miércoles, 11 de junio de 2014

Crisis de fe (III)



El cielo seguía teniendo un aspecto extraño cuando Trevik abandonó el palacio a la hora de la media luz oscura y comenzó a descender la suave pendiente de la colina de la ciudad cruzando el ancho anillo de los hogares de los Circúleos. Más debajo de la pendiente, al otro lado del anillo circúleo, estaba la zona midli de la ciudad, donde se encontraba su propio hogar.
El cielo parecía más extraño aún sobre la zona circúlea, advirtió con interés mientras caminaba. En algunos lugares, tenía la misma apariencia extrañamente apagada que tenía sobre los terrenos del palacio. Pero en otros lugares, muy pequeños, el cielo era tan azul y brillante como de costumbre. Lo observó maravillado mientras avanzaba, tratando de imaginar lo que significaba todo eso.
Tal vez alguno de los Obreros lo supiera. Ellos eran quienes construían todo en la Ciudad Roja. Jirvin, el hermano de Trevik, era supervisor de uno de los grupos de Obreros que crearon el equipo de iluminación de la ciudad y trabajaban en su mantenimiento. Tal vez él supiera lo que le había pasado al cielo.
Una ráfaga de aire se agitó a su lado, trayendo consigo el olor de un Circúleo. Automáticamente, Trevik se apartó a un lado, fuera del camino del otro. Una mano se cerró alrededor de su brazo.
-Camina –ordenó en voz baja el Circúleo, dirigiendo a Trevik en un ángulo distinto.
-¿Dónde vamos? –preguntó Trevik, luchando por mantener el ritmo de las largas zancadas del otro-. Mi casa está hacia otro...
-Camina en silencio –dijo el Circúleo interrumpiéndole.
Estaban ya bien adentrados en el círculo Midli cuando Trevik advirtió que el cielo había cambiado de nuevo. Ahora las zonas de extrañeza se habían convertido en parches de círculos bien definidos, con sus bordes casi tocándose, y el cielo normal asomando en los huecos entre ellos. Más allá de la zona Midli, Trevik podía ver que la extrañeza terminaba por completo sobre la gran extensión de los hogares de los Obreros y los Soldados.
Aún estaba sorprendido por la vista cuando el Circúleo le guio a una de las casas Midli. La puerta se abrió cuando ellos se acercaron, y con el Circúleo instándole a avanzar tras él, Trevik pasó bajo el dintel.
Había otros tres Midlis esperándoles en la sala compartida de la casa. Dos eran extraños; el tercero... Trevik soltó un jadeo.
-¿Jirvin?
-Hola, hermano –le saludó Jirvin de los Midli de los Séptimos de los Rojos, con voz solemne-. Por favor, perdona por el modo en que te hemos traído aquí. Era vital que habláramos contigo de inmediato.
-Podrías haberte limitado a llamarme por el hablalejos cuando llegara a mi casa –dijo Trevik.
-Era igualmente vital que habláramos contigo de un modo que los cabello tormentoso no pudieran escuchar –dijo Jirvin-. Por favor; siéntate.
Por un largo instante, Trevik pensó en dares la vuelta y marcharse. Pero el Circúleo que le había llevado allí estaba plantado bajo el dintel. Con un incómodo cosquilleo en las patas, Trevik se dirigió lentamente a uno de los sillones y se sentó con desgana en él.
-¿Qué es lo que quieres decirme? –preguntó.
Vio como Jirvin tomaba fuerzas antes de hablar.
-Creemos, hermano, que la Ciudad Roja está al borde de su destrucción –dijo-. Creemos que la Reina de los Rojos ha sido llevada mediante engaños a su alianza con Nuso Esva.
-Imposible. –La palabra surgió de la boca de Trevik sin pensamiento consciente-. La Reina es omnisciente y poseedora de una infinita capacidad de pensamiento. Ningún ser extraño podría influenciar su mente hasta tal punto.
-Sin embargo, creemos que, efectivamente, eso ha ocurrido –dijo Jirvin-. Y aún más, creemos que debe hacerse algo para impedir la inminente destrucción de nuestra ciudad. Tal vez incluso de todo nuestro mundo.
Trevik se le quedó mirando fijamente.
-¿Qué estás diciendo exactamente, hermano? –preguntó con cautela.
-Estoy diciendo que el ser llamado Thrawn de los Primeros de los Chiss del Imperio de la Mano no es el enemigo que Nuso Esva nos ha dicho –dijo Jirvin-. Hemos hablado con uno de los stromma, que nos ha revelado las verdaderas naturalezas de Thrawn y Nuso Esva.
-¿Y?
-Y... –Jirvin hizo un movimiento con la mano para señalar toda la sala común-... hemos elegido unirnos a nuestros amigos stromma. A ellos, y a Thrawn.
Furtivamente, Trevik volvió a mirar la puerta. Pero el Circúleo seguía de pie bajo el dintel, bloqueando cualquier posibilidad de una huida fácil.
-¿Por qué me estáis diciendo todo esto? –preguntó, volviéndose a su hermano.
-Thrawn necesita información de forma urgente si queremos vencer a Nuso Esva y liberar a nuestra Reina de su agarre –dijo Jirvin-. Tú, hermano, eres el único que puede obtener esa información.
-Imposible –repitió Trevik, dejando escapar de nuevo la palabra sin pensar-. Soy un Midli leal. Más que eso, soy el copero de la propia Reina.
-Has sido copero por un único día –se burló uno de los otros Midlis-. No hagas que parezca que está en juego todo tu pasado y el honor de tu familia.
-Puede que no esté en juego mi pasado, pero desde luego sí el honor de mi familia –insistió Trevik-. En cualquier caso, no puedo traicionar a mi Reina de semejante manera.
-Ella ya no es tu Reina –murmuró el Circúleo de la puerta con voz grave-. Se ha convertido en un mero instrumento de Nuso Esva.
-No puedo creer eso, y no lo creeré –replicó Trevik-. La Reina busca sólo lo mejor para su pueblo, y para todo el pueblo de Quethold. –Apuntó al Circúleo con dos dedos-. El enemigo es ese tal Thrawn. He escuchado a Nuso Esva decirlo.
-¿Has escuchado que la Reina lo dijera? –preguntó Jirvin.
Trevik se volvió hacia él, con una rápida y mordaz respuesta hirviendo en su interior
Entonces se detuvo, sin pronunciar las palabras. ¿Realmente había dicho la Reina esas palabras en su presencia? Ahora que pensaba en ello, no podía recordar que lo hubiera hecho.
-Eso no importa –dijo con cabezonería-. Nuso Esva está aquí, y es el invitado de la Reina.
-Es su captor, no su invitado –dijo el Circúleo-. Servirías mejor a la Reina aliándote con nosotros que quedándote ocioso a su lado mientras él la utiliza.
-No habéis mostrado ninguna prueba de ello –insistió Trevik.
-Tú no has mostrado ninguna prueba de lo contrario.
Trevik soltó un bufido de desdén.
-Tu desafío es inútil. ¿Cómo se puede probar una negación?
-Tomando la holocámara que nuestros amigos stromma nos han dado –dijo Jirvin, con voz seria y grave-. Tomando imágenes de la Reina, y de Nuso Esva, y de las obras de arte con las que él ha decorado la Morada de los Huéspedes, para que podamos descubrir la verdad.
Trevik parpadeó.
-¿Las obras de arte?
-Thrawn es capaz de leer el interior de los corazones de las personas a través de sus gustos artísticos –dijo Jirvin-. O eso afirman los stromma.
-Las imágenes también probarán que la Reina está con Nuso Esva por propia voluntad –añadió el Circúleo-. Si es que realmente lo está.
-Si está aliada con él libremente, entonces cejaremos de inmediato en nuestro empeño –aseguró Jirvin a Trevik-. Al igual que tú, hermano, sólo buscamos lo mejor para nuestra Reina, nuestra ciudad, y nuestro mundo.
Trevik bajó la mirada al suelo. La Reina había aceptado a Nuso Esva como invitado; estaba seguro de ello. Pero no había forma de demostrar eso a Jirvin y los demás salvo hacer lo que le pedían.
-Muy bien –dijo, con las palabras escociéndole en la garganta-. ¿Dónde está esa holocámara?
Jirvin se levantó de su sillón y extrajo un objeto pequeño y plano de uno de los bolsillos de su chaleco.
-Aquí –dijo, depositándolo en la mano de Trevik.
Trevik frunció el ceño. El dispositivo era aún más pequeño que el más pequeño de sus dedos.
-¿Esto es una cámara?
-Lo es –confirmó Jirvin-. Si te fijas, verás que tiene la misma textura y los mismos colores que tu chaleco de copero oficial. Una vez la fijes ahí, será invisible incluso para el observador más avezado.
Trevik tuvo que admitir que tenía razón al menos en eso. La cámara se camuflaría perfectamente. Fuera quien fuese ese stromma, sabía exactamente el aspecto del chaleco de un copero.
-¿Cómo la manejo?
-Toca la esquina superior derecha cuando llegues a la Morada de los Huéspedes –dijo Jirvin-. La propia cámara hará el resto.
-Y asegúrate de que toma una imagen de todas las obras de arte de Nuso Esva durante el tiempo en que estés en la morada –añadió el Circúleo.
-Lo haré. –Trevik se incorporó-. Y traeré pruebas de que la Reina realmente ha elegido a Nuso Esva como nuestro aliado. ¿Cesaréis entonces esta locura?
-Si nos traes tales pruebas, cesaremos –prometió Jirvin-. Pero si la prueba es de su cautiverio bajo el poder mental de Nuso Esva, entonces continuará nuestra oposición a su presencia.
Trevik hizo una mueca. ¿Cómo probar una negación? Pero estaba claro que eso era lo mejor que iba a conseguir.
-Traeré la cámara mañana a esta hora –dijo, levantándose del sillón-. Y entonces desistiréis.
-De acuerdo –dijo el Circúleo, apartándose finalmente de debajo del dintel-. Adiós. Que comas y duermas profundamente.
-Que comas y duermas profundamente –respondió Trevik con una sensación de pesadez en el pecho.
Un minuto más tarde volvía a estar caminando bajo el extraño cielo, dirigiéndose a su hogar. Sin duda tenía razón. Sin duda la Reina había elegido a Nuso Esva como aliando por voluntad propia y tras pensarlo detenidamente.
Pero si no era así, ¿qué pasaría con ella? ¿Qué pasaría con el resto de los quesoth?
Y, aún más urgente, ¿qué pasaría con Trevik si le descubrían espiando para Thrawn?
No tenía modo de saberlo. Pero estaba seguro de que no sería agradable.

***

Trevik no durmió bien esa noche, y su comida fue igualmente insatisfactoria. Se despertó pronto, se acicaló con especial esmero, y se aseguró de estar en palacio unos minutos antes de lo preciso. La copa de néctar le estaba esperando junto a la litera de la Reina en la cámara de bienvenida, junto con los Obreros que llevarían las dos literas y la mitad de los Soldados que los escoltarían. Borosiv llegó unos minutos más tarde y sin mediar palabra tomó su lugar en la litera más pequeña.
Su sincronización fue perfecta, lo mínimo que podía esperarse del Circúleo que era el ayudante electo de la Reina. Apenas un minuto después de que Borosiv se acomodó en su lugar, se abrieron las puertas internas y la Reina entró en la cámara de bienvenida, flanqueada por los otros seis soldados de su guardia. Subió a su diván, y los Obreros levantaron ambas literas sobre sus hombros.
Y con Trevik tratando de no parecer tan nervioso como se sentía, el grupo salió por la puerta cruzando el patio hacia la Morada de los Huéspedes.
Después de toda la preocupación de la tarde y el escaso sueño de la noche, el día resultó ser agradablemente anticlimático. Nadie vio la cámara, camuflada en el dibujo del chaleco de Trevik, y tomar las imágenes que Jirvin quería fue más fácil de lo que esperaba. Para cuando la Reina indicó a los Soldados que rompieran el anillo defensivo en el exterior de la Morada y el grupo regresó al palacio para su comida de mediodía, había conseguido colocar la holocámara frente a todas y cada una de las obras de arte que Nuso Esva había escogido. Después de la comida, cuando regresaron a la Morada para proseguir la charla con Nuso Esva, se aseguró de tomar algunas imágenes más.
Hubo otra gran diferencia entre el primer y el segundo día de Trevik como copero de la Reina. El día anterior, su mente había estado totalmente centrada en mantenerse inmóvil con la copa estable. Esta vez, después de todas esas cosas extrañas que Jirvin había dicho, hizo un esfuerzo por escuchar la conversación.
Fue confuso. Eso no sorprendió a Trevik; después de todo, era la Reina de los Rojos junto con un alienígena al que encontraba lo bastante inteligente como para pasar horas conversando con él. Su conversación probablemente estuviera por encima incluso de la sabiduría e inteligencia de un Circúleo, por no hablar de un simple Midli como él.
Pero las partes que sí entendió eran inquietantes. Se habló de lanzaderas, y de la construcción de naves de lucha, y de armas que o bien estaban ocultas o pronto lo estarían. Se habló de escudos-paraguas, y trampas, y de más armas ocultas.
Y se habló mucho de muerte.
Pero nada de eso era importante. Lo que importaba era que la Reina claramente no era una prisionera de Nuso Esva y el resto de los cabello tormentoso.
Esa noche, más tarde, al devolver la cámara a Jirvin, dijo a su hermano exactamente eso. Jirvin no dijo nada, aparte de reafirmarse en su promesa de que él y los demás abandonarían su oposición a la reina si la grabación confirmaba las observaciones de Trevik. Habiendo completado finalmente su misión inesperada e impuesta, Trevik regresó de nuevo a su hogar.
Y, esa noche, comió y durmió profundamente.

jueves, 5 de junio de 2014

Crisis de fe (II)



Los otros cinco miembros de la sesión de estrategia ya estaban esperando en la sala de conferencias del puente del Destructor Estelar Imperial Amonestador cuando llegó el Capitán Superior Voss Parck.
-Mis disculpas, almirante; caballeros –dijo mientras rodeaba la mesa hasta la silla vacía a la derecha del gran almirante Thrawn-. Había un informe de última hora del sistema Tantsor que pensé que podría ser relevante para nuestra discusión.
-¿Y lo era? –preguntó el Enlace del Consejo Stromma, con su pelaje similar a hierba brillando bajo las luces de la sala, su ceño anguloso fruncido sobre sus ojos de color negro puro, y su tono sarcástico habitual más insolente incluso que de costumbre.
-Sí –dijo Parck, cuya dilatada experiencia le permitía no dejarse ofender por los modales de Nyama. Una beligerancia extrema era una cualidad universal (y altamente valorada) entre la jerarquía stromma, y los militares profesionales de la especie no eran una excepción-. Los rumores de actividad resultaron no ser más que un pequeño grupo de contrabandistas. Los investigadores no encontraron conexión alguna entre ellos y Nuso Esva, ni ningún rastro de auténticas naves de guerra.
-¿Y para usted este desperdicio de esfuerzos constituye un progreso? –se burló Nyama.
-Lo que el Enlace del Consejo Nyama pretende preguntar –dijo con un tono más educado un stromma más joven sentado junto a Nyama- es si descartar un sistema realmente estrecha la búsqueda del resto de las fuerzas de Nuso Esva, especialmente cuando quedan tantas otras posibilidades.
-Incluso la información negativa es útil –dijo Thrawn con calma, centrando sus brillantes ojos rojos en Nyama-. Especialmente dado que los droides sonda que dejamos atrás después de cada búsqueda nos aseguran que las fuerzas de Nuso Esva no avanzan por detrás de nosotros.
Nyama soltó un bufido de desprecio.
-Sabemos dónde está –dijo, golpeando la mesa con el índice para mayor énfasis-. ¿Qué nos importa dónde se oculten los restos dispersos de sus fuerzas?
-Mientras él viva, siguen siendo una amenaza –dijo Parck-. Usted más que nadie debería saber eso, Enlace del Consejo. Usted iba venciendo en la lucha contra esas fuerzas antes de que él regresara a tomar personalmente el mando.
-La situación era completamente diferente –gruñó Nyama-. Las fuerzas de Oristrom estaban bien abastecidas y bien atrincheradas. Y eran muchísimo más numerosas. –Volvió a golpear con el índice-. Además, Nuso Esva no va a abandonar Quethold. Ya no. En cualquier caso, no con vida.
-El Enlace Nyama tiene razón –dijo el comandante de las tropas de asalto Balkin desde el otro lado de la mesa-. Donde quiera que se oculten esos remanentes, seguramente Nuso Esva no tenga naves suficientes para atravesar nuestro bloqueo.
-En efecto, comandante –dijo Thrawn-. Por desgracia, muy pronto habrá que levantar el bloqueo. Hay otros asuntos que requieren urgentemente mi atención, otras amenazas para esta región y para aquellas que se han unido al Imperio de la Mano.
-El almirante está en lo cierto –secundó Parck-. Podría nombrar ahora mismo al menos diez de esas amenazas, y aún habrá más.
-Entonces acabemos con él –dijo Balkin firmemente-. Los soldados de asalto de la 501 están listos para avanzar y conseguir su cabeza.
Nyama volvió a soltar un bufido.
-No tiene ni idea de lo que está diciendo –dijo desdeñosamente-. Nunca se han enfrentado a Soldados quesoth en la batalla. Nosotros, por otra parte, hemos tratado con ellos como aliados y también como enemigos. Son incluso más grandes que los Obreros, cuando se yerguen son casi tan altos como usted o yo. Y son inmensamente fuertes. También tienen una lealtad feroz hacia su Reina, obedeciendo sus órdenes sin dudarlo y sin tener en cuenta su propia seguridad. Y en la Ciudad Roja hay miles de ellos.
-Ya nos hemos enfrentado antes a enemigos leales y numerosos –dijo Balkin-. Y estos caerán de igual modo.
-Pero a un alto coste-advirtió Nyama-. ¿Está usted dispuesto a aceptar tales pérdidas, gran almirante Thrawn?
-No acepto pérdidas innecesarias de ningún tipo, Enlace del Consejo –dijo Thrawn, con su rostro de piel azul impasible-. Pero no tenía conocimiento de que hubiera luchado antes contra los quesoth.
-Fue hace mucho tiempo, durante la estúpida arrogancia a la que llamamos Periodo de Expansión –dijo Nyama. Por una vez, advirtió Parck, la beligerante voz era casi introspectiva-. Incluso con las primitivas armas ceremoniales que siguen usando, sufrimos gravemente antes de que recobráramos la razón e hiciéramos las paces con ellos. –Sus orificios nasales se abrieron-. Y ustedes también sufrirán si prosiguen en esta senda de locura.
-Tal vez alguien del consejo podría hablar con la Reina de los Rojos –sugirió Parck-. Si pudieran convencerla de entrar en razón...
-Las reinas de los quesoth crean su propia razón –dijo Nyama-. Sea cual sea la lógica que siguió para aceptar a Nuso Esva bajo su cuidado, no podrá hacérsele cambiar de idea.
-Entonces sufrirá –dijo Thrawn.
-Todos sufriremos –dijo secamente Nyama-. Ese es el camino de la vida.
Parck hizo una mueca. Los quesoth sufrirían, en efecto, como las más de veinte especies que ya habían sufrido bajo el reinado de terror de Nuso Esva. Desde que el alienígena y su gente -los guerreros a los que orgullosamente llamaba sus “Elegidos”- habían surgido de un planeta aún sin identificar de las Regiones Desconocidas, dejando a su paso un letal rastro por pueblos, mundos, e incluso pequeñas federaciones. De todos los que habían sido atacados, sólo Thrawn había mostrado la habilidad y la resolución necesaria para bloquear la expansión de Nuso Esva y, poco a poco, para comenzar a hacerle retroceder.
Pero la victoria había llegado a un coste terrible. Los Elegidos luchaban con fanático celo, y obligaban a los pueblos subyugados bajo su control a luchar a su lado con la misma tenacidad.
Y aún peor; con cada retirada forzada, los Elegidos seguían la política de Nuso Esva de incinerar y destruir todo aquello que no podían llevarse consigo, no sólo las armas para la guerra, sino también los medios para que la población local pudiera sobrevivir al siguiente invierno o temporada de sequía. Millones de seres habían muerto en las conquistas de Nuso Esva, y millones más lo habían hecho como secuela de sus retiradas.
Incluyendo cientos de miles de stromma que habían quedado atrapados en el fuego cruzado y las tierras calcinadas cuando Thrawn finalmente consiguió expulsar a Nuso Esva de sus mundos. Lo que, para Parck, hacía que la actitud de Nyama fuera mucho más sorprendente. ¿Acaso no quería que los quesoth, sus aliados declarados, fueran liberados de las ataduras de Nuso Esva?
-Sin embargo, nuestro trabajo como seres civilizados es minimizar ese sufrimiento tanto como podamos –dijo Thrawn. Si estaba molesto por la aparente falta de compasión de Nyama, no lo mostró en su voz ni en su expresión-. Me gustaría ver los registros de sus guerras contra los quesoth. Con una especie insectoide, incluso las batallas de hace mucho tiempo pueden iluminarnos.
-Esos registros son antiguos e incompletos –dijo Nyama-. Y también serán inútiles. Ahora mismo, lo que usarán serán las tácticas y estrategias de Nuso Esva.
-Desde luego, él diseñará su estrategia general –dijo Thrawn, con tono pensativo-. Pero dado que los Soldados quesoth aún usarán sus armas antiguas, puede que también se aferren todavía a sus antiguas tácticas en el campo de batalla.
Junto a Balkin, el comandante de escuadrón de TIE, barón Soontir Fel, se removió en su asiento.
-Esos paraguas de escudo que tienen en la parte central de la ciudad no son armas antiguas en absoluto –señaló.
-Cierto –concedió Thrawn-. Puede que el Enlace Nyama tenga razón. Puede que en realidad nos enfrentemos a una mezcla de tácticas dispares, una mezcla que será difícil de prever. –Miró a Parck-. Necesitamos información, capitán. Más información; mejor información. Estamos trabajando a ciegas.
-Con qué rapidez tropieza el indomable Maestro de Guerreros –dijo Nyama con sarcasmo.
-Lo que el Enlace del Consejo Nyama quiere decir... –volvió a tomar la palabra el joven conciliador- es que la información adecuada es desde luego parte necesaria de la preparación del combate. –Sus ojos miraron brevemente a Nyama-. También sugiere que puede que haya un modo de obtener la información que busca.
Thrawn entrecerró ligeramente los ojos.
-Continúe.
Nyama hizo una mueca.
-Como ya he dicho, durante muchas generaciones hemos sido aliados de los quesoth. Como resultado, tenemos contacto entre los Quesoth de los Rojos. Tal vez pueda hablar por ustedes con alguno de ellos.
-Ya nos ha dicho que su lealtad hacia su Reina es incuestionable –le recordó Balkin-. ¿De qué serviría hablar con ellos?
-He dicho que los Soldados eran leales –replicó Nyama-. Los Soldados y los Obreros apenas poseen inteligencia, por no hablar de ser capaces de tomar sus propias decisiones. Nunca dije que ese fuera el caso de los Circúleos y los Midlis.
-¿Pero también son leales, no es así? –insistió Balkin.
-He dicho que pueden pensar por sí mismos –dijo Nyama, prácticamente gritando-. ¿Está usted sordo, calvorota estú...?
-Lo que el Enlace del Consejo Nyama quiere decir –interrumpió apresuradamente el conciliador-, es que existe una pequeña pero creciente oposición a la alianza de la Reina con Nuso Esva. Si podemos contactar con ellos, tal vez puedan obtener la información que buscan.
Nyama lanzó una Mirada furiosa al conciliador, pero asintió con gesto reticente.
-Siempre y cuando ustedes quieran algo que entre dentro de sus capacidades –gruñó.
-¿Y cuáles son sus capacidades? –preguntó Fel.
-No gran cosa –dijo Nyama-. Los Circúleos son los consejeros de la Reina y los machos reproductores de casta más alta. Son los quesoth más inteligentes, pero tratan con palabras y pensamientos, no con acciones. La tarea de los Midlis es supervisar a los Obreros, así que no son tan inteligentes. Pero se puede razonar con ellos, y pueden manejar equipo hasta cierto punto.
-La tarea debería ser bastante fácil –le aseguró Thrawn-. Todo lo que quiero es que uno de ellos introduzca clandestinamente una holocámara en las cámaras de Nuso Esva.
-¿Una holocámara? –repitió Nyama con incredulidad.
-Nuso Esva apenas llevaba consigo algunas de sus propias obras de arte cuando huyó a Quethold –explicó Thrawn-. La mayor parte de lo que tiene será de la colección de la Reina. Necesito ver qué piezas ha escogido.
Nyama soltó un bufido y meneó la cabeza.
-Gran almirante Thrawn, su obsesión con el arte es más inquietante que su obsesión con el propio Nuso Esva.
-Su obsesión con ambas cosas es lo que expulsó a Nuso Esva de Oristrom y le proporcionó a usted la libertad para estar aquí hoy –dijo Fel.
Nyama le miró fijamente. Pero no tenía respuesta a eso, y todo el mundo en la sala lo sabía.
-¿Tiene esa holocámara con usted? –gruñó, volviéndose hacia Thrawn.
-Estará lista en cuanto confirme que uno de los Circúleos o Midlis descontentos puede llevarla a las cámaras de Nuso Esva –dijo Thrawn.
-Y que luego pueda volver a sacarla, supongo –gruñó Nyama. Se puso abruptamente en pie-. Volveré ahora a mi nave y trataré de comunicarme con los disidentes. ¿Qué tamaño tendrá esa holocámara?
-Muy pequeña –dijo Thrawn, mostrando su mano-. Del tamaño de uno de mis nudillos. Podemos camuflarla del modo que sea necesario para facilitar su introducción.
-Tal vez incluso pueda colocarse en uno de los Obreros o Soldados que sirven a la Reina –sugirió Parck-. Tengo entendido que doce de cada la acompañan dondequiera que va.
-Está usted bien informado –dijo Nyama-. Consultaré cuál es el mejor modo de conseguir este objetivo, y me comunicaré con ustedes cuando tenga algo más que decir.
Con una brusca inclinación de cabeza a Thrawn, se dio la vuelta y salió a grandes zancadas de la sala, con el joven conciliador apresurándose tras él. La puerta se deslizó para cerrarse tras ellos, y Thrawn miró a su alrededor en la mesa.
-¿Algún comentario? –invitó.
-Podría funcionar –dijo Parck con cautela-. Aunque el número de variables sigue siendo incómodamente elevado.
-Y si la actitud de Nyama es la típica de los stromma –añadió Fel-, será mejor que asumamos que tendremos de ocuparnos de Nuso Esva sin ellos.
-Son aliados de los quesoth, después de todo –murmuró Balkin-. No es fácil enfrentarte a tus amigos.
-Especialmente cuando creen que pueden limitarse a ganar tiempo –dijo Fel-. Dos años hasta que se acabe el tiempo de Nuso Esva en Ciudad Roja, ¿no es así?
-Así es, si los números de Nyama son acertados –confirmó Parck.
-Sus números son acertados, pero su razonamiento está equivocado –dijo Thrawn-. Nuso Esva podría causar gran cantidad de daño a la gente de la Ciudad Roja en esos dos años. Ese no es un resultado que esté preparado a aceptar. –Dudó-. Tengan también en cuenta que el Enlace Nyama habla en nombre del consejo stromma, y algunos de sus miembros aún nos culpan por la destrucción que sufrieron sus mundos.
Fel murmuró algo entre dientes.
-Supongo que también culpan a sus cirujanos por dañar pedazos de tejido sano al extirpar el gangrenado.
-No defiendo sus opiniones –dijo Thrawn con suavidad-. Meramente hago constar que esas opiniones existen. En cualquier caso, no podemos permitir que la gente común de la galaxia sufra meramente porque sus líderes se nieguen a veces a enfrentarse a la realidad del universo.
-Bueno, aquí la realidad es que finalmente podemos derrotar a ese hijo de... que podemos derrotar a Nuso Esva –corrigió rápidamente Fel-. Le tenemos atrapado, y no tiene ningún lugar al que huir. Y comprendemos cómo trabaja.
-Cierto. –Thrawn sonrió ligeramente-. Y lo que es más importante, él comprende cómo trabajo yo.
-Con suerte, eso será suficiente –dijo Parck.
Thrawn inclinó la cabeza.
-Ya veremos.

miércoles, 4 de junio de 2014

Crisis de fe (I)


Crisis de fe
Timothy Zahn

El cielo tenía un aspecto extraño esa mañana, pensó Trevik de los Midlis de los Séptimos de los Rojos mientras el séquito de la Reina abandonaba el ala residencial del palacio y comenzaba la breve marcha hacia la Morada de los Huéspedes. Tal vez fueran nubes, pensó: nubes tan altas y tan delgadas que sus ojos no podían distinguirlas de las nieblas que se alzaban de las Aguas Soñantes, al norte de la Ciudad Roja.
Pero en otras ocasiones había podido ver el cielo a través de nubes delgadas. Probablemente se trataba de algo que hubiera causado su invitado, el jefe de los treinta seres que habían llegado hacía un mes, criaturas con ojos amarillos y pelo del color de una nube de tormenta. ¿No había dicho su jefe que protegería la Ciudad Roja de las fuerzas malignas que se reunían entre las estrellas sobre Quethold?
-Bebida.
Rápidamente, Trevik alzó la adornada copa de néctar que sostenía pegada al pecho. La Reina se inclinó hacia la copa con sus ropajes bordados moviéndose al mismo tiempo que el rítmico balanceo de su litera con dosel, y su abdomen tendido cuan largo era en el colchón de la litera.
-Más alto –gruñó secamente Borosiv de los Circúleos de los Primeros de los Rojos, desde su litera, bastante menos adornada, detrás de la de la Reina.
Con una mueca de dolor, Trevik estiró los brazos, alzando la copa tanto como pudo. La Reina tomó un largo trago y luego volvió a incorporarse, sacudiéndose de las mandíbulas las últimas gotas del sabroso líquido y examinando con ojos impasibles el rostro de Trevik.
Trevik bajó de nuevo copa junto a su pecho, sintiendo en su interior los golpes de su corazón. Ser elegido para realizar el papel de copero de la Reina era el mayor honor que cualquier Midli podría alcanzar. Era como si representara a todos los Midlis de Quethold, al igual que Borosiv representaba a todos los Circúleos. Lo último que deseaba era fracasar, y llevar la vergüenza a su familia por ese fracaso.
-Enderézate –continuó Borosiv con la misma voz grave y gruñona-. Observa a los Obreros. Imita su postura.
Trevik tragó saliva, y una rápida punzada de vergüenza atravesó su corazón. Desde luego, ya le habían dicho todo eso antes, pero en el calor del momento lo había olvidado.
Entonces examinó la hilera de Obreros que porteaba la litera de la Reina. Eran ocho, y mantenían sus torsos casi verticales a pesar del peso de la litera sobre sus hombros. El abdomen de cada Obrero se alargaba a su espalda, perfectamente paralelo al suelo, con sus cuatro patas moviéndose siguiendo un ritmo de precisión absoluta.
Tragando saliva de nuevo, Trevik trató de imitar su postura y su movimiento. Según había escuchado, la Reina estaba dispuesta a permitir a su nuevo copero cierto grado de libertad en su primer día. Pero eso no significaba que no debiera intentar hacerlo lo mejor posible.
Especialmente cuando Borosiv no parecía inclinado a dar al nuevo Midli tal tolerancia.
La Morada de los Huéspedes era un edificio circular situado en el centro del patio. Era pequeño, con sólo una modesta zona de reunión central en la planta baja y diez pequeñas habitaciones privadas en el piso superior. Dos de los alienígenas de cabello tormentoso permanecían en la entrada sur, con sus extrañas armas cruzadas sobre los hombros mientras observaban cómo se acercaba la Reina y su séquito.
Era lo más cerca que Trevik había estado jamás de esos alienígenas en particular, y los miraba con curiosidad mientras él y las literas se acercaban. Eran seres erguidos, distintos de los quesoth pero muy similares a los aliados de los quesoth, los stromma. Tenían dos piernas, un torso sin abdomen separado, y una cabeza coronada con ondulado cabello negro como las nubes de tormenta. Alguna vez había escuchado referirse a ellos como humanoides.
Pero al menos sus ojos eran familiares, multifacetados como los de los quesoth, aunque eran de un color amarillo brillante en lugar del azul pálido de los quesoth. Tal vez sus ojos eran el motivo por el que la Reina había elegido desafiar la antigua alianza de Quethold con los stromma y aceptar a los cabello tormentoso como huéspedes en la Ciudad Roja.
O tal vez fuera por las armas que los cabello tormentoso habían traído con ellos. Armas más compactas y poderosas incluso que la de los stromma.
Trevik centró la Mirada en las armas de los cabello tormentoso, sintiendo cómo se tensaba de repente. Junto con los doce Obreros que porteaban las literas, el séquito de la Reina también incluía doce Soldados, y si los cabello tormentoso no cumplían con el salido adecuado, la Reina podría ordenar que los alienígenas fueran castigados. Trevik no había visto en acción las armas de los cabellos tormentosos, pero había escuchado suficientes historias como para saber que no tenía ningún especial interés en hacerlo. Especialmente no a tan poca distancia.
Por fortuna, los cabello tormentoso conocían el protocolo correcto.
-Salve, oh Reina de los Rojos –entonó uno de ellos cuando la litera se acercó los preceptivos cinco pasos-. Vivimos para servir, y morimos por servir.
La Reina permaneció en silencio mientras los alienígenas abrían las puertas y el grupo enfilaba al interior. Dadas las circunstancias, decidió Trevik, el silencio probablemente era algo bueno.
El jefe de los cabello tormentoso esperaba en el centro de la zona de reunión. Era la primera vez que Trevik veía la zona desde que la Reina les había permitido acceder a la Morada, y quedó sorprendido por lo extraña que se había vuelto. Los cambios en el mobiliario eran comprensibles; después de todo, la fisonomía de los cabello tormentoso no se parecía en nada a la de los quesoth.
Pero los cabello tormentoso habían ido más allá de la simple comodidad. Habían rehecho toda la sala, desde los cortinajes de las pareces hasta las esculturas de meditación sobre las pasarelas. De hecho, incluso el patrón de las pasarelas había sido cambiado. Era como si la Morada hubiera sido transformada en parte del propio mundo natal de los cabello tormentoso.
-Bebida.
Trevik alzó la copa, con su corazón latiendo de nuevo con fuerza. Algunas de las esculturas que los cabello tormentoso habían retirado procedían de la cámara de meditación de la propia Reina. ¿Tomaría como una ofensa que esos tesoros hubieran sido apartados de la vista?
Tal vez ya se había ofendido. Levantando la cara de la copa de néctar, alzó la voz con el agudo ulular del Lenguaje de los Soldados.
Trevik se puso tenso. Pero las dos hileras de Soldados que flanqueaban las dos literas no cargaron contra el jefe cabello tormentoso. El comandante respondió en el mismo lenguaje, y todos los soldados se retiraron cruzando la sala hacia las puertas exteriores de la Morada. Las atravesaron y desaparecieron en el patio, cerrando las puertas tras ellos.
-Abajo –ordenó la Reina.
Trevik dio un paso para apartarse mientras los ocho Obreros que transportaban la litera la bajaban al suelo y luego se arrodillaron y se encorvaron con el gesto de respeto de los Obreros. Detrás de la litera de la Reina, Trevik escuchó un suave susurro de telas mientras los cuatro Obreros de detrás bajaban de igual modo la litera de Borosiv.
El jefe cabello tormentoso se inclinó, con un gesto que casi era una caricatura de la postura de los Obreros.
-Salve, oh Reina de los Rojos –dijo.
Trevik frunció el ceño. ¿Qué significaba eso? ¿Acaso él no vivía para server y moría por servir, como hacían los quesoth e incluso el resto de los cabello tormentoso?
-Bebida.
Apresuradamente, Trevik volvió a acercarse a la litera y ofreció la copa. Al parecer, el jefe cabello tormentoso había efectivamente concluido su saludo. Y lo que era más asombroso, la Reina no parecía ofendida por la ausencia del juramento de muerte. Era casi como si lo viera como un igual, tal y como Trevik veía a sus hermanos de los Séptimos como iguales
Pero eso era absurdo. La Reina no tenía iguales.
La Reina terminó de beber e hizo un gesto a Trevik para que se apartara.
-La amenaza permanece, oh Nuso Esva –dijo, dirigiéndose al jefe cabello tormentoso-. Mis Circúleos han visto las ciudades flotantes, negras contra las estrellas.
-La amenaza permanece, oh Reina –convino Nuso Esva, el jefe cabello tormentoso-. Conferenciemos para decidir el modo en que podamos enfrentarnos a nuestro enemigo común.
"Hablemos de la destrucción del Gran Almirante Thrawn.