viernes, 6 de agosto de 2010

Trabajos dolorosos (IV)

Esa última palabra no salió de mi boca, ni de la de Zayne, o Acampador... si no de la del Maestro Obohn, quien aparentemente tenía exactamente lo que había dicho. Hizo una señal a sus elegantes wookiees.
—Sacadlos de mi galería... ¡a todos!
En ese momento, me di cuenta de que la operación comenzaba a deslizarse entre mis dedos, fuera de control.
También me di cuenta de que, si alguna vez alguien quería invadir Kashyyyk, la mejor estrategia era decirle a todo el mundo de allí que los pantalones de sport estaban de moda esa temporada. Porque aunque normalmente yo nunca escogería estar en el mismo planeta que un par de wookiees enfadados, los wookiees enfadados con pantalones tendían a perder un poco de su efectividad como máquinas de matar.
Al menos, fui capaz de esquivar —por los pelos— al que vino por mí, lo que habría sido imposible de no ser por la generosidad de su sastre con los plisados. La bola de pelo comenzó a perseguirme a buena velocidad, y de pronto estallaron sus costuras, frenándolo. Los objetos expuestos en la galería sirvieron bien para ponerme a cubierto, al menos al principio... hasta que comenzaron a derribarlos.
Por su parte, Zayne también se estaba desenvolviendo bastante bien durante ese tiempo. Aún era prudente acerca de echar mano a sus cosas de Jedi; el sable permaneció oculto, y aunque algunas de las estatuas parecieron cobrar voluntad propia cuando su wookiee se acercaba demasiado, no me parece que resultase demasiado obvio.
Acampador apenas se movió durante todo eso; simplemente se quedó trasteando en uno de sus cacharros sobre uno de los aero-palés. Yo no lo vi, pero Zayne me dice que en ese momento un wookiee se acercó demasiado a Acampador, y que él activó parte del aparato. El resultado fue una alfombra inconsciente en el suelo, noqueada por algo de la falsa estatua.
Me habría gustado haberlo visto —o, mejor aún, ver cómo ocurría lo mismo con el otro wookiee— pero en ese momento estaba ocupado con mis gritos. Mi wookiee se había liberad de sus harapos de una vez por todas, y estaba impúdicamente clavando las garras en la elevada estatua sobre la que me encontraba encaramado. Trataba de escalar hacia mí, y cada vez que Zayne se acercaba a él, se soltaba y todo el invento se tambaleaba hacia todos lados.
No era mi momento más apurado del mes, pero este fragmento de mi memoria no iba a ser recordado muchas veces.
Por suerte, volvimos a escuchar:
¡Suficiente!
Salvados por el muun. Al ver parte de su colección en peligro (y otra parte en pedazos), Obohn detuvo a sus wookiees. Reticente, el wookiee soltó la estatua... y, más reticente aún, yo fui tras ella al suelo con un horrible golpe.
Para cuando Zayne me hubo recogido del suelo de mármol, Obohn seguía supervisando los daños. El rodiano, ileso, estaba llorando a moco tendido, lo que también atrajo la atención del muun. Eso nos dio a Zayne y a mí una oportunidad de empujar a Acampador hacia la puerta... y de hacer algo que hizo el momento tan doloroso para mí como lo era para los coleccionistas.
Le engañé.
Lo hice con gracia y resignación.
—¡Oye, loco tarado! Esos tipos son agentes de patentes para un importante conglomerado multi-galáctico, y por alguna razón que ninguno de nosotros puede entender, están interesados en tus invenciones. ¡Déjanos hacer la venta, y todos estaremos contentos!
Acampador levantó una ceja peluda.
—Me pagarán.
Nos pagarán... contando la cuota del intermediario. Pero sí.
Acampador se mordió la lengua.
—No son de Adascorp. Porque odio Adascorp.
—No lo son.
—Y Vanjervalis me estafó hace unos años.
—No son de ahí tampoco. ¿Alguien más para los que no trabajes?
Frunció el ceño.
—Déjame que piense un momento. Son unos cuantos.
—¡Bueno, pues tampoco son de esos! ¡Ahora sal de aquí para que podamos cerrar el trato!
Juntos, Zayne y yo lo empujamos por la fuerza hacia la puerta. Para estar seguro, me quedé mirando cómo se alejaba arrastrando los pies por la calle ondulada por colinas que conducía fuera de la ciudad y de vuelta al Último Recurso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario