miércoles, 7 de enero de 2015

Translineas Corellianas

Translineas Corellianas
Chris Hind

Con más de cinco millones de despegues cada hora estándar, estamos seguros de tener espacio para usted

¿Está cansado de molestias en las aduanas de los puertos estelares? ¿Harto de interminables esperas para los permisos de despegue? ¿Alguna vez le ha estafado algún capitán poco respetable? Si es así, preste atención, y descubra por qué Translineas Corellianas es la elección preferida por más seres en más mundos que cualquier otra forma de viaje galáctico.

Considere sus alternativas…
La mayoría de los ciudadanos imperiales está familiarizada con una forma de viaje espacial comercial: la idea de viajar a bordo de un carguero ligero. En efecto, el estilo de vida del capitán “vagabundo” ha sido idealizado en holovídeos.
Si usted es un capitán de carguero, sabrá que esa imagen es errónea. El viaje en carguero no trata acerca de transportar amantes desventurados de planeta en planeta, visitar mundos nuevos y extraños, o liberarse y convertirse en su propio jefe. Trata de tarifas de atraque, tasas de repostaje y reabastecimiento, inspecciones de aduanas, cargamentos devaluados, luchas para conseguir la próxima carga, esperas para los permisos de los controladores de tráfico de los espaciopuertos, y largas y aburridas horas en el hiperespacio a bordo de una nave abarrotada.
Si alguna vez ha adquirido un pasaje a bordo de un carguero ligero, puede haber advertido que las comodidades son más bien escasas, los controladores de tráfico de los puertos estelares dan baja prioridad a las naves más pequeñas, y el precio de las tarifas es altamente variable (y casi siempre desproporcionado comparado con el servicio). Y esto, suponiendo que haya tenido la suerte de evitar a los numerosos criminales –timadores, contrabandistas e incluso piratas- que se hacen pasar por capitanes honestos.
En ambos casos, el viaje en carguero está plagado de peligros. Seamos francos: las líneas espaciales son peligrosos. Hay piratas, terroristas rebeldes, alienígenas hostiles, y toda suerte de riesgos diversos. Aunque la Armada Imperial realiza una labor impecable para mantener segura nuestra galaxia, el espacio es inmenso y los insidiosos elementos criminales aparecen en los lugares más inesperados. En un caso de urgencia, una nave solitaria casi siempre debe defenderse por sí misma hasta que pueda llegar la ayuda.
Y ahora piense en Translineas Corellianas:
Seguras – Rápidas – De Gran Calidad
Asequibles – Cómodas
Estas y muchas otras palabras han sido usadas para describir a Translineas Corellianas. Y no es ninguna sorpresa, teniendo en cuenta los elevados estándares que tratamos de mantener.

Su seguridad es nuestra primera preocupación
Translineas Corellianas tiene licencia para armar sus naves con escudos, láseres defensivos y tecnología sensora de uso civil de máximo nivel. Muchos miembros de nuestro equipo son graduados de la Academia. En cualquier caso, tomamos precauciones adicionales. Dentro de un sistema, nuestras naves se benefician de una escolta de patrulleras. Siempre que resulta posible, coordinamos nuestros saltos hiperespaciales con los convoyes imperiales que abandonen el sistema; ¡nada es más seguro que viajar con una flota de galeones estelares! Finalmente, confiamos únicamente en rutas bien patrulladas, de modo que la Armada Imperial está sólo a una llamada de distancia.
Otros elementos de seguridad pueden parecer menos dramáticos, pero no nos los tomamos menos en serio. Todas nuestras naves se ajustan a los rígidos reglamentos de seguridad establecidos por el Ministerio Imperial del Espacio  en lo concerniente al número de cápsulas de escape y naves salvavidas, el estado de las balizas de emergencia, el soporte vital, y los sistemas de control de daños. Nuestros sobrecargos han sido totalmente instruidos y examinados en primeros auxilios y procedimientos de emergencia, y pueden conectarse con instalaciones médicas locales mediante un canal subespacial dedicado.

¡Orgullosamente corellianos!
Nuestra flota está compuesta de naves de calidad; lo mejor que pueden ofrecernos la Corporación de Ingeniería Corelliana y otras reputadas compañías como Incom o DuroTech. Empleamos a los mejores pilotos corellianos, así como a los mejores astrogadores corellianos, sullustanos y droides. Nuestras rutas de viajes están trazadas por las rápidas, seguras y comprobadas rutas comerciales corellianas.
Los corellianos llevan recorriendo las rutas espaciales desde que existen los hipermotores. Con semejante experiencia y tradición apoyando a nuestro equipo de profesionales, ¿acaso le sorprende que podamos llevarle donde quiera ir más rápido que cualquier otro?

Preferimos “viaje”
En lugar de “trayectos” o “vuelos”, nuestros clientes realizan viajes. Ninguna otra palabra puede describir la experiencia de calidad que será suya cada vez que elija Translineas Corellianas. Nuestras naves estelares son limpias, espaciosas, y decoradas con muy buen gusto; nuestras naves más grandes cuentan con soporte vital personalizado para numerosas especies no-humanas. Corteses auxiliares de vuelo sirven bebidas y comidas, y gustosamente le explicarán (a menudo en su propia lengua nativa) cualquier cosa que necesite saber acerca de su destino.

¡Ahorre tiempo y créditos!
¿Qué es lo mejor acerca de Translineas Corellianas? Nos encargamos de todas esas tasas y permisos, planes de vuelo y otras molestias. ¡Todo lo que usted tiene que hacer es sentarse y disfrutar del viaje! Se preguntará por qué alguna vez llegó a tener en cuenta cualquier otra forma de viaje espacial.

Servicios de Translineas Corellianas
Lanzaderas interplanetarias
Sea cual sea el planeta en el que esté, busque primero nuestro quiosco de Servicios de Lanzaderas. En un creciente número de mundos y en un creciente número de puertos estelares, Translineas Corellianas ofrece transporte de calidad y cómodo de superficie a órbita, de superficie a satélite, y entre planetas de un mismo sistema. Usamos el fiable Ferry Estelar Incom W-33, una configuración de pasajeros del conocidísimo Carguero Estelar W-23.
Una o más lanzaderas despegan cada hora estándar*. En 15 minutos puede encontrarse subiendo a bordo de una lujosa nave para realizar el crucero de su vida. En media hora puede llegar a su trabajo en un satélite colonia, después de haber revisado la tarjeta de datos matutina de la red de noticias. En pocas horas, usted y su familia pueden encontrarse visitando a su tía Amthel en el segundo planeta habitado de su sistema. Cada parada incluye una escala de entre 5 y 15 minutos.
Los billetes cuestan solamente cinco créditos el viaje de ida. También ofrecemos dos modalidades de Pase de Lanzadera, mensual (sólo 200 créditos) y anual (2.400 créditos), que le permiten viajes ilimitados durante la duración especificada. Si usted se desplaza a diario, ¡realmente notará el ahorro! Para equipajes de más de 15 kilogramos, puede reservar espacio en la bodega de carga. Por sólo cinco créditos cada 100 kilos, esta opción es ideal si, por ejemplo, desea llevarse su deslizador con usted en sus vacaciones (aproximadamente 100 créditos), o está regresando de una estación comercial cargado de compras.
Nuestro servicio de lanzaderas está continuamente expandiéndose a nuevos mercados, así que siempre que necesite realizar un viaje dentro de un sistema, busque primero un quiosco de Servicio de Lanzaderas de Translineas Corellianas.

Tránsito interestelar: Servicio Estándar
Para viajes más largos, deseará billetes para una de nuestras naves interestelares con capacidad de hiperespacio. Ofrecemos tres servicios: Estándar, Exprés y Cúspide. El Servicio Estándar es suficiente para la mayoría de viajeros ocasionales, especialmente aquellos que deban ceñirse a un presupuesto.
En función de las reservas, viajará a bordo de un transporte de Astilleros Gallofree, capaz de transportar a 200 pasajeros, o de un YT-1300 corelliano de 20 pasajeros. En ambos casos, nuestras naves ofrecen asientos separados, comedor y compartimentos para dormir (literas dobles). Una vez en el hiperespacio, es libre de estirar las piernas, adquirir un tentempié en el autochef, o disfrutar de la vista del hiperespacio desde la cubierta de observación. Le sugerimos que traiga consigo una tableta de datos, un reproductor sónico portátil, o una almohada cómoda.
Ofrecemos un amplio abanico de destinos desde Corellia a otros mundos, del Núcleo o del Borde Medio, e incluso a unos pocos destinos selectos en el Borde Exterior. La mayoría de los vuelos pasan por Corellia para aprovechar las rápidas rutas espaciales.
Los billetes cuestan aproximadamente 100 créditos por cada 10 horas de vuelo, sólo ida. Este precio incluye permiso para 100 kilogramos de equipaje, como por ejemplo un droide; por cada 100 kilos adicionales de equipaje (o mascotas no racionales), se aplica un cargo de 50 créditos, independientemente de la distancia. Actualmente ofrecemos una tarifa especial: compre un billete y su compañero viaja gratis. Para un ejemplo de rutas, tarifas y horarios, por favor consulte el listado de Vuelos Disponibles al final de este archivo de datos. Pueden aplicarse algunas restricciones.

Tránsito interestelar: Servicio Exprés
Para más comodidad y menos tiempo de viaje, ¿podemos sugerirle el Servicio Exprés? Diseñado para trayectos interestelares de 1 a 10 horas de duración, estos vuelos más rápidos se benefician del hipermotor grado II de la Corbeta Corelliana y poseen asientos de ventanilla o pasillo, cubículos sanitarios, holovídeos, y comidas. Hay disponible una elección entre asientos de primera, segunda y tercera clase:
  • Los asientos de tercera clase son similares a nuestro Servicio Estándar, pero se beneficia de un viaje más rápido.
  • A los pasajeros de segunda clase se les proporciona un tentempié durante el vuelo, así como una cómoda almohada y un holovídeo.
  • Primera clase proporciona una comida caliente recién hecha, licores gratis, aún más espacio para las piernas, un holovídeo durante el vuelo, un enlace de datos adicional, y una ventanilla personal.
Los billetes cuestan aproximadamente 80 créditos (tercera clase), 110 créditos (segunda clase) y 140 créditos (primera clase) por hora de vuelo. Este precio incluye 100 kilogramos de equipaje; cada 100 kilos adicionales cuestan 50 créditos. Los billetes no admiten devoluciones; cualquier cambio conlleva un recargo de 50 créditos.

Tránsito interestelar: Servicio Cúspide
Translineas Corellianas se enorgullece de proporcionar el Servicio Cúspide, algo que ninguna otra línea espacial comercial ofrece. Eso es debido a que hemos realizado un terrible esfuerzo para adquirir prácticamente la totalidad de la producción de las clásicas lanzaderas de pasajeros clase Superluminal de DuroTech. Equipadas con hipermotores de clase I y los mejores escudos defensivos, la clase Superluminal es la cúspide de la velocidad, seguridad y comodidad. Estas naves proporcionan confort de primera clase a 6 pasajeros.
Ofrecemos muchas rutas regulares dentro de los Mundos del Núcleo. Otras regiones pueden tener un servicio variable, dependiendo de la demanda.
Los billetes cuestan unos 300 créditos por hora de vuelo. Debido a las limitaciones de espacio, los pasajeros están limitados a 100 kilogramos de carga, 10 kilos de equipaje de mano, y un droide acompañante. También pueden fletarse las Superluminal para vuelos chárter, a 2.000 créditos por hora; en ese caso, la carga está limitada simplemente a la capacidad de la nave.

Cruceros de lujo
La mayoría de los ciudadanos imperiales está familiarizada con GalaxyTours y su eslogan: “Denos cuatro semanas, y le daremos la galaxia”. Esta agencia de viajes reserva cruceros en todas las principales líneas espaciales, incluyendo Translineas Corellianas. Si alguna vez ha tomado su Gran Tour Galáctico, lo más probable es que ya haya volado con Translineas Corellianas.
Actualmente poseemos tres cruceros de lujo en nuestra flota. El Dama de Mindor, un crucero de lujo clase Dama de Astilleros Shobquix, recorre el Sector Corporativo bajo el auspicio de Tours de la Autoridad. Embarcando en el mundo fronterizo de Dis, el Dama visita Bonadan, Reltooine, Ammuud, y varios sistemas más.
Nuestro Princesa Kuari, un Crucero Estelar MC80 reducido, es la nave insignia del Gran Tour Galáctico de cuatro semanas de GalaxyTours. Embarcando en Corellia, el Princesa pone a su alcance los románticos desiertos de Tatooine, los complejos de juego de Bespin, y el esplendor imperial de Coruscant.
Tras el éxito del Princesa Kuari, recientemente hemos lanzado un Crucero Estelar MC80 de tamaño estándar, el Emperatriz. Con sus buenos 1.200 metros de proa a popa, este crucero ofrece camarotes más grandes y un mayor rango de entretenimientos y actividades. También encontrará el primer complejo de biosfera a bordo de una nave, gestionado por una plantilla de ecólogos ithorianos y ho’din, donde usted puede regresar a la naturaleza sin el peligro o la incomodidad asociada a los mundos no desarrollados. El Emperatriz parte de Coruscant y visita el paraíso oceánico de Pantolomin, el casino orbital de La Rueda, Berchest (afamado por sus mercados y la Ciudad de Cristal Brillante), e Hijarna, donde los pasajeros pueden participar en una expedición arqueológica y una búsqueda del tesoro por las legendarias ruinas del planeta.
Cada uno de nuestros cruceros de lujo ofrece la mayor calidad en servicio, restauración, entretenimiento y alojamiento. Un crucero típico de cuatro semanas puede costar la ínfima cantidad de 1.000 créditos por una habitación económica de doble litera. Para aquellos que sólo se conforman con lo mejor, ofrecemos la Suite Real Deluxe –completa con ventanilla personal y 1.000 metros cúbicos de espacio privado- por 10.000 créditos. Podemos ofrecer este rango de alojamientos gracias a nuestro sistema único de llaves de paso, que limita a algunos pasajeros a sus cubiertas designadas mientras permite a otros libre acceso a todas las cubiertas de pasajeros de la nave.
Para más información, por favor contacte con GalaxyTours o con su oficina de Translineas Corellianas más cercana.

Guía paso a paso del viaje espacial
Aquellos de ustedes que realicen por primera vez un viaje espacial, o que elijan por primera vez Translineas Corellianas, por favor lean la siguiente guía paso a paso para descubrir cómo hacemos este proceso totalmente carente de molestias, desde el momento en que reserva un vuelo hasta cuando le deseamos “cielos despejados” en su destino.

Reservar un vuelo
Translineas Corellianas posee oficinas en cada planeta importante: capitales de sector, mundos con una población civilizada superior a dos mil millones o con un espaciopuerto de clase imperial, y mundos señalados como sistemas comerciales principales. Adicionalmente, puede contactar con nuestras muchas oficinas de reservas mediante unidades de comunicaciones subespaciales o por las redes de comunicaciones planetarias.
Nuestros amables agentes reservarán el vuelo que sea adecuado para usted. Si llama con tres meses estándar de antelación, recibirá un 20 por ciento de descuento. Reservas realizadas con más de seis meses estándar de antelación poder ser sujetas a cambios, en caso de que nuestro programa de vuelos se vea alterado por cualquier motivo. Dichos cambios serán notificados adecuadamente.
Una vez que se verifique el pago, le enviaremos sus billetes junto con etiquetas de duraplástico para su equipaje.

Facturación y aduanas
Por favor, llegue al espaciopuerto con al menos dos horas de antelación. De este modo tendrá tiempo de sobra para pasar por las aduanas y reaccionar ante cualquier cambio en el horario de su vuelo. En el espaciopuerto, realice la facturación en el mostrador de Translineas Corellianas, donde recibirá su autorización de embarque y se le solicitará que rellene un formulario de Declaración de Aduanas. Luego diríjase a Aduanas. Allí, personal de seguridad le examinará a usted y a su equipaje.
Por su seguridad, no se permiten a bordo de la nave armas, explosivos y determinados dispositivos electrónicos; sin embargo, siempre que posea la licencia adecuada, su equipaje puede transportar casi cualquier cosa. Esto no incluye cualquier cosa que haya sido declarada ilegal bajo las leyes imperiales; en tal circunstancia, el artículo será confiscado, el portador detenido, y se notificará a las autoridades pertinentes.
Nuestros inspectores de aduanas también le advertirán de cualquier restricción o legislación única que pueda haber en su lugar de destino acerca de cualquier cosa que lleve consigo. Siempre que sea posible, pueden comunicarse de antemano y poner en marcha los procesos de licencia adecuados.

La espera hasta el embarque
Mientras espera la llamada de embarque, aproveche las holopantallas, tiendas y cafés que rodean los vestíbulos de la mayoría de espaciopuertos.
El embarque comienza 20 minutos antes de la partida. Comienza llamando a bordo a los ancianos y enfermos, a aquellos con niños pequeños, y a cualquier ser que necesite algún trato especial, y luego se procede por número de asiento. Por favor, tenga preparada su autorización de embarque.

El viaje
Siéntese y disfrute del trayecto. Si su vuelo incluye una escala, siéntase libre de hacer el uso que desee de ese tiempo, pero sugerimos que regrese a la nave con tiempo suficiente. Translineas Corellianas se ciñe a un horario muy estricto. Nuestros vuelos no esperarán a los rezagados.

Llegando a su destino
Diríjase al departamento de equipajes para recoger sus pertenencias. Si su equipaje contiene alguna cosa que requiera un permiso especial, será redirigido al lugar de inspección de las aduanas locales, donde tendrá que reclamarlo, pagar cualquier tasa, o realizar otras gestiones. Tenga también en cuenta que en ciertos planetas –especialmente en el Núcleo- se requiere que cada visitante pase por una segunda inspección de aduanas para verificar su identificación, determinar la razón y duración de su estancia, y volver a examinar su equipaje.
En cualquier caso, recomendamos que lleve consigo su identificación válida y todas las licencias y permisos para evitar ser retenido.
Y eso es todo. Esperamos que elija Translineas Corellianas para todas sus necesidades de viaje espacial.


* Las rutas y horarios pueden variar dependiendo del sistema.
También tenemos nodos en los sectores Brak, Kira y Rayter para viajes hacia y desde ciertos lugares en los Bordes Medio y Exterior; para esas rutas y horarios, por favor consulte sus listados de datos locales.

martes, 30 de diciembre de 2014

El fin de la historia


El fin de la historia
Alexander Freed

Antron no sabía mucho acerca de cazas estelares, pero tenía la fuerte sensación de que un ala debía estar pegada a su nave, y no dispersa en fragmentos ardientes entre los arbustos azules de las llanuras de una luna sin nombre. Mientas apartaba nubes de humo, maldiciendo su edad y su abultada barriga, decidió que era muy probable que el piloto de este caza estelar en concreto –que apenas una hora antes había caído como un ardiente meteorito pasando sobre la meseta a la que Antron llamaba hogar- estuviera de acuerdo.
Esperaba que esa no fuera la única cosa en la que él y el piloto estuvieran de acuerdo, ya que carecía del carisma o los músculos para mantener a raya a un airado pirata o a un criminal fugitivo. Pero se tranquilizó lo mejor que pudo:
-El Maestro Jedi Vonkhel consiguió hacerse amigo del Señor Sith de Gairm –murmuró-. Todo lo que tienes que hacer es no reconocer ninguna estupidez.
Conforme Antron se acercaba a la cabina del caza estelar, el parabrisas saltó, se estremeció y luego se fue alzando poco a poco. Una figura con un traje de vuelo cubierto de carbonilla, grasa y sangre seca trepó fuera de la nave y saltó tambaleándose a tierra.
La voz de la figura era tensa y aguda.
-Necesito encontrar a Antron Bach.
Antron se quedó inmóvil un instante, luego se apresuró a avanzar y vio bajo la mugre a una mujer lo bastante joven como para ser su nieta.
-Yo soy Antron Bach –dijo, antes de advertir que la mano de la mujer estaba posada sobre el bláster de su cadera. Se acabó lo de no reconocer ninguna estupidez, pensó.
-Soy Miru Nadrinakar –dijo la mujer-, de la Resistencia Corelliana. Tenemos que salir corriendo.
Antron comenzó a formular una pregunta, pero mientras elegía de entre la media docena de ellas que le venían a la mente, pudo ver algo a través del humo; un trío de luces en el cielo, parpadeando y siguiendo una ruta quebrada entre las estrellas.
-Cazas TIE –explicó Miru. Avanzó cojeando y pasó su brazo sobre los hombros de Antron para apoyarse. Apestaba a sudor, y él se encogió ante su inesperada cercanía-. Su fragata está al otro lado del sistema –añadió, y mostró una sonrisa sombría-. Me ocupé de sus motores. Tardará unas tres horas en llegar aquí.
Antron caminó a trompicones mientras Miru le instaba a alejarse de los restos, y luego rápidamente encontró el ritmo adecuado conforme la conducía cruzando los matorrales de la llanura hacia la meseta. Ella cojeaba de la pierna derecha, y aunque Antron trató de buscar algún comentario superficial para distraerla de su dolor, se lo pensó mejor cuando vio la concentración en sus ojos.
Las luces parpadeantes sobre sus cabezas se volvían más brillantes.
-Me he ocultado otras veces de las patrullas imperiales –dijo, tratando de infundir valor con su voz-. Cerraremos las escotillas, les haremos pensar que estás vagando por las llanuras...
Miru le interrumpió, seca y brusca.
-Nada de ocultarse –dijo-. Necesito armas y transporte de inmediato.
-¿Cómo dices? –preguntó Antron.
Miru agarró a Antron con más fuerza mientras caminaban.
-El Imperio está planeando una purga en las células de resistencia. Tengo un día para llegar a Corellia y advertirles.
La voz de Antron bajó una octava.
-Busquemos un refugio –dijo.
Cuando alcanzaron las sombras de la meseta y Antron se volvió hacia la cara del acantilado, escucharon el sonido del trueno. Antron no había visto una tormenta en todos los años que llevaba en la luna.
-Están bombardeando el lugar del accidente –dijo Miru, y Antron asintió y buscó coraje en su interior.
Se recordó a sí mismo: El Maestro Jedi Va Zhurro pasó seis meses cuidado de unos refugiados en un sótano durante las Guerras Clon. Antron podría sobrevivir a un bombardeo de uno o dos días.
En la base de la meseta, donde los esqueléticos y retorcidos arbustos de vegetación no conseguían trepar por la escarpada pared, Antron condujo a Miru a través de una grieta apenas más ancha que sus hombros. La grieta, sin embargo, conducía a una gran puerta de acero insertada en la piedra casi camuflada por el polvo.
Con un gemido, Antron trepó sobre un pedrusco. El oxidado panel de mandos de la puerta estaba a más de dos metros sobre el suelo, y se esforzó por introducir el código.
-Los geonosianos colonizaron este lugar hace siglos –dijo mientras la puerta se abría con un zumbido- y lo abandonaron no mucho después. La meseta está plagada de madrigueras. El único problema es que la mayoría de los geonosianos vuelan, y yo no soy un tipo alto.
Miru no dijo nada mientras Antron volvía a su lado. Él suspiró y le hizo avanzar por un túnel al interior de la cámara.
En una gran caverna soportada por pilares de metal desnudo, se amontonaban estante tras estante de cartuchos de datos brillantes y parpadeantes que hacían resplandecer el aire polvoriento. Entre los estantes había largas mesas con curiosos artilugios: pergaminos escritos a mano y vajillas de plata compartían protagonismo con cubos cristalinos delicadamente tallados y una mano cibernética de seis dedos. Algunos de los objetos habían sido conservados y cuidados con esmero, mientras que otros mostraban manchas u óxido que Antron había sido incapaz de evitar.
-¿Qué es todo esto? –preguntó Miru.
-Esto –dijo Antron, con una ligera sonrisa y un movimiento de la mano- es lo que queda de los Jedi de la Antigua República.
Miru agitó la cabeza y luego siguió avanzando, caminando intranquila entre los estantes.
Antron continuó.
-Estás contemplando generaciones de historia: diarios, archivos del templo, tratados filosóficos. Sables de luz rotos y cosas por el estilo. Vestigios de un mundo mejor. Todo lo que el Imperio quiere que olvidemos.
Miru se volvió hacia Antron, con los ojos abiertos como platos.
-¿Eres...?
Antron le devolvió la mirada; entonces se dio cuenta de lo que le estaba preguntando y soltó una carcajada.
-No, no soy un Jedi. Vendía antigüedades antes de los tiempos oscuros. Hice amistad con varios Jedi porque consigues mejores precios cuando te tomas algo con tus clientes... aunque sólo te estés tomando un té.
Durante un instante, Antron recordó los buenos viejos tiempos, riendo con contrabandistas, académicos o arqueólogos en una cantina de Coruscant; tasando cachivaches o intercambiando historias con Padawans. Echaba de menos tomar algo con ellos. Echaba de menos hablar con ellos.
Se pasó una mano por el cabello que le quedaba.
-Cuando todo comenzó a ir mal, y el Maestro Uvell me pidió que ayudara... –Sonrió amargamente-. ¿Sabes que una vez me llamó charlatán de feria? No fue demasiado amable por su parte, pero luego me dio una nave, la cargamos con todos los objetos que pudimos encontrar y me habló de este lugar. Debía de estar desesperado.
Miru no dijo nada. Antron se sintió obligado a llenar el silencio.
-He estado aquí desde entonces. No fue demasiado inteligente por mi parte, pero no me gustaba demasiado el aspecto del Imperio, y no tenía agallas para decirle “no” a un héroe de guerra como Uvell...
-Tu nombre y coordenadas estaban en un viejo archivo de la resistencia. Tus Jedi debieron transmitirlo –dijo Miru. Levantó un fragmento de metal de una mesa y le dio vueltas entre sus manos; la última de las Crónicas de Med’eeth, recuperada de las ruinas de Ossus antes de que Antron hubiera nacido-. No sé mucho sobre ellos –dijo-. Era una niña cuando murieron.
-Para eso estoy yo aquí –dijo Antron, relajando su voz-. Cuando el Imperio caiga finalmente, dentro de cien o de mil años, la galaxia tendrá que volver a aprender muchas cosas. Los Jedi eran los mejores de todos nosotros, y quiero que sus historias perduren.
Miru frotó el metal carbonizado con su pulgar.
-La gente merece una historia y héroes en los que poder fijarse –continuó Antron-. Por eso no puedo ayudarte a escapar a Corellia. Si los imperiales ven despegar una nave...
-Sabrán que aquí hay una base. El Imperio te encontrará y lo quemará todo.
-Sí –dijo Antron.
Miru arrojó el fragmento de metal sobre la mesa y el sonido resonó por toda la caverna. Se enderezó, con una mueca de dolor debida al ruido o a sus heridas, y miró a Antron.
-Entonces lo siento –dijo-. No estoy aquí para poner en peligro tu misión. Pero la resistencia tiene más prioridad que... –hizo un gesto con la mano señalando los fragmentos-... las historias.
Se pusieron en pie y se miraron mutuamente durante un rato.
Entonces Antron soltó un bufido y forzó una sonrisa.
-Bueno –dijo-, puedes volver a tu nave si quieres. O si no, podemos trabajar juntos, de momento, para salvar nuestras dos vidas.
Miru se limitó a fruncir el ceño.
-No le serás útil a la resistencia si mueres –añadió Antron encogiéndose de hombros.

***

-La buena noticia –le dijo Antron a Miru mientras reptaban por estrechos túneles que ascendían hacia la meseta- es que las madrigueras de la colonia son bastante robustas. Y difíciles de localizar, además. Los bombarderos no deberían preocuparnos.
-¿Y la mala noticia? –preguntó Miru.
-Tan pronto como esa fragata imperial se acerque, hasta el oficial de puente más obtuso detectaría el generador de energía de la colonia. Necesitamos apagarlo, o no pasará demasiado tiempo hasta que descubran la cámara y la fragata convierta toda esta meseta en átomos. Eso es malo para nosotros, sean cuales sean tus prioridades.
”Sin generador –continuó Antron-, significará que no habrá luz, agua, ni aire filtrado. Estaremos incómodos mientras nos ocultamos, pero con el tiempo tus perseguidores te darán por muerta o desaparecida en las llanuras. Una náufraga sin aliados.
-Para entonces –dijo Miru con tono uniforme- será demasiado tarde para salvar a la resistencia.
El generador estaba cerca de la cima de la meseta, explicó él, en el antiguo centro industrial de la colonia; ahora sólo albergaba unas pocas máquinas anticuadas y la desvencijada nave de Antron. Los túneles les ayudarían a recorrer parte del camino, pero evitar los pozos verticales geonosianos significaba que había que tomar un desvío por la pared del acantilado.
-A menos –añadió él- que tengas alas escondidas bajo ese mono de vuelo.
Mientras las nubes de polvo se arremolinaban y las bombas retumbaban, Antron y Miru salieron a un sendero a mitad de camino de la cima de la meseta y comenzaron a ascender hacia su destino por una pendiente plagada de zarzas.
-Faltarán unas dos horas hasta que llegue la fragata –dijo Miru en voz baja.
-Tiempo suficiente –respondió Antron, temiendo que no lo fuera.
Mientras caminaban, deteniéndose sólo para echarse al suelo cada vez que un caza TIE pasaba atronador sobre ellos, Antron se encontró tarareando fragmentos de una vieja ópera bith: la historia de un Caballero Jedi que regresaba para salvar a su pueblo tras viajar por las estrellas. Desde que Antron había llegado a esa luna, sus opciones musicales habían quedado limitadas; le había cogido cierto apego a la Canción de Lojuun.
Miru había estado con el ceño fruncido, cojeando detrás de Antron y examinando el horizonte por si aparecía el enemigo. Pero cuanto más elaborado se volvía el desafinado tarareo de Antron, más comenzaba a sonreír ella, hasta que finalmente dejó escapar una sonora carcajada.
-Eres terriblemente alegre -dijo, cuando coronaban la cuesta.
-Yo también estoy petrificado –dijo Antron-. Pero los Jedi decían que el miedo conduce al sufrimiento, así que intento mantener la mente ocupada.
-Cuando vives bajo el Imperio, aprendes a tener miedo.
-Tal vez por eso tanta gente... –comenzó a decir Antron, antes de que la mano de Miru le golpeara con fuerza entre los hombros, haciéndole caer de rodillas. Por un instante, Antron se preguntó si la había juzgado mal; tal vez había decidido deshacerse de él y probar suerte por sí misma.
Un segundo más tarde, Miru se había tumbado a su lado, y Antron se avergonzó de haber dudado.
Juntos, miraron hacia delante, a la cima llana de la meseta. A menos de cincuenta metros de distancia, cuatro figuras –tres de ellas con armaduras blancas y una con el uniforme negro de un oficial imperial- merodeaban por el borde del acantilado sosteniendo sensores de rango y macrobinoculares.
Miru habló en voz baja y entrecortada.
-Coordinadores de búsqueda. Pensé que se establecerían en el lugar del accidente. Deben de haber buscado un punto elevado. Se quedarán vigilando, mientras más soldados buscan en el terreno.
-Están prácticamente encima de la escotilla del generador –susurró Antron-. Está oculta, pero si la encuentran...
-Necesitamos un nuevo plan –dijo Miru-. ¿Puedes sacarnos del planeta?
Antron negó con la cabeza.
-Tengo una nave, pero apenas puede alcanzar la velocidad de la luz. Esa fragata no tendrá ningún problema para derribarnos.
Miru le apretó el hombro para darle confianza.
-Ya pensaremos en algo. No tenemos elección. Llévanos allí.
Pero Antron no se movió.
-¡Si huimos, detectarán la colonia y destruirán la cámara! –insistió-. Esperemos a que se vayan esos cuatro; luego entramos por la escotilla y apagamos el generador.
-No van a irse –dijo Miru-. ¿Dónde está tu nave?
En lugar de responder, Antron se puso en pie y comenzó a correr por la cima de la meseta. Le temblaban las piernas mientras agitaba frenéticamente los brazos para llamar la atención de los soldados de asalto.
-¡Estáis aquí! –gritó-. ¡Gracias a las estrellas que estáis aquí!
Ya eres un viejo loco y excéntrico, pensó Antron para sí mismo. Cíñete al papel y todo irá bien.
Los soldados de asalto le apuntaron con sus armas.
-Esta es mi luna –explicó Antron apresuradamente-. Vi el accidente... una pirata me atacó. ¡Salió corriendo! ¡Os enseñaré donde ha ido! –dijo, señalando vagamente los bosques secos más allá de las llanuras con arbustos.
Dos de los soldados de asalto se volvieron para hablar con el oficial. El tercero mantuvo su arma apuntando a Antron.
Finalmente, uno de los soldados –Antron no pudo distinguir cuál de ellos- alzó la voz.
-Al suelo. Se suponía que esta luna estaba deshabitada.
Antron se puso de rodillas y trató de seguir farfullando acerca de piratas incluso cuando se quedó sin nada nuevo que decir. Pero pensaba que podía hacer que la idea funcionara. No necesitaba un truco mental Jedi para dirigir la búsqueda lejos de la meseta. Sólo esperaba que Miru siguiera sus instrucciones.
Ella podría apagar el generador. Podría esconderse. Y Antron podría encontrarla una vez convenciera a los soldados de asalto de que él sólo era un ermitaño loco y de que ella había salido corriendo hacia los bosques o había quedado desintegrada por la explosión de una bomba.
A menos, por supuesto, que Miru robase su nave y expusiera la colonia de todos modos.
Antron escuchó el sonido de botas crujiendo sobre hierba quebradiza, y luego el chasquido y el siseo de un disparo de plasma. Gritó dejándose llevar por el pánico instintivo y agarró con fuerza el suelo rocoso.
Entonces se oyó otro disparo. Y un tercero.
Gateó hacia atrás, arañándose las palmas de las manos con esquirlas de piedra y manteniendo la nariz pegada al suelo. Para cuando consiguió reptar tras un pedrusco que podía servirle de refugio, los disparos habían cesado.
Alzando la cabeza, Antron vio los cuatro imperiales tendidos en el suelo, con llamas lamiendo los agujeros carbonizados de sus vestimentas.
-Tu plan era estúpido –dijo una voz. Se volvió para ver a Miru cojeando hacia él, con su bláster en la mano-. Te habrían matado y se habrían quedado justo aquí.
Antron se puso en pie y la miró fijamente, murmurando sonidos que no llegaban a formar palabras. Miru frunció el ceño, acercándose a Antron y apoyándose de nuevo en él.
-Ya no necesitan buscar más –dijo, y Antron se dio cuenta de que tenía razón. Súbitamente, el aullido de los cazas TIE se había vuelto más fuerte.

***

La bomba más cercana estalló a menos de cien metros de distancia, ensordeciendo y cegando a Antron. Durante esos escasos segundos aterradores, Miru siguió avanzando, empujando a Antron con una fuerza que debería haber perdido con el accidente.
Pero no parecía que los TIEs les estuvieran viendo. La mente aturdida de Antron se esforzaba por comprender antes de alcanzar de pronto una conclusión: El Imperio suponía que Miru había matado al equipo de aterrizaje, y estaba bombardeando su última posición conocida.
Todavía no sabían nada sobre Antron o la cámara.
Para cuando Antron y Miru descendieron por una escotilla a los túneles industriales de la colonia, la piel de Antron estaba cubierta de una pasta formada por polvo y sudor. Miru le observó mientras se apoyaba contra un muro de roca cubierto con tuberías metálicas y tenues lámparas amarillas. Ella sudaba aún más que él, y en algún momento –durante la lucha o el bombardeo, si no horas antes- había recibido un corte en el brazo izquierdo. La sangre le goteaba en la palma de la mano.
-Gracias –dijo Antron-. Por salvarme la vida. Varias veces.
Miru se encogió de hombros.
-¿Quién cuidará de este lugar si te vuelan en pedazos?
Antron sonrió con tristeza.
-Si me vuelan en pedazos, este lugar es lo siguiente.
Los túneles temblaron y se escuchó en la distancia un gemido metálico cuando algo se soltó y cayó. Miru tomó el brazo de Antron y comenzó a caminar de nuevo.
-Mi padre era historiador –dijo.
Antron meneó la cabeza, tratando de seguir su lógica.
Miru siguió hablando.
-Creía en los Jedi. Creía en la República. Antes de que el Imperio le alcanzara. –No miraba a Antron mientras hablaba-. No recuerdo la vida antes del Imperio –dijo-. No sé si tu caverna llena de historias sirve para algo. No puedo saberlo.
Llegaron a una bifurcación en el túnel, y Miru se detuvo, esperando que Antron abriera la marcha.
-Pero tú crees en estas cosas. Casi mueres por ellas. Si dices que tu misión tiene más prioridad... podemos hacerlo a tu manera.
Antron contempló con sorpresa a Miru, viéndola de pie, tan erguida como podía a pesar de su extremo cansancio, sus magulladuras y corte, esperando sus órdenes sin emitir la menor queja.
Escuchó un tenue rumor lejano y pensó en el Padawan Jedi Nes Ukul, que había dado su vida protegiendo a una especie cuyo idioma era incapaz de hablar en un planeta cuyo nombre desconocía.
Fue el Maestro de Ukul quien dijo: “No hay acto más desinteresado que perecer por la causa de otra persona.”
Antron tragó saliva, pensó en elogiar a Miru, en darle las gracias, y decidió no hacerlo. Ella no parecía necesitar consuelo, y él no tenía dignidad suficiente.
-Ve por la izquierda, y yo iré por la derecha –dijo-. Hay un generador de apoyo que necesitas apagar mientras yo me encargo del primario.
Miru frunció el ceño.
-¿Podrás apañártelas solo? –preguntó.
Antron agitó la mano, restándole importancia.
-Estoy viejo y gordo, pero puedo caminar por un pasillo. ¡Vete!
Miru cojeó en la oscuridad. Antron giró sobre sus talones y se dirigió por un pasillo estrecho, saliendo a una cámara con hileras de consolas y abarrotada de cajas de suministros y herramientas. El generador zumbaba reconfortante bajo el suelo, y después de examinar el entorno se limpió el sudor de la frente y se puso manos a la obra.
Pensó en Miru, y en como en unos instantes llegaría a la bahía del hangar y se daría cuenta de que le había mentido acerca del generador de apoyo. Tendría que dejarla encerrada allí por si acaso trataba de volver y encontrarle. Después de eso, podría dar potencia a las puertas del hangar para que pudiera montar en la nave, alejándose de la meseta y de la luna.
También estaba la fragata imperial. Tenía que crear una distracción para dar a Miru alguna posibilidad de escapar intacta del sistema. Para eso, más que un plan lo que Antron tenía era un puñado de tácticas dilatorias: La rutina del “viejo confuso”; tal vez un mensaje falso del equipo de búsqueda. En algún lugar, la colonia incluso tenía unas cuantas armas esperando a ser activadas; con suerte, podrían funcionar.
Antron pulsó un comando en la estación de trabajo, y luego rebuscó en una caja, buscando los planos de la colonia.
Mientras depositaba una caja de herramientas sobre una tercera consola y se sentaba con un suspiro, se preguntó si Miru entendería qué le había hecho cambiar de opinión.
Pensó en todos los Jedi cuyas historias había leído, sus nobles acciones, sus nobles muertes. Miru no necesitaba su inspiración; había aprendido la nobleza incluso bajo las botas del Imperio. Y ella le había recordado los ideales que él quería proteger.
Sacrificar la cámara sería una tragedia. Sacrificar a la resistencia –sacrificar a hombres y mujeres duros y valerosos que luchaban cada día- no parecía algo muy propio de un Jedi.
Los Jedi morían protegiendo a las personas por encima de las cosas.
Antron tarareaba de nuevo mientras limpiaba con la manga el polvo de una pantalla y veía cómo su nave cobraba vida. Miru había captado la idea.
La sala del generador tembló, con las vigas de metal gimiendo como cazas TIE, cuando golpeó otra bomba. Activó los escáneres, los vio parpadear mientras la fragata imperial se colocaba en órbita alrededor de su luna. Hizo chasquear sus nudillos y trató de no pensar en la cámara. Tenía un trabajo que hacer. De un modo u otro, Miru escaparía ilesa.
Y tal vez si tenía suerte –si la Fuerza le acompañaba- la cámara sobreviviría después de todo. Si la meseta se derrumbaba bajo una tormenta de plasma, algún investigador con iniciativa podría excavar los escombros dentro de uno o dos siglos. Y si de algún modo Antron sobrevivía a la experiencia, bueno…
Se rio mientras recordaba una última historia y una última lección: Puede que los Jedi se sacrificaran a sí mismos, pero jamás abandonaban la esperanza.

martes, 23 de diciembre de 2014

Emisiones sombra de la CSI (VII)

Edición emitida en 14:10:05

Los neimoidianos doblan la tasa de reclutamiento

Koto-Si, Neimoidia – En respuesta a un decreto emitido por la Oficina del General del Ejército Separatista, las Legiones de Defensa Local Neimoidianas han doblado el servicio de reclutamiento, y han llamado a todos los reservistas para la protección activa de Neimoidia y los mundos-bolsa coloniales de Deko Neimoidia, Koru Neimoidia y Cato Neimoidia.
El general ha dirigido el grueso de los ejércitos droides proporcionados por la Unión Tecnológica a las campañas del frente a lo largo de los bordes Medio y Exterior. Sin embargo, recientes incursiones de misiones de reconocimiento de la República en espacio neimoidiano han causado el incremento de la seguridad planetaria.
“Las sucias mentiras del enemigo nos describen como cobardes”, dijo el virrey Nute Gunray en un comunicado público a su pueblo. “Demostraremos nuestra ferocidad mientras les vemos sufrir. Nuestros droides carentes de corazón son imparables. Imaginad lo tenaces que seremos nosotros para defender nuestra tierra y nuestras riquezas.”


Grupo de vigilancia Jedi en la HoloRed

Nodo del Borde Exterior – Investigación Popular, un grupo ciudadano de vigilancia a los Jedi, ha continuado emitiendo una señal de HoloRed regular, a pesar de las repetidas órdenes de la Comisión de HoloComunicaciones de la República de que abandonaran.
El mes pasado, la líder Thrynka Padaunete comenzó a transmitir desde un canal de información público en un nodo de HoloRed ubicado en Coruscant. Su programa semanal consiguió decenas de millones de suscriptores antes de que fuera cancelado por la CHC debido a “licencias inadecuadas” y “violaciones de la pureza de la señal”.
“La verdad no será silenciada”, anunció desde su recién resucitado canal de información, ubicado en un nodo desconocido de la HoloRed, en el Borde Exterior. “Continuaremos observando sin parpadear las repugnantes acciones de la Orden Jedi durante esta horrenda guerra instigada por la República.”
El grupo de vigilancia ha llevado sus esfuerzos a la HoloRed después de que las decisiones políticas acerca de las protestas en Coruscant–de acuerdo con Padaunete- “hayan hecho que sea peligroso expresar públicamente una opinión impopular”. Las manifestaciones en el exterior de la Rotonda del Senado han sido prohibidas en los terrenos de seguridad incrementada, y muchos miembros de Investigación han sido encarcelados después de que la última protesta fuera dispersada.
“Nuestra nueva presencia en toda la galaxia tiene mayor alcance de lo que tuvo jamás nuestra mayor manifestación de protesta”, explicó Padaunete en su discurso holográfico. “Ya hemos recibido respuestas de mundos que ni siquiera están en la República, con más relatos del atroz abuso llevado a cabo en nombre del Canciller y el Consejo Jedi.” La última emisión de Padaunete incluye testimonios oculares de mundos tan dispersos como Atrakus, Teyr, Haruun Kal y Berchest.
“La cantidad de poder que los Jedi han reunido desde el comienzo de este conflicto es poco menos que aterradora”, dijo Padaunete. “Sabiendo que los separatistas son dirigidos por uno de sus propias filas, estoy convencida de que la República es sólo una mota insignificante en su lucha interna por el poder.”
Para ver el canal de información, sintonicen sus transceptores en HS1204.8826.33931.2.dh. Como siempre, las Emisiones Sombra de la CSI advierten que los usuarios deben conectar con emisiones ilegales bajo su cuenta y riesgo.