jueves, 6 de febrero de 2014

Bajo rebelde (II)


Dos días más tarde, actuando en serio, Ry deslizó la mano por el estrecho cuello del bajo, terminando la canción con un profundo glissando. Sostuvo la nota de fondo lo suficiente como para golpearla un par de veces con el codo derecho, sobre el punto FX, y luego sacudió la cabeza. Erik, atento a esa señal, atacó un riff final con los percutores tenores. Las manos de Hannis se congelaron a mitad de su danza sobre el teclado táctil. La escuela técnica de Tuttin daba de comer a una gran población estudiantil en el comedor donde Keth Beamis había decidido celebrar audiciones.
Con su mobiliario multicolor de comedor empujado a un extremo, la sala imitaba la acústica de un auditorio de tamaño medio.
Keth Beamis puso su cuaderno de datos sobre una mesa.
-Bien -dijo.
Beamis llevaba un bigote caído y lucía una coleta rubia, que colgaba sobre su nuca. Ry no sabía mucho sobre él, más allá del hecho de que recogía información para la Alianza Rebelde... y que tenía buen oído para todos los estilos de música contemporánea: Motor de núcleo, minga, alarde... y crepuscular, la especialidad de Grito Lejano.
-¿Cuánto tiempo lleváis tocando juntos?
-Tres estaciones -dijo Ry, sobrecogido por conocer al fin a ese hombre del que Tet había hablado con tanto respeto. Y añadió-: Tet Tramys nos ayudó a realizar nuestros primeros arreglos de versiones.
No haría ningún daño recordarle a Keth Beamis su contacto mutuo.
-Me gusta cómo sonáis. -La larga nariz y la alta frente de Beamis le hacían parecer un aristócrata de los mundos del núcleo-. Bien equilibrado, y sorprendentemente maduro para vuestra edad. D'lund, espero que te quedes por aquí una temporada después de graduarte. No te marches y abandones a estos dos. Creo que en un futuro muy cercano estaríais capacitados para dedicaros a tiempo completo a actuar.
Hannis asintió con la cabeza, dejando que el flequillo le cayera sobre los ojos. Hizo crujir los nudillos sobre su teclado táctil, un gesto que significaba que estaba totalmente satisfecho.
Erik aferró sus baquetas en una mano y las sostuvo contra su camisa verde pálido.
-¿Hemos conseguido el trabajo, entonces?
Beamis sonrió con humor.
-Es demasiado pronto para decirlo, ya que todavía tengo que visitar otros sistemas. Pero creo que como mínimo os habéis ganado una prueba final en la base de operaciones en Beltrix. Eso suponiendo que vuestras familias os dejen viajar.
-¡Sí! -Erik golpeó un platillo.
Hannis sonrió. Beltrix no estaba lejos, pero Erik nunca había estado fuera de Tuttin IV.
-Será mejor que despejéis el... eh… el escenario.
Beamis hizo un gesto como separando las aguas con las dos manos, echando un vistazo a las mesas y sillas apiladas a lo largo de la pared cercana. Detrás de los muebles amontonados, Ry podía ver pedacitos de la pintura mural que alguna clase anterior había pintado, retratando al Emperador Palpatine dando zancadas de planeta en planeta, aproximándose a planetas grises llenos de cráteres y dejando una estela de mundos fértiles, bien desarrollados y ricos conforme su Nuevo Orden se iba propagando. Lástima que las cosas no hubieran resultado ser así en realidad.
-Hay otra banda esperando para prepararse -añadió Beamis.
-Guau. -Erik miró el cronómetro de la pared y agarró el conjunto de los percutores tenores-. Llego tarde al entrenamiento de smashball. Ayudadme a guardar esto, chicos.
Ry caer su bajo en un estuche acolchado y comenzó a soltar los platillos de Erik. Se lo diré mañana, decidió.
Después de que terminaron de cargar todo en el deslizador de Hannis, Ry deambuló de vuelta al comedor escolar. Beamis seguía sentado en su mesa cerca del vergonzoso mural, acariciando su bigote mientras tocaba una banda de más edad. Ry echó un vistazo con más detenimiento a los músicos y mostró una media sonrisa. Era un grupo de b'ssa nuuvu, con la instrumentación tradicional de fizz, kloo, bandfill y ommni. El musculoso intérprete de cuerno kloo se balanceaba de lado a lado, haciendo oscilar su cuerno delante de él. Ry se preguntó si también los intérpretes de b'ssa nuuvu se deslizaban fuera de la realidad en un estado del espacio-tiempo donde sólo existía la música.
Y ahora Ry lo reconoció. Onjo Fegel había cenado en la mesa del gobernador Shran Etison, lo cual tenía sentido, ya que el gobernador Etison era un fanático de la b'ssa nuuvu. Etison parecía decidido a dar a Ry una educación social adecuada... y tal vez convertirlo a sus propios gustos musicales.
La vida había sido diferente antes de que se fueran sus padres. Pensaba que se llevaba bien con ellos, mejor que casi todos sus amigos y sus mayores.
Las sillas detrás de Beamis estaban libres. Ry se deslizó en una y se dejó caer, apoyando ambos pies en el asiento de otra silla.
Después de que Beamis hiciera salir al grupo de Onjo fuera del escenario, dos oficiales de las Fuerzas de Seguridad del Sistema Tuttin uniformados de negro irrumpieron en el comedor.
-¿Keth Beamis? –preguntó su líder.
Ry se deslizó hacia atrás para sentarse recto. ¿Qué querrían las FSST de un grupo de músicos?... A menos que hubieran descubierto las conexiones de Beamis con la Alianza.
Beamis se puso de pie, se estiró con aire casual, y flexionó los dedos, sacudiendo la cabeza y enviando la cola de caballo sobre un hombro.
-Hola, oficiales. ¿En qué puedo ayudarles?
-Haga el favor de acompañarnos -respondió el hombre de las FSST que había hablado.
El uniforme negro hacía que su piel se viera pálida con un ligero tono rosado. Hizo otro gesto.
-Y tú también, muchacho. Tenemos algunas preguntas.
El corazón de Ry comenzó a golpear a ritmo de motor de núcleo.
Keth Beamis arqueó las cejas.
-Estaré encantado de hablar aquí con ustedes -ofreció, con una voz tan calmada que Ry de repente dudó de que fuera en absoluto un espía de la Alianza.
-Bueno, ya veremos hasta dónde llegamos.
El oficial de las FSST de piel rosa pálida apoyó un pie sobre una silla turquesa vacía mientras que sus refuerzos avanzaban hacia la puerta doble principal de la sala. Ry se preguntó si esperaban que Beamis saliera huyendo. El pulso de Ry siguió acelerándose. Confiaba en no hacer nada estúpido, como salir corriendo él mismo.
-Vino usted al sistema Tuttin desde Thabit –dijo Rosita mirando un cuaderno de datos.
-Eso es correcto.
-¿Hizo usted averiguaciones allí acerca de una mujer llamada Maiferri Tag?
Una vez más las cejas se arquearon.
-No pude encontrarla -dijo Beamis-. Programó una audición con varios meses de antelación, pero no apareció. Espero que no le pasase nada.
El oficial de respaldo se acercó más, manteniendo una mano demasiado casualmente cerca de su bláster.
-Lo que pasó –dijo-, es que se la arrestó bajo cargos de espionaje. Beamis, será mejor que hablemos, y no aquí. -Sus labios se curvaron-. En privado.
Había habido un tiempo, antes del Imperio, en el que Ry pensaba que los oficiales de las FSST eran duros, fuertes y virtuosos. Recientemente, las FSST habían atraído a personas que sólo querían intimidar a otras personas.
Beamis sonrió amablemente.
-Una cosa buena acerca de no tener nada que ocultar es que no tienes nada que temer. Vete a casa, Ry. Voy a hablar con estos caballeros.
-El también viene -dijo Rosita.
-Oh, claro.
Ry se encogió de hombros, tratando de imitar la apariencia de absoluta despreocupación de Beamis. Dejó caer ambas manos a los costados mientras seguía al oficial principal a un deslizador de patrulla que espera, un reciente modelo azul y blanco al que parecían haberle brotado varias aletas de refrigeración por todo el compartimiento del motor. Ry se deslizó en un asiento trasero con Rosita a su derecha y Beamis sentado más allá de él. Si las FSST estuvieran realmente preocupadas, le habrían puesto esposas. ¿O no?
Tal vez no. Tal vez dispararían primero y preguntarían después.
Fue un corto viaje de regreso al Centro Administrativo de mármol blanco. Ubicado a los pies de los acantilados grises que habían atraído a las empresas mineras hacía un siglo, el ala oeste del Centro albergaba la mansión del gobernador Etison. Los refuerzos de Rosita los condujeron al ala este, a las oficinas de los oficiales, donde descendieron varios niveles en ascensor.
Ry marchó obedientemente por un pasillo gris que terminaba en una amplia sala de espera. A lo largo de una pared había una hilera de celdas de detención con vallas de energía.
-Seguridad de Thabit no llegará hasta dentro de un par de horas más -dijo Rosita-. Mientras tanto, simplemente queremos evitar que os toméis unas vacaciones no autorizadas.
Hizo un gesto hacia una celda de detención.
Beamis dio un paso adelante.
-Señor, no puede detener a ciudadanos respetuosos con la ley del Imperio sin una causa adecuada. Le puedo dar un compromiso de buena conducta.
-Creo que esta vez la causa es adecuada. Dentro, Beamis. Tú también, hijo. Tres celdas más allá. Por lo que sé, eres cómplice.
-¿Cómplice? -repitió Ry, con el pánico corriéndole finalmente por la garganta-. Yo soy... él es... escuche, llame al gobernador Etison. Él responderá por nosotros dos. Sólo estaba haciendo audiciones para unas actuaciones. Es un cazatalentos musical...
-Y yo soy la anciana abuela del Emperador. –Un ayudante de Rosita agarró el hombro de Ry y le dio un empujón. Ry entró a trompicones en la celda más cercana. Se dio la vuelta rápidamente. Para entonces, la barrera de energía ya zumbaba y chisporroteaba. Los oficiales condujeron a Beamis a una celda un poco más allá en la fila.
-Ha habido un error -insistió Beamis, entrando en la celda-. Ry, no te preocupes. Hablaremos con la gente de Thabit, y luego podrás llegar a casa; tarde, pero a tiempo para cenar.
Un ayudante administrativo, sentado en una terminal de datos a varios metros de distancia, levantó la mirada cuando los oficiales se fueron, luego se volvió hacia su terminal.
Ry parpadeó, demasiado aturdido para hacer mucho más. ¿Qué acababa de ocurrir, y por qué Keth Beamis actuaba con tanta tranquilidad? Ry volvió a mirar hacia la fila de celdas. Keth Beamis estaba sentado, mirando en dirección opuesta. Parecía una advertencia de que no tratara de comunicarse. Ry miró en la otra dirección y se quedó observando al ayudante, que trabajaba en silencio. El silencio subterráneo hacía que Ry se sintiera como si se estuviera asfixiando bajo una pesada manta, con tapones para los oídos y los ojos vendados. Tarareó unos compases de "Ojos Oscuros, Tibios Pensamientos" y se preguntó dónde estarían sus padres. El ascenso de Tendis Ancum le había puesto al frente de una fábrica. La madre de Ry siempre había trabajado como su ayudante, pero era también una música de formación clásica, una soprano de voz dulce que podía conmover hasta las lágrimas a la audiencia más fría.
Ry apretó un puño, decidido a no llorar ahora. Todavía no podía creer que sus padres no se lo hubieran llevado con ellos. Sus mensajes siempre incluían disculpas por no escribirle a menudo, pero eso servía de escaso consuelo. Aparte de Hannis y Erik, se sentía solo en su propia ciudad.
Dejó de tararear. La música crepuscular no era la más adecuada cuando ya te estabas asfixiando en tu propio dolor y miedo.
No llevaba sentado mucho tiempo, cuando el ayudante administrativo se puso de pie y caminó hacia él. El hombre tecleó una secuencia de código en el panel táctil en la puerta de Ry, y de pronto las chispas y los chasquidos se detuvieron.
-Etison dice que responderá por ti –dijo-. Ve a casa. Te llaman para la cena. Eso sí, no salgas de la ciudad.
-No hay problema. -Ry señaló la fila de celdas-. ¿Qué pasa con él? -preguntó en voz baja. Su voz se quebró en la última palabra-. ¿No puede venir conmigo?
-No -dijo el ayudante.
Ry apretó las dos manos para evitar que temblaran. Eso no era un subidón de adrenalina. Era temor por un amigo, y no le gustó.

***

La cena de Ry le sentó como una piedra en la boca del estómago. Había llamado a Erik y Hannis tan pronto como terminó de comer, y ahora estaban de pie junto a su cama. Después de agonizar pensando en cuánto contarles, decidió contárselo todo. Sus amigos no le delatarían, y serían cautos.
-Yo podría hurgar en la base de datos del gobernador Etison –concluyó-. Estoy seguro de que podría conseguir que la celda de Beamis se abriera el tiempo suficiente como para entrar y sacarlo.
La cabeza de Erik seguía temblando. Desde que Ry le había hecho jurar mantener el secreto y le había explicado los códigos de bajo, se había quedado mirando el cubrecama.
-No lo sé –dijo-. Esto suena terriblemente peligroso. Mis padres podrían ser expulsados de la escuela si me meto en este tipo de problemas. ¿Y qué hay de Teki?
La hermana pequeña de Erik sólo tenía cuatro años locales de edad.
-Esto nos viene demasiado grande, Ry.
Hannis resopló.
-¿Demasiado grande? ¿Para nosotros? Creo que es totalmente genial.
Los abuelos de Hannis habían sido aristócratas de los mundos del Núcleo durante la República. Sus padres habían huido al Borde Interior cuando el Imperio apretó su agarre, y él siempre había considerado la vida como una especie de juego. Su pericia con la electrónica -especialmente de la música y de las comunicaciones- le ofrecía un montón de juguetes.
-No. -Erik rara vez hablaba de su pasado. Ahora, sus cejas se arquearon mientras declaraba-: Chicos, podrían mataros. Pensad en lo que eso supondría para vuestros padres.
¿Para sus padres? Ry resopló.
-A mis padres no les importo un pelo de ranat...
El comunicador zumbó en su pared.
-¿Qué? -preguntó.
-Ryley. -La voz pertenecía a la ayudante del gobernador Etison, la capitana Hall-. Se requiere tu presencia en la oficina del gobernador E."
-Allí estaré, señora -dijo al comunicador. Luego bajó la voz-. ¿Lo veis? Está pasando algo. Volved a vuestras casas, y yo haré lo que pueda. Por mí mismo.
-Llámame -insistió Hannis.
-Cuenta también conmigo -añadió Erik-. Pero ten cuidado.
Tres minutos más tarde, Ry estaba de mie ante el escritorio de su mecenas. Shran Etison vestía de color caqui Imperial con un aire incómodo; no era de extrañar, ya que había nacido en un tranquilo mundo minero. Tenía una reputación de administrador competente, y de vez en cuando Ry veía indicios de que el gobernador Etison tenía tenues dudas sobre el Emperador Palpatine y su Nuevo Orden.
No mostró duda ni vacilación alguna esa noche. El gobernador estaba sentado frente a su ayudante vestida de negro, apoyando ambas manos sobre su escritorio. Sus anchos hombros, su mandíbula ancha y sus sienes con ligeras cicatrices insinuaban su carrera como héroe del smashball. Sus dedos se movieron rítmicamente.
-Espero que la audición fuera bien.
Ry se sentó en su silla adicional. Tenía ganas de preguntarle qué había pasado con Keth Beamis.
-Bastante bien. El cazatalentos pensaba que podríamos tener una oportunidad de conseguir trabajo en una auténtica gira.
Las manos del gobernador Etison dejaron de moverse. Levantó la vista hacia la capitana Hall, una mujer robusta con trenzas grises enrolladas en la parte posterior de la cabeza.
-Ry, me temo Keth Beamis puede haber complicado esa posibilidad.
Ry levantó una ceja con lo que esperaba que fuera un aire de leve curiosidad.
-¿Qué pasó? Desde luego, parecía extraño que le detuvieran.
El gobernador Etison miró a su ayudante. Ry pensó que el rostro de su mecenas parecía más gris, sus líneas de preocupación más profundas de lo habitual.
-Dígaselo, capitana Hall.
Hall blandió su cuaderno de datos.
-Los hombres de Thabit tenían una serie de preguntas para él. Resultaba evidente que había tratado de ponerse en contacto con una mujer que recientemente ha sido descubierta como una espía rebelde. En vez de eso, trató de hablar de tu banda.
-¿De nosotros? -El labio de Ry se crispó. ¿Estaba de nuevo en problemas?
-Bajo ciertas persuasiones, los agentes rebeldes empiezan a hablar y siguen hablando. Procedimiento estándar -añadió.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Ry. Si habían usado drogas de la verdad con Beamis, estaba perdido. Ni siquiera el gobernador Shran Etison podría salvarle si Beamis le había implicado... pero, ahora que lo pensaba, ¿no estaría ya bajo arresto si eso hubiera sucedido?
-Creemos –continuó diciendo Hall- que quería hablar de tu banda para mantener su mente en temas seguros.
-¿Qué quiere decir?
Calma. Mantén la calma.
El gobernador Etison se inclinó hacia delante. Cuando cruzó las manos sobre el escritorio, flexionó los hombros.
-Parece que tu amigo Keth Beamis estaba implicado en una red de espionaje rebelde, Ry.
Ry se quedó boquiabierto, exagerando la expresión. Esa reacción le haría parecer un niño pequeño, pero era mejor que aparentara ser lo más inocente posible.
-Así que cuando trató de hablar sobre tu banda en lugar de Maiferri Tag -continuó la ayudante-, le dejaron que lo hiciera por un tiempo. Lo mejor es dejar que el... sujeto se caliente y se acostumbre a hablar. No hacía más que insistir en que estabais listos para el circuito, y que le hubiera encantado ofreceros un contrato.
Esa no era forma de terminar una explicación.
-¿Y luego?
El gobernador Etison suspiró.
-Usó un truco estándar Rebelde. Se suicidó antes de poder revelar ninguna información real. Encontramos un cristal de affide debajo de su lengua. Un veneno muy rápido. Seguridad me dice que pueden ocultarse bajo una barrera impermeable en el interior de un diente perforado. Debió de estar sacándolo con la lengua mientras parloteaba acerca de tu banda. Lo siento, Ry. Te estaba usando.
¿Beamis estaba muerto? Ry cerró la boca. Obviamente, Beamis se suicidó antes que traicionar a Ry y sus amigos, o a cualquier otro agente en el lugar. Antes de decir a los imperiales que no podían enviar a Ry fuera del planeta porque una célula rebelde lo necesitaba aquí, recopilando información -sobre todo acerca de la "nueva nave de guerra" de la que Ry acababa de hablarle-, había realizado el salto final.
Por un momento, Ry se odió a sí mismo por involucrarse. Luego, su necesidad de culpar a alguien apareció y recayó en sus padres. Habían seguido ciegamente al Imperio, y le habían abandonado. Si todavía hubieran estado ahí, eso no habría sucedido.
Hall apoyó su peso sobre el escritorio del gobernador, estirando ambos codos.
-Así que tenemos una oportunidad de que sirvas al Imperio, Ry.
El gobernador Etison agitó una mano en el aire.
-Sí, y todavía disfrutarías de tu pasión número uno. Tengo muy buenos recuerdos de mis días en los escenarios -agregó en voz baja.
Hace veinte ciclos planetarios, Etison había tenido su propia pequeña banda de b'ssa nuuvu. Era una de las razones por las que mimaba a Ry y a sus amigos.
Ry hizo un esfuerzo para recostarse hacia atrás en su silla y cruzar un tobillo sobre la otra rodilla. ¿Servir al Imperio? No después de haber roto su familia, por muy voluntariamente que se hubieran marchado sus padres. Pero él quería seguir actuando. Lo deseaba con más fuerza que cualquier otra cosa en la vida.
-Mira, Ry. -Etison tomó un lápiz y lo hizo girar entre los dedos de su mano izquierda-. Con estas nuevas circunstancias en Thabit, hay sospechas de que la agencia de talentos de Beamis en Beltrix es un centro de inteligencia rebelde. Pero es sólo una sospecha. Queremos que tú y tus amigos tendáis una trampa. Haré correr la voz de que podríais estar llevando alguna información ilegal, y veremos quién se reúne con vosotros... y qué hacen al respecto. No te preocupes -añadió rápidamente-. Incluiré órdenes de que no se os haga ningún daño, bajo las penas más severas.
-Gracias.
Ry odiaba que le temblase la voz de esa manera.
-Nadie podría sospechar que vosotros trabajéis para mí. ¿Te das cuenta?
-Por supuesto.
-Bien. Y si me ayudáis, me encargaré de que Grito Lejano se pase el próximo año completamente fuera de la escuela técnica. Podréis actuar en ese circuito, con o sin contrato de la agencia de talentos. Incluso si se desmantela su negocio, todavía tengo contactos en los clubes de oficiales. Esta es vuestra gran oportunidad.
Ry trató de tragar saliva pero no pudo hacerlo con su boca seca y la garganta áspera.
-Tiene razón -consiguió decir-. ¡Gracias!

***

Un día después, Grito Lejano embarcó en un transporte para Beltrix. De pie en el interior de un resonante hangar, Hannis miró como Onjo Fegel subía la funda de su cuerno kloo a la cinta de embarque de equipajes. Hasta esa mañana, Ry no había sabido que Onjo Fegel se había graduado en la Academia de Servicio Imperial... en Inteligencia. Durante la duración de ese viaje, a Grito Lejano le habían impuesto los servicios de un intérprete de cuerno kloo con talento musical... pero totalmente fuera de lugar.
¡Eran una banda de música crepuscular, no de b'ssa nuuvu! Si el gobernador Etison todavía estaba tratando de captar a Ry hacia sus propios gustos musicales, acababa de perder a varios parsecs del terreno que hubiera ganado. Habían ensayado una vez antes de partir hacia el espaciopuerto. Sonaban de forma enfermiza.
Cuando Ry pensaba en Keth Beamis, se sentía aún más enfermo. Y, ¿qué sería de su viejo amigo Tet Tramys?
Tenía que advertirles que se deshicieran de todos los archivos sospechosos y enviasen lejos a cualquiera que pudiera ser reconocido. Pero durante todo el día, Onjo había estado pegado a él como un mynock sobre un cable de alimentación, impidiéndole hablar con Hannis o Erik sobre el envío de un mensaje codificado. Y sólo tendrían un día a bordo para averiguar cómo hacer que Grito-Lejano-con-un-cuerno-Kloo dejase de sonar una manada de giddies en celo.
Se ató en un desgastado asiento acolchado en el compartimiento de pasajeros del transporte.
No había ventanas. Sólo una serie de sonidos metálicos, y luego una voz distorsionada por los altavoces de la cabina, confirmaron que el despegue era inminente. Poco después, el transporte comenzó a temblar. Tembló durante varios minutos, seguido de una serie de sacudidas que hicieron que Ry se alegrara de haberse saltado el almuerzo.
Una luz intermitente marcó el final de la obligación de llevar los arneses. Onjo se levantó, se estiró a izquierda y derecha, y luego se alisó el traje de vuelo. Ry nunca había advertido lo sutilmente cómica que sus  mejillas ligeramente redondeadas y su nariz pequeña hacían que pareciera su cara. Sus manos regordetas sobresalían en los extremos de unas mangas demasiado cortas.
-Debemos tener un chadra-fan de piloto -dijo secamente-. ¿Tenéis hambre, chicos?
Ry no tenía hambre, en absoluto, pero siguió a Onjo por la nave hacia la cabina comedor. Al igual que el compartimiento de pasajeros, no tenía ventanas, ni pantallas externas... nada para darle una idea de los años luz que estaban cruzando. Un truco sucio más del universo.
Las largas mesas se estaban llenando rápidamente, y la tripulación del transporte estaba repartiendo una bandeja de almuerzo de menú único. Onjo los condujo desde la línea de recogida a un lugar cerca de un mamparo. Tocó el control de calor en la bandeja de su almuerzo, y luego levantó la tapa con un gesto dramático.
-Maravilloso –exclamó-. Carne misteriosa número doce.
Hannis sonrió débilmente. Ry tampoco encontró particularmente divertido el chiste de Onjo. Se puso a comer.
Después de comer en silencio durante diez o doce minutos, Onjo cortó un trozo de carne y lo blandió ante Erik.
-Lo que necesitas –dijo- es un riff brillante en los platillos. Vas a hacer que la gente se duerma.
-Es música crepuscular, no b'ssa nuuvu. -Erik, normalmente una de las personas más pacientes que Ry conocía, puso los ojos en blanco-. Mira, Onjo, entendemos que esto no es un concierto real, ya no. Pero no trates de hacer que Grito Lejano suene como algo que no es.
-Para este mercado, la b'ssa nuuvu siempre es el mejor ritmo. -Onjo ondeó una última vez el bocado y luego se lo metió a la boca-. Oficiales. Personas mayores, o que envejecen rápidamente. Incluso más viejas que yo.
Sonrió como si hubiera hecho otra broma.
Hannis murmuró algo en su plato.
-¿Qué has dicho? -preguntó Onjo con la boca llena.
Hannis levantó la barbilla.
-Keth Beamis no ofreció esta audición a tu banda de b'ssa nuuvu.
Onjo se inclinó sobre la mesa.
-Hay mucho más en una audición que quedarte de pie con los ojos cerrados. No estáis listos para el mundo real.
-Estamos preparados -insistió Ry.
Onjo levantó una ceja.
-¿Preparados? ¿Y lo dice el niño que supone que la Agencia de Talentos Holstrum de Beltrix va a prestarle un amplificador para su bajo? Piénsalo bien, ¿quieres? No pueden dejar que cada principiante de fuera del sistema tome prestados sus equipos.
¿Amplificador? Pero...
En ese momento, una solución cruzó por la mente de Ry. Silenció la inminente réplica de Erik con una rápida patada en la espinilla. El alto percusionista parpadeó, levantó las cejas, y luego se echó hacia atrás de nuevo.
La mente de Ry giraba a toda velocidad. Su bajo vye era un invento reciente, auto-amplificado... una especie de retorno a lo acústico, pero con las comodidades de la distorsión artística. Onjo había confundido este instrumento con el bajo mando, un instrumento de b'ssa nuuvu que apenas se oía por encima de un sólido conjunto de percusión a menos que se conectara a un amplificador.
-¡Por Kessel! Tienes razón -exclamó. Estaba practicando mucho en fingir ignorancia últimamente-. ¿Crees que he cometido un error, contando con ellos? En realidad no creía que quisieran que subiera un amplificador de bajo a bordo. Utilizamos nuestro peso permitido en el equipo de Hannis y Erik.
Sonaba marginalmente lógico, y al parecer Onjo se lo creyó. Ry tuvo que soportar diez minutos de historias sobre músicos que se presentaban sin preparación a los conciertos, y sus nefastas consecuencias. Finalmente, Onjo fue a buscar un droide de limpieza.
Ry llamó la atención de Erik tamborileando con sus dedos sobre la mesa.
-Distráelo durante unos minutos -susurró.
Cuando Onjo regresó, Erik se puso en pie.
-¿Sabes? –dijo-. Siempre me he preguntado cuál es la diferencia entre el ritmo de b'ssa nuuvu y el de minga. ¿No habrás traído alguna grabación?
Onjo cuadró los hombros, estiró el cuello, y se las arregló para mirar por encima de su nariz a Erik, que era media cabeza más alto.
-Por supuesto que sí –dijo-. ¿Lo dices en serio?
-Tienes que estar constantemente aprendiendo si no quieres que te pille el nexu.
Onjo sonrió a medias.
-Esta es la cosa más sensata que he escuchado de ninguno de vosotros, muchachos. Erik, tienes potencial. -Puso un brazo sobre el hombro de Erik-. Os veremos dentro de un rato -dijo a Ry y Hannis.
Para crédito de Erik, no se apartó del brazo o ni arrugó la nariz ante los intentos de Onjo de resultar gracioso.
Ry se quedó quieto hasta que Erik y Onjo desaparecieron por la escotilla principal del comedor. Luego se inclinó hacia Hannis, hablando en voz baja. No había descartado que Onjo o Etison hubieran colocado otros oídos entre los pasajeros.
-He pensado en una manera de advertir a nuestra gente que hay un espía a bordo. Pero necesito saber la frecuencia de comunicaciones de la nave. ¿Tienes alguna idea de la que utilizan?
-Por supuesto. -Hannis se encogió de hombros, sonriendo-. La descubrí antes de embarcar.
-Me lo había imaginado. -Ry golpeó el hombro de su amigo-. Entonces vayamos a la bodega de carga. Rápido.
Ry mostró el permiso del gobernador Etison al primitivo droide de seguridad que custodiaba el compartimiento de equipaje, y les dejaron pasar. Él y Hannis entraron rápidamente, resoplando.
-Se ha confundido y cree que toco un bajo mando -explicó Ry mientras abría la funda de su vye-. Dame esa frecuencia. ¿Y cuánto tardarías en cambiar la placa de cubierta de un comunicador por la de una toma de corriente?
-No tardaría ni... ¡oh! -Hannis asintió vigorosamente-. ¡Vas a conectarle el comunicador y hacer  creer a ese shroob pomposo que estás utilizando una fuente de energía para amplificarlo! Debería haber pensado en eso.
-Lo habrías hecho. Sólo que esta vez se me ha ocurrido a mí antes.
Ry dudó sólo un instante antes de ponerse a trabajar sobre su amado instrumento. Mientras Hannis retiraba placas de cubierta del mamparo, Ry sacó una multiherramienta de su bolsillo y cuidadosamente la deslizó en la caja de resonancia de plasteno negro del instrumento, cerca del lugar donde el cuello se unía al cuerpo. Ubicado en el interior había un pequeño amplificador interno de metal. Lo estudió cuidadosamente. Él era músico, no un pirata electrónico...
-Toma –dijo Hannis apartándose del mamparo-. Parece que estás utilizando un circuito amplificador sencillo. Perfecto para engañar a un simple músico de cuerno kloo. ¿Tienes algún problema con eso?
-Quiero volver a calibrar esto para transmitir en la frecuencia que me has dado, pero...
-Fácil. -Hannis cogió el instrumento y la multiherramienta-. Tardaré dos segundos... hecho.
Le devolvió los objetos justo cuando la escotilla se abrió. Erik y Onjo se unieron a ellos.
-Muy bien -declaró Ry, sujetando su bajo con aire casual y sosteniéndolo contra su pecho-. Tenemos menos de una hora para tratar de hacer que este grupo vuelva a sonar como una banda.
Ry ayudó a Erik a ensamblar sus percusiones y platillos alrededor del "trono" montado sobre repulsores. Hannis extrajo su teclado táctil de un montón de equipaje. Onjo montó el cuerno kloo.
Entonces Ry comenzó a marcar un ritmo lento para su número de la audición.
No había tiempo para elaborar una línea de bajo genuinamente musical en código. La nueva línea de Ry estaba llena de notas disonantes, pero ahora no podía evitar eso. Letra por letra, codificó un nuevo mensaje, enviándolo a través del comunicador mientras tocaba: Beamis muerto. Espía a bordo. Redada planeada. Destruir registros.
Cuando terminaron, se Hannis pasó ambas manos por su pelo largo.
-Ha sido horrible.
-Lo siento -respondió Ry-. No estoy acostumbrado a oír un cuerno kloo ahí. –Miró a Onjo y se encogió de hombros-. Probemos otra vez.
Esta vez, sabiendo de antemano lo que tenía que decir, lo hizo un poco mejor eligiendo notas iniciales que se asentaran sobre una base que encajase en la estructura de acordes de la canción. Aún hubo una nota tan disonante que incluso Onjo hizo una mueca. Ry respondió con un gesto de dolor por su parte, pero cuando terminaron el número, después de haber enviado la advertencia dos veces, comenzó a sentirse mejor.
Ojala hubiera alguien escuchando. Y con suerte, a nadie de la cabina le importaría demasiado que saliera música del transmisor de la nave. A juzgar por el estado del interior, no había nada que le importara demasiado a la tripulación. Este era un vuelo de suministros de baja prioridad.
-Onjo –suspiró Hannis-, ¿podrías al menos intentar que tus frases encajen con nuestro estilo? Vamos. Apuesto a que podrías tocar música crepuscular incluso dormido.
Los pequeños ojos redondos de Onjo se estrecharon.
-En efecto, podría.
Esta vez, Ry volvió a tocar su línea de bajo original, la que contenía el mensaje sobre el envío de metal fuera del planeta. ¿Por qué no? Si había alguien de Beltrix escuchando, no pasaba nada si tenían la historia completa.
-Ah –dijo Onjo al bajar su cuerno-. Tengo que admitir que eso ha sonado mejor.
Hannis hizo crujir sus nudillos sobre el teclado táctil.
-Sí, yo también lo creo.
Echó una mirada de soslayo a Ry, y Ry les obsequió a todos con un pulgar hacia arriba.
Una sirena sonó por el panel del comunicador, y, por suerte, Onjo no pareció darse cuenta de que el comunicador tenía la carcasa de una toma de corriente.
-Hora de volver a atarnos –anunció. Aseguraron sus instrumentos, y luego volvieron rápidamente a la zona de asientos. Ry se abrochó los arneses, y se sentó preguntándose qué les esperaba realmente en Beltrix III... si la “agencia de talentos” estaba destruyendo sus archivos, o si una escuadra de imperiales les esperaría en el muelle de atraque.
El transporte tembló y dio sacudidas. Sobre sus cabezas el metal sonaba a carraca. Ry se agarró a los brazos de su asiento y deseó estar en cualquier otra parte.
-Hannis –murmuró-, será mejor que vuelvas a cambiar esos paneles en el viaje de vuelta.
-Sí –musitó Hannis.
Cuando el traqueteo terminó, la luz de los cinturones de seguridad seguía encendida. El compartimento de pasajeros quedó en silencio, y luego lentamente se llenó de murmullos suspicaces. Ry pudo escuchar “¿...equipaje perdido?” y “¿...terminal equivocado?”.
Erik estiró el cuello para echar un vistazo, y luego murmuró:
-Onjo no está.
Ry apretó los dientes.
-Entonces esperemos que hayan escuchado la música.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Bajo rebelde (I)

Bajo rebelde
Kathy Tyers

De pie en un extremo de un garaje de deslizadores con capacidad para diez vehículos, Ryley Ancum dobló los brazos alrededor del cuello de su bajo vye. Escuchó atentamente mientras una lenta balada crepuscular sonaba en el teclado táctil expertamente ajustado de Hannis D'lund. Ry, Hannis, y su amigo Erik Lauderslag habían formado la banda, Grito Lejano, hacía tres temporadas.
No eran sólo "buenos para ser dos jóvenes de dieciséis años y un joven de diecisiete". Si Ry sabía algo de música crepuscular -y este año había hecho de la música crepuscular su vida-, entonces eran buenos. Unos fuera de serie.
Si tan sólo pudieran conseguir ese concierto fuera del planeta, sin alertar a los imperiales de los contactos clandestinos de Ry en la Alianza.
Ojos oscuros, más profundos que la luz estelar. Tibios pensamientos acarician mi alma...
Ry apretó los ojos con fuerza, presionando el vye contra su pecho, y siguió la línea de bajo que acababa de grabar... no sólo por su musicalidad, sino por las dos primeras notas de cada compás.
Ya no se paraba a pensar en cosas como: ¿Cuánto dura la primera nota? ¿Asciende o desciende en tono, y cómo de larga es la segunda nota en comparación? Con la práctica, esos pensamientos se habían convertido en una segunda naturaleza, como leer las páginas de una carta. Ahora, cuando dejaba a un lado la música -cosa que no era fácil, ya que Erik había escrito una canción buena y pegadiza- escuchaba letras y pausas transmitidas en código de bajo. Su mente poco a poco formaba palabras escondidas en la reproducción de "Ojos Oscuros, Tibios Pensamientos".
Diez kilotones de metal estratégico con destino a Corellia el próximo mes. Rumores sobre nuevo proyecto de nave de guerra. Sintiéndose como si estuviera saliendo de un trance, Ry abrió los ojos. Su amigo Hannis estaba sentado en un taburete cerca del teclado táctil... un nombre poco apropiado, ya que no era necesario en absoluto tocar físicamente el instrumento. Grueso y musculoso, con cabello rubio que colgaba sobre sus ojos, Hannis era miembro de más edad del grupo.
-Buena línea de bajo -dijo cuando la canción terminó-. Pegadizamente irregular.
Ry se encogió de hombros.
-Gracias -dijo, pero por dentro estaba encantado. Hannis era un experto en todas las cosas que tuvieran que ver con la electrónica, pero Ry no le había dicho a él ni a Erik nada acerca de la información que pretendía pasar a una célula local de la Alianza para Restaurar la República. Si Hannis y Erik pensaban en la línea de bajo como algo musical –pegadizamente irregular, por ejemplo- entonces su camuflaje era perfecto.
Una ráfaga de viento hizo temblar la puerta principal del cobertizo. Ry se estremeció, luego acarició el cuello de su bajo para cubrirlo. Realmente no creía que hubiera ningún peligro de que fuerzas del Imperio entraran al asalto y les detuvieran, ni siquiera si se sentaban y escuchaban una actuación. Su antiguo profesor de bajo, Tet Tramys, había inventado el código de bajo. Se utilizaba solamente en los Seis Sistemas Locales, y sólo por una pequeña célula de inteligencia.
Eso no le tranquilizó completamente. No le importaba un poco de adrenalina, pero sabía que los enemigos del imperio desaparecían a veces.
Erik, el más alto de los compañeros de clase de Ry, descansaba en un pequeño "trono" repulsor en medio de sus platillos y percusión. Aún no había terminado de sacarles todo el jugo, pero se esforzaba al máximo con sus baquetas, y cada canción resultaba ser mejor que la anterior.
-Irregular –convino él, haciéndose eco de los elogios de Hannis-. Y me gusta el sintetizador, Hannis.
Erik extendió una mano larga y deslizó una baqueta a lo largo del borde de un platillo suspendido. El disco de bronce sonó dulce y grave.
-¿Creéis que Keth Beamis lo comprará? -preguntó.
-Oh, sí. -Ry soltó su vye y lo apoyó contra una pared del garaje de deslizadores. Su tutor había ordenado a varios ayudantes que limpiaran el garaje para que Grito Lejano pudiera practicar en el interior, pero aún olía a escape. Esta era la primera vez Ry había encontrado realmente algo lo suficientemente importante como para retransmitirlo a través de los canales establecidos por la Alianza. Estaba ansioso por demostrar su valía, como espía y como transmisor. Tet Tramys había reclutado a Ry poco después del concurso de talentos de la última rotación, y Ry sentía que buscar información "real" le estaba dando una mejor educación que la que obtenía en la escuela de educación técnica.
Esto también le daba la oportunidad de devolver el golpe a la burocracia que había hecho que sus padres se marcharan del planeta.
-Estoy realmente sorprendido -dijo Hannis, poniendo el teclado táctil en modo de reposo, agitando su mano izquierda. Un campo de fuerza se alzó sobre su superficie, repeliendo las motas de polvo que podrían dañar sus delicados circuitos-. Apenas hemos tenido dos conciertos pagados toda la temporada. ¿Cómo es que ese cazatalentos imperial supo de nosotros?
Ry se encogió de hombros.
-Eché una solicitud. -Y me tenía en su lista de espías desde que salió de Tuttin IV. ¡Ya era hora de que encontrase algo para enviar!- Necesitan actuaciones para el circuito de clubs de oficiales de los SSL –agregó. Los Seis Sistemas Locales tenían un gobernador imperial, que resultaba ser el tutor legal de Ry. Los padres de Ry, funcionarios imperiales de bajo rango, habían querido que terminara ahí sus estudios en la escuela técnica.
Eso todavía le dolía.
El ala del gobernador en el Centro Administrativo tenía todas las comodidades, incluyendo ese garaje de deslizadores, pero Ry todavía tenía la sensación de que Tendis y Jioie Ancum le habían abandonado. Cuando la promoción profesional les llamó, dejaron Tuttin IV. Su madre le había dicho a Ry que algún día lo entendería.
Pero esa línea de pensamiento sólo conducía a un cinturón de asteroides de frustración y dolor, y decidió no seguir por ahí.
-Desde el principio –dijo-. Queremos que salga perfecto.
Hannis sonrió, y en ese momento -por primera vez- Ry se dio cuenta de que podía estar poniendo en peligro a sus amigos sin que lo supieran. Tenía que hablarles sobre los mensajes que iban a pasar en secreto. Lo entenderían. El Imperio les gustaba tan poco como a él.
Todavía no, se dijo. Tal vez después de la audición.

martes, 4 de febrero de 2014

Caza justa (y II)


Rocas. Primero pastizales, luego bosque, ahora una vasta extensión de rocas rojizas, algunas del tamaño de un carguero. Vegetación de matorral se asomaba entre las grietas protegidas y, ocasionalmente, algún artrópodo de caparazón duro asomaba de una pequeña madriguera. Hacía tiempo que Noone había renunciado a estimar la cantidad de dinero que se necesitaría para terraformar una región hasta tal punto. Uno coma tres millones eran calderilla, pensó airado. Pedazo de tacaño.
Los vendajes improvisados con los que se había envuelto el hombro, elaborados apresuradamente a partir de tiras rasgadas de las mangas de la chaqueta, estaban negros de sangre coagulada. Las suelas de sus botas raspaban contra la superficie de piedra, mientras trataba ascender a la cumbre de una losa gigantesca, una tarea que se hacía aún más difícil al poder usar un solo brazo.
Noone alcanzó la cima, miró la caída vertical de tres metros al otro lado, y saltó. Golpeó la superficie y sus labios dejaron escapar involuntariamente una bocanada de aire. Extrañamente, el suelo parecía artificialmente liso y sonaba a hueco. Noone avanzó unos pasos, vio otra caída más corta, y bajó de un salto.
Había estado de pie sobre una jaula. Las sólidos láminas de duracero que componían la parte posterior y los lados estaban parcialmente enterradas, pero la parte frontal –un amplio panel de fuertes cuadrados de malla- estaba totalmente expuesta. A sabiendas de que tenía que seguir adelante, pero curioso a su pesar, Noone acercó el rostro hacia la red y miró al interior.
Algo golpeó contra la puerta con un estrepitoso chisporroteo. Aterrorizado, Noone dio un paso hacia atrás, tropezó con una piedra y cayó de plano sobre su espalda. La cosa se retiró a la oscuridad en la parte trasera de la jaula mientras furiosas chispas amarillas jugaban por toda la superficie de la malla.
Una jaula de fuerza. Diseñada para ofrecer una descarga aturdidora incapacitante a cualquier prisionero que intentara escapar. Noone había visto muchas como esa a lo largo de su vida e incluso había quedado encerrado dentro de una durante uno de sus desastrosos primeros robos. Las cerraduras estándar instaladas de fábrica eran bastante fáciles de derrotar.
Se levantó y puso una mano de forma segura contra las barras entrelazadas. La carga aturdidora en una jaula de fuerza se proyectaba sólo a través de la superficie interior. La bestia enjaulada se agitó y volvió la cabeza -si se podía llamar cabeza- en su dirección.
Era un lamproide. El otro lamproide, se recordó Noone a sí mismo, la hembra que Viveca estaba guardando arrogantemente para una futura cacería. La primitiva criatura era totalmente horrible, un gusano intestinal parasitario al que la naturaleza hubiera bendecido increíblemente con un tamaño colosal y el instinto de un depredador. Su piel gris aceitosa guardaba las marcas de las quemaduras eléctricas. El suelo del estrecho recinto estaba cubierto con fétidos deshechos de animal, sangre y bilis.
La lamproide acercó su cara de púas hasta la malla, al otro lado de la palma de Noone. La rejilla metálica comenzó a zumbar peligrosamente, pero la criatura se detuvo a escasa distancia del campo aturdidor paralizante. Un pequeño filamento húmedo se curvó entre dos colmillos amarillentos y tembló en el aire como si estuviera analizando el aroma de Noone. El apéndice se retractó abruptamente. La bestia se echó hacia atrás y pareció evaluar cuidadosamente a su visitante.
Un molesto picor atacó la nuca de Noone. Levantó su brazo bueno para rascarse hasta que se dio cuenta de que las cosquillas emanaban desde el interior de su cráneo. La sensación de hormigueo se extendió poco a poco a través de la mitad superior de su cerebro como si estuviera sondeando la manera de entrar. Le devolvió la mirada a la lamproide, fascinado. ¿Era telepatía, o algo más?
El hormigueo se hizo más fuerte, más insistente, hasta que lo sintió como si una polilla lunar se hubiera arrastrado aleteando por su oído y hubiera quedado atrapada en su cráneo. Un instante después, sintió dos ráfagas gemelas de calidez, desde la parte superior de su columna vertebral y desde las yemas de los dedos de su mano izquierda. Ambas corrientes recorrieron sus huesos y convergieron en el hombro, generando un resplandor caliente que giraba lentamente alrededor de la articulación lesionada. Noone era vagamente consciente de su pulso acelerado.
La extraña sensación se retiró suavemente, y con ella se fue la mayor parte del dolor de Noone. Sorprendido, levantó el brazo y cerró la mano formando un puño. Sangre fresca brotó de las heridas punzantes y brilló en las vendas sucias.
Ups. Eso no le había curado, solo lo había hecho más fácil de soportar. Presionó los apósitos y volvió a mirar a su benefactora.
-Uh... gracias. Muchas gracias.
La lamproide no se movió. Noone sintió una incómoda presión detrás de sus ojos, como un repentino dolor de cabeza sinusal. Las palabras saltaron espontáneamente a su lengua.
-Hay que salir de allí.
Más presión.
-Abriré esta puerta...
Un tirón suave condujo a Noone hacia la cerradura. Su consciencia observaba desde un lugar lejano, mientras sus manos manipulaban su multiherramienta y extendían el berbiquí. Un juego de niños. Con sólo hurgar en la ranura de entrada, se desactivó el campo de aturdimiento; con un ligero tirón hacia arriba pudo soltar el candado. La puerta se abrió con un chirrido.
Todavía inseguro de lo que acababa de ocurrir, Noone vio como la lamproide desaparecía entre la maleza.

***

El nashtah tiraba de la correa. Sus seis patas con garras cavaban ansiosas en el suelo húmedo mientras resoplaba sobre un montón de hojas caídas. Recogiendo el olor, el animal levantó su pesada cabeza y aulló de total alegría. El aullido terminó con un jadeo ahogado cuando Viveca tiró fuertemente de las riendas.
-¡Ven aquí! –le ordenó.
La zona de bosque había terminado. Delante de ellos, en una división abrupta, obviamente artificial, se extendía la zona de peñascos. Miles de titánicas rocas yacían amontonadas en una gran maraña, algunas apiladas unas sobre otras como bloques de construcción para niños, y otras dispersas al azar como si se hubieran dejado caer desde la órbita. La caza sería más difícil a partir de aquí, pero sólo ligeramente. Viveca no creía que su presa hubiera pensado en entrar en las redes de cavernas subterráneas que había modelado siguiendo el patrón de las madrigueras de los momes de Trammis, a pesar de que las entradas eran evidentes y que ofrecían una excelente cobertura. No, Noone seguramente mantendría la misma ruta en línea recta que había seguido hasta el momento. Era una pena que el paisajista que había contratado no hubiera venido todavía para instalar las boquillas emisoras de lava.
Viveca enrolló la correa del nashtah alrededor de su muñeca izquierda y pasó su rifle bláster pesado a la misma mano. Sin mediar palabra, tendió la palma vacía. Rutt, el criado houk, sacó un dispositivo de rastreo del tamaño de una tableta de datos de su abarrotada mochila de equipo y se lo entregó a su amo.
El sistema de drones de práctica de caza rodianos estaba demostrando ser una gran decepción. Viveca tecleó un comando en el dispositivo y leyó los datos que aparecieron. Dos de los droides no habían encontrado nada, uno había vuelto a casa para arreglar su motor repulsor dañado, otro se había visto atrapado en una mata de tuercespina a no más de un kilómetro de aquí, y el último... bueno, ese parecía haber desaparecido por completo. Sin duda iba a tener unas palabras con su distribuidor de armas rodiano la próxima vez que se encontraran.
A veces, decidió el krish, era imposible vencer a un perro dravian entrenado, a un leal porteador, y a una tarde de aire fresco. Los viejos métodos seguían siendo los mejores.
Mirando todavía el informe sobre la situación de los drones, Viveca sacudió la correa del nashtah y chasqueó la lengua. El animal dio un salto y avanzó con júbilo hacia adelante, trepando por la primera columna de piedras. Viveca sonrió. A menudo era difícil seguir un olor sobre terreno rocoso, pero Noone había estado perdiendo sangre desde el inicio de la zona boscosa. ¡Una rama de pinchos! Oh, ha sido grandioso. Que alguien pudiera suponer que caería en una trampa semejante era risible; que la trampa se volviera en contra de esa persona era hilarante. El enfrentamiento final sería una delicia. Bueno, Sr. Noone, parece que la caza ha llegado a su fin... al igual que su vida. No, él quería algo rápido, algo memorable. Una agradable persecución, Sr. Noone, pero...
Un torbellino oscuro brotó de las rocas delante de ellos y se lanzó hacia delante con un golpe sonoro. Más rápido de lo que el ojo podía seguir, el borrón difuso se lanzó sobre Rutt, que estaba de pie directamente en su camino. En el mismo instante, un lazo de apretados anillos giró hacia el sobresaltado nashtah como la soga de un ahorcado.
El aliento de Viveca se le heló en la garganta y dejó caer la pantalla de datos desde la punta de sus dedos. Un extremo del borroso atacante alcanzó el pecho de Rutt y siguió avanzando como una limpia puñalada quirúrgica a través de múltiples capas de hueso y cartílago. Una cola con púas surgió desde el centro de la mochila de campo, asomando con un brillo a la luz, y se retiró antes de que los reflejos de Rutt pudieran ejecutar cualquier respuesta. Las manos del houk fueron tardíamente al agujero en su pecho y sus rodillas se doblaron.
Viveca pasó su rifle bláster a su mano derecha y comenzó a levantar el cañón.
La furiosa maraña rodeó al nashtah y salió violentamente hacia afuera, cortando la correa y lanzando por los aires al aullante sabueso. Una pata amputada volaba locamente hacia los árboles. Viveca apuntó su arma y se preparó a disparar. Con un hirviente siseo, la criatura cayó sobre él. Oscilantes anillos de carne envolvieron al krish con la velocidad del rayo y una fuerza implacable. El monstruo se enrolló alrededor de su torso –sujetando el brazo en el que llevaba el arma- y lanzó su boca de dientes afilados hacia adelante en un letal ataque depredador. La mano izquierda de Viveca salió disparada e interceptó la cabeza del demonio a escasos centímetros de los suaves pliegues de su área yugular.
Ambos se quedaron enfrascados en un silencioso combate de voluntades. Los dedos de Viveca se clavaron en la piel caliente de la bestia mientras sus anillos se movían y fluían a lo largo de su cuerpo. El agarre sobre su arma perdió fuerza y Krish casi la dejó caer. En respuesta, los anillos musculares se apretaron y aumentaron su presión asfixiante. La cara de pesadilla se acercaba, agitando sus trituradores anillos de dientes, y una temblorosa gota de humeante veneno asomó en la punta de un colmillo. El brazo de Viveca tembló por el esfuerzo. Dejando escapar un gruñido atormentado, Viveca movió el cañón láser de un centímetro, y luego otro. El horror serpentino apretó aún más. El bláster continuó avanzando en pequeñas sacudidas. Viveca sintió una presión insoportable aumentando dentro de su cráneo. Con un último y agónico movimiento, el Mark II quedó libre. Al darse cuenta de su repentino peligro, la bestia aflojó sus anillos y echó hacia atrás el aguijón de su cola preparándose para asestar un golpe destripador en el vientre de su enemigo.
Algo reventó dentro del cerebro de Viveca y un hilo de sangre brotó de su nariz. No aflojó su agarre. Viveca colocó el gran cañón del rifle contra la barbilla de la criatura y disparó. Un rugido de energía inmoló el pedazo de carne y salió hacia el cielo como una columna de llamas. El cadáver decapitado quedó inerte y Viveca lo dejó caer al suelo. Un patético hilillo de humo se alzaba del muñón de cenizas cauterizado que una vez había sido un cuello. Disgustado, Viveca pateó los restos inmóviles de la lamproide. La lucha le había costado una cabeza de trofeo. Desde algún lugar detrás del cercano cúmulo de bloques de piedra, el nashtah gruñó y ladró con dolor.
Rutt yacía boca abajo en la grava y, por el aspecto de la herida de salida, no se movería de nuevo.
Un siervo muerto, un perro cojo, una lamproide perdida, y una tarde perfectamente espléndida estropeada. Los ojos de Viveca ardían.
Noone tenía mucho por lo que responder.

***

Fuera cual fuese el elixir mágico que la lamproide había vertido en su hombro, tenía una duración muy breve. O tal vez el efecto adormecedor disminuía con la distancia. EN cualquier caso, la articulación le latía más dolorosamente que nunca cuando Noone entró en la zona de selva.
Cañas de bambooi brotaban abundantemente del suelo esponjoso en apretadas agrupaciones. Otros tallos, al parecer de una especie diferente, tenían diámetros de más de sesenta centímetros en la base y se extendían en cuatro afiladas ramas, luchando por alcanzar el cielo. El matorral se extendía varios metros por encima de su cabeza y oscilaba ligeramente mientras una brisa agitaba las temblorosas agrupaciones de hojas de una planta llamada estallido estelar. En algunos lugares, los brotes crecían tan juntos que era imposible seguir avanzando. Noone pasaba a través de los huecos que iba encontrando y mantenía un ojo puesto en la posición del sol. Se vio obligado a volver sobre sus pasos cuatro veces en los primeros veinte minutos y fue un gran alivio cuando, después de un frustrante quinto callejón sin salida, se topó con lo que parecía un sendero.
El camino, de poco más de un metro de ancho, avanzaba relativamente en línea recta en la dirección que tenía que seguir. Asombrado por su buena fortuna, Noone echó a andar con un trote cansado.
Un repentino pensamiento le detuvo en seco. ¿Por qué había un sendero ahí? Era demasiado claro para ser el resultado natural del patrón de crecimiento del bambooi. Dado que Viveca había diseñado sus territorios de caza según sus especificaciones personales, debía de haber diseñado también ese camino. Y Viveca no era de los que facilitarían las cosas a sus presas.
Con cautela, Noone siguió avanzando lentamente, explorando el terreno y los brotes a cada lado en busca de cualquier cosa que pareciera fuera de lugar. Después de avanzar una corta distancia sin incidentes, el camino de repente se duplicó en anchura. Se detuvo frente a un pequeño claro circular. El camino continuaba en su borde opuesto. El lugar perfecto para una trampa. El suelo en el borde del claro se veía áspero y removido, y las cañas muertas amontonadas en el centro parecían haber sido cortadas con una vibrohoja.
Aunque Noone nunca en su vida se había encontrado con una, cualquier niño que alguna vez hubiera leído una historia de aventuras estaba familiarizado con una trampa para tigres de Ralltiir.
Noone se rio. Él, al menos, no era ningún tonto. Retrocediendo varios pasos, comenzó a buscar un hueco en las agrupaciones de cañas que le permitieran eludir todo el claro. Moviéndose rápidamente -porque quizá la fosa cubierta estuviera diseñada para detenerlo tanto como para atraparlo- se apretujó para pasar entre dos tallos y se abrió camino hacia adelante.
Teniendo en cuenta que había abandonado el camino principal, su avance fue sorprendentemente fácil. Casi parecía como si hubiera encontrado un sendero de caza con mucha vegetación. La idea no le tranquilizó, y consideró la idea de volver al camino principal. Ya debía de estar más allá de la trampa...
Un paso lo llevó hasta el borde de un pequeño claro; el segundo paso lo llevó dentro de él antes de que pudiera detenerse. Inmediatamente, una mano invisible le tiró al suelo cual largo era con tal salvajismo que sus dientes empujaron un puñado de tierra hacia la parte posterior de su garganta.
¿Qué había pasado? Noone levantó la cabeza, escupió el arenoso bocado, y llegó a la preocupante conclusión de que no podía mover el resto de su cuerpo. Estaba paralizado. El impacto le había roto la columna vertebral.
Espera, recordó Noone. No hay que dejarse llevar por el pánico. Su sombrío diagnóstico debía ser erróneo, ya que podía ver claramente sus dedos retorciéndose. Arrastró ambos antebrazos hacia atrás y adelante por la tierra y luego trató de agitar los pies. Un susurro lejano le respondió.
No era parálisis, entonces. Pero algo estaba sujetando al suelo sus muslos y su torso con una fuerza inhumana. Sentía como si un carguero de transporte industrial hubiera aparcado en su espalda.
Con un gemido, se dio cuenta de la verdad. Una trampa para hombres. Una losa cuadrada de metal de un metro de lado aparejada con generadores de campo gravitatorio. A diferencia de los repulsores estándar, que empujaban contra la masa de un planeta y permitían flotar a los deslizadores terrestres, los campos gravitatorios intensificaban la gravedad local en un factor de ocho. Una vez capturado por una trampa para hombres, ni siquiera un wookiee podría luchar por liberarse.
Pero intentarlo no le haría ningún daño. Trató de empujar con las palmas contra el suelo, pero no obtuvo nada, salvo producir más agonía en su lesionado brazo izquierdo. Inexplicablemente, el esfuerzo relativamente menor le dejó incapaz de respirar. Noone trató de recordar rápidamente todo lo que había oído o leído sobre las trampas para hombres.
Las noticias no eran alentadoras. Aunque se anunciaban como una forma segura y no letal de someter a un blanco fugitivo, el modelo R-TechApp de Ubrikkian tenía una serie de efectos secundarios perjudiciales. Una vez atrapado, los pulmones de la víctima luchaban para expandirse bajo condiciones en las que nunca fueron diseñados para funcionar. El bombeo de un corazón se convertía en una tarea laboriosa para evitar un paro cardíaco. Los fluidos vitales se abrían paso a través de pasajes comprimidos por la gravedad y podían estallar bajo la presión. Con el tiempo la sangre empezaba a formar un charco en los órganos abdominales y el cerebro se apagaría por falta de oxígeno. Cualquier cazador de recompensas que dejase una trampa para hombres desatendida volvería para encontrarse una presa muerta.
No muy deportivo, ¿verdad? Noone se preguntó si el amor de Viveca por la caza quedaría satisfecho encontrándose una víctima indefensa ahogándose en su propia bilis. Dudaba de que fuese así, y eso le molestaba. Por supuesto, como con la trampa para tigres, la diversión de Viveca podría consistir en descubrir si Noone era capaz de evitar la trampa en primer lugar. No lo había hecho. La caza había terminado.
¿O no? ¿Sería esto otra prueba de ingenio? Noone giró el cuello y escudriñó la maleza. El R-TechApp de Ubrikkian venía con un activador remoto y un cable de activación de 10 metros. Tenía que estar cerca, y... ¡ahí!
A su izquierda, encajada entre un grupo de cañas delgadas a poco menos de dos metros de distancia, brillaba el plateado plastiacero del activador remoto. Su sorprendente proximidad intrigó y tranquilizó a un tiempo a Noone. Viveca podría haber enterrado el dispositivo en el montículo de tierra cercano. En lugar de ello, lo había colocado ahí; a la vista y fuera del alcance.
El cable de activación probablemente estaría conectado a la esquina más cercana. La mano izquierda de Noone escarbó a lo largo del borde liso de la trampa y encontró el puerto de conexión. Un tirón en el cable lo liberó de la capa superficial de tierra que lo ocultaba e hizo que el activador se deslizara uno o dos centímetros.
El cable de activación y la placa gravitatoria estaban firmemente unidos entre sí. Noone sabía que nunca podría separarlos sin un conjunto de herramientas, pero de todos modos lo intentó, sin éxito.
Tiró del cable acercar más el activador, pero el dispositivo estaba bloqueado tras una maraña de juncos. Romper el cable estaba fuera de la cuestión.
Una brisa barrió el claro, refrescando su rostro cubierto de sudor y trayendo consigo un sonido que le heló aún más. El aullido lejano del nashtah de Viveca.
¡Piensa, piensa! Su multiherramienta, escondida en un bolsillo del pantalón, podría estar a los efectos en el lado oscuro de la luna de Kabal. No podía atraer el activador a su alcance. ¿Podría lanzar algo contra el activador?
Echó un vistazo otra vez al suelo. Ni rocas, ni cables, ni carretes de fibrocuerda. A su alrededor, los brotes de bambooi eran gruesos como troncos de árboles. A excepción, claro está, de la maleza. Estirando el brazo con un gemido, Noone cerró su mano derecha alrededor de un grupo de pequeñas plantas recién nacidas y las sacó de raíz.
El esfuerzo desencadenó una explosión de sufrimiento en su pecho y cerró los ojos hasta que la agonía se calmó. Su corazón palpitaba en débiles revoloteos temblorosos.
Cada tallo era tan largo como su antebrazo, tan ancho como su dedo, y ligeramente cónico cerca de la punta. Y además, cada uno era hueco y sorprendentemente rígido. Nadie rompió la parte de la raíz de una planta y encajó el resto en la parte superior de un segundo vástago. El puntero de doble longitud se notaba ligero en sus manos y no mostraba signos de flexión.
Añadió dos brotes más, luego se estiró para arrancar más. Fuegos artificiales aparecieron detrás de sus ojos. Trató de tragar saliva, pero no pudo, y el líquido se filtró fuera de su boca. Otro tallo se unió cuidadosamente a la pértiga improvisada.
En el punto donde sus rodillas quedaban fuera de la placa gravitatoria, sentía como si algún demonio le estuviera amputando las piernas amputando con una antorcha de plasma. Similares líneas de fuego ardían a través de la parte superior de su pecho.
Con un sobresalto, Noone se dio cuenta de que la trampa para hombres en realidad estaba apartando la sangre de su hombro perforado. Si la herida hubiera quedado en el interior del campo de gravedad cuando cayó al suelo, ya se habría desangrado hasta morir.
Un último tallo. Con manos temblorosas, Noone levantó la oscilante vara de dos metros. En uno de esos pequeños milagros que a veces acontecen a los jugadores profesionales, no se rompió.
Guio la temblorosa vara hacia el activador. Mientras trataba de estabilizar su avance, aparecieron manchas oscuras en los bordes de su visión, un chillido estridente sonó en sus oídos, y su dolor se alivió enormemente, lo que le aterrorizaba más que nada. Eso significaba que estaba a escasos instantes de la inconsciencia.
El palo avanzó hacia el control de intensidad en la parte superior del activador. Si podía hacerlo bajar a dos o tres gravedades, debería ser capaz de rodar fuera de la placa de gravedad. El sol se oscureció de repente.
Concéntrate, por favor, concéntrate, se suplicó. Sólo estás tú y la rama, la rama y el mando. Nada más importa. La punta de bambooi cayó inútilmente fuera de la base del activador. Noone la hizo retroceder para intentarlo de nuevo. Tambaleándose por la tensión, el puntero rozó delicadamente el plastiacero.
Un pie cubierto de pelaje y manchado de barro pisoteó la varilla y la partió limpiamente en dos.
Noone parpadeó y una forma apareció ante su vista.
-¡Dawson! -rugió, enfurecido-. ¡Me has roto la vara!
El tynnan miró hacia abajo, a sus pies, abrió la boca en una silenciosa "O" de sorpresa, y dijo algo distante y amortiguado. Noone ya no podía oír nada excepto el estruendo de la sangre a través de los tímpanos. Una vaga figura pálida apareció detrás de Dawson y apuntó un bláster, y el activador desapareció en un insonoro estallido de luz.
Un bienvenido alivio inundó su cuerpo aplanado y se deslizó de buena gana en la inconsciencia.

***

Noone volvió en sí con una contracción espástica y un jadeo involuntario. Sus manos golpearon su cara mientras apartaba los pequeños viales que Kels mantenía bajo su nariz.
-¡Basta! dijo con voz ronca-. ¿Qué es eso?
Kels se encogió de hombros.
-Sales aromáticas químicas, parece. Del botiquín. Tenemos que seguir moviéndonos si queremos estar por delante de tu amigo, y no pienso llevarte a rastras.
-Puede que tengas que hacerlo -dijo Noone gravemente-. Ese campo gravitatorio he ha hecho polvo todo el cuerpo, menos el corte de pelo. -Miró de nuevo a la trampa para hombres desactivada-. ¿Cómo me habéis encontrado?
-Tomar el camino más corto y seguirlo en línea recta parecía ser tu estilo. Hemos tenido nuestras propias aventuras en el camino.
Noone miró a su alrededor.
-¿Dónde ha ido Dawson?
-Espera poder preparar una emboscada, pero sus explosivos son inútiles sin un detonador. Noone... ¿qué ha pasado con la pistola de mando?
-Niña, si aún tuviera el arma, Viveca estaría aquí en este momento masajeándome los pies. Dudo que alguna vez la veamos de nuevo.
Una furia fría se hizo evidente en los ojos de Kels, a pesar de que se aguantó la réplica enojada que se formó en su cerebro.
-Ya veo -logró decir en cambio, con voz gélida.
Noone la miró atentamente. Existía la posibilidad de que eventualmente pudieran recuperar el arma si Viveca la ponía de nuevo en circulación en el mercado de armas. Incluso podrían preparar un plan para asaltar la mansión. Pero no tenía sentido entrar en detalles cuando una preocupación más acuciante se dirigía hacia ellos.
-Será mejor que nos pongamos en marcha -admitió finalmente Kels, consultando su cuaderno de datos-. Sonax ha hecho una estimación aproximada de la posición del krish trazando la señal de un dron hasta su transmisor de mano. Está a menos de diez minutos.
Noone gimió cuando su joven cómplice le ayudó a ponerse en pie. De algún modo, tendría que encontrar un tanque de bacta.
Dawson salió del denso matorral al sendero, un poco más adelante.
-En marcha –anunció-. Es inestable, pero es lo mejor que he podido hacer, ya que alguien hizo volar los circuitos de la trampa para hombres.
-¿Qué has hecho...?
-¡Vamos! ¡Esa cosa es sensible al movimiento y no sé cuánto tiempo va a durar!
-Dawson...
-¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! -El tynnan echó a correr.

***


Tyro Viveca avanzaba con zancadas decididas, alimentado por la pura rabia. Ese absurdo humano le había humillado, le había arrebatado un valioso sirviente, y casi había conseguido matarle. Y lo irónico era que, sin lugar a dudas, el pequeño idiota no tenía ni idea de lo que había hecho realmente.
Un oponente inteligente habría formulado un plan para volver a la lamproide contra su perseguidor; Noone simplemente había abierto la puerta, descorchando una botella de rayos aleatorios. Viveca escupió al suelo con desprecio manifiesto. Que Noone no se hubiera matado a sí mismo era un milagro, y Viveca no toleraba a los tontos "afortunados". Cada paso le llevaba un poco más cerca del premio que le correspondía.
El nashtah olfateó el suelo alrededor de los tallos de bambooi. A pesar de que su correa se había arruinado en el ataque y había sido por tanto desechada, la pérdida de su pierna intermedia derecha parecía haber curado la tendencia la excesivamente ansiosa bestia a correr por delante. Los sabuesos dravian eran conocidos por su constitución resistente, y éste se había recuperado de su desmembramiento parcial en cuestión de minutos. Antes de continuar, sin embargo, el animal había destripado con saña el cadáver de seis metros de su atacante. A pesar de los segundos desperdiciados, Viveca lo había permitido. No podía pensar en ningún uso estético para la piel de lamproide sin una cabeza para acompañarla.
El nashtah renqueante siguió el olor hacia el camino principal. Viveca sonrió. ¿Habría caído su presa en la trampa para tigres? Sería delicioso ver a Noone empalado en una cama de vibro-estacas, pero Viveca esperaba más bien que el humano hubiera aterrizado de forma segura y hubiera soltado uno de los pinchos para usarlo como un arma de mano. Se imaginó a sí mismo arrebatando el pincho de las manos de su oponente, y luego destripando a su asombrado enemigo desde el vientre hasta el cuello.
Sorprendentemente, sin embargo, el olor rápidamente condujo fuera de la pista volviendo a la espesura. El nashtah desapareció entre los tallos y Viveca lo siguió con pasos medidos. Esto podría ser aún más agradable, pensó, al reconocer el camino mal cuidado y casi inexistente. Ahora podría medir el verdadero valor de Noone. Sería una lástima que el humano ya hubiera expirado por la presión gravitatoria, pero Viveca podría vivir con eso. Esa muerte siempre era lenta y dolorosa.
Se le ocurrió volver a llamar al nashtah para que no resultase dañado por la trampa para hombres, pero al doblar un recodo se dio cuenta de que su cautela era innecesaria. La placa de activación de duracero yacía en el suelo, inactiva y desocupada. El sabueso estaba ocupado pateando las cañas en el lado opuesto. Desconcertado, Viveca dio un paso adelante para examinar el activador a distancia. Nada quedaba del dispositivo salvo un puñado quemado de aleación fundida.
¡Un disparo de bláster! ¡Noone tenía cómplices! Maldiciendo, echó mano de su rifle y escudriñó el camino en busca de una emboscada sorpresa. No pasó nada, y Viveca comprendió que los fugitivos habrían huido presas del pánico a la primera oportunidad.
¡Su oponente había hecho trampa! El pensamiento pasó por su mente con un disgusto tan palpable que se acercaba la náusea física. Podía entender la falta de habilidad. La estupidez, incluso, de una manera compasiva. ¿Pero la poca deportividad? Nunca. Encontraría a todos los involucrados y desollaría sus pieles con un láser de alta intensidad.
El nashtah, comenzó a ladrarle febrilmente; parecía haber captado un rastro. Se introdujo entre la maleza hasta que sólo fueron visibles sus dos patas posteriores, temblando de anticipación y sacudiendo violentamente los pálidos brotes. Viveca creyó oír voces cercanas.
Estúpidos. Sus labios se curvaron en una mueca triunfal conforme se acercaba. Pobres estúpidos.
Sí, desde luego. Una profunda voz masculina emanaba claramente del bosquecillo, justo delante de él, aunque no podía entender lo que estaba diciendo. Viveca preparó su arma y apartó los dóciles brotes que le separan de su trofeo.
Sus ojos observaron un instante el panorama.
Una pelota blanca de plástico, un juguete infantil, enclavada en una cuna de bambooi.
-LAS PERSPECTIVAS NO SON MUY BUENAS.
Dos cables de cobre entraban serpenteando en las entrañas expuestas del juguete, pegadas a un chip de sonido con lo que parecía savia naranja de maraffa.
-LAS PERSPECTIVAS NO SON MUY BUENAS.
Ambos filamentos dorados caían al suelo y llegaban hasta...
-LAS PERSPECTIVAS NO SON MUY BUENAS.
...Un pedazo de cinta de detonita del tamaño de un melón.
El nashtah gimió. Viveca hizo una mueca.
La explosión casi aplanó cuatro hectáreas de bambooi.

***

El bacta era una panacea milagrosa. Había curado plagas. Había curado a seres en las puertas de la muerte. Había cambiado la faz de la medicina moderna. El problema era que era casi criminalmente prohibitivo.
Los matones del ejército daban el cuidado médico de calidad casi por sentado, pensó Hass Sonax para sí misma. Para un ladrón anónimo con crédito incierto y seguro inexistente, los centros médicos de Kabal podrían bien haber sido castillos inexpugnables. Bueno, no había otra forma; tendrían que crear un informe de admisión falso en el ordenador central de la ciudad y pasar por alto las facturas. Suspirando, la sluissi activó su banda de interfaz cyborg y se preparó para una sesión de pirateo de datos.
Al otro lado de la opulenta cabina del yate, Noone yacía en un mullido sofá de aceleración, apoyando la cabeza y los pies en cojines decorativos. Dawson estaba sentado en el suelo junto a él, leyendo el manual de instrucciones que venía con el botiquín de emergencia de la nave.
-Y yo digo que ahora es el momento perfecto para ir a por la pistola. -Kels dejó de pasear a lo largo del centro de la nave y golpeó ansiosamente el suelo con el pie-. Si el krish está muerto, la mansión estará sumida en un caos total, o bien tranquila como una tumba. Demos ahora un golpe rápido, antes de que cualquier ratero local se nos adelante.
Dawson señaló en silencio la camilla improvisada de Noone.
-Un poco de respeto, ¿quieres? Él todavía respira, y yo estoy tratando de hacer que siga siendo así.
-Un botiquín lo mantendrá estable...
-¡Un botiquín no bastará! -Dawson se puso de pie en una inusual muestra de rabia-. ¿Cómo se supone que voy a detener la hemorragia interna con sintocarne y gasas?
Sonax desenchufó su toma de ordenador de la estación técnica y los miró con irritación.
-Perdonadme, pero me he topado con una entrada interesssante en la bassse de datosss policial. Tenemosss que levantar vuelo, ya. Lasss autoridadesss essstán deteniendo todosss losss vuelosss sssalientesss hasssta que losss passsajeros puedan ssser interrogadosss.
Kels maldijo y corrió hacia la cabina.
-El sssaqueo tendrá que esssperar -exclamó Sonax tras ella-. Y tendremosss que encontrar una inssstalación de bacta fuera del planeta.
Dawson asintió y aseguró a Noone al sofá con arneses de seguridad. Salió corriendo hacia popa para poner en marcha los convertidores traseros, y de pronto se detuvo derrapando sobre las placas de la cubierta pulida.
-¡Sonax! -exclamó-. ¡Nos hemos olvidado de la cadena de aterrizaje!

***

Kea Ki Trang ascendía con confianza por la rampa del yate estelar atracado en la Plataforma de Atraque P13. La nave era una belleza, desde luego, aunque sus cañones defensivos eran demasiado grandes para una nave de su tamaño. Se aseguraría de tener unas palabras con el capitán sobre la relación de carga comerciales/masa adecuada. Y, ya que estaba en ello, no estaría de más ver el permiso de ese turboláser militar.
Dos miembros escogidos de su personal de seguridad tomaron posición detrás de él cuando llamó a la escotilla.
-Les habla el Control del Puerto Estelar de Empalizada, solicitando hablar con el capitán del... -consultó a su portapapeles- Forma Espiral. Abran la compuerta de inmediato.
Trang ignoraba si los propietarios de esta nave estaban involucrados en esa extraña explosión en la finca de Viveca, pero el alcalde había exigido un operativo de seguridad completo. Afortunadamente, Tabor y Kilgore tenían una manera crudamente efectiva de aflojar lenguas. Volvió a llamar.
-Repito, les habla el Control del Puerto Estelar de Empalizada. Abran la escotilla o lo haremos nosotros. -Señaló con la cabeza a Tabor, que se trasladó hacia el portal con un equipo electrónico de apertura de cerraduras. En respuesta, la nave se estremeció y gimió con los familiares sonidos del arranque.
Los tres oficiales retrocedieron al asfalto caliente, intercambiando entre ellos sonrisas de diversión. La nave no podía ir a ninguna parte con las pesadas cadenas de seguridad de duracero de la plataforma de atraque sujetos todavía a su tren de aterrizaje. Al iniciar sus motores de todos modos, estaban admitiendo tácitamente su propia culpa. Trang meneó la cabeza y contactó con la torre de control. Un pelotón de soldados armados apareció rápidamente, cada uno de ellos con un rifle bláster pesado.
La nave flotó hacia delante sobre sus repulsores unos escasos centímetros, pero la cadena lo frenó y se mantuvo firme. En los trece años que llevaba en ese trabajo, Trang nunca había visto que se rompiera ninguna. Se quedó atrás y se cruzó de brazos para ver la diversión.
Las patas de aterrizaje rebotaron arriba y abajo contra el permacemento mientras el barco trataba inútilmente de romper la cadena. Los soldados se acercaron más, preparando sus armas para un tiro incapacitante.
Sin previo aviso, el enorme banco de motores subluz del yate se encendió con un rugido ensordecedor. Los soldados se quedaron inmóviles, y Trang se quedó boquiabierto de asombro. ¿Qué galaxias estaban haciendo?
La cadena se estremeció mientras la nave hacía fuerza hacia adelante, agitándose furiosamente de un lado a otro. El tren de aterrizaje encadenado comenzó a doblarse hacia atrás de forma desagradable. Dándose cuenta de repente de lo que sucedería a continuación, Trang agitó los brazos frenéticamente a los soldados que se acercaban.
-¡Disparadles! -gritó, pero sus palabras se perdieron en el rugido atronador.
En un único y terrible instante, la pata se soltó del cuerpo del yate, dejando caer una viga estructural, numerosas placas del casco, la otra pata de aterrizaje trasero, y todo el conjunto de repulsores de popa. Trang cayó al suelo mientras la cadena volvía bruscamente hacia atrás como un látigo. La masa retorcida de partes arrancadas de la nave espacial pasó sin causar daños sobre su cabeza.
La nave dañada salió hacia el mar, rebotando contra las olas como una piedra saltarina. Apuntando la proa hacia el cielo, el yate encendió sus motores iónicos, vaporizando un cono de agua salada y dejando una nube creciente de niebla blanca.
Momentos más tarde, la nave fugitiva desapareció en las espesas nubes grises.