viernes, 21 de noviembre de 2014

Comunicado Imperial #001044.92v

Comunicado Imperial #001044.92v
Greg Gorden

(Este es el comunicado secreto que dio comienzo a las políticas adoptadas por el Imperio bautizadas posteriormente como Doctrina Tarkin. Aunque la postura oficial del Imperio lo presenta como un agente para mantener la ley y el orden, extraoficialmente dominaba la doctrina del miedo. Incluso aunque la materialización de esa doctrina –la Estrella de la Muerte- ha sido destruida, las políticas siguen vigentes y están siendo modificadas tras la estela de la aparente victoria de la Rebelión.)

Para: Su Majestad Imperial, Emperador Palpatine
De: Gobernador Tarkin, Sector Seswenna; Eriadu
Asunto: Incrementar la Seguridad del Imperio

Su Majestad:
Recientemente ha llegado a mi conocimiento que lo que previamente habían sido silenciosas quejas de descontentos en mundos sin importancia se ha convertido en disidencia en sistemas más civilizados. Su Majestad me perdonará si estoy repitiendo rumores infundados, pero he escuchado que incluso hay enfrentamiento armado en algunos sectores.
Junto con la creciente resistencia a sus planes por parte de senadores jóvenes e impulsivos, eso me ha hecho detenerme a pensar acerca de nuestra estructura de seguridad. Yo mismo me he visto frustrado persiguiendo bandas piratas en mi sector, sólo para ver cómo saltan a las profundidades de otro sector donde mis fuerzas no pueden seguirles sin entrar en conflicto con otro moff y los asesores que le apoyan. En el caso de que la dispersa resistencia armada se organizase, sin duda aprenderían del ejemplo de otros camaradas criminales. Conceder a cualquier rebelde la ventaja de ser esquivo es insensato.
También he advertido que incluso al excelente ritmo con el que Su Excelencia está fortaleciendo sus flotas, apenas puede proporcionar seguridad al Imperio en caso de que un número significativo de planetas comenzara a desafiar su voluntad. Aún faltan muchos años hasta que tengamos una fuerza tan vasta como para asegurar simultáneamente todos los sistemas.
Por tanto, desearía que tuviera en consideración mis recomendaciones en los siguientes puntos:
  • Para proporcionar una respuesta rápida y sistemática a la rebelión según aparezca, en lugar de esperar a que arraigue, sugiero la formación de Supersectores; sectores consistentes en sistemas en los cuales hay una rebelión incipiente, o sistemas que mantienen contacto frecuente con sistemas con una agitación permanente. Esos Supersectores se formarían sin tener en cuenta los límites de los sectores estándar. Las fuerzas de un Supersector deberían ser capaces de responder rápidamente a las amenazas, mientras estas aún son pequeñas.
Liquidar una docena de amenazas pequeñas es más fácil que desarraigar un centro de desafío bien establecido. Dado que un Supersector se crearía únicamente para mundos problemáticos, debería asignársele una cantidad de fuerzas mayor que a un sector ordinario. Yo estimo que la media sería tres Grupos de Sector.
  • Dar el mando de un Supersector a un único individuo que responda directamente ante usted. Eso evitaría cualquier retraso creado por el oportunismo político de sus consejeros.
  • Canibalizar los transceptores de HoloRed existentes, modificarlos para su uso, y colocarlos en la nave insignia de cada Grupo de Sector bajo el mando de un Supersector. Instalar equipamiento similar en la nave de mando de Su Majestad y en la Ciudad Imperial. Eso permitirá a sus fuerzas responder a las amenazas en cuestión de minutos en lugar de horas o días después del hecho en cuestión. Las fuerzas imperiales serán capaces de coordinarse hasta un grado imposible en un enemigo cuyo medio de comunicación más rápido es un encuentro en un sistema común.
  • Gobernar mediante el miedo a la fuerza en lugar de por la fuerza en sí misma. Si usamos sabiamente nuestro poderío, podemos intimidar a miles de mundos que de otro modo podrían considerar rebelarse en cierta medida. Podemos hacer esto mediante una coordinación suprema y la manipulación de la información. Por ejemplo, los grupos de un Supersector podrían coordinarse para realizar una serie de ataques devastadores en planetas conocidos por su resistencia, teniendo cuidado de eliminar cualquier nave fugitiva capaz de saltar al hiperespacio. La operación duraría varios días para poder saltar a todos los planetas sospechosos en la zona de la operación.
Después de la operación, informaríamos a los medios de que un único grupo de Supersector llevó a cabo con éxito una operación de un solo día (sin especificar qué día), eliminando la resistencia en cada uno de los mundos incluidos en la operación. Ofrecer a los ciudadanos la impresión de una fuerza abrumadora, una contra la que la resistencia sería inútil, ciertamente reduciría las probabilidades de que un ciudadano albergue tales ideas de resistencia.
  • Su Majestad, desde hace tiempo soy de la opinión de que el ciudadano medio no entiende de números y no es dado a hacer cálculos. Mantengo que una de las razones de la efectividad del Destructor Estelar es su tamaño. Cuando los ciudadanos miran a un Destructor Estelar y luego miran a la nave que podría estar disponible para atacarlo, incluso las mejores mentes de entre ellos opta por rechazar la idea en lugar de enfocar tácticamente el problema.
Creo que este efecto podría ser explotado a una escala mucho mayor. El ciudadano medio se basa en símbolos, no en análisis racional. Si presentamos al ciudadano un arma tan poderosa, tan inmensa como para desafiar cualquier ataque concebible contra ella, un arma invulnerable e invencible en batalla, eso se convertiría en un símbolo del Imperio. Sólo necesitaríamos un puñado, tal vez sólo una de esas armas para subyugar a miles y miles de mundos con millones y millones de seres cada uno.
Esta única arma debe tener un poder lo bastante grande como para eliminar un sistema entero, y el medio que inspiraría sería tan grande que usted podría gobernar la galaxia sin oposición. ¿Para qué necesita el consejo senatorial cuando puede dar control directo de los territorios a los gobernadores regionales? Barra los últimos restos de la Antigua República y deje que el miedo mantenga a raya a los sistemas locales... el miedo a nuestra arma definitiva.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Por su propia mano


Por su propia mano
Greg Gorden

Mira a las estrellas. Han estado ahí desde siempre, colgando como diamantes sobre el terciopelo de ébano del espacio.
Las estrellas estaban allí cuando la Antigua República alcanzó su gloria. Aguardaron, ofreciendo sus luces brillantes cuando la República llegó demasiado lejos y se colapsó bajo el peso de su propia mojigatería. Aplaudieron cuando el Senado prácticamente suplicó a Palpatine que se hiciera cargo de la cancillería. Y entonces las estrellas observaron con admiración cómo el Canciller hacía uso del engaño, el soborno y el terror para nombrarse Emperador.
Y yo también observaba.
Mi nombre no es importante, ya que todo lo que yo soy queda empequeñecido por la brillante oscuridad del Emperador. Pero siempre he estado cerca de él, un sirviente, un esclavo feliz. Para mí es suficiente estar cerca de su poder, sentir cómo me alcanza.
Eso es todo lo que pido. Eso es todo lo que se me concede.
Las estrellas. Miro más allá del ojo de buey y observo su gloria. Son todas suyas. Y, lo que aún resulta más glorioso, son suyas por su propia mano.
El Emperador.
Tiene un sonido peculiar, ese majestuoso título. ¡Emperador! La débil República se derrumbó, pero el Imperio arde con un fuego que jamás será extinguido. Nada puede destruir la gloria del Emperador o su glorioso reinado.
El Emperador me ha enseñado lo que otros se niegan a creer: que las fuerzas de la oscuridad son más fuertes. Lo sabía desde el principio, incluso en la época cuando era un humilde senador. Y ha compartido ese conocimiento conmigo.
¿Has visto cómo oficiales ambiciosos traicionaban a sus superiores a cambio de favores intrascendentes? ¿Has escuchado los secretos de gobiernos locales y cómo sortear sus defensas de labios de funcionarios con escasos principios? ¿Has conocido gánsteres sádicos, políticos hambrientos de poder, terratenientes codiciosos? Entonces tú también conoces la verdad; todo el mundo ansía la oscuridad.
El Emperador simplemente ha reconocido esta verdad. Y con el reconocimiento viene la utilización para su propio engrandecimiento. Porque él es el negro centro del Imperio.
Él es el Emperador. Él es el la galaxia.
Y yo, como tantos otros, me contento con servir a la sombra de su fuego oscuro.

Reclutamiento y entrenamiento

Reclutamiento y entrenamiento
Paul Murphy

TATOOINE – ASENTAMIENTO ANCHORHEAD – ESTACIÓN DE ENERGÍA – DÍA

Luke y Biggs están caminando mientras toman unas bebidas de malta. Puede escucharse a otras personas trabajando en el interior.

Biggs: Te he echado de menos, chico.
Luke: Bueno, las cosas no han sido lo mismo desde que te marchaste, Biggs. Todo ha estado tan… tranquilo.

Biggs mira a su alrededor y luego se inclina hacia Luke.

Biggs: Luke, no he vuelto sólo para despedirme... No debería decirte esto, pero eres el único en el que puedo confiar... y si no regreso, quiero que alguien lo sepa.

Luke observa la seriedad de Biggs con los ojos abiertos como platos.

Luke: ¿De qué me estás hablando?
Biggs: Hice algunos amigos en la Academia. (Susurra.) Cuando nuestra fragata vaya a uno de los sistemas centrales, vamos a abandonar la nave y unirnos a la Alianza...

Luke está sorprendido y atónito, casi sin palabras.

Luke: ¡¿Uniros a la rebelión?! ¡Estás de broma! ¿Cómo?
Biggs: Mi amigo tiene un amigo en Bestine que podría ayudarnos a contactar.
Luke: ¡Estás loco! Podrías estar vagando eternamente para encontrarles.
Biggs: Sé que es una posibilidad remota, pero si no les encuentro haré lo que pueda por mi cuenta... Es de lo que siempre hemos hablado. Luke, no voy a esperar que el Imperio me llame a filas. La rebelión se está extendiendo y quiero estar en el lado correcto; el lado en el que creo.
Luke: Y yo estoy atrapado aquí...
Biggs: Creía que ibas a ir a la Academia el trimestre próximo. Tendrás tu oportunidad de salir de esta roca.
Luke: ¡No lo creo! Tuve que cancelar mi solicitud. Desde que te marchaste, los moradores de las arenas han estado intranquilos... incluso han llegado a las afueras de Anchorhead.
Biggs: Tu tío podría mantener a raya a toda una colonia de moradores de las arenas con un simple bláster.
Luke: Lo sé, pero tiene suficientes evaporadores para rentabilizar la granja. Me necesita para una estación más. No puedo abandonarle ahora.
Biggs: Lo siento por ti. Luke, vas a tener que aprender la diferencia entre lo que parece que es importante y lo que realmente es importante. ¿De qué sirve todo el trabajo de tu tío si el Imperio se apodera de él?
”Sabes que están comenzando a nacionalizar el comercio en los sistemas centrales... No pasará mucho tiempo antes de que tu tío sea un simple terrateniente, esclavizando por la mayor gloria del Imperio.

Servicios de apoyo

Servicios de apoyo
Paul Murphy

Los disparos de láser de las piezas de artillería y las naves espaciales desgarraban en aire nocturno mientras la médico se agachaba en la trinchera y trabajaba sobre el herido. Cuando llegó, el olor del barro, del miedo y la sangre casi la mareó, pero ahora ya no lo notaba. Aunque aún se encogía con los disparos láser. Parecía que no era capaz de acostumbrarse a ellos.
-Supongo que este ya está lo bastante remendado para poder moverse –dijo a un auxiliar-. Sacadlo de aquí.
El auxiliar y un celador levantaron al hombre en una camilla y lo llevaron a un vehículo repulsor que esperaba a unos 500 metros detrás de la médico. No podían acercar más el vehículo; no había cobertura y la artillería les habría masacrado.
La médico llevaba allí tres días; mientras las fuerzas de la Alianza repelían la ofensiva de los imperiales, ella aplicaba packs médicos hasta que se acabaron, vendaba heridas, amputaba extremidades más allá de cualquier reconstrucción posible, y ponía a los heridos en forma para el peligroso camino de vuelta a la estación de ayuda.
Ya no se sentía cansada, había dejado de sentir cansancio en algún momento del día anterior; había llegado a un lugar más allá del cansancio, un lugar dónde sólo estaban los heridos, sólo su dolor, sólo su devoción a la causa.
La médico se lavó la sangre de las manos y pasó con gesto sombrío a la siguiente paciente. Olía a carne quemada: herida de bláster. La soldado hacía un sonido de succión al respirar: pulmón perforado. Con gesto mecánico, la médico introdujo un drenaje en una sonda, sujetó todo en su sitio con vendas, e hizo un gesto a los celadores para que se la llevaran. Le daba a la soldado una probabilidad de supervivencia de tal vez una entre tres.
Más adelante, hacia las líneas del frente, escuchó gritos y fuego de bláster. Fuego continuado. Otro ataque. La médico ni siquiera levantó la mirada. Tal vez resistieran, tal vez no. No era su trabajo.
Cuatro días antes, cuando llegó allí, había habido otros tres médicos con ella. Uno había caído durante la primera hora; otro había muerto esa misma noche; el tercero había sido gravemente herido esa mañana. Todos habían entrenado juntos; se había prometido a Kral. No sabía si él seguía aún con vida. Ahora sólo estaba ella. Ni siquiera podía llorar; no parecía importarle. Reprimió un escalofrío, se frotó los ojos, y pasó al siguiente paciente.
Alguien le tocó en el brazo. Alzó la mirada para ver el rostro del teniente Reese, al mando de ese sector del campo de batalla.
-Señora, el enemigo se ha abierto camino; nos estamos retirando –dijo el teniente.
Ella asintió.
-Necesitaré quince minutos para dejar a los heridos en condiciones para viajar...
El teniente meneó la cabeza.
-No, señora. Debe irse ahora. En quince minutos este lugar estará plagado de vehículos de asalto imperiales. Si no se ha marchado en dos minutos, no podrá irse.
Por primera vez, la médico escuchó el pánico que flotaba en la voz del teniente. A su alrededor, los soldados abandonaban sus posiciones a trompicones; la retirada corría un riesgo inminente de convertirse en una huida caótica.
La médico asintió con un seco movimiento de cabeza.
-Dos minutos. Sí, señor.
El teniente se marchó sin responderle y se dirigió apresuradamente al frente, o a lo que quedaba de él, para intentar poner orden en sus hombres. La médico llamó a sus celadores.
-¡Nos vamos de aquí! Abandonaremos todo el equipo; ayudad a los heridos que puedan caminar a llegar a la retaguardia. Que aquellos demasiado heridos para caminar estén lo más cómodos posibles; no tenemos tiempo para salvarles. Tenéis dos minutos: ¡en marcha!
Los celadores se pusieron en movimiento, corriendo a realizar sus tareas incluso antes de que ella terminase las órdenes; las retiradas no les eran extrañas. La propia médico estaba en movimiento en menos de un minuto, llevando medio a rastras a la retaguardia a un herido cegado por una quemadura, cuando se encontró con Kral.
Su prometido estaba tendido en una camilla, pálido y lleno de vendajes. Le sonrió.
-Sálvales, niña –susurró.
La médico se detuvo, horrorizada, olvidando al soldado ciego que tenía a su lado.
-¡No puedo abandonarte! –exclamó.
-Claro que puedes, maldita sea –respondió él-. Me han disparado en el estómago. No puedo caminar; no puedes permitirte personal para llevarme. Estaré bien –mintió-. Tengo un analgésico; sobreviviré hasta que lleguen los imperiales a capturarme. Nos veremos después de la guerra. Ahora, muévete, soldado, antes de que te alcancen.
La médico bajó la mirada hacia él, luego levantó la vista para mirar al joven que estaba de pie junto a ella. Finalmente, asintió. Le dio un beso de despedida, y luego se marchó a trompicones con el soldado herido.
Una vez que ella se hubo marchado, Kral se revolvió en su camilla, dejando finalmente que la agonía se mostrase en su rostro. Tenía un analgésico; pero todavía no lo había usado.
Pensó en su prometida para alejar el dolor de su mente. Era una gran chica, y además un buen soldado. La amaba con locura; lástima que nunca volvería a verla. Sin embargo, había sido suficiente con tener una oportunidad de despedirse; la mayoría de la gente no la tenía.
Escuchó: los sonidos de los disparos se iban acercando. Bien. El enemigo estaría ahí en un par de minutos. Muy bien. Dolía. Mucho.
Cuando llegó el primer soldado imperial, Kral le miró con una sonrisa. Entonces quitó la anilla de la granada oculta bajo sus sábanas. El analgésico resultó ser extremadamente efectivo.