viernes, 15 de mayo de 2009

Ascensión y caída de Darth Vader (XXII)

Capítulo 18

Llevando el casco y la armadura que había heredado de su padre, Boba Fett se encontraba de pie ante Darth Vader en una sala de recepción del espaciopuerto de Ord Mantell, un planeta del Borde Medio que antiguamente había sido un depósito de provisiones de la Antigua República. La sala tenía un ancho ventanal que dominaba la plataforma de aterrizaje donde la lanzadera clase Lambda de Vader estaba cargando suministros. La propia armadura y los mecanismos internos de Vader habían sido completamente reparados, no dejando ni rastro de su duelo en Mimban.
-De modo que busca rebeldes, Lord Vader –dijo Fett con voz amortiguada por el vocalizador de su casco-. Mi contratador, Jabba el Hutt, también lo hace. Quizá complaciéndole a él, pueda complacerle también a usted.
-¿Y conseguir dos recompensas en lugar de una, cazarrecompensas? –dijo Vader, sin dejar que se le escapase nada-. Me interesa un rebelde en particular... Luke Skywalker.
Boba Fett asintió ligeramente, inclinando su casco hacia delante.
-Un compañero del hombre que estoy buscando... Han Solo. El uno podría conducirnos al otro, Lord Vader.
Para entonces, Vader ya estaba familiarizado con el nombre del capitán del Halcón Milenario, la nave que había disparado contra su caza TIE en la batalla de la Estrella de la Muerte. No estaba interesado en por qué Jabba el Hutt quería a Han Solo, pero tras su máscara negra, sintió una sonrisa retorcerse en sus labios mientras pensaba en la idea de usar a Solo como cebo para Skywalker.
-Eres un buen negociante, Fett –dijo mientras se dirigía hacia un turboascensor que descendía a la plataforma de aterrizaje-. Quizá nos volvamos a encontrar cuando su negocio dé frutos.
Dejando a Fett en Ord Mantell, Vader regresó al Ejecutor. Aunque estaría complacido si el plan del cazarrecompensas funcionaba, estaba deseoso de conseguir información que condujera a la ubicación de la nueva base de la Alianza Rebelde. Encontrar a Luke Skywalker se había convertido en algo más que un objetivo para Darth Vader. Se había convertido en su propósito.
Ya se habían dispersado miles de droides sonda imperiales, repletos de sensores, por mundos remotos a través de la galaxia, y miles más se desplegarían en las semanas siguientes. Antes o después, uno de esos droides sonda encontraría algo útil.


Habían pasado tres años estándar desde la destrucción de la Estrella de la Muerte cuando Vader, de pie en el puente del Ejecutor, descubrió que un droide sonda había transmitido imágenes de un gran generador de energía en un planeta helado del distante sistema de Hoth.
-Eso es -dijo Vader-. Los rebeldes están ahí. -Rechazó escuchar a su pomposo primer oficial, el almirante Ozzel, quien sugirió que el droide sonda se habría topado con cualquier otra cosa que no fuera la base rebelde-. Ese es el sistema -insistió-. Fijen el rumbo hacia el sistema Hoth.
Por desgracia, los rebeldes ya habían comenzado una evacuación de emergencia de su base, mientras la armada de Darth Vader se apresuró a llegar a destino por el el hiperespacio. Aún peor, el almirante Ozzel permitió que el Ejecutor saliera del hiperespacio demasiado cerca del sistema Hoth, activando sensores que alertaron a los rebeldes de la llegada de la armada, y les permitió alzar un escudo de energía planetario para rechazar cualquier bombardeo aéreo. Tras aliviar a Ozzel de su vida y ascender al más capaz capitán Piett al rango de almirante, Vader dio la orden de enviar tropas imperiales a la superficie del mundo helado.
Esta ahí abajo, pensaba Vader con absoluta certeza. Skywalker está ahí abajo.
En su defensa, hay que decir que los rebeldes no se rindieron sin defenderse. Sus deslizadores de nieve dispararon sus láseres como moscas contra los gigantescos Transportes Blindados Todo-Terreno* que avanzaban pesadamente sobre el hielo y la nieve, y su cañón iónico planetario consiguió inutilizar las naves estelares imperiales que orbitaban el planeta el tiempo suficiente para permitir que la mayor parte de su flota escapase al espacio. Pero, al final, fueron incapaces de evitar que los AT-AT's destruyeran sus generadores de energía, y con oleada tras oleada de una potencia de fuego superior por parte de los imperiales, se aseguraron de que los rebeldes no pudieran ganar esa batalla.
No fue una gran victoria para Vader, quien aterrizó en Hoth mientras la batalla aún estaba teniendo lugar. El último de los rebeldes aún estaba huyendo de su base conquistada cuando entró en un hangar cavernoso con paredes de hielo con una escuadra de soldados de nieve, justo a tiempo para ver al Halcón Milenario despegando a gran velocidad. Vader no sabía si Luke Skywalker había subido a bordo del carguero de Han Solo, pero rápidamente sintió que Skywalker seguía con vida.
Y no había olvidado el plan de Boba Fett.
Vader se volvió hacia un soldado de nieve.
-Alerte al almirante Piett y a todos los destructores estelares de que el Halcón Milenario está tratando de abandonar Hoth -dijo-. Nuestro objetivo primario es capturar ese carguero. ¡Los pasajeros deben resultar ilesos!


Vader regresó al Ejecutor y estaba sentado en su cámara de meditación cuando el almirante Piett penetró en su sanctasanctórum. Conforme el brazo robótico hacía descender su casco sobre su cabeza llena de cicatrices, Vader pudo sentir la incomodidad de Piett al contemplar las heridas del Señor del Sith. Cuando el casco estuvo en su lugar, el asiento de Vader giró e el interior de la cámara hasta encontrarse de cara a Piett.
-Nuestras naves han avistado al Halcón Milenario, milord -informó este-. Pero... ha entrado a un campo de asteroides, y no podemos arriesgarnos...
-Esos asteroides no me importan, almirante -interrumpió Vader-. Quiero esa nave, sin excusas.
Piett sabía que no convenía discutir con Vader.
-Sí, milord -dijo.
El hemisferio superior de la cámara de meditación descendió sobre Vader. Deseando obtener alguna iluminación acerca de los eventos venideros, respiró lentamente mientras vaciaba su mente de cualquier pensamiento, abriéndose al lado oscuro de la Fuerza...
Skywalker.
Escuchó el nombre en su mente, como si la propia Fuerza se lo hubiera susurrado. ¿Pero es la Fuerza, se preguntó Vader, o soy yo que estoy demasiado preocupado por encontrar...?
De pronto, Vader sintió una perturbación en la Fuerza. Y no sólo una sutil fluctuación. Algo importante estaba a punto de ocurrir, algo increíblemente significativo. Algo que lo cambiaría todo.


Los asteroides estaban golpeando a la flota imperial mientras Vader continuaba su búsqueda del Halcón Milenario. Vader estaba en el puente del Ejecutor cuando un almirante Piett muy nervioso informó de que el Emperador había ordenado a Vader que contactara con él.
Dirigiéndose a sus aposentos personales, Vader se detuvo en un panel circular negro en el suelo junto a su cámara de meditación. El panel era un escáner de HoloRed que le permitía transmitir comunicaciones por toda la galaxia. Mientras se postraba sobre su rodilla izquierda e inclinaba su cabeza dentro del casco, el anillo exterior del panel se iluminó con una pálida luz azul. Vader alzó lentamente su mirada hacia el aire vacío ante él, y el vacío se llenó instantáneamente con un inmenso holograma parpadeante de la cabeza encapuchada del Emperador Palpatine.
-¿Qué deseáis, mi señor?
A años luz de distancia, en Coruscant, el Emperador respondió.
-Hay una gran perturbación en la Fuerza.
-Lo he notado -dijo Vader.
-Tenemos un nuevo enemigo. El joven rebelde que destruyó la Estrella de la Muerte. No me cabe duda de que este muchacho es el vástago de Anakin Skywalker.
¡¿Vástago?! El tejido que quedaba en la garganta de Vader se quedó seco.
-¿Cómo es posible? -consiguió decir a pesar de su asombro.
Sin ofrecer ninguna explicación para apoyar la convicción que mostraba, el Emperador le respondió.
-Explora tus sentimientos, Lord Vader. Sabrás que es cierto. Podría destruirnos.
Tras haber luchado con Luke Skywalker en Mimban, Vader era más consciente que el Emperador de los poderes del joven. Pero también sabía otra cosa: Al contrario que Vader, Luke no sabía nada de su conexión familiar. Si él hubiera sabido la verdad en Mimban, pensó Vader, yo lo habría sentido. Luchando aún con la declaración del Emperador, se esforzó por encontrar palabras que pudieran hacer que su Maestro perdiera su interés en Skywalker.
-Es sólo un niño -dijo Vader-. Obi-Wan ya no puede ayudarle.
El Emperador pensaba de otro modo.
-La Fuerza es intensa en él -dijo-. El hijo de Skywalker no debe convertirse en un Jedi.
El Emperador no había dicho explícitamente que quisiera a Luke Skywalker muerto, de modo que Vader -que necesitaba a Skywalker vivo para cumplir sus objetivos- probó una táctica distinta.
-Si se le pudiera atraer -sugirió Vader-, se convertiría en un poderoso aliado.
-Sí -murmuró el Emperador, como si él no hubiera pensado en esa posibilidad. Vader sólo podía imaginar qué estaba pensando el Emperador. Los Sith habían mantenido durante mucho tiempo su regla del dos: un Maestro, un aprendiz. Incluso Vader sabía que la galaxia no era lo bastante grande para tres Señores del Sith, y pese a ello los ojos del Emperador parecieron brillar bajo su capucha cuando volvió a hablar, con un tono más enfático-. Sí. Sería una gran ventaja. ¿Puede hacerse?
-Se unirá a nosotros, o morirá, señor -dijo Vader. Inclinó la cabeza, y el holograma del Emperador se desvaneció.
Ahora que el Emperador estaba interesado en el destino de Luke Skywalker, Vader supo que tenía que hacer todo cuanto estuviera en su mano para encontrar a Luke antes de que lo hiciera el Emperador. Si sus propios soldados, ni siquiera el infame Boba Fett, podían localizar a los líderes rebeldes, entonces tendría que tomar medidas más activas.
Vader envió una señal, convocando a cazarrecompensas de toda la galaxia a reunirse con él en el Ejecutor. No pasó mucho tiempo antes de que seis cazarrecompensas, incluido Boba Fett, se alinearan en el puente del Ejecutor. Escasos segundos después de que Vader se dirigiera al grupo que se había reunido, destacándole que quería que encontrasen el Halcón Milenario sin matar a ninguno de sus ocupantes, el esquivo carguero corelliano salió del campo de asteroides. El destructor estelar Vengador le dio caza, pero instantes después el Halcón Milenario desapareció de los escáneres de seguimiento del Vengador. Parecía que los rebeldes habían escapado una vez más de los imperiales.
Pero no lograron escapar de Boba Fett. Varias horas después de que el Vengador perdiera de vista al Halcón, Darth Vader recibió una transmisión de Fett, quien había usado sigilosas medidas para encontrar la nave rebelde renqueando por el espacio con un hipermotor dañado, con rumbo al sistema Bespin.
El Señor Oscuro se giró hacia el almirante Piett en el puente del Ejecutor.
-Trace un curso hacia Bespin -dijo.

* All Terrain Armored Transports, AT-AT's (N. del T.)

jueves, 14 de mayo de 2009

Ascensión y caída de Darth Vader (XXI)

Capítulo 17

Luke Skywalker.
De acuerdo con los registros municipales obtenidos en el asentamiento de Anchorhead de Tatooine, ese era el nombre del registro de un saltacielos T-16 propiedad de un piloto humano que había vivido en el hogar de los Lars y tenía aproximadamente 19 años estándar.
Luke Skywalker.
De acuerdo con un espía independiente Kubaz de Mos Eisley, ese era el nombre que figuraba en el registro de ventas de una tienda de deslizadores del espaciopuerto asociado al deslizador terrestre que había sido comprado a un joven que luego se marchó en el Halcón Milenario, el carguero corelliano que también había transportado a Obi-Wan Kenobi a la Estrella de la Muerte.
Luke Skywalker.
De acuerdo con un rebelde capturado al que Darth Vader interrogó en el planeta Centares, ese era el nombre del piloto de ala-X que había destruido la Estrella de la Muerte.
Luke Skywalker.
Incluso mientras inspeccionaba su nave insignia casi terminada, el super destructor estelar Ejecutor, Vader no podía sacarse a Luke Skywalker de la cabeza. Rumiaba en silencio su nombre, y cavilaba sobre el hecho de que el muchacho hubiera nacido tres años después de la muerte de Shmi Skywalker. Según lo que él sabía, Anakin Skywalker había sido el único pariente de sangre que aún vivía.
¿Podría haber habido otros Skywalkers en Tatooine? Vader aceptó la posibilidad. Después de todo, no era un nombre extraño por completo en la galaxia.
Pero Anakin y Padme Amidala estaban esperando un niño diecinueve años atrás.
Diecinueve años estándar.
No es posible, pensó Vader. Yo maté a Padme. El bebé murió con ella.
No por primera vez, se preguntó si el Emperador le había contado toda la verdad acerca de la muerte de Padme. Pero recuerdo haberla asfixiado... verla caer sin sentido en Mustafar. Estaba tan furioso con ella. Y pese a todo...
Luke Skywalker existe.

Vader se negó a creer que el apellido del famoso rebelde fuese solamente una extraña coincidencia. Si hubiera tenido cualquier otro apellido, Vader no habría dudado en informar al Emperador de lo que había averiguado. Pero por motivos puramente egoístas, Vader se guardó el nombre del rebelde para sí mismo. Para él, Luke Skywalker era algo más que un misterio que resolver.
Es... una oportunidad. Tan poderoso con la Fuerza como parece ser, es una oportunidad... una oportunidad para conseguir un poder aún mayor.
¿Pero quién es él? ¿Quienes fueron sus padres? ¿Podría tratarse del hijo de Obi-Wan? Pero entonces, ¿por qué se apellidaba Skywalker y fue criado por la familia Lars? ¿O simplemente fue entrenado por Obi-Wan?
Debido a que Obi-Wan Kenobi, Shmi Skywalker, Owen y Beru Lars, y Padme Amidala estaban muertos, sólo había una forma de que Vader pudiera descubrir la verdad. Se lo tendría que preguntar al propio Luke Skywalker. Todo lo que tenía que hacer era encontrarlo.
Tras contratar un actor para que se hiciera pasar por Obi-Wan Kenobi, Vader preparó una nueva trampa específica para Luke en el mundo desierto de Aridus. Desgraciadamente, Luke vio a través del engaño y desapareció. Vader se frustró aún más con las acciones de su oficial superior, el completamente incompetente almirante Griff, quien permitió que la Alianza Rebelde eludiera el bloqueo imperial a Yavin 4 y evacuase hacia una nueva base secreta.
Vader no se quedó inactivo mientras buscaba y esperaba cualquier información que pudiera conducirle a Luke Skywalker y sus aliados. Llevó el sable de Obi-Wan Kenobi al Castillo de Bast, donde también estudió un antiguo holocrón Sith que había adquirido. Supervisó varios proyectos secretos, incluyendo el desarrollo del Pacifog que alteraba las mentes en Kadril, la construcción de los Soldados Oscuros robóticos imperiales, y la preparación de una nueva superarma en el sistema Endor. Asignó una agente de Inteligencia Imperial sensible a la Fuerza, llamada Shira Brie, para infiltrarse en la Alianza Rebelde, pero su misión para desacreditar a Luke Skywalker fue un fracaso y quedó horriblemente herida. Debido a que Vader aún consideraba valiosa a Brie, ordenó a los médicos imperiales que reemplazaran sus miembros destrozados por prótesis cibernéticas, y la ofreció a Palpatine para servirle en secreto como agente operativo de élite.
Luke Skywalker tampoco estaba inactivo. Conforme se extendían las noticias de sus acciones, muchos imperiales se familiarizaron con el nombre del joven piloto que era una figura principal en la Alianza Rebelde.


Dos años después de la destrucción de la Estrella de la Muerte, un gobernador imperial notificó a Vader que personas que se correspondían con las descripciones de Luke Skywalker y la princesa Leia Organa habían sido capturadas en Circapo V, un planeta pantanoso conocido localmente como Mimban. Vader había oído hablar acerca de la leyenda de Mimban sobre el Cristal de Kaiburr, una gema luminosa de color carmesí que multiplicaba por mil el poder de la Fuerza, y esperaba poder recuperar esa reliquia junto con los rebeldes cautivos.
Para cuando Vader llegó a Mimban, Skywalker y la princesa habían escapado y huido a la selva. Tras un primer encuentro en una cueva, finalmente los alcanzó en el Templo de Pomojema, un zigurat piramidal cubierto de enredaderas construido con grandes bloques de roca volcánica para una antigua deidad mimbana, que contenía el Cristal de Kaiburr. Usando la Fuerza, Vader dejó caer una roca del techo sobre Luke Skywalker, atrapándole contra el suelo del templo, mientras Leia Organa observaba indefensa.
-Tienes mucho que expiar por mí -dijo Vader a Skywalker, quien, como la princesa, iba vestido con el negro uniforme de trabajo que llevaban los mineros locales. Activando su sable de luz, Vader comenzó a balancear su hoja roja adelante y atrás, rebanando juguetonamente fragmentos de piedra de las paredes circundantes-. Probablemente no tendré paciencia para permitir que dures tanto como mereces -continuó-. Puedes considerarte afortunado.
Vader volvió su atención a la princesa.
-Espero no tener tantas dificultades para contenerme en lo que a usted se refiere, Leia Organa -dijo-. En diversos sentidos, usted es mucho más responsable de mis contratiempos que este muchacho simplón.
¿Muchacho simplón? Vader se sorprendió por las palabras que habían salido de su propia boca. Incluso aunque sabía que había mucho más en Skywalker que lo que se veía a simple vista, y que sólo tenía intenciones de capturar a los rebeldes, de pronto se había apoderado de él el deseo de matarlos. Se dio cuenta de que estaba perdiendo su autocontrol.
La princesa recogió el sable de luz de Luke y activó su hoja azul. Conforme ella se acercaba a Vader, él dejó caer de golpe su brazo, dejando el rayo de su propia arma colgando sin más a su lado.
-¡Leia, no! -gritó Luke-. Es una estratagema... te está desafiando. Mátame, y luego mátate tú... ya no hay nada que hacer.
Vader miró desdeñosamente a la princesa.
-Vamos -le dijo-, si quiere, deje que él pelee por usted. Pero no le permitiré que lo mate. -Pensando en cómo Luke había escapado con anterioridad de sus garras, añadió-: Me han robado con excesiva frecuencia.
La princesa luchó con valentía, pero no era rival para Vader. Usó sus últimas fuerzas para lanzar el sable de luz a Skywalker, justo cuando salía de debajo de los escombros.
-Ben Kenobi me acompaña, Vader -dijo Skywalker, enfrentándose al Señor del Sith-, y la Fuerza también me acompaña.
El duelo fue furioso, y condujo a Vader y Skywalker hasta una cámara donde había una oscura apertura circular en el suelo, la boca de un profundo pozo. Conforme avanzaba la batalla, Vader se encontró respirando con dificultad a través de su respirador. Pero entonces, gracias a su proximidad con el Cristal de Kaiburr, que aumentaba la Fuerza, sintió un repentino flujo de poder del lado oscuro, que le permitió proyectar relámpagos de las puntas de sus dedos por primera vez en su vida. Arrojó los relámpagos de energía de la Fuerza contra Skywalker, pero su joven oponente desvió el golpe.
-¡No es... posible! -murmuró Vader, sintiendo que su energía se drenaba-. Tanto poder... en un mocoso. ¡No es posible!
Cuando Skywalker se lanzó contra la gran figura negra, Vader alzó su sable de luz para defenderse. Pero no fue lo bastante rápido. La hoja de Skywalker cortó la prótesis del brazo derecho del Señor del Sith, que cayó al suelo, sujetando todavía el sable de hoja roja.
Aturdido, Vader se agachó y usó su mano izquierda para separar su arma de los dedos enguantados de su brazo amputado. Estaba cargando el peso para hacer otro ataque cuando de pronto tuvo una visión clara del sable que sujetaba Skywalker. El diseño de la empuñadura del arma le resultaba... familiar.
Vader sintió que le pesaba de pronto la cabeza, y cuando trató de avanzar, tropezó con su miembro amputado. El brazo robótico cayó tras él mientras se precipitaba en el pozo cercano.
Aulló mientras descendía a la oscuridad, y le pareció que esa caída no terminaría nunca. Durante la caída, pensó en el sable de luz de Skywalker. Vader habría jurado que era la misma arma que Obi-Wan había arrebatado a Anakin Skywalker en Mustafar. No dejó de aullar con rabia hasta que chocó brutalmente contra una pila de duras rocas.


Había pasado cerca de una hora cuando Vader recuperó el sentido en el fondo del pozo bajo las entrañas del Templo de Pomojema. Sintió el sabor de la sangre en el interior de su casco y se maldijo en silencio.
Se dio cuenta de lo que había ocurrido en el tempo. El Cristal de Kaiburr había aumentado sus poderes de la Fuerza, pero no en su beneficio. Había amplificado su odio y su rabia, causando que abandonase su deseo de capturar a Skywalker y averiguar más acerca de su identidad. Ahora podía sentir que el Cristal de Kaiburr ya no estaba en el templo, que había abandonado Mimban.
Junto con Skywalker y la princesa.
Vader recogió su brazo y su sable de luz, y consiguió salir de la caverna, donde llamó a una lanzadera imperial para que lo llevase al centro médico más cercano. Incluso mientras su brazo derecho estaba siento reemplazado, no consideró esa batalla de Mimban como una pérdida, porque ahora sabía que Skywalker era más que una oportunidad para conseguir más poder. Era la solución a su mayor obstáculo.
Es la persona que puede ayudarme a vencer al Emperador.
Vader nunca había hablado de Luke Skywalker con el Emperador, pero no descartaba la posibilidad de que su Maestro hubiera descubierto el nombre del piloto rebelde que había destruido la Estrella de la Muerte. Sólo era cuestión de tiempo antes de que el Emperador abordase el tema.
Incluso aunque Vader aún no había descubierto ninguna información significativa sobre el pasado de Skywalker, sentía que había una fuerte conexión entre ellos, y no sólo porque ambos hubieran sido entrenados por Obi-Wan. Pero Vader no quería simplemente más información. Quería a Skywalker, lo quería de inmediato, y lo quería vivo.
Era por tanto inevitable que el Señor Oscuro se encontrase con Boba Fett.

El honor de los Jedi (10)

10
Luke asiente como si fuera a obedecer las órdenes del general, y luego extrae su bláster de su funda. Aunque el general parece estar interesado sólo en el humano carismático, Luke no está dispuesto a arriesgarse. Una vez que dejase sus manos vacías a la vista, estaría a merced de la misericordia del general... y los imperiales no tienen misericordia.
Toda la familia de Luke había perecido a manos del Imperio. El Señor Oscuro Vader había matado a su padre cuando Luke era un bebé, y nunca conoció a su madre. Sus padres adoptivos, Owen y Beru Lars, murieron cuando las tropas de asalto arrasaron su granja de humedad en Tatooine. Eran gente sencilla, que no deseaban otra cosa salvo conseguir subsistir en la tierra desértica de Tatooine. Ciertamente, ni su tío ni su tía tenían ningún interés en la rebelión. Y aún así los soldados de asalto los mataron a ambos... porque Owen había tenido la desgracia de comprar un par de droides que una vez pertenecieron a un comandante de la Alianza.
No tenía la menor intención de convertirse en el último miembro de su familia en morir por un capricho Imperial. Si caía, caería resistiéndose al Imperio.
Sin alzar su bláster a donde los soldados pudieran verlo, Luke dispara. El disparo destella por debajo de la mesa, fallando al general por poco. Por un instante, un tenso silencio reina en la sala. Los parroquianos se quedan congelados, esperando la respuesta de los sorprendidos soldados de asalto. Nadie esperaba que Luke atacase; ni siquiera el general.
Luke no tenía la menor intención de permitir una respuesta imperial. Aparta su mesa de una patada y se pone en pie, disparando nuevamente. Esta vez, su relámpago azul encuentra su objetivo. Una placa pectoral se hace añicos, y un soldado cae.
La pared tras Luke estalla en una serie de golpes y chasquidos cuando los soldados de asalto finalmente devuelven el fuego. Son demasiado lentos; él ya se había echado al suelo, dando una voltereta para cubrirse bajo otra mesa. Apunta de nuevo al general. Justo cuando Luke aprieta el gatillo, un soldado de asalto se pone delante de su comandante. El hombre retrocede tambaleándose, deja caer su arma, y cae al suelo. El general se tiende boca abajo tras la forma inmóvil de su salvador y agarra el rifle bláster.
La mesa de Luke estalla en una lluvia de astillas rojas, azules y verdes. Encontrándose sin cobertura, Luke dispara unos cuantos tiros alocados para detener el fuego de sus oponentes. Su táctica le sirve de poca ayuda, porque se ha quedado sin lugares en los que ocultarse. Varias mesas están volcadas de lado, pero detrás de cada una se apelotonan agazapados los aterrorizados mineros. Si busca cobertura tras cualquier mesa, conseguirá que maten a una persona inocente.
El hombre carismático con los ojos feroces se levanta de pronto, haciendo de escudo entre Luke y los imperiales.
-¡Detengan esto! –brama-. ¡Detengan de inmediato esta carnicería!
Sorprendentemente, los soldados de asalto dejan de disparar... al menos temporalmente. Luke tampoco dispara, porque la voz del hombre tiene tal autoridad que se encuentra a sí mismo obedeciendo automáticamente.
-Mi libertad no vale el precio de esas muertes –dice el hombre a Luke-. Pero tienes mi gratitud. –Se vuelve de cara a los imperiales-. Me rindo, gobernador Parnell.
Los cuatro soldados de asalto, teniendo cuidado de evitar la línea de fuego de Luke, avanzan hacia el joven piloto rebelde. Luke tantea su bláster con los dedos. Si dispara, podría alcanzar al orador. A tan corta distancia, su sable de luz es un arma mucho más efectiva. Si trata de honrar la petición del hombre desconocido y abandona la lucha, está claro como el vacío espacial que acabará reuniéndose con los hombres del general; los imperiales no son la clase de personas que pasan por alto la muerte de unos soldados de asalto.

Ascensión y caída de Darth Vader (XX)

Interludio

Para cuando los oficiales tácticos oficiales determinaron que las lecturas técnicas robadas revelaban un punto vulnerable en su estación de combate, docenas de cazas rebeldes ya habían comenzado su asalto a la Estrella de la Muerte. Tarkin y la mayoría de sus hombres habían considerado a las naves enemigas como poco más que una molestia temporal, pero Darth Vader había sentido que su confianza disminuía de nuevo conforme la batalla avanzaba. Vader nunca había considerado a la Estrella de la Muerte como otra cosa que un juguete letal y sobredimensionado, pero debido a que la costosa superarma era necesaria para los planes del Emperador, su deber le había obligado a protegerla.
Y había fallado
Ahora, mientras el super destructor estelar Ejecutor llegaba al sistema Endor, rememoró lo que había ocurrido en Yavin cuatro años atrás.
Con el sable de luz de Obi-Wan Kenobi sujeto a su cinturón como un trofeo, había pilotado su prototipo de caza TIE con alas dobladas para defender la Estrella de la Muerte. Ninguno de los pilotos rebeldes le había supuesto un desafío hasta que se topó con un único caza ala-X en la trinchera ecuatorial de la Estrella de la Muerte. A pesar de la furia de la batalla espacial, Vader pudo sentir con facilidad que la Fuerza era poderosa en ese piloto de ala-X. Vader había estado a punto de disparar a su esquivo objetivo, cuando un disparo inesperado desde arriba dañó su propia nave y lo envió dando vueltas al espacio. Sólo tuvo un milisegundo para ver que había sido atacado por el mismo carguero que había conducido a la Estrella de la Muerte a Yavin.
Y entonces la Estrella de la Muerte estalló. La conmoción resultante envió su caza TIE dando tumbos, alejándose rápidamente de Yavin. No le costó mucho tiempo recuperar el control de su nave, pero debido a que el carguero había dañado su hipermotor y sus sistemas de comunicaciones, le costó bastante alcanzar un puesto imperial. Vader usó ese tiempo para pensar en los droides que la princesa Leia había enviado a Tatooine, y en el carguero que había transportado a Obi-Wan a la Estrella de la Muerte.
¿Cuánto tiempo había estado Obi-Wan en Tatooine?, se había preguntado Vader. ¿Y por qué?
¿Había estado en contacto con Owen y Beru Lars?
¿Sabía la princesa Leia que él estaba vivo, y que los droides le encontrarían allí?
Y el piloto rebelde que era tan poderoso en la Fuerza... ¿de dónde había salido?
El Emperador no quedó complacido al enterarse de la pérdida de la Estrella de la Muerte, pero no castigó a Vader. Después de todo, Vader no tenía nada que ver con el defectuoso diseño de la estación de combate. Mientras los técnicos de propaganda de Palpatine lanzaban una campaña para desacreditar a la Alianza Rebelde por impedir que una estación de combate imperial del tamaño de una luna llegase siquiera a existir, Vader dirigió su propia investigación para identificar al piloto rebelde que destruyó la Estrella de la Muerte, e ideó un plan para atraer a los rebeldes a los Astilleros Espaciales de Fondor.
Vader fracasó al intentar capturar al espía rebelde que picó el anzuelo en Fondor, pero a través de la Fuerza, Vader sintió que el espía era el piloto que le había esquivado en la Estrella de la Muerte, y que, además, ese individuo había sido discípulo de Obi-Wan Kenobi.
Con el tiempo, descubrió el nombre del piloto.