galaxia, y eso es imposible. No puede ganar. Cuantos más crímenes que cometa, más gente se pondrá en pie para luchar contra él...
-Deen -preguntó Shannon-, ¿eres un rebelde?
Deen se llevó una mano a la boca.
-No pasa nada -agregó Shannon-, no se lo diré a nadie. Ni siquiera a mamá y papá. Mira -dijo, encendiendo el ordenador-, mira lo que encontré hoy. Justo antes de que llegaras. Te daré una copia si quieres...
-¿Cómo accediste a esto? -preguntó Deen, mirando la lista de Destructores Estelares-. ¿Tienes alguna idea...?
-Es fácil piratear los archivos imperiales, tienen contraseñas generadas por ordenador. Yo me invento mis propios códigos. Generalmente nombres de animales, como “nerf” o “bhillen”, o incluso “perro”...
-No puedo creerlo -dijo Deen, sin dejar de leer la pantalla de datos-. ¿Sabes lo que puede costarte esto...? ¿Sabes lo que te pasará si alguien te atrapa con esto?
-Nadie ha logrado superar nunca mis códigos -dijo Shannon con orgullo.
-Tal vez nadie ha considerado nunca investigar los archivos de una niña de nueve años -dijo Deen-. Tienes que parar esto... ¡Vas a lograr que te maten!
Shannon se mordió el labio.
-¿Eso significa que no quieres copias de los archivos?
La señora Voorson los llamó a cenar, cortando la respuesta de Deen.

***

Reunidos alrededor de una olla de bhillen guisado, la familia habló de los últimos cuatro años: la educación de Shannon, el ascenso de Nell a supervisora jefe de los muelles del Puerto de Carga de Kuat, el trabajo de Johan y Deen como técnicos... Johan se quejó de los impacientes capitanes de naves que esperaban milagros. Deen contó terribles historias de la lucha contra el calor, el frío, la humedad, el polvo, el hielo, la flora, la fauna y los microbios agresivos, y cualquier otra amenaza a la maquinaria en mundos perdidos que no quiso nombrar.
-¿De verdad encontraste musgo creciendo en las bobinas de refrigeración de las naves? -preguntó Johan.
-Sí -dijo Deen-. Dos horas antes del lanzamiento.
-¿Conseguiste limpiarlas a tiempo?
Deen sonrió.
-Por los pelos.
-La Fuerza te acompañaba -dijo su tío.
Nell frunció el ceño ligeramente.
-Es bueno tenerte en casa, Deen, después de tanto tiempo. Estaba empezando a pensar que nos habías dejado para siempre. Y ahora –dijo-, aquí estás. ¿Estás en problemas, Deen? ¿Necesitas algo?
-Nell -protestó su marido-, ¿acaso el muchacho no puede visitarnos sin un motivo oculto?
Deen miró su plato.
-En realidad -dijo, golpeando la crema con una cuchara-, me preguntaba...
-Ah, aquí viene -dijo Nell.
-Mis amigos -continuó Deen-, con los que trabajo... Han tenido algunos problemas últimamente, han perdido gran cantidad de equipamiento...
-¿Perdido? -preguntó Nell.
-Uh, sí, dañado. Imposible de reparar.
-¿Cómo? -preguntó Johan.
-Bueno... había gran cantidad de asteroides, y... es una larga historia, pero la cuestión es que necesitamos un generador de energía Colonia Clase 23.669, y...
-¿Por qué no os ponéis en contacto con la fábrica, entonces? -preguntó Nell-. Si hacéis el pedido ahora, podríais tener el generador en seis meses o menos, salvo que haya pedidos urgentes de Contratación Imperial.
-Lo necesitamos antes que eso, y hemos escuchado que un generador va a enviarse de aquí a un puesto de avanzada imperial dentro de dos semanas.
-No veo qué tiene que ver eso contigo -dijo Johan.
-Bueno, a ver, tía Nell, tú controlas las estaciones de atraque, y pensamos que si podíamos conseguir un permiso de atraque, podrías deslizar el nuestra barcaza de transporte en lugar de la de los imperiales...
-No puedo creer -dijo Nell- que estés sentado a mi mesa hablando sobre el secuestro de un generador de energía por un valor de 25 millones de créditos como si estuvieras pidiéndome prestado un deslizador.
-Pero tía Nell...
-Estás hablando de robar el generador, ¿no es así?
-Pero... podríamos pagaros...
La boca de Nell se abrió. Johan habló por ella.
-Deen, ¿oyes lo que estás diciendo? Esto no es otra broma más, como aquella vez que pirateaste el sistema de comunicaciones de la escuela con simulacros de evacuación falsos...
-Esto es traición -finalizó Nell-. Deen, no quiero oír ni una palabra más sobre esos que tú llamas tus amigos. Ahora, porque eres mi sobrino, no voy denunciarte y todos vamos a pretender que esta conversación nunca ha tenido lugar. ¿Está perfectamente claro?
La comida terminó en silencio.

***

Shannon no pudo dormir esa noche. Escuchando las voces que salían de la habitación de sus padres, se deslizó hasta su puerta para escuchar.
-¡La Alianza necesita equipos desesperadamente, Nell!
-¿Crees que me importa? Johan, ¿esa Alianza va a alimentar a mi familia o dar a Shannon una educación que pueda sacarla de esta estación?
-Pero el Imperio...
-...Posee este sistema y todo lo que contiene. Incluidos nosotros. Y tienen sus maneras de deshacerse de los traidores. Accidentes. Johan, ¿de verdad crees que fue una coincidencia que tu hermano muriera en ese fallo de reactor menos de una semana después de que reparase la nave de esos rebeldes? Nada merece que juegue con la seguridad de mi familia, Johan, nada. Ni la Alianza, ni Alderaan...
-¿Ni siquiera Deen?
Shannon no se quedó a escuchar la respuesta de su madre.

***

Deen se marchó a la mañana siguiente tras un tenso desayuno en silencio.
-Si cambiáis de opinión... –comenzó él.
-No lo haremos -dijo su tía-. Ahora olvídate del tema.
-Pero si lo hacéis -insistió Deen-, estaré en el sistema durante unos días. Podéis utilizar este comunicador para poneros en contacto conmigo -dijo, dejando caer el dispositivo electrónico portátil en una mesa cerca de la puerta-. Que la Fuerza os acompañe.
-Destruid ese comunicador -dijo Nell en cuanto la puerta se cerró.
-Yo lo haré, mamá -dijo Shannon, agarrando el dispositivo y lanzándose a la unidad recicladora. El aparato dispuso de la basura de la mañana con un crujido satisfactorio... pero el comunicador permaneció oculto en el bolsillo de Shannon.

***

Los Voorsons mayores se comportaban como si Deen nunca hubiera estado allí; si Shannon mencionaba a sus "amigos" o su solicitud de ayuda, la enviaban a su habitación sin discusión.
-¡No lo entiendo! -se dijo en una de esas ocasiones. Como si la estación no mezclase cosas todo el tiempo, pensó. Madre siempre está quejándose de la desaparición de esto o de esto otro.
Errores en la red de la estación; eso es lo que siempre decía. Si ella entregaba a Deen ese generador, todo el mundo pensaría que era simplemente otro error informático...
Saltando fuera de la cama, Shannon encendió su ordenador. Pocos minutos y un algunos pirateos más tarde, tenía la lista de las próximas exportaciones deslizándose por su pantalla. Ahí está, pensó, un generador CC-23669, para ser recogido en el embarcadero 42, a las 14:30 horas, dentro de cinco días. Muy bien, pensó, si cambio la fecha de recogida, Madre seguramente lo notará y nos detendrá. No se puede cambiar el número del muelle tampoco, eso sería un gran lío. Pero si cambiase la hora... ¿Cuánto tiempo se tarda en enlazar un transporte a una barcaza? Papá dice que puede hacerlo en menos de una hora... ¿Dos horas serían suficientes?
Cambió el horario de recogida para las 12:30 y confió en que su madre no se diera cuenta. Luego sacó el comunicador de Deen de debajo de la almohada.

***

-¿Quién eres? -preguntó la guardia de seguridad.
Shannon tragó saliva y trató de parecer mona e inofensiva.
-Shannon Voorson, señora -dijo.
-Oh, Shannon -dijo la mujer, reconociendo a la niña-, ¿por qué no estás en la escuela todavía? ¿Qué estás haciendo aquí?
Shannon sabía que “estoy huyendo para unirme a la rebelión”, no sería una respuesta popular para esa pregunta.
Afortunadamente, había venido preparada con una mentira.
-Mi papá se olvidó de su almuerzo, así que voy a llevárselo antes de irme. Un sándwich de bhillen, ¿ve? -Dejó en el suelo su ordenador portátil abajo y abrió la termobolsa, acercándola a la cara de la guardia para asegurarse de que captara el aroma de la raíz aromática bestiniana.
-Oh, ah, sí, claro dijo la guardia, retrocediendo y parpadeando-. Ve a buscar a tu padre. Estoy segura de que le va a encantar.
-Gracias -dijo Shannon. Salió disparada, pensando que la raíz aromática cruda era bastante apestosa, pero de ese modo la guardia no buscaría debajo de ella ni encontraría el comunicador de Deen.
Siguió por el pasillo unos pasos más hacia el área de trabajo de su padre, se escondió en un hueco, se asomó para ver que la guardia se había ido, y luego deshizo sus pasos hacia el muelle 42.
Los técnicos aún no habían llegado al muelle esa mañana, así que Shannon no tuvo problemas para piratear su acceso al contenedor de carga desde su ordenador portátil con unos cuantos cables de conexión. Después de reptar durante un tiempo sorprendentemente largo por encima, por debajo y alrededor del generador hasta la parte delantera del contenedor, se instaló con sus libro-chips para esperar a Deen.

***

-¿Estás seguro de que esto va a funcionar, Deen? -dijo Boo Rawl, capitán de la barcaza de transporte rebelde Largo Viaje.
-Por milésima vez, Boo, ¡sí! Mi tía es la supervisora de atraque de este puerto. No nos habría indicado que viniéramos si no tuviera todo dispuesto en este extremo. No sobreviví a la evacuación de Base Eco sólo para que mi propia familia me vuele en pedazos.
-No estoy tan preocupado por tu familia como por lo que has hecho a mis motores subluz -dijo Boo.
-Yo no he hecho nada a tus preciosos motores, Boo -dijo Deen-, lo único que hice fue agregar un cuadro ST para que el puerto lea nuestra señal del transpondedor como la del transporte imperial. Procedimiento Operativo Estándar, sacado directamente de la Guía de Campo de Cracken... Lo hago constantemente.
-Sí, bueno, parecías estar bastante cerca de mis cobuladores con esa llave hidráulica...
-Oh, deja de quejarte y llama al puerto; estamos prácticamente encima de ellos.
Boo Rawl se encogió de hombros y abrió un canal.
-Puerto de Carga de Kuat, al habla la nave de transporte 36DD, solicitando permiso para enlazarse con la barcaza en el... -Boo hizo una pausa para comprobar un cuaderno de datos-... muelle de carga 42.
-Nave de transporte, su señal de transpondedor es confusa -dijo una voz fría desde la estación-. Por favor, transmita código de acceso para confirmar su identidad.
Boo lanzó Deen una mirada asesina mientras enviaba el código.
-Uh, lo siento por el transpondedor, Kuat –dijo-, el nuevo técnico de a bordo estuvo trasteando con los subluz, y obviamente se dejó llevar un poco.
-Identidad confirmada -respondió el controlador, no interesado en absoluto en las explicaciones de Boo-. Transporte DeDé, llegan pronto. Los técnicos de enlace estarán en el muelle 42 a las 14:30.
Boo se volvió de nuevo a Deen, que hizo un gesto de inocencia, pero no dijo nada.
-Ah, ¿está seguro de eso, Kuat? -preguntó Boo-. Mis órdenes dicen recogida a las 12:30.
-Voy a comprobarlo, DeDé -dijo el controlador.
Boo apagó el comunicador.
-¿No es uno de los hombres de su tía?
Deen asintió.
-¿Entonces cuál es el problema?
-No lo sé...
Kuat llamó al transporte:
-Me parece que tiene razón, transporte DeDé -dijo el controlador-. Está planificado para las 12:30...
Deen sonrió a Boo.
-Sin embargo, habrá un ligero retraso: las órdenes de los técnicos dicen a las 14:30. Volverán al servicio en una hora.
-No hay problema, Kuat, esperaremos -dijo Boo. Apagó el comunicador de nuevo-. -¿Y ahora qué? -preguntó a Deen.
-Esperamos a que los técnicos terminen el almuerzo, como has dicho.
Boo puso los ojos en blanco.
-¿Y qué pasa si los de Seguridad deciden visitarnos mientras esperamos?
-Boo, te preocupas tanto como mi amigo Voren -dijo Deen-. Los de Seguridad también estarán en su descanso.
-Sí, se habrán ido a jugar a Golpea al bothano o a Pesca al calamari. -Boo suspiró-. No me gusta esperar -dijo.