Lando Calrissian: Arreglo de Idiota
Rich Handley
Lando
Calrissian observó los rascacielos de Ciudad Nube, deleitándose con la grandeza
y la hermosura de la colonia minera de Bespin, y fingió no haber escuchado al
altavoz del comunicador llamándole por su nombre. La miríada de hoteles de lujo,
casinos y alojamientos de alto standing de la ciudad flotante llenaban el
horizonte escarlata cubierto de nubes, disfrazando las fábricas, refinerías,
elevadores de repulsión y generadores de campo tractor que dominaban los
niveles inferiores de la ciudad.
Incluso
ahora, más de un mes después de haber ganado la ciudad en una partida de sabacc
con grandes apuestas, Lando aún no podía creer que lo hubiera logrado. Después
de más de una década buscando fortuna y aventura, el jugador y emprendedor
finalmente se había vuelto respetable. Había asumido el título de barón
administrador, había aceptado la responsabilidad de las operaciones diarias y
de los más de cinco millones de habitantes de Ciudad Nube... y le gustaba. Pero
suponía mucho trabajo duro y estrés, y el tiempo de relax era un bien aún más
escaso que el gas tibanna que su ciudad producía.
Una
voz metálica y sin expresión a su espalda le sacó de su ensoñación.
-Le
pido perdón, barón Calrissian, pero el señor me indicó que le recordara su cita
con la reina Sarna.
La
voz conservaba sólo los matices imprescindibles para distinguirla del habla
artificial de un droide.
-Lobot,
no me llames barón –respondió Lando con un suspiro, siguiendo al ciborg de
cabeza rapada por un largo pasillo acristalado que dominaba la ciudad-. Y de
todas formas, ¿qué prisa hay? Sarna ha hecho un largo viaje desde Drogheda
hasta aquí. Puede esperar un par de minutos más.
-Mis disculpas, barón. Intenté contactar con usted
varias veces por su canal privado y por el sistema de intercomunicador de la
estación, pero no recibí respuesta.
Lando miró de soslayo a su ayudante administrativo
jefe.
-Debo de haberlo pasado por alto.
-Sí, señor. Madame Sarna espera, señor.
El semblante de Lobot no mostraba ningún cambio en
sus emociones, pero en las seis semanas que llevaban trabajando juntos, Lando
había llegado a distinguir sutiles cambios en el lenguaje corporal del ciborg,
y su postura era ahora incluso más tensa de lo habitual.
Lando dejó escapar un suspiro.
-Oh, mira, Lobot, no pretendía ser tan duro
contigo. –Posó una mano sobre el hombro de su ayudante-. Supongo que toda esta
cosa de “respetable barón administrador” ha sido un poco agobiante, eso es
todo. No puedo apostar mientras estoy de servicio. Alguien ha estado tratando
de matarme, así que no puedo ir a ninguna parte sin guardias. Y tengo que
arreglar cada pequeña cosa que se marcha mal. A veces echo de menos saltar de
un lado a otro de la galaxia con Vuffi o Tocneppil, o incluso con Dash. La vida
era más fácil antes cuando vivía como un pícaro. Más peligrosa, sí... pero más
divertida. Echo de menos la aventura, Lobot. A veces realmente echo de menos
ser un sinvergüenza.
Lobot mostró algo que se aproximaba a una ligera
sonrisa y asintió.
-Lo entiendo, señor. El puesto de barón administrador
puede ser una tarea agotadora e ingrata, con pocas oportunidades de disfrutar
de las diversiones que ofrece este complejo. Tal vez por eso tantos de sus
predecesores se dedicaron a empresas ilegales para mejorar su estancia aquí.
Que usted no lo haya hecho es una prueba de su carácter; que haya realizado
tantos cambios positivos en la gestión de Ciudad Nube demuestra su valía para
el cargo. Sepa que aquellos de nosotros que financiamos su última partida de
sabacc contra el barón Raynor nos sentimos más que compensados por nuestra
inversión, y no me siento ofendido por sus ocasionales brotes emocionales, ya
que usted nunca será el cruel déspota que era él.
Lando parpadeó.
-Vaya, gracias, Lobot. Te lo agradezco.
-De nada, barón –respondió Lobot, sin mostrar
cambios en su expresión-. Por aquí, por favor.
Señaló con su brazo la oficina de Lando.

La explosión arrancó de su marco la puerta de
plastiacero y la lanzó a gran distancia por el pasillo que acababan de cruzar.
Lando se dio cuenta de que, de no haber actuado Lobot tan rápidamente, ambos
habrían sido partidos por la mitad. De la habitación salía humo oleoso, y
lenguas de fuego asomaron al pasillo por un instante antes de que la espuma
extintora cayera desde el techo, apagando el incendio. Lando y Lobot se
pusieron de pie y contemplaron los daños. Donde antes había una lujosa oficina
y varias habitaciones circundantes, ahora sólo había humo y escombros.
Lando se puso tenso.
-¡Sarna!
***
-Alguna clase de droide creado para parecer humano,
señor –dijo con asombro el soldado Jerrol Blendin mientras sostenía los
carbonizados restos de un brazo del que colgaba una masa de cables fundidos-. Aunque
no muy bien diseñado, a pesar de lo real que parecía. –Blendin tendió a Lando
la extremidad quemada-. La estúpida cosa se voló por los aires antes de que
usted llegara a entrar en la habitación.
Lando clavó una dura mirada en el guardia.
-Así que piensas que debería haber esperado hasta
que yo estuviera en la habitación... ¿Es eso lo que estás diciendo?
-Sí, señor. Obviamente, quien quiera que lo enviara
pretendía que... –Blendin se detuvo en seco, tensando los músculos del rostro
mientras comenzaba a tartamudear-. Bueno, no, señor. Quiero decir, me alegro de
que no le matara, señor. Tan sólo digo que... bueno...
Lando soltó un gruñido.
-Tranquilo, Blendin. Sólo trataba de sobrecargar
tus sensores. –Hizo girar varias veces el brazo en sus manos-. ¿Cómo es
siquiera posible? Nadie ha llegado a estos avances en cibernética.
-Bueno, nunca antes había visto nada como esto,
aunque he escuchado rumores de algunos experimentos en este tipo de cosas.
-¿Y no era un ciborg?
-No, señor. –Blendin se encogió de hombros-. No
había trazas de materia orgánica en los restos.
-Un droide que parece humano... –Lando meneó
escépticamente la cabeza-. ¿Alguna idea de quién enviaría aquí una réplica de
Sarna para matarme, o de por qué?
Blendin
negó con la cabeza.
-No,
señor, aún estamos investigando eso. En cualquier caso, he contactado con
Drogheda, y dicen que la reina no tenía noticias de esta reunión. Tal vez quien
hiciera esto trataba de sabotear los envíos de tibanna a Drogheda.
-No
creo que sea eso. –Lando examinó la sala e hizo una señal a Lobot, quien se
excusó ante el equipo de emergencias al que había estado ayudando y se unió a
la conversación. Lando tendió el brazo al ciborg-. Lobot, ya van tres atentados
contra mi vida en la última semana. Pero este era diferente. Esa explosión
podía haber acabado con la mitad de esta zona y matado a miles.
-¿Quiere
activar una alerta general de la estación, barón? –preguntó Lobot.
-Lo
estoy considerando, pero hay algo de lo que quiero hablar contigo antes. Y
no me llames barón. –Se volvió hacia Blendin-. Gracias, soldado. Mantenme
informado.
-Sí, señor –respondió marcialmente Blendin,
volviendo al lugar de la explosión.
Lando se volvió hacia Lobot, señalando el brazo.
-Ahí está el culpable, Lobot. ¿Primo tuyo?
Lobot alzó una ceja, pero no dijo nada.
-Muy bien, mi cibernético amigo, necesito tu ayuda.
¿En qué situación estamos?
-El análisis de la situación no es favorable,
señor. El asesino ha dejado de preocuparse por la seguridad de los viandantes,
convirtiendo esto en una amenaza muy real para la ciudad. Por suerte, las salas
destruidas en la explosión estaban desocupadas, pero sin duda este individuo
volverá a atacar, y no debemos presuponer que vayamos a seguir sin bajas cuando
ocurra.
Lando se masajeó las sienes para aplacar su
creciente dolor de cabeza.
-Eso es lo que me gusta de ti, Lobot: siempre
pensando en positivo. –Inclinó la cabeza sin decir nada, y Lobot esperó a que
volviera a hablar-. Yo soy la amenaza
para esta estación, Lobot. Alguien me quiere fuera de aquí, y no estamos más
cerca de averiguar quién es de lo que estábamos con el primer atentado. No
puedo quedarme esperando a que el cuarto intento mate ciudadanos de Ciudad
Nube. Mientras yo esté aquí, todos los demás están en peligro.
Lobot frunció ligeramente los labios.
-Ese parece ser el caso, señor.
-Bueno, entonces tal vez podamos usar eso en
nuestro beneficio.
-¿Señor?
-Ha sido un placer conocerte, Lobot, pero me ha
llegado la hora de morir.
***
La noticia de la inesperada muerte de Lando Calrissian
fue difundida por todo el sector. Se ofrecieron exequias en una plataforma
flotante muy por encima de la superficie de Bespin, con cobertura del reportero
ugnaught Ars Fivvle y el resto del equipo de “Noticias de Actualidad”.
-Bonita ceremonia. Aunque los colores son un poco
apagados. –En la cabina del Cobra, en
órbita sobre Bespin, Lando apagó la retransmisión y se volvió a su copiloto-.
Lobot, espero no haberme engañado a mi mismo, echando a perder una operación
valiosa.
-Lo que ha hecho, señor, es engañar a la población
general para hacer creer que está usted muerto, dejándonos libres para
descubrir a aquellos responsables de los ataques. El riesgo para sus activos
personales, me atrevo a pensar, debería ser secundario.
-Un riesgo para mis activos nunca es secundario,
vieja base de datos –replicó Lando-. Bueno, de acuerdo, hemos tendido el
anzuelo, y nos estamos ocultando en la seguridad del Sector Yucrales. Ahora
sólo necesitamos esperar y ver quién trata de comprar la ciudad. Nadie se
tomaría tantas molestias para eliminarme del cuadro sin intentar cosechar la
recompensa. Yo apuesto por Drebble.
-Tal vez, señor. Drebble fue humillado públicamente
cuando descubrí que había sobornado al crupier de Raynor, y perdió el favor de
su predecesor. En cualquier caso, ¿eso no me convertiría a mí en un objetivo
más adecuado para su venganza?
-Bueno, Drebble nunca ha sido el cristal más
brillante del sable de luz. Yo no descartaría que pudiera torcer algo tan
sencillo como la venganza si...
Lando dejó la frase a medias, y Lobot se volvió
hacia él con curiosidad.
-¿Algo va mal, señor?
-Sí, Lobot. Yo. Un memo como Barpotomous Drebble no
es lo suficientemente astuto como para organizar tres intentos de asesinato sin
dejar ni una pista de su identidad. Sería capaz de olvidarse su tarjeta de
identificación en la puerta. Tampoco tiene la sangre fría necesaria para poner
en peligro toda una ciudad con el fin de matar a un único hombre. No, nos
enfrentamos a alguien mucho más peligroso.
-Hay algo más, señor. Hasta ahora, hemos estado
suponiendo que los ataque sólo iban dirigidos a usted, pero, ¿y si ese no es el
caso? Los gank que trataron de dispararle las dos primeras veces lo hicieron
cuando yo no estaba muy lejos, y la destrucción de su oficina también me habría
matado a mí. ¿Tal vez ambos seamos objetivos?
-Excelente punto. -Lando se acarició el bigote,
pensativo-. Y eso limita seriamente
nuestros sospechosos. Aún no llevo ni dos meses en la estación, de modo que no
puede haber tanta gente que nos quiera muertos a ambos. –Hizo una pausa por un
momento-. Ya hemos descartado Drebble, y no me imagino a los guardias corruptos
que despedimos, o a los ladrones que atrapamos en los casinos y las minas,
llevando su venganza hasta este extremo.
-¿EV-9D9, tal vez?
Lando negó con la cabeza.
-Lo dudo. Esa droide loca habría hecho el trabajo
ella misma, y lentamente, para poder regocijarse con nuestro dolor. Eso sólo
deja una persona que se me ocurra.
Lobot asintió mostrando su acuerdo.
-Raynor.
-Sip. Dominic Raynor en persona. Antes de
marcharse, me amenazó frente a una sala llena de testigos, motivo por el que
inicialmente lo descarté como sospechoso. Sería demasiado obvio. En cualquier
caso, puede que contara precisamente con eso.
-Es plausible –convino Lobot-. Si ese es el caso,
entonces necesitaremos...
Un disparo a popa del Cobra sacudió la nave y sus ocupantes. Girando en su silla, Lando
comprobó frenéticamente los instrumentos. Su yate personal estaba fortificado
con lo último en sensores, haciendo extremadamente difícil que otra nave se
acercara sin ser descubierta. Que alguien lo hubiera conseguido no ayudaba en
lo más mínimo a su dolor de cabeza.
-¿De dónde ha venido ese disparo? –aulló Lando
presa de la frustración-. ¡No puedo encontrar ninguna nave en ninguno de mis
sensores! Por los Cinco Anillos de Fuego de Fornax, ¿qué nos ha disparado?
Lobot quedó inmóvil mientras los datos se cargaban
en sus implantes craneales. Confirmando la información con la que aparecía en
la consola de navegación de la nave, se volvió hacia Lando, con aire
inusualmente sorprendido.
-Lando, esto no tiene sentido. Parece que nos
persigue...
-...un Destructor Estelar imperial –terminó Lando,
con el rostro iluminado por lo que ahora ocupaba el visor del Cobra-. ¿Pero de dónde ha salido esa
nave?
La proa en punta del Destructor Estelar llenaba la
pantalla, sin estrellas visibles más allá de la inmensa cuña gris que hacía que
el infinitamente más pequeño yate pareciera diminuto. Dos disparos más
sacudieron su nave, y una tubería se soltó llenando la cabina de vapor.
Apresurándose a volver a colocarla, Lando pulsó el botón de extracción y pulsó
una serie de interruptores mientras el vapor se disipaba.
-Los impes no tienen un dispositivo de ocultación
que les permita acercarse sigilosamente a nosotros de ese modo, y no hay señal
de un salto hiperespacial. ¿Qué está pasando aquí, Lobot?
Como si fuera la respuesta, un rayo tractor apresó
la nave más pequeña y comenzó a tirar de ella hacia una bahía de atraque en la
parte inferior del Destructor Estelar. Lando tiró de una palanca a su derecha,
esperando poder liberarse de la tracción. El gemido del esfuerzo del metal
llenó la cabina y un chasquido que no pudo identificar sonó a popa. Hizo una
mueca.
-Tengo un mal presentimiento sobre esto.
Disparó repetidamente al crucero, pero eso no tuvo
ningún efecto en el rayo tractor.
Lobot se volvió para decirle algo, pero una
transmisión del crucero le interrumpió.
-Atención, Cobra
–entonó una fría voz femenina-. Al habla el Destructor Imperial Facetado. Apague los motores y ríndase
de inmediato. Nuestros rayos tractores superan a sus motores. Si sigue resistiéndose
su nave se partirá en pedazos.
-Lando, tiene razón –advirtió Lobot-. Esta nave no
puede soportar la tensión mucho más tiempo.
Lando le miró fijamente un instante sin decir
palabra, y luego alargó la mano hacia un interruptor.
-De acuerdo, supongo que no tengo más elección
que...
-Espere, Lando, no apague todavía. –La pantalla de
cristal líquido del implante craneal cibernético de Lobot parpadeó salvajemente
mientras descargaba una nueva serie de datos-. Algo no cuadra. La lectura de
energía es inferior a lo que produce una nave de esa clase. Aún más, el
análisis espectral de los impactos de láser que hemos recibido no concuerda con
el de los armamentos imperiales habituales. Sea lo que sea, esa nave no es un
Destructor Estelar.
Lando miró a su ayudante, incrédulo.
-¿No es un Destructor Estelar? Lobot, es
triangular, es más grande que una oswaft encinta y nos está atrayendo hacia su
vientre mientras hablamos. ¡Desde luego, para mí parece un Destructor Estelar!
-Sin
embargo, Lando, no lo es.
-¿Entonces
me estás diciendo...?
-Que
es un holograma.
Lando
le lanzó una mirada escéptica.
-¿Un
holograma que puede lanzar rayos tractores?
Lobot
recibió más datos.
-Sí
que hay una nave ahí fuera, pero no
es mucho más grande que el Cobra.
–Pulsó los botones de su implante craneal con la maestría de un músico bith
tocando su fanfar-. En cuestión de un momento tendré localizada su ubicación.
-Atención,
Cobra –repitió la voz femenina-.
Nuestros sensores muestran que no ha apagado sus motores. Hágalo, o será destruido.
Lobot
alzó la vista.
-He
identificado el tipo de nave. Es un carguero YT-1300.
YT-1300, pensó amargamente Lando. ¿El Halcón? Recordó sus desavenencias con Han Solo, pero el crimen a sangre
fría no era el estilo de Han. En el fondo, bajo todo su resentimiento por la
traición de Han, Lando sentía que todavía había un vínculo entre ellos, y
esperaba no tener que encontrarse nunca en una posición donde tuviera que
traicionar a un amigo.
-Sus señales están enmascaradas para hacerlo
parecer un crucero imperial –añadió Lobot tras una pausa-, y sus campos
tractores están desplazados para ocultar su verdadero punto de origen.
Lando frunció el ceño.
-¿Unidades de Práctica de Tiro de Espacio Profundo,
tal vez? He oído que esos drones de objetivo pueden usarse para transmitir una
falsa señal de escáner. Los oswaft usaron un truco parecido en ThonBoka.
-No, señor. Creo que la tecnología empleada es
mucho más compleja que eso.
-Bueno, entonces tengo suerte de que estés aquí,
viejo teclado. –Lando apretó con fuerza la mandíbula-. Lobot, necesito más
información si vamos a salir de esta. ¿Puedes localizar el proyector del
holograma y los rayos tractores?
-Manténgase a la espera.
-¡Dentro de poco, no quedará mucho de mí para que
me mantenga en ninguna parte!
-Lo tengo, señor. Transmitiendo ahora la lectura a
su consola.
-¡Hora de patear al ronto, Lobot! –Lando tecleó la
lectura, pasó los datos a las armas de la nave y disparó a las zonas que Lobot
había indicado. Chispas brillantes destellaron en el vacío del espacio antes de
extinguirse rápidamente, y con ellas desapareció todo el Destructor Estelar.
¡Yeeaahhh! –exclamó Lando jubiloso, palmeando el hombro de su compañero.
Con los campos tractores desactivados, el Cobra se alejó rápidamente del carguero
que había ocupado el lugar del crucero mucho mayor. Lando enseguida bajó la
potencia de los motores y dio media vuelta a la nave para enfrentarse a su
atacante, volando una de sus torretas artilleras de un disparo limpio.
-Muy bien, farsantes, ¿queréis continuar luchando,
o tenéis miedo de una pelea justa?
En respuesta, surgieron láseres de múltiples puntos
del carguero, golpeando sin piedad al Cobra.
Una tras otra, las consolas fueron estallando por la cabina, y las luces
parpadearon lentamente.
-¿Qué dem...? –exclamó exasperado Lando-. ¡Esa nave
estaba disparando desde sitios donde ni siquiera debería haber ninguna clase de arma!
-Su armamento ha sido fuertemente modificado –respondió
Lobot con calma.
-¡Gracias, pero habría agradecido esa revelación un
poco antes!
-Mis disculpas, barón.
Lando
lanzó una mirada de reojo a su copiloto.
La
voz se dirigió a ellos una vez más, acompañada por la imagen de una mujer
humana de unos treinta y tantos años. Con su cabello rubio muy corto, tenía el
semblante duro de alguien acostumbrado al trabajo físico. Su voz era fuerte
pero firme, su túnica simple y carente de adornos.
-Lamentarás
esto, Calrissian. Ese holo-proyector costó un montón de créditos, y el
repetidor de campo tractor era único en su especie. Mi contrato dice que si te
mato no podré cobrar, pero el daño al Facetado
va a costarte caro.
Lando
y Lobot intercambiaron miradas. ¿Contrato?
¿Cobrar?
-De modo que eres una cazadora de recompensas –se
limitó a decir Lando, ignorando su amenaza-. Y yo que estaba pensando que me
enfrentaba a alguien realmente temible. Sólo eres un matón de alquiler.
Ella entrecerró los ojos.
-No me pongas a prueba, Calrissian. No eres mi
único trabajo. Y no te molestes en intentar escapar; tengo un rastreador oculto
tan profundamente de tu nave que nunca serás capaz de encontrarlo. Puedo
encontrarte, no importa dónde vayas.
Lando miró el diagnóstico de la nave. Armas
inutilizadas. Motores hiperespaciales parcialmente operativos. Niveles de
combustible y oxígeno peligrosamente bajos. Sabía que ella tenía la ventaja y,
aún más importante, sabía que ella lo
sabía.
Sabacc puro. Por supuesto, eso nunca había detenido
a un jugador experimentado. Después de todo, un Arreglo de Idiota vencía
incluso al sabacc puro, y un buen farol podía vencer absolutamente a cualquier
mano.
Lando sonrió a la cazadora, vertiendo el encanto
que le había hecho ganar gran cantidad de... favores femeninos.
-Aparentemente, hemos comenzado con mal pie. Ni
siquiera sé tu nombre.
-Thune –respondió ella fríamente.
-¿Eso es un nombre o un apellido?
-Thune.
-Bonito nombre –mintió-. Soy un hombre rico,
¿sabes? Puedo triplicar lo que empleador te esté ofreciendo, y además puedo
ofrecer incentivos más... valiosos que los créditos. Estoy seguro que una dama
de tu inteligencia y belleza puede darse cuenta de que...
-Ahórratelo, Calrissian. Sé que te jactas de ser un
conquistador, pero soy inmune. –En la pantalla, cuatro figuras con trajes
avanzaban en el vacío del espacio entre las naves, llevando entre ellos un gran
contenedor. Thune continuó-: Tengo una docena de armas apuntándote, y conozco
el estado de tu nave. Mantén la posición mientras envío a alguien para
deteneros a ti y a tu ciborg. Si intentas cualquier cosa, me saltaré el
contrato, y tu utilidad para mí acabará en ese instante.
La pantalla se volvió negra, y Lando se acarició la
barbilla. Muy bien, entonces, estaba decidido.
-Lobot, prepara un salto estático al hiperespacio.
Los ojos de Lobot se abrieron como platos en una
inusual muestra de emoción.
-¿Un salto estático? Señor, ese curso de acción es
muy poco recomendable. Nuestra extrema proximidad al Facetado puede resultar desastrosa si activamos los motores de
hipervelocidad, y no tenemos ni las armas para luchar ni los medios para
escapar a su sistema de rastreo.
-Tienes razón, amigo mío... no los tenemos. Lo que sí tenemos, sin embargo, es algo mejor.
Tenemos a Mungo.
-¿Mungo, señor? Me temo que no le sigo. ¿Qué es
Mungo?
-Mungo no es un qué, es un quién. Mungo Baobab,
propietario de la Flota Mercante de Manda Baobab. Hace varios años financié sus
primeras expediciones en busca de piedras roon. Me debe una desde entonces. Y
resulta que estamos lo bastante cerca del sistema Roon para saltar hasta su
operación en Quilken. Pese a su algo tosco nombre, Mungo es un tipo decente, y
casi tan ingenioso como yo. No es un gran jugador, pero bueno, nadie es
perfecto. Creo que es hora de que vaya a reclamar mi deuda.
Un fuerte golpe metálico anunció la llegada del
equipo de Thune cuando sujetaron una esclusa portátil a la escotilla superior
del Cobra. Un minuto más y estarían
dentro.
-Con todo el debido respeto, señor, ¿cómo nos
ayudaría eso en nuestra actual situación? Thune nunca nos permitiría llegar
hasta Roon.
Lando mostró una sonrisa socarrona y apretó el
brazo de su ayudante.
-Confía en mí... ya he usado antes este pequeño
truco. Si nos elevamos para quedar justo morro contra morro con el Facetado y entonces activamos los
motores de hiperespacio, el reflujo al pasar barrerá su nave, no la nuestra. La
mitad de sus sistemas se apagarán antes de que se de cuenta siquiera que nos
hemos ido.
-¿Y si no lo coordinamos correctamente?
-Bueno, entonces nunca tendremos que leer otro
tedioso informe del Gremio Minero.
Lobot frunció los labios, y luego se volvió a
preparar los motores. Un instante después, volvió a levantar la mirada.
-A la espera. Espero que esto funcione.
-Y yo también, viejo servomotor. Y yo también.
–Hizo sonar sus nudillos y tecleó las instrucciones de rumbo en el ordenador
antes de ceder el control de la nave a Lobot-. Muy bien, hagámoslo. Haz
ascender al Cobra lo más cerca del Facetado que puedas sin llegar a
tocarlo. A Thune no le va a gustar eso, así que tendremos que movernos muy
rápido. No habrá espacio para el error. Por suerte, uno de nosotros tiene un
ordenador como cerebro.
Lobot no dijo nada mientras estudiaba las
direcciones por un momento antes de comenzar a acelerar. El Cobra saltó hacia delante como si fuera
a embestir a la otra nave. Gritos agonizantes se filtraron por el comunicador
mientras la nave avanzaba, lanzando violentamente a los matones de alquiler de
Thune hacia el espacio. Disparos de láser salieron como puñales del Facetado, pero Lobot los esquivó y se
detuvo en seco apenas a medio metro del casco de la otra nave, y entonces pulsó
una última tecla en el ordenador de navegación. Las estrellas se convirtieron
en finas lanzas de luz cuando el Cobra
saltó a la velocidad de la luz. Que aún siguiera existiendo significaba que la
apuesta de Lando había funcionado... de momento.
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