lunes, 18 de febrero de 2013

Único en su especie (II)


En el interior, Shandria escuchó como los soldados de asalto se acercaban. Echando un vistazo por encima del hombro, los vio avanzando con cautela por el bar. Cuando se dio la vuelta, el joven que le había ayudado había desaparecido y la puerta estaba cerrada con llave. Comenzó a golpearla.
-¡Déjame salir!
-¡Déjame entrar! –respondió la voz agobiada de Sconn desde el otro lado, acompañada por golpes frenéticos, y luego por una andanada de disparos bláster.
Shandria comenzó a trastear con el panel de control, y luego apretó los puños en señal de frustración.
-¡Está atascado!
En el exterior, Sconn, sacudió la cabeza.
-Genial. -Más y más desperdicios caían sobre él conforme los soldados volaban agujeros en los contenedores de basura que usaba para cubrirse-. ¿Cómo me metí en esto? -El ladrón agitó la cabeza y metió la mano en su bolsa de transporte. Después de rebuscar por el interior, Sconn sacó una delgada media esfera de metal con sólo una pequeña luz carmesí destacando en su superficie-. Más vale pecar de precavido que dejar que te entierren-. Se arrastró hasta la puerta y sujetó la media esfera en el panel de control. Sconn golpeó la puerta fuertemente con el puño-. ¡Atrás! ¡Atrás! -gritó.
Sconn se lanzó de nuevo al abrigo de los contenedores de basura y sacó una pequeña unidad de control plateada. El ladrón pulsó el botón y cerró los ojos. La media esfera estalló en una lluvia de luz. La puerta se abrió.
Sconn sonrió a pesar de sí mismo, entonces se horrorizó al ver a Shandria asomar la cabeza por la puerta.
-¿Qué está pasando? -exigió saber ella.
El ladrón se lanzó hacia adelante, evitando por los pelos ser tostado por una salva de disparos bláster, y de un empujón hizo entrar a ambos al interior, cerrando la puerta tras ellos.
-Si vuelves a asomar la cabeza donde no debería estar, lo más probable es que consigas que te la vuelen.
-Lo siento...
Sconn se encogió de hombros, haciendo un gesto a sus espaldas.
-El gran comité de bienvenida blanco de allí atrás nos obliga a descartar esta salida. -El ladrón suspiró al oír los familiares pasos con blindaje pesado que se acercaban desde la otra dirección-. Parece que estamos atrapados.
Shandria se puso las manos en las caderas y lo fulminó con la mirada.
-Pensé que habías dicho que eras bueno en esto. -Sconn se encogió de hombros, impotente-. Pues menudo rescate. –Echó un vistazo a su alrededor, mirando por encima de su hombro a los armarios de almacenamiento. Cuando vio el letrero que decía "Peligro - Cerveza Gravdiniana", sonrió. Shandria agarró a Sconn por el brazo y lo condujo hacia el armario-. Venga. ¡Vamos a salir de aquí!
Sconn cerró la puerta y la bloqueó. Se quedó escuchando junto a la puerta por un segundo y luego frunció el ceño.
-Ahí vienen. -Una pequeña brillolámpara parpadeaba débilmente, ofreciendo en el mejor de los casos una pobre iluminación. Sconn contempló los enormes contenedores de cerveza, que estaban adornados con una serie de agujeros grandes y ventilados cerca de su parte superior. Echó un vistazo a Shandria-. Y nos has dejado arrinconados.
-¿Podrías dejarme tu vara?
-¿Para qué?
-¿Quieres someterte a un interrogatorio Imperial?
El ladrón se separó de mala gana de su vara.
-Ten cuidado con ella. Es única en su especie. -Esbozó una sonrisa de satisfacción-. Igual que yo.
Shandria tomó la vara y puso los ojos en blanco.
Sconn miró a su alrededor. Vio las advertencias colocadas en los contenedores y la pared y frunció el ceño.
-Además, has elegido un lugar maravilloso, también. Si no nos matan, nuestro escondite lo hará. -El ladrón agitó la cabeza-. Aquí dentro somos como mynocks de feria.
-¿Alguna vez haces otra cosa que no sea quejarte?
Shandria se subió encima de un contenedor. Levantó la mano con la vara de Sconn, y la extendió hacia el techo, donde comenzó a dar golpes.
-¿Qué estás haciendo?
-¿Sabes algo sobre la cerveza gravdiniana?
-Genial. Estamos a punto de morir y te pones a jugar a las holopreguntas.
Ella hizo caso omiso del comentario.
-Tiene un sabor realmente bueno. Bastante dulce, en realidad. Desafortunadamente, desprende un vapor muy fuerte hasta que fermenta adecuadamente. En cantidades concentradas, el vapor puede ser letal.
-Oh, esto no hace más que mejorar por momentos.
Shandria continuó sondeando con sus golpes en las sombras.
-Es una molestia y un peligro, por lo que muy pocos bares trabajan con ella. Los que lo hacen, sin embargo, deben tomar precauciones. Así que, cuando deciden almacenarla, necesitan una sala especial con suficiente... -Se detuvo al oír cómo la vara chocaba con algo hueco y metálico. Levantó aún más el bastón, y con él se levantó una rejilla cuadrada de un metro de lado, llena de agujeros. Cubría un conducto de tamaño similar en el que se veía una tenue luz-… ventilación -terminó Shandria, y sonrió.

***

Sconn abrió de un golpe la rejilla superior y salió al exterior del conducto que se abría en el techo del bar. Volviéndose hacia abajo, ayudó rápidamente a Shandria a salir junto a él.
-Eso ha sido bastante sorprendente -dijo.
-Gracias. Pero tú me rescataste primero. Sólo estaba devolviendo el favor.
Una sonrisa amaneció lentamente en su rostro, como un sol deslumbrante.
Sconn casi comenzó a ruborizarse, y apartó la mirada.
-Bueno, yo, eh, eso es... -Se aclaró la garganta-. Gracias... Y de nada. -Miró hacia abajo por el conducto-. Será mejor que nos pongamos en marcha. No tardarán mucho tiempo en averiguar por donde hemos desaparecido.
-Entonces, ¿ahora qué?
-Buena pregunta.
El ladrón se inclinó hacia adelante, asomando por el borde del tejado. Otros dos deslizadores de asalto se encontraban estacionados frente a la fachada. Una guardia considerable observaba la parte delantera del edificio, rodeando a un hombre alto y delgado, con una nariz en forma de pico ganchudo. Por su uniforme, su postura engreída y su posición vigilada de relativa seguridad, Sconn asumió que el hombre era el imperial al mando.
Frunciendo el ceño, el ladrón gateó por el techo y revisó la parte posterior del edificio. El deslizador de asalto que había visto antes en la boca del callejón estaba todavía allí. Podía ver a dos soldados de asalto vigilando la puerta trasera.
Sconn hizo un gesto a Shandria y señaló al vehículo.
-¿Puedes pilotar una de esas cosas?
Ella asintió con la cabeza.
-¿Por qué?
Sconn sonrió, tomando la vara con las dos manos. Pulsó el pequeño interruptor en el centro del mango y con un suave zumbido, ambos extremos del arma comenzaron a cargarse una vez más con energía paralizante.
Shandria frunció los labios.
-Vaya, vaya... estamos llenos de sorpresas, ¿no es así?
-Aún no has visto nada.
El ladrón sonrió y luego se volvió y saltó del techo. Shandria vio con asombro como aterrizaba justo entre los soldados de asalto, que no esperaban que les cayera ninguna compañía desde lo alto.
El primero de los soldados recibió un golpe de la vara aturdidora justo en el casco, cayendo inerte al suelo. El segundo logró levantar su bláster, pero Sconn fue más rápido. Su vara golpeó como una letal serpiente de acero. La punta del arma golpeó el arma del soldado, haciéndola volar en espiral en el aire. Sconn lanzó dos rápidos golpes en la tripa del soldado indefenso, derribándolo como una roca.
Sin perder el ritmo, el ladrón cogió entonces en el aire el rifle del soldado y se dio la vuelta justo cuando el piloto del deslizador de asalto salía de su nave, pistola bláster en mano. El piloto recibió dos rápidos disparos del arma capturada de Sconn y cayó al suelo.
Sconn se dio la vuelta para mirar hacia Shandria e hizo una teatral reverencia. Mientras se levantaba de nuevo, quedó completamente sorprendido al ver a Shandria sosteniendo un pequeño bláster de mano apuntando directamente hacia él. Antes de que pudiera moverse un centímetro, disparó.
El disparo pasó justo sobre su cabeza y un gruñido de dolor sonó detrás de él. Sconn se dio la vuelta para ver como otro imperial, vestido de manera similar al piloto, caía al suelo. El hombre se estaba sujetando el pecho con una mano y en la otra sostenía la pistola desintegradora que habría disparado al ladrón por la espalda.
-Se te olvidaba el copiloto, cerebro de láser -dijo Shandria mientras saltaba para reunirse con él.
Sconn asintió lentamente, murmurando su agradecimiento.

***

El imperial de nariz ganchuda, el comandante Daraada, esperaba molesto a que se encontrase a la mujer. Por desgracia, sus tropas de asalto de gatillo fácil habían eliminado a dos de los espías de la Nueva República. Los dos últimos de la célula que había estado tratando de exponer durante meses.
Todavía quedaba la mujer, por supuesto, pero era la más joven del grupo y sabría relativamente poco de una célula de la Nueva República que ya estaba bastante cubierta de secreto. Por no hablar de que las muertes significaban dos víctimas de interrogatorio menos para el comandante. Y por mucho que él hubiera disfrutado de las sesiones de tortura extra, atrapar a la mujer con vida era mucho más importante. Ella tenía la tarjeta de datos robada. Además de un montón de otros hechos interesantes a la espera de ser revelados en un mar de dolor, pensó el comandante Daraada con una sonrisa.
Daraada debía su infame notoriedad a no emplear un interrogador imperial. Disfrutaba tanto de esa tarea él mismo como para ceder ese placer a otra persona. Los placeres sencillos eran siempre los mejores. Desde su ascenso, tenía menos tiempo para disfrutar de esas cosas, por lo que disfrutaba con los prisioneros vivos.
Cuando la mujer hubiera hablado, y la tarjeta de datos fuera recuperada, puede que se ganase otro ascenso. Uno que lo llevaría fuera del apestoso planeta al que estaba asignado actualmente. El comandante hizo una pausa momentánea en su contemplación para oler el viciado aire venaariano, mezclado con el olor a cerveza barata. No por mucho más tiempo, pensó alegremente. Sus tropas habían cortado todas las vías de escape.
Shandria L'hnnar ya era prácticamente suya, y quien fuera aquel tonto que había intentado ayudarla también estaba atrapado. Daraada no necesitaba sacar ninguna información del aspirante a héroe, por lo que sólo tendría su cabeza. Tal vez en una pica de fuerza, reflexionó el comandante, clavada en el exterior del Centro de Mando Imperial. Un mensaje para el resto de la ciudad... para hacer saber a la población que el Imperio todavía iba en serio, y su puño de hierro agarraba con firmeza los mundos que aún seguían bajo su influencia. Una vez que se hubiera logrado eso, la advenediza Nueva República y las facciones Imperiales traidoras serían las próximas de la lista para sentir su apretón inflexible.
Daraada sonrió con malicia, haciendo subir y bajar su larga nariz mientras asentía para sí mismo. Sí, eso era precisamente lo que haría, tan pronto como fueran capturados. Un momento más, y estarían en sus garras. ¿Cómo se atrevían siquiera a pensar en desafiar al Imperio? ¡O en desafiar al gran comandante Gaevril Daraada, ya puestos!
En ese momento, el gran comandante Gaevril Daraada abandonó sus reflexiones al advertir un deslizador de asalto alejándose del bar rugiendo a toda velocidad. Lo miró entornando los ojos, comprobando las marcas.
¡No podía ser! ¿O sí? Daraada levantó su comunicador y se lo llevó a los labios.
-Comandante Daraada a grupo C. Informe.
Su única respuesta fue el silencio. Daraada corrió dando la vuelta al edificio, seguido por media docena de sorprendidos soldados de asalto que se apresuraron a alcanzar a su líder.
El comandante dobló corriendo la esquina y quedó totalmente boquiabierto. El callejón estaba vacío, a excepción de cuatro de sus hombres que estaban esparcidos por el sucio pavimento y entre los contenedores de basura. Sus ojos se abrieron de golpe y lo único que pudo hacer fue ofrecer un furioso grito.

***

-Entonces, ¿cuál es tu historia?
Shandria levantó la vista de los controles y sonrió.
-Eres de la Nueva República, ¿verdad? –preguntó él.
-¿Cómo lo sabes?
-Ninguno de vosotros cedéis nunca ninguna información fácilmente. Pregunta qué hora es y te mirarán como si fueras un agente de la OIS. Hábito de los días de la rebelión, supongo...
-Ya sabes esa máxima humana... los viejos hábitos son difíciles de matar.
-Y también lo son los rebeldes...
Shandria amplió su sonrisa y sacudió la cabeza con asombro.
-¿Por qué me estás ayudando? Quiero decir, eres un completo extraño. ¡Estás arriesgando tu vida por mí y yo ni siquiera sé tu nombre!
Sconn extendió la mano.
-Sienn Sconn. Encantado de conocerte.
-Shandria L'hnnar -dijo ella, tomando su mano en la de ella-. Y no has contestado a mi pregunta.
-¿Qué pregunta?
Shandria gruñó.
-Y tú decías que nosotros guardábamos secretos.
Sconn rió por unos momentos, y luego pareció ponerse mortalmente serio.
-Odio al Imperio.
-Mucha gente también. Pero no todos hacen algo al respecto.
-Bueno, este tipo de cosas no es precisamente un hábito para mí.
Ella lo miró apreciativamente.
-Tal vez debería serlo...
-Parece que me ha confundido con un héroe, señora. -Sconn sacudió la cabeza enfáticamente-. Yo sólo soy un tipo normal tratando de ganarse la vida.
-¿Y a qué te dedicas, de todos modos?
Sconn la miró, luego se mordió el labio.
-Yo, eh... Bueno, supongo que yo soy lo que llaman un "especialista en adquisiciones".
Shandria esbozó una sonrisa irónica.
-Oh. Así que eres un vulgar ladrón.
Sconn rostro enrojeció.
-Puedo ser muchas cosas, pero no soy vulgar. Y algunas personas pueden llamarme ladrón, pero otras todavía os llaman rebeldes, incluso con vuestra Nueva República... Eso no hace que la descripción sea verdadera. -Respiró hondo y continuó-: Si alguien quiere algo, me contrata para "adquirirlo". Cosa que hago, si y sólo si creo que el objetivo se lo merece. Y eso son generalmente simpatizantes imperiales obscenamente ricos. Si eso me convierte en ladrón ante tus ojos, que así sea.
-Lo siento. No quería ofenderte.
-Hey, soy un ladrón, ¿recuerdas? En un planeta perdido, nada menos. No soy fácil de ofender.
-No tan perdido. Si supieras lo que estaba pasando aquí...
-No me lo digas. No quiero saberlo.
-Por eso el Imperio todavía sigue aquí. Demasiada gente prefiere la bendición de la ignorancia.
El silencio invadió el deslizador de asalto. Finalmente, Sconn se aclaró la garganta.
-Entonces, ¿dónde exactamente se detiene este transporte?
-Puerto Estelar Ven-Kavi. Tengo que salir de este planeta. Tengo información que debe llegar a la Nueva República inmediatamente. Información que podría salvar millones de vidas.
-Así que de eso se trata. Parece que no somos tan diferentes después de todo.
-¿Qué quieres decir?
-Quiero decir que yo robo bienes materiales. Tú robas datos.
Shandria frunció el ceño.
-No es lo mismo en absoluto.
-¿Por qué no?
-Tú robas para obtener un beneficio económico. Yo hago lo que hago por el bien común.
-Bueno, yo también. -Sconn se señaló en el pecho con el pulgar-. Mi bien común.
Shandria suspiró, aminorando la marcha del deslizador de asalto. Apretó un botón, abriendo la puerta mientras el vehículo terminaba de detenerse.
Sconn echó un vistazo a la salida y luego a ella.
-¿Qué estás haciendo?
-Te dejo marchar. Esto no es asunto tuyo. Me ayudaste a escapar. Y estoy agradecida por eso. Si hay algo que pueda hacer para compensar...
-Espera un momento.
-¿Qué?
-¡No voy a rajarme ahora! Tienes que llevar tu información a la Nueva República. -Pulsó el botón y cerró la puerta-. Y créeme, vas a necesitar toda la ayuda que puedas conseguir.
-Pero...
-Ante, en el Binario, te hice una promesa. Y yo siempre cumplo mis promesas.
-Eres una persona difícil de entender, Sienn Sconn.
-Te lo dije... único en mi especie -le sonrió y le guiñó un ojo-. Ahora, vámonos.

***

-¡Rápido! ¡Acelere esta cosa! ¡Es una orden! -El comandante Daraada golpeó la parte trasera de la silla del piloto y miró por el escudo visor. Los dos deslizadores de asalto iban en busca del vehículo robado, pero su presa llevaba una gran ventaja. No importaba. Él los atraparía-. ¿Dónde están ahora?
-Acaban de pasar la plaza Herak- -El copiloto se volvió para mirar al comandante-. Parece que se dirigen hacia el puerto espacial, señor.
-Sí, sí. Tratando llevar a término su fuga. ¡Pues bien, no lo voy a permitir! ¡Esa tarjeta de datos no saldrá de este planeta! -Levantó su comunicador-. Al habla el comandante Daraada. Pónganme con el Gobernador Imperial Vaerganth de inmediato. Es una emergencia.
Una voz cansada resonó por el comunicador.
-¿Qué pasa ahora, Daraada?
-¡La rebelde se dirige hacia el puerto espacial!
Una risa sarcástica resonó por el comunicador.
-¿Qué rebelde?
-La que tiene la tarjeta de datos que contiene los planos del proyecto Orrad. Debe desviar el Vengador inmediatamente.
-Imposible. Está comprometido con las fuerzas terroristas en el Frente Sur.
-¡Pero esto es de la máxima prioridad!
-¡Igual que esos malditos terroristas! ¡Y no voy a comprometer nuestro único Destructor Estelar en la búsqueda de una sola rebelde!
-Cazas TIE, entonces. Seguramente podría permitirse prescindir de unos pocos...
-Se encuentran en mitad de un combate aéreo que en este momento están perdiendo. No puedo ayudarle, Daraada. Tendrá que arreglárselas solo. ¡Para eso se le paga!
-¡Esto es un ultraje! La tarjeta de datos en poder de la rebelde es de gran importancia para el Imperio. ¡Informaré de esto de inmediato!
-¿A quién, al Emperador? ¿A todos los caudillos imperiales locos que tratan de asumir ese puesto? Por favor, Daraada. Ahórreme sus estúpidas amenazas.
-Bien -siseó Daraada-. Lo haré yo mismo. Daraada fuera. -Todavía furioso, el comandante cambió la frecuencia de su comunicador-. Al habla el comandante Daraada, dirigiéndose a la Autoridad del Puerto Estelar Ven-Kavi. Tengo un deslizador de asalto robado dirigiéndose hacia ustedes. Escuchen, y escuchen con atención. A bordo de ese vehículo se encuentran una espía de la Nueva República y su cómplice. Quiero que toda la seguridad disponible bloquee la entrada principal. Nada debe pasar. Y hasta que yo dé la orden, ninguna nave debe obtener autorización de salida o de aterrizaje bajo ninguna circunstancia. Mantengan todas las naves en un patrón de espera. ¿Está claro?
-Sí, señor -crepitó en respuesta el comunicador.
-Bien. Ahora pongámonos en marcha. -Daraada se volvió hacia su oficial de operaciones-. Ejecute el código de emergencia Delta. Operativo Especial 1312.
El oficial quedó en shock.
-¿El cazador de recompensas, señor?
-Hágalo.
El copiloto se dio la vuelta.
-No vamos a ser capaces de capturarlos antes de que lleguen al puerto espacial, señor.
-No necesitamos hacerlo, la seguridad del puesto estelar proporcionará la barrera delantera. Todo lo que necesitamos hacer es cerrar la retaguardia. -Daraada sonrió maliciosamente-. Y Graphyt hará el resto...

viernes, 15 de febrero de 2013

Único en su especie (I)

Único en su especie
Paul Danner

Había sido un día realmente malo.
Sconn dio un sorbo a la cerveza vergonzosa venaariana y se vio forzado a cerrar uno de sus ojos por el amargo sabor del líquido amarillento. Se preguntó si se suponía que el "vergonzosa" se refería a la bebida en sí, o a la obscena cantidad de créditos que costaba ese zumo revitalizante. Ese es el precio que hay que pagar por las noches salvajes, pensó.
Con un encogimiento de hombros, tomó otro sorbo y examinó la multitud que abarrotaba el Bar Binario a última hora de la tarde. Sconn notó que se mezclaba a la perfección con ella, lo que para un ladrón era una buena cosa, especialmente en un mundo gobernado por el Imperio como Venaari. Si nadie podía recordar su cara, no podrían dar a las autoridades una buena descripción...
Sconn se enorgullecía de su habilidad como camaleón social, pero al mismo tiempo le molestaba. El ladrón disfrutaba siendo el centro de atención, prefiriendo destacar, sobre todo en el anónimo desfile de zánganos temerosos en el que el Imperio tanto disfrutaba convirtiendo a las poblaciones locales. En esos momentos, sin embargo, no podía permitirse el inconformismo. La actual falta de negocios estaba haciendo que sus créditos desaparecieran más rápido que un esclavista imperial en una reunión familiar wookiee.
Sconn también se estaba quedando sin tiempo. El alquiler de su apartamento vencía a la mañana siguiente, y su casero devaroniano no admitía excusas... sólo créditos imperiales contantes y sonantes. Sconn necesitaba un trabajo y lo necesitaba rápido...
-Son tiempos difíciles -susurró en su taza-, cuando el ladrón más grande en todo este sector no puede encontrar trabajo.
Sconn alzó la vista hacia el alto techo del Bar Binario y se quedó mirando lo que estaba considerando que podía ser su último recurso. Al ladrón no le atraía demasiado la idea de robar parte de la decoración de uno de sus garitos favoritos, pero cuando los tiempos son difíciles... Estudió la vieja barredora que colgaba del cuarteto de duracables y comenzó a evaluarla. Mobquet Nebulón-R Racer, lo más probable. Seguramente la barredora necesitaría que le cambiasen la unidad repulsoelevadora y el motor turboimpulsor pero, incluso en su estado actual, el vehículo podría reportarle un mínimo de 500 créditos. Tal vez mil o más si pudiera poner sus manos en piezas baratas. Con ojo experto, el ladrón comenzó a examinar la habitación, tratando de averiguar su mejor vía de entrada y salida si la desesperación le obligaba a regresar fuera de horas.
Fue entonces cuando se fijó en ella, entrando de la calle y deslizándose entre la gente. Miró a su alrededor como un gato cauteloso mientras se abría camino hasta la barra. La mujer parecía joven, de la edad de Sconn, y llevaba una capa que ocultaba la mayor parte de sus curvas.
Sconn pronto descubrió que no podía apartar los ojos de ella, aunque no estaba muy seguro de por qué. Cierto, era guapa, pero sin duda las había visto más guapas. Simplemente, el ladrón no podía explicarlo. La belleza de pelo negro tenía tan sólo un cierto aire de misterio a su alrededor. Algo estaba pasando. Y si había algo que Sconn conocía, era la intriga.
Se sentó en la barra, pero parecía incómoda, lanzando miradas de reojo a los seres a su alrededor. No está acostumbrada a estos antros, razonó Sconn. El camarero se acercó y deslizó una taza de líquido transparente ante ella. Mientras ella la tomaba, el venaariano con sobrepeso hizo un gesto casi imperceptible. Lanzando algunos créditos a la barra, ella tomó unos sorbos de la taza y se acercó a una mesa del rincón. La que había seleccionado estaba apartada del centro de la actividad y oculta entre las sombras.
Sconn frunció los labios, y esa vez no fue una reacción a la cerveza vergonzosa. Definitivamente, algo estaba pasando. El camarero estaba ocupado, pero sirvió rápidamente una bebida a la chica. Una que ni siquiera había pedido. La familiaridad podría explicarse, sin embargo... la chica podría ser una clienta habitual, pero su lenguaje corporal en la barra no era compatible con ese escenario. Además, Sconn tenía la sensación de que no era una visitante asidua, y sus sensaciones habitualmente lo mantenían con vida.
El interés del ladrón se despertó. Dos de sus cosas favoritas, mujeres y misterios, habían aparecido justo frente a él. Por desgracia, entonces fue cuando la mujer notó cómo él la miraba fijamente. Cuando sus miradas se encontraron, Sconn vio que sus ojos se abrían un poco, como si ella estuviera preocupada porque él fuera alguien que no debería haberla visto. Pensando rápidamente, el ladrón le mostró su mejor sonrisa y le guiñó un ojo.
El alivio cruzó rápidamente el rostro de la mujer, y Sconn juraría haber visto temblar sus labios en una sonrisa cuando ella devolvió la mirada a su copa. Cuando Sconn empezaba a considerar las posibilidades, el caos estalló en el bar.
Un joven venaariano irrumpió en el interior, corriendo a toda velocidad y derribando a dos clientes en su prisa. Una reciente quemadura de bláster humeaba en su hombro derecho. Sus ojos, locos de miedo, escanearon rápidamente la habitación.
Sconn vio cómo la belleza alzaba la vista y observó una expresión de sorpresa en su rostro. El ladrón tomó nota también de que el camarero tenía una expresión similar a la de la chica.
Cuando el hombre con los ojos desorbitados abrió la boca para gritar algo, la candente ráfaga de un bláster interrumpió el sonido. Fue lanzado hacia adelante como una muñeca de trapo. El joven cayó encima de una mesa ocupada, haciendo que alimentos y bebidas se estrellasen contra el suelo.
Cinco soldados de asalto, con su armadura blanca y brillante, entraron al interior detrás del disparo. Cada uno de ellos blandía un rifle bláster estándar a excepción del líder, que llevaba un poderoso BlasTech T-15. Sconn imaginó que había sido el rifle pesado T-15 el responsable de enviar al venaariano en su breve excursión aérea.
La voz del líder crepitó a través del filtro de su casco.
-¡Que nadie se mueva! ¡Este establecimiento está oficialmente sellado por el Imperio!
La mayoría de los sorprendidos clientes obedeció, apartando de los soldados sus temerosas miradas. El camarero rápidamente se agachó detrás de la barra, lo que Sconn consideró una decisión inteligente, hasta que el hombre volvió a levantarse con un lanzagranadas.
-¡Fuera! -gritó el pesado venaariano mientras disparaba en medio de los soldados de asalto. La joven saltó de su cubículo y se dirigió a la puerta que daba a la cocina.
Sconn saltó de su silla, echándose debajo de la mesa, cuando la granada pasó volando por encima. El ladrón rápidamente metió la mano bajo su capa, palpando la familiar empuñadura plateada...
La granada explotó con un grito ensordecedor, y tres de los soldados de asalto, así como unos cuantos clientes desafortunados, cayeron al suelo.
-¡Acaba con él! ¡Yo iré a por la chica! -Después de ladrar sus órdenes, el líder se lanzó al ataque.
El soldado restante abrió fuego, golpeando la barra cuando el venaariano se agachaba tras ella, presumiblemente para recargar. Pedazos de metal carbonizado explotaron en el aire. Escogiendo el momento equivocado para resurgir, el camarero recibió un rayo desintegrador en el pecho y cayó con un gemido antes de que pudiera disparar la nueva granada.
La joven lo vio caer y se detuvo en seco, con una expresión de horror en su rostro.
-¡Nooo!
El líder cargó contra ella, girando el pesado rifle T-15 hacia el objetivo inmóvil.
Desde su posición privilegiada debajo de la mesa, Sconn miraba.
-Voy a odiarme por esto -murmuró.
Con un chasquido de su muñeca, la larga empuñadura plateada explotó de actividad, convirtiéndose en una vara de dos metros de largo. Con el toque de un interruptor oculto, ambos extremos de la vara comenzaron a crepitar y zumbar de energía paralizante.
El líder de las tropas de asalto continuó moviéndose hacia delante, apuntando a su presa. La chica levantó la vista justo en ese momento, como si presintiera el peligro. Sus ojos se abrieron mientras esperaba al disparo que, a esa distancia, acabaría sin duda con ella.
Nunca llegó.
Moviéndose con la velocidad del rayo desde su posición agachada, Sconn blandió la vara con todas sus fuerzas, golpeando con el arma en la espinilla al líder. Usando el apoyo que le proporcionaba su bajo centro de gravedad, Sconn condujo la vara hacia atrás y hacia arriba, haciendo que el soldado de asalto diera una voltereta hacia adelante, literalmente patas arriba. La pesada figura blindada se estrelló sobre una mesa con un grito de sorpresa. Incapaz de soportar la fuerza aplicada, el plástico barato gimió y se derrumbó sobre sí mismo, duchando su prístina armadura con fishak sorpresa angeriano.
El soldado de asalto restante se dio la vuelta, apuntando a Sconn. Atrapados al descubierto, el ladrón sabía que tenía una oportunidad. Sconn levantó su brazo derecho, doblando la mano por la muñeca. La amplia manga de su camisa cayó hacia atrás, dejando al descubierto una muñequera plateada. El haz de partículas condensadas cruzó el aire, fallando al soldado de asalto completo.
El guerrero blindado se rió entre dientes y se preparó para disparar, pero sólo llegó a levantar su arma cuando la barredora –que previamente del techo por los duracables ahora cortados- lo golpeaba de lleno en la espalda, empujándolo al suelo y aplastándolo allí.
Sconn lanzó una ruidosa exhalación de alivio y luego se volvió a la mujer. Ella estaba tratando de ayudar al camarero caído, quien, para un observador emocionalmente desapegado, estaba obviamente más allá de toda ayuda.
El venaariano moribundo se estiró, agarrando con sus dedos los bordes de la oscura capa de la chica y tirando de ella hacia sí.
-Shandria... tienes que llevarlo a la Nueva República. Es imprescindible... que...
El resto se perdió en la eternidad. Las lágrimas brotaron de los ojos de Shandria y los cerró con fuerza, tratando de detener el flujo.
Sacudiendo la cabeza, Sconn corrió hacia ella.
-Mira, siento lo de tu amigo, pero tienes que salir de aquí.
Un rayo desintegrador se estrelló de repente contra la pared de detrás de la barra, errando por poco la cabeza de Sconn y haciendo añicos un gran espejo.
-Corrección. Tenemos que salir de aquí.
Sconn agarró del brazo a la aturdida chica y la arrastró hacia la cocina mientras otra oleada de disparos estallaba en el bar.
Sconn se asomó por una esquina, viendo que al menos una docena de soldados de asalto más se acercaba a la entrada en formación de cobertura estándar. Se lanzó hacia adelante, agarrando el lanzagranadas recargado junto al cuerpo del camarero. Levantándose, disparó el arma por la puerta, luego corrió a la cocina mientras la granada explotaba. Fue recompensado por unos cuantos gritos filtrados mecánicamente.
-Eso debería frenarles un poco -dijo el ladrón mientras echaba una nueva mirada por la esquina.
Las tropas de asalto seguían llegando. Con otro grupo de sus compañeros caído, sin embargo, el acercamiento era más cauto. Sconn empujó suavemente a la chica.
-Dirígete hacia la puerta de atrás.
Shandria le dirigió una mirada de preocupación.
Él le devolvió una sonrisa tranquilizadora.
-No te preocupes. Soy bueno en este tipo de cosas. Lo lograremos. -Todavía no parecía demasiado convencida, así que se apresuró a añadir-: Te lo prometo.
Corrieron por la desordenada cocina, pasando junto a una fila de armarios de almacenamiento, y se dirigieron hacia la puerta trasera. Sconn golpeó su palma contra el panel de control y la puerta se abrió.
-Espera aquí. Voy a echar un vistazo.
Se lanzó fuera, con la vara levantada en posición defensiva. Sconn comprobó un lado del callejón. No había salida. El ladrón volvió a examinar el otro. Conducía a la calle... donde 10 soldados de asalto estaban saliendo de un deslizador de asalto Venaari.
Tragando saliva, Sconn retrocedió tambaleándose, tropezando con la fila de contenedores de basura que esperaban ser recogidos. En el proceso, se las arregló para cerrar accidentalmente la puerta de un golpe. Cuando se volvió para abrirla de nuevo, oyó el mecanismo de bloqueo activándose.
-Bloqueo automático. Genial. -Se quedó mirando las teclas del panel-. Y no tengo ni idea de cuál es el código.

jueves, 14 de febrero de 2013

El relato de Starter

El relato de Starter
Peter Schweighofer

El grupo de amigos se arrastró de vuelta a través de las calles del puerto estelar de Wroona a la fosa de atraque donde carguero de Platt, el Última Oportunidad, estaba amarrado junto al Estrella Luudriana de Tru'eb. Todos subieron a bordo del Última Oportunidad y se acomodaron en el salón de la tripulación.
Dirk Harkness y Jai Raventhorn se dejaron caer en un viejo y rancio diván wrooniano, mientras Tru'eb se tomaba su tiempo para colocarse a sí mismo y a sus vestiduras en el trono de piel de nashtah que Platt había ganado en una retorcida partida de sabacc. Starter fue directo a la caja tallada de bebidas de Platt y comenzó a hurgar en ella. Sacó unas copas, después vertió cantidades generosas de tovash gruviano en cada una.
Platt tomó una copa y se sentó en la silla de mando cerca de la estación de ingeniería auxiliar en un extremo de la cabina. Starter repartió el resto de copas, tomó un sorbo de la suya y se apoyó contra el mamparo, cerca de la escotilla del puente. Todo el grupo se quedó en silencio mientras cada persona tomaba un sorbo de su bebida y contemplaba el fondo de su copa.
-Eh, muchachos, ¿alguna os he hablado de la vez que hice la carrera Kessel en menos de siete parsecs? -dijo Starter, rompiendo el contemplativo silencio.
Platt le miró con una ceja levantada.
-¿En serio? Solo simplemente afirmaba que lo hizo en menos de 12 años. Al menos eso era algo creíble...
-¡No, en serio! –declaró Starter entre las risas de todos-. Hice la carrera Kessel en menos de siete parsecs. En serio. Al final, mi hiperimpulsor estalló, pero valió la pena. Ya ves. Acababa de comprarle a Jabba el hutt aquellos planos secretos robados...
-Déjame adivinar, ¿eran los planos de la segunda Estrella de la Muerte, verdad? -reprendió Jai-. ¿Esto no va a ser otra historia sobre cómo tú solo destruiste un Destructor Estelar, no?
-Esperemos que la cuente de forma un poco más elocuente que su primera historia -dijo Tru'eb-. Aunque yo seré el primero en admitir que la elocuencia no es una de las cualidades más brillantes de Starter.
-Hey, esta es una gran historia -declaró Starter-. Mucho mejor que la del Destructor Estelar...

***

El caza ala-X solitario salió del hiperespacio y se desvió hacia el gran gigante gaseoso en el sistema Anoat. Starter trató de mantener su rumbo estable, pero su hiperimpulsor probablemente estuviera ahora mismo cayéndose por la parte trasera del caza. Antes, volar a través del hiperespacio demasiado cerca de fuertes sombras gravitacionales prácticamente había destrozado el hipermotor... ahora era completamente inútil.
Starter sacó una tableta de datos de la parte trasera de la cabina y volvió a examinarlo detenidamente. La información que había descargado de las conexiones informáticas ilegales de Jabba tendría un valor incalculable para la Alianza Rebelde. Nadie le creería si no tenía pruebas de los planes del Imperio. Si pudiera conseguir llevar la tableta de datos a la base rebelde en Renforra antes de que el Imperio supiera que la tenía y le lanzase los cazadores de recompensas... o antes de que Jabba descubriera que las cuatro cajas de ryll que pagó por la información eran realmente arena azul seca de los fondos marinos de Wroona...
El ala-X de Starter atravesó la atmósfera superior del gigante gaseoso y pronto rasgó a través de las nubes. Su droide astrogación lo llamó Bespin, pero no iba a confiar en ese cubo de basura después de ese último salto al hiperespacio. Supuestamente había un asentamiento minero en algún lugar de ese planeta...
Una voz crepitó sobre el canal de comunicaciones de su nave.
-Nave no identificada, mantenga su curso actual y transmita códigos de identificación.
Starter miró a estribor y descubrió el coche de las nubes de doble vaina que volaba en paralelo a él.
-Aquí Stitar capitán del Cachorro Rastreador... mi nave exploradora ha recibido graves daños, necesita reparaciones. -Starter volvió a mirar a la tripulación del coche de las nubes en busca de alguna indicación de si se estaban tragando su historia-. Apuré un poco al límite mi último salto al hiperespacio y freí mi hipermotor. ¿Puedo conseguir algún permiso para aterrizar y hacer reparaciones?
Se dio cuenta de la mirada que el piloto del coche de las nubes lanzó sobre el Ala-X. Con suerte no distinguiría un destartalado ala-X modificado con los estabilizadores-S cerrados de una nave exploradora remendada. Starter estaba comenzando a ponerse tenso: si ese encuentro se convertía en un combate aéreo, estaría atrapado en el sistema sin tener donde acudir en busca de reparaciones.
-Cachorro Rastreador -crepitó la voz a través del canal de comunicaciones-. Tiene autorización para aterrizar en la pista de atraque 142. Se enviará un equipo de reparaciones a su lugar de aterrizaje poco después de que tome tierra.
El coche de las nubes viró y se alejó, continuando su patrulla.
Ante él, una inmensa ciudad flotaba por encima de las nubes. Starter viró su ala-X hacia ella y buscó con su escáner la baliza que marcaba la plataforma de atraque 142. Cuando fijó la baliza, se dirigió directa a ella y posó con cuidado su caza estelar sobre la plataforma de atraque.
No había nadie a la vista, ni siquiera los técnicos que Starter esperaba que aparecieran pronto para trabajar en el hiperimpulsor de su ala-X. Saltó de la cabina, tableta de datos en mano, y se dirigió hacia el panel de acceso de los sensores del ala-X. Se sentiría más seguro si la tableta de datos con la información secreta estuviera oculta en algún lugar de la nave y no en su persona. Si algo le pasaba en Ciudad Nube, al menos la información estaría relativamente segura con la nave. Haciendo que el panel se abriera con un golpe bien colocado, comenzó a hurgar en las entrañas de los sensores, tratando de encontrar un lugar para esconder la tableta de datos.
Detrás de él, oyó que la puerta blindada de la ciudad se abría. Deben ser los técnicos, pensó. Pero cuando se dio la vuelta, se encontró frente a los cazarrecompensas más letales de la galaxia: Zuckuss, Boddu Bocck, Dengar, Beylyssa, 4-LOM, Zardra, y Bossk. Sin duda, el Imperio los había enviado para capturar a Starter y recuperar los datos robados...

***

-¡Tienes que estar de broma! -dijo Platt, incorporándose en su asiento-. No hay forma de que pudieras haber escapado con vida de todos aquellos cazadores.
-No parece posible ni probable que tu afilada lengua te hubiera salvado -agregó Tru'eb-. Aunque podría ser posible que los hubieras aburrido hasta la muerte con una historia igual de increíble.
-Hey, lo explicaré todo... simplemente escuchad la historia -declaró Starter, sirviéndose otra copa.
-Esta historia parece hacerse más larga y más escandaloso cuanto más tovash gruviano viertes en tu garganta -espetó Jai-. Deja algo para nosotros.
Dirk se había desplomado a su lado, roncando.
-Hey, que alguien despierte a Harkness, estoy llegando a la parte que le gustará -dijo Starter.
-¿Qué parte es esa? -pidió Platt-. ¿La parte en la que los cazadores de recompensas te dan una paliza?
-Vale, ¿no me creéis? -desafió Starter-. Sólo recordad que estaba arrinconado en una plataforma de atraque sobre Ciudad Nube. Esas cosas no tienen barandillas de seguridad, ya sabéis...

***

Starter retrocedió, pegando su espalda contra el fuselaje de su ala-X, y su mano se acercó lentamente hacia su pistola bláster pesada.
-Mirad, no os tengo miedo –espetó-. Podría acabar con todos vosotros desde aquí si lo quisiera.
Los cazadores de recompensas siguieron avanzando a lo largo de la pasarela hacia la plataforma de atraque.
Starter tuvo suficiente. Sacó la pistola y la alzó, apuntando a Dengar, el cazador que iba en cabeza. Pero antes de que pudiera apretar el gatillo, una barra de metal atravesó el bláster por encima del gatillo, arrancando el arma de la mano de Starter. Alzó la mirada para ver a Boddu Bocck sonriendo para sí mientras bajaba su ballesta de caza alimentada de diseño personalizado.
-¿Qué esperáis que haga, rendirme? -se burló Starter.
-No -gruñó Dengar-. Esperamos matarte. Mucho.
Gotas de sudor comenzaron a formarse en la frente de Starter. Los cazadores de recompensas se acercaban. Su mente repasaba apresuradamente cada engaño, cada treta que hubiera usado en alguna ocasión, tratando de pensar en algo que pudiera sacarle de este lío. Entonces le vino la idea. Alargó la mano hacia su cinturón del bláster, al bucle donde guardaba su paquete de raciones: una caja cuadrada del tamaño de un puño donde almacenaba los alimentos y líquidos con los que se mantenía durante los largos viajes hiperespaciales en el Ala-X.
-Ésta vez realmente vas a conseguirlo -se burló Beylyssa.
Bossk sólo gruñó.
-Vamos a destrozarte miembro a miembro -dijo Zardra-. Y sabes que sonreiré todo el rato.
-Objetivo adquirido -zumbó IG-88-. Preparado para ser terminado.
Boddu Bocck encajó otro proyectil en su ballesta.
-Hora de morir.
En un rápido movimiento Starter arrancó la caja de raciones de su cinturón y la mantuvo amenazadoramente ante los cazarrecompensas que avanzaban.
-¡No mientras sostenga este detonador fotónico!
Los cazadores de recompensas se detuvieron a unos metros de donde se encontraba Starter.
Beylyssa se volvió hacia 4-LOM.
-Está de broma –dijo-. No existe ningún arma llamada detonador fotónico.
-¿Vas a esperar para comprobarlo? –exclamó Starter. Y diciendo eso, tiró su caja de raciones directamente en medio del grupo de cazadores de recompensas. La mayoría escapó buscando refugio, con sus mentes centradas en el "detonador fotónico", mientras Starter saltaba hacia adelante y agarraba a 4-LOM.
Starter hizo perder el equilibrio al droide y le dio una patada voladora en la cabeza. La cabeza de 4-LOM se alejó volando, y su cuerpo la siguió, tambaleándose al borde de la plataforma de atraque y cayendo hacia Ciudad Nube.
Starter escuchó cómo Beylyssa se le acercaba por detrás: él giró, le golpeó con el codo en el casco, y luego activó el detonador termal que ella guardaba en su cinturón de municiones. La empujó de vuelta al grupo de cazadores de recompensas, esperando que explotase lo suficientemente lejos.
-Te tenemos -se burló Boddu Bocck. Se encontraba a un lado, apuntando con su letal ballesta al pecho de Starter. Al otro lado Starter se encontraba Zardra, también blandiendo un arma bláster de aspecto particularmente peligroso-. Ya eres mío -dijo Bocck.
Starter se echó al suelo de la plataforma de atraque justo cuando Bocck lanzó el proyectil de su ballesta y Zardra disparó su bláster. Los dos cazadores de recompensas cayeron al suelo, muertos.
Starter se abalanzó sobre Zuckuss, golpeándole en la cabeza y echándolo de una patada fuera de la plataforma de atraque. Bossk agarró a Starter por detrás, sujetándole los brazos a los costados y levantándolo en vilo. Starter cambió su peso hacia delante hasta que sus pies estaban de vuelta en la plataforma, y luego hizo girar al pesado trandoshano sobre su cabeza para que siguiera a Zuckuss gritando al viento de Ciudad Nube.
Dengar estaba tratando infructuosamente de desactivar el detonador térmico de Beylyssa. Starter se puso a cubierto justo antes de que explotase.
Se levantó del suelo y se sacudió el polvo que iba asentándose. Se acabaron los cazadores de recompensas, pensó. Entonces una forma enorme salió tambaleándose del humo, gritando:
-¡Terminar! ¡Terminar!
IG-88 se dirigía directamente hacia él.
Starter se echó a un lado y permitió que el gran droide asesino chocarse contra el casco del ala-X. Agarró el torso del droide y lo golpeó contra el ala-X varias veces más hasta que la cabeza de IG-88 colgaba lánguidamente de su cuello.
-Hasta la vista, aliento de metal -dijo Starter mientras empujaba suavemente al droide fuera de la plataforma de atraque.
Parecía tan satisfecho de sí mismo, mirando cómo IG-88 caía a su perdición, que no oyó cómo Boba Fett apagaba su mochila cohete antes de tomar tierra detrás de Starter. Esto es demasiado fácil, pensó Fett para sí mismo mientras golpeaba a Starter en la cabeza...

***

Darth Vader se arrodilló ante el holograma del emperador Palpatine. Fett había llevado al piloto rebelde al Ejecutor y había recogido su recompensa, pero los agentes de Vader estaban teniendo dificultades para quebrar la voluntad del luchador rebelde.
-¿Ha revelado la ubicación de los planos robados, amigo mío? –susurró el Emperador.
-No, maestro, estamos tratando de quebrar su voluntad, pero sin resultado.
-Entonces, tal vez debas utilizar métodos más convincentes -sugirió el Emperador-. Interroga tú mismo a este rebelde. Ciertamente, no podrá resistir el poder del lado oscuro de la Fuerza. Y si no revela ante ti la ubicación de los planes, entonces lo traerás a mi presencia.
-Sí, maestro.
Vader se alzó cuando la imagen del Emperador se desvaneció. Caminó de regreso a su cápsula de meditación, pensando en las formas en las que podía manipular al rebelde para que revelase la ubicación de los datos que había robado.
La puerta de la cámara de Vader se abrió y entró el almirante Ozzel.
-Lord Vader –dijo-. Hemos tratado de quebrar al rebelde utilizando métodos convencionales, pero ya hemos pasado por cinco droides de interrogatorio. Los técnicos dijeron que fueron inhabilitados por algo que llamado sobrecarga sensorial...
-¿Ha revelado algo de utilidad? -le preguntó Vader.
-No, mi señor. Ha estado hablando continuamente durante cada sesión de interrogatorio, pero la mayor parte es un completo sinsentido increíble. Sin duda ese balbuceo irracional es responsable de la desactivación de los droides de interrogatorio...
-Este rebelde parece no verse afectado por sus monstruosidades tecnológicas, almirante. Vamos a ver cómo soporta el poder del lado oscuro de la Fuerza. Tráelo a mi presencia de inmediato.

***

-Parece obvio que tu historia está completamente divorciada de cualquier apariencia de realidad -afirmó Tru'eb-. ¿Has planeado esta secuencia de acontecimientos inverosímiles, o te la estás inventando sobre la marcha?
-Es cierto -declaró Starter-. Mira. Yo acababa de robar datos secretos imperiales.
-Si eran tan importantes, ¿entonces qué contenían los datos que robaste? -desafió Platt.
-Uh, realmente no tuve la oportunidad de comprobarlos a fondo...
-¿Quieres decir que no pediste a tus buenos amigos Vader y el Emperador que te lo dijeran?
-Tal vez no deberías haber matado a todos los cazadores de recompensas -sugirió Tru'eb-. Ellos podrían haberte ayudado a descifrar los datos.
-Todo es cierto -se quejó Starter.
Harkness roncó. Jai también estaba profundamente dormida, con la cabeza apoyada en el hombro de Dirk.
-Bueno, stang. Será mejor que termines la historia -se mofó Platt-. Tru'eb y yo nunca vamos a poder dormir esta noche si no escuchamos cómo escapaste de Vader.

***

La parte superior de la cámara de meditación de Darth Vader se levantó con un zumbido ominoso cuando Starter fue conducido a la sala. El soldado que lo escoltaba se hizo a un lado, mirando nerviosamente a sus pies. Starter podía sentir la fría mirada de Lord Vader fija sobre él.
-¿Qué has hecho con los datos robados? -Vader le preguntó con atronadora voz de bajo.
-Yo no sé nada de ningún robo de información secreta, ¿sabe? -comenzó Starter, haciendo un gesto con las manos y encogiéndose de hombros-. Estaba en mi camino de Dantooine a Alderaan cuando me olvidé de que lo había hecho estallar, así que tuve que dar un rápido rodeo, pero mi hiperimpulsor estaba frito, ¿sabe? Así que tuve que aterrizar en Ciudad Nube para hacer reparaciones y luego...
-¡Basta! -le gritó Vader-. Ahora, me dirás la localización de los planos secretos que robaste.
Starter miró al soldado que estaba junto a él... quien probablemente estaba más asustado que Starter en presencia del Señor Oscuro.
-Supongo que es mejor que haga lo que dice Vader -le dijo al soldado. El soldado miró nerviosamente hacia Vader... y Starter le golpeó en el costado de la cabeza con el puño. Antes de que el guardia cayera sobre la cubierta. Starter agarró su pistola bláster y giró para apuntar hacia Vader.
Varias ráfagas de energía salieron disparadas del bláster, fallando a Vader totalmente, pero golpeando la consola de mando del interior de su cámara de meditación. La mitad superior de la cámara bajó rápidamente y encerró a Vader dentro antes de que el señor oscuro pudiera siquiera gritar de frustración.
Saliendo como una exhalación por la puerta, Starter disparó a algunos oficiales y soldados imperiales en el puente mientras se dirigía a los turboascensores. Se abrió camino a disparos entre las tropas imperiales hasta uno de los muelles de atraque principales, donde encontró una lanzadera clase Lambda esperando en punto muerto. Después de eliminar a los soldados de asalto que montaban guardia, Starter subió corriendo la rampa de entrada, noqueó al piloto, y salió disparado de la bahía de atraque hacia la libertad...

***

-Y así es como robé la lanzadera Tydirium que utilizaron para la operación de Endor -dijo Starter con orgullo-. La propia Mon Mothma se ofreció a renunciar a su puesto para dejarme dirigir la Alianza Rebelde... pero yo no podía separarme de mis alas-X. Tenía que volver a la línea de fuego y seguir volando.
-Ahora sí que lo he oído casi todo -dijo Platt. Se arrastró fuera de la silla y empezó a rebuscar en un contenedor de almacenamiento empotrado en el mamparo-. Quiero decir, Starter, que puedo entenderlo si fuiste capturado por los imperiales, ¿pero ser interrogado por el propio Vader? ¿Y escapar sin ayuda? ¿En la Tydirium? No me creo ni una palabra de eso.
-En serio, Starter, ¿por qué Mon Mothma, distinguida líder y diplomática, renunciaría para dejar que un piloto fanfarrón como tú dirigiera la Alianza? -preguntó Tru'eb-. Y realmente no puedo creer que rechazases esa oferta y volvieras a pilotar alas-X. Si alguien creyera que sabe cómo dirigir la Alianza Rebelde mejor que Mon Mothma, sin duda considero que esa persona podrías ser tú perfectamente.
-No puedo creer que no estéis tomando en serio mis profundamente personales experiencias de batalla -dijo Starter, dejándose caer en la silla de Platt-. Todo sucedió tal y como os lo he contado.
-Shh -susurró Platt, extrayendo una manta del compartimiento de almacenamiento empotrado en el mamparo. Extendió la manta por encima de Jai y Dirk-. Ellos tuvieron la idea correcta -dijo, señalando a los dos, roncando sonoramente en el diván-. Creo que he escuchado suficientes historias para un día.