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jueves, 25 de febrero de 2010

Trilogía de la Academia Jedi I: La búsqueda del Jedi - Epílogo

Trilogía de la Academia Jedi I: La búsqueda del Jedi
Epílogo

de Kevin J. Anderson

Luke Skywalker, Maestro Jedi, se encontraba de pie en lo alto del Gran Templo de la cuarta luna de Yavin.
Bajo sus pies se encontraba la vacía sala del trono y la gran cámara de audiencias con claraboyas abiertas al solo. Vestido con una nueva túnica Jedi, con su espada de luz colgando a un lado, Luke sintió que la tibieza lo bañaba. Persistentes aromas especiados subían como vapor de la lujuriosa selva que se encontraba a sus pies.
Las antiguas ruinas dejadas por la desaparecida raza massassi constaban de varios gigantescos edificios geométricos dispersos, ahora cubiertos por la voraz jungla. Luke se encontraba en lo alto del ziggurat que había sido una inmensa estación de seguimiento cuando la base rebelde estuvo ubicada en Yavin 4.
En el cielo, como una amenazante esfera gigante de color naranja pálido, el planeta Yavin llenaba casi todo su campo de visión. El hichado gigante gaseoso había sido un escudo para la base rebelde cuando la primera Estrella de la Muerte avanzaba en su órbita hasta la posición de disparo con su superláser destructor de planetas. La base de Yavin había sido abandonada por los rebeldes años atrás. Pero muchas de las rotas estructuras de piedra aún eran utilizables.
Con el poderío desencadenado de la flota de las Fauces, y los previsibles ataques de la almirante Daala, la Nueva República necesitaba desesperadamente una fuerza poderosa que fuera más allá del mero poderío militar, un grupo de guardianes que mantuviera el orden en la galaxia.
Luke pretendía reunir a todos los que pudiera, inmediatamente... no solo a Gantoris y Streen, sino también a Kyp Durron, Mara Jade, varias de las brujas de Dathomir, Kam Solusar, y otros a los que había encontrado desde la Batalla de Endor. Y la búsqueda de más personas con potencial Jedi tendría que intensificarse. Necesitaba candidatos, tantos como fuera posible.
Los niveles superiores de algunas de las estructuras massassi de techo plano estaban lo bastante claros para que Luke pudiera aterrizar su nave. En el amplio patio que una vez se usó como plataforma de lanzamiento para la Alianza, el viejo caza ala-X de Luke se refrescaba entre las crecientes nieblas de las junglas de Yavin.
Cuando Mon Mothma y Leia ofrecieron a Luke la base rebelde abandonada, aprovechó de inmediato la oportunidad.
Para comenzar el entrenamiento real, Luke trató de recrear todos los ejercicios que Yoda le había enseñado en Dagobah, al igual que las sesiones de prácticas que comenzó Obi-Wan Kenobi. Luke también tenía el antiguo Holocrón Jedi, la base de datos histórica visual que Leia había tomado de la fortaleza del Emperador resucitado. Había estudiado la información del almacén oculto de conocimiento Jedi en Dathomir. Tenía muchas herramientas, y sus estudiantes llevaban dentro de sí mismos las puertas a un gran poder.
Pero Luke se preocupó una vez más. Si uno de sus aprendices —¡o más de uno!— cayera al lado oscuro, ¿tendría el poder para traerle de vuelta? ¿Y quién era ese “hombre oscuro” que acechaba en los sueños de Gantoris con profecías de destrucción?
Cuando Luke recorrió con la mirada el amplio panorama de densa naturaleza salvaje, vio amplias cicatrices quemadas donde los incendios habían asolado la selva. Pero el ritmo ecológico de la luna se había cobreado su venganza, curándose a sí misma. Densas agrupaciones de fragantes arbustos de hojazul, árboles massassi y helechos trepadores cubrían la tierra en una maraña impenetrable que se extendía hasta donde alcanzaba la vista, rota sólo por las dispersas ruinas de los templos que asomaban entre la vegetación.
Las construcciones alienígenas dejadas por los massassi parecían repletas de secretos y conocimiento en sí mismas. Luke parpadeó y sintió el poder del lugar que le rodeaba, la maravilla, el misterio que lo rodeaba todo. No podía esperar a llevar allí a sus estudiantes.
Era el lugar perfecto para entrenar a una nueva orden de Caballeros Jedi.

Trilogía de la Academia Jedi I: La búsqueda del Jedi - Capítulo 28, cont. (y IV)

Luke miró profundamente a los ojos de Kyp Durron, buscando en su interior los fundamentos de un Jedi. El joven se estremeció pero mantuvo firme la mirada de Luke.
—¿Estás nervioso, Kyp? —preguntó Luke.
—Un poco. ¿Debería?
Luke sonrió al recordar como fanfarreó ante Yoda diciendo que no tenía miedo de comenzar su entrenamiento Jedi. «Lo tendrás», había dicho Yoda, «¡lo tendrás!».
Han los interrumpió, colocando su mano sobre el hombro de Kyp.
—Deberías haber estado allí para verle deslizarse por los oscuros túneles de especia. ¡Y nos guió por las Fauces con los ojos cerrados! Este chico tiene mucho potencial, Luke.
Luke asintió.
—Estaba a punto de hacer yo mismo ese truco de las Fauces. Se lo difícil que tiene que haber sido.
—¿Significa eso que me llevarás a tu academia Jedi? —preguntó Kyp—. Quiero saber cómo usar este poder que tengo. Cuando estaba solo en mi celda del Destructor Estelar, juré no volver a estar indefenso jamás.
Luke extrajo la célula de potencia y las palas cristalinas del antiguo escáner imperial que antes se usaba para detectar descendientes de Jedi.
—Probemos primero con el escáner.
Desenrollando los cables, Luke acopló las palas cristalinas a cada lado de Kyp.
—Esto no va a dolerte ni nada parecido. Sólo muestra el potencial de tus sentidos.
Activó el escáner en la unidad de control, y una fina línea de luz cobriza recorrió de arriba a abajo el cuerpo de Kyp mientras una imagen más pequeña de la silueta de trazos cobrizos aparecía desde abajo frente a él, mostrando su análisis de Kyp Durron.
La reproducción de Kyp flotó en el aire, bañada por la pálida aureola azulada que Luke había encontrado en los demás que mostraban auténtico potencial Jedi. Pero la aureola crecía y decrecía, parpadeando, volviéndose más oscura, luego más brillante, apareciendo manchas de rojo y luego mezclándose los dos colores.
—¿Qué significa esto? —dijo Kyp.
—El chico está bien, ¿verdad? —Han parecía ansioso de que se aceptase a su protegido.
Luke observó confuso la lectura anómala, preocupado porque no sabía cómo interpretarla. Los parpadeos podían ser resultado de un equipo de escaneo defectuoso, dado que el instrumento no había sido cuidado correctamente y ya no podía calibrarse... o podía ser debido a que la tensión y la presión a la que Kyp había sido sometido durante tantos años no le habían permitido alcanzar aún todo su potencial.
—Veo mucho poder aquí. Mucho —dijo Luke, y Kyp suspiró aliviado—. Déjame hacer otra prueba.
Luke extendió sus manos para tocar el rizado cabello negro de Kyp.
—Deja que haga lo que tenga que hacer —susurró Han al joven—. Confía en él.
Luke cerró los ojos y envió un zarcillo de pensamiento al fondo de la mente de Kyp donde se ocultaban sus profundos recuerdos primarios, dejando poco espacio al pensamiento consciente. Luke penetró en el núcleo aislado de su subconsciente. Empujó con el pensamiento... y de pronto se encontró volando hacia atrás, empujado como una hoja de papel en una tormenta de viento de Bespin. Aterrizó sobre su espalda al otro lado de la sala, jadeando.
Han y Kyp corrieron hacia él mientras trataba de incorporarse sobre los hombros. Luke agitó la cabeza para alejar la sensación de mareo.
—¡Lo siento! —dijo Kyp—. ¡No sé lo que he hecho! No quería hacerlo. ¡Lo juro!
—¿Qué ha pasado? —dijo Han—. ¿Qué significa eso para Kyp?
Luke parpadeó.
—No os preocupéis por mí. Lo he causado yo mismo. —Agitó la cabeza—. Kyp, ¡tienes un poder asombroso!
Luke se levantó y dio un fuerte apretón de manos al joven.
—Desde luego, eres bienvenido a entrenar en mi academia. ¡Tan sólo espero que, cuando puedas usar completamente tus habilidades, seas capaz de controlarlas!

miércoles, 24 de febrero de 2010

Trilogía de la Academia Jedi I: La búsqueda del Jedi - Capítulo 28, cont. (III)

—¡Todos a bordo! —exclamó Wedge Antilles entre los ecos del espaciopuerto de Ciudad Imperial—. Preparémonos para marchar.
Los últimos especialistas en colonización, sociólogos e instructores de supervivencia de la Nueva República subieron sus equipajes por la rampa del carguero de mediano tamaño. La nave de noventa metros de largo ocupaba la mayor parte de toda una bahía en el sector de suministros, pero el grupo necesitaba un transporte lo suficientemente grande como para llevar a los supervivientes de Eol Sha y sus escasas posesiones, al igual que los suministros necesarios para establecer su nuevo hogar en Dantooine.
Wedge llevaba el registro de los detalles finales de la operación, leyendo una lista de tareas en su tableta de datos. Al menos esa era una misión mejor que derribar edificios en ruinas... de momento. Estaba encantado de volver a volar, aunque sólo fuera un torpe carguero en lugar de un caza.
Pero sabía que en el futuro próximo le esperaban misiones más duras. La almirante Daala y sus tres Destructores Estelares imperiales habían devastado el sistema Kessel, y luego se habían desvanecido en el hiperespacio. La Nueva República había enviado sus mejores rastreadores para averiguar dónde había ido a ocultarse. Han insistía en que ella estaba empeñada en hacer destructivos ataques de guerrilla, apareciendo del hiperespacio y atacando un planeta al azar. Un gatillo fácil como Daala no seguiría una estrategia general predecible. Toda la Nueva República tenía que estar alerta.
Chewbacca insistía en que una fuerza de ocupación de la Nueva República se dirigiera a la Instalación de las Fauces para liberar a los demás esclavos wookiees. El Alto Mando de la Alianza también quería poner sus manos en los planos o prototipos que pudieran quedar todavía en el laboratorio secreto de armas. Se acabó el relajarse y recoger pedazos, pensó Wedge. Las cosas iban a ponerse mucho más interesantes.
Pero ahora mismo su misión era llevar a la gente de Eol Sha a la seguridad del planeta que sería su nuevo hogar.
Cuando comprobó que todo el mundo estaba a bordo, Wedge advirtió a Gantoris, de pie a solas junto a los contenedores de suministros apilados junto al muro. El líder de la colonia desplazada parecía alto y poderoso, pero no parecía saber cómo reaccionar al ver partir a la nave de traslado.
—No te preocupes —exclamó Wedge—, llevaremos a tu gente a su nuevo hogar. Después de vivir con volcanes y terremotos toda su vida, Dantooine les parecerá un paraíso.
Gantoris asintió, frunciendo su lisa frente.
—Dales saludos de mi parte.
Wedge se despidió de él con un gesto de la mano.
—Será mejor que vayas a convertirte en el mejor de los nuevos Caballeros Jedi.

Trilogía de la Academia Jedi I: La búsqueda del Jedi - Capítulo 28, cont. (II)

Un estirado oficial vestido con el brillante uniforme de la oficina administrativa arrinconó finalmente a Lando en una refinada sala de descanso para diplomáticos. El oficial llevaba un maletín blindado similar al que llevaban los investigadores de crédito, y tenía el típico comportamiento tirante de una persona a la que se le había dado una misión cuya importancia sobrestimaba drásticamente.
—¿Es usted Lando Calrissian? —dijo el oficial—. He estado tratando de localizarle desde hace días. Me ha complicado mucho la labor —dijo a toda velocidad.
Lando se dio cuenta de que no podía escaparse por la entrada trasera de la sala. Sentado junto a él en la mesa estaba Han, que alzó las cejas. Ambos habían ido a aquella sala para relajarse y descansar después de sus largos informes al Alto Mando de la Alianza.
Por desgracia, la sala estaba destinada a burócratas y funcionarios políticos, y sólo servía bebidas empalagosamente dulces. Han y Lando estaban tomando las suyas a pequeños sorbos, tratando de no hacer muecas.
Lando había escuchado rumores acerca de un investigador que trataba de localizarle, y había conseguido esquivarlo hasta entonces. Temía que algún acreedor le persiguiera, o que fuera alguna queja acerca de las operaciones mineras de gas tibanna que había abandonado en Bespin, o de las ardientes minas de metal que había perdido recientemente en Nkllon.
—Sí, finalmente me ha atrapado —dijo Lando con un suspiro—. ¿Qué es lo que quiere? Aquí en Ciudad Imperial puedo conseguir la mejor representación legal de la galaxia.
—Eso no será necesario —dijo el investigador, colocando su maletín blindado sobre la mesa y manipulando la cibercerradura—. Me desharé de esto gustosamente.
Alzó la tapa del maletín, y salió de él una luz brillante. El resto de la gente del salón se giraron para curiosear. El maletín estaba repleto con paquetes cuidadosamente seleccionados de gemas de fuego facetadas y brillantes crisopacios.
—Vengo del planeta Dargul, y esta es la recompensa que la duquesa Mistal le debía por el regreso sano y salvo de su querido consorte Dack. Puede hacer que se las tasen, pero me han asegurado que estas joyas están valoradas en aproximadamente un millón de créditos. Aparte del maletín, que vale otros cuarenta.
Lando se le quedó mirando, inclinado sobre el maletín y aturdido por su contenido.
—¿Un millón? —dijo.
—Un millón, más cuarenta de la maleta.
—Pero se suponía que sólo conseguiría la mitad de la recompensa.
El investigador buscó en su bolsillo.
—Se me olvidaba darle esto. Es una galleta-mensaje para usted de Slish Fondine, el propietario de los establos donde ayudó a capturar a nuestro consorte Dack.
Le ofreció un pequeño objeto rectangular.
Lando lo hizo girar en su mano, con el ceño fruncido, y luego pasó su uña por la ranura que tenía en la mitad. Abrió la galleta-mensaje con un crujido, luego desdobló las dos mitades para que se sostuviera de pie sobre la pequeña mesa.
Una imagen del propietario del establo de amorfoides cobró vida.
—Saludos, Lando Calrissian. Si estás escuchando este mensaje, supongo que has recibido tu recompensa. Me alegra decir que tu sugerencia de no ejecutar al criminal Tymmo haya resultado ser provechosa para todos los implicados. La duquesa Mistal resultó tan complacida por recuperar a su consorte que insistió en pagarte la recompensa completa, además de ofrecerse a construir para mí una pista de obstáculos para amorfoides en el estadio principal de Umgul. Ya estamos contratando ingenieros creativos para diseñar obstáculos aún más duros para la nueva pista, que, a petición de la duquesa Mistal, se llamará “Pista Dack”.
”Te envío estas gemas de fuego facetadas y estos crisopacios y espero que te gastes sabiamente la recompensa. ¿Por qué no vienes a Umgul y haces algunas apuestas? Estaré encantado de ser tu anfitrión.
Cuando el mensaje se disolvió en motas de luz, Lando apenas podía hacer otra cosa que mirar boquiabierto su fortuna.
Han rió, y luego hizo un gesto al investigador bajito para que se sentase.
—Tómese una copa con nosotros. De hecho... ¡quédese con la mía! De todas formas, es demasiado dulce para mí.
El investigador negó con la cabeza, manteniendo la dura expresión de su rostro.
—No, gracias. No creo que la disfrutase. Será mejor que vuelva a mi trabajo.
Y tras decir eso, el investigador salió del salón.
Han dio una palmada en el hombro a Lando.
—¿Qué vas a hacer con todo ese dinero? ¿Sigues pensando en invertirlo en la minería de especia?
Lando volvió a la realidad poniéndose a la defensiva.
—Odio decirlo, pero cuando Moruth Doole nos mostró la mina, me quedé bastante impresionado por el potencial que había allí. La especia también tiene muchos buenos usos... alternativas perfectamente legítimas en terapia psicológica, investigación criminal, comunicación con razas alienígenas, incluso inspiración artística y entretenimiento. Tú lo sabes, Han, o tú mismo no habrías transportado especia en los viejos tiempos.
—Algo de razón tienes, Lando.
Pero la imaginación de Lando seguía pensando en el problema.
—No veo por qué las minas de especia tienen que funcionar como una especie de operación de señor esclavista. Buena parte podría ser automatizado. Incluso si hubiera más de esas arañas de energía por allí, bastaría con usar droides super-refrigerados en los túneles más profundos. No sería una gran inversión. No veo cuál es el problema.
Han le miró escéptico, tomó un sorbo de su dulce bebida, y luego frunció los labios.
—¡Puaj!
—Por otra parte —dijo Lando—, tengo que comprarme una nueva nave. Tuve que dejar la Dama Afortunada abandonada en Kessel. Puede que nunca la recupere. ¿Qué se supone que debo hacer ahora?
Viendo las ávidas miradas del resto de personas del salón, Lando cerró de un golpe la tapa del maletín blidado.
—Bueno, en cualquier caso, ¡es maravilloso volver a ser solvente!

Trilogía de la Academia Jedi I: La búsqueda del Jedi - Capítulo 28, cont. (I)

NOTA: Esta novela fue publicada por Martínez Roca con la omisión de varias páginas al final, incluyendo parte del capítulo 28 y el epílogo.
A diferencia del caso de "Episodio II: El ataque de los clones", no voy a incluir la parte del capítulo 28 que sí salió editada, ya que esta está compuesta por varias escenas, que además están completas. La parte inédita comienza con una escena nueva, no como en "El ataque de los clones", que el fragmento inédito comenzaba en mitad de una escena.

Trilogía de la Academia Jedi I: La búsqueda del Jedi
Capítulo 28 (continuación)
de Kevin J. Anderson

La reunión fue todo lo que Han había imaginado. Había pasado mucho tiempo pensando en ella durante el largo viaje hiperespacial de vuelta a Coruscant.
Leia y los gemelos se reunieron con él en el momento en el que el Triturador de Soles y el Halcón Milenario se posaban juntos en la plataforma de aterrizaje elevada. Han abrió la escotilla del Triturador de Soles y comenzó a descender la escalerilla, pero Leia fue corriendo hacia él y lo abrazó antes de que tuviera tiempo de bajar del todo.
—¿Contenta de que haya vuelto? —preguntó Han.
—¡Te he echado de menos! —dijo ella, besándolo.
—Lo sé —dijo él con una sonrisa picarona.
Ella puso los brazos en jarras.
—¿Cómo? ¿No me has echado de menos?
Han se apartó tímidamente.
—Bueno, primero nos estrellamos en Kessel, luego quedamos atrapados en las minas de especia, luego un grupo de imperiales nos capturó en medio de un montón de agujeros negros. Realmente no he tenido mucho...
Cuando parecía que Leia estaba a punto de darle un puñetazo, Han reaccionó con una sonrisa.
—Pero aún así no recuerdo haber estado más de dos segundos seguidos sin echarte de menos con todo mi corazón.
Leia lo besó de nuevo.
Erredós bajó rodando por la rampa del Halcón, y Trespeó se apresuró a ir a darle la bienvenida.
—¡Erredós-Dedós! Cuanto me alegro de que estés de vuelta. ¡Ni te imaginas los problemas que hemos tenido mientras estabas fuera!
Erredós pitó algo que nadie se molestó en traducir.
Kyp Durron y Qwi Xux descendieron del Triturador de Soles y se quedaron mirando las interminables torres y rascacielos de Ciudad Imperial, la metrópolis de brillante transpariacero y aleación que se extendía hasta el horizonte. Sobre ellos, las diminutas luces de las lanzaderas parpadeaban por el cielo.
—¡Esto sí que es una ciudad! —dijo Kyp con un suspiro.
Qwi parecía abrumada. El Triturador de Soles sería transferido a un hangar de alta seguridad para ser estudiado por científicos de la Nueva República.
A Qwi no le gustaba la idea de abandonarlo, pero no tenía elección.
Han avanzó hacia sus dos hijos, arrodillándose y rodeando a Jacen y Jaina con sus brazos.
—¡Hola, chicos! ¿Os acordáis de papá? Ha pasado mucho tiempo, ¿eh?
Les revolvió el cabello y se los quedó mirando con el atónito asombro que siempre sentía al ver cuánto habían crecido entre las visitas que Invierno les preparaba al planeta oculto de Anoth. Ahora, sin embargo, los dos años de aislamiento y protección de Jacen y Jaina habían acabado, y los niños se quedarían en casa, dejando sólo al pequeño Anakin bajo protección especial.
Jacen asintió; luego, un instante después Jaina asintió también. Han no estaba seguro de creer en la sinceridad de su respuesta, pero los abrazó igualmente.
—Bueno, si no me recordáis, voy a intentar cambiar eso a partir de ahora.