viernes, 3 de abril de 2009

Emisiones Sombra de la CSI (IV)

Edición emitida en 14:7:01

Nueva escalada en la carrera armamentística kuati- neimoidiana

Koto-Si, Neimoidia - Los escáneres de largo alcance confirmaron que la República ha incrementado su despliegue de fuerzas de defensa a lo largo de las fronteras exteriores del espacio kuati, incrementando el número de naves estelares de combate que defienden la posición entre Kuat y Neimoidia.
Menos de seis parsecs separan Neimoidia y Kuat. Los pronosticadores predicen que un paso decisivo para acabar la guerra produciría una acalorada batalla entre los dos sistemas productores de naves. «Cuando haya una campaña para capturar Coruscant -y la habrá- se necesitará silenciar Kuat primero», dijo un oficial de la Federación de Comercio que pidió no ser identificado. «Hasta entonces, es un juego del dejarik, con cada jugador amontonando piezas poderosas en su lado del tablero.»
La República ha desplegado veinticuatro naves de guerra clase Acclamator a lo largo de las fronteras exteriores del sistema de Kuat, en respuesta al posicionamiento de la Confederación de una docena de acorazados de la Federación de Comercio alrededor de Balmorra.
Balmorra queda entre Kuat y Neimoidia. Cuando Balmorra se separó de la República, Kuat abandonó sus recursos en el mundo fábrica, permitiendo la Unión Tecno reclamar sus plantas de producción. Aunque eso fue una bendición para la inteligencia de la Confederación, los importantes recursos obtenidos tienen escaso valor táctico en una guerra entre los dos sistemas.
«Kuat dejó atrás principalmente caminantes para superficie y vehículos pesados, que serían de poca utilidad en lo que será definitivamente una batalla en el espacio. Al contrario que otros mundos, mantener la superficie de Kuat carece de sentido. Es mantener los astilleros lo que importa», dijo el analista militar Dasken Hobiv.
Se han erigido pantallas orbitales alrededor de la mayoría de los astilleros de Kuat defendidos para impedir la captación de largo alcance de datos de inteligencia. Se han erigido similares impedimentos interferidores de sensores alrededor de los astilleros espaciales neimoidianos, mientras la distancia con los frentes de combate de la República ha ayudado a aislar las instalaciones productoras de naves de la Confederación en Foerest y Sluis Van.
Kuat ha intentado infiltrarse en Neimoidia con droides trabajadores modificados equipados con spyware disimulado. «Nuestro uso de trabajadores automatizados y de zánganos insectoides sub-inteligentes ha impedido a los ladrones kuati robar cualquiera de nuestros secretos», dijo el capataz de la Unión de Tecno Wat Tambor sobre la captura altamente publicitada de quince droides espía la semana pasada.
Una extensión desocupada entre ambos sistemas se ha sembrado extensivamente con explosivos y minas láser automatizadas. Esto ha cerrado un segmento de la Vía Hydiana, forzando a la mayoría de tráfico núcleo-límite a usar el Corredor Coreliano en su lugar.


La República detiene la investigación sobre clonación no militar

Nodo de Coruscant - El Senado de la República aprobó ayer el Decreto E49D139.41, que prohíbe toda actividad del clonación no militar a lo largo de los mundos miembros. Enfocada en un esfuerzo para mantener la superioridad militar y prevenir que los recursos de clonación caigan en manos de la Confederación, esa ley estrecha de miras impacta en la economía y sociedad de varios planetas de la República. Un mundo golpeado particularmente fuerte es Khomm, un planeta del Núcleo Profundo cuya población confía en la ciencia de clonación para procrear. Los diversos informes de inteligencia Separatistas indican que los centros de clonación terapéuticos en Lur, Columus, y Arkania han cesado su operación. Esto sirve como otro ejemplo más de la burocracia de la República que pisotea las libertades de su ciudadanía.

Noticias de la HoloRed de la República (XVII)


Edición del Núcleo | 14:7:02
Guerra en Jabiim “inevitable”

Jelwick, Handooine - A pesar de las negociaciones de última hora encabezadas por los Cuerpos Diplomáticos alderaanianos, los oficiales de la República han descrito una guerra en Jabiim como «inevitable». Un planeta escasamente habitado en el vecino sistema de Handooine se ha convertido para la República en un área en la que habrá un enfrentamiento militar que probablemente empiece dentro de un mes estándar.
«Hemos intentado una solución diplomática, pero los nativos de Jabiim no parecen abiertos a las alternativas pacíficas», dijo esta mañana el portavoz Mas Amedda durante una sesión abreviada del Senado. Citando problemas de seguridad, Amedda se negó a añadir comentarios a lo que él describió como una «situación todavía fluida». El Canciller Supremo Palpatine no estaba disponible para hacer comentarios.
Jabiim se ha convertido en una zona caliente política y militar desde que la mayoría del gobierno escogió alinearse con los Separatistas. El portavoz jabiimita Alto Stratus ha desoído las súplicas del gobierno de la República, a pesar de un vocal lealista presente en el Congreso de Jabiim.
«No se puede confiar en la República», dijo Stratus, repitiendo su habitual retórica en las Cámaras del Comité. «Hablan mucho sobre resoluciones pacíficas, pero sólo una vez que su ejército se agrupa a un breve salto en el hiperespacio de distancia. Podemos sentir el peso de esos soldados y sus armas detrás de cada una de las irritantes promesas con las que la República escoge insultarnos.»
Los informes de inteligencia de república revelan que los Separatistas han estado proporcionando al gobierno de Jabiim provisiones, armas, y créditos para destruir a los vocales lealistas. Las iniciativas de la República se han enfocado en la extradición de los lealistas y los recursos minerales que muchos de ellos poseen.
«No podemos dejar estos recursos caer en manos del enemigo», dijo el senador Orn Free Taa (Ryloth). «Stratus, ese hologénico pico de oro, nos ha hecho creer que separarse es la voluntad de su pueblo, pero está siendo manejado por los Separatistas para conseguir más mineral con el que construir sus fuerzas. Jabiim ha hecho su elección, pero es una mala elección, y no nos detendremos ante nada para corregirla.»
La campaña de Jabiim no será fácil, ya que el mundo es perpetuamente inundado por tormentas que complicarán cualquier iniciativa basada en la superficie. El mundo experimenta menos de cinco días por año estándar sin precipitaciones, y las superficies embarradas son inestables y constantemente cambiantes. La visibilidad para las unidades de la infantería se vería reducida, y el apoyo aéreo es casi imposible debido a perturbaciones atmosféricas cargadas eléctricamente.
«Una guerra en Jabiim sería una guerra sucia en la que nuestras fuerzas tendrían que luchar con los elementos además de con los ejércitos droide de la Confederación», explicó a los reporteros el senador Bail Organa (Alderaan). «Habrá bajas de la República, me temo, y espero fervientemente que semejante costosa campaña pueda evitarse.»
En Handooine, las fuerzas de lucha agrupadas esperan pacientemente la orden de ataque. Con la llegada del Dominación y sus tropas, un cuerpo entero espera su despliegue en Jabiim. Dado el clima inhóspito, mucho del apoyo vehicular de la iniciativa de Jabiim consiste en vehículos caminantes. Cientos de caminantes AT-XT, AT-TE, y AT-AT están siendo cuidadosamente preparados y dispuestos para su despliegue en cuanto se dé la orden.
El Consejo Jedi no ha anunciado qué generales se asignarán a la campaña.

Otros titulares
  • Los Hijos de la Libertad liberan Berchest
  • Las instalaciones de Carida declaradas aptas para entrenamiento clon
  • El planeta Ronyards se declara en contra de la guerra

Relatos de los Jedi: Caballeros de la Antigua República (IV)

Interior de la Base de los Jinetes Salvajes
Una sala grande, llena a rebosar. Se oye un golpear de varas, y un cántico: "Daw nee sha... daw nee sha..."
Sacerdote: Nos reunimos bajo las cuatro lunas de Onderon para realizar la ceremonia de unión. ¿Quién de entre vosotros se servirá de testigo en este gran evento?
Jinete 2: ¡¡¡Nosotros!!! ¡¡Los guerreros de Oron Kira!!
Jinetes: ¡¡¡Sí, sí!!!
Sacerdote: Entonces seréis testigos de los votos eternos de estas dos personas. Galia, Princesa de Onderon...


Exterior de la Base de los Jinetes Salvajes
La celebración puede oírse, a duras penas, desde fuera.
Sacerdote: (Sólo se oye como un ligero murmullo) ...y Oron de la Casa de Kira...
Ulic gruñe al encaramarse a la puerta.
Tott: ¡Ulic, échame una mano!
Sacerdote: ...bebed de la copa de...
Ulic: Vamos, Tott. Aaaa... (umm) ...rriba. Ya está.
Tott: Por la diosa Twi'lek. Ulic, debe haber 400 Jinetes Salvajes allí abajo.
Ulic: Y está Princesa Galia. Parece que están forzándole a que se case con ese salvaje saco de músculos de pelo largo.
Tott: ¿Cómo vamos a detener la ceremonia?
Ulic: Fácil.
Ulic enciende su sable de luz. Tott hace lo mismo.
Ulic: Se lo pediremos educadamente.


Interior de la Base de los Jinetes Salvajes
Sacerdote: Princesa Galia, en el nombre de las cuatro lunas de Onderon, toma la mano de Oron Kira...
Ulic: ¡¡¡Alto!!!
El cántico y los golpeteos se detienen.
Oron: (A quien conocíamos anteriormente como Jinete 1) ¿¡Quién se atreve a interrumpir la ceremonia de unión!?
Ulic: ¡Yo! ¡Ulic Qel-Droma de los Jedi!
Oron: ¿Un Caballero Jedi? ¿¡¿Aquí?!? ¡¡Guardias, atrapadle!!
Disparos bláster. Ulic los bloquea con su sable. Los guardias gritan cuando las descargas se vuelven contra ellos.
Ulic: ¡¡He jurado rescatar a la Princesa Galia y... umm... nada... uhh... se interpondrá... uuf... en mi camino!!
Oron: Impresionante. ¡¡Pero veamos cómo tus poderes Jedi te ayudan contra mí, Oron Kira!!
Tott: ¡Él no está solo, Jinete Salvaje! ¡Tott Doneeta está junto a él!
Galia: ¡¡¡Quietos!!!
Ulic: ¿Qué...?
Galia: ¿¡Por qué no me dejáis tranquila, Jedi!?
Ulic: ¡Princesa Galia, estoy aquí para rescatarte y llevarte de vuelta a tu madre!
Galia: ¡¡Idiota!! Yo no quiero ser rescatada. ¡¡¡Yo quiero casarme con Oron Kira!!!


Base de los Jinetes Salvajes — Poco tiempo después
Una fiesta está en pleno apogeo. Se oye el tintineo de vasos chocándose, entre la alegría general.
Oron: ¡Comed! ¡Bebed! ¡Celebremos todos la boda de Oron Kira, Señor de los Jinetes Salvajes!
Ulic: ¿Qué ocurre, Cay? ¿Por qué no comes?
Cay: Todavía estoy desconcertado, Ulic. Tú y Tott me dejáis solo en la selva arreglando el Nebulon Ranger mientras os marcháis para rescatar a la Princesa Galia. Lo siguiente que sé es que regresas y me cuentas que ¡la Princesa se ha casado felizmente con el líder de éstos Jinetes Salvajes, y estamos invitados a la fiesta! Tott, ¿¿tú le ves sentido a esto??
Tott: La primera lección que aprendí como Jedi, Cay, es que las cosas raramente son lo que parecen.
Oron: Es simple, Jedi. He amado a la Princesa Galia durante años. Y ella me amaba.
Cay: Pero lo que yo no entiendo es... en primer lugar, ¿cómo vosotros dos, de diferentes bandos enfrentados, llegasteis a encontraros?
Galia: Los Jinetes Salvajes han estado entrando y saliendo de la ciudad durante años, tratando en secreto con las bajas jerarquías de los políticos.
Oron: Sí. Estábamos preparando el derrocamiento del gobierno.
Ulic: Nosotros vinimos aquí para prevenir una guerra, Señor de las Bestias.
Oron: Hmm. Estoy preparado para hablar de paz. Pero también estoy listo para hacer la guerra.
Jinetes Salvajes: ¡¡¡Sí, sí!!!
Galia: Pero de cualquier modo, Jedi, Oron y yo íbamos a casarnos.
Oron: Era impensable que la hija Real de Onderon se casara con un Jinete Salvaje.
Galia: Por eso preparamos mi secuestro. Era todo una mascarada.
Ulic: ¡Pero los Jinetes Salvajes mataron a tus soldados durante esa tal mascarada!
Galia: Hombres crueles. Hombres malvados. Merecían morir.
Ulic: Nadie merece...
Galia: Ulic... Yo amo mi ciudad. Yo amo a mi madre y a mi padre moribundo. Pero ya no puedo vivir bajo el manto del Lado Oscuro de la Fuerza.
Ulic se pone en pie de un salto, echando su plato lejos.
Ulic: ¿¡¿El Lado Oscuro?!? ¿¡¿Cómo puede estar el Lado Oscuro en Onderon?!? Habéis tenido tan poco contacto con otros sistemas estelares...
Oron: Hace cuatro siglos, un Caballero Jedi llamado Freedon Nadd trajo el poder oscuro de los Sith a nuestro mundo.
Ulic: ¿Los Sith?
Tott: Sí, Ulic. Los Sith estudiaban el Lado Oscuro. Eran una antigua estirpe de Señor Oscuros, pero ahora están extintos.
Oron: Extintos en tu mundo, quizá. Pero en la ciudad de Iziz, aún son recordados. Este Freedon Nadd murió hace siglos. Pero su memoria es venerada por la Reina Amanoa y el Rey Ommin.
Ulic: E... esto está yendo demasiado rápido para mí. ¿¿¿El Lado Oscuro ha gobernado Iziz durante cuatro siglos???
Galia: Sabes que mi pueblo destierra a los infractores de la ley y los envía al monte.
Oron: Lo que no sabes es que estos infractores de la ley sólo rompieron una ley... desafiaron al Lado Oscuro. Fuimos marcados con hierro como delincuentes y nos desterraron. Todos en esta sala hemos sentido el poder oscuro. Y seguimos desafiándolo.
Jinetes Salvajes: ¡¡Eso, eso!! ¡¡¡Abajo con el Lado Oscuro!!!
Ulic: ¿Un Jedi... un Jedi Oscuro causó todo esto...?
Oron: Pero el fin está cercano. Los ejércitos de todos los Señores de las Bestias se están reuniendo para una gran y definitiva batalla contra esa ciudad maldita. ¿Jedi, nos ayudaréis a derrotar al poder que ha corrompido nuestro mundo, traído por uno de los vuestros?
Ulic: ¿Quieres que nos unamos a una guerra?
Cay: Ulic, ten cuidado...
Ulic: Oron Kira, prometí a mi maestro que usaría la guerra como último recurso. (A Galia) Vayamos con tu madre y revelémosle tu matrimonio. ¡Le haré ver que tu boda debe marcar el fin de esta larga guerra! Quizá ella...
Galia: No conoces a mi madre, Jedi. Y temo que no sepas nada sobre el Lado Oscuro.
Oron: Galia tiene razón. No tienes ni la menor idea de lo que está pasando aquí. Nunca dejaré que Galia ponga un solo pie de nuevo en Iziz.
Ulic: ¡Confía en mí, por favor! Soy un Jedi. Los Jedi tienen que luchar con el Lado Oscuro todo el tiempo. Ambos me acompañaréis. Podemos traer la paz a este mundo maldito.
Oron: (Indeciso) ¿Galia?
Galia: Oron… amor mío... el Jedi puede ser nuestra única esperanza.
Oron: Muy bien. Confiaremos en ti, Ulic Qel-Droma. Pero dime. Cuando tu plan falle... ¿nos ayudarás a hacer la guerra contra el Lado Oscuro?
Ulic: Si yo fallo... no quedará otra alternativa.


Exterior de Onderon
El Nebulon Ranger ruge sobre la selva


Cabina del Nebulon Ranger
Oron: (Por el comunicador) ¿Esa nave tuya no puede ir más rápido, Ulic? ¡Mis Jinetes Salvajes y yo os estamos pisando los talones, y ni siquiera hemos empezado a sudar!
Ulic: (Risas) No me tientes, Oron Kira, o te dejaré apestando a combustión iónica durante semanas.
Cay: ¿No puedes volar con un poco más de cuidado, Ulic? ¡Acabo de reensamblar el Ranger!
Ulic: Lo siento, Cay, pero tenemos que llegar a Iziz antes de que el tiempo se acabe. Oron Kira puede haber accedido a seguirnos en su Bestia alada, pero dejó dicho a su ejército que se preparase para la guerra.
Tott: Bueno, la ciudad está justo enfrente en nuestros visores. Estoy seguro de que estarán contentos de volver a vernos.
Desde la ciudad, comienzan a llegar disparos de cañón
Tott: ¡¡O no!!
Ulic: ¡¿¡Están disparando sobre nosotros!?! (Activa el comunicador) Seguridad de Iziz, aquí el Nebulon Ranger. ¡¡Alto el fuego!! ¡¡¡Alto el fuego!!!
Tott: Escudos resistiendo.
Novar: (En el comunicador) Nebulon Ranger, estás volando en compañía de nuestros enemigos mortales.


Palacio — Sala de seguridad
Novar: Deténganse o serán destruidos.
Ulic: (En el comunicador) ¡¡Esperen!! ¡¡Traemos a la hija de la Reina!! ¡En nombre de los Jedi, convocamos una conferencia de paz entre la Reina Amanoa y los Jinetes Salvajes!
Oficial de seguridad: Tenemos el blanco fijado, señor. ¿Cuáles son sus órdenes?
Novar: Hmm... Permítanles aterrizar. (En voz más alta) ¡Inicien protocolos de seguridad, y avisen a la Reina!
Oficial de seguridad: ¿Cree que Su Majestad aceptará un tratado de paz con los Jinetes Salvajes?


Salón del Trono de Palacio — Poco tiempo después
Amanoa: ¡¡¡¡Nunca!!!!
Ulic: Pero Majestad... si realmente quiere la paz...
Amanoa: (Fríamente, con ira) Eres un necio, Ulic Qel-Droma. ¡¡Tan necio como todos los Jedi!! Y tú, Galia... mi única hija... ¡¡¡cómo te atreves a traicionarnos!!! ¡¡¡Nunca pertenecerás a un proscrito!!! ¡¡¡¡Antes te veré morir!!!!
Ulic: (Enfadándose) Reina Amanoa.. Represento a los Jedi y a la República Galáctica. ¡Si Onderon quiere dejar atrás sus Edades Oscuras y unirse la comunidad de mundos, debéis dejar a un lado el odio!
Galia: Madre, por favor, escucha a Ulic Qel-Droma. ¡Mi matrimonio con Oron puede marcar el principio de una nueva era! ¡Un fin a este culto de mal, y el principio de una edad de Luz!
Oron: (Con un fuerte tono de advertencia en su voz) Y si no le escucha, Majestad, yo... Oron Kira... juro que los cielos se oscurecerán con las alas de nuestras bestias de guerra.
Amanoa: (En voz muy baja) ¿Quieres oscuridad, Oron Kira? (A voz en grito, retumbante) ¡¡¡¡Yo te mostraré la oscuridad!!!!
El silbido del viento llena el cuarto.
Galia: (Asustada) ¡¡¡Madre!!! ¿¡¿Qué estás haciendo...?!?
Tott: ¡¡Ulic!! ¿¿¿Lo notas???
Ulic: ¡Sí! Un flujo de energía. El Lado Oscuro se está haciendo poderoso.
Amanoa: (Entre ecos) Invoco al espíritu de Freedon Nadd, un Jedi mucho más grande que estos impotentes jóvenes. ¡¡¡¡Que su poder oscuro penetre en míiiiii!!!!
El suelo empieza a temblar.
Tott: El Lado Oscuro... ¡está por todas partes! ¡Ahogando la Fuerza!
Amanoa: ¡Guardias, rodeadlos!
Guardia: ¡Oír es obedecer, Reina Amanoa!
Cay: Ulic... guardias... ¡¡docenas de ellos!!
Ulic: No preocupes, Cay. ¡Tres Jedi valen tanto como cien hombres con blásters!
Amanoa: (Risas) Jedi estúpido, son Adeptos del Lado Oscuro. Adoradores del Señor Oscuro Freedon Nadd. Rivales demasiado poderosos para unos muchachos. Guardias, por el poder del Lado Oscuro, yo os lo ordeno... ¡¡Destruidles!!
Los Jedi encienden sus sables, y comienzan a desviar proyectiles.

Ascensión y caída de Darth Vader (XII)

Capítulo 10

Casi de un día para otro, la República Galáctica adquirió una inmensa fuerza militar que incluía naves de batalla interestelares, cazas armados hasta los dientes, y enormes vehículos terrestres- Mientras los senadores discutían su el Canciller Supremo Palpatine se había equivocado al reclutar y desplegar el Gran Ejército de la República, creado de forma tan apresurada, más mundos se apresuraron a unirse al movimiento separatista del conde Dooku, que se autodenominaba Confederación de Sistemas Independientes. Como el maestro Yoda había previsto, las Guerras Clon se extendieron como un virus explosivo a través de la galaxia.
Aunque Palpatine siempre se había presentado como un político cauto y que no gustaba de asumir riesgos, hizo saber a todos que haría lo que fuera necesario para preservar la República. A pesar de sus modestas protestas, el Senado pidió que permaneciera en el cargo mucho después de que su mandato hubo expirado. Pero con la escalada de las Guerras Clon, hasta sus consejeros de más confianza se sorprendieron por la cantidad de enmiendas que hizo a la Constitución de la República, que ampliaban sus propios poderes políticos al tiempo que limitaba la libertad de otros.
El Consejo Jedi aceptó a regañadientes que los Jedi sirvieran como generales para los soldados clon del Gran Ejército. En cualquier caso, no todos los Jedi estaba dispuestos a entrar en combate; algunos eligieron servir como sanadores, y otros abandonaron por completo la orden Jedi.
Obligado a luchar en defensa de la República, Obi-Wan Kenobi se convirtió en general, y Anakin, como muchos otros padawans, fue ascendido al rango de caballero antes de lo esperado para ajustarse a las necesidades del Gran Ejército. Aunque algunos miembros del Consejo Jedi observaban que Anakin seguía siendo propenso a la arrogancia y la impaciencia, nadie discutía el hecho de que continuaba siendo cada vez más fuerte con el poder de la Fuerza.
Los droides letales no eran los únicos adversarios de los Jedi, ya que el conde Dooku había reclutado a seres tan letales como la aspirante a Sith Asajj Ventress y el casi indestructible cazarrecompensas gen'dai, Durge, para luchar por su causa. El propio Dooku había entrenado a Ventress en el arte de la lucha con sable de luz, pero a menudo ridiculizaba su predilección por llevar dos sables de luz al mismo tiempo. Anakin casi vence a Ventress en la cuarta luna del gigante gaseoso Yavin. Uno de sus duelos, en el sector industrial de Coruscant, le dejó una profunda cicatriz en el lado derecho del rostro.
Tres años después de la Batalla de Geonosis, Ventress y Durge ya no suponían una amenaza, pero el lideraba la Confederación, y los Jedi seguían sin estar cerca de encontrar al misterioso Darth Sidious. Las Guerras Clon seguían con fuerza.
Tras destruir un laboratorio secreto de la Confederación en el planeta Nelvaan, en el Borde Exterior, Anakin y Obi-Wan estaban marchándose con R2-D2 en un destructor estelar de la República cuando recibieron un mensaje urgente. R2-D2 se conectó a una consola de comunicaciones y proyectó un holograma de Mace Windu.
-Kenobi, Skywalker -dijo-. Han asediado Coruscant, y el general Grievous a secuestrado al Canciller Supremo. Debéis regresar inmediatamente y rescatar a Palpatine.
-Grievous -gruñó Anakin cuando el mensaje holográfico terminó. El principal lugarteniente del conde Dooku, el general cyborg Grievous lideraba los ejércitos droides de la Confederación. Grievous había sido entrenado en el combate con sable de luz por el propio Dooku, y tenía debilidad por asesinar Jedi y coleccionar sus sables de luz. Aunque muchos Jedi se preguntaban cuánto empeño ponía Palpatine en acabar con la guerra, Anakin había llegado a considerar al líder de la República entre sus amigos de más confianza.
¡No voy a dejar que el Canciller muera!, se prometió Anakin a sí mismo.
Apartándose de R2-D2 y Obi-Wan, Anakin se dirigió a los soldados clon vestidos con armaduras que se encontraban en el hangar del destructor estelar.
-Grupos de combate, a sus naves. Preparados para saltar al hiperespacio. ¡Vamos!


Los destructores estelares de la República y los acorazados de la Confederación estaban completamente inmersos en una explosiva batalla sobre los cielos de Coruscant cuando Anakin y Obi-Wan regresaron del Borde Exterior. Fuego anticaza destellaba en brillantes ráfagas cerca de todas las naves, y las que resultaban dañadas caían de la órbita chocando contra los rascacielos de la ciudad que recubría todo el planeta.
Flanqueados por un escuadrón de veteranos pilotos clon y como R2-D2 actuando como copiloto de Anakin, los dos Jedi abandonaron su propio destructor estelar en un par de cazas estelares y se apresuraron a entrar en batalla. Destruyendo naves droide mientras eludían misiles, Anakin y Obi-Wan se abrieron paso valientemente a través del letal flujo de naves enemigas hasta que se infiltraron en la nave insignia de la Confederación, la Mano Invisible, en la que el Canciller Supremo Palpatine era mantenido como rehén por el General Grievous.
Para aumentar la velocidad y la maniobrabilidad, los cazas estelares Jedi estaban diseñados sin generadores de escudo. Aunque esto conducía a algunos oponentes a pensar que estos cazas estelares eran más vulnerables al ataque, la mayoría de los pilotos Jedi estaban habituados a usar la Fuerza para anticipar, eludir y atacar a sus enemigos. Anakin estaba considerado como uno de los mejores pilotos de la orden Jedi, pero al contrario que otros Jedi, él no dudaba en apoyarse en la tecnología para ayudarse a conseguir sus objetivos. Tal y como Anakin veía las cosas, la Fuerza no había sido suficiente para salvar su propio brazo derecho o para detener a Dooku en Geonosis, y también dudaba de que la guerra pudiera ganarse sólo mediante la Fuerza.
Los Jedi avanzaron sigilosamente por la nave hasta que alcanzaron el módulo principal de comunicaciones y sensores de la Mano Invisible, una cámara elevada con inmensos ventanales que proporcionaban una visión de 180 grados de la batalla espacial que les rodeaba. Fue en esta cámara donde encontraron al Canciller Supremo Palpatine, quien estaba sentado en un sillón de respaldo alto, con las muñecas sujetas con esposas de energía a los brazos del sillón. El rostro de Palpatine estaba pálido, y no parecía aliviado por ver a los Jedi.
-¿Está usted bien? -preguntó Anakin mientras él y Obi-Wan se acercaban a la silueta sentada del Canciller.
Palpatine miró nerviosamente más allá de los dos Jedi.
-Conde Dooku -dijo.
Anakin y Obi-Wan se giraron y miraron hacia arriba para ver al impecablemente vestido Dooku y dos super droides de batalla caminar hasta un balcón elevado adosado al muro posterior de la cámara. Aunque Dooku había cumplido nueve décadas, se movía con la elegancia de un depredador selvático. La mente de Anakin volvió en un destello a su enfrentamiento con Dooku en Geonosis, cuando cometió el error de atacar a Dooku sin Obi-Wan justo a su lado.
-Esta vez lo haremos juntos -dijo Obi-Wan, dirigiéndose a Anakin mientras mantenía la mirada fija en Dooku.
-Me lo has quitado de la boca -dijo Anakin.
Dooku se separo de sus droides, saltó sobre la barandilla del balcón, y ejecutó una limpia voltereta antes de aterrizar a poca distancia de los Jedi. Llegó junto a ellos y extrajo su sable de luz.
-Pidan ayuda -dijo urgentemente Palpatine desde su asiento-. No podrán con él. Es un Lord Sith.
Obi-Wan ofreció una sonrisa tranquilizadora.
-Canciller Palpatine, los Lores Sith son nuestra especialidad. -Obi-Wan y Anakin se desprendieron de sus túnicas Jedi, dejándolas caer al suelo mientras extraían sus propios sables de luz.
-Entréguenme las espadas -ordenó Dooku mientras caminaba hacia los Jedi-. No estaría bien que el Canciller presenciara una masacre.
-Esta vez no escaparás, Dooku -dijo Obi-Wan. Él y Anakin encendieron sus sables de luz de hoja azul y avanzaron hacia Dooku, quien encendió su propia arma de hoja roja. Los rayos de sus sables de luz zumbaban y chasqueaban mientras se movían por la cámara. Dooku se defendía sin esfuerzo.
En el nivel superior, los dos droides no se movían, sino que observaban silenciosamente cómo las figuras hacían una momentánea pausa. Mientras los tres sables de luz continuaban destellando, Dooku sonrió burlonamente a sus oponentes.
-Cómo esperaba este instante.
-Mis poderes se han duplicado desde la última vez que nos vimos, Conde -dijo Anakin, sin dejarse intimidar por el anciano espadachín.
-Bine -dijo Dooku-. Si el orgullo es doble, doble es la caída.
Los Jedi atacaron de nuevo. Dooku retrocedió mientras bloqueaba sus ataques, y luego usó la Fuerza para lanzar a Obi-Wan contra el suelo. Mientras Anakin continuaba su asalto contra Dooku, obligándole a retroceder subiendo los escalones hacia el nivel superior, Obi-Wan se recuperó y saltó para volver a la lucha.
Los dos droides dispararon a Obi-Wan, pero devolvió sus descargas de energía hacia ellos y los cortó en pedazos mientras avanzaba rápidamente hacia Dooku. Desgraciadamente, Dooku se movió más rápido, extendiendo su mano izquierda hacia Obi-Wan mientras usaba la Fuerza para alzar al Jedi en el aire al mismo tiempo que le presionaba la garganta. Mientras Obi-Wan jadeaba, Anakin atacó a Dooku desde atrás, pero Dooku le dio a Anakin una patada en el estómago con su pie izquierdo, estrellando al joven Jedi contra un muro cercano.
Obi-Wan seguía suspendido en el aire cuando Dooku hizo un nuevo gesto con su mano para enviar a su asfixiada víctima volando a otro extremo de la cámara. Obi-Wan chocó contra la barandilla de una balconada que sobresalía, y luego cayó como un muñeco roto al suelo. Con otro gesto, Dooku usó la Fuerza para separar una sección de la balconada de sus soportes e inmovilizar al cuerpo inconsciente de Obi-Wan en el suelo. ¡Maestro!
Anakin se lanzó contra Dooku, haciéndole caer del balcón al suelo. Saltando abajo tras su presa, Anakin golpeó una y otra vez a Dooku hasta que las hojas de las armas de ambos estuvieron prácticamente enganchadas entre sí.
- Skywalker, percibo en ti un gran miedo -dijo Dooku-. Tienes odio. Tienes ira. Pero no los utilizas.
Anakin hizo una mueca, más enfadado que nunca, las hojas se desengancharon, y el duelo continuó. Intercambiando golpes por toda la cámara, se detuvieron cerca del cautivo Palpatine. Dooku estaba usando ambas manos para sostener su sable de luz, poniendo cada vez más de su fuerza en cada estocada mortal, cuando Anakin alcanzó rápidamente con su mano izquierda a agarrar las muñecas de Dooku. En el momento en el que Dooku estuvo temporalmente inmovilizado, Anakin retorció rápidamente su mano derecha para blandir su sable de luz entre él y el asombrado Dooku.
El sable de luz de Dooku se desactivó automáticamente mientras salía volando con sus manos amputadas, que cayeron al suelo con un desagradable sonido. Sus rodillas temblaron, y cayó, arrodillándose junto a sus manos. Anakin agarró al vuelo el sable de luz de Dooku, luego activó la hoja roja y la cruzó con la hoja de su propia arma, colocando las hojas a cada lado de la cabeza de su oponente. Dooku se quedó boquiabierto y con los ojos como platos mirando los mutilados muñones de sus muñecas. Debido a que los sables de luz cauterizan tan rápido como atraviesan la carne, había soprendentemente poca sangre.
Te tengo, pensó Anakin, manteniendo las hojas de los sables de luz cerca del cuello de Dooku.
-Bien, Anakin -dijo Palpatine desde su asiento-. Bien. -De forma inesperada, soltó una risita.
Casi parece alegre. Debe estar en shock.
-Ahora mátale -dijo Palpatine entonces.
¿Qué? Anakin mantuvo los ojos fijos en Dooku, quien pasó su temblorosa mirada hacia Palpatine.
-Mátale -dijo Palpatine.
Dooku levantó la vista hacia Anakin, quien ahora veía auténtico miedo en los ojos del viejo lisiado.
-No debería hacerlo -dijo Anakin. Sus palabras parecieron dar cierto alivio a Dooku cuya expresión de pánico se relajó ligeramente mientras continuaba temblando. Puedo ser misericordioso, pensó Anakin mientras mantenía la mirada de Dooku. Soy mejor Jedi de lo que tú nunca has sido.
-Hazlo -dijo Palpatine, prácticamente escupiendo las palabras.
El miedo destelló de nuevo en los ojos de Dooku, cuando súbitamente presintió lo que iba a ocurrir.
Anakin descruzó rápidamente las hojas, atravesando el cuello de Dooku. El cuerpo de Dooku se desplomó junto a sus manos, mientras que su cabeza rodaba y golpeaba por el suelo como una pelota deforme. Anakin sintió latir con fuerza en su pecho su propio corazón mientras desactivaba los sables de luz. ¿Qué he hecho?, pensó casi inmediatamente.
-Lo has hecho muy bien, Anakin -dijo con calma Palpatine-. Era demasiado peligroso como para dejarle con vida.
-Sí, pero era un prisionero desarmado -dijo Anakin mientras soltaba las esposas de energía de Palpatine-. No he debido hacerlo. No es el estilo Jedi.
-Ha sido algo natural -dijo Palpatine, levantándose del elevado asiento-. Él un día te cortó el brazo, y tú querías venganza. Y no ha sido la primera vez, Anakin. ¿Recuerdas lo que me dijiste de tu madre y los moradores de las arenas?
En los tres años que habían transcurrido desde la muerte de su madre, Anakin se había convencido de que había perdido momentáneamente el juicio aquella noche en el campamento tusken. Se había quedado como su secreto más oscuro, algo que ni siquiera había contado nunca a Obi-Wan porque sabía que sería expulsado de la orden Jedi, y a pesar de ello se había sentido obligado a compartir esa confidencia con Palpatine. Anakin hizo una mueca al recordar los tusken masacrados. El deseo de matarlos había estado fuera de su control. Matar a Dooku no había sido lo mismo. Sabía que era incorrecto, pero lo he hecho de todas formas.
-Ahora vámonos antes de que lleguen más droides de seguridad -dijo Palpatine.
Anakin corrió hacia Obi-Wan, quien seguía atrapado bajo la sección de balconada rota. En el exterior de los inmensos ventanales de la cámara un racimo de feroces explosiones indicaba que la batalla espacial se había intensificado.
-Anakin, no hay tiempo -dijo Palpatine mientras Anakin liberaba a su maestro de los escombros-. Salgamos de aquí antes de que sea tarde.
La Mano Invisible se sacudió violentamente al ser golpeada por una serie de explosiones.
-No parece estar malherido -dijo Anakin, comprobando los signos vitales de Obi-Wan.
-Déjale -ordenó Palpatine-, o no podremos escapar.
-Compartiremos el mismo destino -dijo Anakin, rechazando por una vez obedecer al Canciller. Alzó el cuerpo de Obi-Wan, colocándoselo sobre los hombros, y corrió con el Canciller hacia el hueco del ascensor.


Anakin y Palpatine seguían a bordo de la Mano Invisible cuando Obi-Wan se recuperó. Junto con R2-D2, fueron brevemente capturados por el general Grievous, pero consiguieron escapar de sus garras metálicas. Por desgracia, Grievous lanzó todas las capsulas de escape y huyó al espacio cuando la Mano Invisible, dañada por el combate, comenzó a caer hacia la atmósfera superior de Coruscant. Aunque el aterrizaje forzoso fue estremecedor para Palpatine y los Jedi, las increíbles habilidades de pilotaje de Anakin les llevaron, junto a lo poco que quedaba de la nave insignia confederada, a una pista de aterrizaje.
Mace Windu, el senador Bail Organa de Alderaan y C-3PO estaban entre los dignatarios que saludaron a Palpatine y Anakin en la plataforma de aterrizaje privada del Canciller en las Oficinas del Senado mientras Obi-Wan regresaba al Templo Jedi. Tras hablar brevemente con Bail Organa mientras entraban en el edificio de oficinas, Anakin encontró a Padme esperándole discretamente en las sombras de una alta columna. No la había visto desde hacía meses.
Aunque Anakin estaba preocupado por que el general Grievous seguía libre y había asumido el liderazgo de la Confederación, olvidó sus problemas mientras abrazaba a Padme.
Pero ella parecía diferente; tenía algo muy importante que decirle.