lunes, 12 de septiembre de 2016

El Hogar de la Sabiduría

El Hogar de la Sabiduría
August Hahn y Cynthia Hahn

Entre los árboles del irstat Hiironi hay una morada tejida con las ramas más robustas que los bosques de Cularin pueden ofrecer. Esta choza está limpia y seca, totalmente al abrigo de las lluvias torrenciales y los vientos más fuertes. Los tarasin honran esta morada y únicamente hablan de ella con la mayor de las reverencias, denominándola el “Hogar de la Sabiduría”. Consideran sagrada cualquier conversación mantenida en esa chiza, y cualquier decisión que allí se tome se tiene como un mandato del propio Cularin.
Pocos ajenos a las tribus tarasin saben esto, pero muchas de las decisiones que han dado forma a su pueblo proceden de esta pequeña cabaña de ramas y paja. Fue allí donde, por primera vez, los tarasin decidieron acercarse a Reidi Artom, planearon su rebelión contra las fuerzas esclavizadoras que les llegaron desde las estrellas, y decidieron conjuntamente aceptar la presencia de extranjeros en su mundo en lugar de ir a la guerra.
Esta pequeña choza ha sido el punto focalizador de muchos eventos importantes de Cularin, mucho más de lo que los alienígenas que habitan en ese planeta puedan reconocer. La decisión tomada hoy allí también afectará el destino de muchos, tanto tarasin como alienígenas. La Fuerza crea cruces en el espacio y el tiempo, lugares donde se decide el destino de millones o miles de millones de seres mediante un encuentro casual, un conflicto épico, o –como es el caso este día en el Hogar de la Sabiduría- un sueño y las personas lo bastante iluminadas para comprender lo que pueda significar.
Llegaron en silencio, arrastrando silenciosamente las almohadillas de los pies sobre la suave superficie del suelo gastado. Las cortinas de hojas en la entrada se cerraron tras ellas con un siseo, dejando entrar solamente unos pocos rayos de luz lunar. Estaban tan altas que el denso dosel de la selva estaba en su mayoría bajo ellas. Por encima se encontraban las estrellas despejadas y el infinito cielo nocturno. La luz plateada del exterior rápidamente fue vencida por el rico resplandor dorado de la hoguera central de la choza y los arcos amarillos y blancos que saltaban de ella.
-Mi agradecimiento por acudir. Ha sido una larga carrera para la mayoría de vosotras, así que seré breve.
La voz de la Madre Dariana temblaba con el peso de la edad, pero su aspecto era ahora más vibrante que lo que había sido en bastante tiempo. Lo que tuviera que decir debía ser importante para sacarla del abrigo de su dormitorio. La Madre no las llamaba a menudo; cuando lo hacía, siempre acudían tan rápido como podían.
Ese día no fue ninguna excepción. Algunas de ellas aún estaban siseando ligeramente, con los kampos desplegados para ayudar a eliminar el exceso de calor de su carrera nocturna. Las Guardianas de Dariana las observaban a todas fijamente. Las líderes de los irstats no siempre se llevaban bien entre ellas, y reunirlas con tanta premura sólo podía conducir a calentar los ánimos. La presencia tranquilizadora de la Madre Dariana parecía mantener las cosas bajo control, pero cada una de ellas sabía lo rápido que eso podía cambiar.
-He tenido un se’neth.
Sus palabras hicieron callar de inmediato los murmullos de la sala. Un se’neth no era un simple sueño; sólo si creyera que se trataba de una auténtica visión la Madre habría usado esa palabra para referirse a él. El poder de la tierra era tan fuerte en ella como lo había sido en cualquier tarasin que cualquiera pudiera recordar, pero los se’neth eran inusuales, incluso para ella. Siempre anunciaban grandes eventos. Acercándose a ella, las líderes de las tribus reunidas esperaron ansiosamente que Dariana compartiera su visión.
-Ya os he hablado antes de la tormenta. La he vuelto a ver, pero esta vez he observado el viento con más detenimiento. La gran tormenta caerá sobre nosotros, pero ahora veo que su furia no sólo cubre el cielo, sino también las estrellas. Las oscuras nubes de tormenta alcanzarán nuestro mundo, pero no proceden de aquí.
Esto hizo que comenzaran de nuevo los murmullos. Una joven tarasin se ruborizó con manchas azules y rosas antes de preguntar en voz baja:
-¿Podemos detener la tormenta, Madre?
Con gesto de tristeza, la anciana sabia negó con la cabeza.
-No, mi niña. Sólo podemos esperar sobrevivir a ella. Pero no es por eso por lo que os he llamado hoy aquí. Debemos mirar al futuro, y mi se’neth me ha mostrado una cosa importante que debe hacerse.
Eso atrajo la atención de todas las tarasin, y el silencio reinó en el Hogar de la Sabiduría. Todas las presentes, incluso las más jóvenes, con menos tiempo en sus posiciones como líderes de su comunidad, sabían que si eso sólo hubiera involucrado a su especie, Dariana habría enviado mensajeros por la mañana. No, este encuentro era acerca de algo más. Algo más grande.
-Estos árboles, y el gran poder que los une a ellos y a nosotros con la tierra, nos protegerán de lo peor de la tormenta. Su terrible ojo caerá pronto sobre nosotros, y tras su estela reinará el caos, no la calma. Antes de que esto ocurra, debemos preparar el camino.
Volvió a quedarse en silencio, y conforme fueron pasando los segundos, sus Guardianas temieron que se hubiera quedado dormida. Su avanzada edad y los eventos de los últimos años suponían una carga tan pesada para ella que su carne se había más débil con cada estación que pasaba. Justo cuando la Guardiana jefa se inclinaba hacia ella, una de las demás líderes de irstats tomó la palabra.
-¿El camino para qué?
Ella respondió antes de que la Guardiana la tocara.
-El camino para todos. Son el futuro, y deben ser protegidos del ojo de la tormenta.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Escuadrón Bastardo: Kuat


Escuadrón Bastardo: Kuat
David J. Williams y Mark S. Williams

El ordenador de combate de la teniente Gina Moonsong comenzó a mostrar luces verdes destellando mientras veía cómo las defensas de los Astilleros de Propulsores Kuat entraban en alerta. Los astilleros consistían en un inmenso anillo de acero que rodeaba el planeta Kuat como una gigantesca serpiente de metal. Los diques secos, almacenes, talleres de maquinaria e inmensos hábitats orbitales hacían que la estación fuera la principal instalación de producción de algunas de las armas más temidas del Imperio, entre ellas el Destructor Estelar clase Imperial, el AT-AT, y nuevas monstruosidades tecnológicas que se rumoreaba que estaban en fase de prototipo. La Nueva República había decidido que ya era hora de ocuparse del principal suministrador de armas del Imperio, y se había enfrascado en un asalto que rivalizaba con el ataque en Endor. Cientos de baterías láser se iluminaron cuando las defensas del astillero abrieron fuego sobre la flota de la Nueva República que se aproximaba.
Moonsong tiró de la palanca de su ala-B y comprobó la formación del escuadrón. A su cola, los cruceros Mon Cala y el resto de naves capitales estaban preparados con sus grandes baterías de torpedos, mientras que los ala-X en vanguardia colocaban sus alerones-S en posición de ataque. A izquierda y derecha, docenas de otros escuadrones de cazas también estaban ocupando sus posiciones. Ante ellos, una flota de Destructores Estelares y su complemento de cazas TIE salía de la órbita superior del planeta detrás del anillo y aceleraba para enfrentarse a ellos. Llevaban tres asaltos y los imperiales seguían usando las mismas tácticas. El problema es que eran efectivas. El elevado número de fuerzas que habían destinado a los astilleros representaba una gran inversión. Los imperiales querían mantener esa instalación prácticamente a cualquier precio y había destinado más recursos de espacio profundo que los que la Nueva República había previsto. Apenas llevaban unos días de campaña y ya estaba caro para todos que esa batalla no iba a ser ni breve ni sencilla.
-Mira quién sale a jugar.
-Los veo, Fanty. Teniente Li, vamos a por los DE’s del Cuadrante Cuatro. Cerrad formación y esperad la señal.
-Recibido, Líder Bastardo.
La teniente Sandara Li lideraba la nueva sección de alas-X de escolta que había sido añadida al Escuadrón Bastardo. Hasta ahora, la relación de Moonsong con Li había sido menos que cordial. Moonsong suponía que Li habría preferido volar con Stramm... pero Stramm se había quedado en el portanaves Amalthea ayudando al comodoro a coordinar la acción general de la flota.
Unas explosiones a su derecha captaron la atención de Moonsong cuando la primera oleada de la Nueva República chocó con las fuerzas Imperiales. Docenas de escuadrones de cazas de la Nueva República e imperiales danzaban en los vientos solares, iluminando la oscuridad mientras las naves capitales se lanzaban entre sí una oleada tras otra de torpedos de protones. La tensa voz de Yori Dahn crepitó en los auriculares de Moonsong:
-¡Tengo uno a la cola! No puedo librarme de él.
Moonsong efectuó un barril con su ala-B y se lanzó a toda velocidad en un rumbo de interceptación. Justo cuando el caza TIE se alineaba para efectuar un disparo letal, los láseres de Moonsong le partieron en dos.
-Gracias, jefa –dijo Dahn.
-No me lo agradezcas tan rápido –replicó Moonsong... justo cuando las llamas recorrían un Destructor Estelar cercano; al instante siguiente, estallaba, lanzando escombros en todas direcciones. Un fragmento de metal descarriado golpeó de lleno a un ala-B al mismo tiempo que su ala-X de escolta quedaba desintegrado por el fuego enemigo. Mientras Moonsong trataba de comunicar una corrección de curso para su gente, en el sistema de comunicaciones de todos los pilotos se escuchó un mensaje del comodoro:
-Mando central a todos los escuadrones de cazas: esto es una orden de retirada. Repito, todos los escuadrones deben regresar.
-¿Qué demonios está pasando? –exclamó Li por el comunicador.
-Ya ha escuchado la orden, teniente. Estoy segura de que el mando tiene una buena razón para esto. Ahora volvamos al establo.
Moonsong dio media vuelta a su nave mientras se preguntaba cuál podría ser esa razón.

***

Braylen Stramm se encontraba de pie junto al capitán Tane, al lado del holoproyector. Moonsong no pudo evitar pensar que Stramm tenía un aspecto extraño con su uniforme color caqui y azul pólvora en lugar de con su traje de vuelo. Extraño, pero atractivo de todos modos. Aún más extraño era que Moonsong fuera la nueva líder de escuadrón en funciones. Cuando el mando transfirió temporalmente a Stramm a Planificación de Operaciones de Combate, supuso que recurrirían a alguno de los comandantes de los otros escuadrones para ocupar su lugar.
Así pues, en ese instante Moonsong, Fanty, Li y el compañero de ala de Li –Johan Volk- estaban sentados con los demás líderes de escuadrón del grupo de cazas del crucero Amalthea. Stramm dio un paso adelante y dejó que su voz de barítono llenara la sala.
-Muy bien, gente, hemos estado analizando al enemigo, y ha quedado claro que necesitamos cambiar nuestras tácticas. Simplemente, no tenemos la potencia de fuego para superar la flota de defensa del objetivo con un único golpe. Por tanto, hemos decidido centrarnos en un bombardeo estratégico de elementos clave de la infraestructura del astillero. Depósitos de combustible, monorraíles de suministros y conjuntos de sensores serán en adelante nuestros objetivos principales. Esto significa que nuestro calendario cambiará, pero todas nuestras simulaciones validan la nueva estrategia.
Li levantó la mano, y Stramm le dio permiso para hablar con una inclinación de cabeza; Li se puso en pie con toda su estatura y se apartó de los ojos su largo cabello negro. Moonsong no pudo evitar darse cuenta de que todos los ojos de la sala estaban clavados en la imponente figura de Li. Demonios, la mujer parecía una de esas duras heroínas de los holodramas de Coruscant.
-Comandante, ¿significa eso que ahora los elementos de ala-X estarán equipados con torpedos de protones para que podamos participar en el bombardeo?
-Negativo. Hasta ahora, la adición de elementos de ala-X al grupo de bombarderos ala-B ha tenido éxito en calidad de escolta, pero nuestros alas-B aún dependerán de sus pilotos de ala-X para quitarles los cazas TIE de encima.
Volk, el compañero de ala de Li, fue el siguiente en levantarse. Era un hombre alto y calvo con una tremenda barba y una sonrisa aún mayor. Se rumoreaba que él y su mujer Vira eran legendarios luchadores de guerrilla en el planeta perdido del que procedían.
-Disculpe, señor, pero, ¿quién va a mantener a esos Destructores Estelares alejados de nosotros?
El capitán Tane señaló la imagen holográfica de los astilleros, y se detuvo en un grupo de Destructores Estelares.
-Elementos de la flota se enfrentarán al enemigo aquí, aquí, y aquí... obligándoles a emplear el grueso de sus destructores y naves de apoyo para enfrentarse a nosotros, permitiendo entonces que ustedes pilotos realicen sus ataques. Recibiremos algunos daños... eso es seguro; pero si ustedes, pilotos, son capaces de inutilizar sus depósitos de suministros y sus centros de mando, entonces merecerá la pena. –Luego, como si sintiera la tensión general en el aire, añadió-: Miren, sabemos que les hemos pedido mucho; y, francamente, les vamos a pedir más aún. Esta lucha es crítica; si perdemos, se verá amenazada la estabilidad de la Nueva República.
Tane dio un paso atrás y permitió que Stramm completara la exposición.
-Los líderes de escuadrón recibirán sus nuevos paquetes de misión y serán responsables de hacer que esos datos estén disponibles para sus pilotos. Si no hay más preguntas... Muy bien, entonces. Buena suerte ahí fuera, y buena caza. ¡Pueden retirarse!

***

Moonsong trató de concentrarse más allá del caos que la rodeaba mientras el escuadrón avanzaba a toda velocidad hacia el monorraíl de suministros. En teoría, si destruían suficientes de los elementos que permitían a los astilleros mover suministros y munición, ciertas áreas se quedarían mucho más vulnerables. Un chillido estridente llenó su auricular cuando el indicador de la nave de Bastardo Nueve desapareció del monitor en el casco de Moonsong.
-Le han dado a...
-¡Lo sé, Fanty!
El ala-B de Yori Dahn se alzó a su lado. Su voz llegó rota por el canal.
-Teniente, ¿está viendo lo mismo que yo?
Sobre el anillo, frente al monorraíl, se alzaba un grupo de AT-ATs y AT-ACTs, uno o dos AT-TE más antiguos, de la época de las Guerras Clon... junto con varios AT-ATs sin terminar que parecían gigantescos transportes de tropas esqueléticos, únicamente con las cabezas y sus poderosos cañones en funcionamiento. Los caminantes imperiales escupían plasma abrasador hacia ellos. La voz de Li sonó con fuerza.
-¡Alas-X, vamos a atacar a esos caminantes!
-Manteneos en formación –dijo Moonsong-. Os necesitamos para ocuparos de esos cazas TIE.
-¡Esto sólo nos tomará un minuto, y no hay modo de que lleguéis al objetivo si no nos deshacemos de ellos! Guardad vuestras bombas para el objetivo. ¡Vamos!
-Estoy contigo, jefa –dijo Volk sin asomo de duda.
-Mantened la formación –exclamó Moonsong. Pero era demasiado tarde; los alas-X ya estaban separándose y lanzándose hacia los gigantes. Por un instante Moonsong pensó realmente que podrían lograrlo... hasta que varios elevadores de carga se alzaron, transportando más AT-ATs parcialmente completos y torretas láser acorazadas de Destructor Estelar. Moonsong vio que dos alas-X recibían impactos de disparos. Uno de ellos estalló en una radiante bola de fuego, mientras que el otro giró fuera de control e impactó contra una pared del astillero. Aún más alarmante era el hecho de que los láseres de los alas-X no eran lo bastante potente para atravesar de un único disparo el blindaje pesado de los caminantes. Moonsong sabía que si no concentraban su fuego en los emplazamientos de armas improvisados, las oportunidades de que cualquiera de su grupo saliera de allí con vida era exactamente cero... y la única forma de derribar a esos caminantes era con los torpedos que estaban destinados para el monorraíl.
Y eso significaba que el monorraíl tendría que esperar.
-Escuadrón Bastardo, seguidme, y concentrad el fuego de los cañones iónicos sobre esos emplazamientos. –El grupo de cazas tejió un asombroso patrón mientras cambiaban sus trayectorias, aumentaban su velocidad y se dirigían hacia el enemigo-. ¡Usad vuestros torpedos sobre esos caminantes!
-¿Pero qué pasa con el objetivo principal? –preguntó Dahn.
-¡Este es ahora el objetivo principal, así que desplegaos!
Los alas-B se alzaron frente a los caminantes y desencadenaron una lluvia de fuego letal sobre los mastodontes que tenían debajo. El ala-B de Moonsong pasó zumbando sobre el anillo principal del astillero mientras los AT-ATs se erguían ante él. Aunque las armas de las bestias acorazadas podían atravesar la mayoría de cazas, no eran igual de efectivas para fijar su objetivo sobre ellas a altas velocidades. Moonsong alineó su disparo y soltó un par de torpedos que aniquilaron el compartimento de tripulación de ese AT-AT y causaron que el caminante se derrumbara sobre un modelo explorador a medio construir. Desafortunadamente, el piloto bajo ella recibió el impacto de un TIE atacante, y chocó contra el tanque andante en su caída... haciendo que su propia nave trazara espirales fuera de control y chocara contra las patas de otro caminante. La explosión empujó al gigantesco vehículo fuera del anillo, desplomándose hacia el planeta bajo ellos. Por todas partes los gigantes acorazados estaban siendo convertidos en montones de piezas sueltas. Fragmentos de caminantes destrozados flotaban hacia el espacio. El propio anillo tenía grietas en varios lugares por el impacto de los torpedos que los alas-B disparaban al pasar. Moonsong maldijo en voz baja... qué desperdicio. Qué diversión.
-Muy bien, gente, salgamos de aquí. El objetivo no va a irse a ninguna parte.

***

Li descendió de su baqueteado ala-X y se encontró cara a cara con una furiosa Moonsong. Los mecánicos y el personal del hangar les dieron bien de espacio mientras que los demás pilotos permanecían a una distancia prudencial... pero lo bastante cerca para poder escuchar los fuegos artificiales.
-¿Qué centellas creía que estabas haciendo ahí fuera?
-Estaba haciendo mi trabajo –respondió secamente Li.
-Su trabajo era protegernos de los cazas TIE, no enfrentarse a objetivos de bombardeo. He perdido a un buen piloto. La única razón por la que usted no está muerta también es porque eché por tierra la misión principal para salvarle el gordo trasero. Ha sido imprudente...
-Oh, mira quién fue a hablar, Gina. ¿Crees que no he escuchado lo que se cuenta de ti?
-¿Lo que se cuenta de mí?
-Las palabras vuelan. ¿Crees que no sé que la única razón por la que te han nombrado líder de escuadrón en funciones es porque tu novio te ha puesto al mando?
-Se ha pasado de la raya, teniente.
Li se puso en posición de firmes e hizo chocar con fuerza sus talones. Moonsong dio un paso atrás, se frotó los ojos, y dejó escapar un largo suspiro.
-¿Sabe cuál es su problema, teniente?
-No, señora, no lo sé. Tal vez la líder de escuadrón en funciones pueda iluminarme.
Moonsong dibujó una sonrisa falsa y bajó el tono de voz.
-En primer lugar, obtuve este mando a pesar de las recomendaciones de Stramm. A decir verdad él no estaba seguro de que yo estuviera a la altura, pero le necesitaban en planificación de operaciones, y había que poner a alguien en su lugar. Y ese alguien fui yo. Pero el verdadero problema que hay aquí es el hecho de que usted es exactamente igual que yo hace tan solo unos meses. Mire, me hizo falta mucho tiempo darme cuenta de que la única forma de la que cualquiera de nosotros podrá salir con vida de esta guerra es si trabajamos juntos. Usted es una piloto realmente buena, Li, tal vez incluso tan buena como yo, y con un poco de disciplina podrá ser una de los mejores. Y no lo digo sólo por decir. Vio esos emplazamientos; sólo le faltó la experiencia para saber que su armamento no les haría ni un rasguño. Así que sí, puede que usted sea realmente buena, y sí, puede que yo me sienta un poco amenazada por usted, pero le diré una cosa: si alguien puede encontrar un modo de eliminar a esos cerdos imperiales del cielo, somos usted y yo. ¿Qué me dice?
Moonsong se quitó el guante de vuelo y le tendió la mano. Li bajó la vista para mirarla, asombrada. Y entonces tendió la mano a su vez y las estrecharon.

***

El caos y la intensidad de la campaña hizo que los días parecieran semanas, y la flota de la Nueva República y sus pilotos se vieron exprimidos al máximo. Moonsong luchaba contra la fatiga cuando su ordenador de objetivo mostró con un aviso sonoro las coordenadas del nexo de mando. Moonsong tenía que pasárselas a Stramm; él y su pequeño grupo de planificadores de menor nivel habían descubierto el nexo al estudiar las imágenes de combate aportadas por una docena de escuadrones de cazas. En ese preciso momento, la flota estaba enfrascada en una espectacular batalla contra la fuerza de defensa principal del Imperio y los habían atraído a un festival de proyectiles a corta distancia sobre el polo norte del planeta. La maniobra debería haber permitido que un trio de escuadrones de ala-B atacara el nexo de mando pasando prácticamente inadvertidos. Por desgracia, los imperiales consiguieron liberar un grupo improvisado de TIEs que superaba en número a los alas-B en una proporción de tres contra uno.
-Que vuestras naves mantengan sus posiciones y nos cubran.
Moonsong se mostró reacia a ello.
-Es demasiado peligroso, no puedo...
-Eh, como si nunca antes hubiéramos tenido gente disparándonos desde dos frentes. Al menos de este modo podemos seguir vuestros disparos y confundir sus sensores. Si tiene un plan mejor, me encantaría escucharlo.
-¿Quiere un plan mejor? –preguntó Moonsong-. Muy bien. Que todos los alas-B reduzcan potencia y mantengan posiciones. Configurad los cañones láser en disparo rápido y apuntad con los cañones de iones más allá del objetivo. Os esperaremos antes de comenzar nuestra pasada de bombardeo, teniente Li.
-Puede merecer la pena intentarlo...
Mientras los alas-B soltaban su devastadora andanada contra los TIEs, Li hizo pasar sus alas-X entre el fuego amigo hasta el corazón de la formación enemiga. Moonsong no pudo evitar sonreír al ver cómo se despejaba un camino en su ordenador de objetivos. Su sonrisa se hizo mayor al observar un modo incluso mejor de acabar con el nexo de mando.
-Muy bien, chicos y chicas; seguidme en la siguiente trayectoria. Vamos.
Los alas-B formaron detrás de Moonsong y se lanzaron hacia el anillo, donde todos vieron el gran hangar abierto, con los escudos de energía aún bajados. Los alas-B entraron al hangar; mientras volaban por debajo de la sección del nexo de mando, apuntaron sus bombas y torpedos guiados por láser a las profundidades de su corazón. La nave de Moonsong se deslizó sobre la cubierta de vuelo, disparando a las naves enemigas que no habían sido lo bastante rápidas para despegar. Mientras el escuadrón salía del hangar al otro lado del anillo, Moonsong escuchó los gritos triunfales de Fanty y Dahn cuando el nexo estalló tras ellos. Sonrió y activó el comunicador.
-¡Hora de irnos, gente! ¡Así es como se hace!

***

Moonsong comprobó su reloj; tenía menos de una hora antes de que el escuadrón despegara en otra misión de ataque. Ya había perdido la cuenta de cuántas horas de vuelo en misión llevaba. Para el Escuadrón Bastardo, parecía que cada vez que daban una patada a una piedra salían más imperiales de debajo de ella. Su gente, como todos los demás, estaban cansados y agotados. Al atravesar el hangar, pasó junto al ala-X gravemente dañado de Volk. Volk había logrado pilotar la nave de vuelta, y ahora estaba en la enfermería, aunque su pájaro nunca volvería a volar. Pero fue la nave que estaba justo a su lado la que supuso una auténtica sorpresa.
-Braylen... quiero decir, comandante Stramm; ¿qué está...?
Siguió a Stramm con la mirada mientras este descendía de la cabina del ala-X y miraba a Gina con una extraña sonrisa.
-Estamos escasos de pilotos de ala-X y necesitamos todos los cazas disponibles para el ataque –dijo, sin más.
-No sabía que supieras pilotar un ala-X.
La sonrisa de Stramm se ensanchó, y entonces dio la impresión de ser menos extraña.
-Puede que no sea tan buen piloto como tú, pero aún no se ha construido ningún caza que no sea capaz de pilotar. Además, las cosas se están volviendo un poco aburridas arriba en el puente.
Te he echado de menos, quiso decir Gina. Pero cuando abrió la boca, todo lo que se escuchó decir fue:
-Bueno... Tu escuadrón está listo.
-Querrás decir tu escuadrón –respondió él sin perder un instante-. Sigues siendo la jefa. Técnicamente, aún estoy con planificación de operaciones. Dado que Volk está en la enfermería, ocuparé el puesto de compañero de ala de la teniente Li.
-¿En serio? –dijo ella.
-Afirmativo.
Hubo una larga pausa.
-Entonces a ver si me aclaro –dijo ella-. Rompiste conmigo porque no querías tener que ordenarme que fuera a la batalla, o ponerme en riesgo. ¿Y ahora me estás pidiendo que yo te haga lo mismo a ti?
-¿Tenemos que tener esta conversación ahora?
-Sí.
-Muy bien. –Stramm dudó un instante-. En realidad es muy sencillo. Confío en tu buen juicio más que en el mío propio.
-Esta es nuestra última misión juntos –dijo ella.
-¿Estás segura de eso?
-No estoy segura de nada –dijo-. Ya no.
Dio media vuelta y comenzó a alejarse.
-Eh, Gina –exclamó él-. Buena suerte ahí fuera.
-La suerte es el menor de mis problemas –replicó ella.

***

-Bandidos acercándose, teniente.
La voz de Stramm era tensa, y por una buena razón. Daba la impresión de que Moonsong y él habían pasado todo el último día en combate constante. Sus lanzatorpedos estaban vacíos, el impulsor de maniobra de su ala-B se forzaba al máximo cada vez que aceleraba. Los alas-X y sus pilotos estaban igual de maltrechos y cansados. Pero de algún modo el escuadrón estaba aguantando unido.
-Los tenemos –respondió Moonsong-. Colocad vuestros alerones-S en posición de ataque y no disparéis hasta que se acerquen.
El sentido común le decía que debería dar la vuelta a su pájaro, rearmarse, tal vez incluso echarse veinte pequeñas siestas en la cubierta de vuelo... pero ese no era momento de usar el sentido común. Era el momento de seguir dándolo todo hasta el final.
Las dos maltrechas flotas que se enfrentaban se olvidaron de vistosas maniobras y se lanzaron directamente una contra otra. Ambos comandantes sabían que se habían terminado todos los trucos y las astutas estratagemas. Ambos bandos habían perdido demasiadas naves y pilotos, y todo lo que quedaba por decidir era cuántos de los astilleros seguirían intactos después del enfrentamiento final. Una nube de cazas TIE, bombarderos TIE, interceptores TIE y lanzaderas fuertemente armadas surgió de los Astilleros de Propulsores en un último y desesperado intento de llegar hasta la flotilla de cruceros de la Nueva República. La formación se encontró con otra similar que contenía todos los cazas que la flota de la Nueva República podía lanzar en su contra.
Los alas-X de Li y Stramm salieron de la parte delantera de la formación y entablaron una danza letal con un caza TIE tras otro. Gina tuvo que admitir que eran un equipo muy eficiente.
-Quédate cerca, Fanty; vamos a ganarnos el jornal.
-Recibido, jefa.
Moonsong condujo a sus pilotos a través de una andanada de fuego laser hacia un carguero ligero imperial dañado. Transmitió al resto de sus pilotos un patrón de ataque; y, como una máquina bien engrasada, se abrieron camino más allá de los cazas TIE y descargaron sus devastadores disparos contra el hangar abierto del carguero. El carguero explotó, lanzando escombros y llamas en todas direcciones.
-¡Buen trabajo, gente! Reagrupémonos, y busquemos un nuevo objetivo.
Mientras decía esas palabras, Moonsong ya estaba examinando sus pantallas: vio que la flota de la Nueva República estaba siendo golpeada con bastante dureza. Su transporte, el Amalthea, se alejaba renqueante dejando detrás un rastro de plasma de impulsión. Eso no tenía buena pinta en absoluto. Si se quedaban allí, fuera del alcance de su transporte, los imperiales les atraparían, o se quedarían sin combustible... o ambas cosas.
Pero entonces la situación cambió abruptamente. Al unísono, las fuerzas imperiales se retiraron y se dispersaron en todas direcciones. Aquellas naves demasiado dañadas para huir transmitieron el código que indicaba la señal de rendición.
-Dios mío... Se están rindiendo.
-¡Lo logramos!
Gina se recostó en su asiento de aceleración y cerró los ojos. Una sensación de puro alivio recorrió su cuerpo mientras los hurras y los vítores de sus pilotos resonaban por el comunicador. Finalmente, la voz del comodoro llegó por el canal general de la flota:
-A todas las fuerzas de la Nueva República: acabo de aceptar la rendición de los Astilleros de Propulsores Kuat de manos del moff Maksim. Repito: hemos aceptado su rendición.
Gina echó un vistazo por la ventanilla de la cabina al dañado pero aún espectacular anillo. Por su superficie, ardían fuegos, rodeados por los escombros de cientos de cazas y naves estelares. Recortados contra la luz de los incendios y las explosiones, esos escombros parecían un gigantesco campo de asteroides. Era tan hermoso que resultaba fácil olvidarse de que no era otra cosa que la tumba de luchadores de ambos bandos. Moonsong respiró profundamente.
-Muy bien... Volvamos a casa.
Dio media vuelta, y su escuadrón imitó el movimiento en formación detrás de ella.

jueves, 28 de julio de 2016

Manifiesto, y un cuerno

Manifiesto, y un cuerno
Morrie Mullins

Hace unas pocas semanas, los tarasin aparecieron con la ubicación de un alijo oculto de tesoros –en forma de información- dejado hace más de dos siglos por Reidi Artom. Entre esos tesoros (que continúan siendo estudiados por xenobiólogos, sociólogos y otros académicos de todo tipo) había un documento que fue publicado inmediatamente, a petición de la Madre Kasslan del irstat Vriisan. En ese documento, Reidi Artom explicaba diversos elementos de su filosofía, tanto en lo que refiere a la expansión en su conjunto, como a lo que se refiere a la guerra.
Diferentes fragmentos del manifiesto han despertado reacciones dispares entre el pueblo de Cularin, pero tal vez sus afirmaciones más polémicas tienen que ver con la guerra. Artom escribió lo siguiente:
Es algo curioso que hacemos los seres racionales: tomamos un sector del espacio que no “pertenece” a nadie (o, si está cerca de pertenecer a alguien, se trata de alguien que estaba aquí desde hace eones, antes de que pensáramos siquiera en venir aquí) y discutimos ruidosamente acerca de quién lo controla.
A menudo llamamos a esto “guerra”.
Supongo que no necesito hacer proselitismo de las maldades de la guerra. La gente muere, los supervivientes viven con rabia y odio y una docena de otras emociones dañinas y, si la galaxia cambia, lo hace a peor. Nadie gana.
Dado el estado actual de los asuntos en Cularin, no es sorprendente que varios individuos discrepen con esa afirmación. Notablemente ausentes de la discusión han estado las opiniones de Osten Dal’Nay o Broof Yurdel, comandantes de la Milicia de Cularin. A primera hora de esta mañana, un trío de jóvenes apareció en las oficinas de Holodifusión Central de Cularin y solicitó una entrevista con Yara Grugara. Aunque han solicitado que no se difundan sus nombres, estos tres varones –un humano que pidió que le llamáramos “Mack”, un cereano que se identificó como “Pac”, y un trandoshano que insistió en que nos refiriéramos a él como “Grunt”- están ahora dispuestos para hablar con Yara acerca de sus opiniones sobre lo que Reidi Artom tenía que decir. Hemos concedido esta entrevista porque los tres poseen credenciales que les acreditan como soldados de la Milicia de Cularin.

Fundido de entrada. Yara está sentada en un lado de un plató amplio y despejado. Su lado está bien iluminado, y hace su mejor esfuerzo por sonreír mientras continúa manteniendo un aspecto muy serio. Obviamente, es muy difícil para ella. El lado opuesto del plató no está bien iluminado en absoluto, y vemos tres siluetas sentadas en sillas. En el extremo de la izquierda hay un cuerpo con una cabeza claramente cereana, a su izquierda hay un humano, y en el extremo derecho hay un trandoshano.
Yara: Mack, Pac y Grunt. Tres de los mejores hombres de Cularin. Miembros de nuestra milicia, defensores de nuestros hogares. Hoy aquí, con Yara, para rebatir anónimamente las afirmaciones realizadas por una gran mujer que ya no está viva para defenderse. Bienvenidos, caballeros.
Mack: Gracias. Creo.
Yara: Vayamos directamente al asunto, ¿de acuerdo? Yara tiene entendido que ustedes tres querrían decir algo acerca del recientemente re-descubierto manifiesto de expansión escrito por la gran Reidi Artom, quien, para cuando llegó a Cularin, ya había visitado el doble de sistemas estelares de los que la mayoría de nosotros verá en toda una vida. Oh, y que ustedes hablan en nombre de la Milicia de Cularin.
Pac: Yara, ¿me permite? Ya estoy advirtiendo un patrón en sus preguntas... o, más bien, en sus afirmaciones. En dos ocasiones se ha referido a Reidi Artom como “grande”. No ponemos en disputa que fue una persona muy importante, o que sin ella, Cularin podría no ser lo que es. Usted también parece implicar que estamos aquí para atacarla de algún modo, cuando ciertamente ese no es el caso.
Grunt: Menos cuando se equivoca. Entonces es bastante idiota.
Pac: Cállate.
Grunt: Lo siento.
Pac: ¿Por dónde iba?
Yara: Estaba a punto de confirmarme que están aquí para proporcionar la perspectiva de la Milicia sobre lo que Reidi Artom tenía que decir sobre la expansión y la guerra.
Mack: No tanto sobre la expansión. Mire, la mayoría de eso me pareció bien. Quiero decir, sólo leí una vez esa parte, así que supongo que estaba bien.
Pac: Sus opiniones sobre la expansión son esencialmente irrelevantes, así como su creencia de que la guerra es el resultado de “modas pasajeras”. No sé muy bien de donde se habría sacado esa teoría, pero la encuentro en extremo disparatada. La guerra es el resultado del conflicto, sea ese conflicto natural o artificial, y de la indeseada transformación de ese conflicto en violencia. Y me gustaría añadir que no hablamos por la Milicia en su conjunto. Hablamos por nosotros mismos, como representantes de la Milicia.
Yara: Pero dado que nadie más de la milicia ha hablado, eso significa que hablan por la Milicia en su conjunto... ¿no es así?
Grunt: Sí. Pero sólo porque tenemos razón.
Pac: Ya te he pedido una vez que te calles. Por favor, no hagas que te lo pida de nuevo.
Grunt: Muy bien, no me lo pidas. ¿Puedo hablar ya de por qué Artom es idiota?
Pac se levanta, se acerca al trandoshano, y le da un fuerte golpe en la cabeza. Luego regresa a su asiento.
Grunt: Supongo que eso es un “no”.
Yara: De modo que la posición de la Milicia de Cularin es que Reidi Artom era idiota.
Grunt: Sip.
Pac: Mack, golpéale.
Mack le pega una colleja a Grunt.
Grunt: Auh.
Pac: No, esa no es en absoluto la posición de la Milicia. Esa es la posición de Grunt, pero debe usted entender que Grunt es bastante extremo en su perspectiva. Disfruta luchando con cosas. Pero no deja de representar a la milicia de algún modo, así que por eso está aquí. Tampoco yo la represento del todo, ni Mack. Hay una gran diversidad de opinión dentro de la Milicia de Cularin, y si usted cree que cualquiera de nosotros expresa la “verdad” literal de la opinión de la Milicia, se equivoca.
Yara: Bien. Entonces, Yara está un poco confundida. ¿No se da el caso de que la Milicia cree que la guerra pendiente con Thaere es algo bueno?
Mack: ¿Pendiente? ¡Especie de pantera de arena de cola peluda, usted es quien ha estado informando de las noticias! Ya estamos en guerra. La mayor parte de ella aún está teniendo lugar en el espacio, o lejos de los centros civiles, pero sigue siendo guerra. Y por supuesto que la Milicia cree que es una buena idea. ¡Si no lo creyéramos, no estaríamos luchando!
Yara: De modo que usted habla por la Milicia en su conjunto, entonces.
Pac: (Resignado) Sí, supongo. Pero sólo en ese aspecto.
Grunt: Thaere malo. ¿Puedo decir eso? Thaere muy malo.
Pac: Sí. Eso está bien.
Yara: Caballeros, creo que deberíamos llegar al meollo de esta discusión, a algo con más chicha.
Grunt: ¿Chicha? Mmm... chicha.
Mack golpea a Grunt. Grunt suspira.
Grunt: Thaere malo.
Yara: ¿Qué hay en el manifiesto que encuentran tan discutible como para venir aquí y solicitar una entrevista en antena?
Mack: Ella nunca luchó una guerra. Quiero decir, con todo el debido respeto, pero era buena explorando. No era una guerrera, así que no hay modo de que pudiera entenderlo. La guerra es mucho más complicada de lo que ella hizo parecer.
Yara: ¿Concretamente?
Mack: Bueno, dijo que no hay ningún ganador en la guerra. Pero en la guerra en su conjunto hay ganadores y perdedores, ¿sabe? Digamos que te encuentras fuera de una cantina y aparece un tipo ebrio de especia y cerveza rodiana y quiere pelear. En ese momento tú no quieres pelear, ¿vale? Pero si peleáis, según su lógica, no gana nadie, porque es sólo violencia. Digamos que no peleas, y el otro tipo viene y comienza a golpearte en la cara. Si no peleas y él te hace papilla, él gana y tú pierdes. Hay un ganador si alguien quiere luchar y otro no, y el ganador siempre es la persona que lucha.
Yara: Algunos afirmarían que la persona que no luchó ganó la batalla moral.
Pac: Las batallas morales apenas importan cuando perder significa que uno acaba convertido en esclavo, o muerto.
Mack: Sí. Lo que él ha dicho.
Grunt: Thaere malo.
Yara: De modo que la guerra está justificada si alguien te está atacando.
Mack: Claro. Supongo que podría decirse que hacer la guerra por la propia guerra está mal, ¿pero quién hace eso? No encontrarás al comandante Dal’Nay o al comandante Yurdel diciendo que deberíamos hacer la guerra sin ningún motivo. Tendrías que ser bastante idiota para querer la guerra sólo porque puedes tenerla.
Yara: Interesante. ¿Qué opinan sobre la afirmación de Artom –dejen que la cite para asegurarme de decirla correctamente- de que “el derecho a “reclamar” un lugar determinado no va en función del poderío militar”, sino que va en función de quién estaba allí antes? ¿Algún comentario?
Pac: Ingenua.
Mack: Idealista.
Grunt: Idiota.
Mack trata de golpear a Grunt, quien le agarra la mano y la vuelve a dejar con mucha delicadeza en el reposabrazos de la silla de Mack.
Grunt: (En voz baja, pero firme) Idiota.
Yara: Bien. ¿Alguien de ustedes quiere gastar más de una palabra –o la misma palabra, repetida dos veces- con respecto a este tema?
Pac: Creo que la palabra “ingenua” lo resume bastante bien. Habla como si hubiera una especie nativa para cada lugar de la galaxia, y que debería darse prioridad a las especies para determinar quién tiene derecho y quien no para estar en un lugar. Su lenguaje implica que en ocasiones –tal vez no siempre- hay una relación simbiótica entre una especie y un lugar, y que esta relación debería ser respetada por las personas que llevan las armas más grandes. Pero aquí viene una primicia: A las personas con las armas más grandes no les importan las relaciones simbióticas y los pueblos indígenas. No les importa si alguien estaba allí antes que ellos. Por eso les llamamos “invasores”: porque llegan a un lugar al que no han sido invitados y se apoderan de él. No hablo sino por mí mismo, pero no me gusta la guerra, y me alisté en la Milicia para evitar que la guerra tenga lugar o, si hay guerra, para estar dispuesto a ayudar a defender mi sistema. No me gusta ir a la guerra, pero lo haré.
Yara: Creo que este es un buen tema con el que terminar. Mack, Grunt... sabemos por qué se alistó Pac. ¿Qué hay de ustedes?
Mack: Para defender Cularin. Es mi hogar. Nunca me ha gustado Thaere, nunca he confiado en ellos, siempre he pensado que tenían algún tipo de plan que desconocíamos. Parece que teníamos razón. Por supuesto, si se me diera la oportunidad, yo los habría invadido primero. Ocupar Agotamiento, tal vez alguna otra de sus estaciones. Pero no es así como han ocurrido las cosas.
Yara: Interesante. ¿Grunt?
Grunt mira a Pac, luego a Mack. Suspira.
Grunt: Thaere malo.
Yara: Bien, eso es lo que yo pensaba. Os habla Yara Grugara, despidiendo la conexión, con un agradecimiento especial a estos representantes anónimos de la Milicia de Cularin por proporcionarnos un contrapunto al perspicaz análisis de una mujer brillante sobre los horrores de la guerra. Buenas noches, Cularin.
Fundido a negro.