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viernes, 3 de octubre de 2014

Una disculpa

Una disculpa
Timothy Zahn

Ha habido demasiada sangre. Demasiada muerte. Demasiada destrucción.
Ha llegado la hora de aclarar las cosas.
Se suponía que las cosas no debían ser así. Se suponía que yo sería la respuesta a todo el caos que recorría la Nueva República. Parte de la solución, no parte del problema. Ciertamente, no uno de los principales perpetradores.
Pero ya sabéis lo que se dice sobre los mejores planes de ranats y hombres.
Comenzó a la perfección. Fui elegido por el gran almirante Thrawn para ser el nuevo heredero del liderazgo rebelde y de la nueva Orden Jedi que sabía que se alzaría a mis manos. El enfrentamiento en el Monte Tantiss transcurrió sin complicaciones, con todo el ruido y el humo y la confusión enmascarando el hecho de que esa loca de Jade atravesaba al tipo equivocado.
O tal vez atravesó al tipo adecuado. Al fin y al cabo, eso era lo que se le había ordenado hacer.
En cualquier caso, ese fue el fin de Luke Skywalker, héroe de la rebelión. Cuando Han y Leia y los demás escaparon a toda prisa de allí, fui yo el que marchó con ellos.
Todo fue bien por un tiempo. Thrawn me daba instrucciones y órdenes, y fui capaz de manejar las cosas razonablemente bien.
Desde luego, había que hacer algunos ajustes. Mi gusto culinario no siempre encajaba con el de Skywalker. El chocolate caliente era lo peor. Podía tragarlo si la situación lo requería, pero siempre me parecía antinatural. Pero eso eran molestias menores, y las pasé por alto.
Y como he dicho, el juego comenzó bien. Pero, lentamente, pude ver que las cosas comenzaban a torcerse. La Academia Jedi, por ejemplo. La mitad del tiempo no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Tal vez el auténtico Luke tampoco la tuviera. Pero no era él quien estaba en escena. Era yo. Corran Horn ayudó un poco, pero me daba la impresión de que él iba improvisando sobre la marcha casi tanto como yo.
Exar Kun lo sabía, por supuesto. Se reía a carcajadas sobre ello cuando estábamos a solas. Pero al final lo superamos.
Thrawn realmente quería que obtuviera una muestra para poder crear su propio Exaar Kun. Parecía bastante molesto por el hecho de que, sin un cuerpo, yo no podía hacer eso. También se molestó por Callista, por el mismo motivo.
Se calmó, sin embargo, gracias a las muestras que le conseguí del Príncipe Xizor y Durga el Hutt. Aún disfruta jugando al holoajedrez con Xiizor, aunque el falleen protesta mucho al no permitírsele volver al Sol Negro. Lo que no sé es por qué Thrawn mantiene con vida a Duurga. Pero bueno, hay un pantano detrás del palacio del rey, y los hutts tienden a mantener a raya la población de ranas.
La vida siguió. Se superó la crisis de la Flota Negra, y el asunto del Documento de Caamas, y una buena cantidad de problemas más.
Pero estaba comenzando a notarse la presión. Yo comenzaba a estar demasiado viejo para todo esto, e incluso el gran almirante comenzaba a preguntarse en voz alta si necesitaba reemplazarme por un nuevo modelo. Yo pensaba que tal vez esa no sería una mala idea, cuando de pronto un nuevo horrible pensamiento llegó a mi mente.
El objetivo ya no era la paz y la justicia en la galaxia. Ese había sido mi objetivo, pero no el de Thrawn. Tal vez nunca lo hubiera sido.
Su objetivo se había convertido en reunir un juego completo de clones.
No tengo ni idea de dónde había salido esa locura. Tal vez para entonces ya no fuera Thrawn quien manejaba los hilos. Tal vez ya había sido reemplazado por un clon Thraawn. Tal vez a esas alturas ya estuviéramos hablando de Thraaawn; la galaxia había sido bastante dura con los grandes almirantes todos esos años.
Me di cuenta por primera vez cuando llegaron los vong y arrojaron esa luna sobre Chewbacca. Thrawn (tal vez Thraawn. Quien sea.) ya tenía un Chewbaaca clonado y en marcha prácticamente antes de que se asentara el polvo.
Solía emparejarlo con Duurga para que se retaran haciendo pulsos. Pero después de que Chewbaaca arrancara uno de los brazos de Duurga, detuvo esos enfrentamientos. Desde entonces, no ha dejado que Chewbaaca se acerque para nada a Duuurga.
Eso ya fue bastante malo. Pero entonces, Thraawn (Thraaawn. Quien sea.) fue incluso más lejos. Comenzó a hacer sus clones, pero entonces los sustituía por la gente antes de que murieran, raptando a los originales y llevándolos a vivir a su fortaleza secreta en el sistema Patagonia.
Hablo en serio. Comenzó sustituyendo a Anakin por Anaakin. Cuando se salió con la suya en eso, continuó con Maara, luego Jaacen (por cierto, lamentamos realmente lo de Jaacen), liego Gilaad Pellaeon, y literalmente decenas de personas más. Incluso ahora, hay clones deambulando por todas partes, en ambos bandos de la guerra que esté teniendo lugar en este momento, sea cual sea. (Después de todo lo que he pasado, he comenzado a perder la cuenta.) Nataasi Daala es un clon, Jaagged Fell es un clon, y estoy bastante seguro de que al menos Jaina está en la lista de tareas pendientes de Thraaaawn.
Algunas personas toman tantos riesgos con sus vidas que ya se encuentran en su tercer o cuarto clon. He perdido la cuenta de si es Boooba Fett o Booooba Fett quien está dentro de esa armadura mandaloriana. (La armadura también esté probablemente en su segunda o tercera generación. Disparan a Fett muy a menudo.)
Los únicos que estoy absolutamente seguro de que siguen siendo los originales son Han y Leia. Creo.
Ha sido un camino muy, muy largo. Y yo, por mi parte, estoy deseando terminar mi papel en él. Luuuke ya está en su lugar, así que si deseáis interpretar este mensaje simplemente como los desvaríos trastornados de un viejo hechicero loco, lo entenderé.
Pero, me creáis o no, por favor creed que lamento profundamente mi papel en esta pesadilla de coleccionista en la que todos os habéis visto envueltos.
Ahora parto hacia Patagonia, al palacio del antiguo pirata Roberts, y no volveré a regresar jamás.
Adiós, y que la Faarsa os acompañe.
-Luuke Skywalker

viernes, 1 de agosto de 2014

Crisis de fe (y XVII)


El único altavoz restante estaba a menos de doscientos metros de los juggernauts detenidos y los tres mil quinientos Soldados que se encontraban rígidos junto a ellos. Fel los observó con cautela mientras mantenía su TIE flotando a la defensiva sobre la plataforma de apoyo, preguntándose si decidirían que debían tomar algún tipo de acción contra la lanzadera, desde la que en ese momento un par de técnicos descendían a la plataforma junto al conjunto de altavoces.
Pero no hicieron nada. Se les había ordenado atacar a los juggernauts, habían hecho eso, y ahora estaban esperando más instrucciones.
-Paciencia –murmuró Fel.
Hubo movimiento junto a la escotilla destrozada de uno de los juggernauts, y dos de los Elegidos de Nuso Esva salieron al exterior, con sus ojos amarillos brillando bajo la luz del sol. Uno de ellos señaló a Fel, y alzaron sus blásters.
Fel acabó con ambos de un solo disparo. Una vez más, los Soldados quesoth no hicieron nada.
Fel echo un rápido vistazo a las escotillas del resto de los juggernauts, y luego realizó otro escaneo de la zona para asegurarse de que no había más de los Elegidos supervivientes lanzándose al ataque. Tal y como Thrawn había ordenado, había dejado intacto este altavoz en concreto, limitándose a cortar los cables de control, energía y comunicaciones que llegaban a él. Eso significaba que los técnicos no sólo tendrían que instalar el mensaje especial en Lenguaje de los Soldados que Thrawn había preparado, sino que también tendrían que derivar energía desde los generadores de la lanzadera.
Con las tropas de as alto de Sanjin luchando todavía por sobrevivir contra su propia masa de Soldados, Fel esperó que los técnicos se dieran prisa.
A dos calles de distancia, otros dos Elegidos más se acercaban con cautela. Fel hizo girar su TIE unos grados en esa dirección y esperó a que salieran al descubierto.
Y entonces, se pronto, los altavoces cobraron vida tras él, llenando el aire con un volumen e intensidad que podía sentir a través de la parte inferior del casco de su TIE mientras el mensaje de Thrawn sonaba atronador por esa parte de la ciudad. El mensaje acabó y comenzó a repetirse.
Por un momento no ocurrió nada. Fel contuvo el aliento...
Y entonces, todos a una, los Soldados junto a los juggernauts comenzaron a moverse. Fluyendo sobre el terreno, más parecidos a un fluido oscuro que a un conjunto de seres individuales, ascendieron por la colina hacia el palacio.

***

Una vez más, los Soldados se habían abierto paso hacia las ventanas de la casa, y Sanjin y los soldados de asalto restantes se habían retirado a una de las habitaciones interiores para realizar su última resistencia, cuando Lhagva escuchó el débil sonido de los altavoces por encima del ruido de los disparos bláster y los golpes de mazas y espadas. Frunció el ceño, sorprendido ante el extraño mensaje... Y entonces, sin una sola palabra, los Soldados bajaron las armas. Dándose la vuelta, se marcharon rápidamente a través de las puertas y los agujeros que habían abierto a golpes en los muros, dirigiéndose a la ciudad.
Dejando a los soldados de asalto jadeando en medio de una habitación vacía.
Sanjin fue el primero en encontrar su voz.
-¿Qué demonios ha sido eso? –preguntó.
Con un esfuerzo, Lhagva consiguió llevar algo de humedad a su boca seca por el combate.
-¿No ha escuchado el altavoz, verdad?
-No, creo que una maza me estaba martilleando en ese momento –dijo Sanjin, frotándose cuidadosamente y en vano el costado de su casco-. Estas cosas no bloquean ese tipo de golpe ni la mitad de bien de lo que me gustaría. ¿Qué ha pasado? ¿Se ha rendido la Reina?
-No lo creo –dijo Lhagva-. Parecía algo preparado por Thrawn.
-Creía que no se podía falsificar el Lenguaje de los Soldados –dijo uno de los otros mientras se arrodillaba junto a un soldado de asalto caído, con su botiquín de campaña en la mano.
-No lo ha hecho –dijo Lhagva-. Parecía ser simplemente una grabación sin editar, obtenida directamente de boca de la Reina.
-¿Y qué decía? –preguntó Sanjin.
-Cruzad las puertas de la Morada –tradujo Lhagva -. Rodead y proteged a los Huéspedes.
-¿Pero eso no es una orden para que los Soldados protejan a Nuso Esva? –protestó uno de los soldados de asalto-. ¿Cómo nos va a ayudar eso?
-Porque –dijo Sanjin, y Lhagva pudo imaginarse la sonrisa oculta por su casco- Nuso Esva lo ignora.

***

Nuso Esva todavía estaba apuntando con su arma a la Reina cuando uno de los otros cabello tormentoso dijo algo en su extraño lenguaje. Nuso Esva ladró algo en respuesta y dio un paso adelante.
-¿Qué les ha dicho? –preguntó-. ¿Qué órdenes ha dado a sus Soldados?
-No he dado ninguna orden –dijo la Reina-. No puedo dar ninguna...
-¡No me mienta! –bramó Nuso Esva, dando otro paso adelante-. Se ha dado una orden. Usted es la única que puede dar tales órdenes. –Dio otro paso hacia ella-. Y ahora todos están viniendo hacia aquí –continuó, bajando súbitamente el tono de su voz-. ¿Por qué están viniendo, Reina de los Rojos?
-No lo sé –dijo la Reina-. Cando lleguen, les preguntaré.
Nuso Esva soltó un bufido.
-No. No lo hará.
Abruptamente, su arma escupió un destello de fuego, y la Reina se desplomó hacia delante sin emitir ningún sonido.
Muerta.
Trevik se quedó boquiabierto, con el cuerpo tenso mientras miraba incrédulo y horrorizado la figura sin vida de la Reina. Ese no era el modo en que morían las Reinas de Quethold. Ese nunca había sido el modo en el que morían las Reinas. Tenuemente, a través del zumbido de la sangre que cruzaba rugiendo sus oídos y su cerebro, escuchó el sonido de más fuego bláster.
-Tú. Traidor.
Trevik giró su rostro. Nuso Esva le estaba mirando, con su arma apuntando directamente al rostro de Trevik.
Y sólo entonces se dio cuenta de que había cuerpos de quesoth muertos por todo su alrededor. Los Obreros, Borosiv de los Circúleos de los Primeros de los Rojos... todos ellos estaban muertos.
Todos ellos habían sido asesinados.
-Vas a llevar a Thrawn un mensaje de mi parte –dijo Nuso Esva, con voz lúgubre y desafiante.
Y pese a todo, bajo la determinación del señor de la guerra alienígena, de algún modo Trevik podía sentir un punto de amarga melancolía. Había cuatro mil Soldados avanzando hacia el palacio, y sabía que su propia muerte avanzaba con ellos.
-Dile a Thrawn que puede que piense que ha ganado –continuó Nuso Esva-. Pero con mi muerte, la suya no estará lejos. Mis seguidores siguen estando ahí fuera, y son mucho más numerosos de lo que jamás podría imaginar. No importa dónde vaya, no importa dónde trate de ocultarse, le encontrarán. Le dirás eso.
Con un esfuerzo supremo, Trevik hizo que las palabras salieran de su boca.
-Se lo diré –prometió.
Por un instante, Nuso Esva se quedó inmóvil. Luego, finalmente, bajó su arma.
-Ve –ordenó.
Trevik estaba en el límite de los terrenos de palacio, abriéndose paso entre las líneas de los Soldados que llegaban, cuando los cabello tormentoso abrieron fuego detrás de él.
Había llegado junto al grupo de humanos con armaduras blancas que aguardaba, cuando los disparos de los cabello tormentoso llegaron a un abrupto final.

***

Parck levantó la mirada del informe.
-Así que se acabó –dijo.
-Se acabó –confirmó Thrawn-. Uno de los cuerpos de la Morada de los Huéspedes ha sido definitivamente identificado como el suyo.
Parck asintió, sintiendo que un extraño cansancio le invadía. Después de diez años de combate esporádico, huidas por los pelos, y victorias improbables por las Regiones Desconocidas, el señor de la guerra finalmente estaba muerto por fin.
-¿Y ahora qué? –preguntó, dejando a un lado la tableta de datos.
Thrawn se encogió ligeramente de hombros.
-Hay poco que podamos hacer por los quesoth salvo ayudar en la reparación de los daños a la Ciudad Roja –dijo-. Pero seguramente les irá bien. Históricamente, ha habido varios casos en los que las Reinas han muerto prematuramente. A veces eso induce que la siguiente Reina se despierte antes de lo previsto; a veces la ciudad afectada tiene que arreglárselas por sí sola hasta que llega el momento habitual del alzamiento. Pero sean cuales sean los esfuerzos que la Ciudad Roja deba soportar en adelante, el pueblo de Quethold sobrevivirá. Eso es lo importante.
-Sí –convino Parck con un escalofrío. Especialmente teniendo en cuenta lo que ese Midli, Trevik les había contado acerca de los planes de Nuso Esva para el planeta. Podía haberlo destruido todo, e incluso haber quedado libre para expandir más de su veneno por las Regiones Desconocidas.
Pero no lo había hecho. Estaba muerto, y realmente se había acabado.
-En realidad, Almirante, estaba preguntándome a dónde íbamos a ir ahora –dijo.
-Usted y el Amonestador se dirigirán de vuelta al Triángulo del Caos para comenzar a limpiar el legado que Nuso Esva ha dejado atrás –dijo Thrawn-. En cuanto a mí, ahora finalmente puedo dirigir mi atención a un problema aún más apremiante que Nuso Esva. Como por ejemplo la restauración del Imperio.
Parck hizo una mueca. Thrawn sólo había regresado ocasionalmente al espacio imperial desde la muerte de Palpatine. Esos viajes habitualmente habían sido breves, siempre envueltos en secretismo, e invariablemente habían dejado al gran almirante frustrado por el creciente desorden que allí reinaba. Entre la incompetencia de sus propios líderes y la firme presión militar de la Nueva República, el Imperio había encogido a apenas una cuarta parte del tamaño que había alcanzado bajo el gobierno de Palpatine.
-Puede que tenga problemas para convencerles de que acepten su ayuda –advirtió-. Algunas de sus experiencias recientes con grandes almirantes no han sido demasiado positivas.
-Hay una persona con la que puedo contactar –le aseguró Thrawn-. El capitán Gilad Pellaeon, actualmente al mando del SDI Quimera. Ya he trabajado con él antes, cuando Nuso Esva realizó su única incursión en espacio imperial.
-Sí, lo recuerdo –dijo Parck seriamente-. Sector Candoras. También recuerdo que fue poco después de eso cuando Nuso Esva lanzó la campaña de Braccio y casi terminó destruyendo media docena de especies.
-Sus recuerdos son correctos –dijo Thrawn, frunciendo ligeramente el ceño-. ¿Qué quiere decir con eso?
-Que Nuso Esva era un hijo de gusano espacial vengativo –dijo Parck-. No espero que sus seguidores lo sean menos. Puede que no sea un buen momento para que usted regrese a la política imperial.
Thrawn meneó la cabeza.
-No se preocupe, capitán. Los posibles seguidores que Nuso Esva haya dejado son pocos y dispersos. Sin su liderazgo, se escabullirán de vuelta a las sombras a las que pertenecen.
-Tal vez –dijo Parck-. Pese a todo, puede que no sea mala idea que tome algunas precauciones adicionales ahí fuera.
-Su preocupación es conmovedora –dijo Thrawn-. Pero le repito que no tiene por qué preocuparse. El capitán Pellaeon es un comandante competente, y ha hecho del Quimera una de las mejores naves de guerra de la flota.
-Lo que quería decir...
-Y también he tomado medidas para hacer que un guardaespaldas me acompañe cuando regrese al Imperio –continuó Thrawn-. Sea cual sea la venganza que Nuso Esva hubiera planeado, o que pensara haber planeado, nunca me alcanzará.
-Espero que no. –Parck respiró profundamente. Seguía sin gustarle la idea, pero era demasiado listo como para discutir con Thrawn cuando este había tomado una decisión-. Con su permiso, almirante, iré a comenzar los preparativos para contactar con el capitán Pellaeon y devolverle al Imperio. –Sonrió ligeramente-. A su Imperio.
-Gracias, capitán –dijo Thrawn en voz baja-. Y no muestre ese aspecto tan abatido. Esto no es sólo el fin de Nuso Esva. –Sonrió ligeramente-. También es el principio. El principio de la victoria.

miércoles, 30 de julio de 2014

Crisis de fe (XVI)



-Hay problemas –dijo la Reina.

Por unos instantes Nuso Esva la ignoró mientras continuaba farfullando en su hablalejos privado en su incomprensible lenguaje alienígena. Trevik se puso tenso, preguntándose qué diría o haría la Reina en este último insulto a su persona.

Pero permaneció recostada silenciosamente en su litera, esperando con escalofriante paciencia a que Nuso Esva terminara su otra conversación. La charla alienígena terminó, y Nuso Esva volvió a enganchar el hablalejos en su cinturón.

-Hay problemas –repitió la Reina.

-Nada de lo que no podamos ocuparnos –gruñó Nuso Esva, con un tono de voz que lindaba con la falta de educación-. Tan pronto como sus Soldados accedan a los juggernauts...

-Hay problemas –volvió a decir la Reina, con mucho más énfasis-. Naves enemigas vuelan libres sobre mi ciudad, destruyendo los hogares de Circúleos y Midlis. Usted dijo que no ocurriría. Dijo que no podría ocurrir.

Nuso Esva pareció recobrar la compostura.

-Cálmese, oh, Reina –dijo, algo más educadamente esta vez-. Puede que los cazas hayan logrado entrar en las zonas exteriores de la ciudad, pero hay otro borde en el conjunto de escudos más hacia el interior. Ese borde los mantendrá fuera de los terrenos del palacio y lejos de nosotros.

-Pero han entrado en mi ciudad –insistió la Reina-. Usted dijo que no lo harían. Mintió.

-No estarán ahí mucho tiempo –dijo Nuso Esva-. A diferencia de los primitivos cañones con los que se han visto obligados a trabajar mis Elegidos, el armamento de los juggernauts está equipado con sensores de objetivo computerizados. Una vez que nos hagamos con ellos...

Uno de los cabello tormentoso que vigilaba las pantallas dijo algo en el idioma alienígena.

-Las escotillas han sido forzadas –anunció Nuso Esva-. Ahora observe cómo destruyo a los cazar enemigos.

Trevik miró las pantallas. Una de ellas mostraba una imagen que se sacudía de forma mareante mientras el cabello tormentoso que llevaba la holocámara corría tras un grupo de Soldados a través del borde de metal dentado donde antes había habido una escotilla. Los Soldados se apresuraron al interior, abriéndose a los lados fuera del campo de visión de la cámara.

De pronto la imagen quedó inmóvil. Muy inmóvil. Durante un par de segundos mostró una vista de una cámara de metal compacta, vacía excepto por luces parpadeantes, pantallas que brillaban débilmente y, al fondo, alguna clase de objeto metálico pequeño y con la parte superior redondeada. Bruscamente, la imagen giró, se detuvo, volvió a girar, se detuvo de nuevo... Nuso Esva soltó un exabrupto que sonó especialmente desagradable.

-No –dijo entre dientes mientras agarraba su hablalejos-. ¡No!

-¿Qué pasa? –preguntó la Reina-. ¿Qué ha ocurrido?

Nuso Esva la ignoró, rugiendo en su idioma alienígena por su hablalejos. La imagen del monitos comenzó a oscilar de nuevo mientras el cabello tormentoso de la cámara corría hacia el fondo de la cámara metálica y se detenía junto al objeto metálico con la parte superior redondeada. Mostró una vista en primer plano de las luces y las pantallas...

-¿Qué ha ocurrido? –bramó la Reina.

Trevik se encogió y retrocedió aterrorizado. Jamás en su vida había escuchado a la Reina gritar de ese modo. Nunca había pensado que pudiera gritar de ese modo.

Nuso Esva apenas se dio cuenta. Continuó gritando a su hablalejos, con su mano libre sujetando el arma que colgaba del cinturón en su costado. Por toda la habitación, los otros cabello plateado también tenían las manos en sus armas. Trevik se puso tenso, esperando que la Reina gritara de nuevo.

Pero permaneció en silencio. Un instante después, Nuso Esva bajó su hablalejos, con sus ojos amarillos brillando de furia.

-Los juggernauts no tenían tripulaciones –exclamó-. Ni tripulaciones, ni soldados. Sus conductores son simples droides. Obreros mecánicos. –Siseó algo que sonó feroz-. Y no hay armas. Todas han sido retiradas.

Durante un largo instante la sala de reunión quedó en silencio. Trevik mantuvo sus ojos fijos en Nuso Esva, temeroso de mirar a la Reina.

-Entonces usted ha fracasado –dijo la Reina finalmente.

-No he fracasado –dijo Nuso Esva, volviendo la cabeza hacia los monitores-. ¿Los juggernauts no nos sirven de nada? Muy bien. Hay otros objetivos que sí nos servirán. –Volvió a mirar a l Reina e hizo una señal de mando-. Ordene a sus Soldados que ataquen los transportes que esperan en los terrenos fuera de la ciudad. Que capturen los vehículos y maten a todos a bordo.

-¿Esos transportes albergan las armas que asegura que le traerán la victoria? –replicó la Reina-. ¿O simplemente está buscando un modo de huir de Quethold y escapar de vuelta a las estrellas?

-No perdamos un tiempo precioso con cháchara estúpida –espetó Nuso Esva-. Dé la orden.

-No puedo. –La Reina señaló a las pantallas-. Los altavoces han sido silenciados. No hay forma de que mi voz llegue a mis Soldados.

-¿Qué? –Una vez más, Nuso Esva giró su cabeza hacia las pantallas-. Vaya –murmuró agriamente-. Ahora vemos la auténtica estrategia de Thrawn. Atrae la mayoría de los Soldados hacia los juggernauts, donde me resultarán inútiles, y luego destruye el medio por el que se les podría ordenar ir a otro sitio. –Se volvió de nuevo hacia la Reina-. Pero, como siempre, su estrategia tiene un fallo. Si su voz no puede llegar hasta los Soldados, oh, Reina, entonces debe ser usted quien viaje hasta ellos. –Señaló a los Obreros acuclillados junto a la litera-. Ordene a sus Obreros que ocupen sus puestos. Vamos de inmediato a los juggernauts.

Trevik sintió que los ojos se le abrían como platos.

-No puede ordenar a la Reina que entre en batalla –objetó.

-Silencio, traidor –dijo Nuso Esva, sin molestarse siquiera en mirarle.

-Tal vez Trevik de los Midli de los Séptimos de los Rojos no sea el verdadero traidor aquí –dijo lúgubremente la Reina-. Tal vez el traidor sea usted, Nuso Esva de los Primeros de los Cabello Tormentoso. Usted nos prometió la victoria. Me prometió la vida eterna. Ha hecho perder la fe en ambas cosas.

-¿Desea la vida eterna? –replicó Nuso Esva-. Entonces vaya a los juggernauts y ordene a sus Soldados que ataquen los transportes.

La Reina hizo un gesto de negación.

-No.

Y entonces, de repente, el arma de Nuso Esva se encontró fuera de su funda y apuntando directamente a la Reina.

-Dé la orden a sus Obreros –dijo, con voz mortalmente tranquila-. O muera.