martes, 16 de diciembre de 2008

Caza Tie: Las crónicas de Stele (X)

Entrenamiento como piloto

La primera jornada de entrenamiento estuvo enteramente consagrada una sesión de familiarización holográfica. Se presentó en la cubierta de registro de los nuevos pilotos a bordo del destructor estelar y dio su nombre. Los guardias que vigilaban la puerta le dejaron entonces franquear la puerta de la galería de operaciones.
Uno de los otros pilotos, un joven al que todo el mundo llamaba Brick, re recibió en la galería. Caminaron a lo largo de una estrecha pasarela que desembocaba en una gran habitación cavernosa. Una gran columna central subía hasta el techo, albergando un ascensor. Otras pasarelas enlazaban varias puertas en varios niveles. Maarek estaba boquiabierto ante la inmensidad de esa sala. Aún tenía problemas para apreciar las auténticas dimensiones del destructor estelar, y este lugar le recordaba una vez más la inmensidad colosal de la nave.
Brick le mostró las puertas, conducían todas ellas a un lugar preciso.
-En primer lugar, está el simulador de vuelo -dijo-. Cuando hayas sido instruido, aquí será donde demuestres tus cualidades como piloto de caza.
“A continuación, está la Cámara de Combate. Ahí efectuarás misiones históricas simuladas. Aquí, los instructores tienen muy en cuenta las misiones históricas. De hecho, es bastante divertido. Es exactamente como la realidad, pero si uno se muere no pasa nada. Pero no está hecho para acostumbrarse a morir...
“En el segundo nivel, puedes visionar los holovídeos de tus combates en la Sala de Proyección. A la izquierda, encontrarás la Sala Técnica, donde lo puedes saber todo acerca de las distintas naves. Los instructores, al igual que deberías hacer tú, pasan bastante tiempo en esta sala. Piensan que eso puede salvarte la vida en ciertas ocasiones.
“Por último, esta puerta conduce a la sala de preparación y a las auténticas misiones. Cuando tu entrenamiento haya terminado, allí será donde vayas. Bueno, ya es hora de que comiences tu primera sesión de simulador, cadete Stele. Buena suerte.
Maarek entró en la Cámara de Combate. Una enorme máquina se abrió, y penetró en su interior. Una vez se hubo ceñido los arneses de su asiento, el simulador volvió a cerrarse sobre él, semejante a un monstruo gigante que le estuviera devorando. Al principio, la oscuridad le rodeaba. Luego, tras un ligero esfuerzo mental, se dio cuenta de que volaba en el oscuro vacío espacial. Sus manos se posaron en los mandos, y notó una clara sensación de movimiento e ingravidez. Esa simulación era tan próxima a la realidad como se esperaba, y rápidamente se dejó arrastrar por esa nueva experiencia.
Durante esa primera sesión, Maarek aprendió a conocer el papel de un piloto, al igual que los controles e instrumentos instalados a bordo de un caza imperial. La mayor parte de esos controles le eran familiares: a menudo había reparado o reemplazado esos sistemas en los cazas dañados. Pero algunas cosas eran nuevas para él, y estaba ansioso por conocerlas. ¡Cuánto antes terminase con esa formación preliminar, antes pilotaría un caza de verdad!

***

Transcurrió casi una semana hasta que Maarek tuvo la primera oportunidad de entrenar dentro de un bombardero TIE de pruebas. El instructor, el Capitán Trox, se sentó en un asiento adicional en la nave especialmente modificada y ayudó a Maarek a familiarizarse con los instrumentos y sus funciones. Por supuesto, Maarek ya había aprendido la mayor parte de eso por sí mismo durante su estancia en Reparaciones, pero mantuvo la boca cerrada la mayor parte del tiempo.
-Lo primero que debes hacer, cadete Stele, es asegurarte en el asiento y ajustarte los arneses y el casco. La mayoría de nuestros cazas carecen de soporte vital, y este casco y la máscara son lo que te mantendrán respirando, muchacho. Así que no te olvides de comprobarlos antes de salir al espacio.
Maarek se ajustó el casco y probó el sabor ligeramente rancio del aire que llegaba por el aparato respirador. El Capitán Trox se puso su propio casco y habló a través del comunicador. A través del altavoz, su voz era aguda, pero clara. Guió a Maarek a través de los apropiados procedimientos previos al despegue, y pronto unos brazos robóticos alzaron el bombardero TIE de pruebas y lo transportaron a lo largo del sistema de raíles del hangar hasta la plataforma de lanzamiento. Encendieron los motores iónicos gemelos y despegaron. Trox pilotó inicialmente la nave con los controles auxiliares y pronto estuvieron en espacio abierto, con el Venganza alejándose en la distancia.
-Hoy vas a aprender los controles estándar de una cabina. En esta nave de entrenamiento todas las partes de la cabina están claramente etiquetadas, y me referiré a las etiquetas cuando te las señale. Escucha cuidadosamente. No querría tener que repetirme. Y tú no querrías estar conmigo en una pequeña cabina cuando estoy de mal humor.
El capitán Trox comenzó a darle una detallada explicación de todos y cada uno de los controles e indicadores de la cabina. Maarek escuchó en silencio durante un buen rato, pero ya no pudo aguantar más.
-Y con este botón podemos establecer las tasas de recarga de los láseres, ¿verdad? -exclamó sin poder controlarse.
-Sí -gruñó Trox-. Veo que prestas atención. Conseguirás puntos por eso. Ahora calla y escucha.
-Sí, señor -respondió Maarek. Para ser sincero, ya sabía todo eso y se estaba aburriendo un poco. ¿Es que este tipo no tiene nada que yo no sepa ya?, pensó.
Más tarde, Maarek se fijó en una placa sobre el indicador del motor de la derecha.
-Esto parece otro indicador -sugirió, señalando la placa.
Trox reprimió un suspiro.
-Los reclutas curiosos que interrumpen mis lecciones no suelen sobrevivir a su primer enfrentamiento en combate. Te diré lo que necesites saber cuando necesites saberlo. ¿De acuerdo, cadete?
-Sí, señor -respondió Maarek, temeroso de meterse en problemas diciendo algo más.
-Durante las situaciones de combate -continuó el Capitán Trox-, no tendrás mucho tiempo para pensar en qué hacer a continuación. Tienes que entrenarte hasta tener un control absoluto de tu nave desde el primer momento en que salgas al espacio. Ahora aprenderás la secuencia apropiada de operaciones previas al combate, y la practicarás hasta que la efectúes automáticamente.
Maarek repitió los procedimientos pre-combate varias veces, cometiendo pocos errores. Pero Trox no estaba satisfecho, incluso cuando completaba todo el procedimiento perfectamente.
-Más rápido -ordenaba Trox-. Eres tan lento como una babosa espacial. ¿Dónde te crees que estás, cenando con tu abuelita? Comerás fuego láser si no te mueves más rápido que eso.
Maarek siguió practicando hasta que el capitán Trox lo creyó oportuno.
-Ya vale por hoy, Stele -dijo-. ¿Quieres llevarnos a casa?
-Sí, señor -respondió Maarek, que ya estaba empezando a dirigir el TIE en un giro cerrado de vuelta al destructor estelar.
Maarek pensaba mantener la boca cerrada, aunque quería hacer algunas preguntas, pero Trox, al parecer, tenía ánimo hablador.
-La verdadera clave de un buen control de tu nave es administrar la energía -dijo de repente-. ¿Recuerdas lo que te dije de los indicadores de disparo, motores y escudos?
-Lo recuerdo, señor -respondió rápidamente Maarek.
-Muy bien. Quiero que hagas aminorar esta nave de la forma más eficiente que sepas.
La mano de Maarek agarró rápidamente el control de impulso y estuvo a punto de tirar de la palanca para aminorar. Se detuvo y rápidamente reflexionó sobre la orden de Trox. El modo “más eficiente”... Maarek pulsó dos veces el botón de control de las tasas de recarga, dejándolas al máximo.
-Bien... -escuchó la aguda voz de Trox por el altavoz-. Puedes apuntarte una, chico. No todos los novatos hacen bien esto. De acuerdo. Aquí va un avance de tu segunda lección.
“Si controlas la salida de energía, controlas tu nave. Esto es especialmente cierto en el caso de naves con escudos. Hay varias configuraciones básicas de energía que podrás usar en una nave con escudos. En cazas sin escudos, tus opciones son más limitadas.
“Si eres, listo, muchacho, te aprenderás estas configuraciones de memoria. Hazlas tan automáticamente como el chequeo pre-combate, y tendrás una oportunidad en la lucha.
Se estaban acercando al destructor estelar, y Trox y Maarek realizaron las comunicaciones pertinentes con el control de aterrizaje. Enseguida fueron conducidos al hangar por un rayo tractor y los brazos robóticos les llevaron de vuelta a su punto de origen. El primer vuelo de instrucción de Maarek había acabado. ¡Y, al final, realmente había aprendido algo!

jueves, 11 de diciembre de 2008

Dibujando los mapas de la paz: El relato del granjero de humedad (II)

Día 2: Una Granja en el Borde

Eyvind me ha dicho que estaba loco por llegar tan lejos.
-Nadie se ha alejado tanto –dijo-. No puedo creerme que los patrones de humedad fluyan de forma continua por esos cañones… ¡estás sólo a un puñado de kilómetros del Mar de las Dunas!
Pero he probado los patrones de humedad: Hay agua que obtener allí. No mucha. No será una granja rica, como las de las afueras de Bestine, pero una mañana mientras acampaba en lo que entonces consideraba un cañón lejano, me desperté en la manta que había colocado sobre la arena, y estaba húmeda a causa del rocío. Mi ropa estaba húmeda. Mi pelo estaba húmedo. Saqué los instrumentos de mi deslizador, los puse en marcha, y todos detectaron una cosa: agua. Agua cosechable. De algún modo cruzó las montañas y se posó allí antes de evaporarse en los eriales del Mar de las Dunas, más al oeste, y lo hizo día tras día durante las dos semanas que pasé en ese cañón realizando pruebas. En el curso de un año, hice pruebas en ese cañón y en los cañones que lo rodeaban veintinueve veces más… tenía que tener tanta información detallada para demostrar que esta granja podía funcionar para poder pedir prestado el dinero para empezar. Pero supe desde ese primer día en el que me desperté con el pelo húmedo que podía tener una granja aquí.
Pasé meses rellenando formularios de Títulos de Propiedad y esperando a que se me concediera la tierra, luego meses rellenando solicitudes de préstamo y esperando las respuestas, durante los cuales tuve que escuchar a los demás granjeros diciéndome que estaba loco. Pero tenía los innegable hechos de mis lecturas para mostrar a cualquiera que pudiera autorizar mi propiedad o prestarme el dinero para empezar o tan sólo escucharme y ofrecerme consejo, y finalmente el gerente del banco del grupo Zygian me escuchó… y leyó mis informes, comprobó mi historial para ver si sabía algo acerca de las granjas de humedad, cosa que sí sabía, y si podría mantener mi palabra, cosa que sí podía. Me prestó el dinero.
Me dio diez mil días para devolvérselo.
Diez mil días eran tiempo suficiente para hacer un sueño realidad, pensé.
Me tumbé en mi cama en la oscuridad al final de un duro día, tras dejar a los moradores de las arenas el agua que les había prometido, recordando todo esto, recordando lo mucho que deseaba quería venir aquí, lo duro que había trabajado para conseguir mi propiedad y el préstamo y luego para establecer mi granja. Ni una sola vez había pensado en quienes pudieran estar allí de antemano, dependiendo de esa tierra a la que llamé mi granja.
Me giré y pedí al ordenador que mostrase el holomapa que había hecho de mi granja y de esa región.
-Los archivos que ha solicitado sólo pueden ser accedidos tras una autorización de seguridad específica de usuario –dijo-. Por favor, prepárese para el escáner de retina.
Miré durante unos segundos a una luz blanca y brillante que surgió de repente del monitor. Tenía que guardar mi mapa. Había hecho el mapa yo mismo –tras un año de reconocimiento y tomando fotografías que introduje en el ordenador y trabajando a partir de mis notas y de memoria- y si la gente equivocada supiera que estaba haciendo mapas podría ser peligroso. Programé al ordenador para mostrar los mapas sólo a mí y a no hacer nunca referencia a él cuando trabajase con otros archivos; no tenían referencias cruzadas ni estaba indexados. Cuando preguntaba si esos archivos existían, diría que no a cualquier voz salvo a la mía. Si pedía acceder a ellos, respondería y procedería con la autorización de seguridad sólo si escuchaba mi voz.
-Escáner de retina completo –dijo el ordenador-. Hola, Ariq Joanson. Mostraré los archivos solicitados.
Parte del muro que mantenía vacío y pintado de blanco tan sólo para esta proyección se convirtió de repente en los cañones de mi granja vistos desde el aire: mi casa, marcada en azul; los evaporadores, puntos más pequeños en verde; los cañones y las montañas y las dunas todos con sus colores naturales. Un punto rojo lejos, sobre el Cañón de Bildor al nordeste de mi granja marcaba la fortaleza Jawa. Puntos blancos marcaban las casas de las granjas más cercanas a la mía… y ninguno de esos puntos estaba muy cerca.
-Estarás a tres cañones y kilómetros de distancia de mí… ¡y yo he sido el más alejado durante dos años! –me advirtió Eyvind.
Sobre todos los cañones y montañas y dunas había hecho que el ordenador dibujase con líneas negras los límites de las granjas. La tierra se esparcía sobre mi muro en la oscuridad, y los puntos de las casas y los evaporadores brillaban como joyas entre sus líneas negras. Salvo el punto rojo de los Jawa, todos ellos representaban casas o máquinas humanas. Nunca había pensado en poner puntos para los nómadas moradores de las arenas… o en dibujar límites para ellos y los jawas.
-Ordenador –dije-. Dibuja una línea de límite desde el borde nordeste de mi granja en el Cañón de Bildor, a lo largo de las crestas a ambos lados del cañón hasta una distancia de un kilómetro sobre la fortaleza Jawa.
-Dibujado según petición –respondió el ordenador, y así fue. Las líneas aparecieron.
-Etiqueta el espacio dentro de esas nuevas líneas como “Reserva Jawa”.
-Etiquetado según petición.
Las palabras aparecieron, pero no me gustaron.
-Reetiqueta la Reserva Jawa como… -¿Como qué? ¿Tierra Jawa? ¿Espacio? ¿Protectorado?- Pon tan sólo “Jawa” –dije.
-Etiquetado según petición.
La palabra “Reserva” desapareció del mapa y la palabra “Jawa” quedó centrada bajo el punto rojo.
-Ahora dibuja fronteras al oeste desde el límite noroeste de mi granja hasta el Mar de las Dunas y al oeste desde el límite más septentrional de la tierra Jawa también hasta el Mar de las Dunas.
-Dibujado según petición.
-Etiquétalo como “Moradores de las Arenas”.
Las palabras aparecieron sobre la tierra.
-¿Tienen los jawas y los moradores de las arenas derechos adquiridos sobre estas tierras? –preguntó el ordenador.
-No –dije-. Sólo estoy fantaseando.
-¿Desea que se guarden estos cambios?
Lo pensé con detenimiento.
-No –dije finalmente-. Es una ficción. Elimina los cambios y cierra.
Lo hizo.
Volví a tumbarme en mi cama. Lo que le había pedido al ordenador que dibujase era peor que una ficción. Había pedido a dos gobernadores imperiales sucesivos que encargasen un proyecto de mapeado de la región, con la misma respuesta: “No tenemos el dinero necesario”. Traducido: “Tenemos aquí demasiada gente que no quiere mapas precisos de lo que hay más allá de los asentamientos y granjas conocidos, y si quieres vivir para traer tu próxima cosecha de agua a Mos Eisley, deja de pedir estas cosas.
Así que dejé de pedirlas. Pero entonces no eran los criminales que necesitaban lugares ocultos para actividades ilegales los que amenazaban mi vida o mi modo de vida. Era la violencia de los moradores de las arenas y la deshonestidad y la manipulación de los jawas… todo ello causado en parte, como empezaba a darme cuenta, por las constantes invasiones a lo que sin duda habían sido los territorios tradicionales de los jawas y de los moradores de las arenas. Los mapas serían el primer paso hacia un lugar seguro para los granjeros, los jawas y los moradores de las arenas… si se pudiera conseguir que todos ellos negociasen fronteras en esos mapas y las respetasen. Sin tales acuerdos, los granjeros se enfrentaban a la situación de dar palos de ciego; estableciendo granjas en áreas a las que quizá no deberían ir, viviendo en lugares que podrían –y de hecho ocurría- hacer que la gente decente fuera asesinada. Quería que esa matanza terminase.
Pero para eso, necesitábamos un mapa. El gobierno no lo dibujaría.
Así que lo dibujé yo.
Y decidí, esa noche, llevar ese mapa a los jawas cercanos a mi granja y hablar con ellos acerca de cómo planteárselo a los moradores de las arenas. Si llegábamos a un acuerdo por nuestra cuenta sobre cómo vivir juntos en estas montañas y cañones, quizá algún día el gobierno podría hacer oficiales nuestros acuerdos.
Miré al monitor para otro ineludible escáner de retina.
-Ordenador –dije-, vuelve a mostrar el mapa que acabo de pedirte y redibuja los límites que te hice eliminar. Copia este archivo a la unidad de holopantalla portátil.

Solitario de Jade (IX)

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Con Sansia todavía padeciendo la parálisis muscular parcial producida por el látigo neurónico, su progreso por la escalera y a lo largo de los corredores pedregosos fue decididamente lento. Mara dejó que la otra mujer se apoyara en ella mientras caminaban, con los guardias a su alrededor vigilándolas con el ceño fruncido durante todo el camino. Varias veces Mara pidió su ayuda para llevar a la mujer herida, peticiones que fueron ignoradas.
Que era, claro, precisamente la respuesta -o la ausencia de ella- que se esperaba. Con la tarea de sostener a Sansia recayendo totalmente en ella, pudo ajustar los tiempos y retrasar su llegada a la cámara de audiencias de Praysh hasta que Sansia se recuperase lo más posible de su dura prueba. Después de todo, cualquier intento de escapar que pudieran llevar a cabo se simplificaría considerablemente si cada una era capaz de correr por sí misma.
Quedó rápidamente claro, sin embargo, que Praysh no tenía ninguna intención de facilitarles ningún intento de ese tipo. Por el número de drach'nam alineados contra las paredes o que permanecían de pie en un anillo protector alrededor del trono de Praysh, parecía que Su Primera Grandeza tenía la mitad su guarnición allí.
-Parece que esté celebrando una fiesta -comentó Mara cuando ella y Sansia fueron conducidas a menos de un par de metros del anillo interno de guardias-. ¿Tanto miedo tiene de nosotras?
—Oh, los guardias están aquí meramente en espera de que les des una excusa para vengar lo que les hiciste a Brok y Czic fuera del cuarto de las esclavas -dijo Praysh desenvueltamente-. Me pica la curiosidad: ¿dónde obtuviste el ácido con el que les rociaste en las caras?
—Tomé prestados los ingredientes de su dispensario farmacéutico -le dijo Mara. No tenía sentido esquivar la pregunta; si no habían notado los robos todavía, lo habrían hecho bastante pronto-. Es simplemente una cuestión de saber qué productos hay que mezclar.
—Interesante -dijo Praysh, recostándose en su trono y observando a Mara con una mezcla de curiosidad y suspicacia-. Difícilmente la clase de conocimientos que tendría una esclava enviada por el Mrahash de Kvabja. -Se encogió teatralmente de hombros-. Pero, por supuesto, este comentario es irrelevante, ¿no? Dado que no te ha enviado el Mrahash de Kvabja.
Mara sintió un nudo en la garganta. Bardrin le había asegurado que el Mrahash estaba actualmente fuera del sector, y que había ningún modo de que Praysh pudiera comprobar su tapadera.
-Por supuesto que me envió él -dijo, desplegándose hacia la mente del alienígena, intentando deducir si esto era un farol de algún tipo.
—Ahórrame tus mentiras -dijo Praysh, con voz repentinamente áspera. Y no, no había ningún engaño en sus pensamientos-. Tengo una comunicación del propio Mrahash, diciendo que nunca ha oído hablar de ti. De hecho, estaba a punto de enviar a alguien a por ti cuando llevaste a cabo tu lamentable intento de fuga.
—Ya le dije que papá intentaría obligarle a escapar sin mí -murmuró Sansia.
Un látigo crujió desde un costado, y Sansia se agitó espasmódicamente, respirando bruscamente por el dolor. Mara la miró, vio el brillante reguero de sangre que cruzaba su mejilla.
-Si tienes algo que decir, me lo dirás a mí -dijo Praysh fríamente-. Y tú empezarás contándome quién eres y por qué exactamente estás aquí.
—¿Y si no lo hago? -preguntó Mara.
La mirada de Praysh pasó a Sansia.
-Empezaremos la persuasión con tu amiga aquí presente. No creo que quieras oír los detalles.
Mara echó una mirada alrededor del cuarto, buscando una grieta -cualquier grieta- en las defensas de Praysh. Pero no había ninguna. Lo único que podía hacer ahora era negarse a hablar y esperar que hubiera menos guardias con los que enfrentarse en la cámara de tortura a la que les llevasen a Sansia y a ella.
A menos que no planeasen dejarle mirar. O, aún peor, que le dejasen mirar, pero desde un monitor en una ubicación completamente diferente. Eso significaría dejar a Sansia a merced de sus cuchillos...
A un cuarto de la longitud de la sala de distancia, uno de los guardias junto a la puerta de entrada principal de la cámara caminó abruptamente hacia adelante, con un comunicador en su mano.
-Su Primera Grandeza, si me permite unas palabras -exclamó hacia el trono-, acabo de recibir un aviso de que hay una nueva evidencia sobre quién es esta espía.
—Excelente -dijo Praysh, girando su trono para colocarse mirando a esa dirección-. Tráigamela.
El guardia habló por el comunicador, y la puerta se abrió para revelar a dos drach'nam más y a H'sishi, la basurera togoriana que Mara se había encontrado brevemente fuera de los muros del palacio. H'sishi sujetaba en sus manos una sección del cilindro del embalaje en el que había estado el globo flotador de Bardrin.
La sección en la que había estado oculto el sable de luz de Mara.
Mara apretó fuertemente los puños mientras el trío avanzaba hacia el trono a través de los guardias congregados. Cualquier oportunidad que ella y Sansia pudieran tener de escapar iba a depender claramente del hecho de que Praysh desconocía sus habilidades de la Fuerza. Si H'sishi le mostraba el sable de luz, esa ventaja se desvanecería en ese mismo instante. Tenía que hacer su movimiento antes de que eso ocurriera.
Pero todavía no había ninguna oportunidad. Un drach'nam a cada lado, más de ellos llenando la sala, la sección de cilindro de embalaje demasiado lejos para poder romper el forro interno y extraer el sable de luz...
—¿Quién es esta? -preguntó Praysh.
—Una basurera de la calle -dijo uno de los guardias-. Ésta es una sección del cilindro del embalaje en el que la humana trajo su regalo.
Extendió la mano para tomar la sección del cilindro de H'sishi...
La togoriana lo puso fuera de su alcance.
[Soy yo quien debe mostrarlo], siseó. [Mi descubrimiento. Mi recompensa.]
—Déjele que lo traiga -dijo Praysh, gesticulando con impaciencia-. Muéstrame esta supuesta evidencia.
Deliberadamente, pensó Mara, H'sishi examinaba a las dos mujeres. Entonces, caminando a través del anillo interno de guardias, sostuvo la sección del cilindro delante de Praysh.
[Aquí puede verlo], dijo, señalando con una garra al fondo. [Es el sello de marca de la Corporación Uoti.]
—¿Qué? -murmuró Sansia mientras Praysh se inclinaba para mirar más de cerca, y Mara pudo darse cuenta de su súbita confusión y sospecha. Si su supuesta rescatadora realmente fuera de sus competidores Uoti en lugar de su padre...
—Silencio -respondió Mara con otro murmullo, frunciendo el ceño en un poco de confusión propia. No había habido ningún sello de marca en el cilindro; se había asegurado de eso. ¿La togoriana había mezclado su cilindro con algún otro pedazo de basura?
—Ése es realmente el símbolo de Uoti -convino Praysh, tomando la sección de H'sishi y volviendo su mirada de nuevo hacia Mara-. Así que de eso se trata todo, ¿no? Uoti quiere recuperar sus nuevos juguetes.
Mara no contestó, con los ojos fijos en H'sishi mientras intentaba deducir qué estaba pasando. Pero la expresión de la togoriana era totalmente ilegible.
—Sí, eso debe ser -decidió Praysh-. Y supongo que debía de haber esperado esto. Debo felicitarla por su velocidad y su eficacia localizándome. Ha pasado... ¿cuánto? ¿Sólo una semana desde esa adquisición en particular?
—Aún puede que la eficacia sea sólo una ilusión, Su Primera Grandeza -dijo uno de los drach'nam, mirando suspicazmente a H'sishi-. Recuerde que todos los embalajes de la adquisición a Uoti se arrojaron de igual modo a los basureros. Esta alienígena podría haber obtenido uno de los sellos de marca y haberlo transferido a este cilindro.
—No -le dijo Praysh-. El sello tiene el borde adecuadamente tallado en el metal a su alrededor. Es genuino.
Envío a Mara una sonrisa que hizo que un escalofrío bajara involuntariamente por su espalda.
-¿Además, por qué otro motivo habría venido deliberadamente una guerrera de tal habilidad a caer en mis manos como lo ha hecho ella?
Mara volvió a mirar a H'sishi. La togoriana estaba ahora mirándola fijamente, y cuando sus ojos se encontraron, alzó una mano para frotar casualmente su cuello, sacando las uñas un poco más allá de los extremos de sus dedos al hacerlo. ¿Estaba intentando mostrar a Mara cómo había falsificado el grabado del borde? ¿O había algún otro mensaje allí?
Y de repente, Mara lo comprendió.
—No sé qué tipo de truco se supone que es este, Su Primera Grandeza -exclamó, poniendo un tono de desdén en su voz-. Pero es uno bastante débil. Puedo decir desde aquí que eso no es parte del cilindro que traje.
La cara de Praysh se oscureció.
¿Realmente puede? -retumbó-. Qué ojos tan notablemente buenos. O qué memoria tan notablemente lamentable. Quizás esa memoria necesite un poco de estímulo.
[Quizás un vistazo desde más cerca le ayudaría, Su Primera Grandeza], sugirió H'sishi.
—No lo creo -escupió Praysh-. Los juegos preliminares han terminado. Ella se niega a jugar. -Miró a Mara-. Es su última oportunidad, guerrera, de hacerlo de la manera fácil.
H'sishi miró a Mara, y su expresión parecía súbitamente herida. Mara alzó sus cejas, asintiendo ligeramente hacia el cilindro...
[¿Puedo recuperar la sección del cilindro, Su Primera Grandeza?], preguntó la togoriana.
—Cuando acabe con él -dijo brevemente Praysh, con su atención todavía en Mara-. ¿No? Muy bien, entonces. Guardias...
Y abruptamente, H'sishi brincó al trono frente a él. Acuchillando con sus garras las caras de los dos guardaespaldas que flanqueaban Praysh, le arrebató la sección del cilindro de sus manos, le golpeó con ella en la cabeza lo suficientemente fuerte para aturdirlo, e introdujo su mano en el forro interno. Sobre el rugido de bramidos de múltiples drach'nam pudo oírse el chirrido de metal al rasgarse; y justo cuando el anillo interno de guardias localizó a H'sishi y se arrojó sobre ella, ella agitó su muñeca sobre sus cabezas...
Y el sable de luz de Mara fue girando por el cuarto hacia ella.
Alguien lanzó un grito de advertencia; pero ya era demasiado tarde. Mara sostuvo el arma con un férreo agarre de Fuerza, tirando de ella a través de las manos de los drach'nam que intentaban atraparla en el aire.
-¡Abajo! -ladró a Sansia cuando atrapó y encendió el arma, reduciendo a los dos guardias que la flanqueaban en el mismo movimiento.
Y la cámara de audiencias entera se derrumbó en el pandemónium.
Los drach'nam más cercanos, demasiado cerca para usar sus látigos contra ella, intentaron en su lugar tomar sus cuchillos. Murieron sosteniéndolos. Los más lejanos vivieron un poco más, pero no mucho. Sin tiempo de organizarse, demasiado juntos para el uso eficaz de sus látigos, y enfrentándose a un arma que podía cortar con facilidad las trallas, no tenían ninguna oportunidad en absoluto. Mara acuchilló a través de sus líneas como una segadora, sembrando el suelo rocoso tras ella con sus cuerpos, una niebla de furia virtuosa nublando su visión. Justo castigo por Sansia y las otras mujeres degradadas en los hoyos de esclavas; justo castigo por piratería y robo y asesinato a sangre fría; justo castigo por el peligro en el que ponían a la tripulación del Salvaje Karrde...
Y de repente, o eso parecía, todo terminó.
Estaba de pie en el medio de la sala, sosteniendo en alto el sable de luz, respirando duramente por el esfuerzo. A su alrededor había montones de cuerpos de drach'nam...
[Jamás lo habría creído.]
Mara se giró. H'sishi se apretaba contra la pared detrás del trono, mirando fijamente a Mara con una expresión de aturdida incredulidad, con una media docena de heridas rezumantes esparcidas por el pelaje enmarañado de su cara y torso.
-¿Está herida de gravedad? -exclamó Mara, cruzando el cuarto hacia ella. Ninguna de las lesiones parecía seria, pero no estaba lo suficientemente familiarizada con la fisiología togoriana para saberlo con seguridad.
[No realmente], le aseguró H'sishi. [Perdieron muy rápidamente el interés en mí.]
—Suerte para mí que lo hicieron -dijo Mara gravemente, concentrándose en la pared falsa detrás de H'sishi, la pared que contenía los dos puertos bláster ocultos que había descubierto en su primera estancia en la cámara.
Sólo que ahora había un segundo agujero, del tamaño de una hoja de cuchillo, justo debajo de cada uno de los puertos. Y sujeto en la mano de H'sishi estaba el cuchillo drach'nam que encajaba en esos agujeros, con la hoja manchada del rosa pálido de la sangre drach'nam.
—Gracias -dijo Mara, gesticulando hacia la pared-. Me preguntaba por qué nunca llegaron a dispararme.
[Nunca tuvieron tiempo], dijo simplemente H'sishi.
—Ya lo veo. Gracias. ¿Qué pasa con Praysh?
[Creo que escapó], dijo H'sishi. [Junto con muchos de sus guardias. Pero debemos darnos prisa; su compañera ya se ha ido.]
—¿Qué? -preguntó Mara, echando de nuevo una mirada alrededor. Sansia se había ido, de acuerdo. ¿La atrapó Praysh?
[No, salió sola, por esa puerta], señaló H'sishi.
Dirigiéndose hacia su nave, sin duda, todo preparado para irse y dejar a Mara y H'sishi abandonadas allí.
-Maldición -gruñó Mara-. Vamos.
Los corredores, no era ninguna sorpresa, estaban desiertos. Mara lideró el camino, sable de luz en mano, riñéndose silenciosamente por no esperar desde el principio una puñalada por la espalda en el último minuto como esta. De tal palo, tal astilla...
Y entonces, casi antes de que estuviera lista para ello, empujaron la una última puerta y tropezaron con un patio abierto lleno de yates, cargueros pequeños, y filas de letales cazas estelares de alas radiadas. A mitad del camino por el patio, una única nave acababa de elevarse por el aire.
Un yate de lujo SoroSuub 3000.
[¿Es ella?], preguntó H'sishi.
—Sí -dijo Mara agriamente. De tal palo, tal astilla, desde luego.
Pero ahora no había tiempo para permitirse el lujo de enojarse.
-Será mejor que encontremos un medio de escapar de aquí antes de que Praysh consiga organizar lo que quede de sus matones -le dijo a H'sishi-. Veamos si alguna de estas otras naves está abierta...
Hizo una pausa, frunciendo el ceño. El yate, contrariamente a sus expectativas, no estaba dirigiéndose hacia el cielo tan rápido como Sansia podía haberlo hecho. En cambio, había maniobrado con los repulsores hasta colocarse en una posición flotando unos metros por encima del centro del patio.
Y mientras Mara se preguntaba qué demonios estaba haciendo Sansia, un par de disparos de turboláser surgieron de la parte inferior de la embarcación hacia uno de los cazas estelares estacionados, volándolo en una violenta bola de fuego amarillo.
H'sishi gruñó algo que Mara no pudo entender por encima del rugido de las llamas. Todavía disparando, el yate giró lentamente en un círculo, convirtiendo metódicamente el resto de las potenciales naves de persecución de Praysh en trozos de metal. Entonces, maniobrando hacia dónde Mara y H'sishi permanecían de pie, se posó de nuevo en el suelo y la compuerta se abrió.
-Creí que nunca llegarían, ustedes dos -exclamó con impaciencia la voz de Sansia desde el puente-. Vamos, salgamos de aquí.

MedStar: Intermezzo (IX)

Jos se quitó sus guantes. Apenas pudo hacerlo, de lo cansado que estaba.
La técnico ugnaught fue a su lado.
-El zabrak s’ha despertao, doc. Vaya boquita tiene, el jodío.
Jos asintió fatigadamente.
-¿Dónde está?
-Pre-op.

***

Sar Omant yacía bajo una fina hoja de repelfab, siguiendo el movimiento de Jos con los ojos ya que era incapaz de girar su cabeza. Nadie más estaba alrededor. Las sondas de monitorización colocadas al paciente alimentaban con sus datos a una estación de enfermería, y probablemente alguien estuviera siguiendo los trazos de las señales vitales allí.
-Ah, doctor Pielfina -lo saludó Omant-. ¿Por qué sigo aún vivo?
-Ésa es una buena pregunta . Estoy buscando una respuesta.
-No se preocupe por mí.
-Te hemos arreglado un problema del corazón, extraído un fragmento de esquirla de tu cordón espinal, y nos estamos preparando para sacar otro fragmento de metralla de tu plexo sub-esternal.
-Como dije, humano, no te molestes. Mejor muerto que desangrado por la cabeza.
-Mi mejor amigo en este planeta perdido era un cirujano zabrak -dijo Jos.
-Vas a mostrar lo tolerante que eres con las especies inferiores como nosotros los zabraks, ¿no?
-Su nombre era Zan Yant.
Aunque los músculos faciales de Omant no funcionaban muy bien, Jos creyó ver una expresión de sorpresa atravesar los otros rasgos.
-Conoces ese nombre.
No era una pregunta.
-¿Talusiano, verdad? Compositor de música, toca la quetarra -dijo Omant-. No soy un entusiasta de la música clásica, pero es bastante conocido en mi planeta natal. ¿Qué pasa con él?
-Está muerto -dijo Jos-. Tú lo mataste.
Omant lo miraba atentamente ahora.
-No es imposible -dijo-. He matado a mucha gente. No recuerdo haber liquidado recientemente a nadie de mi propia especie. Eh, cuando andas muy ocupado, te olvidas de algunas cosas, ¿verdad?
Jos quiso agarrar algo pesado y aplastar la astada cabeza de Sar Omant convirtiéndola en una masa sangrienta. Quiso golpearle una y otra vez.
-¿No te molesta? -preguntó-. ¿Matar a un ser de tu propia especie?
-No me molesta matar a un ser de ninguna especie, Pielfina. Es lo que yo hago. Por eso estamos todos nosotros en esta bola de lodo caliente, ¿no? Esto es una guerra, ¿no lo has notado?
Estaban solos en la cámara en ese momento. Jos supo que todo que tenía que hacer era poner su mano en el hombro de Sar Omant, como si hiciera un gesto amistoso, afable, y agitarlo. No muy fuerte. Un empujón breve o dos sería todo que se necesitaría. Lo sabía. Y sabía que Omant también lo sabía.
Se inclinó, poniendo su mano ligeramente sobre el hombro del zabrak. Durante un largo momento, los dos estuvieron muy inmóviles. Entonces Jos habló.
-Descansa. Lo necesitarás.
Se giró y abandonó la SO.