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martes, 4 de febrero de 2014

Caza justa (y II)


Rocas. Primero pastizales, luego bosque, ahora una vasta extensión de rocas rojizas, algunas del tamaño de un carguero. Vegetación de matorral se asomaba entre las grietas protegidas y, ocasionalmente, algún artrópodo de caparazón duro asomaba de una pequeña madriguera. Hacía tiempo que Noone había renunciado a estimar la cantidad de dinero que se necesitaría para terraformar una región hasta tal punto. Uno coma tres millones eran calderilla, pensó airado. Pedazo de tacaño.
Los vendajes improvisados con los que se había envuelto el hombro, elaborados apresuradamente a partir de tiras rasgadas de las mangas de la chaqueta, estaban negros de sangre coagulada. Las suelas de sus botas raspaban contra la superficie de piedra, mientras trataba ascender a la cumbre de una losa gigantesca, una tarea que se hacía aún más difícil al poder usar un solo brazo.
Noone alcanzó la cima, miró la caída vertical de tres metros al otro lado, y saltó. Golpeó la superficie y sus labios dejaron escapar involuntariamente una bocanada de aire. Extrañamente, el suelo parecía artificialmente liso y sonaba a hueco. Noone avanzó unos pasos, vio otra caída más corta, y bajó de un salto.
Había estado de pie sobre una jaula. Las sólidos láminas de duracero que componían la parte posterior y los lados estaban parcialmente enterradas, pero la parte frontal –un amplio panel de fuertes cuadrados de malla- estaba totalmente expuesta. A sabiendas de que tenía que seguir adelante, pero curioso a su pesar, Noone acercó el rostro hacia la red y miró al interior.
Algo golpeó contra la puerta con un estrepitoso chisporroteo. Aterrorizado, Noone dio un paso hacia atrás, tropezó con una piedra y cayó de plano sobre su espalda. La cosa se retiró a la oscuridad en la parte trasera de la jaula mientras furiosas chispas amarillas jugaban por toda la superficie de la malla.
Una jaula de fuerza. Diseñada para ofrecer una descarga aturdidora incapacitante a cualquier prisionero que intentara escapar. Noone había visto muchas como esa a lo largo de su vida e incluso había quedado encerrado dentro de una durante uno de sus desastrosos primeros robos. Las cerraduras estándar instaladas de fábrica eran bastante fáciles de derrotar.
Se levantó y puso una mano de forma segura contra las barras entrelazadas. La carga aturdidora en una jaula de fuerza se proyectaba sólo a través de la superficie interior. La bestia enjaulada se agitó y volvió la cabeza -si se podía llamar cabeza- en su dirección.
Era un lamproide. El otro lamproide, se recordó Noone a sí mismo, la hembra que Viveca estaba guardando arrogantemente para una futura cacería. La primitiva criatura era totalmente horrible, un gusano intestinal parasitario al que la naturaleza hubiera bendecido increíblemente con un tamaño colosal y el instinto de un depredador. Su piel gris aceitosa guardaba las marcas de las quemaduras eléctricas. El suelo del estrecho recinto estaba cubierto con fétidos deshechos de animal, sangre y bilis.
La lamproide acercó su cara de púas hasta la malla, al otro lado de la palma de Noone. La rejilla metálica comenzó a zumbar peligrosamente, pero la criatura se detuvo a escasa distancia del campo aturdidor paralizante. Un pequeño filamento húmedo se curvó entre dos colmillos amarillentos y tembló en el aire como si estuviera analizando el aroma de Noone. El apéndice se retractó abruptamente. La bestia se echó hacia atrás y pareció evaluar cuidadosamente a su visitante.
Un molesto picor atacó la nuca de Noone. Levantó su brazo bueno para rascarse hasta que se dio cuenta de que las cosquillas emanaban desde el interior de su cráneo. La sensación de hormigueo se extendió poco a poco a través de la mitad superior de su cerebro como si estuviera sondeando la manera de entrar. Le devolvió la mirada a la lamproide, fascinado. ¿Era telepatía, o algo más?
El hormigueo se hizo más fuerte, más insistente, hasta que lo sintió como si una polilla lunar se hubiera arrastrado aleteando por su oído y hubiera quedado atrapada en su cráneo. Un instante después, sintió dos ráfagas gemelas de calidez, desde la parte superior de su columna vertebral y desde las yemas de los dedos de su mano izquierda. Ambas corrientes recorrieron sus huesos y convergieron en el hombro, generando un resplandor caliente que giraba lentamente alrededor de la articulación lesionada. Noone era vagamente consciente de su pulso acelerado.
La extraña sensación se retiró suavemente, y con ella se fue la mayor parte del dolor de Noone. Sorprendido, levantó el brazo y cerró la mano formando un puño. Sangre fresca brotó de las heridas punzantes y brilló en las vendas sucias.
Ups. Eso no le había curado, solo lo había hecho más fácil de soportar. Presionó los apósitos y volvió a mirar a su benefactora.
-Uh... gracias. Muchas gracias.
La lamproide no se movió. Noone sintió una incómoda presión detrás de sus ojos, como un repentino dolor de cabeza sinusal. Las palabras saltaron espontáneamente a su lengua.
-Hay que salir de allí.
Más presión.
-Abriré esta puerta...
Un tirón suave condujo a Noone hacia la cerradura. Su consciencia observaba desde un lugar lejano, mientras sus manos manipulaban su multiherramienta y extendían el berbiquí. Un juego de niños. Con sólo hurgar en la ranura de entrada, se desactivó el campo de aturdimiento; con un ligero tirón hacia arriba pudo soltar el candado. La puerta se abrió con un chirrido.
Todavía inseguro de lo que acababa de ocurrir, Noone vio como la lamproide desaparecía entre la maleza.

***

El nashtah tiraba de la correa. Sus seis patas con garras cavaban ansiosas en el suelo húmedo mientras resoplaba sobre un montón de hojas caídas. Recogiendo el olor, el animal levantó su pesada cabeza y aulló de total alegría. El aullido terminó con un jadeo ahogado cuando Viveca tiró fuertemente de las riendas.
-¡Ven aquí! –le ordenó.
La zona de bosque había terminado. Delante de ellos, en una división abrupta, obviamente artificial, se extendía la zona de peñascos. Miles de titánicas rocas yacían amontonadas en una gran maraña, algunas apiladas unas sobre otras como bloques de construcción para niños, y otras dispersas al azar como si se hubieran dejado caer desde la órbita. La caza sería más difícil a partir de aquí, pero sólo ligeramente. Viveca no creía que su presa hubiera pensado en entrar en las redes de cavernas subterráneas que había modelado siguiendo el patrón de las madrigueras de los momes de Trammis, a pesar de que las entradas eran evidentes y que ofrecían una excelente cobertura. No, Noone seguramente mantendría la misma ruta en línea recta que había seguido hasta el momento. Era una pena que el paisajista que había contratado no hubiera venido todavía para instalar las boquillas emisoras de lava.
Viveca enrolló la correa del nashtah alrededor de su muñeca izquierda y pasó su rifle bláster pesado a la misma mano. Sin mediar palabra, tendió la palma vacía. Rutt, el criado houk, sacó un dispositivo de rastreo del tamaño de una tableta de datos de su abarrotada mochila de equipo y se lo entregó a su amo.
El sistema de drones de práctica de caza rodianos estaba demostrando ser una gran decepción. Viveca tecleó un comando en el dispositivo y leyó los datos que aparecieron. Dos de los droides no habían encontrado nada, uno había vuelto a casa para arreglar su motor repulsor dañado, otro se había visto atrapado en una mata de tuercespina a no más de un kilómetro de aquí, y el último... bueno, ese parecía haber desaparecido por completo. Sin duda iba a tener unas palabras con su distribuidor de armas rodiano la próxima vez que se encontraran.
A veces, decidió el krish, era imposible vencer a un perro dravian entrenado, a un leal porteador, y a una tarde de aire fresco. Los viejos métodos seguían siendo los mejores.
Mirando todavía el informe sobre la situación de los drones, Viveca sacudió la correa del nashtah y chasqueó la lengua. El animal dio un salto y avanzó con júbilo hacia adelante, trepando por la primera columna de piedras. Viveca sonrió. A menudo era difícil seguir un olor sobre terreno rocoso, pero Noone había estado perdiendo sangre desde el inicio de la zona boscosa. ¡Una rama de pinchos! Oh, ha sido grandioso. Que alguien pudiera suponer que caería en una trampa semejante era risible; que la trampa se volviera en contra de esa persona era hilarante. El enfrentamiento final sería una delicia. Bueno, Sr. Noone, parece que la caza ha llegado a su fin... al igual que su vida. No, él quería algo rápido, algo memorable. Una agradable persecución, Sr. Noone, pero...
Un torbellino oscuro brotó de las rocas delante de ellos y se lanzó hacia delante con un golpe sonoro. Más rápido de lo que el ojo podía seguir, el borrón difuso se lanzó sobre Rutt, que estaba de pie directamente en su camino. En el mismo instante, un lazo de apretados anillos giró hacia el sobresaltado nashtah como la soga de un ahorcado.
El aliento de Viveca se le heló en la garganta y dejó caer la pantalla de datos desde la punta de sus dedos. Un extremo del borroso atacante alcanzó el pecho de Rutt y siguió avanzando como una limpia puñalada quirúrgica a través de múltiples capas de hueso y cartílago. Una cola con púas surgió desde el centro de la mochila de campo, asomando con un brillo a la luz, y se retiró antes de que los reflejos de Rutt pudieran ejecutar cualquier respuesta. Las manos del houk fueron tardíamente al agujero en su pecho y sus rodillas se doblaron.
Viveca pasó su rifle bláster a su mano derecha y comenzó a levantar el cañón.
La furiosa maraña rodeó al nashtah y salió violentamente hacia afuera, cortando la correa y lanzando por los aires al aullante sabueso. Una pata amputada volaba locamente hacia los árboles. Viveca apuntó su arma y se preparó a disparar. Con un hirviente siseo, la criatura cayó sobre él. Oscilantes anillos de carne envolvieron al krish con la velocidad del rayo y una fuerza implacable. El monstruo se enrolló alrededor de su torso –sujetando el brazo en el que llevaba el arma- y lanzó su boca de dientes afilados hacia adelante en un letal ataque depredador. La mano izquierda de Viveca salió disparada e interceptó la cabeza del demonio a escasos centímetros de los suaves pliegues de su área yugular.
Ambos se quedaron enfrascados en un silencioso combate de voluntades. Los dedos de Viveca se clavaron en la piel caliente de la bestia mientras sus anillos se movían y fluían a lo largo de su cuerpo. El agarre sobre su arma perdió fuerza y Krish casi la dejó caer. En respuesta, los anillos musculares se apretaron y aumentaron su presión asfixiante. La cara de pesadilla se acercaba, agitando sus trituradores anillos de dientes, y una temblorosa gota de humeante veneno asomó en la punta de un colmillo. El brazo de Viveca tembló por el esfuerzo. Dejando escapar un gruñido atormentado, Viveca movió el cañón láser de un centímetro, y luego otro. El horror serpentino apretó aún más. El bláster continuó avanzando en pequeñas sacudidas. Viveca sintió una presión insoportable aumentando dentro de su cráneo. Con un último y agónico movimiento, el Mark II quedó libre. Al darse cuenta de su repentino peligro, la bestia aflojó sus anillos y echó hacia atrás el aguijón de su cola preparándose para asestar un golpe destripador en el vientre de su enemigo.
Algo reventó dentro del cerebro de Viveca y un hilo de sangre brotó de su nariz. No aflojó su agarre. Viveca colocó el gran cañón del rifle contra la barbilla de la criatura y disparó. Un rugido de energía inmoló el pedazo de carne y salió hacia el cielo como una columna de llamas. El cadáver decapitado quedó inerte y Viveca lo dejó caer al suelo. Un patético hilillo de humo se alzaba del muñón de cenizas cauterizado que una vez había sido un cuello. Disgustado, Viveca pateó los restos inmóviles de la lamproide. La lucha le había costado una cabeza de trofeo. Desde algún lugar detrás del cercano cúmulo de bloques de piedra, el nashtah gruñó y ladró con dolor.
Rutt yacía boca abajo en la grava y, por el aspecto de la herida de salida, no se movería de nuevo.
Un siervo muerto, un perro cojo, una lamproide perdida, y una tarde perfectamente espléndida estropeada. Los ojos de Viveca ardían.
Noone tenía mucho por lo que responder.

***

Fuera cual fuese el elixir mágico que la lamproide había vertido en su hombro, tenía una duración muy breve. O tal vez el efecto adormecedor disminuía con la distancia. EN cualquier caso, la articulación le latía más dolorosamente que nunca cuando Noone entró en la zona de selva.
Cañas de bambooi brotaban abundantemente del suelo esponjoso en apretadas agrupaciones. Otros tallos, al parecer de una especie diferente, tenían diámetros de más de sesenta centímetros en la base y se extendían en cuatro afiladas ramas, luchando por alcanzar el cielo. El matorral se extendía varios metros por encima de su cabeza y oscilaba ligeramente mientras una brisa agitaba las temblorosas agrupaciones de hojas de una planta llamada estallido estelar. En algunos lugares, los brotes crecían tan juntos que era imposible seguir avanzando. Noone pasaba a través de los huecos que iba encontrando y mantenía un ojo puesto en la posición del sol. Se vio obligado a volver sobre sus pasos cuatro veces en los primeros veinte minutos y fue un gran alivio cuando, después de un frustrante quinto callejón sin salida, se topó con lo que parecía un sendero.
El camino, de poco más de un metro de ancho, avanzaba relativamente en línea recta en la dirección que tenía que seguir. Asombrado por su buena fortuna, Noone echó a andar con un trote cansado.
Un repentino pensamiento le detuvo en seco. ¿Por qué había un sendero ahí? Era demasiado claro para ser el resultado natural del patrón de crecimiento del bambooi. Dado que Viveca había diseñado sus territorios de caza según sus especificaciones personales, debía de haber diseñado también ese camino. Y Viveca no era de los que facilitarían las cosas a sus presas.
Con cautela, Noone siguió avanzando lentamente, explorando el terreno y los brotes a cada lado en busca de cualquier cosa que pareciera fuera de lugar. Después de avanzar una corta distancia sin incidentes, el camino de repente se duplicó en anchura. Se detuvo frente a un pequeño claro circular. El camino continuaba en su borde opuesto. El lugar perfecto para una trampa. El suelo en el borde del claro se veía áspero y removido, y las cañas muertas amontonadas en el centro parecían haber sido cortadas con una vibrohoja.
Aunque Noone nunca en su vida se había encontrado con una, cualquier niño que alguna vez hubiera leído una historia de aventuras estaba familiarizado con una trampa para tigres de Ralltiir.
Noone se rio. Él, al menos, no era ningún tonto. Retrocediendo varios pasos, comenzó a buscar un hueco en las agrupaciones de cañas que le permitieran eludir todo el claro. Moviéndose rápidamente -porque quizá la fosa cubierta estuviera diseñada para detenerlo tanto como para atraparlo- se apretujó para pasar entre dos tallos y se abrió camino hacia adelante.
Teniendo en cuenta que había abandonado el camino principal, su avance fue sorprendentemente fácil. Casi parecía como si hubiera encontrado un sendero de caza con mucha vegetación. La idea no le tranquilizó, y consideró la idea de volver al camino principal. Ya debía de estar más allá de la trampa...
Un paso lo llevó hasta el borde de un pequeño claro; el segundo paso lo llevó dentro de él antes de que pudiera detenerse. Inmediatamente, una mano invisible le tiró al suelo cual largo era con tal salvajismo que sus dientes empujaron un puñado de tierra hacia la parte posterior de su garganta.
¿Qué había pasado? Noone levantó la cabeza, escupió el arenoso bocado, y llegó a la preocupante conclusión de que no podía mover el resto de su cuerpo. Estaba paralizado. El impacto le había roto la columna vertebral.
Espera, recordó Noone. No hay que dejarse llevar por el pánico. Su sombrío diagnóstico debía ser erróneo, ya que podía ver claramente sus dedos retorciéndose. Arrastró ambos antebrazos hacia atrás y adelante por la tierra y luego trató de agitar los pies. Un susurro lejano le respondió.
No era parálisis, entonces. Pero algo estaba sujetando al suelo sus muslos y su torso con una fuerza inhumana. Sentía como si un carguero de transporte industrial hubiera aparcado en su espalda.
Con un gemido, se dio cuenta de la verdad. Una trampa para hombres. Una losa cuadrada de metal de un metro de lado aparejada con generadores de campo gravitatorio. A diferencia de los repulsores estándar, que empujaban contra la masa de un planeta y permitían flotar a los deslizadores terrestres, los campos gravitatorios intensificaban la gravedad local en un factor de ocho. Una vez capturado por una trampa para hombres, ni siquiera un wookiee podría luchar por liberarse.
Pero intentarlo no le haría ningún daño. Trató de empujar con las palmas contra el suelo, pero no obtuvo nada, salvo producir más agonía en su lesionado brazo izquierdo. Inexplicablemente, el esfuerzo relativamente menor le dejó incapaz de respirar. Noone trató de recordar rápidamente todo lo que había oído o leído sobre las trampas para hombres.
Las noticias no eran alentadoras. Aunque se anunciaban como una forma segura y no letal de someter a un blanco fugitivo, el modelo R-TechApp de Ubrikkian tenía una serie de efectos secundarios perjudiciales. Una vez atrapado, los pulmones de la víctima luchaban para expandirse bajo condiciones en las que nunca fueron diseñados para funcionar. El bombeo de un corazón se convertía en una tarea laboriosa para evitar un paro cardíaco. Los fluidos vitales se abrían paso a través de pasajes comprimidos por la gravedad y podían estallar bajo la presión. Con el tiempo la sangre empezaba a formar un charco en los órganos abdominales y el cerebro se apagaría por falta de oxígeno. Cualquier cazador de recompensas que dejase una trampa para hombres desatendida volvería para encontrarse una presa muerta.
No muy deportivo, ¿verdad? Noone se preguntó si el amor de Viveca por la caza quedaría satisfecho encontrándose una víctima indefensa ahogándose en su propia bilis. Dudaba de que fuese así, y eso le molestaba. Por supuesto, como con la trampa para tigres, la diversión de Viveca podría consistir en descubrir si Noone era capaz de evitar la trampa en primer lugar. No lo había hecho. La caza había terminado.
¿O no? ¿Sería esto otra prueba de ingenio? Noone giró el cuello y escudriñó la maleza. El R-TechApp de Ubrikkian venía con un activador remoto y un cable de activación de 10 metros. Tenía que estar cerca, y... ¡ahí!
A su izquierda, encajada entre un grupo de cañas delgadas a poco menos de dos metros de distancia, brillaba el plateado plastiacero del activador remoto. Su sorprendente proximidad intrigó y tranquilizó a un tiempo a Noone. Viveca podría haber enterrado el dispositivo en el montículo de tierra cercano. En lugar de ello, lo había colocado ahí; a la vista y fuera del alcance.
El cable de activación probablemente estaría conectado a la esquina más cercana. La mano izquierda de Noone escarbó a lo largo del borde liso de la trampa y encontró el puerto de conexión. Un tirón en el cable lo liberó de la capa superficial de tierra que lo ocultaba e hizo que el activador se deslizara uno o dos centímetros.
El cable de activación y la placa gravitatoria estaban firmemente unidos entre sí. Noone sabía que nunca podría separarlos sin un conjunto de herramientas, pero de todos modos lo intentó, sin éxito.
Tiró del cable acercar más el activador, pero el dispositivo estaba bloqueado tras una maraña de juncos. Romper el cable estaba fuera de la cuestión.
Una brisa barrió el claro, refrescando su rostro cubierto de sudor y trayendo consigo un sonido que le heló aún más. El aullido lejano del nashtah de Viveca.
¡Piensa, piensa! Su multiherramienta, escondida en un bolsillo del pantalón, podría estar a los efectos en el lado oscuro de la luna de Kabal. No podía atraer el activador a su alcance. ¿Podría lanzar algo contra el activador?
Echó un vistazo otra vez al suelo. Ni rocas, ni cables, ni carretes de fibrocuerda. A su alrededor, los brotes de bambooi eran gruesos como troncos de árboles. A excepción, claro está, de la maleza. Estirando el brazo con un gemido, Noone cerró su mano derecha alrededor de un grupo de pequeñas plantas recién nacidas y las sacó de raíz.
El esfuerzo desencadenó una explosión de sufrimiento en su pecho y cerró los ojos hasta que la agonía se calmó. Su corazón palpitaba en débiles revoloteos temblorosos.
Cada tallo era tan largo como su antebrazo, tan ancho como su dedo, y ligeramente cónico cerca de la punta. Y además, cada uno era hueco y sorprendentemente rígido. Nadie rompió la parte de la raíz de una planta y encajó el resto en la parte superior de un segundo vástago. El puntero de doble longitud se notaba ligero en sus manos y no mostraba signos de flexión.
Añadió dos brotes más, luego se estiró para arrancar más. Fuegos artificiales aparecieron detrás de sus ojos. Trató de tragar saliva, pero no pudo, y el líquido se filtró fuera de su boca. Otro tallo se unió cuidadosamente a la pértiga improvisada.
En el punto donde sus rodillas quedaban fuera de la placa gravitatoria, sentía como si algún demonio le estuviera amputando las piernas amputando con una antorcha de plasma. Similares líneas de fuego ardían a través de la parte superior de su pecho.
Con un sobresalto, Noone se dio cuenta de que la trampa para hombres en realidad estaba apartando la sangre de su hombro perforado. Si la herida hubiera quedado en el interior del campo de gravedad cuando cayó al suelo, ya se habría desangrado hasta morir.
Un último tallo. Con manos temblorosas, Noone levantó la oscilante vara de dos metros. En uno de esos pequeños milagros que a veces acontecen a los jugadores profesionales, no se rompió.
Guio la temblorosa vara hacia el activador. Mientras trataba de estabilizar su avance, aparecieron manchas oscuras en los bordes de su visión, un chillido estridente sonó en sus oídos, y su dolor se alivió enormemente, lo que le aterrorizaba más que nada. Eso significaba que estaba a escasos instantes de la inconsciencia.
El palo avanzó hacia el control de intensidad en la parte superior del activador. Si podía hacerlo bajar a dos o tres gravedades, debería ser capaz de rodar fuera de la placa de gravedad. El sol se oscureció de repente.
Concéntrate, por favor, concéntrate, se suplicó. Sólo estás tú y la rama, la rama y el mando. Nada más importa. La punta de bambooi cayó inútilmente fuera de la base del activador. Noone la hizo retroceder para intentarlo de nuevo. Tambaleándose por la tensión, el puntero rozó delicadamente el plastiacero.
Un pie cubierto de pelaje y manchado de barro pisoteó la varilla y la partió limpiamente en dos.
Noone parpadeó y una forma apareció ante su vista.
-¡Dawson! -rugió, enfurecido-. ¡Me has roto la vara!
El tynnan miró hacia abajo, a sus pies, abrió la boca en una silenciosa "O" de sorpresa, y dijo algo distante y amortiguado. Noone ya no podía oír nada excepto el estruendo de la sangre a través de los tímpanos. Una vaga figura pálida apareció detrás de Dawson y apuntó un bláster, y el activador desapareció en un insonoro estallido de luz.
Un bienvenido alivio inundó su cuerpo aplanado y se deslizó de buena gana en la inconsciencia.

***

Noone volvió en sí con una contracción espástica y un jadeo involuntario. Sus manos golpearon su cara mientras apartaba los pequeños viales que Kels mantenía bajo su nariz.
-¡Basta! dijo con voz ronca-. ¿Qué es eso?
Kels se encogió de hombros.
-Sales aromáticas químicas, parece. Del botiquín. Tenemos que seguir moviéndonos si queremos estar por delante de tu amigo, y no pienso llevarte a rastras.
-Puede que tengas que hacerlo -dijo Noone gravemente-. Ese campo gravitatorio he ha hecho polvo todo el cuerpo, menos el corte de pelo. -Miró de nuevo a la trampa para hombres desactivada-. ¿Cómo me habéis encontrado?
-Tomar el camino más corto y seguirlo en línea recta parecía ser tu estilo. Hemos tenido nuestras propias aventuras en el camino.
Noone miró a su alrededor.
-¿Dónde ha ido Dawson?
-Espera poder preparar una emboscada, pero sus explosivos son inútiles sin un detonador. Noone... ¿qué ha pasado con la pistola de mando?
-Niña, si aún tuviera el arma, Viveca estaría aquí en este momento masajeándome los pies. Dudo que alguna vez la veamos de nuevo.
Una furia fría se hizo evidente en los ojos de Kels, a pesar de que se aguantó la réplica enojada que se formó en su cerebro.
-Ya veo -logró decir en cambio, con voz gélida.
Noone la miró atentamente. Existía la posibilidad de que eventualmente pudieran recuperar el arma si Viveca la ponía de nuevo en circulación en el mercado de armas. Incluso podrían preparar un plan para asaltar la mansión. Pero no tenía sentido entrar en detalles cuando una preocupación más acuciante se dirigía hacia ellos.
-Será mejor que nos pongamos en marcha -admitió finalmente Kels, consultando su cuaderno de datos-. Sonax ha hecho una estimación aproximada de la posición del krish trazando la señal de un dron hasta su transmisor de mano. Está a menos de diez minutos.
Noone gimió cuando su joven cómplice le ayudó a ponerse en pie. De algún modo, tendría que encontrar un tanque de bacta.
Dawson salió del denso matorral al sendero, un poco más adelante.
-En marcha –anunció-. Es inestable, pero es lo mejor que he podido hacer, ya que alguien hizo volar los circuitos de la trampa para hombres.
-¿Qué has hecho...?
-¡Vamos! ¡Esa cosa es sensible al movimiento y no sé cuánto tiempo va a durar!
-Dawson...
-¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! -El tynnan echó a correr.

***


Tyro Viveca avanzaba con zancadas decididas, alimentado por la pura rabia. Ese absurdo humano le había humillado, le había arrebatado un valioso sirviente, y casi había conseguido matarle. Y lo irónico era que, sin lugar a dudas, el pequeño idiota no tenía ni idea de lo que había hecho realmente.
Un oponente inteligente habría formulado un plan para volver a la lamproide contra su perseguidor; Noone simplemente había abierto la puerta, descorchando una botella de rayos aleatorios. Viveca escupió al suelo con desprecio manifiesto. Que Noone no se hubiera matado a sí mismo era un milagro, y Viveca no toleraba a los tontos "afortunados". Cada paso le llevaba un poco más cerca del premio que le correspondía.
El nashtah olfateó el suelo alrededor de los tallos de bambooi. A pesar de que su correa se había arruinado en el ataque y había sido por tanto desechada, la pérdida de su pierna intermedia derecha parecía haber curado la tendencia la excesivamente ansiosa bestia a correr por delante. Los sabuesos dravian eran conocidos por su constitución resistente, y éste se había recuperado de su desmembramiento parcial en cuestión de minutos. Antes de continuar, sin embargo, el animal había destripado con saña el cadáver de seis metros de su atacante. A pesar de los segundos desperdiciados, Viveca lo había permitido. No podía pensar en ningún uso estético para la piel de lamproide sin una cabeza para acompañarla.
El nashtah renqueante siguió el olor hacia el camino principal. Viveca sonrió. ¿Habría caído su presa en la trampa para tigres? Sería delicioso ver a Noone empalado en una cama de vibro-estacas, pero Viveca esperaba más bien que el humano hubiera aterrizado de forma segura y hubiera soltado uno de los pinchos para usarlo como un arma de mano. Se imaginó a sí mismo arrebatando el pincho de las manos de su oponente, y luego destripando a su asombrado enemigo desde el vientre hasta el cuello.
Sorprendentemente, sin embargo, el olor rápidamente condujo fuera de la pista volviendo a la espesura. El nashtah desapareció entre los tallos y Viveca lo siguió con pasos medidos. Esto podría ser aún más agradable, pensó, al reconocer el camino mal cuidado y casi inexistente. Ahora podría medir el verdadero valor de Noone. Sería una lástima que el humano ya hubiera expirado por la presión gravitatoria, pero Viveca podría vivir con eso. Esa muerte siempre era lenta y dolorosa.
Se le ocurrió volver a llamar al nashtah para que no resultase dañado por la trampa para hombres, pero al doblar un recodo se dio cuenta de que su cautela era innecesaria. La placa de activación de duracero yacía en el suelo, inactiva y desocupada. El sabueso estaba ocupado pateando las cañas en el lado opuesto. Desconcertado, Viveca dio un paso adelante para examinar el activador a distancia. Nada quedaba del dispositivo salvo un puñado quemado de aleación fundida.
¡Un disparo de bláster! ¡Noone tenía cómplices! Maldiciendo, echó mano de su rifle y escudriñó el camino en busca de una emboscada sorpresa. No pasó nada, y Viveca comprendió que los fugitivos habrían huido presas del pánico a la primera oportunidad.
¡Su oponente había hecho trampa! El pensamiento pasó por su mente con un disgusto tan palpable que se acercaba la náusea física. Podía entender la falta de habilidad. La estupidez, incluso, de una manera compasiva. ¿Pero la poca deportividad? Nunca. Encontraría a todos los involucrados y desollaría sus pieles con un láser de alta intensidad.
El nashtah, comenzó a ladrarle febrilmente; parecía haber captado un rastro. Se introdujo entre la maleza hasta que sólo fueron visibles sus dos patas posteriores, temblando de anticipación y sacudiendo violentamente los pálidos brotes. Viveca creyó oír voces cercanas.
Estúpidos. Sus labios se curvaron en una mueca triunfal conforme se acercaba. Pobres estúpidos.
Sí, desde luego. Una profunda voz masculina emanaba claramente del bosquecillo, justo delante de él, aunque no podía entender lo que estaba diciendo. Viveca preparó su arma y apartó los dóciles brotes que le separan de su trofeo.
Sus ojos observaron un instante el panorama.
Una pelota blanca de plástico, un juguete infantil, enclavada en una cuna de bambooi.
-LAS PERSPECTIVAS NO SON MUY BUENAS.
Dos cables de cobre entraban serpenteando en las entrañas expuestas del juguete, pegadas a un chip de sonido con lo que parecía savia naranja de maraffa.
-LAS PERSPECTIVAS NO SON MUY BUENAS.
Ambos filamentos dorados caían al suelo y llegaban hasta...
-LAS PERSPECTIVAS NO SON MUY BUENAS.
...Un pedazo de cinta de detonita del tamaño de un melón.
El nashtah gimió. Viveca hizo una mueca.
La explosión casi aplanó cuatro hectáreas de bambooi.

***

El bacta era una panacea milagrosa. Había curado plagas. Había curado a seres en las puertas de la muerte. Había cambiado la faz de la medicina moderna. El problema era que era casi criminalmente prohibitivo.
Los matones del ejército daban el cuidado médico de calidad casi por sentado, pensó Hass Sonax para sí misma. Para un ladrón anónimo con crédito incierto y seguro inexistente, los centros médicos de Kabal podrían bien haber sido castillos inexpugnables. Bueno, no había otra forma; tendrían que crear un informe de admisión falso en el ordenador central de la ciudad y pasar por alto las facturas. Suspirando, la sluissi activó su banda de interfaz cyborg y se preparó para una sesión de pirateo de datos.
Al otro lado de la opulenta cabina del yate, Noone yacía en un mullido sofá de aceleración, apoyando la cabeza y los pies en cojines decorativos. Dawson estaba sentado en el suelo junto a él, leyendo el manual de instrucciones que venía con el botiquín de emergencia de la nave.
-Y yo digo que ahora es el momento perfecto para ir a por la pistola. -Kels dejó de pasear a lo largo del centro de la nave y golpeó ansiosamente el suelo con el pie-. Si el krish está muerto, la mansión estará sumida en un caos total, o bien tranquila como una tumba. Demos ahora un golpe rápido, antes de que cualquier ratero local se nos adelante.
Dawson señaló en silencio la camilla improvisada de Noone.
-Un poco de respeto, ¿quieres? Él todavía respira, y yo estoy tratando de hacer que siga siendo así.
-Un botiquín lo mantendrá estable...
-¡Un botiquín no bastará! -Dawson se puso de pie en una inusual muestra de rabia-. ¿Cómo se supone que voy a detener la hemorragia interna con sintocarne y gasas?
Sonax desenchufó su toma de ordenador de la estación técnica y los miró con irritación.
-Perdonadme, pero me he topado con una entrada interesssante en la bassse de datosss policial. Tenemosss que levantar vuelo, ya. Lasss autoridadesss essstán deteniendo todosss losss vuelosss sssalientesss hasssta que losss passsajeros puedan ssser interrogadosss.
Kels maldijo y corrió hacia la cabina.
-El sssaqueo tendrá que esssperar -exclamó Sonax tras ella-. Y tendremosss que encontrar una inssstalación de bacta fuera del planeta.
Dawson asintió y aseguró a Noone al sofá con arneses de seguridad. Salió corriendo hacia popa para poner en marcha los convertidores traseros, y de pronto se detuvo derrapando sobre las placas de la cubierta pulida.
-¡Sonax! -exclamó-. ¡Nos hemos olvidado de la cadena de aterrizaje!

***

Kea Ki Trang ascendía con confianza por la rampa del yate estelar atracado en la Plataforma de Atraque P13. La nave era una belleza, desde luego, aunque sus cañones defensivos eran demasiado grandes para una nave de su tamaño. Se aseguraría de tener unas palabras con el capitán sobre la relación de carga comerciales/masa adecuada. Y, ya que estaba en ello, no estaría de más ver el permiso de ese turboláser militar.
Dos miembros escogidos de su personal de seguridad tomaron posición detrás de él cuando llamó a la escotilla.
-Les habla el Control del Puerto Estelar de Empalizada, solicitando hablar con el capitán del... -consultó a su portapapeles- Forma Espiral. Abran la compuerta de inmediato.
Trang ignoraba si los propietarios de esta nave estaban involucrados en esa extraña explosión en la finca de Viveca, pero el alcalde había exigido un operativo de seguridad completo. Afortunadamente, Tabor y Kilgore tenían una manera crudamente efectiva de aflojar lenguas. Volvió a llamar.
-Repito, les habla el Control del Puerto Estelar de Empalizada. Abran la escotilla o lo haremos nosotros. -Señaló con la cabeza a Tabor, que se trasladó hacia el portal con un equipo electrónico de apertura de cerraduras. En respuesta, la nave se estremeció y gimió con los familiares sonidos del arranque.
Los tres oficiales retrocedieron al asfalto caliente, intercambiando entre ellos sonrisas de diversión. La nave no podía ir a ninguna parte con las pesadas cadenas de seguridad de duracero de la plataforma de atraque sujetos todavía a su tren de aterrizaje. Al iniciar sus motores de todos modos, estaban admitiendo tácitamente su propia culpa. Trang meneó la cabeza y contactó con la torre de control. Un pelotón de soldados armados apareció rápidamente, cada uno de ellos con un rifle bláster pesado.
La nave flotó hacia delante sobre sus repulsores unos escasos centímetros, pero la cadena lo frenó y se mantuvo firme. En los trece años que llevaba en ese trabajo, Trang nunca había visto que se rompiera ninguna. Se quedó atrás y se cruzó de brazos para ver la diversión.
Las patas de aterrizaje rebotaron arriba y abajo contra el permacemento mientras el barco trataba inútilmente de romper la cadena. Los soldados se acercaron más, preparando sus armas para un tiro incapacitante.
Sin previo aviso, el enorme banco de motores subluz del yate se encendió con un rugido ensordecedor. Los soldados se quedaron inmóviles, y Trang se quedó boquiabierto de asombro. ¿Qué galaxias estaban haciendo?
La cadena se estremeció mientras la nave hacía fuerza hacia adelante, agitándose furiosamente de un lado a otro. El tren de aterrizaje encadenado comenzó a doblarse hacia atrás de forma desagradable. Dándose cuenta de repente de lo que sucedería a continuación, Trang agitó los brazos frenéticamente a los soldados que se acercaban.
-¡Disparadles! -gritó, pero sus palabras se perdieron en el rugido atronador.
En un único y terrible instante, la pata se soltó del cuerpo del yate, dejando caer una viga estructural, numerosas placas del casco, la otra pata de aterrizaje trasero, y todo el conjunto de repulsores de popa. Trang cayó al suelo mientras la cadena volvía bruscamente hacia atrás como un látigo. La masa retorcida de partes arrancadas de la nave espacial pasó sin causar daños sobre su cabeza.
La nave dañada salió hacia el mar, rebotando contra las olas como una piedra saltarina. Apuntando la proa hacia el cielo, el yate encendió sus motores iónicos, vaporizando un cono de agua salada y dejando una nube creciente de niebla blanca.
Momentos más tarde, la nave fugitiva desapareció en las espesas nubes grises.

viernes, 31 de enero de 2014

Caza justa (I)

Caza justa
Daniel Wallace

-Seis metros de músculos, dientes, y veneno.
Tyro Viveca, el krish más rico de la galaxia, levantó su vaso y bebió un largo sorbo de brandy dun.
-Reflejos ultra-rápidos y una vena de maldad tan grande como la Corriente Cron. Diría que se encuentra usted mirando al depredador más eficiente de la historia.
Sonrió maliciosamente a su visitante.
-Mi taxidermista acabó de disecarlo esta mañana.
El invitado del alienígena se adelantó educadamente y se inclinó para examinar el espécimen: un tubo de carne de color gris verdoso, con el repulsivo aspecto de un hipotético cruce entre una serpiente y una anguila, enrollado en una base de madera pulida. Su cabeza, congelada en mitad de un ataque, era una masa de brillantes pinchos blancos.
-Impresionante -dijo el hombre, levantando las cejas con curiosidad mientras se volvía hacia su radiante anfitrión-. ¿Los lamproides florn no son seres racionales?
-Sin lugar a dudas. Aunque carecen de la cultura y el arte que usted y yo damos por sentado, tienen cerebro para resolver rompecabezas diabólicamente complejos. Eso es lo que hace que cazarlos sea tan emocionante.
Viveca se acercó a la mesa lateral y sacó el tapón de cristal de un pesado decantador de cristal tallado.
-¿Más coñac?
El visitante rechazó la invitación con un gesto de la mano y se acomodó en un sillón; el cuero rechinó y los cojines emitieron una especie de suspiro. Sus brillantes ojos escanearon su entorno por enésima vez. La habitación era un octógono cerrado con pilares en las esquinas y paredes oscuras adornadas con oro. Un par de lámparas holográficas proporcionaban una tenue iluminación, pero podía distinguir claramente las cabezas cortadas de un centenar de diversas criaturas, cada una montada en una placa barnizada en la que podía leerse la especies de la desdichada bestia, su peso, su planeta de origen, y la fecha de su muerte. Siete alcobas albergaban depredadores a tamaño real, dispuestos en poses temibles; en la octava se encontraban las armas de fuego más raras de Viveca y su colección de pipas de agua antiguas.
La habitación entera apestaba a tabac y a pieles disecadas.
-Ese es el macho, ¿sabe?
Viveca sostuvo su vaso medio lleno sobre las puntas de sus dedos provistos de escamas, haciendo girar perezosamente el líquido. Su invitado miró inquisitivamente.
-El lamproide -explicó Viveca-. Maté y disequé al macho. Sedé y capturé a su compañera, y la tengo encerrada en mis tierras para cazarla más tarde. Tal vez le apetecería acompañarme.
-Tal vez -respondió el visitante, apoyando sus pies calzados con botas sobre una otomana de lana de bantha-. Pero creo que antes tenemos negocios que atender.
-En efecto -comentó el orondo krish-. Rara vez recibo solicitantes a los que no he invitado, porque la mayoría de los seres se dan cuenta de que mi tiempo es de inmenso valor. Usted afirma tener algo que mostrarme. Será mejor que merezca la pena.
-No se preocupe -aseguró el estafador Cecil Noone, deslizando una caja metálica acanalada desde el costado de su silla y mostrando la sonrisa más encantadora de su arsenal-. No quedará decepcionado.

***

Los cielos de Kabal se abrieron por tercera vez esa mañana. Kels Turkhorn gruñó y resistió el impulso de correr a toda velocidad bajo el toldo de la tienda del comerciante más próximo. Los locales se tomaban con calma los aguaceros repentinos, y Kels no quería que se notara que era una extranjera. Gruesas gotas de lluvia salpicaron en su nariz, aplastaron su cabello de color blanquecino, y resbalaron por su nuca.
El concurrido mercado tenía el olor caliente del sudor y el sabor salado de la brisa costera. Consciente de la cercanía de cuerpos desconocidos, Kels agarró su bolsa de suministros con ambas manos. Incluso a una carterista profesional podían pagarle a veces con su propia moneda.
El empapado bazar era uno de los pocos lugares de interés público en Empalizada, una pequeña comunidad costera en la mayor de las islas ecuatoriales de Kabal. Hacía menos de un año, el planeta había sido disciplinado por un ala de bombarderos TIE imperiales por declarar su neutralidad en la Guerra Civil Galáctica. Pero el daño se había limitado a la ciudad capital de Kabal, a medio hemisferio de distancia. Los residentes de Empalizada continuaron llevando sus vidas tranquilas e industriosas centradas en la pesca y en un modesto comercio turístico.
Una explosiva carcajada burlona llamó la atención de Kels.
Más abajo en el bulevar se encontraba el puesto de otro comerciante, éste con un toldo gris sucio en lugar de las rayas rosas y blancas que cubrían el bazar con incongruente alegría.
Partes de naves, electrodomésticos estropeados, sandalias de plástico, y otros trastos diversos yacían apilados en el expositor principal del puesto. La propietaria, una squib con el pelaje manchado de grasa y una oreja cortada, se inclinaba fuera del puesto y sacudía de forma amenazadora su puño.
-¿Esto cable nuevo, dices? -chilló la squib-. ¡No creo, digo yo! ¡Esto basura!
Arrojó una pequeña bobina de hilo de oro de nuevo a su cliente y se cruzó de brazos con presumida satisfacción.
-¿Tú trueque con eso? ¡Tú loco!
Kels vio el blanco de los abusos de la squib y cerró los ojos con dolor resignado.
-Dawson -murmuró, y se movió rápidamente a través del gentío al rescate de su compatriota.
Dawson apenas medía una cabeza más la diminuta squib. Era un tynnan, y sus ancestros mamíferos acuáticos se hacían evidentes en sus patas palmeadas y su elegante pelaje marrón. Dawson intentó decir algo, pero un nuevo chorro de invectivas le interrumpió.
-¡Eso basura! -chilló la squib-. ¡Tú basura! ¡Tú cara fea! ¡Tus dientes parecen dos grandes placas de cubierta!
Dos alienígenas altos de cabello rojo que estaban parados cerca para observar la conversación estallaron en risas y miraron al tynnan para ver si las burlas desencadenaban alguna reacción.
Kels llegó junto a Dawson y colocó una mano sobre su hombro.
Él miró hacia ella a través de las lentes de su magnificador ocular.
-¡Kels! -gritó en señal de bienvenida-. Sólo estoy realizando una negociación un poco delicada.
-Ya -dijo ella con aire dudoso, mirando la esfera de plástico blanco de veinte centímetros que se mantenía en equilibrio en la palma derecha de Dawson-. ¿Qué clase de equipo es ese?
-¿Has oído hablar de un Quay? -preguntó.
-Es un artículo de regalo. Un “pronosticador preprogramado”. Le haces una pregunta, y te suelta una de entre varias respuestas almacenadas.
Dawson estaba animado, visiblemente emocionado por su descubrimiento.
Gotas de lluvia caían de sus temblorosos bigotes.
-Ya he contado tres.
-¿Es un juguete? -rio Kels, con fastidio-. ¿Estás regateando por esa pequeñez?
-¡Pequeña, sí! -cacareó la squib-. ¡Como tu cerebro!
Los dos alienígenas altos volvieron a reír, sacudiendo sus crines hirsutas y rociando las inmediaciones con el agua de lluvia que salía despedida.
Kels se volvió hacia la Squib, molesta.
-¿Siempre tratas así a tus clientes? -le espetó.
-¿Cliente? ¡Ja! Eso nuevo para mí. Tú no comprando, tú no cliente.
La squib sonrió a sus espectadores, que respondieron con carcajadas apreciativas.
-Déjame ver eso -dijo Kels a Dawson.
Tomó la esfera de las patas del tynnan y la sacudió.
-LOS ESPÍRITUS DICEN QUE SÍ -tronó el Quay.
Kels dio dos pasos hacia atrás como si estuviera asustada, lo que la llevó hasta el extremo de la mesa de exhibición.
-Esto es una estupidez -dijo Kels con petulancia, agarrando el Quay con ambas manos y empujándolo lejos de su cuerpo como si fuera una serpiente venenosa-. No lo quiero.
De repente lanzó el Quay al aire, un alto y pronunciado arco. Los ojos de los demás miraron al cielo para seguir su trayectoria. Kels bajó los brazos y cada una de sus manos se cerró alrededor de un acoplamiento de energía, tomándolos de un montón de la mesa. Para cuando el juguete aterrizó en las patas de la squib, los acoplamientos ya estaban ocultos en la faja de la cintura de Kels.
-¡Mira qué has hecho! -gritó la squib, mientras Kels giraba sobre sus talones y se alejaba-. ¡Seguro que roto! ¡Tú torpe! –la squib miró a Dawson, enseñando los dientes amenazadoramente, y luego bajó la mirada al Quay-. ¿Tú roto? -preguntó, agitando el juguete.
-MI RESPUESTA ES NO.
La squib, complacida con su broma, miró a los altos alienígenas, que echaron la cabeza hacia atrás y aullaron como si acabaran de presenciar la cosa más divertida de toda la galaxia. Dawson se excusó y trotó detrás de Kels.
-¡Espera! -gritó, luchando por alcanzarla con sus piernas regordetas. Ella miró hacia atrás y aminoró el paso. Dawson llegó junto a ella, chapoteando en un charco y lanzando un chorro de gotas de barro. Kels apartó la mirada de la costa brumosa hacia una lejana elevación de tierra verde en el interior de la isla.
-Me pregunto si Noone está teniendo suerte.
Recientemente, Noone, Kels, Dawson, y la cyborg sluissi Sonax habían anotado finalmente un tanto en su carrera como ladrones, apoderándose de una pistola de mando hapana de un valor incalculable. En el proceso, habían traicionado a su antiguo empleador hutt, matado a un señor del crimen bimm, y habían añadido sal a la herida robando el yate de lujo privado del difunto bimm. Noone, su líder, había pedido a sus subordinados que tuvieran paciencia. Una vez que la venta de la pistola les proporcionase una fortuna, nunca más tendrían que preocuparse por señores del crimen con vendettas ardientes. Pero semanas más tarde todavía estaban esperando, y la paciencia comenzaba a escasear.
La reunión con la Alianza Rebelde había sido una broma. A pesar de la rumoreada victoria de los rebeldes en un agujero perdido en el Borde Exterior llamado Yavin, los auto-proclamados abanderados de la justicia apenas podían juntar dos monedas. El caradura del agente de la Alianza les había ofrecido menos de una décima parte del precio de venta de Noone.
El Imperio fue aún peor. Sonax despreciaba a los imperiales por su experiencia personal, así que los demás habían tenido que asegurarle que simplemente estaban arreglando una cita con un sindicato del crimen local. Mientras tanto, Noone salió a negociar con el cónsul general imperial de Kothlis. Pero el cónsul general Halsek había intentado su propia traición, y tuvieron que salir a escape del puerto perseguidos por 24 soldados de asalto y una legión de milicia planetaria.
Razón por la cual habían terminado aquí, en Empalizada. La modesta isla estaba dominada por la vasta finca de Tyro Viveca, un descomunal hombre de negocios krish con una legendaria reputación de excentricidades. Más importante aún, sentía pasión por la caza deportiva, y en el pasado había pagado sumas obscenas por armamento raro, antiguo, o de vanguardia. Ahora que habían llegado, Kels se preguntó por qué no habían intentado esta vía antes. Si realmente quieres subir el precio de algo, pensó con una sonrisa cruel, véndelo como una "pieza de colección".
Entraron en la plaza de los peces de sal, con su suelo de piedra resbaladizo por las escamas y las vísceras. Se oía el retumbar del trueno desde el mar. La lluvia aumentó su ritmo de staccato, restallando ruidosamente contra los toldos de las pescaderías. Kels se apartó la lluvia de los ojos con la palma de la mano, pero Dawson parecía estar disfrutando de la ducha.
-Hey, Kels -dijo Dawson-. Por aquí se va a las pistas de aterrizaje. Dijiste que necesitábamos acopladores de energía.
Kels se dio unas palmaditas en la cintura.
-Los tengo. -Como Dawson aún parecía perplejo, se apartó el paño para revelar parcialmente uno de ellos-. Los afané de la tienda de la squib.
La cara de Dawson se iluminó.
-¿Tienes el Quay?
-¿Qué? -Kels frunció el ceño.
-El Quay. ¿Lo tomaste?
-¿Estás loco? Por supuesto que no. Tú estabas allí. Además, ¿por qué habría de hacerlo?
Los hombros de Dawson se desplomaron con tristeza repentina y Kels puso los ojos en blanco. Dawson tenía una tendencia infantil a fijarse en trivialidades, para abandonarlas después sin previo aviso. Volvió a mirar a través de la bruma de la lluvia en dirección al mercado de los comerciantes, con una patética expresión de cachorro perdido en su rostro.
Kels rio y negó con la cabeza.
-Ni se te ocurra pensar en ello.

***

-Una pistola de mando –susurró con asombro Tyro Viveca-. Una auténtica revuelve-cerebros hapana en funcionamiento.
-Veo que es usted un hombre que conoce sus armas -comentó Noone-. Pero en la mayoría de relatos de testigos oculares, las pistolas de mando son pistolas de mano. Esto, como se puede ver, es un rifle de tamaño completo.
 Síii... -dijo Viveca, levantando el arma de fuego y mirando por el visor del arma a lo largo del cañón. Giró el torso, apuntó a la cabeza disecada de un krak'jya bothano, y tensó el dedo índice, sin llegar a presionar el disparador completamente-. Boom -susurró, y se rio. Abruptamente, levantó la cabeza y recuperó la compostura profesional-. ¿A qué se debe eso?
Noone quedó sorprendido por la extraña muestra de comportamiento del krish, pero no lo demostró.
-Mis colegas han determinado que el rifle es un prototipo único en su especie del Gremio de Armamento Charubah, y que posee el doble de la potencia persuasiva de su producto original. -Eso era sólo un poco menos que una mentira total. Lo del prototipo había sido la mejor conjetura por parte de Kels, y sin una pistola hapana con la que comparar el rifle, la afirmación de la doble potencia era una estafa descarada-. Por supuesto, puede probarla sobre el terreno si lo desea.
-Gracias. Lo haré. ¡Rutt!
En respuesta al bramido de su amo, el criado houk de Viveca apareció servilmente por la puerta. Se quedó expectante en la pared del fondo, con sus ojos porcinos abatidos y sus fornidas manos cruzadas sobre el estómago. Viveca soltó un bufido divertido por su nariz plana.
-Quédate quieto, Rutt. Esto no te dolerá nada.
La sala estalló en un infierno de chisporroteantes relámpagos azules. Zarcillos de electricidad se arrastraron por el cuerpo del houk y se disiparon en ondas pulsantes desde sus manos y pies. Rutt se convulsionó una, dos veces, y luego asumió una posición ausente, con los ojos inexpresivos y las extremidades colgando sin fuerzas a los costados. Si no se hubiera mantenido en posición vertical, Noone habría jurado que estaba muerto. Los ojos de Viveca se estrecharon de placer.
-Rutt... ¡arrodíllate!
El houk cayó de rodillas con un rotundo golpe seco.
-Rutt... ¡túmbate!
El houk cayó hacia delante y golpeó el suelo de madera con su rostro. Noone hizo una mueca.
-Rutt... ¡aúlla!
El houk colocó ambos brazos bajo de cuerpo, echó la cabeza hacia atrás y aulló más fuerte que una jauría de canoides corellianos. Noone arrugó la nariz con desagrado y se tragó un buen trago de brandy dun.
Viveca se rio a carcajadas y bajó la pistola de mando.
-¡Espléndido! ¿Cuánto tiempo dura el trance?
Noone tuvo problemas para hacerse oír por encima de los estrangulados aullidos del sirviente.
-¿En él? No más de cuarenta minutos. Un ser humano se mantendría sometido al menos durante una hora, un ugnaught durante dos o tres.
Eso, al menos, era totalmente cierto. Durante la primera semana que poseyeron el rifle, lo habían probado en una amplia variedad de objetivos incautos con resultados impresionantes.
Viveca gruñó con satisfacción.
-Rutt... ¡detente!
El houk se detuvo a mitad de un grito, aunque el eco siguió reverberando a lo largo de las paredes de color vino.
-Vamos a ir al grano, tú y yo ¿Cuánto pides?
Noone miró al krish a los ojos.
-Millón y medio -respondió con frialdad-. Pero en honor a su excepcional reputación aceptaré un coma tres en créditos contantes y sonantes.
Para sorpresa de Noone, Viveca ni siquiera parpadeó. En cambio, sus ojos se endurecieron y su voz adquirió una consistencia de duracero templado.
-Ahora permítame que le haga una oferta -dijo entre dientes con un susurro amenazante-. Me voy a quedar con su pistola. Le daré cero créditos, contantes, sonantes, o de cualquier otro tipo. Y si me siento caritativo puede que incluso le dé una oportunidad de salvar su insignificante pellejo.
El aguardiente se fue por el conducto equivocado. Noone tosió violentamente y se golpeó el pecho con el puño.
-¿Perdón? –dijo entre toses.
-Y usted aceptará mi oferta porque es Cecil Noone, líder de una banda aficionada de ladrones de poca monta que robaron este artículo a un señor del crimen con muchos contactos. Aceptará porque tanto Guttu el hutt como los herederos de Ritinki han puesto precio a su cabeza. Aceptará porque no tiene otra opción.
La sangre pareció abandonar el cuerpo de Noone y acumularse en las plantas de sus pies. Su boca se esforzó para generar una réplica y fracasó.
-¿De verdad pensaba -continuó Viveca- que podía aparece en mi sala de audiencias bajo un nombre falso y tratar de venderme el único prototipo conocido de la variante del rifle de los hapanos? O bien subestima enormemente su propia notoriedad, o cree que tengo el cerebro de un gusano de grava. Es usted muy famoso, Sr. Noone, al menos entre aquellos que mantienen un ojo en los actores secundarios de la delincuencia organizada. Y la fama tiene su precio.
Noone había recuperado su ingenio.
-Tiene razón, Viveca –confesó-, me tiene calado. La pistola, es toda suya. Pero usted sabe que le soy de más utilidad vivo, de más maneras que las que podría contar. No pierde nada por...
-Mi oferta -le interrumpió el krish-, mi única oferta, es esta. Voy a dejar que salga de mi mansión con sus ropas encima y sus chismes en sus bolsillos. Si consigue llegar al límite de mis cotos de caza, es libre de ir a su nave y dejar Kabal para siempre. Pero soy un rastreador experimentado y un excelente tirador. Rara vez fallo mi objetivo... ciertamente no con uno tan tonto e ingenuo como usted.
¡Ingenuo! Pensó Noone. Él sí que sabe cómo meterse bajo mi piel.
-Esto no es serio -dijo en voz alta, alzando la voz con ira real-. Está proponiendo cazarme como un quivry de doce puntos por pura diversión.
-Oh, pero sí que hablo en serio, Sr. Noone. -Viveca parecía encantado-. Mortalmente en serio. Pronto lo descubrirá...
-No, Viveca, ha entendido lo que quería decir. He dicho que esto no es serio. ¿Cree que esto es una idea novedosa? Un chiflado excesivamente adinerado prepara un asesinato y lo llama deporte. Lo he visto hacer un centenar de veces en holo-thrillers cutres.
Los labios del krish se entreabrieron en una mueca de enojado desprecio, revelando filas entrelazadas de dagas nacaradas.
-Espero que estuviera tomando notas –escupió-. ¡Rutt!
El houk se agitó desde su posición boca abajo en el suelo y se colocó de pie junto a su amo. Viveca señaló a Noone con la cabeza.
-Agárralo por el cuello.
Avanzando como un zombi hacia la posición de Noone, el alto alienígena agarró el cuello de la camisa de Noone con una de sus gigantescas pinzas de carne. La tela se estiró, la costura se rasgó, y el comunicador de emergencia oculto quedó aplastado hecho polvo.
-No podrá llamar a nadie. Está totalmente solo. Por lo menos intente resultar una caza entretenida.
Viveca se echó hacia atrás y observó cuidadosamente el rostro de Noone.
-Para confirmar su muerte, Guttu querrá su cabeza. Los herederos de Ritinki se conformarán con los brazos para las huellas dactilares y patrones de los poros. Esas piernas servirán de alimento a mi nashtah. Su torso... bueno, eso probablemente quedará vaporizado con el primer disparo de mi Kell Mark II. Lo siento muchísimo, Sr. Noone, pero solo los mejores ejemplares se mantienen intactos para mi sala de trofeos.
El tiempo se acaba, pensó Noone. Si voy a hacer algún movimiento, tiene que ser ahora.
-¡Rutt! -gritó Noone, señalando con el dedo a Viveca-. ¡Mátalo!
Todavía bajo la influencia de la pistola de mando, el criado houk se abalanzó sobre su amo con un rugido salvaje; al mismo tiempo, Noone saltó sobre un diván y se precipitó hacia el expositor de pared de las armas de época. Con una flexible agilidad que desmentía su corpulencia, Viveca dio un paso apartándose del camino de Rutt, permitiendo que el ligero movimiento añadiera impulso al giro repentino de la parte superior de su cuerpo y a la fuerza de sus largos brazos al golpear. Con un gruñido, golpeó con la culata del rifle hapano justo en el nodo nervioso en la base del cráneo de Rutt. El enorme houk se desplomó como un húmedo saco de forraje de bantha.
Noone llegó al expositor, se apoderó de algo parecido a una ballesta, y se volvió para apuntar a Viveca. Entonces se dio cuenta de dos cosas: El krish ya lo tenía cubierto, y la ballesta no estaba cargada.
-Tal vez esto sea agradable después de todo -dijo Viveca con una sonrisa-. Le sugiero que empiece a correr.

***

Empapada en sudor, Kels desapareció en la sombra del yate de lujo formidablemente armado atracado en la Plataforma de Atraque P13. Cuando robaron la nave a un gánster, se la conocía como el Viento Asaari. En el mes que había transcurrido desde entonces, había pasado rápidamente por los nombres de Jeroglífico, Cazacolas y Sueño de Voona II. Actualmente el transpondedor lo identificaba como el yate de recreo Forma Espiral.
Kels subió a toda prisa por la rampa de entrada y dejó caer una mochila de su hombro. Una mirada a las nubes hinchadas le aseguró que otra ducha era inminente, y pulsó rápidamente el código clave del día en el control de la cerradura de la compuerta de acceso. La cerradura se quedó pensando un momento, aceptó los nuevos números, y abrió el portal con un gemido hidráulico.
Una ola de aire frío y seco bañó su rostro al entrar, pero hizo una mueca ante un olor tenaz que recordaba a queso de cabra medio podrido. A pesar de varios días de reciclaje de oxígeno, habían sido incapaces de eliminar los últimos restos de la peculiar atmósfera de Kothlis del suministro de aire de la cabina principal. Kels se acercó a la pared del fondo y activó a plena potencia los ventiladores.
Sonax levantó la vista de su lugar en la estación técnica.
-¿Por qué hasss tardado tanto? -dijo entre dientes por encima del rugido de los ventiladores. Era una sluissi y poseía una sinuosa cola serpentina en lugar de piernas. Su diadema cyborg BioTech AY6 también la convertía en una pirata informática competente-. ¿Y dónde essstá Dawssson?
-Yo también me alegro de verte, solete -bromeó Kels, dejándose caer en un asiento de aceleración-. Oye, ¿tienes algún otro estado, además de “irritada y molesta”?
-Mira quién habla -murmuró Sonax mientras se deslizaba hacia la pared y volvía a poner la velocidad de los ventiladores en su configuración original-. Tenemosss un problema.
La escotilla zumbó al abrirse una vez más y Dawson caminó hacia la cabina, jadeando.
-¡Aj! -exclamó mientras olfateaba el aire con su nariz negra y húmeda-. ¿Aún no nos hemos deshecho de eso?
-¿Por qué te has retrasado? -preguntó Kels-. Creía que estabas justo detrás de mí.
Dawson hizo una pausa.
-Cogí una bolsa de pajitas maraffa. -Buscó a tientas a través de una bolsa de lona y sacó un montón de palitos envasados en una bolsa de papel manchada de aceite-. ¿Ves? -declaró, sosteniendo el paquete blanco para que lo inspeccionase. Soltó una de las finas pajitas mientras cruzaba la habitación y subía los ventiladores al máximo. Sonax levantó ambas manos con irritación.
-Essscuchad, losss dosss –anunció-. Noone debía haber contactado hace treinta minutosss. Sssegún mi receptor, sssu comunicador no sssólo essstá inactivo; ha sssido dessstruido.
-¿Destruido? -repitió Kels, alarmada.
-Asssí esss. Aunque no creo que esssté muerto. Estoy monitorizando las emisssionesss electromagnéticasss de la finca. Viveca ha activado sssusss cotosss de caza y ha colocado lasss defensssasss perimetralesss en modo de essspera. Sssossspecho que el trato sssalió mal y Noone tomó la pobre decisssión de essscapar a pie. Sssi sssigue vivo, no ssserá por mucho tiempo.
Kels maldijo.
-Qué estúpido. Andando por el bosque con un famoso cazador tratando de derribarle. Será mejor que Noone aún tenga la pistola, o no valdrá la pena intentar un rescate.
Dawson, apoyado contra el mamparo, parecía estar sumido en sus pensamientos.
-Esto es lo que debemos hacer -sugirió, mordiendo la punta de la pajita maraffa con sus largos incisivos y succionando una porción de la pegajosa savia naranja-. Activar las armas y colocar la nave en altura, estacionando justo sobre la mansión...
-Negativo -interrumpió Sonax-. Viveca esss un paranoico. Lasss “defensssasss perimetralesss” que he mencionado ssse componen de dosss turbolasssersss automatizadosss y un essscudo de energía miniaturizado. Sssi hacemosss algo, tiene que ssser sssigilossso.
Kels cerró los ojos y suspiró con los dientes apretados.
-Bueno, eso es lo que mejor sabemos hacer los ladrones.

***

Noone atravesó una maraña de zarzas, con las ramas húmedas golpeándole la cara. Una empinada cuesta se alzaba entre los helechos; juzgó mal el equilibrio y se deslizó hasta la mitad de la orilla fangosa antes de frenar su caída contra el grueso tronco de un árbol arboray. Sacudido, descansó por un momento, respirando agitadamente, con la cabeza entre las rodillas.
La propiedad de Viveca estaba dividida en zonas de terreno diferenciadas. Al salir de la finca Noone había atravesado un tramo interminable de pastizales antes de alcanzar la relativa cobertura de este bosque caducifolio. Su camino hasta ahora era aproximadamente una línea recta desde la mansión hasta el borde más cercano de los cotos de caza, una longitud que había estudiado en un mapa público la noche anterior y estimaba en quince kilómetros.
Estaba garantizado que la distancia más corta sería la distancia más peligrosa, y sin duda sería el primer lugar donde Viveca iría a buscarlo. Pero Noone sabía cuándo estaba jugando con cartas marcadas. No iba a jugar al escondite en el propio terreno del enemigo, y además, si el krish estaba de camino...
Tal vez podría barajar sus propias cartas.
Noone no había mentido antes en la sala de juego; había visto esta situación antes, en innumerables variaciones desde holofilmes baratos hasta dramas rodianos bellamente operísticos. Y en todas las versiones, se tranquilizó, el perseguido conseguía volver las tornas contra su perseguidor.
Bueno, recordó Noone tragando saliva, en las obras rodianas no...
Sabía exactamente lo que tenía que hacer. Puede que Viveca poseyera los mejores y más grandes blasters que el dinero podía comprar, pero Noone apostaba a que esas tonterías de "avezado rastreador" habían sido mitad farol y mitad bravuconería. De hecho, pensó riéndose entre dientes, cuando las cartas estuvieran mal dadas, el Krish probablemente tendría las habilidades de supervivencia de un excursionista adolescente. Con renovada confianza, Noone sacó su multiherramienta -el único elemento útil que le quedaba - y dobló la firme rama verde de un árbol, probando su elasticidad y tensión.
Nunca he hecho esto antes, pero no puede ser tan difícil, ¿verdad? Buscó entre la maleza aplastada alguna rama caída y desenterró un sólido nudo de madera dura, muerto pero no podrido. Pulsando el interruptor que activaba el vibro-borde en la hoja principal de la multiherramienta, dividió el nudo en seis pedazos de aproximadamente el mismo tamaño. Tomando el primer segmento, le talló una punta afilada.
La multiherramienta hizo brevemente la tarea en cuestión, y Noone comenzó a atar cada pincho al extremo de la rama con fibrosos tallos de hierba cordel. ¡Ingenuo, me dijo! Voy a meterle seis trozos de ingenuidad afilada en su gordo gaznate.
La pendiente embarrada sería perfecta; Viveca estaría mirando sus pies y no se daría cuenta de la trampa hasta que fuera demasiado tarde. Noone aseguró el último pincho con un doble nudo. Inspeccionando la zona con un suspiro de satisfacción, enrolló un trozo de hierba cordel alrededor de su brazo derecho, agarró la rama de un árbol tachonada de pinchos, y la dobló apartándola de la colina en un ángulo de casi noventa grados. Sujetando la temblorosa rama con la mano izquierda, trató de hacer que la hierba cordel cayera de su bíceps y fracasó. Cambiando de táctica, agarró la corteza áspera con su mano derecha, cogió la cuerda con la izquierda... y fue derribado de espaldas cuando la rama pegó un latigazo hacia adelante, rebotó sobre su hombro, y desapareció detrás de él con un grito de aire desgarrado.
Tendido en el terraplén, Noone parpadeó mirando estúpidamente el cielo gris moteado. Esto no es bueno. Luchando por sentarse, miró atrás para descubrir que la rama estaba rota, colgando lánguidamente de unas pocas fibras retorcidas. Tres de los seis pinchos habían desaparecido. ¡Maldita sea! ¡No tengo tiempo para hacer otra!
Entonces notó la sangre.
Los tres pinchos que faltaban no habían ido muy lejos en absoluto; estaban firmemente clavados en su hombro izquierdo. Esto, pensó Noone, apretando los dientes, esto es mucho peor. Con un grito de agonía audible a través de sus labios cerrados, se arrancó las púas y se puso en pie tambaleándose débilmente. Muy bien, leñador principante, acabas de desperdiciar tu única oportunidad. Apretando su mano derecha sobre la herida para detener el oscuro flujo, Noone corrió hacia los árboles cada vez más frondosos.

***

¡BRZZZZZT! Kels golpeó su comunicador contra el marco de metal duro de la tableta de datos con igual cantidad de frustración y desesperación.
-Inténtalo de nuevo, Sonax.
A través del silbido y el chisporroteo de su sistema de captación de audio estropeado llegó una débil voz lejana:
-Sssí, ahora misssmo...
Kels frunció los labios.
-Ahora sería un buen momento para evitar las palabras sibilantes. Casi no puedo distinguir tus palabras de la estática. ¡Dawson! -llamó por encima del hombro-. Ponlo en marcha, ¿quieres?
El tynnan trotó para unirse a ella, con dos abultados bolsos de lona colgados al cuello y un bláster de bolsillo atado a su pierna. Kels había insistido en que llevara un arma para su incursión en el terreno de Viveca, a pesar de que la maestría de Dawson con artefactos mortíferos se limitaba a explosivos que contuvieran compuestos químicos impronunciables.
La bota de Kels se hundió en un charco de barro poco profundo y tiró para liberarla con un gorgoteo de succión húmeda. Habían elegido el tramo más corto del terreno -quince klicks desde el borde hasta la mansión- pero la zona exterior era un terreno empapado, salobre, de pantanos apestosos y pútridos. Su mano abrió un camino a través de una barricada de telaraña tendida entre dos árboles raquíticos y una oscura sombra se escurrió fuera de la vista. Las aguas estancadas estaban infestadas de arañas peludas y grises del tamaño de su mano. Esperaba que no fueran venenosas.
Kels echó un vistazo a la pantalla de su cuaderno de datos; aún estaba en blanco.
-Sonax -gritó por el comunicador-, ¿cuándo tendremos ubicación?
-Essstoy trabajando en ello -fue la distante respuesta-. Viveca posssee un sssistema de entrenamiento HT rodiano; tiene ssseisss dronesss repulsssoresss controladosss independientemente que ssse utilizan como objetivosss en ejerciciosss de ssseguimiento. Lesss ha ordenado dar caza a Noone y asssegurarssse de que permanece en el terreno de juego.
-¿Alguna buena noticia?
-Creo que puedo piratear el canal de datosss de losss dronesss. Cuando sssepan dónde essstá Noone, yo sssabré dónde essstá, lo que sssignifica que vosssotrosss sssabréisss dónde essstá.
-Estupendo -comentó Kels-. Avísanos cuando saques algo en claro. –Apagó el comunicador-. Dawson, ¿crees que podrías...?
-LOS AUGURIOS SON VAGOS, PREGUNTA DE NUEVO MÁS TARDE.
En cuestión de un segundo, Kels había desenfundado su arma y se había agachado en posición de lucha, sosteniendo el arma firmemente hacia el origen de la voz desconocida. Un instante después bajó el brazo, se puso de pie, y explotó.
-¿Qué galaxias crees que estás haciendo? ¡Podía haber abierto un cráter llameante en esa minúscula mota de polvo que tienes por cerebro!
Dawson asomó la cabeza desde detrás del Quay, que había colocado delante de él a modo de ineficaz escudo.
-Hey, ten cuidado con ese gatillo fácil -gritó él con ira nacida del miedo-. ¡Sólo estaba jugando con esto!
Kels enfundó su bláster con un gruñido.
-Ahora ya sabes por qué tiré esa cosa en el mercado. No me digas que has comprado otro.
Dawson negó con la cabeza.
-Es el mismo Quay –dijo con un bufido, acariciándose el pelaje erizado-. Se lo cambié a la squib por tres detonadores y un huso de cobre.
-Y podrías haberlo robado a cambio de nada -replicó ella-. Tienes que aprender el valor de los créditos si quieres prosperar en este negocio.
El comunicador zumbó.
-Esa es Sonax. Aparta esa cosa de mi vista si no quieres tener que pescarla en el pantano.
Encendió el altavoz y atrapó a Sonax en mitad de una frase.
-...entrado en losss datosss visssualesss de un dron. Esss sssólo un enlace passsivo. No puedo influir en la trayectoria de vuelo del dron. En essspera.
Kels silbó con sorpresa.
-No está mal. Mantengamos esta posición. Parece que puede que tengamos suerte y nos ahorremos una caminata inútil.
El burbujeo intermitente del lodo empapado pareció hacerse más fuerte en el repentino silencio. Algunas de las arañas de agua más grandes se acercaron más, con las anchas almohadillas de sus patas apoyando su peso sobre la sucia capa superficial del pantano. Kels dio una patada para salpicarles y se dispersaron en las enredadas sombras bajo las oscuras raíces de los árboles. Dawson golpeó rítmicamente sus cortas uñas contra el corchete del metal de la correa de su mochila y se quedó mirando con aire ausente la niebla vaporosa. Después de varios minutos que pasaron sin incidentes, el crujido brusco del comunicador al activarse les hizo sobresaltarse a ambos.
-Kelsss...
-Estoy aquí. ¿Qué tienes?
-El dron ha captado dosss objetivosss, un humano y un alienígena, y ssse essstá dirigiendo a sssu encuentro.
-Un humano y un alienígena -repitió Kels, mirando esperanzada a Dawson-. Deben de ser Noone y el krish. ¿Dónde están?
-No pueden essstar muy lejosss de vuessstra posssición actual. El dron essstá acelerando y activando su blassster. Actualmente ssse encuentra a menosss de tressscientosss metrosss al nordessste.
-¿Trescientos? -dijo Dawson, sorprendido-. Vaya, eso es prácticamente nada. Podemos estar allí en un instante.
-Essspera... ssson dossscientosss. -Kels y Dawson se miraron, desconcertados-. O menosss de dossscientosss -continuó Sonax-. Másss bien ciento cincuenta. No, essspera. Mejor ciento veinte. Noventa. Sssessenta. Treinta. Oh, maldita sssea...
El dron HT con forma de bala apareció en el claro en medio de una lluvia de hojas sueltas, disparando locamente mientras realizaba su pasada inicial. Kels se lanzó instintivamente de cabeza al barro, desenfundó el desintegrador mientras caía y logró realizar algunos disparos en dirección al asesino plateado, todos los cuales fallaron por mucho. La furiosa lluvia de energía escarlata del dron se concentró en Dawson. Varios disparos impactaron en una de las bolsas que colgaban sobre su pecho, quemando tres agujeros oscuros en la tela y haciendo que el tynnan saliera deslizándose por el agua y chocara contra un tronco podrido del pantano con un húmedo crujido. El dron continuó su vuelo por el claro, desapareciendo por la niebla en el extremo opuesto.
Kels, boca abajo en el lodo, todavía podía oír el zumbido de su elevador de repulsión compacto mientras se ponía en cuclillas. El sonido se desvaneció, pero chilló de pronto cuando el motor de gran potencia se activó de nuevo para la segunda pasada. Kels echó un rápido vistazo a Dawson -no se movía- y alzó su bláster para apuntar cuando la máquina apareció de nuevo a la vista. El dron escupió dardos rojos hacia su posición y ella apretó el gatillo. Su arma jadeó y escupió una masa de arcilla pastosa.
Gritando de frustración, Kels se impulsó con ambos pies con fuerza frenética, lanzándose hacia atrás cuando una andanada de disparos crepitaba en la oscuridad acuosa donde había estado agazapada un momento antes. Preparó su brazo para lanzar su bláster inútil al cazador que se aproximaba, sabiendo que con eso apenas conseguiría poco más de un segundo adicional.
Un disparo inesperado estalló desde un lado, pasando ardiente más allá de su oreja. Dawson estaba de pie vacilante sobre ambos pies, agarrando su pistola bláster con ambas patas y descargando una lluvia descuidada de disparos que no estaban ni siquiera cerca de su objetivo. El dron hizo algunas sencillas piruetas en su vuelo, girando en un apretado barril y evitó fácilmente la torpe amenaza. Una vez más, su rumbo lo llevó al borde del claro y desapareció detrás de la cortina gris.
Dawson parpadeó frenéticamente en un vano intento de despejar la cabeza. El pecho le ardía con dolor punzante al tratar de respirar entrecortadamente. Inclinando sus oídos -porque su traicionera visión parecía estar ofreciéndole una imagen doble de todo- Dawson sostuvo temblorosamente el bláster apuntando al punto aproximado donde calculaba que reaparecería el dron HT. El arma era mucho más pesada de lo que recordaba, y además parecía ofrecer más retroceso. Desplegó su gruesa cola detrás de él para tener más apoyo.
Una vez más el dron atravesó la línea de árboles, en un ángulo más alto esta vez, no en absoluto donde Dawson estaba apuntando. Sin embargo, el disparo que efectuó presa del pánico salió tan terriblemente desviado que casi golpeó la carcasa duracero del droide por pura suerte perversa. La unidad rastreadora descendió en picado para evadir el disparo, lanzando sus propios disparos mientras Dawson seguía haciendo fuego torpemente en dirección al destructor. Si hubiera estado equipado con un vocalizador, el dron habría emitido un bufido de desprecio mientras se lanzaba en un ágil zigzag y se alineaba para realizar un disparo que agujerearía la cuenca del ojo izquierdo del tynnan. Su impulsor de maniobra de estribor siseó cuando el droide se inclinó para asestar el golpe fatal.
Con un grito inarticulado, Kels blandió su bastón improvisado como si fuera un mazo de smashball. La nariz tachonada de sensores del droide impactó contra la superficie más plana de la rama nudosa con una fuerza de 20 kilogramos por centímetro cuadrado. Con un grito de agonía electrónica audible incluso por encima del resonante CLANG de metal destrozado, el dron HT salió despedido por donde había llegado en un grácil arco de diez metros. La débil salpicadura pareció bastante vulgar en comparación.
Jadeando, Kels se acercó a Dawson, tomó el bláster de entre sus dedos sin que él protestase, y se acercó al lugar donde el droide plateado yacía retorciéndose en el cieno. Sus servos gemían mientras agitaba como un loco sus extremidades, en un intento de enderezarse. Kels ajustó la potencia del bláster, apuntó con seguridad a su objetivo, y disparó a quemarropa al dron convirtiéndolo en metralla.
Se volvió para mirar a su compañero.
-De nada, por cierto –consiguió decir, jadeando-. ¿Has sufrido algún daño?
Dawson asomó la cabeza dentro de su mochila recién perforada y dejó escapar un grito de horror.
-¡Oh, Parcas! ¡Esto es horrible!
-No me refería a la bolsa, me refería a ti. Creía que el dron te había abatido sin remedio. -Se acercó a Dawson y metió la mano detrás de la destrozada bolsa que le colgaba al cuello, recorriendo cuidadosamente el pelaje de su pecho con los dedos. El tynnan trinó de dolor y sacó la cara de la bolsa.
-¡Con cuidado!
Kels asintió.
-Costillas magulladas. Supongo que estas dos inferiores están rotas. Tienes quemaduras en el pelaje aquí, aquí, y aquí. Si no fuera por esa bolsa, estarías respirando por agujeros en la caja torácica.
-¡Pero mira! -se lamentó Dawson, sosteniendo el saco-. ¡Un rayo ha fundido el temporizador computerizado, y otro ha destrozado el ionizador! ¡Eran todos mis disparadores y detonadores, y ahora tienen los circuitos fritos!
-¿Esos son todos tus detonadores? ¿Qué hay en la otra bolsa?
-Masilla, gel de termita, detonita moldeada, baradio crudo, unos viales de nergón, todos los explosivos. ¡Pero no puedo hacerlos estallar sin un disparador electrónico!
Kels resopló mientras ella abría un botiquín de campo y retiraba el papel protector de una tira de sintocarne.
-Entonces ya no sirves de mucho, ¿verdad? Quizás si aparece otro dron HT puedas meterlo en ese saco, atar el extremo, y traerlo de vuelta a la nave como mascota.
Le entregó la sintocarne a Dawson, quien la tomó de mala gana. Ambos ladrones se dirigieron de nuevo a las profundidades de la ciénaga para continuar su misión de búsqueda y rescate.
-Dawson... Por casualidad, ¿esos disparos de láser han roto el Grande y Poderoso Quay?
-Nop. Está en la otra bolsa.
-Maldición.