jueves, 13 de septiembre de 2012

Darth Maul: Fin del Juego (V)


Maul exigió lo máximo de la moto deslizadora mientras dejaba las llanuras y las Montañas Gallo tras él y descendió a toda velocidad a través del bosque denso hacia los pantanos del sur. Antes de salir de Theed se había comunicado con Darth Sidious; tenía razones para creer que los errores que había cometido en Tatooine habían sido perdonados, y que su misión estaba de nuevo encaminada. Con el Senado de la República en estado de agitación, Sidious estaba seguro de que sería capaz de persuadir a la Reina Amidala para que regresara a Naboo, y sospechaba que Qui-Gon Jinn y Obi-Wan la acompañarían. Pero la emoción de Maul ante la perspectiva de tener un segundo intento con ellos estaba atenuada por tener que lidiar con los gungans... una tarea que había sido confiada a los neimoidianos. Seguramente Sidious sabía que Gunray era incapaz de hacer lo que se le había pedido, y sin embargo Sidious había ocultado al virrey información vital que le habría permitido localizar las ciudades bajo el agua de los indígenas. ¿Por qué, entonces, había proporcionado Sidious ahora la información a Maul? ¿Era esta una más en la serie de pruebas que su maestro le había hecho pasar en los últimos cinco años para confirmar su lealtad y su habilidad?
La pregunta le acompañó hasta la base de observación avanzada que OOM-9 había establecido en la orilla de un pantano plagado de insectos. El bosque era alto allí, y los esbeltos árboles parecían crecer de la propia agua fétida. En un claro, una compañía entera de droides de batalla esperaba en filas precisas, reforzada por una docena de droidekas. Otros droides estaban explorando el pantano en Plataformas Aéreas Monoplaza. Cerca de la costa flotaban un destructor acuático con forma de concha equipado con grupos de láseres de corto alcance y varias máquinas de asedio con aspecto de tanques.
Maul estaba impresionado. La escena por lo menos tenía la apariencia de un auténtico ejercicio militar.
OOM-9 se acercó mientras descendía de la moto deslizadora.
-Bienvenido, comandante -dijo sin rodeos.
Con la placa pectoral adornada con marcas amarillas, OOM-9 poseía varias antenas y una mochila que aumentaba su radio de acción. Maul sabía que el droide había recibido el encargo de liderar la ocupación y se le atribuía el haber arrasado los centros de comunicaciones de Naboo en Nuevo Centrif y Vis, así como haber asegurado las ciudades de Harte Secur, Spinnaker, y Theed. De un marinero capturado en Harte Secur, OOM-9 había sabido de una ciudad burbuja gungan llamada Rellias, pero hasta el momento sus fuerzas habían sido incapaces de localizar la ciudad.
-El virrey Gunray dijo que ya habéis capturado muchos gungans -dijo Maul-. ¿Cuántos exactamente?
El procesador del droide zumbó débilmente mientras se comunicaba con las computadoras a bordo de la nave de control en órbita.
-¿Cuántos dijo el virrey que capturamos? -preguntó con un tono monótono.
-Cuarenta y siete –dijo Maul.
-Sí, comandante. Capturamos cuarenta y siete.
Maul frunció el ceño con exasperación, pero perdonó la mentira de OOM-9.
-Muéstramelos.
El droide giró trazando medio círculo y volvió su delgada cabeza hacia Maul, detrás de él.
-Por aquí, comandante.
Un corto camino sinuoso a través de los árboles les condujo a un lugar donde cuatro gungans estaban tendidos en el suelo, con sus cartilaginosos cuerpos agujereados por disparos de bláster. Con sus rostros con pico, sus orejas caídas, sus ojos saltones y sus lenguas colgando, ciertamente parecían capaces de hacer la guerra, pero Sidious había advertido a Maul que no subestimara la especie.
-Estos gungans fueron aprehendidos mientras intercambiaban bienes con comerciantes de Naboo en las afueras de la ciudad de Moenia -explicó OOM-9.
-¿Dónde están los comerciantes de Naboo?
-Confinados en el Campo de Detención Seis, comandante.
Maul se tomó un momento para observar una patrulla PAM zumbando sobre ellos.
-¿No habéis encontrado ningún rastro de Rellias?
-Ninguno, comandante. Es posible que los gungans tengan dispositivos capaces de burlar nuestros escáneres penetrantes.
Maul pensó en ello. Aunque remota, existía la posibilidad de que los gungans fueran capaces de hacer algo que pudiera poner en peligro su tarea de matar a los Jedi y capturar a la reina, y no podía permitirlo.
-Este no es momento para sutilezas -dijo a OOM-9-. Envenenad las aguas. Si eso no saca a los gungans a la superficie, entonces vaciad el pantano.

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