miércoles, 12 de septiembre de 2012

Darth Maul: Fin del Juego (II)


Las holoimágenes de Naboo no le hacían justicia.
Una gema azul turquesa en un sistema estelar por lo demás mediocre, el planeta era uno de los más prístinos que Maul había visto nunca. Así es como debía ser, siendo el planeta natal de Darth Sidious en su apariencia de senador -tal vez pronto Canciller Supremo- Palpatine. Años antes Maul había sido víctima de un complot que lo habría devuelto a su mundo de su nacimiento, Dathomir, pero él había frustrado los designios de sus secuestradoras, las Hermanas de la Noche, y prometió no volver a reflexionar sobre la vida que podría haber llevado si no hubiera sido criado y entrenado por Sidious. Por lo que a él concernía, su planeta natal era el volcánico Mustafar, donde había sido adecuadamente forjado por el fuego.
Incluido en el plan de su Maestro, el bloqueo de Naboo por parte de la Federación de Comercio había estado fraguándose durante varios años. El plan había requerido posicionar al virrey Nute Gunray como director del cártel de transportes y manipular el Senado de la República para que permitiera a los neimoidianos defender los enormes buques de su flota con autómatas de combate y otras máquinas de guerra. Pero el Senado aún tenía que descubrir hasta qué extremos se había armado la Federación de Comercio. El bloqueo llevaba algún tiempo en vigor cuando Sidious ordenó a los neimoidianos que invadieran y ocuparan el planeta, en respuesta al intento de la Orden Jedi de intervenir en la disputa. Se había intentado acabar con las vidas de Qui-Gon Jinn y Obi-Wan, pero los neimoidianos habían demostró no ser rival para los Jedi, por lo que el dúo bendecido por la Fuerza había logrado desalojar a la Reina Amidala de Naboo, poniéndola a salvo.
Inicialmente, el bloqueo había contado con cientos de naves, pero Maul se dio cuenta al llegar a Naboo que los neimoidianos -siempre preocupados por la disminución de las ganancias- habían enviado desde entonces a casi todas sus naves de vuelta al negocio del transporte intergaláctico. Bueno, no eran otra cosa que comerciantes, se dijo, pero su codicia le ofendía tanto como la cobardía de Qui-Gon.
En Tatooine no había sido necesario el empleo de las capacidades de camuflaje de la Cimitarra, pero Maul las usó ahora para dirigir la nave al centro de lo que quedaba de la armada de la Federación de Comercio, que consistía en una media docena de cargueros y una solo nave de control clase Lucrehulk con forma de anillo, que supervisaba todos los elementos del ejército droide de los neimoidianos. Aunque formidable, la nave de control no era inexpugnable, y la mala calidad de la operación le ponía enfermo. Un equipo de sigilo integrado por agentes como los que Trezza solía entrenar en Orsis habría sido capaz de infiltrarse fácilmente en la nave y de destruirla desde dentro, paralizando toda la fuerza de la Federación de Comercio.
Maul estaba seguro de que podría penetrar en la nave por su cuenta, y estuvo tentado de hacerlo, aunque sólo fuera para restregar a la cara carente de nariz de Gunray los defectos de su estrategia. Pero se limitó a pilotar el Infiltrador al interior del rango de tiro de la nave de control y de un escuadrón de cazas droide, sin que los neimoidianos fueran siquiera conscientes de su presencia.

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