domingo, 8 de agosto de 2010

Trabajos dolorosos (V)

No sé cuánto de nuestra conversación habían escuchado Obohn y el muñeco de ventrílocuo flotante, pero mi corazón dio un vuelco cuando vi que se aproximaban a nosotros, y además hablando excitadamente entre ellos.
—Esto no puede ser bueno —susurró Zayne.
—No podéis engañarme —dijo Obohn, acariciando su comunicador con sus dedos huesudos—. ¡Sé quiénes sois en realidad!
Instintivamente, Zayne se llevó de nuevo la mano a la chaqueta. Había sudado de lo lindo en la persecución, y estaba nervioso. Y si ahora lo identificaban como el Padawan fugitivo...
—Sé quiénes son en realidad... y sé quién era él —dijo, mostrando una sonrisa que ningún muun debería mostrar—. Sois ladrones... ¡y ese hombre era Ineas Tikartine!
—¿Disculpe?
Mientras Zayne y yo nos mirábamos el uno al otro, Obohn daba vueltas a nuestro alrededor.
—El hombre al que habéis echado de aquí... He escuchado parte de lo que ha dicho. Esas son sus obras... ¡y vosotros dos las robasteis!
Me lo figuraba. Otra vez con el comunicador... y el cuñado, y los invitados de la boda. Ahí viene.
Pero Obohn simplemente metió el comunicador en su bolsillo y se apartó.
—¿Entonces...?
—¿Entonces no va a llamar a las autoridades? —preguntó Zayne, planteando la cuestión de un modo más sutil del que yo planeaba.
—Por supuesto que no —dijo Obohn, relajando su expresión. Hizo un gesto al wookiee que estaba de pie, quien salió a un pasillo lateral y volvió con una gran maleta. Sólo por el peso, supe qué había dentro... y cuánto. Moneda local. Coloniales de Ralltiir, canjeables por créditos de la República en prácticamente cualquier parte. Y, aún más importante... casi el doble de lo que había pedido originalmente.
Estaba a punto de salir por la puerta con dicha maleta cuando Zayne, como de costumbre, se enfrentó a la buena suerte y le metió el dedo en el ojo.
—Deje que me aclare —preguntó Zayne a Obohn, desconcertado—. Cuando pensó que en realidad no conocíamos al artista, iba a hacer que nos arrestasen. Pero ahora que piensa que las hemos robado... está dispuesto a pagar el doble.
—Sí —dijo Obohn, quien de hecho acariciaba las “esculturas” con recobrada admiración—. Pero no es sólo que sean robadas. Son robadas... y el artista sabe que faltan. —El rodiano hervía de excitación, mostrándose evidentemente de acuerdo—. Ahora, estas piezas son mucho más deseables en nuestros círculos. Mucho, mucho más. Mucho más.
—Eso es lo que pensaba —dijo Zayne. Soltó un gruñido antes de salir arrastrando los pies.
A veces es realmente mejor no preguntar.

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