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martes, 14 de mayo de 2013

Destello de gloria (y V)


Dos guardias armados con picas aturdidoras se encontraban junto a una rampa de acceso secundario del transporte de carga, empujando al interior de la nave a tantos seres esclavizados como podían. Muchos de los esclavos, presa del pánico por las explosiones y los ruidosos haces de disparos de energía, habían aprovechado esta oportunidad para escapar. Los guardias no estaban en condiciones de discutir. Una a una, las demás rampas de carga iban cerrándose mientras la nave comenzaba sus preparativos finales para el despegue. Un mensaje crepitó en los comunicadores seguros de los guardias. Aliviados de estar tan lejos como fuera posible de los disparos, comenzaron a subir la rampa. Cuando uno de los guardias se volvió para seguir a los esclavos que subían, advirtió que un esclavo no llevaba collar de sujeción. Avisó a su compañero con un gruñido mientras sujetaba al trunsk por el brazo.
-¡Hey! Se olvidaron de ponerle collar de dolor a este.
Sully Tigereye se dio la vuelta. Sus garras afiladas para la lucha agarraron al sorprendido guardia por la barbilla. Con la otra mano, apuntó una pistola bláster pesada al segundo guardia y de un disparo le arrebató la pica aturdidora de la mano. El guardia se volvió y echó a correr.
-No habrá más collares de dolor. No mientras yo viva. –Agarró al primer guardia de la papada y acercó su rostro al suyo-. Ahora que tengo toda tu atención... ¿dónde está tu jefe?

***

Trabajando rápidamente, Kempo y Brixie apilaron en el carro los cilindros de combustible que habían encontrado, así como los explosivos y granadas que llevaban. El fuego de los cañones a su alrededor estaba cada vez más cerca.
-Ahora que lo pienso, hay un pequeño problema con este plan -murmuró Kempo a media voz.
-¡No tenemos tiempo para problemas! -respondió Brixie, haciendo una ligera mueca cuando un pedazo de la cercana pista de aterrizaje volaba por los aires por el disparo de un arma del bunker.
-Uno de nosotros va a tener que pilotar esta cosa hasta su puerta.
Ambos se miraron el uno al otro, con los ojos congelados. Una pequeña sonrisa torcida comenzó a formarse en el rostro de Kempo. Tomó la mano de Brixie y le besó el dorso.
-No te preocupes, niña, acabo de ofrecerme voluntario. -El explorador subió a bordo y tomó posición junto a los controles de dirección del carro, tratando de permanecer agachado. Le entregó a Brixie el rifle de soldado de asalto.
-Mantenlos ocupados el tiempo suficiente para que consiga acercarme. -Activó los controles repulsores del carro. El carro comenzó a avanzar lentamente mientras él volvía a sonreír.
-Pero no dejes que la gente se olvide de mí, ¿vale?
Ella agitó la cabeza. Había algo en su expresión que nunca antes había visto. Había tantas cosas que quería aprender de él y ya no había tiempo.
Conforme la carretilla gravitatoria avanzaba, Brixie tomó posición a un lado de la pista de aterrizaje. Disparó el lanzagranadas del rifle, escupiendo explosivos de conmoción contra la endurecida capa exterior del bunker de mando... aunque el efecto causado fue mínimo.
La carretilla gravitatoria zigzagueaba a través del claro. En lo que pareció una eternidad, las armas bláster del bunker intentaron seguirla torpemente, errando sus disparos por muy poco. Justo cuando la carretilla gravitatoria llegó al bunker, Brixie pudo ver al explorador midiendo su salto... sólo para tropezar en la barandilla lateral de la carretilla. Con el pie enganchado, fue arrastrado implacablemente con ella de hasta...
Al instante siguiente, ella estaba mirando a la luz menguante del cielo de la tarde. La onda expansiva había tirado Brixie de espaldas contra el suelo. Tambaleándose, se puso en pie. Donde había habido un búnker de mando, ahora sólo quedaban los restos irregulares de unos cimientos de permacemento. Incluso los lados del transporte de carga se habían chamuscado por la explosión. Los esclavistas corrían frenéticamente en todas direcciones. Se acercó al borde del corazón del fuego, protegiendo su rostro mientras esperaba que una forma familiar saliera tambaleante.
Kempo tenía que salir. Así era como terminaban siempre los holos. El héroe siempre escapaba.
Pero nadie salió.
Hugo la agarró por el brazo y empezó a tirar de ella hacia la nave.
-¡No! -le gritó-. ¡No vamos a dejar atrás a un compañero de equipo! ¡No podemos!
Él tuvo que llevársela lejos del infierno.

***

La explosión fue tan grande que sacudió al transporte de carga con violencia sobre sus patas de aterrizaje.
La puerta de acceso al puente del transporte se abrió. Tigereye empujó al guardia contra algunos de los tripulantes que estaban allí. Algunos trataron de alcanzar sus armas, pero no fueron lo suficientemente rápidos. Rayos de energía rebotaron a través del puente. Cuando todo terminó, Tigereye agitó la pistola desintegradora ante los supervivientes.
-¡Todo el mundo a la cápsula de escape! ¡Ya!
Se apiñaron en la cápsula salvavidas del puente. Tigereye selló la escotilla detrás de ellos, encerrándolos dentro. Después de asegurar el puente, activó su intercomunicador.
No fue necesario. Brixie y Hugo Cutter aparecieron en la puerta de acceso al puente. El experto en demoliciones tenía los hombros caídos. Brixie estaba cabizbaja, con lágrimas corriendo por sus mejillas.
Tigereye entendió inmediatamente. Kempo. La explosión.
Cerrando sus manos en puños, Tigereye quiso gritar. Quiso destrozar el puente. Agarró al guardia que había tomado prisionero y lo estrelló contra una de las consolas de control tan fuerte que el impacto abolló los paneles. Blandió el cuaderno de datos ante los ojos del guardia, con las fotos de los hijos del embajador parpadeando en la pequeña pantalla.
-No están entre los esclavos que lleváis abajo. De modo que, ¿dónde están?
El guardia hizo un gesto hacia otra puerta en el puente.
-¡Están en los aposentos del jefe! ¡Allí dentro!
Tigereye arrojó la pistola bláster pesada a Cutter mientras desenvainaba la vibro-hacha.
-Configurad las armas para aturdir. Necesitamos a esos niños vivos.
-Yo también voy. -Brixie dio un paso adelante, temblando, apretando tan fuerte el rifle de soldado de asalto de Lex Kempo que tenía los nudillos blancos. Tigereye señaló al guardia.
-No. Tienes que vigilarle.
Brixie se giró y disparó al guardia a quemarropa usando el ajuste de aturdimiento del rifle bláster. El guardia se desplomó inconsciente.
-No va a irse a ninguna parte -respondió lacónicamente mientras insertaba dos granadas aturdidoras en el lanzador del rifle.
Tigereye y Cutter se miraron, sorprendidos.
De algún lugar detrás de la puerta, surgió el sonido amortiguado de disparos bláster, seguidos de un grito de dolor. Tigereye señaló a Cutter los controles de la puerta.
-Ábrela. ¡Ya!

***

Los bien amueblados dominios del jefe esclavista estaban casi completamente a oscuras. El jefe esclavista propiamente dicho estaba muerto, desplomado en su tumbona.
Brixie inmediatamente dio un paso hacia la joven y su hermano, todavía encadenados a la pared, pero Tigereye la retuvo.
Por la forma en que estaban acobardados en silencio, se dio cuenta de que algo no estaba bien.
-Aquí hay alguien más -susurró Tigereye.
-Eso es correcto -declaró una voz desde la oscuridad.
Agachándose, los mercenarios se separaron mientras se abrían camino por la sala. Mientras pasaba junto a la tumbona, el pie de Brixie rozó algo suave. Emitió un fuerte jadeo cuando vio la garganta desgarrada de una esclava muerta tirada en el suelo, con sus pequeñas manos aferradas todavía a un bláster de bolsillo. Los guardias del jefe esclavista yacían muertos cerca.
-Ella vio la oportunidad de escapar -explicó la voz con la mayor naturalidad-. Tuve que convencerla de lo contrario. Mirad bien, mercenarios. Vuestro destino será el mismo que el suyo.
Una figura se abalanzó sobre Cutter, tirándolo al suelo cuan largo era. En cuestión de instantes, la forma apareció de nuevo, enterrando profundamente sus garras en el chaleco protector de Brixie. La cosa la empujó contra la pared, dejándola sin sentido. El rifle de soldado de asalto cayó al suelo.
Sosteniendo su cabeza y su costado lesionados, oyó más lucha. Tratando de concentrarse, vio por un breve instante a su atacante de pie contra la tenue luz de las ventanas de la sala. De inmediato reconoció la peluda criatura de pelaje negro, por su formación médica en la Universidad. ¡No era extraño que las luces estuvieran apagadas!
-¡Es un defel! ¡Un espectro!
Tigereye encontró los controles de iluminación de la sala y los subió a su valor máximo. Las brillosferas llenaron la sala con su resplandor. La terrible criatura gritó de dolor, tratando de proteger sus ojos de las potentes luces.
Rodeado y cegado, el defel giró violentamente. Brixie había recogido el rifle bláster de soldado de asalto. Hugo Cutter estaba de nuevo en pie, con la pistola bláster en la mano y la cara muy amoratada. La mirada de Sully Tigereye se redujo a una fría rendija amarilla mientras daba un paso hacia adelante, vibro-hacha en mano.
-El único destino que debe preocuparte... es el tuyo.

***

La nave de carga, casi totalmente cargada de esclavos liberados, subió lentamente en el cielo sobre Gabredor III. Abajo, en la superficie del planeta eclipsada por la noche, el campamento de esclavos destruido ardía con una venganza. Tigereye había decidido que debían dejar suficientes marcas de los Lunas Roja para que cualquiera pudiera encontrarlas. Sabiendo que estaban en el punto de mira, el Gremio de Esclavistas Karazak tendría que buscar mucho y duro para encontrar otro lugar donde realizar sus actividades. Y con los hijos del embajador de Gola a salvo en la nave, el Alineamiento Pentaestrella también había perdido.
En el corazón de Brixie, era una victoria vacía. Habían tratado de buscar en los restos del búnker de mando, pero el fuego era demasiado caliente. Se sentó en una silla en el puente del transporte encerrada en sí misma mientras Tigereye y Cutter se familiarizaban con los controles de astrogación de la nave. Finalmente pensó en quitarse el casco de la cabeza. Con un suspiro de cansancio, desató las correas y dejó caer el casco a la cubierta junto a sus pies.
Tigereye miró hacia el sonido. Durante su formación, ha sido difícil para ella juzgar al trunsk, separar la reputación de la realidad. Las mismas manos con garras que tan ansiosamente habían despedazado al defel habían soltado con mucho gusto los collares de dolor de decenas de esclavos.
Finalmente se dio cuenta de por qué la había escogido para esta misión. Había algunas cosas que no se aprenden con formación o preparación, que deben ser experimentadas y sentidas. Brixie había experimentado la camaradería y el miedo, había visto que la violencia y la muerte eran parte de la vida de los pistoleros a sueldo. Por un breve momento, la expresión de Tigereye se suavizó. Él y Hugo llorarían la pérdida de su amigo cada uno a su manera.
Su mirada cayó sobre las pantallas visuales del puente. Gabredor III se estaba alejando lentamente. Se encontró deseando que Lex estuviera ahí, preguntándose cuál habría sido su reacción ante el descubrimiento que acababa de hacer. Él probablemente tan sólo le habría guiñado un ojo.
Entonces vio los restos del campamento esclavista en las pantallas. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral; había algo familiar en la forma de los incendios. La voz de Kempo se hizo eco en su mente. En sus propias palabras, el explorador se había marchado en un destello de gloria.
Desde cientos de kilómetros de altura, la explosión que había arrasado el búnker de mando aparecía como una media luna que brillaba ferozmente...
Una luna roja.

lunes, 13 de mayo de 2013

Destello de gloria (IV)


Tumbado boca abajo en el follaje por delante del equipo de asalto, Lex Kempo apuntó con sus macrobinoculares al claro de la selva que se encontraba ante él.
-¿Qué ves? -susurró Brixie a su lado.
El campamento de los esclavistas consistía en varias torres de vigilancia, algunos edificios prefabricados y una pista de aterrizaje actualmente vacía para una nave del tamaño de un caza. En el centro del campamento, la tierra y la hierba de la selva habían sido aplastadas y prensadas para dar cabida al gran transporte de carga situado allí. Seres de todos los orígenes estaban siendo trasladados con urgencia a la nave, lo que no era una buena señal.
Kempo masticó lentamente un pedazo de galleta de proteínas de supervivencia mientras seguía observando el campamento a través de los prismáticos.
-Parece que nos superan por siete a uno, más o menos. Hay cuatro torres de vigilancia armadas con cañones desintegradores: dos cerca de nosotros, dos más allá del carguero. El campamento está lleno de matones. ¿Ves ese bunker al lado de la nave? Parece su centro de mando. Todos los sensores, comunicaciones y controles defensivos probablemente estén alojados allí.
-¿Eso de los costados son escotillas?
Kempo frunció el ceño mientras hacía zoom con los binoculares.
-Tienes ojos de láser, niña. Definitivamente son puertos de armas. Eso no importa, ese búnker bien podría estar a medio año luz de distancia. Nos detendrán antes incluso de llegar al carguero.
-No si puedo mantenerlos ocupados -murmuró la voz de Cutter detrás de ellos.
Kempo y Brixie se volvieron al unísono para mirar a Cutter y su bolsa de trucos de magia. En sus manos tenía uno de los explosivos focalizados Mesonics extrañamente cóncavos, del tipo de los utilizados para demoler estructuras. En cuclillas junto a Hugo, Sully Tigereye hizo un gesto con la mano, abriendo los dedos de par en par, y luego cerrándolos en un puño. Kempo resopló con sorna, pero asintió con la cabeza. Confundida, Brixie llamó la atención de Kempo con unos golpecitos en el hombro.
-No estoy familiarizada con esa señal manual -le susurró-. ¿Qué quiere decir?
El explorador le mostró una sombría sonrisa mientras quitaba el seguro del lanzagranadas montado en su rifle desintegrador de soldado de asalto.
-Esto significa que te sujetes tu hermosa cabeza. Estamos a punto de hacer algo de ruido.

***

La esclava se abalanzó sobre Trentacal, con un delgado objeto metálico en sus manos. A pesar de su tamaño, el jefe esclavista podía moverse rápidamente si quería. En cuestión de segundos, tenía sujetos los brazos de la niña. Ella luchaba en silencio contra su agarre, tratando de morderle las manos. Trentacal la contuvo el tiempo suficiente para poder presionar la llamada de emergencia. El espectro y varios guardias armados aparecieron en pocos instantes, justo cuando Trentacal tiró violentamente a la esclava al suelo de la sala.
-¡Estúpidos! ¡Todos vosotros! ¡Se supone que debéis protegerme! -Levantó el cuchillo que había tomado y apuntó con él a la esclava-. ¡Quiero que vaporicéis a esta cosa insolente y nos saquéis de aquí! ¡Y rezad para que mi próximo deseo no sea la cabeza de todos vosotros en una bandeja! -Los guardias sacaron sus armas de energía, apuntando con ellas a la esclava. La hija del embajador soltó un fuerte gritó, tratando de proteger a su hermano de la cruel escena.
Una explosión sorda hizo temblar el enorme transporte. Los ojos de Trentacal se salieron de sus órbitas en silenciosa sorpresa al ver cómo dos de las torres de vigilancia se inclinaban y caían en perfecto unísono.

***

Kempo y Brixie habían llegado sólo hasta la improvisada pista de aterrizaje para cazas del campamento cuando las bocas de varios enormes cañones desintegradores aparecieron de las ranuras en el búnker de mando. Las armas pesadas estaban creando una fulminante cortina de fuego, reteniéndolos allí.
-¡No te muevas! -Brixie todavía estaba tratando de aplicar una envoltura médica a la pierna derecha chamuscada de Kempo. El explorador había sido inesperadamente el primer objetivo del fuerte ataque de fuego bláster.
-¡Mira el tamaño de esas armas! -Kempo chasqueó la lengua indicando su fastidio-. Probablemente las hayan arrancado de alguna nave capital.
-¡A quién le importa! ¿Puedes ver a Hugo y Sully?
Kempo asomó ligeramente la cabeza por la esquina y disparó a un guardia esclavista en el torso, derribándolo al instante.
Vio la familiar mata de pelo despeinado de Cutter mientras se escondía de los disparos de energía provenientes del búnker de mando. Las estructuras prefabricadas detrás de las que se había escondido no durarían mucho tiempo más.
-Hugo está atrapado junto a esos edificios. -Tocó el interruptor de su comunicador dos veces, pero no hubo respuesta. Negó con la cabeza-. No puedo contactar con Sully, pero creo que ha conseguido llegar al carguero.
Cuando Kempo se asomó para mirar alrededor de la esquina otra vez, las armas del bunker estaban apuntando de nuevo a Cutter. Rayos de energía impactaron por todas partes alrededor del experto en demoliciones, haciendo saltar enormes pedazos de las estructuras prefabricadas.
Kempo se volvió hacia Brixie para gritar por encima del estruendo.
-¡Hugo va convertirse en una pequeña masa humeante e irreconocible a menos que hagamos algo para hacer callar a esas armas!
Sorprendida por sus palabras, miró al inexpugnable búnker de mando.
-¿Pero no deberíamos dirigirnos al carguero? ¡Ese es nuestro medio de escapar de aquí!
-Dejar atrás a mis compañeros de equipo no forma parte de mi trabajo.
Kempo dio un paso atrás y empujó algo. El lugar donde se escondían servía como nave de almacenamiento de la plataforma de aterrizaje. Desapareció por un momento en el interior y regresó con una carretilla gravitatoria y media docena de grandes cilindros con prominentes etiquetas de advertencia pegadas sobre ellos.
-Creo que es hora de que ofrezcamos un cálido saludo de los Lunas Rojas a nuestros amigos esclavistas.

viernes, 10 de mayo de 2013

Destello de gloria (III)


El jefe esclavista Greezim Trentacal se relajó en su asiento a bordo del carguero de transporte Amante de Atron, abanicándose la cara con la piel elaboradamente decorada de una bestia lexiaus. Su oscura sala de audiencias a bordo del gran carguero estaba llena de adornos y baratijas de un centenar de mundos diferentes. Trentacal suspiró, dejando que su gran papada descansase en la palma de su mano mientras apoyaba el codo en el reposabrazos. Una delgada chica humana escasamente vestida se movía a su alrededor, con gestos tan ligeros como los aromas a especia en el aire. Ella le ofreció una copa de vino. Aburrido, apartó su ofrecimiento con la mano mientras miraba a la sombra oculta en la oscuridad.
-¿Cuánto tiempo va a tardar esto, Vex? Ya sabes cómo odio estar aquí, en esta selva húmeda.
Una voz susurró su respuesta.
-Estamos esperando otro cargamento de esclavos de la última expedición cerca del Borde. Mañana al amanecer, la nave debería estar completamente llena.
-Bien -bostezó Trentacal. Detalles. Insignificantes pequeños detalles.
Los esclavos en las bodegas de carga de su nave eran sólo pequeñas muestras de mercancía en comparación con los créditos que podría estar ganando. Era uno de los problemas de hacer negocios con el Alineamiento Pentaestrella.
Sugerir que el Alineamiento Pentaestrella no era más que otra facción de señores de la guerra imperiales, simplemente otro débil aspirante al trono del poderoso antiguo Imperio, era una suposición estúpida. El Alineamiento se percibía a sí mismo como el Imperio renacido. Liderados por un Gran Moff llamado Ardus Kaine, el Alineamiento ignoró el intento del Gran Almirante Thrawn para consolidar las fuerzas imperiales, esperando cuidadosamente hasta poder montar su propia campaña contra la Nueva República.
A diferencia de otros señores de la guerra, el Alineamiento estaba extremadamente organizado y bien equipado, gracias a las corporaciones, poderosas empresas aliadas anteriormente con el Imperio. Ahora que una de estas corporaciones, concretamente el Conglomerado PowerOn de Cantras Gola, amenazaba en secreto con marcharse y unirse a la Nueva República, el Alineamiento Pentaestrella estaba haciendo todo lo posible para evitarlo. Así que el Alineamiento se había dirigido al Gremio de Esclavistas Karazak para resolver su problema con la Nueva República.
Qué irónico, reflexionó Trentacal, que los hijos del embajador de Cantras Gola hubieran sido secuestrados por sus esclavistas. La nota depositada en su lugar dejó bastante clara la situación del embajador. Mientras el embajador demorase cualquier nuevo diálogo con la Nueva República, los niños permanecerían con vida. El retraso sería suficiente para que los agentes del Alineamiento cortasen por completo los lazos entre Cantras Gola y la Nueva República. Al final, Cantras Gola se mantendría leal al Alineamiento Pentaestrella y, a su vez, el Gremio de Esclavistas Karazak continuaría realizando sus operaciones en Gabredor III sin obstáculos.
Había algunos beneficios en este tipo de trato de negocios: Trentacal había decidido quedarse con los niños como forma de pago por su trabajo. El Alineamiento no tenía opinión al respecto; el propio embajador sufriría un desafortunado accidente y sería silenciosamente reemplazado... por un agente del Alineamiento más fiable.
El jefe esclavista miró de reojo a los hijos del embajador encadenados a la pared opuesta de la sala y reconoció que serían unas buenas adiciones a su servicio doméstico. Sin embargo, todo tenía su precio. ¿Cuál, se preguntó, sería el precio por quedarse con estos dos?
Trentacal hizo un gesto a la esclava que se encontraba a su lado y tomó la copa de vino de sus delicadas manos. Trentacal acarició con la gruesa palma de su mano la mejilla inexpresiva de la chica. Era muda desde niña. Había sido uno de los primeros esclavos que se había quedado para sí. Le tomó la barbilla entre sus dedos y le giró la cabeza para que pudiera ver a los niños asustados.
-Pronto tendrás a otros a los que instruir en el delicado arte de servirme.
La sombra se acercó, apenas perceptible en la oscuridad de la cabina privada de Trentacal. Trentacal observó a su guardaespaldas y confidente, un defel, mientras este se colocaba delante de las ventanas de la sala. El grueso cuerpo de Vex estaba completamente cubierto de capas de ondulado pelaje negro que absorbía toda la luz circundante. En la mano derecha sostenía un comunicador junto a un oído atento, meneando ligeramente la cabeza mientras escuchaba lo que parecía poco más que estática. Fuera de las ventanas acechaba la enmarañada vegetación de la selva de Gabredor III y el claro circundante que comprendía el campo provisional. Torres de vigía armadas con blásters pesados de repetición se alzaban del suelo de la selva. A cada lado del bulboso carguero, los esclavos estaban siendo conducidos a la nave bajo el escrutinio de los matones Karazak. Era una operación extraordinariamente eficiente, se aseguró Trentacal a sí mismo. Después de todo, era él quien la había planeado.
-¿Qué ocurre, Vex? -El defel no sólo era responsable de la seguridad de su jefe, sino de toda la operación esclavista en Gabredor. Cuando estaba dedicado a la defensa de su amo, muy pocos sobrevivían para hablar acerca de su rabia. A Trentacal tampoco le importaba el miedo que rodeaba la temible reputación de su especie.
Vex apagó el comunicador y se volvió ligeramente, sin querer mirar demasiado tiempo al haz de luz que bañaba a su jefe.
-Una de las patrullas de Z-95 ha visto los restos de un carguero ligero estrellado a cierta distancia de aquí. La nave había llegado rápida y a baja altura, utilizando algún tipo de medida para eludir los sensores de largo alcance y nuestras patrullas. Fueran quienes fuesen, parece que no querían atraer ninguna atención.
-¿Era una nave de la Nueva República? -preguntó con cautela Trentacal, súbitamente en alerta.
Las ranuras de los ojos del espectro se estrecharon mientras explicaba.
-No lo creo. No se arriesgarían a entrar tanto en territorio del Alineamiento. Hacerlo podría significar una guerra sin cuartel entre ellos. Eso es algo a lo que la Nueva República no está dispuesta a arriesgarse. La única manera de saberlo es interrogar a los supervivientes. Pero la cápsula salvavidas principal de la nave no se encontró en los restos. Mis rastreadores siguen buscándola.
Trentacal estrelló un puño carnoso contra el apoyabrazos de su suntuosa silla. La criada saltó hacia atrás con terror.
-Entonces debe ser el Alineamiento. ¡Nos han traicionado!
La cabeza negra negó lentamente.
-Tampoco creo que sea el Alineamiento Pentaestrella, jefe Trentacal. Sus recursos son enormes. No tienen necesidad de pequeños equipos de ataque. Si quisieran, podrían atacar con un crucero defensivo clase Pacificador o algo similar.
-Entonces, ¿quién?
Los ojos de Vex se deslizaron hacia la pared del fondo y las dos silenciosas figuras encadenadas allí. El desaliñado jefe esclavista inhaló bruscamente, comprendiendo de inmediato. Fueran quienes fuesen esos intrusos, venían por ellos.
-Vex, creo que deberías activar el perímetro de seguridad.
-Ya se ha hecho, señor.

***

-¡Quítamelo de encima! -Lex Kempo, mercenario de mercenarios, gemía como un becerro bantha mientras apartaba a la viscosa criatura multilobulada que había caído sobre su cabeza. Brixie estaba intentando todo lo posible para arrancarla haciendo palanca con su vibro-cuchillo. Sully Tigereye sólo los observaba. Si la situación hubiera sido diferente, podría haber sido divertido.
-Quítaselo de encima, Brixie. -El trunsk desenvainó una vibro-hacha de combate de su arnés de armas.
-¡Lo estoy intentando!
-¿Podemos volver ya a casa? -murmuró Hugo mientras se sentaba en un tronco muerto, cansado y agitado.
-¡Lamento que te estemos aburriendo! -espetó Kempo. Agarraba la criatura con ambas manos y estaba apartándola de sí por la fuerza, cuando la pequeña bestia agitó un apéndice de cola y le roció un chorro de polvo en la cara. Tosiendo y estornudando sin control, Kempo empujó a Brixie, que cayó en la maleza. Cutter rió.
Tigereye, agotada su paciencia, soltó un juramento.
-Se acabó. ¡La clase de exobiología ha terminado!
Tigereye agarró la cosa por la cola, ahora extendida, y blandió su arma. El vibro-hacha separó el apéndice, que comenzó a agitarse. Un líquido verdoso roció a todos. La criatura se soltó de la cabeza de Kempo y cayó muerta a sus pies.
Olvidando su humillación, Brixie inmediatamente abrió su botiquín y examinó la cabeza del gruñón navegante en busca de marcas de pinchazos o laceraciones que pudieran indicar un mordisco. Usó un chorro de agua para limpiar la cara. Una prueba rápida de la sangre de la criatura reveló que no era inherentemente peligrosa. Por desgracia, era poco lo que podía hacer por su decaída moral. Ya llevaban casi un día caminando trabajosamente a través de la selva. Los ánimos estaban tan bajos como temporizadores de granadas.
-Me siento como un droide con un grupo de receptores defectuosos y un chirriante servo estropeado. Gracias, niña. -Kempo se limpió la cara con el paño húmedo que Brixie le había dado-. ¿Qué era esa cosa?
Tigereye lo pensó por un momento.
-No lo sé, pero tienes suerte de que no fuera venenosa. Sugiero que la próxima vez que escuchéis un ruido, miréis hacia arriba además de alrededor. -Kempo quedó en silencio mientras el trunsk palpaba compasivamente la creciente roncha en su frente. Cutter seguía riendo.
Tigereye volvió su ira hacia el experto en demoliciones en cuclillas.
-No recuerdo ordenado ningún descanso, Hugo.
-Bueno, parecíais tan ocupados jugando con esa cosa que no quería molestaros.
-Hay poco tiempo. Tú irás en cabeza. Quiero que reconozcas el terreno y te asegures de que no hay más sorpresas esperándonos.
El ingeniero de pelo descuidado señaló su propio pecho, sorprendido.
-¿Quieres que... explore? Sully, ya sabes que yo no exploro. Yo vuelo cosas en pedazos diminutos. Todos los miembros de la unidad dicen que soy un mal explorador.
-Considéralo una valiosa lección de la vida. Brixie tiene que terminar de examinar a Kempo, y alguien tiene que cuidar de ella.
Hugo se puso airadamente en pie, con las cargas explosivas sacudiéndose en su bolsa de camuflaje. Sacó una pistola desintegradora de una funda.
-Está bien, pero, ¿quién cuidará de mí?
-Basta de quejas. ¡En marcha!
Hugo desapareció sobre el tronco muerto en el que había estado sentado, quejándose en voz alta mientras se alejaba. Tigereye sacudió cansado su cabeza canosa. Extrayendo la tableta del mapa, comprobó sus coordenadas actuales con el campamento de esclavos previsto. Deberían llegar pronto a su perímetro de seguridad. Miró un momento cómo Brixie aplicaba una pomada medicada en la cabeza de Kempo. Ella le estaba devolviendo la mirada.
-¿Algún problema?
-No, sólo me preguntaba... -tropezó con sus palabras-. Quiero decir, todo el mundo pasa tan tiempo discutiendo e insultándose. No actúan precisamente como lo que he visto. Ya sabe... como profesionales.
Se detuvo, creyendo que de alguna manera los había insultado tremendamente. Ahora fue el turno de Kempo de reír. Incluso Tigereye, sorprendentemente, no se ofendió.
-Has visto demasiados holofilmes, Brixie. No todos fingimos ser el mercenario perfecto, como Kempo.
-¿Quién está fingiendo? -interrumpió Kempo, todavía enjuagándose los ojos-. No dejes que nuestros enfrentamientos te confundan, niña. Nos conocemos desde hace mucho. Lo suficiente para odiarnos hasta la médula y seguir siendo los mejores colegas.
-¿Hugo es tu mejor amigo? -Brixie parecía confundida-. Pero no actuáis como buenos amigos.
Tigereye frunció los labios.
-Todo el mundo en esta empresa, todo el mundo en los Lunas Rojas, quiero decir, viene con una historia. Tus padres, por ejemplo. No te gusta la forma en que el Alineamiento los está tratando, ¿verdad?
-Mis padres fueron sacados a la fuerza de su clínica y obligados a trabajar para el ejército del Alineamiento como cirujanos de combate. Es casi como si los hubieran encerrado. Sólo quiero recuperarlos.
-Los padres de Hugo eran de la nobleza imperial. Vivía en un mundo corporativo durante el reinado del Emperador. Sus padres intentaron de todo para mantenerlo bajo control, incluyendo encerrarlo. Yo fui tratado una vez como un animal. Sé lo que es estar enjaulado. Cuando pasas por una vida así, a veces necesitas a alguien para mantenerte bajo control. Hugo se preocupa por mí y yo me preocupo por él.
Kempo se puso en pie y le devolvió el ungüento.
-Recuerda, niña, la primera regla de la vida militar es no dejar que las apariencias te engañen. Tigereye no nos eligió para este equipo sólo por nuestras armoniosas voces. Tigereye tiene más experiencia de combate en la uña del dedo pequeño de su pie derecho que la mayoría de los generales imperiales. Hugo puede hacer que un AT-AT se ponga a bailar y explote con sólo una llave de tuercas y un detonador térmico. Mi trabajo consiste en asegurarme de que sobrevivimos para presumir con esta pequeña historia. Y en caso de que caigamos, Dama Brix, tu trabajo es recoger las pequeñas piezas y unirlas de nuevo para que pueda cobrar mis honorarios cuando todo haya acabado.
Brixie se sentía completamente avergonzada. Lo que había tomado por hostilidad abierta entre los tres veteranos era en realidad su manera de hacer frente a una nueva situación imposible.
La cabeza de Hugo Cutter apareció de repente sobre el tronco.
-Disculpad. No quiero interrumpir vuestra conversación acerca de mí, pero creo que he encontrado algo.

***

Desde la distancia, el mástil sensor parecía una bola de metal cromado montada en un poste un poco más alto que la vegetación circundante. Otros iguales a él se alzaban aproximadamente a 20 metros a cada lado. Estaban colocados a casi 30 metros de distancia de la reconocible valla sensora.
-Parece que hemos encontrado su perímetro -murmuró Kempo en voz baja a Tigereye, tratando de no activar posibles escuchas acústicas. Detrás de ellos, Cutter y Brixie esperaban ansiosos.
-O que ya hemos pasado una línea perimetral exterior enterrada -dijo Tigereye, revisando sus propios instrumentos de detección. A pesar de su preocupación, la posibilidad de una barrera exterior era poco probable aquí. La omnipresente humedad y las formas de vida locales se ocuparían en poco tiempo de casi cualquier cosa hecha de metal o de circuitos complejos que se enterrase en el humus. Miró hacia atrás-. De acuerdo, Hugo, todo tuyo.
Cutter se quitó la chaqueta de servicio y vació sobre ella el contenido de su bolsa de utensilios. Cargas moldeadas, tabletas de datos rotas, granadas anti-vehículo, piezas de droide y trozos de circuitos integrados y chips se derramaron por todas partes. Kempo miró el extraño surtido con cierto desdén.
-Llevas suficiente chatarra para abastecer a Industrias Automaton.
-Ahórramelo -espetó Cutter mientras se ponía a trabajar. Brixie observó todo el proceso con interés mientras Kempo y Tigereye tomaban posiciones de vigilancia cerca. Sin siquiera darse cuenta de que la había reclutado para ayudarle, Cutter le pedía herramientas del equipo de técnico y fragmentos de la pila de chatarra. En cuestión de minutos, un verdaderamente extraño conglomerado de placas de sensores, chips de droides sonda, escáneres y bloqueadores de comunicación fue tomando forma.
-¿Esto va a funcionar? -preguntó.
Cutter tomó un momento para sentarse y admirar su creación con una pequeña sensación de satisfacción.
-Me echaron de la Academia Imperial de Ingeniería. Se rieron de mí. Bueno, ¿a ti te parece que esto sea la obra de un loco?
Brixie miró fijamente al dispositivo. Cutter la miró, sintiendo quizás los pensamientos que cruzaban su mente. Una pequeña sonrisa torcida se formó en sus labios.
-No te molestes en contestar a eso.
Un estruendo en los arbustos cercanos sorprendió a todos y les hizo guardar silencio. Kempo les gruñó:
-Agachaos. Alguien acaba de llamar a uno de mis timbres.
Tigereye sacó un conjunto de macrobinoculares. Manteniendo la vista en el camino por el que acababan de venir, esperó durante un buen rato. Vio un movimiento breve y enfocó. A través del visor, vio una cabeza escamosa olfateando el suelo. Moviendo los prismáticos lentamente, finalmente encontró al jinete, que llevaba un traje de camuflaje para mezclarse con el fondo de la selva. El jinete sujetaba en su mano libre una larga pica de fuerza mientras examinaba el "timbre" de Kempo, una rama atada con una cuerda delgada, cruzando el camino.
-¿Qué es? -susurró Kempo.
-Parece que un rastreador. Montando alguna especie de reptiloide bípedo.
Kempo utilizó el visor de objetivos de su rifle de soldado de asalto para ver al recién llegado.
-Ahora lo veo. Podría haber otro cerca -susurró.
-Otro no supondrá ninguna diferencia. Todo lo que hace falta es un informe para que todo el campamento esclavista caiga sobre nuestras cabezas.
-Esas cifras son lo suficientemente buenas para mí. -Kempo se desabrochó la funda de su espalda y le dio a Brixie un vibromachete muy afilado, con la hoja y los bordes ennegrecidos por el servicio militar. Ella tomó el arma en sus manos con aire dubitativo.
-¿Para qué es esto?
-Vas a vigilarme las espaldas para variar. Ya he tenido bastante de arrastrarme por el lodo. -Kempo comenzó a correr hacia los árboles-. Vosotros derribad la valla. ¡Yo me encargo de los malos!
-¡Kempo! ¡Yo no he...! -le gritó Tigereye justo cuando el navegante echó a correr. Brixie y Cutter le miraron a él en busca de orientación-. ¡No os quedéis ahí parados! Hugo, desmantela la valla. ¡Brixie, cúbrele! -Apenas había dicho eso cuando él también desapareció en la espesa vegetación.

***

Kempo cayó sobre una rodilla al saltar a través de los árboles, sobresaltando al rastreador y a su montura. Disparó su rifle bláster a corta distancia, pero no le dio al jinete.
El jinete espoleó al reptiloide entrenado y salió a la carga. La criatura corrió deteniéndose justo junto a la cabeza de Kempo y trató de abrirle en canal con las garras dentadas de sus patas. Kempo disparó de nuevo, con su conjunto robado de armadura de explorador Imperial llevándose la peor parte de la carga de la bestia, que lo tumbó. El impacto hizo que el rifle desintegrador saliera despedido de sus manos.
Con calma, sobre él, el rastreador levantó su pica de fuerza para golpear. Un aullante misil peludo salió de los árboles, desviando la atención del rastreador. Sully Tigereye chocó tanto contra el rastreador como contra su animal, blandiendo su hacha vibratoria y clavándola en la gruesa piel de la criatura. El reptiloide gritó por la terrible herida y salió corriendo, llevando con él a su reticente jinete. Con el rastreador vuelto ahora de espaldas a ellos, Kempo recogió su arma caída y disparó. Una aullante ráfaga de energía golpeó al rastreador justo en la espalda, causándole la muerte antes de que llegase a golpear el suelo. El reptiloide lesionado, ahora sin jinete, siguió alejándose, chocando ruidosamente contra el follaje.
Tigereye blandió su hacha vibratoria ante Kempo.
-Debería haber dejado que te pegara un bocado, aunque sólo fuera para darte una lección.
-Me estaba yendo muy bien antes de que aparecieras.
-Vamos a ver si lo adivino: le tenías exactamente donde querías -resopló el trunsk mientras recuperaba el aliento-. Comprueba el cuerpo. Si hemos tenido suerte, no habrá tenido la oportunidad de informar.
-Nunca somos tan afortunados -replicó Kempo mientras se dirigía hacia el cuerpo del rastreador muerto.

***

Hugo se puso en pie, sosteniendo el artilugio. Brixie le miró, examinándole a él y a su invención espontánea con aire dubitativo. Él comenzó a moverse lentamente hacia el mástil sensor, colocando los pulgares en los interruptores de alimentación que activarían las piezas unidas. De pronto se detuvo en seco.
-¿Qué pasa? -le susurró Brixie a media voz, tratando de verle a él y a su entorno al mismo tiempo.
-Hay algo acerca de este tipo de mástil sensor...
Dio otro paso. Surgió un zumbido del acoplamiento de potencia de la tableta de datos. El dispositivo no estaba utilizándose para controlar los requisitos de potencia del resto de componentes. El mástil de dos metros y medio de altura se cernía sobre su cabeza mientras se acercaba lentamente. El rostro de Cutter cambió cuando cayó en la cuenta. Se detuvo en seco, haciendo rápidos ajustes a los componentes en sus manos.
-¡Ahora me acuerdo!
-¿De qué? -farfulló Brixie.
Un pitido intenso surgió del artilugio de Hugo. Ante los ojos de Brixie, un patrón alternante de luz comenzó a oscilar surgiendo del mástil sensor. Ella se quedó sin aliento cuando lo que parecía tierra firme ante sus pies se evaporó de pronto, dejando al descubierto la zanja de una trampa de tamaño de un deslizador de carga. En el fondo de la fosa excavada había explosivos y minas. Hugo sonrió.
-Una trampa holográfica. Muy astuto. Muy caro. Estos esclavistas tienen una seguridad mayor de lo que pensaba. ¿Has visto cómo configuré el emisor multifase para apagar el holograma?
Brixie había estado observando a Hugo tan intensamente que casi no oyó el sonido de las hojas secas y la maleza al ser aplastados detrás de ella. Se dio la vuelta, con el vibromachete de Kempo en las manos. Un segundo rastreador y su reptiloide la miraban como depredadores a punto de saltar. Un rugido amenazador resonó en la garganta llena de dientes afilados de la bestia mientras el rastreador apuntó con el extremo de su pica de fuerza a la garganta de Brixie.
-Ah, ¿Hugo? –acertó a decir, tragando saliva.

***

El sonido de un grito femenino cortó el aire de la selva como el filo de la pulida vibro-hacha de Sully Tigereye. El trunsk corrió a través de la selva, hacia el perímetro de los sensores.
Tigereye salió a un claro a tiempo de ver a Lex Kempo saltar desde los árboles y caer sobre el rastreador. El reptiloide se agitó bajo ellos mientras el navegante golpeó la cabeza del rastreador con un organismo de aspecto ya familiar. El rastreador, con los ojos completamente cubiertos por la criatura vaporosa, derribó a Kempo mientras agitaba salvajemente la pica de fuerza.
Toda la escena parecía completamente ridícula hasta que el rastreador cegado azuzó al reptiloide hacia adelante. Un disparo del propia bláster pesado de Tigereye derribó al rastreador, pero la criatura siguió avanzando, lista para embestir a una Brixie que no dejaba de chillar.
-¡Brixie! -rugió Tigereye, saltando hacia adelante.
La bestia quedó en silencio de repente y se desplomó en el suelo alejándose de la sorprendida niña... con el vibromachete de Kempo enterrado hasta la empuñadura en su pecho escamoso. Ella parecía más aterrorizada que herida cuando Tigereye corrió hacia ella.
-¿Estás bien?
Ella tragó saliva y se esforzó por controlar su miedo.
-Sí, sí, estoy bien.
Incluso Cutter se sorprendió cuando miró a la rama del árbol desde donde había saltado Kempo.
-Y yo que pensaba que el loco era yo -murmuró.
Kempo se había puesto en pie. Brixie lo observó durante un tiempo, tratando de pensar en alguna manera de darle las gracias sin sonar mezquina. Restando importancia al incidente, el explorador se volvió de espaldas a ella y recuperó su vibromachete. Luego se dirigió junto al cuerpo del rastreador caído, apagando su comunicador. Tomando una profunda respiración, Brixie recogió su botiquín y su equipo, deseando no volver a mirar la escena.
Mientras tanto, Cutter y Tigereye habían centrado su atención en el mástil sensor desarmado y el pozo de la trampa expuesta.
-¿Podemos rodearlo? -Tigereye había cambiado su vibro-hacha por el mapa de localización. Cutter alzó triunfante su dispositivo.
-Sin problema. Esos esclavistas estarán rascándose la cabeza, preguntándose cómo lo hicimos.
-Si los esclavistas se quedan quietos el tiempo suficiente para hacerse preguntas -intervino Tigereye-. Sólo tenemos una oportunidad. Los esclavistas Karazak no son estúpidos. Una vez que se den cuenta de que hemos rebasado su perímetro, probablemente dejen atrás a sus matones para que acaben con nosotros mientras escapan del planeta con sus pertenencias... incluidos los niños.
-Sully –dijo Brixie, con un paquete médico colgando de su hombro-. Antes de que vayamos más lejos con esto, tengo que saber quiénes son esos niños. Lo menos que puedes hacer es decirnos por qué sus vidas son más importantes que las nuestras.
-La niña tiene razón -añadió Kempo mientras envainaba el vibromachete en su funda-. He saltado deliberadamente desde árboles perfectamente buenos por esos cachorros. Nos lo debes.
Tigereye suspiró.
-Son los hijos del embajador de Cantras Gola.
-Cantras Gola es un mundo corporativo. -Brixie descubrió que se estaba enojando-. Un mundo del Alineamiento. ¿Qué hay tan importante en eso?
-Todo -la hizo callar Tigereye-. Kempo tiene razón, Brixie. Somos soldados. No hacemos preguntas. Suministramos respuestas. Con todo un mundo corporativo a punto de pasarse a la Nueva República, y la Nueva República incapaz de enfrentarse abiertamente al Alineamiento Pentaestrella, se necesita a alguien para que pelee la batalla. Nosotros somos ese alguien.
-Pero yo creía que la razón por la cual los Lunas Rojas se habían separado de la Nueva República era que la Nueva República no estaba haciendo lo suficiente. ¡Ahora estamos peleando sus batallas por ellos!
-Ayudar a que la Nueva República gane Cantras Gola ayuda a todos. Nos guste o no, devolver con vida estos niños al embajador de Cantras Gola es crucial. Tenemos que tomar esa nave esclavista antes de que escape. Es la única manera de salvar a los niños y que podamos salir de este planeta. ¿Hay alguna pregunta más en las filas, ahora?
Los cuatro se miraron unos a otros, con el ligero olor a ozono delos disparos de bláster flotando todavía en el aire a su alrededor.
-¿Supongo que es demasiado tarde para solicitar un traslado? -comentó Kempo.

***

Cuanto más esperaba, más nerviosamente caminaba Greezim Trentacal de un lado al otro de la lujosa sala de audiencias a bordo del Amante de Atron. Los rastreadores enviados para investigar la cápsula de escape desaparecida del carguero estrellado no habían informado desde hacía varias horas. Había mucho más en la misteriosa nave caída de lo que Vex había anticipado.
-Tienen que ser soldados. O peor. Mercenarios. -Se estremeció ante la idea. El incentivo de los créditos y la fortuna personal que llevaba a unos seres a esclavizar a otros, también les conducía a luchar por causas absurdas.
-¿Y bien? -Miró a Vex, que seguía inmóvil como una oscura estatua junto a las ventanas del camarote. El defel dejó caer el comunicador de su oreja.
-El equipo de rastreo sigue sin responder. Además, uno de los sensores perimetrales parece haber fallado, aunque todavía no sé por qué.
-¡Están aquí! -Trentacal puso una mano sobre su boca, completamente alarmado-. ¡Señores de Atron! ¡Ya están aquí! Da la orden de partir. ¡Inmediatamente!
-Como he señalado anteriormente –el defel habló en voz baja pero con firmeza-, aún no hemos cargado el último cargamento de esclavos. -Hizo un gesto hacia el gran edificio prefabricado que servía como ubicación temporal para los recién llegados-. Tienen que ser etiquetados y sometidos a escaneo médico. Muchos esclavos de este envío son para ser vendidos a los hutt. Ya sabe cómo se enojan los hutt cuando reciben mercancía inferior.
-Puede realizarles el escáner médico cuando después de que hayan sido cargados. ¡Haz lo que ordeno!
La expresión de Vex no cambió. Hizo una ligera reverencia.
-Daré la orden personalmente, señor. Saldremos de inmediato.
Trentacal salió corriendo de la sala de audiencias hacia su dormitorio privado. El espectro Defel miró a los hijos del embajador, todavía encadenado a la pared de la sala. Expresiones cargadas de miedo y odio le devolvieron la mirada. La niña, varios años mayor que su hermano, trató de protegerle de la terrible penetrante mirada de Vex.
De pronto, el espectro se había ido. La chica parpadeó, sin saber si creer o no a sus ojos. No se había imaginado la desaparición. De repente, los cerrojos de la puerta de cabina se cerraron sólidamente con un sonoro ruido, encerrándoles de nuevo en la oscuridad. Su hermano se quejó. Ella lo abrazó un poco más fuerte, preguntándose en silencio qué sería de ellos.
Algo le tocó el hombro. La chica jadeó sonoramente, aunque sólo el tiempo suficiente para que una mano le tapase la boca. Reconoció la expresión de dolor de la esclava favorita de Trentacal. ¿Cuánto tiempo había estado allí escondida, esperando a que Vex se fuera? La esclava le colocó una llave en su mano e hizo un gesto llevándose el dedo a los labios.
Antes de que pudiera decir una palabra de agradecimiento, la puerta de la cámara privada de Trentacal se abrió de pronto, y la corpulenta silueta del jefe esclavista llenó la puerta. Su cara estaba oculta en la sombra.
-¿Qué está pasando aquí?