martes, 21 de octubre de 2014

Decían que no se podía

Decían que no se podía
Rick D. Stuart

-Y te digo que el mejor esclavista por estos lares es el viejo Seland’Ir. Bueno, claro que voy a decirte por qué, siempre que me invites a un trago... Buen chico...
”Recordarás hace un tiempo cuando esa estrella de holovídeos... cómo se llamaba... ah, sí, Janissa Locrin... Cómo desapareció y el holo-estudio terminó pagando seis millones de créditos para recuperarla. Pues bien, ¿quién crees que planeó esa pequeña travesura...?
”Claro que estoy seguro. Por supuesto, te diré cómo lo hizo. Oye, ponme un trago para refrescar la memoria, ¿quieres? En primer lugar, Seland’Ir encuentra a un manitas que le pudo proporcionar una copia de los planos de construcción de la finca privada de Janissa. ¡Si lo sé, es porque yo estaba allí, claro! Escucha.
”Seland’Ir echa un vistazo a los planos, ¿sabes?, y poco después sabe exactamente lo que hay que hacer. No hay nada que Seland’Ir no tenga en cuenta, vaya. Así es como lo llevamos a cabo: en primer lugar, a primera hora de la mañana nos acercamos como a escondidas. Fase uno, llenamos las inmediaciones con cargas explosivas de microtón. Usamos pequeñas granadas-cohete para diseminarlas por todo el perímetro. Estaban cableadas con espoletas retardadas para que todas estallasen al mismo tiempo. No son lo bastante grandes como para causar daños reales, pero activan todos los sensores de movimiento del perímetro al mismo tiempo. Los peleles de seguridad del interior no saben lo que está pasando...
”Gracias, tomaré uno de esos. Tabernero, traiga otra ronda...
”Ahora, no intentamos forzar una puerta. Esas cosas eran de duranio reforzado. No es necesario. Pasamos por encima con garfios de escalada asistidos con cohetes. ¡Sí, lo sé, había bestias guardianas devaronianas acechando por todo el lugar! ¿Cómo sabías tú eso? Oh, sí, bueno, Seland’Ir también se lo había imaginado. Todos teníamos emisores ultrasónicos. Los activamos y los arrojamos delante de nosotros al descender el muro. A nosotros no nos hizo ningún daño, pero deberías haber escuchado cómo esas bestias gemían y lloraban. Debió de darles un terrible dolor de cabeza.
”Seland’Ir había untado a alguien de la industria, alguien en el interior. Ese alguien consiguió una prenda de ropa que Janissa había llevado en su última toma. De algún modo, nuestros chicos consiguieron sacar de ahí una muestra de ADN. Cuando entramos, tenía activado el rastreador, configurado con su patrón genético. ¡Usamos eso para localizarla más rápido que un rayo!
”Oye, se me está secando un poco la garganta, muchas gracias...
”Así que la localizamos arriba, en el tercer piso. Yo y el resto del equipo de Zjek trepamos mano sobre mano por el muro exterior. Mientras tanto, los equipos de Heksa y Sujir disponen agentes anti-persona por todo el patio. Un par de nuestros chicos tienen lanzallamas y algunos de esos compuestos bioquímicos son bastante delicados. Terminamos incendiando todo el patio. El calor mantuvo dentro también a los droides.
”Hablando de droides, Seland’Ir supuso que Janissa tendría su propia guardia droide junto a ella, y en efecto, en cuanto Fenrij abre la ventana de un disparo, ese pequeño Mark 65 le chamusca la nariz desde dentro de la habitación. Bueno, pues antes de que saliéramos Seland’Ir se aseguró de tener una charla con nosotros y decirnos qué hacer en caso de que nos encontráramos con uno de esos hojalatas. Dijo: “¡Rendíos!”
”Sé que parece una locura, ¡pero eso solamente demuestra lo astuto que es en realidad ese viejo esclavista verpine! Mira, los droides no son ni de lejos tan listos. Están preparados y dispuestos para defender a sus propietarios si hay una buena pelea, pero no se esperan que alguien aparezca y se rinda sin recibir antes ninguna herida. Y desde luego no están programados para comprobar que no hay engaños, analizando al mismo tiempo un puñado de señales más. Fenrij siempre fue un buen mentiroso.
”En cualquier caso, tan pronto como ve el droide, arroja su bláster al suelo y entra, gritando “me rindo, me rindo” tan fuerte como le permiten sus pulmones. Ese estúpido cubo de tuercas se queda ahí quieto, pensando en ello, a menos de tres metros de distancia. Entonces, Fen’ se adentra un par de pasos, con los brazos en alto, ¿sabes?, y acto seguido ese droide comienza a crepitar, a lanzar chispas y le estalla la cabeza...
”Eso es porque llevábamos Trajes-E, tal y como Seland’Ir dijo que debíamos hacer. La carga electrostática generada por los propios impulsos eléctricos del droide a esa escasa distancia causó una sobrecarga.
”Gracias, tomaré otro de esos. Se me olvidaba hablarte de Keshid. Keshid no tuvo tanta suerte. Keshid entró por la ventana justo cuando el droide se desplomaba ante él. Esto atrae su atención demasiado tiempo. La damita ve que su droide mascota se derrumba, ¿sabes?, saca un pequeño bláster de mano y dispara a Kesh’ en la pierna. ¡Un tanto para ella! Uno es todo lo que obtuvo. Fen y yo lanzamos una red de captura y eso, como suele decirse, fue todo.
”Claro, ya sé que el lugar estaba rodeado de jungla. Costaría una semana abrirse camino para escapar, llevando a la damita a cuestas y todo eso. ¿Cómo puedes...? Ah, sí, has visto imágenes en las noticias, claro. Bueno, eso realmente demuestra lo astuto que es el viejo Seland’Ir. No tuvimos que andar vagando por ninguna jungla. Ese viejo mentiroso había pensado en todo. Tan pronto como conseguimos entrar, el equipo de Sujir sube al tejado y nos prepara el invento. Para cuando subimos allí, tienen una cápsula de bloque preparada esperando.
”¡Sapor, otra ronda!
”¿Una cápsula de bloque? No es mucho más que un pequeño ataúd de aleación metálica con un pequeño impulsor. Genial para echar la basura al jardín del vecino. Tiene un alcance de unos doscientos metros. Pero es todo lo que necesitábamos. En cuanto llegamos arriba, Greko envía la señal de recogida. Seland’Ir no nos dejó en la estacada. Para cuando introdujimos a la bella durmiente en la cápsula, ya veíamos la lanzadera en el horizonte. Le dimos un par de segundos para que estuviera a la distancia adecuada y entonces... ¡zas! ¡Arriba con ella! Directa al cielo, tal vez un par de centenares de metros, subiendo por encima de los muros hasta que el impulsor se apaga. Pero no hay problema, porque entonces la lanzadera ya está rugiendo encima y usa un rayo tractor para agarrarla y llevarla a bordo. Todo el asunto no duró más de un minuto.
”¿Nosotros? ¡Después de eso nos rendimos! ¡Claaaroo, claro que tiene sentido! Y mira, eso es justo lo que Seland’Ir había previsto. Mira, nadie había salido realmente herido, y en realidad a nadie le importan unos pocos droides. El estudio sabía que si presentaba cargos nunca volvería a ver a su pequeña holoestrella. Probablemente supusieron que ya teníamos algún cliente esperando a quedarse con ella. Así que nadie llama a las autoridades, nadie presenta ningún cargo, y tenemos vía libre de vuelta a la ciudad mientras concluyen las negociaciones. O sea que, ¿trabajamos para el esclavista más astuto de estos lares o qué?
-Debo admitir, Iquar, que tu jefe es un tipo listo. Quiero darte las gracias por contarme todo esto. De hecho, ni siquiera estábamos seguros de que Seland’Ir estuviera involucrado en este secuestro en particular hasta ahora mismo. Has sido de gran ayuda. De hecho, la conversación que acabamos de grabar será un gran paso para encarcelar a tu jefe de una vez por todas.
-... Eh, pero, ¿quién te crees que eres?
-Iquar, quedas arrestado por trata de esclavos y secuestro, y probablemente un puñado de cargos más una vez estemos en la central. Acompáñame en silencio.
-¡Vigilantes del Sector! Maldita sea mi suerte. Oh, bueno. Supongo que el gremio me sacará pronto de esta. Oye, ¿puedo terminarme la copa antes?

martes, 14 de octubre de 2014

El fruto de su trabajo

El fruto de su trabajo
Rick D. Stuart

Memorias de un observador casual...
El anuncio prometía salarios elevados y viajes exóticos. ¡Prestor Mec pronto averiguó lo que eso significaba en términos hutt! Significaba trabajar 10 horas al día como un esclavo en una mina radiactiva de Sabrin para un puñado de matones que obtenían los elevados salarios y vacaciones fuera del planeta cada mes.
Pero Prestor Mec era un superviviente. Le habían engañado. No hay problema. Limítate a permanecer alerta, mantén la serenidad y saldrás a flote. Prestor consiguió su primera gran oportunidad cuando supo de una fuga que algunos de los otros mineros estaban planeando. Unas palabras a la gente adecuada, y los líderes del grupo desaparecieron en silencio. Tenía que admitir que el trabajo de supervisor era mucho mejor que partirse el lomo en los pozos. Pero Prestor no iba a pasarse sus últimos días pastoreando a unos cuantos estúpidos mineros. ¡No, señor! Tenía ambición e inteligencia para seguir ascendiendo.
Tardó un tiempo, pero Prestor encontró la ocasión cuando el jefe Denedin comenzó a sisar parte de los beneficios de la vieja Lady Sabrin en la mina Número 12. No mucho, claro. Un punto porcentual por aquí, otro por allá. Apenas lo suficiente para hacer que pareciera que la productividad caía debido a las enfermedades de las minas. Bueno, todo el mundo tiene enemigos, ¿no? Prestor no tardó mucho en averiguar quién se la tenía jurada a Denedin para sembrar sus semillas.
Bueno, el jefe Denedin obtuvo una “jubilación anticipada”, ¿sabes? Y Prestor, bueno, pensaba que tenía la galaxia por el mango. Pero sólo había un problema. Prestor olvidó que la primera ley de un matón es “nunca confíes en nadie”. Desde luego, Prestor se había librado de Denedin. Pero todo el mundo tiene algo que quiere mantener en secreto, ¿verdad? El sustituto de Denedin creyó que tal vez Prestor también tenía algo para usar en su contra. Tal vez Prestor era un poco demasiado ambicioso para ser un ex minero. Esa línea de razonamiento llevó de forma natural a la segunda ley del matón: “ocúpate de ellos antes de que ellos se ocupen de ti”.
Para abreviar, encontraron el cuerpo de Prestor arrojado a un pozo abandonado, en el exterior de la cantera número ocho, la semana pasada. Dicen que tenía un buen montón de créditos en el bolsillo cuando lo encontraron. Supongo que eso viene a demostrar que los créditos no pueden comprarlo todo en la galaxia...

Me lo estoy pasando muy bien, me alegro de que no estés aquí


Me lo estoy pasando muy bien, me alegro de que no estés aquí
Rick D. Stuart

Desde el momento en que sales de la lanzadera de conexión, notas el ruido. No sólo el bullicio normal de la mayoría de los puertos estelares, sino una clase de ruido claramente distinta. Mezclados con los sonidos de la confusión, están los sonidos de la miseria y la desesperación: niños llorando porque no encuentran a sus padres, conductores de deslizadores de servicios gritando airadamente a los pasajeros, los sonidos de las peleas a puñetazos y alguien, en alguna parte, que recibe en la cabeza el bastonazo de un miliciano.
Apenas sales de la zona de aduanas te encuentras rodeado de droides de apuestas. Están completamente en todas partes. No hay forma de librarte de ellos. Tuve que encerrar uno en el armario y llamar al encargado del hotel para que fuera a retirarlo, cosa que hizo reticentemente varias horas más tarde...
Igualmente inquietante es la gente que nos encontramos de camino al hotel. En ninguna otra parte de la galaxia he encontrado un grupo de gente más grosera, más vulgar. No es que se limiten a ser maleducados. ¡Enseguida te da la impresión de que el objetivo en la vida de los brinditas es inventarse el insulto perfecto!
Tal vez lo que más me perturba sean los niños. Los hay donde quiera que vas, mendigando en las calles, los callejones, las tiendas. Siento tanta lástima por ellos...
Bueno, Jondrix empieza mañana su nuevo trabajo como técnico de droides en el Instituto Tecnológico Brandis. Estamos pensando en buscarnos una casa en el campo una vez se haya asentado. Tal vez las cosas no sean tan malas después de todo. Pero al menos por ahora, madre, supongo que podría decirse que me lo estoy pasando de maravilla, pero me alegro muchísimo de que no estés aquí.

-Fragmento de una comunicación personal:
Thalis Denirid,
inmigrante en Brindin Anchorage, Sector Portmoak, Territorios del Borde Exterior

Recreo

Recreo
Rick D. Stuart

El vehículo de batalla acorazado Teklos se detuvo sólo a unos metros de distancia de la puerta del club. Mientras figuras enmascaradas salían del interior del gigantesco deslizador, cohetes explosivos convertían en chatarra las puertas blindadas protectoras. Entre los gemidos de una docena de sensores de movimiento, los asaltantes, algunos de ellos con armadura de batalla, avanzaban mientras cañones montados en torretas proporcionaban fuego de apoyo. Unos cuantos llegaron a la puerta sólo para ser abatidos por el fuego de represalia.
-¡Entregadnos las carteras! –gritó alguien.
Mientras otros se apresuraban a obedecer, disparos bláster rojos y verdes comenzaron a brotar desde los balcones y las terrazas superiores de alrededor.
-Vaya, yo digo que van a lograrlo.
-No seas tonta. ¡Voy a demostrarte que los chicos sabemos de estas cosas! Les van a acribillar desde cada ventana de la manzana.
-¡Que no!
-¡Que sí!
-¿Qué te apuestas?
-¿Qué tienes?
-Tres paquetes de pastillas de menta y un chip de vídeo de Rail Vorkan y los Piratas Espaciales. ¿Y tú?
-¡Tengo mi pata de dejgi de la suerte, y una holotarjeta de colección del Jefe Zorkiss!
-¡Muy bien!
-¡Trato hecho! Sigo diciendo que la van a palmar.
-Ya veremos. Esperemos que terminen antes de que se acabe el recreo.