viernes, 1 de agosto de 2014

Crisis de fe (y XVII)


El único altavoz restante estaba a menos de doscientos metros de los juggernauts detenidos y los tres mil quinientos Soldados que se encontraban rígidos junto a ellos. Fel los observó con cautela mientras mantenía su TIE flotando a la defensiva sobre la plataforma de apoyo, preguntándose si decidirían que debían tomar algún tipo de acción contra la lanzadera, desde la que en ese momento un par de técnicos descendían a la plataforma junto al conjunto de altavoces.
Pero no hicieron nada. Se les había ordenado atacar a los juggernauts, habían hecho eso, y ahora estaban esperando más instrucciones.
-Paciencia –murmuró Fel.
Hubo movimiento junto a la escotilla destrozada de uno de los juggernauts, y dos de los Elegidos de Nuso Esva salieron al exterior, con sus ojos amarillos brillando bajo la luz del sol. Uno de ellos señaló a Fel, y alzaron sus blásters.
Fel acabó con ambos de un solo disparo. Una vez más, los Soldados quesoth no hicieron nada.
Fel echo un rápido vistazo a las escotillas del resto de los juggernauts, y luego realizó otro escaneo de la zona para asegurarse de que no había más de los Elegidos supervivientes lanzándose al ataque. Tal y como Thrawn había ordenado, había dejado intacto este altavoz en concreto, limitándose a cortar los cables de control, energía y comunicaciones que llegaban a él. Eso significaba que los técnicos no sólo tendrían que instalar el mensaje especial en Lenguaje de los Soldados que Thrawn había preparado, sino que también tendrían que derivar energía desde los generadores de la lanzadera.
Con las tropas de as alto de Sanjin luchando todavía por sobrevivir contra su propia masa de Soldados, Fel esperó que los técnicos se dieran prisa.
A dos calles de distancia, otros dos Elegidos más se acercaban con cautela. Fel hizo girar su TIE unos grados en esa dirección y esperó a que salieran al descubierto.
Y entonces, se pronto, los altavoces cobraron vida tras él, llenando el aire con un volumen e intensidad que podía sentir a través de la parte inferior del casco de su TIE mientras el mensaje de Thrawn sonaba atronador por esa parte de la ciudad. El mensaje acabó y comenzó a repetirse.
Por un momento no ocurrió nada. Fel contuvo el aliento...
Y entonces, todos a una, los Soldados junto a los juggernauts comenzaron a moverse. Fluyendo sobre el terreno, más parecidos a un fluido oscuro que a un conjunto de seres individuales, ascendieron por la colina hacia el palacio.

***

Una vez más, los Soldados se habían abierto paso hacia las ventanas de la casa, y Sanjin y los soldados de asalto restantes se habían retirado a una de las habitaciones interiores para realizar su última resistencia, cuando Lhagva escuchó el débil sonido de los altavoces por encima del ruido de los disparos bláster y los golpes de mazas y espadas. Frunció el ceño, sorprendido ante el extraño mensaje... Y entonces, sin una sola palabra, los Soldados bajaron las armas. Dándose la vuelta, se marcharon rápidamente a través de las puertas y los agujeros que habían abierto a golpes en los muros, dirigiéndose a la ciudad.
Dejando a los soldados de asalto jadeando en medio de una habitación vacía.
Sanjin fue el primero en encontrar su voz.
-¿Qué demonios ha sido eso? –preguntó.
Con un esfuerzo, Lhagva consiguió llevar algo de humedad a su boca seca por el combate.
-¿No ha escuchado el altavoz, verdad?
-No, creo que una maza me estaba martilleando en ese momento –dijo Sanjin, frotándose cuidadosamente y en vano el costado de su casco-. Estas cosas no bloquean ese tipo de golpe ni la mitad de bien de lo que me gustaría. ¿Qué ha pasado? ¿Se ha rendido la Reina?
-No lo creo –dijo Lhagva-. Parecía algo preparado por Thrawn.
-Creía que no se podía falsificar el Lenguaje de los Soldados –dijo uno de los otros mientras se arrodillaba junto a un soldado de asalto caído, con su botiquín de campaña en la mano.
-No lo ha hecho –dijo Lhagva-. Parecía ser simplemente una grabación sin editar, obtenida directamente de boca de la Reina.
-¿Y qué decía? –preguntó Sanjin.
-Cruzad las puertas de la Morada –tradujo Lhagva -. Rodead y proteged a los Huéspedes.
-¿Pero eso no es una orden para que los Soldados protejan a Nuso Esva? –protestó uno de los soldados de asalto-. ¿Cómo nos va a ayudar eso?
-Porque –dijo Sanjin, y Lhagva pudo imaginarse la sonrisa oculta por su casco- Nuso Esva lo ignora.

***

Nuso Esva todavía estaba apuntando con su arma a la Reina cuando uno de los otros cabello tormentoso dijo algo en su extraño lenguaje. Nuso Esva ladró algo en respuesta y dio un paso adelante.
-¿Qué les ha dicho? –preguntó-. ¿Qué órdenes ha dado a sus Soldados?
-No he dado ninguna orden –dijo la Reina-. No puedo dar ninguna...
-¡No me mienta! –bramó Nuso Esva, dando otro paso adelante-. Se ha dado una orden. Usted es la única que puede dar tales órdenes. –Dio otro paso hacia ella-. Y ahora todos están viniendo hacia aquí –continuó, bajando súbitamente el tono de su voz-. ¿Por qué están viniendo, Reina de los Rojos?
-No lo sé –dijo la Reina-. Cando lleguen, les preguntaré.
Nuso Esva soltó un bufido.
-No. No lo hará.
Abruptamente, su arma escupió un destello de fuego, y la Reina se desplomó hacia delante sin emitir ningún sonido.
Muerta.
Trevik se quedó boquiabierto, con el cuerpo tenso mientras miraba incrédulo y horrorizado la figura sin vida de la Reina. Ese no era el modo en que morían las Reinas de Quethold. Ese nunca había sido el modo en el que morían las Reinas. Tenuemente, a través del zumbido de la sangre que cruzaba rugiendo sus oídos y su cerebro, escuchó el sonido de más fuego bláster.
-Tú. Traidor.
Trevik giró su rostro. Nuso Esva le estaba mirando, con su arma apuntando directamente al rostro de Trevik.
Y sólo entonces se dio cuenta de que había cuerpos de quesoth muertos por todo su alrededor. Los Obreros, Borosiv de los Circúleos de los Primeros de los Rojos... todos ellos estaban muertos.
Todos ellos habían sido asesinados.
-Vas a llevar a Thrawn un mensaje de mi parte –dijo Nuso Esva, con voz lúgubre y desafiante.
Y pese a todo, bajo la determinación del señor de la guerra alienígena, de algún modo Trevik podía sentir un punto de amarga melancolía. Había cuatro mil Soldados avanzando hacia el palacio, y sabía que su propia muerte avanzaba con ellos.
-Dile a Thrawn que puede que piense que ha ganado –continuó Nuso Esva-. Pero con mi muerte, la suya no estará lejos. Mis seguidores siguen estando ahí fuera, y son mucho más numerosos de lo que jamás podría imaginar. No importa dónde vaya, no importa dónde trate de ocultarse, le encontrarán. Le dirás eso.
Con un esfuerzo supremo, Trevik hizo que las palabras salieran de su boca.
-Se lo diré –prometió.
Por un instante, Nuso Esva se quedó inmóvil. Luego, finalmente, bajó su arma.
-Ve –ordenó.
Trevik estaba en el límite de los terrenos de palacio, abriéndose paso entre las líneas de los Soldados que llegaban, cuando los cabello tormentoso abrieron fuego detrás de él.
Había llegado junto al grupo de humanos con armaduras blancas que aguardaba, cuando los disparos de los cabello tormentoso llegaron a un abrupto final.

***

Parck levantó la mirada del informe.
-Así que se acabó –dijo.
-Se acabó –confirmó Thrawn-. Uno de los cuerpos de la Morada de los Huéspedes ha sido definitivamente identificado como el suyo.
Parck asintió, sintiendo que un extraño cansancio le invadía. Después de diez años de combate esporádico, huidas por los pelos, y victorias improbables por las Regiones Desconocidas, el señor de la guerra finalmente estaba muerto por fin.
-¿Y ahora qué? –preguntó, dejando a un lado la tableta de datos.
Thrawn se encogió ligeramente de hombros.
-Hay poco que podamos hacer por los quesoth salvo ayudar en la reparación de los daños a la Ciudad Roja –dijo-. Pero seguramente les irá bien. Históricamente, ha habido varios casos en los que las Reinas han muerto prematuramente. A veces eso induce que la siguiente Reina se despierte antes de lo previsto; a veces la ciudad afectada tiene que arreglárselas por sí sola hasta que llega el momento habitual del alzamiento. Pero sean cuales sean los esfuerzos que la Ciudad Roja deba soportar en adelante, el pueblo de Quethold sobrevivirá. Eso es lo importante.
-Sí –convino Parck con un escalofrío. Especialmente teniendo en cuenta lo que ese Midli, Trevik les había contado acerca de los planes de Nuso Esva para el planeta. Podía haberlo destruido todo, e incluso haber quedado libre para expandir más de su veneno por las Regiones Desconocidas.
Pero no lo había hecho. Estaba muerto, y realmente se había acabado.
-En realidad, Almirante, estaba preguntándome a dónde íbamos a ir ahora –dijo.
-Usted y el Amonestador se dirigirán de vuelta al Triángulo del Caos para comenzar a limpiar el legado que Nuso Esva ha dejado atrás –dijo Thrawn-. En cuanto a mí, ahora finalmente puedo dirigir mi atención a un problema aún más apremiante que Nuso Esva. Como por ejemplo la restauración del Imperio.
Parck hizo una mueca. Thrawn sólo había regresado ocasionalmente al espacio imperial desde la muerte de Palpatine. Esos viajes habitualmente habían sido breves, siempre envueltos en secretismo, e invariablemente habían dejado al gran almirante frustrado por el creciente desorden que allí reinaba. Entre la incompetencia de sus propios líderes y la firme presión militar de la Nueva República, el Imperio había encogido a apenas una cuarta parte del tamaño que había alcanzado bajo el gobierno de Palpatine.
-Puede que tenga problemas para convencerles de que acepten su ayuda –advirtió-. Algunas de sus experiencias recientes con grandes almirantes no han sido demasiado positivas.
-Hay una persona con la que puedo contactar –le aseguró Thrawn-. El capitán Gilad Pellaeon, actualmente al mando del SDI Quimera. Ya he trabajado con él antes, cuando Nuso Esva realizó su única incursión en espacio imperial.
-Sí, lo recuerdo –dijo Parck seriamente-. Sector Candoras. También recuerdo que fue poco después de eso cuando Nuso Esva lanzó la campaña de Braccio y casi terminó destruyendo media docena de especies.
-Sus recuerdos son correctos –dijo Thrawn, frunciendo ligeramente el ceño-. ¿Qué quiere decir con eso?
-Que Nuso Esva era un hijo de gusano espacial vengativo –dijo Parck-. No espero que sus seguidores lo sean menos. Puede que no sea un buen momento para que usted regrese a la política imperial.
Thrawn meneó la cabeza.
-No se preocupe, capitán. Los posibles seguidores que Nuso Esva haya dejado son pocos y dispersos. Sin su liderazgo, se escabullirán de vuelta a las sombras a las que pertenecen.
-Tal vez –dijo Parck-. Pese a todo, puede que no sea mala idea que tome algunas precauciones adicionales ahí fuera.
-Su preocupación es conmovedora –dijo Thrawn-. Pero le repito que no tiene por qué preocuparse. El capitán Pellaeon es un comandante competente, y ha hecho del Quimera una de las mejores naves de guerra de la flota.
-Lo que quería decir...
-Y también he tomado medidas para hacer que un guardaespaldas me acompañe cuando regrese al Imperio –continuó Thrawn-. Sea cual sea la venganza que Nuso Esva hubiera planeado, o que pensara haber planeado, nunca me alcanzará.
-Espero que no. –Parck respiró profundamente. Seguía sin gustarle la idea, pero era demasiado listo como para discutir con Thrawn cuando este había tomado una decisión-. Con su permiso, almirante, iré a comenzar los preparativos para contactar con el capitán Pellaeon y devolverle al Imperio. –Sonrió ligeramente-. A su Imperio.
-Gracias, capitán –dijo Thrawn en voz baja-. Y no muestre ese aspecto tan abatido. Esto no es sólo el fin de Nuso Esva. –Sonrió ligeramente-. También es el principio. El principio de la victoria.

miércoles, 30 de julio de 2014

Crisis de fe (XVI)



-Hay problemas –dijo la Reina.

Por unos instantes Nuso Esva la ignoró mientras continuaba farfullando en su hablalejos privado en su incomprensible lenguaje alienígena. Trevik se puso tenso, preguntándose qué diría o haría la Reina en este último insulto a su persona.

Pero permaneció recostada silenciosamente en su litera, esperando con escalofriante paciencia a que Nuso Esva terminara su otra conversación. La charla alienígena terminó, y Nuso Esva volvió a enganchar el hablalejos en su cinturón.

-Hay problemas –repitió la Reina.

-Nada de lo que no podamos ocuparnos –gruñó Nuso Esva, con un tono de voz que lindaba con la falta de educación-. Tan pronto como sus Soldados accedan a los juggernauts...

-Hay problemas –volvió a decir la Reina, con mucho más énfasis-. Naves enemigas vuelan libres sobre mi ciudad, destruyendo los hogares de Circúleos y Midlis. Usted dijo que no ocurriría. Dijo que no podría ocurrir.

Nuso Esva pareció recobrar la compostura.

-Cálmese, oh, Reina –dijo, algo más educadamente esta vez-. Puede que los cazas hayan logrado entrar en las zonas exteriores de la ciudad, pero hay otro borde en el conjunto de escudos más hacia el interior. Ese borde los mantendrá fuera de los terrenos del palacio y lejos de nosotros.

-Pero han entrado en mi ciudad –insistió la Reina-. Usted dijo que no lo harían. Mintió.

-No estarán ahí mucho tiempo –dijo Nuso Esva-. A diferencia de los primitivos cañones con los que se han visto obligados a trabajar mis Elegidos, el armamento de los juggernauts está equipado con sensores de objetivo computerizados. Una vez que nos hagamos con ellos...

Uno de los cabello tormentoso que vigilaba las pantallas dijo algo en el idioma alienígena.

-Las escotillas han sido forzadas –anunció Nuso Esva-. Ahora observe cómo destruyo a los cazar enemigos.

Trevik miró las pantallas. Una de ellas mostraba una imagen que se sacudía de forma mareante mientras el cabello tormentoso que llevaba la holocámara corría tras un grupo de Soldados a través del borde de metal dentado donde antes había habido una escotilla. Los Soldados se apresuraron al interior, abriéndose a los lados fuera del campo de visión de la cámara.

De pronto la imagen quedó inmóvil. Muy inmóvil. Durante un par de segundos mostró una vista de una cámara de metal compacta, vacía excepto por luces parpadeantes, pantallas que brillaban débilmente y, al fondo, alguna clase de objeto metálico pequeño y con la parte superior redondeada. Bruscamente, la imagen giró, se detuvo, volvió a girar, se detuvo de nuevo... Nuso Esva soltó un exabrupto que sonó especialmente desagradable.

-No –dijo entre dientes mientras agarraba su hablalejos-. ¡No!

-¿Qué pasa? –preguntó la Reina-. ¿Qué ha ocurrido?

Nuso Esva la ignoró, rugiendo en su idioma alienígena por su hablalejos. La imagen del monitos comenzó a oscilar de nuevo mientras el cabello tormentoso de la cámara corría hacia el fondo de la cámara metálica y se detenía junto al objeto metálico con la parte superior redondeada. Mostró una vista en primer plano de las luces y las pantallas...

-¿Qué ha ocurrido? –bramó la Reina.

Trevik se encogió y retrocedió aterrorizado. Jamás en su vida había escuchado a la Reina gritar de ese modo. Nunca había pensado que pudiera gritar de ese modo.

Nuso Esva apenas se dio cuenta. Continuó gritando a su hablalejos, con su mano libre sujetando el arma que colgaba del cinturón en su costado. Por toda la habitación, los otros cabello plateado también tenían las manos en sus armas. Trevik se puso tenso, esperando que la Reina gritara de nuevo.

Pero permaneció en silencio. Un instante después, Nuso Esva bajó su hablalejos, con sus ojos amarillos brillando de furia.

-Los juggernauts no tenían tripulaciones –exclamó-. Ni tripulaciones, ni soldados. Sus conductores son simples droides. Obreros mecánicos. –Siseó algo que sonó feroz-. Y no hay armas. Todas han sido retiradas.

Durante un largo instante la sala de reunión quedó en silencio. Trevik mantuvo sus ojos fijos en Nuso Esva, temeroso de mirar a la Reina.

-Entonces usted ha fracasado –dijo la Reina finalmente.

-No he fracasado –dijo Nuso Esva, volviendo la cabeza hacia los monitores-. ¿Los juggernauts no nos sirven de nada? Muy bien. Hay otros objetivos que sí nos servirán. –Volvió a mirar a l Reina e hizo una señal de mando-. Ordene a sus Soldados que ataquen los transportes que esperan en los terrenos fuera de la ciudad. Que capturen los vehículos y maten a todos a bordo.

-¿Esos transportes albergan las armas que asegura que le traerán la victoria? –replicó la Reina-. ¿O simplemente está buscando un modo de huir de Quethold y escapar de vuelta a las estrellas?

-No perdamos un tiempo precioso con cháchara estúpida –espetó Nuso Esva-. Dé la orden.

-No puedo. –La Reina señaló a las pantallas-. Los altavoces han sido silenciados. No hay forma de que mi voz llegue a mis Soldados.

-¿Qué? –Una vez más, Nuso Esva giró su cabeza hacia las pantallas-. Vaya –murmuró agriamente-. Ahora vemos la auténtica estrategia de Thrawn. Atrae la mayoría de los Soldados hacia los juggernauts, donde me resultarán inútiles, y luego destruye el medio por el que se les podría ordenar ir a otro sitio. –Se volvió de nuevo hacia la Reina-. Pero, como siempre, su estrategia tiene un fallo. Si su voz no puede llegar hasta los Soldados, oh, Reina, entonces debe ser usted quien viaje hasta ellos. –Señaló a los Obreros acuclillados junto a la litera-. Ordene a sus Obreros que ocupen sus puestos. Vamos de inmediato a los juggernauts.

Trevik sintió que los ojos se le abrían como platos.

-No puede ordenar a la Reina que entre en batalla –objetó.

-Silencio, traidor –dijo Nuso Esva, sin molestarse siquiera en mirarle.

-Tal vez Trevik de los Midli de los Séptimos de los Rojos no sea el verdadero traidor aquí –dijo lúgubremente la Reina-. Tal vez el traidor sea usted, Nuso Esva de los Primeros de los Cabello Tormentoso. Usted nos prometió la victoria. Me prometió la vida eterna. Ha hecho perder la fe en ambas cosas.

-¿Desea la vida eterna? –replicó Nuso Esva-. Entonces vaya a los juggernauts y ordene a sus Soldados que ataquen los transportes.

La Reina hizo un gesto de negación.

-No.

Y entonces, de repente, el arma de Nuso Esva se encontró fuera de su funda y apuntando directamente a la Reina.

-Dé la orden a sus Obreros –dijo, con voz mortalmente tranquila-. O muera.

jueves, 24 de julio de 2014

Crisis de fe (XV)



-Allá van –informó con voz tensa el general Tasse, señalando una de las pantallas-. Saliendo de sus escondites: deben ser casi dos mil.

-La línea defensiva también está avanzando –dijo uno de los otros-. Otros mil quinientos como mínimo. Parece que parte de las tropas personales de Nuso Esva están ahí con ellos.

Tasse gruñó.

-Parece que Nuso Esva ha decidido que no nos queda nada en los transportes que podamos usar contra él, así que ha redirigido su línea de defensa –dijo-. Se imagina que cuantos más cuerpos lance contra los juggernauts, antes podrá abrirse paso a golpes.

Parck hizo una mueca. Nuso Esva estaba realmente en lo cierto en ese aspecto. Ni siquiera la escotilla acorazada de un juggernaut podría aguantar mucho contra tres mil quinientos Soldados con mazas.

-Almirante, dos de los paraguas de escudo han caído –dijo un teniente desde el tablero técnico-. Sector sudoeste.

Así que el contingente de tropas de asalto del teniente Sanjin había logrado pasar.

-¿Los TIEs pueden atravesar la brecha? –preguntó Parck.

-No, señor –dijo el teniente-. Los escudos adyacentes están orientados hacia abajo como los de los bordes externos de la ciudad. Están demasiado bajos para permitir la entrada de cualquier vehículo.

-Como era de esperar –dijo Thrawn con calma-. Si algo es Nuso Esva, es concienzudo. ¿Cuál es el estado de Sanjin?

-Comunica dos bajas –informó el comandante Balkin-. El resto aguanta de momento.

-Ordéneles que continúen presionando en el emplazamiento del cañón láser –dijo Thrawn-. Cuanto más tiempo piense Nuso Esva que estamos siguiendo su guión, más tardará en reaccionar ante la auténtica brecha.

Parck frunció el ceño.

-¿Siguiendo su guión?

-Por supuesto –dijo Thrawn, alzando una ceja como si fuera obvio-. ¿Por qué si no cree que le permití que dispusiera las obras de arte en la Morada de los Huéspedes y luego hice que pareciera que necesitaba verlas? Quería que él pensara que había manipulado nuestra operación y que la tenía bajo su control.

Parck sintió que una sonrisa asomaba a sus labios. Debería haber sabido que se trataba de algo así. Tal y como Thrawn había dicho, Nuso Esva le entendía. O pensaba que lo hacía.

-¿Cuándo planea abandonar su guión?

-Justo ahora. –Thrawn señaló el panel táctico-. Acaba de ser localizado el decimocuarto altavoz. –Pulsó su comunicador-. Comandante Fel, puede comenzar su avance. Buena suerte.



***



-Recibido –dijo Fel, mostrando sus dientes en una fina sonrisa. Por fin-. Escuadrón Gris, a sus posiciones. Stent, sígueme.

Hizo dar la vuelta a si TIE, escuchando de fondo el coro de confirmaciones de sus pilotos mientras observaba la silueta de la ciudad bajo él. Teniendo en cuenta algunas de las trampas que Nuso Esva había tendido en el pasado, pensó, ésta casi era simple. Una única apertura en la cobertura de los paraguas de escudo, que se encontraba allí de forma aparentemente accidental, lo bastante grande para que un caza TIE pudiera deslizarse por ella si entraba justo en el vector adecuado. Y en el mismo vector, un potente cañón laser doble acechando en su escondite, listo para volar en pedazos a un piloto incauto

Pero, como también era típico en Nuso Esva, el cañón láser no era lo único que había allí para cerrar la trampa. Los pilotos de TIE habían tenido tiempo de sobra para mapear las ubicaciones de escudos y armas de la zona, y Fel había localizado al menos otras ocho aperturas más pequeñas en la barrera cercana por las que podían dispararse los lásers. Incluso si un piloto que se acercara saliera del camino de la trampa a tiempo para sobrevivir al primer disparo de los artilleros, tendrían muchas otras oportunidades de terminar el trabajo mientras este huía. Suponiendo, claro está, que los artilleros fueran lo bastante rápidos y lo bastante buenos.

Era hora de averiguar lo rápidos y buenos que eran.

Para cuando Fel había llevado su TIE al vector de la trampa, Stent estaba en posición, formando a cincuenta metros de Fel, ligeramente a estribor. Stent era un chiss, un miembro de la especie de Thrawn, que había cortado sus lazos con su planeta natal para ir allí y servir al gran almirante. También era uno de los mejores pilotos de Fel, motivo por el cual Fel lo había elegido para ese trabajo.

Y ambos dos sólo iban a tener un intento para hacerlo. Lanzando su TIE a plena potencia, oscilando de un lado a otro tanto como pudo mientras seguía manteniendo su vector de inserción, Fel comenzó el avance.

Se encontraba a menos de un centenar de metros de la apertura de la trampa cuando advirtió el temblor delator de los cañones láser cuando quedaron finalmente inmóviles apuntando a su objetivo. Instantáneamente, realizo por su parte una última sacudida, haciendo virar su caza bruscamente a estribor. Los láseres brillaron, y los disparos gemelos pasaron silbando junto a su cabina.

Con un estallido de fuego y metal destrozado, su ala de babor estalló en llamas.

Tirando con fuerza de la palanca, Fel volvió a girar a estribor. La inercia le estaba llevando directamente hacia el firme entramado de los paraguas de escudo que había bajo él; volviendo a girar la nave, remontó torpemente el rumbo saliendo de su caída en picado.

Y al hacerlo, voló directamente hacia una de las otras aperturas de disparo del cañón láser.

Sus músculos se tensaron con expectación. Pero Thrawn había estado en lo cierto. El ala trucada y el fuego de sus falsos daños hicieron que Fel pareciera herido de muerte, y los artilleros de Nuso Esva no iban a molestarse por un caza que en cualquier caso iba a estrellarse en cuestión de segundos. Ciertamente no cuando tenían un objetivo mucho más interesante acercándose hacia ellos.

Porque mientras Fel había estado luchando con su nave en llamas, Stent se había alineado con el vector de la trampa y estaba dirigiéndose a la entrada.

Fel continuó con su giro, perdiendo altitud y luchando por evitar que su bamboleo quedara fuera de control, al tiempo que trazaba un retorcido rumbo hacia la apertura de la trampa. Finalmente se enderezó en un rumbo más o menos nivelado sobre la ciudad y perpendicular al vector actual del propio Stent. Desde el nuevo ángulo de Fel, podía ver que Stent estaba avanzando a plena potencia, con la misma maniobra evasiva que Fel había estado intentando cuando los cañones abrieron fuego sobre él. Alternando su atención entre Stent, la apertura de la trampa, y la superficie, Fel levantó la cubierta protectora en la sección añadida a su panel de control y se agarró con fuerza.

Por un instante creyó que Stent se apartaría demasiado tarde, y que los artilleros de Nuso Esva iban a freírlo de verdad. Pero en el ultimísimo segundo el chiss se elevó, apartándose de su vector de aproximación justo cuando el cañón láser disparó. Los disparos pasaron chamuscando la panza de su TIE mientras se retorcía alejándose hacia arriba, buscando altitud mientras pasaba junto a uno de los otros huecos de disparo del cañón. El cañón giró, disparando por el hueco, fallando una vez más por cuestión de milésimas de segundo, y entonces giró buscando otro ángulo mientras Stent pasaba de largo el emplazamiento y cruzaba delante de otro de los huecos de disparo.

Y durante los tres o cuatro segundos siguientes, mientras los artilleros seguían con fiereza la retirada aparentemente aleatoria de Stent, disparándole una vez tras otra a través de un hueco tras otro, la apertura de la trampa quedó completamente desprotegida.

Como de costumbre, Nuso Esva había sido astuto. El tamaño de la trampa había sido diseñado cuidadosamente para que sólo permitiera entrar desde una dirección.

Pero, también como de costumbre, no había sido lo bastante astuto: porque había supuesto que el intruso sería un caza TIE completo, una cabina equipada con la pareja estándar de grandes alas solares hexagonales sobresaliendo a ambos lados.

Con una sonrisa siniestra, Fel pulsó el botón bajo la cubierta de seguridad abierta.

Y mientras los pernos explosivos estallaban en los conectores de las alas, expulsando ambas alas que cayeron hacia su destrucción contra los paraguas de escudo bajo él, Fel diestramente hizo que la sección de la cabina de su TIE se deslizara de lado a través de la apertura de la trampa.

Los artilleros de Nuso Esva sin duda advirtieron instantáneamente su error fatal. Pero ya era demasiado tarde. Mientras trataban de hacer girar de nuevo el cañón, Fel giró con sus elevadores de repulsión y disparó una doble andanada a quemarropa con sus propios cañones láser. Los disparos sacudieron la plataforma giratoria del emplazamiento, dejando las armas inmóviles donde estaban, apuntando inútilmente al cielo.

Luego, volando bajo sobre las casas, descendiendo y esquivando cuando era necesario para evitar los bordes de los paraguas de escudo, Fel abrió fuego contra las casas donde se encontraban los generadores de esos escudos. El resto del Escuadrón Gris estaba justo tras él, entrando a través del agujero que cada vez se hacía más grande y uniéndose a él en la tarea de despellejar sistemáticamente la bonita guarida segura que Nuso Esva se había construido.

Y mientras el resto de su escuadrón continuaba con la destrucción de los generadores de escudo, Fel pasó a su propia tarea especial asignada. Volando por el borde de la ciudad, comenzó a eliminar los altavoces de comunicación de la Reina.

Todos ellos, claro está, salvo uno. Porque el gran almirante Thrawn tenía planeado algo especial para ése.