miércoles, 24 de julio de 2013

Piezas de repuesto (III)


Aproximadamente unas cinco horas antes, el jenet había determinado de inmediato un radio de búsqueda basado en la velocidad promedio a pie de una unidad Delban Serv-O-Droide CZ, con el desgaste del servomotor pélvico de unos 15 o 20 años de uso.
Por supuesto, las probabilidades más remotas siempre tenían una forma de presentarse al jenet, y no vio nada hasta los últimos 200 metros de su búsqueda.
El jenet apagó el acelerador de su pequeño scooter repulsor y se detuvo flotando mientras sacaba un par de macrobinoculares. Ahora estaba a unos 10 kilómetros del centro de la ciudad, donde los edificios abovedados desaparecían en las arenas, como un espejismo del desierto. Se permitió una rápida mueca cuando los intensificadores de imagen mostraron a su presa ante su vista.
Escondido, en el lado iluminado por el sol de un pequeño garaje de adobe, entre un evaporador y un cubo de basura, había un droide humanoide blanco, tratando de caminar a través de la pared. La cantidad de arena que se había levantado detrás de él indicaba que llevaba allí, oh, unos 15 minutos, según los cálculos del Jenet. El droide parecía prestar muy poca atención al hecho de que seguía caminando contra la pared, y continuaba haciéndolo, merced a su programación distorsionada.
El jenet miró a su alrededor, no vio ningún carroñero, y estacionó su deslizador. Caminó hacia el garaje, guardando sus macros. Con el droide en el lado del sol, y la mayoría de los carroñeros jawa vagabundos agrupados en las sombras de los edificios, estaba a salvo.
Examinando visualmente al droide, el jenet conjeturó que o bien simplemente los reactores lógicos del droide se habían quemado por el calor, o bien estaba cargado con tanto software extra que sus procesadores primarios se estaban ralentizando a un estado de senilidad mecánica. Esto casi provocó una sonrisa del jenet. ¿Por qué alguien querría cargar a un modelo tan defectuoso y obsoleto con cualquier software que estuviera más allá de sus capacidades?
Se detuvo al ver que el cerrojo de seguridad que debería haber estado en el pecho del droide había desaparecido. Rápidamente descartó el hecho, aplicó un nuevo cerrojo con la inscripción de Opun "El Agujero Negro" Mcgrrrr, dirigió al droide de vuelta a su scooter y, mientras lo aseguraba con un poco de sintocuerda, recorrió mentalmente la larga lista de otros jenets que tenían carreras mucho mejores que la suya.

martes, 23 de julio de 2013

Piezas de repuesto (II)


El viaje a la Bahía de Atraque 87 había demostrado ser un éxito parcial. El comerciante corelliano al que el distribuidor de deslizadores arcona les había mandado reconoció efectivamente a Aguilae, si bien no a Mace. Mientras el comerciante se quejaba con vehemencia sobre la calidad del droide de negocios que Aguilae le había vendido, el squib se entretuvo estudiando las partes más brillantes del carguero del comerciante.
-Sus procesadores deben de haberse frito por el sol -había dicho el comerciante había dicho, salpicando su discurso con unas cuantas maldiciones socorranas-. Esa cosa ni siquiera tuvo el suficiente sentido común para seguirme.
Después de exigir un reembolso completo, que Mace consiguió negociar hasta un medio reembolso, un acoplador de transpondedor nuevo, y la receta de los bocaditos crujientes de almendra kwewu de su madre, el comerciante cedió, y dijo que había vuelto a vender el droide a otro grupo de jawas. Por la descripción de los patrones de las capas y sus mercancías, Aguilae pudo averiguar que era el grupo de Jek Nkik.
Los dos comerciantes regresaron a la tienda de Unut y alquilaron un deslizador para entrar en la zona de desierto donde se sabía que hacía su ronda el reptador de las arenas de Nkik. Los dos comerciantes no sólo tuvieron que pagar al arcona por el deslizador, sino que también se comprometieron a sustituir toda la unidad de control e interfaz del deslizador Halcón Estelar.
Esto se está poniendo caro, pensó Aguilae, limpiando una mancha de suciedad en el interior del parabrisas del deslizador Mobquet. Mace estaba, como siempre, enloquecedoramente ajeno a todo, sacando la cabeza fuera del parabrisas, con su pelaje gris erizado por el viento. Sus ojos brillaban detrás de las lentes desparejadas de las gafas.
-Mace, se te van a meter moscas de la arena entre los dientes -dijo Aguilae.
-Todavía no he comido, Aggy -gimió el Squib.
-¡Te comiste todos mis aperitivos de esporas snit!
-Eso es picar, no comer.
Ella agitó la cabeza, y decidió concentrarse en el enfoque que tomaría con Jek. Ajustó la compensación en el control del deslizador, suavizando el viaje sobre el terreno rocoso.
Jek y Aguilae se conocían de pasada, pero la mayoría de los jawas que operaban alrededor de Mos Eisley sabían de ella por su tienda. A pesar de eso, Aguilae se sentía bastante incómoda. Nunca se había llevado bien con otros jawas, y era un paria entre su gente. Prefería la compañía mecánica a los de su especie. Soportaba a Mace ya que este lograba demostrar algún beneficio, pero la naturaleza competitiva de los jawas a menudo le molestaba. Sabía que Nkik sólo tomaría dinero en efectivo y sus reservas iban disminuyendo.
-¡Aggy, gran cosa-nave de metal jawa! ¡A las allí en punto! -chilló Mace.
Aguilae entrecerró sus ojos brillantes, viendo el pesado vehículo como un mero punto en el horizonte. Este era el territorio de Nkik, de acuerdo. Activó el turbo del Mobquet, trazando una curva cerrada, y lanzando tras ellos una lluvia de grava y arena.

***

Takeel había tardado casi tres horas en encontrar la Bahía de Atraque 83, y otra hora en caminar hasta allí. Por supuesto, detrás de él dejó una estela de transeúntes al tanto de su búsqueda conforme les iba preguntando el camino. El snivviano jorobado vagó más allá del pequeño tapcafé construido en una pequeña choza de adobe, en busca de pistas visuales de última hora, como un número 83, cuando su memoria le falló.
-Disculpe -balbuceó a un comerciante pasaba por allí.
-No me toques.
-Uhh... perdone -tartamudeó a un miliciano.
-No tengo cambio.
-Un momento, si me permite... -dijo vacilante a un granjero de humedad.
-Maldita escoria callejera, fuera de mi camino.
-Me preguntaba... -farfulló a un droide blanco.
-Bzz-nkk, bzz-nkk.
Takeel miró al droide defectuoso: un droide blanco, alto y baqueteado. Sacudía la cabeza como si sus sellos no estuvieran apretados alrededor del cuello. Por lo menos, pareció reconocer al snivviano en su fotorreceptor casi vacío.
-¿Sabes dónde está la bahía de atraque 83? -preguntó.
El droide se detuvo en seco. Por un momento, parecía como si fuera a caer, pero en cambio, lanzó su brazo hacia la dirección desde donde venía caminando.
-Un millar de gracias, señor -dijo el snivviano, dejando un rastro de municiones similares a perdigones a su paso.

***

Aguilae hizo aminorar el Mobquet para colocarse en paralelo con el pesado reptador. El estruendo de metales antiguos, servos mal lubricados, y acero temblando, superó el zumbido de los repulsores. Sacó de uno de sus bolsillos un pequeño comunicador lleno de arañazos, y tecleó un canal jawa estándar.
-Nkkek, hkkeuika, obvioaga -dijo entre dientes, sin que su traductor pudiera captarlo desde su lugar en el asiento de Mace. Mace, mientras tanto, estaba asomado fuera del deslizador, agitándose como un molino de viento.
Por unos momentos, parecía como si el reptador de las arenas fuera a continuar, pero, con un fuerte chirrido de motores enojados, el reptador se detuvo. Mace, por supuesto, pensó que todo se debía a sus gesticulaciones. Aguilae acercó el deslizador a la rampa del reptador, y ensayó su monólogo en su cabeza una vez más.
Con un auténtico chirrido, el aletargado rastreador bajó la rampa y varios pares de enfermizos ojos brillantes observaron desde la oscuridad.
-Hkekk, Aguilae -graznó una voz desde arriba, pronunciando el nombre con un desprecio inconfundible.
Los comerciantes y los humanos a menudo bromeaban diciendo que no había nada que temer de los jawas, pero ahora, el grupo de unos cinco o así que miraba hacia abajo de la rampa con los blásters desenfundados era suficiente para hacer temblar el estómago de Aguilae. Mace, como era previsible, seguía gesticulando.
Los jawas se separaron, y Jek salió de entre ellos, con los brazos abiertos.
-Aguilae, ¿mencionaste un acuerdo? -dijo con voz ronca en su lengua nativa. El jawa, con un manto de color bronce y marrón cosido de una pieza, descendía por la rampa. Llevaba su bláster artesano escondido en el cinturón, pero no había duda de su presencia, y de la arrogancia que lo acompañaba. Los otros cuatro jawas le seguían, varios pasos detrás de Jek. Sus ojos no se apartaban del deslizador.
Aguilae, el nombre que los humanos le habían dado, respiró profundamente, afianzando su orgullo. Con la respiración, captó el ligero olor de la indignación y el desprecio que los jawas emitían. Ella había descartado su nombre Jawa, para vivir y vender entre los humanos, y ellos no lo habían olvidado. Se aseguró de esconder el traductor; no había necesidad de molestar a esos cinco más de lo necesario.
No muestres miedo, no muestres miedo, no muestres miedo.
-Sí, Jek -habló en su lengua-, un acuerdo que encontrarás muy rentable.
-¿En serio? Bueno, comprenderás que este es nuestro territorio -siseó Jek, acariciando con su mano la empuñadura de arcilla de su desintegrador-. Esto hace que tu presencia sea aún menos bienvenida.
Debe haber olido el miedo, pensó Aguilae. Se concentró en su hambre. El hambre y el miedo olían muy similar para los jawas, por lo que pensó con fuerza en su estómago vacío y los aperitivos de espora snit que Mace se había comido. Un toque de odio tampoco vendría mal ahora.
-Entonces incluso tú podrás entender la magnitud de la oferta que me llevaría tan lejos. -respondió Aguilae con frialdad. Uno de los jawas detrás de Jek silbó una risa.
-Aguilae, o Khea Nkuul, ¿has olvidado lo que este doble amanecer trajo hoy?
-¿Hoy? -se detuvo. El uso de su nombre la había descolocado, pero hoy... ¿Su cumpleaños? ¿El inicio de la temporada de tormentas? ¿El final de la temporada de cultivo? No. No era eso.
Luego consiguió juntar las piezas, un tributo a sus habilidades como carroñera. El reptador, siguiendo su curso pasando de largo Mos Eisley, hacia esta zona, de camino al intercambio: la reunión anual de todos los reptadores de arena jawa de la zona para intercambiar bienes.
Luego comprendió el olor que emanaban los jawas. Avaricia, más fuerte de lo habitual. Sus ojos siguieron la mirada de los cuatro jawas que estaban detrás Jek, y todos ellos estaban mirando el brillante deslizador.
Jek sacó su pistola, mientras que el cuarteto de jawas blandía cada uno una llave hidráulica a modo de garrote.
-Es el día en que vuelves a casa.

***

El temblor del reptador de las arenas hizo que el trabajo de Aguilae fuera aún más difícil. Estaba sujeta en un estrecho compartimiento dormitorio en el más alto de los 15 niveles del reptador. La abollada puerta metálica estaba cerrada con llave. Sendas correas gastadas de plástico se le clavaban en los hombros, y este módulo dormitorio en particular estaba diseñado para un jawa más alto que ella, dado que no podía tocar el suelo con los pies. Se balanceó hacia atrás y adelante, y casi deja caer la delicada pieza en la que estaba trabajando. Estaba soltando pequeños tornillos haciéndolos girar con la uña del pulgar, y utilizaba la poca luz que generaban sus ojos para trabajar en el cableado. Unos toques más, y habría terminado.
Un rastro de olor, esta vez de curiosidad y algo más, flotó hasta su nariz. Escondido su trabajo cuando la puerta se abrió, derramando la débil luz del pasillo sobre los ojos de Aguilae. Jek proyectó una sombra sobre ella, soltando las ataduras que la mantenían colgada de la pared.
-¿Realmente era necesario este alojamiento? -dijo entre dientes, frotándose el hombro.
-Las precauciones son muestra de sabiduría; es lo que los ancianos nos enseñan. -Jek la bajó a la cubierta-. Pero, es cierto... no has escuchado las palabras de los ancianos durante, ¿cuánto? ¿Ocho estaciones?
-Siete y media, en realidad. -Apartó los brazos de Jek, soltando arena de su túnica. Echó un vistazo alrededor. Sin la venda que la obligaron a llevar ante los ojos previamente a colocarla en el armario dormitorio, finalmente pudo ver los abarrotados compartimentos oxidados del nivel superior. La luz del sol que se derrama por la izquierda le indicaba que el puente estaba cerca. Un grupo de jawas estaba agrupado a la derecha. Su hedor mostraba que estaban significativamente molestos. Miró un poco más y vio al squib de pelaje gris entre ellos, mirando al techo del compartimiento.
-Me sorprende que te has dado cuenta -añadió Aguilae, moviendo rápidamente los ojos de esquina a esquina.
-Nunca te he quitado el ojo de encima, Khea. -Jek se paseaba de un lado a otro, con un llamador de droides en la mano, supuestamente examinándolo con interés-. Sabes lo que dicen de ti, ¿no? ¿Sabes lo que está pasando tu tribu?
-No -dijo ella, preguntándose cuánto tiempo tendría que seguirle la corriente-, pero estoy seguro de que me lo dirás.
-No voy a tener que hacerlo. Sin duda estarán en el intercambio, y finalmente te llevaremos donde debes estar. Debes seguir nuestros caminos, Khea. Una mujer no puede abandonar su papel en la tribu y los encuentros. Es peligroso.
En algún lugar de los oscuros pliegues de su capucha, Aguilae hizo una mueca. De modo que eso era lo que iba a pasar. Hizo una pausa, dejando que Jek saboreara su última sílaba glotal, mientras trataba de recordar esos holovídeos que Mace había conseguido de un viajero dorcin. ¿Cómo solían decir...?
-¿De modo que es eso? -dijo, más fuerte de lo que pretendía-. ¿Realmente es eso?
Los otros Jawas se acercaron, y sus olores traicionaban su curiosidad. Una vez más, Aguilae se concentró en su hambre para que su ansiedad no se revelase a través de su aroma.
-¿Qué quieres decir? -preguntó Jek.
-Oh, vamos, Jek. ¿Esperas que me crea que me estás llevando todo el camino hasta el intercambio sólo para enseñarme una lección de los ancianos? -Se acercó más a él, una acción que él obviamente no esperaba-. ¿Que pondrías remotamente en peligro tu reclamación del deslizador llevándome contigo? ¿Por qué no ser honesto, para variar? No soy ninguna agricultora a la que estés tratando de engañar.
Por un breve momento, mientras citaba el diálogo que alguna casquivana ho'din había grabado en otro mundo hace incontables años, antes de que, sin duda, firmase un contrato por varios holos, Aguilae lamentó haberse concentrado en su estómago. Esas palabras le daban nauseas.
-Esos los ojos de fuego que echaba de menos. -Jek sonrió, extendiendo sus pequeñas manos sucias para tocarla en los hombros.
-Inténtalo, Jek., No me importa. Llévame ante mi padre. Incluso si él lo decreta, no me uniré contigo. -Dejó que la última palabra saliera siseando de sus labios, con toda la intensidad que pudo reunir. En el interior, una parte de ella se rió. Puede que los jawas sepan de droides, se dijo, pero son ajenos a los holomelodramas de serie B.
Jek pisó el pie en el suelo.
-¡Ese es el camino, Khea!
-¡No, Jek! Es tu camino. No el mío.
Por un momento o dos, todo lo que se oía era el omnipresente ruido de las orugas del reptador de arena. Jek echaba humo, llenando el compartimiento con el hedor de su rabia impotente. Se dio la vuelta, mirando a los jawas que observaban desde la esquina.
-Lleváosla -graznó Jek-. Dejar que su padre se ocupe de ella.
Jek salió airadamente de la cámara mientras los otros jawas agarraron a Aguilae y la obligaron a entrar en el compartimiento. Hizo todo lo posible para fingir resistirse, mientras miraba más allá de los jawas.
Su señal había sido recibida. Mace no estaba allí.

***

Era como si fuera la mañana del Día de Regateo, y Mace volviera a ser sólo un joven pelusilla. Los pelos de sus brazos se erizaron mientras miraba alrededor de la habitación en la que había entrado apretando su pequeño cuerpo.
Allí, en la esquina, había una unidad R1 inclinada. Escondida bajo una pila de cableado óptico estaba la forma rechoncha de una unidad BM-B. Una unidad WED-15 quemada se había convertido en poco más que un batiburrillo de manipuladores, pero aún así era suficiente para hacer que el corazón de Mace se disparara. Trató de correr en siete direcciones a la vez, y acabó sentándose, recuperando el aliento.
Recobró el control de su mente frívola y se hizo una idea mejor de su entorno. Era muy ingenioso, la verdad. La habitación era alguna clase de compartimiento oculto, con los ángulos llenos de pesados tubos de ventilación de vapor. Si alguna tribu jawa de la competencia consiguiera tecnología de sensores, esta sala aparecería como un punto caliente, pero no podría obtenerse ningún detalle del interior.
En este caso, era la firma repulsora de su deslizador que se ocultaría. Mace saltó a los controles, echando una mirada superficial al salpicadero. Las lecturas parecían positivas; parecía que los Jawas no habían tenido aún la oportunidad de examinarlo. Una pequeña voz dentro de su cabeza le devolvió a la situación actual. Aguilae le había dado una oportunidad, y no podía desperdiciarla. Pero no se iría sin ella.
Metió la mano en uno de sus bolsillos ocultos, sacando un puñado de cronómetros. Rápidamente encontró el que funcionaba. Quince minutos. Le daría quince minutos.
Mientras tanto, pensó mientras su mirada se encontraba con una unidad R5 roja ligeramente carbonizada y un droide de potencia, sería mejor que encontrase una manera de mantenerse ocupado.

lunes, 22 de julio de 2013

Piezas de repuesto (I)

Piezas de repuesto
Pablo Hidalgo

-¡Díselo tú!
A pesar de ser bastante ineficaz a través de sus gruesos guantes, Lhojugg se retorció las manos para acompañar sus pasos nerviosos. La indiferencia de Fortuna estaba empezando a acabar con su paciencia.
-Eres tú, Lhojugg, quien era responsable de la mansión del Amo durante la estancia de nuestro huésped -dijo el twi'lek. Sus colas craneales se crisparon en sintonía con la sonrisa que se extendía por su rostro pálido.
Los dos pasaron bajo el arco tallado al bullicio criminal, lleno de humo y humedad, de la sala del trono de la mansión de Jabba el Hutt. La sala estaba llena, de alcoba a alcoba, con todo tipo de cazarrecompensas de mala muerte. Era la época de los nombramientos, un evento anual marcado en el calendario de Tatooine. Durante dos días seguidos, el señor del crimen hutt había estado entregando encargos de recompensas a cazadores nuevos y viejos.
Bib Fortuna y Lhojugg el nimbanel se abrieron camino con cautela entre dos grandes trandoshanos acorazados, acercándose al centro del asunto: el estrado del señor del crimen hutt.
-Ahh Bib, Lhojugg... tee hyatt. Bo shuda –dijo el cartilaginoso gángster con forma de babosa, pronunciando las palabras alrededor de la humeante boquilla de su pipa de agua. Jabba dejó a un lado un cuaderno de datos y dio una serie de encargos a su droide de protocolo plateado que permanecía de pie detrás de él.
A continuación siguió un ligero silencio, aunque Lhojugg estaba seguro de que toda la galaxia podía oír el sonido de sus rodillas chocando entre sí. Se aclaró la garganta, se pasó la mano por los mechones rojos de pelo que crecían a los lados de su hocico, y dio un paso hacia adelante.
-Su más magistral señoría, me temo que tengo que anunciar una discrepancia en el último inventario de la casa.
Los grandes ojos con pupilas en forma de rendija de Jabba miraron al droide traductor por un momento, y luego hizo una pausa para que el nimbanel soltara lo que tenía que contar. Ofuscación, pensó, el lenguaje de los burócratas y los nimbaneses.
-Parece que nuestros huéspedes se sintieron demasiado como en su propia casa en su última estancia -intervino Fortuna.
-Hmm, ¿te han hecho falta dos días para determinar que Mcgrrrr ha robado algo? -retumbó el Hutt.
-Sí, maestro. Por supuesto, como usted sabe, las fianzas de garantía cubren los requisitos estándar para la fiesta, la sustitución de tapices, los controles veterinarios de sus silbadores kayven, el reemplazo de muros... Pero me temo que algo insustituible ha desaparecido -dijo Lhojugg-. Uno de sus droides, Amo. Por la contabilidad, el número de referencia CZ-3, me temo.
Todo lo que Fortuna podía hacer era suprimir su risa con un ligero meneo de sus tentáculos. No hacía ni 20 minutos que Lhojugg gritaba con toda la fuerza de sus pulmones por el droide desaparecido, y ahora informaba del evento con la ferocidad de un ratón de arena. Podía ser tan cobarde a veces... Por supuesto, el autocontrol del propio Fortuna era una cuestión de protocolo, no de miedo. Por supuesto.
Hubo un silencio reverencial, aparte de los ligeros sonidos de las modernas armaduras cuando la sala llena de cazadores de recompensas se movió para ponerse en posición de ver cómo el poderoso Hutt masticaba a sus lacayos.
-Hawr hawr hawr hawr -resonó la risa del hutt en la sala-. Bueno, este importantísimo asunto debe ser tratado inmediatamente. –La enorme cabeza sonriente del hutt giró sobre lo que hacía las veces de cuello, examinando a los cazadores reunidos-. Takeel, closs niat lie!
Un grito sofocado se abrió camino por la habitación, seguido por el ruido de esferas metálicas y la confusión de las pisadas cuando un snivviano se adelantó saliendo de la muchedumbre, persiguiendo la munición de su primitiva arma.
-¿Sí, su... uh, hutteza?
Jabba miró por encima del snivviano gordo y jorobado con el pelo despeinado.
-Enhorabuena, has obtenido la primera recompensa del día. Debes encontrar una pieza de propiedad de lo más valiosa, empezando en la bahía de atraque 83. La nave de Mcgrrrr todavía debe estar en el puerto. Por supuesto, te das cuenta de la importancia de ser discreto, ¿verdad, Takeel?
-Uhh... ¿di-discreto? -tartamudeó Takeel cuando el droide de protocolo le entregó una orden nueva.
-Cuento contigo, Takeel.
-Sí, por supuesto, señor. ¡No le fallaré! -gritó Takeel, mientras salía corriendo de la sala del trono, consiguiendo a duras penas llegar a la salida.
Por un momento, el silencio se cristalizó sobre el ambiente, seguido inmediatamente por una sonora carcajada iniciada por Jabba, secundada por su bufón kowakiano Salacious Crumb, y completada por todos en la sala.
Lhojugg y Fortuna estaban aturdidos, mirándose el uno al otro. Las atronadoras risotadas que hacían temblar el vientre de Jabba se calmaron lo suficiente para que gritase a los cazadores de recompensas reunidos:
-Snaggletooth, ve a cuidar de tu hermano.

***

Los soles golpeaban con su implacable regularidad el centro de Mos Eisley, haciendo que las estructuras de piedra arenisca brillasen con la bruma del calor. A pesar de esto, Macemillian Winduartè caminaba dando pequeños saltitos y tarareando una melodía pegadiza. Saltó fuera de la cantina, en dirección a su tienda a la sombra de las ruinas en el centro de Mos Eisley.
Mace se pasaba de mano en mano un pequeño perno de restricción, admirando su brillo mientras lo hacía girar. Mace, un squib, siempre había sentido atracción por las cosas más brillantes de la vida. Por esa razón había abandonado su posición en la Flota de Recuperación Squib y se había convertido en vendedor de droides en Tatooine. A veces, su compañero, el jawa Aguilae, podría ser un auténtico aguafiestas, pero los dos lograban sacar un pequeño beneficio cada temporada.
Entró en la pequeña estructura casi oculta por una pila de basura y desechos, a la relativa frescura de su tienda/habitación. Los sensibles receptores olfativos de sus brazos detectaron por el hedor que Aguilae había estado allí recientemente. Ya se había acostumbrado al olor a Jawa. No era tan malo, a su parecer. Era bastante mejor que el de un ugor.
Mace puso el cerrojo de seguridad en un estante de especia desgastado y carcomido que colgaba a duras penas en su pared. Se encaramó a su cama, que era en realidad un edredón de piel de bantha extendido sobre el anillo oxidado de una lámpara de araña. Cerró sus grandes ojos de gacela, soñando agradables sueños generados por el nikta.
Su ensoñación de borracho fue interrumpida cuando Aguilae entró en su habitación, registrando un contenedor en busca de tubos de refrigerante. Una regla no escrita en la tienda El Comerciante Jawa es que si no lo encuentras, busca en la habitación de Mace.
-Vendí ese droide que recogiste -graznó el traductor de mano de Aguilae. No había dominado el básico, y la unidad traductora rescatada bastaba, cuando funcionaba.
-Snnzzleggg... -respondió Mace.
-¿Dormido otra vez? -Aguilae negó con la cabeza, sacudiendo de su capucha finas capas de polvo-. Lo juro, Mace, no sé cómo consigues hacer nada. -Siguió revolviendo las cosas de Mace, abriendo el estante de la especia. El cerrojo de seguridad cayó al suelo.
-Mace... -exclamó Aguilae-. Por el Gran Jawenko, Mace, ¿de dónde sacaste esto? Mace, despierta.
Mace entreabrió los ojos, enfocando lentamente la mirada sobre la jawa y el cerrojo de seguridad.
-Hmm... ¿qué? Oh, el cerrojo. Era de ese androide tipo-blanco serio-estirado tan chupimolón que encontré para ti.
-¿El droide de negocios? ¿El droide que acaba de vender? Mace, baja de ahí, esto es importado... -Aguilae se detuvo y golpeó el traductor contra una mesa-. Mace, esto es importante.
-¿Qué, qué pasa, Aggy? -preguntó Mace, frotándose los ojos, dejándose caer de la araña.
-Esto -dijo Aguilae, colocando el cerrojo ante el hocico del Squib. Señaló con la cabeza las letras en relieve en el borde del cerrojo. En aurebesh, decía "Jabba el Hutt".
-Aggy... -Mace sonrió-, ya sabes que no sé leer.

***

-¿Desaparecido?
-Sí, señor -dijo el lacayo jenet de hocico largo con un brillante implante cibernético rodeándole la base del cráneo.
Opun Mcgrrrr tiró hacia arriba del cinturón de su túnica lanuda, torciendo la cara en un gesto de rabia e incredulidad.
-¿Cuándo perdimos el maldito droide? ¿Esa cosa tenía archivos muy importantes en su interior?
-Bueno, señor -informó el jenet-. Parece que ayer, mientras estaba haciendo algunos arreglos con Lady Valarian, el droide desapareció de su garaje alquilado. He interrogado a los lugareños, pero no podía importarles menos.
-Mencionaste mi nombre, ¿verdad? -preguntó Mcgrrrr. El corpulento corelliano tenía un ego bien apoyado por su amplia figura.
-Sí, señor -suspiró el Jenet, preguntándose de nuevo cómo y por qué estaba en su actual posición-. Para mi gran e increíble sorpresa, parecía no tener ningún efecto.
-Extraño... ese droide debe ser encontrado. Recupéralo, y no descanses hasta que lo encuentres. -Mcgrrrr se dio la vuelta, tomando un trago del líquido que guardaba en su petaca plateada.
Diez mil kilo-trems de capacidad de almacenamiento de datos, y estoy jugando a buscar objetos perdidos.
-Sí, señor -dijo el jenet en voz alta-. ¿Puedo añadir, señor, que la búsqueda de droides parece ser un pasatiempo muy popular en Tatooine en este momento?
-Los imperiales... es cierto. –La única ceja de Opun se inclinó en un gesto reflexivo. Esa semana se había visto en Mos Eisley un equipo de soldados de asalto. Todo el mundo sabía que raramente se veían soldados de asalto en Mos Eisley, pero esa semana pasada había sido extraña-. Lo mejor es evitarlos.
-Infalible estrategia, señor -dijo el jenet mientras parte de su cerebro amplificado trabajaba en algoritmos hiperespaciales con el fin de inyectar un poco de diversión a su aburrido día.

***

La penumbra de la sala de conferencias tenue de la mansión resonaba con el sonido de las teclas y los pitidos del cuaderno de datos de Lhojugg. Reflexionó sobre la situación una y otra vez. Fortuna asomó la cabeza y una de sus colas cefálicas en la habitación.
-No tiene sentido, Fortuna. Según el inventario, se suponía que CZ-3 guardaba información de clase roja. Figura aquí como uno de los principales droides de negocios del Amo. No puedo entenderlo. -Lhojugg mordisqueó el lápiz por un momento-. ¿Por qué Jabba lo dejaría a la intemperie?
-Entonces no trates de entenderlo. -Las ruedas de la mente de Fortuna chasquearon. Para hacer que un nimbanel resuelva un rompecabezas, asegúrate de darle el incentivo adecuado-. No creo que Jabba espere que lo hagas.
La mueca que cruzó el rostro de Lhojugg causó que el lápiz cayera con estrépito sobre la mesa.
-Esto es un negocio, Fortuna. Y el negocio de nuestro Amo es mi negocio. Tú no haces más que anunciar a los que se presentan ante él.
-Por supuesto, Lhojugg -dijo Bib, inclinándose hacia la puerta. La actual tormenta casi había pasado, y el twi'lek paciente se ve recompensado, como decía el dicho. El palacio pronto tendría una vacante.

***

-Está bien, está bien, todo irá bien... sólo tendremos que explicaré a Jabba... que, accidentalmente, nosotros... -rumiaba Aguilae ella y Mace vagaban por las arenosas calles de Mos Eisley. Aguilae se detuvo y se volvió, al darse cuenta de que el squib no estaba allí.
-Mace... hkeek nkulla! -maldijo, un exabrupto jawa particularmente desagradable ajeno a la base de datos del traductor. Caminó de puntillas unos pocos metros, en un vano intento de mirar más allá de los relativos gigantes que deambulaban por las calles.
-Está bien –escuchó-, digamos que usted le da al quarren la mitad de mi pedido, pero él tiene que darme el dinero que iba a pagarle a usted, de modo que usted todavía conserva el interés, pero me permite elegir a mí la guarnición. -A través del tejido de su capucha, los precisos oídos de Aguilae fueron capaces de rastrear al squib hasta donde su nariz le decía que se estaban asando costillas de dewback.
Allí, a la sombra de un toldo a rayas, estaba el pequeño squib ante un whiphid de dos metros de altura. La montaña peluda de músculos y colmillos no parecía divertida, y el quarren cara de calamar detrás de él parecía muy confuso. Las fosas nasales del whiphid temblaron, y miró en dirección a Aguilae.
-Jawa, dile a tu socio que aquí ya no le servimos -gruñó la cara llena de dientes. Su garra sujetó el cepillo de salsa con un grupo de tendones apretados.
-Mis disculpas, Fillin... Mi socio, por supuesto, disfruta tanto de tus mercancías...
La nerviosa jawa empujó al squib a un lado.
-Mace, nos vanos... -un ligero ajuste-, nos vamos. Señaló con la cabeza lejos del whiphid, mientras Mace gritaba algo sobre renegociación.
-Mace -dijo, haciendo girar al squib para mirarla-. No tenemos tiempo para esto. Ese comerciante puede estar en cualquier lugar. Tenemos que encontrarlo.
-Aggy, Aggy, Aggy. -Mace agitó su hocico corto-. Iba a pedir información, como parte de una negociación adicional sobre la cantidad de servilletas. Tienes que entender las reglas de la calle.
-No. Tú tienes que entender que el Gran Hinchado tiene mil ojos, y el doble de hkedds... –hizo girar un dial-... el doble de oídos. Si se entera de que fuimos nosotros quienes causaron que uno de sus droides desapareciera, seremos aperitivos de sarlacc. Y Jabba no la clase de persona que negocia.
-¿No negocia? -Los ojos del squib se abrieron-. ¿Y los hutts son civilizados? Qué extraño.
Los dos pequeños vendedores de droides cruzaron desde el concurrido mercado hacia la tienda de alquiler de deslizadores. Aguilae tenía la esperanza de que el comerciante al que había vendido el droide hubiera alquilado el deslizador que le había visto usar, y que el dependiente Arcona de la tienda reconocería la descripción.
-Hmmm... -el Arcona se rascó cuidadosamente la frente curtida con una de sus enormes garras. Se formaron arrugas en los extremos de sus ojos verdes brillantes y ancianos mientras sondeaba su memoria-. Sí, creo que el tipo al que estás describiendo era corelliano. Sí, alquiló el Mobquet, desde luego. Lo miraré en los registros, pero sólo si podéis arreglar esos soportes de rodamientos de inercia.
-Sin problema, Unut. Mañana por la mañana, los tendrás. -Visiones de una feliz puesta de sol doble bailaban en la cabeza de Aguilae. Iban a salir de esto-. Mace, bájate de ahí.
El squib estaba sentado en la silla gastada de una elegante moto deslizadora Halcón Estelar, inclinándose hacia atrás, fingiendo estar montando un bantha desbocado. La deslizadora se meció sobre sus bloques de soporte, con el campo repulsor inactivo debido a los soportes de inercia defectuosos. Como de costumbre, el pequeño mundo personal de Mace excluía a la persistente Aggy.
-Mace... -La jawa se enderezó cuando el arcona regresó, sacando un cuaderno de datos de grandes botones.
--Veamos -dijo el anciano-. Sí, tengo su nombre, y su muelle de atraque, también. -Dio la vuelta al cuaderno de datos para que Aguilae pudiera verlo, y ella se puso de puntillas mientras sus ojos devoraban los datos.
-Muchas grasas… -será mejor encender y apagar el muy rápido el traductor-...  gracias, Unut. Tendrás la deslizadora en funcionamiento el próximo mediodía.

***

La última de las recompensas se había asignado, y ahora Jabba se relajaba escuchando una pieza de los Nodos Modales pregrabada. Su cola se balanceaba con el ritmo lento del compás 4/4 del blues wrooniano Noche de Niebla Talcharaim. Incluso Salacious estaba notablemente sobrio en la penumbra del salón del trono de la mansión.
Y luego se arruinó el momento.
-Su eminencia -exclamó Lhojugg, entrando apresuradamente en la habitación. Los dos gamorreanos en la puerta, que habían quedado traspuestos por la música, resoplaron en su dirección, echando mano a sus hachas.
-Huuooaa... -gruñó el Hutt, abriendo los ojos de golpe, y luego reduciéndolos a estrechas ranuras-. ¿Qué ocurre, Lhojugg? Más vale que sea bueno.
-S-sí, señor. -Lhojugg tragó saliva, con la boca imposiblemente seca. Consultó el cuaderno de datos en su mano-. Señor, me encontrado pruebas de conspiración. Aquí, en esta misma mansión.
-¿Ah, sí? ¿Cómo es eso? -Las abultadas manos del hutt se apretaron en impacientes puños.
-Tras realizar investigaciones adicionales en todo el asunto CZ-3, he descubierto que el droide, que tiene una designación de seguridad de clase roja, fue trasladado poco antes de la visita de Mcgrrrr. Debido a algún tipo de error burocrático increíblemente inepto, fuera de mi departamento, el droide fue dejado en el recipiente de almacenamiento abierto de la mansión cuando visitantes potencialmente hostiles, Mcgrrrr y compañía, estaban presentes. Traté de rastrear al error hasta la fuente, y descubrí que quien sea que cambió la orden de asignación, usó la autorización de su eminencia. ¡Alguien usó sus códigos de acceso, sire! -terminó Lhojugg, con algo más que un pequeño sentimiento de orgullo. El dramático ritmo de su discurso lo había colocado en el centro de la sala del trono de Jabba.
Se escuchó un silbido cuando Jabba exhaló aire con fuerza a través de sus grandes orificios nasales.
-Lhojugg, has cometido un error. No te pedí que hicieras esa investigación. –Los dedos grasientos del hutt bailaron sobre los controles de su reposabrazos. La Noche de Niebla Talcharaim había aumentado en tempo, para simbolizar los tempestuosos vientos de niebla que inspiraron la canción. Los gamorreanos dieron un paso atrás cada uno, y la mirada de Salacious se fijó en el techo oscuro.
-Señor, yo... simplemente estaba preocupado por la seguridad de... -tartamudeó Lhojugg.
-Tu investigación ha terminado. -Jabba pulsó un pequeño botón silenciador ultrasónico de su reposabrazos. Una jaula llena de herrumbre se desplomó sobre el nimbanel y el hutt se sirvió un sapo gordo como aperitivo mientras las cadenas chirriantes levantaban la jaula hasta el techo.
Conforme la canción alcanzaba su huracanado crescendo, la caja ascendió más allá de la pantalla de malla de alambre que mantenía alejados a los hambrientos silbadores kayven. Las fuertes ráfagas de cuernos kloo y beshniquel doreniano crearon una cacofonía que chocaba con los fuertes gritos de Lhojugg. Para cuando la música se acomodó en su coda silenciosamente introspectiva, los silbadores habían comido, y el susurro de la malla de alambre había terminado. Las gotas de sangre que caían desde el techo creaban un ritmo sincopado que los músicos bith probablemente habrían disfrutado.

viernes, 19 de julio de 2013

Decisión de mando (y III)


Ya llevaban casi veinte minutos sentados en la cubierta del hangar, desde que las puertas de las escotillas exteriores se habían cerrado detrás de la lanzadera y los alienígenas los habían empujado allí sin contemplaciones, y las piernas de Parck estaban comenzando a sentir la tensión. Poco a poco, con cuidado, trató de adoptar una postura diferente...
El cañón de una pesada arma de fuego le golpeó contra el costado de la cabeza a modo de advertencia.
-No te muevas -siseó el alienígena.
Uno de los soldados sentado frente a Parck se agitó, ensombreciendo el rostro mientras miraba al guardia.
-Paciencia -murmuró Parck, en caso de que el otro estuviera pensando en intentar algo estúpido o desesperado. El tiempo de actuar, le había dicho Thrawn, vendría sólo después de que la gente de Creysis hubiera tenido tiempo de examinar la lanzadera y el caza TIE dañado que habían traído a bordo.
Por el aspecto de las cosas, ese tiempo debía de estar cerca. La lanzadera en sí había sido examinada sólo superficialmente, pero el TIE había sido prácticamente desmontado. El piloto, el teniente Klar, había estado allí con los alienígenas la mayor parte del tiempo, con un par de armas clavadas en las costillas mientras continuaban su interrogatorio. Desde donde estaba sentado, Parck no podía oír bien las preguntas o las respuestas de Klar; sólo podía esperar que Thrawn hubiera instruido al piloto en lo que podía o no decirles.
Al otro lado del camino, una puerta se abrió como un diafragma y Creysis entró en el hangar. Parck lo miró mientras avanzaba pesadamente hacia el grupo de presos, pero la expresión del alienígena era imposible de leer.
El esfuerzo resultó ser innecesario.
-Parck -siseó, con esos repulsivos tentáculos de la boca moviéndose más de lo habitual-. De modo que estaba diciendo la verdad. Qué estúpido de su parte.
-¿Qué quiere decir? -preguntó Parck.
-Su nave es realmente un po'dorj, madura para la cosecha -dijo Creysis, señalando con su codo en dirección a la escotilla exterior-. Lenta y débil y llena de cosas buenas. Pronto estará en garras de los ebruchi.
-Ah -asintió Parck-. Así que así se llaman ustedes, ¿verdad? ¿Los Ebruchi? Nos estábamos preguntando acerca de eso.
Los tentáculos de la boca detuvieron momentáneamente su movimiento.
-¿No me escucha, Parck? –preguntó-. Digo que vamos a llevarnos su nave espacial y todo lo que poseen.
-¿Con qué? -resopló Parck-. ¿Con las naves que tiene aquí? No sea ridículo.
-Todos los ebruchi estarán pronto aquí -gruñó Creysis, o lo más parecido a un gruñido que podía emitir el alienígena con el siseo crónico de su voz-. Justo ahora han partido mensajeros a convocarlos para la matanza.
Parck asintió con la cabeza, llenándose de una cálida sensación de satisfacción. Satisfacción, y la habitual admiración por su comandante. Una vez más, como lo había hecho tantas veces antes, Thrawn había anticipado hasta el último detalle los movimientos de su oponente.
-¿Y qué le hace pensar que el Amonestador seguirá aquí cuando lleguen? -preguntó.
-Porque incluso ahora continúa persiguiéndonos -dijo Creysis-. Tontamente, porque es demasiado lento para atraparnos. Piensan rescataros del festín de la victoria ebruchi. En lugar de eso, van a perderlo todo.
Parck tragó saliva. Un festín de la victoria ebruchi. ¿Significaba eso que lo que él temía que significaba?
-¿Qué clase de festín?
El presuntuoso alienígena nunca tuvo la oportunidad de decírselo. Desde el otro lado de la habitación, uno de los otros ebruchi gritó de repente.
Creysis se volvió y saltó hacia él, moviéndose a una velocidad sorprendente para una criatura de su corpulencia.
-¿Qué está pasando? -murmuró uno de los soldados.
-El almirante debe de haber hecho su movimiento -murmuró Parck en respuesta, mirando a los guardias con el rabillo del ojo. En ese momento su atención estaba en la animada conversación que tenía lugar al otro lado del hangar, pero eso no iba a durar mucho más tiempo-. Como conjetura, diría que descubrieron de repente lo rápido que puede viajar el Amonestador en realidad.
El soldado miró a los guardias.
-Entonces, ¿qué se supone que debemos hacer?
Parck sonrió.
-Sólo prepárate para agacharte.
Y con una puntualidad altamente gratificante, el lado de la lanzadera Zeta directamente sobre el depósito de combustible de estribor voló por los aires.
Y una docena de soldados de asalto se extendió por el hangar alienígena.
La primera ráfaga sincronizada de fuego bláster eliminó a los guardias que vigilaban a los soldados sentados.
-¡Klar! -gritó Parck, señalando al otro lado de la habitación, donde el piloto del TIE permanecía junto a su caza desarmado.
Pero Klar ya se había echado al suelo de la cubierta, y la segunda andanada de los soldados de asalto acabó con los sorprendidos alienígenas que estaban a su lado.
-¿Comandante Parck? -llamó uno de los soldados de asalto.
-Estamos todos aquí -confirmó Parck, poniéndose en pie de un salto y casi cayendo de nuevo cuando los fatigados músculos de sus piernas trataron de obstaculizar su movimiento-. Esa puerta es la única salida del hangar.
-Bien -dijo el soldado de asalto. Seis de sus hombres ya estaban moviéndose para tomar posiciones defensivas junto a la puerta, mientras que otros dos estaban ocupados colocando explosivos para volar la escotilla exterior-. Que sus hombres suban a bordo de la lanzadera.
-Ya lo habéis oído, soldados -exclamó Parck-. Moveos.

***

-Están tratando de rodearnos, almirante -exclamó Niriz, mirando por la ventana-. Sus treinta cazas restantes. Definitivamente una formación de ataque.
-Recibido, capitán -dijo Thrawn, volviendo hacia adelante por la pasarela de mando después de su breve conversación privada con el oficial de comunicaciones en su trinchera de tripulación-. Lancen un escuadrón de cazas TIE para interceptarlos.
-Sí, señor -dijo Niriz, haciendo un gesto para confirmar la orden al oficial de control de combate-. ¿Cree que un escuadrón será suficiente?
-Más que suficiente -le aseguró Thrawn-. Con ese tipo de números, es más importante para nuestros pilotos para poder mantenerse fuera del camino unos de otros.
-¿Incluso con los alienígenas plenamente conscientes de las capacidades de los cazas TIE?
Thrawn sonrió.
-No son conscientes de las capacidades de los cazas TIE, capitán. Son conscientes de las capacidades del caza TIE del teniente Klar. Hay una diferencia considerable.
-Ah -dijo Niriz, comprendiendo al fin. Así que de eso se trataba ese misterioso retraso de tres horas. En lugar de cargar tecnología adicional a bordo del TIE del teniente Klar como parte de un acuerdo secreto con Creysis, como Haverel había temido, Thrawn había estado eliminando partes críticas de lo que ya estaba allí.
La formación de TIEs estaba cerca de la nube de cazas enemigos que se acercaba, superados en proporción de tres a uno por naves con cuatro veces su tamaño. Inconscientemente, Niriz contuvo el aliento.
Y entonces las dos fuerzas chocaron, y los TIEs atravesaron el frente de ataque de la fuerza de choque enemiga como las emisiones de escape de un motor fundiendo la nieve. Once de los doce cazas alienígenas que se encontraban en el punto de mira se convirtieron instantáneamente en bolas de fuego con la primera andanada de los imperiales; el duodécimo duró lo suficiente como desplazarse de lado hacia contra uno de sus compañeros con un violento choque que se llevó por delante a ambas naves. El ataque alienígena vaciló, con su arrogante confianza convirtiéndose claramente en repentina confusión. Tomando ventaja de la duda, los TIEs dieron media vuelta con la precisión de un desfile, lanzando un ataque igualmente devastador contra la retaguardia de la formación enemiga.
-Excelente -dijo Thrawn con aprobación-. Mis felicitaciones, capitán; su trabajo con los pilotos en los últimos días ha valido la pena.
-Almirante, ahora registramos una lanzadera Zeta -exclamó el oficial de sensores-. Alejándose de la nave de mando.
-Que los cazas TIE despejen una vía de escape para ellos -ordenó Thrawn-. Todas las baterías turboláser, disparen a los cazas enemigos a voluntad, pero dejen intacta la nave de mando. Timonel, preparado para saltar a la velocidad de la luz; el objetivo es el primer sistema a lo largo del curso vector setenta y uno punto cinco. Estaciones de tractores, fijen los rayos en la nave de mando enemiga. Quiero que la tomemos intacta.
El cielo fuera del ventanal empezó a iluminarse con los disparos de los turboláseres pesados del Amonestador, y la ya descompensada batalla se convirtió en una derrota aplastante. La nave de mando de Creysis trataba desesperadamente de escapar, zigzagueando como un pez herido mientras su pantalla de cazas se desintegraba literalmente bajo ella y a su alrededor. Pero no tenía ni de lejos la velocidad del Amonestador, y en cuestión de segundos el Destructor Estelar se había acercado a rango de captura.
-Activen rayos tractores -instruyó Thrawn.
-Activados -informó el oficial de tractor, mirando a la pantalla sobre los hombros de sus subordinados-. La conexión... es buena. Los tenemos, señor.
-Recoja el sedal, teniente -ordenó Thrawn-. Ordene a los soldados del hangar que se preparen para abordarlos. Que todos los cazas TIE rompan formación y regresen.
Tres tensos minutos después, estaba hecho.
-La bahía del hangar informa de fijación de acoplamiento positiva en la nave, almirante -dijo el oficial de comunicaciones-. Los soldados de asalto se han abierto paso en tres lugares; el abordaje ha comenzado. Todos los cazas TIE han regresado sin bajas.
-¿Timonel?
-Salto calculado y previsto, señor -respondió rápidamente el oficial-. Tiempo estimado para el sistema de destino, dos punto cinco minutos.
-Recibido -dijo Thrawn-. Timonel: salte a velocidad de la luz. Control de cazas...
Se escuchó el creciente zumbido lejano de la hipervelocidad, y las estrellas del exterior hicieron su familiar explosión surrealista convirtiéndose en líneas estelares.
-Control de cazas, confirme que todas las alas de TIEs están listas para el lanzamiento -continuó Thrawn-. Personal de turboláser, hagan una doble comprobación previa de combate.
Niriz señaló con la cabeza hacia el cielo moteado del hiperespacio exterior.
-¿Qué espera encontrar ahí fuera? -preguntó.
-La persona a la que Creysis rinde cuentas, por supuesto -dijo Thrawn-. A pesar de sus bravatas anteriores, él no es el gobernante de nada. Y mucho menos el señor de todo lo que ve.
Niriz frunció el ceño.
-¿Está seguro?
-Mucho -le aseguró Thrawn-. Un auténtico comandante nunca aceptaría una invitación a subir a una nave desconocida y posiblemente peligrosa. Tampoco se quedaría en las cercanías tanto tiempo después de capturar nuestros vehículos y hombres, huyendo de nosotros en vez de saltar a la velocidad de la luz. Se presentaba deliberadamente a sí mismo como un objetivo, con la esperanza de obligarnos a revelar las capacidades completas del Amonestador.
-Lo que, por supuesto, usted era lo suficientemente inteligente como para no darle -dijo Niriz, haciendo una mueca de vergüenza por lo mal que había malinterpretado toda la situación.
-Sí -dijo Thrawn. Simples hechos, sin ningún matiz de orgullo o de reproche en su voz-. Creysis es un subordinado. Pero es un subordinado ambicioso, dispuesto a arriesgar su propia vida y la de sus tropas con el fin de reunir la mayor cantidad de información posible antes de llamar al resto de la manada para la matanza.
-Está bien -dijo Niriz, arrugando la frente por la concentración-. Lo entiendo. También entiendo que tiene sentido táctico que llevemos la batalla directamente a su cuartel general en lugar de esperar a que reúnan toda su fuerza contra nosotros. Pero Creysis envió ocho cazas, en ocho vectores diferentes. ¿Cómo sabe que este es el camino a su cuartel general?
-Todo se reduce a una vez más a la información, capitán -dijo Thrawn, con el tono de un instructor de academia tratando de obtener la respuesta correcta de un estudiante-. Hemos establecido que Creysis es del tipo de persona que enviaría toda la información que su comandante podría querer o necesitar. No sólo que ha encontrado un objetivo débil y prometedor... -Levantó una ceja.
Y de repente Niriz lo comprendió.
-No sólo que ha encontrado un objetivo prometedor –dijo-, sino también pruebas palpables de lo prometedor que es ese objetivo. Esa escultura que le dio tenía un transpondedor integrado en ella, ¿no?
-Muy bien, capitán -dijo Thrawn, y había realmente una nota de aprobación en su tono-. ¿Timonel?
-Noventa segundos, almirante -dijo el oficial.
-Que todas las estaciones informen -ordenó Thrawn-. Quien quiera que nos encontremos aquí, estará en proceso de movilizarse para ir en ayuda de Creysis. Cuando salgamos del hiperespacio, saldremos luchando.
Noventa segundos después, lo hicieron.

***

La puerta de su habitación se abrió y Niriz levantó la vista, esperando ver al Almirante Thrawn entrar al interior.
Era, en cambio, el comandante Parck.
-¿Tiene un momento, capitán? -preguntó.
-Probablemente vaya a tener una gran cantidad de momentos -dijo Niriz, reprimiendo un suspiro mientras indicaba al otro que pasara-. ¿Es eso lo que ha venido a decirme?
-No exactamente -dijo Parck-. En realidad, estoy aquí para decirle que el almirante le ha rechazado. ¿Puedo sentarme?
Niriz frunció el ceño.
-¿Qué quiere decir, me ha rechazado?
-Exactamente eso -dijo Parck, tomando una silla y sentándose en ella-. No acepta su renuncia como capitán del Amonestador.
-Eso es ridículo -gruñó Niriz, sin saber si sentirse aliviado o indignado-. He debatido un motín con otro oficial de alto rango; eso un delito merecedor de consejo de guerra. Si no me va a enviar de vuelta a Coruscant con Haverel, como mínimo tiene que degradarme.
-Como se habrá dado cuenta, Thrawn no siempre se considera obligado a seguir el manual -dijo Parck secamente-. Además, todo lo que usted hizo fue hablar de ello. Cuando llegó la crisis, tomó la decisión de mando de alinearse con él. Eso es lo que cuenta.
-¿Lo es? -preguntó Niriz-. Está bien; de modo que me he puesto de su parte esta vez. ¿Y la próxima vez que saque uno de estos trucos? ¿Cómo sabe que será capaz de confiar en mí, entonces?
Parck le dedicó una mirada extraña.
-Lo está entendiendo al revés, capitán –dijo-. Usted es un oficial honorable, de una orgullosa familia de un mundo del Núcleo. Nunca hubo ninguna duda en la mente de Thrawn de que podía confiar en usted.
-Podrían haberme engañado -gruñó Niriz, volviendo a pensar en su conversación con Thrawn en el puente-. Si él confía en mí tanto, ¿por qué no me hizo partícipe de lo que estaba haciendo?
-Oh, estaba usted demostrando que era digno de confianza, desde luego -le aseguró Parck-. Pero no se lo estaba demostrando a Thrawn. Se lo estaba demostrando a usted mismo. -Se volvió para mirar en dirección a la proa del Amonestador-. Hay cosas tremendas por ahí esperando a ser descubiertas, capitán. Nuevas especies, ricos mundos listos para ser tomados, y un número inconmensurable de posibles amenazas contra el Imperio. Nuestro trabajo es encontrar esas amenazas, identificarlas... y eliminarlas. -Volvió a mirar a Niriz-. Y es por eso que estamos aquí. Porque Thrawn es el mejor.
Niriz lo miró.
-De modo que está diciendo que todo esto en realidad no era simplemente las consecuencias de una batalla política.
Parck resopló.
-No lo creo. Estoy seguro de que los enemigos de Thrawn pensaban así, pero como siempre estaban por lo menos tres pasos por detrás de él y el Emperador. No, Thrawn ha estado esperando llevar la presencia imperial a las Regiones Desconocidas durante un largo tiempo. Sus enemigos meramente proporcionaron una excusa conveniente para que el Emperador le enviara aquí sin que nadie supiera la verdadera razón detrás de ello. Con el tiempo, dependiendo de lo rápido que el Emperador pueda barrer todas esas pequeñas revueltas, tendremos cada vez más naves y hombres para ayudarnos. Plantando bases y guarniciones; tal vez incluso algunas colonias a mayor escala. -Sonrió distraídamente, con una mirada perdida en sus ojos-. El Imperio está en movimiento, capitán. Y somos nosotros los que lo estamos impulsando.
Durante unos minutos ninguno de ellos habló. Luego, encogiéndose de hombros brevemente como si sacudiera una agradable ensoñación, Parck se puso en pie.
-Supongo que será mejor que volvamos al puente –dijo-. Los interrogatorios de los piratas supervivientes pronto deberían terminar, y querremos estar disponibles cuando el almirante esté listo para discutir nuestros siguientes pasos.
-Sí -convino Niriz, poniéndose en pie con un entusiasmo interno que no había sentido en años. Sí, sin duda, su carrera estaba oficialmente en ruinas allá en Coruscant. Pero eso estaba bien. A lo que se enfrentaba ahora, probablemente fuera mucho más interesante-. Después de usted, comandante.