jueves, 19 de marzo de 2009

El honor de los Jedi (31)

31

-¿Dónde está Tol Ado? -pregunta Luke.
-¿Entonces rescatarás al Erling Tredway?
Luke asiente con la cabeza como respuesta.
-No debería, pero lo haré.
Sin duda, el general Dodonna desaprobará la decisión, y Luke será presionado para argumentar sus motivos racionalmente. Pero un indefinido y misterioso sentimiento oculto en su pecho le incitaba a rescatar al extraño. Quizá el sentimiento no es más que la vaga afinidad que siente por otro hijo de un Jedi, o quizá es algo mucho más fuerte y más importante. Sea cual sea el motivo, no importa. Luke sólo sabe que debe rescatar a Erling Tredway.
-Será mejor que nos movamos, entonces -dice Gideon, dirigiendo a un confuso bípedo de pelaje amarillo hacia la entrada.
-¿“Nos”? -pregunta Luke.
-Sí, “nos” -responde Gideon-. Si estás lo bastante loco como para entrar en un planeta prisión imperial y pensar que puedes lograr salir, entonces estás lo bastante loco como para lograr que te maten. No me apetece dejar que eso ocurra; hace ya demasiado tiempo desde que luché junto a un portador de sable.
Los decididos pasos del minero le llevan hacia un lugar definido.
-¡Pero yo no puedo! -objeta el bípedo de hocico chato, tratando de liberarse de la mano de Gideon.
-Claro que puedes, Sidney -responde Gideon alegremente, apretando su agarre.
-¡Pero puede que haya muertes! El Pada no puede matar... ¡está mal!
-¿Y? -pregunta Gideon-. ¿Cuál es la diferencia si lo hacemos este jovencito y yo, o si tú nos echas una garra? Las muertes son muertes.
Las orejas redondas de Sidney se inclinaron hacia delante como muestra de frustración.
-Pero si alguien muere...
-Demasiado tarde -presiona Gideon-. El joven Erling es tu héroe. No puedes pedir a nadie que luche por tú libertad, por tu causa, si tú no lo haces.
Sidney no tuvo argumentos.
-Muy bien. En marcha. -Se libera del agarre de Gideon y empieza a caminar hacia la salida.
Luke duda si seguirles o no. Aunque Gideon y Sidney parecen bastante dignos de confianza, no sabe nada acerca de sus capacidades de combate. Fácilmente podrían ser más una carga que una ayuda.
-Quizá debería ir yo solo -dice Luke-. Tengo una nave monoplaza.
Gideon sonríe abiertamente a Luke.
-Tienes miedo de que no sepamos pelear, ¿verdad? -Gideon espera un instante, pero Luke no sabe cómo expresar sus reservas de forma educada-. Quizá sepamos y quizá no. Eso no importa; este es nuestro sector, y sería un error dejarnos fuera de la lucha. Si alguien gana nuestra libertad por nosotros, no es realmente nuestra.
Luke asiente. Siente cierto respeto por el minero. Sigue a los mineros por un ventoso flexipasillo que conduce a la esclusa aérea. Mientras se colocan sus trajes de vacío, Luke se detiene cerca de la inmensa compuerta de la esclusa aérea y estudia el asteroide sobre el que se sitúa el hostal.
El hostal en sí es una colección de burbujas de plastiespuma conectadas por largos y ondulantes flexipasillos. Robustos cables de duracero anclan las burbujas y los flexipasillos a protuberancias de suelo rocoso que sobresalen de la polvorienta y cubierta de cráteres superficie. Los cables son necesarios porque el campo gravitatorio del pequeño asteroide es tan débil que un niño puede lanzar una roca al espacio. Salta-asteroides y maquinaria minera quedaban en un disperso radio alrededor del hostal, anclados a los edificios del hostal, a rocas cercanas o entre sí.
Conocido formalmente como Henryson 400.324, el planetoide tiene poco más de un kilómetro de largo, y la mitad de ancho y de espesor. El numero de designación que sigue al nombre indica que Henryson es el planetoide número 400.324 del Cinturón Sil'Lume en ser catalogado como propiedad de un ser racional. El nombre se refiere a su dueño original. Cuando Luke estaba investigando los registros del sector, Erredós informó que los números de catálogo ascienden hasta 895.256, pero nadie sabe cuántos asteroides nunca han sido reclamados.
Henryson rota tan rápido que Luke se marea cuando aparta la mirada del suelo. Las estrellas parecen volar sobre el horizonte como meteoros. Para empeorar las cosas, el sol nunca se pone en Henryson. Su disco del tamaño de una uva oscila en el cielo como si colgase de un péndulo. Como punto de referencia más importante en el cielo, sirve como constante recordatorio de que Luke no está más que en un gigantesco tío-vivo.
-Tol Ado es el tercer planeta de este sistema -dice Gideon, cerrando el último sello de su traje de vacío.
-Genial -dice Luke-. Pongámonos en marcha.
Gideon duda.
-No tan rápido, jovencito. Podría merecer la pena visitar Tredway 24 antes. Tol Ado es inmensamente grande. La familia de Erling puede tener alguna idea sobre cómo encontrarle. Además, deberían ser advertidos; Parnell podría no quedar satisfecho sólo con arrestar a Erling.
El hocico de Sidney se arruga en una bolita amarilla, y sus orejas tiemblan con impaciencia.
-El Parnell puede destruir al Erling en cualquier momento -insiste-. No deberíamos perder el momento.

Dibujando los mapas de la paz: El relato del granjero de humedad (VIII)

Día 50, primera hora de la tarde: Espero junto al evaporador con un último presente de agua

Esperé junto al evaporador porque pensé que los moradores de las arenas llevarían a Ariela a su campamento principal, en algún lugar al noroeste de aquí. Podía viajar más rápido que los adolescentes en mi deslizador de superficie, así que estaría por delante de ellos y ellos tendrían que pasar junto a mí. Probablemente se detendrían a ver si les había dejado algo de agua.
Y había pensado lo que les diría. Ellos eran adolescentes que necesitaban probarse dignos de ser adultos. Podría ofrecerles un modo de ser recordados por siempre en los relatos y de ganarse una madurez que sería honrada siempre: negociar con los jawas y conmigo para asegurar las fronteras de su tierra y por tanto su modo nómada de vida. Sabía que tendrían que consultar con sus adultos, pero los adolescentes podían comenzar el proceso y convencerles de que esto era necesario.
Esperaba que estuvieran de acuerdo conmigo. Esperaba que no me decapitasen antes. Esperaba que aceptasen que Ariela era un asunto banal comparado con esto y que el agua y la tela que Wimateeka y yo habíamos traído de mi casa para negociar por ella sirvieran para rescatarla.
Así que esperamos en la arena, con nuestro agua y nuestra tela, y la unidad de holopantalla y mi mapa.
Y entonces, de repente, llegaron junto a nosotros. En un instante estábamos rodeados por jóvenes moradores de las arenas, cada uno de ellos armado con un bastón gaffi, con su afilada hoja brillando bajo la dura luz del sol. Las dunas estaban cubiertas por moradores de las arenas. Busque a Ariela, pero al principio no pude verla.
Me puse en pie y alcé mi brazo y cerré mi puño y les saludé.
-Koroghh gahgt takt.
Todos estaban inmóviles y silenciosos. Ninguno de ellos habló ni alzó su brazo. Entonces fue cuando vi a Ariela: atada y amordazada y vigilada en lo alto de una duna hacia el sur.
-Diles a los moradores de las arenas lo que yo diga -pedí a Wimateeka, y sabía que tenía que hablar rápidamente y bien para salvar la vida de Ariela, y probablemente la de Wimateeka y la mía propia.
Les dije que podíamos detener los problemas como el que había tenido lugar hoy. Conocía un modo. Les conté mi plan, y mi esperanza de que el Imperio llegase a reconocer lo que habíamos hecho, y lo que eso significaría para su pueblo y el mío.
Wimateeka tuvo problemas para explicar el mapa, y yo no sabía si podrían entender qué era un mapa. Wimateeka y yo preparamos una zona llana en la arena, y coloqué allí la unidad de holopantalla y presenté mi mapa. Algunos de los moradores de las arenas retrocedieron, sorprendidos, pero otros pronto avanzaron, arremolinándose a su alrededor, y el mapa comenzó a tener sentido para ellos.
Pero yo no negociaría hasta que hubieran liberado a Ariela.
-Lo que estamos a punto de hacer es mejor que más muertes -dije-. Quiero que liberéis a vuestra cautiva; entregádmela. Es mi amiga. Aceptad este agua y estas telas como compensación por los problemas que habéis tenido al ocuparos de ellas hasta ahora.
Discutieron acerca de eso, pero al final tomaron el agua y las telas y los pasaron hacia alguna parte al fondo de la multitud, y cortaron las ataduras de Ariela, la liberaron y dejaron que se acercase a mí.
Avanzaba lentamente a través de la muchedumbre de moradores de las arenas. Apenas se apartaban para dejarle pasar. Pero era más alta que todos ellos, de modo que mantuvo la vista fija en mí y Wimateeka y al final llegó junto a nosotros. La abracé, y ella nos abrazó a mí y a Wimateeka.
Y comenzamos a regatear y a negociar y a dibujar las líneas en mi mapa.
Estaba funcionando.
Pensé en todas las generaciones de antropólogos que habrían querido estar aquí con los moradores de las arenas. El día brillaba con la luz del sol, y yo podía sentir cómo la tensión se diluía y nos abandonaba. Mi mapa nunca había lucido tan hermoso, pensé, como lo hizo entonces brillando en la superficie sobre la arena y dividido por las líneas negras de las fronteras.
Terminamos de negociar, seis horas antes del final de mi plazo marcado.
Ariela y Wimateeka y yo nos preparamos para irnos.
Los moradores de las arenas permanecieron de pie mirándonos, luego comenzaron a alejarse hacia las dunas, dirigiéndose al noroeste, hacia su campamento.
Ariela subió a mi deslizador terrestre.
Ayudé a Wimateeka a subir a él y luego subí yo.
Y la duna al oeste estalló en llamas. Mi evaporador explotó en pedazos, y salió vapor de él como su fuera humo. Explosiones desgarraron el aire... y los jóvenes moradores de las arenas gritaban y corrían.
Seis horas antes del final de nuestro plazo... después de todo lo que habíamos trabajado para evitar que ocurriera. Tenía que detener ese tiroteo.
Volé directamente al lugar del que provenían los disparos -un alzamiento rocoso al sur- y no nos alcanzó ningún disparo. A nuestro paso se abría un camino entre los disparos.
Tropas de asalto. Había tropas de asalto imperiales en las rocas. Los granjeros que se me oponían los habían llamado, fue todo lo que pude pensar. Detuve violentamente el deslizador terrestre y corrí hacia las rocas.
-¡Dejad de disparar! -grité-. ¡Ni siquiera son adultos lo que estáis matando!
Pero nadie me escuchó ni dejó de disparar. Empecé a empujar a los soldados de asalto y desvié sus armas para hacer que se detuvieran... y me agarraron por detrás y me arrojaron contra la roca.
-¡Detente! -me gritó alguien.
Eran los otros granjeros quienes me tenían, ocho o diez de ellos.
-Los soldados de asalto te matarán -me siseó alguien al oído-. Sobrevive al día de hoy y ya hablaremos más tarde de lo que ha ocurrido.
Traté de liberarme, y me empujaron de nuevo.
-El Imperio nunca dejará que tu plan funcione -me siseó al oído otra persona, y entonces Ariela apareció enfrente mío, con la cara pálida y surcada por lágrimas.
-¿No lo ves? -me dijo-. Quieren problemas en todos los mundos para que la mayoría reciba con los brazos abiertos su presencia para mantener la paz. Si creas aquí la paz, nuestros verdaderos enemigos se mostrarán con claridad... ¿y entonces qué?
Debería haber previsto esto. Debería haber sabido que ocurriría desde el primer día que los gobernadores imperiales rechazaron cartografiar esta región.
El fuego se detuvo. Los demás granjeros dieron las gracias a las tropas de asalto por “rescatarnos” a Ariela y a Wimateeka y a mí.
-Ahora tendrá que evacuar su granja durante un tiempo -me dijo un soldado de asalto-. No será seguro permanecer en su casa, tan aislada como está.
No sólo tendría que evacuar por un tiempo. Este podría ser el final de mi granja. Los moradores de las arenas seguramente querrían matarme... a menos que pudiera encontrar un modo de convencerles de que yo no les había traicionado, a menos que pudiera encontrar un modo de convencerles de quién les había traicionado en realidad.
-Escoltaremos al jawa a su casa -dijo otro soldado de asalto.
-No -dije-. Lo llevaré yo mismo.
Y lo hice. No iba a dejar que lo llevasen solo. Pensé que podrían matarlo si lo llevaban solo; para enfurecer a los jawas y levantar un muro entre ellos y los granjeros. De modo que un contingente de las tropas de asalto nos escoltó a la fortaleza jawa.
Bajé a Wimateeka de mi deslizador, cerca de las puertas de su fortaleza, y se apresuró a entrar sin decirme ni una palabra.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Ascensión y caída de Darth Vader (X)

Capítulo 8

Los soles comenzaban a ponerse cuando Anakin se detuvo en el exterior de la cúpula de entrada del hogar de la familia Lars. Owen le había ofrecido a Anakin su moto barredora, y la moto estaba ahora estacionada flotando a poca distancia de la cúpula. No debería estar enfadado con Owen y Cliegg por rendirse, pensó Anakin. Se preocupaban por mi madre, pero sólo son humanos. Sólo pueden hacer eso.
Padme salió de la cúpula de entrada y se acercó a Anakin. Sabía que ella quería ayudar, pero también sabía que por nada del mundo iba a arriesgar su vida más de lo que ya había hecho.
-Tendrás que quedarte aquí -dijo-. Son buena gente, Padme. Estarás a salvo.
-Anakin...
Se abrazaron. Anakin casi deseó haber podido congelar ese momento, sólo para mantener a Padme por siempre junto a él. Pero la oscuridad estaba acercándose rápidamente, y su madre seguía en algún sitio ahí fuera. Está viva, sentía. ¡Sé que lo está!
Separándose de los brazos de Padme, Anakin caminó hacia la moto barredora.
-No tardaré -dijo. Saltó sobre la moto, encendió el motor, y salió disparado cruzando la superficie del desierto.

Con el cálido viento ondeando su túnica, Anakin cruzó los Páramos de Jundlandia, donde se sabía que los incursores tusken se ocultaban y cazaban entre las inmensas formaciones rocosas. No se preguntó por qué los tuskens se habían llevado a su madre, o por qué no la habían matado igual que habían hecho con los otros granjeros. Por lo que sabía, los tusken estaban actuando siguiendo algún tipo de ritual profano. Sus motivos no le importaban. Sólo quería recuperar a su madre.
Pero además quería recuperarla intacta. Pensó en lo que los tuskens habían hecho a Cliegg Lars, y aceleró la moto sobre los Páramos.
Estaba a unos 150 kilómetros del hogar de los Lars cuando avistó las altas siluetas de los reptadores de arena contra el cielo crepuscular. Era un campamento jawa. Aunque los jawas temían a los incursores tusken tanto como cualquiera en Tatooine, Anakin sabía que los pequeños chatarreros de ojos brillantes estarían más que dispuestos a proporcionar información si les daba algo a cambio. Una multiherramienta y un escáner portátil que encontró en las alforjas de su moto prestada sirvieron para que, a cambio, los jawas le dijeran que debía dirigirse al este para encontrar un campamento tusken.
Los soles de Tatooine ya se habían ocultado hacía un buen rato, y las lunas colgaban a poca altura sobre el horizonte cuando Anakin vio el racimo de oscilantes hogueras en las profundidades de un profundo valle. Dejando la moto barredora al borde de un alto acantilado, se mantuvo en las sombras mientras se aventuraba hacia la parte baja del valle y avanzaba silenciosamente hacia el campamento.
El campamento consistía en cerca de dos docenas de tiendas hechas con pieles y trozos de madera recuperados de los desaparecidos bosques de Tatooine. Dos tuskens permanecían a corta distancia de una tienda, vigilándola. Anakin lanzó sus sentidos de la Fuerza y percibió que su madre estaba dentro. Sin hacerse notar, rodeó la tienda hasta la parte trasera, usó su sable de luz para abrir un agujero a través de la gruesa cubierta de piel, y pasó al interior.
Anakin encontró a su madre en el centro de la tienda, amarrada a un marcho fabricado con finas estacas de madera. Un pequeño fuego ardía en un pote cercano y recortaba cálidas y retorcidas sombras por las paredes de la tienda. Shmi no se movía.
-¿Mamá? -dijo Anakin, asustado como un niño pequeño. No hubo respuesta. Pudo ver por la sangre seca en su rostro y sus brazos que había sido terriblemente golpeada-. ¿Mamá? -Seguía sin haber respuesta. Apenas estaba viva. Gimió mientras él le liberaba las muñecas de las tiras de cuero que la habían sujetado al marco. Suavemente la descendió al suelo, acunando su torso en sus brazos-. ¿Mamá?
Los magullados párpados de Shmi se abrieron con dificultad, y tuvo que esforzarse para enfocar el rostro de Anakin.
-¿Ani? -balbuceó-. ¿Eres tú?
-Estoy contigo, mamá -dijo-. Estás a salvo.
-¿Ani? ¿Ani? -Parecía confusa, como si tratase de discernir si realmente él estaba allí. Entonces, de forma increíble, consiguió sonreírle-. Qué guapo estás, hijo-. Ella frotó el rostro de él con su propio pelo, y él besó la palma de la mano abierta de ella-. Hijo mío. Mi hijo que ya se ha hecho grande. Estoy muy orgullosa de ti, Ani.
Anakin tragó saliva con dificultad y sintió el aguijón de las lágrimas en sus ojos.
-Te he echado de menos.
-Ahora estoy completa -dijo Shmi-. Te quier...
Anakin se tensó cuando su voz se cortó.
-Aguanta un poco, mamá. Todo se...
Quería decir que todo iba a ir bien. Y quería decirle muchísimo más. Pero antes de que pudiera decir nada, Shmi volvió a hablar.
-Te quie...
Entonces sus ojos se cerraron u su cabeza cayó hacia atrás. Ella murió en sus brazos.
Anakin se sentó en el tenso silencio, simplemente sosteniendo a su madre. Si hubiera llegado allí antes, habría podido salvarla. Pasó sus dedos por el enmarañado cabello de Shmi. No la dejaré aquí. Me la llevaré de vuelta en la moto deslizadora. Pero esos guardias tusken...
Recordó al tusken que se encontró cuando era un niño.
¡Le salvé la vida!
Antes, Anakin no se había cuestionado los motivos de los tusken. Ahora, se preguntaba si se habrían llevado a su madre de haber sabido que su hijo una vez salvó a uno de los suyos. ¿O es que es así como los tusken dicen gracias? Se preguntó de pronto si el tusken que rescató seguiría vivo, posiblemente en ese mismo campamento. ¡Debería haberle dejado morir! ¡Debería haberlo hecho!
Pensó en cómo los tusken se habían llevado a su madre, imaginó por lo que había pasado en el último mes...
¿Por qué harían esto? ¿Cómo puede nadie hacer esto?
La respuesta le llegó de los oscuros rincones de su propio corazón. Han hecho esto porque querían hacerlo. Lo han hecho porque podían hacerlo. Mientras su pesar se convertía en odio, supo exactamente lo que iba a hacerles a los guardias tusken.
Abandonando temporalmente el cadáver de su madre, Anakin Skywalker salió fuera de la tienda y reactivó su sable de luz.
No se detuvo con los guardias.

Cuando Anakin volvió al hogar de los Lars con el cuerpo de su madre envuelto en una manta, Cliegg Lars, Owen, Beru, Padme y C-3PO surgieron de la cúpula de entrada. Le observaron en silencio mientras alzaba a su madre muerta de la moto y la llevaba hacia la entrada de la cúpula. Anakin no estaba de humor para hablar, y había reconsiderado su afirmación de que la familia Lars estuviera compuesta por “buena gente”.
¿Qué ventaja tiene ser bueno si eres débil?
Su expresión sombría y ceñuda se fijó en Cliegg Lars, quien bajó la mirada.
¿Quizá estás deseando no haberla dado por perdida tan pronto?
Sin perder el ritmo de zancada, Anakin redirigió su mirada a Owen y Beru.
¿Quizá mi madre nunca te habló acerca de cómo prepararse para cuidar de las cosas?
Anakin ni siquiera miró a Padme ni al droide de protocolo mientras bajaba con su madre hacia la residencia subterránea.
Más tarde, Anakin estaba junto a un banco de trabajo en el garaje del domicilio, reparando una pieza de la moto barredora, cuando Padme entró llevando una bandeja de comida.
-Te he traído algo. ¿Tienes hambre?
Anakin siguió examinando la pieza de la moto, moviéndose lentamente, como si estuviera ligeramente aturdido.
-Se le ha roto el cambio -dijo-. La vida parece más sencilla cuando arreglas objetos. Soy bueno arreglando cosas. Siempre lo he sido. Pero no he podido... -Dejó de trabajar y miró a Padme-. ¿Por ha tenido que morir? ¿Por qué no he podido salvarla? Sé que habría sido capaz. -Se dio la vuelta, mirando a un rincón oscuro del desordenado garaje. Su rabia había dejado paso momentáneamente al dolor.
-A veces hay cosas que nadie puede arreglar -dijo Padme-. No eres todopoderoso, Ani.
-¡Pues tendría que serlo! -le respondió en un grito, causando que Padme se estremeciera-. Algún día lo seré -continuó-. ¡Me convertiré en el Jedi más poderoso que haya existido! Eso te lo prometo. Y aprenderé a evitar que las personas mueran.
Padme se quedó clavada en el sitio, confusa y alarmada ante sus palabras.
-Anakin...
-Toda la culpa es de Obi-Wan. ¡Tiene celos! ¡No me deja avanzar! -Lanzó una llave cruzando el garaje. Chocó contra un muro y cayó con estrépito al suelo.
-¿Qué te pasa, Ani?
Evitando aún su mirada, Anakin trató de calmar su voz.
-Los... los maté. Sí, a todos. Están muertos. Todos están muertos. -Se giró lentamente para mirar a Padme, revelando las lágrimas que corrían por su rostro-. Y no sólo los hombres, también las mujeres, al igual que los niños. Son como animales, ¡y los he aniquilado como animales! -Luego rugió-: ¡Los ODIO!
Anakin comenzó a sollozar y se derrumbó en el suelo. Padme se arrodilló a su lado y le rodeó con sus brazos.
-Enfurecerse es humano -dijo.
-Soy un Jedi -balbuceó Anakin entre sollozos-. Sé que estoy por encima de esto.
Y además también sabía otra cosa, algo mucho peor que el haberse permitido darle rienda suelta a su rabia.
Matar a los tuskens le había dado satisfacción.

Emisiones Sombra de la CSI (I)

Emisiones Sombra de la CSI
de Pablo Hidalgo

Edición emitida en 14:2:14

La República continúa con su presencia ilegal en Aargau

Arcología del CBI, Aargau
- A pesar de ocho meses de diálogo diplomático involucrando a los niveles más altos del Clan Bancario InterGaláctico, la República continúa desplegando fuerzas militares dentro de los territorios neutrales de Aargau, desatendiendo la neutralidad de los mundos bancarios en la guerra.
Argumentando la protección de la ciudadanía de la República y de los negocios que mantienen transacciones en Aargau, las autoridades de la República enviaron varias compañías de tropas a los mayores núcleos de población, llegando incluso al punto de posicionar guardias dentro de la inmensa arcología piramidal del CBI.
«La ley de Aargau estipula claramente que los forasteros no pueden ir armados mientras permanecen en el planeta», dijo Lo Vapeet, el Portavoz de Comunicaciones del CBI. «Estos soldados fuertemente acorazados están erizados con armamento mortal, en violación directa a la ley planetaria y la neutralidad del planeta.»
Las tropas desautorizadas llegaron a Aargau como resultado de la desaparición de un equipo de inspección de la República para intentar demostrar que el origen de los droides hailfire capturados en Geonosis eran las plantas industriales dentro de la arcología del CBI. Hasta la fecha, ninguna evidencia del equipo de inspección o de las plantas industriales se ha producido, y las tropas aún permanecen.
«Aargau siempre le ha prometido neutralidad a nuestros inversores a pesar de cualquier levantamiento político. La presencia de estas tropas está trastornando la economía y ha producido notables fluctuaciones del valor del dinero en mundos confederados y no asociados», dijo Vapeet.
Una vez la Mesa Ejecutiva de Aargau comenzó a plantearse la secesión en protesta, la República respondió con enviados diplomáticos, incluyendo representantes camaasi.
«Estamos seguros de que puede alcanzarse un compromiso justo», dijo el diplomático de la República Gaddatha In'Kro. «El CBI ha tenido conexiones Separatistas. Quizás si ellos redujeran el número de droides de combate armados en las negociaciones, nosotros no sentiríamos la necesidad de permanecer como protección de los recursos de la República.»
«Estos droides de seguridad son propiedad de ejecutivos del Clan Bancario que ostentan la ciudadanía de Aargau», dijo Lo Vapeet. «Según la Carta Constitucional de Aargau, la ciudadanía está constitucionalmente autorizada para armarse; esto se extiende al uso de autómatas de combate a aquellos cuyos recursos líquidos les permitan el lujo de la Ciudadanía Premium.»

Dooku responde a los informes “espurios” de la República

Kaantay, Neimoidia - El Conde Dooku reafirmó la seguridad de los mundos base centrales de la Confederación de Sistemas Independientes tras dudosos informes de los medios de comunicación de la República que decían que incursiones lideradas por Jedi habían conquistado centros de mando Separatistas esenciales.
«Leyendo los informes espurios de Coruscant con respecto a nuestra retirada de mundos temporales tales como Raxus Prime y Ord Janon, la República tendrá su ciudadanía creyendo que nosotros estamos a la fuga», dijo Dooku. «Dada la corrupción desenfrenada en el Senado, no es ninguna sorpresa que sus sesgadas agencias de comunicación sean igual de corruptas.»
Dooku llevó más allá su alarde sobre la fuerza del ejército Separatista que protege las principales sedes comerciales de los gremios de comercio constituyentes. «Las fuerzas en nuestras fronteras y los asentamientos coloniales periféricos se están enfrentando a fuerzas claramente mayores en número, pero con nuestro suministro inagotable de tropas y material de los mundos-cofre neimoidianos, los hogares-fundición de la Unión Tecno y otros poderosos mundos-gremio, es sólo una cuestión de tiempo que la República se vea superada.»

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