jueves, 20 de noviembre de 2008

La sopa está lista: El relato del fumador de pipa (y VI)

Alardeo vano. Es el producto principal de estos lugares, el alarde ritual de un ser ante otro para mantener una reputación, o para crear una reputación; para solicitar un lugar en el mundo, o para crear un lugar; un intento de crear de uno mismo algo más de lo que uno es.
Existen aquellos que realmente son más –como anzat yo soy mucho más de lo que cualquiera podría sospechar (o imaginar cómodamente)– pero ellos raramente recurren al alarde vano, porque todos los demás saben quienes son y qué han hecho. Decir cualquier cosa más es redundante, lo que diluye los hechos.
Pero incluso aquellos más hábiles, incluso aquellos más notorios pueden verse presionados a recurrir al vano alardeo ante el implacable rostro de un Maestro Jedi que dude de esos hechos. Seres como el anciano pueden reducir al más fuerte a la indefensión de un párvulo, y sin decir ni hacer gran cosa.
La banda se ha recuperado, o están bajo pena de ver reducida su paga si los músicos no continúan tocando inmediatamente. La música, menos estridente ahora, atenúa todas las conversaciones salvo las más cercanas a mí, pero yo no necesito depender de las palabras o el tono para obtener información. En el alardeo vano se sustenta a menudo la esencia de la sopa.
Exhalo, siento estremecerse las probóscides, me giro lentamente para tomar mis medidas de la cantina. Obtengo la dirección fácilmente, y cuando fijo mi objetivo no puedo otra cosa sino sonreír; el anciano y su pupilo han ido a uno de los cubículos. No es su aroma el que siento ahora, sino aquellos con los que hablan: un gigantesco wookiee y un macho humanoide.
...sopa...
Hierve rápidamente, poderosamente, tan rápida y poderosamente que no puedo evitar hacer otra cosa más que fijarme en ello. Me deja sin aliento.
No el anciano Jedi, que es disciplinado, y blindado. No el muchacho, que es joven e inmaduro. No el wookiee, que es pasivo en todo menos en lealtad. El humanoide. El corelliano.
Los anzati viven mucho tiempo. La memoria lo tolera.
Un rizo de humo flota por el aire desde mi pipa. A través de su corona, sonrío. Le buscan, y al wookiee, pero a todos los seres de la cantina de Chalmun les buscan en algún sitio. Incluso a mí me buscan, o debería estarlo; nadie sabe quién o qué soy, ni por qué me buscan, y por eso hay un aplazamiento.
Soy cuidadoso en la caza, siempre meticuloso en aquellos detalles que otros ignoran, y demasiado a menudo mueren por ello; Requiero confirmación. No emprendo nada hasta que estoy seguro.
En este caso la confirmación y la certeza requieren poco tiempo y menos paciencia. El Jedi y su pupilo se marchan, pero son inmediatamente reemplazados por un rodiano. Está nervioso. Su sopa es tan insustancial que casi es como si no existiera; es sirviente, no servido.
Es cobarde. Es estúpido. Es incompetente. Es lento para comprometerse. Y por eso está muerto por el estallido de un bláster de contrabando en la mano de un completamente comprometido y consumado pirata.
...sopa...
Me emociono al mismo tiempo que las probóscides tiemblan, expectantes. Es aquí, aquí... y ahora, justo ahora, este momento... el matiz, el tono, el suspiro, el grito, la evanescencia de la sopa personificada, encarnada y descubierta, y rica, tan rica...
Sólo necesito ir y tomarla, beberla, abrazarle como abrazan los anzati, danzar la danza con el corelliano cuya sopa es espesa, y caliente, y dulce, mucho más dulce que cualquiera que haya probado desde hace demasiado tiempo...
Ahora.
Ahora.
Pero las prisas diluyen la realización. Démosle tiempo, y paciencia.
...esa sopa...
La banda sigue gimiendo. Está el áspero aroma del humo; el fuerte y acre sabor del sudor; la mugrosa y polvorienta fetidez de la arena de las dunas; la estridencia de la muerte por bláster encontrada nuevamente, rezumante de la cobardía y la estupidez del rodiano. Fue una pobre muerte que no merecía comentarios; no sería lamentado ni siquiera por la persona que le había contratado.
Es –era– el hutt, por supuesto. ¿Hace falta preguntarlo? No hay ningún otro que se atrevería a contratar asesinos en Tatooine, en Mos Eisley.
Ninguno salvo Lord Vader, y el Emperador.
Pero ellos no están aquí. Sólo Jabba.
El hutt está en todas las cosas; es en sí mismo todas las cosas, y todas partes, en Tatooine, en Mos Eisley, en la cantina de Chalmun.
...esa sopa...
Una última inhalación de t'bac, aspirada profundamente y saboreada, como también el momento, el conocimiento, la propia necesidad se saborean. Una breve visión de la deslumbrante luz del sol ilumina el interior cuando el corelliano y su compañero wookiee parten con las apresuradas premisas de Chalmun, temeroso de las repercusiones imperiales. Es el espaciopuerto de Jabba en todo salvo el nombre, y ese nombre es el Emperador, quien no necesita conocer de los asuntos del hutt; o que los conoce, pero no le importan.
Dentro es penumbra de nuevo. Apartarán el cuerpo: y alguien informará a Jabba de que su mercenario está muerto.
Ha informado; ya lo sabe, y a manos de quién ha sido.
...esa sopa...
¿Pero qué sentido tiene que pague por ello de mi propio bolsillo? El de Jabba es más profundo.
Desde luego, el hutt pagará bien. Pero seré yo quien se beba la sopa.
...esa sopa...
Las probóscides se estremecen mientras exhalo continua y lentamente dos chorros gemelos de humo, con la callada satisfacción y el estremecimiento de mi propia sopa cuando salta por las expectativas.
...la sopa de Han Solo...
Ah, pero será una caza que merecerá la pena cazar... y una sopa como yo –ni siquiera Dannik Jerriko, anzat de los anzati, Devorador de Suerte, de Oportunidad– no he conocido nunca jamás.

La Colmena (VI)

6

El interior de la cámara tenía una pronunciada forma de huevo, construida con algún tipo de baldosas curvas y blancas, probablemente fabricadas fuera del planeta. Había otras dos puertas: una en el lado lejano de la cámara, y la otra directamente a la derecha de donde estaban ellos , con otro sensor alojado junto a ella.
Obi-Wan caminó hacia la puerta frente a ellos. Tenía ubicada en ella una pantalla de monitor, y manipuló su panel de control hasta que aparecieron unos pequeños y finos holos. Parecía ser una imagen tomada justo en el exterior de esa misma puerta. Cuando consiguió enfocar la imagen, se apartó bruscamente de ella: acurrucado en el otro lado de la puerta había un cuerpo. Otro hermano x’ting que había intentado, sin lograrlo, llegar a la cámara de los huevos. Obi-Wan no podía ver lo que había matado al guerrero, pero su cuerpo daba la impresión de que el exoesqueleto había sido parcialmente... disuelto.
Se estremeció. Sin cualquiera que hubieran sido las instrucciones específicas destruidas por plaga o supernova, ¿podría haberse esperado que alguien sobreviviera a semejante desafío?
Jesson estaba junto a la puerta plateada, tocando sensores y manipulando controles. Obi-Wan esperó mientras probaba varios patrones diferentes, pero entonces el joven guerrero x’ting golpeó frustrado la pared con el puño.
-¡No puedo abrirla!
-¿Cuántas veces lo intentaste? -preguntó Obi-Wan, alarmado-. ¿No tienes sólo tres intentos?
-Aquí no -dijo Jesson-. Una vez que estemos dentro, empieza de verdad el desafío.
-Puedo intentarlo con mi sable de luz si lo deseas.
Jesson rió.
-No creo que funcione. Esta puerta fue diseñada para resistir ante cualquier antorcha conocida. Sólo dame un poco de tiempo, y...
Pero Obi-Wan ya había activado su arma y estaba introduciendo la hoja resplandeciente en la puerta.
-Aparta la cabeza -advirtió. Jesson obedeció.
Tras unos instantes, Obi-Wan supo que Jesson tenía razón: esta puerta era ciertamente más resistente que la anterior. Sin embargo, el arma del Jedi siguió penetrando en el duracero, lanzando chispas y haciendo que glóbulos de metal resplandeciente cayeran goteando al suelo.
La puerta tenía intercalados circuitos de absorción de energía que le retardaban, pero no bastaban para detenerle. Finalmente la puerta giró libre, rociando gotas de metal al caer. Entonces atravesaron la humeante entrada.
Dentro había otra cámara con forma de huevo, con un sello pentagonal dorado de tres metros de ancho incrustado en el suelo. En el lado opuesto, había una única silla colocada ante una serie de... ¿qué? Emisores y proyectores de rayos apuntaban amenazadoramente a la silla, una advertencia clara para cualquiera que aceptase el desafío.
Filas de indicadores y lectores se encendieron parpadeando cuando entraron, y Obi-Wan los inspeccionó rápidamente. La mayoría de los controles estaban etiquetados tanto en básico como en x’tingiano. Una de las etiquetas más provocativas decía: LLAMADA DE GUSANOS/SENSOR DE GUSANOS.
¿Llamada de gusanos? Entonces uno de sus preguntas había sido más o menos respondida. Los gusanos no eran nativos de la cueva. La compañía de seguridad los había traído aquí como un dispositivo de vigilancia pasiva. ¿Pero algo había ido terriblemente mal? ¿Habían encontrado los gusanos un camino hacia la Sala de los Héroes, dónde todavía vivían tantos x’ting?
Eso explicaría muchas cosas. Qué momento de terror debió haber sido, cuando las criaturas irracionales asignadas a guardar su tesoro más preciado excavaron o encontraron un camino a través de la pared de roca que separaba la cámara de los huevos del asentamiento de los moradores, haciendo reinar el caos.
Una pantalla holográfica llamó su atención. Una indicador sónico de algún tipo, etiquetado como REPELENTE HIPERSÓNICO. Así qué... los gusanos eran atraídos por el sonido, y podían rechazarse del mismo modo. Una respuesta simple, pero desconocida para los x’ting.
Jesson ya se había abierto camino hasta el asiento de control. Obi-Wan olió un cambio en la sala y supuso que el x’ting estaba tranquilizándose, preparándose a realizar una tarea para la que se había estado preparado durante mucho tiempo.
Jesson entrelazó sus cuatro juegos de dedos, e hizo crujir sus dieciséis nudillos con un sonoro ¡CRRRRAKK!
El x’ting comenzó la secuencia, hablando primero en x’tingiano, y cambiando luego al básico, quizás por respeto a Obi-Wan.
-La secuencia de inicio está en registro -dijo, moviendo sus seis miembros con la precisión de un insecto al manipular los controles.
-¿Qué es todo esto? -preguntó Obi-Wan, indicando los emisores y proyectores de rayos que rodeaban el asiento como un halo. ¿Era posible que la leyenda, la información fragmentaria disponible por Jesson, fuera incorrecta, y no fuesen los huevos lo que se destruiría si se daban tres respuestas incorrectas, sino el propio interrogado?
Durante los primeros minutos los esfuerzos de Jesson no tuvieron recompensa; luego un holograma floreció ante ellos. La imagen resplandeciente era un esquema de toda la sala, la propia cámara. Podían ver un angosto pozo bajo el sello dorado, y en el fondo de ese pozo, tras un grueso escudo, yacían dos huevos preciosos rodeados por una matriz de láseres. Tentativamente, se extendió a través de la Fuerza... pero el mecanismo que controlaba la matriz era demasiado complejo para su comprensión. Su corazón se hundió. No había la menos duda de que la matriz derrotaría cualquier esfuerzo que pudiera hacer para engañarla. ¡Cómo deseó que Anakin estuviera aquí! Su aprendiz padawan era un genio intuitivo con todas las cosas mecánicas, y bien podría haber inventado un medio de derrotar a este aparato. Obi-Wan se sentía desvalido.
Afortunadamente, su compañero x’ting había sobrevivido para entrar en la cápsula. Su única esperanza de éxito yacía en las cuatro capaces manos de Jesson.
Jesson tomó los controles como si estuviera tocando algún tipo de complejo instrumento musical. Obi-Wan podía oír suspiros y chirridos variantes, y el guerrero x’ting contestaba las llamadas con sus dedos moviéndose rápidamente, en un borrón, por el panel de control.
Finalmente el esquema flotó hacia su izquierda. Apareció un diseño esférico con forma de diana, con tres capas girando sobre un núcleo que parecía la cámara de los huevos.
Tres capas concéntricas. Obi-Wan sintió como se le secaba la boca.
Miró su crono de muñeca y se asombró. ¿Había pasado sólo una hora desde que entraron en las catacumbas? ¿Desde que habían dejado la cámara del consejo x’ting? ¡Habían parecido días!
Sonó una voz x’ting con entonación interrogativa, seguida por otra voz que hablaba en básico.
-Responde la siguiente pregunta: ¿Qué está en la colmena pero no es de la colmena? ¿Qué nutre pero es nutrido, qué sueña pero nunca duerme?
Jesson tomó una respiración profunda. De una vaina del cinturón extrajo un rectángulo plano.
-Este es el último chip llave que queda -dijo-. Sólo tengo tres oportunidades, pero pienso que tendremos éxito.
-¿Sabes la respuesta al enigma? -preguntó Obi-Wan.
-Sí -dijo Jesson confiadamente-. Son los zeetsa. Ellos viven en la colmena pero no son x’ting. Ellos nos dan, pero a su vez reciben de nosotros nutrición y cuidado. Ellos sueñan pero están conscientes.
Con su certeza incrementándose en cada movimiento, Jesson puso la tarjeta en su ranura.
Hubo un suave temblor, y las voces del escáner dijeron:
-¿Su respuesta?
-Los zeetsa -dijo Jesson.
Hubo una pausa. La esfera empezó a rodar más rápidamente y el tercio exterior empezó a separarse, con sus pedazos disolviéndose al hacerlo. Jesson se sentó, pasmado, cuando la voz dijo, primero en x’tingiano y luego en Básico:
-Incorrecto.
Jesson se levantó de la silla, incrédulo, con los ojos como platos. La voz dijo:
-Siéntese, o la sesión habrá terminado.
Jesson se giró para mirar a Obi-Wan. Los emisores en las esquinas de la sala se abrieron como girasoles que dan la bienvenida el alba. Obi-Wan sospechó, o más bien supo, que si la sesión acababa, ellos también. Al igual que los huevos.
-Siéntate -dijo en voz baja. Y Jesson lo hizo. Los emisores parecían rastrear sus movimientos. Obi-Wan no tenía interés en descubrir lo que podía surgir de ellos en cualquier momento.
-¿Desea continuar la secuencia? -preguntó la máquina.
-¿Tengo otra opción? -dijo Jesson, temeroso.
-Sí, puede escoger la terminación personal. Si escoge esta opción, los huevos no serán dañados.
-Lo intentaré de nuevo -dijo, y tragó saliva.
-Muy bien. -Hubo una pausa. La pausa duró tanto que Obi-Wan se preguntó si iba a hablar de nuevo, pero entonces lo hizo-. ¿Quién vivió y ahora se mantiene? ¿Quién no quiso aclamación, pero es idolatrado por todos? ¿Quién llevó peso y ahora está hueco?
-Hablas básico y x’tingiano -dijo Obi-Wan a Jesson-. ¿Están traducidas con precisión las palabras?
Los dientes serrados del guerrero rechinaron.
-Así lo creo. Hay una cierta poesía que se pierde en la traducción al básico.
-“Quién vivió y se mantiene” -siguió Obi-Wan-. Eso podría tener dos significados: estar inmóvil, o bien persistir, “mantenerse en su posición”, si entiendes lo que quiero decir. ¿Lo comprendes?
-Creo que sí -dijo Jesson, pero ya no parecía tan seguro.
-¿Entonces crees saber la respuesta?
Jesson miró fijamente cómo giraba la esfera. Sólo quedaban dos capas.
-Pienso que sí.
-Entonces responde -dijo Obi-Wan, intentando dar al x’ting la confianza que él mismo no sentía completamente.
Jesson hizo una respiración profunda.
-Estoy listo para proceder -dijo.
-Responda -dijo la máquina.
-Los héroes de la colmena. La Sala de los Héroes.
Los segundos se sucedieron, y nada pasó. Entonces la esfera empezó a rodar más rápidamente, y la segunda capa anaranjada se desprendió y se desvaneció.
-Incorrecto -dijo la voz.
Jesson se estremeció en el asiento, y Obi-Wan descubrió un olor penetrante y agrio en el aire. ¿Miedo?
-No debían haberme enviado -dijo el x’ting.
¿Autocompasión? Jesson no parecía ese tipo de gente, pero... Entonces el guerrero siguió, penosamente.
-No puedo hacer esto. Por mi culpa, los huevos se destruirán.
Allí estaba. La reacción no había sido autocompasión en absoluto. Era preocupación por los huevos lo que Obi-Wan había oído en la voz de Jesson, visto en su cuerpo, olido en el aire.
El guerrero estaba en el límite, a punto rendirse. Obi-Wan había visto esto antes. No era miedo como la mayoría de los seres lo conocía, porque para la mayoría el miedo era una cuestión de pérdida personal: pérdida de la imagen de uno mismo, pérdida de salud, pérdida de la vida. Pero incluso sin poder interpretar directamente las feromonas que ahora inundaban el aire, supo que eso no era la fuente de la angustia de Jesson. El guerrero x’ting amaba la colmena, y ahora temía profundamente decepcionarla. Había sido bien escogido. Sería más que feliz si muriera en el logro de esta tarea, morir anónimamente y con gran dolor si fuera menester, sólo con que la colmena pudiera sobrevivir y crecer, y resurgir en su justa gloria.
Jesson se bloqueó, casi paralizado, con sus manos flotando sobre los controles. Cada músculo en su cuerpo parecía estar estirado en una inflexible contracción, todo su orgullo le había abandonado ante la realidad de las pruebas que ya había fallado.
-¿Cómo? -dijo-. ¿Cómo puede ser? ¿Qué respuestas estaban buscando?
-No podemos saberlo -dijo Obi-Wan, y puso una mano sobre el hombro del x’ting-. Todo lo que podemos hacer, lo único que podemos hacer, es hacerlo lo mejor que podamos. El resto es controlado por la Fuerza.
-¡La Fuerza! -protestó Jesson-. He oído hablar mucho de vosotros, los preciosos Jedi y vuestra Fuerza.
-No es nuestra Fuerza -dijo Obi-Wan, intentando confortarlo-. Ella nos posee. Y a ti. Nos crea a todos nosotros, pero también es creada por nosotros.
-¡Enigmas! -gritó Jesson-. Nada más que enigmas. ¡Ya he tenido suficiente!
Saltó del asiento y corrió por la sala, aporreando la puerta, gritando:
-¡Déjame salir! ¡Déjame salir!
-Vuelva al asiento o la sesión finalizará -dijo serenamente la máquina.
Obi-Wan miró fijamente a Jesson y entonces tomó una decisión instantánea. Fue a sentarse en la silla.
-No es el participante original -dijo la máquina con su voz andrógina sintetizada-. Es necesario que el participante original termine el proceso.
Obi-Wan miró por encima de su hombro al guerrero x’ting herido y roto. ¡Cuán orgulloso y seguro parecía sólo una hora antes! Qué obvio resultaba ahora que todo ese orgullo había sido un delicado escudo contra el miedo de fallar a su gente, un apoyo ante el terrible peso de esa responsabilidad.
-Él es incapaz de continuar -dijo Obi-Wan.
-En cien segundos esta prueba terminará -dijo la voz-. Noventa y nueve, noventa y ocho...
-¡Dime las preguntas! -La desesperación apareció en la voz de Obi-Wan-. Por favor. Dime las...
-Noventa y tres, noventa y dos...
Obi-Wan saltó fuera de la silla y fue a Jesson, todavía acurrucado en el suelo, con los brazos primarios y secundarios envolviendo sus rodillas.
-Jesson -dijo con su voz más tranquila-. Debes intentarlo de nuevo.
-No puedo.
-Debes. No hay nadie más.
El x’ting hundió su cabeza contra sus rodillas y se estremeció.
-Toda tu vida -dijo Obi-Wan-, te has preparado para un gran desafío. Como todos los guerreros.
No hubo respuesta.
-No pienses que no sé cómo te sientes. Tu clan guerrero no podría proteger a la colmena de Cestus Cibernética. Tienen más poder del que tu gente pueda alcanzar. Así que te sientes que ni siquiera tu muerte puede liberar a tu pueblo. Ni siquiera el mayor esfuerzo que puedas alcanzar es suficiente para cubrir la necesidad. En lo más profundo de tu corazón, sientes que no hay nada.
Jesson alzó finalmente la vista.
-¿Comprendes eso?
-Es igual que en muchos planetas por toda la galaxia -dijo el Jedi-. Siempre que se conquisten especies, los guerreros son los primeros en ser oprimidos. Porque son los más peligrosos.
-Setenta… sesenta y nueve... sesenta y ocho...
-Toda mi vida -dijo Jesson-, todo lo que yo he querido era cumplir la función que me asignaron al nacer. Como hicieron mis antepasados. Cuando fuese hembra, llevar huevos saludables, aprender, y sanar, y enseñar. Cuando fuese macho, luchar por mi colmena, mantenerla a salvo. Quizás morir.
Jesson buscaba a Obi-Wan con sus ojos facetados brillando de esperanza. Si el extraplanetario podía entender su miseria, entonces quizás, sólo quizás, había un camino. Había una respuesta.
-Y entonces cuando G'Mai Duris recobró el liderazgo del consejo de la colmena, tuviste esperanza.
-¡Sí!
-Cincuenta y cuatro, cincuenta y tres...
Obi-Wan luchó por mantener la calma en su voz, aunque sentía la urgencia hirviendo dentro de él.
-Y cuando fuiste escogido para ser el que encontrase y devolviese a los monarcas, pensaste que ésta era tu oportunidad. Ésta era tu oportunidad de servir a la colmena. ¡Éste era el momento de gloria!
-¡Sí!
-Todavía lo es -dijo Obi-Wan-. Todos los guerreros sueñan con la conquista, con una gloriosa victoria o una muerte gloriosa. Pero ninguno de nosotros sabe el precio de nuestras vidas. Ninguno de nosotros sabe el valor de nuestras muertes. Eso deben decidirlo otros, después de que nosotros nos hemos ido. Todo lo que nosotros podemos hacer es esforzarnos, luchar con coraje y compasión, vender caras nuestras vidas. Y más tarde, después de que la batalla haya terminado, otros podrán decidir si ese sacrificio fue en vano, o si fue el factor decisivo. Algunos de nosotros debemos poner nuestras vidas en el altar del sacrificio. Otros en nuestros sueños de victoria.
Jesson le miró fijamente, con una pequeña luz de esperanza y entendimiento encendiéndose en él.
-¿Y si yo fallo, y los huevos reales mueren?
-Entonces habrás hecho todo que pudiste, sirviendo a la colmena con todas tus fuerzas.
-¿Y si mi fracaso te cuesta tu vida, al igual que la mía, Jedi?
Obi-Wan habló tan amablemente como pudo.
-Mi vida estaba empeñada desde el momento en que me puse en este camino. No pises el camino para guerrear buscando conservar la vida. Ése es el sueño de un necio. Busca vivir tus días honrando los principios en los que más creas. Trabaja para ganar las habilidades más altas de las que eres capaz. Vende cara tu vida.
-Sé fiel a la colmena -dijo Jesson.
-Sí.
-¿Cómo puede un humano entenderlo tan bien?
Obi-Wan sonrió.
-Todos nosotros tenemos una colmena -dijo.
-Veintisiete, veintiséis…
-En pie, guerrero x’ting -dijo Obi-Wan, poniendo duracero en su voz.
Jesson se levantó.
-Quince, catorce…
Volvió a la silla y se sentó. La cuenta atrás cesó.
-¿Está preparado para continuar? -preguntó la voz en básico, después de una serie de chasquidos en x’tingiano.
Jesson contestó afirmativamente con un chasquido.
Se produjo una pausa. La esfera holográfica giratoria se movía ahora más rápidamente. Pero sólo permanecía una única capa encima de la cámara de los huevos.
-Responda -dijo la máquina-: ¿Quién comió nuestros huevos y ahora esconde su juventud? ¿De quien es la red de miedo que los atrapa? ¿Quién robó el sol pero ahora vive en las sombras?
-Es demasiado simple -susurró Jesson.
-A veces la simplicidad es el mejor disfraz -dijo Obi-Wan-. No intentes engañarte. Contesta con la verdad.
-Pero eso es lo que hice antes -dijo Jesson-. Y ambas veces estaba equivocado.
-Esto fue creado por tu propio pueblo -dijo Obi-Wan-. Ellos no lo harían de forma que fuera imposible que tuvieras éxito. Confía en tus antepasados.
Pero Obi-Wan sentía una ligera punzada en la nuca. Algo. ¿Una advertencia? ¿Una pista? Algo. ¿Qué era? ¿Algo sobre la serie de armas alrededor de la silla? Los emisores. Las preguntas. Aparentemente simples para un x’ting...
Pero las respuestas estaban equivocadas.
El instinto de Obi-Wan estaba gritándole, pero no podía adivinar qué era exactamente lo que estaba intentando decirle. No podía, pero tenía que hacerlo. Ésta era la última oportunidad, y si no podía ayudar a su compañero x’ting, todo estaba perdido, y su causa fracasaría irreparablemente.
Entonces, en las profundidades de su corazón, sintió una respuesta simple, la oyó resonar con la verdad de la Fuerza.
-Contesta con la verdad -dijo de nuevo-. No intentes pasarte de listo. No busques una segunda opción. Dale la respuesta que sabes que es verdad.
Jesson asintió.
-El pueblo araña -dijo-. En su tiempo, eran los señores de este planeta. En otra época, nos trajeron desde la superficie. Nosotros los enviamos a las sombras.
Sus manos se extendieron sobre el panel del control, y sus ojos se fijaron en la esfera que giraba. ¿Qué? ¿Qué...?
Rodó más rápidamente, y un agudo sonido gimoteante se alzó en la sala, pareciendo envolverlos. Entonces la esfera todavía aceleró más rápido, y los segmentos se fragmentaron y volaron lejos.
-Respuesta incorrecta -dijo la voz-. La terminación de los huevos ha empezado.
Obi-Wan fijó la mirada, asustado. ¿Cómo podía haber estado tan equivocado? Raramente sus visiones habían probado estar tan horriblemente equivocadas. Quizás podría abrir un agujero a través del suelo con su sable de luz y salvar la pareja real...
Activó su arma y lo hundió en el dorado sello pentagonal del suelo. Bajo él, imaginó, había una puerta de seguridad de duracero templado. La imagen holográfica estaba fundiéndose, ardiendo, desde que las primeras chispas saltaron del suelo y el cuarto se llenó de humo. Jesson estaba aturdido, sentado en la silla, incapaz de moverse.
-No -dijo-. Lo hice todo bien. Lo hice todo. No, por favor.
-Vaporización completada al cincuenta por ciento...
Las luces de la cámara destellaron con estallidos aturdidores, y los emisores de las esquinas de la sala empezaron a sisear, expeliendo un fino gas verdoso. Obi-Wan se colocó su respirador en la boca, sintiendo no tener también otro para Jesson. Pero si sólo pudiera atravesar ese sello, si sólo pudiera llegar a la bóveda de los huevos, aun cuando su compañero pereciera, la misión aún...
-Vaporización completa.
Se sentía dormido.
Jesson se apoyó en los controles, sollozando.
-Mátame, mátame -dijo, hablando a nadie en particular, y al universo en general.
La batería de armas alrededor de Jesson empezó a brillar, y la neblina que llenaba el aire fue absorbida hacia ella. En unos minutos el cuarto se aclaró de la neblina, y Jesson yacía inmóvil. Obi-Wan miraba el cuerpo lacio de su compañero, con un sentimiento de desesperación y fracaso que raramente había conocido.
Y entonces… Jesson se movió.
Se enderezó en la silla y echó una mirada alrededor, torpemente, como si hubiera sido narcotizado.
-¿Por qué sigo vivo? -preguntó.
-Mira el holo -dijo Obi-Wan en voz baja.
Sin ningún alboroto, el esquema había reaparecido en la pantalla. En la miniatura, la cámara de los huevos estaba subiendo a través del pozo.
-¿Qué... qué es eso? -dijo Jesson.
La computadora comenzó una serie de chasquidos.
-¿Qué dice? -preguntó Obi-Wan.
Jesson escuchó cuidadosamente.
-Dice... “Enhorabuena, guerrero x’ting. Ha tenido éxito.”
Obi-Wan estaba temblando. ¿Qué significaba eso?
Echó un vistazo más cuidadoso a la batería de armas alrededor de la silla y comprendió que había estado equivocado. No era en absoluto una batería de armas. Eran sensores. ¿Y el gas? Sería algún tipo de compuesto analítico que combinaba con las feromonas de Jesson, los olores que los x’ting emitían bajo tensión. El combinado resultante había sido reabsorbido y analizado por la serie de sensores...
La claridad le golpeó como un relámpago.
-Nunca pretendieron que respondieras correctamente las preguntas -exclamó Obi-Wan-. Probablemente tus respuestas eran correctas. Contestándolas demostraste que conocías la historia de los x’ting. Los sensores demostraron que eras x’ting. Pero necesitaban saber cómo reaccionarías ante el fracaso.
-¿Ante… el fracaso? Pero no entiendo...
-Podrías estas buscando los huevos con el deseo de destruirlos. O para controlar a todos los x’ting. Podría haber sido por el ansia de poder, o por codicia. Pero cuando viniste por el amor a la colmena, y fracasaste, y viste tu fracaso al matar a la última pareja de rey y reina, no sentiste ira, sino angustia. La prueba no era para tu mente. Era para tu corazón.
-Olió mi pesar -dijo Jesson, comprendiendo.
El sello dorado quemado se levantó, exponiendo una columna de duracero de la misma forma. La columna ascendió hasta que fue de la altura de Jesson, revelando una cámara. Las gruesas ventanas de cristal transparentes se abrieron deslizándose, mostrando un disco de medio metro de alto. Alrededor del borde del disco parpadeaban las luces rojas y blancas de un anillo antigravitatorio activado. Con la mayor delicadeza, Jesson asió el disco. El anillo antigravitatorio reducía su peso efectivo a poco más de unos gramos. Sosteniéndolo en el aire, flotando, con la punta de sus dedos, el x’ting y el Jedi verificaron el pequeño monitor que parpadeaba encima.
-Están vivos -susurró-. Los llevaré al consejo. Nuestro clan médico sabrá qué hacer.
-Sí -dijo Obi-Wan.
Las paredes estaban parpadeando más rápidamente. Un altavoz emitió a todo volumen una profunda vibración retumbante que sacudió la columna vertebral de Obi-Wan.
-¿Qué es eso? -preguntó Jesson.
Obi-Wan inspeccionó los controles.
-Creo que es un repelente de gusanos -dijo-. La sala está dejándonos salir.
Las puertas se desbloquearon. Examinaron la puerta más lejana. El x’ting muerto yacía lacio y medio fundidas.
-¿Qué lo mató? -preguntó Jesson.
-No lo sé. Y no quiero arriesgarme. Conocemos los riesgos detrás de nosotros. Regresaremos por el camino por el que vinimos.

Caza Tie: Las crónicas de Stele (VI)

Los orígenes del Imperio

-¿Saben por qué su sistema permanece en guerra desde hace veinte años? -preguntó Mordon- ¿Saben por qué han sufrido durante tanto tiempo, sin un verdadero gobierno, con una economía arruinada, y realmente lejos de una posición envidiable en la galaxia? Sus problemas comenzaron hace mucho tiempo, con la República. En ésa época, tras las Guerras Clon, la galaxia estaba dividida entre criaturas que se hacían llamar “senadores”. Estos senadores formaron un gobierno destinado a enriquecerles y hacerles más poderosos. Representaban la élite, y todas las demás criaturas fueron, sin saberlo, sus cómplices. Saquearon sistemáticamente miles de planetas.
“Desde luego, los senadores habían hecho creer a todo el mundo que gobernaban con sabiduría, representando los intereses de sus sistemas, y restableciendo la paz y la armonía por toda la galaxia. Como han podido ver ustedes mismos, no han hecho nada de todo eso. ¿Desde cuándo Taroon no ha recibido, digamos, una oferta comercial, o directivas por parte de la República?
El hombre se detuvo un instante, y un murmullo recorrió la concurrencia. Sus palabras habían producido el efecto esperado. Los prisioneros gruñían y hablaban de la república, la cual, que ellos recordaran, jamás había prestado la mínima atención al sistema Taroon.
-La corrupción de los senadores se descubrió poco a poco, en gran parte gracias a los esfuerzos de uno de sus miembros, un senador honesto y voluntarioso llamado Palpatine. El senador Palpatine trabajaba sin descanso para denunciar la corrupción y la podredumbre, el feroz oportunismo que chupaba la sangre de toda la galaxia. Formaba parte de los escasos idealistas que creían en la retórica de la República, y que había conseguido labrarse una posición entre sus semejantes tras largos años de servicio.
“No tardó en comprender que la corrupción era peligrosa e inútil al mismo tiempo. Sus enemigos estaban bien protegidos, así que cambió de táctica.
“Socavó el sistema desde el interior, haciendo rápidamente amigos entre los miembros de las más altas jerarquías del Senado, de la Guardia Republicana, e incluso entre aquellos Caballeros Jedi que no toleraban ninguna corrupción.
“Su gran idea era restablecer la unidad y la igualdad en todos los mundos, pero bien pronto se dio cuenta de las debilidades del sistema republicano. Excelente historiador, sabía que el mayor poder se obtiene con un gobierno central e individual, sostenido por una gran fuerza militar. Así que siguió esa vía. Sus esfuerzos y su perseverancia fueron tales que consiguió formar una poderosa coalición de dirigentes que le nombraron enseguida Emperador. Acababa de comenzar una era de paz y prosperidad.
“Pero, en los mundos del Borde, puede que eventos de una tal importancia no hayan causado provecho a los planetas exteriores, debido al largo olvido por parte de la República. Nuestra misión consiste en reunificar el Imperio. Tenemos la fuerza necesaria para hacerlo, pero nuestra misión es ante todo diplomática. Instalaremos nuestros gobiernos de sector y autoridades locales, llevaremos el orden a sus planetas, y sus habitantes se convertirán en miembros productivos del Imperio.
“Hoy, los mundos del Núcleo son prósperos, seguros y su desarrollo es extraordinario. Con un gobierno central muy potente, cada planeta, cada sistema y cada sector contribuyen a nuestra causa. Los curtidos colonos del sistema Cardua son los mejores extrayendo el mineral de los ricos yacimientos de sus cinturones de asteroides. Sus vecinos, en el planeta Xorth, disfrutan de una tierra rica y prosperan en el comercio de productos agrícolas. Producen igualmente las mejores farrbuesas de la galaxia, famosas por su aroma exquisito y su efecto tónico. Cada uno se aprovecha de los esfuerzos de los demás. Taroon también tiene un papel que jugar, y hemos venido para darles la oportunidad de unirse al mayor imperio de todos los tiempos.
“Los peligros son numerosos, incluso para un Imperio tan poderoso... para ustedes, y para cada uno de nosotros. El Emperador quiere que conozcan a nuestros enemigos comunes. En primer lugar, está el problema de las razas de piratas alienígenas, que no pueden o no quieren vivir en paz y comerciar con los humanos, o que aún mantienen ansias de conquista, como los calamari o los wookies. Ustedes pueden ayudarnos a poner fin a sus acciones destructoras.
“Algunos individuos también desean recuperar la antigua corrupción. Dirigidos por antiguos senadores que desean volver a sus dudosos métodos, estos rebeldes han osado intervenir para entorpecer nuestros esfuerzos de devolver la paz a la galaxia. No se equivoquen. Están dirigidos por criminales desesperados persuasivos, y han sellado sospechosas alianzas con ciertas razas alienígenas que quieren destruirnos. Acogeremos encantados a aquellos voluntarios capacitados que quieran unirse a nuestra lucha contra estas criaturas infames y sus mentiras.
El almirante dejó de hablar y recorrió con su mirada la concurrencia. Maarek sintió sus ojos resbalar sobre él, y que su mirada se fijó en él muy brevemente. Al menos, eso creyó. Eso apenas duró un instante, pero Maarek de repente se sintió observado, y muy incómodo. Entonces el hombre continuó su discurso. Les hablaba como si les acogiera en un hotel, o en un centro de vacaciones. Como si hablara a cliente o invitados. Maarek supuso que una parte de aquellos que se encontraban allí habrían sido invitados realmente, pero la mayor parte de ellos llevaban, como él, ropas de prisioneros.
-Se encuentran a bordo de una de las numerosas naves de la gran Flota Imperial -dijo Mordon-. Este es el destructor estelas imperial Venganza. Muchos otros destructores estelares atraviesan el sector, escoltados por fragatas. Estamos aquí para asegurar su paz y la de sus vecinos, para hacer reinar el orden, y restablecer un comercio próspero.
“Pocos de ustedes habrán visto ya un destructor estelar. Ahora voy a presentarles este maravilloso instrumento de paz y orden.
La intensidad de la iluminación bajó súbitamente y una proyección holográfica apareció al lado del hombre. Mostraba una inmensa nave en forma de punta de flecha, rematada por una alta torre coronada con dos proyecciones cilíndricas. Si bien la nave parecía bastante compleja, no había ninguna escala que permitiera estimar su tamaño, y Maarek observaba la imagen sin prestarle mucho interés.
-Aquí ven un destructor estelar de clase Imperial -anunció el hombre con una voz llena de orgullo-. Es una maravilla tecnológica. Como referencia, les voy a mostrar el tamaño de una lanzadera interplanetaria en comparación a un destructor estelar.
Una pequeña lanzadera apareció. Se parecía a la que los bordali habían usado para llevarles a él y a su madre. Apenas era más gruesa que un pequeño punto. Maarek sintió como su corazón latía más fuerte. Esperaba que se tratase de un engaño, pero el hombre continuó su exposición, como si hubiera podido adivinar sus pensamientos.
-No exagero, criaturas de Taroon. Esta representación es tremendamente exacta. Creo que nadie de ustedes, o quizá sólo una minoría, habrá visto antes este tipo de naves. Actualmente se encuentran en la cubierta 50, en el centro de la nave.
“Un destructor estelar transporta varios miles de soldados y tripulantes. Es esencialmente una ciudad en el espacio, o más bien una fortaleza. Cada destructor estelar está equipado con decenas de turbolásers pesados y cañones iónicos, además de gran variedad de armas ofensivas y defensivas. También albergan varios escuadrones de cazas y bombarderos TIE, grupos de caminantes AT-AT y AT-ST para mantener el orden, y muchos más vehículos de superficie.
Maarek sintió una súbita sacudida interna, como su acabara de soportar una aceleración de 10 G. No se trataba de un discurso de reclutamiento, como había creído. Era más bien una amenaza apenas disimulada. Ese destructor disponía de la bastante potencia destructora como para destruir un planeta lo suficientemente pequeño, del tamaño de Kuan. Si el Imperio disponía realmente de varios de esos mastodontes, no era extraño que pudieran declararse tan fácilmente dueños de un sistema estelar entero. Y era por ese motivo que numerosas personalidades de Kuan y Bordal estaban allí. Esa “invitación” a los planetas de Taroon había sido enviada a golpes de bláster. Estaban obligados a cooperar. Si no...
¿Pero qué hacía él allí? ¿Qué querían de él?
El almirante hizo un gesto para iniciar la presentación holográfica. Se trataba de una especie de visita guiada al destructor estelar, que de hecho quedaba representado como una especie de cuartel militar muy bien armado. Una música acompañaba la presentación, y armonizaba perfectamente con las imágenes que desfilaban.
-Un destructor estelar de clase Imperial alberga decenas de miles de soldados tripulantes. Aquí, en la zona civil, se encontrarán con numerosos seres que se dedican a sus ocupaciones. Hay tiendas, servicios, establecimientos de hostelería y centros de ocio.
Mientras la voz del narrador llenaba la habitación, la proyección holográfica mostraba lo que podría haber sido una calle en una ciudad próspera, pero a menor escala. Los ángulos de cámara habían sido cuidadosamente escogidos y mostraban impresión de espacio, pero Maarek puedo ver que la escena mostraba una zona muy pequeña, al menos en una escala planetaria. Luego la imagen desapareció.
Varias imágenes se sucedieron rápidamente a continuación. Primero había un pequeño apartamento flamantemente nuevo. Luego una habitación, una sala de estar con un terminal de comunicaciones y un pequeño cuarto de aseo. No había cocina, ni lugar para comer. La narración que acompañaba a las imágenes indicaba que se trataba de las dependencias típicas de la tripulación. El lugar tenía un aspecto acogedor, casi confortable.
La música tomó un tono mucho más heroico, y el holograma pasó a una zona llena de instrumental y hombres trabajando. El narrador la presentó como una sala de control, “una de las numerosas salas del destructor estelar”. Centenas de criaturas, humanos la mayor parte, corrían en todas direcciones de una consola a otra, con aire de estar muy ocupados y dando impresión de eficacia.
-El destructor estelar es controlado por un equipo de técnicos cualificados y competentes. Controlan las numerosas funciones de la nave, lo que incluye la introducción de parámetros de propulsión y navegación, la vigilancia del sistema de soporte vital, la gestión de los escudos y la carga de las armas. Por ejemplo, cada banco de turbolásers dispone de una zona de control separada, y hay terminales de asignación en cada hangar para dirigir y organizar todas las naves que entran y salen.
La imagen hizo un fundido a una gran sala dominada por una plataforma elevada. Un gran holomapa ocupaba el centro de la sala. También allí, soldados y tripulantes trabajaban en unas misteriosas máquinas.
-Las operaciones tácticas se dirigen en el puente de planificación central. Es allí desde donde el comandante de a bordo y su tripulación supervisan permanentemente todas las operaciones en curso.
La presentación holográfica continuó, mostrando otros aspectos del destructor estelar, como por ejemplo una rápida exposición de los enormes turbolásers. La imagen desapareció por fin, la música cesó, y el anfiteatro se sumió en un silencio total. Luego, lentamente, la imagen de un hombre apareció en el centro de la holosfera. Llevaba una gran túnica rematada con una capucha, y Maarek sintió una fuerza emanar de su persona. Ese hombre debía seguir valores ascéticos y ser un gran pensador. El rostro del hombre estaba envuelto en la inmensa capucha, y Maarek sólo pudo ver una parte de sus rasgos.
Tenía algo especial que llamaba inmediatamente la atención. El hombre comenzó a hablar. Su voz era suave, pero helaba la sangre.
-Soy... el Emperador -dijo.
Pronunció estas palabras de forma muy sencilla, sin ninguna pretensión, con una ligera vacilación para apoyar mejor sus palabras. ¡Realmente se trataba del Emperador!
-Maarek... -¡le llamó por su nombre, Maarek, podría jurarlo!- ...has sido llamado para unirte a nosotros, para unirte a nosotros por el bien de todos los seres vivos.
Maarek estaba aterrorizado. ¿Cómo podía llamarle por su propio nombre delante de toda esa gente? ¿O era un engaño de su mente? Maarek ya no sabía si realmente había escuchado su nombre. Pero el hombre seguía hablando bajo su capucha, y alzó ligeramente el tono.
-Aquellos que se oponen a nosotros deben ser destruidos. Aquellos que corrompen a los demás, los esclavizan y roban lo que les pertenece, deben ser eliminados. Es el momento de eliminar los últimos obstáculos que nos separan de la paz, de la prosperidad y del verdadero poder, un poder sin igual en la galaxia desde épocas legendarias.
Maarek escuchaba cada palabra como si se tratasen de seres vivos. El Emperador habló durante bastante rato, denunciando a sus enemigos y jurando destruirles. Y cuando terminó, Maarek estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, a ir a cualquier sitio para servirle. El Emperador era la última esperanza para la unidad y la fuerza. La unidad y la fuerza. Esas palabras iban a convertirse en el lema de Maarek.

***

Eso ocurrió hacía ya tres meses. Maarek trabajaba ahora como mecánico en uno de los hangares principales del destructor estelar, rodeado por hileras de los vehículos más diversos, desde cazas TIE hasta caminantes imperiales. Estaba usando su soldador láser para ensamblar un nuevo panel térmico en el ala de un interceptor TIE que había vuelto al hangar para ser reparado.
Habían dejado Taroon muy atrás, y ahora se encontraban a miles de años luz de su planeta. Marina permaneció en Kuan para asegurar la transición del poder y para esperar a su marido. Maarek y Pargo se habían enrolado ambos, atraídos por la acción y el poder del Imperio. Pero, aunque no tenía claro el por qué, Maarek estaba seguro de que su padre ya no estaba en Taroon, y tenía esperanzas de poder encontrarle de nuevo en la inmensidad de la galaxia.
Ese hangar era un centro de reparaciones y construcción, y todos los vehículos que se encontraban allí estaban en proceso de construcción o de reparación. Las marcas de fuego en los cascos, las muescas, el metal torcido probaban que no todos los sistemas estelares aceptaban la tutela del Imperio tan fácilmente como Taroon. El Venganza se desplazaba constantemente yendo por el hiperespacio de un punto caliente a otro.
Si bien Maarek no tenía ninguna razón para estar al corriente de las misiones militares del destructor estelar, los rumores y las historias llegaban siempre hasta él, y sabía que el Venganza estaba involucrado en varias operaciones simultáneas. Llegaba a una zona en conflicto, enviaba algunos cazas o naves de desembarco, y luego marchaba a otra zona para enviar naves suplementarias y supervisar las operaciones en curso. Por cada salto en el hiperespacio, podía sentir un ligero mareo acompañado de problemas de visión, pero esa sensación sólo duraba unos segundos.
En las últimas horas, el Venganza había efectuado varios saltos. Luego, hacía tal vez una hora, varios cazas dañados fueron remolcados al hangar. Maarek y los demás mecánicos trabajaron sin descanso para repararlos. Un poco antes, había escuchado unos ruidos apagados, y alguien le dijo que quizá se tratase de torpedos pesados explotando contra los escudos del destructor estelar.
Volvió la calma, y el interceptor TIE estuvo reparado. Maarek pidió permiso al jefe de taller para probar el interceptor. Una de las reglas no escritas decía que el Servicio de Reparaciones efectuase directamente las pruebas de las naves reparadas antes de enviarlas a Operaciones. Así pues, numerosos mecánicos habían aprendido las bases del pilotaje, y la experiencia como piloto de barredora de Maarek le favorecía claramente.
-Estamos en órbita planetaria sobre Farboon -le dijo el jefe de taller-. Aquí no ocurre nada. Ve, pero date prisa. Nuestro próximo salto está previsto dentro de tres horas.
Maarek saltó a bordo del TIE/In y ajustó el asiento y los arneses de seguridad. No llevaba el casco estándar ni el traje de vuelo con apoyo vital de los pilotos de TIE, sino una versión modificada que los miembros de la tripulación habían confeccionado. En cualquier caso, llevar un equipo de aficionado no le molestaba. Esperaba ese momento desde siempre. Aunque el vuelo no durase más que unos minutos, el tiempo justo de probar los sistemas de la nave, se sentía como un pájaro fuera de su jaula.
Indicó por el comunicador que ya estaba listo, y conectó los motores iónicos. La cabina retumbaba con un gruñido sordo, y la nave vibraba un poco. Se dio cuenta de que tendría que acordarse de enviar la nave a un especialista en motores cuando terminase. Luego dirigió a la pequeña nave sobre la plataforma repulsora, hacia la compuerta.
Cuando fue expelido al exterior, vio un inmenso planeta que rompía la oscuridad. Era verde, azul y blanco, y se recortaba sobre el fondo sombrío del espacio justo enfrente de él. Maarek nunca había volado cerca de un planeta, y se tomó su tiempo para admirar las vistas. Examinó su escáner para detectar la presencia de otras naves, pero no había nada. Dio media vuelta para admirar el destructor estelar. No dejaba de admirarlo, aún no se había repuesto de su grandeza e inmensidad. Luego comenzó sus pruebas sobre el TIE/In, atento al menor signo de mal funcionamiento.
En principio, el Servicio de Reparaciones usaba su propia frecuencia de comunicador, pero Maarek había descubierto cómo enlazarse en una doble frecuencia que le permitía recibir uno de los canales militares no reservados. Le encantaba escucharles durantes sus operaciones, aunque no escuchase nada importante.
Ese día, fue diferente. Cuando estaba volviendo de mala gana hacia el hangar, escuchó un ruido en su casco y una voz enloquecida gritó:
-¡A todas las unidades! ¿Hay alguien operacional? SOS. Respondan...
Maarek no respondió. Después de todo, se suponía que no debía estar en ese canal. Pero la voz seguía llamando y, aparentemente, no recibía respuesta alguna. Finalmente, Maarek decidió preguntar qué pasaba.
-Aquí Stele -dijo por su micro-. ¿Cuál es el problema?
-¿Quién es usted, Stele? -preguntó la voz- ¿Y dónde está?
-Soy del Servicio de Reparaciones, estoy probando un interceptor TIE para su vuelta al servicio, señor.
-Una de nuestras lanzaderas está en apuros... -dijo rápidamente la voz. Parecía escuchar a alguien más mientras hablaba, pues su transmisión no fue más que una serie de breves frases y pausas entrecortadas- No hay tiempo para discutir. Escolta destruida... Demasiado cerca del planeta... Vaya por el otro lado... Encuentre la lanzadera... -indicó a continuación coordenadas y vectores de los que Maarek apenas comprendió la mitad. Pero dio la máxima potencia a los motores y comenzó a dar la vuelta al planeta- Volveremos... -fueron las últimas palabras que pudo escuchar. Luego se encontró solo.
Observando sus sensores, vio que el destructor estelar había partido.

Ala-X: La documentación Farlander (VI)

El informe de Alto Secreto
A bordo del buque insignia de la Alianza, en ruta hacia la base de Yavin

—Mon Mothma, le presento al Oficial de Vuelo Keyan. Él fue quien encontró los holodiscos. Me han dicho, además, que se ha distinguido en el combate.
El Almirante Ackbar le animó a acercarse con un gesto. Mon Mothma examinó el rostro de Keyan, como si buscase sondear su personalidad.
—¿Nos hemos visto antes? —le preguntó.
-Yo estaba en Agamar -respondió Keyan
—¿Agamar? Estuve allí hace dos semanas... ¡No has perdido el tiempo, por lo que veo!
—¡Sí, Señora! Digo... No, señora. Quiero decir...
Mon Mothma le sonrió amigablemente.
—Déjame mostrarte lo que tu heroísmo nos ha traído. Es un informe de especificaciones militares imperiales. De muy alto secreto. Faltan muchos datos, pero la información que hemos recuperado es inestimable. El informe detalla con precisión el armamento y las características de las naves del Imperio, y contiene igualmente los datos que el Imperio posee sobre nuestras propias naves. Y también hay indicios de otras cosas. Oscuros planes secretos. No puedes hacerte una idea que la importancia de estas informaciones. Voy a darte una copia impresa para que las estudies. Te lo has ganado.
—Perdóneme, señora —se aventuró Keyan-, pero... ¿esta era la información que estábamos buscando?
Mon Mothma y el almirante Ackbar intercambiaron una extraña mirada. Era algún tipo de mensaje, tenía algún significado, de eso Keyan estaba seguro, pero no tenía la menor idea de qué podría ser. El almirante le miró con sus gigantescos ojos, que parecían, al mismo tiempo, llenos de compasión, confusos, comprensivos, inocentes y penetrantes. Keyan los encontró desconcertantes.
—Vuestra misión era muy importante, Oficial de Vuelo dijo el calamariano con una voz sorprendentemente grave y sibilante. Pero nuestro objetivo principal probablemente estaba muy lejos, en otro sector. No sabemos si nuestras demás misiones han tenido el mismo éxito. No aún, al menos. Pero mantenemos la esperanza.
»Vuestra misión ha complicado un plan muy elaborado del Imperio, concebido para hacernos perder el tiempo e inducirnos a error. El Imperio ha enviado numerosos transportes al espacio, con el único objetivo de confundirnos. Algunas de estas naves transportan informaciones muy importantes. Otras no son más que señuelos sin interés. No tenemos forma de saber con seguridad qué transportes debemos atacar, aunque concretamente vuestra misión estaba basada en informes bastante precisos. Nuestro objetivo principal es encontrar la nave que transporta a Darth Vader. Creemos que actualmente está en una misión secreta. Debemos intentar capturarle. O matarle. Aún no sabemos si hemos tenido éxito.
»Pero las informaciones que has recuperado son una victoria añadida para la Alianza. Puedes estar orgulloso de cómo has llevado a cabo la misión, al igual que el resto de tus compañeros.
Keyan se había quedado de piedra, sin palabras. Había muerto tanta gente... ¡en una misión que podría haber sido inútil! Era inconcebible. Finalmente consiguió articular unas palabras.
-Entonces, todas esas muertes... ¿No es un riesgo demasiado grande?
—¡No! —exclamó la Jefe de Estado—. Cada batalla es importante. Vuestra misión, es cierto, comportaba riesgos. Pero esta vez hemos tenido suerte, y la información conseguida nos ayudará a salvar millones de vidas. La guerra exige numerosos sacrificios. Ninguno de estos sacrificios es inferior, o menos importante que los demás. Incluso ahora, mientras esperamos noticias de las otras misiones, no minusvaloramos lo que usted y sus compañeros han conseguido. Y tú tampoco deberías hacerlo. Toma, lee el informe y observa lo que nos has traído. Vuelve aquí cuando hayas acabado.

***

Más tarde, cuando Keyan estaba solo, estudió los papeles de Mon Mothma le había ofrecido. Estaban etiquetados como Alto Secreto. Los leyó todos, lentamente. Luego volvió a leerlos.
Cuando Keyan terminó la lectura de los documentos que había encontrado a bordo de la nave antibloqueo, volvió al despacho de Mon Mothma, como ella le había pedido. Un ayudante le dijo que la Comandante en Jefe no estaba allí, pero que podía encontrarla en la sala de conferencias C, en la cubierta 5.
Aún no conocía muy bien el trazado de la nave, pues apenas llevaba allí dos semanas, y Keyan se perdió varias veces tratando de encontrar la sala de conferencias C. De modo que quizá esa fuera la razón por la que no prestó demasiada atención cuando la puerta se abrió y entró en la sala de conferencias. No encontró ningún significado especial al hecho de que la sala estuviera llena de pilotos y tripulantes del Mando de Cazas, y que Mon Mothma, el General Dodonna e incluso el Almirante Ackbar permanecían de pie en una plataforma elevada al fondo de la sala.
Keyan ya había recorrido la mitad del pasillo cuando se dio cuenta de que todo el mundo le estaba mirando. Avergonzado, redujo la marcha y continuó con pasos dubitativos, pero el General Dodonna le llamó con una voz grave que resonó de forma natural por toda la sala.
—No se detenga, Teniente Farlander. Esta es su fiesta.
Pero Keyan se detuvo. ¿Había dicho Teniente? De repente, se dio cuenta de que acababa de entrar en una especie de ceremonia o similar. Su gesto de sorpresa debió resultar gracioso; en cualquier caso, todo el mudo en la sala comenzó a reír. Keyan sintió el calor de sus mejillas al ruborizarse. Pero Mon Mothma le estaba invitando a subir al estrado, y de repente se encontró riendo él también. Teniente Farlander. Sonaba bien.
—Hay muchos héroes entre nosotros. Queremos dar la bienvenida a uno nuevo dijo Mon Mothma, mientras Keyan avanzaba hacia el pequeño estrado. Keyan Farlander vino a nosotros, como muchos otros antes que él, con la convicción de que el Imperio debía ser destruido. Pero como muchos de vosotros antes de que os unierais a la Alianza, aún no había visto la forma de luchar contra una fuerza tan grande y malvada. Ahora es uno de nosotros. Todos sabéis sus logros en el reciente ataque en Hadar. Se ha distinguido por su habilidad y valor... —hizo una pausa, examinando a Keyan—... y también, creo yo, por su suerte.
Keyan respondió a su sonrisa.
-Y suerte es algo que nos hará mucha falta, pero también voluntad y sacrificios. El Imperio es inmenso, y necesitaremos toda la ayuda que podamos encontrar. Por lo tanto, recibimos a Keyan “Afortunado” Farlander en la Alianza Rebelde, y lo ascendemos al grado de Teniente.
Entonces, el General Dodonna se acercó a Keyan y prendió una nueva insignia de rango en su uniforme. Cuando los asistentes comenzaron a aplaudir, escucho que el general le hablaba.
-Que no se te suba a la cabeza. Aún tienes mucho que aprender. A partir de mañana, volverás a los simuladores.
Pero Keyan sólo saludaba y saboreaba la ovación de sus nuevos amigos. Ya tendía tiempo para entrenar. Ya tendría tiempo para enfrentarse al Imperio. Sabía que seguía ahí fuera, en alguna parte del espacio. Pero en ese momento, ese día... Ese día fue su día de suerte.