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miércoles, 10 de febrero de 2010

La aprendiza (y IV)

El sordo zumbido en los oídos de Jaina aumenta rápidamente hasta convertirse en un aullido estridente y luego se disipa en un estallido agudo y súbito. Se sentó de golpe, sintiéndose aturdida y desorientada. Tras un instante, recordó su misión, y los dolorosos tumbos que los habían llevado hasta allí.
Miró a su alrededor. El hapano había recuperado la consciencia. Se apoyaba pesadamente contra el ahora vacío depósito de refrigerante, mirándola con horror no disimulado. Los ojos de Jaina se apartaron rápidamente de su mirada acusadora. Cuatro guardias yacían dispersos por el suelo. Kyp Durron estaba arrodillado junto a uno de ellos, bombeando rítmicamente el pecho del hombre con ambas manos. De pronto el cuerpo del guardia se estremeció, y el color azulado comenzó a desvanecerse de su rostro.
El Maestro Jedi se puso en pie y tendió una mano a Jaina. Ella la tomó y permitió que la levantase.
-Guau -dijo, observando a los guardias abatidos por la Fuerza-. ¿Quién ha hecho esto, tú o yo?
-Tenemos que continuar -dijo Kyp, ignorando su pregunta-. Cuanto más tardemos, menos oportunidades tendremos de salir andando de aquí.
Jaina asintió.
-Antes de que nos vayamos, necesito que me enseñes cómo borrar memorias. No deben recordar que nos han visto aquí.
Cuando él no respondió, ella continuó con su argumentación.
-El científico es un prisionero político. El secreto es vital, no sólo para que podamos llevar a nuestro prisionero a donde necesita ir, sino también para evitar más respuestas reaccionarias ante los Jedi.
Kyp se mantuvo en silencio unos instantes.
-No.
-¿No? -repitió ella, incrédula-. Dijiste que nadie podía saber esto.
-Y me mantengo en ello. Pero lo haré yo mismo.
Ella alzó una ceja desafiante.
-¿Cuál es el problema? ¿No es la clase de lecciones que tenías en mente?
-Un aprendiz debe aprender de un Maestro, no repetir sus errores.
-Esto no es distinto de los pequeños trucos mentales Jedi que todos los Jedi usan sin el menor asomo de culpa -afirmó ella-. Y tú eres mucho mejor con ello que la mayoría. Si quisiera convertirme en cantante de baladas, estaría viajando con Tionne. Tú quieres ganar la guerra contra los yuuzhan vong. Por eso estamos aquí. Enséñame.
El Maestro Jedi dejó escapar un profundo suspiro. Hizo una mueca como para tomar fuerzas ante un trabajo desagradable, y entonces se dejó caer sobre una rodilla.
-Observa, siente y sigue -le indicó, y entonces se inclinó sobre uno de los prisioneros.
Jaina sintió como el poder del Jedi de más edad alcanzaba la mente del hombre. Kyp formó la imagen de un sol brumoso matutino, apenas visible sobre los horizontes boscosos de Gallinore... más o menos la hora cuando aterrizaron, recordó Jaina. Por medio de suaves y fríos golpes, Kyp barrió la memoria desde ese momento al actual. Después, salió, como un ladrón escabulléndose de una casa saqueada.
Lentamente Kyp rompió el contacto con el guardia caído y alzó sus ojos hacia los de Jaina. Su rostro seguía pálido por la caída heladora, y las profundas sombras bajo sus ojos los hacían parecer de un verde más vivo. El poder en ellos, aunque se iba desvaneciendo, era a la vez inquietante y atrayente.
-Ahora tú.
Jaina asintió y tocó con la Fuerza a otro guardia. Pero en lugar de visualizar el sol de la mañana, ella se enfocó en la imagen de un cronómetro. Lentamente lo obligó a retroceder, eliminando momentos de la vida de ese hombre.
Cuando la tarea estuvo hecha, miró al Maestro Jedi. El la estudió durante un instante, con expresión inescrutable.
-Tienes un don para esto -dijo al fin-. Buen control. Muy preciso. Encárgate de ese, yo me ocuparé del otro. Acabemos con esto.
Momentos después estaban de nuevo camino al laboratorio de Sinsor Khal. Jaina colocó su mano en el lector de palmas, y la puerta se abrió. Un hombre de complexión débil y delgada levantó la mirada de su trabajo. A primera vista no había nada particularmente inusual en él. Su cabello color arena estaba ordenadamente cepillado, y su barba corta y cuidada. Llevaba una bata roja de laboratorio marcada por algunos puntos oscuros.
-¿Profesor Khal? -preguntó Jaina.
-Yo soy. Y tú debes de ser la joven protegida de Ta'a Chume -dijo con tranquilidad-. Bienvenida.
Se adelantó, extendiendo una mano como saludo. De cerca, ella pudo notar el débil aroma cobrizo que emanaba de las vestiduras rojas, y se dio cuenta de que el color había sido elegido por motivos prácticos, o tal vez por camuflaje. Se trataba de un hombre que trabajaba con sangre, y su bata roja de laboratorio servía al mismo propósito en ese lugar que los trajes de vuelo en la superficie.
Jaina tomó la mano de Sinsor Khal, advirtiendo al hacerlo que el científico era más alto que ella, pero no mucho más. Podía mirarle directamente a la cara sin tener que echar para atrás la cabeza... una experiencia poco usual para la pequeña joven.
El científico no le devolvió su examen minucioso. De hecho, sus ojos nunca se posaron sobre ella o sobre los dos hombres tras ella. Obviamente era consciente de su presencia, pero parecía extrañamente ajeno. La mayor parte de la gente habría comentado algo acerca de sus ropas mojadas, de su apariencia desaliñada. Curiosa, Jaina le tocó con la Fuerza. Había poco que leer. Sinsor Khal estaba extrañamente cerrado a ella. La única percepción que pudo percibir fue una curiosidad neutral, desprovista casi de cualquier aderezo emocional y muy diferente de cualquier respuesta humana que hubiera encontrado anteriormente. Tal vez para él no eran personas, sino especímenes...
Rápidamente retiró su mano e hizo un gesto hacia el alto hapano.
-Este hombre tiene el implante.
-Ponedle allí -dijo, señalando.
“Allí” era una mesa larga, rodeada por un pequeño canalón e inclinada ligeramente hacia un par de desagües.
Kyp lanzó una mirada de duda hacia Jaina,
-Todo irá bien -aseguró ella.
El prisionero no compartía su optimismo. La lucha para ponerlo encima de la mesa terminó abruptamente cuando Sinsor Khal colocó una pequeña arma con forma de bláster contra el hombro del hombre y apretó el gatillo. El hapano se derrumbó delante de la mesa.
-Muy bien -anunció el científico-. Todo listo para una rápida vivisección y una puesta a punto general. Es un modo de hablar -añadió alegremente, como si percibiera la nube de tormenta que comenzaba a crearse en el ceño fruncido del rostro de Kyp.
Jaina y Kyp trabajaron juntos para subir al hombretón sobre la mesa. Al enderezarse, con las manos en la base de su espalda dolorida, Jaina sintió un relámpago de poder mental, una fuerza de la mente extrañamente similar a la de un Jedi. Se giró hacia ello y quedó mirando directamente al rostro de Sinsor Khal. El científico la estaba mirando, realmente mirándola, con una intensidad que sugería que veía cosas que el resto de la gente no podría siquiera sospechar.
-Te conozco -anunció.
Jaina negó con la cabeza.
-Por lo que Ta'a Chume dijo, usted ya era huésped del gobierno de Gallinore antes de que yo aprendiera a andar. Nunca antes he estado en Gallinore.
Una extraña sonrisa apareció en el rostro de Sinsor Khal. Alzó una mano, con la palma hacia arriba. Una pequeña y afilada herramienta se alzó de la bandeja y se depositó en su mano con facilidad pasmosa. Jaina quedó boquiabierta, pero el científico apenas parecía advertir su propio logro.
-No he dicho que nos hayamos encontrado -especificó el Jedi fracasado-. He dicho que te conozco.
Kyp comenzó a avanzar. Jaina le puso una mano en el hombro.
-Tenemos que volver -dijo con suavidad-. Aún tenemos algún trabajo que hacer para asegurarnos de que no hay ningún registro de nuestro paso.
Tras un momento de duda, Kyp muestra su acuerdo con un movimiento de cabeza. Dejan a su prisionero al dudoso cuidado de Sinsor Khal y deshacen sus pasos a través de los pasillos, buscando a todos aquellos con los que se habían encontrado. El Jedi de mayor edad insistió en hacer la mayor parte del trabajo. Jaina se contentó con dejarle hacer lo que desease. Hoy ya había llevado sus poderes de la Fuerza a nuevos niveles, y las palabras del científico resonaban en sus pensamientos como risas burlonas. No podía ignorarlas, no podía negarlas... no considerando la tarea que aún tenía ante ella.
Finalmente Kyp volvió a la nave, dejando que Jaina se ocupase de Lowbacca. Al entrar en el centro de investigación, todo el frío y el dolor de los túneles parecieron volver a ella, concentrándose en un frío nudo en la boca de su estómago.
Lowbacca seguía sentado ante su terminal, con su rostro peludo absorto en ella. La científica de pelo oscuro se había aburrido de su tarea y estaba sentada cansinamente en otra estación de trabajo. Una débil sonrisa asomó a los labios de Jaina. El wookiee adoraba los ordenadores. Probablemente habría perdido la noción de las horas que habían pasado desde su llegada. De algún modo, eso hacía su tarea más fácil.
Jaina se colocó tras él y se agachó, apoyando su barbilla sobre el hombro de él. Sus ojos se cerraron y tomó una lenta y tranquilizadora bocanada de aire. El húmedo aroma familiar del pelaje wookiee llenó sus sentidos. Se extendió con la Fuerza y por un momento saboreó la sólida y leal presencia que era Lowbacca. El único amigo que verdaderamente confiaba en ella, el único Jedi que la miraba y veía a la Jaina que una vez había sido.
Discretamente le deslizó un holocubo. El wookiee transfirió rápidamente la información necesaria y se lo devolvió. Cuando él lo deslizó en la mano de Jaina, ella tomó su inmensa garra y la mantuvo agarrada por un instante. Él inclinó la cabeza a un lado y le dirigió una mirada de curiosidad. Su nariz se arrugó ante el olor del refrigerante que había calado en su traje de vuelo casi seco.
-Es una larga historia -dijo suavemente-. Necesito que entres en los registros de seguridad. Nunca he estado allí. Haz que sea cierto.
El wookiee asintió y borró las pisadas con unos pocos y diestros movimientos. Cuando un gruñido de satisfacción anunció su éxito, Jaina le alcanzó por el vínculo que los unía y llevó a su mente una imagen de un reloj de sol wookiee. Lenta e inexorablemente, obligó a las sombras a retroceder.
Unos instantes más tarde, Jaina se enderezó y se giró hacia la científica. El asombro y luego la preocupación asomó al delgado rostro de la mujer. De pronto Jaina se dio cuenta de los húmedos rastros de lágrimas en sus mejillas. Se las limpió, del mismo modo que había limpiado las últimas horas de la memoria de Lowbacca.

La aprendiza (III)

Hicieron falta los esfuerzos de ambos Jedi para meter a la fuerza a su prisionero dentro de un traje de vuelo verde, incluso aunque este estaba profundamente inconsciente. El hapano era un hombre grande, al menos una cabeza más alto que Kyp y muy musculoso. Ya causaba bastantes problemas como peso muerto; Jaina se figuró que sería mucho peor despierto.
Su reciente lucha con Tenel Ka había revelado una considerable pericia en el estilo de kickboxing hapano. Ciertamente, dos Jedi podrían manejarlo, pero no sin atraer una atención indeseada.
Finalmente, la tarea estuvo hecha. Jaina se sentó sobre sus talones y colocó un mechón suelto de cabello marrón tras su oreja.
-Yo digo que le transportemos así. Coloquémoslo en un trineo repulsor.
Kyp negó con la cabeza.
-Tres personas saliendo a pie de la nave no atraerán mucho la atención. Dos personas andando y uno flotando... eso seguramente levantará sospechas. Además, los túneles de ventilación son sensibles a la luz y el calor. El trineo no genera mucho calor, pero las luces de control podrían ser suficiente para activar los sensores.
-Podría reconfigurar los controles.
-Desde luego, pero eso tardaría un tiempo. Dudo que dispongamos de mucho como para perderlo.
Jaina asintió con un movimiento de cabeza. Observó intensamente mientras Kyp colocaba una mano en la frente del hombre. Sintió como el Maestro Jedi alcanzaba la mente del prisionero, le sintió usar la Fuerza para retirar los escudos que lo mantenían en su letargo.
El hombre grande se despertó de repente, agitándose y balbuceando como un hombre ahogándose en un mar de pesadillas. Sus ojos se centraron en Jaina, y súbitamente quedó quieto y en silencio. Entonces, sus recuerdos volvieron de pronto, seguidos de un abrasador destello de pánico... el de ella había sido el último rostro que vio antes de que un puño invisible alcanzase su mente y la encerrase en la oscuridad y el silencio.
El hapano se incorporó para sentarse y retrocedió, arrastrándose hacia atrás como los cangrejos para poner la mayor distancia posible entre él y la joven Jedi.
-¿Por qué? -preguntó con voz seca y rasposa.
Jaina sabía exactamente a qué se refería. ¿Por qué se había arreglado su fuga de las prisiones de Hapes? ¿Por qué se había permitido a sus dos compatriotas seguir huyendo, mientras él era retenido? ¿Por qué habían controlado su mente y le habían ocultado en la bodega de una nave? Le ofreció una sonrisa tranquilizadora.
-La princesa Tenel Ka os ha otorgado un perdón condicional. Ella comprende que el implante yuuzhan vong puede haberte conducido a atacarla. Te hemos traído a Gallinore para quitártelo. Después de eso, su abjuras de tu deserción y una investigación Jedi demuestra que estás libre de otras intenciones traicioneras, tu indulto tendrá efecto completo.
-¿Por qué? -repitió en un tono más fuerte.
-Estamos tratando de recuperar a los desertores, especialmente aquellos que pudieran tener información valiosa acerca de los yuuzhan vong. Hapes necesita todos los buenos pilotos que pueda conseguir.
Prudentes ojos azules escrutaron el rostro de Jaina mientras el hombre sopesaba sus palabras.
-¿Y los otros dos hombres? ¿Los piratas que escaparon conmigo?
-Los detuvieron antes de que abandonasen la atmósfera de Hapes. Dado que estamos soslayando la ley hapana, tenemos que mantener esto en silencio hasta que sepamos con seguridad que el esfuerzo merece la pena. Las naves de huida de tus amigos serán registradas como destruidas. De ese modo, si no se rehabilitan, ya estarán considerados como muertos.
Jaina alzó una ceja, indicando las opciones que quedaban ante él. Había dado deliberadamente a su historia un aire lo suficientemente siniestro como para parecer plausible y añadió un poderoso empujón de persuasión Jedi. Un instante después, el hombre aceptaba su “indulto” asintiendo con la cabeza. Los dos Jedi le ayudaron a ponerse en pie y lo flanquearon de camino a las instalaciones de aseo de los pilotos.
-Vamos a atravesar los túneles de ventilación -explicó Jaina conforme se deslizaban por un pasillo lateral escasamente iluminado.
Se detuvieron ante una gran compuerta circular. Kyp la agarró por la muñeca cuando ella fue a manipular los controles.
-Espera. La luz de este pasillo podría activar una alarma.
Extrajo su sable de luz y lo lanzó con un brillante arco hacia las luces del techo. Emitieron un fuerte destello y luego se apagaron, dejando el pasillo a oscuras.
Inmediatamente, un profundo escalofrío invadió a Jaina. Agarró a su prisionero con una mano que súbitamente era torpe y pesada. Sus dedos se cerraron alrededor de la muñeca del hapano. Su piel era fría al tacto.
-¿Qué es esto? -preguntó él asustado-. ¿Qué ocurre?
-Tengo que bajar nuestra temperatura corporal para que coincida con la temperatura del aire en los túneles -respondió Kyp-. Puede que no sea agradable, pero es necesario. Moveos despacio y permaneced alerta.
-Entendido -murmuró el hombre.
Jaina abrió la puerta y entró en el túnel. El pasaje redondeado era justo lo bastante grande como para poder avanzar encorvado, y estaba en pendiente hacia abajo. Conforme Jaina iba avanzando por él, rápidamente agradeció la pendiente. Los túneles estaban fríos, y sentía que sus piernas torpes apenas le respondían.
Finalmente, el túnel se niveló, y un brillo azulado casi imperceptible asomaba al fondo. Jaina aceleró el paso. El túnel se abría en un pasillo redondeado lo bastante grande para permitirles andar de pie. Salió rodando, disfrutando de la suave luz. El túnel seguía siendo dolorosamente frío, pero después de la total oscuridad de los túneles laterales, la débil luz difusa resultaba extrañamente reconfortante. Se hizo a un lado para permitir que el hapano saliera. El hombretón se arrastró al exterior y se estiró, y luego giró los hombros para soltar los entumecidos músculos.
Ajustó su paso al de los dos Jedi, caminando casi tan silenciosamente como sus dos captores, mucho más pequeños que él. Jaina le alcanzó con la Fuerza, tratando de medir su estado de ánimo y sus intenciones. Captó un alto nivel de ansiedad, pero dadas las circunstancias eso parecía razonable.
Se movieron en silencio por un laberinto de túneles, contando túneles laterales y puntos de drenaje, siguiendo el patrón que Kyp se había aprendido de memoria. Finalmente, el Maestro Jedi señaló una escotilla en un muro lejano.
-Esa es -dijo suavemente.
Sin aviso previo, el hapano se echó al suelo y ejecutó un rápido barrido con la pierna. Su ataque fue increíblemente rápido... y lo habría sido incluso si no hubiera estado casi inmovilizado por el frío. Kyp cayó al suelo, y al caer le dio tiempo a Jaina para retroceder un par de pasos. El prisionero completó el giro y se puso en pie con un movimiento fluido.
Se inclinó a un lado, levantando la rodilla y lanzó una rápida patada. Instantáneamente Jaina retrocedió a las lecciones aprendidas durante su breve aprendizaje con Mara Jade. Reconociendo la finta, se agachó bajo la primera patada elevada. Se inclinó con fuerza hacia el luchador, sincronizando su impulso con su segunda patada y golpeando con su antebrazo extendido el tendón sensible justo bajo los músculos de la pantorrilla del otro.
La sacudida del impacto no fue en absoluto tan fuerte como esperaba. Demasiado tarde, Jaina reconoció la doble finta. La tercera y poderosa patada del hapano le hizo perder el equilibrio y la lanzó por el aire.
Jaina golpeó el muro redondeado y cayó rodando. Se alzó sobre una rodilla, sintiendo demasiado frío y demasiada rabia para sentir el dolor que con seguridad vendría después. Le luchador avanzó, levantando en el aire una pierna estirada para dejarla caer en un poderoso golpe de arriba hacia abajo.
Instintivamente, Jaina lanzó una mano hacia su atacante. Relámpagos oscuros destellaron desde las puntas de sus dedos. Tentáculos dentados y espectrales danzaron envolviendo al hapano, levantándolo, y empujándolo por el túnel.
Jaina había desencadenado relámpagos de la Fuerza una vez con anterioridad. Esta vez vinieron más fácilmente... pero una vez convocados, era difícil disiparlos. Rayos de energía oscura delimitados por sombras de color violeta azulado surgían de ella, golpeando al hombre que gemía y se debatía contra la pared del túnel.
Era vagamente consciente de otro poder cayendo como una sombra en su rabia oscura y brillante. El relámpago terminó con un abrupto y audible chisporroteo cuando Kyp le agarró la muñeca. Le dio la vuelta para mirarla a la cara.
Durante un instante, simplemente se quedó mirando al Maestro Jedi, sorprendida por sus propias acciones e insegura de si lo que iba a recibir era condena o aprobación.
Kyp apartó la mirada el primero. Ella siguió su mirada hacia el techo, y observó el débil siseo proveniente de docenas de pequeñas aperturas redondas.
-El relámpago ha activado los sensores -dijo él con tono cortante-. Salgamos de aquí.
Volvieron a poner en pie al hapano aturdido y comenzaron a avanzar hacia la escotilla. Un muro de duracero cayó de golpe en su camino, sellando el túnel. Jaina se giró a tiempo de ver un muro similar cayendo tras ellos. El siseo aumentó de volumen, y súbitamente una cascada de fluido frío y de olor acre surgió de las válvulas.
Una veloz tromba de refrigerante inundó el túnel sellado, golpeando desde abajo los pies de Jaina y llevándosela consigo, dando vueltas en la turbulenta corriente. Se hundió brevemente y volvió a salir escupiendo un trago de la sustancia amarga.
Algo le atrapó el pie y volvió a tirar de ella hacia abajo. Jaina agitó los brazos hasta que su mano atrapó una especie de agarradera metálica en el muro redondeado. La agarró con fuerza y tiró hacia arriba para librarse de su atacante. Consiguió subir un poco, y encontró otra agarradera. Continuó ascendiendo, subiendo hacia el techo centímetro a centímetro, lenta y dolorosamente. El refrigerante la entumecía, y los pulmones le dolían y le ardían. Su lucha terminó de golpe, y salió disparada hacia arriba. Su cabeza salió a la superficie, y por unos instantes todo lo que pudo hacer fue tomar aire y aferrarse a su fría agarradera metálica.
Jaina miró a su alrededor, buscando a Kyp. Él había encontrado una agarradera similar. Para su sorpresa, su brazo libre estaba rodeando al hapano por debajo de su barbilla, manteniéndolo a flote como si fuera un socorrista. Ella había asumido que el hombretón había tratado de tirar de ella hacia abajo, pero se dio cuenta de una sola mirada que no estaba en estado de continuar con su ataque.
El nivel de refrigerante continuó su rápido ascenso, y los poderosos surtidores provenientes de arriba habían difícil respirar e imposible hablar. Jaina echó un vistazo al techo.
El fluido pronto alcanzaría la parte superior. Si no encontraban pronto un modo de salir, se ahogarían.
Kyp atrajo su atención y señaló con la cabeza hacia la izquierda de Jaina... hacia la fuerza invisible que había tratado de tirar de ella hacia abajo. Jaina advirtió el vórtice que aparecía en la superficie, avanzando hacia ellos. Un túnel de drenaje, con toda probabilidad.
El Maestro Jedi se soltó, lanzándose deliberadamente a sí mismo y a su carga hacia la poderosa espiral. Jaina tomó aire lenta y profundamente, y les siguió.
Cayó, debatiéndose a través del frío y la oscuridad. Su violento descenso se frenó conforme los muros se estrechaban, y entonces una luz difusa se acercó rápidamente hacia ella a través del agua que caía.
Silueteadas contra ella estaban las oscuras formas de Kyp y su prisionero que caían con ella. Entonces, de pronto, ambos hombres se detuvieron.
Jaina continuó avanzando hacia delante. Distinguió la forma regular de una reja metálica, y un latido después golpeó de cabeza contra ella.
El refrigerante continuó cayendo por el estrecho túnel, aplastándola contra la reja como un mynock agarrado a un caza a toda velocidad. Se esforzó por liberarse, pero la fuerza del acelerado fluido era demasiado grande.
Sintió el toque de Kyp a través de la Fuerza, y entonces empezó a deslizarse hacia un lado de la reja, movida por un empujón psíquico más fuerte que la veloz corriente de líquido. El resplandor del sable de luz de Kyp se disparó hacia la escotilla, y la cerradura cedió.
Los tres salieron dando traspiés, cayendo en un depósito ancho y poco profundo. Jaina avanzó con dificultad hasta un borde y se aupó al exterior. Cayó al suelo... y se detuvo justo ante varios pares de pies enfundados en botas.
Fuertes manos la agarraron y la pusieron en pie. Un calor interior fluyó a través de Jaina en una súbita oleada de poder, y sus miembros congelados despertaron con un millar de pequeños pinchazos de dolor.
Se agarró a las muñecas de los guardias, segura de que caería si las soltase. Aunque todos sus instintos la llamaban a luchar, Jaina se enfocó en su lucha interior. Estaba peligrosamente cerca de perder la consciencia. Si lo hacía, entonces todo estaría perdido.
Un brillante destello de luz llenó la sala, un estallido de poder que hizo añicos la débil concentración de Jaina. Cayó deslizándose al suelo, al perder el apoyo del guardia, y dejó que las tinieblas la reclamasen.

La aprendiza (II)

Jaina y Lowbacca zigzaguearon a través del laberinto de mármol verde cubierto de niebla hacia el extenso distrito dedicado a las investigaciones. Una carta de presentación de Ta'a Chume, la abuela de Tenel Ka y antigua Reina Madre de Hapes, les sirvió para obtener plena colaboración y acceso ilimitado a las instalaciones. A los pocos momentos, Lowbacca ya estaba sentado ante un terminal, y sus dedos peludos volaban mientras repasaba los registros informatizados de las investigaciones de Gallinore, buscando cualquier cosa que pudiera servir de vínculo entre una tecnología que Jaina y él pudieran entender, y los secretos de la Mentirosa, su nave yuuzhan vong robada.
Pero aparentemente ni siquiera la influencia de Ta'a Chume era suficiente para permitirles un acceso a la información sin ser supervisados. Una mujer joven de pelo oscuro que llevaba la túnica blanca de los técnicos y una perpetua expresión de preocupación permanecía junto a ellos para “ayudarles”. Jaina esperó a que el comunicador de la técnica sonase, y entonces se inclinó y apoyó su barbilla en los hombros del wookiee.
-¿Puedes darme una lectura de los planos y la seguridad? -dijo en voz baja.
Lowbacca gruñó una pregunta. Como respuesta, Jaina le envió imágenes mentales de su reciente batalla en la mundonave yuuzhan vong, devolviéndole por un instante el terror y la incertidumbre de estar luchando por abrirse camino por lo desconocido. El conocimiento de la estructura de la mundonave podría haber supuesto una diferencia, podría haber salvado algunas de las vidas que se perdieron en ese terrible lugar. Un suave y ronroneante gemido escapó del wookiee cuando éste admitió sus pérdidas comunes, y la prudencia de la precaución de Jaina.
Ella se enderezó y se dirigió a la científica.
-Debo hablar con Sinsor Khal. ¿Puedes enseñarme dónde encontrarlo?
Una expresión peculiar cruzó el rostro de la joven, pero esta volvió a sacar su intercomunicador y transmitió la solicitud de Jaina. Lowbacca encajó diestramente un holocubo en un terminal de salida y transfirió los datos pedidos. Luego se lo pasó disimuladamente a Jaina.
A los pocos momentos llegó una escolta armada que la guió por un laberinto de pasillos blancos impolutos. La dejaron ante una puerta grande, le indicaron un lector de manos que estaba instalado junto a la puerta, y se marcharon a paso mucho más vivo que el que habían seguido al venir con ella.
Jaina se encogió de hombros y apoyó la mano en el aparato. La puerta se abrió como un diafragma. Jaina entró en una sala grande, llena de tantos equipos y tan desordenados que sospechó por un momento que estaba viendo el resultado de una colisión frontal entre dos naves grandes. La puerta se cerró a su espalda con un ruido metálico como el de la puerta de una cárcel.
Recorrió la sala, contemplándola como si se tratara de un campo de batalla. Cuando supo todo lo que le hacía falta, salió por donde había entrado, recorrió a la inversa por los pasillos el camino por donde había venido, y se dirigió a su nave.
Kyp la esperaba en la bodega, con un aire siniestro en su delgado rostro, y sus ojos vacíos de cualquier vestigio del astuto humor que había demostrado contra Tenel Ka. Señaló con la cabeza su secreto compartido... el prisionero hapano oculto en la bodega, mantenido en un trance inducido por la Fuerza tan profundo que los dos otros Jedi no habían podido percibir la presencia de una quinta persona a bordo de la nave.
-Oigámoslo -dijo él sin más preámbulos.
-Ya sabes que este hombre es un colaborador de los yuuzhan vong -comenzó Jaina-, y que atacó a Tenel Ka, un miembro de la familia real hapana. Eso es un crimen capital en Hapes. Si no le hubiéramos ayudado a escapar, habría sido ejecutado.
Kyp dejó caer un hombro de forma desdeñosa.
-Los Jedi juran proteger todas las cosas vivientes, pero sigo sintiéndome extrañamente incapaz de derramar lágrimas en su nombre.
-Los vong le pusieron un implante de coral esclavo -continuó ella-. Es un dispositivo de comunicación y control. Quiero que se lo quiten, que lo estudien y lo modifiquen. En última instancia, lo que quiero es golpear a los yuuzhan vong con sus propias “armas”.
Los ojos del Maestro Jedi brillaron de interés. Jaina activó el holocubo, y un modelo brillante de la disposición del edificio tomó forma, flotando en el aire entre ellos.
-Lowbacca es bueno. Me consiguió esto sin que nadie se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Puede borrar cualquier registro del sistema con igual facilidad. Hacemos entrar a este hombre, salimos, borramos nuestros pasos. Lowbacca puede eliminar de los registros de seguridad a cualquiera que no queramos que aparezca, y se rumorea que tienes práctica eliminando recuerdos indeseados de la gente.
Miró con expectación a Kyp. Él hizo un gesto para que continuase.
-Aquí está el laboratorio, abajo en este nivel inferior. Ya he estado allí. Estos planos tienen todos los detalles que necesitamos, pero quería ver la disposición con mis propios ojos y tener una sensación del lugar con la Fuerza. Y esto es lo que creo que debemos hacer.
Kyp escuchó su plan con atención, con gesto inescrutable. Parpadeó una sola vez, cuando ella concluyó su propuesta diciéndole:
-Me pediste que fuera tu aprendiza. Aquí es donde empezamos.
Él se apoyó contra el muro y cruzó los brazos.
-Tienes un gran concepto de tu valía.
-Éste es mi precio.- Jaina extendió las dos manos y le ofreció su mejor imitación de la sonrisa torcida característica de su padre-. ¿Quieres tomarme o no?
Los dos Jedi se miraron fijamente a los ojos durante un largo momento.
-Sabes que no podremos hablar nunca de esto, a nadie -dijo Kyp.
-¿A quién se lo iba a contar? -repuso ella-. ¿Al tío Luke?
Él bajó la cabeza, asintiendo despacio, sin dejar de devolverle la mirada.
-Entonces, de acuerdo. Vamos a terminar este trabajo.

La aprendiza (I)

La aprendiza
de Elaine Cunningham
Jaina Solo se ajustó el arnés del asiento de copiloto y se inclinó hacia delante, ansiosa de echar un primer vistazo a Gallinore. El pequeño carguero hapano salió suavemente del hiperespacio, y las líneas estelares se comprimieron en brillantes puntos de luz... una vista preciosa, pero que podría haber indicado cualquier destino. Entonces la nave viró bruscamente a estribor, y una suave bruma verde floreció contra la oscuridad del espacio.
La niebla se agarraba al planeta cubierto de bosque, y los inclinados rayos del sol naciente hacían salir de la húmeda atmósfera un resplandor luminoso y verdusco. Lowbacca dejó escapar un grave e intenso gemido que denotaba admiración y nostalgia.
-Sí que se parece un poco a Kashyyk -convino Jaina, nombrando el planeta natal de los wookiees.
Volvió la mirada a sus compañeros. Lowbacca siempre había sido delgado en los estándares wookiee, pero su reciente cautividad le había dejado realmente flaco, y su pelaje color jengibre estaba apagado y desigual. Tenel Ka también estaba más delgada, y su traje de vuelo verde oscuro colgaba sobre su figura demasiado fina. Su larga cabellera rojiza estaba cuidadosamente peinada con una multitud de trenzas, al estilo de las guerreras de Dathomir, pero con una salvedad: se había apartado los cabellos hacia un lado para ocultar la zona vacía que un inquisidor yuuzhan vong le había dejado al arrancarle una de sus trenzas. Jaina apartó rápidamente sus ojos de ese recuerdo de su terrible experiencia compartida. Sus propias cicatrices eran de otro tipo.
Su mirada pasó al hombre en el asiento del piloto. Kyp Durron superaba los dieciocho años de Jaina por una docena de años. Los largos y descuidados bucles de cabello marrón estaban mezclados con mechones de plata, y finas líneas se unían en las esquinas de sus ojos verdes... líneas que sugerían sonrisa fácil y risa compartida. Kyp tenía la clase de rostro que inspiraba camaradería y confianza, y probablemente lo haría incluso sin el carisma añadido de sus formidables poderes Jedi. Una cosa era segura: La gente seguía a Kyp. Jaina trataba de descubrir por qué.
Las brumas de Gallinore se ondularon para recibir a su nave. Jaina se removía impaciente en su asiento. Sus dedos picaban al tacto de los controles, y se frotó bruscamente una mano contra la pernera de su traje de vuelo como si eso pudiera borrar el ansia de tomar el control. Sin embargo, Kyp era un Maestro Jedi y -aún más importante- un Maestro que le había pedido a Jaina que fuera su aprendiza.
Para Jaina, estar sentada en el asiento del copiloto era un modo de poner ese concepto a prueba.
Parte de ella quería rechazar su oferta sin más. Kyp Durron había sido una figura dudosa antes de que la guerra comenzase, antes de acometer su cruzada rebelde contra los invasores yuuzhan vong. Sus incursiones eran controvertidas, y su defensa apasionada de las tácticas agresivas había llevado la discordia a todas las reuniones de Jedi, asistiera él o no.
Pero a cierto nivel, Jaina sentía que ella y Kyp ya estaban volando en el mismo vector.
No podía discutir ni contra su filosofía ni contra sus métodos. Simplemente no estaba segura de querer ponerle al mando.
Kyp observó la extensión intacta de verde que se acercaba a toda velocidad hacia su nave.
-El ordenador de navegación confirma las coordenadas de aterrizaje, pero no veo nada ahí abajo que se parezca a una ciudad.
Tenel Ka levantó la mirada de la tableta de datos que había estado estudiando durante casi todo el viaje.
-Es difícil ver Dimitor desde arriba. La ciudad está construida principalmente con mármol verde y todas las calles están alineadas con altos árboles. Incluso los muelles de aterrizaje están pavimentados con piedra multicolor, haciéndolos indistinguibles del suelo agreste hasta que estás prácticamente sobre ellos.
-Hace que uno se pregunte qué tienen que ocultar -observó Kyp, dirigiendo una breve y afilada mirada a Jaina.
-Gallinore es un mundo respetuoso con las leyes, afiliado estrechamente al gobierno de Hapes -respondió gravemente Tenel Ka. Su mirada pasó a Jaina-. Estoy más preocupada por nuestras intenciones que por las suyas. Vamos a aterrizar en breve. ¿No deberías decirnos por qué hemos venido?
Jaina asiente con un gesto de cabeza.
-Déjame ver tu sable de luz.
La mujer guerrera frunce el ceño, extrañada, pero retira el arma de su cinturón y se la ofrece.
Jaina hizo girar el inusual sable de luz en su mano, recorriendo con su pulgar las extrañas inscripciones que Tenel Ka había tallado meticulosamente en la empuñadura de marfil amarillento.
-Un diente de rancor -observó. Con un gesto de su pulgar, activó un rallo de brillante luz turquesa... de una tonalidad extrañamente iridiscente, una tonalidad que, al observarla detenidamente, contenía puntos danzantes de cada color del espectro visible.
-Usaste gemas irisadas para los cristales de enfoque, ¿verdad? ¿De Gallinore?
-Es un hecho -confirmó Tenel Ka.
-Esas “gemas” son realmente criaturas vivas, y pese a ello fuiste capaz de usarlas en un sable de luz Jedi... igual que Anakin sintonizó los cristales lambent yuuzhan vong para el suyo. He leído que las gemas irisadas, al igual que mucha de las formas de vida únicas de este mundo, fueron creadas por bio-ingeniería.
La comprensión asomó en el rostro de la mujer guerrera.
-Esta similaridad te lleva a esperar que los científicos de Gallinore puedan ayudarte a comprender a la Mentirosa -concluyó, nombrando la nave viviente que Jaina y Zekk habían robado de una mundonave yuuzhan vong.
-Ese es el plan.
Jaina apagó el arma Jedi de su amiga y se la devolvió.
Quedaron en silencio cuando Kyp entabló contacto de voz con los oficiales del puerto. Pasó los códigos de autorización y maniobró diestramente la nave a través de capas de nubes. Los tres Jedi más jóvenes se levantaron de inmediato, dejándole a él para que apagase los controles.
La rampa se desplegó, y Jaina descendió y echó un vistazo a los muelles con interés.
Podía ver por qué ese lugar era casi invisible desde arriba.
Una fuerte brisa removía las gruesas nubes bajas que llenaban los muelles abiertos y se agarraban a los árboles de la ciudad que se alzaba más allá. Elevadas y ondulantes ramas aparecían y desaparecían de la vista como tímidos animales del bosque. Las bahías de atraque estaban atendidas por pilotos, mecánicos y oficiales del puerto, todos vestidos con trajes de vuelo diseñados con distintos tonos de verde. También ellos parecían moverse dentro y fuera de la niebla con patrones aleatorios. Algún extraño efecto óptico hacía que sus movimientos parecieran casi idénticos al del ondulante follaje.
Incluso así, los trabajadores inmediatamente se acercaban a cualquier nave que acabase de aterrizar, usando pequeños pero potentes aerotrineos para conducirla al interior de una bahía de atraque cubierta por un elevado toldo de camuflaje. Era difícil de creer que el sol de Gallinore pudiera disipar el manto de nubes nocturnas antes de llegar a su zenit. Jaina entornó los ojos para mirar a la zona de niebla más brillante, observando con consternación la posición del sol. Tendría que trabajar con rapidez.
-El edificio de aduanas -dijo Tenel Ka, señalando con la cabeza una estructura baja y verde-. Los oficiales de la ciudad nos estarán esperando allí.
Retrasó los hombros, como los guerreros preparándose para el combate, y se dirigió hacia allí a paso ligero.
Una fugaz sonrisa asoma en los labios de Jaina al imaginarse la “reunión diplomática” que seguiría. Tenel Ka era una princesa de Hapes, el mundo dominante del Consorcio de Hapes, pero estaba allí en calidad de guerrero para exhortar a otros a prepararse para el inminente conflicto. Por sugerencia de Jaina, todos los visitantes Jedi excepto Lowbacca estaban vestidos con trajes de vuelo verdes idénticos a los que llevaban los gallinorianos. Lo había sugerido como forma de honrar la costumbre local, y para crear una impresión de unidad. Tenel Ka estaba complacida con ese concepto, y no preguntó si Jaina había tenido otras razones para querer tener el mismo aspecto que los locales.
Kyp descendió la rampa y comprobó la compuerta que conducía a la bodega de carga. Tenel Ka echó un vistazo al Jedi de más edad. Aunque la expresión de su rostro no cambió ni su paso se alteró, oleadas de desaprobación surgían de ella.
Jaina se interpuso en el camino de la guerrera de Dathomir y se enfrentó a ella.
-Muy bien, suéltalo.
Tenel Ka se detuvo y clavó en Jaina la gélida mirada de sus ojos grises.
-Comprendo tu deseo de aprender de los científicos de Gallinore. ¿Pero por qué está Kyp Durron con nosotros? Es imposible que estés considerando su oferta de ser su aprendiza.
-Tal vez debería. Kyp es un Jedi excepcionalmente poderoso. -Jaina hizo una pausa y mostró una breve sonrisa desprovista de humor-. Tiene que serlo. La única razón por la que sigue con vida es porque las personas que debían juzgarle creyeron que su talento superaba a sus crímenes pasados.
Tenel Ka alzó una ceja de color dorado-rojizo.
-No es tu estilo ser cínica.
-Realista -corrigió Jaina-. Kyp Durron sabe cosas que yo no sé. Podría aprender de él.
-Es un hecho. Eso es lo que me preocupa.
Jaina deja escapar un suspiro de frustración y suelta su mejor carta... una afirmación lo bastante fuerte para reducir a la nada las discusiones y parar en seco las conversaciones.
-El Maestro Luke confía en él.
-¿Y tú? -replica Tenel Ka-. ¿Puedes confiar tú en él, después de lo que hizo en Sernpidal?
El brusco recordatorio golpeó a Jaina como un puñetazo en el vientre. No hacía demasiado tiempo, Kyp había usado la Fuerza para convencer a Jaina de que los astilleros enemigos ocultos entre los restos del mundo muerto de Sernpidal estaban construyendo super-armas. Kyp la había manipulado, usando el apellido Solo y la reputación personal de Jaina como piloto del Escuadrón Pícaro para convencer a las fuerzas de la Nueva República para que se unieran al ataque. Ese engaño aún le dolía, al igual que el conocimiento de que el Escuadrón Pícaro, principalmente por su iniciativa, había atacado un objetivo civil.
Trató de apartar todo eso con un gesto de impaciencia.
-La misión fue un éxito. La destrucción de la nueva mundonave de los vong reforzó la posición de la Nueva República.
-Tal vez -concedió Tenel Ka-. Pero me sigo preguntando si tu disposición a atacar Sernpidal tenía tanto que ver con la venganza como con la táctica.
Un aullido wookiee de protesta se adelanta a la respuesta de Jaina. Lowbacca se colocó junto a Jaina, con sus largos brazos cruzados ante el pecho y sus ojos negros entornados. Bufó unas cuantas frases breves e indignadas. Algunos de los matices del lenguaje wookiee se le pudieron escapar a Tenel Ka, pero su significado estaba lo bastante claro como para traer un débil rubor a sus mejillas.
Ella inclinó la cabeza.
-Mis disculpas, amigo mío. No pretendía faltar al respeto al honor de tu tío Chewbacca, o a la deuda de vida que asumiste en su nombre. Su sacrificio en Sernpidal ciertamente habría sido devaluado por la venganza.
Miró fijamente a Jaina, pero no de forma tan afilada como podría haber sido.
Kyp se acercó al trío. Su mirada pasó por todos, deteniéndose en la postura defensiva de Lowbacca.
-¿Qué me he perdido?
-Sólo estábamos preparándonos para separarnos -dijo Jaina, consciente del posible doble significado que albergaban sus palabras... y segura de que Kyp comprendería el matiz-. Tenel Ka tiene que asistir a algún tipo de reunión diplomática, y Lowie y yo iremos al centro de investigación.
-Ya veo. Me quedaré con la nave y tendé los ojos bien abiertos.
-Eso no debería ser necesario -observó Tenel Ka-. Dimitor es una ciudad respetuosa con las leyes.
-Razón de más por la que debería quedarme aquí -dijo Kyp con tono seco. Un destello cruza sus ojos y muestra su sonrisa más encantadora a Tenel Ka-. O tal vez no haya entendido bien. ¿Me estás invitando a ir contigo?
Los ojos de la guerrera se abrieron como platos, y por un instante su formidable compostura falló.
Antes de poder formular una negativa aceptablemente educada, Kyp le guiñó burlonamente un ojo y luego salió con paso firme hacia su nave.
Jaina alzó una mano a sus labios para ocultar una sonrisa burlona. Por supuesto que el Maestro Jedi había sentido la discordia entre las dos jóvenes mujeres, y había interpretado esta pequeña y burlesca venganza de parte de Jaina. Su apoyo le divirtió y la reconfortó, incluso aunque reconocía la manipulación que suponía. Por la razón que fuera, Kyp quería hacerse cargo de su entrenamiento.
Ella pretendía saber hasta dónde estaba él dispuesto a llegar para alcanzar ese objetivo concreto.
Esperó a que Tenel Ka se hubiera ido con un par de oficiales de la ciudad, y entonces se volvió con ojos de gratitud hacia su auténtico apoyo. Lowbacca actuaba como intermediario entre Jaina y sus demás amigos.
Tenel Ka no era la única joven Jedi que seguía a Jaina y que no confiaba enteramente en ella. Sin embargo, nadie cuestionaba la integridad del wookiee, y su apoyo continuado ayudaba a mitigar sus preocupaciones.
-No sé qué haría sin ti -dijo sinceramente.
La breve y descontenta respuesta de Lowbacca trajo una sonrisa al rostro de Jaina.
-Si Eme Tedé estuviera aún por aquí, probablemente traduciría eso como “el Amo Lowbacca sugiere respetuosamente que sin su intervención, probablemente habría introducido sin darse cuenta coordenadas de ataque que enfocarían sus armas sobre partes vitales de su propia anatomía”. Apuesto que echas de menos a ese pequeño droide.
El wookiee dejó escapar un inconfundible bufido burlón.
Jaina le tomó del brazo.
-Yo tampoco -convino.