Amor forzó la puerta lateral y
entró al interior, bláster en mano. Los dos mercenarios rodianos estaban
desplomados en la cabina, cada uno con un impacto de bláster a bocajarro en la
nuca.
Continuó con cautela hacia la
parte trasera del camión, y la encontró tumbada en el suelo. Amor se arrodilló
junto al cuerpo de Induki. La chica era muy hermosa, y más joven de lo que le
había parecido en un primer momento.
Amor pasó su dedo índice por la
empuñadura dorada de la vibrohoja clavada en su pecho. Se inclinó sobre ella,
cerrando los ojos un instante mientras aspiraba una bocanada del perfume de la
chica muerta...
Y entonces lo supo.
Amor escuchó un jadeo ahogado y
alzó la mirada cuando Daniera entró finalmente.
-¿Dolor ya ha estado aquí? –dijo
ella, después de tomarse un instante para recobrar la compostura.
-Probablemente haya estado dentro
todo el tiempo. Arreglando su desorden. –Amor se puso en pie-. Fue descuidado
por su parte dejar testigos, para empezar.
-¿Qué quieres decir?
Amor le pasó una ficha de crédito.
Daniera abrió los ojos como platos al leer la cantidad.
-Esto estaba en su bolsillo.
Probablemente Dolor le pagó por llevar a Odaay al Reina de Kaerlia, aunque
obviamente el senador no obtuvo aquello por lo que había pagado...
-¿Pero por qué Dolor alteraría de
pronto sus costumbres? Las marcas de disparo que tienen estos rodianos no
parecen haber sido causadas por la misma arma. –Señaló el cuerpo de Induki-. Y
la chica fue asesinada realmente con la vibrohoja.
Amor pasó a su lado mientras salía
del camión.
-Bueno, tienes razón a medias.
-¿Qué?
Amor salió al exterior, al fétido
callejón, sacudiéndose las gotas de lluvia que se acumulaban con rapidez sobre
su abrigo.
-Definitivamente eran heridas de
bláster estándar. Muy estándar. De reglamento. –Se sentó a horcajadas sobre su
moto deslizadora-. Y la chica no ha sido asesinada por ningún arma afilada, al
menos no por la más evidente.
-Me he perdido por completo.
Amor se encogió de hombros mientras
la moto comenzaba a ganar potencia.
-Es difícil seguir los pasos de un
genio.
Daniera montó su propia moto,
apartándose el cabello húmedo de los ojos.
-Entonces, ¿a dónde nos conduce
ahora?
-Tengo que confirmar una sospecha
que tengo.
-En marcha, entonces.
Amor negó con la cabeza.
-Necesito que regreses a la
oficina de Cracken. Revisa los informes de la INR sobre todas las víctimas.
-Nuestros mejores especialistas de
análisis han estado volcados en esos archivos desde que comenzó todo este
jaleo. ¿Qué te hace pensar...?
-Concéntrate en los exámenes
toximórficos –le interrumpió Amor-. No le digas a nadie lo que estás haciendo,
¿entendido? Y luego reúnete conmigo en el Bláster de Bolsillo dentro de 45
minutos.
Con esas palabras, se perdió en
las sombras con el rugido de su moto.
La mirada de Daniera permaneció
fija en la silueta de Amor mientras se alejaba, y luego regresó lentamente al
camión deslizador.
-Eso no es lo único que voy a
comprobar.
***
Daniera se deslizó en la silla del
general Cracken. Técnicamente sólo el general tenía permitido usar el
ordenador; sin embargo, una de las normas no escritas de Cracken decía que si
en algún momento uno de sus agentes de la INR favoritos lo necesitaba, podía
usar la potente máquina.
El veloz ordenador sólo necesitó
unos pocos minutos para encontrar los datos que necesitaba. Estudió los
resultados de las pruebas toximórficas de todas las víctimas de Dolor, pero no
encontró nada fuera de lo común. Encogiendo los hombros, copió la información
en su propia tableta de datos.
Daniera se preparó para marcharse,
pero se detuvo y luego volvió a sentarse. Comenzó una búsqueda de información
sobre M’Kyas Amor. Tal y como esperaba, los archivos estaban encriptados con
contraseña. Después de todo, el negocio de la INR era mantener secretos. Puede
que fuera una grave violación de protocolo, posiblemente tan grave como para
sentenciarla a muerte, pero necesitaba saber. Descifrar los archivos allí mismo
y en ese momento le tomaría demasiado tiempo, así que... usando el enlace de su
tableta de datos, Daniera transfirió también a su tableta de datos los archivos
personales de Amor, y puso su unidad de desencriptado integrada a trabajar en
ellos.
Volvió a guardar la pequeña
tableta de datos en su chaqueta y apagó el ordenador de Cracken, sumiendo la
sala en la oscuridad.
***
Amor se abrió paso a través de los
muchos parroquianos reunidos en la hora feliz y se inclinó sobre la barra. Tras
unos cuantos codazos prudenciales, consiguió despejar un poco de espacio para
respirar. Aunque teniendo en cuenta los diversos olores que emanaban de los
clientes del Bláster de Bolsillo (así llamado por la principal causa de muerte
en el local), eso no era necesariamente algo bueno.
EL camarero estaba ocupado
frotando un vaso como si su vida dependiera de ello, y aún no había mirado
siquiera en dirección a Amor.
Amor se aclaró la garganta con la
intensidad de un hutt, pero sólo consiguió atraer algunas miradas de fastidio
por parte de los borrachos sentados a su alrededor. Parecía que si no eras un
cliente habitual, recibías la misma consideración que unas boñigas de rata womp
frescas sobre el casco recién pulido de una nave.
La cabeza del camarero permaneció
baja, y el vaso rápidamente se fue convirtiendo en el objeto más limpio de toda
la cantina.
Había muchas, muchas cosas en la
galaxia que a Amor no le gustaban. Definitivamente, que le ignorasen era una de
ellas.
Amor deslizó una mano bajo su
abrigo, mostrando con aire casual el gigantesco bláster enfundado en su
sobaquera de replicuero.
-¿A quién hay que matar para que
le sirvan a uno una copa aquí?
Silencio.
Entonces alguien (claramente poco
preocupado por su seguridad personal) dio a Amor unos bruscos golpecitos en el
hombro.
Amor giró su cabeza lentamente.
-No me gustas –siseó un devaroniano
con un solo cuerno y un aliento que podría tumbar a un bantha a diez metros.
-Sí, sí... –Amor devolvió su
atención al camarero-. Ahórratelo para el siguiente granjero, amigo. Ahora
mismo estoy realmente sediento.
-Estoy condenado a muerte en...
-¿Cuatro sistemas? ¿Cinco? Genial.
Felicidades. Tu unidad maternal debe estar muy orgullosa. Ahora haznos un favor
a ambos y apártate de mi espacio personal. –Amor agitó la cabeza con
desagrado-. ¿Alguna vez te has duchado desde la Antigua República?
Amor echó un vistazo a la entrada
y comprobó su cronómetro. Un microsegundo más tarde apareció Daniera, justo a
tiempo, pero no parecía contenta.
Su boca se abrió, y Amor tuvo la
súbita imagen de unas baterías turboláser cargándose para disparar. Se estaba
preparando para lo peor cuando la boca de Daniera se cerró de pronto e
introdujo una mano de manicura perfecta en su chaqueta.
La fiable intuición de Amor le
dijo que estaba a punto de recibir un disparo.
-Dani...
Idea correcta. Dirección
equivocada.
Un bláster de bolsillo se clavó de
forma molesta en la nuca de Amor. El fétido aliento del devaroniano lo envolvió
por completo.
Amor sonrió a Daniera como si todo
fuera bien.
-Ya era hora de que llegaras.
Estaba empezando a pensar que no ibas a aparecer.
Daniera abrió los ojos como
platos, sorprendida. Continuó avanzando hacia él, pero no sacó su arma.
-No me lo habría perdido por nada
en el mundo.
Amor sonrió mientras su mano
izquierda se deslizaba sigilosa en dirección a su potente bláster.
-Lo sabía... tarde o temprano sucumbirías
ante mi encanto.
El devaroniano mostró fastidio,
clavando con más fuerza el bláster en la nuca de Amor para llamar su atención.
-¡Idiota! ¿Es que no te has dado
cuenta que estoy a punto de matarte?
-En realidad –dijo Amor mientras
apretaba el gatillo de su pistola, todavía enfundada-, no.
El pulsante proyectil bláster
surgió del cañón, abrió un agujero desgarrado en la espalda del abrigo de Amor,
e impactó directamente en el pecho del devaroniano.
La fuerza del impacto lanzó al
alienígena al otro lado de la habitación. La multitud se apartó del camino
hasta que el devaroniano acabó cayendo bajo dos mesas. El impacto destrozó
sillas, envió comida volando por todas partes, y lanzó una cara botella de
choholl cassandrano hacia la barra.
Amor siguió la trayectoria de la
botella, agarrándola limpiamente en pleno vuelo.
Alzó el choholl en un brindis, y
luego se llevó la botella a los labios con gesto triunfal. Hubo una breve
pausa. La agitó una vez, dos veces. No quedaba ni una gota.
Amor suspiró, lanzando el
recipiente vacío por encima de su hombro.
Hubo un extraño sonido
tintineante, seguido de un escalofriante golpe seco y el ligero chasquido del
cristal al romperse.
Amor se dio la vuelta lentamente.
No por coincidencia, el camarero
había desaparecido de la vista.
Amor se inclinó por encima de la
barra para echar un vistazo, e hizo una mueca.
Ahora, todo el mundo de la cantina
le estaba mirando.
-Bueno –preguntó Amor-, ¿a quién
más hay que matar para conseguir un trago en este sitio?
Como si esa fuera su señal, una
mesa entera de rodianos con capas escarlatas se puso en pie y apuntó con
carabinas bláster de aspecto desagradable.
Amor hizo una pausa, ligeramente
desconcertado.
-Vaya, era más bien una pregunta
retórica.
Daniera se puso a su lado.
-¡Parecen más de los matones de
alquiler de Mah-Luu!
-Ah, sí... ¿Se me olvidó
mencionarte que también es el dueño de este sitio?
El resto de los parroquianos se
había hecho a un lado, dejando expuestos a Amor y Dani. Incluso los borrachos
reconocían los problemas cuando los veían.
-¡En nombre de Byss! ¿Por qué
querías reunirte conmigo aquí, entonces?
-Acabo de decírtelo.
Como un borrón, la mano de Amor
lanzó rápidamente por el aire una pequeña ampolla. Un líquido de color azul se
agitó en su interior mientras giraba grácilmente por el aire y aterrizaba entre
los rodianos. La ampolla se hizo añicos, salpicando a los mercenarios. Un
instante estaban de pie, preparados para disparar... y al siguiente instante,
los seis habían caído al suelo, aparentemente muertos.
Daniera no pudo hacer otra cosa
que mirarle fijamente.
-Amor, eres una manifestación
viviente del lado oscuro.
-Gracias.
Daniera caminó con cuidado sobre
los cuerpos.
-No te preocupes. Esa cosa se
evapora en un segundo o dos después de quedar expuesta a un medio no líquido.
Como el aire. Por supuesto, hace su trabajo en un cuarto de ese tiempo.
Ella tanteó la ampolla rota con la
punta de su bota.
-¿Qué es?
-Un derivado altamente concentrado
de la neurotoxina Fex-M3. Le llaman Azul-8118 por el color de su agente líquido.
Una vez llega al torrente sanguíneo, causa la muerte en microsegundos.
Daniera se volvió para mirarle.
-Pero los rodianos no se lo han
inyectado.
-Exacto. Pero el Azul-8118 es tan
potente, que el mero contacto con la piel es suficiente para causar un fallo
sistémico masivo que colapsa el cuerpo. –Amor sonrió-. Estarán en pie y en
marcha en unos diez minutos, pero no le desearía a nadie el dolor que tendrán
al despertar.
-¿Dónde lo has conseguido?
Amor señaló con la cabeza hacia la
barra.
-Acabo de recoger mi pedido en la
sala de atrás. Y no soy el único que ha hecho una compra recientemente.
-Dolor. –Daniera se le quedó
mirando-. ¿Pero cómo lo supiste?
-No lo sabía. Lo sospechaba. –Amor
se unió a Daniera, tomando un fragmento de la ampolla-. Olí algo exótico en el
cuerpo de Odaay. Muy dulce y floral. Al principio supuse que era el perfume de
una chica, probablemente Induki; pero cuando la encontramos no era el mismo.
Pero también detecté en ella ese mismo olor enfermizamente dulce.
Amor olfateó la ampolla y luego se
la tendió a Daniera. Ella lo olisqueó con cuidado, y abrió los ojos como
platos.
-El Azul-8118...
-Te garantizo que si examinas los
cuerpos en busca de esa muestra genética específica, habrá rastros del veneno
en la sangre de cada una de las víctimas.
-¿Pero cómo lo introduce? ¿Con las
vibrohojas?
-No. Esta cosa es demasiado
delicada. Incluso con una generosa capa de Azul-8118, el aire se lo habría
comido. Tenía que ser un sistema de entrega más preciso. –Amor mostró un
pequeño dardo, casi transparente-. Le encontré esto a Induki. Aparentemente su
asesino no tuvo tiempo de cubrir sus huellas esta vez, con nosotros
siguiéndole.
-Eso explica los grandes agujeros
de bláster en las demás víctimas. Dolor trataba de deshacerse de las pruebas.
–Daniera meneó la cabeza-. Todo encaja, pero no tiene ningún sentido. ¿Por qué
Dolor cambiaría de pronto sus métodos?
-No lo haría. –Amor comenzó a
avanzar hacia la puerta, mirando por encima del hombro-. ¿Sabes? Al principio,
cuando entraste, pensé que ibas a dispararme.
-¿Por qué?
Amor cruzó la puerta.
-Oh, por nada.
-Todo esto es un excelente trabajo
de detective, Amor, pero aún no estamos más cerca de nuestro asesino.
-Equivocada de nuevo. –Echó una
mirada a su cronómetro-. Será mejor que me vaya yendo.
-¿A dónde?
-Hay un intento de asesinato
disfrazado de baile benéfico al que tengo que asistir.
-Querrás decir tenemos, ¿no?
Amor le tocó el brazo y sonrió.
-No.
Daniera sintió de pronto que se le
iba la cabeza. Miró su brazo, y el líquido azul que el dedo enguantado de Amor
había impregnado ahí.
-Amor, eres un...
El resto de sus palabras se
desvanecieron junto con su consciencia y su último recuerdo antes de que la
negrura le envolviera fue el sonido de la voz de Amor...
-Gracias.
***
Daniera se despertó finalmente con
el pitido penetrante que emitía su chaqueta. Aún aturdida y con todo el cuerpo
dolorido, examinó su tableta de datos. La pantalla decía: “desencriptado
finalizado”.
Tocó la tableta y esperó a que
aparecieran los resultados.
Momentos más tarde, la tableta de
datos resbaló de sus dedos temblorosos. Daniera ya estaba corriendo a su moto
deslizadora incluso antes de que la tableta golpease el suelo.
***
El Gran Salón de Baile del Palacio
Imperial estaba lleno en todo su aforo. Moverse entre la densa multitud
requería paciencia, buena sincronización, y un uso prudente de los codos. Por
lo que parecía, el Baile de Máscaras Benéfico Maltesara iba a ser un rotundo
éxito. Toda la élite de Coruscant había acudido: políticos, hombres de
negocios, damas de la alta sociedad, incluso miembros de casas reales
alienígenas. Disfraces de colores vivos y extravagantes máscaras otorgaban un
aire de colorida elegancia al acto.
El personal de la Fuerza de
Defensa de la Nueva República estacionado alrededor del salón de baile
permanecía discreto pero totalmente vigilantes, al igual que los agentes de la
INR disfrazados dispersos entre la multitud.
Los atronadores ecos de las
conversaciones y las risas se apagaron de pronto ante el potente sonido de las
sinto-trompas reales. Todos los ojos se centraron en las inmensas puertas
dobles de la entrada principal del salón de baile cuando estas comenzaron a
abrirse.
La jefe de estado hizo finalmente
su aparición, atendida por una falange de guardias de la Fuerza de Defensa ataviados
con voluminosas armaduras ceremoniales. Leia Organa Solo parecía brillar con
una simple túnica color marfil, un medallón de rubí con forma de estrella, y
una intrincada máscara de carnaval alderaaniana. Comenzó el largo camino hacia
el estrado, avanzando por la larga fila de importantes invitados que querían
saludarla.
***
Cerca del final de la fila de los
que esperaban a saludar, el general Cracken permanecía en posición de firmes,
aguardando pacientemente a la jefe de estado. Junto a él, Cabe se ajustó su
máscara.
-Me pregunto dónde estarán –dijo
Cracken.
-Será mejor que Daniera se
encuentre bien –dijo Cabe-. Ese Amor me inspira tanta confianza como un wampa
en un establo de tauntauns.
-Confío plenamente en él. –Cracken
miró nerviosamente su cronómetro-. Bueno... solía confiar.
***
Oculto en las sombras de una gran
columna a 20 metros
de la fila de recepción, Amor observaba en silencio los actos. Conforme la jefe
de estado se fue acercando, sacó el bláster pesado de su funda. Observó con
satisfacción que el arma estaba completamente cargada.
Bien.
Porque probablemente sólo
dispondría de un disparo, y tenía que asegurarse de que fuera bueno.
***
Daniera ignoró el dolor que
oprimía su cuerpo y esprintó por el vestíbulo del palacio hacia el Gran Salón
de Baile. Los guardias de la Fuerza de Defensa estacionados en la entrada
echaron mano a sus rifles bláster al ver su alocada llegada.
Ella aminoró ligeramente cuando
llegó a los escáneres biológicos y de armas. Daniera mostró apresuradamente su
identificación con una mano y se levantó la chaqueta para mostrarles el bláster
de bolsillo enfundado.
-Esto es una emergencia. ¡La vida
de la jefe de estado corre grave peligro!
Los guardias intercambiaron
miradas...
***
Leia Organa Solo casi había
llegado al final de la fila. Por suerte, su máscara ocultaba el alivio de su
rostro. Soportó los cumplidos excesivamente entusiastas del prex de Empresas
Taldan, recordándose a sí misma, como ya había hecho un millar de veces esa
noche, que todo era por una buena causa.
Conforme el hombre de negocios
proseguía su cháchara, toquiteó con aire ausente el rubí estrellado engastado
en el medallón de oro. Había sido un regalo de última hora de un admirador
secreto, lo que como poco era inusual. Pero era tan hermoso, que difícilmente
podía resistirse. Además, no era buena idea ofender a un donante el día de un
baile benéfico.
Se volvió y ofreció una sonrisa
genuina a su siguiente admirador... el general Cracken.
***
Amor salió de las sombras y avanzó
entre la multitud, sosteniendo el bláster pesado a la altura de sus muslos
mientras se acercaba a la fila de bienvenida desde el lado opuesto.
Ahí estaba. Amor quedó sorprendido
de lo hermosa que era Leia de cerca. Ciertamente no había perdido la presencia
real de sus días como princesa.
Le estaba dando parcialmente la
espalda, pero Amor podía ver que Leia acababa de extender una bien cuidada mano
al general Cracken, que hizo una reverencia al estilo de los caballeros.
Amor apoyó su hombro contra un
obeso senador vestido con una estilizada túnica de incursor tusken y alzó la
pesada pistola bláster...
***
Daniera se abrió camino al
interior del salón de baile, pasando junto al estrado mientras se dirigía a la
fila de recepción. Ya tenía el bláster de bolsillo en las manos mientras
examinaba apresuradamente la multitud. Entonces lo vio...
La jefe de estado estaba saludando
a Cracken, pero ni el general ni Cabe, que permanecía rígido junto a él, podían
ver a Amor salir de entre la gente al otro lado. Organa Solo les bloqueaba la
visión de Amor mientras este apuntaba con su bláster.
-¡Seguridad de la Nueva República!
–gritó Daniera con toda la fuerza de sus pulmones-. ¡Todo el mundo al suelo!
***
El dedo de Amor comenzó a apretar
el gatillo. Sólo unos segundos más...
Cuando escuchó el alarido de
Daniera, no pudo creer lo que estaba oyendo. Entonces su visión fue el
siguiente sentido que tuvo que cuestionar cuando la vio salir de entre la
multitud, ¡con su bláster apuntándole directamente a él!
-¿Dani?
El disparo del bláster le dio en
el hombro derecho, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo. Su
bláster pesado salió deslizándose por el suelo.
La muchedumbre aturdida había
quedado en un silencio sepulcral salvo por algunos gritos dispersos.
Los guardias pronto formaron una
barrera protectora alrededor de la jefe de estado. Cracken desenfundó su propio
bláster, avanzando para tener una mejor visión de lo que ocurría a su
alrededor. Cabe permaneció donde estaba, flanqueando a los guardias detrás de
Organa Solo.
Ella dirigió una rápida mirada al
general que se acercaba a ella.
-¡Arrestar a Grandyl Dolor por el
intento de asesinato de la jefe de estado!
Amor alzó la mirada completamente
atónito.
-¿Qué? Yo no soy... –Señaló con un
dedo acusador-. ¡Es él!
Todos los ojos se volvieron hacia
el lugar que Amor estaba señalando.
Allí se encontraba Cabe sonriendo,
con una pequeña pistola de dardos en la palma de su mano y apuntando
directamente a Leia Organa Solo.
-Demasiado tarde, me temo –dijo, y
apretó el gatillo.
-¡Cabe! -gritó Daniera-. ¡No!
Tanto Cracken como Daniera
abrieron fuego, derribando a Cabe al suelo, pero era demasiado tarde. El dardo
salió disparado sin que nada se lo impidiera hacia la jefe de estado.
La sala quedó de nuevo sumida en
un silencio sepulcral, excepto Amor, que dijo una única palabra.
-Escudo.
El rubí estrellado del medallón de
Leia parpadeó una vez.
Uno de los guardias trató
valientemente de ponerse delante de ella, pero el pequeño dardo era mucho más
rápido.
El dardo golpeó su objetivo.
O para ser más exactos, golpeó
algo, pero no era la jefe de estado; el proyectil rebotó en una barrera
invisible a escasos centímetros de distancia de la piel de Organa Solo.
Perdiendo irreversiblemente su impulso, el dardo cayó inofensivamente al suelo.
Desde su posición en el suelo,
Cabe, herido, rugió presa de la rabia. Dirigió la pistola de dardos hacia
Daniera y el general Cracken.
-¡Alguien tiene que morir!
La atronadora explosión golpeó a
Cabe en el pecho, haciendo que saliera deslizándose por el suelo contra una
columna de piedra. El aspirante a asesino se derrumbó, con un gigantesco
agujero humeante en el pecho.
-Siempre hay alguien que muere.
–Amor bajó la pesada pistola bláster y se tambaleó para ponerse en pie con la
ayuda de Cracken-. Gracias, general.
Daniera sólo pudo mirarles
fijamente.
-Pero él es Grandyl Dolor. ¡Vi sus
registros!
Cracken sonrió.
-Tienes razón. Pero se ha redimido
más veces de las que me he molestado en contar. Ya lleva años trabajando para
nosotros.
-¿De Dolor a Amor?
Amor sonrió.
-Idea del general. Disfruta de sus
giros irónicos.
-Sospechaba que teníamos un topo
en la INR haciéndose pasar por Dolor –dijo Cracken-, ¿y quién mejor que el
verdadero Dolor para hacer salir al falso?
-¿Lo ves?
-No puedo creerlo –dijo Daniera.
-¿Tú no puedes creerlo? –Amor se llevó la mano a la pequeña herida de
su hombro-. ¡Me has disparado!
-Bueno... –Lo pensó por un
instante-. Te dije que no me llamases Dani.
Cracken miró a Amor.
-¿Cuál fue la pista definitiva?
Amor señaló el cadáver de Cabe con
la cabeza.
-Compró una pistola de mano Sigilo
2VX de Armas Prax en mi tienda unos minutos antes de que Daniera llegara para
reclutarme en esta misión.
-Y ciertamente estoy agradecida de
que le reclutase –dijo Leia.
El trio levantó la mirada mientras
la jefe de estado se aproximaba. Recorrió el medallón con la mano.
-Este es, de lejos, uno de los
mejores regalos que he recibido nunca.
-Una de mis pequeñas creaciones
personalizadas –dijo Amor con orgullo. Un generador de escudo de partículas en
miniatura. Sólo funciona por unos pocos segundos o así, pero en este caso era
todo cuanto era necesario.
-Gracias –dijo Organa Solo, mirándoles
a todos por turno-. A todos. –Leia efectuó una ligera reverencia-.
Especialmente por darle algo de vida a este evento –dijo guiñando un ojo antes
de añadir, en voz más alta-: Ahora, si me disculpan...
Mientras la jefe de estado se
marchaba, Daniera se la quedó mirando.
-Amor, eres un...
Amor se preparó a recibir la
reprimenda.
-En realidad, no estoy segura de
qué eres –terminó.
-Oh, eso puedo decírtelo yo
–sonrió, acercándose tiernamente a la mejilla su pistola humeante-. Un bláster
caliente, eso es Amor.
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