jueves, 8 de septiembre de 2016

Escuadrón Bastardo: Kuat


Escuadrón Bastardo: Kuat
David J. Williams y Mark S. Williams

El ordenador de combate de la teniente Gina Moonsong comenzó a mostrar luces verdes destellando mientras veía cómo las defensas de los Astilleros de Propulsores Kuat entraban en alerta. Los astilleros consistían en un inmenso anillo de acero que rodeaba el planeta Kuat como una gigantesca serpiente de metal. Los diques secos, almacenes, talleres de maquinaria e inmensos hábitats orbitales hacían que la estación fuera la principal instalación de producción de algunas de las armas más temidas del Imperio, entre ellas el Destructor Estelar clase Imperial, el AT-AT, y nuevas monstruosidades tecnológicas que se rumoreaba que estaban en fase de prototipo. La Nueva República había decidido que ya era hora de ocuparse del principal suministrador de armas del Imperio, y se había enfrascado en un asalto que rivalizaba con el ataque en Endor. Cientos de baterías láser se iluminaron cuando las defensas del astillero abrieron fuego sobre la flota de la Nueva República que se aproximaba.
Moonsong tiró de la palanca de su ala-B y comprobó la formación del escuadrón. A su cola, los cruceros Mon Cala y el resto de naves capitales estaban preparados con sus grandes baterías de torpedos, mientras que los ala-X en vanguardia colocaban sus alerones-S en posición de ataque. A izquierda y derecha, docenas de otros escuadrones de cazas también estaban ocupando sus posiciones. Ante ellos, una flota de Destructores Estelares y su complemento de cazas TIE salía de la órbita superior del planeta detrás del anillo y aceleraba para enfrentarse a ellos. Llevaban tres asaltos y los imperiales seguían usando las mismas tácticas. El problema es que eran efectivas. El elevado número de fuerzas que habían destinado a los astilleros representaba una gran inversión. Los imperiales querían mantener esa instalación prácticamente a cualquier precio y había destinado más recursos de espacio profundo que los que la Nueva República había previsto. Apenas llevaban unos días de campaña y ya estaba caro para todos que esa batalla no iba a ser ni breve ni sencilla.
-Mira quién sale a jugar.
-Los veo, Fanty. Teniente Li, vamos a por los DE’s del Cuadrante Cuatro. Cerrad formación y esperad la señal.
-Recibido, Líder Bastardo.
La teniente Sandara Li lideraba la nueva sección de alas-X de escolta que había sido añadida al Escuadrón Bastardo. Hasta ahora, la relación de Moonsong con Li había sido menos que cordial. Moonsong suponía que Li habría preferido volar con Stramm... pero Stramm se había quedado en el portanaves Amalthea ayudando al comodoro a coordinar la acción general de la flota.
Unas explosiones a su derecha captaron la atención de Moonsong cuando la primera oleada de la Nueva República chocó con las fuerzas Imperiales. Docenas de escuadrones de cazas de la Nueva República e imperiales danzaban en los vientos solares, iluminando la oscuridad mientras las naves capitales se lanzaban entre sí una oleada tras otra de torpedos de protones. La tensa voz de Yori Dahn crepitó en los auriculares de Moonsong:
-¡Tengo uno a la cola! No puedo librarme de él.
Moonsong efectuó un barril con su ala-B y se lanzó a toda velocidad en un rumbo de interceptación. Justo cuando el caza TIE se alineaba para efectuar un disparo letal, los láseres de Moonsong le partieron en dos.
-Gracias, jefa –dijo Dahn.
-No me lo agradezcas tan rápido –replicó Moonsong... justo cuando las llamas recorrían un Destructor Estelar cercano; al instante siguiente, estallaba, lanzando escombros en todas direcciones. Un fragmento de metal descarriado golpeó de lleno a un ala-B al mismo tiempo que su ala-X de escolta quedaba desintegrado por el fuego enemigo. Mientras Moonsong trataba de comunicar una corrección de curso para su gente, en el sistema de comunicaciones de todos los pilotos se escuchó un mensaje del comodoro:
-Mando central a todos los escuadrones de cazas: esto es una orden de retirada. Repito, todos los escuadrones deben regresar.
-¿Qué demonios está pasando? –exclamó Li por el comunicador.
-Ya ha escuchado la orden, teniente. Estoy segura de que el mando tiene una buena razón para esto. Ahora volvamos al establo.
Moonsong dio media vuelta a su nave mientras se preguntaba cuál podría ser esa razón.

***

Braylen Stramm se encontraba de pie junto al capitán Tane, al lado del holoproyector. Moonsong no pudo evitar pensar que Stramm tenía un aspecto extraño con su uniforme color caqui y azul pólvora en lugar de con su traje de vuelo. Extraño, pero atractivo de todos modos. Aún más extraño era que Moonsong fuera la nueva líder de escuadrón en funciones. Cuando el mando transfirió temporalmente a Stramm a Planificación de Operaciones de Combate, supuso que recurrirían a alguno de los comandantes de los otros escuadrones para ocupar su lugar.
Así pues, en ese instante Moonsong, Fanty, Li y el compañero de ala de Li –Johan Volk- estaban sentados con los demás líderes de escuadrón del grupo de cazas del crucero Amalthea. Stramm dio un paso adelante y dejó que su voz de barítono llenara la sala.
-Muy bien, gente, hemos estado analizando al enemigo, y ha quedado claro que necesitamos cambiar nuestras tácticas. Simplemente, no tenemos la potencia de fuego para superar la flota de defensa del objetivo con un único golpe. Por tanto, hemos decidido centrarnos en un bombardeo estratégico de elementos clave de la infraestructura del astillero. Depósitos de combustible, monorraíles de suministros y conjuntos de sensores serán en adelante nuestros objetivos principales. Esto significa que nuestro calendario cambiará, pero todas nuestras simulaciones validan la nueva estrategia.
Li levantó la mano, y Stramm le dio permiso para hablar con una inclinación de cabeza; Li se puso en pie con toda su estatura y se apartó de los ojos su largo cabello negro. Moonsong no pudo evitar darse cuenta de que todos los ojos de la sala estaban clavados en la imponente figura de Li. Demonios, la mujer parecía una de esas duras heroínas de los holodramas de Coruscant.
-Comandante, ¿significa eso que ahora los elementos de ala-X estarán equipados con torpedos de protones para que podamos participar en el bombardeo?
-Negativo. Hasta ahora, la adición de elementos de ala-X al grupo de bombarderos ala-B ha tenido éxito en calidad de escolta, pero nuestros alas-B aún dependerán de sus pilotos de ala-X para quitarles los cazas TIE de encima.
Volk, el compañero de ala de Li, fue el siguiente en levantarse. Era un hombre alto y calvo con una tremenda barba y una sonrisa aún mayor. Se rumoreaba que él y su mujer Vira eran legendarios luchadores de guerrilla en el planeta perdido del que procedían.
-Disculpe, señor, pero, ¿quién va a mantener a esos Destructores Estelares alejados de nosotros?
El capitán Tane señaló la imagen holográfica de los astilleros, y se detuvo en un grupo de Destructores Estelares.
-Elementos de la flota se enfrentarán al enemigo aquí, aquí, y aquí... obligándoles a emplear el grueso de sus destructores y naves de apoyo para enfrentarse a nosotros, permitiendo entonces que ustedes pilotos realicen sus ataques. Recibiremos algunos daños... eso es seguro; pero si ustedes, pilotos, son capaces de inutilizar sus depósitos de suministros y sus centros de mando, entonces merecerá la pena. –Luego, como si sintiera la tensión general en el aire, añadió-: Miren, sabemos que les hemos pedido mucho; y, francamente, les vamos a pedir más aún. Esta lucha es crítica; si perdemos, se verá amenazada la estabilidad de la Nueva República.
Tane dio un paso atrás y permitió que Stramm completara la exposición.
-Los líderes de escuadrón recibirán sus nuevos paquetes de misión y serán responsables de hacer que esos datos estén disponibles para sus pilotos. Si no hay más preguntas... Muy bien, entonces. Buena suerte ahí fuera, y buena caza. ¡Pueden retirarse!

***

Moonsong trató de concentrarse más allá del caos que la rodeaba mientras el escuadrón avanzaba a toda velocidad hacia el monorraíl de suministros. En teoría, si destruían suficientes de los elementos que permitían a los astilleros mover suministros y munición, ciertas áreas se quedarían mucho más vulnerables. Un chillido estridente llenó su auricular cuando el indicador de la nave de Bastardo Nueve desapareció del monitor en el casco de Moonsong.
-Le han dado a...
-¡Lo sé, Fanty!
El ala-B de Yori Dahn se alzó a su lado. Su voz llegó rota por el canal.
-Teniente, ¿está viendo lo mismo que yo?
Sobre el anillo, frente al monorraíl, se alzaba un grupo de AT-ATs y AT-ACTs, uno o dos AT-TE más antiguos, de la época de las Guerras Clon... junto con varios AT-ATs sin terminar que parecían gigantescos transportes de tropas esqueléticos, únicamente con las cabezas y sus poderosos cañones en funcionamiento. Los caminantes imperiales escupían plasma abrasador hacia ellos. La voz de Li sonó con fuerza.
-¡Alas-X, vamos a atacar a esos caminantes!
-Manteneos en formación –dijo Moonsong-. Os necesitamos para ocuparos de esos cazas TIE.
-¡Esto sólo nos tomará un minuto, y no hay modo de que lleguéis al objetivo si no nos deshacemos de ellos! Guardad vuestras bombas para el objetivo. ¡Vamos!
-Estoy contigo, jefa –dijo Volk sin asomo de duda.
-Mantened la formación –exclamó Moonsong. Pero era demasiado tarde; los alas-X ya estaban separándose y lanzándose hacia los gigantes. Por un instante Moonsong pensó realmente que podrían lograrlo... hasta que varios elevadores de carga se alzaron, transportando más AT-ATs parcialmente completos y torretas láser acorazadas de Destructor Estelar. Moonsong vio que dos alas-X recibían impactos de disparos. Uno de ellos estalló en una radiante bola de fuego, mientras que el otro giró fuera de control e impactó contra una pared del astillero. Aún más alarmante era el hecho de que los láseres de los alas-X no eran lo bastante potente para atravesar de un único disparo el blindaje pesado de los caminantes. Moonsong sabía que si no concentraban su fuego en los emplazamientos de armas improvisados, las oportunidades de que cualquiera de su grupo saliera de allí con vida era exactamente cero... y la única forma de derribar a esos caminantes era con los torpedos que estaban destinados para el monorraíl.
Y eso significaba que el monorraíl tendría que esperar.
-Escuadrón Bastardo, seguidme, y concentrad el fuego de los cañones iónicos sobre esos emplazamientos. –El grupo de cazas tejió un asombroso patrón mientras cambiaban sus trayectorias, aumentaban su velocidad y se dirigían hacia el enemigo-. ¡Usad vuestros torpedos sobre esos caminantes!
-¿Pero qué pasa con el objetivo principal? –preguntó Dahn.
-¡Este es ahora el objetivo principal, así que desplegaos!
Los alas-B se alzaron frente a los caminantes y desencadenaron una lluvia de fuego letal sobre los mastodontes que tenían debajo. El ala-B de Moonsong pasó zumbando sobre el anillo principal del astillero mientras los AT-ATs se erguían ante él. Aunque las armas de las bestias acorazadas podían atravesar la mayoría de cazas, no eran igual de efectivas para fijar su objetivo sobre ellas a altas velocidades. Moonsong alineó su disparo y soltó un par de torpedos que aniquilaron el compartimento de tripulación de ese AT-AT y causaron que el caminante se derrumbara sobre un modelo explorador a medio construir. Desafortunadamente, el piloto bajo ella recibió el impacto de un TIE atacante, y chocó contra el tanque andante en su caída... haciendo que su propia nave trazara espirales fuera de control y chocara contra las patas de otro caminante. La explosión empujó al gigantesco vehículo fuera del anillo, desplomándose hacia el planeta bajo ellos. Por todas partes los gigantes acorazados estaban siendo convertidos en montones de piezas sueltas. Fragmentos de caminantes destrozados flotaban hacia el espacio. El propio anillo tenía grietas en varios lugares por el impacto de los torpedos que los alas-B disparaban al pasar. Moonsong maldijo en voz baja... qué desperdicio. Qué diversión.
-Muy bien, gente, salgamos de aquí. El objetivo no va a irse a ninguna parte.

***

Li descendió de su baqueteado ala-X y se encontró cara a cara con una furiosa Moonsong. Los mecánicos y el personal del hangar les dieron bien de espacio mientras que los demás pilotos permanecían a una distancia prudencial... pero lo bastante cerca para poder escuchar los fuegos artificiales.
-¿Qué centellas creía que estabas haciendo ahí fuera?
-Estaba haciendo mi trabajo –respondió secamente Li.
-Su trabajo era protegernos de los cazas TIE, no enfrentarse a objetivos de bombardeo. He perdido a un buen piloto. La única razón por la que usted no está muerta también es porque eché por tierra la misión principal para salvarle el gordo trasero. Ha sido imprudente...
-Oh, mira quién fue a hablar, Gina. ¿Crees que no he escuchado lo que se cuenta de ti?
-¿Lo que se cuenta de mí?
-Las palabras vuelan. ¿Crees que no sé que la única razón por la que te han nombrado líder de escuadrón en funciones es porque tu novio te ha puesto al mando?
-Se ha pasado de la raya, teniente.
Li se puso en posición de firmes e hizo chocar con fuerza sus talones. Moonsong dio un paso atrás, se frotó los ojos, y dejó escapar un largo suspiro.
-¿Sabe cuál es su problema, teniente?
-No, señora, no lo sé. Tal vez la líder de escuadrón en funciones pueda iluminarme.
Moonsong dibujó una sonrisa falsa y bajó el tono de voz.
-En primer lugar, obtuve este mando a pesar de las recomendaciones de Stramm. A decir verdad él no estaba seguro de que yo estuviera a la altura, pero le necesitaban en planificación de operaciones, y había que poner a alguien en su lugar. Y ese alguien fui yo. Pero el verdadero problema que hay aquí es el hecho de que usted es exactamente igual que yo hace tan solo unos meses. Mire, me hizo falta mucho tiempo darme cuenta de que la única forma de la que cualquiera de nosotros podrá salir con vida de esta guerra es si trabajamos juntos. Usted es una piloto realmente buena, Li, tal vez incluso tan buena como yo, y con un poco de disciplina podrá ser una de los mejores. Y no lo digo sólo por decir. Vio esos emplazamientos; sólo le faltó la experiencia para saber que su armamento no les haría ni un rasguño. Así que sí, puede que usted sea realmente buena, y sí, puede que yo me sienta un poco amenazada por usted, pero le diré una cosa: si alguien puede encontrar un modo de eliminar a esos cerdos imperiales del cielo, somos usted y yo. ¿Qué me dice?
Moonsong se quitó el guante de vuelo y le tendió la mano. Li bajó la vista para mirarla, asombrada. Y entonces tendió la mano a su vez y las estrecharon.

***

El caos y la intensidad de la campaña hizo que los días parecieran semanas, y la flota de la Nueva República y sus pilotos se vieron exprimidos al máximo. Moonsong luchaba contra la fatiga cuando su ordenador de objetivo mostró con un aviso sonoro las coordenadas del nexo de mando. Moonsong tenía que pasárselas a Stramm; él y su pequeño grupo de planificadores de menor nivel habían descubierto el nexo al estudiar las imágenes de combate aportadas por una docena de escuadrones de cazas. En ese preciso momento, la flota estaba enfrascada en una espectacular batalla contra la fuerza de defensa principal del Imperio y los habían atraído a un festival de proyectiles a corta distancia sobre el polo norte del planeta. La maniobra debería haber permitido que un trio de escuadrones de ala-B atacara el nexo de mando pasando prácticamente inadvertidos. Por desgracia, los imperiales consiguieron liberar un grupo improvisado de TIEs que superaba en número a los alas-B en una proporción de tres contra uno.
-Que vuestras naves mantengan sus posiciones y nos cubran.
Moonsong se mostró reacia a ello.
-Es demasiado peligroso, no puedo...
-Eh, como si nunca antes hubiéramos tenido gente disparándonos desde dos frentes. Al menos de este modo podemos seguir vuestros disparos y confundir sus sensores. Si tiene un plan mejor, me encantaría escucharlo.
-¿Quiere un plan mejor? –preguntó Moonsong-. Muy bien. Que todos los alas-B reduzcan potencia y mantengan posiciones. Configurad los cañones láser en disparo rápido y apuntad con los cañones de iones más allá del objetivo. Os esperaremos antes de comenzar nuestra pasada de bombardeo, teniente Li.
-Puede merecer la pena intentarlo...
Mientras los alas-B soltaban su devastadora andanada contra los TIEs, Li hizo pasar sus alas-X entre el fuego amigo hasta el corazón de la formación enemiga. Moonsong no pudo evitar sonreír al ver cómo se despejaba un camino en su ordenador de objetivos. Su sonrisa se hizo mayor al observar un modo incluso mejor de acabar con el nexo de mando.
-Muy bien, chicos y chicas; seguidme en la siguiente trayectoria. Vamos.
Los alas-B formaron detrás de Moonsong y se lanzaron hacia el anillo, donde todos vieron el gran hangar abierto, con los escudos de energía aún bajados. Los alas-B entraron al hangar; mientras volaban por debajo de la sección del nexo de mando, apuntaron sus bombas y torpedos guiados por láser a las profundidades de su corazón. La nave de Moonsong se deslizó sobre la cubierta de vuelo, disparando a las naves enemigas que no habían sido lo bastante rápidas para despegar. Mientras el escuadrón salía del hangar al otro lado del anillo, Moonsong escuchó los gritos triunfales de Fanty y Dahn cuando el nexo estalló tras ellos. Sonrió y activó el comunicador.
-¡Hora de irnos, gente! ¡Así es como se hace!

***

Moonsong comprobó su reloj; tenía menos de una hora antes de que el escuadrón despegara en otra misión de ataque. Ya había perdido la cuenta de cuántas horas de vuelo en misión llevaba. Para el Escuadrón Bastardo, parecía que cada vez que daban una patada a una piedra salían más imperiales de debajo de ella. Su gente, como todos los demás, estaban cansados y agotados. Al atravesar el hangar, pasó junto al ala-X gravemente dañado de Volk. Volk había logrado pilotar la nave de vuelta, y ahora estaba en la enfermería, aunque su pájaro nunca volvería a volar. Pero fue la nave que estaba justo a su lado la que supuso una auténtica sorpresa.
-Braylen... quiero decir, comandante Stramm; ¿qué está...?
Siguió a Stramm con la mirada mientras este descendía de la cabina del ala-X y miraba a Gina con una extraña sonrisa.
-Estamos escasos de pilotos de ala-X y necesitamos todos los cazas disponibles para el ataque –dijo, sin más.
-No sabía que supieras pilotar un ala-X.
La sonrisa de Stramm se ensanchó, y entonces dio la impresión de ser menos extraña.
-Puede que no sea tan buen piloto como tú, pero aún no se ha construido ningún caza que no sea capaz de pilotar. Además, las cosas se están volviendo un poco aburridas arriba en el puente.
Te he echado de menos, quiso decir Gina. Pero cuando abrió la boca, todo lo que se escuchó decir fue:
-Bueno... Tu escuadrón está listo.
-Querrás decir tu escuadrón –respondió él sin perder un instante-. Sigues siendo la jefa. Técnicamente, aún estoy con planificación de operaciones. Dado que Volk está en la enfermería, ocuparé el puesto de compañero de ala de la teniente Li.
-¿En serio? –dijo ella.
-Afirmativo.
Hubo una larga pausa.
-Entonces a ver si me aclaro –dijo ella-. Rompiste conmigo porque no querías tener que ordenarme que fuera a la batalla, o ponerme en riesgo. ¿Y ahora me estás pidiendo que yo te haga lo mismo a ti?
-¿Tenemos que tener esta conversación ahora?
-Sí.
-Muy bien. –Stramm dudó un instante-. En realidad es muy sencillo. Confío en tu buen juicio más que en el mío propio.
-Esta es nuestra última misión juntos –dijo ella.
-¿Estás segura de eso?
-No estoy segura de nada –dijo-. Ya no.
Dio media vuelta y comenzó a alejarse.
-Eh, Gina –exclamó él-. Buena suerte ahí fuera.
-La suerte es el menor de mis problemas –replicó ella.

***

-Bandidos acercándose, teniente.
La voz de Stramm era tensa, y por una buena razón. Daba la impresión de que Moonsong y él habían pasado todo el último día en combate constante. Sus lanzatorpedos estaban vacíos, el impulsor de maniobra de su ala-B se forzaba al máximo cada vez que aceleraba. Los alas-X y sus pilotos estaban igual de maltrechos y cansados. Pero de algún modo el escuadrón estaba aguantando unido.
-Los tenemos –respondió Moonsong-. Colocad vuestros alerones-S en posición de ataque y no disparéis hasta que se acerquen.
El sentido común le decía que debería dar la vuelta a su pájaro, rearmarse, tal vez incluso echarse veinte pequeñas siestas en la cubierta de vuelo... pero ese no era momento de usar el sentido común. Era el momento de seguir dándolo todo hasta el final.
Las dos maltrechas flotas que se enfrentaban se olvidaron de vistosas maniobras y se lanzaron directamente una contra otra. Ambos comandantes sabían que se habían terminado todos los trucos y las astutas estratagemas. Ambos bandos habían perdido demasiadas naves y pilotos, y todo lo que quedaba por decidir era cuántos de los astilleros seguirían intactos después del enfrentamiento final. Una nube de cazas TIE, bombarderos TIE, interceptores TIE y lanzaderas fuertemente armadas surgió de los Astilleros de Propulsores en un último y desesperado intento de llegar hasta la flotilla de cruceros de la Nueva República. La formación se encontró con otra similar que contenía todos los cazas que la flota de la Nueva República podía lanzar en su contra.
Los alas-X de Li y Stramm salieron de la parte delantera de la formación y entablaron una danza letal con un caza TIE tras otro. Gina tuvo que admitir que eran un equipo muy eficiente.
-Quédate cerca, Fanty; vamos a ganarnos el jornal.
-Recibido, jefa.
Moonsong condujo a sus pilotos a través de una andanada de fuego laser hacia un carguero ligero imperial dañado. Transmitió al resto de sus pilotos un patrón de ataque; y, como una máquina bien engrasada, se abrieron camino más allá de los cazas TIE y descargaron sus devastadores disparos contra el hangar abierto del carguero. El carguero explotó, lanzando escombros y llamas en todas direcciones.
-¡Buen trabajo, gente! Reagrupémonos, y busquemos un nuevo objetivo.
Mientras decía esas palabras, Moonsong ya estaba examinando sus pantallas: vio que la flota de la Nueva República estaba siendo golpeada con bastante dureza. Su transporte, el Amalthea, se alejaba renqueante dejando detrás un rastro de plasma de impulsión. Eso no tenía buena pinta en absoluto. Si se quedaban allí, fuera del alcance de su transporte, los imperiales les atraparían, o se quedarían sin combustible... o ambas cosas.
Pero entonces la situación cambió abruptamente. Al unísono, las fuerzas imperiales se retiraron y se dispersaron en todas direcciones. Aquellas naves demasiado dañadas para huir transmitieron el código que indicaba la señal de rendición.
-Dios mío... Se están rindiendo.
-¡Lo logramos!
Gina se recostó en su asiento de aceleración y cerró los ojos. Una sensación de puro alivio recorrió su cuerpo mientras los hurras y los vítores de sus pilotos resonaban por el comunicador. Finalmente, la voz del comodoro llegó por el canal general de la flota:
-A todas las fuerzas de la Nueva República: acabo de aceptar la rendición de los Astilleros de Propulsores Kuat de manos del moff Maksim. Repito: hemos aceptado su rendición.
Gina echó un vistazo por la ventanilla de la cabina al dañado pero aún espectacular anillo. Por su superficie, ardían fuegos, rodeados por los escombros de cientos de cazas y naves estelares. Recortados contra la luz de los incendios y las explosiones, esos escombros parecían un gigantesco campo de asteroides. Era tan hermoso que resultaba fácil olvidarse de que no era otra cosa que la tumba de luchadores de ambos bandos. Moonsong respiró profundamente.
-Muy bien... Volvamos a casa.
Dio media vuelta, y su escuadrón imitó el movimiento en formación detrás de ella.

jueves, 28 de julio de 2016

Manifiesto, y un cuerno

Manifiesto, y un cuerno
Morrie Mullins

Hace unas pocas semanas, los tarasin aparecieron con la ubicación de un alijo oculto de tesoros –en forma de información- dejado hace más de dos siglos por Reidi Artom. Entre esos tesoros (que continúan siendo estudiados por xenobiólogos, sociólogos y otros académicos de todo tipo) había un documento que fue publicado inmediatamente, a petición de la Madre Kasslan del irstat Vriisan. En ese documento, Reidi Artom explicaba diversos elementos de su filosofía, tanto en lo que refiere a la expansión en su conjunto, como a lo que se refiere a la guerra.
Diferentes fragmentos del manifiesto han despertado reacciones dispares entre el pueblo de Cularin, pero tal vez sus afirmaciones más polémicas tienen que ver con la guerra. Artom escribió lo siguiente:
Es algo curioso que hacemos los seres racionales: tomamos un sector del espacio que no “pertenece” a nadie (o, si está cerca de pertenecer a alguien, se trata de alguien que estaba aquí desde hace eones, antes de que pensáramos siquiera en venir aquí) y discutimos ruidosamente acerca de quién lo controla.
A menudo llamamos a esto “guerra”.
Supongo que no necesito hacer proselitismo de las maldades de la guerra. La gente muere, los supervivientes viven con rabia y odio y una docena de otras emociones dañinas y, si la galaxia cambia, lo hace a peor. Nadie gana.
Dado el estado actual de los asuntos en Cularin, no es sorprendente que varios individuos discrepen con esa afirmación. Notablemente ausentes de la discusión han estado las opiniones de Osten Dal’Nay o Broof Yurdel, comandantes de la Milicia de Cularin. A primera hora de esta mañana, un trío de jóvenes apareció en las oficinas de Holodifusión Central de Cularin y solicitó una entrevista con Yara Grugara. Aunque han solicitado que no se difundan sus nombres, estos tres varones –un humano que pidió que le llamáramos “Mack”, un cereano que se identificó como “Pac”, y un trandoshano que insistió en que nos refiriéramos a él como “Grunt”- están ahora dispuestos para hablar con Yara acerca de sus opiniones sobre lo que Reidi Artom tenía que decir. Hemos concedido esta entrevista porque los tres poseen credenciales que les acreditan como soldados de la Milicia de Cularin.

Fundido de entrada. Yara está sentada en un lado de un plató amplio y despejado. Su lado está bien iluminado, y hace su mejor esfuerzo por sonreír mientras continúa manteniendo un aspecto muy serio. Obviamente, es muy difícil para ella. El lado opuesto del plató no está bien iluminado en absoluto, y vemos tres siluetas sentadas en sillas. En el extremo de la izquierda hay un cuerpo con una cabeza claramente cereana, a su izquierda hay un humano, y en el extremo derecho hay un trandoshano.
Yara: Mack, Pac y Grunt. Tres de los mejores hombres de Cularin. Miembros de nuestra milicia, defensores de nuestros hogares. Hoy aquí, con Yara, para rebatir anónimamente las afirmaciones realizadas por una gran mujer que ya no está viva para defenderse. Bienvenidos, caballeros.
Mack: Gracias. Creo.
Yara: Vayamos directamente al asunto, ¿de acuerdo? Yara tiene entendido que ustedes tres querrían decir algo acerca del recientemente re-descubierto manifiesto de expansión escrito por la gran Reidi Artom, quien, para cuando llegó a Cularin, ya había visitado el doble de sistemas estelares de los que la mayoría de nosotros verá en toda una vida. Oh, y que ustedes hablan en nombre de la Milicia de Cularin.
Pac: Yara, ¿me permite? Ya estoy advirtiendo un patrón en sus preguntas... o, más bien, en sus afirmaciones. En dos ocasiones se ha referido a Reidi Artom como “grande”. No ponemos en disputa que fue una persona muy importante, o que sin ella, Cularin podría no ser lo que es. Usted también parece implicar que estamos aquí para atacarla de algún modo, cuando ciertamente ese no es el caso.
Grunt: Menos cuando se equivoca. Entonces es bastante idiota.
Pac: Cállate.
Grunt: Lo siento.
Pac: ¿Por dónde iba?
Yara: Estaba a punto de confirmarme que están aquí para proporcionar la perspectiva de la Milicia sobre lo que Reidi Artom tenía que decir sobre la expansión y la guerra.
Mack: No tanto sobre la expansión. Mire, la mayoría de eso me pareció bien. Quiero decir, sólo leí una vez esa parte, así que supongo que estaba bien.
Pac: Sus opiniones sobre la expansión son esencialmente irrelevantes, así como su creencia de que la guerra es el resultado de “modas pasajeras”. No sé muy bien de donde se habría sacado esa teoría, pero la encuentro en extremo disparatada. La guerra es el resultado del conflicto, sea ese conflicto natural o artificial, y de la indeseada transformación de ese conflicto en violencia. Y me gustaría añadir que no hablamos por la Milicia en su conjunto. Hablamos por nosotros mismos, como representantes de la Milicia.
Yara: Pero dado que nadie más de la milicia ha hablado, eso significa que hablan por la Milicia en su conjunto... ¿no es así?
Grunt: Sí. Pero sólo porque tenemos razón.
Pac: Ya te he pedido una vez que te calles. Por favor, no hagas que te lo pida de nuevo.
Grunt: Muy bien, no me lo pidas. ¿Puedo hablar ya de por qué Artom es idiota?
Pac se levanta, se acerca al trandoshano, y le da un fuerte golpe en la cabeza. Luego regresa a su asiento.
Grunt: Supongo que eso es un “no”.
Yara: De modo que la posición de la Milicia de Cularin es que Reidi Artom era idiota.
Grunt: Sip.
Pac: Mack, golpéale.
Mack le pega una colleja a Grunt.
Grunt: Auh.
Pac: No, esa no es en absoluto la posición de la Milicia. Esa es la posición de Grunt, pero debe usted entender que Grunt es bastante extremo en su perspectiva. Disfruta luchando con cosas. Pero no deja de representar a la milicia de algún modo, así que por eso está aquí. Tampoco yo la represento del todo, ni Mack. Hay una gran diversidad de opinión dentro de la Milicia de Cularin, y si usted cree que cualquiera de nosotros expresa la “verdad” literal de la opinión de la Milicia, se equivoca.
Yara: Bien. Entonces, Yara está un poco confundida. ¿No se da el caso de que la Milicia cree que la guerra pendiente con Thaere es algo bueno?
Mack: ¿Pendiente? ¡Especie de pantera de arena de cola peluda, usted es quien ha estado informando de las noticias! Ya estamos en guerra. La mayor parte de ella aún está teniendo lugar en el espacio, o lejos de los centros civiles, pero sigue siendo guerra. Y por supuesto que la Milicia cree que es una buena idea. ¡Si no lo creyéramos, no estaríamos luchando!
Yara: De modo que usted habla por la Milicia en su conjunto, entonces.
Pac: (Resignado) Sí, supongo. Pero sólo en ese aspecto.
Grunt: Thaere malo. ¿Puedo decir eso? Thaere muy malo.
Pac: Sí. Eso está bien.
Yara: Caballeros, creo que deberíamos llegar al meollo de esta discusión, a algo con más chicha.
Grunt: ¿Chicha? Mmm... chicha.
Mack golpea a Grunt. Grunt suspira.
Grunt: Thaere malo.
Yara: ¿Qué hay en el manifiesto que encuentran tan discutible como para venir aquí y solicitar una entrevista en antena?
Mack: Ella nunca luchó una guerra. Quiero decir, con todo el debido respeto, pero era buena explorando. No era una guerrera, así que no hay modo de que pudiera entenderlo. La guerra es mucho más complicada de lo que ella hizo parecer.
Yara: ¿Concretamente?
Mack: Bueno, dijo que no hay ningún ganador en la guerra. Pero en la guerra en su conjunto hay ganadores y perdedores, ¿sabe? Digamos que te encuentras fuera de una cantina y aparece un tipo ebrio de especia y cerveza rodiana y quiere pelear. En ese momento tú no quieres pelear, ¿vale? Pero si peleáis, según su lógica, no gana nadie, porque es sólo violencia. Digamos que no peleas, y el otro tipo viene y comienza a golpearte en la cara. Si no peleas y él te hace papilla, él gana y tú pierdes. Hay un ganador si alguien quiere luchar y otro no, y el ganador siempre es la persona que lucha.
Yara: Algunos afirmarían que la persona que no luchó ganó la batalla moral.
Pac: Las batallas morales apenas importan cuando perder significa que uno acaba convertido en esclavo, o muerto.
Mack: Sí. Lo que él ha dicho.
Grunt: Thaere malo.
Yara: De modo que la guerra está justificada si alguien te está atacando.
Mack: Claro. Supongo que podría decirse que hacer la guerra por la propia guerra está mal, ¿pero quién hace eso? No encontrarás al comandante Dal’Nay o al comandante Yurdel diciendo que deberíamos hacer la guerra sin ningún motivo. Tendrías que ser bastante idiota para querer la guerra sólo porque puedes tenerla.
Yara: Interesante. ¿Qué opinan sobre la afirmación de Artom –dejen que la cite para asegurarme de decirla correctamente- de que “el derecho a “reclamar” un lugar determinado no va en función del poderío militar”, sino que va en función de quién estaba allí antes? ¿Algún comentario?
Pac: Ingenua.
Mack: Idealista.
Grunt: Idiota.
Mack trata de golpear a Grunt, quien le agarra la mano y la vuelve a dejar con mucha delicadeza en el reposabrazos de la silla de Mack.
Grunt: (En voz baja, pero firme) Idiota.
Yara: Bien. ¿Alguien de ustedes quiere gastar más de una palabra –o la misma palabra, repetida dos veces- con respecto a este tema?
Pac: Creo que la palabra “ingenua” lo resume bastante bien. Habla como si hubiera una especie nativa para cada lugar de la galaxia, y que debería darse prioridad a las especies para determinar quién tiene derecho y quien no para estar en un lugar. Su lenguaje implica que en ocasiones –tal vez no siempre- hay una relación simbiótica entre una especie y un lugar, y que esta relación debería ser respetada por las personas que llevan las armas más grandes. Pero aquí viene una primicia: A las personas con las armas más grandes no les importan las relaciones simbióticas y los pueblos indígenas. No les importa si alguien estaba allí antes que ellos. Por eso les llamamos “invasores”: porque llegan a un lugar al que no han sido invitados y se apoderan de él. No hablo sino por mí mismo, pero no me gusta la guerra, y me alisté en la Milicia para evitar que la guerra tenga lugar o, si hay guerra, para estar dispuesto a ayudar a defender mi sistema. No me gusta ir a la guerra, pero lo haré.
Yara: Creo que este es un buen tema con el que terminar. Mack, Grunt... sabemos por qué se alistó Pac. ¿Qué hay de ustedes?
Mack: Para defender Cularin. Es mi hogar. Nunca me ha gustado Thaere, nunca he confiado en ellos, siempre he pensado que tenían algún tipo de plan que desconocíamos. Parece que teníamos razón. Por supuesto, si se me diera la oportunidad, yo los habría invadido primero. Ocupar Agotamiento, tal vez alguna otra de sus estaciones. Pero no es así como han ocurrido las cosas.
Yara: Interesante. ¿Grunt?
Grunt mira a Pac, luego a Mack. Suspira.
Grunt: Thaere malo.
Yara: Bien, eso es lo que yo pensaba. Os habla Yara Grugara, despidiendo la conexión, con un agradecimiento especial a estos representantes anónimos de la Milicia de Cularin por proporcionarnos un contrapunto al perspicaz análisis de una mujer brillante sobre los horrores de la guerra. Buenas noches, Cularin.
Fundido a negro.

miércoles, 27 de julio de 2016

TK-146275


TK-146275
Sylvain Neuvel

No hay sangre en el suelo. Sólo sigue encharcando el interior de mi armadura.
¿Cuándo comenzó todo? Para mí, la respuesta es sencilla. Recuerdo aquél día como si fuera... No, no es verdad. Ayer está borroso. Y anteayer, y el día anterior. Pero recuerdo aquel día. Yo tenía 12 años. Mi padre se encargaba de mantener una granja de purificadores de aire en Eriadu. Interminables campos de maquinaria vertical que limpiaban el aire mientras la industria minera expulsaba en él más materiales tóxicos. La mayoría de las personas nunca han visto una granja de purificadores; construyen estas cosas tan lejos de la civilización como sea humanamente posible. Nadie quiere que le recuerden que esa es la única cosa que mantiene el aire respirable. Y, además, son realmente feas. A nosotros no nos importaba. Para mi hermana y para mí, la granja era... Un terreno de juego. Un bosque. Un ejército de droides. Lo que quisiéramos que fuera. Madre había muerto, y mientras nuestro padre trabajaba, siempre estábamos solos nosotros dos. Raramente íbamos a la ciudad –papá decía que era peligrosa- y no había nadie más allí.
Xea acababa de cumplir ocho años cuando llegaron los rebeldes. Esa noche no se sentía bien, y le dejé dormir en mi cama. A ella le gustaba. Sus naves eran silenciosas, casi inaudibles. No sé muy bien cómo padre pudo escucharlas, pero lo hizo. Fue el sonido de su bláster lo que me despertó. Cuando salí al exterior, las naves rebeldes ya habían lanzado garfios a los purificadores de aire. Supongo que pensaban que podían agarrarlos y marcharse sin más. Aficionados. Después de mucho forcejeo, una de las máquinas finalmente cedió, pero seguía sujeta por un conducto de energía. Ese gran cable brillante serpenteó por el suelo mientras el purificador se alzaba sobre nuestras cabezas, hacia la oscuridad. Padre comenzó a chillar, disparando al surco que se acercaba velozmente, en lugar de a la nave. Yo sólo observaba. No comprendía. Debería haberlo entendido; había leído bastantes de esos libros de ciencia que mi madre me dio. A ella le encantaba la ciencia.
-Si vas a vivir en este universo –decía- lo mínimo que puedes hacer es tratar de entender cómo funciona.
Esos libros eran todo lo que quedaba de ella, y me sabía la mayoría de ellos de memoria. Resistencia a la tracción. Unidades de fuerza por área transversal. Cuánta tensión puede soportar un objeto antes de romperse. Papá no sabía nada de física, pero había arreglado bastantes de esos conductos como para saber que tienen una resistencia de mil demonios. Nave, conducto de energía, cable de arrastre. Uno de ellos tenía que perder. Cuando la nave se quedó sin cable, se detuvo en seco y el cable de arrastre se rompió con un chasquido. Medio segundo más tarde, el purificador reapareció en el cielo. Cayó a través de nuestro tejado a mi habitación, aplastando a mi hermanita contra el suelo.
¿Cuándo comenzó? Justo entonces. En ese mismo instante, supe que quería matar rebeldes.
Eso fue el año que Wilhuff Tarkin llegó a ser Gran Moff. Las cosas en Eriadu cambiaron rápidamente después de eso. Reinaba la ley. Los crímenes se castigaban con dureza. Algunos dicen que con demasiada dureza, pero no había nada que temer si no tenías nada que ocultar. A mí, personalmente, no me importaba que unos cuantos terroristas recibieran un castigo ejemplarizante. Se salvaban vidas. Nos sentíamos... protegidos. Podías caminar por las calles de Phelar sin temor a que te robaran o te pegara un tiro. Papá incluso me mandó unas cuantas veces a buscar suministros yo solo. No sé si Xea habría vivido en caso de que Tarkin hubiera estado al mando en ese momento. Pero sé que le habría gustado ver Phelar.
Una vez le vi, al Gran Moff. Vino a la granja no mucho después de que fuera atacada. Nunca había visto tan nervioso a mi padre. No recuerdo lo que dijo Tarkin. Para ser honesto, no estaba prestándole atención a él. Todo lo que podía ver era la brillante armadura blanca de los hombres de pie tras él. Fuertes. Serenos. Sin miedo al mundo que les rodeaba. Entonces lo supe: Iba a ser soldado de asalto. Mi padre se negó, por supuesto. Ya había perdido una hija a manos de la Rebelión, y no iba a perder a su otro hijo a manos del Imperio. No importó. Nada importaba. Me alisté en cuanto tuve la edad. Me escapé en medio de la noche, dejando una nota en la mesa de la cocina.
La Academia Preparatoria fue pan comido. Se supone que debe cribar a los débiles, pero simplemente no había suficientes reclutas en Phelar. Las autoridades locales estaban más preocupadas por no poder mandar a la capital la cuota de reclutas adecuada que por que cualquiera de nosotros no estuviera capacitado para la tarea. En mi unidad éramos siete, y nuestros instructores tuvieron gran cuidado de asegurarse de que al final del año hubiera siete graduados. Iba a ser soldado de asalto.
Mi padre no asistió a la ceremonia. No estaba allí cuando marché a la capital. No me tomó por sorpresa –nunca le dije que iba a irme-, aunque me encontré a mí mismo examinando el muelle en busca de un rostro familiar hasta que nuestro transporte ya estuvo bien alto en el aire. Había tantas cosas que nunca llegué a decirle. No quería que adiós fuera una de ellas.

***

La Academia Imperial de Eriadu. Dicen que no es tan grande o prestigiosa como la de Coruscant. No sabría decir. A mí me pareció bastante impresionante. Las oficinas principales estaban en la parte vieja de la ciudad. Antiguas, increíblemente decoradas. Quienquiera que realizara todas esas tallas, tuvo una vida muy desgraciada. Aún estábamos en el vestíbulo cuando conocí a mi instructor, un clon llamado Lassar. Todo el mundo le llamaba Jogan, como la fruta. Nunca descubrí de dónde recibió el apodo. Además, nunca me atreví a llamarle de otra forma que no fuera Comandante Lassar. Me odiaba. No, eso no es del todo correcto. Él era un clon, una perfecta máquina de luchar diseñada y criada para un único propósito. Nosotros éramos... cosas inferiores, defectuosas, sólo por haber nacido. El envejecimiento acelerado había hecho que los individuos como él fueran obsoletos, pero resultaba obvio que no le gustaba la idea que unos reclutas ocuparan su lugar, y nos odiaba a todos nosotros por pensar que podíamos. Para él, éramos un puñado de mascotas domésticas tratando de comportarse como veermoks. Así que comencemos con ese profundo resentimiento. Tomemos eso como base. Me odiaba.
-Eres muy bajo, chico granjero. Estarás fuera de aquí en una semana.
Así es como se presentó. Tenía razón. Yo era más bajo que todos los demás.
Disparos al riñón. ¿Por qué duelen tanto? Así es como comenzó mi primera mañana en la academia. Lassar hizo que mis compañeros me subieran la manta sobre la cabeza y me golpearan en los costados hasta que dejara de moverme. Así es como empezó cada mañana durante todo un año. Yo no guardaba rencor a los demás reclutas. Cada uno de mis gritos era un claro recordatorio de que era mejor mantenerse a buenas con Lassar. Después de una semana, pude darme cuenta de que comenzaban a golpear con menos fuerza, añadiendo un pequeño “¡ugh!” para mayor efecto dramático. Mientras tanto, el comandante se limitaba a quedarse ahí de pie y sonreír. En su defensa, hay que decir que sonreía todo el tiempo… literalmente. Debía tratarse de alguna lesión nerviosa.
Por estúpido que pudiera parecer, ser apaleado cada día antes del desayuno sólo sirvió para fortalecer mi resolución. Tal y como yo lo veía, abandonar después de un día significaba que había recibido una paliza para nada, al día siguiente eran dos palizas, luego 50, luego 100. Un año después, me habría golpeado yo mismo si eso significaba poder seguir allí otro día. Iba a ser soldado de asalto.
Un año nuevo significaba una nueva hornada de reclutas. Me odié por ello, pero deseé que alguno de ellos fuera un mayor… ¿cómo lo dijo él? Ah, sí. Un mayor “insulto a la memoria de los incontables clones que dieron su vida en los campos de batalla”. No hubo tal suerte. Yo era especial. No sé qué hacen a los sospechosos insurgentes para hacerles hablar. Sólo he escuchado rumores. Sea lo que sea, estoy seguro de que me lo hicieron a mí en un momento u otro de mi entrenamiento. No cedería. No en ese momento.
Sólo fue un par de semanas antes de la graduación. No puedo evitar pensar que lo programó así para que doliera aún más. Era un día cálido, pegajoso, de esos que ni siquiera una ducha helada puede aliviar. Realizamos una carrera de 5 kilómetros con todo el equipo como evaluación física. Antes de comenzar, el comandante Lassar dio un breve discurso y ofreció un brindis por aquellos de nosotros que habíamos llegado hasta allí. No fue gran cosa como brindis, ya que él era el único que tenía una bebida. Bebió el vino color esmeralda y aplastó la copa contra el suelo con su bota, como si fuera parte de una antigua costumbre que ninguno de nosotros conociera. Entonces me pidió que me quitara las botas. Le observé poner los pedazos rotos en su interior. Los más pequeños eran los que más me preocupaban: esos que pueden introducirse dentro de tu carne. Me puse la bota. No fue por coraje. Lo hice por rencor. El rencor me hizo correr unos 500 metros. La concentración y la determinación me permitieron dar tres pasos más. Después de eso, no era yo. El dolor es una salida para el cerebro, no una entrada para el cuerpo. Demasiadas señales de dolor de las que ocuparse, y el cerebro se desconecta... partes de él, al menos. Todas las cosas que hacen que yo sea yo, mis sentidos, mi alma, o como quieras llamarlo, todo había desaparecido. Lo que cruzó esa línea de llegada no era yo. No era humano.
Me desperté en la enfermería tres días después. Me habían reconstruido ambos pies. No sabía si había terminado la carrera. No me importaba. Cada parte de mí había aceptado la derrota. Pregunté a la enfermera su podía hablar con el comandante Lassar. Me encontró insuficiente ese primer día que me vio. Ahora que había sido evaluado, sentía que debía ser yo quien le dijera que tenía razón. La enfermera me dijo que tendría que esperar. El doctor había ordenado dos semanas de descanso. Lo que fuera que tuviera que decirle al comandante, podría decírselo después de la graduación.
-Lo has conseguido –dijo-. Eres un soldado de asalto.
Xea habría estado orgullosa.
Lo había logrado. Las tropas de choque de élite del Ejército Imperial. Fui asignado a patrullar el distrito cinco de Ciudad Eriadu, el distrito de moda. Lo de choque era ligeramente exagerado, aunque muchos rateros estaban genuinamente sorprendidos de vernos. Y algunos de ellos huían. Nos gustaba cuando huían. Yo me había alistado con algo ligeramente diferente en mente, pero el crimen menor seguía siendo crimen, y alguien tenía que detenerlo. Yo era bueno en ello. Me gustaba ver a la gente disfrutar de la sensación de orden y seguridad que proporcionábamos. El modo en que la gente camina cuando no tienen miedo, esos pasos despreocupados, era... silenciosamente gratificante. Ojalá eso hubiera sido suficiente, pero nunca pude apaciguar mi rabia. Después de un año, escuché que iban a mandar más tropas a Lothal y me presenté voluntario.

***

La primera vez que salía del planeta. Hasta que despegamos del espaciopuerto, me había aferrado a la idea de que nunca volvería a ver a mi padre. Sentí un nudo en el estómago cuando la nave abandonó la atmósfera, y luego me sentí muy, muy mareado. Resulta que no estoy hecho para el viaje espacial. Menos mal que no elegí la Armada.
El aire en Lothal era diferente. Todo era diferente. La gente de allí había pasado algunas épocas malas, y eso se notaba. También les hacía más... auténticos. Al principio me gustó. La gente de mi unidad eran buenos hombres y mujeres.
Nuestro capitán había crecido en una granja de nerfs. No podía dejar de hablar de ello. Podía reducir cualquier problema imaginable a algún dato sencillo sobre del oficio ganadero. ¿Control de masas? Piensa que estás pastoreando nerfs. ¿Una situación de rehenes? Tienes que hacer que todo el mundo mantenga la calma... como asistir a un nerf en el parto. ¿Terrorismo? Bueno, imagina que algunos de los nerfs contraen la gripe feluciana. ¿Qué haces para salvar al rebaño? Sacrificas a todos los animales enfermos, y tal vez a unos pocos de los sanos que han estado en contacto con ellos. Tienes que actuar rápidamente para que funcione, pero si funciona, el resto del rebaño seguirá pastando como si nunca hubiera pasado nada.
Yo tenía la sensación de que no podía ser tan fácil. No lo era. He hecho cosas que... No soy un estratega militar. Demonios, probablemente no estoy hecho para ser oficial. Me doy cuenta de que soy parte de algo infinitamente más grande que cualquier cosa que pueda imaginar, y ese es el motivo de que no todo resulte evidente para alguien como yo. Sin embargo... he hecho cosas. Incendiar un pequeño pueblo puede que realmente fuera por el bien del Imperio. Puede que salvara vidas más adelante. Pero mientras lo estás haciendo, es difícil ver el bien del Imperio. Sólo sientes que estás quemando un pequeño pueblo. Somos nosotros quienes tenemos que lidiar con los gritos, con los llantos de los niños. Estaba haciendo exactamente lo que pretendía hacer, estaba haciendo daño a los rebeldes. Pero siempre lo había imaginado en blanco y negro. Ahora estaba nadando en un mar de grises. Había días en los que añoraba atrapar ladronzuelos en Eriadu, la claridad de aquello. Sin embargo, nunca fui remilgado a la hora de cumplir las órdenes. Hacía mi trabajo.
Hoy, salimos a perseguir un cargamento robado de valiosos cristales Kyber. Estábamos bastante contentos con nosotros mismos cuando lo encontramos antes de la hora de comer. Había puestos de control en cada carretera de la zona. Quienquiera que robara ese cargamento, obviamente entró en pánico y lo abandonó cerca de uno de los campamentos de reubicación. Tomamos un bocado y nos dirigimos allí para encontrarlos. El capitán nos dijo cómo, cuando un nerf se separa del rebaño y se pierde, golpeas a uno fuerte en el trasero para hacerle gemir. Todos los demás nerfs comienzan a berrear –alguna clase de instinto natural- y, con un poco de suerte, la res perdida escuchará el coro de nerfs y encuentra el camino de vuelta. Ninguno de nosotros tenía la menor idea de a qué se refería el capitán, pero parecía bastante confiado en su estratagema inspirada en los nerfs, así que no preguntamos. Aparentemente, significaba atrapar por el cuello a un tendero rodiano y arrastrarlo al centro de la plaza del pueblo antes de apuntarle con un bláster en la cabeza. Dijo que quien hubiera robado los cristales tenía hasta la cuenta de tres para mostrarse, o el rodiano moriría. Había escogido al rodiano equivocado. Nadie dijo ni una palabra, ni siquiera cuando caía muerto al suelo. El capitán tomó entonces a una mujer, una humana. No se molestó en explicarse una segunda vez y comenzó directamente a contar. En el momento en que dijo “tres”, un hombre surgió del edificio a mi izquierda, sosteniendo un rifle. Le disparé en el acto. No se le apunta con un arma a un soldado de asalto. No se hace.
Una niña pequeña –no podría tener más de 10 años- salió detrás de él y corrió para acercarse al cuerpo. Trató de levantarlo, sacudiéndolo para que volviera a la vida. Lo intentó de veras. Una de las primeras cosas que aprendes en el cuerpo es que, de algún modo, los cuerpos pesan millones de veces más muertos de lo que pesaban cuando estaban vivos. Es como tratar de levantar un saco de agua. Ella cayó de nuevo sobre él, y entonces se limitó a quedarse allí tendida, acariciándole el cabello con la mano.
Por todo alrededor, era caos y fuego de bláster. Otro soldado pedía ayuda. Volví la cabeza por un instante, y entonces fue cuando ella me disparó. No llegué a escuchar el disparo, pero sentí que todas mis entrañas se apartaban del punto de impacto en un nanosegundo. No tenía sentido mirarlo. Me había dado de lleno. Me limité a caer sobre mis rodillas –eso pasó por sí solo- y me quité el casco. Me sentí bien. La brisa en mi cara, los olores, visión periférica. Y aquí estamos. Me estoy muriendo.
Ella sigue mirándome. De pie sobre el cadáver de su padre, con su escaso metro veinte de estatura. Ese rifle es casi tan largo como ella, pero lo sostiene con firmeza. Su padre le enseñó bien. No dispara. Sabe que estoy acabado, pero es más que eso. Reconozco esa mirada. Está sintiendo algo que aún no puede comprender. Lo sé porque yo lo sentí la noche que mi hermana murió. Está pasando justo delante de mí. Todo ese dolor, toda esa ira. Hace un momento, era demasiado para asumirlo, como un enjambre de lyleks contra el que no puedes luchar. Ya no luchaba. Se estaba dejando llevar. Parte de ella acababa de morir, pero lo que quedaba estaba más vivo que nunca. Tenía un propósito. ¡Ahí! Justo... ahora. Lo sabe. Crecerá para ser una rebelde. Va a matar soldados de asalto.
Me pregunto por qué estoy sonriendo. Apuesto a que ella también se lo está preguntando. ¿Qué es lo que siento? No es culpa. Debería serlo, pero no lo es. ¿Orgullo, tal vez? ¡Mírala! Es hermosa.
¿Cuándo comenzó? Para ella, hace un segundo. ¿Cuándo terminará? Ya voy, Xea.