martes, 17 de marzo de 2009

Noticias de la HoloRed de la República (XIV)

<-Anterior

Edición del Núcleo 14:2:12

Creado equipo de contraespionaje informático


Arcología del SBI, Coruscant
- El director del SBI, Armand Isard, anunció la formación de un Comité de Inteligencia dedicado especialmente a la protección de los canales de la HoloRed gubernamental, para oponerse a los esfuerzos de los hackers Separatistas que han estado transmitiendo propaganda de la CSI.
«El núcleo de comunicaciones de la República se ha convertido en el blanco preferido de los Separatistas», dijo ayer Isard en una rueda de prensa. «Algunos ataques han sido completamente destructivos, pero los insidiosos esfuerzos por corromper nuestros canales con desinformación y virus de datos son igualmente peligrosos.»
Las diversas Oficinas de Análisis esparcidas a lo largo de la galaxia, incluyendo la Oficina Central de Análisis en Coruscant, empezarán asignando agentes a la nueva Sección de Criptoanálisis. Dirigiendo la nueva sección del Centro está el sub-director Ilko Deminar.
«Nuestros métodos de contratación para los equipos de criptología son agresivos y inauditos, lo cual es indicativo de la importancia del tema», dijo Isard.
Aunque los líderes de la sección serán seleccionados de entre los agentes de Inteligencia existentes, se les ha dado carta blanca para reclutar civiles y expertos en datos de sector privado. La prueba del candidato es simple. Una única guía de contratación encriptada se transmite al potencial contratado. Los detalles del siguiente paso sólo pueden ser determinados desencriptando la guía.
«Los candidatos de nuestra primera lista A ya han sido avisados. Estoy esperando ávidamente las respuestas de nuestros probables lignyots», dijo Deminar, usando la frase en clave para los potenciales agentes de criptoanálisis.
«No tengo libertad para decir lo que el término lignyot identifica», dijo Deminar, bromeando con los reporteros. «Puede que deducirlo sea la prueba para conseguir mi trabajo.»


Prototipo de interferidor de la CSI destruido

Dorum, Balamak
- Las redes de transmisión volvieron a funcionar hoy en el sector de Taldot cuando las fuerzas de la República destruyeron una plataforma de bloqueo experimental empleada por los Separatistas.
Se habían perdido las comunicaciones durante cuatro días estándar, tras la llegada de una flotilla de la Confederación de Sistemas Independientes sobre Balamak, un importante mundo productor de alimentos en el Borde Medio. Uno de los navíos Separatistas era una nave de control de droides de la Federación de Comercio con una matriz de transmisión modificada para transmitir señales de bloqueo capaces de anular un nodo clave de la HoloRed.
Una fuerza expedicionaria de la República, liderada por los Jedi Obi-Wan Kenobi y Nanda-Ree Janoo entabló combate con la flotilla con un ataque de cazas estelares. Fue el aprendiz de Kenobi, Anakin Skywalker, quien lanzó la descarga del misil que destruyó la nave de bloqueo. La victoria también debe acreditarse a Adar Tallon, el renombrado táctico de cazas estelares que planeó el ataque.


El Ejército de la República libera Bassadro

Agao, Bassadro - El ataque de madrugada del General Jedi Empatojayos Brand contra los Separatistas asentados en los Montes de Agao ha permitido ganar la Batalla de Bassadro, que llevaba doce días en marcha. Brand condujo a su batallón blindado de soldados clon a los riscos de obsidiana alisados por la lluvia de los montes volcánicos inactivos de Bassadro que ofrecían cobertura a las fuerzas Separatistas. Brand ordenó el ataque con misiles de conmoción contra las formaciones de roca, no sólo destruyendo la cobertura de los Separatistas, sino también diezmando la infantería de droides de batalla con las esquirlas afiladas como navajas resultantes. El comandante Separatista, el mayor Domb Treetor, un skakoano, firmó un tratado con Brand, rindiendo Bassadro y su riqueza mineral de nuevo al seno de la República.

También en Noticias de la HoloRed
  • Los Hijos de la Libertad continúan hostigando Sluis
  • Aumenta la venta de bonos de guerra de la República en el primer trimestre
  • Estudio: Aumento en la caza de recompensas sin licencia 
 ¡Convierta su hogar en una fortaleza!
¡Infórmese hoy mismo acerca del Programa de Domiciliación del Ejército de la República!

Relatos de los Jedi: Caballeros de la Antigua República (I)

Relatos de los Jedi: Caballeros de la Antigua República
de John Withman
Basado en los cómics "Star Wars: Relatos de los Jedi" y "Star Wars: Relatos de los Jedi – El Alzamiento de Freedon Nadd" escritos por Tom Veitch

Hace mucho, MUCHO tiempo
en una galaxia muy, muy lejana....


Parte Uno
Ulic Qel-Droma y las Guerras de las Bestias de Onderon



Narrador: Durante más de mil generaciones, los Caballeros Jedi fueron la fuerza más poderosa —y la más respetada— de la galaxia. En épocas anteriores al alzamiento del Emperador Palpatine, anteriores a la caída de Darth Vader, anteriores al nacimiento de Luke Skywalker, los Caballeros Jedi eran los guardianes de la paz y la justicia en la Antigua República.
A lo largo de muchos años, sus historias han perdurado. Dos de los más famosos de estos guerreros Jedi eran Ulic Qel-Droma y Nomi Sunrider. Jóvenes Caballeros Jedi de gran poder, que aprendieron a dominar los caminos de la Fuerza. Sus aventuras fueron un preludio a las grandes guerras que seguirían, al alzamiento y caída de imperios, y a todos los enfrentamientos futuros entre el Lado Oscuro y la Luz.
La batalla que alteraría el curso de la galaxia empieza en el planeta Arkania, donde el gran Maestro Jedi Arca entrena pacientemente a sus tres aprendices: el impetuoso joven Ulic Qel-Droma, su hermano Cay, y el alienígena llamado Tott Doneeta, miembro de la raza twi'lek. Presta atención ahora a estas historias sobre el bien y el mal... a estas leyendas de héroes y villanos que luchan por el control de la galaxia... a estos relatos de los Jedi...

Arkania — Terreno de Entrenamiento
Ruidos de lucha. El zumbido de los servomotores de un droide, y un disparo de bláster. El gemido de un sable de luz al moverse, y un gruñido de dolor. Ulic Qel-Droma está desviando los disparos bláster de un droide.
Cay: ¡Buen bloqueo, Ulic!
Ulic: (Respirando con dificultad) Gracias, Cay.
Tott: Por la diosa de los Twi'leks, tu hermano maneja bien su sable de luz, Cay.
Ulic vuelve a enfrentarse al droide de entrenamiento.
Cay: Él es el mejor, Tott Doneeta. (Otro bloqueo) ¡Guau!
Tott: ¿Entonces, estás seguro de que no te gustaría un poco de ayuda, amigo?
Ulic: ¡Eh, sabes perfectamente que no hace falta preguntar eso, Tott Doneeta! ¡Puedo arreglármelas solo! Este droide de entrenamiento es viejo y lento.
Otro bloqueo del sable de luz.
Cay: Entonces quizá debamos subirle otra muesca. (Respetuosamente) Con su permiso, Maestro Arca...
Arca: (Con voz sabia y atemperada) Sí, Cay. Pienso que tu hermano mayor puede afrontar una prueba más difícil.
Cay: Bien, Ulic. El Maestro Jedi ha hablado. ¡Una prueba mejor para nuestro gran héroe!
Más ruidos de lucha.
Cay: Abriré un poco los reguladores de energía de este droide, y..... ¡allá va!
La velocidad de la lucha aumenta significativamente.
Ulic: ¡Ja, ja, eso está mejor! ¡Pero todavía (gruñido) no es (gruñido) suficiente... uhh... para... uhh... vencerme!
Ulic corta el brazo del droide que sostenía el bláster, y apaga su sable de luz.
Ulic: ¡Se acabó!
Cay: ¡Hurra!
Tott: (Risita) Bien hecho, Ulic.
Ulic: Gracias, gracias.
Arca: Pero yo creo que deberías...
El droide dispara a Ulic en la espalda con su otro brazo. Sólo es un ligero rasguño. Ulic suelta un pequeño gemido.
Arca: ...cuidar tu espalda, mi joven aprendiz.
Cay: ¡Ulic! ¡Tenías que haber sabido que el droide todavía estaba armado! ¿Estás bien?
Ulic: Uh... claro, Cay. Simplemente un ego magullado, nada más.
Tott: Tu hermano deja que su valor nuble su mente, Cay.
Arca: Tott Doneeta dice bien, Ulic. Un Jedi necesita algo más que mera valentía. El exceso de confianza ha causado la destrucción de muchos guerreros curtidos. Deja que la Fuerza sea tu fortaleza.
Ulic: Tienes razón. Como de costumbre, Maestro Arca. Si ese droide de entrenamiento hubiera estado usando fuerza mortal, yo sería ahora mismo una silueta quemada en la pared.
Cay: Bueno, en cualquier caso hiciste un trabajo bastante bueno con él.
Cay abre el droide.
Cay: Será mejor que me ponga a arreglarlo.
Arca: Siéntate, Cay. El droide puede esperar. Tengo una historia que contaros a los tres. Pero..... debéis escuchar como un Jedi escucha.
Ulic: (Cuchicheando) ¡Cay, presta atención! ¡Es irrespetuoso arreglar tu sable de luz cuando un Maestro Jedi está hablando contigo!
Cay: (Cuchicheando) ¡No estoy arreglándolo, Ulic! ¡Estoy poniendo a punto la hoja!
Ulic: ¡Shh!
Arca: (Concentrándose) Abrid vuestros pensamientos a mí. Dejad que mis palabras se conviertan en imágenes en vuestras mentes. Escúchame, Ulic... escúchame, Cay… escúchame, Tott Doneeta…
El viento sopla, mientras el Maestro usa la Fuerza para plantar imágenes de su historia en las mentes de sus estudiantes.
Arca: A través de la Fuerza, veréis cosas... otros lugares... el futuro, el pasado... (Pausa) A años luz de aquí, orbitando un sol amarillo, está el mundo de Onderon, rodeado por sus cuatro lunas.
Se oyen los pasos de un animal grande, en suelo rocoso.
Cay: Yo..... puedo verlo. Es un lugar terrible. Desolado...
Ulic: Yo lo veo también. Hay criaturas que viven allí. Monstruos con alas..... ¡grandes como skyhoppers!
Se oye el agudo chillido de una criatura voladora que se lanza en picado sobre criatura que caminaba en el suelo.
Ulic: ...con terribles mandíbulas...
Tott: Yo también tengo esa visión. ¿Es el futuro, o...?
Arca: El pasado. Veis el pasado lejano del planeta Onderon. Hace eones, las atmósferas de Onderon y su cuarta luna se tocaron brevemente durante la estación de verano. En esos días, varias de estas criaturas salvajes aprendieron a escapar de los confines de su hogar, en la luna, y emigraron al planeta Onderon.
Se oye el ruido de una pequeña aldea.
Ulic: Pero... ¡hay personas en ese planeta! Primitivos... desvalidos... ¡serán aniquilados!
Se oye el grito de las bestias aproximándose.
Hombre de la aldea: ¿Qué es eso?
Mujer de la aldea: Criaturas... ¡saliendo
de las nubes!
Hombre de la aldea: ¡¡Están viniendo hacia aquí!!
¡¡¡Cuidado!!!
Mujer de la aldea: Mi bebé... ¡¡¡¡¡Tiene a mi bebé!!!!!
Arca: Y así ocurrió. Los pacíficos onderonianos estaban absolutamente desprevenidos ante el ataque de estas bestias salvajes. Las criaturas aladas los cazaron y los comieron a voluntad. Crecieron, y se multiplicaron. Los mansos onderonianos se vieron forzados a desarrollar armas letales. En unos pocos años, los onderonianos aprendieron los placeres de la caza, y empezaron a matar a los monstruos por su carne. Y por deporte.
Tott: Maestro, mi pueblo —la raza Twi'lek del planeta Ryloth— dice que “la Guerra es el principio de la civilización”.
Arca: Bien, Tott, en el planeta Onderon ese fue ciertamente el caso. Mirad la visión, mientras pasan los eones...
Ulic: Veo a las tribus desaparecer. La civilización empieza. La cultura tribal evolucionó en civilización. Pero, Maestro Arca..., la visión es... extraña. No veo más que UNA ciudad gigantesca en todo el planeta.
Arca: Sólo hay una ciudad en Onderon. Debido a la amenaza constante de las bestias, la sociedad onderoniana se desarrolló en una gran fortaleza amurallada, llamada Iziz.
Cay: En la visión, crece año tras año.
Ulic: ¡Nunca he visto una ciudad tan grande! ¡Debe haber millones de habitantes!
Se oye el grito de las Bestias.
Cay: ¡¡Cuidado!! ¡¡¡Las bestias están atacando!!!
Arca: Tranquilo, Cay. Es sólo una visión. Año tras año, las Bestias aladas atacaron la ciudad, atraídas por el olor de carne onderoniana. Pero las personas desarrollaron armas más poderosas, y rechazaban a las criaturas...
Disparos de una forma primitiva de arma bláster.
Arca: En el interior de la ciudad, reinaba la civilización. Pero más allá de sus paredes, la mayoría del planeta seguía siendo un páramo salvaje, gobernado por las viles Bestias.
Juez: (Con voz distinguida) ¡¡Por crímenes cometidos contra la ciudad, te
destierro a las tierras salvajes más allá de los Muros!!
Criminal: ¡¡No!!
¡¡¡¡¡Nnnooo!!!!!
Arca: Durante años, los onderonianos adoptaron la costumbre de desterrar a los delincuentes a las tierras salvajes.
Guardia: ¡Sal fuera, criminal!
Criminal: Noo... ten piedad...
¡¡¡¡¡Nnnnoooooo!!!!
El guardia empuja al delincuente el exterior por la puerta abierta. Se oye el grito de una Bestia. Tras unos ruidos de arañazos y desgarros, el delincuente muere entre balbuceos.
Arca: Al principio, los monstruos proveyeron una ejecución rápida y eficaz para estos proscritos. Pero, con el tiempo, los bandidos aprendieron a domar a las Bestias voladoras.
Se oye el gruñido de una Bestia.
Bandido: ¡Átala!
Bandido 2: ¡Afianza esa soga! ¡Cuidado con las mandíbulas!
Bandido: ¡Ponle el bozal!
Arca: Algunos de los proscritos se establecieron como poderosos señores de la guerra, con grandes ejércitos de malvadas Bestias bajo su mando. Onderon se convirtió en un mundo dividido. Un mundo constantemente en guerra, puesto que tanto los bandidos como los moradores de la ciudad desarrollaron armas de destrucción cada vez más poderosas.
Ulic: La visión... está desvaneciéndose...
Arca: Hemos alcanzado el presente. Ahora, el pueblo de Onderon ha pedido a la República que interceda. Y la República, a su vez, ha llamado a los Jedi para que presten su ayuda. Yo he accedido a convertirme en guardián del sistema de Onderon.
Ulic: ¿Vas dejarnos, Maestro Arca? ¿O nos llevarás contigo?
Arca: No voy a llevaros conmigo, Ulic. Porque yo me quedo aquí. Vosotros iréis a Onderon.
Ulic, Cay y Tott: ¿¡¿Qué?!?
Cay: ¿Nosotros? No entiendo...
Ulic: ¿No te das cuenta, Cay? Por fin, después de todos estos años de entrenamiento... ¡nos han dado nuestra primera misión!

lunes, 16 de marzo de 2009

La batalla de Cadinth

La batalla de Cadinth
de Bill Smith

Dos años después de la victoria rebelde sobre la luna boscosa de Endor, la batalla contra el Imperio continúa. La Alianza Rebelde, ahora conocida como la Nueva República, lucha por llevar la libertad a los miles y miles de mundos de la galaxia conocida.
Una fuerza de trabajo de la Nueva República, volviendo de varias batallas victoriosas en la frontera galáctica, se ha detenido en el puerto estelar del planeta Cadinth para abastecerse de suministros. Mientras la República fleta lanzaderas de carga hacia los inmensos cruceros de batalla en órbita, un solitario puesto de avanzada de la República defiende el flanco oeste del lugar de aterrizaje contra piratas incursores fuertemente armados. Sin embargo, los soldados de la República están a punto de encontrar algo mucho más peligroso que una variopinta banda de forajidos...


El viento rugía sobre el arruinado paisaje de Cadinth. El teniente de la República Brin Stiels se ajustó el cuello de su túnica, más para suprimir el escalofrío que recorría su espina dorsal que para protegerse del frío. Ese lugar le recordaba a un campo de batalla... o a una tumba. Diez horas de ese viento que helaba los huesos eran suficientes para poner a prueba la paciencia de cualquiera, incluso del habitualmente calmado Stiels. Aunque faltaba menos de una hora para terminar su turno de guardia, Brin no podía esperar a cobijarse en el VER*-1 rebelde que había llegado hacía unos minutos. Podría no ser cómodo, pero sí cálido. Tras una comida caliente, todos los recuerdos de las tierras desoladas de Cadinth desaparecerían de su mente.
Por debajo de Brin, se arremolinaba el siguiente turno de soldados rebeldes. Parecían tan descontentos con el turno de vigilancia como lo estaba él. Por supuesto, alguien tenía que estar de guardia contra los piratas.
-¿Pero por qué yo? -gruñó para sí mismo.
Mientras los pensamientos de Brin vagaban hacia el bote de sabacc que planeaba ganar esa noche, pudo vislumbrar algo acercándose por una colina cercana.
Qué extraño, pensó. Los sensores deberían haber detectado algo a esa distancia. Un vistazo rápido con sus macrobinoculares no reveló nada... pero entonces destelló un brillo metálico. Entonces se dio cuenta de que había tres objetos que se acercaban rápidamente.
Brin extrajo su comunicador.
-Base Núcleo de la República, aquí el puesto de observación W-16. Tengo un avistamiento no identificado. Solicitando escaneo de verificación. Probablemente sean piratas tratando de penetrar el perímetro...
La comunicación de Brin se cortó cuando un disparo de bláster se estrelló contra la torreta artillera bajo él. Ese primer disparo fue suficiente para penetrar el blindaje de la torreta; explosiones secundarias desde el interior de la torreta sacudieron la posición de Brin. Por un instante pensó que la torre fuera a derrumbarse. Lo que fuera que estuviese disparando, tenía una potencia considerable.
Agachándose en busca de cobertura, Brin pudo ver claramente por primera vez a los droides que se aproximaban a su posición. Parecían mucho más modernos que los droides piratas que se había encontrado hacía tres días. Si no se engañaba, incluso diría que podrían tratarse de prototipos. Pero nadie tenía los créditos para ese tipo de maquinaria en aquellos días... excepto el Imperio. Mientras se ponía en pie con dificultades, Brin se dio cuenta que esta no iba a ser una escaramuza ordinaria.
Los droides de guerra imperiales superaron la colina y abrieron fuego sobre el VER-1 rebelde que esperaba en las cercanías. Mientras los soldados de infantería de la República corrían buscando protección, los pilotos corrieron hacia sus cazas clase Defensor estacionados justo al otro lado de la torreta artillera. Sin embargo, antes de que pudieran hacer siquiera la mitad del camino, un agudo chillido llenó el aire. Brin pudo vislumbrar varios deslizadores aéreos en formación cerrada y acercándose, aunque no pudo reconocer el modelo. Más tarde, Inteligencia de la República descubriría que eran los recién desarrollados deslizadores aéreos imperiales clase Francotirador.
Los gritos de advertencia de Brin fueron ahogados por el rugido de los motores iónicos de los Francotiradorres. Misiles de conmoción se fijaron en los cazas Defensor de la República, pero fallaron sus objetivos por los pelos cuando los pilotos de la República activaron sus impulsores y maniobraron los reactores justo a tiempo. Ascendiendo al cielo con una trayectoria curva, los Defensores trataron de fijar el blanco en los nuevos deslizadores aéreos imperiales y abrieron fuego. Los Francotiradores mostraron su agilidad, esquivando fácilmente los torpes disparos y disparando una segunda salva de misiles. Esa andanada consiguió su objetivo y uno de los Defensores estalló, rociando a las tropas de tierra con ardientes trozos de metal.
Mientras los droides de guerra imperiales avanzaban hacia las tropas de la Nueva República, Brin abrió a duras penas la escotilla en la parte trasera de la torreta. Comenzaron a salir oleadas humo, y tuvo que cubrirse nariz y boca para amortiguar el olor de circuitería ardiendo. Saltando por encima de los escombros, Brin activó el panel de comunicaciones.
-Base Núcleo de la República, aquí el puesto de observación W-16. Droides y deslizadores aéreos imperiales están atacando nuestra posición. La fuerza del enemigo es desconocida. ¡Solicito apoyo inmediato! ¡Cambio y corto!
Brin cayó desmayado al suelo, tosiendo por el espeso y acre humo. En la distancia, los AT-AT imperiales comenzaron a apuntar a la solitaria y humeante torreta artillera de la Nueva República...


* Vehículo de exploración y recuperación. (SRV, Scout and Retrieval Vehicle) (N. del T.)

Tarifa de buscador

Tarifa de buscadorde Peter Schweighofer

Thella sabía que el Buscador les estaría esperando en la parte trasera del Laberinto de Lorana. Y sólo podría ser capaz de conseguir que su equipo de infiltración abandonase el planeta si el Imperio no les aguaba la fiesta.
Thella tomó a su primer oficial, un hombre zafio y bruto llamado Huffreys, y le condujo de la mano al interior del bar. El renombrado Laberinto del puerto estelar de Kelada era un laberinto de barras de bar retorcidas y mesas de la misma altura que las barras, organizadas en un puzzle a tamaño natural. Parroquianos de todas las especies abarrotaban el local, cortándoles el paso, fumando, bebiendo, conversando con diversos sonidos y tonos. Algunas criaturas, que no les llegaban más arriba de las rodillas, les estorbaban a su paso.
Thella se echó la mano al bolsillo del hombro de su chaqueta de vuelo y lo comprobó. La solapa estaba bien cerrada y la tarjeta de datos segura en su interior. Habían pasado por un montón de problemas para conseguir esa información del Imperio... no estaba dispuesta a que unas pocas dificultades se interpusieran en su camino.
Huffreys empujó a varias criaturas a su paso, mirando escépticamente a Thella durante todo el rato, como poniendo en duda su cordura por acudir allí. Thella sabía que no le gustaba tratar con alienígenas. Pero en ese momento, el Buscador era el único que podría ayudarles.
Los únicos tres cubículos de todo el bar estaban al final del laberinto, si se podía decir que el laberinto tuviera un fin, y si uno podía encontrarlo. Por momentos, la marcha pareció extenderse eternamente. Pero tras un buen rato de abrirse paso y empujar y casi caer tropezando en los pequeños alienígenas que deambulaban, Thella y Huffreys encontraron los tres cubículos al final del laberinto. Y sentado en uno de ellos estaba el Buscador.
Realmente no parecía tan omnipotente como Thella había imaginado. El Buscador era un twi'lek, algo más alto que la media, envuelto en una túnica gris y una capa negra con capucha. Sus manos flotaban majestuosas sobre unas cuantas tabletas de datos dispersas en la mesa. Dos de los pequeños alienígenas de escamas rojas miraban por encima de su hombro desde la esquina del cubículo, observando las tabletas de datos como si fueran comida.
–Yo soy Loh'khar, el Buscador –dijo el twi'lek, levantando la vista de sus tabletas de datos como si los saludos fueran una distracción–. ¿Está buscando una forma segura de abandonar Kelada para usted y sus amigos?
Thella retrocedió un paso.
–¿Cómo lo ha sabido?
Loh'khar le devolvió la mirada con ojos astutos.
–Mi trabajo es saber esas cosas –dijo–. Mi trabajo no es decirle cómo.
Oh. Thella se deslizó en el banco opuesto al del twi'lek. Huffreys se quedó de pie justo en el exterior del cubículo observando a Loh'khar y a los parroquianos del bar, con la mano sobre la culata de su bláster.
–¿Así es como es como esperaba la hospitalidad de su anfitrión? –preguntó Loh'khar, mirando a Thella por encima de las palmas de sus manos, vueltas hacia arriba. Los dos alienígenas de escamas rojas sonreían para sí mismos en la esquina.
Thella se mordió el labio, y entonces sacó un saquito de su cinturón de herramientas. Lo lanzó, y el saco aterrizó con un golpe seco cerca de una de las manos de Loh'khar. Él lo abrió, olió cuidadosamente el contenido, tiró de las correas para cerrarlo y secuestró el saco en uno de los pliegues de su túnica.
–Kau'lehalle so fendoon –dijo–. Los huéspedes son bienvenidos. Bien, he oído que se han metido en problemas con las fuerzas del orden imperial.
–Vayamos al grano –dijo Thella, inclinándose sobre la mesa–. Tengo que sacar volando de aquí a seis miembros de mi equipo. Los imperiales confiscaron nuestro transporte dejándolo bajo vigilancia con dos escuadras de soldados de asalto en cuanto nos descubrieron entrando en su banco de datos.
–¿Para qué sistema requieren transporte? –preguntó tranquilamente Loh'khar.
–Cualquiera en el que no haya imperiales. Gelgelar servirá. Podemos tomar allí otro transporte para nuestro destino final. Necesito un piloto hábil que pueda abrirse paso por el bloqueo imperial de ahí arriba. Necesito un médico de campo, o al menos un droide Emedé que pueda curar a mi especialista en seguridad. Necesito una unidad de desencriptado.
–¿Está segura de que lo que recuperaron del puesto de la guarnición imperial necesita una unidad de desencriptado? –la reprendió Loh'khar–. Juraría que el procesador que robaron necesitaría una tableta de interfaz...
–Lo que sea. Y necesito todo pronto... antes de que los soldados de asalto que peinan este puerto estelar encuentren el escondite donde se oculta el resto de mi equipo.
–Lo que pide es complicado –suspiró Loh'khar–. Pero es posible... con la compensación adecuada.
–Todo lo que tengo, puede disponer de ello –replicó Thella, ofreciéndole a Loh'khar el signo de las palmas vueltas hacia arriba.
Loh'khar sonrió.
–Rizzal –exclamó, girándose a uno de los alienígenas de escamas rojas–. Ve a decirle al Bajomaestre Neffron que podría tener para él cierta valiosa información acerca de los imperiales si puede darme si tableta de interfaz cifrada. Tráeme personalmente el dispositivo. Y si ves a Nizzal por el camino, dile que se presente aquí inmediatamente.
Rizzal sonrió una vez, se escurrió bajo la mesa y se lanzó al abarrotado bar, esquivando a los parroquianos a la altura de las rodillas.
Loh'khar se volvió al compañero del alienígena, que se inclinaba servicial sobre la mesa.
–Vizzal, ve a visitar al vendedor de droides Fotane, y dile que voy a cobrarme ese favor que le hice en las aduanas del puerto estelar... y recuérdale que puede ser revocado. Vuelve con ese droide Emedé. Sí, el de la habitación trasera. Escóltalo a la bahía de atraque KB-101. –Vizzal sonrió una vez más–. ¡Y hazlo rápido! –exclamó Loh'khar. Vizzal partió por debajo de la mesa y se deslizó por el bar.
Otro alienígena de escamas rojas, casi idéntica a los otros dos, asomó su cabeza desde debajo de la mesa.
–Ah, Nizzal, me alegra que hayas podido venir –dijo Loh'Khar–. Tenemos aquí unos clientes que necesitan nuestra ayuda. Quiero que vayas a la bahía de atraque KB-101. Encuentra a La Dorada. Recuérdale amablemente ese tubo de misiles de conmoción que conseguí que le instalasen en su nave, y luego escóltala de vuelta aquí inmediatamente.
Nizzal asintió, con un punto salvaje en los ojos cuando miró a Thella, y luego salió corriendo por debajo de la mesa.
–Sólo les tomará unos instantes si todo va bien –dijo Loh'khar–. Por favor, pidamos unas bebidas. Algo para comer, quizá.
Huffreys resopló incómodo, observando al twi'lek y siendo especialmente cuidadoso de no dejar que uno de esos alienígenas de escamas rojas se le subiera encima. Thella miraba a Loh'khar mientras pasaba de una tableta de datos a otra, añadiendo información aquí, comprobando datos allá, deslizando una tarjeta de datos de una a otra para transferir más notas.
Una atractiva camarera twi'lek se abrió paso junto a Huffreys y dejó en la mesa las bebidas y una bandeja con unos nibbles chandad de aperitivo. Loh'khar tomó su copa con aire ausente, pero no bebió.
Thella comenzaba a acercar sus dedos a la mesa cuando uno de los alienígenas de escamas rojas se deslizó por debajo de la mesa y apareció junto a Loh'khar. Sonrió al twi'lek, y luego le ofreció lo que parecía una gruesa tableta de datos con varias teclas adicionales y clavijas de entrada.
–Ah, Rizzal, buen trabajo –dijo Loh'khar, quitándole a la criatura la tableta de interfaz codificada de las manos. El alienígena miró el plato de chandad–. Adelante –dijo Loh'khar–. Puedes coger dos.
Los ágiles brazos del alienígena saltaron de debajo de su ropa y atraparon dos nibbles. Los engulló sin pensárselo dos veces.
–Esto debería ayudaros a desencriptar el procesador que adquiristeis de los imperiales –dijo Loh'khar, deslizando la caja por la mesa hacia Thella.
–¿Cuándo podrá tener las demás cosas que necesitamos? –preguntó ella.
–Se lo aseguro, estarán en breves momentos. –Loh'khar se acercó majestuosamente a la bandeja de chandad y tomó un nibble–. En cuanto a mi compensación...
–No voy a pagar nada hasta que todo esté listo –dijo Thella.
Otro alienígena de escamas rojas apareció junto a Rizzal y sonrió a Loh'khar. Un instante después, una mujer de deslumbrante cabello rubio platino apareció en el cubículo. Por sus botas, ropa y bláster, Thella supuso que la mujer era una contrabandista.
–¿Llamabas? –dijo la contrabandista.
–Platt, qué alegría verte –dijo Loh'khar, sonriendo con una ancha mueca.
–Así que estos tipos y sus amigos necesitan transporte discreto a algún lugar fuera de la circulación. ¿Dónde dijo? ¿Gelgelar?
–Cualquier lugar apartado –dijo Thella.
–Me dirijo en esa dirección de todas formas –dijo la contrabandista, mirando a Loh'khar con lo que Thella pensó que era desdén–. ¿Es por eso que Vizzal ha traído ese droide quirúrgico a la Última Oportunidad?
Loh'khar la ignoró.
–Bien, ahora que todo es satisfactorio, hablemos sobre mi compensación...
–No llevo encima mucho dinero para pagar una tarifa de buscador... –comenzó Thella.
–He dicho compensación, no pago –la corrigió Loh'khar–. Tengo la idea perfecta.
Se acercó majestuosamente hacia Thella, con la aparente intención de golpearle en la barbilla. Antes de que su mano hubiera recorrido siguiera la mitad del camino sobre la mesa, Huffreys llegó desde su puesto de guardia en el borde del cubículo y atrapó la muñeca del twi'lek.
–¿Esta es manera de tratar a su anfitrión? –preguntó Loh'khar.
–Creo que sé lo que tenía en mente –dijo Thella a Huffreys. El hombre soltó su agarre de la muñeca de Loh'khar.
–Gracias.
–Quería esto –dijo Thella, abriendo el bolsillo del hombro de su chaqueta de vuelo y sacando una tarjeta de datos. Miró fijamente a Loh'khar–. Hemos superado muchos problemas para conseguir esto...
–Todo lo que pido es poder copiarlo –replicó el twi'lek, tomando una tableta de datos con una ranura para tarjetas de datos vacía–. Tengo ciertos amigos a los que les gustaría mucho saber qué planea la flota del sector. Además, nunca sabes qué tipo de información puede ser útil para otros.
Thella tendió de mala gana la tarjeta de datos a Loh'khar. El twi'lek insertó la tarjeta, tecleó algunas órdenes en la tableta de datos, retiró la tarjeta de datos de Thella e inserto una de las suyas.
–Gracias. Siempre es un placer hacer negocios con la Alianza Rebelde.