viernes, 14 de septiembre de 2012

Darth Maul: Fin del Juego (XIII)


Maul decidió que si nunca volvía a ver las praderas de Naboo, aún sería demasiado pronto. Pero el largo viaje de vuelta a Theed -aún más tortuoso debido a los gungans encaramados en las copas de los árboles con macrobinoculares- le dio tiempo para formular un plan propio.
Llevó la moto deslizadora directamente al hangar, donde cerca de cuatrocientos droides B1 estaban patrullando la zona. Era un número demasiado elevado como para ser fácilmente derrotados por Amidala y su puñado de agentes de seguridad y pilotos. Con la ayuda de los Jedi era posible que los naboo pudieran llegar a superar los droides de batalla, pero Maul quería asegurarse de que la pequeña fuerza de Amidala sería capaz de avanzar hacia el Palacio sin encontrar demasiada resistencia. Más importante aún, no quería que Qui-Gon y Obi-Wan se preocupasen demasiado por su seguridad.
En la pequeña plaza que daba al hangar buscó al droide a cargo de la seguridad.
-¿Cuáles son sus órdenes, Comandante? -dijo el droide.
-Vuelve a desplegar tus tropas –le dijo Maul-. Deja sesenta droides para defender el hangar y envía el resto a reforzar los pelotones que vigilan el Palacio.
El droide se tomó un momento para procesar el cambio en las órdenes, aunque fue el ordenador de la nave de control quien preguntó:
-¿Eso no dejará el hangar de la fuerza espacial vulnerable a un ataque, comandante?
-Yo personalmente compensaré la reducción de efectivos.
Eso pareció satisfacer al comandante, y levantó su brazo en señal de saludo.
-Roger, roger.
Al instante, y sin decir una palabra, los droides comenzaron a reunirse en la plaza, donde se alinearon en formación y se alejaron en dirección al Palacio. Maul los vio partir, y luego corrió hacia el edificio cavernoso. Allí pasó un corto tiempo imaginando la llegada de Amidala, el tiroteo subsiguiente, los pilotos de cazas estelares corriendo a sus naves equipadas con astromecánicos y despegando sobre el acantilado, la Reina y Panaka marchando hacia el Palacio...
La mirada de Maul barrió la amplia entrada del hangar. Un túnel unía el hangar con el Palacio, pero Amidala ciertamente asumiría que había sido plagado de trampas, y probablemente conduciría a los Jedi y su equipo de infiltración a través de la rama este del río Solleu y por los estrechos caminos y a través de los puentes del distrito Vis. Sin embargo, un duelo de sables de luz a lo largo de esa ruta o en los bosques que rodeaban el palacio sería difícil de controlar. De alguna manera tenía que alejar a los Jedi antes de que salieran del edificio. Otra vez escaneó el oscuro interior, y su mirada se posó en las altas puertas blindadas que separaban el hangar del edificio contiguo del generador de energía. En su anterior visita al hangar había hecho poco más que echar una mirada a la central de energía de plasma, pero ahora, ansioso por saber qué había más allá de las puertas blindadas, corrió a través de ellas.
Un corto paseo le llevó al borde de una plataforma de inspección curva flanqueado por consolas de ingeniería circulares. Una pasarela se extendía desde la plataforma a través de un profundo y ancho pozo de extracción circular dotado de imponentes columnas de aceleración, en el que la energía del plasma se intensificaba antes de ser refinada y almacenada. Las columnas parpadeantes estaban unidas a distintos niveles por pasarelas de servicio no más anchas que la pasarela central, que terminaba en una puerta estrecha al otro lado del pozo. Maul caminó medio camino hacia la puerta, y luego regresó a la plataforma de inspección y se paseó por ella por segunda vez, midiendo su tamaño y calculando las distancias entre ella y las pasarelas por encima y por debajo. Varias veces saltó a las pasarelas superiores o inferiores. Una vez que hubo memorizado el conjunto tanto en su mente como en sus músculos, caminó hasta llegar a la puerta del fondo y la cruzó.
La puerta daba a un alto pasillo de seguridad, interrumpido a intervalos regulares por puertas láser que se sellaban en respuesta a las salidas de potencia del proceso de activación de plasma. Inicialmente, las activaciones parecían ocurrir aleatoriamente, pero después de pasar por las puertas varias veces en ambas direcciones -con cautela al principio, luego lo más rápido que pudo- Maul empezó a discernir un sutil patrón. El patrón no era infalible, y dos veces estuvo a punto quedar frito por la activación del láser, pero al final había aprendido lo suficiente sobre el temporizado de las puertas como para proveerse de una ligera ventaja.
Más allá de la puerta final, el pasillo se ensanchaba para rodear una estrecha boca que daba al abismo del núcleo de plasma, de profundidad indeterminable. En una estación de mantenimiento del nivel superior encontró una hidrollave y la dejó caer en el núcleo.
Si la pesada herramienta llegó realmente a golpear el fondo, nunca escuchó el ruido.
Maul se paseó por el borde circular del núcleo, mirando hacia la oscuridad; luego apartó la mirada para imaginar y dirigir cómo se desarrollaría el duelo de sables de luz. Usaría las puertas láser para separar a los Jedi. Miró a su alrededor. Sí: mataría a uno de ellos justo allí. En cuanto al otro...
Bueno, se permitiría una sorpresa o dos.
Confiando en que sus acciones agradarían a su maestro, corrió al Palacio a la espera de que llegase la noticia de que la Reina Amidala y los Jedi habían entrado en la ciudad.

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