jueves, 7 de noviembre de 2013

Dos por uno (I)

Dos por uno
Paul Danner

-¿Quieres que te ayude a robar un Destructor Estelar? –dijo Sconn, con un tono de voz excesivamente elevado.
Después de lanzar una furiosa mirada llena de reproche a su sobrino, Cavv examinó rápidamente la muchedumbre congregada en el Cargas Ligeras. La mayor parte del grupo de aspecto desaliñado estaba ocupado con sus propios negocios turbios y no prestaba la menor atención a la pareja. Un rodiano particularmente feo de la mesa contigua les miró por un instante y luego continuó su propia conversación. Sin embargo, el compañero del rodiano, un pequeño mixtwirk, había girado disimuladamente sus antenas en dirección a ellos.
Cavv se inclinó hacia él y cerró la mano firmemente agarrando los apéndices auditivos del mixtwirk.
-Si quieres seguir teniendo estas cosas pegadas al cuerpo, te sugiero que las apuntes a otra parte, amigo.
El pequeño alienígena graznó furioso a Cavv, quien respondió apretando más fuerte.
El rodiano se recostó en su asiento, aparentemente apartándose del conflicto. En realidad, la mano del alienígena estaba deslizándose hacia su pistolera.
Sconn mostró una sonrisa al rodiano y lentamente negó con la cabeza. Los bulbosos ojos del alienígena siguieron la mano de Sconn mientras este se recogía la manga. El láser de muñeca oculto debajo apuntaba directamente al pecho del rodiano.
Cavv soltó una risita.
-Creo que es hora de que os marchéis de aquí, muchachos.
El pequeño alienígena trinó indignado.
-Porque soy el dueño de este sitio –respondió Cavv, soltando su presa-. Y ya que esta ha sido vuestra última comida aquí, la casa invita. Os sugiero que empecéis a mover los pies fuera de aquí antes de que se agoten mis reservas de altruismo.
El mixtwirk pareció considerar la conveniencia de replicar algo, pero luego se lo pensó mejor e hizo un gesto al rodiano para que se fueran.
Cavv volvió a sentarse en su silla.
-Bueno, ¿dónde estaba?
-A un paso del Hogar del Viajero Espacial Jubilado –dijo Sconn.
-Hilarante, sobrino. A menudo me he preguntado si era el único de nuestra familia con sentido del humor. Ahora sé seguro... que sí lo soy.
-Bueno, hay una cosa que nunca he encontrado ni pizca de graciosa... la muerte. –Sconn hizo un gesto de rechazo con la mano-. Y lo que estás proponiendo es un suicidio.
-Dijiste que ayudarías.
-Eso es porque cuando me pediste que te ayudase a “adquirir” una nave para la República, olvidaste mencionar que iba a ser un Destructor Estelar Imperial.
Cavv parecía haber encontrado algo muy interesante en el suelo a lo que mirar.
-O bien el fantasma del Emperador acaba de materializarse bajo nuestra mesa, o hay algún otro detalle interesante del que no me has hablado.
Cavv volvió la mirada a su sobrino.
-Bueno, técnicamente, esta nave no es un Destructor Estelar.
-Gracias a la Fuerza por los pequeños favores.
-Es más bien un Super Destructor Estelar.
Sconn no pudo decir ni palabra. Su boca se abrió ligeramente, pero no salió ningún sonido.
-Lo prometiste –dijo Cavv con su mejor sonrisa-. Y por lo que he oído, Sienn Sconn siempre mantiene sus promesas, ¿verdad? Como dice el viejo dicho devaroniano, Incluso un loco puede descubrir que...
Sconn rápidamente levantó un dedo en el aire para interrumpirle.
-De acuerdo. Tú ganas. Haremos que nos maten. Pero no empieces con esos malditos refranes.

***

Sconn se revolvió incómodo en su asiento. Un problema con los gobiernos recién establecidos es que sus líderes aún piensan como los revolucionarios que una vez fueron. En la Alianza, nadie malgastaba recursos en comodidades materiales, por lo que ni siquiera un distinguido general tenía sillas acolchadas en su oficina. A Sienn Sconn le gustaban esos detalles... disfrutaba de la buena vida. Desgraciadamente, por el modo en que estaba hablando el general Airen Cracken, la vida de Sconn estaba a punto de cambiar para mal. Muy mal.
-...se estima que el complemento de tripulación restante del Super Destructor Estelar Guardián en 250.000 efectivos, de los cuales unos 40.000 son combatientes entrenados –decía el general como si tan sólo estuviera pidiendo pormork asado en el restaurante espacial de la esquina. Eso ponía extremadamente nervioso a Sconn.
Cryle Cavv le miró fijamente y pudo adivinar por la expresión de su sobrino que Sconn estaba vagando por el hiperespacio. Le propinó un sutil pero contundente codazo en las costillas.
El general continuó:
-Sólo podemos tener una estimación de la fuerza del armamento y los escudos de la nave, pero estamos seguros de que el hipermotor está temporalmente fuera de servicio.
Cavv asintió.
-Según recuerdo, el Guardián sufrió bastantes daños en Tantive V antes de poder escapar.
-Creemos que ese fue el último salto que hizo. –El general bajó el tono de su voz-. El Guardián sigue todavía ahí fuera, en alguna parte, golpeado y herido. Esperándonos.
Sconn alzó su dedo índice.
-Cuando usted dice “nosotros”, ¿a quién se está refiriendo exactamente?
-¡Sobrino!
Cracken sonrió.
-Una pregunta válida, Cavv. Hablo metafóricamente de la República, y más concretamente de la Unidad de Adquisiciones Especiales de la Nueva República.
Sconn se animó un poco. La UAE. Eso empezaba a sonar muy profesional. Luego el ladrón se dio cuenta de algo.
-Nunca he oído hablar de esa unidad.
-Eh... –Cracken fijó su mirada en la pared opuesta-. Es de reciente creación.
Sconn arrugó la nariz.
-¿Cómo de reciente?
-Hace sólo unos minutos.
-Oh, bueno, como mi tío siempre dice –Sconn miró significativamente a Cavv-: A garral regalado no le mires los dientes; es probable que te arranque la cabeza de un mordisco.
Cavv se aclaró ruidosamente la garganta.
-¿Exactamente quién dirige esa unidad? –preguntó Sconn.
Cracken hizo una pausa, y luego señaló con aire teatral. A Cavv.
-Un legendario especialista en adquisiciones.
-¿Y su equipo?
-Una unidad veterana compuesta –hubo otra pausa antes de que el general finalmente dijera- por ti.
-Yo –replicó Sconn. Añadió esperanzado-: ¿Alguien más?
-No.
Sconn inspiró profundamente por la nariz y se acomodó en su asiento. Lo intentó, al menos. Era como sentarse en una roca al rojo.
Cavv junto las puntas de sus dedos.
-Después de todos estos años, ¿cómo habéis encontrado este hallazgo?
-Suerte, en realidad. Algunos de nuestros droides sonda se han encontrado con varias lanzaderas de clase Lambda que aparecían en sistemas controlados por el Imperio solicitando piezas para reparar el hipermotor de una gran nave capital. Ha hecho falta escarbar un poco y ha costado mucho tiempo, pero la investigación posterior reveló que las lanzaderas eran parte de la dotación del Guardián. –Los ojos de Cracken brillaron como si estuviera reviviendo el momento-. La nave se encuentra extremadamente vulnerable al ataque y su potencial captura. Conseguir un Super Destructor Estelar intacto sería uno de los mayores golpes en la historia de la Nueva República. Sé que no será tarea fácil.
-No me digas –murmuró Sconn.
-Por desgracia, debido a los esfuerzos de la INR para descubrir quién se encuentra detrás de los misteriosos atentados terroristas con bombas por todos los sectores del Núcleo, no tengo demasiado personal ni naves disponibles. Y, por supuesto, primero hay que localizar el Guardián.
-Eso es más fácil hacerlo que decirlo –dijo Cavv haciendo un gesto de desdén con la mano.
-Creo que ese lo has entendido al revés, tío.
Los ojos de Cavv casi estaban brillando. Sconn reconoció esa mirada.
-Mis fuentes, y son bastante fiables, han descubierto que tendrá lugar un encuentro clandestino dentro de menos de una semana en el planeta Vohai del sector Parmel. Está previsto que una lanzadera clase Lambda se encuentre con el afamado Unirail de Vohai en la Estación Sensyno.
A Sconn no le estaba gustando nada todo eso. El rostro de Cracken estaba ocupado por una sonrisa perturbadoramente similar a la que estaba mostrando su tío.
-Burgo Teage, un ruin tratante del mercado negro, va a reunirse con los ocupantes de la lanzadera para cerrar cierto trato en el que unos componentes del hipermotor de una nave capital juegan un papel bastante importante. –Cavv alzó las cejas y se recostó en su asiento con un gesto totalmente teatral.
Cracken ya se encontraba pulsando el panel intercomunicador de su escritorio.
-Gerind, voy a necesitar dos billetes para el próximo viaje del Unirail de Vohai.
Cavv colocó la palma de su mano en el hombro de Sconn, sacudiendo jovialmente a su sobrino.
-Buenas noticias, muchacho. Te vas de vacaciones. Con tu tío favorito, nada menos.
-Eres mi único tío –le recordó Sconn.
-Es curioso que menciones eso. ¿Sabes? Los rodianos tienen un curioso dicho acerca de la familia y el favoritismo...
El general Cracken trató valientemente de mantener la seriedad en su rostro mientras Sconn conseguía hundirse aún más en su silla.

***

-Bienvenidos a bordo del transporte expreso SV-45 de Translineas Corellianas con destino a Vohai –dijo una voz con un tono culto y cuidadosamente cultivado-. Soy Duran Har, su capitán. Siéntense, relájense, y disfruten del viaje. Si hay algo que podamos hacer para hacer más agradable su viaje, usen el botón de llamada a su derecha, y uno de nuestros asistentes estará con ustedes de inmediato. –El capitán continuó entonces con una descripción abreviada de Vohai y el resto de planetas del sector Parmel.
Sconn puso los ojos en blanco con fastidio cuando el robusto StarSpeeder 3000 saltó al hiperespacio.
-Uno pensaría que la gente de Cracken podría haber encontrado algo menos turístico.
Cavv alzó la vista de su tableta de datos.
-No queremos levantar ninguna sospecha. Y no lo olvides, de ahora en adelante llámame Burgo Teage.
-Déjame adivinar, yo soy tu encantador ayudante.
-Correcto. Salvo por lo de encantador. –Cavv volvió a mirar su tableta de datos y dijo-: Gronk.
-¿Perdón?
-Gronk. –Cavv comenzó a reírse-. Ese es tu nombre. Gronk.
A Sconn no le hacía ni pizca de gracia.

***

Sconn alzó la mirada a la estrecha vía del unirail a través de la claraboya de transpariacero.
-¿Algo va mal? –preguntó Cavv.
-El hecho de que estemos a unos dos kilómetros sobre la superficie colgando de un cable super-conductor que no parece capaz de soportar el peso de un wookiee, y mucho menos de 46 vagones.
-Tranquilo. Hasta la fecha el Vohai tiene un historial de seguridad perfecto.
-Sí, bueno, hasta la fecha nosotros no habíamos montado en él.
Estaban sentados en el nivel superior del coche restaurante/casino, sosteniendo en sus manos copas aflautadas de vino renano. Su mesa, ubicada en una esquina, ofrecía una excelente vista de los turboascensores que bajaban a la parte del vagón que servía de casino.
Sconn comprobó su cronómetro.
-Tranquilo, sobr... –Cavv frunció los labios-. Quiero decir, Gronk. Aún queda algo de tiempo hasta que nuestro invitado haga su incursión de cada noche en las mesas de apuestas. Y no está previsto que lleguemos a la Estación Sensyno hasta dentro de otra hora. –Dejó que su mirada vagase hasta la ventana cercana. Las nubes se habían aclarado un poco y el cielo nocturno se desplegaba a su alrededor. Grupos de brillantes luces parpadeantes en el horizonte marcaban la ubicación de algunas de las ciudades de Vohai-. Tómate un momento para disfrutar de la espectacular vista, saborea tu vino, deléitate en los sencillos placeres del instante. –Cavv alzó su copa en un brindis.
-Pensé que te habías retirado para hacer precisamente eso.
-Lo hice. Pero esta era una misión que no podía rechazar. Así que me des-retiré. –La voz de Cavv cobró una cualidad distante-. Estamos en un negocio muy extraño, sobrino. Robas una cartera, y te meten en la cárcel. Le robas la esposa a un hombre, y consigues que te dejen la nariz sangrando. Pero si robas algo lo bastante grande, te haces famoso. ¡Un Super Destructor Estelar! Esto nos convertirá en los ladrones más grandes que jamás hayan vivido.
-O moriremos en el intento –dijo Sconn secamente, agitando los restos de su vino en la copa y tomando después un trago.
-¿Sabes? No has hecho otra cosa que mostrarte pesimista desde que empezamos este viaje.
-Tal vez porque no quiero morir.
-Todos morimos, sobrino. Es el orden natural de las cosas.
-No tengo ningún deseo a ayudar a que ocurra. Y en este momento parezco estar en el carril de avance rápido hacia el Gran Más Allá.
-En realidad, creo que esta pequeña aventura será buena para ti. Te has convertido en todo un rancio. Algunas de esas caras que pones podrían agriar la cerveza lum. –Cavv hizo un gesto-. ¡Ves! ¡A esto me refiero!
-Tú me invitaste.
-No tenías por qué aceptar.
-Y me lo dices ahora.
Hubo un largo silencio.
-¿Va todo bien, sobrino?
Sconn permaneció en silencio, mirando a través de la ventanilla las nubes que pasaban.
-¿Sabes? –Cavv se detuvo en seco por un microsegundo, y luego continuó, lanzándose de lleno a decir lo que pensaba-. Desde que Shandria te dejó, tu actitud ha hecho que los barabeles parezcan perfectamente apacibles comparados contigo.
El rostro de Sconn enrojeció.
-Shandria no me dejó. Fue una decisión mutua. Considerando que pareces saberlo todo, me sorprende que te hayas equivocado con ese pequeño dato.
-Nadie es perfecto, sobrino. Todos cometemos errores. –La voz de Cavv se suavizó-. Aunque es una lástima que dejases escapar a una chica tan agradable. Hacíais una pareja adorable, cuando no tratabais de mataros el uno al otro.
-Todo eso ya se acabó –dijo Sconn entre sus dientes apretados-. Al igual que esta conversación.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

El gran asalto a la nave rebaño (y VII)


Como suponían, el Viento Asaari estaba desierto. Dawson avanzó cauteloso por los pasillos vacíos, con Sonax deslizándose hoscamente a su lado.
-Dijissste que sssabíasss lo que essstabasss haciendo –escupió. Los golpes descontrolados al trineo de equipamiento durante su salto en gravedad cero le habían causado varios cardenales en su suave piel gris.
-Por centésima vez, lo siento –dijo él-. La física no es precisamente lo que mejor se me da. Y, de todas formas, conseguí traernos hasta aquí, ¿no?
Ella siseó entre sus dientes afilados.
-A durasss penasss. Y ahora tienesss que hacernosss volver del misssmo modo.
Una expresión de pesar cruzó el rostro de Dawson. Tras cortar un agujero de acceso en la pequeña y sellada cámara de motores, había parcheado apresuradamente la brecha antes de lanzarse a abrir la puerta de la cámara. Con la presión equilibrada, se despojó del destrozado traje ithoriano y liberó a Sonax.
Pero con gamorreanos montando guardia en el exterior de la escotilla de atraque, no tenían más opción que marcharse del mismo modo en que habían llegado. Dawson había localizado un traje de vacío de repuesto, de talla humana, en el armario de suministros del Viento; un poco grande, pero serviría. Deseó desesperadamente encontrar un traje sluissi, pero una vez más Sonax no tuvo suerte. Dio gracias a los Hados de que el trineo de equipo siguiera aún intacto.
Una luz indicadora de la cinta cibernética de Sonax parpadeó en rojo cuando ella accedió a su crono interno.
-Nosss quedamosss sssin tiempo. Encuentra la caja y vayámonosss.
Las pisadas de Dawson resonaron en el pasillo.
-Veamos. Si yo fuera un señor del crimen bimm adinerado y traicionero, con una vena despiadada y predilección por las naves caras, ¿dónde la pondría?
Comenzó a llevarse una zarpa a la barbilla con gesto teatral, pero se detuvo a mitad del movimiento.
-¿Has oído eso? –Sus orejas puntiagudas temblaron.
Sonax inclinó la cabeza. El débil zumbido que Dawson había escuchado duplicó y triplicó su fuerza. El sonoro tamborileo era ahora inconfundible. Un momento después, las planchas de cubierta comenzaron a vibrar.
La nave estaba arrancando.
Sonax y Dawson se miraron entre sí; una mirada acusadora y otra pidiendo disculpas. Dawson fue el primero en recuperar el habla.
-Oh oh.

***

Kels apretó los dientes. Una carrera a lo loco cruzando la zona de fuego sería suicida. Si Ritinki se había colocado la máscara de oxígeno para poder inundar la zona con gases venenosos como Noone seguía diciendo, estaban condenados.
Examinó la sala una vez más. Tenían pocas opciones. Noone ya estaba agachándose en la postura inicial de un velocista, preparándose para salir corriendo. Miró a Kels tratando de darle confianza.
-¿Lista? Uno. Dos...
-¡Espera! –gritó ella, agarrándole del brazo. Él siguió la mirada de Kels, que estaba fija en el centro de la cúpula sobre sus cabezas. Una zona oblonga de estrellas temblorosas ya no era visible. En su lugar había una mancha oscura indefinida, punteada a intervalos regulares con luces rojas.
Parecían luces de posición de una nave estelar. Y estaban acercándose.
Noone tragó saliva.
-Parece que al final eso no era un control de gas nervioso. ¡Encuentra algo pesado y agárrate!
Las luces brillaron con más fuerza. La forma oscura se hizo más grande.
Y, con un estallido ensordecedor de transpariacero haciéndose añicos, el Viento Asaari atravesó la cúpula. Cientos de fragmentos cristalinos dentados salieron hacia el exterior del agujero empujados por la atmósfera al escaparse al espacio. Kels rodeó desesperadamente con ambas manos un pesado barril de vino andoano.
Los dos asesinos, sorprendidos casi directamente bajo la brecha, fueron absorbidos por el vórtice humeante junto con varias sillas, carros, y cartuchos bláster gastados. Agitando las extremidades, el chef de chaqueta blanca chocó con fuerza contra el casco del Viento Asaari –que aguantaba firme en medio del torbellino- y continuó volando hacia la fría negrura, con la cabeza doblada en un ángulo antinatural. El piel dorada apretó el gatillo de su rifle hasta el amargo final, rociando la sala con fuego bláster incluso mientras el vacío del espacio le aspiraba inexorablemente hacia una muerte rápida y dolorosa. El personal de seguridad superviviente se lanzó desesperadamente hacia la línea de árboles en busca de algo a lo que agarrarse. Algunos lo consiguieron, otros fueron aspirados, gritando en el vacío.
Kels volvió la cabeza hacia el estrado, lejos del abrasivo mordisco del polvo y los escombros voladores. Ritinki, agarrándose al borde de la plataforma, sostenía su máscara respiratoria firmemente con una mano mientras la atmósfera seguía escapando al espacio. El tonel al que se agarraba Kels comenzó a deslizarse por el suelo, no siendo suficiente su peso para soportar el terrible vendaval.
Y entonces, milagrosamente, el movimiento se detuvo. Un tembloroso campo de fuerza cobró vida en la parte interior de la cúpula para taponar la tremenda brecha. Las violentas turbulencias cesaron, y pequeños fragmentos de restos sueltos comenzaron a caer de nuevo al suelo. Kels jadeó, tomando aire en la debilitada atmósfera, y se puso temblorosa en pie.
Una cúpula transparente era una estructura bastante vulnerable para colocarla en el corazón de una nave que realizaba viajes espaciales. Naturalmente, la Canción de las Nubes debía tener un sistema de emergencia que permitía al ordenador central sellar la cúpula con un campo de contención atmosférica en caso de una brecha en la cúpula. Pero Kels se preguntó por qué había tardado tanto. Tenía que haber un plato sensor en el borde de la cúpula que activase instantáneamente el campo ante una caída súbita de la presión atmosférica.
Escaneó el borde de la cúpula, y encontró su respuesta... e inmediatamente deseó no haberlo hecho. El plato sensor que había esperado ver había sido aparentemente alcanzado por un disparo bláster perdido. La carcasa era un amasijo negro y retorcido del que colgaban componentes fundidos.
Noone se acercó tambaleándose a Kels. Señaló la caja sensora que Kels ya había localizado.
-Aún tenemos que irnos –graznó-. Eso no aguantará mucho tiempo. Los chips derivadores probablemente estén fundidos y se sobrecargarán en cualquier momento.
Como si fuera una señal, una lluvia de chispas surgió del sensor dañado.
Kels miró a Ritinki, que tecleaba un comando en lo que ahora pudo reconocer como una llamada de reclamo: el mando a distancia de una nave. El Viento Asaari, flotando a cinco metros sobre el suelo, cayó de pronto como una roca, aterrizando sobre la pesada mesa de comedor de madera y convirtiéndola en astillas. El bimm hizo una mueca y pulsó otro botón. El Viento se levantó un metro sobre sus repulsores, rotando en un ligero arco mientras la rampa de acceso se extendía grácilmente. Con sorprendente rapidez, Ritinki rodeó el estrado y corrió por el espacio abierto hacia la escotilla...
Sólo para ser derribado de espaldas cuando el turboláser ventral de la nave abrió un cráter del tamaño de un bantha junto a sus pies.
Las ventanas de la cabina aparecieron a la vista mientras el Viento continuaba su lento giro. Kels no daba crédito a lo que estaba viendo. A través de los cristales tintados, agitando excitadamente los brazos y gritando algo inaudible, estaba Dawson.
Noone levantó a Kels del suelo.
-Vamos –dijo casi sin aliento.
Corrieron hacia el sombrío rectángulo de la rampa del yate, que les daba la bienvenida, más allá del cuerpo inmóvil de Ritinki el bimm. La onda de choque le habrá dejado inconsciente, supuso Kels al no ver ninguna laceración ni quemadura en su cuerpo. Alcanzó el borde de la rampa justo cuando sus rodillas comenzaban a flaquear por el cansancio. Jadeando, cayó de pies y manos sobre el frío metal. Noone pasó delante de ella, luchando contra el viento causado por la presión de la cabina saliendo por la escotilla abierta.
La caja de control del campo sobre sus cabezas dejó escapar un gemido penetrante y estalló en una cascada de chispas. Kels miró hacia arriba. El campo de energía de emergencia parpadeó débilmente, y desapareció.
La sala estalló en un rugido atronador cuando el espacio trató nuevamente de reclamar la débil atmósfera. Flotando todavía, la nave estelar se agitó fuertemente en la tempestad, y Kels se encontró deslizándose por un lado de la rampa. Sus dedos chirriaron en la pulida superficie, tratando desesperadamente de sujetarse. Entonces una mano gris le agarró con firmeza la muñeca izquierda.
Kels alzó la vista. Sonax le sonrió desde arriba. La cola de la sluissi estaba firmemente enrollada en el pistón de soporte izquierdo de la rampa. Dando un tirón, como un látigo, llevó a ambas al interior y la rampa comenzó  a cerrarse.
Y, empujado por la atmósfera que se escapaba, el Viento Asaari ascendió hacia las estrellas.

***

La caja fuerte reposaba en el regazo de Noone, emitiendo reflejos dispersos bajo la brillante luz de la cabina de pasajeros del yate. Tanteó la lisa superficie plateada golpeándola con un nudillo.
-Dawson, estás seguro de que desactivaste las medidas de seguridad. –No era una pregunta.
El tynnan alzó la mirada desde su posición, reclinado en el suelo cerca del sillón de aceleración acolchado de Noone.
-Jefe, lo he repasado un centenar de veces. Es seguro, lo garantizo. –Noone aún parecía dubitativo-. ¿Qué pasa, no confías en mí?
Noone soltó una risita.
-Ahora no es el momento de hacer esa pregunta, mi peludo amigo. Aún estaba muy enfadado porque Sonax y Dawson no fueran capaces de obedecer su orden de retirada, pero esto era una banda de ladrones, no un regimiento de obedientes soldados de asalto. Además, llevaba en ese negocio el tiempo suficiente para saber que el éxito no se discute.
A través de la portilla de estribor, retorcidos hilillos de vapor luminiscente se arremolinaban a su paso en mareantes patrones caleidoscópicos. Habían pilotado su nave estelar robada adentrándose en la gran nebulosa radioactiva cercana a Nal Hutta; no tanto como para perderse en su interior, pero a bastante profundidad para desalentar cualquier persecución.
Suspiró pesadamente.
-Bueno, allá va. Puede que todos queráis retroceder unos pasos por si acaso estalla en mi cara. –Dawson puso los ojos en blanco. Kels y Sonax avanzaron de hecho medio paso, para no perderse la apertura.
Con un chasquido apagado, Noone soltó los cierres girando ambos pulgares. Presionando suavemente el lateral de metal estriado, levantó cuidadosamente la tapa, que giró sobre sus bisagras. Cuatro cabezas se reunieron para tener una vista clara del contenido.
-Esss... –comenzó Sonax.
-Es una pistola –interrumpió Kels.
-¿Eh? –murmuró un Dawson claramente desconcertado.
Ajustadamente encajadas en un embalaje de espuma anti golpes, las dos mitades del arma negra –cañón y culata- estaban llenas de cableado externo y relés eléctricos. Uniendo las mitades, tendría el tamaño y peso aproximado de un rifle bláster.
Noone extrajo cuidadosamente la culata.
-Ciertas personas poderosas están muy interesadas en esto, gente. –Tendió la sección de la culata a Kels, y luego ofreció el cañón a Dawson-. ¿Alguna idea de qué es?
Se sentaron a examinarla un instante. Un relajante sonido de estática resonaba en la sala, causado por los gases irradiados que chocaban contra los escudos de energía.
Dawson finalmente se arriesgó a lanzar una hipótesis.
-¿Algún tipo de prototipo de arma imperial? Parece equipado para disparar ondas electromagnéticas, pero realmente no sé para qué serviría eso.
Kels levantó la mirada con los ojos como platos.
-Es una Pistola de Mando.
Todo el mundo se volvió para mirarle fijamente.
-¿Una qué? –dijo Noone.
Les mostró la culata. En su base había una breve línea con una diminuta inscripción estampada a máquina en una escritura desconocida para ellos.
-Esto es hapano. Identifica esto como un producto del Real Gremio de Armamento de Charubah.
Sabe hapano, pensó Noone. Otra sorpresa.
-Niña, el Cúmulo de Hapes ha estado aislado del resto de la galaxia durante tres mil años. Nunca he oído hablar de...
-La Pistola de Mando dispara un estallido magnético lo bastante potente para aturdir el cerebro de incluso el más fuerte soldado de infantería –continuó Kels-. Convierte a los seres en estúpidos de mente débil que siguen cualquier orden que se les da, sin importar desproporcionada que esta sea.  Dicho de un modo sencillo, es irresistible.
Noone se recostó pesadamente en su asiento.
-Ya veo. Creo que estoy comenzando a comprender por qué Ritinki y Vop estaban tan interesados en esta pequeña caja.
Kels asintió.
-No hay límite en lo que un señor del crimen ambicioso y carente de escrúpulos podría lograr con una Pistola de Mando totalmente operacional.
-En ese caso –dijo Noone con una amplia sonrisa, entrelazando los dedos detrás de su cabeza-, no queremos las grasientas pezuñas de Guttu en el gatillo.
Dawson se quedó boquiabierto de asombro.
-Jefe, lo que estás diciendo es...
-Lo que estoy diciendo –interrumpió-, es que lancemos a Guttu por una esclusa. Hay muchos grupos ahí fuera que nos pagarían el rescate de un emperador por este chisme. La Autoridad del Sector Corporativo, la Alianza Rebelde, el Imperio...
Sonax lanzó un siseo grave y lleno de amenaza. Su odio al Imperio era profundo, y todos lo sabían. Noone alzó las manos con gesto tranquilizador.
-Vale, los Impes tal vez no. Pero estamos sentados sobre una mina de crisopacio, y no estoy dispuesto a cederle la propiedad voluntariamente a ese apestoso hutt.
-Pero, ¿qué pasa con el Borgove? –lloriqueó Dawson.
Noone hizo un amplio gesto de barrido, abarcando la gran cabina de pasajeros.
-Yo personalmente prefiero nuestro nuevo alojamiento. Sillas confortables, panelado de madera greel, y una despensa bien surtida por la que muchos matarían. Siempre habíamos soñado con dar un gran golpe. Bueno, amigos míos, es este.
-Pero Ritinki...
-El bimm está muerto –dijo Noone, poniéndose en pie y dirigiéndose por el pasillo curvado hacia la cabina-. No es posible que nadie que quedase en esa sala haya sobrevivido.
Llegó junto al timón y se sentó en el asiento del piloto.
-Esta nave es ahora nuestra –dijo, pulsando los interruptores de encendido-. Pero si realmente echas tanto de menos esa vieja carraca, Dawson, eres libre de volver aquí algún día y tratar de sacarla del depósito de naves incautadas.
Sonax se deslizó hasta un asiento a su lado y asumió su acostumbrada posición de navegante. Con las manos bailando sobre el panel de control, Noone los sacó de la nebulosa que les rodeaba. Los gases de diversos colores se apartaron como un telón. Con un grito de júbilo, realizó un rizo cerrado con el potente yate espacial.
-Agarraos fuerte, amigos –gritó exuberante-. Tenemos una fortuna que hacer.
Las líneas estelares temblaron, y el Viento Asaari desapareció en el Hiperespacio

martes, 5 de noviembre de 2013

El gran asalto a la nave rebaño (VI)


Los buñuelos de azúcar habían desaparecido, las bandejas de ryshcate sólo contenían migajas, y los helados con sabor a blicci se estaban derritiendo formando purés. El postre había ido bastante bien, pensó Kels, a pesar del pequeño susto cuando el capataz del catering no había podido localizar el carro de pudin de gumbah. Sin perder su profesionalidad, había seguido delante de todas formas pero, para Kels, la mirada perpleja de su rostro había sido lo más destacado de la noche hasta el momento.
Bueno, eso y la abultada nota de crédito. Sonrió. Incluso aunque el tynnan y la sluissi no hubieran podido conseguir la caja fuerte, la velada no había sido un total desperdicio. A su alrededor, Noone y los demás trabajadores desfilaban de un lado a otro, sirviendo licores dulces. Kels decidió no unirse a ellos. Necesitaba una pausa.
El pomposo hombrecillo de la lanzadera caminaba pavoneándose junto a ella, dando saltitos sobre la punta de sus pies. Sujetaba una botella de tovash gruviano en sus delicadas manos. Kels decidió que no le apetecía malgastar una mueca de burla en el orondo bufón, y miró perezosamente a su alrededor buscando a sus dos dóciles colegas. Ambos alienígenas también sostenían botellas de tovash y, como su amigo, se dirigían a los carros de catering más cercanos a la mesa. Qué extraño, pensó  lánguidamente. El tovash gruviano no es una bebida habitual para la sobremesa.
Hubo un murmullo de actividad en la cabecera de la mesa y un susurro de interés en el resto de la sala. Ritinki y Vop, habiendo terminado sus conversaciones, se estaban levantando para intercambiar el habitual apretón de manos que daría formalmente por terminados los actos de la velada. Dos silenciosos guardaespaldas retiraron las sillas adornadas de la mesa arrastrándolas con un fuerte chirrido. Lentamente, con gran ceremonia, el desgarbado rodiano y el diminuto bimm caminaron entre las sillas y ascendieron a la tarima que estaba tras ellos. Al volverse para mirar a sus respectivas comitivas, que se habían reunido, cuatro corpulentos gorilas de seguridad se alinearon delante para formar una formidable barrera protectora. Uno de ellos parecía especialmente alerta, pero Kels supuso que probablemente era por el modo en que sus ojos parecían sobresalir de su rostro, que daba la impresión de haber sido consumido por el fuego en algún momento. Ritinki se aclaró la garganta para hablar.
-Estimados seres...
Por el rabillo del ojo, Kels captó un movimiento rápido y repentino. Antes de poder girar del todo la cabeza, una densa columna de oleoso humo azul surgió de uno de los carros con un furioso siseo. Parpadeó cuando el humo de la creciente nube se le metió en los ojos, y tosió espasmódicamente.
-¡Fuego! –gritó una voz.
A través de la creciente neblina, advirtió que otros dos carros estaban ardiendo igualmente.
Varios de los invitados volcaron sus sillas al salir apresuradamente hacia la salida. Kels se quedó agazapada, con su sentido de peligro instantáneamente alerta. Dudaba que se tratase de una coincidencia. Si no lo era, los perpetradores atacarían de inmediato. Volvió la cabeza hacia el estrado. Los cuatro guardias habían creado un muro de protección impenetrable alrededor de sus jefes y examinaban con atención a la multitud.
Salvo el hombre más a la derecha. Increíblemente, tenía la cabeza agachada, mirando el broche plateado que adornaba su túnica negra. Con la mirada perdida, abrió la boca para hablar...
Kels abrió los ojos como platos al enfocar mejor lo que estaba viendo. No era un broche decorativo. Era un tenedor de servicio que atravesaba limpiamente el estrecho espacio entre las costillas cuarta y quinta del hombre.
El hombre abrió más la boca. Un hilillo de sangre colgaba de su labio inferior. Con un lento movimiento que a Kels le recordó el de alguien moviéndose en gravedad cero, comenzó a inclinarse hacia delante... un movimiento compensado por el horriblemente desfigurado matón a su derecha, que estaba cayéndose hacia atrás. Cara-marcada dejó escapar un gorgoteante gemido, sujetándose firmemente el cuello con ambas manos. Entre sus dedos manchados de sangre, asomaba la empuñadura de un cuchillo de trinchar.
El tercer matón observó cómo caían sus compañeros con los ojos como platos; el cuarto trató de coger su bláster. Un destello plateado le golpeó en la oreja izquierda; cayó con un golpe seco. Simultáneamente, el guardia restante extrajo su arma de debajo de su chaqueta y disparó indiscriminadamente a la multitud. La sala estalló en gritos de dolor y pánico mientras la multitud continuaba su frenética búsqueda de las salidas. Kels escuchó un estrépito de platos haciéndose añicos, como si alguien hubiera volcado un carro lleno hasta los topes. Un saurton corría directamente hacia ella, resoplando y con los ojos muy abiertos, llevado por el pánico en una loca carrera. Ella se apartó de su camino.
El cuarto y último proyectil, un espetón para asar con un pequeño trozo de carne aún pegado a su ennegrecida superficie, impactó al tirador aleatorio justo encima del gatillo. El arma estalló espectacularmente, y su portador cayó al suelo con un grito apagado. Esta vez, Kels pudo rastrear el proyectil hasta su origen, y quedó boquiabierta por la sorpresa.
Allí, agarrando otro utensilio de cubertería y echando atrás su brazo para realizar un lanzamiento letal hacia Vop y Ritinki, que estaban comenzando a huir, estaba el chef. El pequeño estúpido tonto y pomposo del que se había burlado en la lanzadera. Cualquier resto de su anterior conducta se había desvanecido. Sobre su aceitoso mostacho ardían los ojos alertas y despiadados de un asesino profesional.
Antes de poder completar su lanzamiento, dos grandes chorros de fuego bláster surgieron desde detrás de él, pasándole rozando a ambos lados, hacia el estrado. Los pieles doradas, de pie tras un carro volcado, estaban disparando rifles bláster pesados con la fría pericia de asesinos a sueldo. A sus pies había un armario de armas abierto.
Un disparo de bláster alcanzó a Vop en la espalda, y cayó al suelo, rebotando y rodando hacia delante, llevado por la inercia incluso mientras la vida escapaba de su cuerpo. Ritinki se lanzó hacia el extremo opuesto del estrado y saltó tras él, escapando por poco a los impactos de una salva de proyectiles de plasma supercalentado.
Eso ya era demasiado. Manteniendo la cabeza gacha, Kels comenzó a retroceder lentamente, pisando con cuidado entre la vajilla destrozada y los charcos de vino. La neblina azulada estaba empezando a despejarse. Con un poco de suerte, conseguiría llegar a la línea de árboles sin incidentes, y desde allí era una breve carrera por el camino del jardín hasta la salida. Miró rápidamente a su alrededor. ¿Dónde stang estaba Noone?
-¡Agáchate! –El antebrazo de Noone la agarró del pecho y la tiró bruscamente al suelo. Giró mientras caía, tratando de liberarse, pero él aterrizó encima de ella. Un disparo de bláster cruzó zumbando el aire justo donde su cabeza había estado un instante antes.
-Gracias –dijo, tragando saliva.
Él le hizo un gesto señalando la periferia del claro. Varios de los invitados a la fiesta habían sacado sus armas de bolsillo. Claramente se trataba de agentes de seguridad adicionales. Habían sacado sus armas y estaban tratando de atrapar a los asesinos con una maniobra de flanqueo. Por desgracia, Kels y Noone estaban en medio del fuego cruzado.
Letales dardos de plasma trazaban una silbante red sobre sus cabezas. Uno de los pieles doradas había caído, pero los dos asesinos supervivientes se habían retirado detrás de una barrera improvisada con carros metálicos y sillas de madera. Estaban dividiendo sus disparos entre los matones que les rodeaban y Ritinki, su objetivo restante. Desde su lugar privilegiado en el suelo del patio, Kels podía ver al pequeño bimm agazapado tras el borde del estrado, barrido por los disparos. Sus hombres superaban largamente en número a los asesinos, pero después de ver en acción sus letales habilidades, Kels todavía calculaba que las probabilidades de supervivencia de Ritinki estaban en diez a uno.
Por encima del estruendo, Noone le gritó al oído.
-Menuda fiesta, ¿eh?
Kels ladró una risa amarga.
-Eres un maestro del eufemismo. ¿Esperabas que pasara esto?
-En absoluto –respondió-. ¡Niña, creo que nos hemos topado de lleno con un ataque mafioso!
Un disparo con mala puntería dibujó un surco dentado en el suelo cerca de sus cuerpos encogidos. Por tácito acuerdo, ambos comenzaron a reptar sobre sus vientres para alejarse de la inmediata línea de fuego.
-Por las estrellas, ¿de dónde sacaron esos rifles bláster? –gruñó Noone.
-Un armario de armas estilo contrabandista –respondió Kels-. Blindado contra sensores más allá de lo que puedas imaginarte. Parece que no hemos sido los únicos que hemos pensado en esconder algo en un carro. –Apoyándose en los codos, reptó más allá de un nimbanel muerto-. Lo que no entiendo es de dónde vino la distracción del humo.
Noone asintió.
-Creo que puedo ayudarte con eso. El tovash gruviano, cuando se mezcla con la especia ryll, reacciona de forma bastante alarmante. Y había mucha cantidad de ambas sustancias para poder usarse esta noche.
Kels meneó incrédula la cabeza.
-Un ataque mafioso. Menuda suerte. ¿Quién crees que está detrás?
-Guttu no, eso seguro. Él sólo quiere la caja. –Frunció los labios mientras otros dos guardaespaldas caían, con heridas de bláster humeantes en sus pechos. El “chef” y el humanoide de piel dorada superviviente seguían disparando tenazmente-. Esos tipos son expertos. Y los expertos no son baratos. Estamos hablando de uno de los grandes hutts. Durga, posiblemente, o tal vez incluso el propio Jabba.
Kels miró a Ritinki al otro lado de la sala. El bimm todavía estaba agachado en la protectora sombra del estrado elevado. Tendido a escasa distancia estaba el cuerpo con orificios carmesíes de su contable ciborg falso.
La insistente lluvia de fuego bláster impedía al rastrero bimm salir de su refugio aislado. Mientras Kels miraba, extrajo lentamente un objeto largo y metálico de debajo de su chaleco a cuadros.
-Cuidado con la cabeza –advirtió a Noone-. Parece que Ritinki finalmente ha sacado un bláster. –Volvió a mirar-. No, espera. No es un bláster. Parece alguna especie de control electrónico.
El bimm pulsó una secuencia clave en un lado del dispositivo, y entonces se llevó la mano a otro bolsillo y extrajo una máscara respiradora de emergencia. Encajando un cartucho de oxígeno en su base, deslizó la máscara sobre su boca y su nariz.
-¡Gas! –gritó Noone-. Debe estar planeando inundar la sala con gas nervioso. Niña, tenemos que salir de aquí ya.
Kels miró la maraña de disparos letales que se entrecruzaba llenando el cargado aire del patio. Las brillantes líneas dejaban impresiones persistentes en su retina.
-Eso es más fácil decirlo que hacerlo.

lunes, 4 de noviembre de 2013

El gran asalto a la nave rebaño (V)


Dawson se encontraba en la esclusa, luchando por mantener su respiración bajo control. Ya no puedo echarme atrás, se recordó a sí mismo. Un miedo helado yacía agazapado en su estómago, amenazando con subir como una burbuja a su cerebro. Se obligó a contenerlo de nuevo y entonces soltó el aire lentamente, como en un ejercicio de meditación. El sonido resonó ruidosamente en los claustrofóbicos confines de su traje de vacío.
La nave personal de Ritinki, el Viento Asaari, había atracado en una esclusa exterior en lugar de aterrizar en una de las bahías de hangar abiertas. Cuando descubrieron ese hecho, soltó una maldición en voz alta. El único modo de entrar al interior del yate era a través de la escotilla circular de la esclusa, y la escotilla estaba vigilada entre gruñidos por un par de babeantes gamorreanos de aspecto agresivo. Los porcinos alienígenas eran demasiado estúpidos para dejarse sobornar, y lo más probable era que cualquier intento de engaño acabase contigo limpiamente partido en dos por un vibrohacha. Sonax había estado dispuesta a rendirse, hasta que Dawson tuvo un destello de iluminación. Los atracaderos a ambos lados del Viento Asaari estaban desocupados.
Se colaron en esa esclusa, en el embarcadero superior, que estaba vacío salvo por un armario de mantenimiento y una hilera de trajes de vacío ithorianos colgando de perchas. Con mucho esfuerzo, Dawson se introdujo en uno de los trajes, demasiado grandes para él, recogiendo el holgado tejido y sujetándolo con cinta para motores alrededor de la cintura, los codos y las rodillas. Sonax, sin embargo, era un caso aparte. La serpentina sluissi no podía encajar en ninguno de esos trajes bípedos sin una amputación o un milagro. Tras una breve pero acalorada discusión, estuvo de acuerdo en introducirse en un trineo de equipo que él selló desde el exterior. Ahora estaba encorvada ahí dentro, odiando con todas sus fuerzas cada minuto que pasaba. Por su parte, Dawson tampoco se sentía mucho mejor.
La pequeña luz junto a la escotilla exterior parpadeó pasando del verde al rojo, indicando que la cámara había alcanzado el vacío total. Con un abultado guante de largos dedos, empujó la palanca de apertura manual. La escotilla redonda se retiró lentamente hacia arriba, revelando una creciente sección de negrura tachonada de estrellas. Su respiración se aceleró involuntariamente. Moviéndose rápidamente antes de que cambiase de idea, dio un paso cruzando el borde de la esclusa y saltó al exterior.
Apenas había flotado unos pocos metros cuando el cordón alrededor de su cintura se extendió por completo, deteniéndole con un brusco tirón. Desconcertado, giró su cabeza en el interior de la alargada escafandra diseñada para las cabezas en forma de martillo de los ithorianos. El trineo de equipo, asegurado al otro extremo del cordón, seguía aún posado en la cubierta de la esclusa, sujeto firmemente en su sitio por la gravedad artificial de la Canción de las Nubes.
Si el traje se lo hubiera permitido, Dawson se habría dado una palmada en la frente con rabia. Idiota, pensó. Deberías haberlo empujado antes. Pensó en retroceder a la esclusa y comenzar de nuevo. No, espera. Tal vez aún pueda liberarlo.
Miró el panel de control rectangular en el antebrazo izquierdo del traje. Como cualquier traje de vacío para gravedad cero, este estaba equipado con cohetes de maniobra ubicados justo debajo de cada hombro, situados fuera del cuerpo para poder apuntarlos en cualquier dirección. Después de un extremadamente desagradable episodio de vértigo hacía casi seis años, había evitado los paseos espaciales como si fueran un virus urticante. Sin embargo, no debería ser demasiado difícil entender cómo funcionaban.
Los botones iluminados eran inusualmente grandes, diseñados para torpes dedos enguantados. Frunció el ceño mientras examinaba la enrevesada escritura ithoriana.
-Este –murmuró.
Al pulsar el botón, sonó una alarma en el altavoz de su casco. Con un silbido de gas al escapar, los cohetes de su espalda cobraron vida. Comenzó a avanzar ligeramente, pero fue de nuevo detenido por el cordón que le anclaba.
Dawson pulsó el cuadrado de control dos veces más, escuchando cómo el sonido iba haciéndose más agudo cada vez. El silbido en sus orejas se hizo más fuerte, y la tirantez en su cintura se acentuó cuando los propulsores doblaron su potencia. Giró el cuello para mirar hacia atrás. El cordón temblaba con la tensión. El trineo de equipamiento avanzó unos cinco centímetros, arañando las planchas de la cubierta, y luego se detuvo.
Volvió a mirar los controles de su traje, con ambos cohetes todavía disparados a plena potencia. Bueno, esto es una pérdida de tiempo. Buscó el botón de apagado en el panel de su brazo. Parece que tendré que volver dentro y empujar a la antigua usanza.
De pronto salió despedido hacia delante como disparado por un cañón. Estrella blancas brillaban con fuerza por todas partes, mientras que la resplandeciente rejilla de Nar Shaddaa, rodeada por una estrecha cinta de una débil atmósfera azul, aparecía a kilómetros bajo sus pies enfundados en botas. Su estómago revuelto luchó por mantener el ritmo de su cerebro, que estaba funcionando a la velocidad de la luz.
Su primer pensamiento –que el cordón se había partido- fue descartado tras mirar con preocupación por encima del hombro. Iba arrastrando el trineo por el espacio abierto. Pero los fuertes tirones en su cintura, unidos al círculo de la esclusa abierta, que iba empequeñeciéndose rápidamente, sólo podían significar una cosa. Estaba acelerando, y rápido. Maldiciendo, apretó repetidamente su antebrazo, esperando pulsar el interruptor de apagado.
En lugar de eso, tecleó un giro brusco a la izquierda. La potencia del impulsor de la izquierda quedó reducida a la mitad, distribuyendo la fuerza adicional al chorro de gas que salía de la boquilla derecha. Dawson giró en un arco cerrado, con las estrellas pasando disparadas ante su placa facial como enloquecidas líneas brillantes. El trineo de equipo que tenía atado giró siguiéndole, y se encontró girando fuera de control; trineo metálico y bípedo en traje espacial dando vueltas en los extremos opuestos de un punto de giro invisible como compañeros en un ballet sarkano. La bruñida extensión broncínea de los bordes de la nave rebaño oscureció de pronto las estrellas estriadas, luego desapareció igual de súbitamente mientras Dawson comenzaba otra mareante rotación. Apretando los dientes, casi presa del pánico, tanteó desesperado buscando los controles de dirección. Por pura suerte, consiguió cortar la potencia a ambos propulsores.
Sin fricción atmosférica, continuó girando, pero al menos ya no seguía acelerando. Empujado dentro de su traje por la mano invisible de la fuerza centrífuga, Dawson alzó la mano izquierda tan cerca como la placa facial se lo permitió y estudió detenidamente la delicada escritura. Con confianza renovada y no poca cantidad de alivio, pulsó las teclas que le harían realizar un suave giro a la derecha.
Dawson salió de los violentos giros cuando la boquilla izquierda le hizo perder velocidad lentamente. Cortó la potencia y examinó su entorno sin aliento. Con el pulso latiendo con fuerza, su corazón desbocado lanzó un rugiente chorro de sangre por sus oídos. En cualquier momento, aunque con retraso, notaría el subidón de adrenalina.
Por suerte, no había salido flotando tan lejos de la esclusa como se temía. Allí, a no más de un centenar de metros de distancia, estaba la nave de Ritinki, con su esbelto morro conectado sólidamente a la esclusa contigua. Las finas líneas del yate espacial estaban rotas por los emplazamientos de turboláseres pesados y cañones iónicos. Dawson realizó un rápido examen del casco, identificando su área de destino, y se impulsó cuidadosamente hacia delante.
Estiró ambos brazos hacia los lados mientras veía cómo su destino iba creciendo a través de la ancha placa facial. Construida para ojos ithorianos, distorsionaba los objetos en su campo de visión periférica; un fastidio sin demasiada importancia. Se concentró en su respiración, y soltó una amarga risita pensando en su casi desastrosa lección de maniobras en gravedad cero.
-Ahora recuerdo por qué no hago estas cosas –dijo en voz alta-. Me pregunto qué piensa Sonax de esto.
Volvió a reírse, esta vez con ganas, más alto.
El Viento Asaari estaba ya tan cerca que podía distinguir las marcas de succión de los mynocks en su casco gris pizarra. Se estaba aproximando a demasiada velocidad. Necesitaba invertir ligeramente los impulsores y aminorar a un avance más lento, o chocaría contra la pared de plastiacero con suficiente fuerza como para romperse un hueso... o peor aún, rasgar el traje.
Dawson esperó hasta haberse acercado un poco más, y entonces giró ambos impulsores hacia delante y soltó un suave chorro de aire comprimido. Su velocidad disminuyó ligeramente. Apretó el botón con más fuerza. Un poco más...
Dawson jadeó cuando un tremendo peso le golpeó de lleno en los hombros y la parte baja de la espalda. Su columna vertebral gritó de agonía cuando cada terminación nerviosa cobró vida con un dolor agudo y penetrante. Al instante siguiente, chocó contra el casco del Viento, y el aire salió de sus pulmones y su visión se nubló con manchurrones oscuros.
Era, como tantas otras cosas, obvio al pensarlo con detenimiento. El trineo de equipo, sujeto al cordón flexible, no había frenado cuando él había aplicado los frenos al impulso del traje de vacío. Obedeciendo las simples leyes de la inercia, había continuado en línea recta hasta encontrar el obstáculo más cercano: él. Y los impulsores de su traje. Su falta de previsión finalmente había acabado con él, pensó Dawson con pesar. Y aún peor, había condenado también a Sonax.
Ambos cohetes de maniobra parecían estar aplastados más allá de cualquier reparación posible; ninguno de ellos respondía a sus frenéticas pulsaciones en el panel de instrumentos oscurecido. El casco se deslizaba bajo él mientras sus dedos enguantados luchaban en vano por agarrarse a los bordes soldados de las planchas de blindaje. Alcanzaría el extremo de popa de la nave en cuestión de segundos. Sin la energía del traje, continuaría flotando hacia Nar Shaddaa, remolcado todo el camino por el trineo. Taciturno, se preguntó si se asfixiaría por falta de aire antes de arder en la reentrada planetaria.
Consiguió agarrarse débilmente al borde cóncavo de un plato sensor externo, perdió el agarre, y continuó deslizándose. El conjunto de motores subluz de popa avanzaba hacia él a toda velocidad. Más allá, se abría el bostezo del espacio vacío. Bueno, se acabó. Ni siquiera tendré que escuchar a Noone decir “te lo dije”.
Algo sólido y con bordes duros le golpeó en el costado derecho justo bajo las costillas. Conforme su cuerpo se retorcía alrededor del obstáculo, Dawson pudo ver el puntiagudo extremo de una antena de señal subespacial. Agitando ambos brazos como un hombre ahogándose, agarró la fina antena y la apretó contra su pecho como un amante. El trineo continuó flotando, llegando al final del cordón y amenazando con hacerle soltarse. Dawson cerró los ojos con fuerza y aguantó hasta que cesaron los tirones.
Había pasado casi un minuto antes de recuperar el valor suficiente como para abrir un ojo. Las estrellas seguían donde las había dejado. Lentamente relajó los brazos. Con los movimientos decididos y precisos de un escalador trepando los glaciares de Toola, avanzó poco a poco varios metros, descendiendo a lo que había identificado provisionalmente como la sala ventral de motores. Un cansancio nervioso comenzó a apoderarse de sus músculos. Pronto, sus manos comenzarían a temblar. Ya tengo suficientes emociones para un día, pensó.
El cortador de fusión estaba asegurado a la parte delantera de su traje de vacío con una X plateada de cinta de motor. Lo liberó. A partir de ahora, vamos a hacerlo todo según el manual. Encendió el cortador con un estallido insonoro de plasma y comenzó a cortar el casco.