Mostrando entradas con la etiqueta Encuentros alienígenas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Encuentros alienígenas. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de octubre de 2013

Encuentros alienígenas: La esquirla

Encuentros alienígenas: La esquirla
Stephen Kenson
 
-Bienvenido a casa, señor –dijo Enetrés cuando su amo entró en sus aposentos a bordo del Destructor Estelar Trueno. El comandante Tobal Siy no era una persona feliz. Hasta un droide podría verlo claramente. Eso significaba que N-3PO podía verlo mejor que la mayoría. El droide de protocolo había servido durante varios años como su mayordomo y asistente personal y conocía bien sus actitudes y estados de ánimo-. ¿Quiere que le traiga algo?
Siy se aflojó el cuello de su uniforme gris.
-No, Enetrés. –Hizo una pausa, se masajeó la frente con una mano, y lanzó un fuerte suspiro-. Pensándolo mejor, tráeme un poco de agua y una dosis de algo para aliviarme este dolor de cabeza.
El droide se marchó para obedecer la petición de su amo mientras Siy se derrumbaba en una de las sillas acolchadas de la habitación. Enetrés regresó rápidamente con un vaso y un par de pastillas blancas.
-Si me permite preguntar, señor –aventuró el droide mientras Siy se tragaba las pastillas-, ¿está usted enfermo o necesita atención médica? –El comandante Siy tomó otro sorbo de su bebida, dejando que su calidez le confortara antes de responder.
-No. Sólo otro día inútil persiguiendo contrabandistas rebeldes por todo el sector, Enetrés. Son como fantasmas. De algún modo esquivan todos nuestros esfuerzos por atraparlos; droides sonda, barridos de cazas TIE, escaneos de sensores, bombardeos orbitales, nada de lo que intentemos parece tener ningún efecto. Si nos llega noticia de una base o almacén rebelde, siempre está abandonado antes de que podamos llegar allí. –Siy se detuvo y se obligó a sí mismo a relajar la mandíbula y tomar otro sorbo de agua.
-Estoy seguro de que con el tiempo atraparán a los rebeldes, señor –dijo Enetrés con un tono tan esperanzado como un droide era capaz de conseguir.
-Sólo hay un modo de que los rebeldes puedan estar siempre un paso por delante de nosotros –murmuró Siy, hablando más para sí mismo que para el droide-. Deben de tener un espía a bordo.
-¡Un espía! –graznó Enetrés-. ¿En esta nave? ¡Pero, señor! ¡Eso es imposible!
Siy tomó otro sorbo de su bebida y dijo con tono irritado.
-Ya lo sé. He incrementado la seguridad tres veces. No hay señales de ningún infiltrado en nuestro personal. No hay dispositivos de escucha, ni transmisiones inusuales. No hay rastro de un espía rebelde, pero los rebeldes están obteniendo información de algún modo. –Una oleada de cansancio invadió a Siy, y dejó su vaso en la mesa cercana, recostando la espalda en su silla.
-Tal vez debería descansar, señor –dijo la voz de Enetrés, llegando desde lo que parecía una gran distancia. Siy sintió cómo iba sumiéndose en el sueño incluso mientras el droide hablaba-. Eso es, duerma y libere su mente de preocupaciones. No hay nada de lo que preocuparse. Ya debería estar muy relajado. –El comandante Siy emitió un ligero sonido y asintió un poco con la cabeza.
-Bien –dijo el droide de protocolo, con sus ojos amarillos eternamente abiertos fijos sobre el comandante-. Ahora, comandante, hábleme de los últimos esfuerzos para encontrar a los contrabandistas rebeldes y de las medidas de seguridad que han tomado para encontrar a cualquier espía a bordo. –El comandante Siy se lamió ligeramente los labios y comenzó a divagar en voz baja acerca de un plan de colocar espías imperiales entre las filas de la comunidad del contrabando local en un esfuerzo de localizar a aquellos contrabandistas que estaban ayudando a la Rebelión. Proporcionó los nombres de los agentes imperiales y habló de los esfuerzos para identificar cualquier elemento extraño a bordo del Trueno que pudiera ser indicativo de una infiltración rebelde. El droide de protocolo escuchó cuidadosamente cada una de las palabras de Siy.
-Eso está muy bien, comandante -dijo el droide con tono suave y tranquilizante-. Ahora, vaya a dormir y olvídelo todo acerca de nuestra pequeña charla. Se despertará dentro de una hora más o menos sintiéndose bastante descansado y seguro de que sus planes le permitirán localizar a los rebeldes. –Siy se recostó en los cojines de la silla y se quedó dormido casi de inmediato. Enetrés observó por unos instantes al comandante hasta que su respiración cobró un ritmo estable y constante. Entonces el droide tomó el vaso de agua y lo depositó en la unidad de tratamiento de residuos.
Enetrés se dirigió al pequeño armario de mantenimiento al fondo de los aposentos del comandante, donde se suponía que el droide pasaba su tiempo recargándose cuando era necesario. La puerta del armario se deslizó cerrándose con un débil siseo y Enetrés abrió un panel que ocultaba un pequeño pero complejo conjunto de circuitos y cables. El droide manipuló unos botones de control en sus propios hombros y pecho y abrió su panel pectoral para revelar el habitual conjunto de circuitería que componía las entrañas de un droide de protocolo modelo 3PO.
Esa capa de mecanismos fue igualmente levantada para revelar un cristal brillante, casi de la longitud del torso del droide, embebido entre los mecanismos y cables del interior del cuerpo de Enetrés. El droide conectó con destreza y eficiencia las conexiones del panel abierto a puertos alrededor del cristal, que palpitaba y titilaba con su propia luz interior. Una vez que todas las conexiones estuvieron en su lugar, Enetrés comenzó a dictar un informe que ayudaría a sus aliados rebeldes a evitar ser capturados un día más, y, tal vez, llevaría a la Rebelión un paso más cerca de la victoria contra el Imperio.

lunes, 7 de octubre de 2013

Encuentros alienígenas: Un invitado extinto

Encuentros alienígenas: Un invitado extinto
Trevor J. Wilson y Craig Robert Carey

Había sido una semana ocupada para el profesor Tem Eliss. La Universidad de Sanbra estaba completamente alborotada por el reciente despido por orden imperial del instructor Callow Batta del Departamento de Historia... y las continuas presiones de los oficiales imperiales sobre el trabajo de Eliss entorpecían aún más su progreso. Tenía muchos proyectos que evaluar y muchas conferencias programadas, y el Departamento de Estudios Racionales esperaba recibir el primer volumen de su Guía de la Vida Inteligente de la Universidad de Sanbra en algún momento antes de que terminase el curso.
Tem se hundió en su vieja aguasilla, asegurándose en ella rodeando los brazos del asiento con sus numerosos tentáculos. Durante los últimos días había leído fragmentos del Catálogo de Vida Inteligente en la Galaxia de Rin, y esa enfermiza obra pro-imperial sólo le animaba aún más a completar su propio proyecto. Por desgracia para Eliss, sin embargo, lo que un iyra podía hacer en un día de 27 horas estaba bastante limitado. Apagó su terminal y tomó un sorbo de un tazón de salada infusión de salmuera.
Sonó el timbre de la puerta y el profesor Eliss se incorporó.
-Adelante –exclamó. Echó un vistazo al crono de la pared; las citas con los estudiantes no comenzaban hasta dentro de una hora aproximadamente. Durante un momento, esperaba que el moff del sector entrase con una escolta de soldados de asalto, dispuestos a llevarle a algún centro de interrogación. En lugar de eso, un ser reptiliano de escasa estatura esperaba en el pasillo escasamente iluminado.
El alienígena medía menos de metro y medio de altura, y arrastraba tras él una cola bífida tan gruesa como su cuerpo.
-¿Profesor Eliss? –preguntó en voz baja el visitante, inclinando la cabeza en la entrada.
-Sí –respondió Eliss-. ¿Puedo ayudarle?
El menudo reptil miró con suspicacia el interior de la habitación.
-¿Estamos solos?
Eliss echó un vistazo a su oficina, no muy seguro del todo de qué esperar. Posó su tazón de infusión de salmuera.
-Lo estamos –respondió vacilante el profesor-. Tome asiento –dijo, señalando un gravisofá situado enfrente de donde él estaba sentado.
-Gracias –dijo el alienígena, y se deslizó en el sofá.
-Entonces, ¿en qué puedo ayudarle? –preguntó el profesor Eliss a la delgada criatura.
No hubo pausa alguna; el solicitante ya había llegado con su discurso preparado.
-Le pido que escriba la verdad sobre mi pueblo.
Entonces el profesor Eliss se dio cuenta de que ni siquiera  había reconocido de qué especie era su inesperado invitado. Alcanzó su tableta de datos.
-¿Y cuál es su especie? –preguntó.
-Soy un abinyshi –respondió secamente el reptil.
El profesor Eliss dejó su tableta de datos sobre uno de los brazos de su silla.
-Los abinyshi llevan décadas extintos –dijo Eliss lentamente.
-Hemos estado bajo la servidumbre del Imperio –dijo el reptil-. Hemos sido prácticamente aniquilados. Pero unos pocos de nosotros sobrevivimos, a pesar de la propaganda imperial que proclama que nos destruimos a nosotros mismos en alguna absurda guerra civil.
-Ya veo. –El sencientólogo pisaba ahora terreno peligroso, y de pronto deseó que el COMPNOR no hubiera instalado en su oficina ninguna clase de dispositivo de vigilancia.
Todos los corazones de Eliss se detuvieron por un instante.
-De acuerdo –dijo-. Hábleme de su pueblo y me aseguraré de que se cuente la verdad. –Eliss echó un vistazo al campus a través de los barrotes de su ventana-. Probablemente no me quede aquí mucho más tiempo, así que conviene que deje hecha la mayor cantidad de trabajo posible. –Se volvió para mirar a su invitado.
-Me llamo S’itl Thirr –comenzó a decir el ser...