jueves, 13 de septiembre de 2012

Darth Maul: Fin del Juego (VI)


Maul salió de las tierras bajas con su moto deslizadora, siguiendo un retorcido camino que volvía a subir por las exuberantes colinas de la sierra Gallo. Comenzaron a aparecer granjas, con majestuosas casas antiguas situadas lejos del camino. Con el razonamiento de que cualquier tipo de revuelta comenzaría en una de las ciudades, los neimoidianos no habían enviado sus droides a la zona. Pero era evidente que los agricultores de Naboo eran conscientes de lo que había sucedido en otros lugares, ya que muchas de las casas estaban abandonadas y las máquinas agrícolas permanecían en silencio en medio de los campos arados.
Finalmente Maul localizó el lugar que Sidious le había dicho que buscara. Colocado donde la calzada se cruzaba con el camino que accedía a la casa, había un cartel escrito en básico y futhork donde podía leerse: DESTILERÍA DE VINO DE FLORES “GRANJA DE LA CUMBRE”. Maul esperó junto a la señal. Al este y el oeste del camino, hasta donde alcanzaba su vista, se extendían campos y campos de plantas cultivadas, con flores vibrantes que variaban en color, tamaño y forma. El aire cálido estaba impregnado con sus fragancias embriagadoras. Maul giró la moto deslizadora entrando en el camino y se dirigió lentamente hacia la casa. En algunos campos, los hombres de Naboo que trabajaban junto a droides de trabajo dejaron lo que estaban haciendo para verlo pasar. Un hombre salió corriendo hacia la casa, sin duda para anunciar la llegada de Maul.
La casa era un edificio de madera y piedra muy bien cuidado, con un pintoresco tejado a dos aguas. A cierta distancia de la casa, dos antiguos molinos de viento daban vueltas. En un edificio anexo mayor que la casa, Maul pudo ver prensas de extracción y barriles de almacenamiento de madera. Justo acababa de detener el deslizador cuando una mujer Naboo de escasa estatura salió por la puerta delantera de la casa, secándose las manos en un delantal de trabajo y examinando abiertamente a su visitante. Tan robusta como su casa, la mujer tenía rasgos afilados, penetrantes ojos azules y cabello plateado muy corto. El musculoso trabajador que le había avisado permaneció detrás, y su postura indicaba que tenía un bláster metido en la cintura de su pantalón, en la parte baja de su espalda. Maul pasó su pierna izquierda por encima del asiento en forma de U del deslizador y se quedó inmóvil un instante, permitiendo que la mujer le examinase mientras se quitaba sus largos guantes negros largos y los colocaba sobre el manillar.
-Ha realizado un largo viaje –dijo ella-. Debe de tener sed. Entre.
Se dio la vuelta y volvió a entrar en la casa. Su protector se apartó, permitiendo pasar a Maul antes de seguirlo al interior. El interior era fresco y oscuro y decorado con muebles de madera y otras cosas antiguas. La mujer regresó de una zona de preparación de alimentos y entregó a Maul una bebida clara enfriada con hielo picado. Dio un pequeño sorbo, probándolo en busca veneno, y luego bebió el dulce líquido de un largo trago mientras la mujer intercambiaba miradas furtivas con su guardaespaldas. Con un gesto de su barbilla puntiaguda, hizo una señal para que el hombre saliera de la habitación, pero no se fue muy lejos.
Cuando Maul le entregó el vaso vacío, señaló un sofá.
-¿Le apetece sentarse? Y dígame qué puedo hacer por usted.
Maul no se movió.
-Necesito las coordenadas de ubicación de las ciudades gungan más importantes.
Ella parpadeó sorprendida.
-¿Quién le dijo que tengo ese tipo de información?
-¿La tiene o no?
Ella entrecerró los ojos, comprendiendo, y le mostró una fugaz sonrisa con sus labios apretados.
-Ya sabía que los neimoidianos no podrían haber llevado a cabo algo como esto por su cuenta. ¿Desde cuándo lleva trabajando con la Federación de Comercio?
Maul la fulminó con la mirada.
-Las ciudades gungan.
-Me temo que ha venido hasta aquí para nada. -Al ver el fuego en los ojos amarillos de Maul, rápidamente añadió-: Pero espere un momento. El hecho de que yo no sepa las coordenadas, no quiere decir que no conozca a alguien que sí las sepa.
-¿Quién? -espetó Maul.
Ella se sentó en el sofá.
-Lo primero es lo primero. ¿Cuánto sabe usted, o cree saber, acerca de mí?
Maul se irguió ante ella.
-Su nombre es Magneta. Usted fue jefa de seguridad del anterior rey.
Ella forzó una breve exhalación.
-Me gustaría preguntarle su nombre, pero estoy segura de que no significaría nada para mí.
Maul continuó.
-Antes de la elección de la Reina Amidala, el rey tenía la intención de aprovechar depósitos de plasma adicionales en las áreas gungan. Firmó un contrato con una empresa minera de fuera del planeta para hacer las inspecciones, y estaba dispuesto a ir a la guerra con los gungans si se resistían. Abdicó del trono antes de poner el plan en acción.
-Abdicó -dijo Magneta, alargando la palabra-. Una forma curiosa de decirlo. ¿Sabe cómo murió el rey Veruna?
Maul luchó por controlar su impaciencia.
-Ni lo sé ni me importa.
Ella estudió su rostro.
-Extraño. Cuando se acercaba en su moto, inmediatamente me imaginé que usted era el asesino que nunca pudimos localizar.
Maul resopló.
-Imaginó mal. ¿Quién conoce la ubicación de las ciudades subacuáticas?
Magneta suspiró.
-Está bien, como usted quiera. Le interesará hablar con un bothan llamado Leika. Es el supervisor jefe de la compañía que contrató el rey Veruna. Pero no estoy segura de dónde se le puede encontrar. He tratado de mantener los oídos abiertos, pero desde aquí no puedo enterarme de todo. Leika se disponía a salir de Naboo cuando los neimoidianos desplegaron el bloqueo sorpresa. Trató de razonar con ellos, pero, como a muchos otros forasteros, no se le permitió salir. No entran ni salen naves, sin excepciones. Estaba en Moenia cuando se produjo la invasión, y sin duda se vio envuelto en ella. Así que el primer lugar donde yo miraría sería en los campos de detención más cercanos.
Mutilar se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta. Estaba a punto de cruzarla cuando Magneta dijo:
-Asegúrese de saludar al muun de mi parte.
Maul se detuvo y se volvió lentamente.
-¿Qué muun?
-Hego Damask.
Él negó con la cabeza.
-No conozco ese nombre.
Magneta inclinó la cabeza hacia un lado, suspicaz.
-Me parece muy poco probable, ya que estoy segura de que Hego Damask y su marioneta, el ilustre senador de Naboo Palpatine, tienen sus brazos metidos hasta los codos en la invasión y la ocupación.
Maul no demostró ninguna sorpresa, incluso ante la mención del alias de su Maestro.
-¿Quién es Hego Damask?
-¿Quién es...? -Magneta recorrió el rostro inmutable de Maul con la mirada-. ¿De verdad no lo sabe? Damask es un mafioso disfrazado de banquero. Fue Damask quien negoció el trato original para que el plasma de Naboo fuera extraído y transportado por la Federación de Comercio. Sospecho que también es quien está detrás de la campaña de Palpatine para el puesto de Canciller. Han estado confabulados desde hace veinte años.
Maul estaba secretamente aturdido. Conocía los nombres de algunos de los secuaces de Palpatine –Sate Pestage, Kinman Doriana, entre otros-, pero el nombre de Hego Damask era nuevo para él, al igual que la afirmación de Magneta de que el muun estaba controlando de algún modo a Palpatine. ¿Era posible que el propio Darth Sidious tuviera un Maestro clandestino? La idea era demasiado descabellada para tenerla en cuenta, y mucho menos aceptarla.
-Ah, de modo que he dado con algo –dijo Magneta, observándolo con atención-. Entonces puede saber también el resto. Hay una buena razón para creer que Damask y Palpatine son los responsables de la muerte del rey Veruna. Necesitaban instalar a la pequeña y hermosa reina Amidala en el trono para poder tomar el control total del planeta, mientras hacían que pareciera que la Federación de Comercio era la responsable.
Hizo una pausa, y luego añadió:
-Palpatine me traicionó, después de que permití a su agente, Pestage, que saliera impune del asesinato de más de una docena de ciudadanos de Naboo afines a los gungan. –Hizo un amplio gesto, abarcando lo que le rodeaba-. En lugar de encerrarme en un calabozo, terminé aquí, en un humillante auto-exilio por no poder salvar la vida de Veruna.
Maul sabía bastante sobre la humillación. Pero Magneta había ido demasiado lejos al airear sus temores, por justificados que fueran. No podía sospecharse que Palpatine estuviera ligado a los neimoidianos o a la invasión de Naboo.
Maul escuchó que el guardaespaldas de Magneta se movía, y también Magneta... buscando un bláster de mano oculto bajo su delantal. Maul también era consciente de que varios trabajadores del campo se habían reunido justo en el exterior de la puerta, esperando para lanzar una emboscada.
Con una sonrisa burlona, se lanzó en un torbellino, moviéndose más rápido de lo que el ojo humano podía captar, rompiendo el cuello de Magneta con el canto de la mano y luego girando de nuevo para lanzar una patada con su pierna derecha estirada al pecho del guardaespaldas cuando este entró apresuradamente en la sala. Una andanada de disparos de bláster llegó a través de la puerta delantera.
Esquivándolos, Maul corrió cruzando la habitación y se lanzó de cabeza por una ventana, dando una voltereta en el aire para caer al suelo de pie, justo en medio de sus asombrados oponentes.
Gruñendo, apretó sus manos desnudas y se lanzó sobre ellos, matándolos uno tras otro.

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