martes, 11 de septiembre de 2012

Darth Maul: Contención (XII)


Espada corta en mano, y esquivando los disparos bláster de los weequay y siniteen, Maul corrió hacia el mamparo de la sala de control. Por un momento parecía que tenía la intención de subir corriendo por la pared, pero en lugar de eso se lanzó directamente hacia arriba saltando desde la cubierta cuando se encontraba a escasos metros del mamparo. Al mismo tiempo, levantó la espada por encima de su cabeza sujetándola con las dos manos, y la hundió en la gruesa ventana de transpariacero de la sala de control. Una hoja normal, simplemente habría rebotado en la superficie pero, energizada por el lado oscuro de la Fuerza, la espada de la Hermana de la Noche no sólo penetró en el panel del modo en que lo haría un sable de luz, sino que abrió un desgarro vertical en la ventana conforme la gravedad luchaba para devolver a Maul a la cubierta. Colgando de la empuñadura del arma, descendió con ella durante una corta distancia, luego giró su cuerpo hacia arriba y alrededor de la espada, colocando sus pies delante de él y golpeando con ellos contra el cristal. Que la táctica funcionase, sin embargo, tuvo menos que ver con la cantidad de impulso que Maul fue capaz de proporcionar, y más al fuego de bláster concentrado de los guerreros del vollick.
Con los pies por delante, Maul atravesó volando la ventana rota al interior de la sala de control, con decenas de disparos láser siguiéndole y rebotando salvajemente. Varios dispositivos de la sala fueron golpeados, y, al freírse sus circuitos, el pequeño espacio se llenó de humo acre. Arrastrándose por debajo de la abertura en ruinas, Maul llegó al panel de control principal de la computadora y comenzó a introducir datos en una pantalla táctil. Él no era en absoluto un experto pirata informático, pero Trezza daba tanta importancia a los conocimientos de informática como a la producción de veneno y a las técnicas de asesinato. Y aún más importante, piratear los programas que supervisaban el sistema automatizado de transferencia de mercancía de Orsis no requería los conocimientos de un experto.
Con tornillos aún golpeando la sala, Maul se abrió camino en el programa que controlaba la matriz de rayos tractores y lo reprogramó. El sistema le preguntó varias veces si estaba completamente seguro de que quería que se aplicasen los cambios, pero una vez que lo convenció, las consecuencias fueron casi inmediatas.
Donde momentos antes los contenedores de carga habían estado flotando suavemente en el hangar, ahora de pronto volaban a toda velocidad. La gran nave estacionada fuera de la estación no se vio afectada por la atracción incrementada del rayo tractor, pero los propios contenedores estaban llegando demasiado rápido para que los elevadores de carga dieran abasto. En lugar de eso, se estaban amontonando en la cubierta, lo que equivalía a levantar un alto muro entre los mercenarios y las Hermanas de la Noche, aunque sin impedir que estas fueran capaces de alcanzar el conector que llevaba al módulo de la instalación de pasajeros.
Comprendiendo cuál iba a ser el resultado final, varios de los soldados salieron de su posición a cubierto en un intento de llegar al otro lado de la bahía de carga, sólo para terminar aplastados por los contenedores que llegaban. Un par de elevadores de carga también terminaron acorralados, pasando a formar parte de un tabique improvisado que estaba a punto de derramarse fuera de la bahía presurizada.
Con la atención del enemigo desviada al muro, Maul fue capaz de saltar de forma segura desde la sala de control a la cubierta y volver al lado de Talzin.
-Magia tecnológica -dijo, aunque no sin una pizca de agradecimiento.
Maul le ayudó a ponerse en pie y rodeó su cintura con su brazo izquierdo.
Con las Hermanas de la Noche en la retaguardia, los dos se apresuraron a entrar en el pasillo a través de la primera de varias escotillas: Maul usó la Fuerza para abrirla conforme se acercaron, Talzin usó la Fuerza para cerrarla, y las dos Hermanas de la Noche usaron sus proyectiles de energía para destruir el panel de control. Durante todo el camino a través del conector, su trabajo en equipo se repitió. Maul no estaba seguro de si sus acciones serían vistas en última instancia como inspiradas o mal concebidas. Pero su creencia de que estaba siendo probado adquirió credibilidad cuando él y Talzin pasaron a través de la escotilla final y llegaron al módulo de pasajeros de la Estación Orbital de Orsis, y la revelación fue tan poderosa que se detuvo en seco.
-¿Por qué te detienes? -dijo Talzin-. Nuestra nave no está lejos.
-Puedes dejar de fingir -le dijo.
Ella agitó la cabeza con aire confuso.
-¿Sobre qué?
-Sobre Dathomir, los Hermanos de la Noche, y el resto. Sé que fuisteis enviadas por mi Maestro. -Ella lo miró con perplejidad-. Lo sé, porque le percibo. Mi maestro está aquí.

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