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miércoles, 12 de junio de 2013

Créditos fáciles (y IV)


-¡Sconn! ¡Tenemos un problema!
Kalieva echó una rápida mirada por encima de su hombro mientras luchaba sin éxito con los controles del caminante.
-¿Dónde está? -murmuró en voz baja.
Sconn entró tropezando en la cubierta de mando justo cuando el AT-AT se tambaleó hacia delante de nuevo, ganando velocidad.
-¿Dónde has estado? -exigió saber Kalieva.
-Me dejé llevar por lo que podríamos llamar una discusión explosiva con Variise. Las cosas se calentaron y al final ella reventó. -Sconn cayó en el asiento del piloto mientras el caminante se sacudía violentamente-. ¿Es cosa mía o se supone que estas cosas no deberían moverse tan rápido?
-Eso es lo que he estado tratando de decirte... ¡esto está fuera de control!
-Define fuera de control...
-Lo que hiciste allí atrás debe haber causado daños graves en los motores impulsores de esta cosa. No puedo aminorar y no puedo maniobrar.
-Bueno, eso definitivamente puede calificarse como fuera de control.
Una repentina explosión hizo temblar el caminante. Sconn sacudió la cabeza.
-¿Y ahora qué?
Kalieva comprobó las redes de sensores.
-Los otros caminantes están abriendo fuego. Afortunadamente, a esta velocidad no nos pueden coger."
-Oh, tonto de mí. Y yo que pensaba que estar fuera de control era una experiencia totalmente negativa.
La princesa le lanzó una mirada asesina.
-Las cosas ya no pueden ponerse peor que esto.
-¿No te dije que nunca dijeras eso?
-¿Por qué no habría de hacerlo?
Sconn miró por la ventana y lanzó un suspiro de sufrimiento.
-Porque ahora acaban de empeorar. -Se habían desviado del curso desfile y se dirigían a una de las tribunas repulsoras. Sus ocupantes parecieron darse cuenta de que eso no era parte del espectáculo, y comenzaron a salir tan rápido como pudieron.
El ladrón trasteó con el comunicador externo.
-Uhh, puede que les interese apartarse... -Más gente empezó a huir, pero algunos parecían aturdidos.
Sconn lo intentó de nuevo, esta vez en un volumen más alto.
-¡Caminante fuera de control! ¡Todo el mundo fuera del camino!
Los ciudadanos restantes se retiraron de las tribunas repulsoras tan rápido como pudieron.
El ladrón exhaló con alivio cuando la tribuna repulsora quedó vacía justo cuando el caminante se estrelló contra ella, reduciéndola a chatarra. Sconn se dejó caer en el asiento del piloto al ver a las multitudes corriendo y gritando por las calles. En realidad, el caos masivo estaba ayudando a su fuga, retrasando la persecución de los otros caminantes.
-Bueno, eso estuvo cerca...
-Pero eso está aún más cerca -gritó Kalieva mientras tiraba del brazo de Sconn.
El ladrón alzó la vista e inmediatamente deseó no haberlo hecho cuando vio un gran rascaestrellas directamente en su camino.
-¿Qué has hecho? ¿Has vuelto a decir que las cosas no podían empeorar?
-No. ¿Debería?
-¡No! -El ladrón se mordió el labio inferior y consideró sus opciones-. ¿Qué edificio es ese, de todos modos?
-El Consulado Imperial Rydonniano.
Sonriendo, Sconn agarró a Kalieva del brazo, levantándola de su asiento.
-Está bien, entonces... Hora de abandonar el caminante.

***

Kalieva miró por la escotilla abierta y tragó saliva mientras medía la distancia hasta el suelo.
-¿Cómo vamos a salir de esta cosa?
El ladrón estaba ocupado registrando la cubierta de tropas.
-¿Saltando?
La princesa entrecerró los ojos.
-Quiero decir, ¿cómo salimos vivos de esto...?
Sconn empezó a apartar equipos de encima de una de las motos deslizadoras. Echando un vistazo por encima del hombro, Kalieva la vio y sonrió.
-Salgamos de aquí.
Sconn negó con el dedo.
-No sin ese prototipo.
El caminante se vio sacudido por otra ronda de disparos láser.
-¡No tenemos tiempo para esto, Sconn! Estamos hablando de nuestras vidas. ¡Además, no podemos sacarlo de aquí, así que olvídate del estúpido prototipo y vámonos!
El ladrón no se dejaba convencer tan fácilmente.
-He pasado por demasiados problemas como para ahora dejar que se me escape entre los dedos... vamos, Sconn, piensa... -Su mirada vagó de la moto a la esfera duracero que contenía el prototipo y al trineo repulsor sobre el que todavía estaba montado. Sconn sonrió-. Ya lo tengo.
-¿Qué? ¿Un deseo de morir?
-No lo creo. Mira, en vez de perder toda esa energía que pareces tener haciendo preguntas tontas, ¿por qué no haces algo útil y buscar algunos garfios de fijación magnética? Estoy seguro de haberlos visto por aquí antes...
-¿Para qué los necesitas?
Sconn simplemente le lanzó una mirada asesina. Suspirando fuertemente, ella se volvió y comenzó a buscar.
-Está bien...

***

-¿Estás seguro de esto? -preguntó Kalieva mientras se agarraba fuerte a la cintura de Sconn.
-Sí -respondió en un áspero susurro-. Pero sería mucho más fácil si me dejaras respirar...
-Lo siento -dijo ella, aflojando ligeramente su agarre.
Sconn asintió con la cabeza, comprobando los controles de la moto deslizadora sobre la que estaban montados. Satisfecho, se volvió para comprobar los garfios de fijación magnética que sujetaban el cableado de duracero entre la parte trasera de la moto y el trineo repulsor que  contenía el prototipo. Tomando una respiración profunda, el ladrón miró por la escotilla de la rampa de asalto abierta y lanzó la moto hacia adelante.
La moto, y el trineo repulsor adjunto, saltaron aullando de la escotilla abierta del caminante sólo segundos antes de que la cabeza de la gran máquina golpease el costado del rascaestrellas como un antiguo ariete. El cuerpo pronto la siguió, trasladando hacia adelante su enorme peso, atravesando el edificio.
El AT-AT caído dio una gran sacudida, y luego explotó rápidamente. Casi todos los paneles de la fachada de transplastoide del edificio por debajo del piso treinta estallaron al unísono, haciéndose añicos como cristal fino y cayendo como una lluvia en las calles de abajo.
Las multitudes seguían abandonando las tribunas repulsoras y corriendo por las calles, gritando de terror. La gente corrió a esconderse o simplemente se tiró al suelo y se cubrió la cabeza mientras los escombros llovían desde arriba.

***

Caerbellak vio la explosión distante y poco a poco bajó su bláster de la cabeza del rey. El Moff hizo un gesto a Celomar, que se adelantó para informar.
-Hemos avisado a un escuadrón de cazas TIE, señor. Llegarán en cualquier momento.
-Diles que esperen...
-¿Señor?
-¡Digo que les digas que no ataquen!
-Pero...
-¿Estás cuestionando mis órdenes, Celomar?
El ayudante dio un paso atrás.
-Por supuesto que no...
-Entonces informarás a nuestras fuerzas que sólo deben hacer ver que tratan de detenerlos. Al final, sin embargo, deberán dejarlos escapar.
El rey se quedó mirando al Moff.
-Está usted loco.
-No -respondió Caerbellak con una sonrisa-. Sólo soy creativo.

***

-No puedo creer que lo lográsemos -dijo Kalieva mientras contemplaba la belleza natural de los densos bosques de las afueras.
-No me gusta decir "te lo dije", pero te lo dije... -Sconn sonrió mientras bajaba de la moto, que todavía estaba humeante por los agujeros de bláster adquiridos después de su encuentro con las fuerzas imperiales. El ladrón miró alegremente mientras la tripulación de la nave de transporte cargaba la esfera de duracero en las entrañas del carguero Ghtroc fuertemente modificado que llevaba el nombre Trueno Corelliano.
La princesa sacudió la cabeza.
-Casi fue demasiado fácil...
-¿Fácil? ¿Estás loca? Después de todo lo que he pasado en este asqueroso planeta, tengo suerte de seguir vivo. Y tú también...
-Supongo...
El capitán del Trueno, un corelliano delgado llamado Davrin, indicó a Sconn que estaban listos para el despegue.
-Vamos, entonces... ¡no perdamos tiempo!
-Mi dinero, mi tiempo, así que tómatelo con calma -dijo Sconn y se volvió hacia Kalieva.
-Claro, "tómatelo con calma", dice. Bueno, no va a ser él quien tenga que esquivar esos Destructores Estelares que orbitan sobre nosotros... -Davrin continuó murmurando para sí mismo mientras subía la rampa de su nave.
Sconn meneó la cabeza.
-Necesito nuevos amigos...
-Ya has hecho uno -respondió Kalieva.
El ladrón sonrió, frotándose tímidamente la nuca.
-Entonces, ¿lista para marchar?
La princesa se detuvo.
-No puedo...
-¿Qué quieres decir?
-Quiero decir que no puedo. Siempre quise aventuras, Sconn... y eso es lo que me has hecho probar. El problema es que no me había dado cuenta del mucho peligro que viene con ellas. Después de lo que acabo de pasar, la aburrida seguridad de Rydonni ya no parece tan mala. Además, mi padre todavía puede estar en peligro. Y hay tantas cosas por hacer aquí...
-¿Sabes una cosa, princesa? Creo que has madurado un poco con esta aventura. Y también creo que un día, arrancarás este lugar de las garras del Moff.
Ella sonrió.
-¿Tal y como hice contigo?
Sconn levantó las manos.
-Eh, espera un momento. Creo que has entendido un poco al revés quién salvó a quién...
-Digamos que fue un empate. Y será mejor que os pongáis en marcha, antes de que Caerbellak llame a toda una flota para perseguiros.
-Cuídate, princesa...
-Tú también, misterioso ladrón... y no olvides tu promesa. Quiero que vuelvas a verme otra vez.
Los dos se abrazaron con fuerza, y cuando empezaron a separarse, Kalieva se inclinó para darle un beso. Después de un momento, ella se apartó del abrazo, leyendo en sus ojos.
-Hay alguien más, ¿no es así?
-Sí -respondió Sconn, pensando en Shandria L'hnnar-, más o menos. Aunque no estoy seguro de si los dos lo sabemos todavía.
-Bueno, es una mujer afortunada, sea quien sea. Sin duda eres único en tu especie...
-Lo sé -sonrió, subiendo la rampa del carguero.
Davrin estaba esperando impaciente en la entrada, con los brazos cruzados. Cuando el ladrón se acercó, se inclinó sobre él para hablarle en voz baja.
-Sabe que no es precisamente una idea brillante hacer esperar a un hutt. Especialmente cuando todo su cuerpo de babosa está babeando por algo.
-No te preocupes. -Sconn dio unas palmaditas en la espalda del capitán mientras caminaban juntos al interior. El ladrón echó un último vistazo a Kalieva a través de la rampa que se cerraba detrás de él, y luego devolvió su atención al prototipo que estaba siendo asegurado en la bahía de carga del Trueno-. Draskha va a ser un hutt muy feliz cuando vea lo que le traigo.

***

-El carguero Ghtroc ha escapado a nuestra persecución y ha realizado con éxito el salto al hiperespacio...
Caerbellak esperó a que la voz filtrada terminase en un estallido de estática, y luego se llevó el comunicador a los labios.
-Entendido. Excelente trabajo.
El Moff guardó el comunicador y sonrió a las estrellas.
-Esto está funcionando mejor de lo que jamás hubiera previsto. La fortuna me ha sido realmente benigna, pero en realidad debería haber pensado en esto por mí mismo.
-No termino de entender su lógica, Caerbellak. -La voz femenina vino de detrás de él, pero el Moff no se volvió para mirar-. ¿Por qué le está dejando escapar con el prototipo?
-Porque, querida, una vez que abran esa esfera, su contenido se moverá a través de la Nueva República, pasará a manos de algunas de sus células, y casi con toda seguridad acabará en alguna clase de laboratorio de pruebas de armas. Y como la ubicación de cada segmento de esa cadena de clandestinidad me será retransmitida directamente, cortaré cada eslabón personalmente.
-Eres un ser verdaderamente retorcido, Caerbellak...
El Moff se sonrojó, se acercó al cadáver del rey K'ntarr, y extendió el brazo a la mujer que se encontraba detrás de él.
-El rey ha muerto...
La princesa Kalieva tomó su mano y dejó que la estrechase entre sus brazos.
-Larga vida a la nueva reina.
Y su risa resonó en el cielo nocturno...

martes, 11 de junio de 2013

Créditos fáciles (III)


-Terminado. -Sconn sonrió mientras salía del panel de acceso en el suelo del caminante.
Kalieva bostezó, haciendo un gesto para señalar las primeras luces del amanecer y frunció el ceño.
-Y justo a tiempo.
Sconn abrió unos ojos como platos mientras se lanzaba de nuevo a la estación del piloto.
-¿Por qué no me dijiste qué hora era?
-¡Estaba dormida!
-Genial... simplemente genial -murmuró Sconn mientras ponía el AT-AT en movimiento-. Te lo juro, si salgo de esta, nunca volveré a robar nada.
-Qué lástima. Un chip de aumento de inteligencia te vendría realmente bien.
-Nada. Especialmente princesas lenguaraces...
Se hizo el silencio mientras maniobraba el caminante a través de la inmensa ciudad capital de Ryell hasta que Kalieva finalmente habló.
-¿De verdad crees que lo lograremos?
Sconn miró su cronómetro.
-Si podemos llegar a la región de las afueras antes de las 11:00 horas, lo lograremos.
-¿Qué pasa después de eso?
-El capitán al que pagué por adelantado despegará en su transporte, con mi dinero, pero sin nosotros.
-Date prisa.
-¿Qué crees que estoy haciendo?
Sconn maniobró airadamente el AT-AT para doblar una esquina, y el caminante se encontró justo en medio de un gran desfile imperial.
Hubo un momento de silencio en el puente de mando, y Kalieva se volvió lentamente para mirar a Sconn.
-Conseguir que nos maten -dijo secamente.
Los lados de las calles estaban llenos de plataformas repulsoras elevadas que contenían lo que parecía ser todos los ciudadanos de la ciudad. El caminante de Sconn se introdujo directamente en la formación junto a otros cuatro, que conformaban la retaguardia de la gran procesión Imperial. Al frente del desfile iba una legión de soldados de asalto, varios vehículos repulsores, y una falange de unidades AT-ST.
Era un espectáculo impresionante, y la multitud reunida empezó a aplaudir y a lanzar oohs y ahhs de asombro ante el poder imperial allí reunido. Niños en equilibrio sobre los hombros de sus padres señalaban con entusiasmo al ver a los enormes caminantes AT-AT, que se movían con el mismo andar torpe de las bestias rythii nativas que habían visto en los Zoológicos Reales.
En marcado contraste con el resto de la alta tecnología, el palco real era una reliquia de otra época. Construido con un armazón de madera, la tribuna del rey se alzaba por encima de todo excepto los rascaestrellas que les rodeaban. Cuando las tropas imperiales visibles pasaron junto al palco real, saludaron a sus ocupantes, que incluían al rey, al Moff Caerbellak y a Variise.
El rey K'ntarr miró el asiento vacío a su lado y frunció el ceño con disgusto.
-Mi hija pagará caro haber faltado a este evento. Me está haciendo quedar mal.
Caerbellak miró por el rabillo del ojo al hombre, con su ligero sobrepeso y su vanidoso conjunto multicolor.
-No puedo imaginarme cómo podría empeorar -dijo el Moff con una sonrisa sardónica.

***

-Bueno, al menos las cosas no pueden ir peor.
Sconn se volvió hacia Kalieva y frunció el ceño.
-Nunca, jamás digas eso. Las cosas siempre pueden...
Una voz crepitó por el comunicador del caminante.
-Ya era hora de que se uniera a nosotros, Unidad 718-A. Si Caerbellak descubre que llegaste tarde, va a pedir tu cabeza.
Sconn miró a la princesa, que se encogió de hombros, mientras alcanzaba el comunicador.
-Entonces tal vez no tenga que saberlo... Yo, eh, todavía tengo una caja entera de brandy savareen en los barracones, ¿sabes?
A continuación hubo un insoportable momento de silencio y Kalieva echó una mirada a. El ladrón se encogió de hombros.
-Media caja y trato hecho.
-Hecho. -Sconn apagó el comunicador y exhaló-. Menos mal que el Imperio no es lo que solía ser.
-¿Y ahora qué?
-Ahora, desfilamos pasando la multitud, seguimos adelante saliendo de la ciudad, y nos dirigimos a las afueras a nuestra cita con el transporte.
Por primera vez, Sconn sonrió a su cronómetro.
-Y todo con tiempo de sobra...

***

Celomar, asesor del Moff Imperial, susurró al oído de Caerbellak, y luego se apartó rápidamente cuando el Moff se puso en pie de un salto.
-¿Qué quieres decir con que el prototipo ha desaparecido?
Celomar pareció encogerse físicamente bajo la mirada fulminante de Caerbellak.
-Creemos que ha sido robado, señor.
-Qué deducción tan ingeniosa... yo habría pensado que sólo lo habíamos dejado en otro sitio. ¡Por supuesto que ha sido robado, idiota! La única pregunta es: ¿quién lo hizo?
El rey se quedó pasmado, elevando su voz una octava.
-¡Robado!
Caerbellak se dio la vuelta para enfrentarse a K'ntarr. La voz del Moff se convirtió en un susurro peligroso.
-Baja la voz, idiota. Este pequeño contratiempo va a permanecer en secreto aunque tenga que cortar lenguas personalmente. Bajo ninguna circunstancia voy a permitir que esta situación se convierta en otro incidente embarazoso para el Imperio.
Si el rey lo oyó, no dio ninguna muestra de ello ya que simplemente siguió hablando.
-Pero... pero, esto no puede ser. Nuestra seguridad...
-Fue a todas luces insuficiente. Sabía que debería haber exigido protección imperial en Laboratorios Rythani.
-Pero...
-Pero, erróneamente, le creí cuando me dijo que el prototipo estaría a salvo hasta su presentación.
El rey se puso en pie rápidamente, con una mirada de ira justa en sus ojos.
-Van a rodar cabezas por esto. ¡Se lo aseguro!
-Esa es la primera afirmación correcta que he oído salir de sus labios. -Caerbellak agarró el cuello de las ropas rey, atrayéndolo hacia sí-. Escuche, ese prototipo debe encontrarse en el acto y en silencio por cualquier medio necesario. Mataré a cada ser vivo de este planeta si es necesario, pero lo encontraré junto con las personas responsables de su robo.
-¡¿Cómo se atreve?! ¡Exijo que me libere de inmediato!
-Usted no está en condiciones de exigir nada. A partir de este momento, impongo la ley marcial en este planeta.
-¡Guardias!
Los dos guardias rythani acorazados avanzaron, cogiendo sus armas, y entonces ambos hombres cayeron al suelo del palco, con humeantes agujeros de bláster en la espalda.
Variise se detuvo sobre sus cuerpos, mirando fríamente el rey sorprendido por encima de las dos armas de bolsillo que sostenía.
-Me temo que no le pueden ayudar -sonrió Caerbellak-. Pero usted puede ayudarse a sí mismo si me proporciona algunos sospechosos.
-¡Pero no tengo ni idea!
-Puedo soportar muchos de los defectos de un tonto, buen rey, pero no puedo perdonar la inutilidad. -Caerbellak sacó su bláster, deslizando la punta bajo la nariz del rey-. Usted será el primero en morir... aunque sin duda no será el último.

***

En ese momento, el caminante de Sconn pasaba junto al palco real. Al ver a Caerbellak apuntando su bláster a la cabeza de su padre, Kalieva se inclinó hacia adelante en su asiento y gritó.
-¡Padre! ¡No!
Sconn apartó su mirada de Caerbellak y el rey para mirar a Kalieva, viendo cómo las lágrimas corrían por el rostro de la chica. El ladrón ponderó su elección... Si no hacía nada, su padre moriría. Si actuaba, su oportunidad de escapar se reduciría casi a cero y los matarían a todos.
Pensándolo bien, se dio cuenta Sconn, en realidad no había elección posible...

***

-¡Caerbellak!
La voz amplificada sorprendió momentáneamente al Moff. Volvió lentamente su mirada, hasta que vio que uno de los caminantes del desfile se había detenido, con la cabeza girada a un lado para ponerse frente a él.
-¿Qué? -Impactado por lo que estaba viendo, Caerbellak apenas pudo pronunciar la palabra.
-Hay algo que debería saber, señor -fue la atronadora respuesta.
-¿Qué? -repitió el Moff, inseguro de poder articular una palabra diferente.
-Usted es un auténtico gusano espacial.
El rostro de Caerbellak pasó por tres tonos distintos de rojo.
-¿Quién eres?
-El tipo que tiene su prototipo. Así que sea bueno...
El Moff se quedó boquiabierto.
La voz de Kalieva resonó desde el caminante.
-¡Papá!
El rey se sorprendió.
-¿Kalieva?
-¡Alguien va a morir! -rugió el Moff, agitando su pistola amenazadoramente.
-Vaya, qué genio. Supongo que por eso es usted el Moff...
Y esas fueron las últimas palabras antes de cañones de la barbilla del caminante cobraran vida con un rugido...
Sconn sonrió mientras la mitad de los soportes de anclaje de la tribuna real cedían, haciendo que se sacudiera violentamente. Caerbellak, Variise y el rey cayeron al suelo del palco al perder el apoyo sólido. Toda la estructura parecía gemir, pero aguantó.
Kalieva se giró para mirarle.
-¿Estás loco?
-Eso me han dicho -respondió el ladrón encogiéndose de hombros.
-¡Podrías haber matado a mi padre!
-Pero no lo he hecho. Y si tiene algo de sentido común, saldrá huyendo de inmediato. -Sconn puso el AT-AT en movimiento, haciendo que Kalieva cayera de nuevo sobre su asiento-. Y nosotros también...

***

-¿Está herido, mi señor?
Caerbellak apartó bruscamente a su guardaespaldas mistryl.
-Estoy bien -gruñó el Moff mientras se sacudía el polvo del uniforme ceremonial y señalaba al caminante fugitivo-. ¡Detenlos!
Variise asintió.
-¿Y la princesa?
-¡No me importa! ¡Mátalos a ambos si así lo deseas, pero tráeme ese prototipo de vuelta!
Variise sonrió, y en un movimiento fluido se dio la vuelta, dio unos pasos corriendo y saltó del oscilante palco, aterrizando sin problemas en la parte trasera del caminante.
Olvidando su peligro, el rey se lanzó hacia delante.
-¡No! ¡No puedes matar a mi hija! ¡Es un rehén inocente!
El palco comenzó a crujir y agitarse, haciendo que el rey cayera tropezando en los brazos del Moff. Caerbellak recuperó el control sobre el rey, clavando su bláster en el estómago del hombre.
-Haré lo que me parezca... y eso incluye ordenar cualquier muerte que desee. Así que, si quiere seguir viviendo, hará lo que yo diga. -El Moff empujó el rey hacia delante-. Ahora empiece a moverse, su alteza, antes de que los dos seamos derribados por las circunstancias...

***

Sconn se volvió hacia Kalieva.
-¿Has oído algo?
La princesa asintió con la cabeza, señalando la parte trasera del caminante.
-Sonaba como si viniera de allí...
-Yo lo comprobaré. Tú toma los controles.
-Pero no sé lo que tengo que hacer -dijo Kalieva.
-Entonces estarás en tu salsa.
Molesta, Kalieva tomó los controles mientras Sconn se levantaba y entraba en el tubo de acceso contenida en el cuello del caminante, retrocediendo hacia la cubierta de tropas.
Sconn avanzó a través de la oscura cubierta de tropas, agarrando fuertemente el mango de su bastón aturdidor. Maniobró a través del compartimiento con la intención de comprobar que la esfera duracero estaba bien sujeta. Vio que lo estaba y sonrió, aliviado. El ladrón le dio una palmadita tranquilizadora.
-No te preocupes... todo va bien.
Fue entonces cuando el látigo de acero rodeó su garganta. Sconn gorgoteó, dejando caer el bastón aturdidor al retroceder y perder el equilibrio. El ladrón cayó de espaldas y se encontró mirando a Variise, que tenía el otro extremo del látigo en su mano. Sonrió al ladrón caído, y luego cambió la expresión a una mueca mientras pulsaba un botón en el mango.
Sconn dejó escapar un grito espeluznante cuando el látigo cobró vida rodeado de energía crepitante.
-Creo que voy a disfrutar viéndote morir, retorciéndote como el pequeño y miserable gusano askariano que eres...
Luchando contra el insoportable dolor, Sconn levantó el brazo ligeramente, dejando caer su manga para revelar su láser de muñeca. Gruñendo, encendió el haz, apuntando con él para cortar el látigo más o menos por la mitad. Separada de su fuente de alimentación, la espiral de acero alrededor del cuello de Sconn volvió a la normalidad. La punta cortada chisporroteó violentamente, enviando un pulso de energía retroalimentada de vuelta por el mango, a Variise.
La mistryl gritó cuando fue alcanzada por la crepitante energía, con una sacudida lo bastante potente como para lanzar su cuerpo contra la pared. El mango humeante cayó de sus dedos temblorosos mientras se deslizaba hasta el suelo. Haces de energía cargada continuaban recorriendo su cuerpo.
Sconn aprovechó la oportunidad para quitarse rápidamente el látigo de su cuello. Tropezó al tratar de ponerse en pie mientras los últimos coletazos conmoción hacían mella en su cuerpo. El ladrón logró agarrarse a la pared para no caer de nuevo al suelo e hizo una pausa para recuperar el aliento.
-Tengo que decirte... que estoy conmocionado al ver que una mujer tan hermosa pueda ser tan cruel. -Sconn vio la carga residual que aún parpadeaba alrededor del cuerpo de ella y sonrió-. Hmm. Supongo que sabes lo que se siente.
Sconn localizó su bastón aturdidor y trató de alcanzarlo, sólo para gritar cuando un largo cuchillo fino como una aguja golpeó contra su brazo. Retirándolo, se dio la vuelta a tiempo para ver a Variise cargando contra él. El ladrón cayó sobre su espalda al mismo tiempo que levantaba las piernas. El ladrón dirigió sus pies al estómago de la mistryl que se lanzaba sobre él, dejándola sin aliento y aprovechándose de su impulso... Haciendo palanca con sus piernas, Sconn lanzó a Variise volando por encima de él. La mistryl se estrelló en la pared lateral, golpeando con su cuerpo el panel sensor que controlaba la rampa de asalto...
Variise rodó hacia delante, asegurándose de mantenerse lejos de la rampa, que iba bajando hacia el espacio vacío fuera del vehículo. Al otro lado, Sconn se estaba poniendo lentamente en pie, todavía un poco débil por el látigo de conmoción. Al ver que, por su parte, su oponente todavía estaba tratando ponerse en pie, el ladrón aprovechó la oportunidad para empujarla. Desafortunadamente, Variise estaba más que preparada para eso.
Antes de que la alcanzara, Variise se inclinó hacia adelante, haciendo que las piernas de Sconn tropezasen con ella. Ella utilizó inmediatamente la oportunidad para tratar de clavarle sus uñas afiladas en la garganta. Sconn la agarró por los brazos, tratando de evitar que le rasgase algo vital en el cuello.
A medida que se retorcían en el suelo, el viento comenzó a entrar violentamente por la escotilla abierta, abofeteándolos a ambos. Sconn utilizó su fuerza para hacer que Variise rodase sobre él, dejándola boca arriba justo al borde de la escotilla.
Sconn comenzó a empujarla fuera con una sonrisa.
-Creo que es hora de que desembarques... Por favor, cuidado con el escalón.
En respuesta, Variise asestó un rodillazo bien colocado que convirtió la visión de Sconn en un salto al hiperespacio con estrellas y todo.
-Ups. Se me ha resbalado la pierna... -Con todas sus fuerzas, Variise imitó el movimiento del ladrón e hizo que el aturdido Sconn rodase sobre ella... directamente fuera de la escotilla, a las garras del viento.
Sconn arañó el aire mientras caía, y sus dedos se agarraron del borde inferior de la rampa, la cual, sin tierra en la que posarse, estaba abierta en el aire. Apretando su agarre para sujetarse contra las fuertes rachas de viento, el ladrón se atrevió a mirar hacia abajo, tragando saliva al calcular la altura. La caída de 10 metros al suelo duro de abajo definitivamente le mataría.
Variise miró a Sconn, que estaba atrapado en una situación extremadamente precaria.
-Te lo advertí, ladrón... -La mujer sonrió y le apuntó con un bláster de mano-. Sólo perdono una vez. Y ya tuviste tu oportunidad.
-Está bien... Realmente no lo lamento -dijo Sconn, afianzando su precario agarre mientras arqueaba su muñeca derecha.
Un momento antes de que Variise apretase el gatillo, Sconn disparó su láser de muñeca, dirigiendo el haz para realizar un corte en la mano con la que ella sostenía el arma. La mistryl gritó de dolor, dejando caer el bláster. Sconn extendió su mano, cogiendo el arma, y abrió fuego rápidamente.
La mistryl se refugió en el interior mientras los disparos de bláster explotaban a su alrededor, y uno de los tiros le rozó hombro. Sconn arrojó el arma y metió la mano en uno de sus bolsillos, sacando uno de sus explosivos térmicos especiales de media esfera. El ladrón lo adhirió rápidamente en la rampa, lo más arriba que pudo llegar, y luego lo utilizó como asidero para trepar de vuelta al interior del caminante. Cuando asomó la parte superior del cuerpo a la cubierta de tropas, un bláster de mano estaba allí esperándole para darle la bienvenida.
Variise esbozó una sonrisa cruel mientras sostenía el cañón del arma apuntándole a la cara.
-Creo que es hora de que desembarques...
Sin previo aviso, Sconn la agarró de repente del brazo y tiró hacia adelante. El arma disparó y el disparo salió a toda velocidad por la escotilla sin causar daños, seguido rápidamente por Variise. En el último segundo, la mistryl se agarró de la parte inferior de la rampa.
Sconn se puso de pie y se volvió para mirar hacia abajo a Variise.
-Me encanta la ironía, ¿a ti no?
Ella gruñó al ladrón mientras este sacaba un pequeño dispositivo plateado y acariciaba uno de sus botones. Sus ojos se abrieron como platos al pasar su mirada desde el dispositivo a la media esfera colocada entre ella y Sconn.
-No irás a...
-Por supuesto que no –dijo él, y luego pulsó el botón-. Ups. Se me ha resbalado el dedo...
El aparato emitió un pitido y la semiesfera dio un tono de respuesta. Sconn saltó al interior cuando la explosión que siguió sacudió todo el caminante. Un momento después, el ladrón se asomó con cautela por la escotilla. Tanto la rampa como Variise habían desaparecido.
El ladrón asintió con satisfacción.
-Parece que mi suerte está cambiando por fin.
Tan pronto como las palabras salieron de sus labios, todo el caminante se sacudió de nuevo hacia delante, enviando a Sconn dando tumbos al suelo de la cubierta de tropas.

lunes, 10 de junio de 2013

Créditos fáciles (II)


-¡Nunca debí haber confiado en ti! -gruñó Kalieva, luchando contra sus ataduras mientras Sconn la colocaba en el interior del armario de suministros-. ¡Eres un ladrón y un mentiroso!
Sconn sostuvo el cinturón de seda, listo para amordazarla, y se encogió de hombros.
-Mira, te agradezco tu ayuda. En serio... Pero todo esto es demasiado peligroso para ti.
-Oh, no te atrevas a intentar calmarme. No soy tonta. No te preocupa nada, excepto tu paga. Podría ser devorada por un rancor, pero siempre y cuando consiguieras robar el prototipo y escapar, todo te daría lo mismo.
-Mira, no tengo tiempo para discutir esto, y dado que no veo ningún rancor por aquí... -Comenzó a acercarse a su boca, preparándose para colocarle la mordaza alrededor.
-¿Por qué tuve que confiar en la palabra de un ladrón? Debería haber sabido que la gente como tú nunca cumple sus promesas.
Sconn se detuvo en seco.
-Yo... volveré a por ti. Una vez que me haya ocupado de todo lo demás, quiero decir.
-¿A quién estás tratando de convencer? ¿A mí? ¿O a la culpa que sientes en lo que sea que tengas que se hace pasar por tu conciencia?
El ladrón entrecerró los ojos, erizado ante ese comentario, y luego ató rápidamente la mordaza alrededor de su boca. Kalieva continuó luchando furiosa y ofreciendo groseros comentarios sobre la ascendencia de Sconn que fueron misericordiosamente distorsionados por la mordaza.
Sconn se detuvo en la puerta, comprobando sus ataduras una vez más, y luego asintió con satisfacción.
-Volveré a verte, princesa. Y eso es una promesa...
Kalieva murmuró algo que el ladrón agradeció no poder entender. Hizo una teatral reverencia, presionó el panel de control con una mano, y la puerta se cerró.

***

El último soldado de asalto cayó pesadamente, con la ayuda de la punta crepitante del bastón aturdidor de Sconn. El ladrón arrastró los tres cuerpos acorazados entre dos grandes contenedores de carga. Las sombras los ocultarían el tiempo suficiente para poder escapar.
El ladrón se detuvo un momento para secarse el sudor de la frente y se apartó de los ojos unos mechones de cabello empapado. Hasta ahora estaba siendo extraordinariamente afortunado. Con suerte duraría un poco más.
Sconn maniobró el trineo repulsor por la rampa de carga del AT-AT, mirando por encima del hombro para asegurarse de que no le estaban siguiendo.
-Hasta ahora, todo bien -dijo en voz baja-. Lo que significa que algo está a punto de salir mal en cualquier momento.
Deslizó la cápsula de contención del prototipo en la cubierta de tropas del caminante, observando el interior modificado: los bancos de tropas se habían retirado para permitir el transporte de carga y un par de motos deslizadoras estaban apartadas en una esquina. El equipo para transportar y sujetar la carga, incluyendo garfios de fijación magnética, estaban esparcidos al azar sobre las motos y el suelo. Sconn chasqueó la lengua con desdén ante el estado del otrora poderoso Imperio, que por lo general mantenía sus vehículos en perfecto estado, tanto por fuera como por dentro.
Bueno, él sacaría provecho de sus problemas, pensó el ladrón mientras utilizaba el equipo disperso para asegurar el prototipo. Cuando hubo terminado, Sconn se tomó un momento para mirar a la cápsula de contención -una esfera de un metro de diámetro de armadura de duracero blindada anti-explosiones-, preguntándose qué era lo que había en su interior que pudiera tener un valor de 100.000 créditos. Satisfecho con la certeza de que la posesión, no su contenido, era su única preocupación, el ladrón dejó escapar un suspiro de alivio y se dirigió a la cubierta de mando del andador. Fue entonces cuando oyó los pasos detrás de él.
Sconn se dio la vuelta, apuntando con su láser de muñeca...
La princesa Kalieva estaba de pie en la escotilla de embarque, sonriendo y levantando sus manos para indicar que no era una amenaza.
-Sólo soy yo.
Sconn estaba muy sorprendido al verla, pero no bajó el arma.
-Lo sé... pero todavía no me has dado una razón por la que no debería disparar.
-Me prometiste que me verías pronto. Simplemente es un poco antes de lo que esperabas.
-¿Cómo has escapado?
-No sé qué tal eres como ladrón, pero con los nudos que haces, habrías sido un navegante pésimo. -Ella dio un paso adelante-. Por favor, Sconn... Llévame contigo.
-¿Sabes?, realmente das miedo... No te he dicho mi nombre.
Tímidamente. Kalieva le entregó su tarjeta de identificación.
-Te la robé antes en la habitación.
Enojado, Sconn se la arrebató de las manos.
-Parece que no soy el único ladrón por aquí.
-Te lo ruego... Tengo que salir de este planeta. Realmente no puedo soportarlo más.
El ladrón rió burlonamente.
-Oh, sí... La vida brutal de una princesa. Personas esperando a tus pies, sin tener que trabajar un solo día de tu vida, y más dinero del que eres capaz de gastar... ¿Cómo puedes soportar esa tortura?
-No es así. Quiero decir, haces que parezca que mi vida es perfecta.
-¿No es así?
-No. -Kalieva sentó, con sus brillantes ojos azules llorosos. El efecto era similar a ver cómo comenzaban a formarse lentamente dos remolinos-. Lo odio. Todo el mundo me trata como si fuera frágil... Como si aún fuera una niña pequeña. Nadie me toma en serio. Sólo soy una cosita bonita sin cerebro. Cuando mi padre está discutiendo de política con cualquier delegación importante que se encuentre de visita en nuestro planeta, ¿sabes cuál es mi trabajo en la cena?
Sconn negó con la cabeza.
-Mantener silencio y sonreír mucho. ¿Puedes creerlo?
-Eso es ridículo... -sonrió Sconn-. No te he visto mantener la boca cerrada durante cinco minutos, no digamos nada de toda una comida.
Kalieva entrecerró los ojos.
-¡Adelante, sigue con tus bromas estúpidas! -Se puso de pie, colocando sus manos en sus estrechas caderas-. ¿Cómo pude haber sido tan tonta como para pensar que lo entenderías...? Debería haber sabido que un ladrón estaría demasiado ocupado cuidando de sí mismo como para tener suficiente espacio para nadie más. –Los remolinos se desbordaron y las lágrimas corrieron por su rostro. Sin embargo, Sconn sólo pudo verlos brevemente, ya que ella se dio la vuelta y corrió hacia la salida.
-Kalieva...
Ella se detuvo a mitad de la rampa y Sconn tuvo una mejor visión de las gotas que se derramaban cuando ella se dio la vuelta para mirarlo.
-Yo... yo... -la voz de Sconn comenzó a desvanecerse.
El labio inferior de la princesa temblaba como herido por un temblor.
-Sé que me voy a arrepentir de esto... -Después de un largo suspiro, Sconn señaló con el pulgar hacia la cubierta de mando del AT-AT-. Vamos... El Expreso Caminante Imperial va a partir de inmediato. Próxima parada... fuera de aquí.
El rostro de Kalieva se iluminó como un amanecer kurdawiano. Corrió hacia Sconn, echándole los brazos al cuello.
-Oh, gracias. Muchas Gracias. Te lo prometo. No te arrepentirás de esto. No voy a ser ningún problema en absoluto. Ni siquiera sabrás que estoy aquí.

***

Sconn apartó de un golpe la mano de Kalieva cuando esta estaba a punto de tocar un mando.
-¡No toques eso!
-¿Por qué? -Kalieva sonrió, con los ojos brillando con malicia-. ¿Es peligroso?
-¿Cómo voy a saberlo? -Sconn frunció el ceño ante el conjunto de controles que lo rodeaban, mirándolos como si fueran una especie de alienígenas hostiles y no tuviera ni idea de cómo comunicarse con ellos-. Todavía estoy tratando de averiguar cómo encender esta cosa...
Ella trató de alcanzar otro mando.
-Bueno. Entonces puedo ayudar...
Él volvió a agarrarla del brazo.
-No, no puedes.
-Nunca me dejan hacer nada. -Kalieva se recostó en el asiento del copiloto, cruzando los brazos y haciendo pucheros-. Eres igual que mi padre, ¿sabes? Un tirano. Siempre tiene que estar controlando cada situación. Nunca escucha las ideas de nadie. No importa que puedan ser de ayuda.
-Vale, vale... ¿Sabes qué puedes hacer que realmente me ayudaría?
Sus ojos se iluminaron de emoción.
-¿Qué?
-Bueno -comenzó con voz tranquila-, siempre puedes... -Su cara se enrojeció mientras terminaba la frase en un grito-... ¡Callarte!
-Está bien. Pero ya veremos si vuelvo a ofrecerte mi ayuda en el futuro.
-No necesito ninguna "ayuda". Las cosas van muy bien y así es como quiero que sigan. -Sconn sonrió cuando el AT-AT atravesó la salida del arsenal-. ¿Ves? Sin problema.
Una voz crepitó en el comunicador.
-Atención, Unidad 718-A... Al habla el mando imperial. Responda de inmediato.
Kalieva se cruzó de brazos y se hundió de nuevo en su silla con aire de suficiencia.
-¿Qué decías?
-No te olvides, princesa... -dijo Sconn señalándola con el dedo-. Si me pillan, te pillan.
Ella se enderezó en su asiento y comenzó a examinar el panel de control.
-¿Dónde están las armas?
-Ojalá lo supiera... -Sconn suspiró. Tomó el comunicador y puso en su voz la mejor inflexión imperial que pudo lograr-. Unidad 718-A respondiendo... –El tono autoritario del ladrón se tambaleó ligeramente-. Uh... ¿En qué puedo ayudarles?
-No está programado que salga de patrulla en este momento. Explique sus acciones.
Sconn se mordió el labio inferior, pensando rápidamente.
-Ha habido, eh, algunos problemas con esta unidad... Sólo nos la llevamos para dar una vuelta con ella y comprobar su rendimiento. Desde luego, no queremos que falle en mitad del desfile del Moff, ¿verdad?
Hubo una pausa y Sconn cruzó los dedos. El comunicador emitió un estallido de estática.
-No se me ha notificado tal operación.
-Puede que no esté en el registro, aún... ha sido algo bastante apresurado en los últimos minutos.
-Bueno, tendré que aclararlo con mis superiores. Regrese al arsenal hasta entonces.
-Mire, sólo somos un equipo de mantenimiento, denos un respiro, ¿quiere? Quiero decir, para cuando su supervisor se levante de la cama, ya será media mañana. Las reparaciones podrían tardar un poco, y ya andamos bastante justos de tiempo.
-Pero el procedimiento estándar...
-Muy bien. Volveré a la base... y cuando mi supervisor me pida explicaciones por todos los civiles aplastados, le diré que hable con usted.
Hubo una larga pausa. Sconn contuvo un suspiro ansioso entre los dientes.
-Muy bien, Unidad 718-A, puede continuar con su evaluación de mantenimiento, pero espero un informe completo a su regreso. ¿Está claro?
-Perfectamente.
Sconn exhaló aliviado cuando apagó el comunicador. Kalieva le miró fijamente, obviamente impresionada.
-Eso ha sido increíble.
-No. Eso ha sido suerte. Mantenerse vivo consiste en conocer la diferencia.

***

El caminante robado avanzaba pesadamente por las inmensas calles de Ryell, con el tráfico de vehículos repulsores zumbando por encima y a su alrededor como un enjambre de insectos enojados. Sconn miró por la ventana, mirando con asombro a los rascaestrellas de la capital de Rydonni Prime.
El ladrón sacudió la cabeza con tristeza.
-Nunca pensé que alguna vez estaría sentado dentro de un AT-AT y aún habría algo que me intimidase. Pensándolo bien, nunca pensé que estaría sentado en un AT-AT. -Sconn sonrió-. Bueno, no en la parte delantera al menos...
Miró a Kalieva, pero la princesa estaba aparentemente perdida en sus pensamientos privados.
-Me pregunto qué aspecto tienen esas cosas por arriba...
-Sólo se puede ver desde el espacio... -dijo ella con nostalgia, y se volvió para mirarlo-. ¿No te fijaste?
-No aterricé aquí. Tomé tierra en Berast.
-Hay una buena caminata desde allí...
-No pasa nada. Voy a obtener un buen montón de dinero.
Kalieva rió y tomó una respiración profunda.
-¿Te lo estás pensando mejor?
-No... Bueno, sí. –La princesa estiró el cuello para mirar el cielo nocturno. Las estrellas apenas eran visibles a través de las arremolinadas nubes sobre ellos-. Quiero decir, hay tantas cosas ahí fuera. ¿Por dónde empezar?
Ahora fue Sconn quien se rió.
-Esa es una pregunta que puede que sea tan antigua como las estrellas.
-Entonces, ¿cuál es la respuesta?
-En realidad, no la hay... supongo que por eso la pregunta lleva existiendo tanto tiempo.
-Siempre he soñado con ello, desde que era una niña. Me lo imaginé como una interminable extensión de bosques, esperando allí para ser explorados. Creo que estoy lista... para explorar, quiero decir. -Hizo una pausa para disfrutar de las vistas sobre sus cabezas-. Dime, Sconn -dijo, haciendo un gesto hacia las estrellas-. Dime lo que me está esperando ahí fuera.
El ladrón hizo una pausa antes de responder.
-Todo lo que siempre imaginaste. Y todo lo demás que ni siquiera sabías que existía.
Kalieva le sonrió.
-¿Qué? –preguntó él, levantando una ceja.
-No actúas como un ladrón. O como nadie que haya conocido, ya puestos.
Sconn sonrió de oreja a oreja.
-Eso es porque soy único en mi especie.
Ella no pudo contener la risa.
-Probablemente porque uno como tú es todo lo que la galaxia podía soportar...
-¿Qué se supone que significa eso?
Kalieva sonrió.
-Adivínalo...
Sconn la apuntó con un dedo.
-No te olvides de quién nos va a salir de aquí, princesa. Si no fuera por mí, todavía estarías atrapada...
Se escuchó un fuerte y chirriante sonido mecánico y el caminante se detuvo repentinamente.
-...en este asqueroso planeta -terminó con los dientes apretados.
Kalieva luchó por mantener una cara seria.
El ladrón comenzó a registrar el puente de mando en busca de un conjunto de hidro-llaves.
-Desde luego -dijo con un suspiro de resignación-, hoy no es mi día...

viernes, 7 de junio de 2013

Créditos fáciles (I)

Créditos fáciles
Paul Danner

En sus 23 años de vida, Sienn Sconn nunca se había tomado la molestia de imaginar cómo reaccionaría al enfrentarse a un Moff del Imperio (o lo que quedaba del Imperio, en cualquier caso...). Cuando se volvió para responder al golpecito en el hombro y se encontró cara a cara con el Moff Caerbellak, Sconn inmediatamente deseó haber tenido la oportunidad de hacer precisamente eso.
Sin otra alternativa real, Sconn puso su mejor sonrisa y con calma ofreció a Caerbellak una copa de vino especiado rydonniano de la bandeja de plata que llevaba. El Moff seleccionó una y luego le hizo con la mano un gesto para que se alejase.
Sconn inclinó brevemente la cabeza en señal de respeto al funcionario imperial de alto rango. Era un gesto que al ladrón intergaláctico no le gustaba demasiado hacer, pero se vería compensado al imaginar la mirada en el rostro del Moff cuando el fanfarrón engreído descubriera que su prototipo de arma había sido robado justo bajo sus narices. Por supuesto, consideró Sconn en silencio, eso podría tomar su tiempo, teniendo en cuenta que la nariz de Caerbellak solía sobresalir en el aire en un ángulo que dificultaba ver cualquier cosa que ocupase el espacio debajo de ella.
-Puede retirarse...
La voz del rey Rilwan K'ntarr devolvió de nuevo a Sconn a la realidad y el ladrón rápidamente se dio cuenta de que todavía estaba de pie junto a los dos funcionarios, e interrumpiendo su conversación privada. Haciendo una reverencia a modo de disculpa, Sconn se enderezó el uniforme de sirviente robado y se apresuró a servir a los demás huéspedes.
Caerbellak lanzó al ladrón una mirada escrutadora mientras este se alejaba, y luego se encogió de hombros y volvió a su conversación con K'ntarr, en su doble cargo de jefe de Productos Rythani y gobernante de facto de Rydonni Prime.
Sconn frunció el ceño mientras se alejaba hasta donde ya no podía escuchar a los dos hombres más importantes del planeta. Le hubiera gustado haberse demorado su alrededor para escuchar a escondidas, pero no quería despertar más sospechas de las necesarias, sobre todo ante el peligroso Moff.
Con la mirada puesta en ocupar algún día el vacío dejado por la muerte del Emperador y Vader, Caerbellak se estaba posicionando lentamente en la escena política. La ceremonia del día siguiente sería un gran paso hacia ese fin. La presentación pública de la nueva adición de Productos Rythani al arsenal imperial y su posterior presentación al Moff sería una propaganda muy positiva. Y este tipo de noticias era una mercancía valiosa para los restos del destrozado Imperio. Caerbellak esperaba que una vez que el prototipo estuviera en sus capaces manos, y comenzase su misión para aplastar de una vez por todas a la Nueva República, las noticias de sus logros podrían llegar incluso a los oídos de los Asesores Imperiales, y catapultarlo al título de Gran Moff...
Ese prototipo sin duda valía mucho sólo por sí mismo, pero aún más para Caerbellak personalmente. Y como resultado, sólo pensar en robarlo trajo una sonrisa a la cara de Sconn. Por supuesto, si no empezaba a moverse pronto, ni siquiera tendría la oportunidad de...
El ladrón sintió que alguien lo observaba; miró a Caerbellak, pero el Moff estaba ocupado con el Rey y no le prestaba atención. Encogiéndose de hombros, Sconn volvió, chocando directamente contra alguien. Sconn estabilizó su bandeja y, al levantar la vista hacia la persona, casi saltó fuera de su propia piel.
Delgada y alta, la mujer estaba vestida con un elegante vestido negro que se ceñía a su cuerpo atlético. Era muy atractiva, con la piel lisa, una melena de pelo rojo rizado y rasgos exóticos. También tenía un aire de peligro casi palpable a su alrededor, lo cual era apropiado. Su nombre era Variise, y era un reputado miembro de la guardia sombra Mistryl, así como protectora personal del Moff.
Sconn esperaba que la sangre no escapase de su rostro.
-Disculpe -se las arregló para decir, medio susurrando, medio murmurando, y rápidamente esquivó a la mujer.
-Espera. -Ella dijo la palabra en voz baja, pero Sconn podría haber jurado que se la había gritado al oído.
El ladrón obedeció, tomando una respiración profunda mientras Variise daba un paso atrás frente a él. Bajo la bandeja, su mano derecha empezó a flexionarse, y el láser oculto en su muñeca comenzó a encenderse.
La mujer fijó su mirada en él y ni siquiera parpadeó. Finalmente, Variise sonrió, y la imagen de un gato de sangre dulvoyinn cruzó por la mente de Sconn.
-¿No vas a ofrecerme un trago?
La tensión acumulada en el cuerpo de Sconn se calmó un poco y mostró una sonrisa penitente.
-Mis disculpas... La belleza de la dama hizo que me olvidase.
La uñas carmesí de Variise, con sus puntas afiladas casi como garras, rodearon una copa.
-Es comprensible. Pero comprende tú esto... Sólo perdono una vez. –Vació la copa entera en un largo e interminable sorbo, mirando a Sconn todo el tiempo, y colocó el recipiente vacío de nuevo en su bandeja-. Ten claro que este es el único error que vas a cometer jamás en mi presencia.
Con eso, se dio la vuelta y desapareció entre la multitud. Sconn se quedó allí por un largo momento, sudando profusamente. El ladrón dejó escapar todo el aire que ni siquiera se había dado cuenta que había estado conteniendo y rápidamente se alejó.
Sconn devolvió a la cocina la bandeja de bebidas vacía y cuidadosamente se deslizó por el pasillo vacío más cercano, evitando la fiesta que estaba teniendo lugar en el resto de la mansión del rey. Mientras empezaba a efectuar su fuga, el ladrón comenzó a repasar el resto de su plan.
En su entusiasmo, sin embargo, el ladrón se olvidó de una de las importantes lecciones que su tío Cavv había pasado incontables horas inculcándole en su juventud. Una lección que su tío decía haber aprendido de un inofensivo pequeño alienígena verde que al parecer sufría de delirios de grandeza y pensaba que era un Maestro Jedi...
Mantén tu mente en donde te encuentres, en lo que estés haciendo. Pensar en el futuro, en lugar de concentrarte en el presente, podría dar lugar a que no sobrevivas para ver el mañana.
Pero mientras caminaba por el pasillo oscuro, todos los pensamientos salvo los relacionados con sus planes habían abandonado su cerebro. Todo volvió de pronto a su mente, sin embargo, cuando la mano que salió de la nada tiró de él hacia una de las salas laterales.
La puerta se cerró rápidamente, y Sconn se encontró siendo empujado contra una pared en el cuarto oscuro. Antes de que el sorprendido ladrón pudiera reaccionar, un par de labios suaves presionaron contra los suyos. Sconn se dejó atrapar en la pasión por unos segundos, luego rápidamente rompió el abrazo.
Una suave voz, llena de confusión, rompió el silencio.
-¿Arden?
-¿Quién?
Hubo una pausa, luego un chasquido y de repente un banco de brillolámparas brilló ante la cara del ladrón, cegándolo.
-Hey, tú no eres Arden.
Sconn parpadeó para borrar las manchas que habían aparecido ante sus ojos, luego se centró en una hermosa joven que estaba de pie delante de él. Su pelo oscuro estaba impecablemente decorado y estaba vestida con una túnica de un blanco puro que obviamente formaba parte de la fiesta del exterior.
-¿Quién eres tú? -preguntó ella con la insistencia de alguien que estaba acostumbrado a conseguir respuestas rápidas.
-Eso depende... -respondió Sconn con cautela, fijándose por primera vez en que la habitación era en realidad una de las muchas habitaciones de huéspedes de la mansión-. ¿Quién lo pregunta?
La chica tomó una majestuosa respiración que pareció inflar todo su cuerpo.
-Soy la princesa Kalieva K'ntarr de la Casa Real de Rydonni.
Sconn palideció, hablando antes de poder pensar.
-Entonces estoy en un gran problema...
-Ese es mayor eufemismo que jamás haya escuchado. -La princesa pasó a su lado, tratando de alcanzar la puerta.
Sconn se movió rápidamente hacia un lados, bloqueando su camino.
Kalieva entrecerró los ojos, fijando su labio inferior con determinación.
-Aparta o gritaré.
-No, no lo harás.
Ella le dedicó una infantil sonrisa impetuosa.
-¿Ah, no? Pues mira...
Y fiel a su palabra, abrió la boca para dejar salir lo que sin duda habría sido un grito espeluznante de no haber colocado Sconn rápidamente una mano sobre sus labios. Kalieva inmediatamente comenzó a luchar y Sconn la agarró por la cintura con su brazo libre, arrastrándola lejos de la puerta.
-Hay dos razones por las que puedes dejar de luchar... -dijo Sconn en voz baja-. En primer lugar, no voy a hacerte daño. Y en segundo lugar, no estoy muy seguro de cómo funciona vuestra familia real, pero supongo que los coqueteos con el personal contratado no es el tipo de actividad que el rey apruebe para su princesita.
Las luchas de Kalieva cesaron poco a poco. Sconn la soltó y dio un paso atrás. Mirándolo, la chica se sentó de mala gana en la cama, cruzando los brazos sobre su pecho.
Sconn asintió en señal de aprobación.
-Eso está mucho mejor.
Creyendo que el peligro había pasado, la actitud de la chica pasó a ser de curiosidad.
-Entonces, ¿quién eres realmente? No formas parte del personal contratado, eso es obvio...
El ladrón pasó junto a ella, mirando las ventanas. Estaban en el tercer piso, frente a la parte delantera de la apartada mansión rural.
-No es asunto tuyo.
-Oh, sí que lo es. Me has involucrado. Ahora debes hacer frente a las consecuencias.
Sconn se dio la vuelta, boquiabierto.
-¿Yo te he involucrado a ti? Mira... Eres tú la que me agarró y me metió aquí. -El ladrón miró su cronómetro, mordiéndose el labio al ver la hora tan tardía que su luz le mostraba-. Y estás retrasando mi agenda.
Eso sólo despertó el interés de la niña.
-¿Qué tipo de agenda?
-Ya te he dicho que no es asunto tuyo... -Sconn comprobó el contorno de las ventanas y frunció el ceño. Todas estaban equipadas con sensores de alarma. SecuriPantallas Tipo VII, advirtió, dejando caer los hombros. No había manera de poder desactivarlas sin el equipo adecuado, y por desgracia el equipo adecuado era un poco demasiado voluminoso para su traje de sirviente-. Maldita sea.
Kalieva observó su expresión y sonrió.
-¿Algún problema?
Sconn se sentó en el borde de la cama, frotándose la mandíbula mientras buscaba una solución. Sin embargo, su cerebro no quiso contribuir, y le ofreció sólo dos palabras burlonas.
Créditos fáciles.
Esas palabras resonaron en la cabeza de Sconn como la letra de una mala canción de El Traje Nuevo del Emperador. La última vez que las había escuchado, las habían dicho originalmente en huttés, y luego habían sido traducidas por un droide de protocolo plateado con un procesador de lenguaje defectuoso. Hacía que el sonido "s" se alargase en algo que recordaba vagamente al silbido de una serpiente deryviana.
Sólo ese hecho, pensó el ladrón, debería haber sido motivo suficiente para rechazar una misión tan absurda. En ese momento, sin embargo, el robo de un prototipo Imperial parecía perfectamente razonable, sobre todo debido al hecho de que Sconn había olvidado otra de las lecciones que le había enseñado su tío...
El dinero siempre se las arregla para adormecer las funciones cerebrales.
Al parecer, los efectos incluían adormecer la parte de su memoria que almacenaba todas las lecciones importantes que Sconn había aprendido del tío Cavv.
Cuando Draskha el hutt había contactado con él, Sconn estaba un poco sorprendido. El ladrón tenía una reputación, obtenida a través de habilidad, ingenio y un historial de no dejarse descubrir, pero el hutt se estaba convirtiendo en un pez gordo en la oscura jerarquía de las organizaciones criminales y había sin duda por ahí un sinnúmero de otros ladrones que tenían un historial de éxitos mejor que el de Sconn. Sin embargo, Draskha lo eligió a él. Era halagador, y eso hacía que rechazar el trabajo fuera aún más duro. Por supuesto, también lo hacía la oferta de 100.000 créditos; la mitad por adelantado, la mitad a la entrega. La suma lo sorprendió, considerando que el hutt ni siquiera sabía exactamente qué era el prototipo...
De acuerdo con la información obtenida de la red de espionaje del hutt, era una nueva arma, descubierta casi por accidente. Supuestamente, Productos Rythani había estado experimentando con algún tipo de nueva tecnología revolucionaria durante el último año o así, sin mucho éxito, hasta que un brillante técnico descubrió una aplicación militar para la por otra parte inútil investigación. Pero incluso esa historia implicaba una gran especulación, porque casi todo sobre el prototipo estaba envuelto en un velo de secretismo más grueso que el casco de un Destructor Estelar. De hecho, la única cosa que Draskha sabía con certeza sobre el prototipo era que él quería tenerlo. Con locura.
Por supuesto, si Sconn no empezaba a moverse pronto, no tendría nada que ofrecer.
-Necesito una manera de salir de aquí.
-¿Por qué? ¿A dónde vas?
Sconn se sorprendió, sin darse cuenta de que estaba pensando en voz alta. Se volvió para mirar a Kalieva y estaba a punto de abrir la boca.
-Lo sé, lo sé... -dijo ella antes de que él pudiera responder-. No es asunto mío, ¿no? -La princesa se encogió de hombros, mostrando al ladrón una sonrisa burlona-. Bueno, ¿por qué no vuelves a tu magistral plan original y sales fuera de aquí sin más?
-¿Qué te hace pensar que ese era mi plan?
-¿Por qué si no estarías vestido con ese traje de mono ferijiano? ¿Para impresionar a las mujeres?
Sconn esbozó una sonrisa.
-Al parecer, eso funcionó para Arden.
Kalieva entrecerró los ojos y le lanzó una mirada asesina.
-Sólo porque iba a marcharse de este basurero. -La chica se dio la vuelta-. Y se suponía que iba a llevarme con él -añadió en voz baja, casi demasiado baja para escucharla.
Sconn suspiró.
-Por desgracia, mi ventana de tiempo para salir ha pasado. Gracias a ti...
-No me culpes por tu incompetencia.
Fue el turno del ladrón de lanzar una mirada asesina.
Kalieva se encogió de hombros inocentemente.
-Está bien. La galaxia necesita algunos idiotas.
Sin decir una palabra, Sconn extrajo su servilleta de camarero y se acercó a Kalieva. Ella se echó hacia atrás en la cama.
-¿Qué vas a hacer con eso?
-Estrangularte pasa por mi mente, pero mi conciencia ha regateado para rebajarlo a una mordaza.
-¡Gritaré!
El ladrón sonrió.
-En cualquier caso, no por mucho tiempo...
-Lo suficiente para que alguien me oiga... -Se arrastró sobre la cama, lejos de Sconn-. Y no puedes robar el prototipo desde la cárcel.
Eso hizo que el ladrón se detuviera. La tela cayó de sus dedos y requirió de toda su concentración para que su mandíbula inferior no cayera también.
-¿Cómo...?
-Puede que esté enclaustrada, pero no soy estúpida. Obviamente no estás aquí para nada bueno. Y tu presencia justo cuando el prototipo está a punto de ser presentado al Moff no puede ser una coincidencia.
-¿Cómo sabes que no voy a matarte?
-No trates de engañarme. Si fueras capaz de eso, ya lo habrías hecho, en lugar de perder el tiempo.
-Entonces, ¿dónde nos deja eso?
-En condiciones de negociar. Tú quieres ese prototipo y yo quiero salir de este horrible planeta. Te ayudaré si tú me ayudas.
-No hay trato.
-¿Por qué no?
-De veras no tengo tiempo para enumerar todos los aspectos negativos. Así que, ¿qué tal porque lo digo yo y punto?
-Eres un tonto.
Sconn sonrió.
-Me han acusado de cosas peores...
-Y te acusarán de cosas mucho peores si eres lo suficientemente estúpido como para tratar de colarte en el edificio Productos Rythani.
-Lo siento, pero no puedo...
-Oh, sé que lo sentirás... Sobre todo en los momentos finales antes de tu ejecución a manos del Moff Caerbellak. Y todo lo que habrías tenido que hacer a cambio de mi ayuda era acceder a sacarme del planeta. Pero, de todas formas, no tendrás mucho tiempo para lamentar tu error, porque te separarán la cabeza de los hombros con la mayor vibro-hacha que puedan encontrar.
-¡Ya basta! -Sconn meneó la cabeza, masajeando inconscientemente su cuello.
-Vamos... confía en mí. Con mi ayuda, tu trabajo será fácil.
Sconn todavía tenía dudas.
-Cuando la gente comienza a utilizar la palabra "fácil", empiezo a ponerme nervioso. -El ladrón se mordió el labio inferior-. Está bien, trato hecho...
Ella sonrió triunfalmente.
-Esa es la primera cosa inteligente que te he oído decir desde que te he conocido.
-Y espero que no sea la última... Ahora, ¿estás seguro de que podrás conseguir que entre sin ningún problema?
Kalieva cruzó los brazos, desafiante.
-Soy la princesa. Tengo acceso a todo, incluyendo los laboratorios de prototipos.

***

-¿Cómo que no puedo entrar en los laboratorios de prototipos?
El líder de los dos guardias de Productos Rythani negó con la cabeza y señaló con el pulgar hacia atrás a las enormes puertas de duracero cerradas detrás de él.
-Lo lamento, mi Princesa, pero no se permite el acceso a nadie en el Laboratorio de Prototipos A.
-¡Esto es un ultraje! -Kalieva se dio la vuelta para mirar a Sconn, que estaba elegantemente vestido con la ropa de un noble rydonniano, "prestada" de los armarios reales-. Le prometí a Arden, aquí presente, un vistazo a el nuevo juguete de papá y ahora me han hecho parecer una tonta. -Ella tomó teatralmente la mano de Sconn en la suya-. Quiero decir, el pobre muchacho tenía elevadas expectativas. ¡Por no hablar de lo mal que queda que a la heredera de este mundo se le deniegue el acceso al mismo negocio del que un día será dueña!
El jefe de los guardias se encogió de hombros.
-No sé qué decir, mi señora... Tengo órdenes estrictas del rey. Y sus órdenes provienen del propio Moff.
Kalieva mostró un gesto petulante en su rostro.
-¡Entonces exijo hablar con él de inmediato!
-¿Con su padre?
-¡No, imbécil! ¡Con el Moff Caerbellak!
La mandíbula del guardia casi cayó hasta el suelo.
-¿Quiere hablar con el Moff?
La princesa hizo un gesto como si buscase algo por el pasillo, por lo demás vacío.
-¿Es que hay eco, aquí?
-Pero, pero...
Sufriendo la misma reacción que el jefe de guardia, Sconn apretó la mano de Kalieva, mirándola fijamente como si hubiera perdido la cabeza.
Ella dirigió al ladrón una mirada, y luego volvió a mirar al guardia.
-¿Y bien? ¿A qué está esperando todavía aquí plantado? ¡Vaya a buscarle!
Sin saber qué más hacer, el guardia se colgó el rifle desintegrador del hombro y cogió el comunicador.
-No estoy muy seguro de si puedo...
Kalieva le arrebató el comunicador directamente de la mano.
-Entonces lo haré yo misma. -Jugueteó con el aparato por un momento-. Esto no funciona -dijo, y lo tiró con aire molesto por encima de su hombro, muy a pesar del guardia.
-Pero...
Kalieva lo interrumpió mientras se daba la vuelta para mirar al otro guardia, extendiendo la mano.
-Deme el suyo.
El hombre miró a su jefe como preguntando qué hacer.
-Ahora -gritó ella, haciendo que el hombre se estremeciera.
Con cautela, le entregó su comunicador, como si temiera que fuera a morderle.
Para su sorpresa, sin embargo, ella retiró la mano e hizo un gesto con la cabeza a su compañero.
-Arden, si es tan amable de hacer los honores...
Asintiendo con la cabeza, Sconn dio un paso adelante, tomando el comunicador en una mano y plantando un puñetazo en la cara del guardia con la otra.
El comandante se dirigió hacia Sconn, pero Kalieva sacó un pie, haciendo que el hombre perdiera el equilibrio. Sconn se volvió mientras el hombre se tambaleaba hacia delante, dándole un codazo en la barbilla, y haciéndolo caer luego con un golpe en la parte posterior del cuello.
-¡Detrás de ti! -gritó Kalieva.
El ladrón volvió a concentrarse en el otro guardia justo a tiempo. El hombre estaba preparando su rifle para disparar. Sconn agarró el extremo del mismo, golpeando con el extremo de la culata en el estómago del guardia y dejándolo sin aliento. Sin dejar de agarrar el cañón del arma, Sconn tiró de ella hacia arriba, golpeando al hombre debajo de la barbilla y haciéndole caer al suelo también.
Kalieva dirigió una sonrisa arrogante hacia Sconn, quien se limitó a sacudir la cabeza, obviamente impresionado.
-Eso ha sido bastante sorprendente -dijo mientras recogía la tarjeta de identificación del jefe de los guardias.
-Te dije que sería fácil. Quiero decir: ¿qué habrías hecho sin mí?
-No lo sé -dijo el ladrón, quitándose el cinturón de seda abrochado alrededor de sus ropas-, pero estamos a punto de averiguarlo...