jueves, 11 de febrero de 2016

Relatos de la guía para contrabandistas de Platt

Relatos de la guía para contrabandistas de Platt
Peter Schweighofer

La joven se apoyó en la barandilla de la cubierta de observación, mirando cómo despegaban y aterrizaban los transportes en el infinito panal de bahías de atraque que formaban el Puerto Independiente de Votrad. En la torre de mando que se alzaba sobre ella, los controladores de tráfico monitorizaban las naves, dirigiéndolas a las bahías de aterrizaje o entregándoles vectores de salida. Había estado allí arriba una vez, en una excursión del colegio. Dirigir a los pilotos no le interesaba... quería pilotar una de esas naves.
Había cambiado su túnica académica por otras ropas que había comprado en secreto; un atuendo más apropiado para trabajar en un carguero que para atender a aburridas lecciones. La ropa era un poco más grande de lo que quería; el chaleco le llegaba casi a las rodillas, y los pantalones estaban metidos dentro de las botas en un vano intento de aparentar que le quedaban bien. Había ocultado esa ropa y el resto de su equipo cerca de la puerta del complejo residencial de su familia. Nadie había advertido que su mochila escolar estaba un poco más llena cuando salió por la mañana. Nadie lo habría entendido. Se esperaba que la hija de una prominente casa comercial de Brentaal asistiera a la academia de comercio y se convirtiera en un importante eslabón del negocio familiar. No era precisamente la vida más emocionante posible. Unos cuantos años tras un escritorio en la escuela lo habían demostrado.
Una brisa revolvió su cabello blanco mientras seguía observando los transportes. Había pasado muchas tardes allí, siguiendo con la mirada los cargueros vagabundos mientras se elevaban velozmente en la atmósfera, o siguiendo el lento descenso de las lanzaderas. Hoy haría algo más que mirar. Hoy abandonaría Brentaal.
Una lanzadera de pasajeros aterrizó en una bahía cercana, mostrando en su cola la insignia del crucero de línea sullustano Nube Luz de Estrellas. Platt recogió la mochila de equipo que descansaba a sus pies, se la colgó del hombro, y se dirigió a las bahías de atraque.

***

Platt se despidió afectuosamente de la tripulación del Ravelev. Trabajar a bordo del transporte le había proporcionado una muestra de la vida como transportista autónomo. Había servido dos años a bordo del carguero del capitán Kassler, y antes de eso dos años como azafata de cabina en el crucero de línea sullustano. Una vez más era el momento de avanzar por la galaxia.
Habían aterrizado en el puerto estelar de Boztrok, en el extremo más alejado de la Vía Hydiana, justo antes del Sector Corporativo. Kassler era reticente a dejarla allí, pero Platt aseguró al viejo viajero espacial canoso que se las arreglaría perfectamente por su cuenta. Afirmaba que encontraría trabajo en el puerto estelar y así podría ahorrar los créditos para comprarse su propio carguero.
En lugar de eso, Platt iba a unirse al Gremio de Comercio Klatooinano.
Las operaciones del Gremio en Voorlach la habían impresionado. Todo el mundo parecía de buen humor, con muchos créditos para gastar y con una calidad de vida decente. Allí, uno de los peones de carga le había recomendado que se uniera al Gremio como piloto de transporte. Al principio Platt tenía sus dudas, pero el estibador dijo que el Gremio proporcionaba cargueros a cambio de unos cuantos años de servicio. Platt quería su propia nave más que nada en el mundo.
La única vez que mencionó la idea de unirse al Gremio, el capitán Kassler le advirtió de que no lo hiciera. Afirmaba que el sindicato prácticamente esclavizaba a sus empleados, encadenándoles con deudas, obligaciones y chantaje. El Gremio de Comercio Klatooinano era un billete rápido para la miseria, dijo.
Pero la tentación de tener su propio carguero era demasiado grande.
Después de intercambiar despedidas con sus antiguos compañeros, Platt salió a buscar su fortuna. Callejeó por los túneles y puentes que conectaban el puerto estelar, siguiendo las indicaciones que un soldado de seguridad del Gremio le había dado. La gigantesca torre de Pok Nar-Ten, el representante del Gremio en Boztrok, parecía tener plataformas de atraque brotando de los robustos muros como una especie de árbol extraño. Pudo ver unos cuantos cargueros ligeros atracados allí; Uno de esos es mío, pensó Platt.
La entrada abovedada estaba abierta de par en par, así que Platt se limitó directamente a entrar. Pilotos de carguero, manipuladores de carga, guardias y mecánicos caminaban entre empujones por un vestíbulo central. Un viajero espacial que pasaba indicó a Platt la puerta que conducía a la cámara de audiencias de Nar-Ten.
Conforme Platt se acercaba a santuario tenuemente iluminado, un advozse con un pedazo de tela cubriendo la mayor parte de su cuerno salió a su paso para interceptarla. El mayordomo de Nar-Ten le preguntó acerca de sus intenciones, tomó algunas notas en su tableta de datos, y luego la condujo de la mano al interior de la cámara.
Pok Nar-Ten estaba sentado entre esplendor bajo una elevada cúpula. El nimbanel vestía las mejores túnicas a ese lado del Borde Exterior. Su escritorio era poco más que una diminuta mesa comparada con su ornamentado trono de madera greel. Todo el mundo –cortesanos, funcionarios y guardias discretamente armados- alzó la vista de su trabajo para mirar fijamente a Platt.
El mayordomo advozse la condujo al centro de la cámara, y entonces hizo una pronunciada reverencia ante Nar-Ten y extendió su brazo, invitando a Platt a hablar. Ella puso las manos en sus caderas y forzó una sonrisa confiada.
-Me llamo Oakie –mintió Platt. El capitán Kassler le había enseñado el valor de usar un nombre falso de vez en cuando-. Tengo entendido que contrata pilotos de carguero.
Todo el salón estalló en carcajadas; una sonrisa retorcida floreció en el hocico de Pok Nar-Ten. Cuando se calmó la conmoción, comenzó a hablar.
-El Gremio siempre está buscando pilotos experimentados dispuestos a servir a sus propósitos –dijo-. ¿Qué experiencia posees?
Platt le habló de su huida de Brentaal, su servicio en el crucero de línea y su posterior viaje por el Cúmulo Anarid a bordo del Ravelev, añadiendo algunos adornos sobre la marcha. Mientras hablaba, Platt observaba al nimbanel, advirtiendo en él un aire de oportunidad y astucia; una chispa de apreciación de un emprendedor avispado, o tal vez las más oscuras ambiciones de un maestro manipulador, no estaba segura.
Cuando Platt hubo terminado, Pok Nar-Ten rió entre dientes para sí mismo.
-Si ese capitán Kassler supiera que estás aquí, el miserable estúpido asaltaría la torre y trataría de arrancarte de un empleo provechoso. –Hizo una señal al mayordomo-. El Gremio de Comercio Klatooinano se sentirá privilegiado de tener una piloto tan estimable como tú transportando sus cargamentos –declaró-. Haré que mi ayudante Gjeel prepare el papeleo necesario. –Pok señaló con la cabeza al advozse que la había conducido a la sala-. Una vez que se haya firmado el contrato, serás un miembro oficial del Gremio, y capitana de un estupendo carguero ligero. Tengo en mente la nave perfecta.
Platt no podía esperar.

***

El mayordomo advozse a quien Nar-Ten había llamado Gjeel condujo a Platt fuera de la oficina, cruzando el vestíbulo principal, hasta una de las plataformas de aterrizaje que colgaban precariamente del muro de la torre. Hablaba en voz baja a un comunicador mientras caminaba, volviéndose de vez en cuando para asegurarse de que Platt le estaba siguiendo.
La plataforma de atraque proporcionaba una excelente vista del puerto estelar: torres que se alzaban de la orilla del mar; puentes que unían las torres con cuevas en las paredes del acantilado, que conducían al resto de la ciudad; el amplio cielo azul. Pero Platt no estaba interesada en las vistas; sus ojos estaban fijos en el viejo y baqueteado Ghtroc que descansaba en la plataforma. Tenía su corazón puesto en una de esas naves corellianas de aspecto esbelto, pero esta tendría que bastar por el momento.
Una joven salió de un conducto de mantenimiento y se reunió con Gjeel. Llevaba el cabello sujeto en la nuca con una coleta, y su rostro y su atuendo estaban sucios con manchas de grasa. Miró a Platt con aire escéptico mientras Gjeel hablaba.
El advozse finalmente se volvió hacia Platt y le presentó a la mecánica.
-Nazrita es nuestro jefe de técnicos –dijo-. Ella te mostrará la nave mientras me ocupo de ciertas tareas administrativas asociadas. Necesitaré algunos de tus datos personales, para los diversos permisos y licencias, por supuesto; y un nombre para la nave.
Platt tecleó unas cuantas respuestas en la tableta de datos de Gjeel. Nazrita miraba por encima de su hombro, y entonces rió para sí misma cuando vio el nombre que Platt había elegido para su nave.
-¿Princesa de Brentaal? –preguntó-. Eso es bastante pretencioso.
Platt devolvió la mirada a la técnico. Gjeel dio media vuelta y se encaminó de nuevo a la torre, con una ligera sonrisa asomando en su rostro.
-Olvídalo –dijo Nazrita-. Ven conmigo. –Subió por la rampa de entrada del Ghtroc y condujo a Platt a la cabina-. Aquí tienes todo el equipo estándar –dijo, indicando a Platt que se acomodara en el asiento del piloto-. Hemos hecho algunas modificaciones: potencia aumentada a los cañones láser dobles superiores, nuevos motores iónicos, mejores controladores de flujo en los escudos, y algo de blindaje extra en el casco. Pero esto es mi auténtico gozo y orgullo. –Nazrita señaló un panel de armamento adicional junto a los controles de fuego de los láseres-. Tubo de torpedos de protones, montado justo bajo la cabina. Presenta el mismo aspecto que un puerto de salida de gases; ningún inspector notará la diferencia. El sistema puede albergar cinco torpedos, aunque ahora sólo tenemos cargados tres. El sistema de almacenamiento está oculto bajo la placa de la cubierta de mantenimiento principal de la cabina.
-Tendrías que desmontar la nave para encontrarlo –advirtió Platt.
-Esa es la idea –dijo Nazrita-. Ven, te enseñaré la bodega.
La bahía de carga estaba cubierta de redes de sujeción desparramadas y unas cuantas cajas. Un droide treadwell trasteaba en una escotilla de servicio abierta en uno de los mamparos.
-Este es Be-Cerobé –dijo Nazrita-. Será tu droide de mantenimiento. Conoce este cascarón casi tan bien como yo. Di hola, Be-Cerobé.
El droide siguió trabajando en el interior de la escotilla de servicio. Nazrita dio una suave patada en las ruedas de cadena del droide. Los sensores visuales del treadwell giraron, escanearon de arriba abajo a Platt, mostró su aprobación con una serie de pitidos y silbidos, y luego regresó al trabajo.
-Está haciendo algunos ajustes de última hora –dijo Nazrita-. Mejorando la sintonía de los nuevos motores iónicos.
-¿Qué hay en las cajas? –preguntó Platt.
-Tu primer cargamento. –Nazrita entrecerró los ojos.
-¿Qué hay dentro?
-Gjeel no te lo dijo, ¿verdad? Ese pequeño advozse astuto. Es mejor que no preguntes. Pok quiere que lo transportes a unos amigos en Zhar.
-¿El enclave imperial?
Platt se acercó a una de las cajas y abrió el cierre: componentes electrónicos. Rebuscó un poco y encontró un condensador del tamaño de su mano. Lo agitó, y escuchó algo parecido a arena sonando en su interior.
-¿Especia?
-Ryll –dijo Nazrita, con una sonrisa sardónica cruzando su rostro-. De alta calidad. Que no te atrapen con esto.
-¿Pero cómo se supone que voy a conseguir pasar todo esto delante del Imperio? Si me atrapan, me enviarán a Kessel...
-Ese es tu problema. –Nazrita se volvió y miró duramente a Platt-. Bienvenida al Gremio de Comercio Klatooinano.

***

Platt había tomado su tableta de datos de permisos y había comenzado a acercarse a la escotilla principal incluso antes de escuchar el golpe metálico de la pasarela de atraque del Destructor Estelar clase Victoria contra el casco de su nave. Sabía que los imperiales eran protectores con su plataforma de atraque orbital sobre Wroona, pero no pensaba que molestasen al tráfico local de cargueros. Platt esperaba que sus preparativos distrajeran cualquier inspección de esa caja refrigerada que se encontraba al fondo de la bahía de carga; bajo la capa de pez frella congelado, estaba repleta de ryll. Si perdía este cargamento, sería el tercer pago de la nave que se retrasaba. Pok Nar-Ten no toleraba los fallos, especialmente cuando afectaban a sus créditos.
La escotilla de abordaje se abrió deslizándose con un doloroso sonido chirriante. Un joven teniente imperial y su escolta de soldados de asalto la atravesaron. Platt se limitó a apoyarse con aire casual en el mamparo y extendió la mano que sostenía la tableta de datos.
-Buenos días, capitana –dijo el oficial, aunque Platt no estaba de acuerdo. Él tomó la tableta de datos y comenzó a inspeccionar los permisos. Los soldados de asalto se cernían ominosamente tras él. El teniente alzó la mirada y escrutó la apariencia de Platt. Ella sonrió y se pasó la mano por el cabello. El oficial no estaba contento.
-Ha entrado en una zona restringida de entrenamiento, capitana Palata –declaró el teniente, devolviéndole la tableta de datos con los permisos-. La Armada Imperial está usando el sistema Wroona para maniobras prácticas.
-No había escuchado nada al respecto –dijo Platt-. Creía que el servicio aduanero del puerto estelar de Kelada realizaba habitualmente estas inspecciones.
-¿No ha comprobado el canal de comunicaciones de MEAESP?
-Ups. Se me debe de haber olvidado.
-El comando de la flota ha puesto al Centinela a cargo de interceptar e interrogar las naves que entren en el sistema durante dichas maniobras. El Imperio siempre está preocupado por mantener la seguridad frente a la amenaza terrorista rebelde. Vamos a inspeccionar su nave.
Pasó de largo junto a Platt sin siquiera advertir su mirada inocente y encantadora. Los soldados de asalto le siguieron. Ella fue detrás, no demasiado cerca; los imperiales casi tropezaron con Be-Cerobé, su viejo y maltrecho droide treadwell que esperaba lealmente justo dentro de la compuerta de la bahía de carga. Be-Cerobé rodó haciéndose a un lado y dejó pasar al equipo de inspección.
El teniente echó un vistazo a la bodega con gesto de desaprobación. Las cajas estaban apiladas aquí y allá de cualquier forma. Varios paneles de mantenimiento estaban abiertos, exponiendo el cableado de las retorcidas entrañas de la nave. Las redes de sujeción de la carga se amontonaban en una desordenada maraña en un rincón.
-¿Ve algo que le guste? –preguntó Platt, mirando por encima del hombro del teniente.
-Esas cajas no tienen los sellos aduaneros oficiales del imperio.
-Normalmente los obtengo cuando paso por las aduanas en Wroona –dijo Platt-. Pero, como puede ver, aún no he llegado allí, porque ustedes los pulcramente vestidos oficiales de la Armada Imperial gastan su precioso tiempo en labores de control de aduanas.
El teniente le frunció el ceño con gesto severo y se volvió al sargento de los soldados de asalto.
-Envíe parte de su escuadra a registrar el resto de la nave, y deje aquí dos para que realicen una inspección de esas cajas.
La mitad de la escuadra siguió al sargento, y la otra mitad comenzó a husmear en las cajas. Varias estaban abiertas, aunque los soldados de asalto tenían problemas en introducir sus puños acorazados entre las capas superiores de pez frella congelado. El teniente examinó el exterior de varios contenedores... incluyendo el que tenía el ryll.
Be-Cerobé se acercó rodando al teniente y lo escaneó con sus sensores de vídeo. Sus brazos manipuladores se agitaron mientras pitaba y trinaba. El oficial apartó la mirada de la caja y miró con desdén al droide.
-Sacad esa máquina de aquí.
Be-Cerobé gimió y soltó una serie de pitidos, luego afianzó sus cadenas en el suelo y comenzó a rodar hacia la escotilla de la bahía de carga. En su camino chocó contra un soldado de asalto, giró, y luego atropelló a otro. El droide consiguió molestar a todo el mundo antes de salir de la bodega.
-¿Qué es esto? –preguntó el teniente, señalando uno de los detectores de tóxicos empotrados en el mamparo. El producto químico en su centro había pasado de azul oscuro a naranja fluorescente.
-Oh, no se preocupe –dijo Platt, acercándose a él, arrancándolo de la pared y arrojándolo a una esquina-. Una de mis cajas refrigeradas se quedó sin energía y el pez frella del interior se echó a perder. La caja está justo ahí, por si quiere que se la abra...
El oficial retrocedió bruscamente.
-No, eso no será necesario.
Los demás soldados de asalto regresaron de su búsqueda.
-Nada que informar, señor –dijo el sargento-. Todo está en orden.
-Bien. Asegúrese de que todo pasa la inspección en el puerto estelar. –El oficial se volvió para marcharse-. Y la próxima vez no olvide comprobar los MEAESP. La Armada Imperial no tolera la falta de respeto a sus ejercicios militares.
-Así lo haré, señor –dijo Platt con un rápido saludo marcial y una sonrisa cautivadora.

***

Platt caminaba apresuradamente por las calles del puerto espacial de Wroona. Había pasado el día viendo a gente, negociando tratos y haciendo planes. Una parada más y lo tendría todo preparado para su viaje de vuelta a Boztrok.
Después de engañar al teniente imperial que había registrado su nave, Platt deslizó el ryll por las aduanas en el lado oscuro del puesto estelar de Wroona. Había tratado antes con el burócrata de inspección. Si Platt flirteaba lo suficiente con el agente Allia –y le invitaba a unos tragos más tarde en el Descanso del Espaciante-, le dejaría pasar por la inspección de aduanas con la mitad de toda la especia de Kessel. Luego se dirigió a Equipamiento para Naves Estelares de Tulagn para arreglar una cita en su sala trasera más tarde esa misma noche. Había pasado el resto de la tarde rondando la bahía de atraque, entregando los bienes que había pasado de contrabando y regateando el precio con el agente del punto de entrega. El propietario del hangar le había hecho un favor y había reabastecido el Princesa de Brentaal por la mitad de la tasa de servicio habitual. Platt le prometió alguna baratija del mercado negro de Boztrok la próxima vez que pasara por Wroona.
Ahora se encontraba maniobrando por los oscuros callejones secundarios del distrito comercial del puerto estelar de Wroona. Platt evitaba las avenidas principales; los laberínticos pasajes protegían la puerta trasera de la tienda de Tulagn. Sólo había estado allí un par de veces antes, así que tomó el giro equivocado y tuvo que retroceder varias veces antes de encontrar la puerta trasera. Era un portal solitario en el extremo sin salida de un callejón. Platt golpeó con los nudillos tres veces.
La puerta se abrió deslizándose y apareció un sonriente rodiano.
-Lo hong, nechak –dijo, indicándole que entrara. Platt entró en la “sala trasera”, una zona de almacén repleta de cajas de mercancía sin marcar. Tulagn cerró la puerta y le condujo a un paquete con etiqueta de Chandrila dispuesto sobre un contenedor -. Zhovat sufa nee hlinga –dijo-. Zhar daa...
Platt miró con desdén la caja, y luego fulminó con la mirada a Tulagn.
-Dijiste que tendrías una caja del mejor tovash gruviano que pudieras encontrar –dijo Platt-. No quiero esta bazofia, puedo encontrarla en el almacén de cualquier importador del planeta.
El rodiano deslizó sus dedos gomosos en los bolsillos del sucio delantal que llevaba, con el logotipo difuminado de “Equipamiento para Naves Estelares”.
-Abee sufa nechak...
-No me importa a quién tuvieras que sobornar –dijo ella-. Por eso te pago esos precios tan ridículamente elevados.
Los dos se mantuvieron la mirada mutuamente durante un instante, y entonces Tulagn se rindió. Se deslizó en un almacén, murmurando para sí mismo. Cuando regresó, llevaba una caja similar con un sello de aduanas de Gruvia estampado.
-Mucho mejor –dijo Platt. Contó quinientos chits de crédito. Tulagn frotó entre sí dos de sus dedos y extendió la mano-. No –dijo Platt-. Dijiste 500 créditos por una caja pequeña. No me importa lo que prometieras a tu importador.
Tulagn entrecerró los ojos, y Platt supo que estaba pensando si debía o no dejar marchar la caja por 500 créditos o guardarla para otra persona.
-Sakef vooda seffa lasha.
-Un pequeño favor, ¿eh? –dijo Platt, considerando la oferta-. Muy bien, pero va a tener que ser un favor pequeño. ¿Qué te parece la próxima vez que esté en el puerto?
El rodiano asintió, con una sonrisa asomando lentamente en su hocico.
Platt se echó la caja al hombro.
-Un placer hacer negocios contigo, Tulagn.
Cruzó la puerta y se adentró en los callejones, con Tulagn observando cómo desaparecía en la noche. Una vez que depositara el tovash gruviano en la nave, regresaría al Descanso del Espaciante a tomar unos cuantos tragos con Allia... para sonsacarle información.

***

Platt avanzaba por los callejones traseros del puerto estelar de Wroona. Llevaba la pequeña caja de tovash gruviano cuidadosamente equilibrada sobre el hombro. Esperaba que fuera un buen regalo para Pok Nar-Ten. Lo bastante bueno, tal vez, para ayudarle a olvidar lo retrasada que iba en los pagos de su nave estelar. Platt dobló una esquina y se detuvo. Una figura le bloqueaba el camino. Una figura acorazada. Una cazarrecompensas.
-¿Vas a alguna parte, contrabandista? –preguntó la gélida voz femenina. Platt sabía que era Zo’Tannath, una cazarrecompensas humana aficionada a la armadura ubese. Era una mercenaria. Esa semana parecía que trabajaba como agente recaudador para Pok Nar-Ten.
-Mira, precisamente iba a ir a ver a tu jefe –dijo Platt-. Con los créditos que obtenga de este trabajo, podré ponerme al día en mis pagos. Además –dijo, indicando el tovash gruviano que llevaba al hombro-, tengo una pequeña ofrenda de paz para Pok.
-Pok está harto de tus lamentables excusas –dijo con desdén Zo’Tannath-. Te quiere a ti y a tu nave. Puede dar el carguero a algún piloto que se lo merezca más, y venderte a algún esclavista amiguito suyo. Es probable que sólo con eso, el viejo nimbanel obtenga los créditos suficientes para pagarme y cubrir los intereses que le debes por la nave.
-Tratemos de llegar a un acuerdo –dijo Platt-. ¿Cuánto quieres por decir que no pudiste encontrarme en Wroona?
-No se la juego a mis jefes –dijo la cazarrecompensas, activando su pica de fuerza-. Especialmente cuando trabajo para el Gremio de Comercio Klatooinano. Deberías saberlo. Ahora deja la caja en el suelo y pon las manos contra la pared. Lentamente.
Platt suspiró. Se arrodilló y dejó la caja suavemente en el suelo. Al levantarse, sin embargo, desvió una mano al bláster pesado que llevaba en un costado. Se levantó de golpe y extrajo el arma. Antes de que Platt pudiera disparar siquiera, la pica de fuerza de Zo’Tannath cortó el aire y le arrebató el arma de las manos. A pesar de las placas de armadura y el casco, la cazarrecompensas se movía con una letal agilidad femenina. Hizo girar el otro extremo de la pica de fuerza y golpeó a Platt en la barriga. La contrabandista se dobló sobre sí misma mientras Zo’Tannath la noqueaba con un golpe bien colocado en la cabeza.
Mientras Platt se derrumbaba en el suelo y su visión se difuminaba, sintió como Zo’Tannath cerraba grilletes de contención sobre sus muñecas, y la vio recoger la caja de tovash gruviano.
-Me aseguraré de que Pok Nar-Ten reciba esto –dijo la cazarrecompensas-. Pero como un regalo de mi parte.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Relatos de piratas y corsarios

Relatos de piratas y corsarios
Timothy S. O’Brien

...En otras noticias, la OIS, la Armada Imperial, y la rama comercial de la Coalición por el Progreso han emitido hoy un informe del comité conjunto sobre la creciente oleada de piratería rebelde. El comité conjunto fue fundado originalmente en respuesta a los ataques relámpago lanzados por la Órbita Lejana, una fragata rebelde que aterrorizó los Mundos del Núcleo durante varios meses el año pasado. El informe pide un incremento en gastos militares para la Armada y los Rangers del Sector, en respuesta a la atmósfera de anarquía general extendida por esos terroristas y piratas rebeldes. Más de una docena de capitanes pirata rebeldes han sido añadidos a la lista de los más buscados del Imperio, y otros veinte añadidos a la lista de Localización y Detención. El informe equipara la situación actual con los días de piratería de los años previos al reinado del Emperador...
-Fragmento de un informe de la HVI.

Almirante Ackbar: Señora, desearía abrir la cuestión del experimento con corsarios. Es mi firme creencia que aunque resulten temporalmente convenientes, usar esos mercenarios a la larga es contraproducente. La Alianza puede abastecerse sin recurrir a contratar piratas a sueldo.
Jefa de Estado Mon Mothma: Almirante, su reluctancia a implementar este plan está bien documentada, y veo de poca utilidad seguir argumentándola. Para que conste, yo también contemplo con ciertas dudas autorizar ataques pirata, incuso contra nuestros enemigos más letales. Sin embargo, creo que el ministro Muvunc tiene algo que comentar.
Ministro Ral’Rai Muvunc: Sí, señora. Almirante Ackbar, me gustaría indicar que si realmente no necesita las 400.000 toneladas de comida y aire, las 230 bombonas de gas de bláster, las 90 armas espaciales y las 700.000 toneladas de equipo variado proporcionadas por este “experimento mercenario”, es usted perfectamente libre de cargar todo ello en las 71 diversas naves de carga y auxiliares obtenidas por nuestros corsarios en el último año estándar, y mandarlas en piloto automático al interior de la estrella más cercana.
-Fragmento de varios minutos de la 267ª reunión del Alto Mando.

-No me digas que estás en esto sólo por el dinero. Si así fuera, ¡nunca te habrías enrolado en la Alianza!
-Comentario escuchado de un agente observador de la Alianza a un capitán corsario


Patente de corso
SE HACE SABER que Urias Xhaxin, propietario de la nave privada Independiente, en lo sucesivo el Propietario, ha recibido licencia y autorización de la Alianza para Restaurar la República, en lo sucesivo la Alianza, mediante esta Patente de Corso y Represalia, para efectuar asaltos sobre el gobierno imperial, sus subsidiarios y simpatizantes, para apropiarse de sus mercancías, propiedades y naves y entregarlos a la Alianza. Asimismo, para capturar al personal, agentes y oficiales del Imperio y sus simpatizantes. Está autorizado y se espera de él que plante guerra al Imperio según sea capaz, sin poner en peligro en ningún caso al público civil inocente y sin causar daños inapropiados a las propiedades.
El Propietario deberá permitir que todo botín o beneficio de tales actividades sea revisado por la Alianza, y a cambio recibirá el 50 por ciento de su valor en créditos o en especie. La Alianza puede optar a comprar una carga entera si así lo requiere. La Alianza también proporcionará recompensas, pagaderas según una agenda publicada por la Alianza, por prisioneros imperiales y destrucción confirmada de propiedades imperiales. Todos los esclavos encontrados en el transcurso del deber serán liberados, y todas las sustancias ilegales destruidas.
La Alianza proporcionará tanta ayuda como pueda, sujeta a disponibilidad y discreción, incluyendo refugio, inteligencia, reparaciones, suministros y combustible. A aquellos miembros de la tripulación de la nave que antiguamente fueran criminales, por la presente se les concede amnistía durante el tiempo que sirvan a nuestra causa, hasta que el Imperio sea destruido, o hasta que expire esta Patente, siempre y cuando no cometan nuevos crímenes. De hacerlo, se mantendrán todos los cargos contra ellos.
Esta Patente tendrá efecto durante un año desde su fecha de publicación, cuando será revisada. Si cualquiera de las partes no está satisfecha, el contrato puede disolverse. La Alianza se reserva el derecho de asignar observadores a la nave con el propósito de esta revisión.
Ral’Rai Muvunc
Comandante Supremo Aliado
Suministros y Armamento


Comienzos y renovaciones
Xhaxin revisó la renovación del contrato para asegurarse de que no se habían colado en él cambios de última hora; aunque la Alianza nunca había hecho nada para traicionarle, Xhaxin no había llegado a comandar una nave de guerra privada siendo excesivamente confiado. Satisfecho de que la patente de corso básica no había sido alterada, firmó el documento y se lo tendió a su primer oficial para que efectuara la contrafirma. El hombre de la Alianza también firmó a su vez, y copió el documento en su propia tableta de datos.
-Este es el agente especial Hast- Será su observador de la Alianza durante este viaje –dijo el representante, señalando con un gesto al hombre alto y silencioso que se hallaba a su lado-. Buena caza –dijo, y luego dio media vuelta y abandonó el puente.
Xhaxin meneó la cabeza con aire ausente.
-Señor Hast, tengo entendido que tiene algo para mí –dijo Xhaxin.
Hast asintió, alzando el estuche que había transportado a bordo.
-Esto debe conectarse en su sistema de comunicaciones principal. Contiene códigos de encriptación, frecuencias de comunicación, y el Código Quasar.
-Ya he hecho esto otras veces, ¿sabe? –dijo secamente Xhaxin mientras estudiaba detenidamente al silencioso agente. Un quarren demacrado llegó y se llevó el estuche.
-Necesito embarcar mi equipo, capitán. Si me disculpa... –Hast comenzó a moverse con los característicos andares de un experimentado viajero espacial.
-Señor Hast. –Algo en el observador perturbaba a Xhaxin, y el capitán corsario estaba decidido a averiguar de qué se trataba-. ¿En qué armada sirvió usted?
-En la Alianza desde hace tres años. Después de que dimití de mi puesto imperial –respondió Hast, en voz baja pero todavía capaz de hacerse notar sobre el habitual barullo del centro de mando operativo de una nave estelar.
-Ya veo –respondió Xhaxin-. Para que conste, observador Hast, la Independiente no es exactamente una nave imperial de aspecto impecable. Y la mayoría de mi tripulación odia al Imperio. La rebelión confía en usted, pero yo no. Si hace cualquier cosa que ponga en peligro mi nave o mi tripulación, yo personalmente le arrojaré por la esclusa.
-Lo tendré en cuenta, capitán –respondió Hast, con su gélida mirada igualando la intensidad mostrada por Xhaxin. Tras un instante, Hast giró sobre sus talones y se dirigió al turboascensor-. Lo que yo quisiera que usted tenga en cuenta, es que yo soy su cuerda salvavidas con la Alianza; también tengo el poder de revocar su patente de corso –indicó el observador por encima del hombro-. Sólo para que nos entendamos... Capitán.
Mientras se cerraban las puertas del turboascensor, Xhaxin se sentó en silencio, observando el espacio mientras el puente hervía de actividad con los preparativos para la partida. Escuchó las estaciones informando, y miró a su tripulación trabajando diligentemente, un colorido torbellino brillante de actividad cuyo gris corazón era él mismo. Jugueteó con aire ausente con un par de monedas de crédito de oro mientras reflexionaba. Mistik Arka, el técnico quarren, instaló rápidamente la consola de comunicaciones de la Alianza, la probó con una breve transmisión, e informó de su correcto funcionamiento.
-Capitán, todas las estaciones informan de que están preparadas. La nave de la Alianza ha saltado. La Independiente espera sus órdenes –informó Khwir, su primer oficial.
-Trace un rumbo a Medth –respondió Xhaxin, con una feroz sonrisa en su rostro-. Prepare el salto a la velocidad de la luz. No hagamos esperar al Imperio.


Asalto
-¿Está seguro de esta información? –preguntó Hast.
-No –respondió Xhaxin-. Simplemente estoy siguiendo una pista.
-Una pista proporcionada por un induparano desleal con una cuenta pendiente con su rey –gruñó Hast, claramente descontento con la situación.
La tripulación del puente se puso tensa, esperando otra discusión del aparentemente interminable torrente de conflictos que comenzó cuando Hast se convirtió en el observador de la Alianza en la Independiente.
Xhaxin se volvió para mirar a Hast.
-Siempre estoy dispuesto a escuchar los consejos de mi tripulación, Hast. Recuerde eso... si alguna vez se le llega a considerar miembro de mi tripulación –dijo, con voz tan afilada como cristal camariano.
La Independiente acechaba justo en el interior de la zona de salto del sistema Ec Pand, esperando la llegada de una nave objetivo. La zona de salto estaba delimitada no por una boya de baliza (como era habitual en la mayoría de sistemas civilizados), sino por un asteroide bastante grande que había sido arrastrado a la zona por el gobierno local. Cualquier nave que viajara al sistema calculaba un salto a esas coordenadas y luego se acercaba al propio Ec Pand, una modesta gema en los Mundos de la Corona Induparana.
-Alerta de masa, capitán –anunció el operador de sensores, un joven corelliano llamado Kett-. Tenemos una nave saliendo al espacio real.
-Maravilloso –murmuró Hast. Esta era la tercera llegada de naves desde que habían comenzado a esperar, y el observador de la Alianza tenía serias dudas de que pudieran quedarse mucho más tiempo sin que una nave patrulla investigara su presencia.
La recién llegada –una corbeta- salió a velocidad subluz directamente delante de la independiente, en rumbo de colisión con el asteroide marcador. La corbeta corrigió su rumbo en un viraje cerrado, librándose por escasos metros del asteroide... y de una ardiente colisión.
-Navegante estúpido. Pero buen piloto –observó Xhaxin.
-Código transpondedor confirmado. Esa es la Nova de Indupar –informó Kett.
-No le pierdas el rastro, muchacho. Timonel, a toda marcha subluz. Muy bien, la Nova estará demasiado ocupada corrigiendo el error de su navegante más o menos durante el próximo minuto. A mi señal, que la estación de comunicaciones transmita el Código Quasar. Sensores: comience la interferencia. Táctica: suba escudos y prepárese para disparar los cañones iónicos. A la espera los rayos tractores y la lanzadera de abordaje; se desplegaran treinta segundos después de mi señal –dijo Xhaxin, con voz dura mientras emitía las breves órdenes a su tripulación.
La Independiente se echó encima de la corbeta.
-¡Ahora!
El puente estalló en intensa actividad. Una ráfaga de disparos iónicos cruzó el espacio que separaba las dos naves mientras los escudos de la Independiente cobraban vida, invisibles. La corbeta se sacudió bajo el asalto, con oleadas de energía fluyendo en su casco, mientras comenzaba a escorarse a estribor. Cuando la disrupción iónica se desvaneció, los motores de la nave objetivo cobraron vida con un destello.
-Está activando motores y levantando sus escudos, capitán –informó Kett-. Parece que está tratando de escapar.
-Parece que el capitán de la Nova tampoco es terriblemente inteligente. Desplieguen la lanzadera y listos para el lanzamiento. Cañones iónicos principales: ¡fuego!
Otra andanada iónica cruzó el espacio, y los escudos de la corbeta destellaron con fulgor al sobrecargarse mientas los motores se apagaban. La presa quedó flotando en el espacio.
Xhaxin se levantó de su silla de mando y mostró una feroz sonrisa a su tripulación.
-Bien hecho, muchachos –dijo-. Parece que es hora de hacerle una visita a ese estúpido capitán, ¿verdad?


Las Doce Normas de Xhaxin
Muchos corsarios siguen un estricto código de conducta, elaborado a medida por un determinado capitán o nave. Las “Doce Normas” del capitán Xhaxin (del corsario rebelde Independiente) son típicas de tales códigos de conducta:
  • Mantente en movimiento, sé flexible. El enemigo no puede matar lo que no puede encontrar. Esto significa más que saltar simplemente de sistema en sistema; también requiere moverse de territorio en territorio y evitar patrones de asalto. No te permitas caer en un hábito regular. Esto no significa que nunca debas usar dos veces la misma táctica, sólo que deberías evitar convertirte en un bantha de un solo truco.
  • Nunca te metas con alguien de tu tamaño, y no pelees limpio. No eres un guerrero con un código de honor, eres un asaltante comercial privado. Asaltamos principalmente cargueros porque son más fáciles de golpear que las naves militares. Somos arteros y esquivos porque queremos continuar asaltando.
  • Nunca caces en tu propio patio trasero. No atraigas atención indeseada en una zona por la que necesites moverte regularmente... como el sistema de tu base. Y si no, pregúntaselo al grupo Ettyrmin Batiiv.
  • Apuesta. Corre riesgos. Nunca podrás saber exactamente las probabilidades, y deben evitarse las malas apuestas, pero si no estás dispuesto a arriesgarte a peligros deberías convertirte en oficinista.
  • Consigue hacerte un nombre. Obtén una reputación, y hazlo rápidamente. Si se te conoce como un asaltante duro pero justo, es más probable que las presas se rindan. No te crees una reputación de sediento de sangre; ese camino conduce a que haya un mayor precio por tu cabeza y a que los cargueros devuelvan el fuego para evitar ser abordados. Si asustas demasiado al objetivo, entra en pánico. Si entra en pánico, hace estupideces. Si hace estupideces, tus beneficios se pierden por la esclusa.
  • Mantente en las sombras. No te expongas a ti mismo o a tu nave a más riesgos de los que sean razonables, no te anuncies a nadie salvo a tus presas, y generalmente trata de pasar desapercibido en lo que refiere a las autoridades. Recuerda, de cara al Imperio y la ciudadanía en general, eres un rebelde y un pirata. Muestra tus dientes sólo cuando estés más que razonablemente seguro de que puedes ganar. De otro modo, mantén la cabeza agachada y espera a que los cañones grandes pasen de largo.
  • Limítate a tu trabajo. Elige una zona del espacio, o una corporación, o alguna clase de objetivo. Una vez lo has hecho, ve a por ese objetivo hasta que hayas acabado con él o las ganancias comiencen a flaquear. Si tienes alguna rencilla con una corporación particular, bien. Conviértete en su azote personal, vuélvelos locos, híncale el diente a sus beneficios y hazles morder el polvo. Luego pasa al siguiente objetivo de tu atención. No permitas que las consideraciones personales te distraigan de tu objetivo... tan sólo haz el trabajo.
  • Planifica obsesivamente, pero permanece abierto a lo inesperado. Los planes mejor trazados de generales y piratas no consiguen sobrevivir al contacto con el enemigo. Haz que tus planes sean simples y recuerda el hecho de que no eres perfecto ni omnisciente. Ten una idea de lo que harás cuando (no si) una desagradable sorpresa muestra su rostro. Retírate, ataca, o prepara tu propia sorpresa desagradable. Si avanzas con anteojeras y no eres capaz de manejar la situación, morirás. Junto con tu tripulación.
  • No puede darse nada por seguro. El carguero renqueante sobrecargado y pobremente armado al que estás a punto de atacar puede ser lo que parece, pero siempre existe la posibilidad de que realmente se trate de una nave señuelo, o esté repleto de armas, o tenga un hipermotor clase uno con un astrogador givin. Prepárate para la decepción y para asaltos que no salen bien.
  • La tripulación de la presa no es el enemigo. No abuses de ellos. Construye tu reputación sobre el excelente trato que ofreces a tus presas vencidas, no de una conducta de matón más propia de piratas e imperiales.
  • Mantén la iniciativa. Sé siempre pro-activo. En combate, necesitas ser el capitán que inicia la actividad, no el que reacciona a ella. En general, debes ser tú –y no las circunstancias- quien elija tus objetivos. Si pierdes la iniciativa, abandona el campo de batalla tan deprisa como puedas.
  • Mantén bien a tu tripulación.


La vida pirata
Missa esperaba nerviosa mientras el capitán pirata, Xhaxin, debatía algo con otro hombre, que llevaba la insignia de la Alianza Rebelde. Los prisioneros –dispuestos en una desigual fila a lo largo del mamparo de babor- se movían nerviosamente bajo la atenta mirada de los piratas asaltantes.
El letrero sobre la escotilla cercana atrajo la atención de Missa: “Esclusa”, podía leerse. Y estamos alineados justo delante, pensó. Esto no pinta bien. ¿Puede ser que ese pirata, Xhaxin, esté debatiendo a quién arrojar primero por la esclusa?
Uno de los piratas, un obeso gamorreano, caminó como un paro hasta Missa y le soltó un bufido. A tan poca distancia pudo oler su penetrante olor –un hedor rancio que le recordaba a gas de pantano y comida putrefacta- y vio tres pequeños parásitos con aspecto de babosa anidados en la piel del alienígena. Acercó hacia ella sus rechonchas manos de tres dedos. Missa se encogió, incapaz de gritar. El gamorreano le agarró de la garganta, y comenzó a apretar su agarre...
-¡Gorug! –resonó la voz de Xhaxin por el pasillo.
El gamorreano quedó inmóvil.
-Ya te he advertido acerca de acosar a los prisioneros. Dos veces.
Los ojos del capitán pirata brillaron con furia conforme se acercaba, mirando fijamente al gamorreano.
Gorug soltó a Missa y retrocedió, gruñendo y refunfuñando airadamente. Los demás piratas también retrocedieron, aunque sus armas seguían desenfundadas y –a pesar de la distracción- su atención seguía firmemente centrada en los prisioneros.
-¡No me importa lo mucho que puedan gustarle a tu matrona las joyas de esa mujer! Los estatutos de la nave son muy claros: no se roba a los prisioneros. Nadie se queda con nada hasta que el comité reparte el botín –exclamó Xhaxin con voz clara y autoritaria. Hizo una pausa, entrecerrando los ojos hasta formar ranuras finas y peligrosas-. Pero ya sabías eso, ¿no? Tal vez lo olvidaste... o tal vez simplemente eres idiota.
Gorug entrecerró los ojos a su vez y soltó una serie de gruñidos y bufidos. Incluso Missa –que nunca antes había visto un gamorreano- se dio cuenta de que Gorug acababa de lanzar un peligroso ultimátum.
-¿Crees que esta vez puedes vencerme? ¿Cuántas veces tengo que patearte el trasero para convencerte de que yo estoy al mando de esta tripulación?
Con un rugido que llenó todo el pasillo, Gorug se lanzó al ataque.
Xhaxin giró ágilmente apartándose de su camino, permitiendo que el impulso de Gorug le hiciera chocar contra el mamparo. El gamorreano rebotó contra la pared, aturdido. Xhaxin se acercó a Gorug, giró a su alrededor, le puso la zancadilla y le agarró por la espalda. Xhaxin extrajo una vibrodaga y la apoyó contra la garganta de Gorug. Si Xhaxin activa el arma, pensó Missa, con alarmas sonando en su diálogo interno, esa... cosa... morirá.
-Una vez más, Gorug. Una vez más, y sales por la esclusa –siseó Xhaxin. Levantándose de golpe, se giró para mirar a la fila de prisioneros.
Xhaxin hizo una ligera reverencia a Missa.
-Mis disculpas, señora.
Volvió la cabeza a la izquierda.
-Oficiales de la Nova de Indupar: sois prisioneros de la Alianza y seréis retenidos a bordo de la Independiente hasta que podáis ser entregados a las autoridades pertinentes. La Nova de Indupar es tomada como botín de guerra. Pasajeros: seréis liberados en cápsulas salvavidas.
Missa fue invadida por el alivio.
-Pero vosotras dos no –añadió, señalando a Missa y a la mujer que estaba de pie a su lado, vestida con las modestas ropas de una dama de compañía de la Casa de Indupar-. Usted, lady Kalena, es una noble de la Casa de Indupar, y está incluida en nuestra patente de corso. Se os asignarán camarotes y se os tratará adecuadamente siempre que os comportéis. Causadme problemas, y os meteré en el calabozo.
-Al menos libere a mi doncella, Missa –dijo Missa, señalando a la “sirvienta”. Ambas (Missa y Lady Kalena) habían intercambiado sus identidades por esta misma razón, pensando que cualquier pirata lo bastante estúpido para atacar la Nova caería en el engaño.
Él la observó durante un largo minuto con sus gélidos ojos azules.
-Me temo que no. Ella será buena compañía para usted. Además, necesitará alguien que le vista y le arregle el cabello.
Se giró como si fuera a marcharse, y se detuvo sólo para hacer un comentario por encima del hombro:
-Además, es muy probable que los rivales de su Casa nos paguen un pequeño extra por un holovídeo de Lady Kalena vestida como sirvienta. Para echar unas risas, ya me entiende.
Con una risita, Xhaxin pasó junto a los prisioneros y regresó a la Independiente.


Entrando en “La Vida”
¿Que cómo comencé a asaltar? Muy fácil, gusano. Era navegante en un salta sistemas, tan sólo un operador de poca monta, comerciando entre el Perímetro Shwuy y el sector Parmic. Malos tiempos. Apenas había flujo de comercio. Los impuestos imperiales hacían la vida poco menos que imposible, aunque ese idiota del moff Balfour hizo que el contrabando fuera una opción fácil. Quiero decir, no es que realmente supiera lo que estaba haciendo, ¿verdad?
Bueno, mi tripulación y yo nos quedamos a dos velas muchas veces; los contrabandistas abundaban en aquella época como garrapatas de pantano, principalmente porque era fácil salirse de rositas. Así que compensábamos las pérdidas de los beneficios con algún saqueo ocasional a la competencia.
No de forma habitual, claro. Ni a mala idea. Sólo tomábamos de los que tenían más.
Era fácil. Hasta que nos descubrió una patrulla imperial. Así que huimos.
Pasé un tiempo vagabundeando, pero los impes tenían nuestro código transpondedor, y eso me puso en la lista de “Detención para Interrogatorio” del sector. No pude obtener ningún trabajo legal después de que se hiciera público mi nombre, así que me enrolé como navegante en una nave pirata. Cuando ese grupo se deshizo –suelen hacerlo después de un tiempo- me enrolé en otra. Y luego en otra. Se convirtió en mi carrera oficial.
Claro, estoy cansado de ello. Y probablemente pienses que nunca debería haber comenzado en “la Vida”.
Pero no respondo ante nadie salvo mi capitán y mis camaradas. Y sé que yo puedo contar con ellos. Tal vez debería haberme dedicado a algo más “civilizado”, pero estoy jodidamente feliz de no haberlo hecho.
-Atribuido a un miembro de los Supervivientes Khuiumiin


El honor de un pirata
Generalmente se piensa que los piratas son matones viles y sádicos sin sentido de la decencia o el honor. En muchos casos, esto es cierto, Sin embargo, existe un código de honor entre algunos piratas. Desde hace varios siglos, la adhesión y la obediencia a esté código varía y fluctúa, pero en general pervive. Arvo Norstrag, el primer Rey Pirata de los piratas del Cinturón Phosphura, acuñó una de las versiones más famosas:
Llévate sólo lo que has ganado en batalla. No robes a tus aliados. No robes a los que te protegen. Respeta y honra a tus hermanos y hermanas piratas. Respeta y honra sus lealtades. Respeta y honra a aquellos que luchan contra ti. Disfruta reclamando el botín. No disfrutes de la destrucción por amor a la propia destrucción.
Este código llama a los piratas a ser piratas: a apropiarse de botines en batalla, no a robar sigilosamente en la noche y escabullirse, o a robar a los débiles e indefensos. Un pirata honorable trata con respeto a sus compañeros saqueadores. Los agentes de mercado negro, los habitantes de puertos clandestinos y aquellos que conspiran con los piratas también deben ser tratados como aliados. El honor demanda que las víctimas deben ser tratadas lo mejor posible; abundan leyendas sobre magnánimos capitanes pirata que ofrecen festines a sus víctimas más valientes, agasajándoles con las mejores viandas disponibles, y dejándoles marchar con su bolsa y su persona intactas. Este código se extiende incluso a los agentes de la ley y el orden; los Rangers del Sector y la Seguridad Corelliana tienen varios informes de piratas que perdonan la vida de agentes particularmente decididos o capaces.
El código es un mecanismo de supervivencia. Los piratas que asaltan indiscriminadamente y masacran o esclavizan a sus víctimas tienden a ascender muy rápidamente en la lista de los más buscados. Comparemos a la pirata aqualish Gunda Mabin (Gunda la Terrorífica) con “el Pirata Caballeroso” Beyla Rus. Mabin sólo lleva saqueando un par de años, atraca ferozmente a sus víctimas, y vende a los supervivientes como esclavos. Tiene una recompensa de 50.000 créditos por su cabeza y ha atraído la atención de numerosas organizaciones criminales que han resultado víctimas de sus acciones. Rus lleva asaltando varios años, siempre usa armas aturdidoras, deja a sus víctimas con vida, sólo se lleva los cargamentos, y es encantador y educado desde su lado del cañón. Sólo hay una recompensa de 15.000 créditos por él y tiene aliados y amigos en prácticamente todos los puertos de los territorios del Borde Exterior, que le protegen de la captura imperial.


Estatutos de la nave
La mayoría de naves piratas y corsarias están gobernadas por una sencilla serie de normas y regulaciones, denominadas estatutos de la nave, acordadas por la tripulación. El infame Celis Mott estableció un clásico ejemplo de estatutos de la nave en sus tiempos de pirata de poca monta que saqueaba la Ruta Nanth’ri, que luego fueron usados por su flota pirata, los Bandidos Nanth’ri.
Estas normas, a menudo modificadas, aún siguen en uso entre los piratas de Nanth’ri, mucho después de la misteriosa desaparición de Mott.

1. Cada miembro de la tripulación tendrá voto cuando haya votaciones, y recibirá una parte equitativa de las provisiones encontradas.
2. Todo botín será distribuido de forma justa, bajo la mirada de un grupo de siete tripulantes seleccionados por la tripulación. Defraudar a la compañía será castigado con el abandono en un planeta desierto.
3. Nada de apuestas ni estupefacientes estando de servicio.
4. Las armas y los trajes de vacío deben mantenerse limpios y listos para usar en todo momento.
5. No se aceptan menores de edad ni haraganes.
6. La deserción de la estación de combate se castiga con el abandono o la muerte, a votación de la tripulación.
7. Nada de peleas a bordo. Las disputas personales deben zanjarse en la superficie de un planeta mediante duelo.
8. No habrá retiro ni se disolverá la compañía hasta que cada uno de nosotros haya obtenido un mínimo de 100.000 créditos. Los tripulantes lisiados durante el transcurso de nuestras actividades recibirán 80.000 créditos de la bolsa común del grupo.
9. El capitán, el ingeniero y el oficial de armamento recibirán cada uno dos partes; otros oficiales recibirán parte y media; todos los demás tripulantes recibirán una parte cada uno.

Los estatutos de otras naves pirata especifican la elección de oficiales, incluyendo al capitán, mayores participaciones para los equipos de abordaje (o participaciones menores para la tripulación), y ocasionalmente directrices para el trato a prisioneros. Los estatutos corsarios habitualmente incluían un artículo afirmando su lealtad hacia su contratante y la obediencia a su Patente de Corso.


La oposición
Para: Almirante de la Flota Gor Lequar, Tercera Flota de Superioridad de Ado
De: Gobernador Mirash Peet, Indupar
Asunto: Ataques piratas
Almirante:
Debo solicitar urgentemente que la fuerza de escolta en los Mundos de la Corona Induparana sea aumentada para reflejar el incremento de ataques piratas sobre transportes imperiales e induparanos. Aunque el comodoro Soleric ha sido de gran ayuda y altamente cooperativo en sus esfuerzos para suprimir esta piratería, y la Fuerza de Defensa de la Corona Induparana ha cooperado en todos los aspectos, sencillamente nos faltan naves para montar una defensa efectiva contra estos continuos asaltos.
En el pasado Indupar ha tenido la fortuna de escapar a la actividad rebelde, pero los recientes eventos demuestran que esto puede haber cambiado. Recientemente han llegado a mi conocimiento informes de un pirata rebelde que se hace llamar Xhaxin. Me preocupa que este pirata sólo sea el comienzo de una operación rebelde de más envergadura en la zona, sobre todo teniendo en cuenta el efecto... desestabilizador que sus recientes asaltos han tenido en las casas políticas induparanas más antiguas. Es precisamente este elemento político de los asaltos de Xhaxin lo que indica un interés rebelde. Se necesitan más naves, agentes de inteligencia y apoyo de los Rangers del Sector para suprimir esta amenaza al Imperio.
Al servicio del Emperador,
 Gobernador Mirash Peet, Indupar
Cc: Moff Stavveld, Gran Almirante Markand, Prefectura Induparana, Comodoro Soleric, Rey Dahon Indupar, compañías del capítulo de Indupar

***

Para: Gobernador Peet, Indupar
De: Moff Irnst Stavveld
Asunto: Ataques piratas
Gobernador:
He recibido una copia de su memorándum al almirante Lequar y lo he leído con gran interés. He conferenciado con mi plantilla y con el Almirantazgo del sector Ado, COMPNOR e Inteligencia Imperial, y aunque estamos preocupados por el incremento de la piratería y la posibilidad de un aumento de actividad rebelde en la zona, actualmente no tenemos posibilidad de transferir ninguna nave al mando de Soleric.
Sin embargo, su región ha sido subida en la lista de prioridad de asignación para nuevas naves conforme salgan de las líneas de montaje en los astilleros. Estoy seguro de que Soleric tendrá una nueva línea de naves en menos de un año, y de que su 16ª Fuerza de Escolta llegará a tener en cinco años la potencia de una Fuerza de Batalla estándar.
Mientras tanto, daré instrucciones al Mando Central de los Rangers del Sector para que desplieguen una patrulla adicional en la zona.
A título personal, señor, le recomendaría que se calme; soy más que consciente de la situación política en los Mundos de la Corona Induparana. La simple existencia de una holoimagen de Lady Kalena con ropajes de sirvienta –aunque embarazosa para las antiguas casas induparanas- es motivo de ligera preocupación, pero difícilmente presagia la perdición del Imperio.
Piense, preferiblemente antes de transmitir informes alarmistas a sus superiores.
Al servicio del Emperador,
 Moff Irnst Stavveld
Cc: Gran Almirante Markand, Almirante Gor Lequar, Prefectura Induparana, Comodoro Soleric, Coalición para el Progreso del Comercio, OIIC (Oficina Imperial de Investigaciones Criminales), OIS


Justicia y piedad
-Joha Marik, ha sido encontrado culpable de 102 cargos de piratería, 12 cargos de agresión contra personal imperial, y diversos crímenes menores demasiado numerosos para ser detallados ante este tribunal. Antes de que se dicte sentencia, ¿tiene algo que decir en respuesta a estos cargos? –El magistrado miró fijamente a Marik desde el estrado.
-¡Nunca me habríais atrapado de no haber sido por esos rebeldes y ese gusano de asteroide, Xhaxin! –bufó Marik.
-¿Ah, sí? Debo admitir, Marik, que siento curiosidad al respecto. Si no le importa explicarse, tal vez le reduzca la condena. ¿Por qué Xhaxin se volvió en su contra? Estoy seguro de que, al menos por esta vez, podemos olvidarnos de ese famoso “código de honor” entre piratas como usted mismo –dijo el magistrado con una mueca, con las manos entrelazadas ante él, como si la mera presencia del pirata le hiciera sentirse sucio.
-Claro, ¿por qué no? Quería convencerle de que se separara de esos triplemente malditos rebeldes, pero Xhaxin dijo que sabía exactamente lo que se hacía. Algo acerca del sentido de su vida. Quería que yo me uniera a los rebeldes, ¿se lo puede imaginar? Pero incluso entonces él no era para ellos más que un simple lacayo –dijo Marik, con una expresión amarga cruzando su rostro mientras añadía-: y ese maldito idiota no se daba cuenta.
-¿Pero por qué él no le mató? ¿Por qué molestarse en organizar su captura? –La voz aumentada por ordenador del magistrado resonó ominosamente en la cámara del juzgado.
-Dijo que era justicia. Que era justo que él pagara sus deudas. Que era justo que yo fuera castigado. Y en cuanto a dónde está él ahora, supongo que está en la Estación Fragua Estelar. Ese es uno de sus principales puertos favoritos.
-Ya veo. Muy bien, le condeno a la ejecución inmediata.
-¿Qué? ¡Creía que había dicho que iba a reducir mi condena! –Los ojos de Marik brillaban de terror, mientras forcejeaba con sus esposas, presa del pánico
-He reducido su condena, Marik –dijo el magistrado imperial, con voz suave y peligrosa, como la brilloseda y el veneno malkita-. Tenía pensado condenarle a cadena perpetua de trabajos forzados en las minas de especia de Kessel. En lo que respecta al Imperio, usted ha recibido poco castigo.


Galería de piratas
Hast se abrió camino por los pasillos de la Independiente, explorando la nave y familiarizándose con los rostros de los tripulantes, mientras se mantenía cuidadosamente apartado del camino de los bandidos. La Independiente era una fragata Nebulon-B fuertemente modificada, no muy distinta de una fragata médica en la que había servido una vez, pero lo bastante diferente para que mereciera la pena investigar.
Ya había estudiado las especificaciones técnicas de la nave. Las armas incluían una variada potencia de fuego, desde turboláseres pesados hasta cañones iónicos ligeros. Los deflectores habían sido mejorados y el casco reforzado con puntales, placas de armadura redundantes, y blindaje de partículas adicional. La botavara de ingeniería había sido reforzada con una manga acorazada que debería ser capaz de resistir uno o dos impactos de un Destructor Estelar. La nave transportaba un par de pequeñas lanzaderas de asalto en las cubiertas de vuelo convertidas; una lanzadera privada, presumiblemente para visitas discretas a puerto, también estaba preparada para despegue inmediato.
Sus exploraciones encontraron algunas sorpresas. El soporte vital de la nave era confortable en todas partes salvo en la cubierta de las lanzaderas (donde cualquier exceso de calor tendía a perderse en el espacio). La sección médica era más grande de lo que esperaba, dirigida por un médico, e incluía una plantilla completa de droides médicos y tres tanques bacta. Eso tiene sentido, pensó Hast. Probablemente los asaltos pasen mucha factura a la tripulación.
Los camarotes de la propia tripulación eran pequeños pero cómodos. El comedor parecía tener una inacabable provisión de comida fresca (no la basura rehidratada con la que la mayoría de tripulaciones rebeldes –o imperiales, ya puestos- se veía obligada a aguantar). Hast soltó un bufido de disgusto: los suministros frescos eran buenos para la moral, pero caros y difíciles de encontrar. Tendrían que reabastecerse demasiado a menudo. Una extravagancia absurda, pensó. Una que podría hacer que nos mataran tarde o temprano.
La tripulación tampoco era lo que había esperado que fuese. Una mezcla de especies como jamás encontrarías en ninguna nave imperial, y tal vez ni siquiera en una nave de la Alianza. Los imperiales no permitirían que los no humanos sirvieran en su ejército, y las tripulaciones de la Alianza estaban compuestas principalmente por especies del mismo origen. Las naves piratas tenían que mostrar diversidad, supuso Hast, por falta de opciones. Y además parecía funcionar. Aqualish recibían órdenes de quarren, y gamorreanos comían con humanos... y parecían satisfechos –incluso felices- de hacerlo.
Tampoco la nave ni la tripulación eran tan lamentables como había temido. Cierto, eran rudos y dados al exceso en sus vidas personales, pero cuando se trataba de hacer su trabajo, la profesionalidad estaba a la orden del día. Salvo por el soporte vital y los excesos en el comedor, esa era una de las naves más pulcras que jamás hubiera visto.
Tecleando su código de encriptación en su tableta de datos, Hast realizó la primera entrada en su diario de observador:
-Hast: observador corsario de la Alianza, acceso GL-4. Tras el examen inicial, puede llegarse de inmediato a una conclusión acerca de esta misión: va a ser un viaje muy interesante...


***


De: Ral’Rai Muvunc, Alto Mando de la Alianza
Para: Moris Malvarra
Asunto: Petición de traslado
Malvarra, debo denegar su petición de ser trasladado de su actual puesto observando al corsario Dharus. Aún no ha transcurrido ni una tercera parte de su viaje, y sus motivos para solicitar el traslado son inadecuados. No tenga miedo: trataron mucho, mucho peor a sus tres primeros observadores. Se encuentra en excelente compañía al solicitar su traslado; casi todos los demás observadores asignados realizaron la misma petición. Sin embargo, ninguna de las excentricidades de Dharus ha resultado aún ser fatal, así que relájese y recuérdese cuál es su deber.
A propósito, no necesita preocuparse de que vayamos a considerarle responsable de las acciones de Dharus. Nunca lo hacemos. Espero que se sienta confortado al saber que se ha enfrentado repetidamente a investigaciones por sus correrías, y nunca hemos encontrado motivos suficientes para revocar su patente de corso.
Buena caza,