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jueves, 28 de julio de 2016

Manifiesto, y un cuerno

Manifiesto, y un cuerno
Morrie Mullins

Hace unas pocas semanas, los tarasin aparecieron con la ubicación de un alijo oculto de tesoros –en forma de información- dejado hace más de dos siglos por Reidi Artom. Entre esos tesoros (que continúan siendo estudiados por xenobiólogos, sociólogos y otros académicos de todo tipo) había un documento que fue publicado inmediatamente, a petición de la Madre Kasslan del irstat Vriisan. En ese documento, Reidi Artom explicaba diversos elementos de su filosofía, tanto en lo que refiere a la expansión en su conjunto, como a lo que se refiere a la guerra.
Diferentes fragmentos del manifiesto han despertado reacciones dispares entre el pueblo de Cularin, pero tal vez sus afirmaciones más polémicas tienen que ver con la guerra. Artom escribió lo siguiente:
Es algo curioso que hacemos los seres racionales: tomamos un sector del espacio que no “pertenece” a nadie (o, si está cerca de pertenecer a alguien, se trata de alguien que estaba aquí desde hace eones, antes de que pensáramos siquiera en venir aquí) y discutimos ruidosamente acerca de quién lo controla.
A menudo llamamos a esto “guerra”.
Supongo que no necesito hacer proselitismo de las maldades de la guerra. La gente muere, los supervivientes viven con rabia y odio y una docena de otras emociones dañinas y, si la galaxia cambia, lo hace a peor. Nadie gana.
Dado el estado actual de los asuntos en Cularin, no es sorprendente que varios individuos discrepen con esa afirmación. Notablemente ausentes de la discusión han estado las opiniones de Osten Dal’Nay o Broof Yurdel, comandantes de la Milicia de Cularin. A primera hora de esta mañana, un trío de jóvenes apareció en las oficinas de Holodifusión Central de Cularin y solicitó una entrevista con Yara Grugara. Aunque han solicitado que no se difundan sus nombres, estos tres varones –un humano que pidió que le llamáramos “Mack”, un cereano que se identificó como “Pac”, y un trandoshano que insistió en que nos refiriéramos a él como “Grunt”- están ahora dispuestos para hablar con Yara acerca de sus opiniones sobre lo que Reidi Artom tenía que decir. Hemos concedido esta entrevista porque los tres poseen credenciales que les acreditan como soldados de la Milicia de Cularin.

Fundido de entrada. Yara está sentada en un lado de un plató amplio y despejado. Su lado está bien iluminado, y hace su mejor esfuerzo por sonreír mientras continúa manteniendo un aspecto muy serio. Obviamente, es muy difícil para ella. El lado opuesto del plató no está bien iluminado en absoluto, y vemos tres siluetas sentadas en sillas. En el extremo de la izquierda hay un cuerpo con una cabeza claramente cereana, a su izquierda hay un humano, y en el extremo derecho hay un trandoshano.
Yara: Mack, Pac y Grunt. Tres de los mejores hombres de Cularin. Miembros de nuestra milicia, defensores de nuestros hogares. Hoy aquí, con Yara, para rebatir anónimamente las afirmaciones realizadas por una gran mujer que ya no está viva para defenderse. Bienvenidos, caballeros.
Mack: Gracias. Creo.
Yara: Vayamos directamente al asunto, ¿de acuerdo? Yara tiene entendido que ustedes tres querrían decir algo acerca del recientemente re-descubierto manifiesto de expansión escrito por la gran Reidi Artom, quien, para cuando llegó a Cularin, ya había visitado el doble de sistemas estelares de los que la mayoría de nosotros verá en toda una vida. Oh, y que ustedes hablan en nombre de la Milicia de Cularin.
Pac: Yara, ¿me permite? Ya estoy advirtiendo un patrón en sus preguntas... o, más bien, en sus afirmaciones. En dos ocasiones se ha referido a Reidi Artom como “grande”. No ponemos en disputa que fue una persona muy importante, o que sin ella, Cularin podría no ser lo que es. Usted también parece implicar que estamos aquí para atacarla de algún modo, cuando ciertamente ese no es el caso.
Grunt: Menos cuando se equivoca. Entonces es bastante idiota.
Pac: Cállate.
Grunt: Lo siento.
Pac: ¿Por dónde iba?
Yara: Estaba a punto de confirmarme que están aquí para proporcionar la perspectiva de la Milicia sobre lo que Reidi Artom tenía que decir sobre la expansión y la guerra.
Mack: No tanto sobre la expansión. Mire, la mayoría de eso me pareció bien. Quiero decir, sólo leí una vez esa parte, así que supongo que estaba bien.
Pac: Sus opiniones sobre la expansión son esencialmente irrelevantes, así como su creencia de que la guerra es el resultado de “modas pasajeras”. No sé muy bien de donde se habría sacado esa teoría, pero la encuentro en extremo disparatada. La guerra es el resultado del conflicto, sea ese conflicto natural o artificial, y de la indeseada transformación de ese conflicto en violencia. Y me gustaría añadir que no hablamos por la Milicia en su conjunto. Hablamos por nosotros mismos, como representantes de la Milicia.
Yara: Pero dado que nadie más de la milicia ha hablado, eso significa que hablan por la Milicia en su conjunto... ¿no es así?
Grunt: Sí. Pero sólo porque tenemos razón.
Pac: Ya te he pedido una vez que te calles. Por favor, no hagas que te lo pida de nuevo.
Grunt: Muy bien, no me lo pidas. ¿Puedo hablar ya de por qué Artom es idiota?
Pac se levanta, se acerca al trandoshano, y le da un fuerte golpe en la cabeza. Luego regresa a su asiento.
Grunt: Supongo que eso es un “no”.
Yara: De modo que la posición de la Milicia de Cularin es que Reidi Artom era idiota.
Grunt: Sip.
Pac: Mack, golpéale.
Mack le pega una colleja a Grunt.
Grunt: Auh.
Pac: No, esa no es en absoluto la posición de la Milicia. Esa es la posición de Grunt, pero debe usted entender que Grunt es bastante extremo en su perspectiva. Disfruta luchando con cosas. Pero no deja de representar a la milicia de algún modo, así que por eso está aquí. Tampoco yo la represento del todo, ni Mack. Hay una gran diversidad de opinión dentro de la Milicia de Cularin, y si usted cree que cualquiera de nosotros expresa la “verdad” literal de la opinión de la Milicia, se equivoca.
Yara: Bien. Entonces, Yara está un poco confundida. ¿No se da el caso de que la Milicia cree que la guerra pendiente con Thaere es algo bueno?
Mack: ¿Pendiente? ¡Especie de pantera de arena de cola peluda, usted es quien ha estado informando de las noticias! Ya estamos en guerra. La mayor parte de ella aún está teniendo lugar en el espacio, o lejos de los centros civiles, pero sigue siendo guerra. Y por supuesto que la Milicia cree que es una buena idea. ¡Si no lo creyéramos, no estaríamos luchando!
Yara: De modo que usted habla por la Milicia en su conjunto, entonces.
Pac: (Resignado) Sí, supongo. Pero sólo en ese aspecto.
Grunt: Thaere malo. ¿Puedo decir eso? Thaere muy malo.
Pac: Sí. Eso está bien.
Yara: Caballeros, creo que deberíamos llegar al meollo de esta discusión, a algo con más chicha.
Grunt: ¿Chicha? Mmm... chicha.
Mack golpea a Grunt. Grunt suspira.
Grunt: Thaere malo.
Yara: ¿Qué hay en el manifiesto que encuentran tan discutible como para venir aquí y solicitar una entrevista en antena?
Mack: Ella nunca luchó una guerra. Quiero decir, con todo el debido respeto, pero era buena explorando. No era una guerrera, así que no hay modo de que pudiera entenderlo. La guerra es mucho más complicada de lo que ella hizo parecer.
Yara: ¿Concretamente?
Mack: Bueno, dijo que no hay ningún ganador en la guerra. Pero en la guerra en su conjunto hay ganadores y perdedores, ¿sabe? Digamos que te encuentras fuera de una cantina y aparece un tipo ebrio de especia y cerveza rodiana y quiere pelear. En ese momento tú no quieres pelear, ¿vale? Pero si peleáis, según su lógica, no gana nadie, porque es sólo violencia. Digamos que no peleas, y el otro tipo viene y comienza a golpearte en la cara. Si no peleas y él te hace papilla, él gana y tú pierdes. Hay un ganador si alguien quiere luchar y otro no, y el ganador siempre es la persona que lucha.
Yara: Algunos afirmarían que la persona que no luchó ganó la batalla moral.
Pac: Las batallas morales apenas importan cuando perder significa que uno acaba convertido en esclavo, o muerto.
Mack: Sí. Lo que él ha dicho.
Grunt: Thaere malo.
Yara: De modo que la guerra está justificada si alguien te está atacando.
Mack: Claro. Supongo que podría decirse que hacer la guerra por la propia guerra está mal, ¿pero quién hace eso? No encontrarás al comandante Dal’Nay o al comandante Yurdel diciendo que deberíamos hacer la guerra sin ningún motivo. Tendrías que ser bastante idiota para querer la guerra sólo porque puedes tenerla.
Yara: Interesante. ¿Qué opinan sobre la afirmación de Artom –dejen que la cite para asegurarme de decirla correctamente- de que “el derecho a “reclamar” un lugar determinado no va en función del poderío militar”, sino que va en función de quién estaba allí antes? ¿Algún comentario?
Pac: Ingenua.
Mack: Idealista.
Grunt: Idiota.
Mack trata de golpear a Grunt, quien le agarra la mano y la vuelve a dejar con mucha delicadeza en el reposabrazos de la silla de Mack.
Grunt: (En voz baja, pero firme) Idiota.
Yara: Bien. ¿Alguien de ustedes quiere gastar más de una palabra –o la misma palabra, repetida dos veces- con respecto a este tema?
Pac: Creo que la palabra “ingenua” lo resume bastante bien. Habla como si hubiera una especie nativa para cada lugar de la galaxia, y que debería darse prioridad a las especies para determinar quién tiene derecho y quien no para estar en un lugar. Su lenguaje implica que en ocasiones –tal vez no siempre- hay una relación simbiótica entre una especie y un lugar, y que esta relación debería ser respetada por las personas que llevan las armas más grandes. Pero aquí viene una primicia: A las personas con las armas más grandes no les importan las relaciones simbióticas y los pueblos indígenas. No les importa si alguien estaba allí antes que ellos. Por eso les llamamos “invasores”: porque llegan a un lugar al que no han sido invitados y se apoderan de él. No hablo sino por mí mismo, pero no me gusta la guerra, y me alisté en la Milicia para evitar que la guerra tenga lugar o, si hay guerra, para estar dispuesto a ayudar a defender mi sistema. No me gusta ir a la guerra, pero lo haré.
Yara: Creo que este es un buen tema con el que terminar. Mack, Grunt... sabemos por qué se alistó Pac. ¿Qué hay de ustedes?
Mack: Para defender Cularin. Es mi hogar. Nunca me ha gustado Thaere, nunca he confiado en ellos, siempre he pensado que tenían algún tipo de plan que desconocíamos. Parece que teníamos razón. Por supuesto, si se me diera la oportunidad, yo los habría invadido primero. Ocupar Agotamiento, tal vez alguna otra de sus estaciones. Pero no es así como han ocurrido las cosas.
Yara: Interesante. ¿Grunt?
Grunt mira a Pac, luego a Mack. Suspira.
Grunt: Thaere malo.
Yara: Bien, eso es lo que yo pensaba. Os habla Yara Grugara, despidiendo la conexión, con un agradecimiento especial a estos representantes anónimos de la Milicia de Cularin por proporcionarnos un contrapunto al perspicaz análisis de una mujer brillante sobre los horrores de la guerra. Buenas noches, Cularin.
Fundido a negro.

jueves, 23 de junio de 2016

El legado de Riboga

El legado de Riboga
Morrie Mullins

Saludos, amigos. Os habla Ryk Osentay, informando para “El Ojo de Cularin”. Hoy estoy en directo desde Tolea Biqua, el pequeño lugar de maldad y vileza de Cularin.

Ryk sale del portal en el que se encontraba y comienza a caminar por una estrecha calle de Tolea Biqua. Brillantes luces de neón destellan sobre su cabeza, y un deslizador pasa disparado junto a él, peligrosamente cerca, haciéndole girar sobre sí mismo un círculo completo antes de continuar caminando como si no hubiera ocurrido nada. Pasa junto a un trío de tipos sospechosos que se alejan de la cámara entre susurros frenéticos. Otros individuos, en su mayor parte ajenos a su presencia, pasan junto a él por la calle. Ryk no parece tan alto cuando está de pie junto a otras personas que cuando está sentado. Se gira, mira por encima de su hombro, y habla sin ralentizar su marcha.

Como saben, Holodifusión Central de Cularin no ha sido autorizada a conectar en directo desde Tolea Biqua desde la desaparición de Melanda Forswoth hace más de un año. Melanda sigue desaparecida, y sólo gracias a serias negociaciones (la palabra “Súplicas” aparece por la parte inferior de la pantalla) he podido obtener permiso para venir aquí con un remoto. Sin embargo, tengo algunas ventajas que Melanda no tenía. Por ejemplo, me he puesto en forma.
La pantalla muestra:También tiene un equipo de seguridad cuya existencia desconoce apostado a unos 500 metros justo sobre su cabeza.”
Estoy hoy aquí para encontrar personas que me hablen acerca de Riboga. ¿Qué significó el hutt para Cularin, y qué legado dejó atrás? No hay ningún otro lugar donde este legado pueda ser más aparente que Tolea Biqua, la ciudad que prácticamente fue construida por el hutt. Apuestas, cantinas, toda clase de vicios... son por lo que se conocía a Tolea Biqua. Por lo que aún es conocido, en gran medida. Estas calles son muy peligrosas para un individuo incauto. Afortunadamente, Ryk Osentay no es en absoluto un incauto.
“Por eso desconoce que hay una nave con una batería turboláser de repetición directamente sobre su cabeza.”
Muy bien. ¿Estamos preparados? Veo allí a alguien que podemos entrevistar.

Ryk corre cruzando la calle para acercarse a una figura apoyada contra la pared, sentada con las piernas pegadas al pecho y la frente descansando sobre las rodillas. Bajo la iluminación de la cámara, vemos un par de cuernos surgiendo de cada sien... un devaroniano.

Ryk: Disculpe, señor. Soy Ryk Osentay, de “El Ojo de Cularin”, y me gustaría hablar con usted. ¿Tiene unos minutos?
Devaroniano: (Sin levantar la cabeza) ¿Eh?
Ryk: Me gustaría hacerle algunas preguntas sobre la época en la que Riboga estaba aquí. ¿Estaba usted aquí cuando Riboga gobernaba el inframundo criminal de Cularin con puño de hierro?
Devaroniano: (Aún sin levantar la cabeza) ¿Eh?
Ryk: ¿Señor? ¿Está usted despierto?
Devaroniano: Pareces tonto. No quiero hablar.
Ryk: ¡Pero soy Ryk Osentay, de “El Ojo de Cularin”!
Devaroniano: (Sin levantar todavía la mirada) Creía que ése era el programa de Yara. ¿No eres más que uno de esos perritos falderos que ella tiene alrededor para salir y hacer el trabajo estúpido cuando está demasiado ocupada?
Ryk: (Ruborizándose) En realidad, “El Ojo” es ahora mi programa. Yara pidió ser reasignada permanentemente a la mesa de noticias para ocuparse de los asuntos relativos a la guerra, dejándome a mí los temas de interés local. Y ciertamente Riboga es un interés local, ¿no le parece?
“No es que Ryk nos caiga realmente bien, eso sí. Tiene un ego del tamaño del presupuesto para maquillaje de Yara, y para él la “preparación” es lo que la gente hace en la cocina. Nos ha estado insistiendo en dejarle ir a Tolea Biqua desde que vio los índices de audiencia que obtuvo la desaparición de Melanda.”
Devaroniano: Cuanto menos diga la gente de ese bicho raro hinchado y lame-barro, mejor. De todas formas, ¿por qué galaxias te importa?
Ryk: Porque, como nos enseña el Código Jedi, realmente el mal nunca se crea o se destruye, sino que sólo cambia de forma.
El devaroniano alza la mirada. Sus ojos son totalmente negros, y el lugar donde solía estar su nariz está ocupado por un agujero sangriento. Mira fijamente a Ryk.
Devaroniano: Uno, eso no es el Código Jedi. Ni siquiera es algo que leerías en un souvenir Jedi. Dos, estás empezando a hacer que Yara parezca una doctora en astrofísica. ¡Ahora, márchate antes de que atraiga la cólera de los cielos sobre mi cabeza sólo para conseguir que te vayas!

La imagen se vuelve negra. Aparecen las palabras “Ryk no llegó a entender realmente ese último comentario”, y luego desaparecen mientras la imagen funde a Ryk acercándose a un grupo de tres rodianas, cada una de un tono distinto de verde, y un wookiee bastante alto.

Ryk: Hola, soy Ryk Osentay, de “El Ojo de Cularin”.
Rodiana 1: ¡Ni hablar! ¡No fastidies, tío!
Rodiana 2: Tú tampoco eres Yara. ¿Qué pasa aquí? O sea, es como si siempre aparecemos en “El Ojo”, pero nunca con Yara, o sea. ¡Yo solía ser su mayor admiradora, antes de que fuera y se pusiera toda seria y comenzara a perseguir túnicas! Aunque sigue siendo mejor que tú.
Rodiana 3: ¿No solías presentar carreras de vainas desde la línea de boxes? ¿No fuiste tú el que dejó caer aquella vez un micrófono en el motor de ese dug malhumorado, y recibió una paliza en directo?
“Además de ser un egocéntrico, Ryk no es particularmente listo. Por ejemplo, estamos seguros de que no se molestará en revisar la versión completa de este segmento. Sólo querrá el vídeo con sus imágenes, para ver qué aspecto tiene. En serio, ¿qué clase de persona intenta duplicar las tasas de audiencia conseguidas por una desaparición en directo volviendo al mismo lugar donde ocurrió la desaparición? Si Yara aún estuviera al mando, las cosas irían mejor. No podemos creernos que acabemos de decir eso.”
Ryk: Hmm, no. Ese no era yo. Y esto ya no es el programa de Yara, es mío. Soy Ryk Osentay, el nuevo presentador de “El Ojo de Cularin”.
Rodiana 2: ¿Sabes que somos como, o sea, unas de las últimas personas que vieron a esa Melanda antes de que ese Falsswon la atrapara? ¡Tío, qué fuerte! Deberías haber visto el aspecto que tenía aquel día. Con todo el calor y eso. ¿Es por eso que estás aquí?
“Ryk no se molestó en estudiar el vídeo de Melanda antes de salir. Nosotros sí. Los editores confirman que esas son las mismas personas que Melanda entrevistó antes de desaparecer.”
Ryk: (Ligeramente alterado) No estoy aquí por Melanda. Está desaparecida, así que actualmente no está trabajando en el programa. Me gustaría hablar con ustedes acerca de Riboga, el hutt que en otro tiempo controlaba el sistema.
Wookiee: Grunt. Grunt.
“Veamos si Ryk cae en la trampa.”
Ryk: (A la cámara) Mi traductor se ha estropeado. ¿Qué es lo que ha dicho el felpudo?
Wookiee: He dicho: “Grunt. Grunt.” Es una táctica estándar que uso para decidir si estoy tratando con un idiota que depende de un traductor. Ahora ha funcionado dos veces contra personas de tu cadena. Sin embargo, si insistís en ser estúpidos, os concederé vuestra entrevista. Llamadlo simpatía. Soy Nerrowr. Estas son mis compañeras, Nesha, Besha y Kesha.
Ryk: Ah. ¿Trillizas?
Nesha: Hmm, no.
Ryk: ¿Gemelas?
Besha: O sea, no. No somos parientes. Sólo somos rodianas. A menos que tú seas pariente de todos los demás humanos, o sea.
Ryk: Bueno, ¿qué hay entonces de la entrevista? ¿Qué pueden decirme sobre Riboga?
Nerrowr: ¿Qué quieres saber? Todos trabajamos para él, al menos durante un tiempo, antes del surgimiento de Nirama como la figura más poderosa del sistema.
Ryk: El criminal más poderoso, querrá decir. Estoy seguro de que el Maestro Lanius Qel-Bertuk de la Academia Jedi es más poderoso que Nirama.
Nerrowr: Quería decir lo que he dicho. ¿Quieres oír lo que tengo que decir, o no?
Kesha: Es patético. Tiene tanto carisma como los dedos de los pies de Yara. Si llega.
Ryk: ¿En serio? Pensaba que Riboga rezumaría carisma. Después de todo, era una figura criminal bastante temida. Por supuesto, nunca llegué a conocerle.
Nesha: No estaba hablando de Riboga.
Ryk: (Alterado) Centrémonos en la tarea, damas. Y caball... wookiee. Estamos aquí para hablar de Riboga. ¿Qué pueden decirme?
Mientras hace la pregunta, una joven pasa a trompicones, golpeando la cámara y cayendo al suelo. Su rostro es un caos de sangre y suciedad, y le han afeitado el cabello de un lado de la cabeza. Gimotea, luego se pone en pie y comienza a avanzar tambaleante por la calle. La cámara la sigue, aunque seguimos escuchando la entrevista de Ryk.
Nerrowr: Riboga era un individuo muy poderoso, muy amenazador. Se marchó de Cularin, pero sólo del modo que un hutt llega a “marcharse” realmente de un lugar que ha ocupado. Aún hay gente en Cularin que es leal a Riboga, y seguirán siéndolo hasta que mueran, o hasta que él muera.
Ryk: Entonces, cuando usted dice que en realidad no se ha marchado, ¿qué quiere decir? ¿El hutt aún está aquí?
Nerrowr: No. He dicho que se marchó de Cularin. Hablar contigo es inútil. Esta conversación ha terminado.
La cámara continúa siguiendo a la joven tambaleante. Ella mira hacia atrás y la imagen se congela. Su rostro se aparta a la mitad izquierda de la pantalla, y un rostro familiar aparece a su lado, en la mitad derecha de la pantalla. Es Melanda Forswoth, en una imagen de las entrevistas que llevó a cabo el día anterior de desaparecer en Tolea Biqua. No cabe duda: las dos mujeres son la misma.

Interior, estudios de Holodifusión Central de Cularin. Yara y Ryk están sentados juntos en la mesa del presentador. Las dos imágenes de Melanda cuelgan suspendidas en el aire tras ellos.
Ryk: Me complace informar de que Melanda está en un hospital de Cularin, y parece estar recuperándose físicamente. No está claro dónde ha estado, o qué le han hecho, y el estado de su recuperación psíquica es dudoso. Bien podría permanecer como un vegetal ambulante por el resto de su vida, pero al menos sigue con vida. Y, me complace decir, todo ha sido gracias a mi genial reportaje de investigación.
Yara le mira y fuerza una sonrisa.
Yara: Por supuesto, Ryk. Bien hecho. Y estoy segura de que te alegrará saber que vas a volver a Tolea Biqua la semana que viene para preguntar a más gente acerca de Riboga. ¿No te parece divertido?
Ryk: ¡Apenas puedo esperar!
“Y lo triste es que estamos bastante seguros de que lo dice en serio.”

martes, 21 de junio de 2016

El oficio de contrabandista

El oficio de contrabandista
Morrie Mullins

La cantina es una de las docenas de establecimientos anónimos de Tolea Biqua, cuya parte delantera es una fachada prefabricada poco llamativa pero inmediatamente reconocible, con el mismo diseño de cualquier otro antro de los que Riboga estableció para dirigir anónimamente lo que quisiera dirigir. Está llena de una neblina purpúrea que flota cerca del suelo, alzándose casi hasta tu línea de visión cuando es agitada por pies presurosos. Apenas se mueve en absoluto con el lento arrastre de los pies beodos mucho más habituales esta noche. La música resuena de fondo, una grabación de una banda bith cuyo estudio privado a las afueras de Coruscant se quemó el año pasado en un “extraño accidente”. Las autoridades podrían investigarlo, si no hubiera una molesta guerra distrayendo su atención. La música, como la neblina, es extraña –amortiguada-, como si estuviera ocurriendo algo más importante y tus sentidos hubieran sido cegados para todo excepto ese único evento más importante.
Examinando la cantina, tus ojos ignoran a los individuos aislados sentados a las mesas o inclinados contra la barra en una achispada demostración de inercia. Con el tiempo, una fuerza externa actuará sobre ellos, y se moverán. Pero no hasta entonces.
Pasan unos instantes mientras te adaptas al ambiente. Justo sobre el palpitante lamento de la música, comienzas a escuchar un murmullo. Comienzan a llegarte voces, ocultas en la niebla que se arrastra y se arremolina por el suelo, procedentes de una mesa en la oscura esquina trasera de la cantina. Ese es el motivo de que la música se oiga tan bajo, la niebla sea tan densa y de olor penetrante, y los parroquianos tan inactivos. Esto es el Algo Más Importante, y lo más natural parece ser acercarse para echar un vistazo. Cuando lo haces, un trandoshano –su rostro rojo brillante por el alcohol y sus ojos muy abiertos como los de un niño- se vuelve y se aleja tambaleándose de su mesa. Deja un hueco justo lo bastante amplio para que puedas pasar antes de que la pequeña multitud agrupada alrededor de la mesa vuelva a cerrarse.
Allí, al otro lado de la mesa, se sienta un humano de mediana edad. Lleva el pelo blanco cortado muy corto, y le crece una pálida pelusa que podría ser el comienzo de una barba. Incluso con la débil luz de la cantina, puedes ver sus ojos con perfecta claridad. Enormes pupilas te miran fijamente desde el centro de unos iris de un azul tan pálido que casi parece blanco. Inclina la cabeza, casi en tu dirección, casi aparentando darse cuenta de tu presencia, y luego toma un sorbo de su cerveza y parece continuar donde se había quedado.
-Nar Shaddaa. Como decía, no se parece a ningún otro lugar que hayáis visto...

Nar Shaddaa. Como decía, no se parece a ningún otro lugar que hayáis visto. No me entendáis mal. Los he visto más grandes y los he visto peores, pero es el espacio hutt en el estado más auténtico que puedas encontrar. Ahí, justo sobre Nal Hutta, enganchada en su órbita, con torres y plataformas por todas partes. He pasado allí más tiempo del que me habría gustado, eso seguro. Pero cada minuto que vives allí es un minuto en el que no mueres allí, y eso tiene su dificultad.
No me entendáis mal. No voy a estar aquí sentado soplándoos arena por la nariz y diciéndoos que es especia. Yo no trabajo así. Quiero decir que soy Kodo Arr, el mejor contrabandista de la galaxia, y había momentos en los que pensaba: “Kodo, no hay forma de que escapes de este montón de rocas. Vas a morir aquí como cualquier otro cerebro de bantha que pensaba que podía venir aquí, engañar a los hutts, y salir airoso.”
Esta vez –no os miento- estaba haciendo un viaje por la cara de la luna. Así es como lo llamamos cuando sólo estamos moviendo mercancía de una parte de Nar Shaddaa a otra, y dejadme que os diga que incluso eso no es moco de dug. Hay patrullas por todas partes. Mirad, habéis escuchado todas esas historias de que Nar Shaddaa es un lugar sin ley y peligroso, y eso es porque es así. No hay una “ley” como la que os oigo que tenéis en Cularin. Tenéis vuestros tipos de paz y seguridad, y vuestros tipos de la milicia. ¿Sabéis qué tienen los hutts? Cazarrecompensas. Cazarrecompensas y matones. Y si creéis que los hutts no patrullan lo que es suyo, le habéis dado demasiado al jarro. No consigues poder en esta galaxia sin estar dispuesto a marcar ciertas normas. Supongo que podéis llamarlas “leyes”, si queréis, pero nadie escribe las leyes de los hutts. O las sabes y las sigues, o no lo haces y acabas muerto. A menos que seas como yo. Porque se supone que no debe haber viajes por la cara de la luna no autorizados, pero ahí estaba yo, realizando uno, moviendo un cargamento de objetos frágiles y delicados de un vendedor a otro.
De modo que estoy de camino en mi T-16... podéis reíros, pero tomad uno de esos bichos y dedicadle un millar largo de créditos, y puede hacer cosas asombrosas mientras sigue pareciendo un pedazo de chatarra. No me entendáis mal. Los que aún seguís arrastrándoos con la versión de fábrica lo estáis haciendo bien por vuestra cuenta, pero a veces un hombre necesita un poco más.
Tengo los objetos delicados y frágiles en el contenedor que llevo arrastrando. Porque, como todos sabemos, no pones los objetos delicados y frágiles dentro de tu nave. Eso causa toda clase de problemas, crea líos, llena de peste todo el sitio... ya sabéis cómo va. Además, cuando estás llevando una carga no autorizada, necesitas saber que puedes librarte de ella si quieres y dejar que caiga a tierra por sí misma. Hay cosas peores que perder un cargamento, y la mayoría de ellas implican dejarte atrapar por los hutts transportando productos sin licencia.
En cualquier caso, estoy pilotando, tratando de evitar descender demasiado entre edificios. Lo que nadie te cuenta de Nar Shaddaa –y recordad lo que os digo, porque no tengo motivos para mentiros- es que una vez que bajas más o menos a medio kilómetro por debajo de la punta de los rascacielos, nadie sabe conducir. Ni siquiera es por incompetencia, no me lo parece, porque para ser incompetente tienes que tener cierta idea de lo que estás tratando de hacer, y la mayoría de la gente que vuela sobre Nar Shaddaa no tiene ni la menor idea de lo que está haciendo. Les observas tratando de pilotar, y están ahí sentados con una mano en el control y otra en su comunicador, de cháchara, sin prestar ni una pizca de atención a nada de lo que les rodea. Y entonces se estampan contra algún otro, y ambos deslizadores se desploman desde el cielo, dos grandes bolas de fuego que se llevan por delante a otros tres o cuatro deslizadores en su caída.
Pero el viaje que estoy haciendo es fácil. Llevo los objetos delicados y frágiles al almacén correcto y validan mi tableta de datos, pienso. Me pagan, todo el mundo contento, y de momento las cosas están yendo a pedir de boca.
Mirad, esa es la clase de pensamiento que nunca deberíais tener. Porque nunca va todo a pedir de boca. Apenas he terminado de decir eso, escucho algo que comienza a chirriar en la parte trasera de mi deslizador. Y además no es un chirrido familiar. Es un chirrido desagradable, como si algo estuviera a punto de desprenderse. Conecto a R5 en los controles y le digo: “No dejes que mi deslizador golpee nada que no deba golpear.” R5 me contesta con un pitido –porque es un droide, ¿sabes?, y no puede hablar- y comienza a pilotar mientras yo me dirijo a la parte de atrás a ver qué está pasando.
Si alguna vez habéis estado en un t-16 sabéis que no son lo más robusto en lo que puedas volar. Incluso con todas mis modificaciones especiales, aún tiene debilidades, y una de las mayores es la superestructura de popa. Aparentemente –y, si queréis mi opinión, esto es algo que necesitan poner en el manual de usuario- si sujetas a la parte posterior del deslizador una gran caja metálica que es más grande que el propio deslizador, y luego la arrastras por una atmósfera sucia y asquerosa, ofrece una resistencia aerodinámica considerable. Y si ofrece suficiente resistencia, puede que comience a arrancar la parte trasera de tu nave. Lo que viene a definirse como “nada bueno”.
Llego ahí atrás, veo el metal doblándose, los remaches saltando, y le grito a R5. Grito: “¡Apaga los motores y activa los escudos de popa!” Pensar que realmente iba en una nave que tenía escudos de popa casi consigue matarme, también. Mirad, el deslizador tiene frenos, pero la gran caja metálica que flota detrás del deslizador no.
No me importa deciros que eso me puso nervioso por un par de segundos, cuando me di cuenta de que no teníamos escudos y teníamos unas cuantas toneladas de metal lleno de objetos frágiles y delicados viniendo hacia nosotros. Luego recordé que una de las cosas que transportaba eran algunas piezas de repuesto de droideka, y que estaban abajo, en mi bodega. Así que salté ahí abajo, saqué rápidamente esa caja, conecté los generadores de escudo de esos grandes droides a la pared trasera de mi nave, los conecté a la parrilla de energía principal, los potencié con unos cuantos ajustes rápidos, y los encendí... justo dos segundos antes de escuchar un golpe seco al otro lado de la pared.
Oh, ¿no me creéis? No me importa.
¿Moraleja? Supongo que no hay ninguna moraleja. Es sólo uno de los trucos que aprendí en Nar Shaddaa. Y tengo billones de ellos. Cada día es algo nuevo, y siempre hay contrabandistas de los que aprender. Lo malo es que nadie va a aprender del mejor en los próximos días. Porque está aquí mismo.
Bueno, ¿quién va a invitarme a la próxima ronda?