lunes, 25 de enero de 2010

Boba Fett: Un hombre práctico (VI)

Nom Anor: bahía de atraque del miit ro'ik.

Los guerreros preguntan si los mandalorianos son los droides que usan los infieles. Se agrupan alrededor de la pequeña nave de guerra y miran fijamente a las figuras metálicas que descienden. Perfectamente podrían serlo, porque parecen tener sorprendentemente poca capacidad de lucha para ser soldados profesionales; nosotros ya habríamos contraatacado.
Sin embargo, son excelentes saboteadores.
Espero que Fett evite usar su mochila cohete. Los soldados estallarían de rabia al ver combustión artificial, la primera abominación. Ya están disgustados porque haya dejado que estos infieles mandalorianos trajeran sus máquinas al interior de este miit ro'ik, y no les complace mi uso del comunicador infiel, pero soy un Ejecutor, y no se atreven a discutir conmigo.
No puedo ver los rostros de estos infieles, pero sé que están sorprendidos por la perfección que ven. Fett está mirando a todas partes, estudiándolo todo, si es que los movimientos de su cabeza son fiables. Tengo entendido que tiene cicatrices impresionantes: pero fueron debidas únicamente a un accidente. Su lacayo, Beviin... se limita a seguir a su líder.
Podrían encajar bien en el orden natural de las cosas, después de todo.


Nave de guerra miit ro'ik de los yuuzhan vong.

Beviin no podría ser escuchado desde el exterior de su casco, pero seguía suspirando mientras caminaba tras Fett por el pasillo viviente hacia el corazón de la nave.
-¿Cómo podía haber sabido lo que era?
-No podías. -Ese engendro de Udelen, o Nom Anor, los había engañado a todos. Cómo había disfrazado un rostro tan mutilado como ese era un milagro. Fett tenía ahora una buena vista de su rostro real-. Y es mejor que hayamos averiguado a qué nos enfrentamos que nos llevemos una sorpresa como el resto de la galaxia.
-Esto no va a ser como los antiguos espectáculos de marionetas de los Sith y los Jedi, ¿verdad?
-No lo sé. Lo único que importa es si los mandalorianos van a pintar algo en todo esto.
Fett no iba a dar más explicaciones, no en ese momento. Tenía el olfato de su padre para los problemas, y esta vez los olía como nunca antes. La nave en sí misma ya era algo bastante malo: por el vibrante color de cada superficie y cada miembro de la tripulación, era como estar en una cueva apestosa infestada de alimañas irreconocibles. No había ninguna pared limpia y lisa de duracero ni ningún elemento tranquilizador de cuidadosamente aceitada maquinaria a la vista.
Sí, tenía un aroma distintivo, el olor del bosque húmedo y de las algas secándose en la playa, y una pizca de sangre.
Era como estar en las entrañas de alguien. Era como estar de vuelta en el sarlacc.
Y era el olor de Udelen cuando se reunió con él en el espaciopuerto de Keldabe. No he visto venir esto. Debería haberlo hecho. Y ahora que lo sé... quizá esta es la mejor posición en la que pueda estar.
Fett ejecutó todos y cada uno de los dispositivos de grabación y análisis de su casco conforme caminaba por la nave, desde el radar penetrante hasta la imagen térmica. De cuando en cuando se detenía y tocaba los... no no eran mamparos, sino paredes. No podía quitarse de encima la idea de paredes estomacales. Pasó la punta de los dedos por ellas, fingiendo asombro y curiosidad, y luego transfirió discretamente los restos orgánicos que pudiera haber recogido en sus guantes a una de las bolsas de su cinturón.
-Muestras -dijo en voz baja-. Cualquier cosa pequeña... cualquier pedazo de esta cosa que puedas robar... al bolsillo. ¿De acuerdo?
-Lo capto -dijo Beviin.
Sin embargo, lo que necesitaba por encima de todo era un pedazo del invasor yuuzhan vong que caminaba por delante de él, con una cosa con aspecto de serpiente enrollada en un brazo. Estaba viva.
-¿Una mascota? -preguntó. Jabba siempre tenía algún animal extraño para entretenerse. Tal vez los yuuzhan vong hicieran lo mismo-. ¿Un pariente?
-Un arma -dijo Nom Anor. Se la quitó del brazo en un gesto elegante; inmediatamente se quedó rígida como un bastón antes de volver a su estado de flaccidez original y reptar para enrollarse en el brazo del Ejecutor-. Un arma viviente llamada anfibastón.
Fett había hecho negocios con las peores formas de vida, y nunca pareció importarle lo más mínimo quien estuviera gobernando la galaxia. Las vidas pequeñas crecían en las capas bajas de la sociedad, en una dura lucha por la supervivencia diaria, y el poder flotaba hacia la superficie y era explotado y exprimido para lograr una ventaja. Fett simplemente cobraba su parte y quedaba satisfecho viviendo bajo su propio código, porque era un hombre práctico y sabía qué podía y qué no podía cambiar en la galaxia.
Pero los yuuzhan vong parecían pensar que no había nada en la galaxia que no pudieran cambiar.
Nom Anor, despojado de su disfraz de humano y su traje negro de negocios, caminaba ante él mostrando la tecnología orgánica con un orgullo que se acercaba a la arrogancia para luego cruzar claramente esa línea.
-He estado entre vosotros, infieles, durante dieciocho años -dijo-. Ni una vez he encontrado una cultura pura con tecnología completamente orgánica.
Beviin murmuró, audible sólo para Fett:
-Aruetii. Supongo que ahora dejaremos de ser sus mejores amigos.
-Hacemos lo que podemos -dijo Fett a Nom Anor-. Tendréis que enseñarnos a hacer las cosas del modo correcto.
Conforme avanzaban por la nave, de cuando en cuando Beviin fingía tropezar y recuperar el equilibrio apoyándose en un muro, o recoger algo sin importancia del suelo. Buen chico.
-Lo haremos -dijo Nom Anor. Los guerreros se mantenían a buena distancia de él.
-De modo que eres un oficial superior. -Investigar, registrar, comprender. La inteligencia te salva la vida tarde o temprano-. ¿Comandante?
-Soy de una casta de intendentes -dijo Nom Anor-. Un Ejecutor. Mi casta somos administradores. Eso me hace superior a un guerrero en la jerarquía.
Era casi como si los yuuzhan vong hubieran recopilado una lista de cosas que los mandalorianos encontraban repelentes y luego se las estuvieran introduciendo por el gaznate para demostrar hasta que punto eran alienígenas. Un burócrata y espía, liderando a los soldados, mirándolos por encima de su nariz... Fierfek, el bellaco ni siquiera tenía nariz.
Fett observaba a los guerreros que iba dejando a un lado. Estaban cubiertos por la armadura menos práctica que hubiera visto jamás, literalmente incrustada de la cabeza a los pies, con pequeñas protuberancias con aspecto de garras en los hombros, las rodillas, las muñecas e incluso en la parte trasera de las piernas. Nunca se sentaban estando de servicio, eso estaba claro. Cuando uno de los soldados pasó ante él, lo que Fett pensaba que era una decoración barnizada de un brillante color escarlata se movió en su pecho. Era un escarabajo, un gigantesco escarabajo.
Fett puso su casco en modo de proyección de voz. Ahora no era momento de andar con remilgos acerca de diferencias culturales.
-¿De qué está hecha esa armadura?
-No está hecha -dijo Nom Anor-. Criada mediante bioingeniería. Un cangrejo vonduun vivo, y la tecnología es un pobre sucedáneo. Los blásteres no penetran su coraza.
Adelante, cuéntame todos tus secretos comerciales. Si es que consigo salir con vida.
-Se vendería por una buena cantidad.
-Y mataría a cualquiera excepto el guerrero para el que fue criado.
Nom Anor podría haber estado sonriendo cuando volvió la cabeza para mirar a Fett, pero con un rostro mutilado como ese era difícil de saber. Su boca estaba fija en un rictus permanente, una mueca sin sentimiento, desprovista de labios.
-Hemos venido a reclamar esta galaxia y colonizarla. Dije invasión, ¿no es así?
Había millones de planetas en la galaxia, y siempre había alguien invadiendo y colonizando a otro alguien. Era inevitable. Pero Fett nunca antes se había cruzado con nadie que pensase en conquistar toda la galaxia, a menos que contase a Palpatine.
-¿Y creéis que os vamos a ayudar a hacerlo?
-No tenéis muchas alternativas.
-Y vais a tener que abriros paso por la galaxia luchando, un mundo cada vez, y lo sabéis. ¿Por qué nos reclutasteis si pensabais que podríais hacerlo solos?
-¿Estás pidiendo más créditos?
Como si los créditos nos fueran a servir de mucho si estas cosas logran su objetivo.
-Tal vez.
-¿Intentas chantajearme?
-Te estoy diciendo que es más fácil hacerlo con nosotros que sin nosotros.
-Se os va a pagar.
-No es suficiente.
-No estáis en posición de negociar.
-Yo creo que sí.
Parecía como si Beviin estuviera conteniendo el aliento. Fett podía verle, con los brazos ligeramente separados de los costados, y también podía ver hacia donde estaba dirigiendo su escáner visual a través del icono compartido en su propio HUD. Beviin estaba comprobando la superficie de la cubierta de la nave. Fett pasó al comunicador cerrado.
-Ni lo pienses.
-Sólo lo comprobaba.
-Limítate a reconocer el terreno.
Había un tiempo para escapar de los problemas a tiros, y un tiempo para escapara razonando. La supervivencia dependía de averiguar todo lo que pudieran acerca del enemigo.
Además, ¿estas criaturas eran un enemigo más importante que un imperio Sith o una república Jedi? Había hecho negocios con seres de peor calaña. Ahora mismo, todavía eran clientes... pero sólo eso. Podría obtener cualquier cosa de ellos.
-Quiero saber exactamente qué queréis de nosotros -dijo Fett, moviendo lentamente su mirada de izquierda a derecha varias veces mientras caminaba. Los sensores del localizador de rangos y el radar de penetración de su casco construían un plano tridimensional más preciso con cada barrido. Aunque un escáner médico y una sonda minera habrían realizado un mejor trabajo-. ¿Y qué queréis de la galaxia?
Nom Anor se detuvo ante una apertura dentada en la pared y les indicó que entrasen.
-Creo que lo he dejado claro. Rendición y obediencia.
Sigue soñando, gusano.
-Especifica.
-Limpiaremos vuestra galaxia de tecnología y la reemplazaremos por la nuestra. Tecnología orgánica. Tecnología viva. Sin máquinas, sin combustión artificial, sin artefactos. Estas cosas son, como llegaréis a comprender, abominaciones e insultos a los Grandes. A los mismos dioses.
Fett tuvo la súbita imagen de tener un traje de cangrejo creciéndole encima. No. Eso no iba a suceder.
-¿Y nuestro papel en este gran esquema?
-Recogida de información, inteligencia, y los trabajos más sutiles que necesitemos.
Fett seguía sin tener una idea clara de qué quería decir Nom Anor con tecnología orgánica. Algunas especies hacían un uso limitado de ella, pero no era nada comparado con lo que estaba viendo, oliendo y escuchando ahora; hombres grotescos encajados en conchas de cangrejo vivientes, armas que eran animales, naves que eran planetas en miniatura.
-Muéstrame -dijo Fett.
¿Cómo llamabas a un espacio cerrado en una nave yuuzhan vong? ¿Una cabina, un compartimento, un hangar? Entraron a una cámara que a Fett le pareció un estómago. Las paredes podrían estar moteadas con bultos como escarabajos, brillantes y móviles, pero ya no podía quitarse la analogía de la cabeza. Otra figura extraña -un soldado, posiblemente, pero tal vez otra especialidad o casta distinta a juzgar por la falta de armadura de pinchos- estaba agachada en el suelo, con los brazos cruzados sobre su cabeza. Cuando se levantó, pudo verse una especie de gorjal acorazado en la base de su garganta.
Pero el problema de quedarse mirando a algo que no reconocías era que súbitamente cambiaba de perspectiva y de contexto, y podías ver qué era con asombrosa facilidad. Fett se dio cuenta de que no estaba mirando a un yuuzhan vong.
-¿Qué shab le habéis hecho? -preguntó Beviin.
Era un humano, más o menos.
La piel de su nuca estaba cubierta por bultos de un color rosa sucio que a primera vista parecían vértebras salientes que desaparecían bajo una basta camisa gris, pero tras un segundo vistazo parecían más bien roca. Era difícil de decir su edad o de donde provenía; la piel visible era olivacea y suave. Le habían afeitado la cabeza. Pero era humano, o humanoide, eso desde luego.
Nom Anor bajó la mirada hacia la figura con escaso interés.
-Capturamos este prisionero en Ter Abbes. El implante yorik-kul es experimental, una nueva variedad.
Agarró al cautivo por el hombro con una mano y lo alzó hasta ponerlo casi de pie, de forma que su cabeza daba bandazos como si estuviera borracho. El objeto que Fett había tomado por un gorjal, una pieza acorazada para la garganta, era la misma masa ósea rosa de las protuberancias en la nuca del prisionero. Había crestas que se alineaban con las protuberancias. Fett súbitamente comprendió que las protuberancias de la nuca eran proyecciones del gorjal que de algún modo pasaban limpiamente a través del cuello del prisionero, y esa era una de esas imágenes que expulsaba de su mente en el momento en el que se formaban.
El hombre no parecía sentir dolor. Sus ojos estaban congelados, fijos a media distancia. Fett se concentró para permanecer distante aunque el núcleo animal de su interior se estaba revelando y le pedía que escapara.
-¿Vas a explicar esto?
-Es coral -dijo Nom Anor-. Coloniza el cuerpo y nos permite controlar a los cautivos y convertirlos en esclavos productivos. Este espécimen era un poco diferente, por eso nuestros transformadores están observando cómo el yorik-kul se adapta a él. El proceso está... incompleto.
-Y esto es lo que tenéis en mente para toda la galaxia, ¿no es así? -Beviin, no digas ni media palabra-. Para todos nosotros.
Los ojos de Nom Anor atravesaron el visor de Fett. Seguían pareciendo como si fueran los restos atrapados de un humano, y Fett seguía pensando en cyborgs, y eso resultaría muy irónico para una especie que encontraba que las máquinas eran una abominación. Abominación. Una palabra religiosa. Y no confiaba en los cultos ni una pizca más de lo que confiaba en los políticos o los contables.
-No necesariamente como esclavos -dijo Nom Anor.
-Bien. Porque eso sería difícil de explicar.
-Algunos verán la verdad y se convertirán en yuuzhan vong.
-¿Y aquellos que no o hagan? Deja que adivine.
-Serán yuuzhan vong, o morirán.
Este era el punto en el que Nom Anor dejaba de ser simplemente un negocio desagradable y se convertía en algo que Fett no había visto realmente nunca antes: una amenaza que podría no ser capaz de afrontar.
Era como su el Ejecutor cambiase ante sus ojos, transformándose sutilmente desde un simple rostro horriblemente desfigurado, empeorado por sus escasos vestigios de normalidad, para pasar a ser alfo completamente alienígena que tenía que ser capaz de matar. En ese momento sintió que era algo personal, y no soportaba eso. El truco estaba en comprender al enemigo sin identificarse con él Ahora había nombrado su precio más alto. Sabía exactamente lo que tenía que pedir.
-Mientras trabajemos para vosotros -dijo Fett-, dejaréis el sector Mandalore tranquilo.
Nom Anor se quedó mirando el visor de Fett y Fett le devolvió la mirada, con la cámara de su casco grabando, aunque el Ejecutor no podía saber eso. El rostro de la criatura era una pesadilla, un cadáver de un campo de batalla: le faltaban la nariz y los labios, dejando un hueco en el centro de su rostro sobre unos cientes que eran tan humanos como los suyos. Su piel era una masa de cicatrices arrugadas pero regulares e intrincados tatuajes. Una gruesa cresta de hueso -o de tejido cicatrizado, Fett no estaba seguro- corría desde las hundidas cuencas de sus ojos hasta la parte trasera de su cuero cabelludo, desprovisto de pelo y lleno de cicatrices y tatuajes. Sólo le quedaban los ojos y los dientes.
Eran completamente humanos, como si alguien estuviera atrapado en un traje monstruoso y tratase de escapar. La imagen aparecía en su mente como si fueran distintas capas en un dibujo holográfico. Fett imaginó de repente qué aspecto podría haber tenido Nom Anor con una nariz, una boca, y piel normal. Se imaginó el aspecto que tendrían los guerreros: porque todos estos invasores tenían los mismos rostros terribles. Se mutilaban a sí mismos a propósito.
Fierfek, si eso es lo que se hacen a sí mismos...
-Sigues tratando de negociar conmigo -dijo Nom Anor.
-Ese es mi precio. Sube cuando encuentro clientes que no han sido totalmente francos conmigo. -Como olvidar mencionar una invasión galáctica. Aunque esta vez era Fett el que estaba comprando: estaba comprando tiempo-. Vais a tener que luchar por cada metro de tierra. Miles de especies racionales, incontables mundos, y todos ellos plantarán cara- Nos necesitáis. Aunque sólo sea para lidiar con los Jedi.
-Y podría matarte ahora, desde luego.
-Yo sólo soy un hombre. Los clanes encontrarían un nuevo Mandalore enseguida, y luego lucharían. Es tu elección.
Beviin murmuró enojado.
-Gracias, 'Alor.
El prisionero comenzó a gemir incoherentemente y se derrumbó en el suelo, con convulsiones y poniendo los ojos en blanco. Nom Anor le observó con aparente fascinación, sin hacer el menor intento de ayudarle, y por un instante Fett consideró seriamente la posibilidad de sacar su bláster y aliviar al pobre hombre de sus miserias. Decidió que no era asunto suyo, pero también sabía que lamentaría no haberlo hecho durante el resto de su vida.
Otro yuuzhan vong entró en el compartimento, tan tatuado y mutilado como Nom Anor, pero que llevaba una túnica -a falta de una palabra mejor- de color gris marengo y grandes pliegues que parecía estar grapada a su carne, desde los hombros hasta la parte superior de la nuca. A esta gente le gustaba el dolor. Fett podía apretar los dientes y dejar pasar el dolor, pero una cosa era soportarlo, y otra esa enfermiza y perturbadora afición por él; y el dolor parecía ser algo central en el modo de vida de los yuuzhan vong.
Ya había visto bastante. O al menos creía haberlo visto.
El yuuzhan vong recién llegado se inclinó sobre el prisionero tendido en el suelo y agarró firmemente el gorjal de coral para sacárselo del cuello. El cautivo parecía estar muerto: Fett ya tenía bastante experiencia en distinguir a los muertos.
Beviin, de pie con los puños apretados y aparentemente impasivo, soltó un airado juramento en la privacidad del comunicador de su casco.
-Quiero perseguir hasta el último de estos tipos-cangrejo que haya en la galaxia -murmuró. Beviin era habitualmente el más tranquilo de los hombres, y el veneno de su voz sorprendió a Fett-. Tanto si tienes un trato con ellos como si no, Mand'alor.
Dos extrañas criaturas con cicatrices y tatuajes bastante menos exóticos que Nom Anor llegaron con un nuevo prisionero, un twi'lek delgado de edad ligeramente avanzada, y éste estaba aterrorizado, revolviéndose y gritando. Fett no era especialmente aprensivo, pero su código de honor decía que matabas limpiamente, y el dolor era un efecto secundario, no un hobby. Ocurrió rápido: los ayudantes tumbaron al twi'lek, y la criatura de la túnica grapada simplemente estampó el yorik-kul que había extraído de la víctima muerta contra el esternón del nuevo prisionero, tan fuerte que los nódulos atravesaron la piel de su cuello, dejándole jadeando, ahogado. El shock quirúrgico le debería haber matado, pero de algún modo los tipos-cangrejo -Beviin tenía un don para los insultos elaborados- podían mantenerlo con vida.
Fett tuvo mucho cuidado de no mirar a Beviin por si acaso este se exaltaba. Le podía escuchar maldiciendo entre dientes y tragando saliva. Si Beviin sucumbía a arreglar las cosas con el bláster por una sola víctima, después habrían muchísimas más en el sistema Mandalore que pagarían el precio por ello.
-Tranquilo, Goran -susurró por el comunicador del HUD. Fierfek, nunca antes había usado su nombre de pila, jamás-. Habrá tiempo para eso más adelante.
Fett no podía ni empezar a imaginarse el dolor. Ahora sabía que despreciaba a los yuuzhan vong, no por su aparente ascetismo y brutalidad, sino por su avaricioso ansia por la perversión. Era una debilidad similar al alcoholismo y la adicción al brillestim. También despreciaba a Nom Anor por la brutal función teatral diseñada para mostrar lo que le esperaba a Mandalore si no cumplía su parte.
Vuestras amenazas sólo lograrán motivarme más.
Nom Anor consideró el precio de Fett con visible lentitud.
-El sector Mandalore no se tocará -dijo.
Mentiroso. Os esparciréis por la galaxia, y cuando os convenga, volveréis a por nosotros. Has vivido entre nosotros durante dieciocho años, de modo que no te cuesta nada escupir una mentira más con esa lengua viperina tuya...
Fett se tragó su repugnancia.
-Entonces, con esas condiciones, tenemos un trato.
Y yo también soy un mentiroso, porque no lo tenemos.
No, Fett iba a mantener su palabra. Era importante para él expresar cuidadosamente su acuerdo, para poder frustrar cada paso de esos monstruos y mantener su sentido del honor. Mi palabra es mi obligación, y tú me has mentido. Beviin se agachó y recogió un fragmento del coral vivo que se había desprendido del prisionero muerto, con el aire casual de un hombre recogiendo astillas para el fuego.
-Vuestra próxima tarea es asegurar una zona de aterrizaje para nosotros en Birgis -dijo Nom Anor. Ofreció un chip de datos a Fett, yeso debió dolerle: sucia tecnología-. Aquí están los datos de reconocimiento que hemos recibido, en un formato que podéis usar. Podríamos simplemente destruir la superficie desde la órbita, porque el planeta será transformado y modificado para nuestras necesidades de todas formas, pero deseamos capturar vivos a los habitantes para que trabajen para nosotros.
-¿Cuándo? -preguntó Fett.
-Dentro de cinco días.
-Entonces será mejor que nos movamos.
Era difícil no echar a correr en ese pasillo con aspecto de gaznate. Beviin caminaba a su lado, con una mano sobre las bolsas de su cinturón como protegiendo su contenido. Se separaron en la zona de atraque y fueron a sus respectivas naves, observados por silenciosos guerreros yuuzhan vong, un bosque de grotescos árboles de espinas con serpientes trepando por ellos, el frío y negro futuro de la galaxia, y súbitamente todo lo que odiaba.
Beviin encendió el motor iónico del Gladiador. Guerreros acorazados retrocedieron unos pasos; uno de ellos se mantuvo en su lugar y observó, con los brazos cruzados en el pecho. Fett tecleó algo en la consola del Esclavo I, y el Firespray cobró vida con un creciente zumbido que se asentó en una nota estable. El Gladiador se alzó unos metros por encima de la cubierta y retrocedió. Beviin estaba esperando que él maniobrase primero.
-Tú primero -dijo Fett-. Tengo que hacer algunas planificaciones.
-No puedes creer que digan la verdad acerca del trato. -Beviin era leal a su Mandalore, como buen Mando'ad tradicional, pero eso también significaba que se reservaba el derecho a decirle al Mandalore que se fuera a hacer gárgaras si tomaba una elección claramente suicida-. No después de lo que hemos visto.
Fett pilotó el Esclavo I con el control manual hacia la apertura irregular que hacía las veces de compuerta principal.
-No. Y yo tampoco la digo, y debemos asumir que él lo sabe.
-Si sabe algo acerca de los Mandos, tiene que darse cuenta de que somos completamente opuestos a los tipos-cangrejo. -Beviin abandonó la bahía de atraque, con los motores llameando de forma bastante violenta al ganar velocidad. El Gladiador parecía un ovalo aplastado hasta que se levantó de repente, tomando de golpe la característica forma de un sablazo a través de un escudo-. Esclavos, sistemas de castas, dioses locos... ese shabuir ha dicho que o eras yuuzhan vong o morías.
-Me gusta mi armadura tal y como es. Frío metal.
Parecía como si Beviin se esforzase por sonar desencantado en lugar de consumido por el odio.
-Los créditos ya no importan. De todas formas, no merecería la pena comprar nada en una galaxia vong'yc.
-Lo sé. Por eso vamos a echar a perder su plan maestro.
Ningún mandaloriano tomaría los créditos de los yuuzhan vong si les conocían por lo que eran. Pero Fett había hecho el trato, y ahora tenía que elegir: traicionarlos y luchar, como haría el resto de la galaxia, o usar el precario espacio interior que ocupaban para hacer el mayor daño posible a los invasores.
-¿Qué es lo que tienes en mente? Costará un tiempo movilizar todo un ejército en Mandalore.
-Y recibiremos importantes bajas si hacemos un movimiento antes de saber exactamente con qué nos estamos enfrentando. Se trata de tecnología que nunca hemos visto antes.
-¿Sentarnos a esperar? Debes de estar...
-Nos han engañado. Ahora los engañaremos nosotros a ellos. Nos hacemos los buenos chicos y fingimos estar de su parte mientras recopilamos información hasta que tengamos lo bastante para golpearles duro. Fingimos estar ahí por el dinero.
Fett no sabía cuánto tiempo tenían. Al final, los yuuzhan vong irían a Mandalore para rehacerlo en forma de mundo de máquinas vivientes y esclavos parasitados igual que todos los demás planetas. Sólo era una cuestión de cuándo. Fett se quitó el guantelete izquierdo y recorrió con la punta de los dedos el suave compuesto de la consola del Esclavo I, una de las pocas piezas originales que le quedaban a la nave desde la época de su padre. Reforma tras reforma había cambiado sus características hasta dejarla irreconocible, pero si Jango Fett volviera ahora, podría ajustarse la correa del asiento del piloto, comprobar el polvo y los olores de la consola, como hacía habitualmente, y sentirse en casa. No se sentiría en casa en una galaxia esclavizada con una cultura brutal que había borrado cualquier rastro del legado de Jaster Mereel.
Fett miró si había polvo en la punta de sus dedos. El Esclavo I estaba impoluto. La nave tampoco parecía lo que era en realidad. Esta iba a ser una pequeña guerra de engaños. Esperaba que Nom Anor apreciase la ironía.
Beviin seguía parloteando.
-Pero no podemos luchar contra los cangrejos nosotros solos. ¿Y la Nueva República? Necesitarán toda la información que puedan conseguir.
-No podemos confiar en ellos. No detectamos a Nom Anor. Esos disfraces que usan significa que podrían ser cualquiera.
-Podríamos tener que confiar en ellos.
-Podemos pasarles los datos que tenemos ahora. Probar cómo está el agua. Averiguarlo por las malas.
-Y si la Nueva República arruina nuestra tapadera, por cualquier motivo, y los vongueses se vengan con Mandalore...
-...entonces lucharemos hasta el último hombre, o nos iremos a buscar esas otras galaxias que los yuuzhan vong dicen que hay por ahí fuera.
-Eso está muy lejos.
-Y la muerte es demasiado definitiva. De modo que será mejor que ganemos.
-Tu padre estaría orgulloso de ti, Bob'ika. -Beviin era más joven que Fett, pero de todas formas le llamaba por la forma infantil de su nombre. A veces, eso irritaba a Fett y a veces no. En ese momento, le pareció bien-. Para ser un hombre que dice no preocuparse por nadie más, siempre has sido un buen apoyo para los Mando'ade cuando te han necesitado.
-Soy Mandalore. Tan sólo es mi trabajo.
-Por supuesto que lo es -dijo Beviin-. Te creo.
Los Agresores y Gladiadores que mantenían la posición en el punto de encuentro parecían patéticamente pequeños. Tras ellos, las oleadas de naves yuuzhan vong moteaban el vacío. Era el resumen de probabilidades más elocuente que Fett hubiera visto nunca: malas, y ni siquiera valía la pena calcularlas.
Pero eso no le habría preocupado a Jango Fett. Y por eso no iba a preocuparle a él.

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