lunes, 15 de febrero de 2010

El honor de los Jedi (58)

58
Luke le dice a Gideon que den la vuelta hacia los ascensores dos y tres. No tiene ninguna duda de que el ascensor principal está demasiado bien vigilado como para usarlo.
El viejo minero gira el buggy de supervisión hacia las profundidades de la mina. Sigue por el túnel principal durante varios minutos, luego gira hacia un pasadizo estrecho y retorcido. Cada 20 metros, el pasadizo se bifurca o se cruza con otro. Luke pierde la orientación después del quinto giro, pero Gideon continua cruzando el laberinto durante lo que parece una eternidad.
Finalmente, se detiene. El túnel vuelve a bifurcarse, pero esta vez dos grandes puertas guardan cada camino. La puerta de la derecha está entreabierta, y la puerta de la izquierda sigue cerrada.
-¿Por qué nos hemos detenido? -pregunta Luke.
-Esto es lo más profundo que he estado -anuncia Gideon-. Nunca he estado en ninguno de estos dos pasadizos.
-¿Cuál es la diferencia? -pregunta Luke-. Simplemente elige uno.
-Eso podría ser extremadamente imprudente -dice Sidney-. Bajo tierra, el minero debe usar su inteligencia... o morir. Si queremos escapar, debemos pensar antes de actuar.
Gideon se abre el traje de vacío.
-¿Qué estás haciendo? -pregunta Luke.
-Una mina es un sistema cerrado -dice Gideon-. El ascensor principal bombea aire al interior. Los ascensores dos y tres lo bombean al exterior y lo filtran. Cuando nos acerquemos a alguno de ellos, deberíamos sentir una brisa.
Luke se abre el traje. No siente nada.
-¿Y ahora qué?
Gideon agita la cabeza.
-¿Quién sabe? El pasadizo de la izquierda probablemente ascienda a las canteras; el de la derecha desciende hacia las tolvas.
Luke se encoge de hombros, sin reconocer ninguno de los términos mineros. Si alguno tuviera algún beneficio, Gideon probablemente lo explicaría. El rebelde no tiene tiempo para ser curioso.
-¿Alguna idea, Sidney?
El pada estudia las dos puertas cuidadosamente.
-No -dice finalmente-. Pero las puertas anti incendios deberían estar cerradas.
Gideon asiente.
-Un tipo puede perder su trabajo por dejar una abierta. Ningún minero olvida cerrar esa puerta.
Ha pasado una hora desde que Luke rescató a Dena.

El honor de los Jedi (47)

47
–No creo que estén esperando problemas –dice Luke–. ¡Así que vamos a dárselos!
Gideon acelera a fondo y el buggy de supervisión sale lanzado por el pasillo. Cincuenta metros después, los soldados de asalto de dan cuenta de que no es amistoso. Una andanada de disparos bláster cruza brillando el pasillo oscuro; por un instante, Luke se imagina que ese debe ser el aspecto del interior del intestino de una serpiente de fuego altoriana. Los disparos estallan inocuamente en la roca por todo alrededor del tractor.
Luke agarra el rifle bláster de Gideon. La distancia se ha reducido a 35 metros. Dispara un único destello azul para responder a la andanada imperial. Un soldado de asalto cae.
Los imperiales disparan de nuevo. Esta vez, cuatro rayos golpean el capó del buggy, lanzando surtidores de llamas y chispas hasta el techo. Gideon grita alarmado, y entonces el tractor gira y se estrella contra un muro.
El impacto lanza a Luke hacia el enemigo. Vuela por los aires durante un periodo de tiempo que parece imposiblemente largo, y finalmente golpea el suelo. El aterrizaje le hace perder el aire de los pulmones y el rifle sale despedido de sus manos. Rueda por el suelo durante otros 15 metros, y entonces se detiene, aturdido y boqueando para recobrar el aliento.
Cuando finalmente logra enfocar la vista de nuevo, Luke está mirando a los cañones de tres rifles bláster imperiales.
–Ni se te ocurra pensar en moverte –avisa un soldado de asalto.

Luke llegará a Tol Ado... ¡fuertemente vigilado! Algún día, escapará, pero esta aventura ha terminado para él. Vuelve a la sección uno y prueba de nuevo.

El honor de los Jedi (80)

80
-No podemos arriesgarnos a perdernos -dice Luke-. Si no conseguimos llegar con Ire Eleazari, necesitaremos cuatro días para llevarla a lugar seguro.
-¡Para entonces, el Erling podría estar muerto! -advierte Sidney.
-Exacto -dice Luke.
Los motores repulsores zumban y Gideon gira hacia el ascensor principal. Pocos minutos después, se detiene. La boca del túnel se encuentra un centenar de metros más adelante. Ocho soldados de asalto se encuentran al borde del pozo del ascensor vigilando el túnel, mirando hacia ellos.
-Debemos encontrar los otros ascensores -dice Sidney.
-Podemos pasarles por encima -dice Gideon-. Podría llevarme a tres o cuatro de ellos por delante con el tractor.

El honor de los Jedi (61)

61
La Estación Médica Uno es un bien iluminado contraste con los oscuros túneles del exterior del búnker. Toda la sala tiene un higiénico color blanco. Diez camas con sofisticados equipos de monitorización se alinean en la pared de la izquierda. A lo largo de la pared derecha se encuentran armarios de dos metros llenos de suministros. En el extremo más alejado de la sala, una figura apenas humanoide con los delicados apéndices de un droide médico se encuentra ante una mesa de operaciones.
Una mujer joven está tendida en la mesa. Su llamativo cabello marrón rojizo caía de la mesa formando cascadas, casi tocando el suelo. Tenía mentones altos y prominentes y una barbilla firme y pequeña. Incluso en la brillante luz de la estación médica, sus labios eran carnosos y rojos. Varias magulladuras y abrasiones estropeaban su por otra parte perfecta piel.
Un traje de vacío y un montón de ropa descansaban en una silla cercana. Aunque Luke encuentra a la mujer casi irresistiblemente atractiva, su caballerosidad prevaleció inmediatamente sobre sus emociones más básicas. Educadamente se aclara la garganta para anunciar su presencia. El droide rápidamente cubre el torso de la mujer con una sábana. Manteniendo sus manos a plena vista, Luke avanza. Sidney permanece cerca de la puerta.
-¿Cómo se encuentra? -pregunta Luke.
Dena abre los ojos. Son del verde de las esmeraldas y profundos como un mar sivoriano.
-Dame tu bláster -ordena débilmente.
-Espera un momento -dice Luke, con su pecho agitado pro la admiración tanto de su valor como de su belleza-. No soy imperial. Mi nombre es Luke Skywalker. He venido a ayudarte.
El droide sostiene la pistola bláster de Dena sobre el cuerpo de la mujer. Ella no hace nada por tomarlo.
-¿Skywalker? -pregunta-. ¿El hijo de Anakin?
Luke se detiene en el acto. Su corazón late salvajemente y su cabeza casi da vueltas por la sorpresa.
-Sí -responde.
Dena se esfuerza por enfocar su mirada en la cara de Luke. Una pátina vidriosa cubre sus ojos y sus pupilas dilatadas tienen el tamaño de la circunferencia del meñique de Luke.
-Su hijo es tan apuesto como lo era él.
Luke siente que la sangre corre a sus mejillas.
-Tu hermano ha sido arrestado -dice de sopetón-. No esperábamos encontrarnos con... esto -termina la frase sin convicción-. ¿Cómo has podido...?
Dena frunce el ceño y aprieta con fuerza las mandíbulas.
-¡Sebastian no puede tener a Erling! -jadea.
Luke asiente.
-Lo siento; yo vi al gobernador arrestarle.
-¡Entonces tienes que salvarle! -dice Dena. Agarra el brazo de Luke y la sábana cae deslizándose de su torso. Dena parece no darse cuenta-. ¡Júralo, por el nombre de tu padre!
El droide la obliga amablemente a volver a tumbarse.
-Por favor, señorita Tredway. Tiene el bazo reventado y una conmoción cerebral. Debe permanecer quieta.
-Llévale con Ire Eleazari. Su asteroide no está catalogado... -su respiración es ahora un jadeo apagado-. Erling sabrá sus coordenadas.
-¿Qué hay de ti? -pregunta Luke-. ¿Cuidará él de ti?
-Erling es el importante.
-No puedo ir a buscar a Erling hasta que tú no estés a salvo.
Dena cierra los ojos y no dice nada durante treinta segundos. Luke le agarra de la muñeca y la agita suavemente. Ella no responde.
-Vamos a llevárnosla -dice al droide.
-Por supuesto... a la enfermería.
-La enfermería ya no existe -dice-. La llevaremos a una base rebelde.
-Oh, cielos -dice el droide-. Ella no debería viajar tan lejos... esté lo lejos que esté.
-Está a 96 horas, y no tenemos otra elección.
-Llévame con Eleazari -jadea Dena-. Coordenadas 506.34-604.342-47.65, dentro de cuatro horas. ¡Luego ve a por Erling!
Sus ojos siguen cerrados.
-¿Cómo sabes las coordenadas? -pregunta Luke.
Ella no responde.
El droide ejecuta una serie de test de diagnóstico.
-Está en coma, señor -dice finalmente.
-¡No! -exclama Luke-. ¡Tráela de vuelta!
El droide no responde. En lugar de eso, administra una rápida serie de inyecciones y luego la introduce en su traje de vacío. Al hacerlo, un chip de mensajes repiquetea en el suelo. Luke se guarda el chip, luego ayuda al droide a sellar el traje. La transfieren a una camilla y la sujetan con una correa corporal. Finalmente, el droide coloca un estimulador aural artificial sobre sus oídos.
-La he estabilizado al límite de mis habilidades -informa-. Ahora necesita descansar... preferiblemente en un hospital completamente equipado.
-Ire Eleazari tendrá que bastar -dice Luke-. Borra tus bancos de datos... por completo.
-Lo siento, señor -responde el droide-. Dado que eso destruiría mi programación principal, no puedo obedecer sin autorización.
Luke extrae su pistola bláster.
-Sebastian Parnell analizará tu memoria byte a byte para encontrar a Dena Tredway. ¿Harás lo que te pido, o tendré que hacerlo yo por ti?
El droide estudia la pistola.
-Eso no será necesario.
Sus ojos se apagan. Un momento después, se derrumba en el suelo.
Luke y Sidney agarran cada uno de un extremo de la camilla y la sacan al pasadizo. Gideon está sentado en el asiento del conductor del buggy de supervisión.
-¿Cómo se encuentra? -pregunta, al ver la camilla.
-No muy bien -responde Luke-. Necesitamos llevarla con alguien llamado Ire Eleazari.
-Nunca he escuchado hablar de él. ¿Dónde lo encontramos?
-Luke duda.
-Es un asteroide sin catalogar. Ella me ha dado un juego de coordenadas dentro de cuatro horas desde ahora, pero no sé cómo nadie podría memorizar las coordenadas orbitales de un asteroide.
-Si ella dice que estará allí -dice Gideon-, entonces estará allí. No existe nadie que conozca el Cinturón como los Tredways.
Luke y Sidney sujetan la litera en el banco trasero del buggy usando un juego de ganchos magnéticos, y luego suben ellos. Gideon se gira en su asiento para mirar a Luke.
-¿Deberíamos intentar salir por el ascensor principal?
-¿Qué otras opciones tenemos? -pregunta Luke. No le entusiasma la idea de volver a la zona del ascensor, porque está seguro de que los imperiales han emplazado allí al menos a una patrulla ligera.
-Podríamos probar los ascensores número dos o tres -dice Sidney-. Los montacargas de cable podrían no estar operativos por el daño de superficie, pero los elevadores repulsores de personal deberían seguir funcionando.
-He trabajado en esta mina de un extremo a otro durante 20 años -responde Gideon-. Pero nunca he estado en ninguno de los dos. No sé cuánto tardaremos en encontrarlos.
Luke considera el problema.
Sólo tienen cuatro horas para salir de la mina, recuperar sus nave, y alcanzar las coordenadas que Dena les dio. Si se pierden buscando los otros ascensores, podrían quedarse ahí abajo durante días. Por otra parte, la mina parece estar bastante poblada de droides. Cualquier droide debería ser capaz de dirigirles a cualquiera de los ascensores.