viernes, 14 de septiembre de 2012

Darth Maul: Fin del Juego (X)


Maul se apresuró a regresar a Theed, volando a baja altura y trazando una lívida franja en las praderas. Gunray y Haako se habían encerrado en la seguridad de la sala del trono de Palacio, pero los droides de seguridad se cuadraron al ver a Maul y le permitieron entrar. En vez de estar agradecidos a Darth Sidious por haber persuadido a la Reina Amidala para que regresase a Naboo, los neimoidianos estaban atribulados... lamentando más que nunca haberse visto involucrados en una conspiración con un Señor Sith. Maul sabía que cambiarían de cantinela una vez la Reina de Naboo cediera el control a la Federación de Comercio, pero carecían de visión. Maul tuvo que echarlos de la sala del trono y salió con ellos a la desierta plaza central de Theed, donde empezó a aconsejarles sobre cómo prepararse para el regreso de Amidala.
-Podéis comenzar estacionando más droides alrededor del palacio –dijo-, y ordenando a las patrullas que peinen la zona cada cinco minutos en vez de cada quince.
Haako trató de argumentar que Theed estaría mejor protegido si las patrullas estaban más dispersas, pero Maul se negó a permitirlo.
-Puedes pensar que tienes a todo el mundo detenido en los campamentos, pero te equivocas. Algunas de las fuerzas de seguridad de Amidala se rindieron sin resistencia, pero el resto sigue libre –Maul hizo un amplio gesto, abarcando todo lo que les rodeaba-, escondidos en el campo, a la espera de una señal que les ordene regresar a Theed.
-¿Una señal? -dijo Gunray-. Eso no es posible.
Maul suprimió el impulso de retorcerle el cuello al virrey.
-Lo que es imposible es vuestra suerte en la ocupación de este planeta a pesar de vuestra torpeza. ¿Esperáis que Amidala se siente sin más con vosotros dos y elabore los términos de su rendición?
-¿No es por eso por lo que está regresando? -dijo Gunray.
Maul apretó sus manos en puños de rabia.
-¡Está volviendo para expulsaros fuera del Palacio y enviar vuestras naves huyendo hacia Neimoidia!
Gunray se puso rígido de pánico.
-¡Peinad la plaza cada cinco minutos! -indicó a uno de los droides oficiales.
-Mantened vigilancia constante -dijo Maul-, utilizando todos los espectros. Y aumentad la seguridad en todos los campos de detención.
Gunray acababa de repetir esas órdenes cuando su comunicador sonó.
Maul asintió con la cabeza para que aceptara la transmisión.
La monótona voz metálica de OOM-9 surgió del pequeño altavoz del comunicador.
-Virrey, la Nave de Control de Droides ha seguido el curso de la nave de la Reina Amidala. Hace sólo momentos una de nuestras patrullas la ha encontrado en los pantanos.
Los ojos de Gunray brillaron de deleite.
-¿La habéis arrestado?
-Negativo, Virrey. Al igual que la ciudad gungan de Otoh Gunga, la nave estaba abandonada.
Gunray dejó escapar un débil grito.
Maul lo miró con desprecio.
-La Reina y los Jedi han regresado. Y sospecho que, en algún lugar de los pantanos, los gungans están reuniendo su Gran Ejército. -Sonrió con malicia-. Todavía podéis tener una guerra real en vuestras manos, virrey. Es mejor que estéis preparados para luchar con la misma intensidad con que lo harán los nativos.
-¡Encontrad a la Reina! –ladró Gunray en el comunicador-. ¡Que arrestarla sea vuestra máxima prioridad!
Harto, Maul arrebató el comunicador de las temblorosas manos de Gunray y lo desactivó.
-Basta ya de cháchara. Tengo que informar a Lord Sidious de nuestra situación.

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