domingo, 7 de marzo de 2010

Ylesia (I)

Ylesia
de Walter Jon Williams

Nom Anor suprimió un escalofrío a la vista del Avergonzado Onimi que miraba de soslayo hacia la puerta. Algo en él se encogió al aparecer la criatura, con su cabeza deformada y su sonrisa inteligente.
La sonrisa de Onimi se ensanchó.
Nom Anor, con una punzada de disgusto, pasó a un lado del Avergonzado y entró. Las redondeadas paredes resinosas de la cámara brillaron con una luminescencia débil, y el olor metálico de sangre taladraba el aire. En la tenue luz Nom Anor pudo distinguir la silueta magníficamente mutilada y llena de cicatrices del Sumo Señor Shimrra, reclinano en una tarima palpitantes pólipos de hau rojos. Onimi, el familiar del Sumo, se hundió en las sombras a los pies de Shimrra. Nom Anor se postró, demasiado consciente del escrutinio de los ojos irisados de Shimrra.
La profunda voz del Sumo Señor retumbó en la oscuridad.
—¿Tienes noticias de los infieles?
—Las tengo, Sumo.
—Álzate, Ejecutor, e ilumíname.
Nom Anor reprimió un escalofrío de miedo mientras se ponía en pie. Ésta era la cámara de audiencias privada de Shimrra, no el gran vestíbulo de recepciones, y Nom Anor estaba completamente solo aquí. Él habría preferido poder esconderse tras su superior Yoog Skell y una delegación entera de administrador.
Nunca pienses en mentir al Sumo, le había advertido Yoog Skell.
Nom Anor no lo haría. Probablemente no podría. Afortunadamente estaba bien preparado con las últimas noticias de los esfuerzos de los infieles contra los yuuzhan vong.
—El enemigo continúa su serie de correrías contra nuestro territorio. No se atreven a confrontar nuestro poderío directamente, y se limitan a atacar destacamentos aislados o hacer incursiones en nuestras líneas de comunicación. Si una flota sustancial se enfrenta a ellos, huyen sin luchar.
La cabeza del Sumo Señor, la suma de sus rasgos apenas distinguible como una cara con todos sus tatuajes, cicatrices y cortes, se inclinó hacia adelante en la tenue luz.
—¿Han podido tus agentes informarte de cuáles de nuestras conquistas tienen como objetivos?
Nom Anor sintió que una mano fría recorría su columna vertebral. Él había visto lo que le había pasado a algunos de aquellos que defraudaron al Sumo Señor Shimrra, y sabía que su respuesta le defreudaría.
—Desgraciadamente, Sumo, aparece que la nueva administración está dándoles mucha libertad a los comandantes locales. Ellos están escogiendo sus propios blancos. Nuestros agentes en Mon Calamari no tienen ninguna manera de saber qué objetivos puede seleccionar cada comandante en concreto.
Hubo un momento de silencio.
—¿El nuevo jefe de estado, este infiel Cal Omas, permite a sus subordinados tal libertad?
Nom Anor asintió.
—Eso parece, Sumo.
—Entonces no tiene ningún verdadero concepto de dirección. Su mandato no nos preocupará por mucho tiempo.
Nom Anor, que pensaba de otro modo, escogió no disputar este análisis.
—El Sumo es sabio —dijo en cambio.
—Debes reduplicar tus esfuerzos para infiltrarte en el ejército y proporcionarnos sus objetivos.
—Obedeceré, Sumo.
—¿Qué noticias hay de la Brigada de la Paz?
—Las noticias son mixtas. —El gobierno colaboracionista de la Brigada de La Paz se había establecido en Ylesia, y había crecido hasta llegar a ser suficientemente grande y diverso como para haberse dividido en facciones enfrentadas, todas las cuales competían ferozmente para complacer a los yuuzhan vong. Ninguna de estas actitudes rastreras realmente ayudaba a la creación del ejército y la flota de la Brigada de la Paz, los cuales, cuando estuvieran completamente establecidos y entrenados, actuarían como apoyo para los yuuzhan vong.
—Quizás debería admitirse que unos infieles tan dispuestos a unirse a una organización llamada la “Brigada de la Paz” pueden no estar temperamentalmente inclinados hacia la guerra —dijo Nom Anor.
—Necesitan un líder que les exija obediencia —concluyó Shimrra.
—Ese papel estaba asignado a la infiel Viqi Shesh, Sumo —dijo Nom Anor.
—Otro líder se asignará —dijo Shimrra. Sus ojos brillaron débilmente pasando del azul al verde y luego al amarillo—. Debemos escoger a alguien que no tenga nada que ver con estas facciones. Alguien del exterior, que pueda imponer la disciplina.
Nom Anor estaba de acuerdo, pero cuando rebuscó en su mente para encontrar candidatos, no se le ocurrió ningún nombre.
—Estamos teniendo mejor suerte con los mercenarios infieles —dijo—. No han jurado una verdadera sumisión y no poseen lealtad, pero están convencidos de que se han unido al lado vencedor, y están satisfechos en obedecer mientras se les pague.
—Criaturas desdeñables. No es extraño que una galaxia que creó seres como éstos haya sido entregada a nosotros por los dioses.
—Desde luego, Sumo.
Shimrra desplazó su peso en la tarima, y uno de los pólipos bajo él estalló por la presión, rociando la pared con sus entrañas. Un humo acre llenó el cuarto. Los otros pólipos se volvieron en seguida sobre la criatura herida y empezaron a dividirse y devorarlo.
Shimrra ignoró los sonidos chasqueantes y los sorbidos.
—Háblame de nuestro visitante de Corellia.
Nom Anor hizo una ligera reverencia.
—Se llama Thrackan Sal-Solo.
—¿Solo? ¿Es pariente de los gemelos Jeedai?
—Las dos ramas de la familia están separadas, Sumo.
De la tarima llegó un murmullo pensativo.
—Lástima. Si no fuera así, podríamos mantenerlo como rehén y exigir a los gemelos a cambio.
—Realmente es una lástima, Señor.
Shimrra ondeó una mano grande.
—Continúa, Ejecutor.
—Sal-Solo es el líder de una gran facción política en Corellia, y ha sido elegido gobernador general del sector corelliano. Él dice que, con nuestro apoyo, puede asegurar que el sistema corelliano, cinco planetas, se separe del gobierno infiel. Una vez hecho esto, puede asegurar su neutralidad, incluso la neutralidad del arma Centralia que devastó nuestra fuerza en Fondor. Entonces, como diktat, firmaría un tratado de amistad con nosotros.
Shimrra se agitó pensativamente en el lecho pulsante. El pólipo desmembrado se estremeció y tembló cuando sus hermanos lo devoraron.
—¿Este infiel es digno de confianza, Ejecutor?
—Por supuesto que no, Sumo. —Nom Anor hizo un gesto de depredador—. Pero puede ser útil. Él nos dio la situación de la academia Jedi, y esa información era correcta, y consujo a nuestra colonización del sistema de Yavin. Corellia es un importante centro industrial donde se construyen muchas armas y naves del enemigo, y su neutralidad es deseable.
—¿Cuál es nuestra información sobre el arma Centralia?
—Sal-Solo no vino solo. Trajo con él una compañera, una de las personas que lo apoyan, una hembra humana llamada Darjeelai Swan. Mientras yo me entrevistaba con Sal-Solo, tomamos a su compañera y la interrogamos. Según esta persona, el arma Centralia no está operacional, aunque se están haciendo esfuerzos por parte del ejército de la Nueva República para obligar a rehabilitarla.
—De modo que este Sal-Solo ofrece un intercambio con algo que no tiene.
—Cierto. Y, también según Darjeelai Swan, fue el propio Sal-Solo quien disparó el arma Centralia contra nuestra flota en Fondor.
Las manos de Shimrra —gigantescas cosas negras llenas de espinas, cada una de ellas implantada de un carnívoro diferente— se convirtieron en puños macizos.
—¿Y esta criatura tiene el descaro de negociar conmigo?
—Así es, Sumo.
Onimi comenzó a canturrear:

Que el Señor ordene traerlo a su presencia
Y en concordia le daremos franca bienvenida.
Deseo que sea norma por todos conocida
Que no soy el único necio en esta audiencia.

La inmensa silueta de Shimrra se agitó en lo que podría haber sido una risa.
—Sí —dijo—. Desde luego. Conozcamos al amo de Corellia.
Nom Anor hizo una leve reverencia como respuesta, y luego dudó.
—¿Debo traer también a sus guardias?
El desprecio sonó en la respuesta de Shimrra.
—Yo soy capaz de defenderme contra cualquier cosa que pueda intentar este infiel.
—Como desee, Sumo.

jueves, 4 de marzo de 2010

El honor de los Jedi (95)

95
-En marcha –dice Luke, volviendo a ocupar su asiento.
Gideon acelera y el buggy de supervisión pasa de largo la videopantalla parpadeante. En cuestión de segundos, se mueven a toda velocidad por el pasadizo. El rugido aumenta en volumen, y la brisa cobra más fuerza a cada metro que avanzan.
De pronto, Luke se da cuenta de que Gideon está conduciendo imprudentemente rápido; el suelo se desliza por el rayo de luz de su linterna a tal velocidad que apenas es un borrón.
-¿A qué viene tanta prisa¿ -pregunta Luke.
-No hay ninguna prisa –responde Gideon.
-¿Entonces por qué estás acelerando tanto?
-¿Quién acelera? –pregunta Gideon-. Estoy en marcha atrás. Están tirando de nosotros.
-¿Qué? –grita Luke.
Gideon no tiene ocasión de responder. El pasadizo se abre súbitamente en una caja cuadrada de duradero.
-¡Saltad! –exclama Gideon, arrojándose desde el asiento del conductor.
Cae directamente hacia arriba, agitando enloquecidamente los brazos al intentar agarrarse a algo para sujetarse. Luke siente que el tractor se desploma bajo él. Mira hacia abajo justo a tiempo para ver cómo se estrella contra un muro de acero. Sale rebotado del muro, luego comienza a desplomarse lentamente al fondo de la caja. La camilla de Dena permanece sujeta al banco de la parte trasera.
Luke siente que el corazón se le cae a la boca del estómago. Si no está muerta ya, los tumbos que estaba dando el tractor están golpeando a Dena hasta la muerte ante sus ojos. Él no puede ayudarla porque se encuentra cayendo HACIA ARRIBA en un pozo.
Aunque se da cuenta de que su vida está en peligro, el miedo no molesta a Luke. En cambio, está furioso… furioso con Sebastian Parnell por atacar el complejo de los Tredway, furioso con las tropas de asalto por perseguir a Dena bajo tierra, y, sobre todo, furioso consigo mismo por permitir que muriera.
Pequeñas piezas del tractor comienzan a subir. Para Luke, su situación es dolorosamente clara. Definitivamente han encontrado uno de los pozos de ventilación. Sus poderosos ventiladores están superando la débil gravedad del asteroide y haciendo ascender a Luke y sus amigos por el pozo.
Luke ya no ve el fondo. La luz de Gideon continúa dando tumbos a pocos metros sobre su cabeza, y ocasionalmente puede ver fugazmente a Sidney dando vueltas bajo él. Aparte de eso, el pozo está completamente a oscuras.
Aunque su comunicador todavía funciona, Luke desearía poder desactivarlo. Tanto Sidney como Gideon estaban gritando a pleno pulmón, pero él no puede distinguir ninguna palabra. El rugido del ventilador casi supera en potencia sus gritos. Luke espera que pronto lo haga… no puede pensar con claridad con esos gritos desesperados pidiendo auxilio.
La situación podría parecer cómica su Luke no supiera lo que les esperaba en lo alto del pozo. Las hojas del ventilador tienen con seguridad más de dos metros de largo, y deben girar a varios miles de revoluciones por minuto. Cuando pasen por el plano de las hojas… bueno, nadie tendrá que preocuparse por recuperar los restos.
Luke y Sidney tienen una pequeña oportunidad de sobrevivir, pero Gideon está más allá de cualquier ayuda. Luke desengancha su sable de luz y lo activa, sujetando la hoja de energía directamente sobre su cabeza… en la dirección que espera que sea arriba.
Para su sorpresa, sólo tiene segundos para observar su plan. Súbitamente la estática reemplaza los gritos de Gideon. Siente que algo impacta en la hoja de energía de su sable. Llueven chispas sobre su cabeza y varios choques ensordecedores resuenan en los muros invisibles.
Luke cambia de dirección; ahora vuela perpendicularmente al suelo. Su plan ha funcionado... ¡ha cortado las hojas del ventilador! Un instante después, sale disparado a un túnel bien iluminado. Una inmensa reja de duradero bloquea el camino más adelante. Está en el sistema de filtrado.
Luke choca contra la pesada red de duradero con un estremecedor golpe. La succión del pozo uno lo estampa contra la reja, y siente que está a punto de perder el conocimiento. Tanto el cuerpo como la cabeza le duelen terriblemente, y está demasiado débil para abrirse paso fuera de la reja. Conforme su visión se desvanece, se pregunta cuánto tardaran los ventiladores en quedarse sin combustible. ¿Horas? ¿Años? Hasta entonces, teme que está ahí atascado como un ala-aguijón aplastado en un parabrisas.

La situación no es tan mala como Luke teme. Al tiempo, recobrará el conocimiento y saldrá arrastrándose de la reja, pero no estará en condiciones de continuar esta aventura. Vuelve a la sección uno y prueba de nuevo.

jueves, 25 de febrero de 2010

Trilogía de la Academia Jedi I: La búsqueda del Jedi - Epílogo

Trilogía de la Academia Jedi I: La búsqueda del Jedi
Epílogo

de Kevin J. Anderson

Luke Skywalker, Maestro Jedi, se encontraba de pie en lo alto del Gran Templo de la cuarta luna de Yavin.
Bajo sus pies se encontraba la vacía sala del trono y la gran cámara de audiencias con claraboyas abiertas al solo. Vestido con una nueva túnica Jedi, con su espada de luz colgando a un lado, Luke sintió que la tibieza lo bañaba. Persistentes aromas especiados subían como vapor de la lujuriosa selva que se encontraba a sus pies.
Las antiguas ruinas dejadas por la desaparecida raza massassi constaban de varios gigantescos edificios geométricos dispersos, ahora cubiertos por la voraz jungla. Luke se encontraba en lo alto del ziggurat que había sido una inmensa estación de seguimiento cuando la base rebelde estuvo ubicada en Yavin 4.
En el cielo, como una amenazante esfera gigante de color naranja pálido, el planeta Yavin llenaba casi todo su campo de visión. El hichado gigante gaseoso había sido un escudo para la base rebelde cuando la primera Estrella de la Muerte avanzaba en su órbita hasta la posición de disparo con su superláser destructor de planetas. La base de Yavin había sido abandonada por los rebeldes años atrás. Pero muchas de las rotas estructuras de piedra aún eran utilizables.
Con el poderío desencadenado de la flota de las Fauces, y los previsibles ataques de la almirante Daala, la Nueva República necesitaba desesperadamente una fuerza poderosa que fuera más allá del mero poderío militar, un grupo de guardianes que mantuviera el orden en la galaxia.
Luke pretendía reunir a todos los que pudiera, inmediatamente... no solo a Gantoris y Streen, sino también a Kyp Durron, Mara Jade, varias de las brujas de Dathomir, Kam Solusar, y otros a los que había encontrado desde la Batalla de Endor. Y la búsqueda de más personas con potencial Jedi tendría que intensificarse. Necesitaba candidatos, tantos como fuera posible.
Los niveles superiores de algunas de las estructuras massassi de techo plano estaban lo bastante claros para que Luke pudiera aterrizar su nave. En el amplio patio que una vez se usó como plataforma de lanzamiento para la Alianza, el viejo caza ala-X de Luke se refrescaba entre las crecientes nieblas de las junglas de Yavin.
Cuando Mon Mothma y Leia ofrecieron a Luke la base rebelde abandonada, aprovechó de inmediato la oportunidad.
Para comenzar el entrenamiento real, Luke trató de recrear todos los ejercicios que Yoda le había enseñado en Dagobah, al igual que las sesiones de prácticas que comenzó Obi-Wan Kenobi. Luke también tenía el antiguo Holocrón Jedi, la base de datos histórica visual que Leia había tomado de la fortaleza del Emperador resucitado. Había estudiado la información del almacén oculto de conocimiento Jedi en Dathomir. Tenía muchas herramientas, y sus estudiantes llevaban dentro de sí mismos las puertas a un gran poder.
Pero Luke se preocupó una vez más. Si uno de sus aprendices —¡o más de uno!— cayera al lado oscuro, ¿tendría el poder para traerle de vuelta? ¿Y quién era ese “hombre oscuro” que acechaba en los sueños de Gantoris con profecías de destrucción?
Cuando Luke recorrió con la mirada el amplio panorama de densa naturaleza salvaje, vio amplias cicatrices quemadas donde los incendios habían asolado la selva. Pero el ritmo ecológico de la luna se había cobreado su venganza, curándose a sí misma. Densas agrupaciones de fragantes arbustos de hojazul, árboles massassi y helechos trepadores cubrían la tierra en una maraña impenetrable que se extendía hasta donde alcanzaba la vista, rota sólo por las dispersas ruinas de los templos que asomaban entre la vegetación.
Las construcciones alienígenas dejadas por los massassi parecían repletas de secretos y conocimiento en sí mismas. Luke parpadeó y sintió el poder del lugar que le rodeaba, la maravilla, el misterio que lo rodeaba todo. No podía esperar a llevar allí a sus estudiantes.
Era el lugar perfecto para entrenar a una nueva orden de Caballeros Jedi.

Trilogía de la Academia Jedi I: La búsqueda del Jedi - Capítulo 28, cont. (y IV)

Luke miró profundamente a los ojos de Kyp Durron, buscando en su interior los fundamentos de un Jedi. El joven se estremeció pero mantuvo firme la mirada de Luke.
—¿Estás nervioso, Kyp? —preguntó Luke.
—Un poco. ¿Debería?
Luke sonrió al recordar como fanfarreó ante Yoda diciendo que no tenía miedo de comenzar su entrenamiento Jedi. «Lo tendrás», había dicho Yoda, «¡lo tendrás!».
Han los interrumpió, colocando su mano sobre el hombro de Kyp.
—Deberías haber estado allí para verle deslizarse por los oscuros túneles de especia. ¡Y nos guió por las Fauces con los ojos cerrados! Este chico tiene mucho potencial, Luke.
Luke asintió.
—Estaba a punto de hacer yo mismo ese truco de las Fauces. Se lo difícil que tiene que haber sido.
—¿Significa eso que me llevarás a tu academia Jedi? —preguntó Kyp—. Quiero saber cómo usar este poder que tengo. Cuando estaba solo en mi celda del Destructor Estelar, juré no volver a estar indefenso jamás.
Luke extrajo la célula de potencia y las palas cristalinas del antiguo escáner imperial que antes se usaba para detectar descendientes de Jedi.
—Probemos primero con el escáner.
Desenrollando los cables, Luke acopló las palas cristalinas a cada lado de Kyp.
—Esto no va a dolerte ni nada parecido. Sólo muestra el potencial de tus sentidos.
Activó el escáner en la unidad de control, y una fina línea de luz cobriza recorrió de arriba a abajo el cuerpo de Kyp mientras una imagen más pequeña de la silueta de trazos cobrizos aparecía desde abajo frente a él, mostrando su análisis de Kyp Durron.
La reproducción de Kyp flotó en el aire, bañada por la pálida aureola azulada que Luke había encontrado en los demás que mostraban auténtico potencial Jedi. Pero la aureola crecía y decrecía, parpadeando, volviéndose más oscura, luego más brillante, apareciendo manchas de rojo y luego mezclándose los dos colores.
—¿Qué significa esto? —dijo Kyp.
—El chico está bien, ¿verdad? —Han parecía ansioso de que se aceptase a su protegido.
Luke observó confuso la lectura anómala, preocupado porque no sabía cómo interpretarla. Los parpadeos podían ser resultado de un equipo de escaneo defectuoso, dado que el instrumento no había sido cuidado correctamente y ya no podía calibrarse... o podía ser debido a que la tensión y la presión a la que Kyp había sido sometido durante tantos años no le habían permitido alcanzar aún todo su potencial.
—Veo mucho poder aquí. Mucho —dijo Luke, y Kyp suspiró aliviado—. Déjame hacer otra prueba.
Luke extendió sus manos para tocar el rizado cabello negro de Kyp.
—Deja que haga lo que tenga que hacer —susurró Han al joven—. Confía en él.
Luke cerró los ojos y envió un zarcillo de pensamiento al fondo de la mente de Kyp donde se ocultaban sus profundos recuerdos primarios, dejando poco espacio al pensamiento consciente. Luke penetró en el núcleo aislado de su subconsciente. Empujó con el pensamiento... y de pronto se encontró volando hacia atrás, empujado como una hoja de papel en una tormenta de viento de Bespin. Aterrizó sobre su espalda al otro lado de la sala, jadeando.
Han y Kyp corrieron hacia él mientras trataba de incorporarse sobre los hombros. Luke agitó la cabeza para alejar la sensación de mareo.
—¡Lo siento! —dijo Kyp—. ¡No sé lo que he hecho! No quería hacerlo. ¡Lo juro!
—¿Qué ha pasado? —dijo Han—. ¿Qué significa eso para Kyp?
Luke parpadeó.
—No os preocupéis por mí. Lo he causado yo mismo. —Agitó la cabeza—. Kyp, ¡tienes un poder asombroso!
Luke se levantó y dio un fuerte apretón de manos al joven.
—Desde luego, eres bienvenido a entrenar en mi academia. ¡Tan sólo espero que, cuando puedas usar completamente tus habilidades, seas capaz de controlarlas!